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sábado, 7 de enero de 2017

JÓVENES GUERREROS

Con deliciosa escoria ochentera hemos topado, amiguitos.
"Jóvenes Guerreros", “Young Warriors” in the USA, daba lustro a los estantes de muchos de los video-clubs que solíamos alternar siendo jovenzuelos (cortesía de "CB Films"). Una película dirigida nada menos que por el tipo que tuvo la maravillosa osadía de parir ese icono del "trash" que es "No vayas cerca del parque", Lawrence D. Foldes, el típico filmmaker que solo podía existir en los 70 y 80, cuando el cine de baratillo abiertamente costroso tenía su propia parcela. ¡¿Se podía pedir más?!. Sí, que la distribuyera la "Cannon". Y así fue, una excusa perfecta para que Menahem Golan y Yoran Globus situaran su nombre bien gordo antes del fucking título. Ya estamos todos.
En su intento por aferrarse a las modas propias del cine juvenil de su década, "Jóvenes Guerreros" arranca como una puta comedia "teen" estilo "Porky´s", con chistes malos, humor cafre y novatadas y, de pronto, se convierte en una peli de justicieros. De hecho, el momento es increíblemente corta-rollos, porque muta mediante cruda violación. ¡Hala, toma!. Una vez esta se ha producido, el humor voluntario que no hacía gracia desaparece y entra en escena el humor involuntario, que sí hace gracia. Y no poca.
Sí compañeros, "Jóvenes Guerreros" es "mala pero divertida". Y es otra cosa más, una historia moral pero con espíritu exploitation. Un dramón con intenciones sermoneadoras pero que usa las mismas tácticas que un "El Exterminador", un "Calles Salvajes" o un "El justiciero de la noche". Pura y descojonable contradicción. Como si a "John Matrix" le hubiese entrado el telele después de arrasar con los malos en "Commando" y se sintiera culpable, lo que obligaría a Schwarzenegger a mostrar un registro dramático que, en fin, no era su fuerte.
Para comenzar el grupo de protagonistas son unos chavalotes sanos, fornidos, guapos y rubios. Es decir, lo que generalmente serían los malos en una comedia universitaria, solo que estos resultan ser mega-majos y "buenchas", incluso se preocupan por las posibles consecuencias dañinas de sus novatadas. Encima, tienen un perro al que le ponen un pañuelo en el cuello y gafas de sol. El líder de todos ellos es el más atípico, básicamente porque, a pesar de su aspecto, de su -mal- gusto vistiendo (acorde a las peores modas del momento) y de lo poco que encaja en el rol, gasta aspiraciones artísticas. Hace... ¡cortos de animación experimental!. Toma geroma. Y no demasiado malos. De hecho, estas obras son fiel reflejo de lo que hay en su escueta mente. Desde el momento en que asistimos a la violación de la que es su inocente hermana pequeña, el pimpollo comienza a obsesionarse con la venganza, de modo que sus cortos se van volviendo más y más agresivos, para mayor ofuscación de su profe.
Pues eso, que el chaval solo vive para localizar a los agresores y exterminarlos a todos. Estos, claro está, son lo opuesto a él y su clan: sucios, gordos y vestidos según los cánones de alguna tribu urbana de esas con gusto por el “color” negro y las calaveras.
Pero ¿qué pasa?, que mientras no los encuentran, los chicos rubios y de ojos claros pasan el rato haciendo el justiciero por las calles de la urbe a puñetazo limpio primero y a tiros después. Uno de ellos se agencia material militar, armas incluidas. Así que salen a patrullar juntos vestidos de caqui y armados hasta la sobaquera. Joder, si incluso atavían al perro adecuadamente con su pañuelo militar y demás.
De mientras, la novia del prota se amarga mucho la vida, sobre todo cuando él la rechaza con violencia y le dice que se busque a otro para que la monte. Un momento francamente hilarante... de los muchos que hay.
Total, que el comando amateur pierde los papeles y un día acuden a un atraco en un establecimiento y vacían los cargadores sobre dos manguis. Pero vamos, que los cadáveres ya están en el suelo y nuestros muchachos siguen dándole al gatillo y gritando como locos. Eso sí, todo a cámara lenta, que chana mucho. Sin embargo, resulta que los fiambres eran dos teenagers con inofensivas pistolas de plástico. La culpa comienza a atormentar al clan, así que su líder hace lo lógico... ¡se va de putas!. Es justo entonces cuando aparecen los violadores, y se arma una escabechina muy divertida y espectacular a base de tiros en la que muere hasta el apuntador.
Bueno, casi... que queda sitio para una última lección de moral. Muy explosiva.
En el reparto destacan unos cuantos nombres bien curiosos. Los veteranos y prestigiosos, cuya función es secundaria, por caché salen los primeros, Ernest Borgnine y Richard Roundtree. Al prota le da vida nada menos que James Van Patten, perteneciente al infinito clan de los Van Patten (con su famoso padre Dick, de "Con 8 basta", su hermano Timothy, el malo de "Curso 1984" -hoy respetado director de series- y el otro hermano, Vincent, que actuaba en "Noche Infernal") y que gasta un careto de "Ken" de la "Barbie" tan gracioso, ahí con mandíbula cuadrada, que cuesta mucho tomarse en serio sus sollozos y crisis existenciales. Hoy sigue bien activo y le hemos visto en otros títulos como "Loca academia de maleantes" de Jackie Kong y varias secuelas de la saga "Saw". Le siguen la que hace de su novia, Anne Lockhart (entre la ingente cantidad de mierda que ha hecho, destaca con luz propia "Troll"), Lynda Day George (la histérica protagonista femenina de "Mil gritos tiene la noche"), la inevitable Linnea Quigley mostrando inevitable cacho (recordemos que también actuó para Lawrence D. Foldes en la mentada "No vayas cerca del parque") y Mike Norris, hijo de Chuck.
Por ahí rula Ted Nicolaou, montando.
En cuanto a Foldes, luego lo intentó con tres pelis más (una de ellas también habitual en los video-clubs de mis años mozos, "Nightforce", distribuida por "Vestron") y desapareció del mapa.
En fin, que sí señores, "Jóvenes Guerreros" es un fucking delirio absurdo pero, al mismo tiempo, muy entretenido. No aburre nada, lo que suele ser raro en movidas de este calibre. Muy recomendable… si se la toman como hay que tomársela.

sábado, 4 de julio de 2026

LOCA ACADEMIA DE MALEANTES 1

En esta ocasión, y para variar, los distribuidores españoles de vídeo fueron muy avispados cuando decidieron bautizar "The Under Acheivers" con semejante llamativo, aparentemente distinto y, sí, oportunista título. ¿Por qué? Porque estamos en 1988 y si algo todavía colea a la hora de atraer espectadores, aunque un poco menos, es "Loca academia de policía" y sus interminables secuelas y/o coetáneas. Y no solo eso, es que, además, "The Under Acheivers" va en total y absoluta consonancia con aquellas y las de su naturaleza, es decir: Grupo de desarraigados / perdedores natos, situados fuera de contexto, luchan contra figuras autoritarias, siempre malvadas y peor intencionadas, para terminar demostrándoles que son mejores, superiores, gracias a aquel que les ha ido guiando y comandando, un golfo simpático, algo gandul y jeta, pero encantador, quien terminará enamorando a la recta damisela que de entrada le rechaza sin condicionantes. Todo ello empaquetado a base de sketches picantes un poco gruesos y condimentado con sendas tetas. ¿¿Suena, verdad??. Lo siguiente consiste en cambiar el lugar donde se desarrollará todo (una academia de policía, una universidad, un campamento de verano, una cárcel, un escuela de conducción, bla, bla, bla) Pal caso hablamos de enseñanza nocturna. Es algo parecido a lo que ocurría con los slashers. ¿Qué festividad todavía no ha sido explotada para que el psycho-killer de rigor dé rienda suelta a sus instintos homicidas? Aplíquenlo ahora a instituciones. Y cambien a Bill Murray por... por.... bueno, ahí radica uno de los muchos muchísimos problemas de "Loca academia de maleantes 1", ¡¿quién es Edward Albert?! Sí, le hemos visto antes en "La galaxia del terror", lo que no es moco de pavo, pero desde luego queda lejos de ser carismático y divertido (menos aún con esa cinta en el pelo). Él es el buque insignia de un reparto muy amplio y, en algunos aspectos, muy curioso, repleto de caras y caritas conocidas. Veámoslo. La coprotagonista, Barbara Carrera, adentrándose ya en las parcelas más oscuras de su decadente trayectoria, Michael Pataki, Vic Tayback, el efectivo cómico de segunda Mark Blankfield, James Van Patten, de la famosa casta, una histriónica -pa variar- Susan Tyrrell, Garrett Morris, Fox Harris, habitual de Fred Olen Ray, Burton ("Sillas de montar calientes") Gilliam, Burt Ward (el "Robin" del "Batman" sesentero) y dentro del apartado eminentemente tetil, la bella y mítica Jewel Shepard en plan "trekkie" y Becky Le Beau, cuyas enormes aldabas la llevarían directa a las zarpas de, como no, Jim Wynorski.
Pero lo trágico no es semejante despliegue de semi-talento para lo que al final es una película increíblemente aburrida, hueca, desalmada y lo que es peor, NO DIVERTIDA (que es lo que es), la verdadera fatalidad viene cuando descubrimos que estamos ante la siguiente obra firmada por Jackie Kong tras su estupenda, y con méritos de sobras, "Fonda Sangrienta" (justo, los hermanos diabólicos de aquella, así como el chef-ventrílocuo, repiten acá). Cojones, si hasta la previa, "Patrulla de noche", también otro "exploit" de "Loca academia de policía", era mucho mejor dentro de su cafrería (y, por cierto, es mencionada durante un diálogo). ¿¿Podría ser incluso peor la reseñada que "El Ser", olvidable debut de la muchacha??. Pues sí, podría. Da que pensar que el éxito de "Fonda Sangrienta" la catapultó razonablemente y logró levantar este proyecto, colaborando con el mismo productor de aquella, Jimmy Maslon (quien se casca un cameo como punko. Suya fue la responsabilidad de revitalizar el legado y la carrera de Herschell Gordon Lewis), un guionista de la cantera "Saturday Night Life" y "Second City", Tony Rosato, y, por supuesto, el inevitable Mr. Osco (ejerciendo esta vez de "creative producer", aunque la tipografía de sus créditos se ve distinta... a saber si fue una imposición de último segundo. No olvidemos que era pareja de Jackie Kong y, muy probablemente, en esos momentos se encontrarían en plena separación. También se marca un cameo interpretando a un -como reza en los créditos- "tío majo" oculto tras el alias de Johnny Commander). Resumiendo, la cineasta logró contar con mayor panoja, fichar a peña más popular y lanzarse a parir aquello que -soñaría ella- terminara catapultándola hacia el mainstream (sí ocurrió con uno de los co-guionistas, Gary Scott Thompson, futuro co/escriba de "El hombre sin sombra" y "The Fast and the Furious (A todo gas)" nada menos). Pero no coló. La cosa hizo aguas por todas partes, fue el fiasco que es y puso broche de mierda a su carrera. Mundo cruel este, my friends. No volvió a pensar en dirigir hasta la reciente revalorización de "Fonda Sangrienta" y su figura (a través del irritante prisma del neofeminsimo, al que la tipa se aferra como la razón -ser hembra- de su final.... no cariño, eso pasó porque tu última película era un furruño pestilente) y lió una campaña de crowdfunding para una nueva comedia. Pero tampoco cuajó (¿culpamos nuevamente al sexismo imperante, darling?). Así pues, de momento se limita a escribir guiones para tebeos. Y ya veremos si regresa a las cámaras.
Mencionar en el apartado técnico a David L. Hewitt, un especialista en efectos ópticos y director de un puñado de morralla zetosa por ahí los sesenta ("The time travelers", "The Wizards of Mars", "Dr.Terror´s gallery of horrors" o la más conocida "The mighty Gorga") y setenta (el mondo "Sexual freedom and permissiveness in America", la pei "wip" de nazis chungos "The women of Stalag 13" y su última obra completa como director, "The Lucifer complex"). Fassszinante.
Como decía, "Loca academia de maleantes 1" viene cargadita de chistes picantones, un poco de sal gruesa, destetes (en este caso no solo ubres, también algún fugaz desnudo masculino... coño, se tiene que notar que hay un, eso, coño mandando) y maricas locas. Por supuesto hoy día existen gilipollas con pedigrí que consideran semejantes virtudes defectos criticables. Ya saben como anda el patio. Van tan cegados con el olor de sus "virtuosas" heces que no ven el verdadero aspecto despreciable de "Loca academia de maleantes 1" -y evidencia de que la Kong ponía el ojete en busca de su integración-: MORALINA, una característica reprochable que en realidad era muy propia de las comedias mainstream de la época, pero no lo esperábamos de la directora de "Patrulla de noche". Al revés de lo que sueltan los gilipollas mentados (quienes no parecen considerar que la directora, aunque nacida en USA, viene de descendencia china), el film es un canto a la pro-inmigración (y a lo beneficioso de la enseñanza nocturna), ya que eso son la mayoría de desarraigados, mientras que los villanos, sus profesores, se presentan como gente perfectamente blanca y extremadamente racista (de ahí los comentarios y chistes xenófobos) decidida a hacer fracasar el honorable intento de instruir a todos esos sucios extranjeros que ni saben hablar inglés. Al final todo acabará bien. Los desarraigados demostrarán (gracias a un discurso motivador del seudo-Bill Murray) que en realidad son currantes y saben cuando dejar de hacer el ganso para ponerse seria y lograr sus objetivos. Los malos pagan, todos encuentran el amor (especialmente la pareja protagonista, of course) y terminarán bailando felices... salvo un último, ultimísimo gag pre-créditos algo bizarro, medianamente incomprensible (parece casi improvisado), pero que es demasiado poco -y demasiado tarde- para trascender.

sábado, 13 de enero de 2024

QUÉ ASCO DE VIDA

Parece que no, pero "Qué asco de vida" es un título muy relevante en la filmografía como director del gran Mel Brooks. Para empezar, se trata de su primera producción noventera, siguiendo a la tontísima pero muy divertida "Spaceballs, la loca historia de las galaxias". Recordemos que aquella había sido un fracaso, tal vez ello animó a Brooks a desviarse de su línea habitual de parodias y humor absurdo, para retomar esas comedias más serenas con eventuales toques dramáticos -o sentimentales- características de su primera etapa ("Los productores" y, muy especialmente, "El misterio de las doce sillas") Fue un paso arriesgado porque, en su época, también esas fracasaron. Y sí, "Que asco de vida" se metió una buena galleta a la hora de recaudar billetes. Así pues, ¿qué hizo el pequeño judío?... volver a "terreno conocido" (o, mejor dicho, aquel que se suponía el público esperaría de él) con las respectivas parodias de "Robin Hood" y "Drácula". Ambas pincharon y pusieron fin a su carrera cinematográfica. Considerando la desgana que invirtió en esas dos últimas, cumpliendo con la papeleta (están repletas de gags e ideas recicladas de sus títulos precedentes... y otras fuentes), ¿podríamos decir que "Qué asco de vida" fue la última obra de Mel Brooks abordada con cariño e ilusión? Tal vez (él mismo la considera su mejor interpretación).
Lo que cuenta tampoco es muy original. Dos ricachos compiten por hacerse con un barrio degradado, lleno de vagabundos. Hacen una apuesta. Si uno de ellos -Brooks, por supuesto- consigue pasar 30 días viviendo como un pordiosero más, sin dinero, sin nada de nada, ganará y se hará con el lugar. Sobra decir que la experiencia le cambiará a mejor, humanizándolo y tal. Y que sus ex socios se la jugarán con intención de que no recupere su antigua vida. Pero tranquilos, que hay final feliz, por supuesto. La cosa termina en boda, porque también tenemos historieta de amor y, como decía, sus gotitas de drama lacrimógeno (creo que por primera vez -y última- en la carrera del cineasta)
La deuda con Preston Sturges (especialmente "Los viajes de Sullivan") o Frank Capra, y su cine de buenos sentimientos, es cantosa. A pesar de algunos momentos más cafres y, sobre todo, del alto contenido crítico con la sociedad estadounidense, los ricachos, la sanidad (esta especialmente salvaje) y demás, "Qué asco de vida" es una película muy blanca, muy buenrollera, muy limpia (aunque incluya mucha mugre), incluso inocente. Tal vez demasiado para 1991. Así pues, no me sorprende el batacazo consecuente.
Tiene sus buenos momentos, sin duda. Te ríes. No a carcajadas, pero funcionan. Por ejemplo, la escena en la que Brooks imita a un niño negro que, bailando y cantando, consigue limosna. Obviamente, a él no le sale tan bien. Esto, y solo esto según recuerdo, era el trailer completo de la película. Llegué a verlo en algún cine y el público se reía de lo lindo. También es muy gracioso el encontronazo con el vagabundo que dice ser más rico que él, interpretado además por su viejo amigo y socio Rudy De Luca (a la vez, co-guionista de "Qué asco de vida"). La ristra de tortas graciosas es generosa e imitan -reconocido por el propio Brooks- las viejas maneras de los "Three Stooges". Y, así mismo, llama la atención que el viejo zorro logre colar en medio de la trama un inesperado número musical, de baile, esos que tanto le gustan con sus focos y colores, puro Hollywood clásico.
Tal vez el clímax final flojee, pero compensa que el resto entretiene, es agradable, medianamente divertido y emotivo. No comprendo cómo se le mete tanta caña en la red. Hay quien dice que es la segunda peor película de Brooks tras "El misterio de las doce sillas". ¡¿Han visto estos señores las de "Robin Hood" y "Drácula"?!. "Que asco de vida" cumple como bonita escapada de 92 minutos. ¿Qué más quieres?
El jugosito reparto incluye a una algo histriónica -como siempre, vamos- Lesley Ann Warren, al gran Jeffrey Tambor (sus entradas están entre lo más hilarante del film), Stuart Pankin, Howard Morris (le vimos también en "Máxima Ansiedad" y "La loca historia del mundo" de Brooks y, por consiguiente, en "Transylvania Twist" de Jim Wynorski), Michael ("Los cazafantasmas") Ensign, el mítico Billy Barty (protagonizando un gag muy parecido a otro visto en "La última locura" de don Mel), el bueno de Brian Thompson (qué carrera más colorida tuvo este hombre. Hace poco lo vi también en "¡Tres Amigos!" y su última intervención hasta la fecha ha sido, nada menos, que en "La tragedia de Macbeth", rodeado de actores de primera y dirigido por uno de los hermanos Coen), el eterno loco Raymond O'Connor, Robert (el Coronel de "Boogie Nights") Ridgely, papelito para Stanley Brock -busquen en Google y lo reconocerán al instante, esta fue su última película-, James Van Patten, de ilustre familia, marcándose un micro-rol como enfermero -lo que no deja de ser llamativo cuando siete años antes había protagonizado su propio vehículo de lucimiento, "Jóvenes Guerreros"- y, finalmente, otro habitual de Brooks, Ronny Graham, prestando la voz.
Una peli maja.

sábado, 17 de enero de 2026

BIENVENIDOS A "DELOS"

No sorprende nada que la idea argumental de "Almas de metal", "Westworld" en versión original, haya dado para tanto y, en cierto sentido, siga dándolo. Porque mola mucho. Un parque de atracciones futurista -de nombre "Delos"-, en el que se recrean escenarios del pasado de la humanidad, llamativamente habitados por cyborgs ultra-realistas. El visitante podrá formar parte de ese mismo mundo durante su estancia y, en esencia, hacer lo que le de la puta gana, con especial inclinación por matar y follar. Luego ya viene lo de que las máquinas se vuelven tarumbas y rebotan contra los clientes y sus creadores. Tan convencido estaba Michael Crichton, padre fundador, que posteriormente la retomó cambiando cyborgs por dinosaurios y, en fin, se armó la marimorena.
Pero en 1973 todavía faltaban dos décadas para "Parque Jurásico", Crichton debutaba en la dirección con esta estupendísima película, en la que un par de tipos acuden al mundo del oeste y, eso, el pistolero con el que se ceban -cada vez que lo matan, regresa-, termina cargándose a uno y persiguiendo al otro insistentemente hasta las atracciones siguientes, o las entrañas del complejo. A este le daba vida el por entonces algo en baja forma Yul Brynner, quien aceptó el papel por pura necesidad económica y, casi casi, terminó convertido en uno de sus roles más icónicos. Es tan trillado decir que el look se inspiraba en el que lucía para "Los siete magníficos" como que, hasta cierto punto, su "pistolero" guarda muchas similitudes con el posterior "Terminator", aunque ya es vox populi que James Cameron chupó indiscriminadamente de otras fuentes (¿además de la reseñada?).
La cuestión aquí es que "Almas de metal" se erige como un entretenimiento fabuloso, muy bien dividido en tres segmentos. La llegada a la atracción, donde te muestran sus entresijos y resulta todo de lo más fascinante e interesante. La aventurillas de los protas allá en su entorno y, pues eso, el caos que se organiza cuando un virus infecta a las máquinas -por entonces un concepto novedoso-. Es especialmente llamativo el momento en que Brynner sesga de la existencia a uno de los dos personajes principales ante la reacción incrédula del otro. Luego, arranca una persecución generosa en minutos y básicamente carente de todo diálogo. Cine puro totalmente apoltronado en imagen, música y efectos de sonido. Michael Crichton hace gala de, además de buenas relaciones con su musa, un notable pulso narrativo. Contribuyen a la diversión -Yul aparte- actores como el entonces futuro director Richard Benjamin, James Brolin (interpretando respectivamente al apocado "normal guy" que le pilla gusto rápido a esto de matar y el guaperas prepotente que luego resulta no ser tan eficaz como parecía) y Dick Van Patten aportando algo de vis cómica (al que perdemos de vista en cuanto estalla la crisis... supongo que por no mostrar la muerte del personaje gracioso). En merecida justicia, "Almas de metal" fue un auténtico pepinazo de taquilla, la película más exitosa de aquel año para la "MGM".
Es cierto que soy de dejarme engañar gustosamente cuando me siento frente a una pantalla. Ya saben, aquello de "suspender la incredulidad" para disfrutar del pifostio. Pero no niego que, gozando del film, se me despertaron algunas dudas, llámenlo curiosidades, tontunadas. Por ejemplo, ¿de verdad la atracción funciona tan bien como para justificar la enorme infraestructura y el macro-gasto que supone, abrirla y, sobre todo, mantenerla? Vale que la entrada es cara de cojones pero, claro, eso limitará todavía más la cantidad de clientela. Parte de la diversión supone poder acostarse con tías y tíos cañón -sintéticos, se entiende-, muy bien, pero... ¿¿y luego?? ¿habrá que limpiar los fluidos digo yo, no?. Es especialmente gracioso que el personal de "Delos" se preocupe tanto por la seguridad de sus visitantes, sin embargo ello no impide que les permitan usar dinamita -para reventar "el decorado"- y participar en peleas de salón, donde reciben buena estopa, o duelos medievales a base de espada, peligrosos sí o sí. En fin, nada, chuminadas.
Y aunque a finales de los setenta las secuelas todavía no eran algo asumido como parte del mondongo, tres años después se produjo "Mundo Futuro" ("Futureworld"), esta vez con apadrinamiento de la "AIP" de Sam Arkoff lo que, considerando su pasado "serie B" y exploitation, no eran noticias halagüeñas del todo. La cuestión es que, superada la crisis, "Delos" reabre su parque, manteniendo las atracciones situadas en la edad media y Roma, pero cambiando la del oeste por una de ambientación espacial-futurista (aquella a la que iría yo). Sin embargo, y como es lógico, el público no responde muy entusiasmado, así que invitan a unos periodistas y toda una delegación de mandatarios mundiales para que acudan, lo pasen de putifa y hagan buena propaganda. ¿O hay otra intención real detrás?. Pues sí, hayla. Esta vez la cosa no va de robots taraos, va de conspiraciones (después de todo estamos a mitad de los setenta). Los gerifaltes de "Delos" pretenden aprovechar la presencia de políticos e "influencers" para replicarlos y sustituirlos y asín dominar el mundo, lo que significa matar a los originales. Los periodistas arreglarán el entuerto.
Es admirable ese intento de evitar repetir la historia original, buscar algo nuevo, pero... no hay color. La primera media hora de "Mundo Futuro" está chula, el cómo introducen la nueva atracción y las mandangas que ofrece. Pero, en cuanto arranca la trama de conspiraciones, y todos comienzan a perseguirse por el subsuelo del complejo (una fábrica, el escenario más económico posible), la peli se torna chaposa hasta el extremo. Pierdes todo interés y, en fin, comienzas a reclamar peligrosamente las atenciones del móvil. Una pena, aunque tampoco sorprende sabiendo que el director fue el sosainas de Richard T. Heffron, responsable de desprender de todas sus posibilidades a un film tan prometedor -a lo lejos- como "Yo, el jurado". El reparto, pues cumplidor, Peter Fonda, Blythe Danner, Stuart Margolin, John Fujioka y un John P. Ryan haciendo de malote. Es curioso señalar que, en la época, "Mundo Futuro" me pegó más fuerte que su predecesora gracias a la magia del vídeo-club. Por entonces, a pesar de la proximidad en el tiempo de ambos films, asumía "Almas de metal" como "la antigua" y esta secuela mucho más próxima y adecuada para mis apetencias juveniles (todo el rollo galáctico futurista). Vamos, que la prefería. Vista ahora, es algo que me desconcierta por completo. Chiquilladas, supongo. 
A la hora de las preguntas puñeteras, "Mundo Futuro" inspira las mismas que "Almas de metal" y otras tantas nuevas. Por ejemplo, si para acceder al escenario futurista se despega con un cohete y vemos a este en una pantalla elevándose hacia los cielos... ¿dónde demonios va en realidad? ¿no se supone todo una mera atracción/recreación?. Una vez allí, ¿cómo consiguen la gravedad cero? ¿y los montes nevados de Marte? además, ¿nieve en el planeta rojo? (en todo caso sería hielo). Y cuando miran imágenes en una pantalla de lo ocurrido en "Almas de metal", básicamente están viendo la jodida película, con sus planos, contra planos y montaje cinematográfico.... pero ese era un error muy común en la época (también en la original pasa algo parecido con las cámaras de seguridad, capaces de obtener ángulos a distancias imposibles). En su favor diré que se adelantaron un año al ajedrez holográfico de "La guerra de las galaxias". Algo es algo.
Si "Mundo Futuro" no hubiese sido la mediocridad que es, seguramente la saga habría seguido con más películas, un poco a la manera de "El planeta de los simios". Pero no, tuvo que conformarse con terminar en la caja tonta (sí, ya, también pasó con los micos, aunque paralelamente se siguieron produciendo largometrajes, incluso hasta nuestros días). Primero hubo una serie por ahí inicios de los ochenta que nadie recuerda porque únicamente duró una temporada. Y otra hace relativamente escasos años, ya más en consonancia con las nuevas maneras del producto televisivo moderno y que, tengo entendido, funcionó muy bien. Por lo visto enfocaba el asunto desde una óptica más realista y dramática. No puedo decir gran cosa porque nunca la vi, ni esta ni la anterior.
Dado el actual panorama peliculeante, me extraña un huevo que todavía no hayan intentado reavivar la franquicia, remakearla, parir secuelas tardías, etc. Supongo que es cuestión de tiempo. ¡"Delos" por hecho! (argh...).

sábado, 1 de febrero de 2025

GROTESQUE

Casi todo lo que supe por primera vez, tanto de "Grotesque" como su director, Joe Tornatore, fue gracias a la prensa especializada francesa y, más particularmente, "Mad Movies", mi genuina biblia, fuente de conocimientos. En la sección de novedades y/o rodajes en marcha, por alguna extraña razón siempre más centrada en subproductos y morralla casi marginal, aparecía el cartel de la reseñada. O uno de ellos, concretamente aquel con una ilustración muy decente propia de todo un Bernie Wrightson -no me consta que sea suya, pero lo parece-, cosa que, ya de por sí, me llamó la atención. No mucho después, y todavía dentro de esos mismos parámetros, supe de la siguiente obra de Tornatore, "Crystal eye: el ojo de cristal", un "exploit" algo tardío -1991- de "Indiana Jones". Entonces lo tuve claro, tocaba seguirle la pista.
Y aquí viene lo gracioso. Por la misma época fue noticia -pero este en prensa más convencional- Giuseppe Tornatore, director de films tan respetados y premiados como "El profesor" y, sobre todo, "Cinema Paradiso". En mi joven, ingenua y aún no muy ilustrada mente, y dado que Joe es la versión inglesa de Giuseppe, por un momento pensé que eran el mismo cineasta y, como Héctor Olivera, intercalaba productos de prestigio con morralla ultra-comercial. Evidentemente me equivocaba. Pero ya me dirán si no es hilarante casualidad el parecido formal de ambos nombres, operando exactamente durante el mismo período.
Pues entonces, ¿¿quién es Joe Tornatore?? Bien, se trata de un actor reciclado a director. Comenzó como "gorila extra" en "El planeta de los simios", siguiendo con papeles ínfimos en mucha serie y clásicos setenteros de la explotación como "Cleopatra Jones" o "América Violenta". Ascendió unos peldaños al interpretar a un sicario en "El Golpe" y otro matón en "McQ". Viendo que la cosa no terminaba de despegar y, supongo algo insatisfecho (merece la pena resaltar que volvió a enfundarse en la piel de gorila anónimo para la serie televisiva basada en "El planeta de los simios"), decidió dar el salto a la dirección.
Fue en 1976 con una de acción, "Zebras" (de la que él mismo rodaría una secuela / remake en 1987,"Código Zebra"). Acarició las mieles de un cine medianamente serio con "El Vengador", thriller según novela de Mario "El Padrino" Puzo protagonizado por dos ya mohosos Rex Harrison y Rod Taylor, que Tornatore co-dirigió con otro que tal bailaba, el amigo Matt Cimber (aunque la cosa pinta más a sustitución desesperada, especialmente considerando los tres años de separación entre su confección y estreno) y, al final, se rindió a la evidencia: vayamos a lo fácil, hagamos una de terror, esta "Grotesque".
Como decía arriba, supe de ella gracias a los gabachos y, al contrario de lo que ocurría con algunos de los productos de naturaleza atípica anunciados en sus páginas, sí llegó a nuestros estantes videoclubistas, cortesía de "MidWest" / "Record Visión", cuyas inmensas tragaderas impulsaban a que distribuyeran de todo, sin importar categoría. La vi, no me gustó y la olvidé. Hasta que, como siempre, intervino la maldita nostalgia y decidí darle una nueva oportunidad.
Unos punkis malotes acuden a una casa en pleno monte porque han oído que oculta un secreto. Convencidos de que se trata de dinero, machacan a la familia que en ella se hospeda esperando que suelten prenda. Esta viene compuesta por un padre que se dedica a fabricar efectos especiales para películas de terror, su esposa, su hija y la amiga. Los punkis irán arrasando con todos hasta que, ¡oh sorpresa!, el cacareado secreto aparece en forma de un tipo deforme (valga el chiste) y muy cabreado.
Hasta aquí la primera parte de una película compuesta de, errrr, tres cachos y dos giros. Esta está más o menos decente, un "home invasion" en toda regla con los villanos pandilleros del cine de los ochenta, unos punks tan exageradamente malvados, amorales, retorcidos y ridículos como cabría esperar... y debe ser. Vale. Normalmente el anunciado primer giro argumental me lo tomaría positivamente, un modo eficaz de rescatarme del sopor... pero en "Grotesque" el efecto obtenido es de cortada de rollo total. En plan "No me jodas, después de toda la paciencia invertida, toca comenzar de nuevo". Entran en escena la policía, que detiene a los punkis supervivientes, y otro miembro más de la familia agredida clamando justa venganza. Este segmento se marca un desenlace más propio de "The Twilight Zone". Y cuando parecía todo dicho, el film da un último giro. Pero no comentaré nada al respecto porque, en fin, es verlo para creerlo. Pueden tomárselo como una genialidad o un insulto a sus inteligencias (en caso de tenerlas).
¿Resultado? Pues un caos. Uno algo aburrido, sí, aunque tampoco como para rasgarse las vestiduras. Curioso en su esencia pero a kilómetros de ser imprescindible... y hablo de una distancia como la que separa nuestro planeta de "Alfa Centauri". E, incluso así, me quedo corto.
Por una cuestión ya de moral, es obligado que nos detengamos en el asunto de los efectos especiales a los que se dedica el supuesto padre de la supuesta familia. No hace falta decir que ello reserva algunas sorpresas graciosas como, por ejemplo, que al hombre le mole rodar cortos caseros en los que, maquillado de monstruo, ataca a su esposa. Bien, según lo presenciado y dialogado, dichos cortos se suponen grabados en vídeo, pero es evidente que han sido confeccionados con los mismos 35 mm que el resto de "Grotesque", además de su aspecto profesional y que nunca rebelen quien ejerció de cámara para la ocasión. Aunque todavía queda una sorpresa más. Los punkis acuden al taller del hombre y una de las chavalas, en pleno acto sexual, agarra una máscara y se la enfunda. Esta resulta ser la calavera de "Halloween 3", hoy tan célebre. Inevitablemente uno se pregunta aquello de ¿es que acaso el tipo que la diseñó para el clásico de Tommy Lee Wallace se encarga de los efectos especiales en "Grotesque"? pues no, pero sí. El interfecto responde al nombre de John Naulin. Siendo todavía novato curró en "Halloween 3" responsabilizándose del atrezo, incluidas las cacareadas máscaras. Vamos, que se agenció algunas y, supongo, ya adulto y metido de lleno en el film de Joe Tornatore, ante la necesidad las rescató del armario... sin ningún afán homenajeador ni tributante -recuerden, estamos en 1988, y entonces esas cosas no pasaban... gracias a dios- era una simple y lógica cuestión de reciclaje económico.
Mientras que, como director, Tornatore firmó a continuación la mentada "Crystal eye: el ojo de cristal", "Demon Keeper" para Roger Corman (intenté verla, pero su aspecto telefílmico me pudo) o una de vampiros en 2009 titulada "Immortally Yours", para retirarse cuatro años después tras un cortometraje, nunca abandonó del todo su faceta como actor. Siempre paralelamente a la de filmmaker y dentro de parámetros televisivos o con roles muy segundones en algunos títulos llamativos como "F.I.S.T. Símbolo de fuerza" junto a Stallone. Según los datos consultados -esperemos que correctos-, amplió dicha dedicación a la de especialista, ejerciendo como tal en "Cuando llega la noche" de Landis y "Golpe en la pequeña China" de Carpenter. Fascinante trayectoria la suya. Me recuerda un poco a la de otro todoterreno, John "Bud" Cardos.
Pero para marcianadas, el guionista de "Grotesque", un tal Mikel Angel. Considerando que se encargó de escribir los libretos de varias películas de Tornatore, asumí que era este mismo oculto tras seudónimo, porque pinta de serlo, tiene. Y lo es, aunque no del director, al parecer el caballero en realidad se llamaba George Theakos y comenzó a teclear en 1971, tarea desarrollada para ilustres como el ya mentado Matt Cimber (de ahí la conexión con Tornatore) y Gary Graver (concretamente en "Evil Spirits", indirectamente conectada con el Kevin Bacon del cine "exploitation", Fred Olen Ray, donde Mike Angel también ejerce de actor). Además, en una ocasión se atrevió a dirigir. El resultado, "The Love Butcher", fue tan terrible que quedó en sus latas, sin distribuir. Siete añazos después una de sus protagonistas, Robin Sherwood, logró cierto renombre por su papel en "Yo soy la justicia". Así las cosas, un productor rescató del film de Mikel Angel, encargó al Don Jones de "The Forest" rodar nuevas escenas para darle algo más de prestancia y, esta vez sí, se estrenó (sin hacer mucho ruido, asumo).
¿Agotados ya? Pues aún no hemos hablado del reparto. Por supuesto "Grotesque" se erige como vehículo para la ya entonces perdidísima Linda Blair, también productora ejecutiva. Aquí la muchacha demuestra con creces ser una actriz bastante mediocre. Su catálogo de cucamonas es del todo hilarante. La acompaña otra churri muy de su época, la guapísima Donna Wilkes, alias "la "Angel" original". También andan por ahí Tab Hunter, más conocido por su protagonismo en el "Polyester" del vendido / ladrón de John Waters. Otro "clásico desviado", Guy Stockwell, quien interpretaría al temible dueño del circo en "Santa Sangre". O Charles Dierkop, nombre poco conocido, rostro incomparable, que ha aparecido en un montonazo de títulos, algunos de Joe Tornatore. Justo, con él coincidió en "El Golpe".
Mención aparte merecen los ultra-estereotipados y ya creciditos punkis. Vienen comandados por Brad Wilson, cuya interpretación "over the top" (curiosamente rebajada tras el primer giro) nos recuerda al "Zed" / Bobcat Goldthwait de las "Locas academias de policía", pero en versión "seria". Le secundan Nels Van Patten, de la longeva casta de los Van Patten (de ahí que asome por "Jóvenes Guerreros" junto a su hermano James), dando vida a un agotador villano de agotadora risa burlona. Y no podía faltar el bueno de Robert "Maniac Cop" Z´Dar, al que despachan con demasiada facilidad. Aunque para presencias inevitables, la del inmortal George "Buck" Flower ejerciendo de coordinador de producción o alguna monserga parecida. Este caballero necesita un libro biográfico -o un documental- pero ya.
A la hora de ilustrar la reseña, me he decantado por el llamativo cartel "estilo Wrightson" que tanto me impactó de chaval. No obstante, disponiendo como dispongo de la caratula del VHS -algo maltrecha-, pues me ha sido imposible evitar colársela completa justo a continuación.