viernes, 12 de enero de 2018

EL PICO

“El Pico” cuenta la historia de dos jóvenes adictos a la heroína, Paco y Urko, el primero, hijo de un guardia civil, el segundo, hijo de un diputado de la izquierda abertzale. Mientras estos camellean por ahí para poder costearse sus respectivas dosis, los padres permanecen ajenos a las adicciones de sus hijos. Cuando estos, pasando el mono, deciden ir a atracar al camello que les suministra a ellos, la cosa se les va de las manos y acaban matándole a él y a su esposa. Es por esto que, tras descubrir los padres de los muchachos tanto su adicción, como que  posiblemente sean sus hijos los asesinos del camello, se unirán, dejando a un lado sus ideologías, para ver si son capaces de resolver estos problemas.
“El Pico”, con todo ese moralismo implícito, es una película altamente hipócrita teniendo en cuenta que para cuando se rodó esta película, el director, Eloy de la Iglesia,  ya tenía una adicción a la heroína preocupante. Sin embargo, se permite el lujo de aleccionar a padres y jóvenes mostrando los efectos nocivos de la droga. Juicios de valor a parte —porque en la película aparece el mismo De la Iglesia en un cameo, interpretándose a sí mismo dirigiendo un Spot y mandando parar el rodaje para mandar a su ayudante a comprarle una papela a Paco y Urko, por lo que en cierto modo, se está abriendo al espectador— muestra esos peligros desde el escándalo y el sensacionalismo. “El Pico”, por momentos, casi parece una excusa para filmar jóvenes inyectándose. El contenido político de fondo, no es más que otro elemento provocador que sumar a la lista, a la vez que el homosexualismo y los detalles autobiográficos se imponen, a pinceladitas, en el metraje.
Se decía en la época, que la adicción a la heroína que sufría De la Iglesia, se debía que había sido instado por su actor, ese macarrilla, José Luis Manzano, que había convertido en su amante y actor. Siempre hay que culpar al alguien de las decisiones de uno mismo, y más cuando uno es un director de cine con éxitos comerciales a sus espaldas. Sin embargo, corrían los 80, y con ellos, corría la heroína en las calles. En los barrios márginales se enganchaban los jóvenes periféricos, pero no olvidemos que con la misma fuerza, la heroína entró  en el mundo de la cultura, con total impunidad. Miembros destacados de “La Movida”, por ejemplo, el lider de Nacha Pop, Antonio Vega, sucumbieron a la droga del momento, pero también lo hicieron las gentes del cine artístico, véase, Ivan Zulueta. Eloy de la Iglesia, se volvió adicto cuando probó la sustancia por primera vez, con 40 años de edad. Además, de la manera más tonta. Si tomaba cocaína con asiduidad, o fumaba canutos, pues cuando llegó la heroína a sus narices, la esnifó. Y aunque por la naturaleza de sus películas, se tiende a pensar que José Luis Manzano tuvo algo que ver, en el imprescindible libro “Lejos deaquí”, el escritor Eduardo Fuembuena, cuenta que Manzano ni siquiera tomaba alcohól, que del canuto no pasaba. No fue hasta que De la Iglesia comenzó a consumir la heroína con asiduidad que Manzano la probara por primera vez, convirtiéndose así, igualmente, en un adicto. O sea, que en el caso de que alguien enganchara a alguien —Porque nadie pone una pistola en la cabeza a nadie para que empiece a consumir—, según esto sería Eloy de la Iglesia quien metiera a Manzano en la heroinómana. De hecho, la primera vez que Manzano se picaría la vena, sería para demostrar ante la cámara de esta película, que no había ningún problema. Hasta ese momento, la heroína la estuvo esnifando.
Y yo opino que lo que llevó a De la Iglesia a hacer una película sobre la heroinomanía fue su propia adicción. Y la fascinación ante ese mundo.
Porque cuando “El Pico” era tan solo un proyecto, De la Iglesia y  su guionista habitual, Gonzalo Goicoechea, elaboraron una historia en la que la trama era distinta. El primer guion sobre el tema se llamaba “Galopa y corta el viento” y en él, la heroína no hacía acto de presencia. De hecho, cuando se escribió ese proyecto, más o menos en la época de “Navajeros”, la cosa iba de un guardia civil y un Abertzale que se enamoraban, con la polémica que ya de por sí aquello suscitaría, si bien, ese guion entraba más en la idiosincrasia habitual de De la Iglesia, dado como era a hacer películas de temática gay en tiempos en los que nadie más lo hacía. Pero, le fascinó ese mundo, así que ahondó en él en su cine.
Por otro lado, y adscrita a lo que popularmente se llamó “Cine Quinqui”, además, así consideradas muchas de las películas de Eloy de la Iglesia oficialmente, incluso, aquellas que no son genuinas del género como puedan ser “El Diputado” o “La Mujer del Ministro”, yo creo que “El Pico” (y en parte, “El Pico 2”) está algo lejos de ser una película quinqui, en el sentido de que si estas tratan de vendernos las hazañas de los delincuentes como si se tratara de aventurillas de extrarradio —en el que una panda de hijos de puta reciben tratamiento de héroe por parte del cineasta— que prácticamente son películas de acción, “El Pico” es casi un drama social, una ficción política, que quebraría las cabezas de entes bienpensantes y tocaría los cojones a los gobiernos de la época. Además, los dos jóvenes protagonistas de la película, provienen de familias de extracto social medio/alto. No hay periferia, no hay música de Los Chunguitos. Sin embargo, como sale gente chutándose, pues ale, cine quinqui.
Yo creo que las únicas películas de De la Iglesia que a las que puede considerárseles películas quinquis genuinas, son “Navajeros” y, en menor medida, “Colegas”. Pero en cualquier caso esto no es relevante. Sin embargo me resulta muy divertido comprobar en Internet —porque a los bloggers les encantaba escribir sobre “Cine Quinqui”—, que los listados que enumeran las totalidad de películas quinquis rodadas en España, incluyen cualquier película en la que aparecieran Manzano o Pirri… Y que se meta en el saco a “El Pico”, pase, al fin de al cabo hay delincuencia y jeringuillas, pero que se meta “Se infiel y no mires con quién” o “Maravillas”, solo porque en ambas aparece El Pirri… apaga y vámonos.
En otro orden, como casi todo lo de De la Iglesia “El Pico” es una película correcta en su ejecución, impecable de ritmo y condenadamente entretenida, que se ha convertido por derecho propio en un clásico popular de nuestro cine independientemente de que esta contenga detrás una historia desgarradora mucho más interesante que la propia película.
Supuso un éxito de taquilla, y todavía se habla de ella y se la reivindica a día de hoy…
Junto a Manzano en el reparto, José Manuel Cervino, Lali Espinet, que desfasaba más con la heroína y la sin razón en la vida real que su personaje en la película, Quique San Francisco y otro efevo que se pasó De la Iglesia por la piedra, Javier García, que interpretaba a Urko y que poco más haría para el cine. Hay que decir, que su talento era más bien limitadito….