sábado, 11 de octubre de 2014

KM.666, DESVÍO AL INFIERNO

Que una película de terror hoy día presuma de truculenta y de "regresar a la esencia del crudo y duro horror yankee de los 70" no tiene nada de nuevo, ni de raro (ni de verdadero, témome). Pero en el año 2003, saliendo aún de la invasión de productos asépticos e inofensivos impuestos por el súper-éxito de "Scream" seis años antes, era todo un subidón para el aficionado medio (sector al que, me guste o no, pertenezco). Recuerdo haber leído en su día en ¿la página web? de la revista "Fangoria" las declaraciones del tristemente fallecido Stan Winston, responsable de los efectos, co-productor y verdadero impulsor del proyecto, en las que explicaba que su intención era justamente esa, recuperar un tipo de terror más sucio, feo y duro. Casi me atrevo a decir que "Km 666" fue la primera en dar tal paso, aunque tengo mis dudas con respecto a "Alta Tensión", producida el mismo año y que gozaba de idénticos atributos (de hecho, recuerdo que ambas formaron una notoria doble sesión en el Festival de Sitges). No deja de tener gracia que el mismo Alexandre Aja rajara de "Km 666" acusándola de plagiar "Pánico antes del amanecer" a raíz de que le recordaran que los créditos iniciales de su remake de "Las colinas tienen ojos" eran casi idénticos a los de la reseñada, por aquello de incluir imágenes reales de gente deforme. Claro que, primero, si lo que se trata aquí es de acusar la falta de ideas y el recurso trillado, no hemos de olvidar que es una actividad que al francesito se le da de perlas. OK, en el caso de "Las colinas..." tenía permiso legal pero, ¿¿"Alta Tensión"??, las deudas que acumula esta pequeña joya son notables. Segundo, a esas alturas resultaba absurdo pelearse por lo que era o no original, más si hablamos de terror. En el 2003 las historias de familias caníbales que cazan chavalines guapitos era ya un tema muy explotado en el terreno del cine barato. Justamente, la gracia de "Km 666" estaba en que retomaba la fórmula aplicando medios y capacidad. Ya no era tanto el qué, si no el cómo.
Lo que nadie puede discutirle a la peli es que impuso -no inventó, pero sí perfeccionó- el "survival horror" o, lo que es lo mismo, la combinación del "slasher" clásico con la temática de supervivencia nacida a raíz de la estupenda "Deliverance". Desde entonces, es un subgénero que ha abundado y abunda por doquier.
Varios jóvenes quedan accidentalmente atrapados en plena montaña a merced de un feo clan de antropófagos. Se las verán canutas para evitar que los cacen y cocinen.
La primera vez que vi “Km 666” fue en el cine y no me gustó. La encontré aburrida y previsible y, claro, la prometida truculencia no me pareció tanta. Sin embargo, a base de posteriores visionados me fue ganando. Tanto como para que, cuando salió en dvd una edición especial de dos discos, me la comprara. Desde entonces nunca ha dejado de molarme.
A día de hoy todos esos supuestos atributos de los que hablaba al principio ya no tienen el vigor de cuando se estrenó, pero la jodía funciona por otros motivos, entre ellos su ritmo. Posee uno de acelerado que te agarra y no te suelta hasta que termina, y lo mejor es que ello ocurre tan solo 84 minutos después de comenzar, lo que es de agradecer. La duración perfecta para una película de este tipo, ¿quién necesita más?.
Los protas/víctimas son todo lo guapos que pide el género, pero no molestan demasiado. Desmond Harrington da perfectamente el pego como héroe de la función y esa imagen suya sujetando la escopeta al final es muy chanante. Nadie se cree que a la chica de la peli, Eliza Dushku, la haya dejado su novio ¡y por teléfono!, pero no importa. Se supone que es la "hot girl" del sarao, pero a mí me gustaba (y me gusta) mucho más Lindy Booth, que hace de golfa con aspecto aniñado/angelical. Emmanuelle Chriqui tampoco es fea, tiene un nombre muy gracioso y puede presumir de dar vida a un personaje que, para variar, reacciona con verosimilitud ante la muerte de su prometido, un Jeremy Sisto que no carga por los pelos. Además, su propio fenecimiento es uno de los momentos álgidos del film, cuando le parten la cabeza/cara en dos mitades por efecto de un certero hachazo. Sí, está parida mediante CGI, pero lo suficientemente bien ejecutada como por que tampoco moleste demasiado. En cuestión de trucajes, y estando Stan Winston de por medio, estos se reparten entre lo físico y lo digital. Los primeros siempre se agradecen más en una película así, pero los segundos, aplicados con mesura y corrección –como es el caso-, no ofenden en exceso. De hecho, el otro gran momento truculento de "Km 666" se lo debemos al CGI puro y duro, solo que de tan efectivo uno no puede sino callarse la boca. Sí, lo han adivinado, la flecha traspasando el ojo del guarda forestal.
Ese es, justamente, uno de los varios instantes icónicos ya no solo de "Km 666", sino también de la interminable saga que su éxito en video clubs esputó -más notorio que en cines, de otro modo tendríamos secuelas de mayor enjundia económica-. Hay hasta cinco secuelas, la última de las cuales recién salida del horno y motivo por el que me animé a repasar a la madre de todas. Evidentemente, y como es norma, su calidad va decreciendo a medida que los números se acumulan, siendo las cuarta y quinta entregas las más abominables (especialmente en lo que respecta a la caracterización de los mutantes). Lo gracioso de todas ellas es que, fieles a su fin eminentemente comercial, contentan al posible espectador/fan dándole aquello que se muere por ver y que incluye las muertes más brutas e impactantes de la primera parte. Lo de la flecha a través del ojo que decía antes es ya como el gancho de "La matanza de Texas" o el asesinato en la ducha de “Viernes 13” y está en todas. También incluyen una escena de descuartizamiento espectacular y, según he visto, en la sexta recuperan la salvaje muerte por alambre de espino con la que despachaban a Lindy Booth. Lo que no hay en "Km 666", y sí en todas las otras, es tetas... alguna ventaja tendría que tener el presupuesto escaso y el destino directo a las estanterías. Naturalmente pueden encontrar la respectiva reseña de cada una -con su liante título español, no como el yankee que siempre se ha mantenido fiel, "Wrong Turn", traducible a "Desvío equivocado"- en este maravilloso y completo blog (y aunque prometí no ver ninguna más después del disgusto de la quinta, seguramente termine zampándome la nueva... soy asín de idioto).
Claro que no solo de "gore" vive la puta peli. Es justo destacar que “Km 666” posee también unas lustrosas dosis de un suspense muy bien facturado. La secuencia en la que los protas intentan salir de la cabaña de los malos sin hacer ruido evitando así despertarles de la siesta, está muy lograda y consigue su fin, crear tensión. ¡Bien por ellos!.
Y antes de meternos en terreno del personal implicado tras las cámaras, no podemos pasar por alto a Wayne Robson en su papel de repugnante y desdentado gasolinero. Tanto impactó, que fue recuperado para la segunda parte de modo más relevante (incluida su espectacular muerte). Ahora sí, dejemos a un lado al mentado Stan Winston y centrémonos en el director, Rob Schmidt. La novedad residía en que el pimpollo venía de un cine "indie" no especialmente afín al terror y que, por ello, iba a poner más atención en los aspectos humanos y actoriles de "Km 666". Sí, puede que sí. Pero tampoco le sirvió de mucho, porque desde entonces, y salvo su participación en las series "Masters of Horror" y "Fear Itself", no ha parido gran cosa. Lo último es un documental del 2012.
El guionista, Alan B. McElroy, había puesto su firma a los libretos de "Halloween 4", "Rapid Fire" (lucimiento pa Brandon Lee) y "Spawn". Después de "Km 666" escribiría el guión de "Tekken" y poco más.
Entre el equipo de productores encontramos a Jefferson Richard, al que debemos varios títulos bien curiosos como “Maniac Cop”, “Dance Academy”, “Vampiros a la sombra”, el actioner zetoso “One Man Force”, “El silencio de los inocentes” y “Time Master”, “Gothika”, “Leyenda Urbana 3” y “Siempre sabré lo que hicisteis el último verano”. Aunque lo más destacable se encuentra en su escueta faceta como director. Por un lado tenemos “In search of a golden sky”, baboso melodrama de aventuras infantil protagonizado por un imposible Charles Napier y co-guionizado por el eterno George “Buck” Flower. Por otro está el mucho más adecuado y oscuro “slasher” tardío “Berserker” (con banda sonora compuesta por el director de "Dance Academy" como bien apuntaba Víctor en su reseña de esta última. Todo queda en casa).  Fascinante carrera la suya.
"Km 666" no es un dechado de originalidad, cierto, pero tampoco creo que lo pretendiera. Era pura "formula", la recuperación de un tipo de cine parida sin efecto nostalgia, sin gota de humor, sin referencias, ni post-modernidades varias (lo opuesto a "Grindhouse", vamos), totalmente consciente de su condición, honesta y, por ello, efectiva. Da lo que quieres y lo hace con dignidad y talento. No creo que se le pueda pedir más.
Me la quedo.