domingo, 21 de enero de 2018

LA ESTANQUERA DE VALLECAS

Tras el fracaso que supuso su película del año 85 “Otra vuelta de tuerca”, Eloy de la Iglesia, cuya adicción se hacía cada vez más palpable y visible, se encuentra con que ya no tiene productor con el que abordar sus proyectos, con la excepción de Angel Huete que todavía confía en él y tiene en cuenta sus éxitos pasados, por lo que forman juntos una nueva productora con la que abordar los nuevos proyectos de Eloy de la Iglesia.
Visto lo visto, De la Iglesia quiere retomar su viejo proyecto de 8 años atrás, “Galopa y corta el viento”, pero el alto coste de la producción propicia que los productores no encuentren el dinero necesario. No obstante, Huete, poseedor de los derechos de la obra de teatro de Luis Alonso de Santos “La estanquera de Vallecas”, le propone a De la Iglesia la adaptación para cine, por lo que, una vez conseguida la subvención del ministerio para la película, Eloy y su socio Gonzalo Goicoechea, se ponen manos a la obra con el guion que adaptará la obra, no solo al cine, sino a la idiosincrasia del universo De la Iglesia, en la que va implícita la presencia de José Luis Manzano.
“La Estanquera de Vallecas” cuenta la historia de un albañil en paro y un joven quinqui que pasan una mala situación económica y deciden hacer un atraco a un estanco. La Estanquera se resiste a ser robada, y ante su resistencia, la cosa se les va de las manos a los atracadores que acaban convirtiendo el mismo en un secuestro. Mientras, en la calle, el vecindario es testigo de los hechos a la vez que las inmediaciones se llenan de policía y medios de comunicación. Como  esto ocurre en plenas elecciones, los partidos políticos acuden a la plaza donde ocurre todo con el fin de hacerse propaganda. Al mismo tiempo, en el interior del estanco, el síndrome de Estocolmo hace mella en las dos secuestradas, a la vez que se lo pasan divinamente dentro.
No está mal esta “La Estanquera de Vallecas” con la que Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea tienen la indecencia y la osadía de convertir una obra de teatro de corte popular, en una protesta, y también, en una película quinqui.
Resulta entretenida y fluída. Sin embargo, según Fuembuena en “Lejos de aquí”, la heroinomanía de De la Iglesia cuando rodó esta película hizo mella en el set. No solo llegaba horas tarde, sino que además, cuando daba la acción, los actores comenzaban a actuar, terminaban su escena, y el director no pedía el corten, porque de lo colocado que iba se quedaba dormido en su sillita, frente al combo. Cuando no, muchas veces, su ayudante rodaba las escenas porque él ni estaba, eso si, cumpliendo a rajatabla las indicaciones que el director le había dado antes. Por otro lado, Manzano, que en films anteriores tenía una memoria prodigiosa con los textos de sus diálogos, aquí ya fallaba en ese aspecto, porque también su estado de drogadicción llegaba a cotas alarmantes. Necesitó que le apuntaran.
Un desastre por el que muchos ya nunca quisieron volver a saber de Eloy de la Iglesia. Fue una odisea sacar el film adelante, sin embargo, recién visionado, yo no noto carencias por parte del director, ni se la ve una película sumida en el caos. Por eso yo me pregunto ¿hasta que punto es crucial la presencia de un director en una película comercial?
Por otro lado, se rumorea, que la película es visible porque en realidad la dirigió completamente el ayudante de dirección.
En posproducción en un alarde de megalomanía heroinómana, De la Iglesia decidió doblar a Manzano; lo haría Fernando Guillen Cuervo, mientras que el actor Jesús Puente, con una voz hiper-reconocible, fue doblado igualmente por un actor de doblaje, como también lo fue una jovencita Maribel Verdú —con la que Manzano se pone las botas en las escenas más subiditas de tono del film —, por lo que la cosa queda rara.
La película pasó bien por taquilla, pero sobretodo, se convirtió en una de las cintas más alquiladas en los videoclubes de 1987.
Después de esto, y dado que su amiga Pilar Miró pidió la dimisión como directora de la cinematografía, De la Iglesia no volvió a rodar hasta 2003 con “Los Novios Bulgaros”, porque nadie quiso confiar en un heroínomano para que tomara las riendas de un rodaje, pasando en el tránsito un infierno por culpa de las drogas, que ya le acompañaría hasta su muerte.
Para Manzano, sería su última pregunta.
En el reparto, a parte de los mencionados, estupendos todos, tenemos a José Luis Gómez, Emma Penella, Eduardo Guillen, Antonio Gamero y Pirri entre otros.
Está simpática la peli.