sábado, 24 de diciembre de 2011

EL SACERDOTE

Eloy de la Iglesia, antes de asustar, fascinar, escandalizar e incitar a la drogadicción a las plateas con sus películas de drogatas a la vez que el mismo se volvía un heroinómano, ya le andaba dando a la polémica con cada una de las películas que realizó durante la década de los setenta. No solo era un buen cineasta, si no que también era un provocador nato, y que mejor provocación en la España post-Franco, que dirigir un film sobre la iglesia, centrándose sobretodo en ciertas debilidades de los señores sacerdotes.
Así, EL SACERDOTE, nos cuenta la historia de un cura de recta moral, que tiene cierto problemilla con el tema del celibato. Se pone cachondo con una de las feligresas que bajo secreto de confesión, le dice, que por miedo a quedar embarazada por enésima vez, su marido solo le hace el amor por el culo. Con un sentimiento de culpa terrible por esta excitación, le comenta lo que sucede a su obispo, el cual le dice que esas tentaciones son terribles, pero normales por otro lado y que lo único que tiene que hacer es esquivarlas. El cura, caliente como una perra, se pajea con lascivia ante un cartel enorme frente a la parroquia, en el que aparece una penca en cueros. Para apartarle de la tentación, sus superiores le ponen a oficiar comuniones con los niños. Esto, resulta peor incluso, ya que, no solo se excita con las mujeres, si no también con la virginal imagen de un niño de ocho años que juega restregando caramelos sobre sus muslos. Llega un momento en el que se excita incluso con la sola visión de sus propios compañeros. Como es obvio, la cosa se complicará hasta límites insospechados.
Por otro lado, una pequeña subtrama, en la que la mayoría de curas retrógrados y a la antigua, le hacen la vida imposible a un joven cura progresista con ideas un tanto opuestas, que no tiene pelos en la lengua a la hora de explicarles a los niños en la catequesis, que blasfemar es decir “Me cago en Dios”, “Me cago en la virgen” o “Me cago en la ostia”.
Pues está verdaderamente bien esta película. Cine español del bueno, del de antes, del de contentar al publico.
Rodada a un tempo muy de la época, prácticamente sin música durante el metraje, desde luego la película es una bofetada bien dada a las mentes bien pensantes de la época, así como un reflejo de la personalidad más bien cerdilla y extrema de De la Iglesia. El tema del curilla pederasta, y otras lindezas de índole sexual, igual era toda una osadía para una película de la época, pero para filmarlo, primero este lo pensó… Mención especial todas las escenas referentes a la infancia del cura, en la que a modo de Flash Back, somos testigos del concurso de pollas y de cómo, en una especie de aquelarre filo-gay adolescente, unos niños se follan a una oca (como lo oyen, a una oca) con un grafismo, que no me extraña en absoluto, que el director se ganara cierta fama de guarrete. Y en cuanto a transgredir, hay que decir, que la peli tiene hasta gore. No mucho, pero lo hay.
En cualquier caso no es una película de denuncia, es más bien tirando a sensacionalista, y eso se agradece un montón. Y además es harto de entretenida e interesante.
En el reparto, el gran Simón Andreu interpretando al curilla cachondo, Esperanza Roy es la feligresa que turba los sentidos del cura y Emilio Gutierrez Caba es el cura progre y deslenguado. Todos los actores están estupendos, vamos, que da gusto verlos.
¡Ah! Y pasen ustedes una buena noche, y tengan una muy feliz navidad.