lunes, 18 de agosto de 2014

SAWNEY, FLESH OF MAN

Estamos ante una película de “familia caníbal”a la escocesa.  Un  remedo de “Las colinas tienen ojos” o “Lamatanza de texas” que para justificarse de  sus referentes americanos se excusa  en el hecho de inspirarse en un caso real de la escocia de hace más de 500 años, en el que un clan –los Beane-  de asesinos endogámicos asesinaron y se alimentaron de más de 100 personas. Un hecho real de la mitología Escocesa que, dicen, sirvió a Wes Craven para inspirarse en su “Las colinas tienen ojos”. Verdad o no,  y a mí que no me jodan, los referentes de esta peli son las películas americanas, y no ninguna leyenda.
En ella, figura como que de ese antiguo clan sobrevivió uno que tuvo descendencia hasta nuestros días, por lo que en algún lugar de los highlands, existe una familia proveniente de aquello, que está haciendo lo propio con jóvenes y jovencitas: matarlos, violarlos e incluso comerlos.
Un detective y un periodista, seguirán los pasos de esta familia oculta.
Así que tenemos un “Matanza de Texas” que por momentos se torna “Seven”, pero con unos redichos actores de flema británica un tanto cargantes. En especial David Hayman (“La ley de Murphy”) que interpreta al líder del clan caníbal, el tal Sawney, que con lentilla  en un ojo para darle apariencia de… (¿De qué?), y su afán por resultar lo más sórdido y desagradable posible, al final ocurre  lo contrario y compone un caricato, con lo que cuando coge una mano cortada que tiene por ahí, en su guarida, y de pajea con ella, a parte de haber visto ya algo similar –y más chungo- en “Alta Tensión”, no nos queda otra que partirnos el culo.
La película, no obstante, sin ser ni un ejemplo de entretenimiento, ni de tempo, se deja ver. Una hora y poco que va desarrollándose entre malas interpretaciones, un giro en el ecuador de la película que, sin duda, te lo ves venir y gore, mucho gore, que a estas alturas de la película ya no nos dice nada. A parte está todo filmado de una manera tan estilística, que, lejos de repugnarnos, nos parece hasta bonito; el rojo muy rojo y el marrón de las articulaciones cortadas muy marrón. Una pena que la era digital, por naturaleza propia, no permita escandalizarnos, ni impactarnos, ni sorprendernos, por culpa de un demonio nítido al que llaman HD.
Y aún dejándose ver la película, insisto, lo peor es su protagonista, sus monólogos interminables sobre la Biblia y que Jesús decía que debíamos comer “Carne de mi carne y su condición de película Europea, que se inspira en clásicos americanos, pero que reniega de ello queriendo parecer excesivamente europea, resultando al final, inevitablemente, estúpidamente americana. Al menos, que no traten de disimular sus referencias.
Ver y olvidar, sin más.
Por supuesto, se trata de una película festivalera  e independiente de las que se pueden ver en muchos festivales de cine fantástico a lo largo y ancho de la bola, con algún que otro premio a sus espaldas y esa pátina de “hago cine de terror… pero no” que desprenden todas estas cintas.
También se la conoce, según el país, con el título de “The Lord of Darkness”.
Dirige y debuta, poniendo al mando de las labores técnicas a sus hermanos y primos, un tal Ricky Wood.