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sábado, 25 de enero de 2020

NAVIDADES NEGRAS

Hoy se cumple justo un mes de algo muy poco original por mi parte: zamparme una sesión doble nocturna de terror Navideño. Para lo cual elegí un clásico que ya había visto antes y otra moderna. 
De la primera se ha escrito ya mucho, yo incluido, "Navidades Negras" o "Black Christmas", el incunable film de Bob Clark que se adelantó cuatro años al supuesto nacimiento del slasher según San John Carpenter. No era la primera, antes estuvo esta otra, pero es indudable que, en muchos sentidos, aportó buena parte del material que luego sería recurrente en el subgénero. La diferencia es que Clark lo hizo con clase. Mucha clase. Característica esta para nada trasladable a la ristra de imitadores que surgirían los años siguientes.
Unas chicas universitarias pasan la Navidad tranquilas en su fraternidad, hasta que comienzan a recibir llamadas aterradoras de una voz chillona que les dice cosas raras y las amenaza de muerte. Resulta que el perpetrador de las mismas se les ha colado en casa y habita el desván, solo que ellas aún no lo saben. Y puede que nunca lleguen a saberlo, aunque él decida salir de su escondite para cazar.
"Navidades Negras" es una de esas películas que funcionan o no depende de cómo te pillen. La ocasión que la consumí previa a la presente me pareció aburrida. Sin embargo, el pasado 25 de Diciembre volví a gozarla como el primer día. Redescubrí sus muchísimos atributos, aunque sin duda el mayor de todos ellos es su asesino, probablemente uno de los más terroríficos que ha dado el cine, Billy, primero porque no conocemos su origen ni su motivación criminal, segundo porque nunca le vemos la cara, solo las manos y un ojo que da escalofríos cuando te apunta fijamente, tercero por esas llamadas espeluznantes que hace a las chicas, poniendo voces de dibujo animado, chillando, desvariando... acongojantes, y cuarto... bueno, por el desenlace de la peli que no desvelaré. Maravilloso. Qué buenos tiempos aquellos en los que los asesinos de las pelis de terror no eran carne de merchandising, esencialmente porque no podían serlo.
A todo ello sumen una atmósfera cojonuda, tan absolutamente navideña como totalmente inquietante, que chorrea misterio y suspense por los poros. La banda sonora, minimalista y que desaparece cuando la situación lo requiere, dando paso a los efectos de sonido. Unos personajes trabajados y humanos, con problemas y personalidad, no simples marionetas pechugonas puestas ahí para ser asesinadas. Y por supuesto la justa dosis de crímenes (pocos si lo comparamos a slashers posteriores), sin abuso de truculencias, comedidos, sobrios e impactantes. 
Ya no se hacen como esta, amigos. Ni se harán. El terror ha dejado de ser adulto, ha dejado de tener clase. Hoy día eso último se confunde con ser pedante y meter arrebatos artys, que no es el caso de "Navidades Negras", una muestra de cine de género estupendo, sin excusas. Y ahí va una demostración de lo que digo: En el 2006 se hizo un remake, apadrinado por el propio Bob Clark, que aún teniendo algunos atributos visuales, no funcionaba. Y cometían dos errores de peso, dar una historia y un rostro al asesino y meter efectismos baratos. Para rematarlo, recientemente se ha estrenado ooootro remake y esta vez, de modo oportunista y barriobajero, apuntándose a todo este rollo del nuevo feminismo y bla, bla... como era de esperar, se metió una buena galleta en taquilla para mayor disgusto de sus perpetradores, la peña de "Blumhouse", que cada vez anda más y más perdida. Pues yo me alegro. Me alegro tanto como que las nuevas "Ángeles de Charlie" pasaran idéntico trago por las mismas razones. Siempre habrá quien tire de la excusa perfecta, achacándolo a su condición femenina y al rechazo que ello provoca en el macho dominante, pero yo creo que se debe única y simplemente a que son malas películas. En cualquier caso, que se jodan. ¡Cómo odio que me sormoneen y más desde mi género favorito!.
Una de las cosas que llaman la atención de "Navidades Negras" son sus pequeños y nada invasivos momentos de humor, que ya anunciaban el tipo de cine al que no mucho después Bob Clark acabaría anclado, el de risas. Es curioso como, a diferencia de otros muchos casos, él no quedó encasillado en el terror de por vida. Tal vez se deba a que sus aportaciones tampoco obtuvieron el estatus instantáneo de pelis de culto o films a considerar. Tardaron un cacho. Como debe ser, por otro lado. Así, el tipo tuvo tiempo de desviarse y meterse en otros berenjenales.
Para rematar todos los indiscutibles atributos de "Navidades Negras" (como su ajustado tempo, la narrativa clásica pero no acomodaticia en la que todo se desarrolla y confluye de manera inteligente, etc, etc... ¡¡y mira que tenía talento el puñetero Bob Clark!!), disponemos de un reparto colorido, simpático y entrañable como el solo: Olivia Hussey, Keir Dullea, Margot Kidder, John Saxon, Art Hindle y el eterno secundario carismático Leslie Carlson.
En fin, ¿qué más puedo añadir? una excelente película de terror que recomiendo encarecidamente. Y si la ven y no les acaba de funcionar, prueben dentro de un tiempo, porque a veces eso es lo que necesitan las cosas buenas, tiempo para apoltronarse en tu psique y darte una dosis de gustirrinín y escalofríos, aspecto este que hoy día, con tanta prisa para todo y tan poca paciencia cuando hay que sentarse frente a una pantalla, ya no se estila.
Si han llegado ustedes hasta aquí, puede que se pregunten aquello de "¿Y qué viste después?", pues se lo diré, una cosa titulada "A Christmas Horror Story" tan chillona, cargante, excesiva y aturdidora que a los viente minutos ya la estaba quitando. Terror de 1974 versus terror de 2015.... los resultados hablan por sí solos.

jueves, 8 de enero de 2009

LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES 2

Pues sí, probablemente no sea el título más conocido y respetado del cult-film "Children shouldn´t play with dead things", pero así es cómo la conocí yo en su momento. Todavía lo recuerdo, mi bajada al sótano de las maravillas del video-club "JP", y cómo en la sección dedicada al alquiler más económico de todos, estaba esa extraña película, ¿"La noche de los muertos vivientes 2"?, con una caratula maravillosa ilustrada por unos zombies saliendo de sus tumbas (la que tienen justo aquí al ladico) y apenas nada más, sólo el nombre de un director que no me sonó nada, Benjamin Clark, poco sabía yo entonces que se trataba de Bob Clark, el señor responsable de los dos primeros "Porky´s" y lo que tenía entre mis zarpas era su tercer largometraje, aunque el primero con el que comenzaría a destacar. La copia de vídeo estaba bien, lo realmente deplorable era el master en celuloide, completamente rayado y repleto de cortes. Que hermoso placer aquel de descubrir extrañas joyas.
Clark contaba que cuando vio "La noche de los muertos vivientes" tuvo muy claro que él era bien capaz de repetir la hazaña. Decía también que en aquellos tiempos (inicios de los 70) los aspirantes a cineasta solo podían disponer de dos caminos para comenzar a hacerse notar, el terror y el porno. El optó por lo primero. Y sí, mucho me temo que al amigo no le molaba mucho el género... de hecho, solo regresó a él en pleno declive de su carrera con el fin de sacar algún beneficio. Se lió con el remake de su estupendísima "Navidades Negras" y, cuando comenzaba a dar forma al idem de la peli que ahora tratamos, murió víctima de un atropello. Una pena. Descansa en paz Benjamin Clark. Hubiese sido curioso ver una puesta al día de "Children shouldn´t play with dead things", ¿no?.
Centrándonos en esta, la verdad es que nunca he comprendido por qué la califican de "comedia de terror". Para mi que es una etiqueta que se inventaron pasados ya muchos años y conscientes de que la peli, aún con sus dosis de humor, realmente hacía reír por su encantadora torpeza. El prota es Alan Ormsby, todo un personaje en la industria del cine, especialmente conocido por sus labores de guionista (suyo es el de "El beso de la pantera" y "Porky´s 2"... en la que, por cierto, hay un zombie, por si alguien no lo recuerda), eventual director (junto a Jeff Gillen, otro de los actores de "Children...", en "Deranged") y maquillador (el aspecto de los zombies está muy logrado... reservando los mejores para espeluznantes primeros planos). El caso es que Ormsby da vida al irritante jefe de una compañía teatral que, haciendo el jipi y el tonto (o el jipi tonto), revivirán accidentalmente a una horda de cadáveres en un cementerio y se verán obligados a combatirlos.
En realidad la parte interesante de la peli tarda una puñetera hora de metraje en llegar... hasta ese momento todo son largos y recargados diálogos absurdos y repletos de sarcasmo. Ah! y mucha sobreactuación (leí por ahí que las interpretaciones se hicieron mal aposta... no se yo que pensar). En el momento en que los muertos vuelven a la vida, las cosas cambian para mejor... o para mucho mejor, ya que la mentada resurrección es lo más destacable del film entero. Rebosante en atmósfera y bonitos movimientos de cámara (se nota que aquel día Clark contaba con una dolly, como mínimo) acaba de funcionar gracias a la banda sonora, rarísima y muy inquietante. De hecho, creo recordar que de chaval hasta me proporcionó unos cuantos escalofríos.
Todo ello desemboca en un desenlace muy efectivo y la broma más obvia de todo el show... que no desvelaré.
Está lejos de ser una peli redonda, pero viene repleta de pequeños atributos que la hacen muy especial. No por nada, hoy día se ha ganado el estatus de culto que tiene.

viernes, 24 de julio de 2015

EL ABOGADO MÁS CHALADO DEL JUZGADO

Me resultan muy curiosos los gustos de los gremios. Me refiero a que, según la profesión de colectivos ajenos al cine, publico esporádico que prefiere un tipo de películas u otras, eligen la que les hace sentir identificados, estos la mayoría de las veces a rasgos generales se sienten atraídos por películas que retratan sus mundos. Así, la película favorita de los proyeccionistas ha de ser "Cinema Paradiso" (a mi como representante de este gremio puede gustarme, pero prefiero otras muchas antes. Pero mis compañeros de profesión, si la citan cuando se les pregunta por su preferida...), la de los jugadores de baloncesto sería "Hossiers", los bomberos prefieren "Llamaradas" y los maderos sienten predilección por "Serpico" Todo esto es contrastado, no me lo invento. Y todo esto lo descubro buscando la escasa -por no decir nula- info sobre la película que vi anoche y que les comento ahora... Resulta que en las listas de "pelis de juicios preferidas de los abogados americanos" no están encabezadas por películas como "Justicia para todos" o cualquier otra pelí de juicios prestigiosa, no; la favorita de los abogados americanos es esta "From the Hip" aquí estrenada en Vídeo por la mítica "Record Visión" con el título de "El abogado más chalado del juzgado" que aunque me harté de ver en los estantes jamás alquilé y que recupero ahora, sin resultarme atractiva a priori, solo porque su director si me lo resulta, Bob Clark, viejo conocido de esta casa. Pero la película, salvo por la gracia esta de ser la favorita de los abogados americanos, la verdad es que es un coñazo largo, melodramático y tontorron, al que no le veo nada reseñable. Cuenta la historia de un abogado novato que en su afán por destacar, gana un caso de manera poco ortodoxa, lo que le hace ganar créditos en su profesión, por lo que ahora le tocará hacerse cargo de un caso de asesinato un tanto mas complicado. Y ya está. Todo contado de una manera muy liviana y no como su engañoso titulo español trata de hacernos creer. Y la peli, aburrida, pero de corte amable se deja ver, hasta que pasada de hora, tenemos que darle al avance rápido. Es una peli de juicios con todas sus consecuencias. Un juicio, se resuelve y después va otro. Luego tiene el valor de ser una de las películas que trataba de lanzar a su protagonista Judd Nelson a la palestra y aunque despuntó un poco en los primeros noventa, luego se convirtió en un loser del montón, que no ha servido ni para series Z chusqueras. Por lo demás, tienen papeles secundarios en la película gente como John Hurt, Elisabeth Perkins y un habitual de las películas de Clark de aquella época: Dan Monaham, el mítico Pee Wee de la saga de "Porky's" que para variar, cambia de registro. Aquí hace de agresivo -aunque chistoso- abogado. Y sale airoso. Una película muy del montón. Pero como su carátula es tan mítica, pues...

viernes, 17 de marzo de 2017

CRIMEN EN LA NOCHE

Que se dejen de rollos; ni crítica social, ni película antibelicista ni pollas en vinagre. “Crimen en la noche” es una genuina película de zombies (de un solo zombie) que se sirve de la guerra de Vietnam  en su argumento como se podía basar en cualquier otra, pero nada más. Es un acontecimiento al servicio de la ficción sin más trascendencia que esa. No creo que Bob Clark estuviera pensando en nada de eso cuando la rodó, máxime, cuando es un guión de Alan Ormsby que se inspira en la historia “The Monkey’s Paw” de W.W. Jacobs. Sin embargo, nadie dice nada sobre “Porky´s”, que si que tiene un componente de compromiso social muy grande. En cualquier caso, da lo mismo.
La cosa va de un combatiente de Vietnam que  fallece en acción. Los padres del muchacho reciben una carta que les avisa de la muerte de este. Sin embargo, al día siguiente de la fatal noticia, este aparece en casa absolutamente ileso. Todo es alegría y jolgorio hasta que al muchacho le da por hacer cosas raras como comportarse de manera violenta o matar al perro de la familia.
Poco a poco, se va cargando a más peña de su entorno y a alimentarse de ellos, porque, efectivamente, lo que ha regresado de Vietnam es un zombi. Y la madre que lo trajo al mundo que lo defiende hasta las últimas consecuencias, inconsciente esta de la condición de no muerto de su hijo, aunque a este se le caiga la cara a cachos.
Conocida en el Canadá como “Deathdream” y como “Death of  Night” en los USA, “Crimen en la noche”, que trae consigo muy buena prensa, a mí me parece una mierdecilla lenta y aburrida con un par de buenos momentos, y una historia cojonuda que con más pasta y otra actitud más mercantil, podría haber sido un clásico. Sin embargo al final es una cosa con mucho diálogo, cutre y salchichera que le deja a uno como estaba una vez acaba y que no agarra fuelle hasta su recta final, cuando el protagonista, ya zombificado del todo, se desata.
El dato freako está en el reparto, ya que algunos de los actores, John Marley y Lynn Carlin al menos, eran habituales de la escudería de John Cassavetes. Cosa coherente del todo si tenemos en cuenta que al final, como el cine de vanguardia y la serie B de horror, son géneros marginales, al final van juntos de la mano.
Por lo demás, simplemente decir que otros productos de terror made in Clark me parecen a todas luces superiores a este, en todos los aspectos, ya sea “La noche de los miertos vivientes 2”, ya sea “Navidades Negras". Pero bueno, sea como fuere, para echar el ratillo viéndola, ya  me sirve.

viernes, 7 de julio de 2017

BENIDORM MON AMOUR

“L’Alquería Blanca” fue una serie del Canal Nou, rodada en Valenciano y para los habitantes de la comunidad Valenciana, que fue un éxito sin precedentes y todo un hito en la historia de la televisión Valenciana. En ella, se contaban las peripecias, en tono melodramático, de los habitantes de un pequeño pueblo Valenciano durante la decada de los sesenta.
En plena fiebre con la serie, Canal Nou cierra en 2013 y deja a los espectadores Valencianos sin poder ver el final de la serie que ya solo se podría visionar si uno compraba la última temporada de la serie en DVD.
Un éxito absoluto que sin embargo, y como es lógico, fuera de la comunidad Valenciana, nadie sabía nada de la mentada serie televisiva.
Sin embargo, el público, tres años después de la cancelación de la serie, seguía parando al elenco de actores por la calle, y diciéndoles lo mucho que echaban de menos la serie. Pero la serie ya no podía volver sin una televisión autonómica a la que acogerse. Así pues, Santiago Fumarola, director de la misma, planeó una película para cine con el fin de que su creación no cayera en el olvido. Entre subvenciones estatales y demás, consiguió un presupuesto de un millón y medio de Euros.
Y así se da pie a una de las películas más raras del cine Español de los últimos años. Porque para que se hagan una idea; la serie “L’Alquería Blanca” era una serie al estilo de “Amar en tiempos revueltos”,  uno de esos folletines de al medio día, que enganchan a señoras de más de 50 años de edad y ancianos, un drama de época donde en cada episodio se muestra una intriga ligera a resolverse en próximos capítulos, o que no llega ni ha resolverse.
Bien, pues el resultado de la película que adapta estas premisas, cambia el tono y las maneras de la serie hasta tal punto, que le da la vuelta a esta como a un calcetín. Amparandose en el hecho de que se trata de una precuela de la serie, este “Benidorm Mon Amour” es una “Sex Comedy” linea “Screwball” a la española, mucho más deudora de “Porky’s” – y quizás sin intención de deberle nada a la película de Bob Clark- que de cualquiera de esas rancias series, incluida la propia “L’Alquería Blanca”.
Para ello, y sin salirnos de los años 60, se traslada la acción a los tiempos mozos de unos cuantos de los protagonistas de la serie, haciendo que, durante el permiso de uno de ellos, que está haciendo la mili, estos le recojan a las afueras de Alquería Blanca, para llevárselo a Benidorm con el fin de que este eche un polvote con alguna guiri que veranee por allí.  De hecho, conocen a un grupo de desinhibidas Francesas, y comienza la juerga, el despelote y el despiporre. Un arsenal de chistes zafios, pedos y cagaleras se apoderan de una película que no va a ninguna parte, a la que se le enreda el argumento más de la cuenta cuando introducen algún chiste al estilo “Spoof” – como la película está subtitulada al castellano porque está rodada en Valenciano, uno de los protagonistas que solo habla Castellano, rompe la cuarta pared, agarrando con las manos los subtítulos y leyendolos-, o cuando introducen una subtrama con un intercambio de petates por parte del militar y un atracador de bancos, que les costará una investigación policial por parte de dos ineptos agentes.
Mala, zafia, estúpida y con unos actores espantosos, me imagino la cara del matrimonio  seguidor de la serie que se acercara al cine a ver algo de la serie, y se encontrara con esta comedia desmadrada, sexista y escatológica.
Pero no se debió dar el caso porque con veintitantas salas en las que se exhibió en la comunidad Valenciana, y otras dieciséis en el resto de España –dónde no tenía ningún sentido su estreno-, el fin de semana de apertura solo logró recaudar cerca de 3000.000 Euros.
Haberlos haylos, y bien descarados, pero desconozco si esta película se benefició de alguno de los chanchullos habituales del cine español, tales como la propia compra de lo calidades por parte de la misma productora con el fin de llegar al mínimo de la cuota de pantalla, pero al final de su vida comercial en cines, la película solo obtuvo 31.000 espectadores  -me parecen muchos para la risión de dinero que recaudó en su estreno-  y unos ingresos de casi 71.000 Euros. Así que ya me contarán, que negocio es este para una película de cerca de un millón de Euros, según fuentes de Internet.
No obstante el fracaso era cantado, no solo por el cambio general de tono de lo que era la serie y lo que es la película, sino porque, hoy por hoy, lo que el público puede ver gratis en la tele sin desplazarse de su domicilio, no es de su interés a la hora de salir a casa e ir al cine. Y menos en un producto de estas características. Eso si, el público español no va al cine, pero da su opinión en todo momento. España amigos. Cuanto la amo.
Al margen de todo esto, Santiago Pumarola, ha conseguido una de las películas más bizarras y marcianas del cine Español, por un lado, porque “Benidorm Mon Amour” es una buena muestra de cinematografía regional –en este caso la Valenciana, como lo es, por ejemplo, “Amanece como puedas”- y por otro lado, una “Secrewball Comedy” de nueva hornada, con todos los clichés y tópicos inherentes al subgénero, y sin embargo, estoy convencido de que en ningún momento los responsables tenían previsto hacer una comedia de esas características. Y eso es muy grande.
De hecho, ni 10 minutos de película hacen falta para ver en ella, que el que está de permiso de la mili se viene tirando pedos porque hace días que no caga, y los colegas se lo llevan de juerga a Benidorm, a que se tire a una extranjera. Casi parede un remedo de algunas de las secuelas de “Polo de limón”.
Por lo demás, la ambientación en los sesenta es bastante austera, el diseño de producción de lo más pobretón, el ritmo, con la facilidad que viene se va y Benirdorm y la playa no se ve más que de lejos. Pero mola un montón que exista una cosa de estas.
El director, Pumarola, se dedica habitualmente a la televisión, y su única película además de esta, data de 1998 y se titula “Mi día de suerte”.  Y ahí va otra marcianada; resulta que la película es Portorriqueña y, lógicamente, tan solo se estrenó en Puertorico. Vamos que una carrera cinematográfica de lo más extraña la de este Pumarola.

sábado, 13 de diciembre de 2025

SESIÓN DOBLE: UNA FRÍA NOCHE DE MUERTE + ESTUDIO DE TERROR

Con "Una fría noche de muerte" estamos ante un curiosísimo thriller televisivo del año 1973 producido por el todopoderoso Aaron Spelling y con ciertos tintes teatrales al situarse todo el en un mismo escenario ocupado por apenas dos actores. Dos no acostumbrados a eso de que se les confíe plenamente el desarrollo de una historia durante una agradecidamente justita duración de 74 minutejos -y de ahí que, ocasionalmente, se entusiasmen un poco demasiado-, Robert Culp, el poli colega de "El gran héroe americano", y Eli Wallach, el feo de "El bueno, el IDEM y el malo". Les envían a una base en el ártico porque el científico allí dispuesto hizo unos comentarios de lo más extraños justo antes de dejar de dar señales de vida. Al llegar, se lo encuentran congelado, no así los numerosos monos metidos en sus jaulas que son la base de unos experimentos destinados a descubrir como afecta a la salud vivir en un ambiente tan hostil y aislado. El caso es que se instalan y, claro, comienzan a pasar cosas misteriosas. Se abren ventanas. Se cierran puertas. Se apaga la calefacción, etc, etc. Pronto, la paranoia florece y, con ella, cierta tendencia a la sobreactuación, especialmente por parte de Eli Wallach, lo que, acompañado de unos diálogos en ocasiones algo delirantes, aproximan peligrosamente el conjunto a la comedia involuntaria. Pero no, consiguen mantener unos mínimos de sobriedad hasta el más o menos sorpresivo desenlace. Total, ¿¿qué son 74 minutos??. Apenas te enteras de que han pasado y el regusto final es de moderada satisfacción.
Dirige Jerrold Freedman, con una trayectoria muy centrada en la televisión, aunque si rascas un poco localizarás "A 20 millas de la justicia", película de lucimiento para Charles Bronson. Menos es nada.
"Estudio de terror", de 1965, fue la primera obra creativa en juguetear con la atractiva premisa de enfrentar a "Sherlock Holmes" y "Jack, el destripador". Ficción versus realidad. Al fin y al cabo compartían época, andaban situados en extremos opuestos de la ley y, bueno, aunque el primero fuese fruto de la imaginación de Arthur Conan Doyle, el segundo casi parecía un personaje de ficción por todo el envoltorio mediático y legendario que arrastró y arrastra.
La cuestión es que anda por ahí aniquilando mujeres de la vida y el de la pipa decide intervenir. Por supuesto que no todo se reduce al bien contra el mal, hay una trama medianamente enrevesada (o al menos así se lo pareció a mi limitada capacidad de atención) que, también por primera vez, coquetea con la fascinante idea de que "Jack" no era únicamente un tarado solitario y ocultaba toda una conspiración que salpicaba a la nobleza. Considerando que, salvo honrosas excepciones, no soy muy de cine de aquellos años, "Estudio de terror" termina funcionando. Vamos, entretiene. La visión que da de "Sherlock Holmes" se ajusta como un guante a aquella más canónica y popular. Y, considerando su naturaleza y el año de gestación, los crímenes resultan comedidamente gráficos (cierto que en 1963 el gore ya había echado a volar como género de la mano de Herschell Gordon Lewis, pero por entonces se consideraba materia indigna, carne de auto-cine impropia de cualquier producto mínimamente decente). El enfoque terrorífico se debe a la presencia como productor de Herman Cohen, todo un especialista en el tema como bien prueba su currículum ("I was a teenage werewolf", "I was a teenage Frankenstein", "Konga", "Trog"...) quien pretendía titular al film "Fog" (niebla), pero el estudio distribuidor ganó la partida. Para asegurarse el tiro, se contó con el hijo de Arthur Conan Doyle supervisando el tinglado y aportando su conocimiento en cuanto a las acciones del famoso detective se refiere.
A James Hill, director, se deben títulos reconocibles como "El capitán Nemo y la ciudad sumergida" o "Nacida libre", aunque la caja lerda fue su campo de acción habitual.
El jugosito reparto lo componen John Neville como "Holmes" (volveríamos a verle como "Munchausen" para el descalabro de Terry Gilliam), Donald Houston en la piel de "Watson", secundados por Anthony Quayle, Frank Finlay, Robert Morley y una joven Judi Dench, futura "M" del universo "007". Algunos se dejarían ver catorce años después en "Asesinato por decreto" (como Anthony Quayle o Frank Finlay encarnando al mismo personaje, el "Inspector Lestrade"), la más que solvente película de Bob Clark donde, nuevamente, "Sherlock" y "Jack" se enfrentaban. Semejante gesto certifica lo muy conscientes que eran de su deuda con el film ahora reseñado. No obstante, ello no descendió un grado el mosqueo de Herman Cohen, quien directamente les acusó de plagio.

lunes, 25 de diciembre de 2017

RED CHRISTMAS

Slasher” autraliano de corte navideño que tiene un ojo puesto en “Noche de paz, Noche de muerte”, si bien el director de la cinta, Craig Anderson, afirma sin ningún tipo de rubor que en realidad “Red Christmas” es una secuela no oficial del “Navidades negras” de Bob Clark, al tiempo que reconoce que esa película es una inspiración absoluta, además de ser su película navideña favorita.
Por otro lado es una película pro-abortista que se sirve de su propio descaro, al reconocerse como tal, para hacer un alegato. En el film, los pro-vida son poco más que fanáticos crueles capaces de hacerle la vida a una mujer que decide abortar.
Y a la vez, la película tiene la valentía de introducir en la trama a gente con síndrome de down; el chico bueno de la película lo tiene, pero el malvado asesino que destroza a sus víctimas a golpe de hacha —o de lo que se tercie— también lo tiene.
Cuenta la historia de una mujer que reúne a toda su familia en navidad. De pronto, irrumpe en su hogar un ser lleno de vendas, de habla atropellada, y vestido con capa y capucha. Creyendo que es un vagabundo lo deja pasar  a casa para darle algo de comer, y este le pide a la señora permiso para leer una carta. En ella acusa a esta mujer de haber tenido un aborto espontáneo hace 20 años. Resulta que, tuvo un primer hijo con síndrome de down. El segundo también lo tuvo, sin embargo esta aborta antes de que el niño nazca pues con un síndrome de down en la familia ya tiene bastante. La cosa está en que el feto logra sobrevivir convirtiéndose en una cosa viva sin piel y con síndrome de down, que va a aquella casa con el fin de reclamar el cariño de su famila. Como no lo recibe, y si en cambio hostilidad, los masacrará uno por uno.
La principal virtud de este “Slasher” a parte del rollo pro-abortista (que así es aunque en un principio pueda parecer que nos ofrece un mensaje contrario al aborto) radica en que, sin salirse ni un ápice del cliché, nos ofrece unos arquetipos muy diferentes a los que podamos ver en un “Slasher” estándar. El asesino se carga a su propia familia porque le abortaron por tener síndrome de down. A mí esto me parece una idea brutal. Por otro lado, y siendo muy deudora del cine de los años 70 sin caer en ningún momento en el irritante postmodernismo inherente a este tipo de películas, “Red Christmas” nos ofrece una gama de colores y luz de los más agradable, ocurriendo alguno de los asesinatos más brutales a plena luz del día, lo que le da un toquecito diferente al asunto.
Por otro lado, adolece de todo lo que suelen adolecer los “Slasher”; ritmo lento, rutina y exceso de diálogos para rellenar. Para acabar de joderlo, aunque los asesinatos son mas brutos que un arado, tan solo lo intuimos, ya que el director se cuida, no obstante, de ser lo menos gráfico posible a ese respecto.
Por otro lado, decir que es un producto para el total lucimiento de su protagonista (y participante en la producción) Dee Wallace, cuya presencia se antoja del todo entrañable. Interpreta, como no puede ser de otra manera, a la abnegada madre de familia que ha interpretado sierre, solo que esta vez  ha de lidiar con un asesino subnormal que, para más inri, es un cacho de carne que abortó 20 años atrás.
Simpática resulta su presencia en todo momento, además de resultar su papel de lo más sugestivo; una final girl de casi setenta años no se ve todos los días.
Si aguantamos un poco las partes aburridas de la cinta, que son unas cuantas, y apreciamos todo el colorido y la alegría que, paradójicamente, desprende en todo momento la película, la verdad es que podemos pasar un buen rato. Posee los suficientes elementos positivos como para que se justifique la hora y cuarto que pasaremos sentados ante el televisor. 
Se puede ver.
El director Craig Anderson, director y actor de comedia ganador de varios Emmy de la televisión australiana, debuta en el mundo del largo con esta película que, por otro lado, se ha llevado polémica y malas críticas a partes iguales.

lunes, 25 de julio de 2022

LA MOTO FANTÁSTICA

La película “Historias de Navidad” de Bob Clark supuso un hito del cine navideño en los Estados Unidos. Se trata de toda una cinta de culto que aún a día de hoy se proyecta como parte de la programación navideña de un sinfín de canales de televisión estadounidenses con altísimos niveles de audiencia. En consecuencia a ese éxito, su principal protagonista, un niño con gafas de concha enormes y tirando a repelente llamado Peter Billingsley, se convirtió en un actor popular y querido para los americanos, si bien su presencia no trascendía más allá del personaje que interpretó en aquella película de culto. Sabido esto, y sin hacer mucho ruido, las distintas productoras de "serie B" tuvieron en cuenta la popularidad de Billingsey a la hora de elaborar los castings de sus películas y, hasta que el muchacho pegó el estirón, dio tiempo a que protagonizara un par de títulos para su completo lucimiento. El más destacable sería esta “La moto fantástica” del año 1985, en la que Billingsey no solo es el principal protagonista y reclamo, sino que además se le exigió llevar puestas exactamente las mismas gafas que utilizó en “Historias de Navidad”, pese a que para 1985 esas gafas ya eran un modelo obsoleto. Así no cabía duda de quién era.
La película, con un presupuesto ínfimo de 800.000 dólares, cuenta la historia de un chaval que se va a hacer la compra y con el dinero que le da su madre, mas su bicicleta de cross, consigue una moto destartalada que, según le advierte un anciano que pulula por la zona donde el chaval hace la transacción, es muy especial. Cuando llega a casa con la moto, a su madre no le hace ni puta gracia lo que ha hecho con el dinero de la compra, así que decide llevar a empeñar la moto, cosa que da igual porque esta resulta ser un vehículo mágico con autonomía propia, y regresa a los dominios de su nuevo dueño en cuestión de minutos. Por otra parte, un especulador bancario pretende expropiar un destartalado puesto de perritos calientes propiedad de un amigo del crío con el fin de comerciar con el terreno. El chico irá con la moto para arriba y para abajo intentando desarmar los planes del malvado banquero, sorteando las vicisitudes que se le presentan por el camino.
Se trata de una película extremadamente rara. Está claro que es un entretenimiento tonto para niños muy pequeños, sin embargo son los 80, todo da lo mismo, y los chavales protagonistas no solo utilizan palabras malsonantes todo el tiempo, sino que además uno de los amigos del protagonista, el alivio cómico, es un pequeño pervertido sexual de 11 o 12 años que tiene el sexo en la cabeza todo el tiempo, y su presencia y chascarrillos son usados en el argumento a modo de gag recurrente. Incluso hace comentarios sobre las enorme tetas de una adulta que salta entre el público de una competición de cross y que llama la atención al chaval. Dice, con cara de obseso sexual: “Está claro que las más grandes son las que más botan”. Los 80 eran divinos. Decir lo que sucedería al respecto a día de hoy, sería ya un cliché.
Asimismo, la moto del título no es más que un reclamo tonto. No tiene nada que ver en la trama principal, la de anularle los planes al banquero, porque es una moto inútil. Tiene autonomía propia, en una ocasión vuela y hasta mueve los faros delanteros como si fueran ojitos, pero los tejemanejes del protagonista a la hora de intentar que no chapen el puesto de perritos calientes podría haberlos hecho perfectamente a pié, así que tiene una moto mágica como podía no tener absolutamente nada, que la película sería la misma. En cualquier caso, un tostón y una chorrada.
"La moto fantástica" fue un pequeño éxito de la venta directa en los USA llegando a poner en circulación más de 100.000 cintas de vídeo sin un paso previo por el cine. A España llegó también para su alquiler en videoclubes, pero si esta película en los USA respondía a la posible demanda del protagonista de “Historias de Navidad”, aquí, donde aquella se estrenó pasando prácticamente inadvertida y, por tanto, Peter Billingsey le importaba tres pimientos al público español, este respondía a otro tipo de demanda absolutamente popular y de corte callejero.
En los 80, en nuestro país la televisión mantenía a la población bien ocupada durante las sobremesas y, por lo tanto, las series emitidas a la hora de comer, más allá de tener éxito, se convertían en una suerte de fenómeno social que tenía a todo el público hablando de ello en el bar, la cola de la compra, o en el caso de los niños, en el patio del colegio. La serie “El coche fantástico” supuso un bombazo sin precedentes en la sociedad española y una vez terminada, el público en la calle quería ver más tramas con vehículos que, al igual que Kitt, fueran fantásticos. RTVE sació la sed del espectador con una serie de las mismas características que “El coche fantástico”, solo que en esta ocasión el protagonista viajaba en una moto. La serie se titulaba “Street Hawk” y a la televisión nacional no se les ocurrió titularla “La moto fantástica”, sino que hicieron  una traducción más literal del título y la llamaron “El Halcón callejero”. Sin embargo, y dadas las características de la serie, en la calle todos los chavales llamaban a la serie “La moto fantástica” deliberadamente. Si ustedes rondan entre los 40 y 50 sabrán exactamente de lo que les hablo. Pero claro, aquello fue una especie de mote, esto era “El Halcón callejero” y por lo tanto no existía una moto fantástica oficial. Y está claro que la chavalería lo pedía a gritos.
Un par de años después, que quizás toda esta fiebre por “lo fantástico” ya había desaparecido, una distribuidora pequeñita que ponía en nuestros videoclubs toda suerte de ponzoñas llamada Silver Screen, consiguió los derechos de distribución de la película que nos atañe cuyo título original rezaría “The dirt bike kid”, algo así como “El chaval de la moto de cross”. Conscientes de esta demanda popular de moto fantástica, ni cortos ni perezosos, y puesto que el título no estaba registrado por nadie ya que no existía un producto que lo usara, le encalomaron a la película el solicitado título —no sin acierto porque, aunque la moto de la peli es un absoluto muerto, se supone que tiene cualidades fantásticas— y, bajo este, apareció en alquiler en vídeo casi, casi entrando ya en los 90. Y claro, dio un poco lo mismo.
Sin embargo es un título que evoca poco a la nostalgia porque ya en su momento pasó inadvertido y no son muchos los que guarden un grato recuerdo para con la película, porque, motos fantásticas aparte, la verdad es que es un rato mala.
Posteriormente fue emitida en televisión en contadas ocasiones, pero, como fuere, y que yo sepa, no se le concede un gran culto en nuestro país, ni tan siquiera por los treintañeros abanderados de la nostalgia que reivindican títulos que ya llevaban 10 años existiendo cuando ellos todavía no habían nacido. Con todo, hace poco apareció una flamante edición en Blu-ray a partir de un nuevo master HD, eso sí, editada de manera pirata.
“La moto fantástica” está dirigida por un tal Hoite C. Caston que previamente había realizado capítulos para una serie de televisión y que, tras esta, no se le acredita trabajo alguno en cine, al menos con ese nombre.
Con todo, la película no deja de ser una curiosidad, que es lo que a mí me interesa.

lunes, 24 de enero de 2011

RHINESTONE

La primera incursión de Sylvester Stallone en la comedia (y en el musical) no podía ser más acertada. Desconozco como funcionaría esto, pero he de decir que yo he disfrutado viéndola, como ya disfruté antaño con ese Stallone berreando y haciéndose el gracioso. El visionado ha sido una experiencia agradable, lo que ya es más que suficiente.
Obviamente, la peli no ha envejecido muy bien y en la época ya era mala, pero ver a Stallone intentando hacer de John Belushi (es, sobre todo, en los primeros minutos donde gasta un humor muy similar, basado en la brutalidad física y el berrido enérgico), a día de hoy no tiene precio.
Una cantante de country (Dolly Parton, con un físico imposible), trabaja en un local donde no actúan mas que los matados del género. Ella se quiere ir de allí, pero la une un contrato que lo impide. Harta de su jefe y de lo malo que buscando talentos, le propone la extinción de su contrato si logra hacer un buen cantante country de un cualquiera. Si no, digamos que tendrá que chuparle la polla.
Salen a la calle en busca del individuo que se convertirá en cantante, y por allí pasa un taxista (Sylvester Stallone), que les viene muy bien a los dos para la apuesta. En Adelante, la Parton se las verá y deseará para convertir al taxista en cantante country.
Ochentera a más no poder en todo lo referente a estética, e incluso al argumento, muy propio de aquella época, la película alejó a Stallone de todo género que no fuera la acción hasta "Alto o mi madre dispara", y es que si en el resto de sus películas disimulaba lo mal actor que era, en esta nos deja claro que, más allá de pegar hostias, no sirve para otra cosa. Aunque, por otro lado, eso es lo que hace grande a la película, el ridículo… no ya en su híper-mega-sobreactuación, sino en cada camiseta ajustada que saca para marcar pectoral y los brazacos siempre al descubierto.
Dirigida por un director que en "AVT" nos cae muy bien, Bob Clark, responsable de los dos primeros títulos de la saga "Porky´s"  o cosas como "La noche de los muertos vivientes 2", "Navidades Negras", "Un tiro por la culata" o "Unos peques geniales".
Muy recomendable, por lo desfasada que se ha quedado, y por ver cantar a Stallone.

miércoles, 3 de febrero de 2010

NEGRA NAVIDAD

Siempre he tenido "Navidades Negras" en mucha estima. La primera vez que la vi, siendo muy chaval, me decepcionó profundamente, porque esperaba un baño de sangre y clichés. Pero pasados unos años, repetí y esta vez supe apreciar sus numerosos atributos, su atmósfera, sus inquietantes ocurrencias y sobre todo, el hecho de que en muchos sentidos se adelantó a "La noche de Halloween" con respecto a lo que desde entonces serían salidas recurrentes en todo slasher que se jactase de serlo. Su director, el prematuramente fallecido Bob Clark, no me caía demasiado bien, pues sabía por sus mismas declaraciones que no era muy fan del horror, a pesar de haber facturado alguna que otra pequeña joyita. Por eso mismo, en cuanto el éxito llamó a su puerta (con "Porky´s"), corrió a desentenderse del género que le catapultó al mainstream... actitud que mantuvo hasta que comenzó la época de las vacas flacas. Fue entonces cuando se apuntó a la moda del remake, metiéndose en la producción ejecutiva de este "Negra Navidad" y el de "Children shouldn´t play with dead things" que no cuajó cuando un gilipollas borracho le arrancó la vida al atropellarlo. RIP.
Situémonos: Una fraternidad exclusivamente para chicas. Antaño, el hogar de un psicópata que mató a su familia (y se comió a su madre). Es Navidad, y el tipo está obsesionado en volver a casa. Escapa del manicomio y se dedica a acosar y asesinar a las universitarias de turno.
Narrativamente "Negra Navidad" guarda bastantes puntos en común con su predecesora, aunque casi parece una continuación. Eso si, la antigua daba más yuyu.
Lo curioso de este film es que en su realización nos encontramos con dos nombres asociados a la franquicia de "Destino Final". En concreto Glen Morgan y James Wong. Para su versión, los chicos decidieron apostar por una puesta en escena estilizada, barroca y un tanto extraña basada básicamente en el colorido propio que ofrece un escenario como la Navidad. Además, el flashback en el que te cuentan el origen del asesino lo vamos viendo a cachos, lo que da al conjunto un tono caótico y un tanto demencial (la secuencia de pre-créditos es contundente y brillante). Desafortunadamente, todo esto solo dura hasta el minuto 45 de metraje, a partir de ahí "Negra Navidad" se adentra cada vez más en los niveles "standard" de cualquier film del estilo y culmina con un final muy muy mediocre (y más si lo comparamos con la original). Ni todo el gore (bastante generoso y especialmente desagradable cuando el asesino extrae los ojos a sus agonizantes víctimas, aspecto este -la truculencia- totalmente ausente en la versión de 1974) ni puntuales aciertos (lo de que el psycho killer tenga la piel amarilla) arreglan lo que podría haber sido un film mucho mejor de lo que finalmente es. ¡Lástima!.

miércoles, 31 de marzo de 2010

FUDGE, EL CHURRETES

En los últimos años de su vida, Bob Clark ("La  noche de los muertos vivientes II", "Porky´s") se especializó en películas con niños ("Unos peques geniales", "Los Superbabies"), y quizás el germen de todo aquello sea este episodio piloto de la serie "Fudge-A-Mania", estrenado en vídeo en nuestro país con el título de "Fudge, el churretes", incansable cinta que ya a mediados de los noventa dominaba las estanterías de nuestros vídeo-clubes, pero no alquilamos porque estábamos creciditos. Pues, miren que cosas, ayer me dio por verla.
La peli (o piloto) cuenta la historia de un chaval que se va con su familia de vacaciones y tiene que compartir casa con la familia de una niña de su cole a la que odia profundamente. Se sucederán todo tipo de situaciones cómicas, rodadas expresamente para un público infantil.
Bueno, pues está bastante visible la cosa, una peli destinada a los críos, para que se diviertan a tope, pero concebida también para que los papás no se aburran demasiado, máxime cuando es un producto televisivo sin ninguna estridencia. Eso sí, hay que hacer de tripas corazón porque los niños protagonistas son de un repelente, que tentado te ves a quitarla por momentos.
La gracia de todo esto está en lo engañoso de la caratula: 
"Fudge-A-Mania" vendría a traducirse algo así como “Churretemanía” , pero ese niño repelente con cara de cabrón que sale no es el protagonista, sino su hermano mayor de 12 años. Sin embargo, al responder al nombre de “Fudge” es decir “Churretes”, pues lo colocan ahí de mala manera. Por otro lado, no hay alusión a los churretes en toda la peli, con lo cual, si tenemos en mente ver un producto sobre un niño travieso que acaba siempre lleno de porquería, nos llevaremos una decepción mayúscula, porque la cosa no va por ahí.
En el reparto Alex Karras, el mítico "George Papadapolis" de la serie "Webster".

jueves, 25 de febrero de 2021

MIERDCADERÍAS: EL OJETE DE BILLY

No hace mucho me ofuscaba ante una muestra de merchandising mamarracho que ponía al nivel del pitorreo y la banalidad un clásico del cine intenso como es "La matanza de Texas" original, y me fascinaba ante la capacidad que tienen los norteamericanos para convertirlo todo, TODO!, en materia vendible y función de adorno, especialmente escalofriante cuando hablamos de clásicos de mi cine favorito. Por lo general no suelo tomarme nada demasiado en serio, sin embargo, me joroba bastante que estas películas que han marcado mi existencia acaben pasto de tal futilidad. ¿Qué iba a ser lo siguiente?...
Pues aquí lo tenemos. Y, además, muy oportunamente, porque se trata de una mascarilla para combatir las maldades del Covid-19. Lo alucinante en este caso (según atestigua una foto sacada de sendas redes sociales) es que la imagen elegida para estamparla no solo pertenece al clásico setentero y pionero del slasher "Navidades Negras", además se trata de una escena concreta, un momento, un plano que a mi siempre me ha parecido aterrador, y de un potencial perturbador tan simple como efectivo: El siniestro ojo del asesino Billy mirando por una rendija a una de sus víctimas. De verdad ¿qué retorcida mente decide convertir un instante como ese en carne de mercadería? Alucinante.
En la respectiva reseña que hice del film de Bob Clark, afirmé que de los psycho-killer como Billy no se podría fabricar merchandising... ¡¡que iluso fui!! Esta es la muestra de que ya nada, pero nada, es sagrado en este mundo.

domingo, 8 de febrero de 2009

MUERTO EL 4 DE JULIO

Tras el éxito cosechado con sus dos primeros "Maniac Cop", William ("Maniac") Lustig y Larry ("La serpiente voladora") Cohen decidieron unir fuerzas de nuevo (el primero director, el segundo guionista) y rodar otra peli de terror y, ¿por qué no?, intentar dar vida a otra posible franquicia. Desafortunadamente, la cosa no cuajó, y "Uncle Sam" (título original, aunque el Español tampoco está mal, como coña a costa del respetado film de Oliver Stone y Tom Cruise) quedó como un producto más del montón... y eso es precisamente.
Lo triste es que partía de un material muy jugoso (si algo le sobra a Cohen, son buenas ideas). Un marine muere en Kuwait en manos de su propio ejército a causa de un error de cálculo. En lugar de quedarse muerto, revive gracias a la fe que su sobrino tiene en él, ya que el chaval lo admira profundamente. De nuevo en casa, el tipo, convertido en un zombie oculto tras un disfraz del Tio Sam, montará una escabechina entre anti-patriotas y ex-hippies... vamos, que todo aquel que no comparta su actitud patriotera acabará feneciendo de las más diversas formas (aunque ninguna especialmente ingeniosa).
El personaje contaba con un origen y un look lo suficientemente guapos como para ser un nuevo psycho-killer molón. Sin embargo, el problema que tiene es que no cae simpático. A fin de cuentas no deja de ser un puto militar con ideas ultra-conservadoras... y nadie es más enemigo del horror y el gore que ESA clase de personas. A lo mejor por eso mismo los fans potenciales no le encontraron demasiado atractivo.
Obviamente, el film es más de tirón anti-patriotero... pero tampoco os creáis que mucho. Se aferra en exceso a las convenciones del slasher más trillado, el gore es poco llamativo y, encima, se parece demasiado a la famosa "Deathdream" de Bob Clark (es como la versión para lerdos de aquella). Se deja ver, sí, pero con Lustig y Cohen detrás, uno espera bastante más (de hecho, el propio realizador no tiene demasiadas buenas palabras que decir de ella).
En el reparto destacan algunos nombres bastante conocidos, Robert Forster, P.J.Soles, Timothy Bottoms, Bo Hopkins, William Smith... aunque casi todos tienen papeles más bien escuetos, resaltando con mayor protagonismo tenemos el legendario Isaac Hayes. En el apartado técnico destaca Roy Knyrim (maquillajes), entonces futuro director de "Cemetery Gates", "Night Skies" y "Death Racers".
Después, Lustig se retiraría de la dirección hasta hoy (últimamente había oído por ahí que estaba pensando en unir fuerzas de nuevo con Cohen y retomar las aventuras del poli maniáco... pero puede que solo sea un rumor).
En realidad lo mejor son los títulos de crédito iniciales.
Está dedicada a Lucio Fulci.