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sábado, 1 de diciembre de 2012

MI AMIGO EL VAGABUNDO

Mantengo la teoría, de que lo mejor que hizo Paul Naschy, son las películas que el dirigió, y más concretamente, las que dirigió fuera del fantaterror. Que estas, no obstante, fueran ninguneadas, es otro cantar.
Así pues, y con permiso de “El Caminante”, estaríamos ante lo que yo considero, la mejor película de Jacinto Molina. Si, como lo oyen, técnicamente y narrativamente hablando. Una peliculita destinada a un público familiar, con la navidad como telón de fondo y con una historia que ya hemos visto mil veces, pero que como película de entretenimiento que es, funciona. De hecho, salvo por algunos aspectos muy ligados al universo “Naschyano”, podría pasar perfectamente por una película de corte popular de Javier Aguirre.
Y es que todas las carencias de las que hace alarde Naschy en sus películas, no son tales en “Mi amigo el Vagabundo”. Es una película para todos los públicos, para lucimiento de su protagonista José Luis López Vázquez, rauda en su ejecución y entretenida, que va al grano y cauando se acaba, te quedas tan agustito.
“El Duque” (Olvídense de Miguel Ángel Silvestre), es un músico ambulante que malvive tocando canciones de tipo autor en el metro. Va acompañado de un niño al que suponemos su hijo. Pronto descubrimos que se trata del hijo de una puta, que murió en un accidente de tráfico, y que está con “El Duque”, porque este decidió hacerse cargo del niño que estaba solo. Un buen día el niño, Sergio, conocerá a una pareja adinerada que perdieron al hijo que esperaban, y se encaprichan con el, así que deciden adoptarlo, apartándole de la tutela de “El Duque”, que no tiene donde caerse muerto. Un secuestro de por medio, y la inaguantable separación de vagabundo y niño, completan la película.
Lo de siempre, y como es obvio, acabará bien.
Jacinto Molina, luciendo un peluquín que me da envidia hasta a mí, no sabe estar en una película sin disfrazarse, así que, colándonos una serie de sueños que tiene el niño, aquí se nos disfraza (y disfraza al pobre José Luis López Vázquez) de Cowboy, de Mosquetero, y de dios sabe que mamarrachadas más, y son los únicos momentos en los que pasamos vergüenza ajena con la película. Y es que a Naschy, se ve que le gustaba un montón disfrazarse, como ya demostró en “El aullido del diablo” o en “El último Kámikaze” o en esa obra maestra del despropósito que es “Operación Mantis”, y es que no conozco persona en el mundo que le queden peor los disfraces que a el. Lástima que no se diera cuenta en el momento de rodar estas películas, máxime cuando, como es el caso, los disfraces utilizados son de tienda de disfraces normal y corriente… así al sombrero de “El Zorro” que luce López Vázquez en uno de esos sueños, se le ve hasta la tira blanca de tela. Y de la “Z” en el pecho, mejor no hablar.
Pero por lo demás, un correcto melodrama familiar que se ve con agrado. Siempre y cuando sean del agrado del espectador películas como “La gran familia” o productos navideños por el estilo. Particularmente, me gustan estas lacrimógenas ñoñadas.
Junto a López Vázquez aparecen un buen número de clásicos del cine español como puedan ser José Bódalo, Gracita Morales, Florinda Chico, además del propio Naschy que interpreta al adinerado señor que adopta a Sergio, que este a su vez, valga la redundancia, lo interpreta Sergio Molina, hijo Jacinto. Entretenidilla. Y lamento un montón haberla visto anoche, y no el día de nochebuena, que en esas fechas, que además son las fechas para las que se concibió esta película, si que la hubiera disfrutado al máximo.
Pero claro, yo es que soy un snob y un excéntrico.

lunes, 28 de diciembre de 2020

LA MIEL

En “La Miel”, por un lado tenemos a Don Agustín (José Luis López Vázquez), un profesor de cultura general en un colegio regentado por curas, que fue expulsado del seminario en su momento por tener problemas con el celibato. Aun así, permanece virgen y, también, reprimido por culpa de su dominante, beata y ludópata hermana con la cual vive. Por otro lado tenemos a Paco (Jorge Sanz), un niño de 9 años gamberro a más no poder, que se entretiene insultando a su profesor escribiendo “Don Agustín es Gilipollas” en los lavabos, a ritmo de cigarrito que se va fumando y embozando el graffiti con su propia mierda para ocultar el cuerpo del delito cuando es descubierto. Y por fin tenemos al tarrito de miel, la mamá de Paco (Jane Birkin) que trabaja en una Boutique como tapadera para su principal fuente de ingresos; la prostitución. 
Cuando Don Agustín acude a ella para informarle de lo buena pieza que está hecho su hijo, este se acaba enamorando de ella, máxime cuando ella le pide que le de clases particulares a su retoño. A ella le hace cierta gracia Don Agustín, por lo que la cosa se irá complicando sentimentalmente a medida que transcurre el metraje.
Más que a cualquier otro género “La Miel” de Pedro Masó se adscribe a la comedia negra. Muchos la metieron en el mismo saco del destape y el clasificado “S” solo por contener algún desnudo de Jane Birkin en una época en la que rodar este tipo de cine picante era de recibo, pero nada más lejos de la realidad. Es una comedia pura y dura, pero con una mala leche que asusta y, más que las películas de Mariano Ozores, un verdadero reflejo de la sociedad de la España de 1979, donde pacatos dejan de serlo gracias a la evolución de los tiempos y donde la libertad sexual de la transición está más a la orden del día. Además, es una feroz crítica a las clases pudientes, mostrando al único personaje adinerado que hay en la película, como un despreciable ser que solo logra excitarse si hay adulterio de por medio, hecho este que marca el final de esta estupenda película.
Y es que Masó, más interesado en la vida comercial de la cinta que de la calidad de la misma, ofrece una dirección de lo más rutinaria, pero, al tener un guion tan magistral en el que apoyarse —y que él mismo firma junto a Rafael Azcona— la cosa acaba bastante compensada.
Masó, en su afán de exportar el producto, contrata a la actriz y cantante francesa Jane Birkin, por aquel entonces una estrella, y junto con la maravillosa actuación de un López Vázquez en su mejor momento, y un pequeño Jorge Sanz que pasó de ser un gran actor —como muestra esta película— a ser un actor incapaz de hacer bien de borracho —mucho menos un personaje con matices—, consigue, por otro lado, una película memorable que queda en el recuerdo del espectador que en seguida asociará está a los primeros papeles del ya citado Jorge Sanz.
Birkin no sabía una sola palabra de Castellano, por lo que ella rodó sus diálogos en Francés y el resto del reparto le daría la réplica en nuestro idioma, lo que ocasionó no pocos equívocos y confusiones en las escenas, pero nada que no se pudiera subsanar in situ o posteriormente en el doblaje.
José Luis López Vázquez aseguró en su momento que fue un placer rodar con la estrella, la tildó de gran profesional y de ser una persona humilde que en ningún momento dio muestras de divismo durante el rodaje; Sin embargo, ella pensó que el director Pedro Masó le trataba con mayor dureza que al resto de sus compañeros, acción que la actriz achacó al hecho de “no tener tetas”. Masó, siempre desmintió esta opinión diciendo que, efectivamente, la actriz no era pechugona, pero si guapa, inteligente y con un culo maravilloso, pero que, sobre todo, era una gran actriz y por eso fue contratada. Terceros opinan que quizás la Birkin pensaba que Masó era duro con ella, porque al dirigir y hacerle llegar sus explicaciones al traductor, este, alzaba la voz, pensando inconscientemente que quizás hablando más alto, la actriz le iba a entender mejor. Un malentendido, en cualquier caso.
Como anécdota, contaba Masó que el guion requería para Jane Birkin unas bragas negras, así que se mandó al jefe de producción a por ellas. Cuando volvió al set, lo hizo con las manos vacías porque  no encontró ni una sola mercería en todo Madrid en la que  vendieran bragas de un color tan atrevido. Algo normal en la España de 1979. Ante el revuelo para ver con qué tipo de bragas rodarían, alguien le explicó a Birkin lo sucedido, así que ni corta ni perezosa, se quitó las que llevaba ella bajo la falda que casualmente eran negras y, agitándolas delante del equipo, anunció que ya había bragas negras, así que usó las suyas propias ante imposibilidad de conseguir unas nuevas a bote pronto.
La película se estrenó en Madrid en el cine Coliseun, donde permaneció la friolera de casi seis meses en cartel durante los que fueron a verla casi un millón de espectadores, convirtiéndose en un éxito de público —no así de crítica— máxime, cuando en un logro de exportar la producción, esta se tiró 38 semanas en uno de los cines de la calle 42 de Broadway, en Manhattan, cosa de la que Pedro Masó estaba muy orgulloso, pero no hay que equivocarse; en aquellos cines se albergaban las películas de serie Z más feroces, el Kung Fu de tercera categoría más barato y el terror más chabacano; “La Miel”, al igual que muchas de las películas de Manuel Summers, se estrenó en aquellos locales como pieza exótica, por su erotismo, y como complemento de relleno a la programación que, como ya he dicho, la componían películas de variado y dudoso pelaje. Pero esto no lo vean como motivo de denuncia; me flipa que “La Miel” estuviera representando nuestro cine en aquella tesitura, de la que, por otro lado, soy fan.
Como compañeros de reparto, junto a trío protagonista, tenemos al inconmensurable Agustín González en un rol poco explotado en la cinta para mi gusto, Guillermo Marín o Amelia de la Torre.

lunes, 11 de diciembre de 2017

CASA DE CITAS (CARA AL SOL QUE MÁS CALIENTA)

Con esta película Jesús Yagüe casi tiene problemas con el título; en un principio se iba a titular “Cara al sol que más calienta” en referencia a los tejemanejes que se traen consigo los más poderosos y los empresarios. Pero dado el año en que se filmó la película 1978, con la muerte de Franco aún fresca, la película pasó a titularse “Casa de citas” en referencia que la película, lo que venía a decir es que España es una casa de putas. Al final, con todas las burocracias y tocadas de cojones resultas, la película se estrenó con la conjunción de ambos títulos por lo que se quedó como “Cara al sol que más calienta (casa de citas)". Una co-producción Hispano-Mexicana, en la que Yagüe pudo meter mano al guion.
Sin embargo, y aunque la comedia de Jesús Yagüe siempre ha sido austera, en este film, salvo gags muy remarcados para lucimiento de un correcto José Luis López Vázquez, se prodiga como el menos divertido de cuantos hizo, si bien, técnicamente puede superar al otros que realizó de calado más popular. Como fuere, a rasgos generales, siempre sería una película que se deja ver.
Un individuo que lleva 15 años en su empresa, de repente, llama la atención  de sus jefes por el motivo se que durante todo ese tiempo este individuo ni se ha quejado, ni ha recurrido a los sindicatos. Solamente se ha dedicado a trabajar en silencio y en total sumisión. Por lo que, muy a su pesar, es utilizado por sus jefes como comprador que usurpe la identidad de sus testaferros, así como para que firme los contratos de negocios muy turbios que se traen consigo los empresarios. Las consecuencias de todo esto serán funestas.
Con las miras más puestas en la denuncia que en hacer reír, la película es pura declaración de intenciones por lo que tras su estreno, con cierto éxito congregando a casi 800.000 espectadores, apenas trascendió en su posterior comercialización  en formato domestico.
En el reparto, José Luis López Vázquez, José Lifante, Eva León, junto la aportación Mexicana de la producción con los actores Mauricio Gardés , popular galán cómico Mexicano, e Isela Vegas, actriz internacional vista en “Quiero la cabeza de Alfredo García” y a la que posteriormente dirigiría Eloy de la Iglesia dándose el filete con Manzano en “Navajeros”.

viernes, 1 de diciembre de 2023

SI FULANO FUESE MENGANO

Quinta y última película para lucimiento de Peret, que se despide del cine hasta su recuperación en los 90 con papeles serios y secundarios. Del mismo modo, a finales de la década de los 70 abandonaría el mundo de la música, que tanto dinero y fama le había reportado, para dedicarse a dar la palabra del evangelio como pastor, labor que ya no abandonaría hasta mediados de los 90, cuando volvería a la música con mucha más fuerza.
"Si Fulano fuese Mengano" fue un encargo para Mariano Ozores. Este, lejos de hacer un film cuyo argumento sirviera de excusa para presentar las inevitables canciones, hace lo contrario; desarrolla una trama cómica muy a la Ozores, e integra cuatro temas de Peret, que es lo mínimo que se le pide en la película, dando pie a un vodevil propio de su estilo. Queda así la parte musical reducida a la mínima expresión.
La verdad que esta es una película estupenda.
Tenemos a un tipo rico y acaudalado, Raúl, un juerguista que allá por donde va la caga, deja deudas o problemas de cuernos y, en consecuencia, tiene unas cuantas amenazas de muerte y/o secuestro. Por otro lado, tenemos a un obrero de la construcción, Miguel,  bueno y honesto, que posee la particularidad de que es exactamente igual que Raúl.
Cuando Raúl sospecha que hay varios frentes que pretenden asesinarle, deja en manos de su secretario, Evaristo Rebollo, el contratar al tal Miguel para que, por una suculenta suma de dinero, se haga pasar por él los siguientes quince días. Su idea es que maten a este pobre desgraciado en su lugar y, después, irse a vivir la vida a Brasil. Miguel aceptará la oferta y se tirará la película entera esquivando intentos de asesinato y procurando enmarañar los desaguisados que Raúl ha dejado por la vida.
Lo bueno de “Si Fulano fuese Mengano” es que, más que una película de Peret, es una de Mariano Ozores. Si suprimimos las cuatro canciones del músico, y en su lugar hacemos protagonizar la película a, por ejemplo, Fernando Esteso, será exactamente la misma y no se resentirá en el resultado. No obstante, la elección de Peret termina siendo muy acertada, porque al margen de lo que su música nos parezca, no tenía frente a las cámaras el carisma de Manolo Escobar, pero casi, y aunque aparece doblado, lo cierto es que como actor funciona bien y se complementa a la perfección con sus partenaires (y verdaderos protagonistas velados de la película) que son José Luis López Vázquez, Antonio Ozores o, esplendido —y, no sabemos por qué, también doblado— José Sazatornil “Saza”. De hecho, en los ochenta, cuando el film se lanzó en vídeo de alquiler, y Peret había pasado a un segundo plano al abandonar su carrera musical, la carátula con la que apareció le posicionaba en tercer lugar, atribuyendo total protagonismo a López Vazquez que, en justicia, lo era.
Además, una de las secuencias más graciosas de todo el cine de Ozores se encuentra en esta película y prescinde de la presencia de Peret. Es aquella en la que el personaje de Saza, padre de la joven a la que Raúl ha dejado embarazada, cree que Evaristo Rebollo (López Vázquez) es el seductor de su hija y, en consecuencia, pide responsabilidades al interfecto. Y le insulta, le zarandea, le atiza y humilla. Ese diálogo no solo es desternillante, sino que todo el acting deja claro cuan grandes eran nuestros actores de aquella época. Saza particularmente.
Asimismo, casi se nos malogran López Vázquez, Antonio Ozores y Peret. Contaba el rumbero en sus memorias que tenían que rodar una escena en la que van en un coche de rally. La producción compró a tal efecto uno en un desguace, sin asegurarse antes de su buen funcionamiento, así que colocaron la cámara sobre el capó mirando al interior  y lanzaron a los tres actores a la carretera en una escena en la que el vehículo, conducido por Peret, no tiene frenos. A la voz de acción, el cantante arrancó el coche y salió a conducir, con tan mala suerte que el automóvil tampoco tenía frenos en la vida real. Pero como en la escena el diálogo de Peret hacía referencia a esa misma inconveniencia, el cantante exclamó: “¡Que esto no tiene frenos, pero de verdad!”, el equipo pensó que formaba parte de su actuación y nadie hizo caso, por lo que los tres actores pasaron un mal rato hasta que Peret, conductor experimentado, encontró la manera de detener el auto justo antes de estrellarse contra una fachada.
Salieron ilesos, pero Peret montó un gran pollo a producción y ese día ya no se rodó más. El propio Mariano Ozores tuvo que ir a su camerino a tranquilizarlo y pedirle disculpas.
Al margen de la anécdota, “Si Fulano fuese Mengano” resulta una película fresca y divertida, una comedia de enredo loca de Ozores que, incluso a día de hoy, sigue manteniendo el tipo, y si bien puede que estéticamente se haya quedado añeja, a nivel risas las obras de Ozores siguen funcionando como un tiro. No hay nada más gracioso que ver a López Vázquez, Antonio Ozores o Saza en su salsa y pasándoselo francamente bien con sus tontunas.
El reparto, por supuesto, como solía ser habitual en cualquier película de la época, lo componen, además de los astros ya mencionados, otros del calado de Florinda Chico, Pepe Rubio, Gracita Morales, Helga Line, María Kosty o la televisiva Marisa Medina.
Un divertimento sin par. Además, las canciones son pocas y apenas molestan.

lunes, 28 de mayo de 2012

LOS PALOMOS

“Los Palomos”, vendría a ser en la cinematografía española, lo más parecido a las películas de crímenes al estilo “Un cadáver a los postres” o “Diez Negritos”, en las que todo se enreda mucho, el espectador se lía, pero forma parte activa de la trama haciendo de detective, por su cuenta y riesgo, durante el visionado.
Un matrimonio de alto copete, invita a cenar en su casa a uno de sus empleados, un zoquete, pelota y lameculos y a su santa esposa, con el fin de liar las cosas, y hacer cargar al matrimonio con un asesinato que ellos habían cometido. En clave de comedia, la madeja se liará, se liará y se liará.
Esta película existe por varios motivos; en primer lugar, la exitosísima obra de teatro en la que se basa, “Los Palomos” de Alfonso Paso. En segundo, el fulgurante éxito de la pareja protagonista que había dado vida a los papeles protagonistas en el teatro, que no son otros que José Luis López Vázquez y Gracita Morales, dando paso a lo que sería una triunfal etapa para ambos actores. Y en tercer lugar, la dirección de Fernando Fernán Gómez, que mientras solventaba los mil y un problemas que tuvo par estrenar “El extraño viaje”, esa obra maestra, y mientras esperaba a que se le diera luz verde al proyecto “Ninette y un señor de Murcia”, se aburría tanto que aceptó hacer esta película de encargo, pero sin que el tuviera mucho aprecio al material sobre el que se pondría a trabajar. Quizás se trataba de una película menor para un autor de tanta prepotencia, y quizás por eso le salió tan divertida.
“Los Palomos”, es una comedia, negra, negrísima, que pasa en un solo escenario, con muy poquitos actores y que se solventa, sobretodo, por la labor actoral de José Luis López Vázquez, que se enfrenta al texto con la eficacia y velocidad de una metralleta. Diálogos absolutamente tronchantes, tramas y subtramas brillantemente resueltas, todo ello concentrado en hora y veinte minutos de metraje, que pasan en un suspiro, gracias al arsenal de carcajadas que nos proporciona. Quizás demasiado teatral en algunos momentos, se le echan en falta algunos escenarios más. Por otro lado, y a pesar de ser una comedia muy española de los sesenta, destaca por encima de otras de mayor repercusión, por la mala leche que se gasta.
Geniales, también, el resto del reparto, Fernando Rey, Mabel Karr, Manuel Alexandre, Julia Caba Alba y Xan Das Bolas. Como detalle fricoso, decir que la banda sonora a base de ritmos jazzeros, la firma un tal Daniel J. White, seudónimo con el que firmaba sus partituras Jesús Franco. Cosa que no es de extrañar si tenemos en cuenta, que mientras que el tío Jess se hacía un huequecito en el mundo del cine y Fernán Gómez triunfaba por todo lo alto, ambos se corrían unas juergas muy gordas, cerraban bares y charlaban acerca de sus aficiones. Vamos, que eran mazo de colegas.
Muy divertida, malsana y recomendable.
Desde aquí quiero dar las gracias a mi amigo Wally Week, que me la descubrió, me la metió por los ojos, y finalmente, me la regaló en dvd para que la disfrute tantas veces como quiera.

lunes, 1 de marzo de 2021

DEMASIADO CALIENTE PARA TÍ

Javier Elorrieta toca todos los palos y géneros y, a mediados de los 90, confecciona una enloquecida comedia en la que descubre para el cine a un galán que habiendo triunfado como presentador en la pequeña pantalla, como actor, se podía decir que le faltaba un hervor al muchacho; Javier Elorrieta tuvo los santos cojones de darle un protagonista a Andoni Ferreño.
En cualquier caso, y siendo la carrera de Elorrieta tan personal como irregular, el hecho de que “Demasiado caliente para ti” la protagonice Ferreño no afecta lo más mínimo al resultado: La película es bastante infame por sí misma y la presencia del presentador no hace más que otorgarle cierto estatus de rareza; quizás que sea la película de Andoni Ferreño es el motivo por el que muchos aficionados al cine de derribo se acerquen hoy a ella.
Elorrieta, aprovechando un tiempo en el que trabajaba en Cuba como publicista realizando un buen montón de anuncios para promocionar los tabacos y alcoholes del país en el extranjero, se casca un guion inspirado en experiencias personales que le servirá para exorcizar sus demonios a ritmo de comedia. Lo que pasa es que le sale un despropósito de enredos que jamás llegan a enredarse lo suficiente, tramas y subtramas que no llegan a ser ni divertidas, y hasta la introducción de elementos fantásticos muy poco acertados —con la presencia de un fantasma interpretado por el grandísimo Agustín González que, tan pronto sabemos de su existencia (la del fantasma), deja de interesarnos—. En definitiva, “Demasiado caliente para ti” es una mala película que, quizás, ostenta el honor de tratarse, de largo, de la peor película de Elorrieta. En cualquier caso, también resulta una película que solo por todo esto que les cuento, ya es digna de verse, porque, indudablemente, para bien o para mal, el sello del director está ahí marcado a fuego en cada fotograma.
Cuenta la historia de un saxofonista que tras descubrir, in situ,  cómo su mujer le pone los cuernos, y tras dejarle a esta un ojo morado de una hostia mal dada, entra en depresión y, por ende, los lamentos se apoderan de él convirtiéndose en un individuo muy pesado con este tema, que no dudará en contarle su problema a cualquiera que se le ponga a tiro. Y esto generará más del 70% de gags de la película, algunos de ellos verdaderamente malos. El bonguero cubano del conjunto donde este saxofonista toca en salas de fiestas, al verle así, decide llevarle de furcias y rameras para ver si le quitan las penas, pero no hay manera, por lo que le recomienda que se vaya a Cuba y que se espabile en ese ambiente. El saxofonista se va allí, se adapta a la idiosincrasia caribeña y conoce a una bella cantante de boleros que, efectivamente, le quitará las penas, pero en consecuencia,  se convertirá en un tipo celoso que le hará a esta mujer la vida imposible, generándose así el 30% de los gags restantes. Naturalmente, la cosa terminará bien.
Desde luego, una cosa bizarra, extraña si quieren, que pese a su escasa calidad en ningún momento deja de sorprendernos gracias al catálogo de majaderías rodadas, un poco de aquella manera,  por Elorrieta. A Elorrieta, de hecho, le parece una película muy divertida. Puede que lo sea, pero no por los motivos por los que él la considera.
El reparto es sugerente por su disparidad y, acompañando a Andoni Ferreño tenemos al humorista Kimbo, a José Luis López- Vázquez, Agustín González, un horripilante, horripilante (y mercenario) Nancho Novo que da grima verlo, la noventera Ángeles Martín, el cuentachistes Tony Antonio y, también proveniente del mundo del humorismo, Manolo Cal.
La película congregó en salas, en el año 1996 a casi 98.000 espectadores. Una cifra nimia pero que, a día de hoy, tal y como está la cosa, sería sinónimo de éxito.
“Demasiado caliente para ti” pasó por cines en aquellos tiempos de distribución difusa (y fraudulenta) y después quedó relegada al olvido siendo emitida, por suerte, a horas intempestivas de vez en cuando, en distintos canales de televisión.
Por otro lado, quiero hacer mención especial al horroroso póster del film en el que, incomprensiblemente, aparece José Luis López-Vázquez dos veces. Más que material promocional, parece todo lo contrario.

martes, 1 de marzo de 2011

EL FASCISTA, DOÑA PURA Y EL FOLLÓN DE LA ESCULTURA

Sin abandonar al fascista del título, en pocos años Joaquín Coll Espona pasó del cine con ramalazos “S” al cine político con toques de comedia. Obviamente al director le interesan amabas corrientes, y como las modas imperantes en el cine de la transición así lo piden, Coll se adapta como anillo al dedo.
Pero si su anterior película, "El fascista, la beata y su hija desvirgada", funcionaba ligeramente, en esta falsa secuela (hay muchos fachas en ella, y aparece José Luis López Vázquez, pero no es el mismo personaje de la anterior), se impone tanto el rollo político, que la comedia se queda en una mera anécdota. Como consecuencia, nos aburrimos soberanamente.
Tras la muerte de Franco, un grupo ultra-derechista decide hacer una estatua ecuestre del generalísimo. Uno de estos fascistas se quiere beneficiar a la mujer de un escultor rojo, por lo que le ofrece el trabajo, él de primeras se niega por sus convicciones políticas, pero acaba cediendo ante la insistencia de su mujer, que termina liada con el fascista. Todo esto
 desencadenará supuestas situaciones cómicas.
Un poco de destape, con la escasamente apetecible Nieves Navarro mostrando miserias, Ovidi Montllor muy contento de hacer su papel de escultor rojo, José Luis López Vázquez no tan entregado como suele habitualmente y un ritmo leeeento, leeeento, leeento en una de esas películas que carecen de interés alguno para todos aquellos que no se sientan fascinados por el cómo la historia de un país afectó a sus géneros cinematográficos. A mi sí me fascinan esos factores y, sin embargo, esta peli no me dice ni fu, ni fa.
Un deleite para los sentidos poder ver al gran “Saza” interpretando al facha con absoluta maestría. No me extraña que se encasillara en este tipo de papeles. Recomiendo el visionado con avance rápido, y parando solo en las escenas donde el veterano actor tira de verborrea fachosa asegurando, tras un asesinato para-fascista, que a un rojo no se le asesina; se le ejecuta.
Por lo demás… mala.

lunes, 8 de mayo de 2017

LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA

Desde luego, el interés de esta película radica en lo descabellado y bizarro de su reparto. ¿A quién se le ocurriría meter en la misma película a Anthony Perkins, Quique Camoiras, Rody McDowall, José Luis López Vázquez y Beatriz Carvajal? Pues nada menos que al productor José Frade y al compositor/actor/director Javier Elorrieta, que estaban convencidos de que, por encima del talento, y con un pensamiento muy a la americana, lo que prima en el éxito de una película es el número de estrellas internacionales que contrates para ella, aún estando estas en decadencia. Con esa premisa rodaron en 1989 “Sangre y Arena” que cuenta con la particularidad de tener en su reparto a Sharon Stone que aún no era una súper estrella y con la que ya sonaron campanas en cuanto a su carácter de mujer caprichosa irracional e insoportable. Y en 1992, disponen todo para poner en marcha esta “Los gusanos no llevan bufanda”.
Aunque esta películas con estrellas internacionales probablemente funcionarían bien en el resto del mundo, ya fuera en ediciones en vídeo, ya fuera en ventas a televisión, lo cierto es que en España pasaron inadvertidas, si bien es cierto que, mal publicitadas, y malas como el mismo diablo, lo más probable es que sus estrenos comerciales en la península importaran un pimiento; no eran esas vías las que harían que los bolsillos de Frade se llenasen, sino las anteriormente mencionadas.
Estrenada internacionalmente con el título de “The Naked Target”, en clara alusión y explotando el tirón de la saga “The Nuked gun” - “Agárralo como puedas” , “Los gusanos no llevan bufanda” cuenta la historia de un inepto mensajero neoyorquino que, sin saberlo, es enviado por la CIA a España a una misión secreta, para la cual se le esposará a la mano un misterioso maletín metálico. Una vez en España es recibido a tiros, comenzando así una trama incomprensible, liosa e incoherente que se irá desarrollando entre gags cómicos de sal gruesa. El tedio más absoluto se apodera del espectador.
Y es que esta película es una rara avis, quizás, la película más extraña del cine español. Una mezcla, intuyo que involuntaria, de acción al más puro estilo americano –pero muy mal rodada- con la comedia española de toda la vida, la de la pandereta, los cuernos y el esconder al amante dentro del armario.
Para que el entramado internacional cuadre más, y rodada íntegramente en Madrid, se soluciona esta papeleta rodando unos planos de Nueva York muy bonitos y pintones que se colocarán  al principio, durante los títulos de crédito, y así queda cubierta la parte americana de la película.
Protagonizada, sin comprender muy bien por qué, por el actor Clayton Rohner, secundario americano especializado en producciones de serie B, su nombre sonará a amantes del género de terror al estar su nombre implicado en los repartos de películas como “Inocentada Sangrienta”, “Lecturas Diabólicas” o más recientemente “The Human Centipede III”, pero para el resto de los mortales, y más en concreto para el publico del cine español, un completo desconocido. Rohner encabeza el reparto intentando ser lo más gracioso posible, sin conseguirlo, y con cara de preguntarse todo el tiempo qué demonios hace ahí.
Más decadente resulta la aparición de Anthony Perkins dando vida a una especie de putero  homosexual adicto a los accidentes de tráfico, con medio cuerpo articulado en plan robot,  que va en busca de travestís y que por motivos meramente cómicos, acaba contratando los servicios de nuestro protagonista perfectamente disfrazado de mujer por motivos que no vienen al caso, ni en lo que cuento, ni tan siquiera en la película. Y a pesar de lo decadente de esta intervención del que fuera antaño Norman Bates en “Psicosis", esta se antoja de largo como lo mejor y más divertido de la película, lo más desmadrado, y un claro guiño a clásicos de de la serie B americana como, por poner un ejemplo, “La carrera de la muerte del año 2000” producida por Roger Corman, en caso de que, efectivamente, existiera la intención de homenajear por parte del director Javier Elorrieta. Mucho me temo, que el posible homenaje, sería también involuntario, pero ahí queda.
Más digno sería el papel que desempeña Roddy McDowell, que venía directamente del tirón que el actor adquirió al protagonizar al cazador de vampiros Peter Vincent en “Noche de Miedo” y que daría vida al contacto español que capitanea la misión de nuestro protagonista y si bien es cierto que su rol sería el menos excesivo de toda la película, la cosa se torna bizarra cuando en la sala de doblaje de la versión española de la cinta se decide que su voz sea doblada por ¡¡Jesús Puente!! El actor tenía una larga carrera de doblaje a sus espaldas, pero el tono  de su voz y el hecho de que por aquél entonces gozaba de cierta popularidad por presentar en televisión diversos programas televisivos, hacen su presencia en la película demasiado evidente como para que esto no resulte hilarante y, en cierto modo, incluso ridícula.
Y a todo este elenco internacional, imagínenselos interactuando con un enloquecido Quique Camoiras que, sierra mecánica en mano, está a punto de rebanarle los sesos a Clayton Rohner, o con un José Luis López Vázquez que da vida a un oficial del ejercito cuya mujer, Beatriz Carvajal, le pone los cuernos, y creyendo este que el amante de su mujer es el mismo Rohner,  la emprende con él a tiro limpio, o con un Juan Carlos Martín, recién salido de los programas televisivos de Tele Cinco y que comenzaba con su fallida carrera cinematográfica compartiendo un momento con Rohner en el que son masacrados a golpe de metralleta en la cornisa de un edificio. El resultado es del todo hilarante, pero dista mucho de ser de interés o minimamente divertido, pero si que es una comedia española para nada convencional. Tampoco es convencional su director, Javier Elorrieta, hijo del famoso productor José María Elorrieta, y que empezó su carrera como compositor –suya es la partitura de “Descanse en Piezas” para la que además hace un papelito- y protagonizó la película “Freddie, El Croupier" , para rápidamente pasarse a la dirección cinematográfica facturando títulos de cierto prestigio como “La noche de la Ira” , despropósitos deleznables como “Demasiado caliente para ti”  o acabar dirigiendo “Sitcoms” de factura patria que muy bien se podrían reseñar en este blog como pueda ser “Arévalo & CIA”  a mayor gloria del humorista Arévalo, para acabar sus días en el cine filmando directamente en vídeo con “Humo y Azar”.
Actualmente, compagina la dirección por encargo con su tardía carrera paralela como cantante y de la cual ya cuenta con cuatro discos en el mercado.
Un director curioso.

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

lunes, 4 de marzo de 2024

CUBA LIBRE

Otro de esos films españoles a medio camino de ninguna parte, tan propios de la década 00, sería este “Cuba libre” que si bien su paso por las pantallas fue efímero, mediáticamente sí tuvo algo de revuelo al tratarse de una de las últimas películas que protagonizó José Luis López Vázquez. Sin embargo, esto es un pequeño despropósito desprovisto de gracia que se saldó con una asistencia de tan solo 53.000 espectadores a las salas donde se estrenó.
Cuenta la historia de un grupo de ocupas capitaneado por un anciano de 80 años, que realizan sus actividades culturales en la casa que mantienen ocupada. Durante la celebración del cumpleaños del anciano, son desalojados, por lo que, huyendo de la policía, acaban introduciéndose en la embajada cubana, justo el día que Fidel Castro convoca elecciones democráticas. Ante la confusión reinante, se cerrarán las puertas de la embajada, dando pie a distintas situaciones entre los funcionarios y los ocupas.
Durante poco menos de una hora y cuarto, el espectador es testigo de una sucesión de secuencias que, al igual que la película misma, no llevan a ninguna parte. No obstante, nunca nos aburrimos en demasía gracias a lo bochornoso de muchas de las situaciones que provocan risa involuntaria, y a la presencia de López Vázquez, ya muy mayor y cierta dificultad para recordar diálogos, pero da lo mismo, porque a cada aparición suya, la película mejora. Sin embargo, uno se lleva las manos a la cabeza con algunas elecciones de casting, porque no todos están tan dignos como él.
El director, Raimundo García, cuya filmografía la componen trabajos en los que ejerció de director de segunda unidad, ha hecho tres o cuatro cosillas dentro de las que se encuentran algunos capítulos de la serie “Al salir de clase”. De esta manera, el elenco completo de punks y perroflautas que protagonizan la cinta son interpretados por actores provenientes directamente de esa serie, con un perfil tirando más a pijo, por lo que resulta la panda de ocupas menos creíbles de la historia. Daniel Huarte, al que en la vida real situamos con camisas Spagnolo y cazadoras de caza, aparece aquí con guerrera militar ¡y rastas! de modo que parece un tipo disfrazado en carnaval, así como Rodolfo Sancho se casca un graffiti de estilo hiphopero (todos ahí confunden velocidad con tocino) que no le pega ni al personaje, ni al intérprete, ni a nadie con esas pintas de joven conservador. Pero más allá de eso, la película transcurre liviana, con la presencia de actores cubanos como el gran Ildefonso Tamayo o Kimbo en las secuencias de la embajada para, de pronto, terminar de una manera poco clara y abrupta, por lo que nos quedamos viendo los títulos de crédito y preguntándonos que demonios ha pasado ahí. Es, a todas luces, una película mal hecha.
A modo anecdótico, destacar las presencias en papeles importantes de Caco Senante, el cantante tinerfeño que durante la década de 00 hizo sus pinitos como actor, aquí interpreta a un alto cargo de la embajada cubana con un acentazo canario que  ni tan siquiera se molesta en esconder porque es muy parecido al cubano, o Javier Gurruchaga, dando vida estupendamente a un comisario de policía implicado en el desalojo de la casa ocupa y que, casualmente, es padre de uno de los perroflautas.
En cuanto a Raimundo García, en el año del rodaje de “Cuba libre”, 2005, ya había dado por finiquitada una trayectoria encomiable como director de segunda unidad, y  finalizaría su incursión en la dirección de films comerciales con esta cinta, no sin dedicarle poco después un documental al futbolista Quini, titulado “El brujo frente al espejo”.
“Cuba libre” sería una de esas películas españolas más malas que la quina, rodadas en los dosmil, de las que no se acuerda ni dios y vengo reseñando de un tiempo a esta parte. "Cuba Libre" no sería especialmente aburrida… pero le va a la zaga.

lunes, 12 de octubre de 2020

AMOR A LA ESPAÑOLA

“Amor a la Española” representa la auténtica y genuina españolada. Además, es una de las culpables de que el termino se use despectivamente. Y también es una de las culpables de que el público medio asocie el término con las películas de españolitos típicos, morenos, bajitos y cabreados que van a Torremolinos babeándole a las Suecas. Y es que precisamente, ni más ni menos, “Amor a la Española” trata sobre eso.
Un trabajador de aeropuerto, tras ayudar a una sueca con unos problemas a la hora de tomar un vuelo hasta Málaga, queda prendado de ella. Poco después irá en su búsqueda. Por otro lado, en la misma Málaga, más concretamente en Torremolinos, con el boom turístico, podemos ver la más variada fauna ibérica y autóctona intentando ligar con las extranjeras y más concretamente con esta sueca que trae de cabeza al protagonista, que de pura ingenuidad, parece tontita perdida. Y todo ello sin apenas salir del complejo hotelero donde trascurre la trama.
Pues sí, aquí tenemos la película —o una de ellas— de los españolitos tras las suecas, en un subgénero de la españolada, que los menos afines y conocedores de nuestra filmografía asocian siempre con la figura de Andrés Pajares y Fernando Esteso. Se ha convertido en un tópico, pero, al igual que pasa con las películas sobre la guerra civil, es cierto que existen mogollón de películas con estas premisas; Precisamente por eso, se convierten en tópicos. Sin embargo a la hora de enfrentarse a una película de estas características a día de hoy, hace que nos percatemos de que el tópico muchas veces se basa en habladurías, en oír campanas y no saber dónde, porque, efectivamente, el tópico está ahí, en “Amor a la Española”, tenemos a un grupo de españolitos tras las suecas, pero no es todo ni tan denigrante ni exagerado como se tiende a pensar en un principio con este tipo de comedias de los 60. Es más, las baña una pátina de inocencia que puede llegar a resultar sonrojante. Paradójicamente, y tan representante de la españolada como es “Amor a la Española”, resulta que es una co-producción con Argentina, de hecho, en la parte artística tenemos a la actriz Argentina Erika Wallner haciendo de sueca y, si no tenemos en cuenta este detalle, hay que decir que la actriz da el pego a la perfección… Rubia de pote, e intuimos que, chocho morenote.
Francamente, la película, en todos sus aspectos, es en realidad más mala que la quina. Se trata de una producción de José Luis Dibildos, escrita a dos manos junto con Alfonso Paso, dejando supuestamente su gustos e inquietudes a un lado para dar rienda suelta, en sus guiones, a lo que el pueblo llano quería ¿y que quería? Precisamente lo que Dibildos ofrecía, en este caso, como no, españoles detrás de las suecas, llevando al cine a más de 2.000.000 de españoles que se sentían identificados con nuestros protagonistas, interpretados por una serie de actores que, como viene siendo habitual en las comedias de los años sesenta y setenta, se prodigan como lo mejor de las películas en las que intervenían, convirtiéndose, en la mayoría de los casos, en auténticos chalecos salvavidas capaces de rescatar cualquier película que se hunde en el lodo.
Al mando, José Luis López Vázquez, que además de su vis cómica natural, soporta el escueto peso dramático y/o romántico que contiene la película. Manuel Gómez Bur: Contaba Alfredo Landa en sus polémicas memorias, que Gómez Bur, en el teatro, subía consigo al escenario una pequeña aguja de tricotar, y que tal era su rabia y su ira (y puede que hasta envidia), que cuando alguno de sus compañeros de tablas resultaba más gracioso que él, sacaba la aguja y le pinchaba con saña, incapaz de aceptar que en determinados momentos alguien consiguiera más risas del público que él. No debió ser el caso en esta película, porque, evidentemente, Gómez Bur aquí tiene poca competencia: Un desgraciado de provincia dándoselas de señorito en Torremolinos, tomando cubatas y ligando con toda extranjera que se le ponga a tiro, en lo que puede ser uno de los primero precedentes del personaje de Pepito Piscinas que tan bien interpretara Fernando Esteso años después en “Pepito Piscinas”. Manolo Gómez Bur, lo borda. Cierra el triunvirato un comedido Alfredo Landa en un papel episódico, dando vida a un camarero, confidente de las argucias de los vacacionistas y testigo del “temperamento” de nuestra sueca protagonista. Landa es Landa.
Dibildos, delegó las labores de dirección de la película en el director Fernando Merino, que durante la segunda mitad de los sesenta facturó títulos clásicos como puedan ser “Los Subdesarrollados” o “La dinamita está servida”, y en cuya carrera tendría los altos y bajos comunes en este tipo de directores artesanos, que tantos buenos títulos dejaron a nuestra cinematografía.
“Amor a la española” es muy mala, mala de solemnidad, inquietantemente mala, incluso aburrida, pero es un título clave para entender lo que es eso que llaman españolada, y, solo por ver a sus protagonistas en su salsa, bien vale un visionado. Por destacar algo, ya que estamos, destacar los magníficos títulos de crédito a base de ilustraciones a cargo del historietista Mingote.

lunes, 16 de julio de 2018

LA CABINA

Uno de los grandes hitos de la televisión española y, con permiso de “Verano Azul”, el trabajo más reconocible de Antonio Mercero, uno de nuestros directores de corte popular más queridos y respetados.
“La cabina” supuso un fenómeno social a nivel mundial; no solo la españa de principios de los años 70 quedó aterrorizada ante el relato de Mercero, sino que además, su impacto fue tan grande que el producto se vendió a todo el mundo quedando conmocionado, asimismo, mucho público de otros países.
No puede haber historia más sencilla: Un individuo acompaña a su hijo a tomar el autobús que le llevará a la escuela, cuando se mete a una cabina a telefonear. Esta se cierra y el individuo no puede salir.  Tras varios intentos por parte del populacho por sacarle, finalmente unos operarios cargan la cabina en un camión, y tras un largo viaje por carretera acaban dejando a este en un almacén subterráneo dónde descansan otras cabinas telefónicas con sus ocupantes muertos.
Para la España de 1972, más inocente y poco dada a lo macabro, este mediometraje destinado a la parrilla televisiva, tuvo que suponer un shock muy grande, máxime si el público llano de T.V. no estaba acostumbrado al cine de género o de terror. Sin embargo, vista hoy, 45 años después de su emisión, la cosa se ha quedado un poco ingenua, ya la capacidad de impactar o asustar se ha perdido, como la han perdido, por ejemplo, los clásicos de la Universal. Sin embargo, la idea, el como está ejecutada, el ritmo y la interpretación de José Luis Lopez Vázquez, permanecen inalterables, y se entiende perfectamente por qué “La cabina” obtuvo la repercusión que tuvo. Y desde luego, se deja ver con interés.
Tal fue el impacto de este mediometraje, que incluso, a finales de los 90, la empresa de telefonía Retevisión,, la principal rival por aquél entonces de Telefónica,  rodó un spot en el que López Vázquez aparece encerrado en una cabina —en clara alusión al mediometraje de Mercero— de la que finalmente consigue salir.
Asimismo, entre el aluvión de premios que recibió, se llevó el EMMY, el equivalente al Oscar en lo que a premios de televisión se refiere, en los EUA, que es el mayor galardón al que puede aspirar una producción televisiva.
La historia de “La cabina” se concibió a finales de los años 60. Antonio Mercero y José Luis Garci (Co-guionista de “La Cabina”), cuando estos tenían previsto lanzar una serie de humor para televisión. En busca de argumentos, les pareció gracioso elaborar uno en la que un individuo se queda encerrado en una cabina telefónica y no puede salir. Sin embargo, la cosa no prosperó, la serie no se llegó a hacer, pero a Mercero se le quedó en la cabeza la historia de la cabina. Dándole vueltas a la cabeza, decidió que la historia dejaría de ser cómica para convertirse en una cosa de terror/ciencia ficción de corte surrealista. Pero al no haber una serie televisiva donde albergar esta historia, propuso a Televisión española la producción de este mediometraje. A los directivos de T.V.E no les pareció mala idea, dado que la serie en la que acababa de trabajar Mercero “Crónicas de un pueblo” había sido un éxito, así que le dieron carta blanca. Y obviamente, no les defraudó.
Por otro lado, los críticos se han empeñado en ver siempre en “La cabina” una crítica al régimen franquista, defendiendo esa teoría hasta el absurdo. A colación de esto, Mercero llegó a decir que de crítica social nada, que él tan solo había tratado de hacer una película de terror y  ciencia ficción y punto, pero que él no podía controlar lo que la misma pudiera sugerir a según que mentes y sensibilidades. Dejando claras cuales son sus intenciones,  he llegado a leer a cierto crítico  mediático decir que daba igual lo que dijera Mercero, que la película es una crítica al régimen franquista y que no hay más vuelta de hoja. ¿No te está diciendo Mercero que no, pedazo de gilipollas?
Tras éxito de “La cabina”, las alabanzas por parte de los medios y el público han ido acompañando a Mercero a lo largo de su carrera en cine o televisión; asimismo volvió a ser nominado al EMMY por otro mediometraje, “Don Juan”, pasó factura a todos los géneros en cine y televisión, lanzó a la palestra al niño prodigio Lolo García con “La guerra de papá” y “Tobi” y alcanzó las mieles del bombazo televisivo con “Farmacia de Guardia”.  La verdad, es que es un todoterreno.

viernes, 4 de diciembre de 2020

ATRACO A LAS 3

Uno de los clásicos indiscutibles del cine español seria esta “Atraco a las tres”. Una película de bajo presupuesto que debido al buen hacer de sus artífices, ya sea en la escritura del libreto como en la ejecución de la dirección, amén de unas interpretaciones memorables, se convierte en una obra maestra atemporal, influencia de varias generaciones de cineastas y una de las mejores comedias españolas de todos los tiempos.
Aunque en su momento tampoco gozó de una taquilla exultante —tan solo acudieron a verla 115.000 espectadores en el momento de su estreno. Poco, pero la película fue tan barata que con esos números rentaron  el presupuesto de sobra—, el paso del tiempo le ha conferido un aire clásico y un prestigio fuera de todo precedente que la hacen encabezar todos los listados de mejores películas españolas de la historia. Quizás por eso, en 1999, se reestrenó 36 años después en los Madrileños cines Princesa —sumándole otros 1000 espectadores más a esos 115.000— en una de sus salas más diminutas, con cierto éxito.
Cuenta la historia de los trabajadores de un banco que aprovechando el injusto despido al ya anciano director del mismo, planean un atraco a la sucursal y así poner fin a todos los problemas económicos que estos puedan tener. Los empleados planean el atraco minuciosamente, hasta que la cosa se complica cuando entra en juego una vedette llamada Katia Duran, a la que uno de los empleados, encoñado con ella, le cuenta todos sus planes.
“Atraco a las tres” surge de la mente de Pedro Masó, que alega que gracias al entusiasmo  y el hambre que había aquellos años por hacer cine, escribió el guion de madrugada y en tan solo 9 días. Después, sus socios Vicente Coello y Rafael J. Salvia  lo pulirían y darían una coherencia. Una vez visto para sentencia, Pedro Masó, en calidad de productor, ofreció rodar el guion a José María Forqué, gran amigo suyo por otro lado. Forqué, en aquellos años estaba hasta arriba de trabajo, su agenda era apretadísima —“Accidente 703” y “La Becerrada” serían los films que le tendrían ocupado, no siendo ninguno de ellos ni la mitad de relevante de lo que fue “Atraco a las tres” a posteriori— y no tenía mucho tiempo para rodar una peliculita menor como la que le proponía Masó. Aun así, y por hacerle el favor a Masó, decidió dirigirla. Y a día de hoy, es por el título por el que, mayormente, se le recuerda.
Según los estudiosos del cine español, la película es una crítica total y absoluta al régimen español, a su jerarquía, y la miseria en la que la sociedad española estaba sumida, que gracias al imperante humor blanco, y a la maestría del director, pasó la censura sin ningún tipo de problemas. Quizás el mensaje implícito hay que leerlo entre líneas, o cogerlo con pinzas, porque, efectivamente, a simple vista no se detecta.
Naturalmente, “Atraco a las tres” no sería lo que es de no ser por sus extraordinarios actores, muchos de los cuales empezaban  a despuntar en esto del cine, eran caras nuevas que seguían el ritmo a la perfección al único actor consagrado en la cinta que es José Luis López Vázquez, así, tenemos secundando al inconmensurable, a Gracita Morales —con la que pronto formaría pareja cinematográfica en infinidad de películas—, Manuel Alexandre, Agustín González que empezaba a llamar la atención, el humorista Cassen, Manuel Díaz González…
Había uno de los papeles, el de Castrillo, concebido inicialmente para un reputado Manolo Gómez Bur, que tuvo que rechazarlo porque tenía otros compromisos firmados tanto en cine como en teatro, y no daban con un actor que tuviera las características del personaje. No fue hasta que un día viendo una comedia de Jardiel Poncela en el teatro, Pedró Masó y José María Forqué vieron, cito, “una cosa pequeña por ahí, por el escenario” que resulto ser Alfredo Landa. Les gustó lo que vieron y sin pensarlo le darían a Landa lo que sería el primer papel protagonista de su vida. Crearon un monstruo, porque desde entonces, Landa no dejaría de trabajar, convirtiéndose, para más señas, en el creador de un subgénero dentro de la comedia española, el “Landismo”.
Por su parte, tanto José María Forqué como Pedro Masó, serían acompañados por el éxito en su profesión durante el resto de sus días.
Una joya imprescindible del cine español, qué les voy a decir.

martes, 25 de enero de 2011

OPERACIÓN MANTIS (EL EXTERMINIO DEL MACHO)

La etapa más decadente de Paul Naschy tiene como cenit esta película. El actor y director se apuntó al “spoof”, creyéndose percusor del género en España, cuando ya lo habían hecho, sin mucho éxito artístico, Mariano Ozores y Manuel Summers, por lo que el hostión fue considerable. En co-producción con Japón (ya saben, Masurao Takeda) como venía siendo habitual en esa época, para esta comedia se le concedió a Naschy el mayor presupuesto que había manejado nunca. No se recuperó nada. Y claro, la culpa nunca fue suya, fue del co-guionista Joaquin Oristell y de que la película era demasiado sofisticada y adelantada a su tiempo, no como las de Mariano Ozores que demandaba el público. Que poquita vergüenza tenías Jacinto.
La única verdad, es que la película da absoluta vergüenza ajena, por todo en general, y por Paul Naschy en particular. Si no eres cómico no te metas a hacer monerías, porque harás el ridículo. Y él lo hace de todas las formas posibles, sirviéndose para ello de los mas variopintos disfraces. Verle de punk cantando y "subnormaleando" es de antología, pero en plan negativo… da mucha penita.
Tras el asesinato de una influyente mujer, una organización feminista llamada “Matriarka” planea el exterminio del macho, dejando solo 200 tipos para la perpetuación de la especie. Tres súper espías son enviados para solucionar el tema.
La saga que intenta parodiar Paul Naschy es la de James Bond. No se puede ser menos acertado. Desde los años 60, se han hecho parodias de Bond. A mediados de los 80 ¿quién quería ver otra? Y menos en manos de Paul Naschy, que si, que con el terror se ganaría a posteriori cierto prestigio, pero en comedia… 
hay que ser un tipo con mucha confianza en sí mismo para sostener el peso cómico de un largometraje entero… y también en la película, puesto que al finalizar prometían una secuela. Como si no hubiéramos tenido suficiente.
Si el descalabro funciona en algún sentido, es en su patetismo. Es tan triste ver gags pretendidamente graciosos, y buenos actores cómicos sin atinar, que al final te tienes que reír. Siendo la peli mas difícil de conseguir de Paul Naschy (con permiso de "Las noches del hombre lobo", que no se sabe ni si existe) la convierte en una joyita, rareza y curiosidad.
Dirigida y co-escrita por el propio Naschy, además de intentar hacerse el gracioso interpretando a un Rasputín que te vende caramelos a ritmo de chascarrillo (“¡Que cosas tiene mi Zarina!” como guiño al “¡Que cosas tiene mi novio¡”, una popular coletilla ochentera), tenemos en el reparto a la inevitable Julia Sali, José Sazatornil “Saza”, que protagoniza una escenita junto a una araña de plástico totalmente inmóvil, de lo peorcito que he visto en mi vida, José Luis López Vázquez, Antonio Gamero, Freda Lorente, José Riesgo, Fernando Bilbao…
La verdad es que el despropósito es tal, que siendo la peli mas cara que realizó Paul Naschy, parece la más barata, y es que me da a mi que el presupuesto se fue en pagar a todos estos actores, a quienes, dicho sea de paso, se ve en un estado de gracia menor y muy poquito entusiasmados.

martes, 18 de marzo de 2025

LAS CORRERÍAS DEL VIZCONDE ARNAU

Una suerte de proto-destape a mayor gloria del eterno José Sazatornil “Saza” y de un actor que, tras una larga trayectoria en el teatro y como secundario en cine, Valentín Tornos, alcanza la popularidad ya como septuagenario gracias al programa-concurso “Un, dos, tres”, donde conmovió a una generación de españoles interpretando, en la “parte negativa” del show, al inefable Don Cicuta —que muy pocos recordamos por cuestiones generacionales, pero del que todos hemos escuchado hablar a nuestros padres—. Además, y al contrario de lo que solía ocurrir con las comedias de la época, esta resultó un fracaso de taquilla con apenas 200.000 espectadores en las salas. Se trata de una tirando más bien a burda, en la que un noble, El Vizconde Arnau, queriendo dejar el legado de poder que un día su apellido tuvo, desea tener hijos. Pero tras dar a luz el primero de todos ellos, su esposa queda impedida, por lo que, para que no se pierda su estirpe, comienza a gestar hijos bastardos con distintas mujeres.
El argumento se centra en las conversaciones que tiene El Vizconde con su abogado (“Saza”), dando pie así a una serie de flashbacks que nos narran las correrías (eróticas) de título, con el único afán de mostrar al espectador un poquito de carne femenina. No mucha, que Franco todavía andaba por ahí dando guerra. Sin duda, un título menor de la comedia española de los 70, perpetrada, también, por uno de nuestros directores más infaustos, Joaquín Coll Espona, responsable del binomio de films protagonizados por José Luis López Vázquez, “El Fascista”.
“Las correrías del Vizconde Arnau” es floja, no destaca en absoluto por el nivel humorístico y mucho menos por el cinematográfico, sin embargo, sí lo hace por tratarse del legado fílmico de Valentín Tornos, que fallecería tan solo uno año y medio después del rodaje, víctima de las secuelas de una trombosis cerebral que lo dejó maltrecho durante sus últimos meses de vida.
Precisamente, y es por esto por lo que el título reseñado tiene cierta popularidad entre cinéfilos de morro fino, cuenta la leyenda que la trombosis cerebral que se llevó a Tornos le vino justamente rodando esta película y, justo, tras dar el director la voz de acción en una secuencia. Hasta ahí todo bien, pero el dato siniestro viene cuando, cuentan, una vez detectado el accidente cerebro-vascular del que el actor había sido víctima, el equipo decidió acabar la jornada rodando los contraplanos de Tornos con este sentado de espaldas a la cámara en dicho estado de trombosis. Una vez finalizado el rodaje de ese día, se avisó al médico de lo sucedido. Después, lógicamente, Tornos no pudo continuar, por lo que fue se terminó con la presencia de un doble que hizo todas sus intervenciones de espaldas, algo que es muy evidente en el film.
También se cuenta que el contraplano en el que Valentín Tornos está sufriendo la trombosis quedó registrado para la posteridad, sin embargo, viéndola por primera vez ya conociendo estos datos, he sido incapaz de localizarlo. Sí que he detectado a los dobles de espaldas, pero nunca el contra plano con el actor ya diezmado, estando yo especialmente atento a este detalle.
Como fuere, el metraje con el doble de espaldas no alcanza un 20% de las intervenciones de Tornos, y este parece estar en perfecto estado de salud durante la mayoría del film, por lo que, en un principio, al actor le debió dar el tabardillo con la película prácticamente terminada.
Ahora, si no conocemos los detalles de esta “anécdota”, “Las correrías del Vizconde Arnau” no es más que una mala comedia de mediados de los 70, muy inferior a los clásicos del género que vendrían coetánea y posteriormente.
Durante muchos años Valentín Tornos sería recordado, como ya he dicho, por Don Cicuta, personaje del que hubo hasta merchandising en unos años en los que la mercadotecnia estaba en bragas en nuestro país, y poco se habló de su trayectoria cinematográfica, mucho menos de esta película que se olvida con la misma facilidad con la que, inicialmente, le damos al play a nuestro reproductor.

lunes, 26 de noviembre de 2012

DE CAMISA VIEJA A CHAQUETA NUEVA

Tercera película del tándem fascio Vizcaíno Casas y Rafael Gil, que cierra la trilogía más granada del cine facha junto a “Y al tercer año… resucitó” e “Hijos de papá” y que, en clave de comedia, critica a los “chaqueteros” que se pasaron de la falange española al partido comunista con el fin de no perder su estatus en el poder. De hecho, la película (y supongo, la novela en que se basa) no se plantea, ni lo más mínimo, un cambio de chaqueta por convicciones. Pero no es ya que ni se lo plantee… ¡Es que ni lo tolera!.
Manuel Vivar es un alto mando del régimen franquista, que se dedica a cumplir ordenes y a apoyar a Hitler en su cruzada. Cuando los nazis pierden la guerra, reniega del tercer reich y se pasa a la corriente política mayoritaria, y así sucesivamente hasta llegar a los años ochenta y acabar liderando el partido comunista, mientras en un alarde de hipocresía, mantiene sus empresas, sus lujosos coches y su enorme casa. Todo ello entres situaciones supuestamente cómicas.
Independientemente de la ideología que profesan estas películas dirigidas por Rafael Gil, he de confesar que a mí me hace mucha gracia que sean tan abiertamente fachas, y la naturalidad con la que exponen ciertos temas. Sin ir más lejos, al final de esta película, durante los créditos, y por si no nos había quedado claro, suena una burlona y discotequera canción que arremete contra los “chaqueteros” de la forma más agresiva. Por lo demás, gags fascistas poco afortunados en un producto bien rodado, ingenuo y hasta entretenido en cierto modo, porque te tienes que acabar riendo en según que momentos, que son justo los que no lo pretenden.
Lo irónico de todo esto, es que durante la transición había libertad a la hora de hacer una película, incluso una de una temática tan deleznable como esta. Se hacía, y se estrenaba, y que el publico eligiera verla o no, era su problema. Sin embargo, en los tiempos que corren, que somos tan modernos y se aboga tanto por la libertad, sería imposible que se diera luz verde a semejante proyecto, es más, sería perseguido y condenado.
Sin más politiqueo, decir que en la película aparecen José Luis López Vázquez, cuyo físico parece concebido para hacer de fascista, Manuel Codeso, Antonio Garisa, Charo López, Agustín González, y Emilio Gutiérrez Caba, que en su afán por querer ser el Al Pacino español, como ya dije en esta reseña, interpreta a un falangista de muy firmes convicciones.
Rafael Gil rodaría después dos películas más “Las autonosuyas” y “Las alegres chicas de Colsada”, y poco después moriría, dejando un basto legado de obras de temática fascistoide o, alejándose de la política, corte popular.

miércoles, 27 de mayo de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "LA GRAN COMEDIA"

La ópera prima de Juan Pinzás, amigo de este blog y al que agradecemos la cesión de estos fotocromos, es una personal película de escueto presupuesto, extraño sentido del humor y, sobre todo, la primera incursión el el cine de Julián Pintos, el alter ego de Pinzás, que le ha acompañado, además de en esta, en películas como “New York Shadows” y “El vientre de Europa”.
Aquí, el propio director da vida a un director de cine que tiene que ganarse la vida en el mercado inmobiliario y que prepara un guion que podría ser su gran espaldarazo en el mundo del cine. Cuando hace acto de presencia su jefe, la cosa se enredará.
Una comedia de autor a reivindicar a día de hoy (Nota de Naxo: 😂)
En el reparto, los inconmensurables Luis Escobar y José Luis López Vázquez.
Estos son los fotocromos de "La gran comierda" que en su día adornaron las vitrinas de los cines en los que se estrenó.









jueves, 6 de septiembre de 2018

MEMORIAS DEL ÁNGEL CAÍDO

"Memorias del ángel caído" es una producción española del año 1997 adscrita al terror. Tuvo la suerte de aparecer justo cuando el fantástico volvía a ganar adeptos en la cinematografía patria. Y tuvo la mala suerte de aparecer justo cuando el fantástico volvía a ganar adeptos en la cinematografía patria. ¿Por qué? porque la clase de películas de terror y aledaños que triunfaron en España entre principios y mediados de los 90 se acoplaban en general al irritante tonito propio del momento y que consistía en tomárselo todo a cachondeo. Fíjense cuál era la tendencia reinante: "Acción Mutante", "La lengua asesina", "El día de la bestia" o "Supernova". Todas ellas, en esencia, comedias. Tenían el humor como principal defensa ante el temor de afrontar la materia de forma seria y sin chascarrillos. Sin auto-guasa. Por eso mismo "Memorias del ángel caído" fue un rara avis.
El día que le comenté 
a una "hipster" de la época lo potable que me parecía, se escandalizó, alegando que para ella y los suyos aquello solo podía gozarse como blanco del pitorreo. Parecía que estuviese mal visto disfrutar del terror sin recurrir a la risa. Ayer noche volví a ver el film para asegurarme de mis impresiones y opino que con los años incluso ha ganado puntos, ha mantenido intacta una personalidad, una refrescante diferencia con respecto a la corriente reinante de cuando fue concebido. Y, si lo comparamos a lo que se factura hoy, también se agradece que sea tan española toda ella y no intente con demasiada insistencia parecerse a los productos llegados desde los USA, que no es algo que me parezca mal, desde luego, pero mantener la "esencia cultural" también mola un rato -si se hace bien-.
Después de presenciar un supuesto milagro, los curas de una iglesia ven cómo alguien comienza a atentar contra sus feligreses. Además, todos sufren extrañas alucinaciones. Uno de ellos, en plena crisis de fe, decidirá investigar el probable origen del entuerto llevándose la sorpresa de su vida.
No puedo decir que "Memorias del ángel caído" sea una película absolutamente perfecta. Y que todo en ella funcione como un reloj. Pero los pocos momentos tambaleantes se ven compensados por una atmósfera tenebrosa, unos personajes -los curas y el policía- interesantes y algunas ideas logradas, incluso medianamente inquietantes, destacando los momentos de muerte e histeria en la iglesia o la visita a unas ruinas repletas de yonquis. También resulta destacable la subtrama del supuesto milagro y su desenlace.
Probablemente, el "secreto" de que la peli pueda mantener la dignidad bien alta 20 años después, consiste en haber contado con grandes actores experimentados en lugar de niñatos sin capacidad de vocalizar, a saber: Santiago Ramos un poco "Robocop" pero bien. José Luis López Vázquez inmortal. Estupendos Emilio Guitérrez Caba y Héctor Alterio. Un Juan Echanove a la altura. Y no olvidemos al entrañable Luis Pérezaguas. Por ahí ronda Tristán Ulloa, pero dura poco y no molesta.
Eso, y el evitar en todo momento las maneras de un producto de espíritu juvenil y -uuughh!!!!- canalla como se estilaba en 1997, han contribuido largamente a que "Memorias del ángel caído" sea agradecidamente sobria y reivindicable a día de hoy.