Comenzaba la década de los 90 con este bombazo de taquilla
que dejó a todas las chonis y marujas de la época completamente engatusadas con
esta historia; casi les entraban ganas de meterse todas a putas. Una revisión
del cuento de “La Cenicienta” en clave moderna, en la que cambiamos a una
fregona por una meretriz, en un alarde de incorrección política noventero
maravilloso.
La historia es sencilla; Un estresado hombre de negocios se
da un pasero por Sunset Boulevard y al ir a preguntar por una calle se topa con
una furcia barata y arrastrada que le cobra por la información. Le acompaña
hasta el lugar, y una vez allí, el hombre de negocios decide que no es mala
idea subirse a la golfa al hotel, y eso es lo que hace. Una vez allí, la
contrata como escort durante toda la semana, y mientras la ramera se compra
ropa y disfruta de la vida potentada, el putero se enamorará de ella, y
finalmente será retirada de las calles.
Una chorrada como un templo que consiguió congregar en los
cines de nuestro país nada menos que 5 millones de espectadores del año 90. Ahí
es nada. Además, es un seguro de vida en cuanto a los shares de nuestro país,
ya que se trata de la película con mayor número de espectadores por cada vez
que se ha emitido desde que lo hiciera por primera vez en televisión en 1994,
cuando TVE-1 consiguió 10 millones de espectadores de audiencia. Rara vez, su
emisión, posteriormente, ha bajado de los 5 millones de espectadores y jamás ha
tenido menos de 1 millón, en las casi 30 veces que se ha programado la
película.
Al margen de esto, me parece una de las comedias románticas
menos imaginativas de la historia, con un discurrir soso e insustancial, el
guion más incompetente que ha tenido a bien ejecutar una producción mainstream
y unas interpretaciones de juzgado de guardia, sobretodo por parte de Julia
Roberts que a partir de ese momento se convirtió en una mega estrella a la que,
con el paso de los años, se le ha ido deformando la cara hasta convertirse a
sus 50 tacos — aún estando follable— en una caricatura de la veinteañera que
era en esta película. Por otro lado a Julia, le vino que ni pintado el papel.
No le costaría en exceso conseguirlo ya que la gran mayoría de las actrices
convocadas para la prueba lo rechazaron alegando que se trataba de un papel
denigrante para la mujer.
Asimismo, Richar Gere, que no transmite ningún tipo de
emoción en su interpretación, fue la consecuencia de que Al Pacino, el más
firme candidato a interpretar su papel tras un par de lecturas del mismo,
consideró que esa película era una estupidez y se fue a hacer “Esencia de
mujer” con la que, por fin, se alzó con
el Oscar a mejor actor, por lo que Richard Gere hizo la película, cobró el
cheque y, eso sí, se convirtió en uno de los sex symbols masculinos mayores de
40 más importantes de la década.
Por lo demás, la película es un ñordo de tamaño
considerable. Se ve con agrado, porque es insípida, se pasa rápido porque es
como para tontos. Y punto pelota. Sin embargo, es un hecho, que se trata de una
de las películas más importantes de la década de los 90, y un claro ejemplo de
los derroteros por los que iría el mainstream de la época.
Lo mejor de todo al final, es que se trata de una sórdida
historia, la de un putero que se enamora de la puta que frecuenta y la acaba
retirando. Como cualquier historia del puticlub de al lado de la casa de tus
padres, vaya.
Garry Marshall, solvente artesano hollywoodiense, dirige con
el automático puesto. Suyas son también “Los locos del bisturí”, “Princesa por
sorpresa” o “Un mar de líos”. Así que ya saben como va la cosa, si es que no lo
sabían ya antes de leer esta review.
Asimismo deberían saber, que las patas que luce la Roberts
en el poster, pertenecen en realidad a una doble de cuerpo.