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sábado, 19 de marzo de 2022

FANGORIA FILMS

Tras años dedicados a promocionar y desmenuzar el cine -de terror- creado por otros, la revista "Fangoria" -a la que, a pesar de sus altibajos, tengo en gran estima- se anima a producir su propia mierda recién inaugurados los años 90. Así, bajo el más que obvio nombre de "Fangoria Films", se casca tres largometrajes que me he tomado la molestia de consumir para comentar (a grosso modo) seguidamente (según la fuente, el año de producción varía. Yo me quedo con este orden porque me mola y lo dice Wikipedo):
ODISEA EN EL TIEMPO ("Mindwarp" en v.o.) fue la primera -1990- y se nota. De entrada todo pintaba estupendo: una de terror producida por "Fangoria" con protagonismo de Bruce Campbell y Angus Scrimm. Luego resultó que, narrativamente, estaba más cerca de "Mad Max 2" y Campbell lejos de su aún reciente rol en "Terroríficamente muertos". Sin embargo, vista ayer, confirmo que no está ni tan mal. Tiene su dinamismo y sus buenas dosis de truculencia (cortesía de KNB Group). La movida se sitúa en un futuro pos-nuclear. Los supervivientes más afortunados viven atados a una máquina que les proporciona fantasías estupendas a todas horas. La prota, aburrida, sedienta de aventuras y dispuesta a saber más de su desaparecido padre, sale al exterior donde conocerá a una especie de guerrero errante, serán capturados por una panda de caníbales mutantes y lucharán contra la sangrienta secta de un misterioso gurú. Ya digo, maja. Tiene su gracejo. Dirige Steve Barnett, un especialista en roña directa al video-club por ahí los 90.
En su año -1991- consideré LOS HIJOS DE LA NOCHE ("Children of the night" en v.o.) la mejor de las "Fangoria movies". Revisada ayer, no alcanzo a comprender qué motivó dicha apreciación. Esta vez la cosa va de vampiros. Dos adolescentes liberan a uno muy chungo que vive bajo el agua con los pulmones fuera del cuerpo -una idea original- y convertirá a todo el pueblo en chupasangre, menos a una de las chavalillas. Será un profe el encargado de salvarla y destruir al monstro. Una de las cosas que me gustaron de "Los hijos de la noche" fue su tendencia a marear mucho la cámara y dotar al conjunto de un aire visualmente grotesco (será porque, pa variar, el dire tenía tablas: Tony Randel, responsable de "Hellraiser 2", "Amityville 1992" y "Ticks"), pero ahí queda todo. En cuanto al resto, podríamos decir que no hay una historia propiamente dicha (solo una combinación de momentos) y el gore es el más escaso de la trilogía. En el reparto, una Karen Black haciendo la vampira (con lo poco que le gustaba que se la asociara al terror, debería estar contentísima), el hijo de Dom DeLuise, la hija de uno de los "Monkees" y Garrett Morris (lo viste en "The Stuff / In-Natural" echando yogur mutante por la boca). Muuuuuuy flojita.
PLASMA MORTAL ("Severed Ties" en v.o.) fue la última -1992-. Supongo que por entonces el dinero y el talento disponibles escaseaban, lo que le pasa mucha factura. Cuenta la historia de un científico que crea un plasma capaz de regenerar piel y carne humanas, lo que le proporcionará un brazo monstruoso con el que vengarse de aquellos que le dieron mala vida, es decir, mamá y su pretendiente. A estos los interpretan un Oliver Reed en horas bajas y una Elke Sommer en horas bajísimas. Del reparto restante destacan Johnny Legend y un reincidente Garrett Morris. ¿La peli? telefílmica y deprimente hasta decir basta. Y aburrida, claro, pero eso lo damos por sentado. Los mediocres trucajes de KNB Group no desentonan. Y el gore, del montón. Lo único chulo es el nombre del director, Damon Santostefano. Lo demás, olvidable hasta la amnesia.
Tal y como habrán deducido, la cosa no funcionó demasiado bien y "Fangoria Films" bajó persiana. Tiempo después se animó a retomar un poco el tema, pero sin implicarse en exceso. Reeditaron títulos ajenos descatalogados, recopilaron cortos de los fans, bla, bla y bla. Hasta que, no hace demasiado (y, supongo, motivados por la fatídica llegada de herramientas digitales capaces de abaratar la confección de peliculismos), se animaron otra vez a producir roña propia, dando como resultado mediocridades nostálgicas ("VFW"), insípidas comedias ("Porno") o absolutas aberraciones inmisericordes (el remake de "Un castillo alucinante". De verdad, espantoso). Vamos, que lo de facturar cine no es lo suyo. Mejor limitarse a la revista (o a la página web, cuanto menos) que de pelis terroríficas en el peor de los sentidos vamos ya sobrados.

domingo, 16 de diciembre de 2012

MONSTROSITY

La primera vez que tuve conocimiento del tan legendario como insufrible Andy Milligan fue siendo yo muy chaval a través de las páginas de un viejo número del "Fangoria" americano (y, más concretamente, de la mano de Bill Landis, editor del mítico fanzine "Sleazoid Express"). Recuerdo quedar totalmente fascinado por los carteles de sus películas y algunas de sus declaraciones. Ya tenía otro cineasta bizarro que sumar a mi lista de monstruosidades y sobre el que investigar. Y claro, como suele ocurrir en estos casos, la imagen que me había formado de Andy Milligan distaba bastante de cómo era en realidad. En mi universo, respondía al perfil de realizador de películas zetosas de horror repletas de gore y elementos "camp". De entrada tuve cierta suerte, porque las primeras obras suyas que vi fueron las únicas disponibles en los vídeo-clubs españoles, y que en cierto modo sí encajaban en esa idea preconcebida, hablo de "Sangre" y la mitiquísima "Matanza". Con la llegada de sellos especializados en cine raro y sus correspondientes tiendas, pude acceder a más material perteneciente a su etapa clásica... vamos, la que se suponía mejor, y vi "The Ghastly Ones", "Seeds", "Bloodthirsty Butchers" y la insufrible "The rats are coming, the werewolves are here". ¿Resultado?. Todas una puta mierda insoportable. Fui incrementando mis conocimientos sobre Andy Milligan a la vez que él se iba ganando (post-mortem) una fama de auténtico artista atormentado e incomprendido. Sí, ya, mis cojones. La culpa de semejante gilipollez la tuvo un libro, leído y reseñado en este blog (bueno, y el hecho de que Milligan fuera homosexual, eso siempre aporta una pátina de respetabilidad). Y fue leyendo dicho libro que vi la luz: Durante finales de los 70, pero especialmente en los 80, Andy Milligan vivía medio retirado del cine y con un pie en la indigencia. Fue entonces cuando su imagen se "revalorizó" y, como ha ocurrido con otros estetas de la serie Z primigenia, le salio la oportunidad de retomar sus actividades cinematográficas. Y como buen "exploiter" que era (y no artista), decidió hacer el tipo de películas que él pensaba contentarían a su nueva prole de "fans", ¿y qué clase de supuestos "fans" eran esos?, pues los seguidores del terror y lectores de "Fangoria". A ninguno de ellos le importaban un carajo los melodramas trágicos de la etapa clásica del amigo Andy (ni a mi!!)... esos mismos que ahora incluso son reivindicados por cineastas de prestigio como Nicolas Winding Refn, director de "Drive", y editados en dvd por el "British Film Institute". Los nuevos descubridores de Milligan querían al que quise yo siendo adolescente, es decir, el director de cine "trash"/"camp" especializado en terror y gore. Así pues el caballero comenzó a gestar películas para esa audiencia, que son las que pululan por la década de los 80 y por las que yo equivocadamente comencé, pelis risibles, ridículas pero, por eso mismo, gozables a su manera. ¿Qué pasa?, pues que son muy muy poquitas, y un servidor de ustedes aún no había podido ver la más llamativa de todas, este "Monstrosity" (donde Milligan volvía a currar con la familia de productores rastreros Mishkin, con quienes siempre mantuvo una relación de puro amor/odio). Recuerdo un viejo número de la revista francesa "Impact" que dedicaba un lustroso dossier a dos monstruos del cine chusco, por un lado Ted V. Mikels, y por otro, el colega Milligan. Y dicho reportaje basaba casi todo su contenido visual en el rodaje de, precisamente, "Monstrosity", cuyas fotos se prometían excelentes. Y desde entonces (y os hablo posiblemente de 1989), que andaba "deseando" verla... hasta que hace unas semanas, revoloteando por casa de mi "Conseguidor" personal -Pajarillo- la localicé  en dvd (edición yankee, se comprende) y tras vibrar y saltar de alegría, la agarré de los estantes y esperé al momento adecuado para sentarme a verla, dispuesto a tener la más mayor paciencia del mundo mundial, y ese día llegó... ayer.
"Monstrosity" arranca muy seria ella. Muy seria según el filtro del Andy Milligan de los ochenta (concretamente del 87), pero seria al fin y al cabo. Una panda de matones se dedica a recorrer las calles de la gran manzana y, simplemente, hacer el mal. Matar y destruir. Aquello que se cuelan en casa de la novia del prota, la violan y le meten una paliza (y cómo le ponía a Milligan todo eso!). La chica es ingresada en el hospital y, mientras pasa allí las horas, uno de los asaltantes, disfrazado de médico, se cuela y la asesina... y además se toma muchas molestias, porque pudiendo extrangularla o algo así rápido, le abre el estómago y le saca las tripas en un efecto mejor que de costumbre en el cine del abuelo Andy. El novio entra en cólera y decide vengarla. Y aquí la peli da un absurdo giro y se torna directamente una comedia.

¿Y qué clase de venganza?, pues decide construir un Frankenstein a partir de cadáveres de personas y animales y dotarle de vida para que castigue a los culpables. Lo normal, vamos. Y lo hace con ayuda de un par de colegas tan retrasados como él. La criatura resultante (Haal Borske, habitual del cine de Milligan, juntos en la foto) tiene un aspecto
ridículo.... y cuando despierta, se comporta de un modo rídiculo. Peor, patético. Casi de llorar, porque a su "look", y sus maneras de subnormal, hay que añadir el elemento "humor voluntario", nivel escolapio. Total, que el monstruo resulta ser de lo más majo y se niega a matar por mucho que sus creadores intenten motivarle mostrándole carteles de Stallone ("Acorralado") y Schwarzenegger (la maravillosa "Commando"). Lo raro es que, a pesar de su negación, en la escena que sigue le vemos actuar sin problema, cuchillo en mano, cargándose a uno de los integrantes de la banda (o eso creo) que estaban atacando/asesinando a un grupo de punkitos... pero, vamos, tendriáis que ver cual
 

es el concepto que Andy Milligan tenía de lo que eran punkitos... ¿cómo describirlo sin recurrir de nuevo a ridículo y patético?, mejor lo véis en formato imagen. El caso es que la criatura salva a una de las punkitas, medio retarded ella, y se la lleva a su refugio donde nacerá una infame historia de amor en la que el cineasta básicamente se centrará por completo, casi olvidando el resto de la trama. De hecho, si no me despisté demasiado, o no me perdí del todo, diría que el asesino de la novia del prota no aparece más en toda la peli y, claro, no paga por sus crímenes (a saber, probablemente sería un actor descontento que se largó del miserable rodaje... ahora entiendo la escena que se viste de médico y no se quita la mascarilla en todo el rato). Aún así, el monstruo tiene tiempo de actuar y matar a unos cuantos delincuentes más, en escenas de un gore tercermundista muy clásico del cine de Milligan (los inevitables acuchillamientos de cráneo en los que la víctima sujeta descaradamente el tubo para la sangre o vaya usted a saber qué). Al final, y sin conocer todavía el motivo, uno de los creadores del bicho le da una jeringuilla repleta de dronga a la novia de este, que tras meterse el pico de rigor, la palma. Muy enfadado, el monstruo la emprende a tiros con sus padres y se los carga a todos (y ojo al efecto de la llamarada en la metralleta, ¡de alucine!). Lo mejor para el final. Sentado en un banco junto a una alchólica, el monstruo filosofa sobre la vida... la cámara asciende, enfoca el cielo y, justo cuando esperas el "The End", baja velozmente y vemos cómo entra en cuadro el equipo de rodaje, cómo Haal Borske se quita su disfraz mientras la gente desde sus coches se detiene a mirar con curiosidad. Un brochazo de oro, sin duda, a mi me encantó.
Y después de todas estas disquisiciones, viene la parte divertida: Con todo lo mierdosa y bastante aburrida que es "Monstrosity", resulta que se trata de una de las películas más llevaderas y potables de Andy Milligan, una que encaja perfectamente en lo que yo hubiese querido ver después de "Matanza", ahí a finales de los 80, con su "look" ultra-pobre, crudo y tosco, sus necesarias dosis de zetismo y descerebre, sus elementos "camp" y su gore llamativo y resultón. Todo esto sumado a las señas de identidad propias de su autor, es decir: Unos cuantos desenfoques, fotografía oscura, alguna mirada a cámara por parte de unos actores bastante horripilantes (tanto si van en serio como en broma), cadáveres que respiran, trucajes que apestan (el monstruo lleva un ojo falso que, en una secuencia, vemos perfectamente que es de cartulina y se le sale de la cuenca), movimientos de cámara torpes, el celuloide en mal estado víctima de un revelado pobre, el montaje en plan carnicero (y es que Milligan nunca dejó de montar directamente en cámara, incluso si trabajaba en 35mm, por aquello de ahorrarse dineros) o el eterno truco del actor que aparece y desaparece deteniendo la acción para parar de rodar (en este caso, el absurdo personaje de un ángel de la guarda).

Gracias a que por entonces Andy Milligan era ya toda una leyenda, fueron unos cuantos los fans jovenzuelos los que entraron a formar parte del rodaje con las mejores intenciones y que, esencialmente, estaban más dotados de lo habitual para sus responsabilidades, como Rod Matsui, quien se encargó del maquillaje y que tiene un curriculum muy interesante en el que encontramos pelis rodadas en vídeo por él mismo en funciones de director o productor (como "Dark Romances" o "Zombie Party"), o trucajes para títulos bien reconocibles como "Freaked: la disparatada parada de los monstruos", "Semilla Negra" (producción Charles Band), "Carnosaurio" (producción Roger Corman), "El cortador de césped", la sexta de "Pesadilla en Elm Street" o incluso "Quien ama a Gilbert Grape?". Por allí también pululaba en funciones de producción Jimmy McDonough, es decir, el autor del libro sobre Milligan.
Al final de todo se anuncia alegremente un "Monstrosity 2", pero jamás llegó. De hecho, poco más pudo rodar Andy pues la acabó palmando de Sida y desde entonces su leyenda crece y crece. Pero yo, como decía, nunca me tragaré el rollo ese del gran creador bizarro que era... para mi siempre será el cineasta zetoso, incapaz y fácilmente ridiculizable que obras maestras de la infamia como "Matanza" y este "Monstrosity" demuestran que era. Y oiga, así lo prefiero.

sábado, 6 de mayo de 2023

FEMALE WEREWOLF

Pensándolo fríamente, la última etapa creativa de Jess Franco, repleta de costrosas pelis caseras grabadas en vídeo, ha hecho mucho "daño". Hay quien, tras ver "Paula Paula", "La cripta de las condenadas" o incluso "Al Pereira versus the Alligator Ladies", pensará: "Coño, si este cineasta mundialmente "admirado" hace esta mierda y la llama/n película, yo también puedo". Entonces cogerá la cámara de vídeo, pagará cuatro céntimos a un par de orondas paletas con sueños de grandeza dispuestas al despelote y, ¡hala!, ¡¡hagamos séptimo arte a base de largos e interminables planos de lesbianismo aceitoso!! Y no hablo únicamente de pazguatos anónimos, lo hago también de individuos con cierto nombre y reputación como Chris Alexander.
Músico, crítico y redactor, cabeza pensante tras la desaparecida web "Shock till you drop", la estupenda revista de "Full Moon" "Delirium" y, sí, editor durante unos años de la legendaria "Fangoria", Alexander es súper-fan de Jess Franco. Más de una vez le ha dedicado generosos espacios en las publicaciones mentadas. Incluso en una interviu le hizo preguntas la mar de profundas e intelectualoides en torno a ¡¡"Paula Paula"!!. Sí amigos, Chris se la tomaba en serio (en otra ocasión, para la crítica de una película de terror más bien común y corriente, escribió "No es lo suficientemente sofisticada en su subtexto freudiano como para afectarme psicológicamente"... no coments) Y, peor aún, se toma demasiado en serio sus propias obras, todas ellas con unas señas de identidad muy características: Están grabadas en vídeo estándar
, cuentan con repartos esencialmente femeninos, lucen estética de vídeo arte, algo de erotismo lésbico y, especialmente, hacen gala de ritmos absolutamente exasperantes en su lentitud, recreándose en mucho "nada". Y todas, como decía, muy influenciadas por el lado más barriobajeramente arty de don Jesús (me niego a llamarle tío Jess... lo detesto).
Aún así, la curiosidad me mataba y ansiaba ver alguna de ellas. Anduve tiempo buscándolas en balde (porque no pensaba pagar por ninguna) hasta que un día, el desaparecido Romerito me sorprendió mandándome "Female Werewolf".
La trama es la siguiente: Una mujer se pirra por los huesos de otras féminas, especialmente cierta compañera de curro. Cuando se pone cachonda, en su delirio cree transformarse en una bestia salvaje. O eso dice "la secretaria". Fin. No hay más. Y es que la historia es lo de menos, lo primordial aquí es el tema visual. Planos largos e inmóviles, muchos silencios (el diálogo es mínimo), repetición, sexo timorato (escotes, pero ninguna teta), efectos de vídeo de esos que vuelven loco, cámaras lentas, música "atmosférica".... en fin. Alguien dijo una vez que eran "vídeos amateurs experimentales" y la verdad es que la etiqueta le va a la zaga, porque por mucho que lo intente su director, todo termina haciendo gala de un notable tufo casero. Uno que molaría si no fuese por la autosuficiencia y arrogancia que desprende. Pomposo y pretencioso es quedarse corto. Las imágenes que luce "Female Werewolf" no son tan maravillosas como Chris Alexander nos quiere hacer creer. O cree él.
Está claro que sus películas gozan de cierta "exposición" porque es quien es, y tiene los contactos que tiene. Así de simple. Si estas movidas las hiciese cualquier otro mindundi, no le harían ni puto caso. Pero Alexander, gracias a su periplo como máximo responsable de "Fangoria" durante un tiempo, ha recolectado a un gran número de personas "importantes" en el ambiente cinematográfico horrorífico, como el productor de la reseñada, Derek Curl, en cuyo curriculum encontramos cine legítimo del calibre de "La casa del diablo", "Hatchet 2", "Los huéspedes" o "Stake Land".
A ver, que está muy bien que Chris Alexander construya toda una obra sobre unos cimientos estéticos y narrativos tan peculiares. Mola tener un estilo. Pero, en fin, lo visto me ha parecido la mar de tonto. De vacuo. Le quitas 30 minutos a "Female Werewolf" y mejoraría mucho. Puedes contar lo mismo y lograr algo más ameno.
Y claro, luego pasa lo que pasa, con esos carteles tan espectaculares la peña espera la mojama y, cuando procede, se siente engañada y corre a rajar de la peli en su blog (a menos que tengas contactos con o intereses de cara a su realizador, en ese caso te curras un youtubismo lameculero) La mujer lobo del título está lejos de resultar tan espectacular. La mayoría del tiempo es la actriz con colmillos. Solo al final, y disimulado a base de filtros rojos, vemos cómo, a lo "En compañía de lobos", le sale un perro de la boca.... pero poco más.
"Female Werewolf" es previsible en su espíritu supuestamente rompedor (incluido aquí el intenso soporrrrrr), no aporta sangre y, lo que es peor, no sirve ni para darnos un desahogo manual. Dicho de otro modo, no la recomendaría salvo que sean ustedes unos curiosos sadomasoquistas como yo.

jueves, 29 de septiembre de 2016

EN TRIBUTO A HERSCHELL GORDON LEWIS

Si los Lunes ya son un asco por lo que representan, esta semana lo fueron aún más cuando me enteré del fallecimiento de toda una leyenda del cine exploitation, Herschell Gordon Lewis o, por si alguien aún no sabe de quién estoy hablando, el caballero que empujado por el vil metal (y una ayudita de David Friedman) inventó el gore como género el año 1963 con "Blood Feast". De él y algunas de sus muchas películas hemos hablado largo y tendido en este blog. Pero hoy es diferente, hoy se trata de un adiós y uno, además, muy personalizado.
La verdad, no puedo decir que tuviese a Lewis entre mis favoritos, pero supongo que sentía una estima especial por él a causa de lo fascinante que supuso para mi descubrirle cuando era un jovenzuelo a mediados de los años 80 y me adentraba tímidamente en el lado más trash y oscuro del cine de horror gracias a las páginas de la revista "Fangoria". Pronto el tipo se convirtió en una obsesión, tanto como para inspirar el título y el (mínimo) argumento de mi primer corto allí por 1988, "Blood Feast 2", ni más ni menos. Continué imitando el cine de H.G. en los cortos que siguieron, como "Dr.Gore" o "Blood Massacre"... pero siempre basándome en las fotos o en lo que lograba traducir de las páginas de "Fangoria" o del número cuatro de "Nostalgia" (me quedé helado el día que descubrí este fanzine franchute, con dossier exclusivo y completo dedicado al cineasta), porque ver, lo que se dice ver una peli suya, parecía imposible.
Cuando me enteré -cortesía de los anuncios de novedades videográficas en las páginas de "Fotogramas"- que existía una editada en España por "Polygram", hablo de "2000 Maníacos", casi me da un soponcio. Pero más me lo dio el día que la localicé en las estanterías del tristemente desaparecido "Video Club Vergara" (¡cómo echo de menos esa etapa de mi vida, concho!). Rogué a mi padre que se hiciera socio para alquilarla y reuní a unos amigos para visionarla una tarde de Viernes. Creo que no les gustó, lo que me provocó cierto mosqueo. Aunque me parece que a mi tampoco, fue algo decepcionante, solo que no estaba dispuesto a reconocerlo y aceptarlo.
Más tarde, logré comprarme "Wizard of gore" y "The gore gore girls" en dvd, versión original. Flipé especialmente con la segunda. Ingenuamente decidí programarlas en la Maratón de Cotxeres, el primer año que me encargaba de la sala B. Creía que el problema idiomático sería compensado por la cantidad de gore. Pero no coló, al poco de darle al "play" la sala se había vaciado.
Y finalmente, el año 2009, tuve la oportunidad de conocer en persona al Sr. Herschell Gordon Lewis en el Festival de Sitges, cortesía de Diego López, que me invitó a presenciar y grabar con la mini-DV la entrevista que le hizo para su fanzine "El Buque Maldito". Aproveché la buenanueva para parir uno de mis docu-cortos más hardcore, "Sitges From Beyond 2", dedicado al cineasta, y del que he extraído unos fragmentos para que puedan gozarlo al final de este texto, junto a la foto que me tomé con él nada más terminar. Debo decir que H.G. fue en  todo momento un tipo extremadamente encantador y educado. Todo un gentleman.
Pasados dos años, mis compañeros y yo publicamos "Malas pero divertidas", que incluía reseña de la mentada "The gore gore girls". Y seguimos degustando más películas del amigo Lewis, algunas entrañables, otras directamente horribles. De un modo u otro el conocido como "El padrino del gore" ha seguido bien presente en nuestras vidas, incluidas las creativas (sigue inspirándome y, sobre todo, sigo utilizando las hipnóticas, toscas, minimalistas y hasta tristes -en el buen sentido- bandas sonoras de "Blood Feast" y "2000 Maníacos" para ilustrar sonoramente mi diarrea visual). Y supongo que, aunque haya partido al encuentro de su estimado socio David Friedman, lo seguirá estando, porque es parte fundamental de nuestro ADN, de nuestra cinefagia y, guste o no, de la misma historia del cine.
Descanse en paz, Herschell Gordon Lewis.



 Una servidora con el Padrino del Gore

sábado, 28 de febrero de 2009

AL ACECHO

La historia referente a esta película se divide en tres episodios.
Primer Episodio: Durante el Festival de Sitges (del 2005, presupongo) veo una postalita promocional de una peli titulada "It Waits", con una imagen muy sugerente de un monstruo. Interesante.
Segundo Episodio: Repasando alguna publicación especializada ("Fangoria" o "Rue Morgue", presupongo) leo que el famoso productor televisivo Stephen J. Cannell (el del "Equipo A") ha sacado dos largos de terror que, acordes a su origen cajatontista, resultan ser sosos, lights y planos. "It Waits" es uno de ellos. Me digo "¡Anda, si es ESA peli!", con los nuevos datos claros, decido que ya no quiero verla.
Tercer y último episodio: Ayer me entró la vena nostálgica y me dije, "Hostias! hace mucho que no alquilo una peli en el video-club... va, hoy lo haré". Así que visito mi antro del placer cinéfago y en los estantes me encuentro con "It Waits", titulada "Al Acecho". Ya me había olvidado de las malas críticas leídas unos años atrás, así que le alquilé y ayer noche la vi.
Y sí, los cronistas de "Fangoria" o "Rue Morgue" estaban en lo cierto. "Al Acecho" resulta plana, impersonal, previsible... vamos, que si no la ves te quedas igual. Sí es cierto que esperaba mucho menos gore del ya modesto que muestra el film, pero en general estamos ante un producto sumamente... hummm... insaboro, con guión de Richard Christian Matheson, el hijo de quien estás pensando.
Unos estudiantes universitarios liberan a un demonio indio de la cueva donde está encerrado. Este se encaprichará de una guarda forestal (la tremenda Cerina Vincent... despierta el apetito) que, atormentada por haber contribuido a la muerte de su mejor amiga en un accidente, desprende mucha energía negativa... algo que atrae al bicho en cuestión (de sospechoso, muy sospechoso, parecido a "Jeepers Creepers"). A la guerra contribuirán el maromo de la moza y... estooo... ¡su loro!, un loro la mar de inteligente que, además de ayudarla a combatir el mal, proporcionará no pocos momentos para la vergüenza ajena y el descojone involuntario.
El dire, Steven R. Monroe, es el mismo de "Ogre".
Lo dicho, si la alquilas y antes de verla tu hermano pequeño te raya el dvd con unas tijeras, puedes devolverla tranquilo al video club sabiendo que, 1-No te has perdido nada, 2-Igual has hecho un favor al resto de socios.

sábado, 1 de octubre de 2016

SLITHIS

Hace poco andaba leyendo un ejemplar -en su edición yanki- de la revista "Fangoria", de por ahí principios de los 2000, cuando me topo con una entrevista dedicada a uno de los productores del aburridísimo slasher ochentero "Madman" que, por alguna razón que no me explico, tiene su culto allá in the usa. En ella el tipo, motivado por la recién lanzada edición del film en formato digital, comentaba que estaba en trámites de lograr financiar una secuela tardía. Nunca se llegó a realizar.
Bien, no muchos números después, en otro "Fangoria", me topo de morros con una interviu muy parecida: peli añeja, en este caso setentera, incomprensiblemete de culto, conoce edición digital de calidad. Su director suelta lo mismo, que está trabajando para lograr levantar una secuela.... y tampoco nunca se llegó a producir. En este caso concreto hablo del film "Slithis", también conocido como "Spawn of the slithis".
Creo que ambas anécdotas dicen mucho del aspecto mercantil de esas películas, así como de sus responsables, que agasajados por el semi-éxito ven la posibilidad de embolsarse unos cuantos dólares más y se encabezonan con rodar continuaciones que, en esencia, no interesan a nadie. Motivo, seguramente, por el que nunca llegaron a materializarse. ¿Y eso por qué?, porque tanto "Madman" como "Slithis", como muchas de esas "cult-movies" beneficiadas únicamente por la nostalgia, a la hora de la verdad son películas mierdosas, sin el más mínimo elemento redentor. No hablamos aquí de "malas pero divertidas", lo hacemos de films sin alma, hechos sin ilusión, sin pasión, con pereza, desgana y la búsqueda del beneficio rápido/fácil como única motivación... lo que no es algo malo, ni mucho menos, pero sí otra liga distinta a la de esas películas nacidas desde la modestia pero mucho más mimadas por sus creadores.
En concreto, "Slithis" no es más que una monster movie de los años 50 ambientada en los 70 con hipócrita mensaje ecológico anti-nuclear de fondo. Algo muy propio de la década. En este caso un profe universitario, aburrido de su curro, decide investigar unos misteriosos crímenes acometidos en las inmediaciones de un feo canal situado en medio de la urbe. Descubrirá que su autor es un monstruo surgido de la mutación radioactiva y se unirá a un par de personajes más para detenerlo.
Como ven la cosa no es ni por asomo un dechado de virtuosismo imaginativo. De hecho, tampoco lo es en ningún otro sentido. Toda ella viene construida a base de diálogos largos y perezosos carentes de verdadero interés, muchos estirados como chicles y centrados en chorradas que aportan cero a la trama. No es que avance narrativamente, lo que hace es arrastrarse. Muy pesadamente. Y claro, nos aburrimos como marsopas hasta que al final se anima un poco, pero ya es tarde.
Desde luego lo "mejor" de "Slithis" está en el diseño del monstruo, que no es más que un señor disfrazado dispuesto a sudar la gota gorda. Tan conscientes son sus realizadores, que lo muestran de pies a cabeza unas cuantas veces. Incluso en su momento lo usaron como reclamo publicitario, contratando a un estudiante mal pagado para que se lo enfundara y recorriera el campus llamando la atención. Cuando no vemos al bicho, nos situamos desde su punto su vista con un "efecto visual" limitado a colocar una botella delante del objetivo filmando a través de su embudo. Y no me estoy quedando con nadie, es así como lo hicieron.
Pero pasa lo de siempre... las batallitas tras la peli molan... el monstruo mola... pero, esencialmente, "Slithis" es un rollazo de tomo y lomo muy difícil de soportar sin caer dormido que, como digo, hace aún más incomprensible el culto que la acompaña.
Sin embargo, la mierdecilla se estrenó y dio sus beneficios. ¡Que tiempos aquellos en los que hasta una micro-película producida de forma independiente podía pasar por los cines y generar ingresos!.
Apta únicamente para curiosos nostálgicos con paciencia a prueba de bombas.

viernes, 11 de febrero de 2011

FANGORIA´S WEEKEND OF HORRORS 1986

¡¿Qué devoto del cine de horror -como yo, vamos- no daría su alma para visitar una de las célebres "Weekend of Horrors" que la revista "Fangoria" organiza en los USA desde hace años?!. Encontrarte con míticos personajes de la farándula, asistir a sus charlas y presentaciones o adquirir toda clase de cachivaches en los numerosos stands. Ahhhhh (esto es un suspiro), amigos, si existe algo hoy día que todavía despierta en mi sensaciones primarias y alegrías infantiles, eso es el cine de terror. Adórolo, a pesar de decepciones y sinsabores. Y sigo en ello. Por ese motivo si un servidor de ustedes tuviera dinero y no fuese una pobre rata, sería el tiparraco más feliz del planeta revoloteando cual mariposilla por los mentados findes del horror fangorianos. Algo que sospechaba desde hace tiempo, y que se ha visto confirmado durante el visionado de este estupendo video-documental.
Y es que claro, háganse una idea, si visitar un "Weekend..." actualmente ya sería molón, ¡imagínense en 1986!, en plena mitad de la década dorada del horror moderno. Ahí tenemos al actor Clu Gulager, de "El regreso de los muertos vivientes" y "Feast", asegurando que los films del momento, como entonces fueron "Re-Animator" o "Pesadilla en Elm Street", serían los clásicos del futuro. ¡¡Tu si que sabías, Clu!!. Al amigo le acompañan nombres tan ilustres como los de Robert Englund (que jovencito!!), Wes Craven, Tom Savini, Dan O´Bannon, Rick Baker o un Tobe Hooper pre-acabado exultante y que protagoniza uno de los más entrañables momentos del vídeo, la entrega de premios a los cortometrajes de la velada (todos paridos en Super 8 o 16mm). Algunos de ellos pintan muy graciosos, y es del todo sorprendente encontrarse con la versión americana, y ochentera, del realizador underground catalán J.C.Gallardo!. Pero la lista de nombres continúa: la sobrevalorada Elvira (yo no lo trago, oiga!, ni siquiera sus melones me ciegan tanto), Forrest J. Ackerman, John Carl Buechler mostrando un cacho de su entonces nuevísima "Troll", Steve Miner (que dice, claramente, dedicarse al horror por dinero), William "Roger Cobb" Katt, Dick Miller, Walter "Star Trek" Koenig e hijo o una imberbe Jennifer Aspinall dando pie al trailer de "El Vengador Tóxico" (en la que ella se curraba los efectos especiales).
A nivel fílmico también saborearemos secuencias de los dos primeros "Pesadilla en Elm Street", de "House, una casa alucinante" o de "Invasores de Marte" versión Hooper/Cannon. 
Uno de los elementos más gozables del vídeo, es ver a los putos fans rulando entre stands y hablando de sus pelis favoritas. Mítico, sobre todo por las pintas de jevillarro que algunos gastan. En este apartado destaca el concurso de disfraces, donde asoman toda clase de fermosas aberraciones (me hicieron especialmente gracia los tíos disfrazados de "Cazafantasmas") y la subasta a precios muy módicos. Uno de los items vendidos es, nada menos, un poster promocional de "Commando" que ¡¡yo tengo!!.
En fin. ¿Qué más decir?, pues que cuando terminó de poco no se me saltan las lágrimas. Nostalgia pura, caballeros. Y orgullo, también, orgullo de pertenecer a la comunidad de los horrormaníacos. Y a mucha honra!!!.

sábado, 5 de agosto de 2023

POLICÍA DE ACERO

Madre mía, madre mía, de lo que ayer noche fueron testigos mis ojos no tiene nombre. Pero más por el cómo que por el qué. Dejen explayarse a esta sucia boca.
Así de entrada, mirada por encima, "Policía de acero" no sería más que otra imitación de "Robocop" parida en plenos años 90, 1995 para ser exactos. Es decir, ocho después del clásico de Paul Verhoeven. ¿Por qué tan tarde?. Y digo "Robocop" a conciencia, pues no hay ninguno de los restantes referentes expoliados recurrentes en esta clase de subproductos. Es decir, ni "Terminator", ni "Mad Max 2", ni nada semejante. Aquí el hurto comienza y acaba con "Robocop", solo que yendo por la estrategia fácil, cambiemos a Peter Weller por una chica rubia de buen ver. El resto, casi idéntico, con escenas que incluso rozan la línea de lo legal cual un Bruno Mattei cualquiera.
Hay un grupo de moteros malvadísimos comandados por un sobreactuado Richard Grieco de "look" ultra macarra. Entre ellos se ha infiltrado una churri policía. La descubren y se la cepillan (sin hacerle demasiados desperfectos). Un científico convence a la alcaldesa que puede coger el cadáver y revivirlo mediante suero para convertirla en una super-policía. Proyecto "Lázaro" lo llama (¿no había un nombre menos trillado?). Así que proceden. La rubia sufre una crisis de identidad cuando descubre que ha vuelto de la muerte y, tras escenas de drama chusquero, se hace a la idea de que es una "superhéroa", se viste como tal, con mucho negro, incluso lleva una máscara que le cubre la mitad de la faz y, enga, a meter piruetas, matar malos a base de posturitas guapas y, por supuesto, vengarse de Don Grieco, que se hace tarde.
Por una vez los distribuidores patrios tuvieron suficiente ojo para rebautizar al film con fines clarificadores. En inglés se titula, muy farragosamente, "The Demolitionist" (difícil de mentar, "demolishionis", "La demoledora". Hay una escena en la que la califican de "Demo" y queda muy chanin, así tendrían que haber titulado la peli, o "Demo Cop" si me apuran), y en las Españas pues "Policía de acero", en evidentísima referencia a nuestro querido madero de hojalata.
Claro, tras leer todo esto pensarán "Menuda basurilla, ¿Quién osó hacer esto en los noventa? Wynorski, Corman, Band....?" pues no, y ahí radica realmente lo chocante del invento, y motivo por el que la consumí íntegra y sin avance rápido, a pesar de haber tenido un día duro: la gente que asoma por delante y detrás de la cámara son personajes de la farándula horrorífica / fantastique, bien conocidos y queridos por todos nosotros. Muchos con un pasado, y un posterior futuro, bastante más lúcido, impropio de gente a la que asociaríamos con un plagio barato de "Robocop".
La culpa total y absoluta de este desaguisado la tiene Robert Kurtzman, quien aquí debutaba en la dirección. Dos años después se ocupó de la más popular y lograda "Wishmaster" para, a partir de entonces, ir cayendo en picado a base de productos más bien olvidables como "The Rage" o "Enterrados Vivos". Cerraría el círculo en 2010 con una de acción, "Impacto Mortal". Conocen, o deberían, la otra ocupación del caballero, como técnico de efectos especiales en muchos títulos de solera, especialmente al lado de sus queridos Howard Berger y Greg Nicotero, con quienes formó la legendaria "KNB Group". Y sí, no solo estos firman los truquitos -tampoco muy abundantes- de "Policía de acero". En cuestión de cameos, Berger no quiso saber nada, pero Nicotero sí. Gracias a sus greñas y barbas, hace de motero malote.
Visto lo visto, Kurtzman tendría el caprichito de parir su propio "Robocop", deseo compartido con su señora esposa de entonces, que para algo ambos firman la historia (tampoco se esforzaron mucho). Luego, le pasaron el encargo de escribir el guion a un par de mindundis con nombre de mafioso y mucho currele televisivo a sus espaldas, Brian DiMuccio y Dino Vindeni. Lo siguiente fue tirar de lista de colegas, a los que liarían completamente. Me los imagino siendo conscientes de lo marciano de la operación, pensando "tío, esto en una copia de "Robocop"" pero callando like putas, ¿Cómo defraudar a un amigo?. Así que, enga, ponme en la peli, pero no me hagas hablar mucho, cuanto más se reduzca lo mío a cameo, mejor.
Y de esta guisa encontramos a Tom Savini como esbirro del villano (asoma en más planos que muchos de sus compañeros, pero nada excesivo, y apenas habla), Reggie Bannister (el calvito de la saga "Phantasma") como un alcaide visto y no visto, lo mismo que Jack "Cabeza Borradora" Nance en plan cura. A Joseph Pilato le toca lucirse un poquito más gracias a sus excesos interpretativos, le reconocerás como el malvado "Rhodes" de "El día de los muertos". El gran Dan Hicks, paleto en "Terroríficamente muertos" o encargado de supermercado en "Intruso en la noche", muriendo rápido. Sarah Douglas, la villana de "Superman 2", en un vivo ejemplo de cameo irreconocible, dando vida a una cirujana que, si no me falla la memoria, ni se quita la mascarilla. Nada menos que Heather Langenkamp, la prota de "Pesadilla en Elm Street", en un infame papelito de periodista / locutora. Y Derek Mears, futuro "Jason Voorhees" en la película del 2009. Aunque el cameo más curioso, porque ni tan siquiera sale acreditado, se lo debemos a Bruce Campbell en el recurrente rol de motero maloso.
Los papelotes destacados recaen, Grieco aparte, en Peter Jason como policía corrupto (lo has visto en chorrocientas películas de John Carpenter), Susan Tyrrell como alcaldesa (normalmente muy histriónica, desfasaba que daba gusto en "Cry-Baby" o "La zona prohibida / Forbidden Zone") y Bruce Abbott, el "Dan" de "Re-Animator", como el científico que inventa a la policía de acero, es decir, otra vez reviviendo cadáveres mediante suero. Este chico no aprende. Y, a todo esto, el insulso protagonismo de la función se lo lleva Nicole Eggert, vigilanta de la playa.
John Esposito, productor ejecutivo, tuvo la poco fortuna de coproducir ese aborto titulado "Abierto hasta el amanecer" y últimamente ha guionizado para la mediocre serie de tele inspirada en "Creepshow".
Y en una película como esta, con toda la peña mentada, no pueden faltar las citas descaradísimas a "Fangoria" y las "fricadas" a servicio del fan. Nada más comenzar, Richard Grieco y su socio esperan en la celda a que los ejecuten (luego escaparán y bla, bla), mientras ven una peli en plan "kaiju-eiga" por la tele (con un especie de pez espada gigante destruyendo casitas) y se parten de risa. El tipo sujeta un "Fangoria" entre las manos y, por si acaso no han pillado el guiño, tiene la pared de atrás embadurnada de más y más cubiertas. Sutilidad es mi segundo nombre, bro.
En cuanto a la sensación general que deja "Policía de acero" -que, obvio, concluye con una canción metalera de lo más pegadiza y macarra- es de estupor. Como decía, la soporté íntegra. Y me cayó en gracia a pesar de que los momentos dramáticos cortan el rollo. Pero, claro, estoy requeteseguro que fue gracias a la ristra de nombres. Era la mar de gracioso ir reconociéndolos. Como encontrarse con un viejo amigo al que ves haciendo algo de lo que, sabes, luego se avergonzará. Aunque, a tenor de los años transcurridos, no había motivo. Casi nadie parece saber de la existencia de esta película. Bien mirado, al final la fortuna les sonrió.

viernes, 23 de septiembre de 2011

HALLOWEEN NIGHT

Cuando "The Asylum" entró en el mercado, lo hizo con menos dinero que ahora y apostando por el género más lógico para una empresa novatilla en busca de un hueco: el terror. Las primeras pelis del sello son casi todas de miedo, y están rodadas de modo mucho más pobre y parco que las subsiguientes y patéticas odiseas de monstruos gigantes peleándose. Por ese motivo, daba canguelo enfrentarse a este "Halloween Night", la obvia y asylum-lógica aportación al remake de "La noche de Halloween" según Rob Zombie.
Durante la noche de las brujas, un chaval presencia la violación y asesinato de su madre. Encima, el pobre gafe se quema de modo accidental, quedándole un aspecto imposible y más propio de un zombie que de una víctima de las llamas. Diez años después se escapa del manicomio sin mucha dificultad (coincidiendo con, sí, la noche de Halloween) y vuelve a su casa en busca de "algo" (simpático detalle). Ahora está habitada por una panda de jovenzuelos que han montado su consabida fiesta de disfraces. Naturalmente, el asesino dará buena cuenta de ellos.
Entre la trama y el título, no hace falta decir en qué se inspira "Halloween Night". Incluida banda sonora. Pero en realidad, y salvo lo expuesto, el resto de la historia deriva hacia tonos y salidas distintas. Eso sí, su deuda con el "slasher" clásico es evidente (ese psycho-killer quemado a lo "The Burning") y guarda más parecido con este que muchos de los films posteriores que alardeaban de ello. Pero lo más sorprendente e inaudito es que "Halloween Night" no es, ni por asomo, la super-troncha que esperaba viniendo de "Asylum". Puede que sea de lo mejor de su catálogo. Es más, ni tan siquiera es especialmente mala para lo que habitualmente es un "slasher" moderno videoclubero. Está repleta de tópicos, sí, pero el ritmo se aguanta bien e incluso depara alguna sorpresilla. Vamos, que aburre muchísmo menos que cualquiera de las asiladas recientes.
A todo ello contribuye un asesino de simpático aspecto (va vestido de verdugo medieval) y, dato este muy importante, su generosa ración de gore. "Halloween Night" no solo es bastante sangrienta, además sus efectos especiales son de la vieja escuela. Sí amigos, aunque hoy día los de "Asylum" tiran de CGI incluso para los trucajes más básicos, antaño aún tenían la decencia de utilizar látex, y "Halloween Night" se vale inteligentemente de ello, a base de estómagos abiertos, cabezas cercenadas, mucho líquido rojo y otras delicias. Además de una agradable ración de tetilla, claro. Incluso a niveles tan zetosos como estos, se sigue demostrando que en ocasiones la falta de recursos es más una bendición que una maldición.
Una de las sorpresas agradables que nos reservan los títulos de crédito, consiste en descubrir quién firma el guión, Michael Gingold, colaborador de la revista "Fangoria" con un ilustre pasado fanzinero a los mandos de "Scareaphanalia", lo que dice mucho respecto a las cosas buenas de "Halloween Night".
Se podría decir que su director, Mark Atkins, prometía. Pero no, solo fue flor de un día. Totalmente afincado en el asilo, el muchacho también ha dirigido ultra-mierdas intragables como "Allan Quatermain and the Temple of Skulls" o la reciente "Battle of Los Angeles". No pude acabar ninguna de las dos. Sin embargo, otro título del asilo, de terror, es suyo y encima, visible, "Haunting of Winchester House". ¿Será pues nuestro género querido del alma el fuerte de Atkins?. Tal vez.


PD: ¿Y a que viene eso de "basada en hechos reales"?... no se, no se...

sábado, 27 de abril de 2024

CHANNEL 13

Pues cuenta Mark Polonia (la mitad viva de los populares hermanos) en la introducción de "Channel 13" que un día cualquiera, hurgando en el desván, localizó un puñado de polvorientas cintas VHS bendecidas en sus adentros por un proyecto suyo, y de su brother, a medio cocer, enterrado por el cruel devenir del tiempo. Y puesto que, como ya se ha visto anteriormente, este par no perdían ocasión alguna de insuflar nueva vida a todo su pasado (con el apoyo de "SRS Cinema", peñica especializada en editar SOV de horror mierdoso bajo la irritantemente equivocadísima utilización de la etiqueta underground) pues digitalizó todo ello, lo editó, le añadió nuevas escenas y, ea!!, ya tenemos otra peli lista para apestufar todavía más el infrauniverso de las plataformas de streaming.
"Channel 13" se parió originalmente, a finales de los ochenta, con intención de currarse una antología inspirada en los logros de "Amicus" y "Creepshow". Así pues, tenemos a un pringadillo fan del horror que, haciendo zapping, se queda atrapado en el mentado canal trece, donde un host de miserable aspecto monstruoso (luciendo careta pillada en el "Party Fiesta", un proceder muy propio de los Polonia) introduce tres historias.
La primera, "All Hallows Eve", es la mejor (tal vez por, justo, ser la primera) en la que un chaval inadaptado se harta de ser mal tratado y decide "revancharse" ayudado por su mejor amigo, un espantapájaros con vida propia. ¿O eso cree su trastocada mente?. Pues nunca lo sabremos porque, acorde a lo comentado al inicio, no dispone de un final. Termina abruptamente y sin aclarar nada. Suerte que el trayecto viene trufado de cierto encanto. Al ser un cortometraje facturado VHSs mediante por un par de jovenzuelos (que se reparten los roles protagónicos y, obviamente, hacen de hermanos... parecido físico obliga), pues es inevitable. Todo muy artesano y apasionado. Con crímenes bien truculentos a base de trucajes pobretones aunque simpáticos, mucha iluminación de color rojo y, oiga, un acabado para nada desdeñable. Digno y solvente. De hecho, mejor que mucho de lo que harían luego los Polonios, más crecidos. Juntos o por separado una vez palmó John.
Es especialmente gracioso que, ocurriendo todo durante la noche de Halloween, uno de los asesinados va disfrazado de Michael Myers. Y muere con la máscara puesta. Habría estado bien que el resto de víctimas también llevaran disfraces de psycho-killers famosos del cine... pero a John y Mark no les sobraban los amigos (ni las buenas ideas).
El regusto más o menos positivo que deja "All Hallows Eve" se ve emborronado por la historia siguiente, absolutamente horrible. "Claws of terror" es, simple y llanamente, una mierda. Y muy gorda. Un senderista es atacado por un especie de pájaro monstruoso de aspecto hiper-chungo manejado a base de stop-motion, verdadero motivo de que exista la piéce (probar el rollo Harryhausen). En la época no llegaron a fabricar y grabar a la criatura, así, pasados todos estos años, Mark y su hijo Anthony (director por cuenta propia) unen esfuerzos y se encargan de ello. El resultado no dista mucho de lo que hubiesen hecho los hermanos siendo chavales. Torpe, chusco y ridículo, incluso para su condición amateur/SOV.
Y llegamos a la tercera y última, "Slaughterhouse". En la introducción, comenta Mark Polonia que la hicieron motivados por la existencia de "Motel Hell", aunque entonces todavía no la habían visto. Les inspiró el material promocional publicado en "Fangoria" y que tanto nos impresionó a todos (ver gráfica muestra al final de la reseña) para, aluego, alquilar la película en el vídeo-club (cortesía de "Warner Home Video") y llevarnos una tremenda decepción, la misma que Mark y su hermano. Y, creo, el fandom al completo. Pero eso de parir una pieza inspirada en otra sin haberla consumido, llevado únicamente por la pasión, imaginando lo maravillosa que será y, en cierto modo, superándola, es algo que yo también he disfrutado / vivido / sufrido, y por ello la empatía, en este caso, pesa. Aunque no tanto como para reconocer que "Slaughterhouse" es flojucha y más de lo mismo. De lo mismo que "All Hallows Eve". Se parecen bastante, sobre todo por el recurrente escenario, el casoplón de la familia Polonia, con ese sótano repleto de cachivaches al que tanto partido sacaron los dos benjamines. La novedad aquí reside en que uno de ellos encarna a un granjero loco veterano del Vietnam, y para marcar diferencia, se unta el rostro de mierda -buscando un efecto "barba de cuatro días"- y, lo más mejor, incorpora un cojín a modo de panza, uno que canta como una almeja en su forma cuadrada. La movida va de unos amigos instalados en un siniestro hotel regentado por el mentado tipejo, de tendencias caníbales, y su retardado hijo, quien se encarga del trabajo sucio. Como la primera, carece de un final-final.
Todas las escenas intermedias, destinadas a ejercer de pegamento y grabadas a posteriori, se suponen ambientadas en los años ochenta, por aquello de no dar demasiado el cante con respecto al resto de "Channel 13". Pero, claro, lo gracioso aquí es que la casa del pipiolo que las protagoniza pertenece a un auténtico devoto de aquella década, con posters, merchandising y objetos varios aludiendo a esos gloriosos días. Una elección tan medida que apesta a artificio, especialmente porque todas estas mierdas entonces eran lo normal, productos desechables propios del momento, no habían adquirido el áurea mítica y mágica que arrastran ahora y por el que son coleccionados y pasto de sucia mercadería... así pues, decorar un hogar supuestamente ochentero con todos ellos resulta altamente extraño e inadecuado. Pero hilarante, por la inocencia que destila, muy propia de los hermanos Polonia y que, aquí, perteneciendo el metraje mayormente a sus juventudes, abunda por doquier, haciendo de "Channel 13" una cosilla simpática y curiosa de consumir, sin más.

Como les decía arriba, ahí van las fabulosas imágenes de "Motel Hell".
Presentes en el film, sí, pero a kilómetros de distancia del show gore,
demencial y gran guiñolesco que prometían. Una auténtica lástima.

sábado, 8 de julio de 2023

EL EXTERMINADOR

Me he dado cuenta que en este blog he hablado mucho, muchísimo, de ese clásico del "sleaze" ochentero que es "El Exterminador". De sus secuelas, legales o no. Y de su director, James Glickenhaus. Sin embargo, lo raro es que JAMÁS he publicado una reseña oficial y oficiosa. Y oiga, ya va siendo hora de subsanarlo. Sobre todo ahora que he localizado en mis archivos una que escribí hace años para otro blog y, creo, se conserva bastante dignamente. Me ha bastado hacerle un lavado de cara mínimo para poder reciclarla aquí, hoy, y así, cerrar el círculo en torno a las violentas desventuras urbanas de "John Eastland".
Para ilustrarla, y por aquello de salirse de convenciones, he optado por una imagen distinta a la habitual -que tantísimo adoro y tantas "memorys" juveniles provoca-, una, además, algo cutre... pero con encanto. La cosa dice así:
Los años ochenta, cinematográficamente hablando, pasarán a la historia por la enfermiza proliferación de los géneros más “inmundos” que el séptimo arte haya podido parir jamás. Entre estos destaca uno por el que siento especial debilidad, y es el de justicieros urbanos… ya sabéis, tipos “corrientes” a los que un grupo de pandilleros o la mafia al completo matan / violan / castran / pegan / insultan (no necesariamente siguiendo este orden) a su mujer / hijo / hija / amigo / primo / abuelo y él, hasta el coño de la gentuza que asola las calles, se pilla todo el armamento disponible (por lo general son veteranos del Vietnam, y conservan en su hogar pistolas, granadas, metralletas y otros juguetes. O hacen como Charlie Bronson en “El justiciero de la noche” y ¡¡¡¡se compran un bazooka por correo!!!!) y empiezan a masacrar sin miramientos a todo aquel con pinta de maleante o fetuccini encorbatado.
En los 70 este genero aún tuvo algunas producciones de calidad, como “Harry, el sucio” o “El justiciero de la ciudad“, pero fue entrada la década del breakdance, los pelos crepados y el porno rodado en vídeo que la cosa degeneró. El velado mensaje crítico que contenían algunas de las dichosas pelis desapareció durante la era Reagan, transformándose de ese modo en puros productos reaccionarios y de propaganda derechista. Por fortuna la culpa de todo eso la tuvo una sola peli, “El Exterminador”, grandioso título donde los haya, que le costó un millón de dolares al papuchi de su director, James Glickenhaus, y a cambio daría miles de billetes verdes durante su comercialización, sobre todo en vídeo.
¿Y que tiene “El exterminador” para ser la oveja negra del género?, pues una recreación casi sádica en la violencia más extrema, gratuita, injustificada, retorcida y enferma. Sí amigos, lo dicen los críticos de verdad: “El exterminador” es posiblemente la peli más truculenta del cine de justicieros producido los últimos 40 años. Eran los 80, ¡joder!, ¿que esperaban?
Escenas míticas como el gangster convertido en embutido por efecto de una trituradora, las balas rellenas de mercurio que perforan la entrepierna de un senador con una doble vida un tanto insana, el pederasta que arde en vida, la prostituta quemada con un soldador, los malísimos que ahostian a una viejecita para robarle la pensión, el colega del héroe mutilado por un garfio que le clavan y retuercen en la espalda (primer plano incluido), o la escalofriante y traumática decapitación hiper-realista, y ¡¡a cámara lenta!!, al inicio de la peli por obra y gracia del -fenecido- maestro de los efectos especiales Stan Winston (aunque él nunca la incluyera en su filmografía. Sin embargo, existe una prueba tan contundente como la página completa que les dejo al final de la reseña, aparecida el año 1982 en "The Bloody Best of Fangoria Vol.1". Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar) han hecho de “El exterminador” una de las favoritas no solo entre fans del cine de acción, también entre adictos al horror y el gore más burro.
En el reparto destacan Christopher George (que había trabajado a las órdenes de Lucio Fulci en “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” y Juan Piquer en "Mil gritos tiene la noche"), Samantha Eggar en plena decadencia, Steve James (el Chuck Norris negro) y, ¡¡oooooh diosssssss!!, el gran Robert Ginty, portador de los mofletes más fotogénicos del mundo y convertido en héroe de video-club hasta su reconversión a director y posterior desaparición.
Un clásico de los anti-clásicos. Un tipo de cine que se ha perdido del todo y, si se recrea hoy día, es ya de forma autoconsciente y sin gota de honestidad... por brutal que esta sea.
Altamente recomendable.

lunes, 13 de diciembre de 2010

ALGUNAS VECES ELLOS VUELVEN

Llevo esperando ver esta película desde que fue portada del número uno de la edición Española de la revista "Fangoria" (la de Luis Vigil, no la otra mierda), pero no tuve oportunidad hasta la pasada noche. De entre medio, casi 20 añazos de espera. Eso es tener paciencia, joder. ¿Y valió la pena?... pssss, no especialmente la verdad.
Basada en un relato corto de Stephen King, en pleno apogeo de este como material adaptable a la pequeña pantalla (y el film comentado, lo es), producida por el recientemente fallecido Dino de Laurentiis (quien se permite un auto-guiño colando su "King Kong" del 76 en una tele) y co-producida por Milton Subotsky, ex-jefe de "Amicus" y sufriendo de Kinguitis en los últimos años de su existencia terrenal, "Algunas veces ellos vuelven" cuenta con protagonismo del entrañable Tim Matheson, acompañado de los reconocibles rostros de Brooke Adams ("La zona muerta", "La invasión de los ultracuerpos"), Robert Rusler (guaperillas en "Vamp" o "La mujer explosiva") y William Sanderson (cult-actor que arrancó en el campo del exploitation con la ultra-racista "Fight for your life" y ganó cierto peso por su papel secundario en "Blade Runner"). El dire no es otro que Tom McLoughlin, popular por ser el responsable de la sexta entrega de "Viernes 13", así como de la modesta pero majilla "Siniestra Oscuridad".
Un padre de familia vuelve al pueblo de su infancia con fines laborales. El problema es que de chaval presenció la muerte de su hermano mayor en manos de unos macarrillas que, oh mala pata, seguidamente fueron arrollados por un tren. Casualmente uno de esos días se cumple el nosecuanto aniversario de la tragedia, y los espíritus de los bad boys regresarán del mas allá sedientos de venganza.
Siempre me pareció a mi que Tom McLoughlin tenía algo de curilla. No ya solo por ser el director de "Cita con un ángel muy especial" (sí, tómenlo literalmente), sino porque en sus declaraciones y sus intenciones (limpiar la saga "Viernes 13" de la suciedad que arrastraba a causa de su reivindicable quinta entrega, metiéndole humor, buenrollismo y unas gotas de violencia más contenidas) siempre me ha parecido sospechosamente cumbayá. En serio. Y esta "Algunas veces ellos vuelven" me lo confirma, por su exaltación de los valores familiares, su rollo lacrimógeno de baratillo y esas puertas lumínicas al mas allá, camino del paraíso donde todos nos acabaremos encontrando y bla, bla. Pero claro, carayo, es que a fin de cuentas hablamos de un telefilm, todo el muy limpio, muy contenido (muertes insulsas, y la más atrevida mostrada desde lejos) e inofensivo. Ideal para la tarde del Domingo. Y sí, en un caso así funcionaría, es razonablemente entretenida. Pasable. Pero yo de ti no tendría prisa en verla (bueno, yo no la tuve, 20 años lo atestiguan).
El caso es que por lo visto funcionó tan bien la cosa que tuvo dos secuelas más, "Sometimes they como back... again" ("La resurrección del mal") y "Sometimes they como back... for more" ("Infierno blanco", de la que solo he oído pestes), que no he visto, ni veré.

martes, 17 de septiembre de 2013

SOME GUY WHO KILLS PEOPLE

La última película, por ahora, de nuestro amigo Jack Perez, destaca al venir avalada por la revista “Fangoria” y estar producida por John Landis.
Incluso, para la ocasión, Perez prescinde de un seudónimo firmándola con su nombre real, por lo que todo hace pensar que estamos ante la película que hará pasar a nuestro  hombre al mainstream… aunque una vez vista yo creo que a Jack Perez aún le queda un poquito para eso. Aunque anda bien encaminado.
Técnicamente impecable, eso si, “Some guy who kills people” (cojonudo título que traducido vendría a ser algo así como “Algún tio que va matando gente”), tiene un problema muy grave de tempo. Es una historia cojonuda pero pero desarrollada de forma tremendamente aburrida, lo que es una lástima.
Quizás porque el guión no da demasiado de si, la película se alarga eternamente entre conversaciones interminables y ritmo telefilmesco. Pero es que las escenas con más chicha, las de los asesinatos que tendrían que ser la sal del asunto, aún bien rodadas, no impactan lo suficiente. Vamos, que te quedas igual.
Vendida como una comedia negra, que deambula por los parámetros del “Psycho Killer”, en realidad “Some guy who kills people” es una tragicomedia que, al igual que los telefilmes más puros, gasta mucho tiempo de su metraje en las relaciones sociales, siendo en esta ocasión entre padre e hija la telefilmesca premisa.
Un individuo del que, en el instituto, el equipo de baloncesto se mofaba, se toma la revancha cuando edita un cómic (tiene mucho talento para el dibujo) en el que ridiculiza a dicho equipo. Estos, humillados, deciden secuestrarle y reventarle. Esto hará que nuestro protagonista les tenga un odio atroz.
Pasan los años, y nuestro hombre trabaja en una heladería, y mientras se relaciona con su hija de once años en eternas charlas, liga con cuarentonas y vive como puede su miserable vida, un tipo encapuchado se va cargando a todos los miembros del equipo de baloncesto que pululan por la zona, y todo apunta a que el asesino es nuestro protagonista. Así pues, el sheriff comienza la investigación.
Me encanta este planteamiento, y me da mucha rabia que no se le haya sacado el máximo partido a favor del metraje de relleno, que en este caso es mucho.
Sin embrago, la película, flojita, no es tan mala como para aborrecerla, con lo que disfrutamos del visionado, y a otra cosa, mariposa. Una película de consumo, de ver y olvidar. No trasciende en absoluto.
Lo curioso es que, suponiéndose la película menos risible de Perez, a mí me ha gustado bastante menos que otras mas pequeñas, como “La cucaracha” e incluso “Juegos Salvajes 2”, y esto es solo porque, al contrario que esas, estamos ante una película lenta, lenta, lenta.
En el reparto, tenemos, haciendo un papel excelente, eso si, al eterno secundario Kevin Corrigan visto en cosas como “Uno de los nuestros”, la independiente “¡Hasta las narices!” o  “Supersalidos”.
Como el mejor amigo del prota, tenemos a Leo Fitzpatrick, al que vimos en  Cosas que no se olvidan”, pero que muchos recordarán porque interpretó a aquél repugnante adolescente que gustaba desvirgar jovencitas de 12 años mientras las contagiaba el sida en la , hoy ya desfasadísima, “Kids” de  Larry Clark.
Hecha una anciana, tenemos a la ya clásica -y recientemente fallecida- Karen Black, vista en “Easy Rider”, "La trama" o "La casa de los 1000 cadáveres".
Lo dicho, flojita… y sin embargo, simpática, muy, muy simpática.

sábado, 23 de febrero de 2019

SESIÓN DOBLE : ALIEN DEAD + MATANZA

ALIEN DEAD : "The Alien Dead" es el primer largometraje oficial de Fred Olen Ray (si no contamos un mediometraje previo, "The Brain Leeches"). Hoy por hoy, Ray es un afamado (que no reputado) realizador independiente especializado sobre todo en cine fantástico de bajo o muy bajo presupuesto -y en parte mentalidad "exploitation"- que vivió su momento de auge en los años 80, rodando sin descanso películas como "Scalps", "Biohazard / Alien 3", "El misterio de la pirámide", "Los Dreggs", "Del espacio profundo", "Beverly Hills Vamp" o "El poder de las armas" (siendo estas dos últimas de lo más digerible de su catálogo). A finales de los 70 trabajaba en una tele local y se moría de ganas de hacer la película definitiva que le catapultara, así que pilló el equipo de 16 mm de la cadena, se agenció a una vieja ¿estrella? de Hollywood en -mucha- decadencia (Buster Crabbe, quien interpretó a "Flash Gordon" o "Buck Rogers" en viejos  seriales) y sin tener ni idea de nada, tal y como él mismo reconocería años después, se puso a hacer "The Alien Dead". El resultado, pues os lo podéis imaginar, muy amateur, muy cutre, muy casero, repleto de carencias técnicas, zombies y víctimas que ríen, etc, etc... en dos palabras: una gozada.
Un meteorito cae sobre una barcaza apoltronada en un lago repleta de jovenzuelos bigotudos que lo pasan pipa. Explota y todos se convierten en zombies sedientos de sangre que atacan a los habitantes de la zona. Un periodista que se llama Tom Corman (y no es casual) investigará el asunto. El film termina tras 74 minutos de delirio y sin un desenlace propiamente dicho. Todo ello, en mayor o menor medida, ambientado sonoramente con country de tercera regional, incluidos momentos de -supuesto- terror como el alucinante ataque de los muertos vivientes a una pareja donde pasamos, sin vergüenza, de un tema más bien tirando a balada a otro totalmente bailongo.
"The Alien Dead" me provoca una extraña sensación de buen rollo difícilmente explicable. Tiene algo especial, por su artesanía, su crudeza, su suciedad, su relativa fealdad y esos colores tan llamativos propios de los 16 mm. Es un modo de hacer cine que ha muerto. Es, en definitiva, una obra HONESTA. Hay muchas otras ahí fuera, pero ninguna como esta.
 
MATANZA : Llegada la década de los 80, el ya por entonces veterano "exploiter" Andy Milligan aceptó a regañadientes que su público potencial era aquel que compraba la revista "Fangoria" y se pirraba por todo lo que suponía gore y horror. Entendió que a muy pocos les interesaba el lado dramático y sórdido de muchas de sus películas previas, esas que con los años han reivindicado unos cuantos esnobs como si fuesen arte, así que hizo lo lógico: Complacer a la nueva audiencia. ¿Cómo?, rodando una obra en la que dejaba bajo la alfombra sus habituales neuras y traumas cumpliendo como perfecto artesano. Aunque aquí lo de perfecto es relativo. Cuando hablamos de Andy Milligan, lo hacemos de uno de esos directores que probablemente nunca se hubiesen forjado una carrera de no ser por el nacimiento del cine de explotación y el circuito "grindhouse". Y sus películas, rodadas a toda prisa, casi sin presupuesto, y de manera harto cruda, son... lo que son.
"Matanza" narra la historia de una pareja de recién casados que se instala a vivir en una mansión encantada por los espíritus de unos novios que cometieron suicidio entre sus paredes. La cuestión es que, mientras a los protagonistas poco les ocurre, son sus amigos y conocidos los que sufrirán las iras de unas almas errantes encabezonadas en que nadie les arrebate el hogar.
Leído así de primeras suena muy común y corriente. Pero es que hablamos de Andy Milligan, un cineasta que sobrepasa la línea de "malo" o "incapaz" para ser algo distinto y, a su modo, original. Miembro honorífico de una ralea de creadores con un lenguaje totalmente exclusivo, a pesar de los pesares. Nadie hacía películas como Andy Milligan. Y eso lo aceptas o no, pero cierto valor tiene.
"Matanza" está rodada en 16mm en -según tengo entendido- la propia vivienda del director. Básicamente se montó en cámara. Y se nota. Y abundan hasta el agotamiento los diálogos, algunos de ellos en torno a culebrones familiares que poco o nada interesan y aportan. Sin embargo, entre medias surgen destellos de locura maravillosa, especialmente en el momento que los fantasmas aparecen según la técnica de Georges Méliès. Y ya no digamos sus fechorías homicidas. Los efectos especiales son ultra-crudos, totalmente artesanos en el sentido más básico del término, y aún así funcionan. La secuencia en la que a un ladrón le abren el estómago y surgen espaguetis es, desde el momento que la vi siendo impresionable adolescente, un clásico del delirio.
Y delirio define muy bien a "Matanza". Como todas las obras de Andy Milligan, gasta ese tufo anti-natural, acartonado y almidonado que le confiere una atmósfera rarísima, sórdida e incómoda. Hasta inquietante. Y eso, aunque se trate de algo accidental, es todo un mérito.
Desde luego no es una película para el gusto de todos. Probablemente ni para el de unos pocos. Pero si conectas con ella puedes encontrarle una extraña y esquiva belleza que no te dejará indiferente.

martes, 8 de septiembre de 2009

HELLMASTER

La primera vez que supe de esta peliculilla fue leyendo "Fangoria", en su edición española (Luis Vigil mediante). No se por qué, pero me llamó la atención. Sin embargo, he tenido que "esperar" 16 años para verla... y una vez más, como suele ser habitual y acorde al infastuoso terror de los 90, la decepción ha sido notable.
John Saxon interpreta a un científico loco que, tras 20 años de haberla armado gorda experimentando con una droga rara en un insti, vuelve para seguir con sus travesuras. Un periodista que perdió a su mujer en aquella ocasión, e interpreta David Emge del "Dawn of the dead" original, será el que le plante cara con una ballesta armada de jeringuillas.
Bueno, pues para poder explicaros todo esto, necesité cerca de 60 minutos de peli. Que sea culpa de la incapacidad del director por narrar con solvencia o de mi perrería a la hora de seguir una historia retorcida, lo dejo a vuestro criterio. Lo que sí está claro es que "Hellmaster" resulta muy mediocre y aburrida, a pesar de que se esfuerza por destacar del montón, aportando material estéticamente llamativo y narrativamente surreal y/o inquietante que recuerda a "Phantasma", "Pesadilla en Elm Street" y un David Lynch tirando a torpe. Encima, está plagado de absurdas rayadas filosóficas sobre dios y su puta madre.
Vamos, que si en estos 16 años la raza humana hubiese desaparecido de la faz de la tierra víctima de un cataclismo -yo incluido- con la consiguiente imposibilidad de ver "Hellmaster"... no hubiera pasado nada.

sábado, 28 de marzo de 2026

EL ACTOR DEL TERROR

El actor especializado en cine de terror "Conrad Radzoff" no se lleva demasiado bien con sus directores. En apenas quince minutos de película, se carga a dos de ellos. Así pues, ya vemos cómo las gasta. Por ese motivo, cuando tras palmar por causas naturales y terminar como cadáver / entretenimiento en manos de un grupo de fans para dar color -paliducho- a una reunión social, revive gracias a la ayuda de una médium (en una escena de sobreactuación desaforada) y comienza a cepillárselos mediante crímenes que van de lo majo o truculento, a lo completamente tonto. Y eso es "El actor del terror" ("Frightmare" como título original, "Horror Star" como más popular segunda opción), película de inicios de los ochenta algo oscurilla, de buen arranque aunque plomizo desarrollo y no especialmente bendecida por los favores del fandom moderno, uno que queda en las antípodas de aquel que la protagoniza. Eran otros tiempos, y por ello aquí los devotos del terror son una panda de fiesteros, con cierta predilección por estéticas "new wave", que pasan mucho tiempo de charla y chirigota, pero poco viendo cine. Habitan un enorme edificio victoriano en cuya entrada destaca una hilarante placa donde reza "Horror Film Society" (también presente en su coche oficial, funerario por supuesto) y con variados posters en las paredes ("Las colinas tienen ojos", "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Ssssilbido de muerte") o memorabilia en los estantes (parte cedida por Forrest J. Ackerman y David Del Valle, dos reputados expertos y/o coleccionistas). En lo que sí superan a los fans de hoy día es en devoción, tanta como para mangar el fiambre del Vincent Price, Peter Cushing o Christopher Lee de la ficción... y, justo, recurren a una añeja película de este último cuando se supone que estamos viendo al "Conrad Radzoff" más joven en el apogeo de su carrera, impogtando un cagajo que el parecido físico entre el famoso "Drácula" y el del "actor del terror", Ferdy Mayne, sea escaso. De inmenso currículum iniciado nada menos que en los años cuarenta, Mayne reserva una llamativa sorpresita, fue "dios" en "Noche en el tren del terror", película con la que, para bien o para mal, mantenemos una relación bastante estrecha (busquen la respectiva edición patria en dvd). Aunque decir que ese es su rol más icónico sería injusto considerando que dio vida al "Conde Von Krolock" de "El baile de los vampiros" (cuyo poster igualmente luce en los muros de la "Horror Film Society", toma guiño legañoso). También lo has visto en "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla", "Conan, el destructor", "Aullidos 2" y un montón de productos añejos mejor considerados pero que, en fin, quedan fuera de nuestros intereses.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.