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sábado, 7 de marzo de 2026

SILENCIO DESDE EL MAL

Pocos parecen recordar que, tras el notorio éxito de su debut con "Saw", James Wan seguidamente dirigió un par de películas menos afortunadas de cara a la taquilla, "Sentencia de muerte" y "Silencio desde el mal". Pasaron algo desapercibidas y uno podía comenzar a sospechar aquello de que la aparente nueva promesa del cine fantástico -y de género- no era tal, hasta que remontó el vuelo con "Insidious" y "Expediente Warren". Y de ahí, a internarse en el espinoso terreno del "blockbuster", donde perdió de forma inexorable su ya de por sí escasa capacidad de contención, revolcándose como un gorrino en una ristra de títulos excesivos y aturdidores. Que eso mismo lo aplicara cuando retomó el terror con "Maligno" (excesiva + visible + olvidable) confirmó la metástasis creativa. A su vez, ello otorgaba más caché a aquellas dos películas supuestamente fallidas cuyas virtudes se multiplicaban ahora por diez. Ojalá volviera ese James Wan, cosa que reafirmo tras revisar "Silencio desde el mal". Me ha gustado más que nunca. Siempre he tenido una relación positiva con "Sentencia de muerte", pero no terminaba de pillarle el tranquillo a la otra. Nunca hasta el punto de despreciarla, porque desde la primera vez que la descargué he conservado el archivo en mi disco duro. Y la he consumido varias veces, incluso con el fin de reseñarla. Sin éxito.... hasta hoy.
Una pareja joven recibe como regalo un muñeco de ventriloquía de aspecto algo siniestro. Mientras él se ausenta, ella muere. Le arrancan la lengua. Traumado, el maromo decide solventar sendo misterio, aunque no le viene totalmente de nuevas. Digamos que existe cierta indirecta conexión entre su familia y el muñecajo, así que parte para el pueblo natal, "Ravens Fair", y allí retoma contacto con una leyenda local, la de la ventrílocua "Mery Shaw", acompañada por cierta maldición que, sí, podría estar salpicando a nuestro protagonista.
Es un hecho conocido que a James Wan le apasiona el goticismo... y siente ciertas reservas hacia la truculencia desaforada. Así pues, en "Silencio desde el mal" lo primero chorrea por los costados, cual sándwich de queso recalentado, y lo segundo tiende más a escasear (aunque estar, está... demandas mercantiles obligan). ¿¿Tal vez encontremos ahí la clave del poco éxito, más viniendo del director de "Saw", una de las iniciadoras del (¿mal?) llamado "torture porn"?? porque, de verdad, sino, no me lo explico, ya que el film funciona en lo suyo, es entretenido, gasta un ritmo dinámico, las escenas se encadenan sin pausa y siempre narrando una historia interesante a base atmósfera empachante -en el buen sentido- con cementerios repletos de hojas resecas, grandes mansiones, teatros abandonados en medio de islotes, truenos y relámpagos. Lo tiene todo. Especialmente muñecos siniestros, una de las pasiones de Wan (aunque en ese terreno todavía le gane Charles Band), incluido un payaso con sospechosa espiral dibujada en la frente. Aunque el fuerte de "Silencio desde el mal" es su villana, la terrorífica "Mery Shaw", quien se reserva algunas de las escenas más cierra-esfinters y trae muy mucho a la memoria al fantasma vengador de "La gota de agua" -incluido el etéreo modo de desplazarse-, según la antología "Las tres caras del miedo", observación para nada desenfocada considerando la devoción de James Wan por el director de aquella, Mario Bava, de quien también toma el modo de fotografiar y ciertos estilismos coloristas (igualmente me ha parecido detectar guiños a -la misteriosa habitación subacuática de- "Inferno" y "Amityville 2: La posesión"... aunque podría ser "La mansión encantada").
El reparto no cuenta con muchos rostros reconocibles, salvo los de Bob Gunton, Julian Richings (sin acreditar) y Judith Roberts dando vida a "Mery Shaw". El guion lo firma un colaborador habitual de Wan, Leigh Whannell, quien terminaría dirigiendo la decepcionante "Insidious 3", las algo más decentes "Upgrade (Ilimitado)" o "El hombre invisible", aunque patinaría con la reciente, y aburrrrrrrrrrrrida, "Hombre Lobo".
"Silencio desde el mal" me ha proporcionado agradecidos 86 minutos de lo más amenos y agradables. Vale, se le pueden achacar algunos efectismos algo desacertados (sobre todo esa lengua quilométrica -confeccionada a base de tantas otras lenguas-), pero son pocos, especialmente si la comparamos a cómo se desarrollaría la carrera de su indudablemente talentoso director. Algo me dice que, como más películas haga, y más años acumule, "Silencio desde el mal" irá ganando adeptos, sumando puntos y simpatías. Me alegra formar ya parte de tales futuras estadísticas.

martes, 25 de febrero de 2014

INSIDIOUS 2

Ay, ay, ay. Como me duele decir esto, compañeros, pero ¡¡que mala es "Insidious 2"!!. Pero mala, mala. Dejadme que me explique.
La peli arranca más o menos donde terminaba la uno. La familia agobiada por fantasmagorias varias se pira a vivir al caserón de la madre del prota, el bueno de Patrick Wilson. Paso este no muy inteligente si tenemos en cuenta que, tal y como nos narra un flashback pre-créditos situado en 1986, allí es donde comenzó todo. Pero recordemos, en teoría Wilson había sido poseído por el fantasma de la vieja al final de la epopeya precedente, así que nos queda la duda pendiente, ¿¿es malo o no?? (algo que parece importar poco a la policía, que investiga pero no lo retiene bajo llave suponiendo como se supone que es sospechoso). A este misterio tan tonto, que se prolonga a lo largo de todo el fucking film, hay que añadir uno más, el origen de la mentada vieja... que guarda sorpresillas. Todo ello condimentado como buenamente puede por un James Wan lejos de la inspiración del film precedente y a quilómetros de distancia de su mejor peli hasta la fecha (y que dudo mucho iguale o supere nevermore), "Expediente Warren".
El problema aquí es que Wan intenta, uno, continuar la historia tal cual con la dificultad de que, como decía, ahora su protagonista es el malo, ¿y cómo justifico eso para no prescindir de él en su rol principal?, dos, añadir nuevos atractivos, como lo de narrar el origen de la vieja fantasma... claro que, ¿a quien le interesa o, mejor, hacía falta?, ¿y era necesario que la coña se extendiera y complicara tanto?. Pues no, porque uno de los muchos atractivos de "Insidious" eran sus inquietantes misterios, sin mayor explicación que la justa y necesaria. Insistiendo en ellos y desarrollándolos tanto, Wan se carga su capacidad de resultar aterradores y, de paso, y de un manotazo, arrasa también con los logros del film original, ya que en cierto momento "Insidious 2" conecta con "Insidious 1" casi del mismo modo que "Regreso al futuro 2" conectaba directamente con su primera parte, y lo que en principio debería ser un juego ingenioso, a la larga molesta por lo que decía, porque incorpora "raciocinio" (al menos dentro de su "sobrenaturalidad") a algunos de los momentos más inexplicables y acojonantes de la primera peli. A todo este cristo, añadamos que el director también se ve obligado a colar nuevos y vistosos juguetes (como el medium que se comunica con los muertos a través de dados, el taca-taca que aporta algunos pocos sustos, las latas unidas por un hilo con las que parlotean los pequeños de la casa... y alguna otra presencia más) y a recurrir a los que funcionaron en la entrega anterior (el paseo por el más allá, los espíritus pálidos y de mueca desencajada, los chistecillos de los parapsicólogos fricazos). Son tantos los elementos con los que se ve forzado a operar, que al final se hace la picha un lío y la ensalada resulta indigesta, confusa (demasiadas casas encantadas, llega un punto en el que no sabes de quién es cual) y extenuante. El verbenismo, que siempre ha sido un defecto en el cine de James Wan, estalla aquí a lo bestia, colorida y descontroladamente -justo cuando parecía que comenzaba a dominarlo- y lo hace con un climax final que se alarga innecesariamente y se retuerce agónicamente sin ir a ningún lado, echándonos a patadas de la peli y, directamente, aburriéndonos como ostras.
Y lo triste es que "Insidious 2" arranca bien, dignamente, pero pronto se olvida de atmósferas, sutilidades y, en cierto sentido, fantasmas y se centra en un especie de thriller a la "El resplandor" con un Patrick Wilson encolerizado intentando acabar con su familia y con cualquiera que se ponga a tiro. Hay diálogos algo chorras (las frases que suelta el actor cuando muestra toda su maldad son propias del peor Freddy), momentos incluso un poco risibles (y no me vengan con que esta entrega tiene más humor voluntario, porque no trago) y un abuso de muñecas siniestras, ya toda una especialidad de la casa (aunque hay una que funciona, la del hospital). En la parte salvable, tenemos ciertas buenas ideas, narrativamente (la habitación secreta llena de cadáveres resecos) y estéticamente hablando (esa iluminación roja tan mariobavaesca en el caserón familiar, gracias a lámparas y cristaleras), pero no son suficientes ni compensan.
Añadir como curiosidad lo mucho que James Wan recurre a ciertos códigos del "found footage" (no en balde el productor es Oren Peli). Además de las inevitables imágenes vistas a través de la video-cámara de los parapsicólogos, tenemos también todas las secuencias de casas oscuras y abandonadas mal iluminadas por linternas donde el vídeo (es decir, el digital, o el HD, o el Red One o lo que coño sea) con el que se ha rodado la peli pega un cante extraordinario, otorgándole momentos que recuerdan a esos programas sobre cazafantasmas lerdos.
En fin, para resumirlo de alguna manera diré que "Insidious 2" comete LA GRAN CAGADA de mucho del terror yankee actual, explicar demasiado, y eso, después de un par de muestras de cine fantasmagórico tan potente como ya sabéis cuales en las que Wan, justamente, parecía alejarse de tales errores comunes, duele. Y mucho. Para mi ha sido una enorme decepción, llegando incluso a casi pasar de la peli, sentarme frente al ordenador y tomar notas para esta reseña. Algo normal de hacer cuando hablo de caspeces y chunguismos, pero no me lo esperaba de todo un "Insidious 2". Claro que, ponerte a verla sabiendo todo esto, avisado, igual ayuda, porque no niego que sus escenas escalofriantes tiene, y funcionan, aunque son demasiado poca cosa.

martes, 6 de agosto de 2013

EXPEDIENTE WARREN

Ayer mismo tuve una discusión sobre cual es la función del cine de terror. Hablábamos de una escueta franquicia muy reconocida entre aficionados que cuenta con una primera parte adulta, seria, sobria y escalofriante, y una fallida segunda parte que se aleja totalmente de los méritos obtenidos por su predecesora para sumarse a todo aquello que en los 90 contribuyó a que el género perdiera el norte: adolescentes protagonistas, exceso por exceso y preocupante falta de sentido del ridículo (a lo que contribuían ciertas dosis de inadecuado humor). Bien, contra la norma general, uno de los integrantes de la charla defendía la secuela, calificándola de superior y alegando para ello su apuesta por el "cachondeo y el descaro" por lo que, continuaba, le resultaba "más divertida". Déjenme que me replantee esas palabras: cachondeo, descaro y diversión. ¿Hablamos de cine de terror o... de comedia?. Que me tiren por los suelos una de miedo por ser mala, pase, pero que me la tiren por no ser divertida y cachonda, tiene delito. Y es que, lo crean o no (o les guste o no) este ha sido durante años un mal muy extendido entre todos aquellos que formaron su cinefagia durante los temibles noventa, coincidiendo con la cancerígena moda gore-casposa de estos lares y con, como decía, la tendencia del terror "mainstream" a complacer al público paleto por la vía fácil, recordemos: teenagers, humor, actitud cafre y, sobre todo, sustos (aaaay Freddy, cuanto daño hiciste!!), los sustos más baratos que uno pueda localizar en la tienda de saldos y, eso siempre, acompañados por una banda sonora bien estridente. Para mi, queridos lectores, eso es MUY triste. Porque el cine de terror, el cine de miedo, NO consiste en eso. O, al menos, no debería. Igual que la comedia hace reír y el melodrama hace llorar, el terror debería dar miedo, proporcionarnos escalofríos. No me extraña que en los 90 el público un poco más exigente dijera aquello de "Ya no se hacen pelis de miedo que den miedo". Vale, no se hacían entonces, pero sí se hacen ahora. De un tiempo a esta parte se han estrenado unas cuantas. Pueden ser buenas o malas, pero al menos se esfuerzan en acongojar y yo eso lo valoro, lo agradezco y lo respeto. Seguramente, el que se ha dedicado más a conciencia, y con mejores resultados, sea el dotado James Wan, que si hace no mucho nos sorprendía agradablemente con "Insidious", repite ahora con "The Conjuring", lanzada en nuestro país de subnormales como "Expediente Warren".
Pero ni "Insidious" ni "Expediente Warren" son las únicas veces que Wan ha intentado darnos escalofríos. Antes estuvo "Silencio desde el mal" que funcionó -zi!- mal en taquilla pero que, a pesar de no terminar de ser todo lo estupenda que podría, tiene algunos momentos genuinamente aterradores que le sirvieron al cineasta como campo de pruebas. Lo aprendido lo aplicó en "Insidious" por la vía correcta. Su merecido éxito le animó a rodar la inevitable secuela, sí, pero antes, prefirió algo distinto a pesar de los lógicos vínculos que unen "Expediente Warren" con la peli del demonio insidioso, empezando por ese actor que cada vez me mola más, Patrick Wilson.
Porque "Expediente Warren" casi cuenta lo mismo que "Insidious", pero al revés. Casa encantada, familia en peligro, investigadores de lo paranormal de por medio, solo que los verdaderos protagonistas de la función en este caso son los segundos, inspirados en una pareja real, Ed y Lorraine Warren, famosos por su condición de pioneros con respecto al legendario caso "Amityville" (tributado/guiñado en un diálogo del film que nos ocupa). Toda "Expediente Warren" se basa en supuestos hechos reales y, según los testigos vivos que han podido verla, resulta del todo fiel. La estupenda ambientación setentera hace el resto, para marcar diferencias con respecto a "Insidious" y para contribuir al logro general.
¿Mola "Expediente Warren"?... hombre, si molar es lograr que me haya cagado de miedo durante buena parte de su visionado, pues sí, mola y bastante. Lo sé, lo sé, soy un jiñao... y con pelis medianamente realistas e incluso para-científicas sobre fantasmas, más. Ténganlo en cuenta. Pero sí, tuve un porrón de escalofríos, ese miedo tan incómodo a la par que disfrutable. Y lo curioso es que la peli no aporta prácticamente nada nuevo, ni diferente, pero lo hace tan bien, con tanta clase, con actores tan buenos, personajes tan interesantes,  con tanto dominio del ritmo y, sobre todo, de los mecanismos del miedo que, en fin, funciona como un puñetero reloj Suizo. ¿Por dónde empiezo?.... no sabría. Su atmósfera, su escenografía, su controlada utilización del CGI, su apoyo en ruidos, sombras, crujidos, siluetas misteriosas... una muñeca que gira la cabeza, el balancín, la tormenta, el rayo que lo ilumina todo, la niña perdida en la noche o la oscuridad... hay una secuencia corta pero absolutamente acojonante en que, literalmente, la pantalla se queda en negro y no oímos más que el sonido. Brrrr!!!!!!!!!!!!!.
¿Algo que objetar?, bueno, ese desenlace un poco verbenero, típico de James Wan, pero también algo menos ruidoso que el que perpetrara para "Insidious". Algún día, los gerifaltes de Hollywood entenderán que no necesitamos bombos, platillos y panderetas al final para quedarnos contentos. "Expediente Warren" no es una obra maestra, pero una entretenidísima película de miedo de las que saben darlo muy bien, muy inteligentemente y adultamente. Es cierto que esto del acojone cinematográfico es algo muy subjetivo, pero yo tengo la suerte de que conmigo funciona, así que digo "Chapeau!".

jueves, 16 de junio de 2011

INSIDIOUS

Los chicos de la saga "Saw" debieron de quedar muy impresionados con "Paranormal Activity". Tanto como para pedirle a su responsable, Oren Peli (especializado en películas de parejas sufrientes enfrentadas a invasiones sobrenaturales en el hogar), que se uniera a ellos a la hora de producir "Insidious", lo mismo de siempre (hay ideas muy parecidas a las narradas en la saga fantasmal del amigo Oren) pero contado un poco diferente y, lo que es más importante, muy bien.
Lo he dicho mil veces, y lo diré mil más: las tramas trilladas pueden resultar perfectamente efectivas si el que se vale de ellas lo hace con estilo, con gracia y añadiendo unas gotitas de originalidad. Eso mismo se marca el simpático James Wan con este film que ha sido un inesperado éxito de taquilla, y yo que me alegro muchísimo, en serio. Lo merece. "Insidious" narra la historia de una familia instalada en una casa recién adquirida que comienza a vivir toda suerte de escalofriantes fenómenos paranormales a raíz de que su hijo se quede en coma. La mujer, desesperada, le pide al marido un cambio de hogar y, al revés de lo habitual en el subgénero, este accede. Sin embargo, en el nuevo lugar que habiten, volverán a surgir las visiones fantasmales. ¿Qué pasa pues?. Llegó el momento de llamar a los especialistas...
Que si, que en "Insidious" tienes "lo de siempre" en estos casos, pero tan bien narrado, tan bien actuado y sobre todo tan bien plasmado en las imágenes, que funciona. Vamos, que da "yuyu" y entretiene. A eso, añadimos unas goticas, sutiles pero efectivas, de "material novedoso", y la mezcla resulta altamente potable. Wan se aparta, muy conscientemente, de las torturas y el gore (la sangre es casi nula y únicamente hay una muerte en todo el film), para ceñirse a un terror mucho más clásico, atmosférico y sugerido. Se lo toma con calma, se recrea en las sombras, en la ausencia de música... y es todo un logro viniendo de alguien que en su primer film se dejó llevar por efectismos estéticos hasta hartar. Encima, los efectos infográficos son poquísimos... o son muchos, pero están tan bien hechos y tan bien integrados que no se notan (y así debería ser siempre). Hay momentos genuinamente inquietantes y aterradores en "Insidious", sobre todo al principio. Luego, desafasan mucho menos de lo que uno podría temer y mantienen el tipo, especialmente en la inquietante secuencia en la que el prota viaja por el mas allá. El fin de fiesta lo pone un desenlace de impacto y muy resultón.
Vamos, que "Insidious" es una buena película de terror, de esas que no gustan a los mastuerzos que del género solo esperan gore, descerebre y, lo que es peor, humor referencial. Olvídense de todo eso, criaturas repugnantes, aquí tenemos terror serio, terror sombrío, terror adulto... vale, los parapsicólogos vendrían a ser un poco "la comparsa humorística", pero, acorde al nivel que se gasta el resto del film, lo son de un modo sutil y sin excesos.
Detalle fricoso: En una secuencia se puede ver, perfectamente, el rostro de la marioneta de "Saw" dibujado en una pizarra. Simpático auto-guiño.
Pues sí, muy recomendable.

sábado, 4 de febrero de 2017

NUNCA APAGUES LA LUZ

Cosas que solo pasan en Estados Unidos: Haces un sencillo y modesto corto casero de tres minutos, sin diálogos y sin mucho más que una idea visual. Tiene éxito en las redes. Lo vendes como la semilla de un posible largometraje. El proyecto es apadrinado por el nombre de mayor peso en el terror mainstream del momento, James Wan. Convierten el corto en la introducción de todo un señor largometraje (incluida misma actriz, Lotta Losten) realizado con medios solventes y que estira la idea hasta la duración estándar. Se estrena distribuido por Warner Brothers y es un bombazo. Toma ya. Encima, luego, su responsable -David F. Sandberg- es fichado para dirigir una superproducción de superhéroes. ¿Fascinante?, ¡mucho!.
"Lights out", que así se llamaba el corto, y así se llama la peli en v.o., narra una historia de fantasmas muy próxima en fondo y forma al cine de su apadrinador Wan. Una silueta de terrorífico aspecto que se mueve entre sombras y es alérgica a la luz, se dedica a martirizar a los miembros de una familia. La madre parece guardar algún nexo de unión con ella. El hijo pequeño lo pasa canutas por las noches, así que pide ayuda a la hermana rebelde y grunge, que es la que pondrá un poco de orden y resolverá el misterioso misterio.
"Nunca apagues la luz" es de esas pelis que se venden como "muy de miedo" y apuestan por poca o nula sangre y mucha atmósfera (el sueño húmedo de cualquier gran estudio que aspira a congregar toda suerte de público). O, cuanto menos, de los recursos clásicos del terror (oscuridad, ruidos, sótanos, etc, etc). Sin embargo, y aunque no les niego que sí da un poco de yuyu (menos que "Expediente Warren" e "Insidious"), lo que más hay son sustos, muchos sobresaltos (como en "Expediente Warren 2"), y funcionan en lo suyo, sí, peeeero los sustos no son lo mismo que el miedo. Es otro rollo, uno más fácil.
Sin embargo, si no tenemos eso en cuenta, y tampoco nos ponemos demasiado exigentes, "Nunca apagues la luz" funciona como una peliculilla de terror sin mayores complicaciones para ver el sábado por la noche con la parienta agarrada a tu brazo. Entretiene lo justo, tiene algún acierto visual (tal vez lo peor, para mí, sea el niño, que no transmite miedo por muchos morritos que ponga) y... ná, que se puede consumir perfestamente.

sábado, 18 de febrero de 2017

AMERICAN CONJURING

Gracias a las prestaciones que ofrecen las nuevas tecnologías disponibles hoy para todo aquel que desee parir alguna clase de materia audiovisual, resulta desconcertante lo semejantes que son en su aspecto los productos resultantes. De hecho, rara es la película facturada con esos aparatos que no luzca un elegante acabado panorámico, una iluminación sobria, un grafismo digno... no sé, una cierta "clase" que contribuye a que de entrada uno ya no pueda diferenciar una cosa hecha bien, o con medios, de una hecha mal, o sin medios. Se trata de algo sutil, aunque así a bote pronto, y en una primera impresión, todo se mimetiza.
Pero claro, en cuanto la película comienza a desarrollarse, vas notando por dónde van los tiros realmente. Porque el acabado técnico no deja de ser el envoltorio y, al final, lo importante es la historia que te cuentan y cómo te la cuentan.
Bien, en el caso de "American Conjuring" (retitulada así por el distribuidor con ansias de sacar jugo de ya imagináis qué, aunque originalmente fue parida como "Bind") es exactamente ese. De entrada, cuando te dispones a verla, esperas un zurullo de proporciones épicas y no, los primeros minutos lucen muy bien, muy "pro", y encima la escena introductoria es... en fin, lo mejor de toda la peli. En ella, unas niñas están de celebración cumpleañosa en el jardín contiguo a una casa. La rarita/marginada de turno quiere ganarse el respeto de las otras pequeñas cabronas, así que acepta un reto, demostrar que es una valiente bajando al sótano. Cuando la cría entra, se encuentra varios miembros humanos cercenados por el suelo y una siniestra presencia sentada en un balancín. Suena un grito desgarrador. Lo que sigue está a la altura.... hasta que sale el título, luego entramos en terreno pantanoso.
Como se pueden imaginar, tiempo después una familia decide mudarse a la casa en cuestión porque les sale muy barata. Y la verdad, no entiendo el interés que nadie puede tener en ella. Es fea, cutre y está situada al lado mismo de la vía del tren. Si tenemos en cuenta que se supone que en el pasado fue un orfanato, todavía lo entiendo menos. Total, que la presencia del sótano era una vieja muy mala y fea (con un maquillaje algo cantoso) que tocará los cojones a la familia, les inducirá a matar, etc, etc.... lo de siempre. Sin novedades. Los préstamos tomados a "Terror en Amityville", "Hostel" (sí, a estas alturas hay una secuencia de tortura) y, muy especialmente, "El Resplandor", campan a sus anchas (la famosa escena de Jack Torrance liándose con una tipa joven desnuda que se vuelve asquerosamente anciana se recrea exactamente igual... pero a lo chungo).
"American Conjuring" viene repletita de momentos muy risibles, en parte gracias a sus negados intérpretes y en parte al imposible guión. Tenemos a la niña repelente de rigor que se comporta raro, y a la adolescente insufrible, rubia, siempre cabreada, que odia a su padrastro y está enganchada al móvil. En una escena a esta le entra una vomitera diabólica que incluye gusanos e insectos. Sus mayores lo presencian y la socorren, pero en ningún momento piensan en llevarla a urgencias. "Será algo que ha comido", dice el padrastro. Otro momento maravilloso: La mujer le explica a su marido que la casa está encantada, que hay presencias y bla, bla. Él pilla un berrinche de aúpa y casi le suelta un sopapo y todo, acusándola de inventarse sandeces. Por la noche le pide perdón, se ponen tiernos y comienzan a follar. En pleno coito, la mujer "se convierte" en el fantasma de la vieja. El hombre se asusta y la empuja. Cuando se recupera la normalidad, él, histérico, le cuenta a ella lo que acaba de pasar. Y ella, en lugar de responder positivamente porque por fin su marido ha visto que no está loca y que en la casa pasan cosas raras, ¡¡se mosquea y le dice que delira!!, además de ponerse celosa porque "piensas en otra mujer mientras hacemos el amor". Fas-ci-nan-te. La última cosa graciosa hace mención a cómo reacciona la niña cuando el padrastro mata a hachazos al pobre perro de la familia. Literalmente lo convierte en un amasijo informe de carne y pelo. ¿Y qué hace la cría al ver a su mejor amigo en ese estado?, primero grita, claro, pero una hora después está la mar de tranquila, dibujando y como si nada hubiese pasado. ¡Viva!.
Con semejantes ingredientes, se pueden imaginar el percal. Y por si a esas alturas no tienen suficiente, les aguarda un desenlace de esos de "ah, todo era un sueño, pero no, pero sí" que es pa prender fuego a la tele.
Todo ello guisado con unas notables dosis de gore y unos créditos finales que incluyen un listado interminable con los ídolos de los directores del pifostio -que son dos- incluido, cómo no, el amigo James Wan. Ellos, Dan Walton y Dan Zachary, están ligados a un puñado de zetismos previos, de entre los que destaca "Gutterballs". Actualmente curran en otra de terrores, "In from outside". Habrá que estar al loro.
Y ya que hablamos de Wan, dos días después me vi una producción suya sobre casas encantadas, "Demonic". Era tan correcta y formal que me quedé igual. Ni me gustó, ni me disgustó. Y en cinco minutos ya la había olvidado. Curiosamente eso es algo que no puedo decir de "American Conjuring". Con todo lo fulaña que es, todavía perdura en mi cerebelo y, después de todo, el visionado resultó mucho más estimulante. ¡Qué cosas!.

miércoles, 9 de enero de 2013

SENTENCIA DE MUERTE

Hace unos días hablaba de "Deseo de muerte", la novela que inspiró "El justiciero de la ciudad" y, de paso, la saga "Death Wish" al completo. Hoy toca hablar de la segunda entrega, formato libro, escrita también por Brian Garfield y que nada tiene que ver con el "Death Wish 2" película (o "Yo soy la justicia"). Tal y como comenté entonces, el mega-éxito del film de Bronson/Winner escandalizó a muchas mentes bien pensantes, entre ellas la del mismo autor de la novela, convencido de que el film tergiversaba la idea original de su obra. "El justiciero de la ciudad" glorifica la imagen del vigilante urbano, convirtiéndolo en un héroe, alguien que disfruta matando. Muy al contrario, "Deseo de muerte" nos explica cómo seguir la senda del justiciero no aporta nada bueno, agravando el problema. En esencia nos dice que no podemos combatir la violencia con más violencia. Bien, dado que los responsables de la peli se pasaron ese concepto por el forro de las pelotas (para nuestro mayor gozo), Garfield decidió optar por el lado contrario con "Sentencia de muerte", para lo cual en cierto modo adaptó las señas de identidad del film, su dependencia de ciertas fórmulas, olvidando así el tono introspectivo y más "intelectual" de la primera novela. Quizás el fin era parodiar la peli, o simplemente sermonear a los fans de "El justiciero de la ciudad" usando su propio lenguaje, para lo cual nos presenta a un Paul Benjamin que se traslada de ciudad (si no recuerdo mal, se larga a Chicago) y todas las noches sale de caza, matando a cuanto delincuente pilla por el camino. "Sentencia de muerte", sin ser la diversión personificada, tiene más acción que "Deseo de muerte", hay más tiroteos y menos rollo psicológico. Aún así, y por aquello de desmitificar la imagen de Paul Kersey, Benjamin termina disparando sobre gente que tampoco merece un castigo tan severo (es decir, equivocándose) y pariendo a un imitador.
La idea de un Paul Kersey/Benjamin obligado a cazar a su propio imitador que, en un alarde de inutilidad, dispara sobre personas inocentes, es cojonuda, y podría haber dado mucho de sí. Pero Garfield no sabe explotarla debidamente y deja escapar la oportunidad, limitando ello a las últimas páginas. De hecho, al escritor no parece que se le dé muy bien eso de adaptarse a una fórmula, y la verdad es que el libro apesta un poco a baratillo, como esos que venden en el quiosco y guardas en el bolsillo trasero. El final es previsible, tontorrón y facilón: Paul Benjamin decide abandonar su cruzada afectado por los remordimientos... sin embargo, ya es tarde, otro imitador más sale a las calles para seguir con la tradición.
Siempre creí que cuando hicieron "Death Wish 2" ignoraron la novela de Garfield por la imagen poco heróica que este otorgaba al vigilante, pero no, ahora creo que así lo hicieron sencillamente por mala. Años después, vino James Wan y decidió llevarla a la pantalla con Kevin Bacon de prota. Y aunque la peli está bastante bien, nada tiene que ver con el libro... de hecho, parece una excusa para, en realidad, adaptar "Deseo de muerte" sin tener que pagar derechos al productor que los tuviera.
A pesar de todo, cuando la "Cannon" decidió producir "Death Wish 4" o "Yo soy la justicia 2", se puso en contacto con Brian Garfield y le propuso que presentara un esbozo de posible guión y este, deseoso no de muerte sino de meterse un bocata en el estómago (algo muy respetable y lógico), aceptó... sin embargo, esta vez fue Charles Bronson el que rechazó su idea. Garfield asegura que era mucho mejor que "la basura habitual" pero, tras leer "Sentencia de muerte", permítanme que lo dude.
Y es que algo de retorcido habrá cuando, al comenzar a leer el libro, descubres que este está dedicado -sin cinismo que valga- al infame Roger Ebert, aquel crítico que en los 80 encabezó una encarnizada batalla contra el cine violento, con especial interés en borrar del mapa "slashers" y pelis de justicieros, siendo justamente la saga "Death Wish" el principal blanco de sus ataques (afortunadamente, no lo consiguió, y es que un crítico cuyos razonamientos no se deben a cuestiones cinematográficas, sino a aspectos morales y políticamente correctos, carece de todo valor y sentido).

jueves, 27 de noviembre de 2008

NOT QUITE HOLLYWOOD: THE WILD, UNTOLD STORY OF OZPLOITATION!

Hay que ser bastante cinéfago para gozar "Not quite Hollywood: the wild, untold story of ozploiation!" dada su limitada temática (limitada en lo referente a la cantidad de audiencia que pueda interesarle), se trata de un documental que repasa de pe a pa el cine exploitation producido en Australia, desde finales de los 60, con especial énfasis en los 70, y llegando a nuestros días. En general, viene dividido en tres partes, cine de tetas (¡¡y menudas son!!), horror y acción. Se repasan los "clásicos", como "Patrick" o "Mad Max" (y, esa sí es buena, se tocan de refilón sus plagios Italianos), los más segundones (la mítica "El imperio de la muerte". Su realizador, Brian Trenchard-Smith, es casi como la estrella del docu) y cosas ya no tan significativas, pero que, sin embargo, llegaron a estas tierras en su momento, como "En busca del avión perdido", "Los Bicivoladores" o "Sky Pirates" (rebautizada por uno de los entrevistados como "Indiana Jones y el templo de la basura").
Los invitados a parlotear son muchos, y no todos gente del cine Australiano. Obviamente, el que más destaca es Quentin Tarantino, por su verborrea entusiasta, le siguen Jamie Lee Curtis, Dennis Hopper, Stacy Keach, George Lazenby, Steve Railsback o cineastas como Philippe Mora (divertida la parte en la que se dedican a hablar de su -terrible- "Aullidos 3"), Russell Mulcahy (por "Razorback, los colmillos del infierno"), el inevitable George Miller (aunque nada dicen de "Mad Max 2"), Greg Mclean (por su "Wolf Creek" básicamente, aunque también por "Rogue" que tuvo un precedente de suculento aspecto, "Dark Age") Ted Kotcheff (el de "Acorralado"), Richard Franklin ("Patrick" y "Link"), James Wan ("Saw", que confiesa inspirarse muy mucho en una secuencia de "Mad Max" para la esencia del primer film sobre las andanzas de "Jigsaw") y Jamie Blanks (dire de "Leyenda Urbana", de "Storm Warning", que tiene pinta de ser cañera y del inevitable remake de uno de los clásicos del cine Australiano, "Long Weekend").
Precisamente, puede que Blanks no sea un gran realizador... pero desde luego se merece una medalla por ser uno de los montadores del documental, y es que si en algo destaca "Not quite Hollywood..." es en su montaje, su aspecto visual, es innovador, rompedor, muy moderno y, en una palabra, genial. Hasta cierto punto puedo afirmar sin rubor que chupa un poco de la moda odiosa / fascinante nacida a raíz de "Grindhouse" que consiste en jugar con la estética del cine "exploit" de los 70, incluidas sus imperfecciones en el celuloide. Además, las imágenes de los films comentados (por norma, sus escenas más llamativas) pasan a velocidad de vértigo, con los efectos sonoros magnificados y acordes a lo que se habla. Es difícil de explicar, basta decir que es lo mejor de la película.
Altamente recomendable.

domingo, 19 de febrero de 2012

LAS TRES CARAS DEL MIEDO

Todos conocemos de sobras el estatus del realizador italiano Mario Bava. Es el absoluto maestro del terror en su tierra. Y sigue siéndolo hoy día, a pesar de llevar enterrado un buen montón de años. Dario Argento, que tomó buena nota de su trabajo, vendría después. A Lamberto Bava ni me lo menciones. El caso es que Mario Bava hizo grandes cosas por mi género favorito, no lo pongo en duda, pero para nada convertía en oro todo lo que tocaba. En realidad, creo que su fama es un tanto exagerada. También hizo mierda... y sí, incluso en sus más purulentos excrementos habían sutiles destellos de genialidad, eso es cierto, pero para nada su obra completa se puede tildar de ejemplar. Hay grandes títulos ("La máscara del demonio", "Terror en el espacio"), cosas simpáticas ("Diabolik"), cosas mediocres ("Gli orrori del castello di Norimberga", "Un hacha para la luna de miel"), cosas aburridas aunque pioneras ("Bahía de sangre") y tochitos considerables ("Shock").
"Las tres caras de miedo" es uno de sus films más populares, y un auténtico muestrario de las capacidades e incapacidades de Bava. Al ser una peli de episodios, en concreto tres, vemos tres modos bien distintos de hacer a tres niveles muy diferenciados. La primera historia es la de una tia acosada vía telefono por un supuesto psicópata, en realidad su ex-novia lesbiana que quiere recuperarla. Al final resulta que sí habrá psicópata de verdad. Vale, esta es la peor del pack, la más plana, aburrida, sosa y carente de interés o cualquier tipo de suspense. Su poso pseudo-erótico lesbiánico es lo que ha calado en muchos críticos que la ponen en las nubes, pero yo no solo no soy crítico, sino que tampoco me dejo impresionar por semejantes muestras de morbo añejo y trasnochado.
La siguiente historia cuenta con protagonismo absoluto de Boris Karloff, que también hace de "host" al anodino inicio del film y al ingenioso final. Esta va de vampiros, tiene una ambientación cojonuda, una atmósfera solvente, un arranque inquietante y alguna buena idea suelta... pero en su clasicismo acaba aburriendo y tornándose algo casi folletinesco. Narra los avatares de un abuelete que llega al hogar familiar y se comporta raro, tanto que por la noche se larga con el retoño y le chupa la sangre, lo que desencadenará más drama.
Llegados a estas alturas te dices "Joder, ¿y por qué tengo yo esta peli en dvd si no me mola nada?". Buena pregunta, y la respuesta es bien sencilla: por "La gota de agua", la última historia. Una auténtica obra maestra en sí misma. O una obra de arte. El mejor Mario Bava condensado en... no se, ¿20 minutos?. La verdad es que no es esta una apreciación exclusivamente mía, para algo "La gota de agua" es lo más famoso de "Las tres caras del miedo" y, también, uno de los títulos de cabecera de su realizador. En ella, una enfermera acude en plena noche tormentosa a casa de una medium que ha muerto durante una sesión, dejándole grabada una mueca terrorífica en la cara. El fin de la visita es vestirla y prepararla para el velatorio o lo que sea, pero en plena faena se fija en un jugoso anillo que lleva la muerta, y se lo roba. ¡¡Maaaala idea!!. ¿Qué puedo decir de esta pequeña maravilla?, su ambientación, su tremenda atmósfera opresiva, la estupenda utilización de colores primarios para iluminar, el tremendo suspense, la banda sonora minimalista, los sonidos escalofriantes, el tempo calmado y absolutamente efectivo en su cometido, los gatos maulladores de la gótica mansión de la medium, el gramófono que se detiene lentamente, la luz parpadeante que entra por la ventana.... y claro está, el cadaver, su terrible aspecto, su aparición en casa de la ladrona y esa imagen que pasará a la historia, la del fantasma vengador deslizándose en dirección a su víctima mientras eleva los brazos lentamente. Pura pesadilla de la que tomó buena nota James Wan. Algo de esa vieja aterradora puede verse en "Insidious", pero de modo mucho más evidente en "Dead Silence" (donde, literalmente, "se mueve" igual que en la peli de Bava). La primera vez que vi "La gota de agua" estaba solo, y me cagué de miedo. Ayer noche no me cagué tanto, pero me sigue resultando fascinantemente inquietante y digna de museo.
Es por ese motivo que "Las tres cara del miedo" está en mi colección de dvds, y debería estar en la tuya. "La gota de agua" es puro cine de miedo en su máximo exponente, perfecto, ideal, redondo.

lunes, 7 de enero de 2013

DESEO DE MUERTE

Fue un amigo el que un día me preguntó si las novelas de Brian Garfield que habían inspirado la creación de la saga "Death Wish" existían en edición española. Nunca me lo había planteado, entre otras cosas porque aunque me encanta leer, no me gusta la novela, la ficción escrita, yo soy más de ensayos, artículos y biografías de gente interesante (que la hay!). Sin embargo, el tema era lo suficientemente atractivo como para investigar, y tras un viaje por Google, descubrí que en castellano no, o al menos no recientemente (recordemos que las obras de Garfield son setenteras), pero en catalán, sí. De hecho, "Death Wish" (que inspiró "El justiciero de la ciudad") y "Death Sentence" (secuela de aquella, pero no adaptada hasta la llegada de James Wan), conocieron versión catalana a inicios de los 90 en una colección que fue muy popular en mi tierra dedicada íntegramente a la novela policiaca. Animado, busqué por bibliotecas y, sí, di con ambas. Decidí superar mi inicial aversión por la literatura narrativa y leerlas (a lo que ayudaba mucho que no fueran un tocho), así de paso tal vez curaría mi incapacidad de concentración ante una página repleta de ficción escrita.
Naturalmente, una de las más notables motivaciones consistía en comparar las novelas con sus versiones cinematográficas. Especialmente la primera de ellas. Era ya un dato conocido (en parte gracias al estupendo libro "Bronson´s Loose!", que releí nada más acabar con las novelicas) que Brian Garfield no era nada amigo de lo que Michael Winner hiciera con Charles Bronson... y necesitaba conocer las razones. Bien, ahora ya puedo entender a ambas partes. "Death Wish", novela (aquí traducida literalmente como "Deseo de muerte" / "Desig de mort"), cuenta básicamente lo mismo que la peli, pero con algunas alteraciones, entre ellas el nombre del personaje, que mientras en la pantalla se llama Paul Kersey, en las novelas es Paul Benjamin.
Un tipo la mar de normal y pacífico se convierte en una máquina de aniquilar delincuentes callejeros cuando algunos de estos atacan a su mujer e hija, matando a la primera y dejando catatónica de por vida a la segunda, tras violarla brutalmente. Bien, en la novela el justiciero no es arquitecto, sino contable, y además, uno bastante bajito y fondón. La gran diferencia es que toda ella se desarrolla desde el interior de la cabeza del personaje, con un gran poso psicológico e introspectivo. Vivimos el miedo y la paranoia a través de los pensamientos de Paul Benjamin y, realmente, no comienza su cruzada hasta pasada la mitad de la historia. Otro aspecto bien diferenciado de su versión cinematográfica (y uno de los que más detesta Brian Garfield) es que en el libro no se nos narra el ataque a la mujer y la hija, cuando comienzas la lectura, estos sucesos YA han acaecido. Tiene sentido, puesto que todo lo que ocurre en "Deseo de muerte" es a través de la mirada de su protagonista, y es un hecho que él no fue testigo del asalto, ergo, únicamente le llegan la noticia y los datos a través de la policía. En la peli, Paul Kersey tampoco está ahí para ver cómo su mujer muere en manos de los malvados pinches, por lo que mostrarla con todo crudo detalle únicamente tiene un fin: influenciar en el espectador para que sienta simpatía por el justiciero, que no dude de sus violentos actos. Pues sí, algo de razón tiene el escritor, como también la tiene al opinar que Charles Bronson NO era el actor ideal para encarnar a Paul Benjamin. Caray, si el propio Bronson opinó lo mismo tras leer el guión y,  muy inteligentemente, recomendó a Dustin Hoffman.
Y es que el fin del "Death Wish" novelesco es ver cómo un tipo de lo más corriente, mundando y mediocre, incapaz de matar una mosca, se convierte en todo lo contrario cuando se deja llevar por sus deseos de venganza... de muerte. En ese sentido, un actor especializado en personajes grises hubiese sido más adecuado y efectivo (en un primer intento, el film lo iba a protagonizar Jack Lemmon bajo la batuta de Sidney Lumet... ¡interesante!), porque Charles Bronson tiene pinta de todo menos de contable pacífico. Aún así, que nadie se equivoque, soy un gran fan de la franquicia "Death Wish". Pero una cosa no quita la otra... comprendo las quejas de Brian Garfield y, sí, hubiese sido muy guapo ver un "Death Wish" más introspectivo y realista, solo por curiosidad. Con todo, la novela no es gran cosa, se hace algo monótona y no despierta ninguna clase de emoción.
Otras diferencias curiosas: La famosa escena del metro en la que Kersey se carga a unos quinquis, en la novela el tipo está a punto de hacerlo, pero finalmente les deja marchar. En la peli, Kersey viaja a Arizona donde le regalan una pistola que usará en su cacería callejera. En el libro, la pistola la compra y al menos aquí sí nos cuentan cómo esta logra pasar por el aeropuerto sin ser detectada. De hecho, lo que de verdad hace Benjamin cuando va allí, es follar. El policía Frank Ochoa en la peli tiene un papel muy destacado, en cambio, en el libro aparece solo de pasada. Benjamin es un poco más hijo de puta eligiendo sus blancos, entre los que encontramos chavales que únicamente roban televisores o tiran piedras al metro, en la peli Kersey únicamente dispara a aquellos que intentan atracarle usando también armas.
Como bien sabéis, "El justiciero de la ciudad" fue un super-hit, un auténtico fenómeno social, la gente iba en piña a las salas y coreaba al justiciero cada vez que mataba a un delincuente. La mayoría de las críticas atacaban al film por su "mensaje" y acusaban de irresponsables a sus autores. Brian Garfield, molesto y escandalizado por la locura desatada, decidió escribir su propia secuela desmitificadora... "Sentencia de muerte", pero de eso hablaré en una futura y no muy lejana reseña.

viernes, 5 de mayo de 2017

THE HOUSE ON PINE STREET

Para que pase los últimos días de su embarazo  tranquilamente, con su marido y su madre pendientes de ella, una moza se traslada a vivir a una casa muy bonita perteneciente a un viejo amigo de su esposo, sita en una urbanización residencial. Lo que pasa es que cuando esta muchacha se queda sola, experimenta fenómenos paranormales. Como estos se suceden solo cuando ella está sola, su madre y su marido piensan que son delirios consecuencia del embarazo. Pero no, queridos amigos; resulta que la casa está encantada. Y hasta tiene que ir un médium…
Absoluta y descarada “Exploitation” de “Expediente Warren” realizada por dos veinteañeros, Aaron y Austin Keeling, que han causado sensación en festivales de esos dónde treintentones y cuarentones cornudos por un lado, vírgenes por otro, se congregan para flipar con el cine de terror y calibrarlo sin más criterio que el tratarse de una película de terror.
Pues bien, estos dos muchachitos lo que hacen es servirnos con muy buen sentido de la estética todos los clichés de las películas de casas encantadas de las últimas décadas, y  no aportar ni un ápice de originalidad al género, ni nada que no hayamos visto con anterioridad en otras películas. Sin embargo, si que saben filmar terror en cuanto a que creando atmósfera, lo hacen bastante bien. Así que, sí, “The House on Pine Street” tiene momentos del todo inquietantes y bien mamados de James Wan, con el aliciente de que todas estas escenas de terror suceden en esa casa de día –si bien, se sirven de las sombras y las texturas oscuras para crear el terror-. ¿Y eso es bueno? En cierto modo. Porque, verdaderamente, si por diez o doce minutos que pasamos en tensión tenemos que tragarnos hora y media de coñazo absoluto y tedioso aburrimiento, el conjunto de la película se resiente convirtiéndose en una puta mierda. Y es que si quitamos esos momentos inquietantes, el resto es un aburrido telefilme de sobremesa con muy poquito que ofrecernos. Y además, dura dos eternas horas. Así pues ¿De qué me sirve a mí un par de buenos momentos, si en su conjunto, no hay un dios que aguante la película entera? Por lo que tenemos aquí, un mal plagio del “Expediente Warren”.
Es como si hubiéramos vista esta película cien veces.
Sin embargo, son veinteañeros los directores. Si siguen en esa linea, quizás en algún momento hagan algo potable, de momento, que se sigan aplicando.
Aparte de unos pocos cortos, este sería el segundo largometraje de los hermanos Keeling, quienes debutaron en la dirección en 2009, con un largometraje titulado “I.Q”.
Sinceramente, no creo que se vayan a convertir en algo destacable dentro del cine de terror barato y festivalero.

jueves, 21 de febrero de 2008

JUSTICIEROS DE NUEVA ALCURNIA

Corren malos tiempos para los justicieros, o eso es lo que uno saca en conclusión tras ver los flojos resultados en taquilla de los dos ejemplos del subgénero más recientes que ha parido Hollywood, "La extraña que hay en ti" y "Death Sentence", esta última aún pendiente de estreno por estos lares. Es una pena, desde luego, y más para un fan de esa clase de películas como es el que firma, sin embargo, podemos consolarnos disfrutando de las dos producciones comentadas porque, y más en el caso de la segunda, se encargan de dejar el listón bastante arriba.
Me moría de ganas de ver "Death Sentence" desde que supe de su existencia. El director de "Saw" y de la más que disfrutable "Dead Silence", dando órdenes a un actor por el que siento especial afecto, Kevin Bacon. Pero antes, tocaba ver el título que la precedió, en el que nada menos que Jodie Foster se encarga de emular a Charles Bronson en sus correrías nocturnas, y todo ello orquestado por un cineasta al que jamás te esperarías tras un film de semejante temática, Neil Jordan.
Curiosamente, "La extraña que hay en ti" está mucho más cercana al espíritu Bronsiano y, específicamente, a "El justiciero de la ciudad" (la primera) que "Death Sentence". Mientras esta segunda gira en torno a la batalla sin cuartel entre la víctima y los asesinos de su imprescindible ser querido, en "La extraña...", aunque también figura ese motivador (obligado en el subgénero), el abanico se amplía. Como "Paul Kersey" en "Death Wish", Jodie Foster acribilla a maleantes anónimos que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino. De hecho, el film hace gala de una secuencia de ajusticiamiento en el metro absolutamente idéntica a otra de la peli madre y que, a su vez, se inspira en el hecho real que dio pie a la novela, su posterior adaptación a la gran pantalla y al desarrollo, crecimiento, degeneración y asentamiento de un tipo de cine generalmente muy criticado y denostado por aquellos sopla pollas que van de progres y no hacen otra cosa que mirarse al ombligo sin entender nada de nada. Ni siquiera, a estas alturas, "La extraña que hay en ti" se libró de las predecibles acusaciones de fascistoide, a pesar de que Jordan y la prota se esfuerzan en no caer en el terreno propio del "exploitation" y adornar su propuesta con más profundidad y humanidad de la que uno podría esperar ante semejante empresa (eso hizo que, por otro lado, les llovieran críticas de hipocresía, y se citaban como mucho más honestas en su planteamiento las desventuras del Bronson más macarra). Irónicamente, la peli que más prestigio se supone que tiene, o debe tener, por el caché de sus responsables, es la más radical y extrema en su planteamiento ideológico.
Por su lado, "Death Sentence", se muestra como un vibrante thriller, oscuro, tenso, violento y estupendísimo, que merecía mucha más suerte a la hora de acumular billetes verdes. Es la mejor peli de James Wan, y el amigo Bacon está soberbio en su descenso a la locura y desesperación. Sus reacciones ante los primeros actos violentos que acomete son mucho más creíbles y realistas que los de la Foster. Como decía, "Death Sentence", argumentalmente delimita la acción a unos personajes específicos, la banda que asesina al hijo de Bacon y éste, un buen padre aburguesado que, poco a poco, se va transformando en una máquina de matar nihilista y a la que no le importa otra cosa que la venganza. Digamos que arranca como "El justiciero de la ciudad" y lentamente va mutando a un "Taxi Driver", hasta el clímax final, muy deudor del de la peli de Martin Scorsese, sobre todo en su gráfica (muy gráfica) y arrebatadora ultra-violencia.
La "ideología del vigilante" queda más velada que en "La extraña que hay en ti" en el momento en el que Bacon no decide acabar con la chusma de las calles, si no que se centra única y exclusivamente en aquellos que le han agredido a él y su familia. Es, en esencia, una cinta de acción, aunque con un contundente baño dramático.
Un detalle que, extrañamente, parece haber pasado inadvertido a la mayoría de críticos y cronistas (sobre todo Españoles, cómo no), es que "Death Sentence" está basada en una novela de Brian Garfield, es decir, el autor de "Death Wish", el libro que lo empezó todo. El mismo Garfield, nada contento con la adaptación que de su novela había hecho Michael Winner exaltando la violencia y el juego de la venganza como algo "bueno", decidió escribir su propia secuela a "Death Wish" con una intención muy clara: Demostrar que el papel del justiciero no tiene nada de heroico. Naturalmente, en pleno apogeo del Bronson más carnicero, nadie quiso llevar esa segunda epopeya a la pantalla conscientes de que estaban ante un planteamiento más negativo de lo habitual en el tipo de películas que, por entonces, reinaban en la taquilla. Quizás todo eso explique por qué, a pesar de su baño de sangre y de ese Kevin Bacon transformado los últimos 25 minutos en un especie de "Punisher", en esencia "Death Sentence" no hace un retrato favorable de la imagen del vigilante. El film nos muestra que la violencia solo lleva a más violencia, y que actuando de la manera que lo hace el protagonista de la función, únicamente lograremos agrandar la herida y convertirnos en exactamente aquello contra lo que luchamos. No por nada, Garfield tuvo muy buenas palabras con respecto a la peli.
Resumiendo, que “Death Sentence” está de puta madre.

sábado, 6 de abril de 2024

CRIMEWAVE (OLA DE CRÍMENES... OLA DE RISAS!!) + UNA REFLEXIÓN

Siempre me ha parecido jodidamente curioso que, siendo un fan de la comedia como es Sam Raimi (la inmensa mayoría de sus cortos adolescentes encajaban en esos parámetros), nunca ha logrado rodar una en condiciones. De hecho, cada vez que lo ha intentado, se ha metido un buen batacazo. Tal vez por eso, cuando se alejó del terror, que como sabéis es el género en el que quedó encasillado, prefirió optar por el western o el drama antes que la comedia.
Obviamente, estoy hablando de "Ola de crímenes... ola de risas!!" ("Crimewave" en v.o.), pero semejante mala suerte no le ha acompañado únicamente cuando se ha sentado en la silla del director. Con "The Nutt House" (alocada bufonada del año 92 con Traci Lords en el reparto) le pasó tres cuartos de lo mismo, solo que en esa ocasión se limitaba a las funciones de guionista, junto a sus colegas Robert Tapert, Bruce Campbell, Ivan Raimi y Scott "Intruso en la noche" Spiegel, que se encargaba de dirigir. Serios problemas con el productor, empujaron a la sustitución de Spiegel y a que Raimi y cía se parapetaran tras un seudónimo al comprobar que el resultado final les avergonzaba. O la enigmática "Motor Baby" ("Easy Wheels" en v.o.), con el director de "Darkman" produciendo una de risas que apenas tuvo distribución (y acá se lanzó únicamente en vídeo y como supuesto exploit de  "Arizona Baby").
Sam Raimi reniega de "Ola de crímenes... ola de risas!!", su segundo largometraje tras la maravillosa "Posesión Infernal". Dice que los productores se la cambiaron, que a nadie le gusta y no la considera suya, a pesar de contar con los prestigiosos hermanos Coen como co-guionistas (quienes se marcan un cameo disfrazados de periodistas). Era su primer rodaje realmente profesional, y por lo visto fue una pesadilla para él y sus amigos / colaboradores. Muerto de curiosidad, releí el respectivo capítulo en las memorias de Bruce Campbell, donde lo cuenta todo, pero no me aportó prácticamente nada. La clásica historia del estudio presionando al joven equipo de inexpertos, con un director subido a la parra tomándose más tiempo del deseado para sus complicados planos y, por tanto, doblando el presupuesto original. Finalmente, el estudio montó la película y, a tenor de lo consumido, tal vez no fue tan mala idea, porque a mí me gusta. ¿Cómo hubiese sido la versión de  Raimi? ¿Necesariamente mejor?.
Tuve la fortuna de verla en el cine, siendo chaval y acompañado por mi padre. Entonces ya andaba yo enamorado de "Posesión Infernal" y, en cuanto vi el -minúsculo- cartel en la prensa diaria, reconocí el nombre de Sam Raimi. Aquí se estrenó un poco de tapadillo, sin hacer mucho ruido. Y pasó por una sala de mi barrio ya extinta. La percepción que me dejó fue la de una comedia extraña y extravagante, cruel incluso, con momentos muy delirantes de esos que no se olvidan nunca. En una palabra: Rara, y muy coherente respecto al film precedente de su director (por lo visto fue algo que no gustó a los productores, quienes le acusaron de haber hecho otro "Evil Dead"). Y es que, claro, en aquellos entonces todo resultaba nuevo y excitante, Sam Raimi era un "secreto" al que solo podíamos acceder unos pocos y... en fin, que molaba, y molaba encontrarse de nuevo a Bruce Campbell, recién salido de su noche demoníaca (¡conservando el flequillo!), quien tendría que haber sido protagonista, pero quedó relegado a secundario por imposición de los que tenían el dinero.
Si lo miras detenidamente, verás que "Ola de crímenes..." era un producto genuinamente original en su época. No había nada como ella, una de risas demasiado normal para ser un "spoof", demasiado "spoof" para ser convencional. En tierra de nadie. Gira en torno a un empresario que quiere deshacerse de su socio, este se entera y contrata a dos asesinos profesionales para que se lo carguen. Ni que decir que todo irá mal y por medio acabará liado el prota, un panoli enamorado de una chica imposible a la que los asesinos secuestrarán.
"Ola de crímenes... ola de risas!!" es tremendamente tontuna. Lo pretende y está orgullosa de ello. Tiene un aire a "slapstick", a vieja escuela, solo que bañado en una pátina de modernidad y el inconmensurable ingenio visual de un Raimi enamorado de la cámara. Las secuencias para el recuerdo son muchas, pero casi todas tienen como eje central a los asesinos, muy conseguidos en aspecto y personalidad (ahí conocí yo a Brion James, cuyo parecido a una rata es explotado a conciencia). El acoso que uno de ellos (tremendo Paul Smith, al que también has visto en "Mil gritos tiene la noche") somete a la mujer de uno de los empresarios (Louise Lasser), el tenedor clavado en su nariz, la alfombra arrancada de cuajo cual maremoto y la famosa secuencia de las puertas de colores que caen en efecto dominó. El tipo que se lanza desde una ventana y se estrella... sin morir (¿gracias a la espuma que lleva en la cara?), el concurso de baile que termina en la cocina con los platos sucios, un tremendo Bruce Campbell dando forma a una sugerente silueta femenina con el humo de su cigarrillo y etc, etc... una lista interminable de momentos totalmente brillantes (aunque sea a nivel únicamente visual) en los que el director comenzaba a experimentar, y mucho, con la estética, los colores (muchos rojos y azules) y el ritmo del "cartoon", algo del todo asentado en su siguiente película ("Evil Dead 2", por supuesto).
Vale, recientemente la sometí a un revisionado y pude comprobar que, tal vez, al final le pesa un poco el culo. Se alarga en exceso. Y, justo, sobre eso quería yo vomitar la siguiente reflexión...

Resulta chocante ver el salto de "Posesión Infernal" a "Ola de crímenes..." y maravillarse asumiendo que Raimi seguía siendo un veinteañero cuando la facturó, porque es un film cargado hasta las trancas de escenas complicadísimas de ejecutar, rodar y planificar, con explosiones, persecuciones, coches volando por los aires, intrincadas "set-pieces" humorísticas (muy Coen, las desarrollarían igual luego en "Arizona Baby" o "El gran salto". Por cierto, ambas incorporan en sus tramas el nombre "Hudsucker", bien presente en "Ola de crímenes...". Un chiste recurrente), hasta números de baile.... es la leche, ¿cómo el chaval que a finales de los setenta se puso a rodar esa pequeña peliculita casera de terror, con sus colegas, una cámara de 16 mm prestada, cuatro dólares y una vieja cabaña, pudo pasar en cuestión de tres años a algo como "Ola de crímenes..." (sin contar aquí el corto superochero que hizo justo en medio, por aquello de desquitarse, "The Sappy Sap" -con protagonismo de Scott Spiegel-)? ¿de dónde sacó la capacidad para arramblar con todo aquello, tirarlo palante y estrenarlo? ¿tal vez, justamente, de ahí la polémica, que Raimi aún estaba demasiado verde para un producto de semejante envergadura, obligando a los mecenas a intervenir?.
Si algo denotan "Ola de crímenes...", y "Terroríficamente muertos", y "Darkman", y "El ejército de las tinieblas" y todo lo que vino después, es que Sam Raimi era ambicioso y apuntaba alto (¡sambicioso!). Con una visión enorme de las cosas. Hay que estar muy seguro de uno mismo para eso. Como a muchos de los de su quinta, y tantos otros que vinieron después (¡hola James Wan!) le pierde el exceso por el exceso, un mal muy de Hollywood. ¿Por qué todas las películas de género hechas allí han de cargar tanto las tintas en el desenlace? a mi gusto, lo estropean un poco bastante. Ahora con el CGI se ha desmadrado, alcanzándose cotas de delirio pornográfico aturdidoras, especialmente gracias al imparable bombardeo de emociones extremas y manipulantes que nos sacuden sin descanso hasta, casi, la náusea. Justamente, el final de "Terroríficamente muertos" nunca me ha gustado. Es aturdidor. Todo el rollo del monstruo cabezón, las ramas destruyendo la cabaña a golpes, las continuas luces estroboscópicas, el torbellino, la fanfarria de un desatado Joe Lo Duca a la batuta... ¿por qué? Sin embargo, el caso de la primera, la original, es un pelo distinto.
El joven Raimi aplicó su visión grandilocuente al desenlace. Y sí, es lo que contribuyó a separarla del montonazo de basuras zetoides operativas entonces dentro del cine de terror independiente, obteniendo unos resultados demenciales, delirantes, con toda esa orgía de stop-motion, plastilina y yogur verde absolutamente maravillosa. En su época se veía cutre, y se sigue viendo cutre, pero molaba muchísimo, por lo excesivo y el encanto de las técnicas empleadas. Ahí las limitaciones propias de la época -y el presupuesto- jugaron en su favor, obligando a cierta contención y, casi accidentalmente, logrando un equilibrio muy beneficioso para ese "grand finale" y la película resultante.
Al contar el director con más medios en "Ola de crímenes... ola de risas!!", perdió los papeles y pasó lo que pasó. Un desenlace agotador. Es estupendo que una película vaya a toda hostia, evitando desesperadamente aburrir a su audiencia (y ya sabemos lo extremadamente condicionado a la misma que está Raimi), pero, ocasionalmente, puede darse el caso inverso. Amuermar por abuso de ritmo desbocado. Creo que es bueno detenerse unos minutos, dejar respirar al público y, luego, ¡pam! presionar el acelerador otra vez. El jovenzuelo Sam no lo sabía aún y, en fin... lo dicho.
Con todo, tampoco comprendo la mala fama que gasta el largometraje. No es redondo, pero sí muy simpático y generoso en momentos irrepetibles. Así pues, si no lo has visto y echas de menos al buen Sam Raimi, ni lo dudes.

martes, 9 de octubre de 2012

FANTASY MISSION FORCE

Esta película, con millones de ediciones cutres en dvd, que la regalan con los periódicos y que se vende como película de Jackie Chan cuando en realidad es un secundario, y que es tan accesible que podemos adquirirla por un euro en cualquier bazar chino, es una autentica joya. No se como no tiene más culto. Es la cosa más rara y bizarra que me he echado a los ojos en mucho tiempo. Y pensándolo en frio, es posible que no tenga ninguna repercusión, porque es una película destinada al publico de las artes marciales, y en ella las artes marciales son un elemento que vemos de pasada. Como sea, posiblemente estemos ante la película peor rodada y más inconexa de la historia. De hecho, comencé a verla pensando que era el típico “Corta y pega”, que los Chinos son muy dados a estas cosas, pero no. Su mala realización, me llevó a pensar eso.
El argumento, creo que es mas o menos este: Estamos en la segunda guerra mundial, unos generales de varios países han sido secuestrados, por lo que se quiere contratar a un grupo de mercenarios que los rescaten. Descartan a los posibles candidatos; El detective calvo, ¡¡¡James Bond, Snake Plissken y Rocky Balboa!!! así que un capitán (Wan Yu) recluta a una serie de individuos mas o menos diestros en lo suyo para esta misión. Pronto se enfrentarán a una tribu de mujeres que vuelan liderada por un megalómano que según el y literalmente odia a “Los hombres que se presentan aquí de una manera tan tonta”. Después se las verán con los nazis.
Lo gracioso de esta peli, a parte del desbarajuste técnico, el absurdo argumento, y unos diálogos que desafían todas las leyes de la lógica habidas y por haber, es la total falta de rigor y el “todo vale”. La peli tiene un número musical y montones de anacronismos, quiero suponer y supongo que no intencionados. De muestra, no solo los posibles candidatos a esa misión de rescate, si no también los vehículos que usan, coches deportivos de los setenta, así como momentos en que todo toma un aspecto de Western. Por otro lado, al tratarse de la segunda guerra mundial, tenemos a Alemanes nazis, Escoceses, Ingleses, Japoneses y Chinos, interpretados absolutamente todos por Chinos... salvo un negro que rula por ahí al principio que no pinta nada.
La acción y las explosiones son de tercera categoría, el escaso Kung Fu, de baratillo... de hecho Jackie Chan, antes de someterse a la operación ocular, parece como si no supiera hacer las piruetas y las coreografías que le hicieron famoso.... En definitiva, que la película es un desbarajuste de esos de no poderse creer uno lo que está viendo, inconexa, absurda, cutre, roñosa y con homenajes a Benny Hill. Una seria candidata a convertirse por derecho propio en una de las peores películas de la historia del cine. Lo que es motivo para que lo pasemos bien durante su visionado. No entiendo porqué no está en una de esas listas tan famosas de peores películas.
Dirige un tal Yeng Ping Chu, de más o menos nutrida filmografía, que en la ultima década destacó por una película moderna que mezclaba Kung Fu con baloncesto titulada “Kung Fu Basket”.