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lunes, 23 de febrero de 2015

CUMPLEAÑOS SANGRIENTO

Típico producto ochentero cuyo fabuloso póster  (esos dedos usados como velas, son del todo acongojantes. Ni que decir tiene, que eso no aparece en el film) es más popular que la propia película en si misma y que supuso el pistoletazo de salida para la carrera de un productor al que le ha ido muy bien a posteriori como es Gerald T. Olson, responsable de poner en marcha cositas como “Cromwell, rey de los Bárbaros”, “El recuperador” o “Mi diabólico amante”, pasando por productos más potentes como “Hidden, Lo oculto”, curiosidades “New Jack Swing” como “House Party” para lucimiento de los raperos Kid-n-Play, terminando con auténticos bombazos  mainstream como “Dos tontos muy tontos” o “Rapid Fire”.
La película cuenta como tres niños nacen a la vez durante un eclipse lunar, que por sus características, las cuales nunca se nos son expuestas, estos acaban celebrando su décimo cumpleaños, cargándose a todo bicho viviente y de las más variopintas maneras.
Se trata de una de las películas de terror de referencia de mi pubertad y de las que más veía. Cosa que con lo cagón que yo era –y sigo siendo- comprendo perfectamente porque el hecho de que estos infantes asesinen al personal a base de pistolas, arco y flechas y demás parafernalias, a plena luz del día la mayoría de las veces, lo cierto es que no es del todo aterrador. Pero de la época siempre recordaba la escena del niño con un saco en la cabeza con aberturas en los ojos (a lo Jason en “Viernes 13 part.II”) conduciendo un coche como un loco intentando matar a la hermana de uno de sus cabroncetes compañeros, y hay que decir que la escena sigue manteniendo el impacto de antaño.
Con estructura de “Slasher”, pero sin serlo, los niños consiguen parecer verdaderos cabrones, manipulando y matando a los adultos, y ahí radica el interés de la película. Matan mucho y cruelmente, lástima que esos asesinatos no están aderezados con la sangre que debería. En esos términos “Cumpleaños sangriento” se queda demasiado light. Sin embargo, para vosotros los palilleros, decir que la película está cuajada de las tetas o tetazas de las que van a morir. Como debe ser.
No obstante, y aunque los altibajos de ritmo empiezan a ser un referente en lo concerniente al terror barato de esa época, no hay ni un solo elemento por el que podamos decir que se trata de una película mala. Es más, el aburrimiento casi no hace acto de presencia y, a rasgos generales, el tono general de la película, por descabellado y tonto que sea lo del eclipse, tiene hasta cierta gracia. Así que, efectivamente, una revisión tras muuuuchos años sin volver a verla, ha sido una gran idea. Esto es el cine barato de terror ochentero  genuino del video club con el que me crié. Aunque se estrenó discretamente en cines de barrio, donde congregó a unos miserables 135.000 espectadores. Eso si, en el vídeo club, remontó la cifra.
Hay que decir también, que mucha gente confunde esta película con otra de la época “Cumpleaños Mortal”. Nada que ver, esa era un “Slasher” genuino.
En el reparto tenemos, además del trío de niños cabrones que lo hacen muy bien, a Susan Straberg mítica actriz secundara de la televisión de los años 60 que acabó apareciendo en productos como el que nos ocupa, pero que también hemos visto en “Montaña Rusa”, “Mujeres de 30 años” o “Retorno desde la quinta dimensión”, Elizabeth Hoy (“Granujas a todo ritmo”) o José Ferrer, mítico “Cyrano de Bergerac” de los 50, papá de Miguel Ferrer (“Robocop”, “La cosecha”) y que al igual que sus coetáneos John Carradine o Basil Rathbone, acabó haciendo papeles en mierdas del mas variado pelaje y baja estofa (“El autobús atómico”, “La Centinela”, “El perro de Satán” o “El Enjambre”).
Dirige el asunto Ed Hunt que venía de dirigir series B de ciencia ficción como “Invasión de las estrellas” y acabó dirigiendo, igualmente,  series B de ciencia ficción como “Alien Warrior” en 1986 o "El cerebro" en 1988. Después no dirigió nada más hasta que en 2014 retomó la dirección con un producto llamado “Halloween Hell” protagonizada por Eric Roberts haciendo de Drácula, que pinta espantosa, y que todavía no sabemos si tiene vida comercial del algún tipo. A la espera quedamos.

lunes, 18 de abril de 2011

PROFUNDIDAD SEIS

Otra de las pelis pertenecientes a la "fiebre de terrores submarinos" que asoló las pantallas a finales de los 80. Esta es, además, mi preferida... sin querer decir que sea una maravilla. De hecho, no hubo ningún título redondo durante aquella moda, pero este al menos es el que me resulta más entretenido y pasable.
Un grupo de científicos curran bajo el agua para instalar una plataforma de misiles. En eso que se ven obligados a destruir una cueva que les impide seguir adelante y, claro, liberan "algo". Encima, el problema se acrecenta cuando uno de ellos, sin querer, detona dos misiles nucleares. Ahora, y por culpa de los consiguientes desperfectos, la pandilla tendrá que salir a la superficie... aunque para ello antes tendrán que enfrentarse al susodicho "algo" (curiosamente mi sinopsis es más correcta que la que reza en la misma carátula).
El aspecto más curioso de esta peli está en quién firma la dirección, Sean S. Cunningham, papá del "Viernes 13" original y resignado hombre de cine-negocios (tengo grabada en la mente una declaración suya para la revista "Mad Movies", en la que decía que a él le gustaría hacer pelis como las de Fellini, pero que esas no dan dinero). Por lo visto iba a limitarse a producir, pero el dire asignado falló lo que le obligó a aplicar sus limitadas facultades en ese campo.
En fin, ¿qué decir?, no se, no gran cosa... "Profundidad seis" es una peli que no destaca especialmente por nada, ni estéticamente, ni a ningún otro nivel. Los actores bien, la estructura a lo "Alien" bien, los efectos de maquetas cantan un poco, pero no mucho, el monstruo (un cangrejo mutante) huele bastante a monigote (sobre todo cuando "muere"), pero tampoco excesivamente (además, a mi me mola así) e incluso hay algo de gore... en fin, todo bastante rutinario y poco llamativo pero, como digo, funcional y entretenido.
El desenlace-susto es el mismo de "Leviathan, el demonio del abismo", aunque un pelín menos patético. En el elenco interpretativo destaca Miguel Ferrer por su rol de neurótico-cobarde (y que fallece de modo muy espectacular). Los señores que ponen sus nombres por encima del título son Mario Kassar y Andrew Vajna, impulsores maximus de "Rambo" (curiosamente, el dire de esta sería el culpable de la mentada "Leviathan...", ¡que pequeño es el mundo!).
Pues eso, para pasar un buen ratico nomás.

viernes, 2 de marzo de 2012

EL HOMBRE QUE NUNCA ESTUVO ALLÍ (1983)

De chaval esta caratula que ven me tenía fascinado. Ese hombre invisible de alegres calzones, con pajarita jamesbondsiana y misteriosos guantes blancos, prometía horas de diversión y regocijo. Encima, el llamativo amarillo como color de fondo le daba un rollo comic muy atractivo. De prota, un Steve Guttenberg pre-"Loca academia de policia". Y como suele pasar en estos casos, la alquilé, la vi, me decepcioné, la devolví y una vez más reafirmé -y en esa época era importante, ya que me encontraba en plena edad de desarrollo y crecimiento- que una caratula guapa no siempre -o casi nunca- parapeta una peli molona.
Ayer noche la volví a ver. Por segunda vez en mi vida. Y de nuevo la lógica se imponía: Sí, no hacía falta ser muy listo (ni muy tonto) para comprender por qué "El hombre que nunca estuvo allí" (no confundir con la posterior película de los Hermanos Coen de idéntico título) hace aguas por todas partes.
Concebida cual comedia con toques de thriller y ciencia ficción bajo mínimos, la cosa va de un pavo que el día de su boda presencia el asesinato de un hombre invisible, con tan mala pata que los testigos le creen a él culpable. Así que huye, no sin antes recoger de manos del cadáver una pócima... la misma que le vuelve a uno invisible, of course. En medio de este paripé, aparecen varios personajes de distintas potencias mundiales obsesionados en hacerse con el mágico líquido, así como la amiga de la novia que está secretamente enamorada del prota. Este se valdrá de su nuevo poder para escapar de los malos y resolver el entuerto. El final es de órdago (por malo) y muy oportuno en lo referente a solventar las dudas amorosas de Guttenberg.
En fin, ¿qué puedo decir?, que "El hombre que nunca estuvo allí" es tirando a torpe y aburridilla. Digamos que como comedia alcanza niveles de chorrismo excesivamente hirientes (y poco divertidos), como peli de acción o thriller anda más bien escasa de material espectacular y que el tema de la invisibilidad lo tocan demasiado poco... y mal. Los efectos especiales son muy horribles, sobre todo cuando se valen del efecto croma, que es casi siempre. Probablemente parte de la culpa la tenga el hecho de que en su momento este film llegó a los cines luciendo efecto 3D (del de antes, del que dolía a la vista), y todos los trucajes de las pelis en relieve de la época, al ser desprovistos de sus colores rojo y azul, cantan más que una almeja maloliente.
Al final lo realmente diver de la experiencia es ir reconociendo a los numerosos rostros más o menos populares que pululan por la peli, y que son unos cuantos. Destaco los siguientes: un William Forsythe muy jovencito haciendo de punki malo maloso. Don Calfa, el Ernie Kaltenbrunner de "El regreso de los muertos vivientes", al que casi ni ves... aunque el que se lleva la palma es Miguel Ferrer, el ejecutivo hijoputa de "Robocop", en un rol de camarero que, si pestañeas, te perderás. Completan el cuadro dos gloriosas "scream queens" de la década, Brinke Stevens y Michelle Bauer, haciendo lo que mejor saben: enseñar teta en una escena de ducha.
Y hablando de tetas, sorprende bastante lo mucho que las luce la chica protagonista, Lisa Langlois (la punka mala de "Curso 1984"). De hecho, protagoniza una escena de sexo que, imagino, en su época se pretendía chocante, original y bizarra, durante la que la moza se morrea y fornica pues, bueno, con nadie... con un hombre invisible. Y la verdad es que lo hace jodidamente mal, totalmente anti-natural, pero verla ahí con la boca abierta y la lengua fuera dando un morreo al aire, tiene su morbo. Y pa morbo, el momento fugaz en el que "Mahoney" ¡¡enseña la pilila!!. Tomen nota.
El director del estropicio, Bruce Malmuth, es un personaje bastante interesante. Un año antes había dirigido a Sylvester Stallone en "Los halcones de la noche" y unos después trataría cara a cara con Steven Seagal en "Difícil de matar" y Dolph Lundgren en "Pentathlon". Además el tio era actor y sale en los dos primeros "Karate Kid". Hoy anda más muerto y enterrado que mi bisabuelo.
En fin, "El hombre que nunca estuvo allí" (versión 1983) es una comedia super-mediocre que solo recomendaría a muy nostálgicos y fans de Steve Guttenberg... si es que existe tal cosa.

domingo, 1 de junio de 2008

EL AVIADOR NOCTURNO

Ahora que Stephen King vuelve a estar en primera plana gracias a títulos como la aburrida "1408" o la muy lograda "The Mist", hay que recordar que durante un tiempo, por ahí los noventa, el escritor de Maine había sido relegado a una segunda, puede que tercera, división. Básicamente, el medio televisivo era el único que abrazaba gustosamente cada nueva intención de convertir sus textos en imágenes. No todo lo resultante era basura, ni mucho menos, cosas como "The Langoliers" o "La tormenta del siglo" tenían su qué, luego venían los tochos ("Red Rose") y, directamente, la caca de vaca ("El resplandor" versión caja tonta). Entre todo ese mogollón destaca por méritos propios "El aviador nocturno", o al menos eso creo yo.
Esta es la extraña historia de un siniestro aviador que a medianoche aterriza en pequeños aeropuertos de pueblo y se carga al primer pobre incauto que se le plante delante. Richard Dees, un ultra-misántropo periodista de la prensa más amarilla, es enviado a investigar los crímenes, creándose una especie de conexión mental entre él y el asesino.
En su momento decían que "El Aviador Nocturno" bebía mucho de la entonces influyente moda "Expediente X", y es posible que así sea, pero dado que yo nunca fui seguidor de las aventuras de Mulder y Scully, es algo que no podría certificar. Vale, a la peli le sobra blabla y le falta algo más de cañeta, aunque de haberla hayla gracias a las artes de la KNB Group que se curra unos efectos gore más que solventes.
En general rezuma una atmósfera inquietante que la favorece mucho, incluso cierta falta de lógica que incomoda (de modo positivo). Sin embargo, y para un servidor de ustedes, la idea que se lleva la palma es la de presentar a un vampiro que ¡¡se cree vampiro!!, y tanto es así, que a pesar de estar a mil kilómetros de distancia de la elegancia señorial de Drácula (este es un chupa sangre bastante bruto y feo), insiste en disfrazarse como lo haría Bela Lugosi y llamarse Dwight Renfield, es decir, el nombre del actor que interpretara al apellido (Renfield, el criado del vampiro) en la versión del Drácula encarnado por el mentado Lugosi. Retorcido, ¿eh?. Encima le vemos mear en un urinario público y lo que saca es, cómo no, sangre. Sí amigos, las criaturas de la noche también orinan.
Protagonizada por un seco Miguel Ferrer (el de "Robocop"), con el ex-socio de George Romero, Richard Rubinstein, en tareas de producción y dirigida por el ignoto Mark Pavia (a la peli comentada le seguiría una cosa titulada "Slice", con protagonismo de Michael Berryman, y luego 8 años de silencio), "El aviador nocturno" es una pequeña peli a tener en cuenta por sus generosos atributos... vale, podría ser mejor, pero también, y visto cómo eran las adaptaciones de King en ésa época, mucho peor.