viernes, 27 de enero de 2017

FLASHDANCE

“Flashdance” es sin duda una de las películas más populares de la historia del cine, y por ende, de la década de los ochenta. Es de las más emblemáticas de la época, siendo por una parte, la primera película producida por una asociación que a posteriori daría insultantes éxitos de taquilla como fue la de los productores Don Simpson y Jerry Bruckheimer, y por otro, la percusora de un estilo de cine musical a medio camino entre el drama y el video-clip, que se estilaría mucho a lo largo de la década, amen de tener una historia de amor no excesivamente babosa, que también influiría de aquella manera a un buen montón de producciones románticas de la época.
Inspirada –exagerando los hechos- en la historia real de una trabajadora de la construcción (en este caso una soldadora) que en su afán por inscribirse en una escuela de ballet, satisface su necesidad de bailar en un club nocturno. Por otro lado, comenzará una relación con su jefe de la obra, quién la ayudará en su carrera como bailarina, rechazando esta su ayuda al querer triunfar en el mundo del baile por sí misma.
Así de escueta es la historia. Y es que esta se desarrolla entre numeritos de baile coreografiados para ser míticos, la relación de los protas entre tierna y descarada, y el conflicto moral que conlleva el ser una bailarina reputada a costa del enchufe.
Las películas de los ochenta, y más aquellas que no hicieron ostentación de efectos especiales ni exagerados medios en la producción, tienden a quedarse a estas alturas, treinta y tantos años después, terriblemente desfasadas. “Flashdance”, por supuesto, no es menos que tantas otras, sin embargo hace un alarde visual muy de agradecer hoy en día, ya que la película entera es pura estética, ya sea en los numeritos de baile, como en las escenas más intimas donde se implanta un estilo, oscuro y deprimente, que destacaría, otra vez, en producciones posteriores. Sin embargo se cuenta que el motivo por el que la iluminación era tan oscura, era para que no se viera que en las escenas de baile, Jennifer Beals, tenía una doble de cuerpo, máxime al final de la película dónde se pone a bailar Break Dance, y su doble de cuerpo es masculino; un mítico B.Boy de Nueva York llamado Crazy Legs. En cualquier caso, a mí el tratamiento de la fotografía, tan oscura, tan deprimente, tan sucia, me parece harto de bonita.Y a parte de ser bonita, y aunque no hay una gran historia detrás, la película se deja ver perfectamente. Pasa con creces del aprobado.
Otra causa presente en la película y muy estilado en películas posteriores; el afán de superación; aquí es una jovencita que quiere bailar y que tendrá que superar los obstáculos que se le presenten… después eso mismo ocurriría, dentro de un contexto de artes marciales en “Karate Kid”, así como en tantas otras.
Cuentan los rumores, por un lado, que el director AdrianLyne, que luego rodaría clásicos como “9 Semanas y media” o “Una proposición indecente” fue elegido para la dirección por descartes, si bien la primera opción fue David Cronenberg, quien rechazó la película, y después, Brian de Palma quien, gracias a dios, la rechazó para irse a rodar “El precio del poder”.
Por otro lado, la protagonista Jennifer Beals, que jamás llegaría a convertirse en súper estrella a pesar del éxito de “Flashdance”, tenía serias competidoras en el casting. Leslie Ala y Demi Moore aspiraban al papel. Dícen la malas lenguas, que ante la indecisión de los directivos de Paramount sobre cual sería la protagonista, el director de la compañía, Michael Easner, convocó a más de 200 curritos de los estudios paramount, todos hombres y les preguntó que a cual de las tres aspirantes se follarían si pudieran elegir. La mayoría se follaría a Jennifer Beals y por eso protagonizó la cinta.
También se dice que el papel protagonista, que recaería en Michael Nouri –que luego desarrollaría el grueso de su carrera en televisión-, estaba escrito para que lo interpretase nada menos que Gene Simmons, el lider de los “Kiss”, quien lo rechazó porque no quería aparecer en ninguna película si no era con su peculiar look demoniaco de cara pintada de blanco y exagerado cuero negro. Otros candidatos fuero Travolta, De Niro o Kevin Costner.
Otra de las leyendas urbanas en torno a la película, gira en torno a una de las canciones de la banda sonora original, tan popular, o más incluso, que la propia película,y que llegó a vender casi 10 millones de copias en todo el mundo. Se dijo que la canción “Maniac” interpretada por Michael Sembello, fue compuesta en un principio, con otra letra que hacía alusiones a un psycho killer, para la película “Maniac” de William Lustig, y que después de un lavado de cara se incluyó en “Flashdance” convirtiéndose en un éxito. Tiempo después se desmintió el rumor, reconociendo los directivos de Paramount que la película se compuso exclusivamente para la película.
En cuanto a premios, si bien la canción “What a feeling”, archiconocida e interpretada por Irene Cara se llevó el Oscar de la academia a la mejor canción en la ceremonia de los Oscars pertenecientes a aquél año, el guión fue nominado al peor dentro de la ceremonia de los Razzie, siendo este galardon arrebatado por el libreto perteneciente a la película “The Lonely Lady”de Peter Sasdy aquél despropósito a mayor gloria de Pia Zadora. Y es que la película, aún siendo un mega-éxito de público, no gustó mucho a la crítica seria de la época, que decía que la historia era una porquería.
Como todo éxito, en su momento se habló de una secuela, pero Jennifer Beals, temiendo encasillarse –la pobre no imaginó que aunque esos doscientos currelas se la follarían por encima de Demi Moore, no llegaría a ser una estrella como se supone debería haber sido tras esta película- dijo que de rodar una secuela, ni hablar del peluquín, por lo que los productores, Simpson y Bruckheimer, ni cortos ni perezosos, desecharon la idea para irse a producir cositas como “Top Gun, ídolos del aire” o“Súper Detective en Hollywood”.
Por otro lado, y a posteriori, la película generó musicales de Broadway, merchadising… una máquina de generar dinero. Como fuere, se ha ganado a pulso su condición de clásico.

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