Resulta curioso cómo, siendo jóvenes e inexpertos, tendemos a idealizar a los astros del cine "trash" cuando leemos sobre ellos en las páginas de la prensa especializada. Luego, logramos agenciarnos una de sus películas, y el hostión que le sigue es de órdago. Efectivamente, si son estetas del "trash" más puro y genuino, por algo será. Aún recuerdo cuando tuve acceso a "The Astro Zombies", la película más famosa del infame Ted V. Mikels. Me costó un pastón llevármela a casa en DVD. Durante años había intentado imaginarme cómo sería, pero al verla, el mundo entero se hundió bajo mis pies. Menuuuuuda mieeeerda. Sin embargo, y a pesar de las innumerables decepciones (metan en este pack, variando el grado de desprecio, a Andy Milligan, Al Adamson, Ray Dennis Steckler, Doris Wishman, Santo el enmascarado de plata, Ed Wood Jr.... incluso al pizpireto Herschell Gordon Lewis), uno continúa sintiendo simpatía por esta panda de entrañables perdedores y sus monstruosidades plasmadas en imágenes. Probablemente porque somos unos románticos incurables y no queremos afrontar la cruda realidad. Únicamente eso explicaría que ayer noche me tragara casi entera (tras 53 minutos, tuve que echar mano del imprescindible "fast forward") esta bizarra película de Ted V. Mikels, fechada en el 2005, "Heart of a boy". Pero antes, hagamos un inciso.
Mikels, junto a Steckler, la Wishman, Bruno Mattei o el mismo Jess Franco, pertenece a esa ralea de sub-cineastas que, incapacitados monetariamente para seguir rodando (por aquello de que el celuloide era muy caro), no tardaron nada en subirse al carro del vídeo cuando este pegó fuerte en los 90. Dicho de otro modo, cuando en lugar de vídeo podían llamarlo digital, lo que no deja de ser una gilipollez. "Sí, actualmente trabajo en digital" sueltan todos.... ¡¡NO!!, ¡¡trabajas en vídeo!!, ¿a quién pretendes engañar?. De hecho, Ted V. Mikels, que hasta 1993 había hecho todas sus pelis en 35mm, no solo se subió al carro del vídeo, sino que lo hizo aceptando de una vez por todas la imagen que sus fans tenían de él. Cuando en las revistas se hablaba de "The Astro Zombies" o "The Corpse Grinders", todos nos imaginábamos festivales camp llenos de color, gore, humor, excesos y diversión... para luego ver las pelis y, como decía más arriba, encontrarnos insípidos rollazos cuya única contribución era hacernos bostezar. Ted V. Mikels se creería que era un cineasta respetable y que él hacía películas serias. Sin embargo, ya mayor, decidió que las secuelas tardías de esos dos títulos mentados serían todo aquello que el público esperaba de ellos en su momento y no obtuvieron, festivales gore-camp-autoparódicos y voluntariamente ridículos. Cosas como "Mark of the Astro Zombies", "The Corpse Grinders 2", "Demon Haunt", "2010 Astro Zombies: M3 - Cloned", "The Corpse Grinders 3" (en co-producción con España, nada menos) y muy especialmente "Astro Zombies: M4 - Invaders from Cyberspace" (¡hey!, búsquenme en los créditos finales, salgo por ahí y todo!!) entraban dentro de esta dinámica. Pero en realidad, con todos ellos, Mikels únicamente estaba haciendo business. Es bien sabido que a este extravagante y pintoresco caballero nunca le ha gustado demasiado todo eso del gore y la burrez-porque-sí, tal vez ese fue el motivo por el que, en pleno vendaval de cutre-pelis-chusqueras (tampoco le mola que le etiqueten de "trash"), decidió parir una peli inversalmente opuesta al producto reinante. Sin monstruos, sin truculencia, sin escotes, sin violencia, ni marcianos.... un drama con niño pa todos los públicos. Ideal para que las marujas de media América la vieran con el cleenex en la mano.
"Heart of a boy" (no hay más que ver la carátula) cuenta la historia de un mocoso la mar de cuco y encantador con problemas de corazón. Su abnegada mamá y su entrañable abuelete que tanto le quiere (el mismo Mikels) harán todo lo que esté en su mano con el fin de conseguir la notable cantidad de dineros que le piden los médicos para operarlo y evitar su muerte. Y básicamente en eso se centran los restantes 65 minutos de la peli, en ver cómo sus protas hacen y deshacen para agenciarse la guita. Tras cada logro, hay un fracaso, incluso en un momento dado, al abuelo Mikels le toca la loto, pero unos malandrines le mangan la pasta y... en fin, un cristo. Y hablando de cristo, sorprende la notable carga cristiana que arrastra "Heart of a boy", con constantes intervenciones de un cura y sus monjitas (de tétrico y mal rollero aspecto) y escenas de rezos (¡en castellano!). Casi parece una de esas pútridas pelis pro-cristianas grabadas en vídeo en la américa profunda. No hace falta decir que todo termina bien, los ladrones pagan (a base del CGI más rastrero que puedas imaginar) y el niño es operado, con resultados óptimos. Y especifico lo de "el niño", porque la peli de resultados óptimos, por aquí que te vi.
Ahora imaginaos todo esto pues, ello, en formato vídeo, con sonido de cámara (porque si había micro, que despidan al de la percha), montaje algo patoso... en fin, una auténtica peli amateur en el sentido más extremo de la palabra, parida por un señor que, hace bastantes años atrás, incluso hacía películas de verdad... o que tenían aspecto de serlo. La mayor parte del metraje, como decía arriba, no va de nada, y lo ilustran unas cuantas escenas de Ted Mikels pasándolo en grande con su querido nietecito (que cada dos por tres mira a la cámara), llevándole al parque a pasear, mostrándole trucos de magia (no olvidemos que de joven Mikels fue mago), imaginando cómo ambos visitan el interior de un castillo, etc, etc, etc... con la cámara siempre recreándose en las monadas y cuchifleces del puñetero crío. Está claro que, viejo chocho que ya era en 2005, a Mikels se le caería la fafa (sin doble sentido, hablo de auténtica "ternura otoñal").
Bien mirado, en todo este despipote hay una cosa buena: Las pelis de Mikels modernas son tan jodidamente aburridas como las antiguas, así que podemos decir aquello de "No ha perdido incapacidad alguna y está en plena forma".
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sábado, 15 de septiembre de 2012
sábado, 18 de enero de 2014
ANGEL DE LA VENGANZA
Por lo visto, "Angel de la venganza" / "Angel of vengeance" / "War Cat" nació siendo un proyecto del director "cult" Ray Dennis Steckler quien pidió ayuda logística a su amigo, y compañero de armas en esto del cine chusco, Ted V. Mikels. Pero tras dos únicos días de rodaje, y una bulla con los productores, el asunto pasó a manos del segundo, que finalmente terminó firmándola y enfrentándose de este modo a la que vendría a ser su casi última película real. Y digo "casi" porque luego facturó otra más ("Mission: Killfast") para, pasados algunos años -y tras un experimento en formato corto-, reaparecer convertido en videoasta (hasta ese momento había ido tirando de celuloide... roído, gastado, pero celuloide al fin y al cabo), uno consciente de su legendaria condición y dispuesto a explotarla todo cuanto fuera posible. Mikels dejó de hacer cine "camp" de modo involuntario para facturarlo calculadamente, pensando siempre en satisfacer a su público según lo que creía que este podía esperar/desear de él. Se dedicó a grabar secuelas de sus films más populares ("The astro zombies" y "The corpse grinders") y otras muestras de horror zetoso (salvo marcianas y poco afortunadas excepciones). Una lástima. Por todo ello, y a pesar de los pesares, cuesta mucho no sentir alguna clase de simpatía hacia "Angel de la venganza"... claro que también cuesta mucho sufrirla entera sin dormirse, veamos por qué...
Nadie en su in/sano juicio puede negar que Mikels y cía tuvieron una idea brillante hasta entonces extrañamente no explotada por la competencia, a pesar de lo obvia que resultaba y resulta: coger "Rambo", justo cuando reinaba en la cultura popular, y convertirlo en una tía (que semejantes bestias del cine "trash" -Steckler & Mikels- unieran fuerzas a mediados de los 80 para parir un "rip-off" femenino de "Rambo" hubiese sido materia de sueños húmedos en mis años mozos). Ignoro cómo fue la cosa a nivel económico, pero al César lo que es del César.
Sin embargo, antes de entrar en el terreno de "Rambo", "Angel de la venganza" recuerda a otra película... o a otro subgénero. Veámoslo: Una chica de muy buen ver, morenaza, jamona y, sobre todo, pechugona (cosa esta que sí guarda en común con Sylvester Stallone, ¡chas-pun!), se larga de cabañismo a escribir un libro. En el desierto de al lado vive instalado un especie de comando paramilitar protoparanoíco que pasa las horas esperando una tercera guerra mundial, montando minibatallas con moteros, secuestrando chicas y que van más salidos que una jauría de monos. Los zánganos descubren a la prota haciendo footing y se encaprichan de ella. Tras varios encontronazos, consiguen secuestrarla y violarla en fila india. Vale, hasta aquí la cosa está clara, "La violencia del sexo", "rape & revenge" pero al estilo Ted V. Mikels, osea, muy mojigato. Y no lo digo por decir. En alguna ocasión el baranda ha llegado a comentar lo mucho que le desagradaba la incursión de imágenes reales de cirugía médica en "The undertaker and his pals" (distribuida por él), material este que finalmente extirpó. Y también tenemos el pringoso e inquietante trasfondo cristiano-baboso de "Heart of a boy". ¿Qué significa ello?, pues que todas las escenas de forcejeo carnal son "off camera", o están convenientemente cortadas a tiempo por un fundido. De hecho, no hay ni tetas (y mira que las de la prota, Jannina Poynter, camarera de profesión, pintan jugosas). En la escena del forcejeo, la chica lleva sus partes pudientes perfectamente cubiertas por una sábana. Y tampoco es que todo ese material resulte demasiado desagradable o mal rollero, algo que, a la larga, lo hace incluso más "ofensivo".
Llegados a este punto, la chica pide una oportunidad y se presta para ser perseguida y cazada. Y aquí es donde arranca el rollo "Rambo". Continúa siendo un "rape & revenge", solo que esto último no se consuma a base de cuchilladas o castraciones, sino de metralletas, granadas, bazookas, ropa color caqui y una cinta en el pelo. Nuestra prota monta trampas en las que caen todos y cada uno de sus perseguidores y se permite tímidas muestras de truculencia, como cuando clava unas ramas en los ojos de un pobre diablo o degolla gustosamente al personaje más repulsivo del clan. Aquí es donde Ted V. Mikels hace gala de esa hipocresía y doble moral tan típica de los de su ralea. Sexo no, pero violencia sí. De hecho, y según cuenta él mismo, las secuencias más notorias en ese apartado, por su gratuitidad y pretendida sordidez, no solo fueron una imposición de los productores, sino que señala a Ray Dennis Steckler como directo responsable (lo que no coincide con los datos, según los cuales aquel únicamente dedicó un par de días a rodar con moteros). Todo este material es, además, altamente descojonable y se centra en dos asesinos psicopáticos que parecen haber sido creados únicamente para alargar metraje, ya que su aportación a la narración es mínima. A mitad de peli salen de una armería donde acaban de atracar y matar al dueño, se sientan en su coche y el más cafre exclama: "¡Estoy harto de la maldita ciudad, vamos al campo a respirar aire puro!", el otro suelta un "Seeeeh, yujuuuu!" y ponen rumbo al monte. Allí dejarán un reguero de cadáveres como muestra de su crueldad infinita. Se cargan a una inofensiva pareja de enamorados y a un par de granjeros de mediana edad. Y es este el momento más hilarante de "Angel de la venganza", cuando el más chungo del par, después de acabar con los currantes de la tierra, se detiene ante la jaula de una mamá conejo a punto de parir, esputa el siguiente discurso: "No habéis conocido a vuestro padre, y tampoco conoceréis a vuestra madre" y dispara..."off camera". La moral de cuento de hadas del realizador queda vilmente delatada.
"Angel de la venganza" es PURA Y DURA serie Z. Tosca, cutre y estática, carece de ritmo alguno, y no hay nada más aburrido que una peli de acción sin ritmo. Cuesta soportarla entera, básicamente porque es más mala que el hambre... peeeero, claro, por todo lo expuesto, chorrea encanto y, si te pilla con la actitud adecuada (o un puñado de colegas con ganas de fiesta), hasta puede disfrutarse y todo.
En cuestiones interpretativas, y por raro que parezca, destacan algunos pocos rostros. Por ejemplo, el más reconocible de todos es el de David O'Hara -felizmente aún activo hoy día-, en cuyo curriculum sobresalen por méritos própios "Hard Rock Zombies" y sendos films de.... sí, ese que no podía faltar. Y hablando del rAy de Roma, también este dirigió a Jeffrey C. Hogue, actor, productor y co-guionista de "Angel de la venganza", en un par de joyazas.
No olvidemos a Pierre Agostino y sus patillas. De este señor ya hablamos largo y tendido en otra reseña, pero lo resumiré diciendo que, además de para Mikels (y Castellari), también ha currado en infra-películas de N.G.Mount y, justamente, Ray Dennis Steckler. Y así, con esta estupenda pirueta final, cerramos el círculo y terminamos la reseña. ¡Alehop!.
PD: A la hora de elegir el material ilustrativo, he optado por dos. Un poster yankee no demasiado divulgado extraído de las páginas de mis queridas revistas franchutes y la caratula del VHS español cortesía del amigo Enorm y en la que, como ven, han cambiado el color de pelo de su protagonista. Esta es la que les dejo a continuación (cabe destacar que la ilustración de la parte trasera es un calco de la que lucía la película "The Gladiator" de Abel Ferrara)
Nadie en su in/sano juicio puede negar que Mikels y cía tuvieron una idea brillante hasta entonces extrañamente no explotada por la competencia, a pesar de lo obvia que resultaba y resulta: coger "Rambo", justo cuando reinaba en la cultura popular, y convertirlo en una tía (que semejantes bestias del cine "trash" -Steckler & Mikels- unieran fuerzas a mediados de los 80 para parir un "rip-off" femenino de "Rambo" hubiese sido materia de sueños húmedos en mis años mozos). Ignoro cómo fue la cosa a nivel económico, pero al César lo que es del César.
Sin embargo, antes de entrar en el terreno de "Rambo", "Angel de la venganza" recuerda a otra película... o a otro subgénero. Veámoslo: Una chica de muy buen ver, morenaza, jamona y, sobre todo, pechugona (cosa esta que sí guarda en común con Sylvester Stallone, ¡chas-pun!), se larga de cabañismo a escribir un libro. En el desierto de al lado vive instalado un especie de comando paramilitar protoparanoíco que pasa las horas esperando una tercera guerra mundial, montando minibatallas con moteros, secuestrando chicas y que van más salidos que una jauría de monos. Los zánganos descubren a la prota haciendo footing y se encaprichan de ella. Tras varios encontronazos, consiguen secuestrarla y violarla en fila india. Vale, hasta aquí la cosa está clara, "La violencia del sexo", "rape & revenge" pero al estilo Ted V. Mikels, osea, muy mojigato. Y no lo digo por decir. En alguna ocasión el baranda ha llegado a comentar lo mucho que le desagradaba la incursión de imágenes reales de cirugía médica en "The undertaker and his pals" (distribuida por él), material este que finalmente extirpó. Y también tenemos el pringoso e inquietante trasfondo cristiano-baboso de "Heart of a boy". ¿Qué significa ello?, pues que todas las escenas de forcejeo carnal son "off camera", o están convenientemente cortadas a tiempo por un fundido. De hecho, no hay ni tetas (y mira que las de la prota, Jannina Poynter, camarera de profesión, pintan jugosas). En la escena del forcejeo, la chica lleva sus partes pudientes perfectamente cubiertas por una sábana. Y tampoco es que todo ese material resulte demasiado desagradable o mal rollero, algo que, a la larga, lo hace incluso más "ofensivo".
Llegados a este punto, la chica pide una oportunidad y se presta para ser perseguida y cazada. Y aquí es donde arranca el rollo "Rambo". Continúa siendo un "rape & revenge", solo que esto último no se consuma a base de cuchilladas o castraciones, sino de metralletas, granadas, bazookas, ropa color caqui y una cinta en el pelo. Nuestra prota monta trampas en las que caen todos y cada uno de sus perseguidores y se permite tímidas muestras de truculencia, como cuando clava unas ramas en los ojos de un pobre diablo o degolla gustosamente al personaje más repulsivo del clan. Aquí es donde Ted V. Mikels hace gala de esa hipocresía y doble moral tan típica de los de su ralea. Sexo no, pero violencia sí. De hecho, y según cuenta él mismo, las secuencias más notorias en ese apartado, por su gratuitidad y pretendida sordidez, no solo fueron una imposición de los productores, sino que señala a Ray Dennis Steckler como directo responsable (lo que no coincide con los datos, según los cuales aquel únicamente dedicó un par de días a rodar con moteros). Todo este material es, además, altamente descojonable y se centra en dos asesinos psicopáticos que parecen haber sido creados únicamente para alargar metraje, ya que su aportación a la narración es mínima. A mitad de peli salen de una armería donde acaban de atracar y matar al dueño, se sientan en su coche y el más cafre exclama: "¡Estoy harto de la maldita ciudad, vamos al campo a respirar aire puro!", el otro suelta un "Seeeeh, yujuuuu!" y ponen rumbo al monte. Allí dejarán un reguero de cadáveres como muestra de su crueldad infinita. Se cargan a una inofensiva pareja de enamorados y a un par de granjeros de mediana edad. Y es este el momento más hilarante de "Angel de la venganza", cuando el más chungo del par, después de acabar con los currantes de la tierra, se detiene ante la jaula de una mamá conejo a punto de parir, esputa el siguiente discurso: "No habéis conocido a vuestro padre, y tampoco conoceréis a vuestra madre" y dispara..."off camera". La moral de cuento de hadas del realizador queda vilmente delatada.
"Angel de la venganza" es PURA Y DURA serie Z. Tosca, cutre y estática, carece de ritmo alguno, y no hay nada más aburrido que una peli de acción sin ritmo. Cuesta soportarla entera, básicamente porque es más mala que el hambre... peeeero, claro, por todo lo expuesto, chorrea encanto y, si te pilla con la actitud adecuada (o un puñado de colegas con ganas de fiesta), hasta puede disfrutarse y todo.
En cuestiones interpretativas, y por raro que parezca, destacan algunos pocos rostros. Por ejemplo, el más reconocible de todos es el de David O'Hara -felizmente aún activo hoy día-, en cuyo curriculum sobresalen por méritos própios "Hard Rock Zombies" y sendos films de.... sí, ese que no podía faltar. Y hablando del rAy de Roma, también este dirigió a Jeffrey C. Hogue, actor, productor y co-guionista de "Angel de la venganza", en un par de joyazas.
No olvidemos a Pierre Agostino y sus patillas. De este señor ya hablamos largo y tendido en otra reseña, pero lo resumiré diciendo que, además de para Mikels (y Castellari), también ha currado en infra-películas de N.G.Mount y, justamente, Ray Dennis Steckler. Y así, con esta estupenda pirueta final, cerramos el círculo y terminamos la reseña. ¡Alehop!.
PD: A la hora de elegir el material ilustrativo, he optado por dos. Un poster yankee no demasiado divulgado extraído de las páginas de mis queridas revistas franchutes y la caratula del VHS español cortesía del amigo Enorm y en la que, como ven, han cambiado el color de pelo de su protagonista. Esta es la que les dejo a continuación (cabe destacar que la ilustración de la parte trasera es un calco de la que lucía la película "The Gladiator" de Abel Ferrara)
miércoles, 10 de enero de 2024
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 29: MILLIGAN & MIKELS
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....
Fue un Abril del año 89 cuando, ojeando alegre e inocentemente las páginas de la revista "Impact", me llevé un alegrón de tres pares de cojones. Mis queridos juntaletras franchutes (en especial aquel con el que más me identificaba, Marc Toullec) dedicaban su sección "Chérie B" (normalmente centrada en, como bien indica el nombre, artesanos del bajo o casi nulo presupuesto) a dos titanes que, por entonces, tenía en alta estima: Andy Milligan y Ted V. Mikels, ambos muy recurrentes en este blog. ¿Cómo no iba yo a amar con tanta pasión mis lecturas gabachas? En esos años, salvo "Fangoria", nadie tenía en consideración a semejantes individuos.
La cosa no iba solo de entrevista completa y reciente en el tiempo (a Milligan le quedaban dos escasos años de vida), además lo completaban un porrón de imágenes suculentas, destacando las del viejo y bigotudo Andy tomadas durante el rodaje de una de sus últimas demencias, "Monstrosity".
Aquellas páginas fueron un regalo para mis sentidos, y fuente de inagotable relectura, diccionario castellano-franchute en mano. Ese mismo al que deberán recurrir si les apetece empaparse a fondo con tan magno y fabuloso material. Se recomienda hacer click con el botón izquierdo del ratón sobre cada imagen, acompañado de la tecla CTRL en el teclado, para gozarlo diáfana y ampliamente.
Fue un Abril del año 89 cuando, ojeando alegre e inocentemente las páginas de la revista "Impact", me llevé un alegrón de tres pares de cojones. Mis queridos juntaletras franchutes (en especial aquel con el que más me identificaba, Marc Toullec) dedicaban su sección "Chérie B" (normalmente centrada en, como bien indica el nombre, artesanos del bajo o casi nulo presupuesto) a dos titanes que, por entonces, tenía en alta estima: Andy Milligan y Ted V. Mikels, ambos muy recurrentes en este blog. ¿Cómo no iba yo a amar con tanta pasión mis lecturas gabachas? En esos años, salvo "Fangoria", nadie tenía en consideración a semejantes individuos.
La cosa no iba solo de entrevista completa y reciente en el tiempo (a Milligan le quedaban dos escasos años de vida), además lo completaban un porrón de imágenes suculentas, destacando las del viejo y bigotudo Andy tomadas durante el rodaje de una de sus últimas demencias, "Monstrosity".
Aquellas páginas fueron un regalo para mis sentidos, y fuente de inagotable relectura, diccionario castellano-franchute en mano. Ese mismo al que deberán recurrir si les apetece empaparse a fondo con tan magno y fabuloso material. Se recomienda hacer click con el botón izquierdo del ratón sobre cada imagen, acompañado de la tecla CTRL en el teclado, para gozarlo diáfana y ampliamente.
sábado, 19 de agosto de 2023
THE COMIC
No han sido pocas las veces que en este blog, y otros medios, hemos lamentado la incursión de herramientas digitales en el "séptimo arte". Somos conscientes que, actuando de tal modo, parecemos un par de viejas amargadas y llenas de manías. Pero es que, por mucho que lo intentemos, y por muy abierta que tengamos la mente, los ejemplos que nos van llegando de lo que podría denominarse "cine digital" no hacen más que demostrar lo justificado de dicha tirria. Dejando a un lado todos aquellos jovenzuelos pringadillos con más ansias de autodenominarse "filmmaker" que de facturar algo mínimamente decente o interesante con su jodido móvil, lo más crispante afecta a los veteranos. Directores de cine que activaron sus respectivas carreras en tiempos de celuloide, de un coste mínimo + un empeño máximo, de cuando facturar largometrajes era un pelo, y digo un pelo, más difícil, y no se hacía con la chorra. De cuando la etiqueta "trash" o "mala pero divertida" tenía sentido porque el esfuerzo, tanto humano como creativo, obligaba a dar lo mejor de uno mismo... si lo había. Si no lo había, era ya una cuestión de ADN. Pero desde luego, nada impostado. Dicho de otro modo, los años más "gloriosos" de Ted V Mikels, Doris Wishman, Ray Dennis Steckler, Herschell Gordon Lewis, Jesús Franco o Ulli Lommel. Cineastas que, llegado cierto momento, se quedaron sin montante. Nadie quería prestarles un chavo para llevar adelante sus delirios. Y se vieron obligados al retiro (o al frenazo, caso de Franco). Hasta la nefasta aparición de las herramientas digitales, descubriendo así que, no solo podían volver a hacer películas invirtiendo cantidades irrisorias -incluso facturarlas desde su puta casa, montando con el ordenata-, además eran totalmente libres. Sin dar cuentas a nadie, a ningún productor o distribuidor. Iban a hacer literalmente lo que les diera la santísima gana, demostrando al mundo -por fin- su genialidad. ¡Ouch! fatídico día aquel. Porque muchos de ellos -¿todos?- eran en realidad unos patatas. Siempre lo fueron. Y solo la intervención de un productor que les frenaba los desmanes de ego descontrolado o, por contra, un montador profesional dispuesto a repararles sus muchas cagadas, daban como resultado películas malísimas... pero con encanto, y "algo" que las hacía medianamente digeribles. Bien, la tecnología digital lo mató. Lo destruyó. Defecó en ello.
Lo sé, lo sé, no es esta una teoría muy popular. Pero, oiga, dejémonos de monsergas. Es así. Vale ya de romanticismo barato. Vale ya de dárselas de "cool" por adorar a incapaces con una cámara. Las obras de todos estos señores eran basurilla, lo que hizo la herrumbre digital fue aumentar el pestufo.
Por supuesto estoy hablando de "películas" de naturaleza "exploitation", cuyo fin es hacernos picar a través de un póster y una trama totalmente engañosos/as. Cine comercial en el sentido más puro del término. Destinado a complacer los bajos instintos de una audiencia. Si esos caballeros querían dárselas de artistas y hacerse video-pajas, pues que tuvieran la decencia de no tomar el pelo a nadie, asumiendo su condición "experimentosa" y, por tanto, minoritaria o directamente marginal. Un poco de honestidad, porfaplis.
Y ese es, exactamente, el caso de Richard Driscoll. Británico que debutó como director en el sagrado año 1985 con una cosa rarísima titulada "The Comic". Tras un par de films más, abandonó el cine. No hizo prácticamente nada durante los 90. Retomándolo en los 2000 gracias al despuntar de las nuevas tecnologías. Entonces, se puso a producir frenéticamente auténticas vasuras, con v de vídeo, innombrables e insoportables en su negación. Absolutamente deprimentes. Como esa secuela ilegal de "Grindhouse" titulada "Grindhouse 2wo" en la que una Linnea Quigley dolorosamente patética, situada frente a un croma, horriblemente maquillada de enfermera loca y leyendo muy descaradamente sus frases de una cartulina fuera de foco, introduce historias que no hay quien salve. Cuando los productores del "Grindhouse" original se enteraron, advirtieron a Driscoll que cambiara el título o le caía una demanda, de ahí que luego existiera otra versión (o a-versión) titulada "Grindhouse Nightmares". También tenemos "Eldorado 3D", batiburrillo protagonizado por un alcohólico y muy acabado Michael Madsen (porque resulta que Driscoll es mmmmuuuuyyyy fan de Tarantino, llegando a imitarle y parodiarle obsesivamente) que llevó a su director a la cárcel por evasión de impuestos. Salió un poco antes acompañado de un tío que se vendía como productor. Malas compañías. O compañías de inexplicable origen. Nadie comprende como Driscoll ha logrado, a lo largo de su carrera digital, contar con Peter O´Toole (ya muy maltrecho, y grabado en plan plano fijo + croma), Daryl Hannah, David Carradine, Jeff Fahey, Patrick Bergin, Brigitte Nielsen, Steve Guttenberg, Bill Moseley, Caroline Munro o el genial cómico Rik Mayall. Es decir, sí se comprende porque en la mayoría de los casos son gente que estaba ya muy pocha (de hecho, Moseley vivió una experiencia semejante -o peor!!- con "Mugworth"), y sus papeles se reducen casi a cameos (o a la voz, caso de Christopher Walken, y a saber si no estaba mangada de otro sitio). Pero es que el nivel de Richard Driscoll es TAN BAJO, que incluso estos nombres desentonan. Parece mentira que disponga de películas reales en su filmografía, con cara y ojos, rodadas en celuloide, haciendo gala de cierto esforzado estilismo. Lo que lleva pariendo los últimos años es más propio de un debutante sin muchas luces, ni muchas ideas, que se limita a seguir tendencias como una oveja inculta + descarriada, desesperada por sumar el mayor número posible de "clicks" en las plataformas de rigor, y deben toda su existencia a la economía de lo digital (vamos, un Dustin Ferguson cualquiera).
"The Comic" ya daba pistas de lo que estaba por venir. Driscoll hace gala de una auténtica negación a la hora de contarnos una historia. De entretenernos, darle algo de ritmo y lustre a su epopeya. Viéndola no te enteras de mucho. Y de lo que te enteras, tampoco merece demasiado la pena.
Lo sé, lo sé, no es esta una teoría muy popular. Pero, oiga, dejémonos de monsergas. Es así. Vale ya de romanticismo barato. Vale ya de dárselas de "cool" por adorar a incapaces con una cámara. Las obras de todos estos señores eran basurilla, lo que hizo la herrumbre digital fue aumentar el pestufo.
Por supuesto estoy hablando de "películas" de naturaleza "exploitation", cuyo fin es hacernos picar a través de un póster y una trama totalmente engañosos/as. Cine comercial en el sentido más puro del término. Destinado a complacer los bajos instintos de una audiencia. Si esos caballeros querían dárselas de artistas y hacerse video-pajas, pues que tuvieran la decencia de no tomar el pelo a nadie, asumiendo su condición "experimentosa" y, por tanto, minoritaria o directamente marginal. Un poco de honestidad, porfaplis.
Y ese es, exactamente, el caso de Richard Driscoll. Británico que debutó como director en el sagrado año 1985 con una cosa rarísima titulada "The Comic". Tras un par de films más, abandonó el cine. No hizo prácticamente nada durante los 90. Retomándolo en los 2000 gracias al despuntar de las nuevas tecnologías. Entonces, se puso a producir frenéticamente auténticas vasuras, con v de vídeo, innombrables e insoportables en su negación. Absolutamente deprimentes. Como esa secuela ilegal de "Grindhouse" titulada "Grindhouse 2wo" en la que una Linnea Quigley dolorosamente patética, situada frente a un croma, horriblemente maquillada de enfermera loca y leyendo muy descaradamente sus frases de una cartulina fuera de foco, introduce historias que no hay quien salve. Cuando los productores del "Grindhouse" original se enteraron, advirtieron a Driscoll que cambiara el título o le caía una demanda, de ahí que luego existiera otra versión (o a-versión) titulada "Grindhouse Nightmares". También tenemos "Eldorado 3D", batiburrillo protagonizado por un alcohólico y muy acabado Michael Madsen (porque resulta que Driscoll es mmmmuuuuyyyy fan de Tarantino, llegando a imitarle y parodiarle obsesivamente) que llevó a su director a la cárcel por evasión de impuestos. Salió un poco antes acompañado de un tío que se vendía como productor. Malas compañías. O compañías de inexplicable origen. Nadie comprende como Driscoll ha logrado, a lo largo de su carrera digital, contar con Peter O´Toole (ya muy maltrecho, y grabado en plan plano fijo + croma), Daryl Hannah, David Carradine, Jeff Fahey, Patrick Bergin, Brigitte Nielsen, Steve Guttenberg, Bill Moseley, Caroline Munro o el genial cómico Rik Mayall. Es decir, sí se comprende porque en la mayoría de los casos son gente que estaba ya muy pocha (de hecho, Moseley vivió una experiencia semejante -o peor!!- con "Mugworth"), y sus papeles se reducen casi a cameos (o a la voz, caso de Christopher Walken, y a saber si no estaba mangada de otro sitio). Pero es que el nivel de Richard Driscoll es TAN BAJO, que incluso estos nombres desentonan. Parece mentira que disponga de películas reales en su filmografía, con cara y ojos, rodadas en celuloide, haciendo gala de cierto esforzado estilismo. Lo que lleva pariendo los últimos años es más propio de un debutante sin muchas luces, ni muchas ideas, que se limita a seguir tendencias como una oveja inculta + descarriada, desesperada por sumar el mayor número posible de "clicks" en las plataformas de rigor, y deben toda su existencia a la economía de lo digital (vamos, un Dustin Ferguson cualquiera).
"The Comic" ya daba pistas de lo que estaba por venir. Driscoll hace gala de una auténtica negación a la hora de contarnos una historia. De entretenernos, darle algo de ritmo y lustre a su epopeya. Viéndola no te enteras de mucho. Y de lo que te enteras, tampoco merece demasiado la pena.
Digamos que estamos en un futuro Orwelliano. Hay un cómico de "stand up" que lo peta en los locales de moda. Y luego otro que se muere de envidia. Tanta como para provocar un asesinato. El cómico aspirante se carga al cómico de éxito y le quita el puesto. Afortunadamente algo de talento tiene, por lo que el público le adora y todo comienza a coger mejor color. Aparece una chavala que termina liada con él. Se aman, tanto como para tener una hija. Sin embargo, nos hacen saber que en realidad todo es el plan de una mano oculta para que la pava manipule al protagonista una vez lo tenga bien agarrado. Solo que no procede. Y aquel es detenido por una policía de tintes fascistoides -suponemos que por el asesinato del cómico famoso-, llevado a prisión y torturado. Entonces, la mujer se da a las drogas y la mala vida. Y... er.... ¿¿qué demonios me estás contando??...
De las muchísimas batallitas hilarantes protagonizadas por Richard Driscoll, ahí va mi favorita: Fue invitado a proyectar "The Comic" en una maratón de películas de terror. Llegado su momento, el público presente comenzó a aullar tan mosqueado y con tal fuerza, que el director se vio obligado a detener la proyección y salir por patas con las latas bajo el brazo. En su lugar pusieron "Terroríficamente muertos". No me sorprende lo más mínimo, "The Comic" queda lejos de ser terror. En realidad, es una especie de thriller con ribetes "artys", o de autor, tirando a indigentes. Muy "ochens" -como dicen los modernos- en lo estético (niebla a porrillo, luces de colores...) y en "tics" tan propios de la época como ese especie de video-clip que nos cuelan en medio de la película.
Lo cierto es que muchos de estos "filmmakers" provocan antipatía. Si fuesen seres humanos humildes y sin ínfulas, podríamos incluso disfrutar de sus cagadas audiovisuales por bien intencionadas, simpáticas, apasionadas, etc (por ejemplo, H.G.Lewis. Es cierto que le podía más el vil metal que nada, pero al menos sabía lo que hacía y no se tomaba en serio a sí mismo). Desafortunadamente, la mayoría gastaban un ego que espanta. Les perdía la soberbia. Se creían grandes artistas, genios incomprendidos. Y el caso de Richard Driscoll roza lo tolerable. "The Comic" es hasta pretenciosa. Y eso, cuando el talento está al nivel del cero absoluto, no se perdona. Para muestra, un botón: al concluir el aborto, el tipo da las gracias a aquellos que le ayudaron a finiquitarlo. El tamaño de las letras de su nombre -además subrayado- en comparación a las del mensaje, lo delatan.
De las muchísimas batallitas hilarantes protagonizadas por Richard Driscoll, ahí va mi favorita: Fue invitado a proyectar "The Comic" en una maratón de películas de terror. Llegado su momento, el público presente comenzó a aullar tan mosqueado y con tal fuerza, que el director se vio obligado a detener la proyección y salir por patas con las latas bajo el brazo. En su lugar pusieron "Terroríficamente muertos". No me sorprende lo más mínimo, "The Comic" queda lejos de ser terror. En realidad, es una especie de thriller con ribetes "artys", o de autor, tirando a indigentes. Muy "ochens" -como dicen los modernos- en lo estético (niebla a porrillo, luces de colores...) y en "tics" tan propios de la época como ese especie de video-clip que nos cuelan en medio de la película.
Lo cierto es que muchos de estos "filmmakers" provocan antipatía. Si fuesen seres humanos humildes y sin ínfulas, podríamos incluso disfrutar de sus cagadas audiovisuales por bien intencionadas, simpáticas, apasionadas, etc (por ejemplo, H.G.Lewis. Es cierto que le podía más el vil metal que nada, pero al menos sabía lo que hacía y no se tomaba en serio a sí mismo). Desafortunadamente, la mayoría gastaban un ego que espanta. Les perdía la soberbia. Se creían grandes artistas, genios incomprendidos. Y el caso de Richard Driscoll roza lo tolerable. "The Comic" es hasta pretenciosa. Y eso, cuando el talento está al nivel del cero absoluto, no se perdona. Para muestra, un botón: al concluir el aborto, el tipo da las gracias a aquellos que le ayudaron a finiquitarlo. El tamaño de las letras de su nombre -además subrayado- en comparación a las del mensaje, lo delatan.
sábado, 27 de agosto de 2011
EL ENTERRADOR Y SUS COLEGAS (THE UNDERTAKER AND HIS PALS)
Un clásico de los “grindhouse”, que se pasó la tira de años en cartel en los cines de la famosa calle 42 de Nueva York. Dirigida por (divertido nombre...) T.L.P. Swicegood en 1966 y que no me consta haya vuelto a hacer nada después de esto, salvo algún guión por ahí suelto.
Un enterrador, junto con dos cocineros, se dedica a darle muerte a todo aquél que le toque los cojones y no le deje llevar a cabo sus lucrativos negocios. Como no saben que hacer con los cuerpos, los cocinan y sirven en un restaurante.
La película, ya sea por la época en la que se rodó, o bien por cierta influencia, es muy parecida a las del padrino del gore, Herschell Gordon Lewis, que aunque cuenta con ese color tan característico de la sangre de las películas de esos tiempos, un sadismo fuera de toda duda y una cantidad considerable de sobamiento de vísceras, cercenamientos y cuchillazos, se sitúa bastante por debajo a los delirios de Gordon Lewis, en parte por culpa de algunos gags que no vienen a cuento y un sentido del humor que suaviza totalmente lo retorcido de algunas escenas.
Además, al parecer la versión original incluía materia sanguinolenta genuina sacada de algún documental sobre cirugía. Cuando el legendario exploiter Ted V. Mikels la adquirió para hacer doblete con una película propia, quedó tan horrorizado que metió algunos tijeretazos contundentes, quedando así una versión más light que es la ya considerada oficial.
El enterrador sale poco, pero si sus “pals” (amiguitos), que son una panda de moteros, y acuchillan y desmiembran sin motivo aparente toda suerte de jovencitas en ropa interior. Unos preciosos y mal encuadrados títulos de crédito finales amenizan la fiesta, pero no estamos ante una película lo suficientemente divertida y/o brutal como para que consideremos su visionado. Es bastante coñazo. Con todo, dura una hora, así que... ustedes mismos.
martes, 16 de abril de 2013
VIOLENCIA EN 42ND STREET
Tim Kincaid no necesita presentación en este blog. Hemos reseñado algunas de sus pelis y recientemente le entrevistamos con pocos vistosos resultados. En aquella ocasión, mientras preparaba las preguntas,llegué a la parte en la que hablábamos de uno de sus títulos (no porno) más ignotos, "Riot in 42nd street". Originalmente la cuestión de marras se iniciaba con un "Esta peli es inédita en España", cosa que luego quité para, una vez publicado, acortarla al nivel de la decepcionante escueta respuesta. Suerte que lo hice, porque hubiese quedado como un ignorante. Es decir, como el ignorante que soy. Semanas después, visité la casa de nuestro viejo amigo Pajarillo y, ¿adivinan qué reposaba en el suelo encima de un puñado de cintas de vídeo?, pues sí, "Riot in 42nd street" titulada para la ocasión en su edición hispánica "Violencia en 42nd street" y distribuida sin mucho ahínco por "Five Video" (atención, pregunta: ¿por qué ese título y no "Violencia en la calle 42"?, ¿se imaginan a los típicos palurdos videocluberos de fin de semana intentando leer lo de "cuarentaydónnndddd"?. Supongo que la idea era aproximarse fonéticamente a la franquicia de moda entonces, "Pesadilla en Elm Street", si no, no me lo explico).
Cuando le pregunté por ella a Kincaid, su respuesta fue de lo más preclara y concisa: "Los productores se quedaron sin dinero a mitad de producción. Lo que existía se montó como se pudo y se estrenó en un cine de la calle 42 por unos cuantos días y únicamente por razones fiscales". Lo curioso del caso es que, vista hace menos de 24 horas, no he notado de ninguna manera su caótica gestación. Vale, no soy el más atento de los espectadores, y mucho menos cuando se trata de una ponzoña zetosa... pero, carajo, no sé, en términos generales me ha parecido como cualquier otra peli de Kincaid, solo que menos divertida al no incluir monstruos, mutantes o robots. ¿Quién sale más perjudicado ante tal afirmación, el cineasta o el espectador?, saquen conclusiones.
Un ex-convicto llega a su antiguo barrio. Concretamente al cine donde curraba y en el que mató accidentalmente a un individuo que vendía drogas en plena sesión matinal. El dueño es su padre, y por ahí pulula el hermano, un pandillero que le detesta. Decidido a emprender una nueva vida, convierte el lugar en una sala de fiestas, algo que no sienta nada bien al mafioso que dirige el antro situado justo delante. La cosa se complica tanto que, en la inauguración, los malos se presentan y arrasan con todos, incluido el padre del prota, quien decidirá tomar cartas in the asunto.
Resulta bastante evidente que la caratula daría mucho juego para una de nuestras habituales entradas dedicadas a la materia, ya que nada de lo que aparece en ella está en la peli. De hecho, el protagonista lleva bigote, sí, pero NO es negro. Está claro que "Five Video" robó la imagen de alguna otra peli y ni se molestaron en usar la acuarela correcta para cambiar el tono de piel. La moza de atrás, tan feliciana ella, tampoco sale... aunque sí hay strippers. De hecho, estas son lo más normal y moral de todo el pifostio, ya que "Violencia en 42nd street" va plagada de los habituales integrantes de cualquier lumpen que se jacte de serlo: prostitutas, drogatas, mafiosos, quinquis y/o punkis (Chris McNamee, la crestuda oficial de la época que has visto en "Mutantes en la universidad", "Street Trash" o la misma "Cazador de mutantes" de Kincaid). Incluso la gente normal, de a pie, también es de lo más ruda y mal educada. De hecho, Kincaid se deja las pestañas intentando recrear un ambiente casi apocalíptico donde todo el mundo es desagradable con el prójimo, las putas pegan a sus clientes, los patinadores se matan entre ellos y aquí suelta tacos hasta el apuntador. De lo más forzado, poco natural y, sí, descojonciable. Y es que la famosa calle 42 ya tenía fama de eso, de vertedero donde podías encontrar la peor gentuza, ya fuera en la calle como dentro de los muchos cochambrosos cines dedicados a proyectar las más perniciosas muestras de cine exploitation (y a las pruebas me remito, echa un vistazo a los carteles y marquesinas que aparecen en la peli y podrás encontrarte con títulos tan representativos como "Orgy of the she devils" de Ted V. Mikels, "The gore gore girls" de H.G.Lewis o la tercera parte de "Penitenciaria"). Luego vino no se quién y arrasó con la basura, convirtiendo el lugar en una especie de "paraíso perdido" para todo amante del cine chungo y zetoso, hoy día totalmente mitificado a base de libros, documentales y pelis que lo incluyen en sus tramas. También se le conocía como "The Duce", de ahí la canción final de "Violencia en 42nd street" titulada "Violence in the duce". Interesante, ¿verdad?.
La puñetera peli es puro Tim Kincaid en todos los sentidos. Tosca, patosa, recargada de diálogos, montaje escaso y con un regusto almidonado y altamente precario. Como es de ley, lo mejor lo tenemos en sus ingredientes desacomplejadamente exploitation, es decir, sexo y violencia. Secuencias como cuando la stripper anima a los mirones que la rodean a correrse gustosamente o los entrañables toques gore, que incluyen una jocosa decapitación y un cachivache puntiagudo atravesando un rostro. Aunque seguramente la guinda la ponga la matanza durante la inauguración del local, donde todos los comensales fenecen a balazos y con muy poco estilo (por si no queda claro, nos lo repiten a cámara lenta). Luego tenemos los elementos risibles, que también son muchos, destacando el aspecto de algunos personajes, las poco briosas peleas cuerpo a cuerpo (rodadas casi en plano secuencia, algo muy Kincaid), patéticas actuaciones musicales en la sala de fiestas y un comediante de esos de micrófono que es pa darle de tortas hasta en el DNI (y fallece durante el tiroteo, algo que nos invita a suspirar plácidamente).
"Violencia en 42nd street" es una auténtica cacota. Todas las pelis de Tim Kincaid lo son (y él lo sabe), solo que, como decía, molan más si hay algo de ciencia ficción y terror en la trama. No es el caso que nos ocupa, obvio. Aún así, con un poco de paciencia, un par de amigotes, algo que picar y ganas de reír, podría funcionar.
Y entre tanta podredumbre, un joven Jeff Fahey poniendo caras y posturitas. Quien le iba a decir en aquella época que lograría escapar de los viles tentáculos de la serie Z para, un porrón de años después, y tras unas cuantas pelis de peso, volver a dejarse atrapar y recaer en tan pantanosos terrenos. Trágico y sórdido. Claro que si le aplicamos el sentido de la sordidez de Tim Kincaid, básicamente lo acabamos convirtiendo en una comedia.
Cuando le pregunté por ella a Kincaid, su respuesta fue de lo más preclara y concisa: "Los productores se quedaron sin dinero a mitad de producción. Lo que existía se montó como se pudo y se estrenó en un cine de la calle 42 por unos cuantos días y únicamente por razones fiscales". Lo curioso del caso es que, vista hace menos de 24 horas, no he notado de ninguna manera su caótica gestación. Vale, no soy el más atento de los espectadores, y mucho menos cuando se trata de una ponzoña zetosa... pero, carajo, no sé, en términos generales me ha parecido como cualquier otra peli de Kincaid, solo que menos divertida al no incluir monstruos, mutantes o robots. ¿Quién sale más perjudicado ante tal afirmación, el cineasta o el espectador?, saquen conclusiones.
Un ex-convicto llega a su antiguo barrio. Concretamente al cine donde curraba y en el que mató accidentalmente a un individuo que vendía drogas en plena sesión matinal. El dueño es su padre, y por ahí pulula el hermano, un pandillero que le detesta. Decidido a emprender una nueva vida, convierte el lugar en una sala de fiestas, algo que no sienta nada bien al mafioso que dirige el antro situado justo delante. La cosa se complica tanto que, en la inauguración, los malos se presentan y arrasan con todos, incluido el padre del prota, quien decidirá tomar cartas in the asunto.
Resulta bastante evidente que la caratula daría mucho juego para una de nuestras habituales entradas dedicadas a la materia, ya que nada de lo que aparece en ella está en la peli. De hecho, el protagonista lleva bigote, sí, pero NO es negro. Está claro que "Five Video" robó la imagen de alguna otra peli y ni se molestaron en usar la acuarela correcta para cambiar el tono de piel. La moza de atrás, tan feliciana ella, tampoco sale... aunque sí hay strippers. De hecho, estas son lo más normal y moral de todo el pifostio, ya que "Violencia en 42nd street" va plagada de los habituales integrantes de cualquier lumpen que se jacte de serlo: prostitutas, drogatas, mafiosos, quinquis y/o punkis (Chris McNamee, la crestuda oficial de la época que has visto en "Mutantes en la universidad", "Street Trash" o la misma "Cazador de mutantes" de Kincaid). Incluso la gente normal, de a pie, también es de lo más ruda y mal educada. De hecho, Kincaid se deja las pestañas intentando recrear un ambiente casi apocalíptico donde todo el mundo es desagradable con el prójimo, las putas pegan a sus clientes, los patinadores se matan entre ellos y aquí suelta tacos hasta el apuntador. De lo más forzado, poco natural y, sí, descojonciable. Y es que la famosa calle 42 ya tenía fama de eso, de vertedero donde podías encontrar la peor gentuza, ya fuera en la calle como dentro de los muchos cochambrosos cines dedicados a proyectar las más perniciosas muestras de cine exploitation (y a las pruebas me remito, echa un vistazo a los carteles y marquesinas que aparecen en la peli y podrás encontrarte con títulos tan representativos como "Orgy of the she devils" de Ted V. Mikels, "The gore gore girls" de H.G.Lewis o la tercera parte de "Penitenciaria"). Luego vino no se quién y arrasó con la basura, convirtiendo el lugar en una especie de "paraíso perdido" para todo amante del cine chungo y zetoso, hoy día totalmente mitificado a base de libros, documentales y pelis que lo incluyen en sus tramas. También se le conocía como "The Duce", de ahí la canción final de "Violencia en 42nd street" titulada "Violence in the duce". Interesante, ¿verdad?.
La puñetera peli es puro Tim Kincaid en todos los sentidos. Tosca, patosa, recargada de diálogos, montaje escaso y con un regusto almidonado y altamente precario. Como es de ley, lo mejor lo tenemos en sus ingredientes desacomplejadamente exploitation, es decir, sexo y violencia. Secuencias como cuando la stripper anima a los mirones que la rodean a correrse gustosamente o los entrañables toques gore, que incluyen una jocosa decapitación y un cachivache puntiagudo atravesando un rostro. Aunque seguramente la guinda la ponga la matanza durante la inauguración del local, donde todos los comensales fenecen a balazos y con muy poco estilo (por si no queda claro, nos lo repiten a cámara lenta). Luego tenemos los elementos risibles, que también son muchos, destacando el aspecto de algunos personajes, las poco briosas peleas cuerpo a cuerpo (rodadas casi en plano secuencia, algo muy Kincaid), patéticas actuaciones musicales en la sala de fiestas y un comediante de esos de micrófono que es pa darle de tortas hasta en el DNI (y fallece durante el tiroteo, algo que nos invita a suspirar plácidamente).
"Violencia en 42nd street" es una auténtica cacota. Todas las pelis de Tim Kincaid lo son (y él lo sabe), solo que, como decía, molan más si hay algo de ciencia ficción y terror en la trama. No es el caso que nos ocupa, obvio. Aún así, con un poco de paciencia, un par de amigotes, algo que picar y ganas de reír, podría funcionar.
Y entre tanta podredumbre, un joven Jeff Fahey poniendo caras y posturitas. Quien le iba a decir en aquella época que lograría escapar de los viles tentáculos de la serie Z para, un porrón de años después, y tras unas cuantas pelis de peso, volver a dejarse atrapar y recaer en tan pantanosos terrenos. Trágico y sórdido. Claro que si le aplicamos el sentido de la sordidez de Tim Kincaid, básicamente lo acabamos convirtiendo en una comedia.
martes, 14 de abril de 2020
BLOOD AND FLESH: THE REEL LIFE AND GHASTLY DEATH OF AL ADAMSON
Al Adamson forma parte de esa ralea de "auteurs" surgidos del "exploitation" y el "trash" más visceral donde también encontramos a peña como Ted V. Mikels, Andy Milligan, Herschell Gordon Lewis, Jerry Warren, Ray Dennis Steckler, Edward D. Wood Jr., Doris Wishman, etc, etc. Algunos mejores / más carismáticos que otros pero, en esencia, todos cacota. En mi juventud andaba loco por ellos, leía y leía sin descanso sobre sus hazañas en las páginas del "Fangoria" yanki (con ayuda del respectivo diccionario) y me fascinaban. Luego, pasaba lo que pasaba. Localizabas una de sus películas, la deglutías con fervor y... ¡hostión al canto! El consiguiente dolor variaba en función de la incapacidad del cineasta. Con Adamson puedo decir que la contusión fue mayor que con ninguno. Cercana a la muerte total. Eso ocurrió el día que, entusiasmado y tembloroso, alquilé "Sangre en el castillo de Drácula". Un pestiñazo sin redención. Al cabo de unos años, alguien tuvo la idea de editar en dvd varias de sus pelis, o fue obligado por los extraños designios de la distribución. Entre ellas, la más mítica del pack, "Drácula contra Frankenstein". Aunque dolido y desconfiado, decidí darle una segunda oportunidad. En balde, seguían siendo mierda, sin la más mínima gracia o soterrado encanto. Y así ha sido siempre para mí con respecto al patillero Adamson. Pero ya saben que, en lo que respecta al 99% de los cineastas zetosos, y sus toscas producciones, suele ser más interesante el concepto. O lo que hay detrás. Esa es la razón de que todos los documentales -y biopics- que se les dedican sean tan disfrutables. Incluido "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson", aunque con leves reservas.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.
domingo, 16 de diciembre de 2012
MONSTROSITY
La primera vez que tuve conocimiento del tan legendario como insufrible Andy Milligan fue siendo yo muy chaval a través de las páginas de un viejo número del "Fangoria" americano (y, más concretamente, de la mano de Bill Landis, editor del mítico fanzine "Sleazoid Express"). Recuerdo quedar totalmente fascinado por los carteles de sus películas y algunas de sus declaraciones. Ya tenía otro cineasta bizarro que sumar a mi lista de monstruosidades y sobre el que investigar. Y claro, como suele ocurrir en estos casos, la imagen que me había formado de Andy Milligan distaba bastante de cómo era en realidad. En mi universo, respondía al perfil de realizador de películas zetosas de horror repletas de gore y elementos "camp". De entrada tuve cierta suerte, porque las primeras obras suyas que vi fueron las únicas disponibles en los vídeo-clubs españoles, y que en cierto modo sí encajaban en esa idea preconcebida, hablo de "Sangre" y la mitiquísima "Matanza". Con la llegada de sellos especializados en cine raro y sus correspondientes tiendas, pude acceder a más material perteneciente a su etapa clásica... vamos, la que se suponía mejor, y vi "The Ghastly Ones", "Seeds", "Bloodthirsty Butchers" y la insufrible "The rats are coming, the werewolves are here". ¿Resultado?. Todas una puta mierda insoportable. Fui incrementando mis conocimientos sobre Andy Milligan a la vez que él se iba ganando (post-mortem) una fama de auténtico artista atormentado e incomprendido. Sí, ya, mis cojones. La culpa de semejante gilipollez la tuvo un libro, leído y reseñado en este blog (bueno, y el hecho de que Milligan fuera homosexual, eso siempre aporta una pátina de respetabilidad). Y fue leyendo dicho libro que vi la luz: Durante finales de los 70, pero especialmente en los 80, Andy Milligan vivía medio retirado del cine y con un pie en la indigencia. Fue entonces cuando su imagen se "revalorizó" y, como ha ocurrido con otros estetas de la serie Z primigenia, le salio la oportunidad de retomar sus actividades cinematográficas. Y como buen "exploiter" que era (y no artista), decidió hacer el tipo de películas que él pensaba contentarían a su nueva prole de "fans", ¿y qué clase de supuestos "fans" eran esos?, pues los seguidores del terror y lectores de "Fangoria". A ninguno de ellos le importaban un carajo los melodramas trágicos de la etapa clásica del amigo Andy (ni a mi!!)... esos mismos que ahora incluso son reivindicados por cineastas de prestigio como Nicolas Winding Refn, director de "Drive", y editados en dvd por el "British Film Institute". Los nuevos descubridores de Milligan querían al que quise yo siendo adolescente, es decir, el director de cine "trash"/"camp" especializado en terror y gore. Así pues el caballero comenzó a gestar películas para esa audiencia, que son las que pululan por la década de los 80 y por las que yo equivocadamente comencé, pelis risibles, ridículas pero, por eso mismo, gozables a su manera. ¿Qué pasa?, pues que son muy muy poquitas, y un servidor de ustedes aún no había podido ver la más llamativa de todas, este "Monstrosity" (donde Milligan volvía a currar con la familia de productores rastreros Mishkin, con quienes siempre mantuvo una relación de puro amor/odio). Recuerdo un viejo número de la revista francesa "Impact" que dedicaba un lustroso dossier a dos monstruos del cine chusco, por un lado Ted V. Mikels, y por otro, el colega Milligan. Y dicho reportaje basaba casi todo su contenido visual en el rodaje de, precisamente, "Monstrosity", cuyas fotos se prometían excelentes. Y desde entonces (y os hablo posiblemente de 1989), que andaba "deseando" verla... hasta que hace unas semanas, revoloteando por casa de mi "Conseguidor" personal -Pajarillo- la localicé en dvd (edición yankee, se comprende) y tras vibrar y saltar de alegría, la agarré de los estantes y esperé al momento adecuado para sentarme a verla, dispuesto a tener la más mayor paciencia del mundo mundial, y ese día llegó... ayer."Monstrosity" arranca muy seria ella. Muy seria según el filtro del Andy Milligan de los ochenta (concretamente del 87), pero seria al fin y al cabo. Una panda de matones se dedica a recorrer las calles de la gran manzana y, simplemente, hacer el mal. Matar y destruir. Aquello que se cuelan en casa de la novia del prota, la violan y le meten una paliza (y cómo le ponía a Milligan todo eso!). La chica es ingresada en el hospital y, mientras pasa allí las horas, uno de los asaltantes, disfrazado de médico, se cuela y la asesina... y además se toma muchas molestias, porque pudiendo extrangularla o algo así rápido, le abre el estómago y le saca las tripas en un efecto mejor que de costumbre en el cine del abuelo Andy. El novio entra en cólera y decide vengarla. Y aquí la peli da un absurdo giro y se torna directamente una comedia.
¿Y qué clase de venganza?, pues decide construir un Frankenstein a partir de cadáveres de personas y animales y dotarle de vida para que castigue a los culpables. Lo normal, vamos. Y lo hace con ayuda de un par de colegas tan retrasados como él. La criatura resultante (Haal Borske, habitual del cine de Milligan, juntos en la foto) tiene un aspecto ridículo.... y cuando despierta, se comporta de un modo rídiculo. Peor, patético. Casi de llorar, porque a su "look", y sus maneras de subnormal, hay que añadir el elemento "humor voluntario", nivel escolapio. Total, que el monstruo resulta ser de lo más majo y se niega a matar por mucho que sus creadores intenten motivarle mostrándole carteles de Stallone ("Acorralado") y Schwarzenegger (la maravillosa "Commando"). Lo raro es que, a pesar de su negación, en la escena que sigue le vemos actuar sin problema, cuchillo en mano, cargándose a uno de los integrantes de la banda (o eso creo) que estaban atacando/asesinando a un grupo de punkitos... pero, vamos, tendriáis que ver cual
es el concepto que Andy Milligan tenía de lo que eran punkitos... ¿cómo describirlo sin recurrir de nuevo a ridículo y patético?, mejor lo véis en formato imagen. El caso es que la criatura salva a una de las punkitas, medio retarded ella, y se la lleva a su refugio donde nacerá una infame historia de amor en la que el cineasta básicamente se centrará por completo, casi olvidando el resto de la trama. De hecho, si no me despisté demasiado, o no me perdí del todo, diría que el asesino de la novia del prota no aparece más en toda la peli y, claro, no paga por sus crímenes (a saber, probablemente sería un actor descontento que se largó del miserable rodaje... ahora entiendo la escena que se viste de médico y no se quita la mascarilla en todo el rato). Aún así, el monstruo tiene tiempo de actuar y matar a unos cuantos delincuentes más, en escenas de un gore tercermundista muy clásico del cine de Milligan (los inevitables acuchillamientos de cráneo en los que la víctima sujeta descaradamente el tubo para la sangre o vaya usted a saber qué). Al final, y sin conocer todavía el motivo, uno de los creadores del bicho le da una jeringuilla repleta de dronga a la novia de este, que tras meterse el pico de rigor, la palma. Muy enfadado, el monstruo la emprende a tiros con sus padres y se los carga a todos (y ojo al efecto de la llamarada en la metralleta, ¡de alucine!). Lo mejor para el final. Sentado en un banco junto a una alchólica, el monstruo filosofa sobre la vida... la cámara asciende, enfoca el cielo y, justo cuando esperas el "The End", baja velozmente y vemos cómo entra en cuadro el equipo de rodaje, cómo Haal Borske se quita su disfraz mientras la gente desde sus coches se detiene a mirar con curiosidad. Un brochazo de oro, sin duda, a mi me encantó.Y después de todas estas disquisiciones, viene la parte divertida: Con todo lo mierdosa y bastante aburrida que es "Monstrosity", resulta que se trata de una de las películas más llevaderas y potables de Andy Milligan, una que encaja perfectamente en lo que yo hubiese querido ver después de "Matanza", ahí a finales de los 80, con su "look" ultra-pobre, crudo y tosco, sus necesarias dosis de zetismo y descerebre, sus elementos "camp" y su gore llamativo y resultón. Todo esto sumado a las señas de identidad propias de su autor, es decir: Unos cuantos desenfoques, fotografía oscura, alguna mirada a cámara por parte de unos actores bastante horripilantes (tanto si van en serio como en broma), cadáveres que respiran, trucajes que apestan (el monstruo lleva un ojo falso que, en una secuencia, vemos perfectamente que es de cartulina y se le sale de la cuenca), movimientos de cámara torpes, el celuloide en mal estado víctima de un revelado pobre, el montaje en plan carnicero (y es que Milligan nunca dejó de montar directamente en cámara, incluso si trabajaba en 35mm, por aquello de ahorrarse dineros) o el eterno truco del actor que aparece y desaparece deteniendo la acción para parar de rodar (en este caso, el absurdo personaje de un ángel de la guarda).
Gracias a que por entonces Andy Milligan era ya toda una leyenda, fueron unos cuantos los fans jovenzuelos los que entraron a formar parte del rodaje con las mejores intenciones y que, esencialmente, estaban más dotados de lo habitual para sus responsabilidades, como Rod Matsui, quien se encargó del maquillaje y que tiene un curriculum muy interesante en el que encontramos pelis rodadas en vídeo por él mismo en funciones de director o productor (como "Dark Romances" o "Zombie Party"), o trucajes para títulos bien reconocibles como "Freaked: la disparatada parada de los monstruos", "Semilla Negra" (producción Charles Band), "Carnosaurio" (producción Roger Corman), "El cortador de césped", la sexta de "Pesadilla en Elm Street" o incluso "Quien ama a Gilbert Grape?". Por allí también pululaba en funciones de producción Jimmy McDonough, es decir, el autor del libro sobre Milligan.
Al final de todo se anuncia alegremente un "Monstrosity 2", pero jamás llegó. De hecho, poco más pudo rodar Andy pues la acabó palmando de Sida y desde entonces su leyenda crece y crece. Pero yo, como decía, nunca me tragaré el rollo ese del gran creador bizarro que era... para mi siempre será el cineasta zetoso, incapaz y fácilmente ridiculizable que obras maestras de la infamia como "Matanza" y este "Monstrosity" demuestran que era. Y oiga, así lo prefiero.
sábado, 5 de julio de 2014
HORROR EN EL HOSPITAL
Hablar de "Horror en el hospital" y pasar por alto la trayectoria de su director, Antony Balch, sería un auténtico desperdicio. El individuo merece más que una mención de dos líneas al final del texto y ahora verán por qué.
Antony (que no Anthony) Balch nace en Inglaterra el año 1937. Desde muy jovencito quedó prendado por las películas de terror. Ya adulto, vio como sus apetencias se ampliaban y a su aún bien ferviente amor por el género (incluido el "exploitation" puro) se sumó un notable interés por el cine de arte y ensayo que llegaba desde el extranjero, los "art films" que dicen por allí. No mucho después conoce al legendario autor "beat" William Burroughs y se hacen grandes amigos. De esa relación surge el cortometraje "Towers Open Fire", dirigido por nuestro prota y "escrito" por Burroughs (tras un primer intento coñeramente titulado "William Buys a Parrot", es decir "William compra un loro"), auténtica pieza abstracta de intención provocadora (el propio Balch aparece en ella masturbándose). Decidido a dar salida a las películas más minoritarias y bizarras tras acudir a un pase de "Freaks, la parada de los monstruos" y quedar fascinado, Antony Balch se convierte en distribuidor. La lista de títulos que apadrina son un auténtico muestrario de sus peculiares apetencias: "Vivre sa vie" -de Godard-, "Mouchette" -de Bresson-, "Haxan, la brujería a través de los tiempos", "Invocation of my demon brother" -de Kenneth Anger, de quien también era colega-, "The Corpse Grinders" -cortesía de Ted V. Mikels- o "Supervixens" -Russ Meyer-.
Entre tanto, continúa rodando cortos junto a William Burroughs como "The Cut Ups" (cuyo caótico montaje se inspira en la peculiar técnica inventada por el escritor a base de trocear unas páginas y luego pegarlas aleatoriamente "pa ver qué pasa") o "Bill and Tony". En este periodo Antony Balch se obceca en adaptar a la gran pantalla -y en formato musical- la famosa "El almuerzo desnudo", pero el proyecto se va a pique (en parte por problemas con quien iba a ser su protagonista, ¡Mick Jagger!), así que se anima a debutar en el largometraje comercial con, no podía ser de otra manera, un "SEXploitation" bastante extraño, "Secrets of Sex" (también conocida como "Tales of the bizarre" o "Bizarre" a secas) en la que, además de tetas, uno puede encontrar elementos de terror, de comedia, de espías y vaya usted a saber cuántas cosas más. La pieza es un auténtico éxito, lo que anima a Balch a repetir la experiencia tres años después con "Horror en el hospital" (u "Horror Hospital" en v.o.).
Vista así desde fuera, "Horror en el hospital" parece una peli bastante del montón, pero si te paras a mirarla con detenimiento, descubres que anda plagada de pequeños detalles de lo más estrambóticos. La historia gira en torno a un músico de rock (de notable parecido con Mick Jagger. Tal vez esta "obsesión" corrobore las paranoias del líder de los "Stones" que acusaba a Balch -homosexual orgulloso- de intentar beneficiárselo) que, tras pelearse con su grupo por haberle robado una canción (concretamente se da de yoyas con el cantante travesti), decide desestresarse e irse de viaje. En una revista descubre el anuncio de una empresa que organiza escapadas económicas pensadas únicamente para jóvenes, de ahí que se haga llamar "Vacaciones peludas" (!). El prota acude y se encuentra una oficina medio abandonada en la que un orondo Dennis Price (habitual de Jess Franco) le mira el paquete antes de enviarle a un balneario.
El muchacho coge el tren y allí conoce a una chavalita de lo más mona que, oh casualidad, también va al hospital del horreur para ver a su tía, que curra allí. Tras una llegada de lo más melodramática (gracias a la presencia de unos misteriosos motoristas ataviados de cuero negro), la parejita se enrolla (¡¡qué facilidad!!), lo que nos permite gozar del visionado de un par de tetillas. Medianamente saciadas las libidos, bajan a cenar. Conocen al enano/criado y al resto de pacientes, todos jóvenes, todos pálidos, todos con una fea cicatriz en la frente. Justo entonces se dan de bruces con el verdadero jefe del cotarro, un científico de siniestro aspecto sentado en una silla de ruedas (interpretado por Michael Gough, quien había mostrado su faz en lo más granado del terror británico. Acabaría convertido en el criado de un "Batman" pre-Nolan). A medida que pasen las horas descubrirán que el bandarra es un "mad doctor" con un estrambótico plan, dominar la mente de las jóvenes para poder beneficiárselas a placer. Luego aparece un monstruo deforme hecho de manteca derretida y el novio de una de las lobotomizadas (que en principio iba a interpretar Nicky Henson, entonces futuro "Charles Bind", finalmente sustituido por Kurt Christian). Resulta que el enano se vuelve bueno y ayuda al protagonista a salvar a la chica y a poner un poco de orden.
Uno de los muchos aspectos curiosos de "Horror en el hospital" es su condición de "producto de terror para plateas juveniles", algo a lo que hoy día estamos muy acostumbrados. Pero claro, hablamos de la juventud del año 1973 en Inglaterra, la post-"swinging london"/ post-"hippie", con sus pantalones acampanados, sus medio-greñas, sus patillacas, sus camisetas ceñidas de colores y su actitud pasota/enrollada. Eso, mezclado con pinceladas del "típico" horror gótico de aquellos lares y condimentado con todo el erotismo y el gore que uno podía filmar sin acabar en la cárcel (los malos disponen de un automóvil con enormes y afiladas cuchillas que asoman por los lados y sirven para decapitar a todo aquel que intenta huir, cosa que hacen en más de una ocasión). Todo ello bien resuelto técnica y narrativamente... dentro de lo que cabe. Las peleas son algo patosas, la mayoría se suceden en plano general, sin cortes, y lo que vemos no dista mucho de un combate en la arena de una guardería. También curiosa es la escena en la que el enano practica ingeniería improvisada con dos cuerpos humanos a fin de alcanzar el pestillo de una puerta. ¿Era necesario que nos comiéramos todo el proceso enterito y sin aligerar?, no, pero también es parte de la gracia. Cierto que Balch a ratos nos sirve algunos toques humorísticos, pero por suerte no son muchos, ni se notan, ni traspasan.
Resumiendo, que "Horror en el hospital" es una película bastante alocada, lo suficientemente exótica para la época y para justificar la personalidad de su director (por lo visto muy vital, jovial y excéntrica). La primera vez que la vi -hace un porrón de años- no me gustó nada. Pero el otro día, más predispuesto, la disfruté bastante, tuve paciencia con las partes más flojas y sonreí afectuosamente con el resto. Dejémoslo en simpática.
Por lo visto funcionó estupendamente bien en las taquillas (en Italia se estrenó como "Diario prohibido de un colegio femenino", nada menos), por lo que Antony Balch hervía en deseos de hacer realidad sus nuevos proyectos, como otra de terror o la comedia "The sex life of Adolph Hitler" (!). Desafortunadamente no pudo llevarlas a término. Le fue diagnosticado cáncer de estómago y falleció el año 1980 con tan solo 42 primaveras. Una gran pérdida, ¡a saber qué podría haber hecho el muchacho en los desmelenados ochentas!.
En el 2005 el artista/rarito/retarded Genesis P. Orridge (de los grupos "Throbbing Gristle" y "Psychic TV") se hace con material no utilizado por Balch en sus colaboraciones con Burroughs y, usando la misma técnica del cut-up, se saca de la manga una cosita titulada "Ghost at No. 9". Y a modo completista, comentar que este mismo año ha sido editado en Francia un libro sobre la trayectoria de nuestro homenajeado, de extenso y florido título ("Guerilla Conditions: La Folle Epopee Cinematographique D'Antony Balch Avec William Burroughs, Richard Gordon, Et Tous Les Autres") con introducción de, nada menos, ¡¡Norman J. Warren!!, uno de los jefes del "exploitation" británico clásico (suya es la simpática "Inseminoid") y amigo del interfecto.
Lástima que entienda mejor el inglés que el franchute.
Antony (que no Anthony) Balch nace en Inglaterra el año 1937. Desde muy jovencito quedó prendado por las películas de terror. Ya adulto, vio como sus apetencias se ampliaban y a su aún bien ferviente amor por el género (incluido el "exploitation" puro) se sumó un notable interés por el cine de arte y ensayo que llegaba desde el extranjero, los "art films" que dicen por allí. No mucho después conoce al legendario autor "beat" William Burroughs y se hacen grandes amigos. De esa relación surge el cortometraje "Towers Open Fire", dirigido por nuestro prota y "escrito" por Burroughs (tras un primer intento coñeramente titulado "William Buys a Parrot", es decir "William compra un loro"), auténtica pieza abstracta de intención provocadora (el propio Balch aparece en ella masturbándose). Decidido a dar salida a las películas más minoritarias y bizarras tras acudir a un pase de "Freaks, la parada de los monstruos" y quedar fascinado, Antony Balch se convierte en distribuidor. La lista de títulos que apadrina son un auténtico muestrario de sus peculiares apetencias: "Vivre sa vie" -de Godard-, "Mouchette" -de Bresson-, "Haxan, la brujería a través de los tiempos", "Invocation of my demon brother" -de Kenneth Anger, de quien también era colega-, "The Corpse Grinders" -cortesía de Ted V. Mikels- o "Supervixens" -Russ Meyer-.
Entre tanto, continúa rodando cortos junto a William Burroughs como "The Cut Ups" (cuyo caótico montaje se inspira en la peculiar técnica inventada por el escritor a base de trocear unas páginas y luego pegarlas aleatoriamente "pa ver qué pasa") o "Bill and Tony". En este periodo Antony Balch se obceca en adaptar a la gran pantalla -y en formato musical- la famosa "El almuerzo desnudo", pero el proyecto se va a pique (en parte por problemas con quien iba a ser su protagonista, ¡Mick Jagger!), así que se anima a debutar en el largometraje comercial con, no podía ser de otra manera, un "SEXploitation" bastante extraño, "Secrets of Sex" (también conocida como "Tales of the bizarre" o "Bizarre" a secas) en la que, además de tetas, uno puede encontrar elementos de terror, de comedia, de espías y vaya usted a saber cuántas cosas más. La pieza es un auténtico éxito, lo que anima a Balch a repetir la experiencia tres años después con "Horror en el hospital" (u "Horror Hospital" en v.o.).
Vista así desde fuera, "Horror en el hospital" parece una peli bastante del montón, pero si te paras a mirarla con detenimiento, descubres que anda plagada de pequeños detalles de lo más estrambóticos. La historia gira en torno a un músico de rock (de notable parecido con Mick Jagger. Tal vez esta "obsesión" corrobore las paranoias del líder de los "Stones" que acusaba a Balch -homosexual orgulloso- de intentar beneficiárselo) que, tras pelearse con su grupo por haberle robado una canción (concretamente se da de yoyas con el cantante travesti), decide desestresarse e irse de viaje. En una revista descubre el anuncio de una empresa que organiza escapadas económicas pensadas únicamente para jóvenes, de ahí que se haga llamar "Vacaciones peludas" (!). El prota acude y se encuentra una oficina medio abandonada en la que un orondo Dennis Price (habitual de Jess Franco) le mira el paquete antes de enviarle a un balneario.
El muchacho coge el tren y allí conoce a una chavalita de lo más mona que, oh casualidad, también va al hospital del horreur para ver a su tía, que curra allí. Tras una llegada de lo más melodramática (gracias a la presencia de unos misteriosos motoristas ataviados de cuero negro), la parejita se enrolla (¡¡qué facilidad!!), lo que nos permite gozar del visionado de un par de tetillas. Medianamente saciadas las libidos, bajan a cenar. Conocen al enano/criado y al resto de pacientes, todos jóvenes, todos pálidos, todos con una fea cicatriz en la frente. Justo entonces se dan de bruces con el verdadero jefe del cotarro, un científico de siniestro aspecto sentado en una silla de ruedas (interpretado por Michael Gough, quien había mostrado su faz en lo más granado del terror británico. Acabaría convertido en el criado de un "Batman" pre-Nolan). A medida que pasen las horas descubrirán que el bandarra es un "mad doctor" con un estrambótico plan, dominar la mente de las jóvenes para poder beneficiárselas a placer. Luego aparece un monstruo deforme hecho de manteca derretida y el novio de una de las lobotomizadas (que en principio iba a interpretar Nicky Henson, entonces futuro "Charles Bind", finalmente sustituido por Kurt Christian). Resulta que el enano se vuelve bueno y ayuda al protagonista a salvar a la chica y a poner un poco de orden.
Uno de los muchos aspectos curiosos de "Horror en el hospital" es su condición de "producto de terror para plateas juveniles", algo a lo que hoy día estamos muy acostumbrados. Pero claro, hablamos de la juventud del año 1973 en Inglaterra, la post-"swinging london"/ post-"hippie", con sus pantalones acampanados, sus medio-greñas, sus patillacas, sus camisetas ceñidas de colores y su actitud pasota/enrollada. Eso, mezclado con pinceladas del "típico" horror gótico de aquellos lares y condimentado con todo el erotismo y el gore que uno podía filmar sin acabar en la cárcel (los malos disponen de un automóvil con enormes y afiladas cuchillas que asoman por los lados y sirven para decapitar a todo aquel que intenta huir, cosa que hacen en más de una ocasión). Todo ello bien resuelto técnica y narrativamente... dentro de lo que cabe. Las peleas son algo patosas, la mayoría se suceden en plano general, sin cortes, y lo que vemos no dista mucho de un combate en la arena de una guardería. También curiosa es la escena en la que el enano practica ingeniería improvisada con dos cuerpos humanos a fin de alcanzar el pestillo de una puerta. ¿Era necesario que nos comiéramos todo el proceso enterito y sin aligerar?, no, pero también es parte de la gracia. Cierto que Balch a ratos nos sirve algunos toques humorísticos, pero por suerte no son muchos, ni se notan, ni traspasan.
Resumiendo, que "Horror en el hospital" es una película bastante alocada, lo suficientemente exótica para la época y para justificar la personalidad de su director (por lo visto muy vital, jovial y excéntrica). La primera vez que la vi -hace un porrón de años- no me gustó nada. Pero el otro día, más predispuesto, la disfruté bastante, tuve paciencia con las partes más flojas y sonreí afectuosamente con el resto. Dejémoslo en simpática.
Por lo visto funcionó estupendamente bien en las taquillas (en Italia se estrenó como "Diario prohibido de un colegio femenino", nada menos), por lo que Antony Balch hervía en deseos de hacer realidad sus nuevos proyectos, como otra de terror o la comedia "The sex life of Adolph Hitler" (!). Desafortunadamente no pudo llevarlas a término. Le fue diagnosticado cáncer de estómago y falleció el año 1980 con tan solo 42 primaveras. Una gran pérdida, ¡a saber qué podría haber hecho el muchacho en los desmelenados ochentas!.
En el 2005 el artista/rarito/retarded Genesis P. Orridge (de los grupos "Throbbing Gristle" y "Psychic TV") se hace con material no utilizado por Balch en sus colaboraciones con Burroughs y, usando la misma técnica del cut-up, se saca de la manga una cosita titulada "Ghost at No. 9". Y a modo completista, comentar que este mismo año ha sido editado en Francia un libro sobre la trayectoria de nuestro homenajeado, de extenso y florido título ("Guerilla Conditions: La Folle Epopee Cinematographique D'Antony Balch Avec William Burroughs, Richard Gordon, Et Tous Les Autres") con introducción de, nada menos, ¡¡Norman J. Warren!!, uno de los jefes del "exploitation" británico clásico (suya es la simpática "Inseminoid") y amigo del interfecto.
Lástima que entienda mejor el inglés que el franchute.
miércoles, 17 de enero de 2024
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 30: SUBPRODUCTOS YANKIS (PART FIVE, FINDLAY)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....
Tras dedicarle una entrada a dos mostros del exploitation con pene, es decir, Andy Milligan y Ted V.Mikels, toca proceder con otro de idéntica categoría. La diferencia es que este luce vagina (y por tanto muta a "esta"). Estoy hablando, cómo no, de Roberta Findlay. Una cineasta que casi supera en deshumanización, interés crematístico, oportunismo, desfachatez y ausencia total de escrúpulos a los arriba mentados, y al resto del gremio al completo. Su historia es apasionante. Desde sus años como pareja de Michael Findlay pariendo roñas desalmadas, pasando por la época dedicada al porno, hasta su reciclaje en "horror filmmaker". Y cuando la biografía de un creador supera en interés a su obra, vamos mal.
No obstante, la providencia ha querido que rejuntara sendo material visual extraído de su filmografía más ochentera. Se hacía pues necesario dedicarle la siguiente galería...
Tras dedicarle una entrada a dos mostros del exploitation con pene, es decir, Andy Milligan y Ted V.Mikels, toca proceder con otro de idéntica categoría. La diferencia es que este luce vagina (y por tanto muta a "esta"). Estoy hablando, cómo no, de Roberta Findlay. Una cineasta que casi supera en deshumanización, interés crematístico, oportunismo, desfachatez y ausencia total de escrúpulos a los arriba mentados, y al resto del gremio al completo. Su historia es apasionante. Desde sus años como pareja de Michael Findlay pariendo roñas desalmadas, pasando por la época dedicada al porno, hasta su reciclaje en "horror filmmaker". Y cuando la biografía de un creador supera en interés a su obra, vamos mal.
No obstante, la providencia ha querido que rejuntara sendo material visual extraído de su filmografía más ochentera. Se hacía pues necesario dedicarle la siguiente galería...
Todas estas imágenes forman parte de "El Oráculo", dirigida por Doña Findlay en 1985. Tenemos un monstruito verde de lo más cutre (en el film se supone la alucinación de un individuo), una prostituta reventada a cuchillazos (y, una vez más, nos ofusca que blogger permita publicarlo pero censure materia sexy) y la cabeza arrancada de cuajo por unas manos monstruosas a un pobre baranda. ¿Me he dejado una? efectivamente, la de la tía -sí, es una dama- con el rostro hecho puré. Pero hay una razón para ello, se trata de una anécdota nostálgica que he explicado chorromil veces. Si no la conocen y desean "saber más", acudan aquí. Casi resulta perturbador que una chunguez como "El Oráculo" marcara tanto mi juventud.
Lo cierto es que, en su día, este blog contó con una reseña de la interfecta. Y, además, tirando a positiva. Me hice con el VHS, la vi tras años desde mi último intento y, muy sorprendentemente, me gustó. De ahí que le dedicara unas letras bien intencionadas. Cuando decidí programarla en la Maratón de Cine de Terror de Cotxeres de Sants del 2015 reincidí y, esta vez, la encontré insoportable, lo que me obligó a retirar la mentada reseña, publicándola -con leves variaciones- de modo exclusivo en papel, concretamente el "AVT" de la misma Marató que, muy alegremente, pueden descargarse aquí.
Estas otras imágenes pertenecen a una de las películas de Roberta Findlay mejor distribuidas en España, gracias a que fue "Lauren Video Hogar" quien se encargó de acarrearla, "Sombras Diabólicas" ("Lurkers" en v.o. Igual que el famoso grupo punk) de 1987. Lo cierto es que creo recordar haberla intentado consumir, sin llegar al desenlace. Vamos, que sería un pestiñaco de mucho cuidao. De momento, quédense con la copla de que el maquillaje del tipo deforme fue obra y gracia de uno de mis héroes, Ed French.
lunes, 6 de enero de 2014
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (39): ASOMANDO A LO LOCO Y CON LA CARA DEL OTRO (O EL DÍA DESPUÉS DEL DÍA DESPUÉS)
Considerada un clásico menor del fantástico de los ochenta, "Muertos y enterrados" es una de esas pelis que conmigo no terminaron de conectar. Es decir, me gusta, me parece buena, pero no pierdo el ano por ella. Ni tan siquiera la tengo entre mis posesiones, ni en vídeo, ni en dvd, ni en nada (aunque, ahora que escribo esto, igual ha llegado el momento de darle una nueva oportunidad, quien sabe cómo me sentará en estos tiempos en los que soy ya una vieja nostálgica). Sea como fuere, está claro que tampoco necesita presentación.
Dirigida el año 1981 por Gary Sherman en su momento de mayor inspiración (suyas también son la desaprovechadísima "Subumanos", "La jauría del vicio", "Se busca vivo o muerto" o "Poltergeist 3"), venía escrita por el siempre valioso Dan O´Bannon acompañado de Ronald Shusett, responsables del libreto de "Alien, el octavo pasajero", lo que le fue de perlas a los productores a la hora de venderla (aunque, a decir verdad, es O´Bannon el que tecleó el guión del clásico de Ridley Scott, Shusett solo aportó la "story". Curiosamente, no mucho después de "Muertos y enterrados" se estrenó "Terror final", que se valía de la misma treta promocional aunque, paradójicamente, en ese caso O´Bannon no estaba implicado). La historia giraba en torno a un pueblo costero en el que los turistas morían de modo bien truculento en manos de sus habitantes para, poco después, reaparecer aparentemente vivitos y coleando, como si nada hubiese pasado. El sheriff investigaba el caso y se llevaba el susto de su vida. Sí, queridos, "Muertos y enterrados" era una peli de zombies, solo que algo distintos a aquellos con los que últimamente nos dan tanto la chapa.
No hace falta decir que uno de los varios hallazgos del film era su inquietante poster. Tan bien les quedó que en seguida le salieron imitadores de esos que tanto nos gustan en este blog. Veamos un notorio ejemplo...
"El día después del juicio final" ("The aftermath" en v.o.) es una película que no he tenido el placer de gozar y tras leer a fondo sobre ella, ya me muero de ganas (¿alguna alma caritativa que me quiera digitalizar este Beta -préstamo de Mr.Pajarillo- y cuyo nick comienza con la letra E?, ejem...). Por lo visto estamos ante una epopeya post-nuclear rodada el año 1978 pero que no cobró vida de modo oficial hasta 1983. Cuenta la historia de unos astronautas que, tras la misión espacial de rigor, llegan a una tierra sacudida por una reciente guerra atómica. Las calles están infestadas de moteros malvados o mutantes cuyo fin es joder la vida a los pocos supervivientes que quedan. Pues sí, digamos que estamos ante una mezcla de "El planeta de los simios", "Mad Max" (que no "Mad Max 2", fechada un año después del rodaje de la comentada), algo de "El último hombre vivo" y la no menos popular "Defcon-4"... ¿o no?, en realidad más bien sería al revés, porque esta última se hizo en 1985.
Según testigos, se trata de una candidata ideal para una improbable segunda parte de nuestro pest-seller. Vamos, que de tan chunga, está la mar de divertida, algo a lo que supongo ayudarán sus notables dosis de gore y violencia. Como a nosotros nos gusta. Completan el cuadro un puñado de nombres bien interesantes, tales que Sid Haig haciendo de jefe de los moteros belicosos, Forrest J. Ackerman, Jim Danforth (en realidad su especialidad son los trucajes visuales, de animación y derivados. Has gozado de su labor en títulos tan reconocibles como "El maravilloso mundo de los hermanos Grimm", "Equinox", "Dark Star", "Las aventuras de Flesh Gordon", "Cavernícola", "Creepshow", "La historia interminable", "The Stuff", "Commando", "El día de los muertos", "El príncipe de las tinieblas", "El mago de la velocidad y el tiempo", el octavo "Viernes 13" y... en fin, paro ya que me entusiasmo) o el clásico Dick Miller. En tareas de co-producción, sin acreditar, encontramos nada menos que a Ted V. Mikels. Entre el gentío de técnicos de efectos especiales (donde también figura Danforth) están Robert y Dennis Skotak, que terminarían implicados en las pelis más gordas de James Cameron. El director, co-guionista y protagonista es Steve Barkett, quien en funciones actoriles se ha dejado ver en un puñado de chusqueces de... ¡oh, no, tu otra vez!, Fred Olen Ray. Como director solo tiene otra peli más sin aparente desperdicio, "Empire of the dark", en la que un detective que persigue a un asesino da con un culto satánico de otra dimensión por el que pululan monstruos y ninjas (y es que Richard Harrison está en el reparto, algo que aclararía mucho este último punto)... ¿¿es coña??, casi parece "El anticristo 2" de Germán Monzó. Sonaba tan marciana que he buscado más info y, aunque no he leído otras referencias a los monstruos y los ninjas, la peli sí existe. ¡¡Yo quiero!! (finalmente la conseguí y AQUÍ tienen la respectiva reseña).
Pero no nos vayamos por los cérros de Úbeda, coño, que aquí hemos venido a hablar de la caratula. De la parte delantera no hay mucho que decir, es evidente que la inspiración del ilustrador ha sido "Muertos y enterrados", pero al menos se tomó la molestia de parir su propia versión, alterando un poco el original. Sin embago, para la parte trasera no se lo curraron tanto. Es fácil deducir -por el título español de la comentada y también por época- que esa imagen tan bien parida del muchacho mirando al hongo atómico seguramente pertenezca al famoso y traumático telefilm de Nicholas Meyer "El día después". ¿Seguramente?, no solo sería un dato evidente es que, encima, buscando información de esta, he dado con lo que sigue...
Y que si la pones después de la imagen extraída de la caratula de "El día después del jucio final", obtienes esto:
La secuencia completa de la huida del muchacho casi como si fuera un libro de esos que llaman "flip".
Es otra de las muchas grandezas de caratuleo chungo. Además de divertir, sorprender, emocionar e, incluso, indignar, te proporciona material para el ocio y las manualidades.
¡Lo que aprende uno en esta vida!
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