En su momento de mayor esplendor, en 1991, Andrew Dice Clay
se pegó la machada de llenar el Madison Square Garden de Nueva York (esto es
decir, miles y miles de personas) y meter en su interior un equipo
cinematográfico para que filmara su espectáculo, el “Dice Rules”. De ahí salió
esta película, así como un doble álbum que recogía los mejores monólogos de
cómico americano.lunes, 17 de noviembre de 2014
DICE RULES
En su momento de mayor esplendor, en 1991, Andrew Dice Clay
se pegó la machada de llenar el Madison Square Garden de Nueva York (esto es
decir, miles y miles de personas) y meter en su interior un equipo
cinematográfico para que filmara su espectáculo, el “Dice Rules”. De ahí salió
esta película, así como un doble álbum que recogía los mejores monólogos de
cómico americano.sábado, 13 de agosto de 2022
CALÍGULA
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?
miércoles, 9 de enero de 2013
SENTENCIA DE MUERTE
La idea de un Paul Kersey/Benjamin obligado a cazar a su propio imitador que, en un alarde de inutilidad, dispara sobre personas inocentes, es cojonuda, y podría haber dado mucho de sí. Pero Garfield no sabe explotarla debidamente y deja escapar la oportunidad, limitando ello a las últimas páginas. De hecho, al escritor no parece que se le dé muy bien eso de adaptarse a una fórmula, y la verdad es que el libro apesta un poco a baratillo, como esos que venden en el quiosco y guardas en el bolsillo trasero. El final es previsible, tontorrón y facilón: Paul Benjamin decide abandonar su cruzada afectado por los remordimientos... sin embargo, ya es tarde, otro imitador más sale a las calles para seguir con la tradición.
Siempre creí que cuando hicieron "Death Wish 2" ignoraron la novela de Garfield por la imagen poco heróica que este otorgaba al vigilante, pero no, ahora creo que así lo hicieron sencillamente por mala. Años después, vino James Wan y decidió llevarla a la pantalla con Kevin Bacon de prota. Y aunque la peli está bastante bien, nada tiene que ver con el libro... de hecho, parece una excusa para, en realidad, adaptar "Deseo de muerte" sin tener que pagar derechos al productor que los tuviera.
A pesar de todo, cuando la "Cannon" decidió producir "Death Wish 4" o "Yo soy la justicia 2", se puso en contacto con Brian Garfield y le propuso que presentara un esbozo de posible guión y este, deseoso no de muerte sino de meterse un bocata en el estómago (algo muy respetable y lógico), aceptó... sin embargo, esta vez fue Charles Bronson el que rechazó su idea. Garfield asegura que era mucho mejor que "la basura habitual" pero, tras leer "Sentencia de muerte", permítanme que lo dude.
Y es que algo de retorcido habrá cuando, al comenzar a leer el libro, descubres que este está dedicado -sin cinismo que valga- al infame Roger Ebert, aquel crítico que en los 80 encabezó una encarnizada batalla contra el cine violento, con especial interés en borrar del mapa "slashers" y pelis de justicieros, siendo justamente la saga "Death Wish" el principal blanco de sus ataques (afortunadamente, no lo consiguió, y es que un crítico cuyos razonamientos no se deben a cuestiones cinematográficas, sino a aspectos morales y políticamente correctos, carece de todo valor y sentido).
lunes, 23 de febrero de 2009
HIS NAME WAS JASON
Todo ello narrado de forma honesta, reconociendo que fue una cagada convertirlo en un gusano en la novena parte e, incluso, dejándonos escuchar la critica que en su momento le dedicó el repelente de Roger Ebert.
Dirigido por Daniel Farrands, y presentado por el inevitable Tom Savini, nos zampamos con alegría y entusiasmo un documental del montón, que solo sirve para engordar más aun las rebosantes arcas de aquellos que tengan los derechos del asunto. Pero eso, a nosotros, nos importa tres cojones. Es más, que sigan forrándose, así nosotros continuaremos disfrutando de "Jason"... ya sea en formato ficción o documental.
sábado, 1 de septiembre de 2007
GOING TO PIECES, THE RISE AND FALL OF SLASHER FILM
La película, que adapta un libro escrito por Adam Rockoff (de idéntica temática, of course), posee la maravillosa virtud de no centrarse únicamente en los de siempre e ignorar a los que vinieron después, inexorablemente relegados a la sombra. Efectivamente, tenemos a Carpenter, a Cunningham, a Craven, a Savini... pero también podremos gozar de entrevistas a Joseph Zito o Fred Walton, e incluso si me apuran por ahí también asoman elementos aún mucho más oscuros como Herb Freed, Armand Mastroianni o Paul Lynch, autores todos estos que, en algún momento de su carrera, se adentraron en el pantanoso, pero agradecido, terreno del "slasher", ya sean títulos más conocidos ("El asesino de Rosemary", "Prom Night") o cosas terriblemente ignotas ("El día de la graduación", "El día de los inocentes"). Además, aunque el film también repasa el resurgimiento del género en los 90 con "Scream" y todo lo que le siguió (incluidos Rob Zombie, "Hostel" o "Saw"), en realidad se centra en la gloriosa década de los 80 (de las pelis que no muestran imagen, al menos incluyen el poster, caso de "Madman", "No abrir hasta Navidad" o "The Prey") y los títulos que la precedieron y marcaron la pauta, siendo "Psicosis" la que se lleva la medalla.
"Going to pieces" posee un ritmo absolutamente endiablado, toca todos los palos propios del "slasher" (el tipo de asesino, su posible trauma, la clase de arma que usa, la heroína que resiste hasta el final, los emplazamientos típicos, los actores famosos que debutaron en esta tipo de producciones, etc, etc) y aledaños (la escuela Italiana, con especial mención al "Bahía de Sangre" de Mario Bava donde, por fin, se muestra con toda clase de lujos la escena del empalamiento que, poco después, plagiaría sin rubor el segundo "Viernes 13") a toda velocidad, y lo hace con imágenes a porrillo, centrándose casi única y exclusivamente en los crímenes más sangrientos de cada film comentado (¡incluso "Mil gritos tiene la noche"!).
Afortunadamente no se echa demasiada mano de justificaciones intelectualoides (alguna cae, sobre todo vía Wes Craven, pero nada que moleste demasiado), al contrario, todos los entrevistados se sueltan el pelo reconociendo que gozan viendo/creando los más atroces crímenes (especial mención merece Stan Winston, que abre el documental afirmando: "Cuando voy al cine, me encanta ver como decapitan a alguien", ¡ahí, ole tus huevos!) y la dosis de descojone la ponen secuencias en las que críticos almidonados (el cateto de Roger Ebert) o padres ofendidos (un puntazo toda la movida ocasionada por el trailer de "Noche de paz, noche de muerte") salen rajando de este cine que tanto nos gusta. Pero tienen las de perder, porque "Going to pieces" está de lado de los que nos molan los "slashers", de lado del fan del género... de hecho, toda la peli es un regalo para nuestros sentidos y viéndola, uno recuerda (por si tiene la desgracia de haberse olvidado) cuán gozoso y estupendísimo es pertenecer a la gran familia de adoradores del terror y, más especialmente, del cine de adolescentes troceados por asesinos enmascarados. Un diez.
miércoles, 8 de octubre de 2014
GRIDLOCK´D
“Gridlock´d” es una película de culto en Estados Unidos,
alabada por el azote de este tipo de productos, Roger Ebert (algo así como el
Pumares español) y que descubría para el cine al rapero Tupac Shakur como
solvente actor de variados registros –dicen que esta es su mejor interpretación
y que estaba a la altura de los grandes contemporáneos- en una carrera que se vio
truncada, pues justo en la post producción, Tupac moría asesinado a la edad de
25 años.viernes, 18 de marzo de 2022
SICK: THE LIFE AND DEATH OF BOB FLANAGAN, SUPERMASOCHIST
Como ya se le veían las orejas al lobo, durante sus dos últimos años de vida un equipo de grabación capitaneado por el director Kirby Dick, se dedicó a filmar su día a día, entre toses, esputos y entrevistas tanto a él, como a su esposa, como a destacados miembros de su familia, llegando a acumular más de 100 horas de material original. Y Flanagan aceptó con una sola condición; que el documental incluyera el proceso de su muerte.
De este modo “Sick: The Life and Death of Bob Flanagan, Supermasochist” se convierte en uno de los documentales más duros y desagradables de cuantos he visto, porque, si bien combina todas esas horas de entrevistas filmadas con el abundante material de archivo y grabaciones (profesionales o caseras) que poseía Flanagan, todas las performances en las que es rajado, pinchado, golpeado y humillado, con todo lo impactantes que puedan llegar a ser, no son nada comparadas con los momentos en que una cámara filma su agonía antes de morir, mientras su esposa se despide de él entre lágrimas. Francamente escalofriante. Y sensacionalista.
Entonces, nos encontramos ante un documento que nos muestra a un hombre bastante creativo que lo tenía todo perdido, y que encontró en una modalidad cualquiera de sufrimiento, su vía de escape para seguir vivo. Y le sirvió.
Por lo demás, absténganse de verlo gente sensible. Cada 5 minutos hay un acto, una escena, o un gag que puede ponerle de mal cuerpo al más pintado.
El documental consiguió gran prestigio en Sundance, se llevó premios en dos o tres festivales y fue alabado por toda suerte de críticos, incluido Roger Ebert quien, casualmente, protagonizaría años después un documental igual de crudo que este, que retrataba de manera igualmente desagradable sus últimos días vivo: “Life Itself”.
Recomendables ambos, aunque solo sea para un único visionado.
viernes, 9 de abril de 2010
DESAPARECIDO EN COMBATE 2
Y volvemos con Chucky... no el muñeco, el actor... aunque a veces se parezcan en cuanto a método interpretativo. De todos los "héroes de acción" de los 80, Norris era el que menos me gustaba. Ninguna de sus pelis creó en mi esa fascinación que sí aportaron "Rambo", "Commando" o "Señalado por la muerte", citando algunas así a boleo. "Invasión USA" era la que tenía más números y me parece un coñazo.Ahora lo que toca es centrarse en este "Desaparecido en combate 2", que en realidad se trataba de una precuela en la que se narraban los hechos previos a la primera entrega. Esta vez nos situamos en un campo de prisioneros en el que Chuck y sus colegas son terriblemente humillados y torturados por el mega-malísimo de la función, al que pone rostro el actor Soon-Tek Oh (también lo vimos en otra producción de la inigualable -aunque no siempre por motivos honorables- "Cannon", "Yo soy la justicia 2" o "Death Wish 4"). Como es de ley, después de una y mil putadas, Chucky se liberará del encierro y la liará parda.
"Desaparecido en combate 2" chorrea patriotismo barriobajero por todos sus poros. El único malo que no tiene los ojos rasgados, resulta que es francés. Chuck conserva una bandera americana que sujeta con fervor en los momentos difíciles. El yanki en un principio traidor (¡y negro!), sacrifica su vida para salvar a sus compatriotas y etc, etc, etc... una cascada de risas y descojono, que no me influye a la hora de disfrutar o no de una peli (¡no soy el hermafrodita de Roger Ebert!), pero sí que provoca hilaridad y diversión. Resulta que las tres pelis de esta saga son una mierda, especialmente la primera, que con todo lo que prometía aburre incluso a las cabras. Sin embargo, y pal nivel, la segunda resulta ser la más soportable (que no soporífera) y razonablemente entretenida, con algunos momentos míticos, como la famosa secuencia de la tortura con la rata dentro del saco. Aunque ya os digo, siempre previa inyección de paciencia.
El dire es Lance Hool, el de ese seudo-"mad max" protagonizado por el malogrado Patrick Swayze titulado "El guerrero del amanecer". Como productor resulta mucho más interesante, en su currículum tiene "Al filo de la medianoche", "Justicia salvaje", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles" y "Club desmadre".
Sé que hay muchos seguidores de Chuck Norris, de la "Cannon" o del cine de acción de ésa época, así que a ellos -suponiendo que no la hayan visto, lo cual es poco probable- se la recomiendo. Y a los curiosos / nostálgicos, también. Al resto, les animo a pillar cualquier otra del Bronson más cannonizado.
domingo, 14 de julio de 2013
VIOLADA
Un grupo de gangsters, encabezado por el todopoderoso Jack Diamond (sí, tiene un nombre muy de gangster), al que teme incluso el apuntador, se dedican a organizar partys con jovencitas a las que terminan liando, primero, y violando, después. Una de estas denuncia al agresor, lo que complicará mucho la papeleta. Un poli, en principio algo descreído, decidirá ayudarla, y tirársela, con el fin de detener de una vez por todas al maldito hampón y sus compinches.
"Violada" es una peli altamente hipócrita (como lo era, por ejemplo, "Holocausto Caníbal"), porque en realidad se trata de puro "exploitation" camuflado, digamos que denuncian aquello que ellos mismos explotan gustosamente... y encima, mal. Se nota que sus artífices intentan parir un drama serio, como los que hacía Meryl Streep de joven, pero no llegan. Evitaré cometer el error de mucha gente (incluido el fallecido crítico y hermafrodita Roger Ebert) y basar mis impresiones en cuestiones morales, éticas y espirituales. En eso sentido, también resulta fácil despellejar esta película. Sencillamente me limitaré a decir que es bastante aburrida y anodina, casi podría pasar por un telefilm de tarde del Domingo si no fuera por las escenas de destete y su look grasiento. Todo en ella hace tufo a culebrón de tirada cutre, aunque en el proceso se ponen algunas medallas dignas de rememorar. Por ejemplo: en las violaciones, mientras la chica posa totalmente desnuda, el agresor siempre lleva los pantalones, y bien abrochados (casi como en las de Pajares y Esteso). A los pocos días de ser crudamente violentada, la protagonista no tiene reparos en enamorarse de y liarse con el poli. Si eso ya es un tanto bizarro, empeora cuando tenemos en cuenta la diferencia de edad (ella 18, él más de 40) y, sobre todo, el aspecto y las maneras del hombre de la ley, genuinamente desagradables (ese flequillo siempre sudoroso!!). Nada más verlo aparecer, crees que será uno de los malos, un corrupto, con eso se lo digo tó. Tampoco tiene desperdicio la secuencia en la que la primera agredida va a la comisaría a denunciar la movida, y se encuentra que la policía, además de tratarla rudamente, le dice que no se moleste, que no va a servir para nada y que se vaya a casa a descansar, cosa que ella hace sin tomárselo demasiado malamente.
Aunque para momentos bizarros, el que sigue: La prota se prepara para asistir a la fiesta donde será violentada. Está de pie ante el espejo, en top-less. Se abre la puerta y entra su hermano menor, que le aconseja qué ponerse esa noche, no sin antes marcarse una escueta charla sobre los pechos de la interfecta, cómo estos le ponen nervioso y lo atractiva que resulta toda ella. El hermanito se le abalanza y la agarra por la cintura exclamando: "¡Si no fueras mi hermana!". La chica ríe y le dice "¿Qué sabrás tú del sexo?, ¿has comenzado ya a masturbarte?". ¿Inquietante, no?.
Sin embargo, y a pesar de atributos tan curiosos y llamativos para el aficionado medio al cine chungo, el resto es bla, bla y mucho aburrimiento. Tal vez con ingerir algún estimulante pre-visionado puedan encontrarle algo divertido pero, no se engañen, esto es un coñazo.
En el reparto destacan Elizabeth Kaitan, atractiva ex-scream queen de la serie B/Z de los 80, que has podido ver en películas como la séptima "Viernes 13", "Noche de paz, noche de muerte 2", "Esclavas del espacio", "Necromancer", "Roller Blade Warriors: Taken by Force" (del temible Donald G. Jackson), "Dr.Alien" (del no menos temible David DeCoteau), "Monstruos en la noche" o la interminable saga "Vice Academy" (al ser "Violada" una de sus primeras pelis, aparece como dios la trajo al mundo... ¡y bien que lo hizo el cabrón!), Samantha Fox... pero no, no se trata de la cantante inglesa de pantagruélicos pechotes que tantas noches de auto-amor propició en su época a los de mi quinta, esta Fox es la actriz porno de los 70 y 80 que, puntualmente, se liaba en productos no-exclusivamente-gorrinos, destacando entre todos ellos su protagonismo en el super-clásico del "trash" "Una noche para descuartizar" de Doris Wishman, sobre el que pueden leer -y alucinar- en nuestro "pest-seller". Y finalmente John Heard en un papel minúsculo de misógino desatado, lo has visto en títulos de renombre como "Big", "Solo en casa" o "En la línea de fuego". Últimamente las cosas no le deben ir muy bien, porque su más reciente lanzamiento es un delirio de "Asylum" titulado "Sharknado" (de tiburón + tornado me temo).
El director y guionista de "Violated" se llama Richard Cannistraro (sí, su nombre está mal escrito en la caratula), y esta es la única peli que hizo a lo largo de su mísera vida. ¿Sorprendidos?.
miércoles, 9 de octubre de 2024
AL RICO PSYCHO-KILLER SANGUINARIO (UNA REFLEXIÓN)
Bien, la secuencia en sí, donde el asesino masacraba a una pobre infeliz, estaba muy bien parida técnicamente. Era todo lo retorcida y exagerada que podías imaginar, pero... completamente inverosímil. Absurda. Imposible. Ello me descuadró levemente, ya que había asumido "De naturaleza violenta" como una película seria, realista, y ese asesinato hubiese encajado más y mejor en los primeros escarceos de Peter Jackson (o, dicho de otro modo, cuando Peter Jackson molaba).
Finalmente, la cacareada obra llegó hasta mis manos. La guardé para aquella misma noche. Me podía la curiosidad, pero procuraba contener las ansias. Los años me han enseñado que éstas únicamente dan pie al inevitable hostiazo. La decepción. Así que comencé y, sí, de entrada me estaba gustando. Ni que fuese por las maneras estéticas que su director, Chris Nash, empleaba para narrar la historia. El verdadero problema venía cuando, superados quince primeros llamativos minutos de largos planos fijos, de la cámara siguiendo al psycho-killer de rigor caminando por el bosque en eternos paseos, etc, etc, me percaté de que, tras tan vistoso envoltorio, simplemente había lo de siempre.
"De naturaleza violenta" no dejaba de ser un slasher del montón, con los ingredientes habituales, las salidas previsibles, los rigurosos clichés... lo único que cambiaba era el modo de mostrártelos. Pero incluso esta elección creativa perdía fuerza a medida que la trama avanzaba (muy lentamente) y dejabas atrás la sorpresa inicial. Me recordó un poco al caso de "Mandy", película que, en su momento, recibió toda suerte de halagos y lameculadas. A mí me aburrió soberanamente. La eterna historia de una venganza, solo que contada a ritmo de tortuga asmática mediante toda suerte de sobre-estilismos (mangados a Nicolas Winding Refn). Y, al final, el cine, por mucho que el acabado visual sea importante, que lo es (y las siguientes palabrejas puedan ofuscar a aspirantes a Brakaghes, Mekass y Angers), consiste en narración. Las luces de colores, los desenfoques, los planos eternos, los destellos... todo eso puede ser muy chulo, muy bonito de ver, pero difícilmente sostendrán noventa minutos de más de lo mismo.
Por supuesto, no olvidemos "el otro elemento" identitario con respecto a "De naturaleza violenta". Aquello por lo que, hasta cierto punto, existía: el gore. Efectivamente este resultaba extremadamente gráfico, brutal e impactante. Curiosamente, la escena que había visto previamente en redes sociales, tan absurda, resultó ser la excepción. El resto eran bastante más terrenales... y desagradables.
Llegamos a la parte en la que me siento obligado a matizar un poco mis palabras. Vale, reconozco que podría ser cosa de la edad. Los años tienden a reblandecerle a uno. Pero lo cierto es que, viendo la película de Chris Nash, me ofendí. La encontré enfermizamente detallada, sádica y cruenta. Impresiones incrementadas gracias a su realismo + excelentes trucajes. Algo se me escapaba ¿En qué consiste la gracia de todo esto, pues? díjeme ¿Ver del modo más realista posible cómo muere un ser humano? ¿recrearse en su sufrimiento y agonía, siendo testigo de hasta el último tendón cercenado? No sé, no lo entendí. Y ahí comenzaron las auto-preguntas.
Estas se multiplicaron cuando, días después, en redes se anunciaba una futura segunda parte de "De naturaleza violenta" (película que, en su espíritu casi "indie-arty", no parece la más adecuada para generar una franquicia, siempre motivada por intereses meramente crematísticos) y en las "Cons" de Estados Unidos ya podías ver al pintamonas de rigor disfrazado del asesino del film jugueteando con el personal. Todo ello me recordó demasiado a otro fenómeno reciente, "Terrifier" y su payaso asesino "Art".
A diferencia de "De naturaleza violenta", las películas de "Art" me funcionan un poco más. Mi preferida es la primera de todas, "La víspera de Halloween", cuando el personaje todavía no se había establecido como icono del horror (y, de hecho, lo interpreta otro actor) Su buena aceptación dio pie a un vehículo para él solo, que funcionó muy bien. Luego se estrenó la segunda parte, sorprendentemente bendecida por un éxito tremendo -para ser lo que es-. Y, más pronto que tarde, llegó la tercera (con una cuarta confirmadísima).
"Terrifier" y, por tanto, "Art", habían logrado aquello que muchos llevaban ya años intentando sin conseguirlo: Crear el nuevo psycho-killer sucesor de "Jason Voorhees" o "Freddy Krueger". Y con razón. El personaje gasta una caracterización cojonuda y chorrea carisma. Además, y como en el caso de "De naturaleza violenta", sus películas son extremadamente gráficas en cuanto a elemento sangriento. Muy salvajes... pero con un punto de fantasía, de gran guiñol, que las hace un pelo -y solo un pelo- más digeribles. Menos ofensivas. Destacan en ese sentido las víctimas de "Terrifier 2", cuya agonía se prolonga tanto en el tiempo que termina resultando casi cómico. Parecen no morir nunca, por mucho que "Art" las trocee, rebane, aplaste o machaque, y uno al final no puede evitar reír, porque casi parecen chotarse de esos mismos excesos, desesperados por alargar el tormento lo máximo con la finalidad de que el público disponga de tiempo suficiente para "disfrutar" recreándose en ello.
Lo que nos lleva a, justo, el asesinato más famoso de toda la franquicia, aquel en el que "Art" cuelga a una chica desnuda por los tobillos y procede a partirla por la mitad, vía coño, mediante una sierra manual oxidada. El truco es aceptable, aunque canta un poco el látex. No obstante, dejó huella y cumplió su función. A partir de ahí, ver no solo a tipos disfrazados de "Art" por las "Cons", sino a espectadorAs que, felices, posaban con él en las fotos, incluso haciendo el pino dispuestas a ser aserradas, se convirtió en una constante. Y todas desplegando una enorme sonrisa. La actriz protagonista de la escena, acorde a estos extraños tiempos que vivimos, escribió un artículo en una web justificando haber aceptado interpretar tal material, que algunas tildarían de misógino, asegurando sentirse orgullosa y, en fin, no sé cómo se lo montó, pero logró convertir su cruento aserramiento en, casi casi, una alegoría en favor de la mujer empoderada.
Retomando el hilo de las "Cons" y las "groupies" de "Art", comencé a sentirme algo desconcertado. Mi lado moralista de señor de mediana edad, afloró. Hasta qué punto tenía sentido celebrar así, de modo tan banal, a un asesino y, muy especialmente, un crimen TAN despiadado. Era como quitarle hierro, tomárselo a guasa. Daba la sensación de que el público parecía olvidar que semejante momento había sido confeccionado para horrorizar, perturbar, resultar desagradable... ¿o no? ¿estaba pecando de ingenuo? Ahí me planteé la posibilidad de que, contra pronóstico, en realidad fuese lo opuesto. Las fabrican para ser aplaudidas y coreadas con fervor por el fan medio, desprendiéndolas de su lado traumatizante.
Teoría esta completamente trasladable a "De naturaleza violenta". Ahora comprendía su popularidad y, muy especialmente, lo retorcido, exagerado e inverosímil del asesinato consumido / explotado en redes sociales. Estaba diseñado no para espantar, sino ser jaleado y convertir en "meme". Lo mismo que su psycho-killer.
El éxito de "Art" posiblemente abrió la veda a la búsqueda de nuevos asesinos del cine explotables como merchandising. Algo que, hasta cierto punto, intentó recientemente Eli Roth con "Thanksgiving" y su "John Carver", quien también cuenta con muñequito, "cosplays" y una secuela en camino, pero parece haber calado menos. ¿Tal vez porque sus asesinatos no son TAN bestias como los de sus dos competidoras? ¿o porque el criminal no tiene una identidad específica? No sé.
Y en mi reflexión, me di cuenta de cómo habían cambiado las tornas. Antaño, la función de los "monstros" de las películas de terror consistía en crearnos zozobra, intimidar, ser temidos. Llámalo "Jason", llámalo "Michael Myers", llámalo "Leatherface", llámalo "Freddy"... o no. Justo, el éxito mediático de este último, su aterrizaje en el mainstream, su conversión a mercadería, a muñeco, a disfraz de Halloween, etc (curiosamente, siendo como era un asesino de niños) hizo más aceptable la figura del psycho-killer cinematográfico. Dejamos de tenerles "miedo", para reírnos con ellos y aplaudir sus fechorías. El siguiente fue "Ghostface" de la saga "Scream", pero, como con "Thanksgiving", cuajó poco al carecer de una identidad. "Art" ha devuelto el río a su cauce. Ya tenemos uno con nombre propio, maneras propias, y que funciona. La diferencia es que ahora ya no nos acojonan. Ahora son "los buenos de la película". Aplaudimos y lanzamos felices vítores de aprobación cada vez que rebanan el cuello a alguien, y cuanto más explícito y real sea, mejor, más chocaremos nuesas palmas y con más fuerza berrearemos.
Sin embargo, aunque me sentía muy orgulloso de haber llegado a tales conclusiones, en mi fuero interno me torturaba la idea de poder estar hablando como uno de esos críticos moralistas, un Roger Ebert cualquiera, ofendido por la violencia en pantalla, lista para escandalizar a "viejunos" como yo. Decidí efectuar un viaje mental en el tiempo e ir hasta los años en los que gozaba viendo truculencia en películas, las de "mi época", y, muy específicamente, slashers. Y me hice otra pregunta más: "¿No es exactamente lo mismo?" De entrada, saqué la conclusión que todo aquel gore, el de "Viernes 13", "El Mutilador", "La quema" o "El asesino de Rosemary", era distinto. Estaba enfocado como algo que indujera a cerrar los ojos, espantado. Algo horrible. En ningún momento listo para complacerte. ¿Seguro? ¿y el "descorchamiento" de globo ocular en el tercer "Viernes 13", efectuado, además, en tres dimensiones para incrementar su condición de truco de feria / efecto gracioso?. Mierda. Aquel pensamiento me descuadró.
Es cierto que el cine de horror, y la violencia, siempre han inspirado a un sector de la audiencia a montar fiesta y cachondeito. La diferencia es que, antes, en los 70 y 80, era algo más propio de la escoria que acudía a los cines de la calle 42, lumpen desatado, muy ajeno a la naturaleza del fan tal y como la entendemos hoy. Pero fue el crecimiento e imposición de este último, la expansión del fandom del horror, su conversión a casi secta religiosa, lo que, poco a poco, ha ido desprendiendo de peligrosidad al cine que tanto les/nos gusta y haciendo de sus elementos más oscuros, y en apariencia reprobables, materia casi de pura comedia, inofensiva y ridiculizable.
No soy el único que se lleva semejantes impresiones. El mismo Rob Zombie en una entrevista comentó no entender aquel modo de tomarse la violencia, alegando que esta quedaba en las antípodas de resultar divertida y, como consecuencia, procuraba mostrarla tan cruda y desagradable en su cine, esperando así dejar mal cuerpo en el espectador, incitándole al rechazo. En ningún momento pretendiendo convertirla en un carnaval.
Terminé el artículo, dispuesto a darle unos cuantos vistazos y pulirlo, cuando me entero que "Terrifier 3" va a pasar por el entonces próximo Festival de Sitges. Y, además, vendrá representada por su director y algunos actores, entre ellos, ¡sí!, David Howard Thornton, el caballero oculto tras el maquillaje del terrorífico "Art". Instantáneamente, comencé a fantasear con lo mucho que molaría poder hacerme una foto junto a él, caracterizado con su llamativo atuendo. Así andaba yo, obsesionadísimo, hasta que súbitamente recordé la existencia del texto que acaban de sufrir. Y me replanteé todo. Tras echar pestes de la peña que posa con "Art", desvirtuando así su condición de sádico asesino, vas tu y casi pierdes los papeles, cual fan histérica adolescente arrodillada ante los atributos colgantes de Harry Styles, al saber que se te presentaba la remota oportunidad de situarte al lado del ínclito en una hipotética instantánea. Patético.
Y, efectivamente, acudí al festival para ver "Terrifier 3"... pero ¿hubo foto? Sobre todo ello, en breve.









