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lunes, 21 de noviembre de 2016

ADORABLE SEDUCTOR

Una “High Comedy” de la mano de ¡¡Michael Winner!! Que ya se pueden imaginar ustedes como se le da al amigo el tema de la comedia sofisticada.
Basada en una obra teatral del mismo título, que de por sí ya debía ser floja, de Alan Ayckbourn, cuenta la historia de un individuo viudo que viaja hasta un pueblecito inglés para unirse a algo así como una compañía teatral. En un principio, el individuo tiene que cantar, pero por las vicisitudes  y  los actos del algo enloquecido y tiránico director de la obra en la que va a participar, acaba convirtiéndose en protagonista de la misma. Y eso es todo. No hay más.
Lo que principalmente llama a priori la atención, es que está protagonizada por Jeremy Irons y Sir Anthony Hopkins, justo antes de convertirse ambos en las mega-estrellas que fueron en los noventa. Por otro lado, llama la atención que la película es especialmente mala. No  ya por lo poco que pueda interesar el argumento, lo aburrida y machacona que pueda llegar  a ser –que lo es, hasta el extremo- sino por lo  mal filmada que está, y sobretodo, lo mal montada. Es tan cutre, que parece mentira que detrás de ella haya todo un Michael Winner, intuyo, tan tirano y demencial como el papel al que da vida Anthony Hopkins.
Y es que no hay película que menos le pegue al director de “El Justiciero de la ciudad” que esta. Mira que es sosa la hija de puta… pero la labor como director de Winner, no contribuye a que esto sea mejor. Es una “Alta comedia” mala, hasta si esta fuera dirigida por Blake Edwards. Y técnicamente, mejor ni hablar.
Poco más que decir…
Junto a Hopkins e Irons, tenemos en el reparto a Patsy Kentsin, que a finales de los ochenta, gracias al éxito que tuvo en su carrera como cantante con la formación “Eight Wonder” y a su formación actoral, pudimos verla hasta en el cine español, concretamente en “Beltenebros”.
Adorable seductor, “A Chorus Disaproval” en su versión original, ni tan siquiera llego a estrenarse en cine en nuestro país, haciéndolo tan solo en vídeo de alquiler. En plenos noventa, cuando Anthony Hopkins y Jeremy Irons ya eran megafamosos y habían ganado Oscars, se volvió a editar la película en vídeo, esta vez con una carátula que por un lado mostraba fotografías actuales de los protagonistas, junto a una estatuilla del Oscar junto a las fotos, como si se tratara de una película reciente de los escarizados actores.
Un coñazo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

LA CENTINELA

Consecuencia directa del "boom" sobre cine satánico producido en los USA por ahí mediados / finales de los 70 (con "El Exorcista" como detonador y "La Profecía" como mimado hijo bastardo), "La Centinela" me dio auténticas pesadillas de chaval a causa de sus numerosas secuencias de inquietante y extraño surrealismo truculento. El director no es otro que Michael Winner (basándose en una novela de Jeffrey Konvitz), responsable de los tres primeros films de la saga "Death Wish", y cuenta con un reparto considerable, que se extiende incluso a papeles minúsculos, ahí va la lista (en orden imdbiano): Chris Sarandon, Martin Balsam, John Carradine, José Ferrer, Ava Gardner, Arthur Kennedy, Burgess Meredith, Sylvia Miles, Deborah Raffin, Eli Wallach, Christopher Walken, la sexy Beverly D'Angelo (futura esposa ficticia de Chevy Chase en las pelis de la chiflada familia americana, y que protagoniza una escena de onanismo muy potente), Tom Berenger (en un rol tamaño ladilla), Jeff Goldblum (que ya había currado para Winner en "Death Wish" haciendo de violador y con el que tenía muy buena relación) y ¡Richard Dreyfuss de extra!. La verdadera prota de la función, la sosita Cristina Raines, terminaría con sus escuetos huesos en la caja tonta. De los efectos visuales y maquillajes se responsabilizan dos grandes, Albert Withlock (quien había colaborado en pelis de Hitchcock) y Dick Smith, respectivamente.
Una modelo y su novio buscan piso. Encuentran uno amplio, de aspecto algo gótico, pero a precio de ganga. Tras instalarse (ella sola, es una chica muy de los 70) conoce a los vecinos, que son una panda de tipos y tipas raro/as. Encima, por la noche, escucha ensordecedores estruendos en el piso de arriba. Enfadada, va a reclamar a la dueña del lugar y esta le dice que flipa, pues salvo un siniestro cura ciego asomado día y noche a la ventana del ático, hace años que nadie más habita allí.
La premisa es tan interesante como suena, y el film está plagado de pequeños momentos francamente efectivos, sobre todo cuando la moza, de madrugada, solana y linterna en mano, sube al piso ruidoso y se encuentra con una sorpresa escalofriante. A ratos Winner pierde el pedal y se pasa de rollo efectista, pero para un fan del cine de terror de bajo viente como yo, ya mola. Atención al desenlace, con la enfermiza intervención de auténticos fenómenos de feria, de aspecto turbador, sí, pero poco dotados para la interpretación.
Con todo, un pequeño film muy estimable que el propio Winner intentó remakear hace poco, sin conseguirlo.

viernes, 17 de octubre de 2014

NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES

El “ExploitationItaliano es absolutamente fascinante, descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse  y hacer las versiones de los éxitos autóctonos con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul  Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de “Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre las plateas europeas. Estos fueron  el americano Paul Smith y  el Italiano Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado, máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”, pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo suficientemente rentable como para generar una secuela  y  tres películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película “Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”,  y esta si, congregó cerca de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película, contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones “Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a  rebautizarles como  ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de Robert Altman, y haciendo papeles en  “El Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick” junto  a Mel Gibson, aunque siguió haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y fue  la identidad secreta de “Supersonic Man” de Juan Piquer Simón…. Así  que ¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas películas?
Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo) si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que, peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de automóviles en el oeste, donde este  vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal  progreso, lo que les acarreará un montón de problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos. Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer, Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas como “Los 3 Supermen”,  reputados “Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas  carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha. Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante. Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.

jueves, 30 de noviembre de 2023

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 28 (+ TRUCULENCIA)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique", "Impact" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90.

El destino y la fuckin´casualidad han querido que, justo diez entradas después de una galería dedicada a imágenes truculentas, reincida con esta segunda dosis. Así que ya saben lo que viene a continuación, hemoglobina a tutiplen, asquerosidades y un endiablado maravilloso mal gusto.
Y, justamente, arrancamos con dos películas sobre las que ya hablé entonces, "The Abomination" y "Ozone: Attack of the redneck mutants", ambas creaciones superocheras de Matt Devlen y Bret McCormick.


Recientemente "The Abomination" ha sido lanzada en blu-ray por algún sello
flipao de esos que se curran versiones en 4K de ñordos gigantescos. Así que, tal
vez, en breve tengamos acceso a ella y le echemos cojones... aunque, honestamente,
cada vez me cuesta más sufrir estas demencias (hace nada lo intenté con "New
York Ninja", sin éxito... y sin risas). De hecho, y como narré la vez anterior, ya me la
puse una vez en inglés a pelo. Todavía la tengo, por si alguien gusta. Tampoco entonces
conseguí llegar al final sin bostezar. Y es una puta pena, porque esa imagen es alucinante.
Mi respectivo desvirgue fue todo lo entusiasta y obsesivo que era común y corriente
entonces. ¿Cómo no me iba a molar? El tipo de mierda gran guiñolesca con la que eyaculaba....
Un bichejo dentro del armario, los litros de sangre por toda la estancia, el maromo con sierra mecánica
y gafas de sol aparentemente intentando salvar a la chavala.
En realidad no es un héroe, es el psycho killer del film y, cual Seymour Krelborn,
alimenta al monstruo con seres humanos. Pero para mis inocentes ojos era
un San Jorge de chichinabo luchando contra el dragón. Y molaba muchísimo.


.
Viendo todas estas imágenes de "Ozone: attack of the 
redneck mutants" (+ la otracualquiera diría que nos encontramos
ante una auténtica obra maestra del delirio sanguinolento.
¿Lo es? Si la he visto, que podría ser, no lo recuerdo. Y si no, pues
a saber. La experiencia me ha demostrado que es mejor desconfiar
de estas cosas.... no obstante, tanta burrez se la pone a uno morcillona.

Lo mismo va por las caratulas de algunas de sus ediciones en
formato VHS. ¿Se imaginan rular por el vídeo club y localizarlas en los
estantes? ¿se puede ser menos sutil y más directo? Imágenes listas
para enganchar al devoto y espantar al profano, escandalizado ante
tanta disparatada y maravillosa "repulsividad" y violencia....


Sigamos....


Este salvaje instante es lo único realmente sangriento de un film de terror 
más, mmmmh, ¿psicológico?. Pero no por ello menos gustoso. Les hablo de
"La Centinela", el clásico setentero de Michael Winner, surgido a rebufo de todo
el paripé satanista tan de moda entonces. No solo es un instante truculento, también
da muchos escalofríos. Y fue estupendamente parido -FX mediante- por el gran Dick Smith.



Lo hemos dicho antes, y no nos cansaremos de decirlo, Troma lleva años
siendo una mierda. Una auto-parodia patética. Pero en sus buenos tiempos 
lograron parir algunas películas bastante disfrutables. Y puede que
"Mutantes en la universidad" sea la mejor de todas ellas. Sí, por encima del
"Vengador Tóxico" (que también mola, no digo lo contrario). Les dejo dos
sabrosas instantáneas, de esas que a un adolescente de mi porte hacían
ver estrellitas. Muy características respecto al modo en que la factoría del puto
pesao de Lloyd Kaufman (y Michael Herz) entendían el término truculencia. Siempre
muy licuosa, pringosa, rematadamente exagerada y echando mano de sus 
más que reconocibles babas verdes.
Sí, cierto, Troma llegó a parir nosecuantas secuelas más de "Mutantes en
la universidad" (Víctor reseñó una de ellas en su día) pero, en fin, son todas
espantosas y no merecen más atenciones.


Y terminamos con uno de nuestros directores favoritos.
Es decir, corrijo: con uno de nuestros directores de nombre raro favoritos.
El gran Sisworo Gautama Putra, Indonesio para servirle.
Ya saben lo torraos que estaban allí, haciendo dramas históricos en los
que, eventualmente, chorreaba sangre por doquier. Pal caso tenemos
"The hungry snake woman" (arriba) y "Revenge of Samson" (debajo.
Naturalmente son los títulos internacionales. Los originales no hay
quien los entienda y reproduzca). Concretamente, es la segunda imagen, la
de Samson partiendo a un pavo en dos, la que más me alucinó en su día.
Nunca llegué a ver la peli... hasta hace pocos meses, dispuesta en la red
(manda cojones). Y, en fin, ya se imaginan el percal. Súbitamente sentí una
envidia incontrolable por el yo jovenzuelo que en su momento no pudo acceder
a ella y babeaba fascinado por la foto. Efectivamente, Sisworo -y tantos otros
de su calaña- entra de cabeza en el grupo de filmmakers cuya obra mola más
leída (o diseccionada en imágenes y pósters) que consumida.

jueves, 6 de junio de 2019

I DUE GATTONI A NOVE CODE... E MEZZA AD AMSTERDAM

Aunque represente un fenómeno equiparable, en más de un aspecto, al de ciertos dúos cómicos patrios (sin ir más lejos, Los hermanos Calatrava, con los que coincidirían en el tipo de humor, así como en la laya de los films que protagonizaron), el descomunal éxito cosechado por la pareja compuesta por Franco Franchi y Ciccio Ingrassia causa asombro y pasmo, en retrospectiva y desde una perspectiva no italiana, y no solo por el hecho de haber conseguido encabezar el reparto de más de un centenar de títulos (en su momento de mayor apogeo llegaron a rodar 23 películas en solo dos años, llegando incluso a codearse con estrellas de Hollywood de la talla de Buster Keaton, Jayne Mansfield o Vincent Price) sino, sobre todo, por haber gozado de una manera tan prolongada del favor popular protagonizando películas que, en su mayoría, eran rematada, inaceptablemente malas.
Lejos de erigirse en una moda pasajera, la carrera cinematográfica de los contrahechos Ciccio y Franco se desarrollaría durante algo más de tres décadas cimentándose en una clara estrategia comercial basada a su vez en esa ley del mínimo esfuerzo tan común, por otra parte, a la idiosincracia derivativa de la cinematografía transalpina de género: esto es, aprovechar el último éxito de taquilla para bautizar a una serie de películas en el fondo indistinguibles entre sí y que, en la mayoría de los casos, poco o nada tenían que ver con el título "parodiado". Así, y sin un criterio definido, los cómicos milaneses se atrevieron a "adaptar" a su peculiar manera desde prestigiosos ejemplos de cine de autor (por ejemplo, a costa de "El gatopardo" surgiría "I figli del leopardo"), del spaghetti western cómico con "I due figli di Trinitá" (o sea, la parodia de la parodia) e incluso de blockbusters yanquis como "El justiciero de la ciudad" o "El exorcista" con "Il giustiziere di mezzogiorno" y "L'Esorciccio", respectivamente.
Aunque sí que llegaron a filmar algún spoof  en sentido estricto tal y como los conocemos hoy en día (por ejemplo, en "El guapo, el feo y el cretino" se recreaban personajes, escenarios y situaciones directamente extraídas de "El bueno, el feo y el malo") en la mayoría de los casos, y teniendo en cuenta esa ley del mínimo esfuerzo que antes comentábamos, se tomaba el film a explotar como mero punto de partida a partir del cual trazar una mínima línea argumental en la que el privativo, localista y vodevilesco sentido del humor de la pareja (basado en el slapstick, en los equívocos verbales de índole más o menos sexual y/o escatológica y, sobre todo, en las estomagantes muecas de Franchi) pudiera desenvolverse sin ningún tipo de obstáculo ni cortapisa.
En un nivel intermedio de esta tendencia nos encontraríamos con el anteriormente citado exploit del cine de justicieros protagonizado en solitario por Franchi, en el cual, y aunque se emularan algunas de las escenas del film de Michael Winner como la del calcetín lleno de monedas (“¿Me podría cambiar estas cinco mil liras en monedas de 100? ¿Me las podría meter en este calcetín?”), la supuesta parodia acababa tomando unos derroteros argumentales que se alejaban radicalmente de los del título en el que, en teoría, se basaba. En un nivel aún más extremo de dejadez y desvergüenza se encontraría esta "I due gattoni a nove code... e mezza ad Amsterdam", que si bien alude de manera evidente al segundo esfuerzo tras las cámaras del sobrevalorado Dario Argento no tiene absolutamente ninguna relación en aspecto alguno con el título que pretendidamente toma como modelo, más allá del hecho de que aquí Franco y Ciccio interpretan a dos periodistas, profesión que comparten (y yo diría que casualmente) con el personaje protagonista de "El gato de las nueve colas". Esta clamorosa falta de conexión nos lleva a pensar inevitablemente en dos opciones: 1) los responsables de esta película se inspiraron exclusivamente en el tráiler de la de Argento a la hora de escribir su guión, o  2) la pareja protagonizó un film absolutamente random al que rápidamente cambiaron de nombre tras el éxito de la otra.
Y es que si en esta última la historia trataba de las pesquisas que se desarrollaban en torno a una clínica privada que estudiaba la influencia genética en la formación del carácter del asesino, en este caso el par de caricatos estelarizan una trama de espías en la que la investigación de una muerte, de la que son testigos fortuitos, desembocará en el descubrimiento de una red de tráfico de diamantes (¿¡!?) Para alejar más aún uno y otro título, la mayor parte del metraje de "I due gattoni a nove code..." se situará como bien indica su título en la capital de Holanda, con el puterío que ello conlleva además de la consabida introducción de los dos cuarentones protagonistas en el mundo de las drogas blandas cuando estos entren en contacto con el ambiente de la juventud de la época, en una escena, por cierto, calcada de otra de la española "Crimen imperfecto", en la cual los detectives encarnados por López Vázquez y Fernán Gómez también se hacían pasar por jipiosos con el objetivo de resolver un asesinato, disfraz con peluca y abalorios, y caladita de porro, incluida.
Lejos de mostrar una voluntad por ofrecer algo novedoso, este cambio de rumbo con respecto al original denota una dejadez que posteriormente se confirmará y agravará en una sucesión de escenas absolutamente genéricas y previsibles (que incluye un enfrentamiento en una academia de karate, seguramente para aprovechar también la pujanza en aquella época del cine de artes marciales, género del que la pareja haría mofa un par de años después en "Ku fu? Dalla Sicilia con furore"), siendo la película dirigida por el todoterreno Osvaldo Civirani, colaborador habitual de la pareja, tan poco graciosa y aburrida que llega a funcionar más como thriller o spy movie que como comedia. Finalmente, y a pesar de alcanzar un considerable nivel de idiocia durante todo su metraje, "I due gattone a nove code..." no es ni de lejos tan irritantemente mongólica como otros trabajos del dúo, aunque por desgracia el único interés que a día de hoy pudiera deparar el visionado de un título de esta calaña (es decir, la curiosidad que podría despertar la comparación entre original y copia) queda frustrado por su condición de parodia encubierta o, más bien, de "no parodia" parca en referencias identificables por parte del espectador. Hasta en ese sentido resulta una película decepcionante.

jueves, 15 de mayo de 2008

YO SOY LA JUSTICIA 2

Después de darse un atracón de matar malos en "El justiciero de la noche", Kersey vuelve a Los Ángeles, donde rehace su vida con una nueva novia -a la que, por supuesto, dobla la edad- y la hija de esta. Todo va bien hasta que una sobredosis mata a la chavalilla. Por suerte Kersey acaba con el camello que le vendió la droga con la facilidad del que acaba con un gusano. 
Pronto recibe un chantaje telefónico bastante golosito; un tipo que conoce su identidad le ofrece no delatarle a cambio de que se ventile a todos los narcotraficantes de la ciudad, y visto lo visto, nuestro hombre no se resiste demasiado a la oferta. Aunque la cosa tiene truco.
Michael Winner abandona la saga en y le pasa el testigo a J. Lee Thompson, un director en nómina de la "Cannon" responsable de títulos tan entrañables para la compañía como "Las minas del rey Salomón", "Kinjite, prohibido en occidente" o "La ley de Murphy", entre otras. "Yo soy la justicia 2" es la mas floja de cuantas llevamos vistas -respecto a la franquicia-. Aunque eso no quiere decir que no sea igualmente una peli de lo mas entretenida. Le cuesta arrancar, pero cuando lo hace se vuelve imparable. Y contradictoria, porque al comienzo vemos a Paul Kersey haciendo lo suyo, matando un tipo, y cuando este está en el suelo, descubrimos que se trata del mismo Paul Kersey. Seguidamente, este despierta. Era una pesadilla. Una metáfora estúpida que nos deja claro que el justiciero empieza a sentirse culpable por sus actos. Sin embargo, en la siguiente secuencia, todo esto se va al garete, de manera mas amoral que nunca, pues Kersey ya no solo mata por venganza, si no por encargo.
Con un final acojonante, como ya es habitual en esta saga (de los que te quedas pillado, vaya...) Paul Kersey ya no volvería a las pantallas hasta casi diez años después -y veinte desde la primera-... pero a esas alturas ya el justiciero estaría desfasado.

sábado, 2 de junio de 2007

EL JUSTICIERO DE LA NOCHE (DEATH WISH 3)

Se trata de la tercera entrega de la saga del justiciero, y después de la primera, seguramente la más popular de todas ellas, ya que la Cannon (que ya metió mano en la segunda) se emperró en adaptar el film al tono reinante de entonces gracias a films como "Rambo", "Desaparecido en combate" o "Invasión USA", por poco que ello le pegara a las correrías del bueno de Paul Kersey. Sin embargo el resultado, lejos lejísimos del nivel de sus predecesoras, resultó todo un éxito y con el tiempo se ha granjeado una reputación de culto. Y es que "El justiciero de la noche" no es, para nada, una película normal. Recordaba perfectamente que en mis años mozos la tenía en un pedestal, era mi favorita de la saga "Death Wish" y estaba especialmente fascinado con todo el tramo final, lo veía una y otra vez. De hecho, incluso me molaba la banda sonora de Jimmy Page, de la que tanto se ha rajado en círculos especializados. Por eso tenía unas ganas inmensas de revisarla y os puedo asegurar que no fue ninguna decepción.
Lo primero que sorprende de "El justiciero de la noche" es su ritmo, acelerado, endiablado, todo ocurre a gran, gran velocidad, a lo que contribuye la ágil, fresca y nada encorsetada dirección de Michael Winner, así como el frenético montaje y esos zooms tan setenteros (a pesar de ser una producción inconfundiblemente ochentera!!). La mejor palabra para definir esta peli es DELIRANTE, no hay nada de verosímil en ella... lo que no deja de ser curioso, puesto que el crudo realismo es lo que hizo famosas las dos primeras entregas, sobre todo la peli-madre. Este especie de surrealismo ya es destacado por Paul Talbot en su libro (y Rick Sullivan en su fanzine "The Gore Gazette"), algo que indudablemente la hacía enemiga jurada de los críticos antes de estrenarse y que, al mismo tiempo, con los años le ha dado este estatus tan especial que posee.
De entrada ya es imposible creerse a Bronson como héroe de la función, está muy viejo. Podría pasar por un justiciero silencioso que se mueve por los oscuros callejones de New York, pero no cuela como el pseudo-Rambo que es (al menos en esta entrega). Otro elemento poco creíble (¿poco?, ¡¡NADA!!), es el cutre-romance que se inventan para él... está claro que la chavala la meten ahí con calzador, de modo muy forzado, con el único fin de cargársela y motivar a Kersey a masacrar a todo dios (y eso que a esas alturas de la peli está más que motivado), lo que ya resulta ridículo, pues un par de polvos y una llamada no creo que puedan crear una unión sentimental TAN fuerte como para que Bronson sienta lástima por la moza y decida requetevengarse (que además, es muchísimo más joven que él, y se encapricha del abuelo de un modo tontísimo y sin sentido alguno).
Pero quitando ese par de cosas (o, ¡que coño!, gracias a ellas), "El justiciero de la noche" resulta un divertimento fabuloso, super-entretenido y muy gozable... aunque sea a costa de risas no intencionadas (pero muy respetuosas y llenas de cariño). La peli es como un gran e inmenso tebeo barato, todo son estereotipos, cliches ultra-básicos y en general el tono de caricatura es sumamente remarcado. Desde ese barrio ultra-chungo a los malos de la función, con exagerados y aparatosos uniformes de "tribu urbana", tipos sin sentimientos, nacidos para hacer el mal, destruir y matar aunque no venga a cuento. Y hablando de matar, resulta curioso que el que más gente mata aquí sea el bueno de la historia... porque una cosa es que Charlie dispare sobre los asesinos de su hija, y otra es que lo haga del modo más frío sobre dos pobres gilipuertas que le están intentando robar el coche (por otro lado, una de las mejores secuencias de la película), o a otro únicamente por pisparle la cámara de fotos (y además nada de pistolitas, Kersey utiliza un pistolón de cuidado... otro elemento muy propio del cine de acción de esa década).
Sin embargo, es el final donde "El justiciero de la noche" toca el cielo. Una extensa mini-guerra entre bandas callejeras y vecinos enfurecidos que incluso matan a escobazos, repleta de explosiones, disparos, peleas... todo ello coreografiado de modo poco natural, pero que te hace saltar de la butaca y gritar cada vez que Kersey se come a balazos a alguno de los malos. Suerte tiene el abuelo de que estos tengan tan mala puntería, y de su super-chaleco anti-balas... destaca especialmente un momento en el que, para matar a dos pillastres, se sitúa cómodamente, apunta y dispara. En ese lápsus de tiempo, los malandrines no han parado de disparar sobre el super-justiciero y no le han alcanzado ni una vez, incluso la frustración se refleja en sus rostros. Mítico donde los haya.
El fin de fiesta no podría ser mejor: El jefe de la banda fenece de un cañonazo propiciado por un señor bazooka que Charlie guardaba pacientemente junto a la mesita del teléfono. Luego pilla los trastos, se va y créditos finales. Así, sin más, pim-pam, sin perder el tiempo, sin florituras... absolutamente brillante.
Recuerdo que en una ocasión, y con motivo de un programa-debate muy serio de la tele dedicado a los justicieros, echaron "El justiciero de la noche" como película-ilustradora... y cuando acabó, uno de los invitados dijo de ella que parecía un documental sobre la entonces de actualidad guerra del Golfo. Cuánta razón tenía el tipo... sin embargo, lo bien que me lo pasé yo aquella noche!!!.

lunes, 7 de enero de 2013

DESEO DE MUERTE

Fue un amigo el que un día me preguntó si las novelas de Brian Garfield que habían inspirado la creación de la saga "Death Wish" existían en edición española. Nunca me lo había planteado, entre otras cosas porque aunque me encanta leer, no me gusta la novela, la ficción escrita, yo soy más de ensayos, artículos y biografías de gente interesante (que la hay!). Sin embargo, el tema era lo suficientemente atractivo como para investigar, y tras un viaje por Google, descubrí que en castellano no, o al menos no recientemente (recordemos que las obras de Garfield son setenteras), pero en catalán, sí. De hecho, "Death Wish" (que inspiró "El justiciero de la ciudad") y "Death Sentence" (secuela de aquella, pero no adaptada hasta la llegada de James Wan), conocieron versión catalana a inicios de los 90 en una colección que fue muy popular en mi tierra dedicada íntegramente a la novela policiaca. Animado, busqué por bibliotecas y, sí, di con ambas. Decidí superar mi inicial aversión por la literatura narrativa y leerlas (a lo que ayudaba mucho que no fueran un tocho), así de paso tal vez curaría mi incapacidad de concentración ante una página repleta de ficción escrita.
Naturalmente, una de las más notables motivaciones consistía en comparar las novelas con sus versiones cinematográficas. Especialmente la primera de ellas. Era ya un dato conocido (en parte gracias al estupendo libro "Bronson´s Loose!", que releí nada más acabar con las novelicas) que Brian Garfield no era nada amigo de lo que Michael Winner hiciera con Charles Bronson... y necesitaba conocer las razones. Bien, ahora ya puedo entender a ambas partes. "Death Wish", novela (aquí traducida literalmente como "Deseo de muerte" / "Desig de mort"), cuenta básicamente lo mismo que la peli, pero con algunas alteraciones, entre ellas el nombre del personaje, que mientras en la pantalla se llama Paul Kersey, en las novelas es Paul Benjamin.
Un tipo la mar de normal y pacífico se convierte en una máquina de aniquilar delincuentes callejeros cuando algunos de estos atacan a su mujer e hija, matando a la primera y dejando catatónica de por vida a la segunda, tras violarla brutalmente. Bien, en la novela el justiciero no es arquitecto, sino contable, y además, uno bastante bajito y fondón. La gran diferencia es que toda ella se desarrolla desde el interior de la cabeza del personaje, con un gran poso psicológico e introspectivo. Vivimos el miedo y la paranoia a través de los pensamientos de Paul Benjamin y, realmente, no comienza su cruzada hasta pasada la mitad de la historia. Otro aspecto bien diferenciado de su versión cinematográfica (y uno de los que más detesta Brian Garfield) es que en el libro no se nos narra el ataque a la mujer y la hija, cuando comienzas la lectura, estos sucesos YA han acaecido. Tiene sentido, puesto que todo lo que ocurre en "Deseo de muerte" es a través de la mirada de su protagonista, y es un hecho que él no fue testigo del asalto, ergo, únicamente le llegan la noticia y los datos a través de la policía. En la peli, Paul Kersey tampoco está ahí para ver cómo su mujer muere en manos de los malvados pinches, por lo que mostrarla con todo crudo detalle únicamente tiene un fin: influenciar en el espectador para que sienta simpatía por el justiciero, que no dude de sus violentos actos. Pues sí, algo de razón tiene el escritor, como también la tiene al opinar que Charles Bronson NO era el actor ideal para encarnar a Paul Benjamin. Caray, si el propio Bronson opinó lo mismo tras leer el guión y,  muy inteligentemente, recomendó a Dustin Hoffman.
Y es que el fin del "Death Wish" novelesco es ver cómo un tipo de lo más corriente, mundando y mediocre, incapaz de matar una mosca, se convierte en todo lo contrario cuando se deja llevar por sus deseos de venganza... de muerte. En ese sentido, un actor especializado en personajes grises hubiese sido más adecuado y efectivo (en un primer intento, el film lo iba a protagonizar Jack Lemmon bajo la batuta de Sidney Lumet... ¡interesante!), porque Charles Bronson tiene pinta de todo menos de contable pacífico. Aún así, que nadie se equivoque, soy un gran fan de la franquicia "Death Wish". Pero una cosa no quita la otra... comprendo las quejas de Brian Garfield y, sí, hubiese sido muy guapo ver un "Death Wish" más introspectivo y realista, solo por curiosidad. Con todo, la novela no es gran cosa, se hace algo monótona y no despierta ninguna clase de emoción.
Otras diferencias curiosas: La famosa escena del metro en la que Kersey se carga a unos quinquis, en la novela el tipo está a punto de hacerlo, pero finalmente les deja marchar. En la peli, Kersey viaja a Arizona donde le regalan una pistola que usará en su cacería callejera. En el libro, la pistola la compra y al menos aquí sí nos cuentan cómo esta logra pasar por el aeropuerto sin ser detectada. De hecho, lo que de verdad hace Benjamin cuando va allí, es follar. El policía Frank Ochoa en la peli tiene un papel muy destacado, en cambio, en el libro aparece solo de pasada. Benjamin es un poco más hijo de puta eligiendo sus blancos, entre los que encontramos chavales que únicamente roban televisores o tiran piedras al metro, en la peli Kersey únicamente dispara a aquellos que intentan atracarle usando también armas.
Como bien sabéis, "El justiciero de la ciudad" fue un super-hit, un auténtico fenómeno social, la gente iba en piña a las salas y coreaba al justiciero cada vez que mataba a un delincuente. La mayoría de las críticas atacaban al film por su "mensaje" y acusaban de irresponsables a sus autores. Brian Garfield, molesto y escandalizado por la locura desatada, decidió escribir su propia secuela desmitificadora... "Sentencia de muerte", pero de eso hablaré en una futura y no muy lejana reseña.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

jueves, 19 de mayo de 2011

EL THRILLER USA DE LOS 70

Ante todo, soy un devoto del cine de género de los ochenta. Obviamente no lo digo ni por ser "cool", ni por ser parte de ninguna moda "retro", lo mío es, simple y llanamente, algo natural, básicamente porque es la década que viví como espectador durante mi adolescencia, y ya saben que a esas edades, las pelis marcan y dejan huella. Sin embargo, eso no impide que sea consciente del esplendor creativo que vivió Hollywood durante los años 70, lo valore y lo encuentre incluso fascinante.
Curiosamente, el tipo de cine setentero que más aprecio no es el de terror (en eso ganan los 80), sino el thriller. Mi película favorita número tres es "Harry, el sucio". Me gusta su estética, su suciedad, su mala leche, su tosquedad, su violencia descarnada y sus personajes desesperados y extremos. Además, fue en esa época cuando nació el personaje del justiciero urbano y, como he dicho ya muchas veces, me encantan esa clase de films. Por todo ello, "El thriller USA de los 70" (de la "Colección Nosferatu") tenía que ser mío. La primera vez que lo vi, fue en los estantes de una librería. Me tentó adquirirlo, pero no me suelo fiar mucho de los libros sobre cine de género escritos aquí, así que opté por esperar a poder agenciármelo de gratis en alguna biblioteca. Y mi paciencia fue divinamente recompensada hace unas semanas cuando, sí, lo localicé en mi biblio habitual. La alegría fue máxima y la verdad es que lo he devorado en tiempo récord.
Repasa de pe a pa el thriller de los 70, sus orígenes ("Bullit"), sus "hits" ("Contra el imperio de la droga"), sus directores (Michael Winner, Don Siegel, Peter Yates...) y se centra en diversas temáticas estético-narrativas, la violencia, los justicieros, los policías, las pelis de conspiraciones, los personajes femeninos, el blaxploitation, etc. (aunque se eche en falta algún título, destacando a gusto personal "De espaldas a la justicia" del 78).
A nivel de autores la cosa se aguanta bien, tal vez el más chapas (por hacer especial gala de una vena intelectualoide) sea Carlos Losilla (en ese sentido el apellido le va que ni pintado). Del resto, y un poco a mi pesar, destaco a Jesús Palacios. Su texto dedicado a los justicieros es soberbio (salvo el error de rebautizar a Paul Kersey como John Kersey), destacando la parte en la que demuestra, de modo concienzudo y harto convincente, por qué esa clase de películas NO son fascistas, al contrario del pensamiento popular (y ahí le suelta una sutil pero sonora -y merecida- torta a Carlos Aguilar).
Lo dicho, de lectura ágil, entretenida y harto informativa, "El thriller USA de los 70" es un libro que recomiendo encarecidamente a seguidores del género y a cinematográficamente curiosos en general.

sábado, 2 de junio de 2007

BRONSON´S LOOSE!

Ya lo he dicho alguna que otra vez, pero lo repito aquí. Me gustan mucho las películas de justicieros, es un subgénero que adoro desde muy chaval y, aún a día de hoy, me siguen resultando atractivas y, hasta en el mejor de los casos, me molan (como la más reciente adaptación de "El Castigador", aunque la anterior también me gustó lo suyo). Sin embargo, el cine de justicieros está muy mal visto, seguramente por lo que algunos dicen es su "discutible ideología", lo que es una chorrada porque, ante todo, estamos ante cine, entretenimiento, fantasía pura y dura, y los que se lo toman demasiado en serio, directamente son tontos del culo. Por ello mismo, el día que casualmente -ojeando un "Videowatchdog"- descubrí que habían editado un libro que repasaba de pe a pa la saga "Death Wish" protagonizada por Charles Bronson (algo así como la madre del cine de justicieros urbanos, si no tenemos en cuenta la obra maestea "Harry, el sucio" que, a fin de cuentas, hablaba de tipos con placa, no de "gente corriente") no dudé un puto segundo en comprarlo gracias a los servicios de Amazon.
Recuerdo haber leído previamente una reseña en la que se "criticaba" que el libro no se centrara en el inmenso fenómeno popular que resultó el primer "Death Wish" ("El justiciero de la ciudad") y dedicara "innecesarios" textos a sus más oscuras y mediocres continuaciones. Pues precisamente era esta parte, la dedicada a indagar en unos films de segunda que, por norma, jamás serían estudiados en ninguna publicación, lo que me resultaba más interesante.Otro elemento que lo hacía apetitoso era la procedencia del autor, Paul Talbot. Que un crítico especializado me escriba sobre cine de género, puede estar bien, pero que lo haga un tio que, además de escribir sobre cine fantástico para sendas publicaciones, haya dirigido tres películas de terror de serie Z (una de ellas distribuida por la infame Troma, la otra motivo de un extenso artículo en el mítico fanzine "Draculina", todas con Gunnar "Leatherface" Hansen en el reparto) es garantía de que estoy ante algo bueno.Y así es. "Bronson´s Loose!" resulta una lectura de lo más amena. Se trata de un libro bastante delgado y de aspecto fanzinero, pero no por ello iba a resultar peor, of course. Se lee rapidísimo, Talbot no pierde el tiempo y nos ofrece quilos de información en muy pocas líneas, inmortalizando anécdotas curiosas como cuando Bronson se quejó de que estaba demasiado viejo para su papel en "Death Wish 3" y Michael Winner, el dire, le dijo: "Charlie, se supone que tienes que acabar con una banda callejera entera, ¿cómo lo vas hacer pues?, ¿montando un puesto de perritos calientes envenenados?".
Cuánto más oscura es la película, más interesante el texto... mola especialmente cuando uno de los guionistas (el de la cuarta parte) cuenta íntegramente el argumento pensado inicialmente para el film y que finalmente fue desechado por los productores, y es una pena, porque hubiese sido un "Death Wish" de lo más original y divertido.
Lectura ideal para pasar un buen rato y culturizarse con lo que realmente importa.

lunes, 2 de abril de 2018

EL JUSTICIERO

Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
 Desde luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con según que  películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo,  cuando yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom. Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de “Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida inolvidables, por lo que la nueva  versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran. No pude hacerlo. Comparé de principio a final.  Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir, que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este papel.  No me gustaba de hecho. Hasta que le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey.  Y no es un personaje especialmente simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo, frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?  Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo, me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de profesión de Paul Kersey con respecto a las  de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul NaschyLa noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York,  o la sustitución de otro de los personajes míticos de las películas originales,  el teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia,  que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas— hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel  (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40 millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de “Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.

jueves, 21 de febrero de 2008

JUSTICIEROS DE NUEVA ALCURNIA

Corren malos tiempos para los justicieros, o eso es lo que uno saca en conclusión tras ver los flojos resultados en taquilla de los dos ejemplos del subgénero más recientes que ha parido Hollywood, "La extraña que hay en ti" y "Death Sentence", esta última aún pendiente de estreno por estos lares. Es una pena, desde luego, y más para un fan de esa clase de películas como es el que firma, sin embargo, podemos consolarnos disfrutando de las dos producciones comentadas porque, y más en el caso de la segunda, se encargan de dejar el listón bastante arriba.
Me moría de ganas de ver "Death Sentence" desde que supe de su existencia. El director de "Saw" y de la más que disfrutable "Dead Silence", dando órdenes a un actor por el que siento especial afecto, Kevin Bacon. Pero antes, tocaba ver el título que la precedió, en el que nada menos que Jodie Foster se encarga de emular a Charles Bronson en sus correrías nocturnas, y todo ello orquestado por un cineasta al que jamás te esperarías tras un film de semejante temática, Neil Jordan.
Curiosamente, "La extraña que hay en ti" está mucho más cercana al espíritu Bronsiano y, específicamente, a "El justiciero de la ciudad" (la primera) que "Death Sentence". Mientras esta segunda gira en torno a la batalla sin cuartel entre la víctima y los asesinos de su imprescindible ser querido, en "La extraña...", aunque también figura ese motivador (obligado en el subgénero), el abanico se amplía. Como "Paul Kersey" en "Death Wish", Jodie Foster acribilla a maleantes anónimos que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino. De hecho, el film hace gala de una secuencia de ajusticiamiento en el metro absolutamente idéntica a otra de la peli madre y que, a su vez, se inspira en el hecho real que dio pie a la novela, su posterior adaptación a la gran pantalla y al desarrollo, crecimiento, degeneración y asentamiento de un tipo de cine generalmente muy criticado y denostado por aquellos sopla pollas que van de progres y no hacen otra cosa que mirarse al ombligo sin entender nada de nada. Ni siquiera, a estas alturas, "La extraña que hay en ti" se libró de las predecibles acusaciones de fascistoide, a pesar de que Jordan y la prota se esfuerzan en no caer en el terreno propio del "exploitation" y adornar su propuesta con más profundidad y humanidad de la que uno podría esperar ante semejante empresa (eso hizo que, por otro lado, les llovieran críticas de hipocresía, y se citaban como mucho más honestas en su planteamiento las desventuras del Bronson más macarra). Irónicamente, la peli que más prestigio se supone que tiene, o debe tener, por el caché de sus responsables, es la más radical y extrema en su planteamiento ideológico.
Por su lado, "Death Sentence", se muestra como un vibrante thriller, oscuro, tenso, violento y estupendísimo, que merecía mucha más suerte a la hora de acumular billetes verdes. Es la mejor peli de James Wan, y el amigo Bacon está soberbio en su descenso a la locura y desesperación. Sus reacciones ante los primeros actos violentos que acomete son mucho más creíbles y realistas que los de la Foster. Como decía, "Death Sentence", argumentalmente delimita la acción a unos personajes específicos, la banda que asesina al hijo de Bacon y éste, un buen padre aburguesado que, poco a poco, se va transformando en una máquina de matar nihilista y a la que no le importa otra cosa que la venganza. Digamos que arranca como "El justiciero de la ciudad" y lentamente va mutando a un "Taxi Driver", hasta el clímax final, muy deudor del de la peli de Martin Scorsese, sobre todo en su gráfica (muy gráfica) y arrebatadora ultra-violencia.
La "ideología del vigilante" queda más velada que en "La extraña que hay en ti" en el momento en el que Bacon no decide acabar con la chusma de las calles, si no que se centra única y exclusivamente en aquellos que le han agredido a él y su familia. Es, en esencia, una cinta de acción, aunque con un contundente baño dramático.
Un detalle que, extrañamente, parece haber pasado inadvertido a la mayoría de críticos y cronistas (sobre todo Españoles, cómo no), es que "Death Sentence" está basada en una novela de Brian Garfield, es decir, el autor de "Death Wish", el libro que lo empezó todo. El mismo Garfield, nada contento con la adaptación que de su novela había hecho Michael Winner exaltando la violencia y el juego de la venganza como algo "bueno", decidió escribir su propia secuela a "Death Wish" con una intención muy clara: Demostrar que el papel del justiciero no tiene nada de heroico. Naturalmente, en pleno apogeo del Bronson más carnicero, nadie quiso llevar esa segunda epopeya a la pantalla conscientes de que estaban ante un planteamiento más negativo de lo habitual en el tipo de películas que, por entonces, reinaban en la taquilla. Quizás todo eso explique por qué, a pesar de su baño de sangre y de ese Kevin Bacon transformado los últimos 25 minutos en un especie de "Punisher", en esencia "Death Sentence" no hace un retrato favorable de la imagen del vigilante. El film nos muestra que la violencia solo lleva a más violencia, y que actuando de la manera que lo hace el protagonista de la función, únicamente lograremos agrandar la herida y convertirnos en exactamente aquello contra lo que luchamos. No por nada, Garfield tuvo muy buenas palabras con respecto a la peli.
Resumiendo, que “Death Sentence” está de puta madre.