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lunes, 21 de junio de 2021

SOMETHING FROM NOTHING: THE ART OF RAP

Ice- T a día de hoy es, además de una leyenda del rap, otras muchas cosas. Por todos es conocida su implicación, en mayor o menor medida, con el mundo del cine; Su incursión en el mundo del metal con su banda Body Count puede que sea más exitosa que su carrera como rapper; sin embargo, por encima de todo, es un rapero consumado, un precursor que le debe todo lo que tiene al rap. Es por eso que, cuando en 2012 decide emprender su carrera como director de cine —un escarceo más bien, puesto que luego no se ha vuelto a poner detrás de la cámara— lo hace rodando un documental sobre el arte de rapear. No es un documental sobre Hip-Hop, no es un documental sobre rap, sino sobre el proceso creativo y  de escritura.
Todo surge cuando en una conversación con el productor Paul Toogod, este le pregunta a Ice cual fue la técnica de escritura que ejecutó a la hora de escribir temas clásicos como 6 in the morning o Colors. Ice-T le explicó el proceso que siguió, amén de quedar maravillado con una pregunta que, según él, nunca le habían hecho en ninguna entrevista. Así, le dio vueltas al asunto y puso en marcha un documental que él produciría y co-dirigiría junto al documentalista Andy Baybutt. Tiraría de agenda y, cámara de vídeo en ristre y con él mismo como maestro de ceremonias, visitaría a viejos amigos, rappers legendarios la mayoría de ellos, para entrevistarles y preguntarles cómo eran sus procesos de escritura. Naturalmente, en el corte final saldremos de dudas en ese aspecto —sobre todo con rappers que verdaderamente tienen sus técnicas y manías a la hora de enfrentarse al folio— pero, como al final se trata de reuniones entre viejos amigos y colegas de profesión, la cosa se irá yendo agradablemente por los cerros de Úbeda para retomar la premisa principal del documental a cada pequeño desfase. Así, descubrimos que Rakim coloca 16 puntos en el folio para medir sus métricas (casi como el que escribe una partitura), que Eminen escribe rimas dentro de las rimas y de ahí su estilo enrevesado, o que Chuck D desarrolla, más que letras, diagramas con conceptos e ideas, que extrañamente acabarán, como por arte de magia, en letras dentro de una canción. Asimismo descubriremos que otros tantos escriben más conducidos por la inercia que por la técnica y, en definitiva, seremos partícipes de la vida que respiran sus libretas, sus bolígrafos y sus organigramas.
Cuando conversa con sus amigos raperos, la otra gran pregunta que deja caer Ice, es si recuerdan alguna canción de otro rapper a bote pronto, esa canción que les ha acompañado toda la vida. Por cortesía, casi todos los rappers entrevistados se ponen a entonar viejos clásicos de Ice-T, pero por otro lado, resulta sorprendente que, cuando entran a valorar cual podría ser uno de los mejores rappers de la historia, unánimemente, incluido el propio Ice, inciden en que ese puede que sea Eminem, exaltando el hecho de que, a pesar de su talento, él lo tuvo francamente difícil por el hecho de ser un emcee blanco en un mundo mayoritariamente negro.
“Something from nothing: The art of rap”, es una verdadera fiesta para el espectador que no solo disfrutará de la complicidad que se establece entre entrevistador y entrevistados (son todos perros viejos), sino que será testigo de un documental realizado con conocimiento de causa y sin la frialdad que se pudiera obtener si este documental hubiera sido realizado por un cineasta cualquiera que vive la experiencia desde fuera. Se trata de unregistro verdaderamente interesante, así como una buena película documental.
Por supuesto, es condición sine qua non que cada rapero entrevistado se suelte a cámara un freestyle bien fresquito para honrar una de las frases que espeta Ice-T al principio de la película en la que asevera que el rap va de mostrar las habilidades de cada uno.
La cinta se estrenó en sección oficial dentro del marco que ofrece el festival de cine independiente de Sundance donde tuvo una buena acogida, para luego tener su estreno reducido en salas y, finalmente, su lanzamiento en DVD.
Por supuesto, la policía de la moral y las buenas costumbres se echó encima de la película acusándola de tener poca presencia femenina. No podía ser de otra manera, primero porque Ice –T está tirando de agenda telefónica, no tiene por qué ser amigo de ninguna de las raperas que hay en Estados Unidos, segundo porque el Hip-Hop es un movimiento dominado casi en su integridad por hombres, quiero decir, que hay pocas emcees femeninas en general porque a las tías no suele gustarles el rap. Las que hay suelen ser raras avis, y, tercero, porque si este documental prácticamente  está integrado por leyendas del rap, la representación femenina está formada, asimismo, por dos de sus leyendas: Salt  de Salt ‘n’ Pepa —a la que vemos felizmente casada, semi retirada y en su cincuentena— y la emcee más grande de todos los tiempos, con permiso de Roxxane Shanté, que es MC Lyte. Yo creo que el cupo, está más que cubierto.
Francamente recomendable. Puede que sea uno de los mejores trabajos de Ice-T en toda su carrera creativa.

lunes, 16 de febrero de 2015

PUNTO SIN RETORNO

Art Camacho es algo así como un Jim Wynorski especializado en acción (con muchas menos películas en su filmo, eso si) y además, coreógrafo de artes marciales, que se rodó durante los noventa  un buen puñado de películas protagonizadas por Don “Dragon” Wilson, y que en la actualidad se dedica a filmar películas de terror en español destinadas al público Latino-Estado Unidense.
Pero hasta ese momento rodó mucha roña de acción para la televisión, como esta “Punto sin retorno” que nos ocupa,  en la que el aburrimiento hace acto de presencia desde el minuto uno, la acción, que sería el único atractivo que podría tener esta película, brilla por su ausencia –un par de escenas de tiros muy cutres y poco más- y donde lo que destaca es el reparto de “loosers” con el que ha contado Camacho para esta película.
Sería una película de historias –muy mal- entremezcladas, en la que por un lado, tenemos a un agente de artistas de Hollywood que se enamora de la camarera del club de Streap-tease que regente su mejor amigo. Pero resulta que esta es la novia de un peligroso motero con asuntos turbios dentro del negocio de la venta de droga, lo que hará que se complique la cosa, cuando este se entera que el guaperas anda detrás de ella. Por otro lado tenemos a un poderoso narcotraficante, al que estos moteros cabrones tratan de engañar. Todo esto asociará de alguna manera a todos los protagonistas que, más tarde, tendrán su correspondiente desenlace en esta historia de mierda.
Bien, la película no vale nada, en otras circunstancias ni la habría reseñado, pero déjenme que les nombre el reparto. El protagonista, macarra y resolutivo lo interpreta Richard Grieco, con la cara más estirada que de costumbre, y el eterno rictus de mongoloide que va de guapo, aún luciendo criminales entradas. Se reserva los diálogos más estúpidos del film, tales como “¿Soy un tipo guapo, verdad? Y millonario. ¿Por qué ella no aparece?”. Le secunda nada menos de Andrew Dice Clay, muy querido en esta casa, como su amigo y gerente del club. Por supuesto, su papel está súper desaprovechado, y Clay, no se luce ni en el campo de la acción ni en el de la comedia, a pesar de que sus diálogos están concebidos, se supone, para darle el tono cómico a la película. No lo consigue. Es tan prescindible su papel que, aunque al final es el que resuelve la papeleta, si no apareciera en la película, no pasaba absolutamente nada. Luego tenemos al malo maloso de la película, el narcotraficante interpretado –es un decir- por Ice T. Y Ice T, siempre hace de Ice T, solo que en esta ocasión pone la guinda cómica involuntaria, en una escena en la que para demostrar que no le da miedo nada, se hace diversos cortes en la mano con un cuchillo, a la par que desencaja los ojos de sus cuencas. Esto estaría muy bien, sino fuera porque se ve claramente que no se está cortando, sino que el cuchillo de pega suelta la sangre por un tubito e Ice no hace más que pintarse la manita. Y lo mejor de la película nos lo ofrece Zach Galligan, que interpreta a uno de la banda de moteros, pero no uno cualquiera, sino el más cabrón de todos, uno que hostia, viola, vilipendia a la protagonista, insulta y reta a todo el mundo y se comporta como un despiadado y desperado matón. Bien, ahora imagínense al de de “Gremlins” con esa cara de buenazo cometiendo todas esas macarradas, y poniendo la cara de Zach Galligan… esto es, que no tiene ni puta idea de poner cara de chungo, y no le pega ni con cola nada de lo que hace… Zach Galligan tiene la virtud, en esta película, de ser el único actor que no puede hacer de malo ¡Está siempre con la sonrisita y la carita de buencha! Lo que provoca no pocas e hilarantes risas. Es más, solo merece la pena ver la peli por ver la interpretación de mierda de este pobrecillo.
Por lo demás, nada. Suficientemente mala como para no volverla a ver, ni tenerla en DVD (que ni ha salido), eso si, tener a todos estos “loosers” juntos, desubicados y con sus carreras en el retrete, tiene su gracia.

lunes, 6 de febrero de 2023

EFFIL4ZAGGIN: THE ONLY HOME VIDEO

En el momento de mayor popularidad de NWA, el grupo más peligroso del mundo según ellos mismos, y en un tiempo en el que el videoclip estaba en auge y otros rappers como Ice-T lanzaban, además de sus respectivos álbumes, cintas en VHS en la que aglutinaban el grueso de los vídeoclips del elepé de marras (en el caso de Ice-T, lanzó la versión audiovisual de su “O.G. Original Gangster”, es decir, una cinta con la totalidad de las canciones del álbum en versión videoclip), a los de Compton se les ocurrió sumarse a aquella moda en tiempos convulsos de fama, y en un momento en el que los ánimos estaban alterados tras la marcha de Ice Cube, que fue el más listo del grupo y, al comprobar que su manager Jerry Heller les estaba timando, se fue de NWA de mala manera. El “Efil4Zaggin” (Niggaz 4 life leído al revés) fue un excelente álbum que no se vendió mal en absoluto, pero que presagiaba el inevitable final de la formación. En esa tesitura, de su último elepé, NWA rodaron tan solo tres videoclips que apenas fueron emitidos por televisión y que, tampoco tuvieron la repercusión deseada, pese a que el disco se vendía solo. La versión vídeo de esta aventura se traduciría en esta cinta: “Efil4Zaggin: The Only Home Video” y, desde luego, resulta un documento de lo más interesante. Se trata de lanzar formato vídeo los tres videclips rodados para ese álbum, pero como era poco material para meter en una cinta, lo rellenan con grabaciones caseras realizadas por los propios componentes del grupo, de esta manera, entre vídeo y vídeo vemos lo que ocurría entre bastidores, sesiones de grabación, cómo se hicieron los videoclips y demás material a partir de los Hi-8 de Eazy-E, MC Ren y Yella (Dr. Dre no solía ir armado de vídeo cámara). Con lo cual vemos a los raperos en su propio ambiente y comportándose como auténticos mastuerzos. Incluso incluyen un pequeño corto guerrillero en el que algún amigo de ellos, interpreta a Ice Cube, y recrean cómo abandonó el grupo según la versión de estos, en plan de mofa, e involucrando al propio Jerry Heller que fue quién más echó en falta a Ice Cube cuando se marchó.
Todo ello montado de manera dinámica, haciendo acompañar las imágenes con distintas canciones del disco en ciernes. Cobra especial interés el poder ver en primer término, las fiestas que, como estrellas del rap que eran, organizaban en la piscina de alguna mansión hollywoodiense, donde podemos ver a todo el mundo en su salsa y, sobre todo, el comportamiento de las groupies que campan por allí, y que no dudan en poner cachondo al personal, bañarse con una camiseta blanca, arrancársela al borde de la piscina, quitarse el bikini y acabar abriéndose de patas para que todos pudieran ver sus vaginas esplendorosas. Cuando no, las vemos practicando felaciones a miembros del staff de la banda. Las cámaras de los raperos se recrean en estos actos y tiran de zoom que da gusto.
Lo curioso de todo el asunto, es el look del Hi-8, y, teniendo en cuenta que lo que esas cámaras capturan es una vida de lujo y exceso, la textura de ese vídeo noventero hace parecer a todo aquello de lo más sórdido, y en lugar de contemplar riqueza y bonanza, da la sensación que seamos testigos de todo lo contrario.
La cinta apareció en un momento en el que NWA ya estaba casi disuelto por toda suerte de acontecimientos y tan solo se distribuyó un número limitado de copias de la cinta, motivo por el que durante décadas fue un objeto difícil de conseguir. Hasta que se reeditó de nuevo, de aquella manera, en DVD y llegó Internet y, en consecuencia, todo se volvió fácil.
Muy interesante, sobre todo para fans de la banda. Al resto del mundo, este experimento se la puede traer floja.
Dirigen y montan muy hábilmente todo ese material casero, Mark Gerard y Donovan. El primero se dedicó posteriormente al material audiovisual para raperos, y el segundo se quedó para la parte técnica del sonido de algún corto y para esto. Sin mayor trascendencia.

miércoles, 10 de junio de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "EL TIEMPO DE LOS INTRUSOS"

Esto si que es una verdadera película de culto. En primer lugar, por tratarse de una película de Walter Hill de la que nadie parece acordarse, con un guión de Robert Zemeckis y Bob Gale que no solo no les pega nada, sino que les salió para la ocasión un tanto macarra, y en segundo lugar porque siendo como fue un pequeño fracaso, al menos en los circulos de raperos más cinéfilos, se la considera una película a tener en cuenta, en parte por su soundtrack, el cual fue un hit en los 90, en parte porque juntaba por primera vez en la pantalla a dos astros raperos como son Ice-T e Ice Cube. Lo más parecido para un rapeoride a lo que pasó con De Niro y Pacino en "Heat". A estos les acompañan Bill Paxton y William Sadler.
Cuenta la atípica historia de unos bomberos que reciben el mapa de un tesoro escondido en un edificio ruinoso, y el como se matan entre ellos para conseguirlo. Una cosa muy curiosa que asistí el día de su estreno a verla al cine dónde luego me tiraría años trabajando y que recuerdo que me hizo cierta gracia, pero que debería volver a revisar de nuevo por la lejanía en la que se almacena en mi cerebro.
No obstante, sus fotocromos son de lo más sugestivos.
Esto si que es "noventero"... Ya están aquí.







viernes, 9 de agosto de 2013

PLUMP FICTION

“Pulp Fiction” fue lo suficiente pelotazo como para que los hacedores de parodias pusieran sus ojos en ella. Y pasados 3 años de su estreno, por fin, a alguien  se le ocurrió hacer un “Spoof” sobre el cine independiente, violento, y  sobretodo, sobre el de Tarantino. El problema es que la idea no se le ocurrió a las majors, si no a una productora bien independiente como es “Rhino Entertainment” más dedicada al mundo de la música, y a editar maquetas de las estrellas, de cuando todavía no eran nadie, como si fueran discos nuevos- dos de los artistas más perjudicados por el sello han sido “The Doors” y “Ice-T”·-. Con esa clase de chanchullos, ya se imaginan la clase de película destinada al mercado domestico que producirían estos piratas…
Así que, con el afán de parodiar “Pulp Fiction” y de reírse de este tipo de cine, “Rhino Entertainment”, y el director Bob Koher, parecen entrar a saco queriendo decir “El cine de Tarantino es una mierda, cualquiera puede copiarlo, y escribir sus diálogos, es lo más fácil del mundo”. Entonces, tras la puesta en escena, vemos que efectivamente, lo que hace Tarantino es muy fácil, cualquiera puede copiarlo, y en definitiva, tiene chispa, pero ningún mérito.
El problema es este “Spoof”, que no sus intenciones. Básicamente y cambiando un par de situaciones y personajes “Plump Fiction” se dedica a ir recreando, plano a plano, las escenas más célebres de “Pulp Fiction”, cambiándole los diálogos por otros supuestamente graciosos. Además, añade a esas escenas, otras en las que parodia  películas como “Asesinos natos”, “Reservoir Dogs” (cambiando a los tipos de “cools” trajes negros por monjas), "Forrest Gump" (¿a santo de qué?) y cosas por el estilo.
El resultado, es el “Spoof” con menos gracia del mundo, porque es que no te ríes ni una vez.
Una hez.
No por la falta de presupuesto,  si no ya por la incapacidad de los guionistas, negados hasta el punto de no hacer un solo dialogo, o un solo chiste merecedor de, siquiera, una sonrisilla. De hecho, lo más gracioso de la película, si es que acaso lo es, es el momento en el que la sosias de Uma Thurman entra en el “Quick Store” de “Clerks”, y allí, unos dependientes, que ni siquiera son los de la película, están hablando sobre pollas. El interior de la tienda es en blanco y negro, así que la tía se va a la puerta, le da a esta un golpe con el culo y exclama: “¡Más presupuesto!”.  Es decir, lamentable.
Con lo cual, por listos, la película les ha salido una puta mierda. Porque si tienes los cojones de hacer una película para reírte de otra, asegúrate de que eres mejor que tu oponente, o al menos, que eres más gracioso. Porque esto es como ir a pegar una paliza al tonto de la clase, y que este, te reviente la cabeza.
Una ful.  No dejo de pensar lo que hubiera sido de esta parodia si la hubieran acogido en su seno gente como los ZAZ, o los Wayans, que por aquellos años estaban en mejor forma.
Sin embargo, Bob Koher, el manazas del director, ha encontrado su camino en el mundo de la televisión, siendo esta su única película, pero habiendo rodado mogollón de capítulos de las series “Hanna Montanna”, “Los magos de Weverly place” o “El mundo según Jim”, por lo que no tiene ninguna pinta de volver a ponerse detrás de una cámara para rodar otra película.
En el reparto decir que asoman, sin ningún atisbo de genialidad ni nada que se le parezca por otro lado, caras conocidas como las de Tim Kazurinski (Sweetchuck en “Loca academia de policía”), Dan Castellaneta (doblador USA de Homer Simpson) Sandra Bernhard (vista en  “El rey de la comedia”  o “El gran halcón”) una Colleen Camp ya entrada en añitos o  Lezlie Deane, abonada al cine de terror, vista en “Pesadilla final: La muerte de Freddy” o “976, El teléfono del infierno” pero que tiene la mala suerte de que trabaja muy poquito.
Como anécdota, decir que como la caratula del vhs es muy parecida a la de “Pulp Fiction”, muchos garrulos incautos la alquilaron pensando que era la de Tarantino y a día de hoy lo siguen pensando, o bien, corrieron al vídeo club a devolverla, alegando que les habían engañado. Cosas que pasan.

martes, 10 de diciembre de 2013

FUERZA MORTAL, CAZAR AL NEGRO

Max H. Boulois, al que podríamos tildar del Fred Williamson hispano-francés, es un artista completo dentro de la serie Z y el “Euro-Trash”. Actor, director, guionista y músico, a principios de los ochenta, como Max B. (una de tantas variantes de su nombre), sacó un par de singles adscritos a la música disco que le dieron cierta popularidad -seguro que muchos se acuerdan de “Súper Bwana”, con aquella letra que decía “Temblad, hembras, llega Súper Bwana”-. Fue flor de media primavera. Aunque la pasión de este hombre siempre estuvo enfocada hacia el cine. Tampoco realizó tantas películas como le hubiera gustado, pero las que hizo, siempre con su condición de negrata por bandera y los medios ínfimos con los que contaba, son autenticas "delicatessen".
Gracias a Ordel, me agencio una copia de esta película de sugerente título, “Fuerza Mortal, Cazar al negro”, que el mismo Boulois dirige e interpreta, cuya carátula había visto en el video-club millones de veces, pero, por lo que fuera, nunca alquilé y cuenta algo ya muy trillado en el cine como es el tema de la cazería humana. Desconozco la trascendencia que pudiera tener la película en su momento, pero catorce años después se estrena “Juego de supervivencia” de Ernest R. Dickerson, con Ice- T de protagonista, que si no se trata de un remake de la de Boulois, es un absoluto plagio. Lo mismo, pero pasado por el tamiz de la movida madrileña, podríamos decir de “Poppers”. Así que, por lo que a mí respecta, y si no me dicen lo contrario, “Fuerza Mortal, Cazar al negro” sería la primera referencia que yo tengo sobre las películas de cacería humana de tintes racistoides, es por ello que no contaría acá la recurrente “The most dangerous game”.
Conocida internacionalmente con los títulos de “The Big Game” (de "Dangerous" pasamos a "Big"... ejem) o el delirantísimo “Mad Mex: The Black Fighter” según algún avispado distribuidor que, por los atributos casi tercermundistas de la película, consideró que debía ser mexicana, narra la historia de un ex-combatiente de Vietnam quien, por su raza, es requerido por una organización con la fea costumbre bárbara de soltar a un negro en el campo y darle caza, previo aliciente de entregarle un millón de dólares si consigue escapar. Como se trata de un hombre preparado, lo consigue y al ir a recoger su millón, por desconfianza envía a su amigo, quien morirá por efecto de una bomba. Es el momento pues de que el negrazo se vengue de esta horrible gente que caza negros.
La película, llena de carencias como es norma en productos de esta índole, resulta, no obstante, tremendamente entretenida y poseedora  de un ritmo absolutamente endemoniado, amén de una trama de lo más fardona que convierten sus escasos ochenta minutos en puro disfrute viendo a Max H. Boulois cargándose blanquitos cabrones. Accidentalmente, y por maneras, se convierte en uno de los pocos “blaxploitation” producidos en España – en los posibles “blaxploitation” restantes, también andaría por detrás Max H. Boulois-, haciendo alarde de la chulería, el macarrerío y el carisma de un producto propio del subgénero.
No deja de parecerme curioso el contraste entre interiores y exteriores siendo los primeros pequeños sets de rodaje mal decorados, espacios súper reducidos, en contraposición a los exteriores de New York o Florida, donde, con dos cojones, el equipo de filmación rueda en plan guerrilla, sin permisos, y explotando los lugares hasta la extenuación; el 45% de la película son largos planos de Max B. paseándose por las calles de la Gran Manzana, filmados al nivel del asfalto o desde una azotea, mientras suena su propia música disco. Y eso mola que te cagas.
Por otro lado, el megalómano millonario que quiere darle caza, no vive de forma tan lujosa como cabía esperar, y su aspecto canta a paleto de pueblo, por mucho que quiera hacérsele pasar por americano, igual que al resto del reparto, Virginia Mataix incluida, que apestufa a españolitos setenteros. He memorizado un diálogo del villano (sin réplica) de un momento crucial de la película: “Dice usted que el negro se asemeja al jabalí: poco inteligente y solo peligroso cuando está herido. Pero yo creo que el negro, indudablemente, es el rey de la selva. Es el único animal que puede llegar a pensar como un blanco, e incluso, anticiparse a nuestros movimientos”. Un discurso tan exageradamente racista –y escrito por un negro- que lejos de consternar al espectador, le llena de hilaridad. Pero es lo suficientemente efectivo como para que cojamos tirria al millonario, y deseemos con todas nuestras fuerzas que el negro lo mate pronto.
En resumidas cuentas, una joya del “Euro-trash”, del “explotation”, del “blaxplotation” y todo con producción española, y actores de, no ya tercera, si no cuarta categoría. Un incunable.
Boulois rodó dos películas más, “Othello, el comando negro” y “Asalto al casino”, además de intervenir como actor en joyas del “trash” hispano como puedan ser “Dinero Maldito” o la ilocalizable e ignota “Cabo de Vara”, del no menos interesante Raúl Artigot.
Completan el reparto de "Fuerza Mortal, cazar al negro" Tom Hernández (“Tunka, el guerrero”), Virginia Mataix (“Pareja enloquecida busca madre de alquiler”) o William Anthom (“Profesor Eróticus”)
De lo mejor de la serie Z española que podemos echarnos a los ojos. Y Max B., mola de cojones.
¡Ah! ni la busquen, no está disponible para ser descargada.

lunes, 1 de julio de 2019

SEGUNDO MANDAMIENTO: GERARDO

Musicalmente hablando, mi principal “Guilty Pleasure” es Gerardo. Les refresco la memoria: corría el año 90 cuando irrumpió en la escena americana este Gerardo, un rapero pasteloso más falso que un billete de 175 pelas, generado por una multinacional como producto para que las adolescentes tuvieran una cubierta de CD para correrse —Wayne Newton Dixit—, que hacía del concepto “Latin Lover” una caricatura de una caricatura. Unas letras espantosas, un estilo de mierda y una antipatía a prueba de bombas, amén de un sentido del ridículo nulo, eran la carta de presentación de este veinteañero latino. Torso desnudo con chupa de cuero, extensiones que simulaban una melena larga y rizada y bandana, se plantó en la radio y televisión con un “One Hit Wonder” bajo el brazo que le hizo vender miles de discos, el de “Rico, Suave” ¿recuerdan? Y como fue un éxito discotequero para retrasadas del Valle de San Fernando que fantaseaban con tirarse a un latino, este fenómeno llegó de cuclillas a España, donde pasó con más pena que gloria. Y me pilló en todo el medio.
Recuerdo que a eso de las 9 de la mañana de cualquier día laborable del año 90, en plena adolescencia y obsesionado con el rap que aquellos años me llegaba con cuentagotas, ponía por la mañana, antes de marcharme al colegio, el Canal Plus en abierto porque daban videoclips de actualidad y, muy de vez en cuando, ponían uno o dos de rap que yo, sin mucho criterio, iba recopilando en grabaciones de vídeo. Y de repente, entre vídeos de Mecano o de Lisa Stansfield, apareció el puñetero Gerardo con su “Rico, Suave”. Y quedé prendado de esa puta mierda. Yo detectaba que algo fallaba ahí, qué a pesar de que aquél ritmo y aquella canción me ponían a mover la cabeza y la adrenalina a mil, que aquél individuo era más popero que rapero, que lo que hacía era más cercano a los New Kids on the Block que a Ice-T, pero ese uso que hacia en su rap del spanglish y esas letras descaradas me ganaron por completo.
Canal Plus estuvo un par de meses programando, ya fuera en Los 40 principales o en otros espacios, los vídeoclips de este individuo que tan pronto como irrumpió quedó sumido en el olvido. Yo me agencié la casette de su primer disco, el “Mo’ Ritmo”, que la conseguí por la misma vía que conseguía todas las cassetes de rap en aquella época (mangándola en el Hipercor), y estuve escuchándola ininterrumpidamente durante todo octavo de E.G.B. Y después de octavo, continué escuchándola.
Yo sabía que lo que estaba escuchando no era bueno ni auténtico. De hecho, los pocos de mi quinta que repararon en su existencia, lo hicieron para mofarse, así que llevé mi adoración hacia ese ecuatoriano residente en Hollywood en secreto durante un par de años, ya saben, para no desentonar ni parecer distinto, aunque los cuatro gilipollas que continuábamos escuchando rap después del boom del 89 (ya saben, el del “Rap in’ Madrid” y el “Hey, Pijo”), ya desentonábamos por empeñarnos en escuchar algo que hacía ya un tiempo que había pasado de moda. De hecho, todavía, a mis 43 años, sigo cargando con ese estigma del “ser rapero”, pero eso es otra historia. El caso es que a Gerardo, tampoco los raperos de mi clase lo respetaban, incluso, recibían su rap con mayor virulencia que los otros. Que no era real, que era de pastel, decían, no sin total razón. A mí me daba igual.
Después, un sacó un segundo disco que fue un fracaso absoluto, y aunque a nuestro país llegaron los rescoldos de aquello en forma de videoclip en “Los 40”, ya no volví a oír hablar de Gerardo en lustros. Durante mucho tiempo después, hubo veces que le reconocí en su faceta como actor en películas en las que aparece como puedan ser “Colors” o “No puedes comprar mi amor”, las dos rodadas y estrenadas con anterioridad a su faceta como rapero.
Hasta que llegó Internet. Entonces, en 2006 aproximadamente, teniendo ya al bueno de Gerardo más que olvidado, me acordé de él, y me dio un día por buscarle en la red y descubrí varias cosas: Por un lado, se había convertido en un ejecutivo de la EMI latina en los USA —labor esta de la que vive realmente en la actualidad— y fue quién llevó a los Estados Unidos a Enrique Iglesias o quien fichó a Bubba Sparxxx. Tampoco había dejado de sacar discos desde 1990 y todos y cada uno de ellos, no era más que tristes intentos de repetir el éxito de su single “Rico, Suave”. Para más inri, acababa de sacar su nuevo disco “180º”.
Por cosas del destino, y charlando un día con mi amigo Jorgito sobre este individuo, instando a que recordara la época del “Rico, Suave” ya que a él le había dado por saco contándole lo mucho que me gustaba la música de este individuo en su momento, me dijo que había visto tirado de precio un nuevo CD de Gerardo en una tienda de discos muy popular de Madrid, “La Metralleta”. Y por hacer la gracia, fuimos allí, y me lo compré por unos escasos 5 Euros. El disco nunca se editó en España, pero por el motivo que fuese, allí lo tenían. Lo que pasa es que, cuando yo flipaba con Gerardo tenía 13 años y entonces iba a cumplir 30, por lo que en ningún momento pensé que me fuera a gustar un nuevo disco de Gerardo. Craso error… lo escuche, y lo escuché y lo escuché una y mil veces ¡¡me encantó!! Puede que ya entonces, la nostalgia facilitara el hecho de que disfrutara del escuchar al rapero casi 16 años después de la última vez, pero lo que me fascinó fue una cosa que sucedía en este disco: Mientras que el Gerardo que yo conocía, solo hacía canciones de follar y de vacile, amén de alguna excursión al mundo gangster en alguna canción (como por ejemplo “En mi barrio” que sonaba en el soundtrack de “Depredador 2”), lo que este reciente disco ofrecía era un Gerardo que, como reza el título del álbum, le había pegado una vuelta a su carrera de 180º. Ahora solo le cantaba a Dios y la canción que no era de carácter católico, lo era de carácter positivista, y el idioma del disco era eminentemente español cuando hasta ahora, Gerardo rapeaba mayoritariamente en Inglés, aunque a veces lo hacía en español o spanglish.
Resulta que Gerardo se había convertido al cristianismo y ahora compaginaba sus labores de gerifalte con la música y con su iglesia evangélica (o lo que sea) ya que, también era pastor. ¿Y esta conversión? Pensé que, siendo un muchacho de ventipocos años en los tiempos de “Mo’ Ritmo”, quizás al ir haciéndose adulto había ido profundizando en la fe cristiana y que era la evolución natural de este rapero ecuatoriano, pero ¡que va! Resulta que su disco anterior a este, el homónimo “Gerardo” de 2002, es más de lo mismo de siempre, folleteo, discoteca, e intentos de recuperar el éxito del archiconcido “Rico, Suave”. De hecho su single de aquél disco se titulaba “Sigo siendo Rico”. O sea que su epifanía había sucedido de un año para otro entre 2003 y 2004, no fue una evolución natural a través de los años.  Lo que realmente sucedió, es que Gerardo fracasó en los USA con su segundo disco “Dos” de 1992  y es vetado directamente por el machismo exagerado de muchas de sus canciones, por lo que pasó de ser el rey latino de las discotecas de Hollywood a ser un apestado en la industria musical norte americana. Se arruinó, y ya solo le seguían saliendo bolos en su país natal, Ecuador donde, al haber vivido Gerardo el sueño americano, está considerado poco menos que un Dios. Así que sus siguientes discos, “Así es” de 1994, “Derrumbe” de 1995 y el resto de los que les he estado hablado, fueron  concebidos exclusivamente para el mercado latino, y al de Ecuador en particular. Por eso, en mi reencuentro con el artista, este había abandonado el idioma inglés. Pero su éxito fue decayendo disco a disco, y gracias a dios que medró como ejecutivo en la industria. Por eso, cuando vio que su música calenturienta ya no interesaba a nadie, se sacó de la manga todo el rollo cristiano que plasmó en el disco de “180º” y este se convirtió en el siguiente disco suyo más vendido desde el primero; volvió a estar en boca, al menos, del público latino americano.
Con lo cual, y sabiendo todo esto, nos plantamos en el año 2017 y navegando por E-bay, veo que están todos los CDs de Gerardo a precios irrisorios de 80 ctm y cosas así. Y aunque provenían todos de recónditos países y podía pringar con los gastos de envío, Me los compré todos desembolsando un total de cinco CDs (el último ya lo tenía). Y recuerdo perfectamente cuando los escuché uno por uno, seguidos y del tirón: La semana antes de mi boda que decidí hacer zafarrancho en casa. Me puse a limpiar la casa con la música de Gerardo a toda pastilla. Escuchen bien lo que les voy a decir: Los discos de este farsante, este hortera, este oportunista, este pastelero, que además son malos como la peste, ME ENCANTAN. Además, me gustan de forma honesta, no en un sentido posmoderno o esnob en el que me pueda mofar de ellos, no, no, no. Me flipa la letra, la música y las rapeadas, me los se de memoria y hasta canto las canciones. Es mi mayor y más vergonzoso placer culpable y lo que más me inquieta, es que no comprendo por qué me gustará tanto esta basura.
Sirva esta introducción en la que les cuento mi relación con este rapero ecuatoriano, para reseñarles este documental, “Segundo Mandamiento”, que no es más que una excusa para hablarles de Gerardo y que, básicamente, resume un poco todo esto que les he contado y con el que, como fan del individuo que soy, disfruté como un enano por lo manipulado y sensacionalista que era. En “Segundo Mandamiento”, producido por la televisión ecuatoriana y teniendo algo que ver el propio Gerardo con su confección, se cuenta la historia del rapero desde su llegada a los Estados Unidos siendo un niño hasta la actualidad como pastor evangélico. Se nos cuenta su auge, caida y los problemas que tenía con cierta adicción al sexo de la que le costó salir y que casi destruye su matrimonio, a la vez que escuchamos declaraciones de amigos y conocidos, o al propio Gerardo, en las que todos nos cuentan lo caprichoso y mala persona que este era en sus buenos años, cómo se acostaba con todo lo que se menease costase lo que costase, o cómo en los tiempos en los que estaba arruinado simulaba, con un modo de vida que no podía permitirse, que todo iba bien. Digamos, que nos pintan una biografía en la que Gerardo es lo peor de lo peor, solo para luego vendernos que gracias su encuentro con Dios, ese ser abyecto y follador al que deberíamos odiar, ahora es un hombre bueno, justo y fiel. Pura morralla… pero morralla maravillosa.
Lo otro en que el documental hace especial hincapié es en demostrar que en los tiempos de “Rico, Suave” Gerardo era muy famoso y se codeaba con la creme de la creme de Hollywood (nadie lo puso en duda), así que le vemos posando en fotos junto a James Woods, Jay Leno…
Yo supongo que a ustedes, fieles lectores, todo esto que les cuento, les importa un bledo, pero por si alguno tiene curiosidad por este personaje, o por este documental sobre su vida, todo está en youtube. Yo creo que no hace falta odiarle, amarle o tan siquiera conocerle, para disfrutar de un documental sobre un rapero de mierda que está rodado a modo de publi-reportaje destinado a la prensa del corazón, es decir, harto de entretenido. A mí personalmente, Gerardo, me volvía y me sigue volviendo loco. Aunque sea una puta mierda… o quizás por eso.
Por cierto, hace un par de años también protagonizo un reality junto a su familia, al estilo de los que protagonizaba Ozzy Osbourne. No lo vio nadie y apenas duró una temporada.
Yo creo que el personaje, en resumidas cuentas, bien merece que echemos un vistazo a su discografía y filmografía. Qué también salía en muchas películas.
Por cierto, la foto con los CDs que ilustra la entrada, es la de los míos.


viernes, 6 de marzo de 2020

RHYME & REASON

Miramax en su momento de mayor esplendor, sin dejar de lado los proyectos independientes más por el que dirán que por otra cosa, da luz verde a un ambicioso proyecto documental por parte de Peter Spirer, hoy prestigioso documentalista especializado en Hip-Hop, que se embolsó con este “Rhyme & Reason” más de un millón de dólares proyectando su película en cerca de 300 salas. Puede parecer un hito para una película documental sobre rap, pero para Miramax no era sino calderilla.
La gracia del asunto está en que, en el documental, se entrevista a toda la plana mayor del
Rap de los 90 cuando este está en su mejor momento, con lo que van circulando por pantalla casi todos los artistas relevantes de la escena, cosa que está muy bien ¿Qué es lo que no está tan bien? Pues que como son un montonazo, al final cada uno de ellos da una o dos declaraciones y el resultado es un batiburrillo de raperos dirigiéndose a cámara y diciendo cosas relacionadas con el rap, pero nada verdaderamente relevante. Por eso mismo, a la fuerza, el ritmo va a una velocidad tan de vértigo, con planos de apenas segundos, que al espectador no le da tiempo a asimilar lo que está viendo. Mucho rapero contando sus cosas.
“Rhyme & Reason” es un documental bastante mediocre que no cuenta nada. El guion es pobre y los raperos hablan de su actual estatus, de sus turbulentos pasados y del papel que desempeña en dinero y la violencia dentro de esta cultura, pero lo hace todo de soslayo, muy por encima, tirando de irritantes clichés y sin nada importante o innovador que mostrarnos. Y aunque en el montaje se procura aglutinar todas las declaraciones de los artistas en bloques, lo que aquí tenemos es una especie de álbum de cromos con tus raperos favoritos. Por momentos, el documental roza el aburrimiento.
Sin embargo funcionó bien porque era la primera vez que una productora poderosa apoyaba una película de estas características, aunque solo fuera para cubrir el cupo de los independientes mientras se gestaban los tejemanejes varios en los que estaba metido Harvey Wenstein con películas como “Shakespeare enamorado”. Puro material de relleno.
Por otro lado, “Rhyme & Reason” es una muestra de lo que cualquier película documental puede conseguir amparada por una compañía potente, porque la crítica fue unánime con críticas positivas, cuando la realidad es que estamos ante un documental torpe, descuidado y sin ningún punto de partida ni conclusión claro.
Spirer, que incluso dio el salto a la ficción con una película también ambientada en círculos Hip-Hop, “Just Another Day”, sobre raperos que compiten en batallas de emcees, consiguió su mayor cota de reconocimiento con una serie de documentales sobre piques entre raperos, con la narración de Ving Rhames, titulados “Beef”. Por lo que se ve, el tipo estaba obsesionado con las aquí conocidas como “batallas de gallos”.
Muy mediocre y sin nada que aportar al género. Pero por verle los caretos a Cypress Hill, Ice-T, Nas, Dr. Dre, Kurtis Blow, Guru y E-40 entre otros, pues tampoco pasa nada.