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miércoles, 5 de noviembre de 2008

UN VAMPIRO PARA DOS

Andaba yo detrás de esta película desde que supe que existía hará ahora un par de años. Y es que el cine Español, de los 80 hacia atrás, me gusta mucho, máxime cuando tenemos a Pedro Lazaga dirigiendo, a Fernán Gómez haciendo de vampiro y a López Vázquez y Gracita Morales en los roles protagonistas. Nada es más agradecido de ver a las tres de la mañana que una vieja película Española.
Pero este "Vampiro para dos" no os creáis que me ha funcionado mucho.
Un matrimonio, pluriempleado él, en turno de noche ella, decide emigrar a Alemania con el fin de poderse ver más a menudo, puesto que con sus actuales empleos tienen que comunicarse mediante carta en su propia casa. Una vez en Alemania, encuentran trabajo de criados en la mansión de un tipo que resulta ser un vampiro.
Una peli muy simple para lucimiento de la pareja protagonista, tan de moda en los 60. Pero veréis, argumentalmente me parece una estupidez, de las mas flojas de Lazaga y de la pareja protagonista, pero está dirigida, iluminada y ambientada con maestría. Y pocas veces me dejo seducir por elementos técnicos en una película, pero esta vez, no se porque, es lo único que me ha llamado un poquillo la atención. Los títulos de crédito comienzan con una panorámica de la puerta del sol, dando paso a un plano secuencia cámara al hombro por el metro de Madrid que me ha molado mucho. Curiosamente, planos comunes se van entrelazando con planos inverosímiles, lo que no es muy normal para una peli de estas características. Y eso está muy bien, lástima que el resto sea una chuminada muy tonta.
No obstante, hay una escena en la que el vampiro baja a la calle con el fin de hincarle el diente a una jovencita y, al no conseguirlo, acude a la farmacia a que le vendan plasma sanguíneo, que es clavado, clavado a lo que sucedía en un episodio de la serie anime "Don Dracula", de la que soy fan. Supongo que son cosas de la casualidad, pero si no fuera por lo improbable que resulta, se podría decir que los japos plagiaron la película.
Los actores están todos maravillosos, como de costumbre. Lo chungo es lo siguiente: Si teníamos personal tan cojonudo en los años 50, 60, 70 y 80... ¿cómo es posible que nuestros actores actuales sean todos peor que malos? ¿Una maldición quizás?
Por otro lado, la primera parte está rodada en exteriores de Madrid muy reconocibles, y pocas cosas me gustan mas que ver mi ciudad tal y como era en las películas antiguas.
O sea, digamos que, como he dicho al principio, la peli no me ha funcionado mucho... aunque he pasado un buen ratillo viéndola. Contradictorio pero real.

martes, 21 de octubre de 2008

NOSFERATU, ESE HUMORISTA

En mi periplo por paisajes Draculianos no podía faltar su hermano bastardo. Y no, no hablo del Conde Yorga... ni de Blackula... sino de aquel que existió únicamente con el fin de evitar el azote legal de la señora de Stoker. Hablo del Conde Orlok, más conocido como Nosferatu.
La saga la componen, más o menos, cuatro films. El original de Murnau, el remake de Werner Herzog, la secuela de este y, también, "La sombra del vampiro", el "biopic" sobre el rodaje del film original. De todas ellas, decidí tragarme la uno, la dos y la cuatro. De la tres paso mucho. Y he llegado a la conclusión de que el Conde Orlok, o el Dracula con alopecia, es ante todo carne de stand-up comedy. Vamos, que me he reído en todas sus encarnaciones... por eso las he reunido en un mismo texto. Así que, vayamos por partes.
La de Murnau: Negar que el cine realizado en los años 20 no es entrañablemente gracioso, sería propio de un puto esnob saturado de tópicos académicos. Con esa facha y esos caretos, es imposible que el Orlok primigenio no despierte una sonrisa. ¿La peli?, hombre, es lo que es... si la miras con esos ojos, estamos ante un clásico imborrable, si la miras con los de ahora, se convierte en un coñazo insoportable.
El Nosferatu de Herzog: Después de lo aburridísima que encontré "Fitzcarraldo", me daba pánico enfrentarme a otro trabajo del insufrible Herzog... pero en este caso, dada su afiliación no solo al género vampírico, sino al terror, decidí hacer un esfuerzo. Bueno, no ha sido tan duro.
El "Nosferatu" del amigo Werner es soportable, aunque al mismo tiempo hilarante. No pude evitar reír durante algunos pasajes tan propios de esa clase de cine como las escenas en las que los habitantes de la ciudad donde se desarrolla el drama se vuelven medio tarumbas. La comida en un patio infestado de ratas supongo que pretende ser Buñueliano, pero en su esencia resulta cómico. Como cómica es la simple idea de adentrar un cuento de horror como el de Drácula en el pomposo y pedante terreno del arte y ensayo Europeo de los 70. Kinski está ridículo a la par que muy logrado. Y el final es chocantemente más propio del cine Hollywoodiense.
El Van Helsing despistado y escéptico que, en un minuto, decide creer y actuar es también un descojono. Pero para descojono el niño con el violín que, sin venir a cuento, aparece en el castillo del vampiro cuando menos te lo esperas (será una obsesión pedófila de Herzog, ya que también hay niños con violines en "Fitzcarraldo").
La Sombra del Vampiro: Esta es una peli francamente extraña. ¿Se trata de una comedia?. Su idea de base da para el humor, pero ¿es este intencionado?, frases como la que el vampiro suelta comparando su hábito alimenticio con el mear de un anciano (a veces de golpe, otras gota tras gota) es inevitablemente descojonable. No sé. El caso es que, si pretende hacer reír, nunca lo evidencia del todo, y eso también está muy bien. El punto de partida es curioso: Max Schreck es el actor que daba vida al Conde Orlok en el film de Murnau. Por su inquietante aspecto y su ignota procedencia, se forjaron muchas leyendas en torno a él, y una de ellas es la que presupone que, simplemente, se trata de un chupa-sangre genuino. De eso va "La sombra del vampiro", de que el cineasta germano ficha a un vampiro para que interprete a un actor que interpreta a un vampiro (tal y como el mismo cuenta en la peli).
E. Elias Merhige fue fichado en tareas de dirección porque había demostrado saber cómo recrear muy bien la estética del cine mudo en su aburrida, pero curiosa, "Begotten". Nicolas Cage es uno de los productores. Yo la vi en el Festival de Sitges y la peña se partía de risa cuando el vampiro reacciona a ciertas salidas de tono con movimientos propios de Chiquito de la Calzada. No llega a 90 minutos, lo que la convierte en la más entretenida y amena del pack.

lunes, 2 de febrero de 2015

EL RETORNO DE LOS VAMPIROS

El director de esta mierda que nos ocupa José María Zabalza, además de alcohólico, es también uno de los peores directores de nuestro cine. Mira que teníamos directores inútiles, pero Zabalza, se llevaba la palma. Parece mentira que un director tan rematadamente malo pudiera dirigir (borracho) tantísimas películas.
Mas que por su trayectoria, Zabalza es popular –además de por borracho y por cruzar la pista de baile de una discoteca simulando que nadaba- por ser el responsable de una de las películas más zarrapastrosas de Paul Naschy, “La furia del hombre lobo” de la que, dicen, su sobrino de 13 años escribió algunos diálogos y en la que, además de aprovechar metraje de la anterior “La marca del hombre lobo", vemos como el licántropo cambia de ropa de un plano a otro ¡en la misma escena!. Aunque por otro lado, la mujer lobo antagonista que nos ofrece esta película y con la que Naschy pelea, es de lo más sugestiva y acertada, pero bueno, eso sería otra historia.
La mierda que nos ocupa cuenta la historia de una pareja de amantes que se citan en un apartamento para follar. Él está casado y  a ella parece asquearle el cuadro que tienen ahí de “Saturno devorando a su hijo”. Tras media hora de conversaciones intrascendentes de pareja, esta resulta ser una vampiro, que acto seguido le muerde a él. Esto le cabrea mucho y la muele a palos hasta desfigurarla y matarla. Se tira otro rato largo bajando el cadáver de la vampiro  a la basura y cuando sube al apartamento, ella está allí viva y se ponen a charlar como si tal cosa. A partir de entonces, la película se vuelve un pifostio incomprensible en el que no sabes si es que esto es una tomadura de pelo, o es que hay saltos temporales o es que simplemente es así de chunga. Vamos, que a partir de ese momento no se sabe que cojones pasa y además, él también se convierte en vampiro y la muerde a ella, entre otras muchas incomprensibles cosas.
Siempre utilizo la expresión “Verla para creerla”. En esta ocasión diré que, con esta, por más que la veas, no terminas de creértela. Tan mala que parece una broma. Inenarrable. Y sin gracia, lo que la convierte en una cosa única. Y si la película es para paladares finos, huelga decir, que lo realmente interesante es la historia que hay detrás y por lo que realmente es famosa esta película;  Concebida con el título  de “El retorno de los vampiros”, la película se rodó con tres cámaras en el corto espacio de tiempo de ¡Un día! Con lo que se entiende perfectamente el desbarajuste, el que casi toda ella esté rodada en un piso, que sea tan coñazo y que parezca que están improvisando todo el rato. Estarían, efectivamente, improvisando. De hecho, su protagonista, Simón Andreu, cuenta que ese método de trabajo era inusual, pero no desconocido, ya que en televisión se trabajaba de esa manera. El caso es que la película es tan mala, que no pudo conseguir licencia de distribución en 1972 hasta 13 años después, consiguiendo esa licencia en 1985 bajo el título de “El misterio de Cynthia Baird”, pero estrenándose directamente en vídeo bajo el título de rodaje, es decir “El retorno de los vampiros”. Un desbarajuste del que he leído de todo, todo confuso y llego a la conclusión de que debió ser como lo estoy explicando.
Por si todo esto fuera poco, se cuenta que los diez primeros minutos de película se velaron, pero que igualmente los incluyeron en la película (¡). Para aprovechar esos minutos, intercalaron estos momentos en negro con escenas nuevamente filmadas en las que los protagonistas apagan la luz y continúan hablando de sus cosas con la luz apagada, solución totalmente estúpida porque ¡no había sonido directo y tenían que doblar los diálogos! Con lo que esa solución se me escapa a todo entendimiento.
Todo esto que les cuento es harto interesante e insta a ver la película, pero han de saber, que pese a esto, la película es lo más insoportable que se puede uno echar a la cara. Lo que está muy bien en un producto de estas características. Si fuera divertida, no sería la gran mierda que hoy es. ¡Años deseando verla, para esto! En cualquier caso, para mí, el que sea insufrible es un valor añadido.
En resumidas cuentas: Se trata de una película de una hora y poco en la que la pareja protagonista habla y habla sobre gilipolleces y, mientras, se convierten en vampiro, mueren, vuelven a convertirse, se atacan entre ellos y al final sale otra pareja más madura que pone la guinda a una de las películas más insoportables que he visto en mi vida.
Junto a Simón “Hagoloquemeechen” Andreu, tenemos a Susan Taff (“El jorobado de la Morgue”, “Habla, mudita”) como su amante, María Salerno (“Play boy en paro”, “Le llamaban J.R”) como su esposa cornuda y Guillermo Méndez (“Un Vampiro para dos”, “Vivir en Sevilla”).
Zabalza rodó muchísimas ponzoñas, pero es popular por esta y por la de Naschy.
Una pasada el saber que existen este tipo de productos. Y verlos… aunque verlos sea otra cosa.

sábado, 30 de mayo de 2026

SANGRE PARA DRÁCULA

Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la hicieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía hacer algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.

viernes, 14 de mayo de 2021

APRENDIZ DE VAMPIRO

“Teen Wolf” era una pequeña —y efectiva— película de serie B que logró trascender más allá de los circuitos marginales, primero, porque el protagonista era un Michael J. Fox a punto de convertirse en mega estrella mundial gracias a “Regreso al futuro” (lo que benefició a esta) y, segundo, porque la película no estaba nada mal. Por otro lado, se trataba de un pequeño homenaje postmoderno a aquellos títulos de serie B de los años 50 en los que los adolescentes se convertían en alguna suerte de monstruo. Las más populares, “I was a teenage Werewolf”, “How to make a Monster” o “Yo fui un Frankenstein adolescente”.
Por supuesto, y en esa línea, a “Teen Wolf” le comenzarían a salir, sobre todo para ser explotados en videoclubes, sus oportunos expolios e imitaciones que cambiando el monstruo por aquello de abaratar costes según qué producción, pasaban a la posteridad con más pena que gloria, siendo estas películas, quizás, los últimos ramalazos de una "serie B/Z" genuina que no volvería nunca más —si acaso, impostada durante las dos últimas décadas—. De este modo (y en la rama vampírica del asunto), a títulos como “Yo compré una moto vampiro”, “Cazador de Vampiros”o “El Vampiro adolescente” se le suma esta “Aprendiz de Vampiro” cuyo título americano, “Teen Vamp”, ratifica todo esto que les digo.
Se trata de una producción verdaderamente cochambrosa rodada en 16 mm. por un tal Samuel Bradford. Bradford, tan solo  dirigió en su carrera esta película para, después, ser uno de los guionistas de la segunda parte (algo bastarda) de una vieja película de perritos titulada “Fieles hasta la muerte”, y desaparecer del mundo del cine sin dejar rastro. Sin embargo, en su película “Aprendiz de Vampiro” ya demostraba tener un ego  desmesurado plasmando su labor como director con su propia rúbrica superpuesta en los créditos, como si se tratara del mismísimo Samuel Goldwing…algunos empiezan la casa por el techo. Porque además la película es lo más insípido que hay.
Cuenta la historia de un  adolescente de aspecto bastante desagradable que tras una serie de fracasos amorosos, decide contratar los servicios de una prostituta. Esta puta resulta ser una vampiro que le muerde, por lo que nuestro protagonista se convertirá en uno de ellos y utilizará sus nuevas cualidades para medrar y ligar con las chicas. De este modo, se sucederán  las —supuestamente— disparatadas situaciones cómicas que propiciarán que el vampiro adolescente acabe mordiendo a unos cuantos en su camino, cuando no, pasarlas canutas en momentos en los que las chicas le piden expresamente ser mordidas.
Una tontería sin mayor importancia cuyos atisbos terroríficos no funcionan del mismo modo que tampoco lo hacen los cómicos (a no ser, los dos o tres momentos en los que toda comedia presente es involuntaria y, dentro de los cuales, resulta hilarante el encontronazo de nuestro protagonista, ya convertido en vampiro, con un negro…). Estéticamente, puede resultar curiosa, máxime cuando el grano del 16 mm, su crudeza, lo cutre de algunos encuadres sumado a la ambientación en los años 50, además de la selección de canciones utilizadas para ilustrar todo eso, recuerdan ligeramente al John Waters de la primera etapa, más concretamente al de “Cosa de hembras”, pero mucho me temo que este posible parecido, más que deudor o con afán de homenaje, se antoja puramente casual y todos los parecidos con la obra de Waters no son más que pura coincidencia. Una vez sabido esto, todo lo demás en la película, como les digo, no tiene la más mínima importancia.
Dentro del desangelado reparto compuesto en su mayoría de actores de tercera y aficionados, contamos con la presencia asimismo desangelada de un Clu Gulager que tras aparecer en “El regreso de los muertos vivientes”, acepta papeles en tanta "serie B" como le ofrecen, siendo esta intervención como el reverendo, una de las más tristes de cuantas hizo.
En “Aprendiz de Vampiro”, la estética, el 16 mm y el rollete amateuroide que se gasta mola bastante… pero es que, todo lo demás, es una verdadera mierda.
La película fue distribuida en nuestro país en formato alquiler por la Dister. Y no debieron poner en circulación demasiadas copias, porque no era una de las películas más habituales en las estanterías.

viernes, 14 de mayo de 2010

EL CIRCO DE LOS EXTRAÑOS

Basada en los tres primeros libros de la saga "Cirque du freak", "El circo de los extraños" pretende convertirse en prospera saga cinematográfica al estilo "Harry Potter" o "Percy Jackson". Aunque en España, cuyo estreno está previsto para el 16 de Julio, a juzgar por el maravilloso dvdrip doblado al castellano que desde hace ya un tiempo rula en la red, dudo mucho que el público se acerque a las salas… aunque deberían hacerlo, pues realmente merece la pena.
Yo no soy en absoluto devoto de las películas épicas de corte fantástico concebidas para un publico infantil / adolescente, al contrario, sería mas bien un gran detractor, de hecho, de saber la génesis de esta película, la opción natural es que me hubiera negado a verla. Pero al descubrirla, no me enteré de que iba la vaina, y como uno de los protas es John C. Reilly, me la puse, puesto que me llamaba un poco la atención.
Y descubro una película de vampiros que rompe casi todos los tópicos, de planteamiento infantil, sí, pero tratado con una seriedad pasmosa muy de agradecer, amén de todo el espectáculo que contiene.
Un par de amigos reciben un flyer de un circo de monstruos que ha llegado a la ciudad y acuden a verlo. Allí, uno de los chavales reconoce a uno de los freaks como un vampiro de los libros, así que, descontento con su existencia (sin amigos, padre desaparecido y madre alcohólica) le pide por favor que le convierta en chupasangre. El vampiro se niega en rotundo, así que rabioso el chaval le amenaza con que un día volverá y le matará. Sin embargo a su amigo, de vida mas bien acomodada, por equis cuestiones decide convertirlo, con todo lo que ello comporta, incluido un aficionado al vampirismo y al vampiranismo (es mejor que veáis la peli para comprender esto) que quiere desatar una guerra entre ambas razas, puesto que aunque siempre han estado batallando, llevan 100 años de tregua.
Si obviamos el (un pelín nada más) repelentismo de los dos adolescentes protagonistas, nos encontramos una peli plagada de buenos actores, todos ellos en su salsa, por eso, tenemos ahí a John C. Reilly en el papel de vampiro, Ken Watanabe como el lider de los freaks, Salma Hayek como la mujer barbuda, Willem Dafoe, como otro vampiro, un recuperado Orlando Jones como hombre costilla y un irreconocible Ray Stevenson como villano antológico. Con un reparto como este, la diversión está asegurada.
Yo definiría "El circo de los extraños" como impecable, ya que todo en ellas es bueno; a nivel interpretativo, en el factor entretenimiento (imposible aburrirse), efectos especiales… todo. Vamos, que se la mete por el culo a "Harry Potter" y además le hace sangre. Quizás no tienen nada que ver, pero la comparación se me antoja obvia.
Dirige el cotarro Paul Waitz, machaca que demostró que la cosa no se le da nada mal en pelis como "American Pie", "Un niño grande" o "American Dreamz".
Muy, muy recomendable, lo mejor que nos va a ofrecer la cartelera veraniega.

viernes, 1 de abril de 2022

SOMBRAS TRÁGICAS ¿VAMPIROS?

Concebida como alternativa al cine de estudios y de manera casi independiente, “Sombras trágicas, ¿Vampiros?” es un pequeño clásico de la serie B más resultona y entrañable de los años 30, ejecutada por la Majestic Pictures, compañía pequeñita de bajos presupuestos que se ganó una buena fama gracias a que, según los historiadores, conseguían facturar con dos duros películas de calidad no muy inferior a la de los estudios.
Rodada justo en un periodo en el que el código Hayes todavía no operaba al 100% y se podía juguetear ligeramente con la violencia o el sexo, se trata de una peliculita de terror un tanto escabrosa en torno al vampirismo que, pese a lo austero de lo que nos propone y la ingenuidad con la que trata el tema, deja en el espectador un buen sabor de boca.
En un pueblecito comienzan a sucederse una serie de asesinatos cuya principal característica es que, cada cadáver, posee dos marcas en el cuello como si fuera la mordedura de algún animal. Por supuesto, los habitantes creen que los asesinatos son obra de un vampiro, sin embargo, el inspector de policía de la zona, más cabal, piensa que en realidad son obra de un hombre, que los vampiros no existen. El pueblo se dividirá en los dos correspondientes bandos. Durante el trasiego pagarán justos por pecadores, linchando a un pobre contrahecho y retrasado mental —que se parece a Leonardo Di Caprio— al que le gusta jugar con murciélagos. El desenlace resulta totalmente enloquecido.
“Sombras trágicas, ¿Vampiros?” asimismo es una temprana muestra del más feroz exploitation, ya que nace con la idea de estrenarse deprisa y corriendo para aprovechar el tirón mediático de una película ya rodada. Se había estrenado con gran éxito “El doctor X” según Michael Curtiz, con protagonismo de Lionel Atwill y Fay Wrey —la eterna novia de King Kong, y una de las primeras scream queen del cine de terror primigenio— que eran la pareja de actores del momento. Justo entonces, se finiquita la nueva producción de Warner, “Los crímenes del museo” con Atwill y Wrey también como protagonistas. Debido a su gran presupuesto, la postproducción se prolonga varios meses. Majestic Pictures, consciente de esto, decidió contratar los servicios actorales de Atwill y Wrey con la idea de rodar una película de terror a toda velocidad y estrenarla antes que “Los crímenes del museo” De esta manera, conseguirían beneficios en taquilla aprovechándose de la publicidad previa que se le estaba haciendo a los actores y a su película para Warner.
Por otro lado, Majestic Pictures había alquilado, por muy poco dinero, los decorados ya utilizados de otras grandes películas de estudio, por lo que “Sombras trágicas, ¿Vampiros?” se rodó en los sets de “El doctor Frankenstein” y “El caserón de las sombras” de James Whale. Con eso, y con el caché de los actores, que no aparecían tanto tiempo en pantalla en “Sombras trágicas, ¿Vampiros?” como en los títulos de estudio, la Majestic se sacó de la manga una película que no parecía para nada tener carencias. Además, consiguió estrenarse casi un mes antes que “Los crímenes del museo”, por lo que la jugada les salió bien, y resultó ser rentable.
Sin embargo, pese a su apariencia lujosa no deja de ser una película en la que priman las escenas de diálogo, lo que puede resultar algo cansino.
Del mismo modo, y con la idea de ofrecer a los espectadores algo espectacular, en una escena en la que los habitantes del pueblo buscan al personaje contrahecho para lincharle, estos portan antorchas encendidas. El negativo de esa escena fue coloreado a mano de tal manera que, en los cines en los que se proyectó, el fuego se veía rojo incandescente, lo que resultaba un efecto impactante y novedoso. Con las distintas ediciones videográficas posteriores y la remasterización de los negativos, en DVD podemos ver ese mismo efecto tratado infográficamente, para que nos hagamos a la idea de cómo se veía aquello en los cines.
El director contratado para llevar a buen puerto este exploit sería Frank Strayer, artesano de la serie B de la época que facturaba entre cinco y seis películas al año, quien por pocos dólares supo sacar adelante, no solo films de terror, sino también comedias de todo tipo, siendo además el responsable de la mayoría de las títulos de “Blondie”, una serie de films que adaptaban las aventuras de una mujer rubia en una popular tira cómica. Llegó a dirigir la friolera de doce películas del personaje.
Curiosamente, “Sombras Trágicas, ¿Vampiros?” como podrán imaginar por el graciosísimo título español, se estrenó en cines en nuestro país, pero de eso hace tantísimos años que el Ministerio de Cultura no ha podido estimar un número preciso de espectadores en su momento.

lunes, 21 de noviembre de 2011

LA PASION DE UN MORDISCO

Pocas cosas me producen más júbilo y alegría, que encontrar una nueva película de Germán Monzó. Son jodidas de localizar, pero poco a poco, van cayendo.
En esta ocasión, me topo con una que el "realizador" Catalán, rodó bajo encargo para saciar los apetitos cinéfilos de los Japoneses que ven la televisión a altas horas de la madrugada.
LA PASIÓN DE UN MORDISCO (aunque según la caratula, también podríamos llamara LA PASIÓN DEL VAMPIRO. Al gusto del espectador, vaya) es altamente nociva para los sentidos. Como cualquier cosa de Monzó a fin de cuentas. Obviamente, siendo este un engendro de los de "para mear y no echar gota", y estando rodado en vídeo -lo que agiliza la edición- no llega a los niveles de delirio y descerebre de MAGIC LONDON (ver en el libro "Malas pero divertidas"), pero para nada deja indiferente.
Monzó, con unos años detrás de la cámara a sus espaladas, en 2001 continúa siendo un individuo absolutamente negado a la hora de facturar películas. Consigue algo parecido a una, pero le falta un pelín para llegar a serlo. ¿La sinopsis? No la hay. ¿Que se pensaban? ¡estamos hablando de Monzó! pero ocurre que una parejita, medio chinilla ella (Susana Monzó, hija del propio director), palurdo al que le gusta exhibirse gratuitamente en el arte del manejo del Nunchaku él, se van de picnic al campo. En este, ella desaparece, reapareciendo en un extraño castillo donde un tal Alexander (Germán Monzó, ataviado muy malamente), una especie de Conde Drácula al que le gusta hacer bailecitos de aquellos de la nobleza antigua, vampiriza a nuestra protagonista, con la pasión de un mordisco. Por otro lado, tenemos a un curilla, que sin explicación lógica que echarnos a la cara, resulta ser el antepasado de Fray "Nosecuantos, nosequepollas", que cuando fue seducido por una furcia natatoria, se dedicó a matar vampiros y ahora se dedicará a hacer las veces de Van Helsing con problemas de melanina. Así que.... no pasa nada más. Fascinante.
LA PASIÓN DE UN MORDISCO, básicamente, es una película en la que la gente entra, dice dos líneas de diálogo, y se marchan por donde han venido. ¡En serio!, si dura unos 70 minutos, media hora son planos de transición totalmente gratuitos, que ayudan a Monzó a completar un largo que no es capaz de hacer con un poco de coherencia y al que le cuesta llegar a un mínimo de duración.
Por si eso no fuera suficiente, y, quizás pensando que el espectador es tonto, Monzó se dedica a colarnos una y otra vez las mismas escenas a base de flashbacks, ya sean dentro de un mal sueño, recordando, o porque le sale de los huevos. Hay la de una vampira apuñalada por la espalda que vemos completa ¡tres veces! También tenemos por ahí un hombre lobo no del todo mal hecho, que aparece de la nada con un primer plano, pasa a asesinar a los incautos, siempre fuera de cámara, y a los pocos minutos de metraje deja de aparecer con la misma facilidad. Absoluta incapacidad... ¿O tal vez dejadez? Por no hablar de los actores. Monzó cuenta con la presencia de su hija y una serie de cholillos que completan el reparto, vestidos de época en las escenas de bailecito que organiza el colega Drácula. Solo verlos causa, al menos, regocijo. Y en temas de diálogos... Supongamos que Monzó sabe escribir guiones. Conocemos EL PODER DE LA VENGANZA y MAGIC LONDON. Bien, pues aquellos libretos con diálogos besuguiles que parecían escritos por un pequeño aspirante a retrasado mental, son obras maestras literarias comparadas con los de este despropósito.
Efectivamente, es la peor de las películas de Monzó (a falta de ver KIBRIS, LA LEY DEL EQUILIBRIO y alguna más, que al igual que esta, están inéditas), con diferencia, lo cual ya la pone a otra categoría que es la de "malas que son malas y directamente no se pueden ver". Con todo, siempre es estimulante y divertido visionar y coleccionar joyas ignotas como esta, que hay que tener un par de cojones para enfrentarse a ellas dejando a un lado el mando a distancia, haciendo del bostezo un nuevo deporte de contacto que reivindicamos. Y encantados de la vida, Señora.

jueves, 14 de agosto de 2008

RECTUMA

Resulta difícil no ser fan, o cuanto menos curioso seguidor, del singular Mark Pirro. Un tipo que se hizo popular gracias a varios largometrajes finiquitados en Super 8 y comercializados con toda normalidad, cuya productora responde al nombre de "Pirromount", que se ha especializado en la comedia descerebrada y grosera y que suele bautizar a sus creaciones con títulos como "Un vampiro Polaco en Burbank", "La maldición del maricalobo" o "La colonia nudista de la muerte" (esta musical, para más señas) no puede pasar inadvertido, y mucho menos en este blog.
Después de varias -y no muy afortunadas- experiencias rodando en 35 mm para otros (a pesar de que una de las pelis resultantes, "Usted primero, por favor", sea un divertimento muy muy recomendable. Por cierto, la protagonista femenina de esta, y su personaje, hacen un cameo en la misma "Rectuma"), Mark Pirro decidió volver al terreno de lo independiente (además de verdad) recurriendo a las nuevas tecnologías, es decir, vídeo digital y el PC para editar. Aunque el primer experimento se tituló "Color-Blinded", la coña no alcanzaría su cénit hasta que el cineasta se atrevió con la peli que ahora comento, "Rectuma", una parodia del cine nipón de monstruos gigantes con la peculiaridad de que, en lugar de un lagarto mutado o una babosa colosal, nos encontramos ante un culo... sí, un culo, igual que el que ahora mismo aplastas con el peso de tu cuerpo.
Todo empieza cuando el prota de la historia es violado por una rana (¿?¿?) durante un viaje turístico a México con su esposa, quien, como le confiesa, prefiere "Un negro con una gran picha" y solo sueña con matarlo. Dolorido, nuestro héroe decide acudir a varios especialistas (entre ellos, el mismo Mark Pirro), hasta que un científico japonés cuyo ayudante va caracterizado como la criatura de "The Mad Monster", le introduce una barrita de titanio por el bul (¿?¿?). Ello provocará que este se despegue del cuerpo de su dueño y comience a matar (rociando de mierda a sus víctimas, claro), a la par que crece de tamaño.
Delirante es poco. Toda la peli es un despropósito continuo, cuya mayor baza reside en una serie de personajes totalmente dementes. Una detective obsesionada con Jodie Foster (a la que se parece mucho) que no cesa de imitarla y no soporta la visión de un trasero. Un especialista en atrapar bichos gigantes de origen Japonés, mal doblado de modo expreso (igual que hacían los americanos con las viejas pelis de "Godzilla") y que convence a un pseudo-Osama Bin Laden para que se introduzca en el culo gigante y lo haga estallar (!!!), dos asiáticas que, como ocurría en las películas de "Mothra", canturrean y van narrando la historia a base de letras absurdas.... y la lista sigue, y sigue. Un menú aderezado con humor muy de bajo vientre y, sí, tácticas propias del "spoof".
Todo ello grabado en vídeo (por mucho que Pirro intente darle un look de cine), cámara al hombro y echando mano de unos efectos especiales francamente hiper-cutres, pero que casan muy bien con la propuesta y su misma demencia. Para algunos, que el cineasta pasara de trabajos más profesionales, y mejor acabados, hechos en formato estandard a hacer estas locuras en cinta magnética y de aspecto tan amateur podría ser algo malo. Pero para mi, es todo lo contrario. Admiro esa valentía, y más teniendo en cuenta que lo motiva algo tan lúcido y respetable como el querer recuperar la independencia perdida.
Merece la pena adentrarse en el mundo del Sr.Pirro, merece la pena visitar a fondo http://www.pirromount.com/

lunes, 31 de octubre de 2022

KILLER BARBYS VS. DRÁCULA

Perteneciente a la etapa que más me gusta de Jess Franco —la última, la de vídeo— “Killer Barbys Vs. Drácula” sería uno de los títulos que mejor captan en lo que se convertiría el director una vez llegados al nuevo milenio y, al mismo tiempo, la película que mejor condensa todos los vicios y virtudes de Jesús Franco. Si hubiera que proyectar a algún neófito una de sus películas en vídeo y mostrar su decadencia, “Killer Barbys Vs. Drácula” sería ideal para que comprendiera esta etapa del director que dista de las anteriores porque ahora tiene carta blanca para experimentar más y, si me apuran, incluso para ser más chapuzas. Con el vídeo todo son ventajas.
Como fuere, aquí tenemos una segunda incursión de The Killer Barbies en el universo franquiano en el que tanto Silvia Supestar como sus músicos no son más que un mero adorno. Están como podían muy bien no estar y la película seguiría siendo la misma. Además que no tiene mucho sentido porque si la anterior película, “Killer Barbys”, aparece en un momento en el que, por moda (los temibles 90), se reivindicaba el cine chungo porque la gente de "Subterfuge Records" quería ir de enrollada y colgarse una medallita recuperando a Jesús Franco, para 2002, año en el que se rodó esta secuela, el posible interés que podían suscitar tanto de The Killer Barbies como Jess Franco era 
ya residual.
La cosa, sin un argumento lineal o coherente, ya que la película entera es un ir y venir de personajes al más puro estilo vodevilesco —pero sin demasiado vodevil— cuenta la historia de The Killer Barbies que ¿actúan? ¿ensayan? en las instalaciones del Tivoli World, un mítico parque de atracciones malagueño (ya cerrado). En ese mismo parque se encuentra un individuo que dice ser Drácula, siendo desacreditado cuando de repente se persona la directora de turismo de Transilvania con un ataúd que contiene la momia —muy bien conservada— del verdadero Drácula. Basta que The Killer Barbies se pongan a tocar para que, gracias a su ritmo, el vampiro despierte de su letargo y vaya mordisqueando a todo bicho viviente con el que se topa, sin que la luz natural sea un impedimento en su devenir, reflejándose los rayos de sol en la sudorosa calva de Enrique Sarasola, actor que da vida a Drácula con mucho ímpetu. Luego, distintas y demenciales subtramas se abren, sin que ninguna llegue a su desenlace. Aunque importa tres pitos que lleguen o no…
El caso es que no tenía yo a esta película entre mis favoritas del director, huelga decir que es infame, malísima, sin embargo es tan tonta, descerebrada y loca, que tras un reciente visionado, y habiendo visto auténticos bodrios insufribles dentro de la época vídeo de Franco, lo cierto es que con esta te ríes y, si me apuran, puedo llegar a decir que está entre las tres o cuatro más entretenidas. Ojo, no digo entre las tres o cuatro mejores, sino más graciosas.
Para esta majadería de Franco, entran en co-producción hispano-germana, Jacinto Santos y Carster Frank, habitual actor de Marian Dora, cabeza visible del cine extremo alemán y perpetrador de salvajadas varias con esa troupe, que aquí no solo pone sus dineros e infraestructura al servicio de Jess, sino que nos regala un papel secundario de corte cómico dándole la réplica a Dan Van Hussen, mítica figura de los espagueti western que interpreta a una suerte de Van Helsing ciego que resulta ser lo más divertido del sarao. Más divertido aún en la versión doblada al castellano de la misma, ya que, supongo que por capricho, le dobla el propio Jess Franco con su soniquete inconfundible y, claro, si a eso le añadimos el hecho de que todo el doblaje es una cutrez de narices, no pega, por lo que es difícil que el espectador al reconocerlo no suelte aunque sea una carcajada.
Del mismo modo “Killer Barbys Vs. Drácula” supondría el último papel en un largo para Aldo Sambrell, igual de mítico que Van Hussen y por los mismos motivos, interpretando al gerente del parque de atracciones que está enamorado de Silvia Superstar, esta no le corresponde y, en consecuencia, le llama puta. Sambrell además canturrea canciones de pirata en el mismo escenario del que no se bajan The Killer Barbies, con un coro de señoritas que se parten el ojete ante las cancioncillas que entona. Todo muy gratuito y sin venir a cuento.
El resto del nutridísimo reparto lo componen rostros habituales en la filmografía del tío Jess como puedan ser los de la eterna Lina Romay, Katja Bienert, Fata Morgana, Carmen Montes o José Roberto Vila que además fue contratado en calidad de guionista. Vila entregó un guion de aproximadamente 40 páginas en el que se contaba una historia de corte pop al estilo de las películas que Richard Lester hizo para "The Beatles". Pero una vez comenzado el rodaje, Jess y Lina lo abordaron como les pareció bien, improvisando situaciones sobre la marcha y no respetando en absoluto el guion por el que Vila fue contratado. Por eso en los créditos aparecen tanto Vila como Jess y Lina.
Por si eso fuera poco, se cuenta por ahí que la película se pergeñó con un dinero del productor Jacinto Santos que se sumaría al resto que pondría la producción alemana. En realidad Santos no llegaría a gastarse un duro en la misma porque, con el montante y material técnico de los alemanes, Franco rodaría esta película y todavía le sobraría para sacarse de la manga dos más, “Flores de perversión” y “Flores de la pasión”, por lo que el negocio, en el caso de que lo hubiera habido como antaño, salió redondo. Sin embargo, la película es tan caótica y poco profesional, que tras un pase en la Semana de Donosti en el que el público no tuvo piedad con ella hasta tal punto que Jess Franco salió del cine mosqueado, no llegó a estrenarse en cine en nuestro país, apareciendo en DVD años después a través de "Vella Visión", tras ser rechazada por "Manga Films" que, al escuchar el desastroso audio de la cinta, decidió cancelar su lanzamiento.
Y sin más. Un puro descerebre que, quizás, ha mejorado, contra todos los pronósticos, con el paso del tiempo. Es mala a rabiar… pero te ríes un rato.

viernes, 19 de abril de 2013

TELEPATÍA DE UN ASESINATO

A estas alturas ya casi resulta cómico que siempre que les hablo de un cineasta específico, sobre todo si arrastra la etiqueta de "serie B", "Z" o terror, salga con aquello de "cuando era ñajo, fui fan suyo". De verdad, no lo hago por quedarme con nadie... lo que pasa es que aquellos eran tiempos tan entusiastas como inocentes y a la que descubría un realizador que, así a lo lejos, podía tildarse de "gran concepto", me emocionaba y me volvía seguidor obsesivo nivel diez. Luego pasaba lo que pasaba, que entre ver sus pelis, leer entrevistas y conocerle mejor, se me terminaba por caer el velo, finiquitando nuestra apasionada relación. El germano Ulli Lommel fue uno de esos individuos.
Visto en la distancia, Lommel pintaba bien jugoso: Alumno del reputado Rainer Werner Fassbinder, destacó a inicios de los 70 con "La ternura de los lobos", polémica -y aburrida- radiografía del psycho-killer real Fritz Haarmann (que inspiró el clásico "M, el vampiro de Düsseldorf" según Fritz Lang). Luego se largó a los USA donde hizo buenas migas con Andy Warhol, al que fichó para dos excéntricas películas, destacando "Blank Generation", un especie de drama-punk con protagonismo de Richard Hell. Y de ahí, al cine de género de segunda división, destacando "Satanás, el reflejo del mal", "Terror en Devonsville" y tantas otras (como la secuela de la primera, "Boogeyman 2", una auténtica ñorda de proporciones épicas perfectamente risible en la que Lommel interpreta a un cineasta de pelis de terror de serie B al que los productores no dejan ser el "auteur" que pretende). Tras unos años casi desaparecido, el cineasta regresa gracias al abaratamiento de la producción cinematográfica (dicho de otro modo, se aferra al vídeo como formato... aunque luego critique lo sobrecargado que va hoy día el mercado... típico temor burgués de perder la exclusividad de lo que básicamente  antes era un medio elitista) y comienza a parir un montón de roña inspirada en asesinos en serie reales que lo único que le ha reportado es, por un lado, polémica (quejas de aquellos que le acusan de explotar trivialmente lo que no dejan de ser hechos reales con víctimas de por medio), y por otro, odio, ya que el 99% de los que las alquilan (o descargan) y consumen, las detestan.
Así, por encima, pinta atractivo el asunto, ¿verdad?, el problema viene cuando descubres que Ulli Lommel es otro de esos gilipollas que, a pesar de vomitar mierda a chorro, van de artistas y se disfrazan en plan excéntrico (es decir, ridículo). Suelta aquello de "Yo no hago pelis de horror, hago cine experimental, lo que pasa es que nadie lo comprende y por eso me odian". Claro, ¿a quién se le ocurre creer que una cosa titulada "Zombie Nation" pueda ser cine de terror?. Lommel encaja en el perfil del papanatas que siempre se mete medallas, que nunca reconoce su mentalidad mercantil y acusa al "otro" (es decir, al bueno y honesto) de ser el copietas o el negado, él jamás (ejemplo: ¡que casualidad que Lommel estrenara su "Zodiac" justo cuando David Fincher lanzaba el suyo!). Sin embargo, lo peor de todo, lo más abominable y que, sin duda, marcó el final de nuesa love story fue leer en una entrevista que detestaba el cine de venganzas, de justicieros. Urgh!. Hay muchas cosas que puedo soportar y perdonar, por ESO... ¡NO!. Desde entonces, me interesan tanto las obras de Lommel como el diámetro de los testículos de un palomo cojo. Sin embargo, hace unos días, mi buen amigo Pajarillo me ofreció la posibilidad de ver el VHS de "Telepatía de un asesinato", uno de los títulos del alemán realizados durante su mejor etapa.... o, siendo más específicos, su etapa menos mierdosa. Y yo hay dos cosas a las que no puedo negarme, una es rascarme la huevera, la otra, zamparme una cinta VHS con una peli de corte fantástico (o aledaños) en sus tripas.
La movida se inicia con un asesinato. Matan a una pava chillona, cuyo cadáver termina metido en la nevera de un hospital. Por otro lado, la madre de una familia feliz y dicharachera, sufre un accidente y queda convertida en un vegetal. El médico que la trata le comenta al marido que tienen un plan para salvarla que consiste en reactivar su cerebro mediante hondas mentales de origen electrónico. El pavo dice que palante y tras la operación, la churri poco a poco va regresando a la normalidad. Todo el mundo está super-happy cuando, sí lo han adivinado, comienza a tener visiones... las de la muerta del principio de la peli. Vamos, que las hondas mentales que le metieron en el coco, venían rebotadas de la asesinada y, claro, conserva sus recuerdos. Así pues, una vez entendido y aplicado, ella y el marido (sobre todo el marido) investigarán el asunto y darán con el asesino, que pondrá en jaque sus vidas.
Decía Ulli Lommel que esta es una de sus pelis favoritas, entre otras cosas por su indudable espíritu Hitchcockiano. Algo reafirmado por la presencia de Vera "Psicosis" Miles en un rol secundario junto a Keir Dullea, el prota de "2001: Una odisea en el espacio". Efectiviwonder, Lommel es muy fan tanto del gordo calvo como del Sr.Kubrick. A los mentados hay que sumar la presencia de un perdidísimo Tony Curtis. Uno de los mejores repartos en el cine del germano, sin duda. El resto ya está a la altura de lo habitual, como demuestra el protagonismo de la guapísima Suzanna Love, la fémina que por aquellos tiempos se tragaba la lefa del amigo Ulli (estaban felizmente casados). Entre todo eso, y el acabado más que correcto y resultón de la peli, es comprensivo que el cineasta se sienta tan orgulloso.
Sí amigos, ayer me la puse dispuesto a aburrirme como una ostra... y no, la verdad es que "Telepatía de un asesinato" ("BrainWaves" en USA) funciona a su manera. No es que chorree calidad y suspense, ni mucho menos... pero está visible, ideal para una tarde de aburrimiento, a pesar de contar con una historia de lo más trillada y tópica cuyo precedente fue "Las manos de Orlac" en 1924 y que, desde entonces, ha sido copiada infinidad de veces... la del trasplante de origen sospechoso con efectos traumáticos y fines detectivescos. Ya sean manos, pies, corazones, ojos, escrotos u hondas cerebrales... da igual, siempre es lo mismo... solo que en el caso de la versión Lommel, la cosa se salva por los pelos (eso sí, al asesino lo descubrimos en seguida por mucho que intenten marcarse un detalle medianamente ingenioso con un tatuaje que porta y que, a la larga, deviene aquello que le delata).
¿¿Ha afectado de modo positivo todo esto a mi relación con el colega Ulli??... pos no, sigo pensando que es un gilipollas... pero al menos, es un gilipollas con UNA peli resultona... y eso ya es mucho.

sábado, 30 de julio de 2022

EL SEAVER NO OCUPA LUGAR (2ª PARTE)

La semana pasada les hablaba de Chris Seaver y una de sus películas. Bien, hoy toca darle un repaso a las restantes que vi y descubrir cuales fueron mis respectivas impresiones.
"Carnage for the destroyer" 2006- Cuenta la historia de un jevillarro flipado dispuesto a construir una atracción para el día de Halloween en honor a un dios destructor. Durante el proceso, logrará que aquel reviva y comience con la escabechina. Siendo la segunda peli Seaveriana -con subtítulos- que veía, temía disfrutarla menos. Pero aunque el efecto sorpresa se pierde, sigue siendo soportable, no demasiado aburrida y medianamente simpática, lo que ya es mucho. Pal caso destacar que esta versión está censurada. Por avatares del destino, dispongo desde hace años de una copia en inglés a pelo, y el día que le di un repaso quedé boquiabierto con una escena muy gráfica en la que un personaje (Teen Ape) se corre de verdad, sin truco, sobre las tetas enormes de una pava muy morbosa. Sensacional. Bien, aquí eso ha sido extirpado. Le precede un cortante fundido a negro. Algo parecido ocurría en "Filthy McNastiest: Apocalypse Fuck", así que tengan en cuenta que todos los títulos de los que hablo ESTÁN INMORALMENTE CASTRADOS. No creo que eso afecte mucho al elemento cómico, pero desde luego le quita parte de la diversión.
"Wet Heat" 2008- Pillan a Teen Ape liado con un menor y lo llevan a la cárcel. Allí, y por su glorioso pasado militar (??), le proponen rescatar al presidente del show business a cambio de la libertad. El tipo accede.
En esta ocasión el blanco de la parodia y/o burla afectuosa es el cine de acción. Las citas son tan previsibles como inevitables: "1997 Rescate en Nueva York", "Terminator", "Desafío Total", etc. El resultado sigue siendo bastante soportable para lo que son esta clase de mierdas, pero es cierto que le falta chispa. Que los chistes no funcionan tan bien. Y que Teen Ape agota como protagonista, funciona mejor en roles secundarios. El punto álgido de la fiesta lo aportan Billy Garberina interpretando con muchísima gracia a una mezcla entre el Tim Curry de "The Rocky Horror Picture Show" y el Gene Simmons de "Nunca es pronto para morir", y Katherine Indovina dando toda una lección de divertido histrionismo. El horrible diseño de los horribles créditos lo firma orgulloso Andrew Shearer. Muy flojita.
"Filthy McNastier: Maximum Dousche" 2005- Una moza acomplejada por sus escasas ubres invoca al demonio Phil quien, aunque le concede una buena delantera, se aliará con un vampiro de la zona y acudirá a la fiesta que organiza la prota para armarla gorda.
Más de lo mismo, aunque un pelín torpe y crudamente facturado. Por desgracia esta es la versión censurada. Según me he informado, hay una escena en la que alguien lame una polla de goma supuestamente untada en caca. No obstante, todo el elemento ofensivo es muy tonto y no funciona para nada. El que mejor se lo curra como actor es el propio Chris Seaver en un doble papel. Cierto que la he visto entera y no me he aburrido en exceso (dura 46 minutos, dos menos que la íntegra), pero también que me cansan los repetitivos recursos del videoasta. Tanto que esta fue la última. Si algún día me animo con el resto, habrá una tercera parte de la reseña. Si no, quédense con lo que sigue.
Conclusión: Tras la sobredosis de vídeo-flatulencias Seaverianas, hay dos cosas que ya comprendo mejor. Una la comenté en la primera parte, su éxito. La otra es la actual decadencia, desgana, desmotivación e incluso depresión del amigo Chris. Hace ya tiempo que bajó el ritmo hasta casi cero. Y aunque ahora amenaza con una webserie, inevitablemente las cosas ya no brillan como antaño. ¿Motivo? Ese encabezonamiento en seguir recurriendo a los mismos elementos y esquemas, las mismas maneras, tácticas, gags y arquetipos de lo que hacía hace veinte años. Y, claro, eso es imposible (y ahí tienen como ejemplo su costrosa, descuidada y desapasionada aportación a la antología "Hi-8 (Horror Independent 8)”). Chris Seaver ya no es aquel chaval. Probablemente lo normal sería actuar de modo honesto consigo mismo y crear según lo que hoy día le pida el cuerpo. Pero estos yankis viven demasiado atados al tema económico y al tema popularidad, y él sabe (o cree saber) que esa es la imagen que se ha creado y, sin ella, no sería nadie (por poco que sea ya). Una lástima. Claro que también podría tratarse de un escalofriante caso de falta de inquietudes, lo que entonces ya escaparía a mi comprensión. Yo, aquí, me a-peo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

NOCHE DE MIEDO (2011)

Yo no soy un hombre que tenga por costumbre poner a parir remakes, si no todo lo contrario. De hecho LA COSA de John Carpenter es un remake, y soy un defensor a ultranza del remake de I SPIT ON YOUR GRAVE. Con esto lo único que quiero decir, es que no estoy condicionado por el tema de que NOCHE DE MIEDO (2011) sea un remake. A eso hay que añadir, que soy de la opinión de que el original de 1985, ha envejecido bastante mal.
Por otro lado, las comparaciones son siempre odiosas, así que centrémonos en esta nueva versión, y olvidemos que la de Tom Holland existe.
A una casa de una urbanización perdida en algún lugar de Las Vegas, llega de nuevas un individuo bastante atractivo y con pintas de macarra cervecero. Por otro lado, dos adolescentes, Charlie y “El Rata” se percatan de que cada día hay menos alumnos en clase, y uno de ellos, “El Rata”, que lleva un tiempo espiando al nuevo vecino de su compañero, descubre que es un vampiro y que es el responsable de que los alumnos no vayan a clase, porque este se los carga.
Pronto las cosas se complican, y en el afán de acabar con este vampiro, Charlie contacta con un performer de tres al cuarto de Las Vegas, que dice ser experto en vampiros y que responde al nombre de Peter Vincent. El resto se lo pueden imaginar.
La película no llega ni a producto para adolescentes. Aburrida, lenta, estúpida y sobretodo, muy infantil. Más que una película de terror para adolescentes parece que estemos viendo una película basada en un relato de R.L. Stine, destinados al público infantil.
Lo peor, es que durante todo el visionado, nos acompaña una extraña sensación de vergüenza ajena, en parte por la presencia de Peter Vincent, interpretado por un tal David Tennat, y aquí inevitablemente, me remito a la versión ochentera. Era genial la idea de un caza vampiros representado por un actor sexagenario en decadencia que presenta un programa de televisión en el que programan viejas películas de terror de serie B. Aquí es un treintañero medio millonario que prepara estúpidos espectáculos de vampiros en directo. El personaje, pierde así, toda la gracia que tenía el original.
Curiosamente, la película está exenta de humor, que podía ser un punto a su favor, de no ser porque toda ella es un zurullo, y la presencia de Christopher Mintz- Plasse (El “Bruma Roja” de KICK-ASS, o el Mc. Lovin de SUPERSALIDOS) se torna absolutamente desagradable y gilipollesca.
Efectos especiales de mierda, ni una sola gota de sangre y en definitiva, un absoluto desastre.
Mientras la veía, notaba algo raro en la imagen. No tenía aspecto de película Americana, más bien parecía algo Europeo, concretamente, tenía la iluminación de una película española. Pronto le he restado importancia a esa apreciación, hasta que en los títulos de crédito finales, me he percatado de quien era el director de fotografía. Se trata de Javier Aguirrerasobe, fotógrafo habitual hasta hace poco de Pedro Almodóvar y de títulos destacados de la cinematografía española, que de un tiempo a esta parte está haciendo carrera en Hollywood. Así se explica un poco ese extraño ambiente.
Dirige esta peste Craig Gillespie, que destacó hace unos años por dirigir una película de autor titulada LARS Y UNA CHICA DE VERDAD, y también la comedia CUESTION DE PELOTAS. No, no se trata de la de Ben Stiller.
Un zurullo negro.

martes, 5 de abril de 2011

EL SECRETO DE LA MOMIA EGIPCIA

Tremendo Infra-producto español en co-producción con Francia de los años setenta, absolutamente incompetente y cutre. No cumple ni con los mínimos requisitos para que, por mala, pueda considerarse buena. No obstante, si que cuenta con dos o tres (o cuatro o cinco) momentos, que en compañía, garantizan solaz.
Un policía, llega a un castillo haciéndose pasar por egiptólogo (todo esto en otra época, que no logro asociar), para no sabemos que. Una vez allí, el dueño del castillo hace alarde de sus poderes mentales, y le cuenta lo que sucedió en ese castillo por culpa de una momia, hija de no se quién, que hizo muchas fechorías.
El grueso de la película, es un compendio de escenas mal hiladas unas con otras, en las que vemos a un señor con pinta de travesti (en realidad, la momia), matando con palos candentes, golpes de Karate y mordiscos, a una serie de señoritas que pululan por ahí, no sin antes haberlas metido mano, perseguirlas montado a caballo, azotarlas con un látigo o intentar violarlas.
Obviamente, el comportamiento de esta momia, es debido a que para sobrevivir, necesita comer sangra humana, por lo que además de Karateca, maltratadora, violadora y Jinete, esta momia también es vampiro.
No se dejen engañar por mi comentario, todas estas cosas suceden, si, pero expuestas sobre el papel, son mucho mas divertidas que durante hora y media de visionado. La película es absolutamente insoportable, aunque si yo pude con ella, ustedes también podrán.
No ayuda a combatir ese aburrimiento, el hecho de que la película sea prácticamente muda. Hay diálogos, pero pocos, muy pocos, y para que comprendamos lo que ocurre en escena, una voz en off, nos lo va explicando. Absolutamente demencial.
Con todo, el momento mas hilarante, está casi al principio, cuando el dueño del castillo convierte un palo de madera en una serpiente, ante la atenta mirada de asco del policía/ egiptólogo, interpretado por Frank Braña. Pone dos veces esa cara de asco, y esto es solo porque en el montaje, decidieron meter el mismo plano dos veces. Pero es que la serpiente, una cobra, es de goma, y permanece totalmente inmóvil, hasta que con el Stop Motion más chabacano que se puedan imaginar, consiguen hacer que se mueva, pero el resultado es patético. Parece una serpiente (de goma) parapléjica. Pero es que incluso, aun con ese Stop Motion, hay planos en los que esta permanece inmóvil. Es casi mejor que lo vean.
Por otro lado, hay planos en los que se ve claramente, que el actor está esperando a que el director de la orden de Acción, para comenzar a soltar sus escuetos diálogos.
Michael Flynn, Teresa Gimpera y Frank Braña como actores destacables, y en las labores de dirección, un tal Alejandro Martí, firmando para el extranjero como Ken Ruder. Un individuo a lo Miguel Madrid, pero sin la gracia que al fin de al cabo le caracteriza a este.
Rodó antes, una sola película llamada ELISABETH.

domingo, 22 de enero de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (9): DANDO GATO POR LIEBRE

En la era dorada del vídeo-club, y teniendo en cuenta que por entonces meterse en tal menester resultaba siempre beneficioso para tus arcas, aparecieron mogollón de infra-distribuidoras que hurgaban en sus catálogos y lanzaban películas de tercera división para las que confeccionaban cutre-caratulas engañosas. El ejemplo más extremo venía cuando se valían de material ajeno fácilmente detectable, en ocasiones ni tan siquiera disimulado. No solo no tenían nada que ver con lo que contenía la cinta, es que, además, infligían gravemente cuestiones de copyright. Los casos son cientos y miles, pero hoy he reunido aquí algunos de los más reconocibles, descarados y divertidos...



"Sombras de medianoche" es la única película dirigida, escrita, producida, montada e interpretada por Wes Olsen. En los USA incluso la distribuye Troma bajo su título original, "The Dark Side of Midnight", del año 1984. Se trata de un thriller en torno a los crímenes que un tal The Creep comete en las inmediaciones de un pueblecito. No he tenido la suerte de verla, pero según me informo, entra de lleno en la categoría de "tan mala que es buena".
Y a pesar de lo que la caratula pueda hacernos creer, Robert Englund no aparece por ninguna parte... que sí, que el tipo del sombrero y la mirada siniestra es Englund, de cuando interpretó al fantasma de la ópera en 1989 y de la mano de Dwight H. Little.



Esta es una de mis favoritas, por varias razones. Para comenzar, la imagen descaradamente robada, y sin añadidos ni colorantes, del film "El desafío de las águilas" con, sí, ¡Clint Eastwood!, al que reconocemos perfectamente y al que, lógico, no localizamos en el reparto. Luego tenemos el sello que la distribuye, ¿"Ízaro-Cannon"?, noooo!!!, se trata de "Pícaro-Zannon" que, encima, ni tan siquiera es el nombre de la distribuidora, solo parte del engaño (esta en realidad se llama "Multinacional Europe Productions"). Nótese la mutación de Ízaro a pícaro, detalle más que coherente y consecuente con la estafa. Hay que decir que esta NO es ni mucho menos la única vez que se utiliza tal estratagema, existen más films bajo el discutible sello de "Pícaro-Zannon". Olé.
El título,"Pesadilla Mortal El Esqueleto" parece más adecuado para un film de terror que para uno bélico, sin embargo, en realidad la peli, producción inglesa del año 1972, sí se titula "Nightmare", es decir, pesadilla. Curioso.



No hace falta estar muy puesto para reconocer en esta imagen a Arnold Schwarzenegger sacado de la caratula del film "Ejecutor". Sin más cambios ni variaciones que las que pueda aportar la poca habilidad del ilustrador. En cuanto a "Mercenarios", se trata de una producción bélica italiana situada en la segunda guerra mundial y rodada el año 1987 ("Mercenari dell'apocalisse"). El director, John R. Dowson, en realidad se llama Leandro Lucchetti. El reparto es genuino, ese tal Karl Landgren fue bautizado como Bruno Bilotta, y me molaría saber si el parecido fonético con Dolph Lundgren, entonces bastante de moda tras intervenir en "Rocky 4", es algo expreso o simple casualidad.


"La ira de los dioses" es un peplum italiano del 1960 protagonizado por la tetuda Jayne Mansfield. El título original no podía ser más distinto al español: "Gli amori di Ercole". Para ilustrar esta edición de "Light Entertainment Group" pillaron una imagen bien grande de la película "Los Bárbaros", dirigida en 1987 por Ruggero "Holocausto Caníbal" Deodato, con sus dos reconocibles protagonistas peleándose (Peter y David Paul) , brillo en la espada incluido, y, ¡hala!, tirando millas...


Otra de mis favoritas. Esta no requiere mucho esfuerzo. Producción asiática de quinta división (nótese que la caratula no incluye ningún nombre) para cuya cubierta pillaron una imagen más que reconocible y, por aquello de disimular, le metieron un pegote en la cabeza absolutamente cutre que incluso empeora el flagrante delito.
Fijo que los boxeadores atizándose pertenecen también a otro film... pero a saber cual. Se aceptan sugerencias.



Otro caso curiosísimo. Aunque en la caratula no aparezca por ningun lado, ni en la cubierta, ni en el texto de atrás, "La venganza de las mujeres vampiras" viene protagonizada nada menos que por el mítico "Santo, el enmascarado de plata". De hecho, se trata de la secuela de uno de sus títulos más respetados, "Santo contra las mujeres vampiro", rodada en 1962, ocho años antes de la que ahora tratamos.
A este elemento ya de por sí algo bizarro, tenemos que añadir que la escalofriante imagen de la cubierta no pertenece a "La venganza de las mujeres vampiras" (de título real "La venganza de las mujeres vampiro", en singular y masculino), sino al "Drácula" dirigido en 1979 por John Badham y del que podéis leer la reseña aquí. En concreto, la tipa vampirizada se supone que es el personaje de Mina, verlo para creerlo.
Ya que estamos, aclarar también que la imagen superior de la parte trasera, la de la moza con una estaca clavada en la frente, pertenece a "Superstición" La de debajo todavía no ha sido detectada.... pero todo se andará.


Y terminamos con, cuanto menos, el caso más risible y divertido del pack. Otro añejo peplum al que se intenta disfrazar de producto reciente lleno de espectáculo. Este film en realidad se titula "Golia alla conquista di Bagdad", lo rodó en 1965 Domenico Paolella (que en la caratula es rebautizado Paolelli) y cuenta en su reparto con uno de esos yankees cachetas afincados en italia, Rock Stevens, seudónimo de Peter Lupus, aún hoy activo. Para la ocasión, Vicine/Cineman retitula absurdamente al film como "The Aligator" con la intención de sacarse un nuevo superhéroe de la manga (ya que en realidad el prota se supone que es Goliath) y se curra esta caratula patética y horripilante que parece un exploit algo retarded de los "Masters del universo". Para mear, no echar gota y partirse de risa.

¡Cuánta maravillosa desvergüenza!

sábado, 7 de septiembre de 2013

ESTOS ZORROS... LOCOS, LOCOS, LOCOS

Hoy hablaré de películas de esas que, siendo jovencito, se convierten en auténticas obsesiones. A inicios de los 80, y por alguna razón que no recuerdo, andaba yo totalmente fascinado por el personaje de "El Zorro". La providencia quiso que la coincidencia actuara a mi favor cuando en los cines de mi ciudad se estrenó "Estos Zorros... locos, locos, locos", una comedia con el justiciero espadachín de protagonista y un aliciente extra, la aparición de su hermano de tirón homosexual. Así pues, mi obsesión por el personaje clásico se amplió hasta incluir en el pack a su versión afeminada. Adoraba esta película, que fui a ver al cine con mi madre y, seguramente, alquilé luego varias veces en vídeo. Y recuerdo perfectamente que en el colegio dibujaba al "Zorro" mariquita con sus trajes morados o dorados que, ya que estamos, me flipaban. Siempre me han molado los colorines, ¿qué quieren que les diga?. Pero de todo eso hacía ya muchos muchos años. ¿Cómo me sentaría revisar "Estos Zorros... locos, locos, locos"?. Tras varias infructuosas búsquedas terminé localizándola y, evidentemente, consumiéndola.
A finales de los 70 el actor George Hamilton había logrado revitalizar su carrera interpretando una parodia de "Drácula" en "Amor al primer mordisco" que, aunque sosilla, por lo visto funcionó muy bien. Satisfecho, tras intervenir en algunos telefilms decidió repetir la jugada pero cambiando al vampiro por el "Zorro". La idea era la misma, pillar un personaje bien reconocible de la cultura popular con el que poder explotar su eterna imagen seductora pero en tono de guasa desmitificadora. Y qué más desmitificador y coñero para un especie de "sex symbol" de marujas que hacer de mariquilla loca. Así pues, "Estos Zorros... locos, locos, locos" (o, mucho más adecuadamente, "Zorro: the gay blade" en su versión original) nos narra la historia de Diego de la Vega, un vivales acaudalado que al volver a su pueblo natal recibe como regalo de su fallecido padre la indumentaria para convertirse en el temible justiciero enmascarado amigo de los oprimidos e inocentes. Tras triunfar en sus primeras apariciones, y ridiculizar al tirano del alcalde, tiene un accidente y se rompe la pierna. Desesperado ante la imposibilidad de actuar, un día recibe la visita de su hermano gemelo, quien decide heredar el papel del azote de villanos y malandrines. El "problema" es que es gay, de esos que pierden mucho aceite, lo que dará un toque distinto al "Zorro", comenzando por su modo de hablar y moverse hasta sus llamativos trajes. Sin embargo, ello no impide que el legendario enmascarado siga impartiendo justicia y, a la larga, y a pesar de varios equívocos, logre acabar con la tiranía del malo.
Pues sí, como decía "Estos Zorros... locos, locos, locos" es una comedia. Una parodia, pero bastante comedida. Quiero decir que, hasta cierto punto, puede pasar perfectamente por una de aventuras real, incluso una con el "Zorro" en su esplendor, salpicada por momentos muy concretos de humor... un humor bien lejano del "spoof" de un "Aterriza como puedas", por  ejemplo y, a la larga, bastante respetuoso con el personaje del que se ríe. Porque por mucho que George Hamilton ponga cara de bobo, se hagan coñas a costa de su nombre o su símbolo (Un aldeano confunde la "Z" por el número 2) y aparezca en versión casi "drag queen", el "Zorro" sigue siendo un héroe positivo que salva a los que le necesitan y no es torpe ni con la espada ni con el látigo (mientras el hermano hetero prefiere lo primero, al gay le va más lo segundo). De hecho, cuando más cafre se vuelve la peli -sin serlo nunca del todo- es con la aparición del hermano gayer, que hace gala de un homosexualismo muy típico de la comedia de entonces basado en la exageración y el rollo super-locaza que tanto hacía reír a los heteros y que hoy, tal vez, se consideraría políticamente incorrecto... aunque tampoco demasiado, ya que, en esencia, sigue siendo perfectamente heroico y las coñas al respecto no son demasiado irrespetuosas.
Por lo demás, pues sí, no es un dechado de ingenio y brillantez, ni mucho menos, pero tampoco falla en su cometido, no aburre y arranca sonrisas (que no carcajadas). Hay un buen puñado de escenas y momentos que recordaba lo mucho que me gustaban cuando era pequeñajo, destacando como una de las más simpáticas cuando todos los terratenientes atacados por el "Zorro" gay describen a un desesperado alcalde los distintos colores que aquel lucía para la ocasión en su vestuario. O la escena del baile de disfraces, donde todos los comensales deciden vestirse igual que el justiciero. O cuando el alcalde obliga al Hamilton hetero a comportarse como una loca para ver si es él quien se oculta tras el antifaz. También resultan graciosos los cambios efectuados por el doblaje español, sobre todo en algunos nombres, así pues el criado "Paco" pasa a llamarse "Abelindo". El hermano homosexual en versión original se llama "Bunny", y en castellano lo bautizan como "Florindo". El malo responde al nombre de "Captain Esteban" en la v.o., pero doblado se convierte en ¡"Giliberto"!, lo que da pie a muchos chistes.
Junto a un George Hamilton pluriempleado (y co-productor), ya que en realidad termina interpretando a seis personajes (los dos "Zorros", sus alter-egos públicos, un falso monje y una falsa mujer), encontramos algunos rostros medianamente reconocibles como los de Lauren Hutton, Brenda Vaccaro, Ron Leibman como el divertido villano, el siempre entrañable James Booth (haciendo de malo, claro) y Donovan Scott como rechoncho criado. Tras darle muchas vueltas a la cabeza (y consultar Imdb) por fin pude situarlo en mi universo cinematográfico personal, era uno de los cadetes en "Loca academia de policía". Uno, añado, que no regresó en ninguna de las secuelas posteriores.
De chaval también me flipaba la musiquilla que acompañaba a las apariciones del "Zorro", pero luego descubrí que era un tema clásico del cine de aventuras espadachines y que ya sonaba en una de Errol Flynn.
Hal Dresner, guionista, también firmó los libretos de "Ssssilbido de muerte" y el "Licencia para matar" con Clint Eastwood.
Al director, Peter Medak, todos deberíais conocerle, suyas son "Al final de la escalera" y "Species 2".
En fin, puedo decir, satisfecho, que aunque no salté de alegría recuperando "Estos Zorros... locos, locos, locos", tampoco me sentí defraudado. Es una peli sencillita y llevadera que no induce demasiado al bostezo indiscriminado y termina resultando de lo más simpática. 
Prueba superada.

sábado, 29 de febrero de 2020

DRACULA IN VEGAS

Max es un vampiro que acude a las Vegas para estudiar en la universidad. Sus padres, chupasangres también, le mandan allí esperando que se ponga las botas mordiendo a las muchas chicas amorales que pululan por los casinos, pero resulta que Max se enamora de una y decide que quiere dejar la vida de criatura nocturna. Esto obliga a sus viejos a desplazarse hasta la ciudad del pecado para arreglar el entuerto y convencer al retoño de que se mantenga fiel a sus verdaderos y sobrenaturales instintos.
Viendo "Dracula in Vegas" sabía que me exponía a una experiencia dolorosa, pero hacía tiempo que tenía ganas de escribir en este blog sobre su peculiar director, Nick Millard. Al poder consumirla con subtítulos (en inglés, se me da mejor leído que escuchado), vi que era el momento adecuado, ya que esta clase de zetismos extremos cuestan más de digerir si no pillas del todo los diálogos. Y ese interés desbocado por hablar de Millard obedece únicamente a que se trata de unos de los cineastas "trash" más extraños que existen. Alguien que, por comparación, eleva a Andy Milligan al nivel de genio. 
Millard es uno de esos tipejos que pudieron meterse en el negocio del cine, rodando en celuloide y estrenando en salas, gracias a la enorme demanda de producto netamente exploitation que había en los años 60 y 70  (como James Bryan, por ejemplo). Una época en la que cualquier mindundi con un mínimo de dinero lograba ver su nombre en las marquesinas de la calle 42, embolsarse algo de guita e incluso pasar a la historia o, mejor, la infrahistoria del cine. Como es normal, llegados los 80, con el cambio de los tiempos, del mercado "indie" y la subida del precio del celuloide, muchos de ellos se vieron obligados a retirarse o.... pasarse al vídeo. Es decir, a hacer sus películas en formato magnetoscópico. Era algo nuevo que, poco a poco, encontraba su hueco en los estantes de los entonces poderosos video-clubs y valía la pena intentarlo. No sé si por desesperación, ingenuidad o verdadero amor al séptimo arte, Nick Millard fue uno de esos pringadillos. Alguien que comenzó en los 60 pariendo softcores, pasándose al porno en cuanto este se hizo legal. Más o menos por esa época -mediados de los 70-, lo intenta con el cine convencional. Eso sí, de terror. Y rueda dos "clásicos" del zetismo, "Satan's Black Wedding" y, sobre todo, "Criminally Insane", sobre los desmanes de una enfermera obesa de tendencias psicópatas. Tras un par o tres de pelis más, en 1986 se lanza a producir largometrajes en formato vídeo. Y ya desde buen principio hace gala de una serie de incapacidades que si antes, con el celuloide, quedaban algo disimuladas, ahora cantan como una almeja. Nick Millard pasa de cineasta costroso profesional a videoasta costrosísimo totalmente amateur, grabando en su propia casa, usando a la familia como actores y viéndose incapaz de alcanzar un nivel mínimo de calidad técnica. Lo que mejor se le da, es poner la cámara en el trípode. De esta guisa graba un porrón de basurillas, siendo las más populares varias en las que retoma al personaje de la enfermera desquiciada con "Death Nurse" o "Death Nurse 2", aunque el caso más sorprendente es el de "Criminally Insane 2", secuela directa de su film setentero donde no tiene reparo alguno en reciclar un porrón de escenas de aquella para alargar metraje, mucho metraje. A esta siguen unas cuantas más, entre las que encontramos "Dracula in Vegas", facturada el año 1999.
Para entonces ya existían ciertas máquinas que te permitían editar bien tus vídeos, solapar diálogos... en fin, dar ritmo a las imágenes. Algo que, visto lo visto, Nick Millard desconocía, haciendo gala de unos defectos tan propios de novatillo como esas terribles charlas en las que cada discurso es un plano, con unos segundos de pausa por parte del "actor" antes de soltarlo y al terminarlo. Cuando el otro dialogante reacciona con una mueca, también se limitan a un plano suyo en silencio, donde lo único que notamos es que el sonido ambiente cambia por completo. Es decir, un modo de facer tan elemental y costroso que sorprende viniendo de alguien que llevaba casi cuatro décadas facturando películas (con catorce de esos años dedicados al cine de verdad). Supongo que podemos achacarlo a pura pereza o mero desinterés. El resto está a la altura: intérpretes que parecen robots y/o miran a cámara, iluminación "natural" (incluyo aquí las bombillas de la estancia donde grabaran), efectos de tienda de disfraces (esos dientes vampíricos que todos tuvimos de chavales)... un montón de características que por lo general me MOLAN MUCHO, pero cuando son aplicadas con gracia, conocimiento de causa o actitud... pero cuando todo lo que las rodea es incapacidad, el resultado se antoja perturbador.
"Dracula in Vegas" se supone una comedia de terror, aunque gracia lo que se dice gracia, hacen un par de gags. Sobre todo ver a la madre del chupasangre protagonista soltar tacos e improperios todo el rato, acusando a su novia de ser una puta y tener sida. En general el tono mortecino, sin alma, sin color y sin vida contribuye a que el visionado sea una experiencia casi hipnótica, rara de cojones. No falta la escena increíble -increíble por la jeta que demuestra Millard- en la que el vampiro acude al rodaje de una peli "artística" limitada a un encorbatado señor, supuestamente el director, hablando a gritos y señalando a la cámara y los actores que están fuera de cuadro y que, evidentemente, son material sacado de otra fuente. En concreto la escena que se filma pertenece a uno de los softocres que Millard rodara en sus buenos tiempos, con el consiguiente contraste del look de la imagen. La bomba. Más allá de eso, es algo que no aporta nada de nada a la trama. Como el 90% de lo que vamos viendo, una sucesión de momentos sin un verdadero desarrollo, repletos de absurdeces e incongruencias.
Todo junto y remezclado alcanza la horita de duración. Una que parecen cuarenta. Aún así, reconozco que me ha hecho gracia la jodía. Es tan incapaz, tan infame y tan amateur en el peor de los sentidos que, en fin, hasta gasta cierto velado encanto. 
Supongo que no tengo remedio.