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lunes, 17 de noviembre de 2014

DICE RULES

En su momento de mayor esplendor, en 1991, Andrew Dice Clay se pegó la machada de llenar el Madison Square Garden de Nueva York (esto es decir, miles y miles de personas) y meter en su interior un equipo cinematográfico para que filmara su espectáculo, el “Dice Rules”. De ahí salió esta película, así como un doble álbum que recogía los mejores monólogos de cómico americano.
Claro que su espectáculo apenas duraba cincuenta minutos, con lo que no llegaba a la duración estándar para estrenar en cines, con lo que la completó con una serie de sketchs interpretados por si mismo, en los que nos cuenta como fue su vida hasta convertirse en “The Dice”. Para ello, asume el rol de un retrasado mental – en realidad imita a Jerry Lewis- al que le van sucediendo una serie de cosas en su día a día,  hasta que por fin se pone la chupa de cuero de “The Dice” y con ella puesta, comienza el show. También aparecerá él, entre sketch y sketch comentando lo que acabamos de ver, usando la gorra más grande que he visto en mi vida.
Por otro lado tenemos, durante los títulos de crédito iniciales, un numerito musical  interpretado por él mismo, que vemos claramente, por el local donde está filmado y por el vestuario del cómico, que es un extracto descartado de “Las aventuras de Ford Fairlane”, que le vino de perilla para rellenarle minutos a esta.
Así, tenemos una película atípica, rara y extraña, en la que lo que cuenta es el show del cómico que no empieza hasta pasada media hora. Hasta ese momento, vemos las gilipolleces que acabo de comentar.
La película fue un fracaso absoluto y, dicen, que el principio del meteórico declive de Andrew Dice Clay, que, prácticamente, dura hasta nuestros días en los que la rumorología dice que tiene que trabajar en un gimnasio para poder subsistir. O al menos, hasta que lo rescató Woody Allen para darle un papel en “Blue Jasmine”.
La película, además, está considerada una de las peores de la historia, y se llevó nosecuantos  premios Razzies. Pero es que allá dónde estuviera Clay, estaba esta asociación acechando, gustosa de darle sus anti-premios. Ya lo hicieron con “Las aventuras de Ford Fairlane”.
En cuanto al show de Clay, no gustó a la sociedad bienpensante, que le criticó el hecho de que sus chistes y gags fueran de corte machista, homófono, racista y, en definitiva, todas esas cosas graciosas –huelga decir, que comparto y uso el humor de Clay- que tanto molestan a los americanos, según quien las use.
La crítica, calificó a Dice de misógino y de usar un humor de “Matón de patio de recreo”, y afirmó no hacerle puta gracia como en la película “The Dice”, se ríe de un traqueotomizado, de los paralíticos y de las mujeres.
Por otro lado, Roger Ebert, su eterno enemigo,  lo llama acomplejado y “assholer”.
Rotundo, Ebert,  termina diciendo que, a juzgar por el tipo de público de Andrew Dice Clay, al cual podemos ver en la película, eso parece, más que un show cómico, un mitin fascista, con todos esos garrulos levantando el puño y coreando como brutos el nombre del cómico.
Y es que efectivamente, el público de Clay, al menos en ese show, está compuesto de blancos de la “White Trash”, que ríen sin parar todas las gracietas de Clay, y dónde predominan individuos desdentados luciendo bonitos “Mullets”. Ni un solo negro en el público. Acojonante. Aunque por otro lado, es sabido que Clay, en su vida personal, se mueve con famosos raperos (obviamente, negros) con los que, incluso, colabora en sus canciones.
Pero, que quieren que les diga, a mí Andrew Dice Clay me cae bien, me gusta mucho el humor que hace, me gustan sus películas, y esta, aunque entiendo perfectamente que esté considerada una de las peores de la historia (los treinta minutos previos al show de Clay, son una absoluta vergüenza… graciosa, si, pero de pena) es una película, que a pesar de que, dentro de su show, se me escapan montones de expresiones, jerga y juegos de palabras debido a que la visioné con la única ayuda de unos defectuosos subtítulos en Inglés, me gusta mucho y lo que pude entender me hizo mucha gracia, al igual que reconozco que la imitaciones que Clay hace de Stallone, De Niro, Pacino, Eric Roberts y John Travolta, son unas imitaciones horrorosas ejecutadas, no obstante, dentro de un magnifico gag en el que estos imitados, deciden ir juntos al zoo, donde no ven una puta cebra (¿).
Especialmente celebrado el momento en el que recita, a la vez que su entregado público le ovaciona, el famoso “Moother Goose”; una serie de rimas ofensivas inspiradas en canciones populares, que le valieron el veto de por vida en la Mtv.
“La madre que os parió, hijos de puta”.
En fin, tengo debilidad por este cómico, que les voy a contar. Buenísimo.

sábado, 13 de agosto de 2022

CALÍGULA

Por lo que a mi respecta, "Calígula" representa el epítome de la libertad y osadía del cine típicamente setentero. Solo en ese periodo tan fascinante podría haberse concebido semejante locura. Una película histórica sobre los desmanes de un emperador romano, producida por una revista para pajilleros ("Penthouse"), con un pastizal invertido en su creación (incluidos decorados enormes y barrocos), actores de categoría y un contenido hasta las trancas de sexo explícito, violencia y mucha mucha sordidez. Unas maneras ya no imposibles de ver una década previa, o
posterior (más enfocada al espectáculo despreocupado destinado a complacer al espectador), directamente impensable en los tiempos que corren. Solo por eso, merece considerarse... lo que no quiere decir, ni por el forramen, que estemos ante una obra de arte o algo así.
Obviamente, por todo ello, las historias en torno a la confección de "Calígula" son cientos. Podría pasarme horas desgranándolas aquí, pero no tengo ganas. Busquen en Imdb o cualquier fuente afín y podrán empaparse. Baste resumirlo en que, una vez terminada, algunos de sus actores, su director original (Tinto Brass), el autor del supuesto texto adaptado (el mega-reputado Gore Vidal), los críticos (Roger Ebert se piró del cine a media peli, cabreadísimo, ¡¡ja!!) e incluso parte del público (iba para exitazo, pero fue retirada de las salas en medio del subidón. Todavía sigue prohibida en algún lugar) echaron incontables pestes de ella, renegaron de su mera existencia, soñaban con desvincularse y salían por la tele pidiendo que nadie fuese a verla. Un super-escándalo.
Narrativamente la cosa no tiene mucho truco. Asistimos al ascenso y caída de Calígula como emperador. Entre medias, unas pocas intrigas palaciegas, muchas judiadas por la espalda, algo de truculencia y sexo, sobre todo muuuucho sexo. Tetas, coños, culos y una incontable cantidad de pollas. Pero hasta hartar. "Calígula" es pura lascivia. Desde el primer al último fotograma. Y repito, no solo hablo de erotismo, hablo de explícita pornografía. Vemos mamadas y comidas de coño (incluidas de naturaleza gay), corridas, alguna penetración y hasta una meada. Sin medias tintas. Todo ello envuelto en un aire como a peli de mucha categoría, incluso artística (con una bonita banda sonora, destacando el tema romántico y el que abre el film, de procedencia clásica). Claro, la mezcla es tremenda e irresistible para aquellos que adoren la rareza, el fruto prohibido, la arqueología de tiempos que no volverán. Por lo demás, no les voy a engañar, es un tostón. Larga, lenta y aburrida. Únicamente nos mantiene despiertos el elemento "sleaze". La acumulación de barrabasadas e instantes shock (donde también asistimos a un parto totalmente real), a cada cual más cafre. Aquellos estrictamente pornográficos fueron rodados e insertados por el mecenas de "Penthouse" a espaldas del reparto. De ahí los lógicos mosqueos. Este viene compuesto por nombres tan sorprendentes como los de Peter O´Toole o John Gielgud. Malcom McDowell haciendo del personaje titular, e ideal, teniendo en cuenta su habitual tendencia a interpretar tíos raros y chungos (razón por la que, justo después, aceptó un rol tan opuesto en la estupenda "Los pasajeros del tiempo"). La hermosa Helen Mirren, aireando sus dos enormes tetazas. Y en el apartado curiosidades, John Steiner, al que luego veríamos en chorromil exploitations italianos.
Naturalmente, tanta mandanga sensacionalista solo podía atraer a las moscas igual que lo hace la caca. Y en este caso fueron un puñado de cineastas de baja estofa y mentalidad explotativa que comenzaron a producir sucedáneos semi-pajeros con el nombre de "Calígula" en el título o, en su defecto, ambientación romana de tirón sexy, valga como ejemplo "Calígula y Mesalina" o "Roma: Orgía imperial" del inevitable Bruno Mattei, "Una virgen para Calígula" del "especialista" Jaime J. Puig -suyas son las dos entregas de "Bacanales Romanas", de donde "Una virgen para Calígula" recicla parte del material-, o "Roma. L'antica chiave dei sensi" del especialista en cine pajero Lorenzo Onorati, usando el nombre de Lawrence Webber. Tal vez el más destacado sea Aristide Massaccesi, que bajo el alias de David Hills se sacó de la manga "Caligola: La storia mai raccontata", 
titulada en España por José Frade muy sabiamente como "Calígula 3: la historia jamás contada" (lo que nunca he sabido es donde anda "Calígula 2", posiblemente se refiera a "Calígula y Mesalina", que era la más descarada del pack -incluso en su cartel, donde podemos hablar de plagio puro-) Pal caso, al emperador loco lo interpreta David Brandon, el histriónico director de teatro orejudo en "Aquarius". Y, justamente, el responsable directo de aquella, el gran Michele Soavi, se marca un papelito y, además, fue "secretario de montaje" durante su confección. Casiná.
Hoy se dice, se comenta, que toda la mala prensa acarreada por Calígula -el emperador romano, no la película- podría ser mentira. Que caía gordo al senado y, tras su muerte, se dedicó a escribir las trolas más enfermizas y despiadadas con intención de pintarlo como un monstruo de cara a la historia. Hicieron un buen trabajo, la verdad. Nunca sabremos si estaba así de pillao, pero desde luego resulta mucho más divertido pensar que sí. Tal ha sido su peso que incluso inspiró la creación de uno de los villanos más míticos de los tebeos de "Juez Dredd" -de cuando eran buenos- un juez supremo rubio, medio psicópata y que otorga un puesto de responsabilidad a un pez, igual que, se supone, Calígula hizo con un caballo al que nombró cónsul y sacerdote. Aquel personaje respondía al ingenioso nombre de "Juez Cal". Tampoco podemos pasar por alto la simpática canción que los "Dickies" le dedicaron en 1989.
Mi anécdota personal en torno a "Calígula" se sitúa a finales de los ochenta, estudiando primero de BUP. Eventualmente organizábamos pases de películas interesantes para el alumnado. Al ser yo responsable de seleccionarlas, cayeron "Curso 1984" y, obvio, la reseñada. Les aseguro que aquel pase fue un éxito de asistencia. Vinieron hasta los profesores. Y nadie habló ni, casi casi, se marchó durante el visionado. Me senté en primera fila, orgulloso de mi victoria, y a ratos echaba la vista atrás para inspeccionar las caras de asombro del personal. En un momento dado, una chica exclamó "¿Pero quién es el pervertido que ha puesto esto?" Supongo que algún profesor sería abroncado porque nunca hubo más proyecciones. ¿Se imaginan repetir tal hazaña en 2022?

miércoles, 9 de enero de 2013

SENTENCIA DE MUERTE

Hace unos días hablaba de "Deseo de muerte", la novela que inspiró "El justiciero de la ciudad" y, de paso, la saga "Death Wish" al completo. Hoy toca hablar de la segunda entrega, formato libro, escrita también por Brian Garfield y que nada tiene que ver con el "Death Wish 2" película (o "Yo soy la justicia"). Tal y como comenté entonces, el mega-éxito del film de Bronson/Winner escandalizó a muchas mentes bien pensantes, entre ellas la del mismo autor de la novela, convencido de que el film tergiversaba la idea original de su obra. "El justiciero de la ciudad" glorifica la imagen del vigilante urbano, convirtiéndolo en un héroe, alguien que disfruta matando. Muy al contrario, "Deseo de muerte" nos explica cómo seguir la senda del justiciero no aporta nada bueno, agravando el problema. En esencia nos dice que no podemos combatir la violencia con más violencia. Bien, dado que los responsables de la peli se pasaron ese concepto por el forro de las pelotas (para nuestro mayor gozo), Garfield decidió optar por el lado contrario con "Sentencia de muerte", para lo cual en cierto modo adaptó las señas de identidad del film, su dependencia de ciertas fórmulas, olvidando así el tono introspectivo y más "intelectual" de la primera novela. Quizás el fin era parodiar la peli, o simplemente sermonear a los fans de "El justiciero de la ciudad" usando su propio lenguaje, para lo cual nos presenta a un Paul Benjamin que se traslada de ciudad (si no recuerdo mal, se larga a Chicago) y todas las noches sale de caza, matando a cuanto delincuente pilla por el camino. "Sentencia de muerte", sin ser la diversión personificada, tiene más acción que "Deseo de muerte", hay más tiroteos y menos rollo psicológico. Aún así, y por aquello de desmitificar la imagen de Paul Kersey, Benjamin termina disparando sobre gente que tampoco merece un castigo tan severo (es decir, equivocándose) y pariendo a un imitador.
La idea de un Paul Kersey/Benjamin obligado a cazar a su propio imitador que, en un alarde de inutilidad, dispara sobre personas inocentes, es cojonuda, y podría haber dado mucho de sí. Pero Garfield no sabe explotarla debidamente y deja escapar la oportunidad, limitando ello a las últimas páginas. De hecho, al escritor no parece que se le dé muy bien eso de adaptarse a una fórmula, y la verdad es que el libro apesta un poco a baratillo, como esos que venden en el quiosco y guardas en el bolsillo trasero. El final es previsible, tontorrón y facilón: Paul Benjamin decide abandonar su cruzada afectado por los remordimientos... sin embargo, ya es tarde, otro imitador más sale a las calles para seguir con la tradición.
Siempre creí que cuando hicieron "Death Wish 2" ignoraron la novela de Garfield por la imagen poco heróica que este otorgaba al vigilante, pero no, ahora creo que así lo hicieron sencillamente por mala. Años después, vino James Wan y decidió llevarla a la pantalla con Kevin Bacon de prota. Y aunque la peli está bastante bien, nada tiene que ver con el libro... de hecho, parece una excusa para, en realidad, adaptar "Deseo de muerte" sin tener que pagar derechos al productor que los tuviera.
A pesar de todo, cuando la "Cannon" decidió producir "Death Wish 4" o "Yo soy la justicia 2", se puso en contacto con Brian Garfield y le propuso que presentara un esbozo de posible guión y este, deseoso no de muerte sino de meterse un bocata en el estómago (algo muy respetable y lógico), aceptó... sin embargo, esta vez fue Charles Bronson el que rechazó su idea. Garfield asegura que era mucho mejor que "la basura habitual" pero, tras leer "Sentencia de muerte", permítanme que lo dude.
Y es que algo de retorcido habrá cuando, al comenzar a leer el libro, descubres que este está dedicado -sin cinismo que valga- al infame Roger Ebert, aquel crítico que en los 80 encabezó una encarnizada batalla contra el cine violento, con especial interés en borrar del mapa "slashers" y pelis de justicieros, siendo justamente la saga "Death Wish" el principal blanco de sus ataques (afortunadamente, no lo consiguió, y es que un crítico cuyos razonamientos no se deben a cuestiones cinematográficas, sino a aspectos morales y políticamente correctos, carece de todo valor y sentido).

lunes, 23 de febrero de 2009

HIS NAME WAS JASON

Con motivo del estreno del remake de "Viernes 13", en los USA, y haciendo gala de una mentalidad de negociantes muy superior a la que se tiene por aquí, se ha lanzado hace nada este documental en formato digital, producido nada menos que por "Anchor Bay", en el que, a base de entrevistas a distintos miembros del equipo de TODAS las pelis de la franquicia (incluidos los de la ultima versión) vamos ahondando en la figura de "Jason", en lo que supuso para los integrantes de las películas y todas esas cosas tan interesantes para los fans.
Lo mas entrañable es que están todos los actores que interpretaron al famoso psycho-killer enmascarado. Entre muchas cosas, además, vemos segmentos dedicados al "merchandising", la atracción de "Universal studios" dedicada a la franquicia, así como a las parodias de los distintos programas de T.V. en los que ha intervenido "Jason".
Todo ello narrado de forma honesta, reconociendo que fue una cagada convertirlo en un gusano en la novena parte e, incluso, dejándonos escuchar la critica que en su momento le dedicó el repelente de Roger Ebert.
Dirigido por Daniel Farrands, y presentado por el inevitable Tom Savini, nos zampamos con alegría y entusiasmo un documental del montón, que solo sirve para engordar más aun las rebosantes arcas de aquellos que tengan los derechos del asunto. Pero eso, a nosotros, nos importa tres cojones. Es más, que sigan forrándose, así nosotros continuaremos disfrutando de "Jason"... ya sea en formato ficción o documental.

sábado, 1 de septiembre de 2007

GOING TO PIECES, THE RISE AND FALL OF SLASHER FILM

¿Un documental sobre el auge y caída del cine "slasher"?, eso no puedo perdérmelo (y además, con subtítulos en castellano). Tras agenciármelo, esperé al momento propicio para verlo. Ahora que ya ha pasado tan señalado instante, puedo decir que, efectivamente, me ha encantado. Es previsible, lo sé, pero afirmar lo contrario sería mentir.
La película, que adapta un libro escrito por Adam Rockoff (de idéntica temática, of course), posee la maravillosa virtud de no centrarse únicamente en los de siempre e ignorar a los que vinieron después, inexorablemente relegados a la sombra. Efectivamente, tenemos a Carpenter, a Cunningham, a Craven, a Savini... pero también podremos gozar de entrevistas a Joseph Zito o Fred Walton, e incluso si me apuran por ahí también asoman elementos aún mucho más oscuros como Herb Freed, Armand Mastroianni o Paul Lynch, autores todos estos que, en algún momento de su carrera, se adentraron en el pantanoso, pero agradecido, terreno del "slasher", ya sean títulos más conocidos ("El asesino de Rosemary", "Prom Night") o cosas terriblemente ignotas ("El día de la graduación", "El día de los inocentes"). Además, aunque el film también repasa el resurgimiento del género en los 90 con "Scream" y todo lo que le siguió (incluidos Rob Zombie, "Hostel" o "Saw"), en realidad se centra en la gloriosa década de los 80 (de las pelis que no muestran imagen, al menos incluyen el poster, caso de "Madman", "No abrir hasta Navidad" o "The Prey") y los títulos que la precedieron y marcaron la pauta, siendo "Psicosis" la que se lleva la medalla.
"Going to pieces" posee un ritmo absolutamente endiablado, toca todos los palos propios del "slasher" (el tipo de asesino, su posible trauma, la clase de arma que usa, la heroína que resiste hasta el final, los emplazamientos típicos, los actores famosos que debutaron en esta tipo de producciones, etc, etc) y aledaños (la escuela Italiana, con especial mención al "Bahía de Sangre" de Mario Bava donde, por fin, se muestra con toda clase de lujos la escena del empalamiento que, poco después, plagiaría sin rubor el segundo "Viernes 13") a toda velocidad, y lo hace con imágenes a porrillo, centrándose casi única y exclusivamente en los crímenes más sangrientos de cada film comentado (¡incluso "Mil gritos tiene la noche"!).
Afortunadamente no se echa demasiada mano de justificaciones intelectualoides (alguna cae, sobre todo vía Wes Craven, pero nada que moleste demasiado), al contrario, todos los entrevistados se sueltan el pelo reconociendo que gozan viendo/creando los más atroces crímenes (especial mención merece Stan Winston, que abre el documental afirmando: "Cuando voy al cine, me encanta ver como decapitan a alguien", ¡ahí, ole tus huevos!) y la dosis de descojone la ponen secuencias en las que críticos almidonados (el cateto de Roger Ebert) o padres ofendidos (un puntazo toda la movida ocasionada por el trailer de "Noche de paz, noche de muerte") salen rajando de este cine que tanto nos gusta. Pero tienen las de perder, porque "Going to pieces" está de lado de los que nos molan los "slashers", de lado del fan del género... de hecho, toda la peli es un regalo para nuestros sentidos y viéndola, uno recuerda (por si tiene la desgracia de haberse olvidado) cuán gozoso y estupendísimo es pertenecer a la gran familia de adoradores del terror y, más especialmente, del cine de adolescentes troceados por asesinos enmascarados. Un diez.

miércoles, 8 de octubre de 2014

GRIDLOCK´D

“Gridlock´d” es una película de culto en Estados Unidos, alabada por el azote de este tipo de productos, Roger Ebert (algo así como el Pumares español) y que descubría para el cine al rapero Tupac Shakur como solvente actor de variados registros –dicen que esta es su mejor interpretación y que estaba a la altura de los grandes contemporáneos- en una carrera que se vio truncada, pues justo en la post producción, Tupac moría asesinado a la edad de 25 años.
Nacida de manera independiente, cuando lo independiente se volvía mainstream – “Gridlock´d” sería la otra cara del “boom” de Miramax y compañía- es un película a la que siempre he tenido alta estima, y que, si bien es cierto que ha tenido sus ediciones videográficas, también lo es que en nuestro país estas han asomado la cabeza de manera muy discreta. En su momento me costó encontrarla en VHS, ahora, me ha costado encontrarla en DVD. Pero en ambos casos, di con ella.
Cuenta la historia de dos yonkies que, estando poniéndose hasta el culo la noche de  año nuevo, son testigos de como una amiga que vive con ellos sufre una sobredosis. La llevan al hospital y todo son problemas para ingresarla, con lo que casi se les queda en el sitio. Esto hace que se replanteen su condición de adictos, así que deciden dejar la heroína, y para ello acuden a un centro de desintoxicación, que para atenderlos les pide una tarjeta de atención médica temporal –hay que recordar que en los USA no hay seguridad social, y si eres pobre, no te atienden en el médico-  que no tienen y que han de conseguir. La odisea que ello supone, sumado a que han de esquivar las balas de mafiosos a los que han hecho pequeñas estafas, y las de los policías que les persiguen porque son confundidos con asesinos en un malentendido, componen el grueso de la película que en su hora y cuarto (las malas lenguas dicen que está incompleta porque Tupac Shakur murió en pleno rodaje) se nos queda corta.
La película, rodada con estructura de film de acción, va saltando de género en género cada dos por tres, así que, presentándonosla como un melodrama, pasa de la comedia al drama, regado con escenas de disparos cada dos por tres, chistes negros y escenas  de tensión, para al final tratarse de una película de denuncia social. ¿Y que denuncia? Obviamente, el precario sistema sanitario americano, que con lo avanzados que son  para la mayoría de las cosas los yankies, en cuanto a la salud pública dejan mucho que desear. Pero no lo denuncia en plan coñazo y sensacionalista como ya lo hiciera Michael Moore en su documental “Sicko”, sino que se apuesta por la manera más entretenida posible, con una historia interesante, muy buenos personajes, humor y acción. Y todo ello con cuatro pesetas, señores.
En definitiva, muy, muy recomendable.
La pareja protagonista, formada por Tupac Shakur y Tim Roth (muso del cine independiente de los noventa) tienen una química a prueba de balas, y gran parte de la eficacia de la película es gracias a ellos que hacen una interpretación memorable que, no obstante, pasó inadvertida. Si la película hoy es de culto, es porque, en su momento, no la vio nadie.
Junto a Shakur y Roth, tenemos en el reparto a rostros reconocibles como el de Tom Towles (Otis en “Henry, retrato de un asesino”), Lucy Liu antes de despuntar, Thandie Newton (“2012”, “Las crónicas de Riddick”) o Vondie Curtis-Hall, un comediante afro-americano que si bien hemos podido verle como actor en películas como “Blue Jean Cop”, “El Príncipe de Zamunda” o “Los Reyes del Mambo”, es quien se encarga de dirigir esta “Gridlock´d” además de otros films como “Glitter” (debut y despedida en el mundo del cine para la diva Mariah Carey), “Sin Salida”o, como no, unas cuantas series de televisión.
Lo dicho; muy, muy maja.

viernes, 18 de marzo de 2022

SICK: THE LIFE AND DEATH OF BOB FLANAGAN, SUPERMASOCHIST

Bob Flanagan fue un individuo bastante desagradable —independientemente de sus dolencias— al que una enfermedad sin cura llamada cirrosis quística le tenía comido por dentro. La pus inundaba sus conductos respiratorios y la muerte era inminente. El caso es que, aquejado de esta extraña enfermedad desde niño, como a todos los que la padecen apenas le diagnosticaron 17 o 18 años de vida, sin embargo, con 40 años continuaba vivo. Y lo más curioso es que durante su vida, y paradójicamente esperando a la muerte, le dio tiempo a hacer mogollón de cosas. Así, Bob Flanagan, entre otras muchas profesiones se erige como escritor, cantante, comediante, dibujante… y ¡performancer masoquista! El hombre justificaba estas sesiones de BDSM a las que se dedicaba, ya fuera en un escenario o grabadas en vídeo, afirmando que sabiendo que le quedaba poco de vida, el hecho de que le inflingieran dolor (con fines artísticos) le hacía sentir vivo, por lo que con la tontería, y siempre ayudado por la que fue su esposa, Sheere Rose —sadomasoquista encantada de cercenarle las pelotas a su esposo—, Flanagan, que debería haber muerto a los 20 años de edad, aguantó hasta los cuarenta y tres a base de clavarse el capullo a un tablón, coserse el pene dentro del escroto, ser amordazado, asfixiado, enculado y fustigado para solaz de su público. Y se tomaba el hecho de que en cualquier día la espichaba con un envidiable sentido del humor.
Como ya se le veían las orejas al lobo, durante sus dos últimos años de vida un equipo de grabación capitaneado por el director Kirby Dick, se dedicó a filmar su día a día, entre toses, esputos y entrevistas tanto a él, como a su esposa, como a destacados miembros de su familia, llegando a acumular más de 100 horas de material original. Y Flanagan aceptó con una sola condición; que el documental incluyera el proceso de su muerte.
De este modo “Sick: The Life and Death of Bob Flanagan, Supermasochist” se convierte en uno de los documentales más duros y desagradables de cuantos he visto, porque, si bien combina todas esas horas de entrevistas filmadas con el abundante material de archivo y grabaciones (profesionales o caseras) que poseía Flanagan, todas las performances en las que es rajado, pinchado, golpeado y humillado, con todo lo impactantes que puedan llegar a ser, no son nada comparadas con los momentos en que una cámara filma su agonía antes de morir, mientras su esposa se despide de él entre lágrimas. Francamente escalofriante. Y sensacionalista.
Entonces, nos encontramos ante un documento que nos muestra a un hombre bastante creativo que lo tenía todo perdido, y que encontró en una modalidad cualquiera de sufrimiento, su vía de escape para seguir vivo. Y le sirvió.
Por lo demás, absténganse de verlo gente sensible. Cada 5 minutos hay un acto, una escena, o un gag que puede ponerle de mal cuerpo al más pintado.
El documental consiguió gran prestigio en Sundance, se llevó premios en dos o tres festivales y fue alabado por toda suerte de críticos, incluido Roger Ebert quien, casualmente, protagonizaría años después un documental igual de crudo que este, que retrataba de manera igualmente desagradable sus últimos días vivo: “Life Itself”.
Recomendables ambos, aunque solo sea para un único visionado.

viernes, 9 de abril de 2010

DESAPARECIDO EN COMBATE 2

Y volvemos con Chucky... no el muñeco, el actor... aunque a veces se parezcan en cuanto a método interpretativo. De todos los "héroes de acción" de los 80, Norris era el que menos me gustaba. Ninguna de sus pelis creó en mi esa fascinación que sí aportaron "Rambo", "Commando" o "Señalado por la muerte", citando algunas así a boleo. "Invasión USA" era la que tenía más números y me parece un coñazo.
Ahora lo que toca es centrarse en este "Desaparecido en combate 2", que en realidad se trataba de una precuela en la que se narraban los hechos previos a la primera entrega. Esta vez nos situamos en un campo de prisioneros en el que Chuck y sus colegas son terriblemente humillados y torturados por el mega-malísimo de la función, al que pone rostro el actor Soon-Tek Oh (también lo vimos en otra producción de la inigualable -aunque no siempre por motivos honorables- "Cannon", "Yo soy la justicia 2" o "Death Wish 4"). Como es de ley, después de una y mil putadas, Chucky se liberará del encierro y la liará parda.
"Desaparecido en combate 2" chorrea patriotismo barriobajero por todos sus poros. El único malo que no tiene los ojos rasgados, resulta que es francés. Chuck conserva una bandera americana que sujeta con fervor en los momentos difíciles. El yanki en un principio traidor (¡y negro!), sacrifica su vida para salvar a sus compatriotas y etc, etc, etc... una cascada de risas y descojono, que no me influye a la hora de disfrutar o no de una peli (¡no soy el hermafrodita de Roger Ebert!), pero sí que provoca hilaridad y diversión. Resulta que las tres pelis de esta saga son una mierda, especialmente la primera, que con todo lo que prometía aburre incluso a las cabras. Sin embargo, y pal nivel, la segunda resulta ser la más soportable (que no soporífera) y razonablemente entretenida, con algunos momentos míticos, como la famosa secuencia de la tortura con la rata dentro del saco. Aunque ya os digo, siempre previa inyección de paciencia.
El dire es Lance Hool, el de ese seudo-"mad max" protagonizado por el malogrado Patrick Swayze titulado "El guerrero del amanecer". Como productor resulta mucho más interesante, en su currículum tiene "Al filo de la medianoche", "Justicia salvaje", "Cocodrilo Dundee en Los Angeles" y "Club desmadre".
Sé que hay muchos seguidores de Chuck Norris, de la "Cannon" o del cine de acción de ésa época, así que a ellos -suponiendo que no la hayan visto, lo cual es poco probable- se la recomiendo. Y a los curiosos / nostálgicos, también. Al resto, les animo a pillar cualquier otra del Bronson más cannonizado.

domingo, 14 de julio de 2013

VIOLADA

Cuando te sientas en el sofá dispuesto a ver esta película del año 1984 ("Violated" en versión original), la verdad es que lo que esperas encontrarte es uno de esos "rape & revenge", tipo "La violencia del sexo" o "Venganza desnuda", sobre mujeres violentadas que se toman una cruda revancha (algo a lo que contribuye su muy engañosa caratula y su no menos trolante eslogan ). Y no, no van por ahí los tiros (ni las violaciones), de hecho aquí no hay tiros hasta el minuto 78, pocos y ejecutados por un macho. En realidad se trata de un especie de drama con un sutil trasfondo de thriller criminal que te deja bastante dolor de culo al terminar (si es que logras hacerlo, yo me quedé frito y tuve que retomarlo al día siguiente). Dicho de otro modo, ¡¡anda que no se pueden hacer chistes con esta peli!!, que si el violado eres tu, que si el violado es tu cerebelo, que al terminar de verla te sientes sucia y quieres vengarte de sus perpetradores, bla, bla. Demasiado fácil. 
Un grupo de gangsters, encabezado por el todopoderoso Jack Diamond (sí, tiene un nombre muy de gangster), al que teme incluso el apuntador, se dedican a organizar partys con jovencitas a las que terminan liando, primero, y violando, después. Una de estas denuncia al agresor, lo que complicará mucho la papeleta. Un poli, en principio algo descreído, decidirá ayudarla, y tirársela, con el fin de detener de una vez por todas al maldito hampón y sus compinches.
"Violada" es una peli altamente hipócrita (como lo era, por ejemplo, "Holocausto Caníbal"), porque en realidad se trata de puro "exploitation" camuflado, digamos que denuncian aquello que ellos mismos explotan gustosamente... y encima, mal. Se nota que sus artífices intentan parir un drama serio, como los que hacía Meryl Streep de joven, pero no llegan. Evitaré cometer el error de mucha gente (incluido el fallecido crítico y hermafrodita Roger Ebert) y basar mis impresiones en cuestiones morales, éticas y espirituales. En eso sentido, también resulta fácil despellejar esta película. Sencillamente me limitaré a decir que es bastante aburrida y anodina, casi podría pasar por un telefilm de tarde del Domingo si no fuera por las escenas de destete y su look grasiento. Todo en ella hace tufo a culebrón de tirada cutre, aunque en el proceso se ponen algunas medallas dignas de rememorar. Por ejemplo: en las violaciones, mientras la chica posa totalmente desnuda, el agresor siempre lleva los pantalones, y bien abrochados (casi como en las de Pajares y Esteso). A los pocos días de ser crudamente violentada, la protagonista no tiene reparos en enamorarse de y liarse con el poli. Si eso ya es un tanto bizarro, empeora cuando tenemos en cuenta la diferencia de edad (ella 18, él más de 40) y, sobre todo, el aspecto y las maneras del hombre de la ley, genuinamente desagradables (ese flequillo siempre sudoroso!!). Nada más verlo aparecer, crees que será uno de los malos, un corrupto, con eso se lo digo tó. Tampoco tiene desperdicio la secuencia en la que la primera agredida va a la comisaría a denunciar la movida, y se encuentra que la policía, además de tratarla rudamente, le dice que no se moleste, que no va a servir para nada y que se vaya a casa a descansar, cosa que ella hace sin tomárselo demasiado malamente. 
Aunque para momentos bizarros, el que sigue: La prota se prepara para asistir a la fiesta donde será violentada. Está de pie ante el espejo, en top-less. Se abre la puerta y entra su hermano menor, que le aconseja qué ponerse esa noche, no sin antes marcarse una escueta charla sobre los pechos de la interfecta, cómo estos le ponen nervioso y lo atractiva que resulta toda ella. El hermanito se le abalanza y la agarra por la cintura exclamando: "¡Si no fueras mi hermana!". La chica ríe y le dice "¿Qué sabrás tú del sexo?, ¿has comenzado ya a masturbarte?". ¿Inquietante, no?.
Sin embargo, y a pesar de atributos tan curiosos y llamativos para el aficionado medio al cine chungo, el resto es bla, bla y mucho aburrimiento. Tal vez con ingerir algún estimulante pre-visionado puedan encontrarle algo divertido pero, no se engañen, esto es un coñazo.
En el reparto destacan Elizabeth Kaitan, atractiva ex-scream queen de la serie B/Z de los 80, que has podido ver en películas como la séptima "Viernes 13", "Noche de paz, noche de muerte 2", "Esclavas del espacio", "Necromancer", "Roller Blade Warriors: Taken by Force" (del temible Donald G. Jackson), "Dr.Alien" (del no menos temible David DeCoteau), "Monstruos en la noche" o la interminable saga "Vice Academy" (al ser "Violada" una de sus primeras pelis, aparece como dios la trajo al mundo... ¡y bien que lo hizo el cabrón!), Samantha Fox... pero no, no se trata de la cantante inglesa de pantagruélicos pechotes que tantas noches de auto-amor propició en su época a los de mi quinta, esta Fox es la actriz porno de los 70 y 80 que, puntualmente, se liaba en productos no-exclusivamente-gorrinos, destacando entre todos ellos su protagonismo en el super-clásico del "trash" "Una noche para descuartizar" de Doris Wishman, sobre el que pueden leer -y alucinar- en nuestro "pest-seller". Y finalmente John Heard en un papel minúsculo de misógino desatado, lo has visto en títulos de renombre como "Big", "Solo en casa" o "En la línea de fuego". Últimamente las cosas no le deben ir muy bien, porque su más reciente lanzamiento es un delirio de "Asylum" titulado "Sharknado" (de tiburón + tornado me temo).
El director y guionista de "Violated" se llama Richard Cannistraro (sí, su nombre está mal escrito en la caratula), y esta es la única peli que hizo a lo largo de su mísera vida. ¿Sorprendidos?.

miércoles, 9 de octubre de 2024

AL RICO PSYCHO-KILLER SANGUINARIO (UNA REFLEXIÓN)

Me sentí bastante defraudado con "De naturaleza violenta", el reciente fenómeno del llamado "horror indie" que lo estaba petando en festivales. "Es un slasher diferente" se decía. "Narrado en plan cine contemplativo". Podía ser curioso, así que, sí, le tenía ciertas ganas. El otro ingrediente atractivo era, según blogs y redes sociales (siempre extranjeros, válgame cristo), una ingente cantidad de truculencia, brutal y sucosa. Esto último se reafirmó el día que tuve acceso a un vídeo. Ya saben los peligros a los que el cinéfilo medio se enfrenta hoy día en internet. Si no has visto la película "cool" de rigor, ándate con ojo, porque en cuestión de quince jornadas te enterarás de todos sus secretos.
Bien, la secuencia en sí, donde el asesino masacraba a una pobre infeliz, estaba muy bien parida técnicamente. Era todo lo retorcida y exagerada que podías imaginar, pero... completamente inverosímil. Absurda. Imposible. Ello me descuadró levemente, ya que había asumido "De naturaleza violenta" como una película seria, realista, y ese asesinato hubiese encajado más y mejor en los primeros escarceos de Peter Jackson (o, dicho de otro modo, cuando Peter Jackson molaba).
Finalmente, la cacareada obra llegó hasta mis manos. La guardé para aquella misma noche. Me podía la curiosidad, pero procuraba contener las ansias. Los años me han enseñado que éstas únicamente dan pie al inevitable hostiazo. La decepción. Así que comencé y, sí, de entrada me estaba gustando. Ni que fuese por las maneras estéticas que su director, Chris Nash, empleaba para narrar la historia. El verdadero problema venía cuando, superados quince primeros llamativos minutos de largos planos fijos, de la cámara siguiendo al psycho-killer de rigor caminando por el bosque en eternos paseos, etc, etc, me percaté de que, tras tan vistoso envoltorio, simplemente había lo de siempre.
"De naturaleza violenta" no dejaba de ser un slasher del montón, con los ingredientes habituales, las salidas previsibles, los rigurosos clichés... lo único que cambiaba era el modo de mostrártelos. Pero incluso esta elección creativa perdía fuerza a medida que la trama avanzaba (muy lentamente) y dejabas atrás la sorpresa inicial. Me recordó un poco al caso de "Mandy", película que, en su momento, recibió toda suerte de halagos y lameculadas. A mí me aburrió soberanamente. La eterna historia de una venganza, solo que contada a ritmo de tortuga asmática mediante toda suerte de sobre-estilismos (mangados a Nicolas Winding Refn). Y, al final, el cine, por mucho que el acabado visual sea importante, que lo es (y las siguientes palabrejas puedan ofuscar a aspirantes a Brakaghes, Mekass y Angers), consiste en narración. Las luces de colores, los desenfoques, los planos eternos, los destellos... todo eso puede ser muy chulo, muy bonito de ver, pero difícilmente sostendrán noventa minutos de más de lo mismo.
Por supuesto, no olvidemos "el otro elemento" identitario con respecto a "De naturaleza violenta". Aquello por lo que, hasta cierto punto, existía: el gore. Efectivamente este resultaba extremadamente gráfico, brutal e impactante. Curiosamente, la escena que había visto previamente en redes sociales, tan absurda, resultó ser la excepción. El resto eran bastante más terrenales... y desagradables.
Llegamos a la parte en la que me siento obligado a matizar un poco mis palabras. Vale, reconozco que podría ser cosa de la edad. Los años tienden a reblandecerle a uno. Pero lo cierto es que, viendo la película de Chris Nash, me ofendí. La encontré enfermizamente detallada, sádica y cruenta. Impresiones incrementadas gracias a su realismo + excelentes trucajes. Algo se me escapaba ¿En qué consiste la gracia de todo esto, pues? díjeme ¿Ver del modo más realista posible cómo muere un ser humano? ¿recrearse en su sufrimiento y agonía, siendo testigo de hasta el último tendón cercenado? No sé, no lo entendí. Y ahí comenzaron las auto-preguntas.

Estas se multiplicaron cuando, días después, en redes se anunciaba una futura segunda parte de "De naturaleza violenta" (película que, en su espíritu casi "indie-arty", no parece la más adecuada para generar una franquicia, siempre motivada por intereses meramente crematísticos) y en las "Cons" de Estados Unidos ya podías ver al pintamonas de rigor disfrazado del asesino del film jugueteando con el personal. Todo ello me recordó demasiado a otro fenómeno reciente, "Terrifier" y su payaso asesino "Art".
A diferencia de "De naturaleza violenta", las películas de "Art" me funcionan un poco más. Mi preferida es la primera de todas, "La víspera de Halloween", cuando el personaje todavía no se había establecido como icono del horror (y, de hecho, lo interpreta otro actor) Su buena aceptación dio pie a un vehículo para él solo, que funcionó muy bien. Luego se estrenó la segunda parte, sorprendentemente bendecida por un éxito tremendo -para ser lo que es-. Y, más pronto que tarde, llegó la tercera (con una cuarta confirmadísima).
"Terrifier" y, por tanto, "Art", habían logrado aquello que muchos llevaban ya años intentando sin conseguirlo: Crear el nuevo psycho-killer sucesor de "Jason Voorhees" o "Freddy Krueger". Y con razón. El personaje gasta una caracterización cojonuda y chorrea carisma. Además, y como en el caso de "De naturaleza violenta", sus películas son extremadamente gráficas en cuanto a elemento sangriento. Muy salvajes... pero con un punto de fantasía, de gran guiñol, que las hace un pelo -y solo un pelo- más digeribles. Menos ofensivas. Destacan en ese sentido las víctimas de "Terrifier 2", cuya agonía se prolonga tanto en el tiempo que termina resultando casi cómico. Parecen no morir nunca, por mucho que "Art" las trocee, rebane, aplaste o machaque, y uno al final no puede evitar reír, porque casi parecen chotarse de esos mismos excesos, desesperados por alargar el tormento lo máximo con la finalidad de que el público disponga de tiempo suficiente para "disfrutar" recreándose en ello.
Lo que nos lleva a, justo, el asesinato más famoso de toda la franquicia, aquel en el que "Art" cuelga a una chica desnuda por los tobillos y procede a partirla por la mitad, vía coño, mediante una sierra manual oxidada. El truco es aceptable, aunque canta un poco el látex. No obstante, dejó huella y cumplió su función. A partir de ahí, ver no solo a tipos disfrazados de "Art" por las "Cons", sino a espectadorAs que, felices, posaban con él en las fotos, incluso haciendo el pino dispuestas a ser aserradas, se convirtió en una constante. Y todas desplegando una enorme sonrisa. La actriz protagonista de la escena, acorde a estos extraños tiempos que vivimos, escribió un artículo en una web justificando haber aceptado interpretar tal material, que algunas tildarían de misógino, asegurando sentirse orgullosa y, en fin, no sé cómo se lo montó, pero logró convertir su cruento aserramiento en, casi casi, una alegoría en favor de la mujer empoderada.
Retomando el hilo de las "Cons" y las "groupies" de "Art", comencé a sentirme algo desconcertado. Mi lado moralista de señor de mediana edad, afloró. Hasta qué punto tenía sentido celebrar así, de modo tan banal, a un asesino y, muy especialmente, un crimen TAN despiadado. Era como quitarle hierro, tomárselo a guasa. Daba la sensación de que el público parecía olvidar que semejante momento había sido confeccionado para horrorizar, perturbar, resultar desagradable... ¿o no? ¿estaba pecando de ingenuo? Ahí me planteé la posibilidad de que, contra pronóstico, en realidad fuese lo opuesto. Las fabrican para ser aplaudidas y coreadas con fervor por el fan medio, desprendiéndolas de su lado traumatizante.

Teoría esta completamente trasladable a "De naturaleza violenta". Ahora comprendía su popularidad y, muy especialmente, lo retorcido, exagerado e inverosímil del asesinato consumido / explotado en redes sociales. Estaba diseñado no para espantar, sino ser jaleado y convertir en "meme". Lo mismo que su psycho-killer.
El éxito de "Art" posiblemente abrió la veda a la búsqueda de nuevos asesinos del cine explotables como merchandising. Algo que, hasta cierto punto, intentó recientemente Eli Roth con "Thanksgiving" y su "John Carver", quien también cuenta con muñequito, "cosplays" y una secuela en camino, pero parece haber calado menos. ¿Tal vez porque sus asesinatos no son TAN bestias como los de sus dos competidoras? ¿o porque el criminal no tiene una identidad específica? No sé.
Y en mi reflexión, me di cuenta de cómo habían cambiado las tornas. Antaño, la función de los "monstros" de las películas de terror consistía en crearnos zozobra, intimidar, ser temidos. Llámalo "Jason", llámalo "Michael Myers", llámalo "Leatherface", llámalo "Freddy"... o no. Justo, el éxito mediático de este último, su aterrizaje en el mainstream, su conversión a mercadería, a muñeco, a disfraz de Halloween, etc (curiosamente, siendo como era un asesino de niños) hizo más aceptable la figura del psycho-killer cinematográfico. Dejamos de tenerles "miedo", para reírnos con ellos y aplaudir sus fechorías. El siguiente fue "Ghostface" de la saga "Scream", pero, como con "Thanksgiving", cuajó poco al carecer de una identidad. "Art" ha devuelto el río a su cauce. Ya tenemos uno con nombre propio, maneras propias, y que funciona. La diferencia es que ahora ya no nos acojonan. Ahora son "los buenos de la película". Aplaudimos y lanzamos felices vítores de aprobación cada vez que rebanan el cuello a alguien, y cuanto más explícito y real sea, mejor, más chocaremos nuesas palmas y con más fuerza berrearemos.

Sin embargo, aunque me sentía muy orgulloso de haber llegado a tales conclusiones, en mi fuero interno me torturaba la idea de poder estar hablando como uno de esos críticos moralistas, un Roger Ebert cualquiera, ofendido por la violencia en pantalla, lista para escandalizar a "viejunos" como yo. Decidí efectuar un viaje mental en el tiempo e ir hasta los años en los que gozaba viendo truculencia en películas, las de "mi época", y, muy específicamente, slashers. Y me hice otra pregunta más: "¿No es exactamente lo mismo?" De entrada, saqué la conclusión que todo aquel gore, el de "Viernes 13", "El Mutilador", "La quema" o "El asesino de Rosemary", era distinto. Estaba enfocado como algo que indujera a cerrar los ojos, espantado. Algo horrible. En ningún momento listo para complacerte. ¿Seguro? ¿y el "descorchamiento" de globo ocular en el tercer "Viernes 13", efectuado, además, en tres dimensiones para incrementar su condición de truco de feria / efecto gracioso?. Mierda. Aquel pensamiento me descuadró.
Es cierto que el cine de horror, y la violencia, siempre han inspirado a un sector de la audiencia a montar fiesta y cachondeito. La diferencia es que, antes, en los 70 y 80, era algo más propio de la escoria que acudía a los cines de la calle 42, lumpen desatado, muy ajeno a la naturaleza del fan tal y como la entendemos hoy. Pero fue el crecimiento e imposición de este último, la expansión del fandom del horror, su conversión a casi secta religiosa, lo que, poco a poco, ha ido desprendiendo de peligrosidad al cine que tanto les/nos gusta y haciendo de sus elementos más oscuros, y en apariencia reprobables, materia casi de pura comedia, inofensiva y ridiculizable.
No soy el único que se lleva semejantes impresiones. El mismo Rob Zombie en una entrevista comentó no entender aquel modo de tomarse la violencia, alegando que esta quedaba en las antípodas de resultar divertida y, como consecuencia, procuraba mostrarla tan cruda y desagradable en su cine, esperando así dejar mal cuerpo en el espectador, incitándole al rechazo. En ningún momento pretendiendo convertirla en un carnaval.
Terminé el artículo, dispuesto a darle unos cuantos vistazos y pulirlo, cuando me entero que "Terrifier 3" va a pasar por el entonces próximo Festival de Sitges. Y, además, vendrá representada por su director y algunos actores, entre ellos, ¡sí!, David Howard Thornton, el caballero oculto tras el maquillaje del terrorífico "Art". Instantáneamente, comencé a fantasear con lo mucho que molaría poder hacerme una foto junto a él, caracterizado con su llamativo atuendo. Así andaba yo, obsesionadísimo, hasta que súbitamente recordé la existencia del texto que acaban de sufrir. Y me replanteé todo. Tras echar pestes de la peña que posa con "Art", desvirtuando así su condición de sádico asesino, vas tu y casi pierdes los papeles, cual fan histérica adolescente arrodillada ante los atributos colgantes de Harry Styles, al saber que se te presentaba la remota oportunidad de situarte al lado del ínclito en una hipotética instantánea. Patético.
Y, efectivamente, acudí al festival para ver "Terrifier 3"... pero ¿hubo foto? Sobre todo ello, en breve.