martes, 18 de agosto de 2026

HAZLO POR MÍ

Los noventa fueron la década en la que se puso de moda el thriller erótico. "Instinto básico" tuvo un tirón increíble y, por supuesto, generó montones de imitaciones y exploits.
"Hazlo por mí" no es exactamente una imitación, pero se adscribe -a la española- a un género ya en desuso; es decir, un poco chabacano e indefectiblemente pobretón, teniendo siempre muy presente el arquetipo de la rubia cachonda que utiliza sus atributos sexuales para conseguir sus objetivos, volviendo completamente loco a todo el personal masculino.
De esta forma, Ángel Fernández Santos pone en marcha, intuyo que con palos y piedras, un thriller de ese corte encabezado por actores y actrices que, a día de hoy, quizás por la edad, ya no se dejan ver mucho en el cine, pero que en 1997, año de rodaje de la película, eran auténticas cabezas de cartel.
El caso es que se cumplen 30 años de su estreno y, si en el momento nos pudo parecer un thriller correctito, el paso de los años la ha hecho envejecer mal y ahora resultan mucho más visibles todas sus carencias. Pero, en resumidas cuentas, y teniendo presente cómo está el cine español estos días, "Hazlo por mí" resulta un entretenimiento eficaz que únicamente se ve lastrado por unas interpretaciones un tanto desfasadas que hacen que bordee la comedia involuntaria, así como por cierta crueldad por parte de algunos personajes que, de puro exagerada, también provoca la hilaridad (hay un bofetón a un niño pequeño, con sangrado incluido, que es de juzgado de guardia).
Por lo demás, tenemos a Cayetana Guillén Cuervo en su máximo esplendor físico, guapísima con su corte de pelo a capas —muy de los noventa—, como una femme fatale que roza la psicopatía; a Nancho Novo como un camello macarra muy poco convincente; a Carlos Hipólito como hombre de negocios y padre de familia (un papel muy Carlos Hipólito), y a Eulalia Ramón como la abnegada esposa que va dándose de topetazos con los cuernos contra los alcornoques. Mención especial merece la banda sonora, compuesta a partir de músicas de ascensor y "easy listening" de librería, a base de sintetizador noventero (aunque hay créditos para la música en el rodillo final, no sé si pertenecen a las tonadillas a las que me refiero). Es horrorosa y hace plantearse si no hubiera sido mejor dejar esas escenas sin música o pagado los derechos de cualquier otra canción cuando, en una escena, Nancho Novo bailotea algo que suponemos que es rock o heavy metal, pero en realidad se asemeja más a la programación «Foxtrot» de los teclados "Casio".
De este modo tenemos a una pija buenorra y rubia que va asiduamente a visitar a un macarra a la cárcel. Y, cada vez que va, folla con él. Por otro lado, conoce al propietario apocado y banal de una boutique, al que le intuye pasta por un tubo, y se enrolla con él, conduciéndolo a un enamoramiento pasional. Cuando su novio, el macarra, sale de la cárcel, ambos urden un plan para sacarle la pasta al de la boutique. Este consiste en convencer al pobre hombre de fingir el secuestro de su hijo para así pagar las deudas que la chica arrastra de su vida anterior, sacando los millones que precisan del suegro de aquel. Si todo sale bien, se irán los dos a vivir en paz  su romance y sin dolores de cabeza. Pero, por supuesto, la cosa se va de las manos hasta rozar lo ridículo.
Sin más, como ya digo, si pasamos por alto todas las cutradas, que son muchas; las sobreactuaciones, que son unas cuantas; y un par de momentos de transición bastante aburridos, tenemos una película que, para echar un rato, alcanza y sobra. Entre otras cosas porque el guion, firmado por José Miquel Hernández Gascón, es bastante solvente, aunque necesitaba, sin duda, una producción con más dinero del que se le echó.
Del tándem responsable de esta película poco más se supo. Ángel Fernández Santos dirigió otra más, si cabe más ignota que esta, "Catarsis", y lo mismo pasó con el guionista Hernández Gascón, que posteriormente firmó el guion de una TV movie titulada "Mar Rojo". Y Sanseacabó.