Mostrando las entradas para la consulta Adriana Vega ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Adriana Vega ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de marzo de 2023

EL TÍO DEL SACO Y EL INSPECTOR LOBATÓN

Extraña, ignota, a todas luces innecesaria, chabacana y fraudulenta secuela de “El violador violado” Dirigida por el experiodista franquista Juan José Porto, que más rancia si cabe que su predecesora, peor rodada y más pobre, llegó a nuestras pantallas en plenos años 90 cuando este tipo de subproductos de serie Z no tenían cabida en nuestros cines. El cine español ya andaba dando cobertura a los Armero, Martínez - Lázaro y Gómez Pereira de rigor en aquellos años y, un subproducto como este, tan tosco, tan de otra época, todavía me estoy preguntando como es que consiguió distribución de algún tipo. Obviamente esta fue ínfima, yendo la película a parar a unos cuantos cines de barrio de provincias y congregando en total a poco más de 1000 espectadores del año 1993, cifra que para aquellos años, es pasar completamente inadvertido. Posteriormente, su vida en vídeo de alquiler no fue mucho más fructífera.
Como fan de “El violador violado”, que según mi fuero considero la peor película española de todos los tiempos, había oído hablar  sobre su secuela, esta “El tío del saco y el inspector Lobatón” durante años, sin que nada indicara que existiera o se hubiera estrenado. Llegué a dudar de su concepción al verme incapaz de encontrar un dato que confirmara su existencia. En plena década de 2000, no había nada. Cero. Ni un triste fotocromo, ni un fotograma. Pero justo cuando ya había desistido en la búsqueda de algo relacionado con esta película, cuando uno menos se lo espera, aparece por todos lados teniendo copias de la misma en VHS a precios prohibitivos en Todocolección y, mejor todavía, algún alma caritativa se ha molestado en colgarla en Internet. Y su visionado supera las expectativas.
“El tío del saco y el Inspector Lobatón” traslada la acción ocho años después de lo acontecido en “El violador violado”. El tío del saco tiene a toda la policía en vilo porque durante todo este tiempo el individuo ha violado mujeres de entre 16 a 116 años y no son capaces de capturarle. El inspector Lobatón junto con “El Paja”, también conocido como “El Harry el sucio español”—e interpretado por el entrañable Carlos Lucas— se están volviendo locos en la investigación cuando aparece Dorita, la mujer que violó al tío del saco en el pasado (en la anterior película) y que le busca porque, casadera como está, considera que el tío del saco es el hombre ideal para ella. Como cambia la actriz (María Mateo en la primera película, en esta, Adriana Vega) solucionan este problema haciendo que ella haya cambiado de aspecto gracias a la cirugía estética y fin de la historia.
Realmente esta sinopsis queda bastante clara, pero he tenido que hacer grandes esfuerzos para reconstruirla y redactarla, porque lo cierto es que la película es tal desbarajuste que uno no se entera de nada. Ni falta que hace porque el interés que pueda despertar la trama en el posible espectador es cero.
Pero lo mejor de todo esto es que la sinopsis ocupa tan solo la primera media hora de la película porque “El tío del saco y el inspector Lobatón” es un corta pega descarado y sin ningún tipo de vergüenza. A la media hora exacta de metraje, Dorita cuenta su historia y, a través del flashback, se nos ofrece un resumen de otra media hora de duración de “El violador violado” que con cartelitos explicativos en los que no se entiende nada y metraje rescatado de la misma, nos van contando de inicio a fin todo lo acontecido en la película predecesora. El resto de celuloide hasta llegar a la hora y diez lo componen los títulos de crédito, excesivos en duración y para el lucimiento, al igual que en la primera película, del historietísta granadino Soria —intuyo que amigo de Porto— o el rodillo de créditos final, también largo en exceso, y en el que encima tienen la jeta de incluir al reparto original de “El violador violado” —es decir, Nadiuska, Ricardo Merino, Luis Lorenzo…—que no solo no aparecen ni en uno de los fotogramas originales de este film, sino que, a buen seguro, no vieron ni un duro. Eso sí, añadieron, por todo el morro, un título más a sus respectivas filmografías.
Los actores que sí que aparecen en el negativo original son Quique Camorras, los anteriormente mencionados Adriana Vega y Carlos Lucas, y Antonio Bravo.
Una película absolutamente espeluznante. Terrible. Verla para creerla y, como las genuinas películas malas, sin un ápice de gracia, elementos sorpresivos ni sobreactuaciones épicas como para que los popes del posmodernismo la adopten y generen un culto forzado, gracias a dios. El nombre de Porto no suena a diestro y siniestro en esos pozos de cine malo en Internet, lo cual está muy bien porque hay que tener dos cojones muy gordos, como los que tenemos en "Aquí Vale Todo", para aguantar esto. Y toneladas de paciencia. Y arrojo. Y valentía. Y estupidez.Y...

viernes, 23 de agosto de 2013

VICIOSAS AL DESNUDO

En el cine clasificado “S”, la verdad es que el resultado de las películas da exactamente lo mismo, siempre que en esta haya una buena dosis de escenas de “Porno Soft”. Digamos que tienen carta blanca para hacer una mierda de película, siempre que se vea pelo. De hecho, la gran mayoría de las películas “S”, ya lo he dicho otras veces, son todas un auténtico coñazo, tan sosas, que ni siquiera propuestas, a priori, tan bizarras y cachondas como “Neumonía erótica y pasota”, que nos ofrece, incluso, una “Hulka” que tira de espaldas, resultan dignas de merecerse un visionado.
Por eso me hace especial gracia que una película como “Viciosas al Desnudo”, clasificada “S”, y por tanto, con licencias para poder ser rodada con el culo, dirigida por el manitas Manuel Esteba, que jamás cuidó un solo plano en ninguna de sus películas, sea tan divertida, refrescante, y, curiosamente, la más elaborada y mejor terminada de cuantas rodó el artesano catalán.
Cuenta la historia de un escritor de éxito que escribe sobre las bondades de la juventud actual. Siempre discute con su editor sobre este tema, pues este incide en que la juventud de ahora solo piensa en drogarse y en follar.
Cuando su mujer se va de viaje con los niños, y se queda en casa solo una noche de lluvia, llaman a su puerta dos hippies que le piden cobijo y un baño… pero lo que recibirán es la polla del escritor por todos sus orificios. Vamos, que Jack Taylor, que es quien da vida al personaje, se pega el festival.
Claro, que le saldrá cara la cosa, porque tras el folleteo, las chicas le pedirán, incluso, dinero, y cuando se quiere deshacer de ellas, acaban secuestrándole, formándose una espiral de sinrazón de sexo, drogas y violencia, que si bien a mí me recuerda ligeramente  (por plagiadora más bien) a “La naranja mecánica”, a un entusiasma fan japonés en IMDB le recuerda a “Thelma y Louise” (??).
Cojones ¡pues me ha entretenido mucho la maldita película!, porque con Esteba, la fascinación no viene por la calidad y/o el entretenimiento. Hasta con las desmadradas comedias de Los hermanos Calatrava, hay que tener paciencia y soportar el aburrimiento que suele ser sinónimo de Esteba, pero me temo que estamos ante la mejor de sus películas. Porque la historia es interesante, las escenas de folleteo estéticamente están bien resueltas, porque está bien dirigida, porque Esteba ha sabido dotar de ritmo algo que podía haber sido muy coñazo, porque tiene humor involuntario, como no, y un reparto que siempre mola verlo en pantalla. Y todo ello en una película “S”, que como ya he dicho, no tenía por qué contar con ninguno de estos elementos, solo coños y tetas.
Como diría el Pumares “Se la ha hecho un primo”.
Ahora, ver a Jack Taylor revolcándose en un yakuzzi con Adriana Vega y Eva Lyberten, ver como alguna mano se le escapa al pan, sobando, chupando, gozando y poniendo cara de chimpancé en lugar de cara de placer, es una experiencia única que nadie debería perderse, así como algunos de los diálogos, que de poco currados, acaban por ser brillantes, como el que tiene lugar nada más comenzar la película, entre el escritor y el editor: “- Se que tus libros dan dinero. ¿Cómo no lo voy a saber, si soy quien los editó? Pero esa juventud que defiendes no es mejor que la nuestra. –Si que lo es, porque no tiene prejuicios. –Precisamente por eso. Son una juventud que solo piensa en drogarse” o algo muy parecido se escucha nada más comenzar.
En definitiva, una maravilla, una rareza (por potable) en la filmografía de Esteba, y una “rara avis” (por entretenida) dentro del cine clasificado “S”.
En el reparto, junto a Taylor, tenemos  las ya mencionadas Adriana Vega (vista en casi cualquier película ochentera de Mariano Ozores) y Eva Lyberten (nacida Herminia Benito y vista en productos de consumo como “Porno: Situación Límite”, “En busca del polvo perdido”, “La caliente niña Julieta”, “Neumonía erótica y pasota”, “Los violadores del amanecer” o “La Zorrita en Bikini”) y Javier Garriga a.k.a. Frank Garrik.

viernes, 21 de abril de 2017

EL VIOLADOR Y SUS MUJERES A LA SOMBRA DE UN RECUERDO

Más conocida, por aquello de la corrección política con el título de “La sombra de un recuerdo” – No confundir con la novelucha de Corín Tellado del mismo título-, yo he preferido referirme a esta película con el título bajo el que se estrenó en salas comerciales que no es otro que “El violador y sus mujeres a la sobra de un recuerdo”. Se trata de una sensacionalista película producida por los inefables Hermanos Balcazar, cuya existencia serviría para engrosar la escueta lista de films españoles centrados en la figura del  Psycho-Killer.
Un individuo de mediana edad se dedica a seducir bellas muchachas para luego asesinarlas, ya sea durante el coito, ya sea después de este, operando en  cualquier lugar donde a nuestro protagonista se le cruce un cable. Mientras, la policía investiga, y el Psycho-Killer se dedica a vivir su día a día junto a su prima con la que también cohabita, y sin mayores estridencias.
Se trata de un producto clasificado “S” con algo más de enjundia  de lo que suele ser habitual -al menos, más que todas esas comedietas tan horrorosas adscritas al género-, con una historia y un guion más o menos desarrollados, y dónde se nos vende el morbo que supone ver a Manuel Tejada, que da vida al asesino, violando a todas esas chavalas, asesinándolas durante el acto sexual y, una vez muertas, continuar con su cópula como si nada. Se supone que eso, además de ser vendible, debe resultarnos perturbador, sin embargo, la poca pericia del director Jose Antonio Barrero, director de un par de cortos y de otra película anterior a esta –y que ya no volvería a dirigir más después- hace que, en lugar de causarnos mal rollo, las escenas de violación y asesinato nos causen risa.
Por lo demás, lo de siempre; una película con comunes problemas de tempo, de torpe narración, que para ver mientras estamos trasteando con el móvil, vale, pero que por lo demás, es un absoluto rollazo carente de interés alguno, más allá del exótico título original, o su interés histórico.
Congregó a 131.000 espectadores en las salas en el momento de su estreno, y en los gloriosos pases televisivos de madrugada en nuestras televisiones, en los años 90, cuando se emitió en la segunda cadena de televisión Española, la crítica de “El País” se cebaba –no sin razón- con ella diciendo: “Otra de las películas supuestamente malditas que nos ofrece La 2. Nuevamente todo apunta a que este filme es maldito por puro malo y no por otra oscura razón. La historia gira entorno a un psicópata que viola y asesina a mujeres”. Mejor crítica que esta, no la encontrarán.
Por lo demás, nada de nada.
Junto a Manuel Tejada, tenemos en el reparto a actores tan comunes en cualquier tipo de filme alimenticio de los setenta y ochenta como puedan ser Emilio Gutierrez-Caba, Mirta Miller, Paloma Cela o Adriana Vega.

miércoles, 15 de abril de 2009

LOS SUPER AGENTES CONTRA LOS FANTASMAS

El cine popular argentino cuenta en su haber, al igual que el español, con exitosas sagas. En este caso, la película que, tras pensármelo mucho, vi anoche, pertenece a la saga de "Los Super Agentes".
Y según "mdb", es una bastante longeva, ya que el primer titulo, "Los Super Agentes Biónicos", data de 1977, la ultima de 2008 es "Los Super Agentes: La nueva generación". 30 años de super agentes han tenido los argentinos. Naturalmente, la franquicia ha ido sufriendo mutaciones, tanto en la dirección como en el reparto.
¿Cómo es que toda una saga de películas no ha llegado nunca a nuestras pantallas? La única respuesta que se me ocurre es la siguiente: Porque deben ser horribles. Esa es la sensación que me llevo al ver una de las de en medio, la que nos ocupa, "Los Super Agentes contra Los Fantasmas".
Un tipo hereda un castillo donde piensa poner una discoteca. La primera noche que pasa allí es sorprendido por fantasmas. Así que decide contratar a los super agentes para que hagan limpieza.
Bueno, supongo que los actores principales, Julio De Grazia y Víctor Bo, deben ser muy conocidos en Argentina, pues estamos ante otro vehículo para lucimiento de sus gracietas.
Y lo que me llama la atención es lo siguiente: Como ya he dicho anteriormente cuando he reseñado películas de Olmedo y Porcel, esta, también, cuenta en su haber con montones de numeritos musicales encima de un escenario. Luego, ¿qué pasa? Supongo que debe ser normal, el asociar las películas de un cómico con el mundo del cabaret y los espectáculos de variedades, de lo contrario no se explica que todo lo que huele a comedia argentina venga acompañado de numeritos... hasta un ventrílocuo sale en esta. Cosa que, aunque rompe con el ritmo (en el caso de que lo haya) e interrumpe la narración, no deja de convertirse en un sello de identidad de la “argentinada”, al igual que en nuestras “españoladas” lo fueron las tetas de Adriana Vega y los felpudos poblados. Y eso en mi opinión es bueno.
No se cómo serán el resto de películas de "Los súper agentes", pero con esta he tenido que hacer un sobre esfuerzo para poder acabarla... ¡Que mala es!... Aunque resulta inevitable reírse, cuando comprobamos que los fantasmas son personas con sabanas en según que secuencias y pañuelos movidos por hilos en otras.
Por lo demás, nada, no hay originalidad, ni gags potentes, ni tiene gracia la cosa. Tenemos una escena de ¡¡¡10 minutos!!! en la que uno de los super agentes se dispone a cenar y los fantasmas le esconden la comida. Bien, el tema está en que se trata de un solo plano fijo, con un par de insertos de los fantasmas (pañuelos en este caso), que se hace eterna... pero mas de lo habitual... con lo que la tortura se acentúa notablemente.
En fin, que merezco un premio por haber visto esto completo. Para la ocasión, le tocó dirigir a un tal Julio Saraceni.

miércoles, 28 de agosto de 2013

ATRAPADOS EN EL MIEDO

En sus últimos años de carrera (antes de retomar, con muy mala pata, el tema de la dirección con “Empusa” poco antes de morir, pero eso sería otra historia aún más interesante…) Carlos Aured se dedicó, con cierta fortuna, además, a las películas clasificadas “S”, rodando clásicos del infra-género como puedan ser “Apocalipsis Sexual” o, sobre todo, “El fontanero, su mujer y otras cosas de meter”. Pero, el rodar estas basurillas, en las que lo de menos era el acabado técnico, y sin que Aured fuera un artesano de los más talentosos a pesar del prestigio obtenido por algunos de sus títulos a mayor gloria de Paul Naschy, se mal acostumbró. El rodar deprisa y sin cuidado, se convirtió en una cosa normal. Es por ello que su vuelta al fantástico sea, por un lado, tan nefasta, por otro, tan divertida.
También, en pleno 1985, el “Slasher” se imponía en pantalla en cuanto a géneros terroríficos se refiere. Juan Piquer Simón supo entenderlo y fabricó un éxito “Mil gritos tiene la noche”, que aunque fuera porque los yankies se descojonaban de ella, era un genuino “slasher”. Así pues, Carlos Aured decidió intentarlo con “Atrapados en el miedo” pero, aún con intención de “Slasher”, entre que no entendió del todo bien el concepto y que, a niveles de dirección, el hombre estaba gagá, el resultado de esto es de lo más estimulante, obviamente, a nivel de despropósito.
Con guión del propio Aured,  “Atrapados en el miedo” cuenta la historia de un par de amigos que se van con dos hermanas al chalet de uno de ellos, con el fin de pasar un fin de semana de folletéo. Por otro lado, un loco se ha escapado de un hospital psiquiátrico  y tras asesinar a dos jovencitas hippies (¿¿¿en plenos ochenta???), que a priori parecía que querían quilar con él, se esconde en el pueblo donde las dos parejas van a pasar el fin de semana. El encontronazo con el “Psycho Killer” será inevitable.
Mala de solemnidad, por supuesto, pero de aquellas que a poco que se va desarrollando la trama, les vas cogiendo simpatía.
A un tempo lento, una dirección pobre, una iluminación de comedia (y no de película de terror) y actuaciones, como no, de pena,  hay que añadirle los muy desfasadísimos y machistas diálogos, salidos de la pluma del director. Escuchar para creer, pero de la bocaza mal doblada del actor José Luis Alexandre salen perlas del tipo “¿Quién es mejor ama de casa de las dos? Pues la que lo sea, que baje a la despensa”, mientras que una de las actrices, Sara Mora, asume su rol y diciendo “Yo soy la mayor, ¿no se me ve la cara de tonta?” se va a la puta despensa.
Y luego toneladas de diálogos insustanciales, que hacen plantearnos si los protagonistas no son, al igual que el “Psycho Killer” que les acosará, enfermos de un psiquiátrico. Y sería en resumidas cuentas lo más destacable de la película, los diálogos, porque al fin y al cabo, eso es el grueso; eternos diálogos cuya misión es engordar la endeble trama que se resolvería en diez minutos.
Punto y aparte sería el “Psycho Killer”, que vestido con jersey de lana verde y vaqueros desgastados de la época, va a cara descubierta, luciendo melena y barbas pseudo-hippies, gusta de ir armado con un punzón que apenas usa, en pro de las bofetadas y los golpes. Así que, si, tenemos un asesino con arma blanca, que prefiere asesinar a sus víctimas a base de puñetazos y patadas… una especie de Bud Spencer anoréxico con un punzón para el hielo.
Con todo, y a pesar de lo malograda que es la película a rasgos generales, la banda sonora, intuyo que de C.A.M, y algunos momentos de inspirada tensión (porque Aured tuvo, ergo, algo ha de retener,  un par de acuchillamientos pintones, eso si, de puta coña, e, inevitablemente, las toneladas de humor involuntario) convierten “Atrapados en el miedo” en una película mala pero divertida, altamente gozable y altamente indignante. Esto ya era muy malo para 1985… aunque Jacinto Molina lo superaría en los noventa…
En el reparto la eterna Adriana Vega, esta vez recatadísima, ni le vemos un pelo del coño, el Alexandre este que he mencionado antes, que hasta que Aured le dio la oportunidad fue secundario en productos como “El Lute” o “Loco Veneno”, Sara Mora, que salía en las dos entregas de “Eva Man, lamáquina del amor”, Joaquín Navarro, más secundario todavía que estos, e interpretando al “Psycho Killer” Luis Cánovas, que jamás interpretaría papel alguno en película alguna.
En cuanto al pobre Aured, no volvería a dirigir hasta que poco antes de morir, Ángel Mora le dio la oportunidad con “Empusa”, pero al final, y por motivos que se me escapan, acabó dirigiéndola Naschy.
Al menos su testamento, finaliza con una buena ponzoña.

lunes, 9 de enero de 2017

LA MASAJISTA VOCACIONAL

En pleno destape y, quizás, como consecuencia de las “Comedias Sexy” Italianas –ya saben, las protagonizadas por Lino Banfi y AlvaroVitali mayormente-, o al menos con ese tono, y como revulsivo a los reyes del género que por aquél entones eran Pajares y Esteso, Francisco Lara Polop se pone a dirigir, con muy poquitas ganas, esta “La Masajista Vocacional” que a su vez es, probablemente, la película más zafia y de mal gusto de la historia de nuestro cine de tetas y culos. Al menos en intenciones, que mostrando carne tampoco es que destaque en calidad o cantidad. También se adscribe a ese género que en los ochenta fue recurrente, las comedias que transcurren en hospitales.
Es una película de meter mano. Eso es. Porque al final lo que tenemos aquí es a un puñado de señores salidos metiendo mano a una masajista titulada, que va vestida como una puta, ya sea en el hospital, o en el lecho dónde deja que un babeante Quique Camoiras le pegue unos sobos de órdago. Todo ello en pro del humor, pero a pesar de la presencia de grandes del género como Juanito Navarro o Raúl Sender, la cosa no termina de cuajar. Y es que el protagonismo cae en Paco Cecilio que no tiene carisma alguno.
La cosa va de un famoso pelotari que recibe un pelotazo en los cojones, por lo que tendrá que ir al hospital completamente quebrado.
Allí, recibirá los servicios de una masajista que tiene unas manos maravillosas, y un culo esplendido, por lo que la cosa se complicará, ya que escayolado como está, en salva sea la parte, las erecciones que le pueda provocar la mujer con su sola presencia pueden ser fatales. Así que su mejor amigo se pasará la mayor parte de la película intentando evitar que este se ponga palote, cosa difícil porque la masajista es una cachonda de tomo y lomo, además de una idiota que se deja manosear y meter mano, ya que ni se entera, ni tiene voz, ni voto, y permanece pasiva ante el acoso sexual al que es sometida por todo macho que aparece la historia.
Como ven, pura poesía, firmada, en el guion, por Juan José Alonso Millan.
Miren que soy fan de la españolada, del destape y de todo aquel cine español de los ochenta, pero que quieren que les diga, con “La Masajista Vocacional”, no puedo. Me parece una película estúpida y me caen muy mal sus personajes, Además, es especialmente mala y puede confundir a los neófitos para creen que todas las películas de destape eran así de estúpidas. Nada más lejos de la realidad.
El ver a Quique Camorras haciendo de sátiro, detrás del culo de la masajista, a la que da vida Adriana Vega (ella estupendísima, eso si), corriendo en gayumbos con topos mientras masculla obscenidades, puede resultar gracioso, pero también da mucha, mucha grima.

lunes, 16 de noviembre de 2020

EL VIOLADOR VIOLADO

“El violador violado”, también conocida como “El tío del saco” o con la combinación estúpida de ambos títulos —“El violador violado (El tío del saco)”— sería una genuina serie Z, y una de mis películas chungas de cabecera. Una verdadera muestra de lo fascinantemente chungo, tan chungo, que afortunadamente jamás ha generado culto alguno. Es, lo que yo llamo, un repelente de modernitos.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y  nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay  más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón  de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia  parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es  anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.