lunes, 23 de enero de 2012

LA OTRA ALCOBA

Sigo metido de lleno en el particular mundo de Eloy de la Iglesia, y sigue sin decepcionarme sus intentos por ser el más chulo del gallinero.
En esta ocasión me enfrento a un melodrama, oscurillo para la época, en la que el amigo De la Iglesia se permite el lujo de colar, a un publico posiblemente morbosillo, pero popular al fin de al cabo, escenas tremendamente arties las cuales justifica a base de sueños oníricos por parte la protagonista.
Esta vez, el tema escabroso al que se acerca el director, es la infidelidad y la esterilidad
Un hombre famoso y bien posicionado sufre problemas de esterilidad. Aún así, contrae matrimonio con una bella joven, a la que no le confiesa su problema, y le hace creer que estos problemas en realidad los tiene ella, que por otro lado, ansía tener un hijo. Acaba enterándose de la verdad, y por ende, termina poniéndole los cuernos con el bruto y atractivo empleado de la gasolinera que frecuenta con el fin de quedarse embarazada.
Técnicamente, la película es impecable. No solo en la forma de mover y colocar la cámara, el como está iluminado o el cuidado general que destila la obra, si no también en lo concerniente al plano más artístico. De la Iglesia, es un esteta, un experimental, y remitiéndome de nuevo a las escenas de los sueños anteriormente mencionadas, he de decir, que estas, en las que la protagonista sueña con su amante, haciendo el amor embadurnados en grasa, u otras en las que, de nuevo en forma de sueño, los amantes se besan de forma apasionada en la nieve mientras suena un aburrido discurso político del marido de ella, son las más bellas que he podido ver en una película española. Tan arrebatadoras como gárrulas de todas formas. Se han quedado en mi retina, a pesar de no ocupar ni un 1% del metraje. Y el introducirlas en una película que desde luego no lo pide, y hacer que no queden mal, me demuestran, aunque no tenía ninguna duda, que Eloy de la Iglesia fue un gran director, y posiblemente uno de los mejores de nuestra cinematografía, que precisamente, fue empeorando a raíz que se mentía en el sub-género que le hizo más popular, el cine quinqui, con el que se obsesionó, con el que se volvió adicto a la heroína como si fuera un tonto, y el que le llevó a la tumba. El mejor cine de Eloy de la Iglesia, no era el que hacía para lucimiento de drogadictos; era el que hizo antes, valgan como muestra EL SACERDOTE, LOS PLACERES OCULTOS o LA SEMANA DEL ASESINO.
En cuanto al resto de la película, el que sirve para contentar al público, es correcto, rodado con conocimiento e interesante.
En el reparto, un imprescindible Simón Andréu, una guapa Amparo Muñoz, y un espantoso cantautor, pero creíble actor natural Patxi Andion.
Como el resto de las películas de Eloy de la Iglesia, muy recomendable… aunque no es ni de lejos lo mejor de este hombre.