Mostrando las entradas para la consulta paul smith ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta paul smith ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de diciembre de 2019

SIMÓN Y MATEO

“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill. Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella. Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para  después, por su propia naturaleza y,  para siempre, desaparecer lo que fue la pareja de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in, por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió  “Simón y Mateo” para su distribución en cines americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill, sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas, Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como “Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste, también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran mejores, que estas son una puta mierda.

lunes, 22 de febrero de 2016

SI ME ENFADO...

Ya hemos hablado de Paul Smith en otras ocasiones diciendo prácticamente lo que voy a decir aquí, así que no me extenderé mucho.
Paul Smith  actor estadounidense que un buen día viajó hasta Israel para hacer un papel en la película “Exodo”, hizo muy buenas migas con ese país. Tanto que se quedó alli. Iba viajando de aquí para allá por motivos políticos y laborales, haciendo pelis en Alemania, USA y demás, pero fijó su residencia el Tel Aviv. Pronto, las películas de Bud Spencer y Terence Hill pegaron el pepinazo en medio mundo. Y como más o menos Paul –Lawrence- Smith se parecía un poco a Bud Spencer, a un productor sin escrúpulos Israelí, se le ocurrió hacer una película  explotando en, no tan notorio parecido. Así, este tenía que hacer ver que era Bud Spencer,  tenía que imitarlo y dar  mamporros a tuti plen en esa película. Esa película se tituló “Fishke Bemilu’im” y se convirtió en un éxito mayor que cualquiera de las verdaderas películas de Bud Spencer, a menos en Israel,  por lo que se quedó allí como clon oficial del actor Italiano, si bien era cierto que el público en realidad pensaba que era el verdadero Bud Spencer. Y gracias a esto, Paul hizo películas como clon de Spencer en Italia y Alemania tan ricamente. Lo mejor de todo es que gracias a su popularidad, y a que era estadounidense, en los años ochenta pudo volver a su país a hacer cine mainstream. Pero claro, allí no era una estrella. En Israel si, y como su mujer, familia y amigos eran de allí, pronto volvió al país que le había tratado tan bien y se fue a pasar sus últimos años de vida al país del que llevamos un rato hablando (dije que no me extendería… en fin, ya saben como va esto). Y  todo esto gracias a la película “Fishke Bemilu’im” que en su edición en vídeo en nuestro país se tituló “Si me enfado… lo rompo todo” y que tras mucho buscar, por fin pude encontrar, más que nada porque alguien tuvo la bondad de colgar en la red un montaje de aquellos.
Y claro, como era de suponer, en nuestro país, la gente picába con la película. Y muchos tampoco distinguían al original del clon.
Yo en aquella época era  más o menos fan de Spencer/Hill, la edad era la idónea ya que era yo muy niño y de la misma manera que les digo que en su momento piqué con la estafa videoclubera que era la película “Otra Loca Academia de Policía” (remítoles al pest seller), también les digo que, a pesar de lo tuneadísima que estaba esta carátula para que Smith pareciera Bud Spencer, cuando examiné la misma siendo infante con el fin de alquilarla, desistí porque me parecieron nombres muy extraños los que en la carátula aparecían, y no veía  el nombre de Bud Spencer por ningún lado. Así que, tonto de mí, nunca la alquilé… de hecho todo el interés por los clones me vino ya de más mayor, cuando desarrollé cierta (odio llamarlo así) cinefágia.
¿La película? Es lo de menos, lo bueno es la historia que hay detrás. Pero como además esta ya la sabían porque la he contado más veces en este blog, que menos que comentarla aunque sea por encima.
Dos amigos de los campos de trabajo Israelíes, deciden asociarse e ir a buscar trabajo a Tel Aviv, con el fin de salir un poco de la miseria que arrastran. Una vez en la ciudad tendrán que usar sus puños para salir de las dispares situaciones que vivirán, ya sean estas acudir a fiestas de disfraces donde un grupo de funk autóctono se canta canciones horrorosas enteras sin que la cámara cambie de plano ni una vez,  ya sea Paul Smith seducido por un homosexual, que más que seducir, acosa con el clásico “no sabes lo que te pierdes”.
Pues además de lo bizarra que resulta, lo exótica y el hecho de que los homosexuales son retratados en esta película como seres casi diabólicos –uno de los malos es homosexual y resentido- o que las peleas, tratando de imitar las de Spencer/Hill, acaban siendo una cosa extrañísima y hasta violenta porque hay moratones y sangre (cosa que en las de Spencer/Hill, no), lo cierto es que, siendo mala como es –y ha de ser- la película es condenadamente entretenida, lo que resulta ser un valor en alza si además añadimos todo lo demás que he dicho antes. Así que si, merece la pena verla también, aunque no haya mucho más que contar. ¿Les parece poco?

viernes, 17 de octubre de 2014

NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES

El “ExploitationItaliano es absolutamente fascinante, descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse  y hacer las versiones de los éxitos autóctonos con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul  Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de “Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre las plateas europeas. Estos fueron  el americano Paul Smith y  el Italiano Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado, máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”, pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo suficientemente rentable como para generar una secuela  y  tres películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película “Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”,  y esta si, congregó cerca de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película, contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones “Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a  rebautizarles como  ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de Robert Altman, y haciendo papeles en  “El Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick” junto  a Mel Gibson, aunque siguió haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y fue  la identidad secreta de “Supersonic Man” de Juan Piquer Simón…. Así  que ¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas películas?
Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo) si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que, peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de automóviles en el oeste, donde este  vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal  progreso, lo que les acarreará un montón de problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos. Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer, Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas como “Los 3 Supermen”,  reputados “Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas  carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha. Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante. Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.

viernes, 24 de marzo de 2017

CARAMBOLA

“Carambola”, probablemente sea la más popular de las películas protagonizada por los clones de Bud Spencer y Terence Hill, PaulSmith y Michael Coby, de los que ya he hablado tanto por aquí, que con pinchar en sus nombres ya les debería bastar para saber quienes son, si es que a estas alturas, y visitando un blog como este no lo saben ya.
Así pues, “Carambola” es una de las consecuencias directas del éxito de “Le llamaban Trinidad”  y en la que Paul Smith y Michael Coby procuran imitar a Spencer y Hill al máximo. Y lo consiguen hasta tal punto que parece que estés viendo una película de ellos. Porque, si algo me ha llamado la atención, es que la película es tan difrutable como las de los originales, incluso más, que algunas de las mas flojas de la pareja clonada.
Porque, si efectivamente, en las películas Israelíes en las que Paul Smith hace las veces de Bud Spencer (“Si me enfado… lo rompo todo”) si que puedo destacar la pobreza de medios con los que esas películas están realizadas, aquí la producción no dista mucho de las de Bud Spencer y Terence Hill. Es más, Carambola podría estar protagonizada por ellos perfectamente.
Teniendo en cuenta que en Italia “Carambola” funcionó de perlas en Italia, e incluso, en nuestro país llevó casi 700.000 espectadores a las butacas –váyanse a saber ustedes si engañados por el póster de la película y el parecido de los clones, o por ser un western cómico-, me pregunto yo: ¿No será que el hecho de que estas películas resultaban un éxito solo por ser películas con clones? Yo creo que es más que probable, porque se trata de un guion que perfectamente podrían haber hecho los auténticos, o que hubiera resultado atractivo con otros personajes que no imitaran los arquetipos de Spencer y Hill. Además el director, Ferdinando Baldi, ya había trabajado con Terence Hill en otras ocasiones (en “El clan de los ahorcados”, por ejemplo).
Cuenta la historia de un experto del billar –graciosísimo el verle ejecutar jugadas imposibles de billar, siendo estas resueltas con ¡Stop Motion!- que es encarcelado por usar un revolver no reglamentario, y de un busca bullas que es encarcelado por eso mismo, por montar bronca, y que estando ambos en la cantera realizando trabajos forzados, uno de ellos mata en un accidente a uno de los guardias y se ven obligados a fugarse de allí. Todo se enredará cuando descubramos que en realidad no han matado a nadie y que todo es una encerrona en la que se les mete, y de la que ellos saldrán a base de mamporrazo, arte Italiana esta, en la que Smith y Coby, no son tan vistosos como Spencer y Hill.
Funcional entretenimiento. Un Spaghetti Western de corte cómico y autoconsciente, y espoliador de lo que espolia, que es su principal atractivo.
Del dire, Ferdinando Baldi, decir que en una más que prospera carrera,  dirigió varias películas del dúo Smit-Coby, llegó a dirigir, con anterioridad, al mismísimo Orson Welles en “David y Goliat”, pero sobretodo, es popular para los integrantes (y los asiduos) de este blog, por dirigir esa joyita del trash que es “El tesoro de las cuatro coronas” de la que ya hemos hablado en varias ocasiones, ya sea en formato podcast, como en formato “Pest Seller” en “Malas pero divertidas”.

martes, 7 de abril de 2026

EL CONTRAGOLPE

Al margen de las películas de Paul Smith y Michael Coby y sus descarados exploits de las de Bud Spencer y Terence Hill, podemos hablar de otro fenómeno estrictamente italiano, que quizás prosperó algo menos a nivel popular, pero convertiría las películas de Spencer + Hill en un género en sí mismo. Me refiero a aquellas similares a las de la pareja europea por antonomasia, en las que otros actores adoptarían los roles que ellos deberían asumir (sin que estos los interpreten ni Paul Smith ni Michael Coby). Para que me entiendan, películas como las de ellos, pero sin ellos (ni sus clones). “Forajidos 77” tendría ramalazos de esto que digo y “Dos primos y un destino”, con Tomas Milian y Renato Pozzetto, pese a ser una cinta más dentro de la saga de "Monnezza", uno de los personajes que popularizaría Milian en su cine, bien podría ser un producto más de los que protagonizaron Spencer y Hill.
Pero el caso que nos ocupa es más flagrante. Y se trata de una gran rareza.
Es una secuela directa del clásico “También los ángeles comen judías”, una comedia ambientada en el Nueva York de los años 30, al igual que su predecesora, que, a pesar de contar con su estreno en salas en Italia e incluso ser exportada a España, pasó inadvertida para el imaginario popular. No sin razón, porque se trata de una de Bud Spencer y Terence Hill sin Bud Spencer ni Terence Hill. Hablo de “El contragolpe” (el título, obviamente, trata de parodiar el del clásico americano “El golpe”) de 1973.
Y es que cuando Enzo Barboni puso en marcha su coproducción ítalo-hispano-americana “También los Ángeles comen judías”, lo que tenía en mente era hacer una película con Bud Spencer y Terence Hill, pero, a causa de problemas burocráticos que venían por parte de la producción estadounidense, se contrató a Spencer, pero no a Hill, por lo que se buscó un sustituto, en este caso Giuliano Gemma, que no había hecho nunca comedia. Así las cosas, se le pidió que, para la ocasión, imitara lo máximo que pudiera el estilo de Terence Hill y, obediente, Gemma así lo hizo.
Barboni rodó su película lo mejor que pudo; sin embargo, poco antes del estreno les advirtió a los productores que no se fliparan, que esto no iba a ser un gran éxito como las películas de “Trinidad”, porque aquí no estaba Terence Hill. Barboni se equivocaba, porque lo cierto es que hizo una de las mejores del subgénero, y Bud Spencer y Giuliano Gemma tenían la química suficiente como para que no se echara de menos a Hill. Hay quien dice que Bud funcionaba mejor con Giuliano que con Terence. Y la película resultó ser un éxito internacional. En España la vieron en el cine casi dos millones de espectadores.
Debido a semejante pepino, todavía caliente, Barboni escribió una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero, consciente de la apretada agenda de Bud Spencer, contó con los servicios de Giuliano Gemma, que interpretaría el mismo rol que en la anterior, "Sonny", y escribió un papel para un sustituto de Spencer, que interpretaría el sueco Ricky Bruch, con un físico similar, quizás más mazado, pero espantoso actor en general y, en particular, espantoso imitador de Bud Spencer.
Bruch en realidad no era actor. El año anterior se hizo muy popular en Alemania porque, como atleta de élite, había ganado la medalla de bronce de lanzamiento de disco en las olimpiadas de Múnich, y como el público potencial de las películas de Barboni se encontraba en Alemania, quiso usar al deportista como reclamo. Luego aparecería en un par más de películas, pero su carrera como actor no prosperó más allá de “El contragolpe”.
Asimismo, aunque utiliza a un personaje principal de “También los ángeles comen judías”, el film no tiene continuidad con aquella.
"Sonny" es un tipo muy pobre que sueña con ser gánster. Con malas artes logrará embaucar a un mafioso que le ofrecerá una calle a su cargo en Nueva York, que a su vez está protegida por un tal "Rocky" quien resulta ser el cura del barrio que, además de exboxeador, regenta una destilería clandestina. Se creará un conflicto de intereses que desembocará en enredos y secuencias de peleas al estilo Spencer-Hill.
Esta vez la cosa resultó un fracaso. En España la vieron medio millón de espectadores de la época y ni siquiera tuvo edición en vídeo. La única forma de consumirla hoy es recurriendo a la descarga ilegal de una copia proveniente de su emisión en el canal 8 Madrid.
De título original “Anche gli angeli tirano di destro” (que podría haberse traducido como “También los ángeles se levantan con el pie izquierdo”), y conocida en según qué otros países como “Charlestón”, “El contragolpe” resulta una estupenda comedia de hostias, enredos y situaciones resueltas a base de slapstick y malentendidos que quizás no obtuvo el éxito que merecía porque en realidad es una película de Terence Hill y Bud Spencer en la que ellos no están; es decir, falta el reclamo principal por mucho que Gemma vuelva a interpretar el papel de "Sonny". Y no creo que el gigante sueco, que a buen seguro enviaba los discos que lanzaba al quinto coño, resulte tan atractivo para el público de este tipo de películas como sí lo era Bud Spencer. Por supuesto, no es tan divertida como “También los ángeles comen judías”, pero sí que es estimable y a tener en cuenta.

lunes, 18 de septiembre de 2017

POPEYE

Popeye es un personaje que de siempre me ha obsesionado. Poco a poco he ido coleccionando una buena cantidad de sus cortometrajes animados, o de los largometrajes a base de cortos que se estrenaban en cines españoles, que me instaron incluso a montar el mío propio, aprovechando la coyuntura que me ofrece el dominio público de esos cortos, y ser uno de los responsables del sello “Vial of Delicatessens”.
Y ahora esa obsesión se acrecenta con el descubrimiento de las tiras cómicas de su creador, Segar,  y de Bobby London, quién magistralmente continuó con el trabajo de Segar en los ochenta, modernizando a los personajes y utilizándoles como portavoces de sus protestas hacia unos editores que eran más tontos que la madre que los parió, y cuya estrechez de miras contribuyó al despido de uno de los más grandes dibujantes de Popeye, y cargarse así una obra  maestra del cómic contemporáneo y quedarse tan panchos. Pero eso es otra cuestión mucho más larga de la que quizás les hable en otro momento. Pero si gustan, “Kraken” está editando esas maravillas en España ahora mismo. Del autor que más dibujó a Popeye, Bob Sagendorf, poco he visto, y lo poco que he visto tampoco era muy sugestivo,  como tampoco lo es lo de su actual dibujante en prensa, Hy Eisman. Me gustan, sí, pero lo de Segar y London es que me vuelve loco.
Al margen de esto, que yo soy consumidor de Popeye hasta límites insospechados, me resistía a volver a ver la famosa película de RobertAltman. Es unánime, todos la vimos de pequeños esperando una cosa, y recibimos otra, en el recuerdo, bastante aburrida. Así que en plena fiebre “Popeyera”, considero que es un buen momento para recuperarla y ver como afecta el visionado a mi mediana edad, y sin volver a  haberla visto desde que era un infante. “Popeye” es una cosa muy rara, muy bizarra, y he llegado a la siguiente conclusión; o bien mi amor hacia el personaje me ha hecho perder toda objetividad, o bien “Popeye” es una película muy buena pero muy poco indicada para el  público infantil.
Como fuere, “Popeye” cuenta la historia de un marinero rudo y tuerto, que en busca de su padre perdido, llega a un lugar llamado Puerto Dulce, y se amoldará a esa fauna a las mil maravillas. Conocerá a Rosario (Olivia) de a cual se enamorará, a Pilón que come hamburguesas, a Perendengue que las cocina, y a Brutus, el pretendiente de Rosario, al cual se la levantará y se convertirá en su acérrimo enemigo. Hasta adoptará a un bebé que habla al que llama Cocoliso; y por supuesto, encuentra a su padre. Es así de sencillo. No hay más, eso es lo que cuenta.
Lo que pasa, es que la película, y por eso no me gustó de niño, es una extravagancia de tomo y lomo; sin embargo, es lo más fiel que hay a las primeras tiras de Segar a las que antes hacía referencia, ya que en ellas se basa, a pesar de que cuando se rodó, el concepto de Segar y sus años 30, estaba ya bastante desfasado. El Popeye al que estaba acostumbrado todo el mundo, posiblemente fuera en de los dibujos animados de los años 50 y 60, o bien, el de los 80 de la factoría Hanna Barbera. Entonces, si buscamos ese Popeye, está claro que no lo vamos a encontrar en esta película. Es más, la película es rara hasta si la comparamos con las tiras de Segar. Pero eso no es malo en absoluto.
En definitiva, que me ha gustado, y mucho.
La película está considerada uno de los grandes fracasos de Hollywood, pero este fracaso es relativo. Relativísimo, porque la película tuvo un coste de 20 millónes de dólares de la época, y recaudó en taquilla cerca de sesenta. Pero para las expectativas de los directivos de Paramount eran de sobrepasar los 100, por lo tanto, al no alcanzar esas cifras, relegaron la película al ostracismo. Nuestro país era un fiel reflejo de la medianía de taquilla, y siendo una película distribuida por Disney, que tenía los derechos de explotación para Europa, 426.000 espectadores no están  mal, pero no son nada del otro mundo.
Todo esto viene dado por la falta de cabeza y el exceso de coca de “El chico que conquistó Hollywood”, Robert Evans. La adaptación al cine del musical “Annie” era un proyecto acariciado por los grandes estudios. En concreto, los derechos del mismo se los disputaban Universal y Paramount, para los que trabajaba Evans. Tras una ardua lucha para conseguirlos, se ve que el mejor postor fue Universal, quienes se quedaron con los derechos y produjeron uno de los musicales más célebres de los 80.
Evans, caprichoso y testarudo como pocos, que quería quedarse sin si musical de moda con el que hacerle la competencia a “Annie”, y sabiendo que Paramount tenia un buen número de personajes de cómic y de ficción en su poder, congregó una reunión con los ejecutivos para ver con cual de todos esos personajes podían realizar una superproducción. En cuanto alguien dijo Popeye, Evans ya no se lo pensó más. Se puso manos a la obra con la producción de esa cinta. Los derechos del personaje pertenecían a la King Factures Sindicate a efectos televisivos, radiofónicos y editoriales, pero, Paramount conservaba los derechos de explotación del personaje para cines y teatros, con lo que era totalmente lícito hacer una película con el personaje, que no solo se valdría de su fama para triunfar, sino que además, serviría para darle un empujón de audiencia a la serie que sobre el personaje estaba en aquellos momentos en televisión “La hora de Popeye”, los míticos dibujos animados de Hanna-Barbera, con los que nos criamos todos los cuarentones. Así pues, el tema del papeleo fue sobre ruedas.
Robert Evans, no era muy listo, pero no muy inteligente, y contratando al historietista Jules Feiffer para que escribiera el guion, pensó en películas exitosas del estudio, y se acordó de “Cowboy de medianoche”, por lo que quería a su director, John Schlesinger, y a la estrella de la película, Dustin Hofman (¿) como director y protagonista, respectivamente, se su adaptación de Popeye.
Feiffer, conocedor de los cómic, lógicamente, escribió un libreto que adaptaba fielmente el universo creado por Segar, al mismo tiempo que introducía elementos propios de los cortometrajes para cine de la factoría Fleischer. Así, tenemos en la película personajes primigenios de “Thimber Teather” –que es como se llamaba la tira de Popeye en su momento- como puedan ser Castor Oyl, hermano de Olivia, o su primer novio, Ham Gravy, o detallitos como el hecho de que a Popeye no le gusten las espinacas, y tenemos una fuerte presencia de Brutus, como en los dibujos animados de Fleischer, mientras que en la tira cómica este aparecía tan solo de pasada.
Aunque Schlesinger no era el director adecuado, finalmente se contrató a uno que tampoco lo era demasiado, por su condición autoral; Robert Altman.  Robert Evans estaba hasta los cojones que Altman llevara varios fracasos de taquilla seguidos desde que rodó “Nashville”.  Y estando de farra una noche, se lo encontró en un bar, alicaído, borracho, enfarlopado. Evans ante tan patética imagen, tuvo una idea; para que Altman volviera a estar en primera linea, debería dirigir un éxito comercial, y como “Popeye” estaba concebida para que fuera eso mismo, contrató a Altman para dirigir la película. Es entonces cuando entran en casting Robin Williams como Popeye, Shelley Duvall como Rosario (Olivia) y Paul Smith –el clon de Bud Spencer- com Brutus. Y sin duda, es el mejor casting que puede tener una película. A mí no se me ocurre ninguno mejor que ese.
Disney que entró en proyecto porque estaba en su momento de mayor decadencia y quería hacer películas de imagen real que enganchara a un público más o menos adulto, puso toda la carne sobre el asador.
Previo al inicio del rodaje, se construyó en Malta un enorme plató que representaría el pueblo donde transcurrían las tiras de “Thimble Theater”, Puerto Dulce. Un plató que, un tanto abandonado, aún permanece en el lugar dónde se construyó, y que supone una de las atracciones turísticas de la zona
Una vez iniciado el rodaje todo eran problemas, sobretodo entre productor y director. Evans se presentaba en el rodaje y no hacía más que increpar a Altman, que llevaba cinco fracasos a sus espaldas, que si no convertía esta película en un éxito, estaba acabado. Y Rober Altman pedía que se le dejara hacer su trabajo y que no tocara los cojones.
Es muy probable que el tono Bizarro y enrarecido de la película, más que una cuestión estilística, sea debido a los excesos lisérgicos, ya que  la cocaína circuló por ese rodaje como en pocos. Altman y Evans la consumían con avidez, lo que originó que en uno de sus constantes enfrentamientos, acabaran a puñetazos, a hostia limpia, mientras que Robin Williams y Shelley Duvall, estaban más centrados en esnifar entre toma y toma que en interpretar sus, por otro lado, ensayadísimos papeles. Paul Smith, que no tenía los mismo hábitos que las estrellitas, no consumía ningún tipo de drogas, motivo este por el que fue ninguneado. Evans llegó a decirle que si llega a saber lo soso que era, hubiera contratado a ese  actor Italiano al que suplantaba –refiriendose a Bud Spencer- pero que por el caché de aquél, tendría tres Paul Smiths haciendo nada.
Por otro lado, Altman no se hacia con la dirección, estaba tan drogado que cuando había muchos actores en plano, no sabía bien lo que hacer. Los técnicos también le daban a la cocaína cosa mala, y todo era un pifostio de tres pares de cojones. Por eso es una película tan extraña.
Cundo se estrenó, aunque dobló su presupuesto, no fue suficiente para Evans, con lo que declaró a la película y a su director, non gratos.
La película tampoco recibió críticas halagueñas, y en general, se prodigó como uno de los grandes fracasos de la historia del cine. Vista ahora, yo creo que ni tanto ni tan calvo. La verdad es que está muy bien, y todo ese halo de rareza, yo creo que la convierte en una película única, más cercana a cierto cine de autor Europeo ( “Sweet Movie” tiene algunas similitudes estéticas) que al cine comercial americano, y sin embargo, su estética le viene muy bien al universo Popeye.
Robert Altman, por otro lado, recuperaría el prestigio perdido poco a poco, y con los años.
También, y como todos esos films que Hollywood se empeña en marginar y etiquetar de fracaso –Ya sea “Ishtar”, ya sea “Howard, un nuevohéroe”, ya sea “Cuatro Fantásticos” (esta hundida en el fango más por parte de los fans)- se trata de una película injustamente olvidada. Y lo que son las cosas, teniendo en mi psique durante años y años la percepción de que “Popeye” era una basura infecta, hay que ver cuanto me ha gustado verla la otra noche. Mucho, de hecho.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

SHOOT ´EM UP / EN EL PUNTO DE MIRA

Acción a raudales, fantasmadas por doquier, casquillos de bala y pólvora. "Shoot ´em up" no tiene historia, bueno sí la tiene pero te es absolutamente indiferente, lo único que importa es ver como supera la flipada anterior, y casi siempre la supera. El protagonista, al que llaman Mr. Smith aunque todos saben que es un nombre falso, dispara con precisión cualquier arma, come zanahorias y esta siempre enfadado. Este es todo el personaje que le dieron a Clive Owen, más que suficiente.
La película empieza sin créditos iniciales, directamente vemos a Mr. Smith sentado en un banco a las tantas de la noche mientras se come una zanahoria. Una embarazada salida de una clínica corre por la calle, pasa delante suyo y se mete en un almacén. Un coche dobla la esquina, se estrella contra otro aparcado, su conductor grita amenazas a la embarazada. Sale del coche, pasa por delante de Mr. Smith a quien pregunta "¿Que coño miras?", y antes de entrar en el almacén saca una pistola que deja bien a la vista. Mr. Smith, que hasta ese momento ni se ha inmutado, se levanta malhumorado y entra a repartir estopa. Mientras tiene lugar un tiroteo muy deudor de las pelis de gangsters chinas, Smith ayuda a la embarazada a dar a luz, y adivinen cómo corta el cordón umbilical. Exacto, de un tiro. La madre muere en el trajín, y el protagonista tiene que salir del almacén que cada vez se llena de más pistoleros, con el niño en brazos, al más puro estilo Chow Yun-Fat. Como el niño tiene que comer, se lo lleva a una prostituta especializada en autonepiofilicos a la que da vida Monica Bellucci. El malo es un sobreactuadisísmo, y a la vez genial, Paul Giamatti.
Las escenas de acción son cachondísimas, como decía muy inspiradas en las películas de tiroteos de Tsui Hark o John Woo, así que, por ese lado, estamos servidos. Pero la historia es tan insulsa que hace que nos olvidemos de la película al poco de verla. No marca como un "Hard Boiled" o un "A Better Tomorrow". No se si será por Clive Owen, pero es que todo lo que protagoniza es olvidable, no digo que no entretengan, sin embargo suelen ser productos insulsos. A pesar de ello, me ha gustado este "Shoot´em Up", así que si lo tuyo no son los tiroteos, las pistolas, las escopetas, las uzis y las fantasmadas, esta no es tu peli y nunca lo será.

lunes, 2 de abril de 2018

EL JUSTICIERO

Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
 Desde luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con según que  películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo,  cuando yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom. Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de “Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida inolvidables, por lo que la nueva  versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran. No pude hacerlo. Comparé de principio a final.  Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir, que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este papel.  No me gustaba de hecho. Hasta que le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey.  Y no es un personaje especialmente simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo, frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?  Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo, me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de profesión de Paul Kersey con respecto a las  de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul NaschyLa noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York,  o la sustitución de otro de los personajes míticos de las películas originales,  el teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia,  que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas— hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel  (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40 millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de “Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.

sábado, 6 de abril de 2024

CRIMEWAVE (OLA DE CRÍMENES... OLA DE RISAS!!) + UNA REFLEXIÓN

Siempre me ha parecido jodidamente curioso que, siendo un fan de la comedia como es Sam Raimi (la inmensa mayoría de sus cortos adolescentes encajaban en esos parámetros), nunca ha logrado rodar una en condiciones. De hecho, cada vez que lo ha intentado, se ha metido un buen batacazo. Tal vez por eso, cuando se alejó del terror, que como sabéis es el género en el que quedó encasillado, prefirió optar por el western o el drama antes que la comedia.
Obviamente, estoy hablando de "Ola de crímenes... ola de risas!!" ("Crimewave" en v.o.), pero semejante mala suerte no le ha acompañado únicamente cuando se ha sentado en la silla del director. Con "The Nutt House" (alocada bufonada del año 92 con Traci Lords en el reparto) le pasó tres cuartos de lo mismo, solo que en esa ocasión se limitaba a las funciones de guionista, junto a sus colegas Robert Tapert, Bruce Campbell, Ivan Raimi y Scott "Intruso en la noche" Spiegel, que se encargaba de dirigir. Serios problemas con el productor, empujaron a la sustitución de Spiegel y a que Raimi y cía se parapetaran tras un seudónimo al comprobar que el resultado final les avergonzaba. O la enigmática "Motor Baby" ("Easy Wheels" en v.o.), con el director de "Darkman" produciendo una de risas que apenas tuvo distribución (y acá se lanzó únicamente en vídeo y como supuesto exploit de  "Arizona Baby").
Sam Raimi reniega de "Ola de crímenes... ola de risas!!", su segundo largometraje tras la maravillosa "Posesión Infernal". Dice que los productores se la cambiaron, que a nadie le gusta y no la considera suya, a pesar de contar con los prestigiosos hermanos Coen como co-guionistas (quienes se marcan un cameo disfrazados de periodistas). Era su primer rodaje realmente profesional, y por lo visto fue una pesadilla para él y sus amigos / colaboradores. Muerto de curiosidad, releí el respectivo capítulo en las memorias de Bruce Campbell, donde lo cuenta todo, pero no me aportó prácticamente nada. La clásica historia del estudio presionando al joven equipo de inexpertos, con un director subido a la parra tomándose más tiempo del deseado para sus complicados planos y, por tanto, doblando el presupuesto original. Finalmente, el estudio montó la película y, a tenor de lo consumido, tal vez no fue tan mala idea, porque a mí me gusta. ¿Cómo hubiese sido la versión de  Raimi? ¿Necesariamente mejor?.
Tuve la fortuna de verla en el cine, siendo chaval y acompañado por mi padre. Entonces ya andaba yo enamorado de "Posesión Infernal" y, en cuanto vi el -minúsculo- cartel en la prensa diaria, reconocí el nombre de Sam Raimi. Aquí se estrenó un poco de tapadillo, sin hacer mucho ruido. Y pasó por una sala de mi barrio ya extinta. La percepción que me dejó fue la de una comedia extraña y extravagante, cruel incluso, con momentos muy delirantes de esos que no se olvidan nunca. En una palabra: Rara, y muy coherente respecto al film precedente de su director (por lo visto fue algo que no gustó a los productores, quienes le acusaron de haber hecho otro "Evil Dead"). Y es que, claro, en aquellos entonces todo resultaba nuevo y excitante, Sam Raimi era un "secreto" al que solo podíamos acceder unos pocos y... en fin, que molaba, y molaba encontrarse de nuevo a Bruce Campbell, recién salido de su noche demoníaca (¡conservando el flequillo!), quien tendría que haber sido protagonista, pero quedó relegado a secundario por imposición de los que tenían el dinero.
Si lo miras detenidamente, verás que "Ola de crímenes..." era un producto genuinamente original en su época. No había nada como ella, una de risas demasiado normal para ser un "spoof", demasiado "spoof" para ser convencional. En tierra de nadie. Gira en torno a un empresario que quiere deshacerse de su socio, este se entera y contrata a dos asesinos profesionales para que se lo carguen. Ni que decir que todo irá mal y por medio acabará liado el prota, un panoli enamorado de una chica imposible a la que los asesinos secuestrarán.
"Ola de crímenes... ola de risas!!" es tremendamente tontuna. Lo pretende y está orgullosa de ello. Tiene un aire a "slapstick", a vieja escuela, solo que bañado en una pátina de modernidad y el inconmensurable ingenio visual de un Raimi enamorado de la cámara. Las secuencias para el recuerdo son muchas, pero casi todas tienen como eje central a los asesinos, muy conseguidos en aspecto y personalidad (ahí conocí yo a Brion James, cuyo parecido a una rata es explotado a conciencia). El acoso que uno de ellos (tremendo Paul Smith, al que también has visto en "Mil gritos tiene la noche") somete a la mujer de uno de los empresarios (Louise Lasser), el tenedor clavado en su nariz, la alfombra arrancada de cuajo cual maremoto y la famosa secuencia de las puertas de colores que caen en efecto dominó. El tipo que se lanza desde una ventana y se estrella... sin morir (¿gracias a la espuma que lleva en la cara?), el concurso de baile que termina en la cocina con los platos sucios, un tremendo Bruce Campbell dando forma a una sugerente silueta femenina con el humo de su cigarrillo y etc, etc... una lista interminable de momentos totalmente brillantes (aunque sea a nivel únicamente visual) en los que el director comenzaba a experimentar, y mucho, con la estética, los colores (muchos rojos y azules) y el ritmo del "cartoon", algo del todo asentado en su siguiente película ("Evil Dead 2", por supuesto).
Vale, recientemente la sometí a un revisionado y pude comprobar que, tal vez, al final le pesa un poco el culo. Se alarga en exceso. Y, justo, sobre eso quería yo vomitar la siguiente reflexión...

Resulta chocante ver el salto de "Posesión Infernal" a "Ola de crímenes..." y maravillarse asumiendo que Raimi seguía siendo un veinteañero cuando la facturó, porque es un film cargado hasta las trancas de escenas complicadísimas de ejecutar, rodar y planificar, con explosiones, persecuciones, coches volando por los aires, intrincadas "set-pieces" humorísticas (muy Coen, las desarrollarían igual luego en "Arizona Baby" o "El gran salto". Por cierto, ambas incorporan en sus tramas el nombre "Hudsucker", bien presente en "Ola de crímenes...". Un chiste recurrente), hasta números de baile.... es la leche, ¿cómo el chaval que a finales de los setenta se puso a rodar esa pequeña peliculita casera de terror, con sus colegas, una cámara de 16 mm prestada, cuatro dólares y una vieja cabaña, pudo pasar en cuestión de tres años a algo como "Ola de crímenes..." (sin contar aquí el corto superochero que hizo justo en medio, por aquello de desquitarse, "The Sappy Sap" -con protagonismo de Scott Spiegel-)? ¿de dónde sacó la capacidad para arramblar con todo aquello, tirarlo palante y estrenarlo? ¿tal vez, justamente, de ahí la polémica, que Raimi aún estaba demasiado verde para un producto de semejante envergadura, obligando a los mecenas a intervenir?.
Si algo denotan "Ola de crímenes...", y "Terroríficamente muertos", y "Darkman", y "El ejército de las tinieblas" y todo lo que vino después, es que Sam Raimi era ambicioso y apuntaba alto (¡sambicioso!). Con una visión enorme de las cosas. Hay que estar muy seguro de uno mismo para eso. Como a muchos de los de su quinta, y tantos otros que vinieron después (¡hola James Wan!) le pierde el exceso por el exceso, un mal muy de Hollywood. ¿Por qué todas las películas de género hechas allí han de cargar tanto las tintas en el desenlace? a mi gusto, lo estropean un poco bastante. Ahora con el CGI se ha desmadrado, alcanzándose cotas de delirio pornográfico aturdidoras, especialmente gracias al imparable bombardeo de emociones extremas y manipulantes que nos sacuden sin descanso hasta, casi, la náusea. Justamente, el final de "Terroríficamente muertos" nunca me ha gustado. Es aturdidor. Todo el rollo del monstruo cabezón, las ramas destruyendo la cabaña a golpes, las continuas luces estroboscópicas, el torbellino, la fanfarria de un desatado Joe Lo Duca a la batuta... ¿por qué? Sin embargo, el caso de la primera, la original, es un pelo distinto.
El joven Raimi aplicó su visión grandilocuente al desenlace. Y sí, es lo que contribuyó a separarla del montonazo de basuras zetoides operativas entonces dentro del cine de terror independiente, obteniendo unos resultados demenciales, delirantes, con toda esa orgía de stop-motion, plastilina y yogur verde absolutamente maravillosa. En su época se veía cutre, y se sigue viendo cutre, pero molaba muchísimo, por lo excesivo y el encanto de las técnicas empleadas. Ahí las limitaciones propias de la época -y el presupuesto- jugaron en su favor, obligando a cierta contención y, casi accidentalmente, logrando un equilibrio muy beneficioso para ese "grand finale" y la película resultante.
Al contar el director con más medios en "Ola de crímenes... ola de risas!!", perdió los papeles y pasó lo que pasó. Un desenlace agotador. Es estupendo que una película vaya a toda hostia, evitando desesperadamente aburrir a su audiencia (y ya sabemos lo extremadamente condicionado a la misma que está Raimi), pero, ocasionalmente, puede darse el caso inverso. Amuermar por abuso de ritmo desbocado. Creo que es bueno detenerse unos minutos, dejar respirar al público y, luego, ¡pam! presionar el acelerador otra vez. El jovenzuelo Sam no lo sabía aún y, en fin... lo dicho.
Con todo, tampoco comprendo la mala fama que gasta el largometraje. No es redondo, pero sí muy simpático y generoso en momentos irrepetibles. Así pues, si no lo has visto y echas de menos al buen Sam Raimi, ni lo dudes.

martes, 16 de febrero de 2010

OUIJA: EL RITUAL

Antes de poner un pie tímidamente en el "mainstream" con "Habitación sin salida" en función de guionista (cosa esta que repetiría en la secuela directa a dvd y en "The Hole", el no muy sonado regreso de Joe Dante a la dirección de largos fantásticos), Mark L. Smith escribió y dirigió esta peli de la que hoy les hablo, originalmente titulada "Séance".
Unos chavales, todos guapos y hermosos, pasan el día de acción de gracias en un edificio prácticamente vacío y en el que, dicen, habita el fantasma de una cría. Haciendo el gilipollas, la panda decide invocarla con una sesión de espiritismo (que no de ouija, eso es después) y lo que consiguen es despertar al fantasma del tipo que la mató, lo que les traerá algunos problemillas.
Pero para problemillas el que tiene esta peli, que a los cinco minutos de empezar muestra a uno de sus dos fantasmas con resultados altamente ridículos. Mal vamos. Luego le sigue muuuuuuuuucha rutina, y el segundo fantasma, totalmente desaprovechado, pues aparece y desaparece haciendo gala de un aspecto humano normal y corriente... y así, oiga, no da miedo. Y es una pena, porque si Mark L. Smith hubiese jugado mejor sus cartas (o el productor no le hubiese incordiado, ¿quien sabe?), tendría entre manos material potente para dar escalofríos... y a punto está de lograrlo en más de una ocasión... pero por H o por B, siempre hay algo que lo estropea.
Aún así, según la situación y la compañía, se puede ver y olvidar con notable facilidad.

Por cierto, ¿¿quién coño es Adrian Paul??.

viernes, 29 de enero de 2021

MAN ON THE MOON

A Milos Forman en los 90 le dio por rodar  biopics. En 1996 dirigió el estupendo “El escándalo de
Larry Flint” y, en 1999, decidió, tras una conversación entre puros habanos con Danny DeVito, el devolver a la vida el genio de Andy Kaufman. Lo hizo a través de una película que al contrario que en las que había aparecido el auténtico Kaufman, resulta ser formidable. Para ello, Forman cuenta con el protagonismo de Jim Carrey, quién para meterse en el papel del comediante americano, lo hizo de forma concienzuda, llegando incluso a pedir a sus compañeros que durante el transcurso del rodaje, no se dirigieran a él como Jim, sino como Andy. Y en consecuencia a sus meticulosas formas de sumergirse en un personaje, se convirtió en un insufrible chalado intratable (de su excéntrica forma de ser, hay un documental completito que, sin ser una maravilla, si nos deja bastante claro de la pasta que está hecho Jim Carrey: “Jim y Andy” de Chris Smith).
Tomando su título de una canción que en 1992 el grupo R.E.M dedicó al humorista, “Man on the Moon” sería una cinta crucial para que el neófito comprenda, casi a la perfección, la idiosincrasia de Andy Kaufman.
Se trata de una película que condensa en poco menos de dos horas, los años de actividad del artistas de variedades, si bien, como dice el propio Jim Carrey en la piel de Kaufman al principio de la película, los hechos han sido alterados con fines dramáticos. Así, vemos muy de pasada la infancia de Kaufman, en la que se nos deja claro que el tierno infante estaba obsesionado con el mundo del espectáculo para, de golpe y porrazo, mostrarnos  a un Kaufman adulto incapaz de hacer reír al respetable en sus actuaciones en los clubes de improvisación dónde inicia su carrera. Sin embargo, el aspirante a estrella, ya con un estilo más pulido,  tiene algo que llama la intención del manager George Shapiro, por lo que Kaufman pasa a formar parte de su cartera de clientes y le consigue un papel en una sitcom titulada “Taxi”, dónde deberá interpretar el rol del extranjero que hasta ahora venía ofreciendo en sus actuaciones. Aunque este tipo de humor a Kaufman le parece estúpido, acepta, y así, obtendrá fama suficiente para poder hacer el tipo de espectáculos para toda la familia que en realidad le gusta. Sin embargo, un incumplimiento por parte de la cadena dónde se emite la serie para la que trabaja, la ABC, que no emiten bajo ningún concepto el especial que tenían apalabrado con el artista, le obligan a tomar cartas en el asunto convirtiéndose en una especie de loco que provoca al público y organiza combates de lucha libre en los que se batirá con mujeres, a las que, para más inri, humillará de manera verbal en el ring. Comienza a organizar así, toda una suerte de montajes que, lejos de reconocerle como el genio del humor que era, le granjean una impopularidad tan grande que incluso en el “Saturday Night Live” para el que trabajaba eventualmente, organiza una votación con el público para establecer así si Kaufman permanecería en el programa, o resultaría despedido. El público votó despedirle.
Por otro lado, somos testigos de cómo introduce en el mundo del espectáculo a su alter ego Tony Clifton, un cantante malhablado y alcohólico de Las Vegas, personaje este con el que ideó otra pantomima;  dejó creer a todo el mundo que Clifton y él eran la misma persona para, en una de las actuaciones del primero, aparecer en escena juntos —cuando hacían estos montajes en la vida real, a Clifton lo interpretaba o su hermano menor Michael Kaufman, o su amigo y gancho Bob Zmuda, a su vez, interpretado en “Man on the Moon” por Paul Giamatti—.
Pronto, un cáncer de pulmón truncará una carrera llena de locura y excentricidad. La lucha contra el mismo, a través de dadaísmo y de la medicina esotérica, completa la película.
No está nada mal la película, pero nada, nada mal. Es una encomiable lección de cine. Milos Forman es perro viejo, y aún criticado, acusado de falta de personalidad incluso, y dándonos una película de fórmula, se las apaña para acabar dando el mejor resultado que se le podía dar a una película sobre la vida de Kaufman.
Curiosamente, el reparto está compuesto por personalidades que vivieron en primera persona los desmanes de Kaufman en vida, algunos interpretándose a sí mismos, otros interpretando a otras personalidades. Así, Danny DeVito, que fue compañero de reparto de Kaufman en “Taxi”, en la película interpreta a su manager George Shapiro, mientras que Shapiro aparece en la película, no interpretándose a sí mismo, sino haciendo las veces de Mr. Besserman. Bob Zmuda es interpretado por Paul Giamatti, pero Zmuda tiene un papel en la película dando vida a Jack Burns. Por otro lado, el resto de compañeros de Kaufman en “Taxi”, Marilu Henner, Carol Kane o Christopher Lloyd se interpretan a sí mismos, al igual que el presentador de televisión David Letterman o el luchador Jerry Lawler. Courtney Love, ex esposa de Kurt Cobain, lider del grupo grunge “Hole” y espantosa actriz dónde las haya, debía gustar mucho a Milos Forman por los motivos que fuesen (también le da un rol importante en “El escándalo de Larry Flint”), pero hace una interpretación de mierda, poniéndose en el pellejo de la novia de Kaufman, Lynne Margulies. En cuanto a las interpretaciones, estas son de lo más eficaces —si exceptuamos la de ese mueble con taras que, como ya he dicho, es Courtney Love— resultando la de Jim Carrey una composición de personaje de lo más elaborada y efectiva. Más que el de“El Show de Truman”, este sería el papel de su vida.
Los años finales de la década de los noventa, fueron cruciales para que al cómico Canadiense se le tomara en serio, y tanto “El Show de Truman” como “Man on the Moon”, le sirvieron a Carrey para ganar sendos Globos de Oro como mejor actor, en 1998 y 1999 consecutivamente. El Oscar se le resistió, así que, ya entrada la década de 2000, los esfuerzos de Carrey por conseguirlo le pasaron factura. No solo no llegó a conseguirlo, sino que nos regaló un buen puñado de películas absolutamente deleznables. Llegados a ese punto, Jim Carrey retomaría su rol de Caricato en 2011 con “Los Pingüinos del Señor Poper”, consciente de que cada actor tiene un registro y un lugar.
Por otro lado, y aunque cosechó críticas de lo más elogiosas —Enterteinment Weekly, sin ir más lejos, la calificó como mejor película del año— “Man on the Moon” significó un fracaso mayúsculo en taquilla, una de las grandes apuestas de Universal que, sin embargo, no generó nada más que deudas. Con un presupuesto inicial de 87 millones de dólares, se esperaba al menos el doble de recaudación en taquilla, pero tan solo obtuvo la mitad siendo 48 millones la recaudación total de la película a nivel mundial. Un fiasco absoluto. No es difícil buscarle explicación a este asunto. En los Estados Unidos Kaufman es de sobras conocido, pero quizás una película sobre la vida de un humorista de los años setenta y primeros ochenta, no es lo suficientemente atractiva como para arrastrar al público a las salas. Y los fans de Carrey, por otro lado, no quieren su crecimiento como interprete; es más prefieren la degradación. A Jim Carrey se le conoció haciendo muecas en “Ace Ventura”, y, más allá de eso, verle en roles serios no es un hándicap; para papeles serios las plateas tenían a John Malkovich. En el resto del mundo, Andy Kaufman tampoco es un personaje tan relevante como para tener en cuenta su biopic. Apenas hizo cine, el poco que hizo casi no se exportó, y sus míticas performances televisivas no llegaron a salir de los USA. Tan solo la serie “Taxi”, dónde para más inri era un personaje secundario, saltaron el charco con óptimos resultados, aun así, Kaufman era, fuera de los USA, un completo desconocido.
En España, los que se acercaron a alguna sala a verla, lo hicieron porque se trataba de una película de Jim Carrey, pero en realidad, se intuye que fueron muy pocos los espectadores con constancia de Kaufman o su obra. En consecuencia, la película tuvo una taquilla totalmente normalizada con un total de 295.655 espectadores. Y es que era un biopic sobre un auténtico desconocido. De cualquier forma, también sirvió para que neófitos se interesaran por la figura en la que se centra la película y ayudó a que, a día de hoy, sea un poco más popular.
En cualquier caso, es magnífica. Si no lo han hecho ya ¡hay que verla!

sábado, 31 de agosto de 2024

EL GRAN SALTO

Ando leyendo un libro sobre el cine de Joel y Ethan Coen, escrito por Ian Nathan, que le da mil patadas a aquella cosa pretenciosa editada en su día bajo el funesto sello "Cátedra". Consecuentemente, me ha dado por revisar algunas de sus películas. Hurgando, me topé con "La balada de Buster Scruggs" y aluciné pepinillos al comprobar que seguía siendo inédita para mis cansados ojos. Lo solucioné esa misma noche y, créanme, disfruté como un cochinillo. Muy buena, muy sorprendente e imprevisible. Se nota que "Netflix", sedienta por contar en sus filas con cineastas de prestigio, dio un cheque en blanco a los hermanos para que hiciesen lo que les saliera del coño. Y joder si lo aprovecharon.
No era la primera vez que la gentuza de los dineros confiaba plenamente en ellos. Ocurrió ya en los noventa, cuando, estando ambos de moda, el mega productor de "actioners" tan míticos como "Commando", "Arma Letal" o "Jungla de cristal", Joel Silver, les apadrinó para que dieran su (gran) salto al cine más "comercial". Y el proyecto elegido nos retrotrae a otra historia de la que ya he hablado antes, la fascinante amistad humana y colaborativa de los Coen con Sam Raimi.
Según el libro de Ian Nathan, esas supuestas deudas de "Arizona Baby" con "Posesión Infernal", a las que aludía en mi reseña, no son delirios de un anormal -que diría Ze-. Existen. Motivado por el éxito de su debut, Raimi se instaló un tiempo en Los Ángeles, a la búsqueda de fama y fortuna. En eso que los Coen pasaron por allí, esperando dar con un distribuidor para la entonces recién terminada "Sangre Fácil". Decidieron acampar en el cuchitril de su amigo y, por aquello de combatir el aburrimiento, juntos y revueltos se sentaban frente a la máquina de escribir, pariendo de este modo un guion a pachas. Uno basado, hasta cierto punto, en la misma aventura angelina de Raimi. El paletillo "de pueblo" que va a la gran ciudad en busca de una oportunidad. Con este metido en el ajo, les salio una cosa muy ambiciosa, difícil de producir en aquel momento, siendo novatillos desconocidos. Pero ahí quedó, en el congelador, a la espera de que algún día alguien soltara el montante. Por supuesto, estamos hablando de la futura "El gran salto", título españolo algo absurdo para "The Hudsucker Proxy" y "Hudsucker" era un gag recurrente en el universo Coenraiminiano. Lo habíamos oído en la mentada "Arizona Baby" y también en "Crimewave (Ola de crímenes... ola de risas)" cuyo libreto, les recuerdo, iba igualmente firmado a seis manos por los chavales.
Es un dato bien conocido que aquel intento de Joel & Ethan por integrarse en el mainstream se saldó con un hostiaco de los gordos. Fracasó estrepitosamente en su paso por salas, de ahí que el libro que ando leyendo le dedique cuatro únicas páginas (y, muy extrañamente, apenas mente la citada "Crimewave"). Pero no fue en balde. De rebote, los brothers regresaron a su terreno natural, pariendo el film que les acabó de catapultar, funcionó de mil maravillas en todos los aspectos y les valió un Oscar (como guionistas) Además, resultaría ser su mayor logro y una de las dos que poseo en formato doméstico, "Fargo" (por si les pica la curiosidad, la otra es "Arizona Baby").
Pero centrémonos en "El gran salto", fechada el año 1994. Como decía, cuenta la historia de un pobre diablo, más tonto que una almeja (interpretado por un muy adecuado Tim Robbins, sacándole máximo rendimiento a esa cara de bobo. Según el libro, primeramente se pensó en Tom Cruise), al que una gran corporación comandada por un malvado gerifalte (un genial Paul Newman. Según el libro, de entrada se pensó en Clint Eastwood... joder, ¡habría molado!) utiliza a su antojo. La compañía pretende devaluar sus acciones, para poder comprarlas después a precio irrisorio, y necesitan un tonto que pague el pato. Solo que este sorprenderá a propios y extraños pariendo un producto de éxito -el Hula-Hoop-. En medio, como no, habrá una chavala con la que nacerá el amor (Jennifer Jason Leigh. Según el libro, papel destinado a Winona Ryder) y al tonto se le subirán los humos, ascendiendo a cretino. Luego caerá hacia lo más bajo, aprendiendo una lección en el camino.
Acompañan a los tres astros mencionados rostros tan familiares -y agradables de ver- como los de Charles Durning, Bill Cobbs, Joe Grifasi, Roy Brocksmith, Peter Gallagher, Steve Buscemi o Jon Polito. Por ahí anda John Goodman en plan cameo. Y la neumática y malograda Anna Nicole Smith (ese mismo año interpretó a una grotesca mujer fatal en el tercer "Agárralo como puedas") La gran sorpresa viene dada por la presencia, bastante destacada, de Bruce Campbell, demostrando más que nunca sus limitaciones interpretativas. Recordemos que había intervenido en el pre-trailer de "Sangre Fácil", parido para engatusar a posibles inversores, y volvería a tener escasas y muy breves apariciones en "Fargo", "Crueldad Intolerable", "¡Ave, César!" o la entretenidísima "Ladykillers", sin embargo, me sorprende que, dadas las amistades comunes, los Coen no hayan contado con él para nada más sucoso. Obviamente, Sam Raimi también se marca un papelillo, pero esta vez mediante sombras chinescas. Le acompaña en tal función John Cameron, otro de los integrantes del clan Raimi que abandonaría el barco para quedarse exclusivamente con los hermanos.
Vi "El gran salto" en una sala considerada "de arte y ensayo", lugar de peregrinaje para los fracasados escarceos con el mainstream de cineastas, hasta entonces, considerados minoritarios (ocurrió también con Kevin Smith y su "Mallrats"). Lo comento por el par de anécdotas conjuntas. El "tío de la puerta" resultó ser un viejo compañero de EGB. Así que me dejó entrar gratis. Mientras charlaba con él, apareció un ya entonces reputado crítico de cine,"gurú" de la cultura popular, habitual de las páginas de "Fotogramas". Le conocía personalmente por senda ocasión pasada y creyó que andaba camelando al responsable del cine para entrar por la pati. Terminado el film, volvimos a encontrarnos (digo el crítico y yo). Preguntó que qué me había parecido. "Psé" esputé yo. "A ti es que no te gusta nada" contestó. Entonces me escaseó el ingenio, pero lo suyo habría sido contraatacar con: "Pues a tenor de tu trabajo, ¡a ti te gusta todo!".
Sí, "El gran salto" no me convenció en su momento. La encontré demasiado convencional, dentro de lo que es, y medianamente previsible, considerando lo poco que eso suele darse en el cine Coeaniano (una de sus mayores virtudes, añado con admiración). Son las secuencias a base de pura narrativa visual, dinamismo e inventiva chorreante, las que se quedan grabadas en la retina. Me vienen a la mente la del "ataque de risa conjunto" y, sobre todo, la del hula-hoop. Decir que -nuevamente según el libro- fue Sam Raimi quien se encargó de dirigir esta última, en plan segunda unidad.
Consumida hace escasos días, "El gran salto" me resultó muy buenrollera y agradable
, aunque sí es cierto que, a ratos, su estultismo deliberado cargaba un poco las tintas en plan "no, no es tan gracioso". Pero, ¡ei!, tampoco diré nada malo. Si buscas evasión saludable, sobra y basta.
Epílogo: Gracias al libro, me he reconciliado con algunas de mis menos favoritas películas de los hermanos, caso de "Crueldad Intolerable" (de "imposible de terminar" ha pasado a amena y dinámica) o "Quemar después de leer", y también ha sido útil para
 redescubrir tantas otras ("El hombre que nunca estuvo allí", "A propósito de Llewyn Davis"...). Por todo ello, Joel y Ethan han ascendido unos cuantos puestos en mi actual lista de cineastas favoritos.

sábado, 2 de abril de 2011

MANIAC COP

"Maniac Cop" fue, probablemente, el más sonado de los films modestos estrenados a lo largo de 1988. No era para menos teniendo en cuenta cuales eran los sabrosos ingredientes de la ensalada, a saber: William Lustig, responsable de la legendaria "Maniac" o "Vigilante", a los mandos. El mítico Larry Cohen, padre de "Estoy Vivo" o "La serpiente voladora", escribiendo el guión y produciendo. En este último apartado, también nos encontrábamos con James Glickenhaus, director de "El Exterminador". Si todo eso ya era suficiente para ponerle a uno palote, bastaba con echar un ojo al reparto: el gran Tom Atknis (habitual en la mejor época de John Carpenter, y prota absoluto de "Halloween 3") y nada menos que Bruce Campbell... cuando aún no había alcanzado el estatus de figura de culto. Claro que el resto de actores no tenían desperdicio alguno, a saber: Laurene Landon (irritante musa de Larry Cohen), Richard Roundtree, William Smith, Robert Z´Dar (a partir de aquí se convertiría en todo un astro de la serie Z gracias a su peculiar aspecto) y en papeles muy escuetos George "Buck" Flower y ¡¡anda!!, el mismísimo Sam Raimi. A todo esto había que añadir una fricada más que a mi, adolescente obsesivo como era, me flipaba, la utilización del binomio "palabra molona + cop" tan de moda entonces gracias al éxito del clásico de Paul Verhoeven. Teniendo en cuenta todo ello, era muy difícil que "Maniac Cop" acabara siendo una caquita. Y no, no lo es.
Un policía asesino ronda la ciudad. En lugar de matar a los culpables, arrasa con los inocentes. Un detective investiga el caso, mientras otro agente es erróneamente declarado culpable de los crímenes. Ambos unirán fuerzas para detener, y desenmascarar, al maníaco.
Nadie duda de que Larry Cohen es un tío con grandes ideas que, en ocasiones, logra transformar en grandes guiones. Tal vez como director sea un pelín más chapuzas, a pesar de que tenga buenas pelis, pero en cuestión de escribir, pocos le ganan. Y eso es algo que se nota mucho en "Maniac Cop". La trama de base es muy buena, original y ofrece momentos altamente regocijantes. Que uno huya aterrado de unos asaltantes y que, al ver un policía, se acerque a él pensando que está a salvo para que luego este se lo cargue, tiene mucho potencial. O que el ciudadano medio, paranóico, comience a matar a policías normales no-maníacos, también tiene mucho potencial. Además, Cohen siempre ha tenido un espíritu transgresor que no puede evitar reflejar en sus historias. En estas rara vez encontramos blancos y negros, buenos muy buenos, o malos muy malos. Todo es tirando a gris. Sin ir más lejos, que el héroe joven y guapo de "Maniac Cop" sea un cabroncete que le pone los cuernos a su mujer y casi ni se inmuta al enterarse de que esta ha sido asesinada, tiene su miga. O que uno de los personajes principales muera a mitad de peli, también. Sorprende lo bien contada que está "Maniac Cop", su estructura perfectamente equilibrada para evitar el aburrimiento, sin resultar plana y lineal, cómo se aleja de tópicos y clichés, cómo da sutiles giros con intención de destruir cualquier posibilidad de resultar previsible. "Maniac Cop" no da nada por sentado desde el minuto uno, y eso me gusta. Tampoco hay que olvidar el humor negro habitual del guionista, que en esta ocasión resalta especialmente con la muerte del tipo hundido en cemento.
Sin duda es eso, el guión de Larry Cohen, lo más meritorio de un film que, de otro modo, se hubiera convertido en monótono e insaboro. Lustig tampoco lo hace mal, aportando ritmo a las imágenes (aunque estas resulten tal vez un pelín planas estéticamente) y las dosis de violencia deseadas, que tampoco son excesivas. Centrándonos en el poli maníaco, debo reconocer que su aspecto no me convence mucho y, dado su origen, tal vez tendría que haberse llamado "Zombie Cop" (a falta de ello, el incapaz J.R.Bookwalter se encargó de hacerla realidad -vídeo mediante- en 1991). No olvidemos tampoco el hijo bastardo que les salió a Lustig/Cohen con los dos títulos de la franquicia "Psycho Cop", ¡dirigidas por un tio habituado al porno-gay! (y que, en cuestiones narrativas, son el total y absoluto reverso oscuro al film comentado).
Vamos, que sí, que "Maniac Cop" es un producto de lo más ameno, simpático y disfrutable. Puede que ayer la gozara más incluso que cuando vivía obsesionado con ella. Su notorio éxito provocó un par de secuelas (la segunda caerá en breve por aquí). William Lustig reniega de la tercera. Tiempo después, el director y el guionista lo intentaron de nuevo con otro film destinado a parir una nueva franquicia, pero ESTA VEZ la cosa no fue tan bien. En el año 2008 un tal Chris R. Notarile dirigió este corto con la esperanza de que le contrataran para encargarse de un remake del original, o de una nueva secuela, sin conseguirlo. Hablando de remakes, se ha dicho ya mucho al respecto, pero de momento no parece que vaya a hacerse realidad.
"Maniac Cop", un film francamente recomendable.