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lunes, 2 de abril de 2018

EL JUSTICIERO

Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
 Desde luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con según que  películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo,  cuando yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom. Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de “Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida inolvidables, por lo que la nueva  versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran. No pude hacerlo. Comparé de principio a final.  Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir, que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este papel.  No me gustaba de hecho. Hasta que le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey.  Y no es un personaje especialmente simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo, frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?  Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo, me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de profesión de Paul Kersey con respecto a las  de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul NaschyLa noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York,  o la sustitución de otro de los personajes míticos de las películas originales,  el teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia,  que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas— hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel  (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40 millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de “Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.

jueves, 15 de mayo de 2008

YO SOY LA JUSTICIA 2

Después de darse un atracón de matar malos en "El justiciero de la noche", Kersey vuelve a Los Ángeles, donde rehace su vida con una nueva novia -a la que, por supuesto, dobla la edad- y la hija de esta. Todo va bien hasta que una sobredosis mata a la chavalilla. Por suerte Kersey acaba con el camello que le vendió la droga con la facilidad del que acaba con un gusano. 
Pronto recibe un chantaje telefónico bastante golosito; un tipo que conoce su identidad le ofrece no delatarle a cambio de que se ventile a todos los narcotraficantes de la ciudad, y visto lo visto, nuestro hombre no se resiste demasiado a la oferta. Aunque la cosa tiene truco.
Michael Winner abandona la saga en y le pasa el testigo a J. Lee Thompson, un director en nómina de la "Cannon" responsable de títulos tan entrañables para la compañía como "Las minas del rey Salomón", "Kinjite, prohibido en occidente" o "La ley de Murphy", entre otras. "Yo soy la justicia 2" es la mas floja de cuantas llevamos vistas -respecto a la franquicia-. Aunque eso no quiere decir que no sea igualmente una peli de lo mas entretenida. Le cuesta arrancar, pero cuando lo hace se vuelve imparable. Y contradictoria, porque al comienzo vemos a Paul Kersey haciendo lo suyo, matando un tipo, y cuando este está en el suelo, descubrimos que se trata del mismo Paul Kersey. Seguidamente, este despierta. Era una pesadilla. Una metáfora estúpida que nos deja claro que el justiciero empieza a sentirse culpable por sus actos. Sin embargo, en la siguiente secuencia, todo esto se va al garete, de manera mas amoral que nunca, pues Kersey ya no solo mata por venganza, si no por encargo.
Con un final acojonante, como ya es habitual en esta saga (de los que te quedas pillado, vaya...) Paul Kersey ya no volvería a las pantallas hasta casi diez años después -y veinte desde la primera-... pero a esas alturas ya el justiciero estaría desfasado.

viernes, 16 de mayo de 2008

EL RETORNO DEL JUSTICIERO

Una auténtica ensalada de títulos en nuestro país para la que es la peor, con inmensa diferencia, de la saga: "Yo soy la justicia 5", "Yo soy la justicia 3", "Justicia Callejera 5", "El rostro de la muerte" o aquel por el que yo me he decantado, "El retorno del justiciero".
Un triste final para una de las franquicias más salvajes y divertidas de la historia del cine, con un Charles Bronson de 73 años perdiendo, como no, a su novia de treinta y pocos a manos de su ex marido y, por consecuencia, la venganza de Paul Kersey.
Es muy mala, muy indigna, demasiado telefilmesca.
La "Cannon" en 1994 ya estaba muerta y enterrada, pero Menahem Golan, ya sin Yoram Globus, creó una productora que seguía los pasos de aquella, aunque no facturaba más que mierda, "21st Century Film Corporation". Y en su afán por ganar pasta, a Golan no se le ocurrió otra idea que resucitar a Paul Kersey en esta innecesaria secuela, que está a años luz de cualquiera de sus antecesoras. Para ello, encargó al director Allan A. Goldstein su realización. Este hombre es un artesano cuya mayor virtud es la negación absoluta, y si os digo que es el director de ponzoñas como "Snake Man" o "2001: Despega como puedas", os podéis imaginar el tipo de factura que tiene esta peli.
Obviamente, en los noventa ni Charles Bronson, ni los justicieros, estaban de moda. Aunque da igual. 
La peli transcurre de manera hiper aburrida, dan ganas incluso de quitarla, pero es el cariño por el personaje lo que te impulsa a sufrirla hasta el final. Además, bien hecho, porque este lo único destacable, con Kersey dando cuenta de los malos de mil maneras diferentes. Boquiabierto me quedé al ver a uno de los malos en una trituradora, convertido a continuación en carne picada (como en "El Exterminador", pero con menos gracejo).
Como ocurría en las entregas precedentes, el final queda abierto... sin embargo, esta es la fue la ultima aparición real de Paul Kersey. Charles Bronson moriría 9 años después, durante los que le dio tiempo de protagonizar las tres entregas de los telefilms "Familia de policías". Que buen puñado de pelis nos dejó este hombre (salvo la reseñada, claro).
Como nota discordante, ni tan siquiera la muerte del astro impidió que, en su delirio, Menahem Golan se planteara una sexta entrega protagonizada por ¡¡el hijo de Paul Kersey!! Afortunadamente, la cosa quedó solo 
en una (mala) idea.

lunes, 7 de enero de 2013

DESEO DE MUERTE

Fue un amigo el que un día me preguntó si las novelas de Brian Garfield que habían inspirado la creación de la saga "Death Wish" existían en edición española. Nunca me lo había planteado, entre otras cosas porque aunque me encanta leer, no me gusta la novela, la ficción escrita, yo soy más de ensayos, artículos y biografías de gente interesante (que la hay!). Sin embargo, el tema era lo suficientemente atractivo como para investigar, y tras un viaje por Google, descubrí que en castellano no, o al menos no recientemente (recordemos que las obras de Garfield son setenteras), pero en catalán, sí. De hecho, "Death Wish" (que inspiró "El justiciero de la ciudad") y "Death Sentence" (secuela de aquella, pero no adaptada hasta la llegada de James Wan), conocieron versión catalana a inicios de los 90 en una colección que fue muy popular en mi tierra dedicada íntegramente a la novela policiaca. Animado, busqué por bibliotecas y, sí, di con ambas. Decidí superar mi inicial aversión por la literatura narrativa y leerlas (a lo que ayudaba mucho que no fueran un tocho), así de paso tal vez curaría mi incapacidad de concentración ante una página repleta de ficción escrita.
Naturalmente, una de las más notables motivaciones consistía en comparar las novelas con sus versiones cinematográficas. Especialmente la primera de ellas. Era ya un dato conocido (en parte gracias al estupendo libro "Bronson´s Loose!", que releí nada más acabar con las novelicas) que Brian Garfield no era nada amigo de lo que Michael Winner hiciera con Charles Bronson... y necesitaba conocer las razones. Bien, ahora ya puedo entender a ambas partes. "Death Wish", novela (aquí traducida literalmente como "Deseo de muerte" / "Desig de mort"), cuenta básicamente lo mismo que la peli, pero con algunas alteraciones, entre ellas el nombre del personaje, que mientras en la pantalla se llama Paul Kersey, en las novelas es Paul Benjamin.
Un tipo la mar de normal y pacífico se convierte en una máquina de aniquilar delincuentes callejeros cuando algunos de estos atacan a su mujer e hija, matando a la primera y dejando catatónica de por vida a la segunda, tras violarla brutalmente. Bien, en la novela el justiciero no es arquitecto, sino contable, y además, uno bastante bajito y fondón. La gran diferencia es que toda ella se desarrolla desde el interior de la cabeza del personaje, con un gran poso psicológico e introspectivo. Vivimos el miedo y la paranoia a través de los pensamientos de Paul Benjamin y, realmente, no comienza su cruzada hasta pasada la mitad de la historia. Otro aspecto bien diferenciado de su versión cinematográfica (y uno de los que más detesta Brian Garfield) es que en el libro no se nos narra el ataque a la mujer y la hija, cuando comienzas la lectura, estos sucesos YA han acaecido. Tiene sentido, puesto que todo lo que ocurre en "Deseo de muerte" es a través de la mirada de su protagonista, y es un hecho que él no fue testigo del asalto, ergo, únicamente le llegan la noticia y los datos a través de la policía. En la peli, Paul Kersey tampoco está ahí para ver cómo su mujer muere en manos de los malvados pinches, por lo que mostrarla con todo crudo detalle únicamente tiene un fin: influenciar en el espectador para que sienta simpatía por el justiciero, que no dude de sus violentos actos. Pues sí, algo de razón tiene el escritor, como también la tiene al opinar que Charles Bronson NO era el actor ideal para encarnar a Paul Benjamin. Caray, si el propio Bronson opinó lo mismo tras leer el guión y,  muy inteligentemente, recomendó a Dustin Hoffman.
Y es que el fin del "Death Wish" novelesco es ver cómo un tipo de lo más corriente, mundando y mediocre, incapaz de matar una mosca, se convierte en todo lo contrario cuando se deja llevar por sus deseos de venganza... de muerte. En ese sentido, un actor especializado en personajes grises hubiese sido más adecuado y efectivo (en un primer intento, el film lo iba a protagonizar Jack Lemmon bajo la batuta de Sidney Lumet... ¡interesante!), porque Charles Bronson tiene pinta de todo menos de contable pacífico. Aún así, que nadie se equivoque, soy un gran fan de la franquicia "Death Wish". Pero una cosa no quita la otra... comprendo las quejas de Brian Garfield y, sí, hubiese sido muy guapo ver un "Death Wish" más introspectivo y realista, solo por curiosidad. Con todo, la novela no es gran cosa, se hace algo monótona y no despierta ninguna clase de emoción.
Otras diferencias curiosas: La famosa escena del metro en la que Kersey se carga a unos quinquis, en la novela el tipo está a punto de hacerlo, pero finalmente les deja marchar. En la peli, Kersey viaja a Arizona donde le regalan una pistola que usará en su cacería callejera. En el libro, la pistola la compra y al menos aquí sí nos cuentan cómo esta logra pasar por el aeropuerto sin ser detectada. De hecho, lo que de verdad hace Benjamin cuando va allí, es follar. El policía Frank Ochoa en la peli tiene un papel muy destacado, en cambio, en el libro aparece solo de pasada. Benjamin es un poco más hijo de puta eligiendo sus blancos, entre los que encontramos chavales que únicamente roban televisores o tiran piedras al metro, en la peli Kersey únicamente dispara a aquellos que intentan atracarle usando también armas.
Como bien sabéis, "El justiciero de la ciudad" fue un super-hit, un auténtico fenómeno social, la gente iba en piña a las salas y coreaba al justiciero cada vez que mataba a un delincuente. La mayoría de las críticas atacaban al film por su "mensaje" y acusaban de irresponsables a sus autores. Brian Garfield, molesto y escandalizado por la locura desatada, decidió escribir su propia secuela desmitificadora... "Sentencia de muerte", pero de eso hablaré en una futura y no muy lejana reseña.

miércoles, 23 de mayo de 2012

357 MAGNUM

México es, sin duda alguna, una cantera donde encotrar las más descerebradas Explotations, y “357 Magnum”, es un material absolutamente pornografico para los degustadores de Explotations y cine de justicieros: Van a caer pajillas con esto tan golosillo, por lo menos a lo que AVT respecta.
El título y look que se nos vende, está absolutamente plagiado de la saga de “Harry el sucio”. El aspecto del poster, la referencia al arma que Harry Calahan puso de moda en el título – de hecho, el título original de la segunda película de la saga de Harry es “Magnum Force”, bastante parecido a este- e incluso las intenciones fascistoides en frases y sentencias apestan a la saga que inició Don Siegel. Sin embargo, el argumento es más parecido al de cualquiera de las películas de nuestro “justi” favorito, Charles “Paul Kersey” Bronson, en la saga “Dead Wish”. Pero, y aquí viene lo grande ¿Para que queremos un Paul Kersey impartiendo justicia, pudiendo tener dos?, se riza el rizo cuando en un papel muy parecido al de Kersey, tenemos a los dos populares hermanos Mario y Fernando Almada, instituciones en el cine popular de México. Además, ambos dos, se parecen bastante a Charles Bronson.
Con lo que tenemos a dos policías (Como Harry Calahan) entrados en años y con bigotillo (Como Paul Kersey) que se ven obligados a repartir estopa.
Tras interceptar a un grupo de narcotraficantes, el agente Murillo es masacrado junto con toda su familia, en una carnicería a base de “balasera”. Los dos hermanos de este, antes pertenecientes al grupo de élite “357 Magnum” y ahora retirados, viven como detectives.
Pero tras ser conscientes del brutal asesitano de su hermano, son reclutados de nuevo para desmantelar de una vez por todas esa organización criminal. Aunque ellos, de camino, deciden ir interrogando, de modo muy poco ortodoxo, a todo aquél hijoputa que se encuentran en su periplo con el fin de ajusticiar a su hermano ( y demás familia)… Y dan con el tipo en cuestión, un malo megalómano, al que acorralarán con la siempre fuerte ayuda femenina (el poder del coño, ya saben).
Total, que tenemos un híbrido entre “Harry el sucio” y “Dead Wish” con toques de la saga de James Bond, que junto con su dúo protagonista , y narcotraficandtes de por medio (no olvidemos que los méxicanos consumen “Cine Narco” con la misma pasión con la que los españoles consumen futbol), dejó pingues beneficios en las taquillas méxicanas. La combinación perfecta.
Además dirigida por Rubén Galindo, otra institución del cine de género Méxicano. Esto, no obstante, no es una garantía de nada, porque si hasta aquí todo parece muy bonito y entrañable, la cruda realidad, los frios hechos, son que Rubén Galindo era un manazas que todo lo que tocaba lo conviertía en mierda, y “357 Magnum” está tan mal rodada y sobretodo, tan mal montada, que no te enteras de nada, de no ser por el manido argumento que tenemos ante las narices.
Ya desde el principio, vemos a un montón de gente disparandose sin saber por qué, en un montaje digno de la”Filmark” (solo que con material exclusivo), en un sobre exceso de acción, con disparos de petardo de a duro, que te dejan más frío que la leche.
Luego, en el epicentro de la película, cuando los dos hermanos interrogan a los maleantes, vemos una y otra vez la misma escena, casi con los mísmos diálogos, cambiando solamente el tipo de tortura, hasta que volvemos a la acción del final, menos espectacular que un episodio del “Chavo del ocho” y rodado todo, como con prisa.
Y aunque de ritmo va bien la cosa (es un festival de planos, al fin de al cabo), mientras la vemos, sentimos un sopor y una sensación de “que se acabe ya esto”, que contraresta las ganas con la que le damos al play nada más descubrir la película.
Sin embargo, el nivel de violencia que nos muestra la cinta, es incuestionable. No se escatima en sangre ni en crueldad, siendo el zenit de todo esto la escena inicial en que se masacra a la familia del policía, quedando en pie una niña de unos seis años. Uno de los asesinos se lo piensa dos veces y abre fuego contra ella, a base de metralleta, recreandose Galindo en el rodaje de esa muerte.
Y por otro lado, es el tipo de cine que nos gusta, por la cara dura, el exotísmo, la macarrada y maneras que se gastan este típo de Explotations.
The Show must go on, and this is entertainment, baby.
Para aburrirnos viéndola, y despues, guardarla y coleccionarla.

lunes, 12 de mayo de 2008

YO SOY LA JUSTICIA

Segunda entrega de la saga, donde De Lauretiis pasa el relevo de la producción a los Israelitas Menahem Golan y Yoran Globus con su flamante "Cannon", que aun no se había prodigado mucho, y nos trae a la pantalla a un Charles Bronson más envejecido, pero mucho más duro y violento que el anterior. De hecho, aquí Paul Kersey se estrena soltando hostias -cosa que no hace en la previa-, y se le da tan bien como apuntar y disparar.
Después de ser trasladado a Chicago y hacer de las suyas, Kersey mueve el culo a Los Ángeles, donde un grupo de delincuentes vuelven a violar a su catatónica hija. Así pues el arquitecto de día, justiciero de noche, tiene que volver a actuar como es debido.
Inferior a su predecesora pero igual de entretenida, en esta Kersey ya se pone un uniforme para salir de caza, a base de gorrillo de lana y guantes.
Con un final de los de saltar de la butaca (¡¡¡que emocionante por dios!!!), esto es un tío vivo solo superado por la alocada tercera parte, de la que Naxo ya dio buena cuenta en los orígenes de este blog (por eso no la voy a reseñar a continuación, pero sí les digo que me parece la mejor de toda la saga y con diferencia. Es salvaje y desmesurada).
Genial el plano final de esta "Yo soy la justicia", donde vemos la sombra de Paul Kersey reflejada a tamaño gigante en un edificio....¡¡¡¡UNO DE LOS MEJORES PLANOS DE LA HISTORIA DEL CINE!!!! Y que se joda quien piense lo contrario (que fueron legión, en su época recibió muchos palos por -decían- amoral, ruin y sucia).

sábado, 2 de junio de 2007

EL JUSTICIERO DE LA NOCHE (DEATH WISH 3)

Se trata de la tercera entrega de la saga del justiciero, y después de la primera, seguramente la más popular de todas ellas, ya que la Cannon (que ya metió mano en la segunda) se emperró en adaptar el film al tono reinante de entonces gracias a films como "Rambo", "Desaparecido en combate" o "Invasión USA", por poco que ello le pegara a las correrías del bueno de Paul Kersey. Sin embargo el resultado, lejos lejísimos del nivel de sus predecesoras, resultó todo un éxito y con el tiempo se ha granjeado una reputación de culto. Y es que "El justiciero de la noche" no es, para nada, una película normal. Recordaba perfectamente que en mis años mozos la tenía en un pedestal, era mi favorita de la saga "Death Wish" y estaba especialmente fascinado con todo el tramo final, lo veía una y otra vez. De hecho, incluso me molaba la banda sonora de Jimmy Page, de la que tanto se ha rajado en círculos especializados. Por eso tenía unas ganas inmensas de revisarla y os puedo asegurar que no fue ninguna decepción.
Lo primero que sorprende de "El justiciero de la noche" es su ritmo, acelerado, endiablado, todo ocurre a gran, gran velocidad, a lo que contribuye la ágil, fresca y nada encorsetada dirección de Michael Winner, así como el frenético montaje y esos zooms tan setenteros (a pesar de ser una producción inconfundiblemente ochentera!!). La mejor palabra para definir esta peli es DELIRANTE, no hay nada de verosímil en ella... lo que no deja de ser curioso, puesto que el crudo realismo es lo que hizo famosas las dos primeras entregas, sobre todo la peli-madre. Este especie de surrealismo ya es destacado por Paul Talbot en su libro (y Rick Sullivan en su fanzine "The Gore Gazette"), algo que indudablemente la hacía enemiga jurada de los críticos antes de estrenarse y que, al mismo tiempo, con los años le ha dado este estatus tan especial que posee.
De entrada ya es imposible creerse a Bronson como héroe de la función, está muy viejo. Podría pasar por un justiciero silencioso que se mueve por los oscuros callejones de New York, pero no cuela como el pseudo-Rambo que es (al menos en esta entrega). Otro elemento poco creíble (¿poco?, ¡¡NADA!!), es el cutre-romance que se inventan para él... está claro que la chavala la meten ahí con calzador, de modo muy forzado, con el único fin de cargársela y motivar a Kersey a masacrar a todo dios (y eso que a esas alturas de la peli está más que motivado), lo que ya resulta ridículo, pues un par de polvos y una llamada no creo que puedan crear una unión sentimental TAN fuerte como para que Bronson sienta lástima por la moza y decida requetevengarse (que además, es muchísimo más joven que él, y se encapricha del abuelo de un modo tontísimo y sin sentido alguno).
Pero quitando ese par de cosas (o, ¡que coño!, gracias a ellas), "El justiciero de la noche" resulta un divertimento fabuloso, super-entretenido y muy gozable... aunque sea a costa de risas no intencionadas (pero muy respetuosas y llenas de cariño). La peli es como un gran e inmenso tebeo barato, todo son estereotipos, cliches ultra-básicos y en general el tono de caricatura es sumamente remarcado. Desde ese barrio ultra-chungo a los malos de la función, con exagerados y aparatosos uniformes de "tribu urbana", tipos sin sentimientos, nacidos para hacer el mal, destruir y matar aunque no venga a cuento. Y hablando de matar, resulta curioso que el que más gente mata aquí sea el bueno de la historia... porque una cosa es que Charlie dispare sobre los asesinos de su hija, y otra es que lo haga del modo más frío sobre dos pobres gilipuertas que le están intentando robar el coche (por otro lado, una de las mejores secuencias de la película), o a otro únicamente por pisparle la cámara de fotos (y además nada de pistolitas, Kersey utiliza un pistolón de cuidado... otro elemento muy propio del cine de acción de esa década).
Sin embargo, es el final donde "El justiciero de la noche" toca el cielo. Una extensa mini-guerra entre bandas callejeras y vecinos enfurecidos que incluso matan a escobazos, repleta de explosiones, disparos, peleas... todo ello coreografiado de modo poco natural, pero que te hace saltar de la butaca y gritar cada vez que Kersey se come a balazos a alguno de los malos. Suerte tiene el abuelo de que estos tengan tan mala puntería, y de su super-chaleco anti-balas... destaca especialmente un momento en el que, para matar a dos pillastres, se sitúa cómodamente, apunta y dispara. En ese lápsus de tiempo, los malandrines no han parado de disparar sobre el super-justiciero y no le han alcanzado ni una vez, incluso la frustración se refleja en sus rostros. Mítico donde los haya.
El fin de fiesta no podría ser mejor: El jefe de la banda fenece de un cañonazo propiciado por un señor bazooka que Charlie guardaba pacientemente junto a la mesita del teléfono. Luego pilla los trastos, se va y créditos finales. Así, sin más, pim-pam, sin perder el tiempo, sin florituras... absolutamente brillante.
Recuerdo que en una ocasión, y con motivo de un programa-debate muy serio de la tele dedicado a los justicieros, echaron "El justiciero de la noche" como película-ilustradora... y cuando acabó, uno de los invitados dijo de ella que parecía un documental sobre la entonces de actualidad guerra del Golfo. Cuánta razón tenía el tipo... sin embargo, lo bien que me lo pasé yo aquella noche!!!.

lunes, 12 de mayo de 2008

EL JUSTICIERO DE LA CIUDAD

Todas estas pelis del justiciero más justiciero de todos los tiempos las vi en su momento, alquiladas en el videoclub, y no las había vuelto a ver... hasta el pasado sábado. Confieso que en su momento me gustaban, pero tampoco me volvían loco.
Y por extrañas circunstancias de la vida, y empachado ya de pelis de terror videocluberas, con mono después de haber disfrutado a tope de los últimos ramalazos justicieriles con "La extraña que hay en ti" y sobre todo "Sentencia de muerte", esta semana me bajé la saga de "Death Wish" al completo. No pensé nunca que fuera a disfrutar de estas películas más que cuando era niño. ¡Madre mía que buenas que son!
"El justiciero de la ciudad", la única de la serie facturada en los setenta, es, pues eso, muy setentera y en ella se nos presenta a un Paul Kersey que ya desde el principio se ve que no tolera el crimen, a juzgar por los comentarios que hace en su oficina nada mas llegar de vacaciones. - "¿Qué tal estás Paul?" – "Hasta que he llegado y he visto el nivel de delincuencia que hay en la ciudad, estaba bien".
Pero claro, luego cambia de tema, porque esa delincuencia no le afecta personalmente, por el momento. Aunque poco le falta, ya que cuando una banda de delincuentes, con ridículos sombreros, matan a hostias a su mujer y violan por la boca a su hija, Kersey, después de viajar a Tucson, donde un cowboy le regala un arma, decide tomar cartas en el asunto.
La película es cojonuda, con un ritmo que ya quisieran para si las actuales. Super entretenida y vibrante, el tipo de película que nos gusta ver en cada momento.
Luego estaría el factor facha, pero es que, si matan a tu familia ¿cómo no vas querer cepillarte a todo hijo de puta que se dedique a joder al personal? Pues entonces, yo también soy un facha y a mucha honra.
En esta primera entrega, Paul Kersey tiene un pelín de sentimiento de culpa, alegando al principio que en el ejército fue objetor de conciencia y vomitando nada más agredir a su primera “victima”. Después, ya, estas nimiedades
 desaparecen en el resto de pelis.Por cierto que vista recientemente, te das cuenta del calco que de esta hace "La extraña que hay en ti", pero igualita, igualita ... hasta la escena del metro y el final, son idénticos.

miércoles, 22 de julio de 2015

LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE “YO SOY LA JUSTICIA 2”

Con el cariño que tenemos en este blog a las películas de la saga que encasilló e hizo inmortal a Charlie Bronson (sí amantes del cine clásico, jódanse porque así es), en su rol del justiciero “Paul Kersey”, agrupadas y compiladas todas ellas bajo el título común de “Death Wish”, ya comenzaba a resultar catastrófico que aún no hubiésemos colado fotocromos de ninguna de ellas. Hasta hoy.
La afortunada ha sido “Death Wish 4: The crackdown”, que en España se tituló “Yo soy la justicia 2” por cosas de esas de nuestros distribuidores retardados, y que Víctor explicó muy bien en su respectiva y necesaria reseña (en realidad no lo hizo, pero era un buen modo de introducirla… la reseña, digo). A mí personalmente me parece una peli muy simpática, sencilla y entretenida. Me cae bien… aunque curiosamente en ella “Kersey” deje de ser un solitario vengador callejero para convertirse en un sicario, lo que no es tan “romántico”, pero… ¿qué más dará mientras acribille, reviente, envenene y mutile a los pillastres?.
La banda sonora mola también, así como el cartel que ilustró el gran Sciotti en su momento… claro que no es ese el que llegó a nuestros hogares vía la inevitable “Izaro-Cannon” y que poseo con orgullo en mis estantes (junto a las tres primeras… la quinta o la veo mu barata, o paso) y que, costumbre obliga, se la dejo tras los fotocromos pa hacer el pastel más completito (y presumir, ¡sí!).
Estos, cómo no, son cortesía pura y dura del “Paul Kersey” de Sitges himself, Alex Gardés.














miércoles, 9 de enero de 2013

SENTENCIA DE MUERTE

Hace unos días hablaba de "Deseo de muerte", la novela que inspiró "El justiciero de la ciudad" y, de paso, la saga "Death Wish" al completo. Hoy toca hablar de la segunda entrega, formato libro, escrita también por Brian Garfield y que nada tiene que ver con el "Death Wish 2" película (o "Yo soy la justicia"). Tal y como comenté entonces, el mega-éxito del film de Bronson/Winner escandalizó a muchas mentes bien pensantes, entre ellas la del mismo autor de la novela, convencido de que el film tergiversaba la idea original de su obra. "El justiciero de la ciudad" glorifica la imagen del vigilante urbano, convirtiéndolo en un héroe, alguien que disfruta matando. Muy al contrario, "Deseo de muerte" nos explica cómo seguir la senda del justiciero no aporta nada bueno, agravando el problema. En esencia nos dice que no podemos combatir la violencia con más violencia. Bien, dado que los responsables de la peli se pasaron ese concepto por el forro de las pelotas (para nuestro mayor gozo), Garfield decidió optar por el lado contrario con "Sentencia de muerte", para lo cual en cierto modo adaptó las señas de identidad del film, su dependencia de ciertas fórmulas, olvidando así el tono introspectivo y más "intelectual" de la primera novela. Quizás el fin era parodiar la peli, o simplemente sermonear a los fans de "El justiciero de la ciudad" usando su propio lenguaje, para lo cual nos presenta a un Paul Benjamin que se traslada de ciudad (si no recuerdo mal, se larga a Chicago) y todas las noches sale de caza, matando a cuanto delincuente pilla por el camino. "Sentencia de muerte", sin ser la diversión personificada, tiene más acción que "Deseo de muerte", hay más tiroteos y menos rollo psicológico. Aún así, y por aquello de desmitificar la imagen de Paul Kersey, Benjamin termina disparando sobre gente que tampoco merece un castigo tan severo (es decir, equivocándose) y pariendo a un imitador.
La idea de un Paul Kersey/Benjamin obligado a cazar a su propio imitador que, en un alarde de inutilidad, dispara sobre personas inocentes, es cojonuda, y podría haber dado mucho de sí. Pero Garfield no sabe explotarla debidamente y deja escapar la oportunidad, limitando ello a las últimas páginas. De hecho, al escritor no parece que se le dé muy bien eso de adaptarse a una fórmula, y la verdad es que el libro apesta un poco a baratillo, como esos que venden en el quiosco y guardas en el bolsillo trasero. El final es previsible, tontorrón y facilón: Paul Benjamin decide abandonar su cruzada afectado por los remordimientos... sin embargo, ya es tarde, otro imitador más sale a las calles para seguir con la tradición.
Siempre creí que cuando hicieron "Death Wish 2" ignoraron la novela de Garfield por la imagen poco heróica que este otorgaba al vigilante, pero no, ahora creo que así lo hicieron sencillamente por mala. Años después, vino James Wan y decidió llevarla a la pantalla con Kevin Bacon de prota. Y aunque la peli está bastante bien, nada tiene que ver con el libro... de hecho, parece una excusa para, en realidad, adaptar "Deseo de muerte" sin tener que pagar derechos al productor que los tuviera.
A pesar de todo, cuando la "Cannon" decidió producir "Death Wish 4" o "Yo soy la justicia 2", se puso en contacto con Brian Garfield y le propuso que presentara un esbozo de posible guión y este, deseoso no de muerte sino de meterse un bocata en el estómago (algo muy respetable y lógico), aceptó... sin embargo, esta vez fue Charles Bronson el que rechazó su idea. Garfield asegura que era mucho mejor que "la basura habitual" pero, tras leer "Sentencia de muerte", permítanme que lo dude.
Y es que algo de retorcido habrá cuando, al comenzar a leer el libro, descubres que este está dedicado -sin cinismo que valga- al infame Roger Ebert, aquel crítico que en los 80 encabezó una encarnizada batalla contra el cine violento, con especial interés en borrar del mapa "slashers" y pelis de justicieros, siendo justamente la saga "Death Wish" el principal blanco de sus ataques (afortunadamente, no lo consiguió, y es que un crítico cuyos razonamientos no se deben a cuestiones cinematográficas, sino a aspectos morales y políticamente correctos, carece de todo valor y sentido).

jueves, 19 de mayo de 2011

EL THRILLER USA DE LOS 70

Ante todo, soy un devoto del cine de género de los ochenta. Obviamente no lo digo ni por ser "cool", ni por ser parte de ninguna moda "retro", lo mío es, simple y llanamente, algo natural, básicamente porque es la década que viví como espectador durante mi adolescencia, y ya saben que a esas edades, las pelis marcan y dejan huella. Sin embargo, eso no impide que sea consciente del esplendor creativo que vivió Hollywood durante los años 70, lo valore y lo encuentre incluso fascinante.
Curiosamente, el tipo de cine setentero que más aprecio no es el de terror (en eso ganan los 80), sino el thriller. Mi película favorita número tres es "Harry, el sucio". Me gusta su estética, su suciedad, su mala leche, su tosquedad, su violencia descarnada y sus personajes desesperados y extremos. Además, fue en esa época cuando nació el personaje del justiciero urbano y, como he dicho ya muchas veces, me encantan esa clase de films. Por todo ello, "El thriller USA de los 70" (de la "Colección Nosferatu") tenía que ser mío. La primera vez que lo vi, fue en los estantes de una librería. Me tentó adquirirlo, pero no me suelo fiar mucho de los libros sobre cine de género escritos aquí, así que opté por esperar a poder agenciármelo de gratis en alguna biblioteca. Y mi paciencia fue divinamente recompensada hace unas semanas cuando, sí, lo localicé en mi biblio habitual. La alegría fue máxima y la verdad es que lo he devorado en tiempo récord.
Repasa de pe a pa el thriller de los 70, sus orígenes ("Bullit"), sus "hits" ("Contra el imperio de la droga"), sus directores (Michael Winner, Don Siegel, Peter Yates...) y se centra en diversas temáticas estético-narrativas, la violencia, los justicieros, los policías, las pelis de conspiraciones, los personajes femeninos, el blaxploitation, etc. (aunque se eche en falta algún título, destacando a gusto personal "De espaldas a la justicia" del 78).
A nivel de autores la cosa se aguanta bien, tal vez el más chapas (por hacer especial gala de una vena intelectualoide) sea Carlos Losilla (en ese sentido el apellido le va que ni pintado). Del resto, y un poco a mi pesar, destaco a Jesús Palacios. Su texto dedicado a los justicieros es soberbio (salvo el error de rebautizar a Paul Kersey como John Kersey), destacando la parte en la que demuestra, de modo concienzudo y harto convincente, por qué esa clase de películas NO son fascistas, al contrario del pensamiento popular (y ahí le suelta una sutil pero sonora -y merecida- torta a Carlos Aguilar).
Lo dicho, de lectura ágil, entretenida y harto informativa, "El thriller USA de los 70" es un libro que recomiendo encarecidamente a seguidores del género y a cinematográficamente curiosos en general.

miércoles, 27 de marzo de 2024

MINUTOS MUSICALES 23: ANTI-CRASS, 1ª PARTE / ARTLESS

Habrán notado, a lo largo y ancho de todas las respectivas entradas de minutos musicales,  que la formación anarco-punk "Crass" dispone de cierto peso entre mis apetencias punkistas. Bien. Sí, pero no. Steve Ignorant, Penny Rimbaud, Gee Vaucher, Phil Free, Eve Libertine, Joy De Vivre, Mick Duffield, John Loder y los demás fueron de vital importancia en cierto momento de mi existir. Aunque, entre lo radical de su perorata panfletaria (me hacían sentir culpable cada vez que disfrutaba de una "McBurger", jaleaba a "Paul Kersey" o miraba con exclusivos intereses carnales a las féminas de mi entorno) y lo "poco accesible" de sus maneras compositivas, acabé algo harto de ellos. Volcándome mucho más feliz en un punk rock despreocupado, cafre y tan aficionado como yo al lado más "ignominioso" de la cultura popular. Rara es la ocasión en la que, a día de hoy, los escucho.
Aún así, les seguí / sigo respetando. Incluso estimando. Después de todo, siempre admiré y defenderé su concepción del punk. Lo más genuino ocurrido durante los ochenta. No solo en lo político, también lo creativo y... hum, "operativo". Su dedicación al D.I.Y. y la auto gestión pura eran reverenciables. A los "Crass" o los amabas con locura, o los odiabas. Y de estos últimos los hubo, a porrillo. También se lo buscaban, chinchando sin descanso al personal. Sobre todo aquel situado en el espectro más comercialucho, teatrero y complaciente del punk. La mayoría callaban. Otros hacían lo imposible por llevarse bien (como "The Business", reyes del "Oi!", quienes incluso les dedicaron una voluntariosa versión). Los había que devolvían la pelota desde la prensa escrita (como Wattie de "Exploited"). Y, por supuesto, también están aquellos que contraatacaron usando las mismas armas: instrumentos musicales.
Los ejemplos más sonados (o los únicos que yo conozco) son dos, cuyo grado de mala uva e inteligencia varía según la banda. Mi plan original consistía en rejuntar ambos aquí, pero el rollo ha dado pa tanto que he preferido partirlo.
Ahí va la primera dosis: "Artless".

Hablar de "Artless" significa hacerlo de Mykel Board, un personaje de esos irrepetibles que llevan pululando por el underground y la contra-cultura desde tiempos inmemoriales. Y al que le mola más provocar que a un tonto una piruleta. Ya en los primeros fanzines ochenteros de un John Holmstrom post-"Punk Magazine" (especialmente la simpatiquísima "Stop! Magazine") encontrábamos anuncios del colega, promocionando su banda paródica arty-punk "Art" (compuesta por él al micro y un metrónomo como único instrumento) a base de imágenes abiertamente pornográficas. Luego, añadió un "less" a la palabra, dando vida así a un grupo que dejó cierta huella en la respectiva década.
Board era, como digo, un tocacojones nato. De ideología libertaria, bla, bla (es decir, tirando más a políticamente correcta), se planteó qué pasaría si una panda de republicanos, conservadores y derechosos se animaran a dar forma a su propia formación punk rockera. Y a la hora de componer, hiciesen como todos, defender sus causas políticas... solo que estas eran más del gusto de, digamos, un Reagan. O un Trump. Así, el resultado se convertía en veneno de cara a las audiencias punk más elementales y cuadriculadas, incapaces de pensar por cuenta propia y, más importante aún, pillar el sarcasmo de todo ello. El humor.
Y es por eso que, durante las actuaciones de "Artless", había broncas. Tanto como para que el guitarra luciera una camiseta con "Yo no escribo las letras de las canciones" estampado. Y el mismo Board terminara en más de una ocasión dentro del container sito al lado de la sala de conciertos. Aún así, el hombre estuvo un largo tiempo dedicado a su combo. Llegó a editar un LP compartido con -como no- G.G.Allin, de cuya portada -la de "Artless"- se encargó su viejo colega Holmstrom.


Bien, entre toda la ralea de temas paridos por Mykel Board y los suyos -honestamente, nada del otro jueves- destaca uno titulado "Crassdriver". Lo hilarante aquí es que la primera vez que lo escuché fue gracias a un CD-R pirata editado y vendido por una famosa tienda barcelonesa de desacomplejada ideología anarquista. Es más, ilustraban la cubierta con el -así de primeras- famoso logotipo de "Crass" y, dentro, encontrabas tanto canciones de "Artless" en su inglés nativo como otras en... ¿alemán? Bien, tenía truco. Resulta que en las germanias existía otro grupo de idéntico nombre, e ideología mucho más afín a los de la tienda. O a lo que se esperaría de un supuesto grupo punk underground. Dicho de otro modo, los responsables en ningún momento prestaron atención, ni entendieron la jugada. De lo contrario, se habrían dado cuenta que, A, eran dos combos distintos, B, el yanki gastaba una naturaleza ideológicamente opuesta a ellos, C, en concreto el tema que daba nombre al mismo CD-R, "Crassdriver", era un PALO ENORME a la famosa e intocable formación anarquista y D, el mentado logo de "Crass" en la portada hacía gala de una pequeña peculiaridad. Justo en la parte intermedia, veías un destornillador. Si traducimos la palabreja al inglés, obtenemos "screwdriver". Y, yes!, tal vez sepan que "Skrewdriver" es el nombre de la más famosa e infame banda nazi de la historia de la música. Pero cuando digo nazi, lo digo a conciencia. Sin florituras. Está claro que los del local... es decir, la tienda, no hicieron los deberes (e ignorantes hay en todos los bandos)

Así pues, en su canción, "Artless" emparentan a los nazis "Skrewdriver" con los anarquistas "Crass". De ahí la mezcla, "Crassdriver". Preguntando en un contagioso estribillo aquello de "¿no sabes que es lo mismo?", a tenor de que ambas comparten un logo, un uniforme y unas ideas cuadriculadas y dogmáticas que pobre de ti rechaces (son legendarias las historietas de los "Crass" imponiendo ciertas decisiones musicales y estéticas a las bandas que apadrinaban). Terminan la tonadilla afirmando burlonamente que los anarquistas han "dado mal nombre al punk".
Bien. Los más devotos de "Crass" se estarán tirando de los pelos. Sin embargo, y aunque hasta cierto punto Board y sus "Artless" no van escasos de razón (siempre he dicho que los "ismos" se tocan, y lo sigo pensando), es verdad que había algo de guasa en ello. No olviden que el cantante estaba más próximo a Steve Ignorant y cía en actitudes e ideas que a los supuestos republicanos con instrumentos que eran, y ya no digamos Ian Stuart, líder de los temibles "Skrewdriver". Tampoco afirmo que soltara trolas, simplemente -opino- lo exageraba, sin genuina malicia. Todo lo contrario que el caso que verán y oirán en la próxima entrada. De momento, cierro el tochete con, obviamente, "Crassdriver" de los "Artless".

Y si se lo preguntan, aunque la carrera del combo llegó a su final por ahí los noventa -con alguna puntual resurrección pillada con pinzas-, Mykel Board siguió dándole a la provocación, esta vez por escrito. Se convirtió en un polémico columnista en la insigne "Maximum Rocknroll". Publicó algunos libros (uno con portada de, nuevamente, John Holmstrom). Viajó mucho (era declarado fan de la cultura Japonesa aunque, decía, no podía sufrir su devoción por el trabajo). Y, ahí sigue, pululando en redes sociales y escribiendo en sus blogs, sin descanso. Un aplauso para el caballero.

lunes, 29 de junio de 2009

LA OTRA NOCHE DE CINE INCONEXO

Que a los integrantes de este blog nos gusta ver películas, es un hecho demostrado. Y que tenemos especial simpatía por un cine tirando más hacia chusquero, pues también. Por eso mismo este pasado fin de semana, y aprovechando una fugaz pero intensa reunión de los tres en la capital, sometimos nuestros cerebros y retinas a un bombardeo constante de peliculismo rancio. De la notable cantidad de títulos elegidos, algunos resultaron mejores, otros peores, algunos los vimos enteros, otros no. Permítanme pues narrarles la hazaña a grandes rasgos...

LAS QUE VIMOS ENTERAS:
"Juanito, el huerfanito"- Megadramón de origen Peruano que Víctor ya había visto. Sí, lo crean o no, ¡¡¡él repetía!!!. Rodado en vídeo, con evidente ultra-pobreza de medios (aunque un pelín menos cochambrosa que "Jarjacha, el demonio del incesto"), esta historia del niño más gafe de la historia nos arrancó lágrimas, sí, pero de risa y/o bostezos. Dura, dura, dura.
"Rocky Carambola"- Lo crean o no, esta resultó ser la mejor de la noche, y del finde entero. Cutre, sí, burra, también, ridícula, mucho... pero divertida y con un ritmo notable. Las aventurillas de Torrebruno, su peluquín y el mono obsesionado en quitárselo en un decadente ambiente circense. Entrañable y descojonable.
"Las aventuras de Enrique y Ana"- Esta tampoco está nada mal. Simpática y, a su vez, extraña, la peli viene repleta de detalles ridículamente inquietantes. Destacan un joven, histriónico y hostiable Achero Mañas (vamos, que no ha cambiado nada con los años), los efectos especiales futuristas, el aspecto verdoso de los malos y, por supuesto, las canciones del dúo protagonista, mejores de lo que parecían en su momento. Nostalgia pura.
"La noche del ejecutor"- Paul Naschy delante y detrás de la cámara, plagiando sin vergüenza ni decoro a Charles Bronson como "Paul Kersey" (y un poco a "Impacto Súbito") pero a lo exageradamente ridículo. Un médico, que ha perdido la mujer, la hija y la lengua (!) en manos de una caricaturesca panda de gamberros mega-malos con pinta de zombies se convierte en justiciero. Risas y despiporre para esta cosilla medianamente entretenida.

LAS QUE NO:
"El violador violado"- Terrible producción Española supuestamente divertida, no soporté ni 10 min. Víctor, el hombre del estómago de acero, sí.
"Loca por el circo"- Estancados en la nostalgia provocada por las aventuras de Torrebruno y Enrique and Ana, nos pusimos a ver este vehículo para Teresa Rabal. En realidad, lo de que sea cine pa niños es la tapadera, ya que nos encontramos ante un puto culebrón venezolano aburridísimo. Ni la mítica "Veo, veo" logró evitar que le diéramos al stop del mando.
"La biblia en pasta"- A Víctor le mola mucho... a mi me pareció un buen envoltorio para un contenido ya no vacío, sino NADA divertido. Supongo que el hecho de que no me guste la comedia cañí hizo mucho por empujarme a los bostezos.
"Dr.Jekyll y el Hombre Lobo"- Otro rollete made in Naschy. Descojonable en su esencia (Jacinto con look de "Mr.Hyde" ligando sin problemas es de infarto) pero aburrida en su todo. El avance rápido ganó la partida.

Al final, por ser el más efectivo, es Torrebruno quien se lleva la medalla de honor... por ese motivo su peli ha terminado siendo la imagen ilustrativa de este post.

miércoles, 31 de marzo de 2010

LA VENGANZA DE LOS PUNKS

Los diabólicos punks de "Intrépidos Punks" vuelven, esta vez dirigidos por un más efectivo Damián Acosta Esparza ("El violador infernal"), en una secuela en la que deciden vengarse del policía que se metía con ellos, masacrando a toda su familia durante una celebración. Al poli no se lo cargan ya que, según "Tarzán", líder de los punks, “Debe seguir vivo para maldecir este día por los restos”. Por supuesto, el policía dimite del cuerpo con intención de ajusticiar como dios manda a todos los miembros de la banda de maléficos punks.
Lo cierto es que debería haberse titulado “La venganza del Paul Kersey Mexicano”, puesto que, en realidad, lo que nos encontramos aquí es un descarado plagio de cualquiera de los "Death Wish". De hecho, Fidel Abrego, el actor que da vida al policía justiciero es un clon de Charles Bronson, buscado además aposta. Es igualito, bigotillo fino, cara de estreñido e incluso han procurado que el vestuario sea similar a los modelitos que lucía Charlie en su maravillosa saga.
Así pues, se intercalan las ya clásicas secuencias en las que los punks violan y hacen de la violencia su bandera, con otras en las que este Bronson de pacotilla da cuenta de manera creativa de todos estos energúmenos. Incluso se saca de la manga 
un lanzallamas  (¿mangoneo a "El Exterminador"?).
El resultado es mejor que el de su predecesora, pero desciende el nivel de sangre y violencia y se echa de menos una carismática canción punk que acompañe las fechorías de estos.
Del reparto original solo queda "Tarzán", interpretado por un tal “El fantasma” que intuyo se trata de algún luchador de "wrestling". Lo que sí es cierto es que, aparte de estas dos entregas de los punks, no volvió a aparecer en más pelis.
Está majilla.

sábado, 25 de julio de 2026

CITIZEN VIGILANTE

Vaya por delante que no tengo nada en contra de Uwe Boll. Desde luego tampoco digo que sea un gran cineasta, pero ¿¿el peor de la historia?? ni de coña. No lo pienso ahora, ni lo pensaba / proclamaba cuando era moneda común y medio fandom, cual corderito, se apuntaba al linchamiento alegremente. Todo ello convirtió al alemán, muy lógicamente, en un filmmaker enfadado y frustrado, cosa que repercutiría en las siguientes películas que hizo, donde se despachaba a gusto con el personal. Eran títulos hasta las trancas de misantropía y muchísimas ganas de tocar los cojones. Y eso es exactamente lo que volvemos a ver en esta "Citizen Vigilante". Calculada al milímetro para cabrear a aquel que se preste. ¿Y lo ha conseguido? Sin duda... claro que, tal y como anda hoy día el patio, no le ha costado mucho.
Hay un justiciero en la ciudad. Acaba con todos aquellos que han cometido alguna fechoría y se han librado del enrevesado brazo de la ley. El pueblo lo adora. La policía lo persigue. Hasta aquí bien, lo normal. ¿¿Una nueva de ciudadanos cabreados que se toman la justicia por su mano?? ¿¿pero cuántas hay de esas?? Sí, sí... eso es exactamente, solo que Uwe Boll puede meterse la medallita de haber procedido haciendo gala de cierta originalidad. Quiero decir, no se limita al rollo del tipo corriente a la que le es asesinada la familia y clama venganza hasta que consigue acabar con el culpable. No. En "Citizen Vigilante" este existe desde buen arranque, y en ningún momento nos explican sus orígenes. Simplemente lo hace porque, cree él, es lo correcto. Y, además, no es un héroe. A su lado, "Paul Kersey" era el "Capitán América". El justiciero de "Citizen Vigilante" viene cargadito de materia oscura y actitudes que, hasta cierto punto, se contradicen con su supuesta cruzada. No tiene problema en matar a un inocente si lo considera necesario. Tampoco hace ascos a disparar a sus víctimas por la espalda, cobardemente. Le gusta ir de puterío, por puro placer, y llenar los bolsillos de ese lumpen que tanto detesta. Y lo mismo con la policía, poco importa que compartan objetivo, si debe reventar unos cuantos maderos, lo hará. Pero más que a estos, mafiosos y/o narcos, hay una casta a la que nuestro anti-héroe detesta por encima de todas las cosas, y señala como directa causa de todos los males de la civilización moderna: los inmigrantes (aunque, paradójicamente, él mismo lo sea ¡¿?!). Y es ahí, my friends, donde "Citizen Vigilante" se ha ganado la fama de racista, nazi y todo el catálogo habitual. Boll muestra, sin vergüenza, ni sutilidades, ni culpa, ni mojigatería alguna a los que "vienen de fuera" como los malos, los que merecen pagar y.... joder si pagan. Hollywood suele proceder igual, pero siempre de modo tamizado e incorporando como comparsa del prota a un personaje secundario / positivo de idéntica nacionalidad que el villano
. Bien, no es el caso de esta película.
Por evitar estropearles la fiesta me morderé la lengua, pero si son capaces de aguantar pacientemente lo que, así, en general, son 90 minutos bastante plomizos, cutrones, a base de esa fotografía digital desaboría, fría y fea tan propia del cine barato de hoy y repleta de chapas moralizantes por boca del protagonista (de verdad, menuda turra gasta el colega... en un momento dado incluso arremete sutilmente contra los que ven cine gratis... ¡ups!), serán testigos del clímax final más demoledor, salvaje, brutal (no en lo gráfico de la violencia.... aunque tampoco se queda manca) y "cierra-ojetes" que he visto en años. De verdad, alucinante.
Así, de esta guisa, Uwe Boll se marca una de justicieros urbanos perfecta para el momento que vivimos. Esta clase de material siempre ha sido polémico sin importar las yagas en las que metía el dedo. Durante los setenta fueron unas, en los ochenta otras y... ahora son las que son. Y el cineasta presiona a gusto, con saña. Sin embargo, las preguntas del milloncejo son unas cuantas: ¿¿nos la/lo podemos tomar en serio?? Boll, como decía, no deja de ser un provocador, y un exploiter, ¿pecamos de tontos si nos enfadamos viendo "Citizen Vigilante" y luego corremos a echar la bilis en la red?? ¿¿no le estamos siguiendo el juego?? ¿¿tiene sentido que, como justiciero que extermina violadores de menores, haya fichado a un actor cancelado por, justamente, acoso sexual y demás zarandajas turbias como es Armie Hammer (quien asegura arrepentirse de haber participado en el film... ¡chaval, no das una!)?? ¿¿nadie se ha preguntado por los actores que dan vida a "los villanos", todos de su respectiva estirpe??, ¿¿aceptaron por dinero o porque Boll les vendió la moto convenientemente?? ¿¿y qué me dicen de ese Juez de nombre Reinhold, osea, Judge Reinhold?? ¿¿un chiste?? ¿¿y no es absurdo que un supuesto misántropo se curre toda una película para denunciar la escasa protección y justicia aplicada a la sociedad... de verdad esta le importa tanto?? Detalles así dan más alas a la teoría de que el pifostio al completo no es más que un plan premeditado de Boll destinado a alterarnos los flujos, pero, en tal caso ¿¿cómo tomarse la dedicatoria final pre-créditos?? ¡¡ni idea!!.
En fin, sean ustedes los que saquen conclusiones ideológicas y morales de "Citizen Vigilante". Yo, repito, solo puedo decirles que es una cosa mediocre y aburrida... pero con unas maneras contundentes, llamativas y, sobre todo, considerando el panorama cinematográfico moderno, valientes y refrescantes. Menos es nada.
Como curiosidad, mentar la presencia de Olaf Ittenbach encargándose de los efectos de maquillaje. Suyos son los pocos pero generosos momentos gore de la peli, algunos tan exagerados que provocan la risotada.

jueves, 12 de septiembre de 2013

VENGANZA DESNUDA

Carla Harris es una auténtica desgraciada. Actriz sin demasiado éxito locamente enamorada de su -acaudalado- maridito, una temible noche ve cómo, intentando defender a una dama, este es asesinado por un vicioso violador. Lógicamente afectada no solo por lo sucedido, sino también porque parece que la policía no va a lograr detener al culpable, se larga a su pueblo natal, a vivir una temporada con los padres. Da la puta casualidad que el mentado emplazamiento está un 90% habitado por hombres sexualmente insatisfechos y más salidos que un mono un Sábado por la noche y en menos de 24 horas recibe varias proposiciones indecentes. Naturalmente, Carla rechaza todas y cada una de ellas, e incluso va a la oficina del sheriff a denunciar los hechos, pero se la toman a pitorreo. Esa misma noche todos los machos a los que la mujer ha herido en su orgullo acuden a su casa y la agreden sexualmente. Desafortunadamente papá y mamá se presentan en plena vorágine y, claro, terminan acribillados a balazos por la pandilla que, para redondear, se ventilan a uno de los suyos, el único con remordimientos que trataba de escapar y, de paso, le cargan con la culpa. Carla ha sobrevivido y es internada en estado de shock en el hospital del pueblo. Claro que está fingiendo, y escapará dispuesta a vengarse del modo más crudo posible.
Aunque en la caratula del estupendo VHS editado por "Lightning Video" se cite a "Death Wish" como influencia (otorgándole el equivocado título español de "Yo soy la justicia", cuando este pertenecía como sabéis a "Death Wish 2"), en realidad "Venganza Desnuda" ("Naked Vengeance" en v.o., nada que objetar) debe infinitamente más a la absurdamente sobrevalorada "La violencia del sexo" (es decir, "I spit on your grave", con la que comparte muchas ideas, destacando una castración con cuchillo bajo el agua), incluso a "Perros de paja", antes que a las desventuras de "Paul Kersey". Sin embargo, y a pesar de su indiscutible mentalidad "exploitation", sorprende que, mientras en cuestiones de violencia la puta peli apunta alto (siempre dentro de lo razonable, tenemos coches aplastando entrepiernas, tipos metidos en máquinas de picar hielo o cuchillos clavados en primerísimo primer plano... aunque tampoco nada retorcidamente gráfico), en cuestiones sexuales es bastante mojigata. De hecho, a pesar de que inevitablemente entre de lleno en el grupo de las llamadas "rape & revenge" (violación y venganza), de forcejeo carnal hay mas bien poco... por no decir que no lo hay. No es que lo lamente, of course, pero me pareció curioso y más siendo un producto del año 1985 (claro que el hecho de que fuese distribuida por "Metro Goldwyn Meyer" podría aclarar el enigma). Básicamente la venganza no viene tanto motivada por el "rape" como por el asesinato de los padres de la víctima.
Sea como fuere hay que reconocerle un mérito al film... uno que, a la larga, casi se vuelve en su contra: no da tiempo a que nos aburramos, algo a lo que contribuyen los escasos 80 minutos que dura. ¿Y en qué es ello perjudicial?, en que todo pasa TAN rápido ante nuestros ojos que, básicamente, cuesta mucho creérnoslo. Vamos, que no dan tiempo a que lo hechos se sucedan con lógica. Los malos se encaprichan de la moza nomás verla (aspecto este también algo difícil de digerir si tenemos en cuenta que tampoco es que sea un bellezón, hablando claro), deciden atacarla pasados únicamente un par de días y a causa de un rechazo de lo más tontorrón... no hay ninguna posibilidad de crear vínculos con ningún personaje, bueno o malo, todos son clichés que llevan su sello identificatorio estampado en la frente y actuarán según el rol que les pertoca sin plantearse dudas ni nada por el estilo. ¿Es eso malo?, no, para nada, pero claro, contribuye a que a ratos "Venganza desnuda" resulte involuntariamente cómica, a pesar de su supuesta -que no- escabrosa trama. Es tal la velocidad, que los personajes se olvidan de las cosas fácilmente, como cuando el jefe del grupo de agresores esputa: "¡Borrad las huellas!", todos afirman, pero nadie lo hace y simplemente se largan de allí sin borrar nada de nada. En fin.
Chorradas aparte, como decía la peli se aguanta bien y entretiene dentro de lo razonable, pa ser lo que es y de quién es... ¿cómo que de quién?, ¡¡Cirio H. Santiago!!, el rey del "exploitation" Filipino-Americano de los 80 que tantos subproductos firmó para Roger Corman, sobre todo pseudo-"Rambos" y, of course, pseudo-"Mad Maxes 2", destacando ese mítico "Stryker", estrenado "Mad Max 3" en España (en el póster el nombre del director fue abreviado a Cirio H. Santiag, sin la o, por aquello de descastellanizarlo). Un jefe, un mito entrañable.
"Venganza desnuda" se puede disfrutar perfectamente con la actitud correcta... o incorrecta, según se mire.

miércoles, 23 de febrero de 2011

DE ESPALDAS A LA JUSTICIA

Estamos ante uno de mis descubrimientos más sonados de cuando me dio la deria por los justicieros, hace ya dos décadas atrás (junto a "Brigada de la noche"). Con ese título (y el original tampoco es mucho peor, "One Man Jury". De hecho, hasta el título provisional molaba, "El policía que jugaba a ser Dios"), esa caratula tremenda, ese actor, esa banda sonora y ese año de producción (1978), "De espaldas a la justicia" tenía -a priori- todos los ingredientes para ponerme palote y hacerme flipar.
No se a quién se le ocurrió que Jack Palance podría ser un buen "Harry el sucio", pero desde luego deberían darle un Oscar a ese perla. Con el careto y la planta que gasta, resulta ideal para encarnar semejante rol. Otra cosa es que el director de esto, Charles Martin (un mega-veterano de los años 40 que firmaba aquí su último trabajo), sepa sacarle provecho. Que no. De hecho, "De espaldas a la justicia" representa uno de los grandes momentos desaprovechados de la historia del cine, podría haber sido una peli fabulosa. ¡Joder, si hasta Joe "Maniac" Spinell hace de malo! (y un actor tan trash como Chris Mitchum de ayudante de Palance!!!). Pero nada, ni por esas. "One Man Jury" se queda a medio camino de todo.
Hay un asesino en la ciudad, le llaman "Navajero" ("Slasher" en inglés!) y al golfo le encanta matar a mujeres para follárselas luego. Palance interpreta al rudo policía que quiere pararle los pies, pero no hace más que encontrarse con trabas por parte de los que, se supone, están de su lado. Así pues, decide "negociar" con gente del hampa en busca de pistas y ayuda. Finalmente logrará dar con el asesino al que ejecutará a su puto rollo. Claro que, ya satisfecho, no cumplirá su parte del trato con la mafia, algo que le dará problemas extras.
Pues sí, evidente es la influencia de "Harry el sucio" en este casi-telefilm (y probablemente, algo de "Death Wish" también). Comparten un policía ambiguo capaz de pasarse al lado del mal con tal de pararle los pies a un psicópata, aunque el caso de Palance sea algo más extremo que el de Eastwood. Vamos, que Clint no hubiera cedido ante algunos de los personajillos que pululan por esta peli. El principal problema de Jack Palance es que, a pesar de su aspecto, interpreta a un poli que incluso llega a ser agradable y demuestra varias flaquezas. Además, sale con una tia que está muy rica, y eso atonta a cualquiera (eso si, en un toque muy Bronson, la moza tiene una opinión liberal y opuesta a la de su parteniere respecto a las leyes y los delincuentes). Por otro lado, tenemos la ausencia de violencia y sexo crudos. Tiros y puñetazos hay, pero no están a la altura de lo que uno podía encontrar en un thriller durante los años 70 -casi 80-.
Sin embargo, hay una secuencia que salva totalmente de la quema a esta cosica modesta, y es aquella en la que Jack Palance decide juzgar y ejecutar el solo al asesino, al que mata a sangre fría. Se pone unos guantes para no dejar pistas (cual matón) y ¡bang!. Una vez hecho, y siguiendo la estela del "Paul Kersey" virgen, el poli se queda bastante afectado, acosado por dudas morales y algo de remordimientos. Semejante acto supera en mala hostia incluso a la maravillosa secuencia de "Harry el sucio" en la que "Callahan" tortura al psicópata "Scorpio" en medio de un estadio de fútbol. No en calidad técnica ni actoril, tampoco en intensidad, sino más bien en significado amoral. Por eso a "De espaldas a la justicia" le doy un cinco pelado, y no un suspenso. AH! y por la música, que a mi me gusta mucho, sobre todo el tema inicial.
Y como colofón, una curiosidad. Según he leído por internet, en blogs y webs americanas, la versión que rula por ahí termina distinta a la que tenemos en España. Se suponía que, tras acabar con los malos, Palance iba a ser detenido por su compañero, pero al actor no le molaba nada la idea, así que -dicen- justo antes de rodar aquello, tiró su corbata al mar (ya que la acción se desarrolla en un yate) y se quedaron con las ganas. Pero, en la versión que yo tengo, después de esa escena sigue otra que no desvelaré, pero presupongo que aún le gustaría menos a Palance... y a mi. En su momento, cuando la vi por primera vez, no me moló nada y me dejó algo deprimido. Vista hoy, sigue siendo un "momento puta", solo que ahora le encuentro hasta su encanto. Para saber de que hablo, deberán agenciarse una copia del film... ¡si lo encuentran!.
Lo dicho, menos de lo que podría haber sido, pero entrañable a su manera.

domingo, 8 de diciembre de 2013

YO, EL JURADO

Durante la primera mitad de los 90, cuando andaba totalmente volcado en mi amor obsesivo por las películas de justicieros y polis duros, "Yo, el jurado" se ganó un puesto de vital importancia entre mis títulos de preferencia... sin haberla alquilado todavía. Bastaba con ver la carátula de su edición videográfica, cortesía de "Warner Home Video", para comenzar a salivar. El primer detective realmente duro y cabrón de la literatura popular, "Mike Hammer" (no olvidemos que una de sus primeras aventuras llevaba por título un contundente "La venganza es mía!" que habría puesto de buen humor incluso a "Paul Kersey"), posando todo chulo, pistola en ristre, rodeado de jacas de buen ver y todo ello metido dentro del cañón de un arma cualquiera con regusto "jamesbondiano". Fascinante. Alquilada la cinta y puesta en mi reproductor de vídeo, la cosa no podía arrancar mejor. "Hammer" recibe el encargo de seguir a la atractiva mujer de un acaudalado hombre de negocios porque cree que le está poniendo los cuernos. ¿Y qué hace nuestro detective?, pues informar al cliente de que sus sospechas eran infundadas, mientras él mismo se la está beneficiando. Brutal. Aunque nada comparado con lo que sigue, los títulos de crédito más macarras y molones que he visto en toda mi vida, a base de constantes imágenes estilizadas, color sepia, del amigo "Hammer" en posturitas chanantes. Encima, acompañadas de un tema maravillosamente vigoroso y dinámico de Bill Conti (sí señora, el de "Rocky"). Hay peña que afirma con contundencia que lo mejor de "Yo, el jurado" es su prota femenina, la guapa y semi-desaparecida/retirada Barbara Carrera (pero lo dicen porque, obvio, se marca un despelote generoso a media peli... ¡¡putos salidos!!). Yo no entro en ese grupo, para mi lo mejor de "Yo, el jurado" son los títulos de crédito del inicio..... y si no, ahí va la prueba de fuego (versión franchute, donde se la conoce como "J'aurai ta peau", que traducido se parecería a "Voy a tener tu piel" y también tiene su qué):


Hasta aquí las buenas noticias. Luego vienen las malas, que es que, con semejante arranque/subidón, después todo es cuesta abajo. En ningún momento a lo largo de los, aproximadamete, 100 minutos que quedan, consiguen repetir la hazaña. Ni tan siquiera en las escenas de acción, que tampoco son muchas. Es más, la historia que nos cuentan resulta liante y confusa. El espectador no logra meterse en ella, ni enterarse demasiado bien de qué demonios pasa. Pero yo, que soy un tio aplicado, me he informado a fondo y sería algo así: "Jack", un detective manco que combatió en Vietnam junto a "Mike Hammer", al que salvó la vida (motivo por el que perdió el brazo), es asesinado de un disparo. Nuestro prota, lógicamente afligido y "en deuda", decide investigar y encontrar al culpable. Ello le llevará hasta una inquietante clínica dedicada a resolver toda suerte de problemas sexuales, regentada por la mentada Barbara Carrera, a la que "Hammer" echa el ojo. El caso es que comienzan a sucederse cruentos crímenes, propios de todo un psicópata desviado y los que mueren son, oh casualidad, personas que podrían echar luz sobre el caso. Total, que al final resulta que el gobierno recluta a asesinos salidos de la mentada clínica para cometer crímenes como tirando a "políticos", pero disfrazados de homicidios mundanos y callejeros. Algo así.
Bien, si uno lee a conciencia los créditos de "Yo, el jurado" descubrirá que su guionista no es otro que el reputado Larry Cohen, sí amiguitos, el mismo que dirigió en su momento películas como "Estoy Vivo", "La serpiente voladora" o "The Stuff (In-Natural)", entre muchas otras. Ese Cohen que, paralelamente a una carrera como director, se gana las garrofas explotando su faceta de guionista, bastante más sólida. Suyos son los guiones de "Maniac cop" (y secuelas), "Best Seller", "Muerto el 4 de Julio", "El abogado del diablo", "Última llamada" o "Cellular". Bien, ¿¿y cómo es posible que la trama de "Yo, el jurado" resulte tan torpe y caótica con todo un Cohen tecleando??, pues ya os lo podéis imaginar, gracias a la inadecuada intervención de manos ajenas.
En realidad, y desde buen principio, Larry Cohen fue contratado no únicamente para escribir, también dirigir. Sin embargo, problemas de diversa índole terminaron por excluirle del trabajo tras seis únicos días a los mandos. ¿Qué problemas?, los productores decían que en tan solo una semana de rodaje, el presupuesto ya se había disparado. El mismo Cohen cuenta que la productora tuvo un porrón de problemas financieros que mandaron todo al traste. Sea como fuese, el caso es que el poco material rodado por el amigo Larry fue descartado (aunque se mantuvo gran parte del casting y las localizaciones, cosa suya. Destaca en ese sentido que la oficina de "Mike Hammer" esté instalada en la famosa "Time Square" de New York, entonces centro neurálgico de las mitificadas "grindhouses"). Contrataron a otro menda, Richard T. Heffron, de origen televisivo (aunque entre sus trabajos previos no exclusivamente catódicos estaba la mediocre pero simpática "Mundo futuro", secuela de "Almas de metal") y este comenzó de cero. Aún así, y a pesar de tó, se mantuvo el crédito como guionista de Cohen.
¿En qué salimos perdiendo?, pues en que la versión Cohen iba a ser bastante más truculenta. "Yo, el jurado" (de la que incluso llegué a comprarme un no menos chanante press-book, hoy día tristemente perdido) era una de esas "películas peligrosas" con fama de extremadamente violenta y erótica. Bien, luego resultó no serlo tanto. ¿O tal vez sí?, en cuestiones sexuales (y pal momento de su confección, 1982), pues hombre, iba bien cargadita. Al desarrollarse en una clínica pa salidos mentales, la cosa daba juego. La escena más memorable es cuando se organiza una orgía en la que los comensales lo pasan pipa, mientras los médicos toman nota de lo que ven (??). En lo violento, el tema flojea. Hay chichilla, pero es poca cosa. Sin embargo, la prueba de que no era ese el plan inicial la tenemos en el testimonio de Carl Fullerton, responsable de los efectos especiales y de maquillaje con un

curriculum notorio (has visto sus esfuerzos en títulos como "Viernes 13, 2ª y 3ª partes", "Lobos humanos", "Historia macabra", "El ansia", "F/X Efectos mortales", "El silencio de los corderos" o la recientísima "2 Guns"), que había fabricado varios trucajes finalmente desechados. El más llamativo de ellos era una mano mecánica que iba a ser reventada por efecto de un disparo (tienen la prueba gráfica por aquí cerca, cortesía de las páginas de "Mad Movies").
Desafortunadamente, Richard T. Heffron aplicó toda su discutible pericia cajatontil pariendo un material mucho más "light" de lo que habría sido deseable. Es más, diríase que luego el resultado final pasó por las manos de la censura (o, como hacía "Paramount", la auto-censura), porque hay secuencias violentas abruptamente y caóticamente montadas. La más llamativa de ellas es aquella en la que un cocinero asiático se carga a una testigo rajándole la garganta con el mismo cuchillo con el que estaba preparando un exquisito manjar. Dejando a un lado lo delirante del momento (aunque podemos suponer que el cocinero loco es un agente encubierto de los malos, no entendemos cómo sabía que justo en ese instante iban a requerir de sus servicios, cosa esta que, al no ser aclarada, adquiere un tono decididamente surrealista, aunque efectivo en su cometido), choca encontrarse con un montaje seco, contundente, que no respeta del todo el tempo y que, en esencia, nos impide "disfrutar" del momento. Muy sospechoso todo ello.

Claro que no solo de violencia nos desproveyó el despido de Larry Cohen, también de ideas ingeniosas y algo mal intencionadas, sobre todo en relación al personaje protagonista. Creado por el hasta entonces guionista de comics Mickey Spillane el año 1947 en la que fuera su novela de debut, justamente "I, the jury", "Mike Hammer" pertenecía a lo que entonces se consideraba literatura barata para el populacho. De hecho, el material fue de lo más escandaloso por su alto contenido de sexo y violencia -para la época, se comprende-. Sin embargo, tuvo un éxito arrollador y "Mike Hammer" pasó a la radio, los tebeos y, finalmente, al cine, con la primera adaptación de su novela de debut, en 1953. A esta seguirían un puñado más, destacando la más conocida y respetada de todas ellas, "El beso mortal", 1955, y la más bizarra, "The girl hunters", 1963, que incorporaba al mismo Spillane en el rol del rudo detective. Aunque seguramente el "Mike Hammer" más famoso sea el que Stacy Keach interpretara para la televisión, en una longeva y famosa serie donde lo que más destacaba era su cabecera y el tema musical que en ella sonaba ("Harlem Nocturne" de Earle Hagen).
Por suerte o por desgracia, nunca he leído una sola novela original de "Mike Hammer", pero me consta que se trataba de un personaje muy amoral, bruto, machista hasta la muerte, amante de las broncas, alcohólico, orgullosamente misántropo, abiertamente patriota y anti-comunista (cuando Mickey Spillante murió el año 2006, para rememorar su creación un periódico lo comparó con mi querido "Harry Callahan"... pero yo creo que era incluso peor). Y no me trago que en el cine de la época, y mucho menos la televisión, fuese retratado como realmente era, ni aunque lo interpretase su propio padre. Lo lógico sería pensar que en una década como la de los 80 sí recibiera un trato justo, pero tampoco. Para esta nueva versión de la novela "Yo, el jurado" (con la que, como era de preveer, guarda muy pocos puntos en común. Por no decir que prácticamente ninguno. De hecho, y según los especialistas, la película mezcla dos novelas, la que le da título y "The Body Lovers"), se contrató a Armand Assante para que diera vida al personaje. Sin embargo, aunque chulesco en sus andares, Assante no terminó de dar la talla, ya no solo por ser bajito, también porque los guionistas (ya fuese Cohen o los que le sustituyeron) le desposeyeron de sus ganas de bronca, de su constante mala leche y de su alcoholismo (en la peli nos hacen entender que lo fue en el pasado, pero que ahora se mantiene al magren del vicio) y redujeron su machismo a lo esencial (es duro con las mozas, pero también es cierto que rechaza más de un ofrecimiento carnal para centrarse únicamente en la piva que le pone de verdad). El propio actor justificó esos cambios en su momento, alegando que aquellos eran otros tiempos y se habían adaptado a la corriente reinante. Es curioso ver cómo, entonces, nadie se lo tomó demasiado mal, mientras que hoy día sería brutalmente criticado por exceso de corrección política. A esos cambios "aceptados" por su condición "humanizante", están los que Larry Cohen escribió con fines desmitificadores. Al director de "Estoy Vivo" no le molaba nada "Mike Hammer", y se nota. En las entrevistas que he consultado, disfruta como un enano comentando cuán de gozoso fue para él hacerle llorar cuando descubre que han asesinado a su amigo (cosa esta que yo, de chaval, encontré lógica y normal) o cómo es manipulado cual monito por los de arriba que aprovechan su propia condición de semi-psicópata adicto al gatillo. Un apunte más, finalmente no respetado en la película conclusa, hacía referencia a que el detective descubría haber sido blanco de los intereses sexuales de su amigo muerto, lo que para un macho de su talla, era algo casi traumático. Curiosamente, los responsables de reescribir el material, decidieron darle a "Hammer" algunas escenas de lucimiento propias de su leyenda, como la del final, que no desvelaré pero que mola mazo (atención a su última frase/respuesta). Qué quieren que les diga, llámenme iluso, pero a mi me gusta así, que los duros ¡lo sean!, nada de ambigüedades ni polladas de esas. Claro que un desenlace tan contundente se cargaba otro que, a su vez, también habría sido de lo más chachi. "Mike Hammer" daba con el asesino de su amigo y ¿cómo lo ajusticiaba?, matándolo a hostias con el brazo ortopédico de aquel (que, les recuerdo, era manco).
El reparto de "Yo, el jurado" también es muy de su época. Junto a Assante (que posteriormente iría dando tumbos por la televisión, hasta su recuperación en "Los reyes del mambo tocan canciones de amor". Desde entonces no para quieto) y la Carrera tenemos a Alan King, Geoffrey Lewis, Paul Sorvino como los más famosos, y a Judson Scott (por increíble que parezca, lo recordaba por su modesto papel en "Star Trek 2, la ira del Kahn") o William G. Schilling (especialmente divertido haciendo de adúltero/putero en "Por favor, maten a mi mujer") como los menos. Merece la pena destacar a la mediocre Laurene Landon, que si siempre hemos visto asociada al cine de Cohen es porque, efectivamente, durante un tiempo fueron pareja. De hecho, en el rodaje de "Yo, el jurado" eran novietes. Él la había enchufado para encarnar a la secretaria de "Mike Hammer" y los productores decidieron mantenerla en el rol a pesar de haberse quitado de encima al maromo. Este, si ya estaba dolido por la experiencia, todavía tenía que tragar más quina cada noche cuando Landon llegaba a casa y le contaba cómo había ido el sarao y cuánto se estaban cargando su guión, a pesar de que los mandamases le pedían que no lo hiciera. ¡Qué cosas!. La amiga Laurene posteriormente desarrolló una carrera en películas de segunda regional (entre ellas "El poder de las armas" de Fred Olen Ray, donde era lo peor de todo el reparto, dolía verla) e incluso pudo gozar de algunos roles protagonistas, como los de (la aburrrrrida) "Hundra" y "Yellow Hair & the Pecos Kid", ambas dirigidas por Matt Cimber (Matt Cimbrel para los amigos), un nombre tan musical y bonito como el de Terry Marcel.
Por su parte, Larry Cohen, acojonado ante la idea de que su despido le proporcionara el nada deseable estigma de director incompetente, corrió a bucar un nuevo proyecto en el que centrarse, y este acabó siendo su mejor película, la altamente recomendable y entrañable "La serpiente voladora". Resulta que, a causa de los continuos problemas logísticos, "Yo, el jurado" terminó de rodarse a la vez que el nuevo film de Cohen y, básicamente, se estrenaron juntas. Es más, lo hicieron en la misma calle (suponemos que "Times Square") y en dos cines que caían uno frente al otro. Es ahí donde el amigo obtuvo su deseada venganza, porque mientras "Yo, el jurado" fracasaba, su peli (bastante más barata, pero también mucho más entretenida e imaginativa) triunfaba como la cocacola. Bien por él.
Y es que no me sorprende. "Yo, el jurado" había nacido ya condenada y, simplemente, las cosas siguieron su curso natural. Podría haber sido una gran película, un gran thriller vibrante, violento y sexy, pero como les he tratado de contar en esta pesadilla de reseña, se queda a medio gas... en todo. Incluso las escasas escenas de acción pura no nos ponen palote, aunque tampoco nos ofenden. Y todo ello envuelto en esa trama confusa y carente de garra.
Es visible, es soportable, pero no es imprescindible. Qué lastimica.