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sábado, 25 de julio de 2026

CITIZEN VIGILANTE

Vaya por delante que no tengo nada en contra de Uwe Boll. Desde luego tampoco digo que sea un gran cineasta, pero ¿¿el peor de la historia?? ni de coña. No lo pienso ahora, ni lo pensaba / proclamaba cuando era moneda común y medio fandom, cual corderito, se apuntaba al linchamiento alegremente. Todo ello convirtió al alemán, muy lógicamente, en un filmmaker enfadado y frustrado, cosa que repercutiría en las siguientes películas que hizo, donde se despachaba a gusto con el personal. Eran títulos hasta las trancas de misantropía y muchísimas ganas de tocar los cojones. Y eso es exactamente lo que volvemos a ver en esta "Citizen Vigilante". Calculada al milímetro para cabrear a aquel que se preste. ¿Y lo ha conseguido? Sin duda... claro que, tal y como anda hoy día el patio, no le ha costado mucho.
Hay un justiciero en la ciudad. Acaba con todos aquellos que han cometido alguna fechoría y se han librado del enrevesado brazo de la ley. El pueblo lo adora. La policía lo persigue. Hasta aquí bien, lo normal. ¿¿Una nueva de ciudadanos cabreados que se toman la justicia por su mano?? ¿¿pero cuántas hay de esas?? Sí, sí... eso es exactamente, solo que Uwe Boll puede meterse la medallita de haber procedido haciendo gala de cierta originalidad. Quiero decir, no se limita al rollo del tipo corriente al que le es asesinada la familia y clama venganza hasta que consigue acabar con el culpable. No. En "Citizen Vigilante" este existe desde buen arranque, y en ningún momento nos explican sus orígenes. Simplemente lo hace porque, cree él, es lo correcto. Y, además, no es un héroe. A su lado, "Paul Kersey" era el "Capitán América". El justiciero de "Citizen Vigilante" viene cargadito de materia oscura y actitudes que, hasta cierto punto, se contradicen con su supuesta cruzada. No tiene problema en matar a un inocente si lo considera necesario. Tampoco hace ascos a disparar a sus víctimas por la espalda, cobardemente. Le gusta ir de puterío, por puro placer, y llenar los bolsillos de ese lumpen que tanto detesta. Y lo mismo con la policía, poco importa que compartan objetivo, si debe reventar unos cuantos maderos, lo hará. Pero más que a estos, mafiosos y/o narcos, hay una casta a la que nuestro anti-héroe detesta por encima de todas las cosas, y señala como directa causa de todos los males de la civilización moderna: los inmigrantes (aunque, paradójicamente, él mismo lo sea ¡¿?!). Y es ahí, my friends, donde "Citizen Vigilante" se ha ganado la fama de racista, nazi y todo el catálogo habitual. Boll muestra, sin vergüenza, ni sutilidades, ni culpa, ni mojigatería alguna a los que "vienen de fuera" como los malos, los que merecen pagar y.... joder si pagan. Hollywood suele proceder igual, pero siempre de modo tamizado e incorporando como comparsa del prota a un personaje secundario / positivo de idéntica nacionalidad que el villano
. Bien, no es el caso de esta película.
Por evitar estropearles la fiesta me morderé la lengua, pero si son capaces de aguantar pacientemente lo que, así, en general, son 90 minutos bastante plomizos, cutrones, a base de esa fotografía digital desaboría, fría y fea tan propia del cine barato de hoy y repleta de chapas moralizantes por boca del protagonista (de verdad, menuda turra gasta el colega... en un momento dado incluso arremete sutilmente contra los que ven cine gratis... ¡ups!), serán testigos del clímax final más demoledor, salvaje, brutal (no en lo gráfico de la violencia.... aunque tampoco se queda manca) y "cierra-ojetes" que he visto en años. De verdad, alucinante.
Así, de esta guisa, Uwe Boll se marca una de justicieros urbanos perfecta para el momento que vivimos. Esta clase de material siempre ha sido polémico sin importar las yagas en las que metía el dedo. Durante los setenta fueron unas, en los ochenta otras y... ahora son las que son. Y el cineasta presiona a gusto, con saña. Sin embargo, las preguntas del milloncejo son unas cuantas: ¿¿nos la/lo podemos tomar en serio?? Boll, como decía, no deja de ser un provocador, y un exploiter, ¿pecamos de tontos si nos enfadamos viendo "Citizen Vigilante" y luego corremos a echar la bilis en la red?? ¿¿no le estamos siguiendo el juego?? ¿¿tiene sentido que, como justiciero que extermina violadores de menores, haya fichado a un actor cancelado por, justamente, acoso sexual y demás zarandajas turbias como es Armie Hammer (quien asegura arrepentirse de haber participado en el film... ¡chaval, no das una!)?? ¿¿nadie se ha preguntado por los actores que dan vida a "los villanos", todos de su respectiva estirpe??, ¿¿aceptaron por dinero o porque Boll les vendió la moto convenientemente?? ¿¿y qué me dicen de ese Juez de nombre Reinhold, osea, Judge Reinhold?? ¿¿un chiste?? ¿¿y no es absurdo que un supuesto misántropo se curre toda una película para denunciar la escasa protección y justicia aplicada a la sociedad... de verdad esta le importa tanto?? Detalles así dan más alas a la teoría de que el pifostio al completo no es más que un plan premeditado de Boll destinado a alterarnos los flujos, pero, en tal caso ¿¿cómo tomarse la dedicatoria final pre-créditos?? ¡¡ni idea!!.
En fin, sean ustedes los que saquen conclusiones ideológicas y morales de "Citizen Vigilante". Yo, repito, solo puedo decirles que es una cosa mediocre y aburrida... pero con unas maneras contundentes, llamativas y, sobre todo, considerando el panorama cinematográfico moderno, valientes y refrescantes. Menos es nada.
Como curiosidad, mentar la presencia de Olaf Ittenbach encargándose de los efectos de maquillaje. Suyos son los pocos pero generosos momentos gore de la peli, algunos tan exagerados que provocan la risotada.

domingo, 29 de mayo de 2011

RAMPAGE

A Uwe Boll todos le conocéis. Germano medio afincado en Hollywood que, hace unos años, se ganó la exagerada etiqueta de "Uno de los peores directores de todos los tiempos" a causa de films como "House of the dead", "Alone in the dark" o "Bloodryne". Y lo repito, la etiqueta era exagerada... ni por asomo era/es uno de los peores directores de cine de todos los tiempos. Pero ya sabéis cómo son las modas, la cabezonería de la gente, el retraso mental del fandom, la mala leche del ser humano y su cuantiosa envidia. La "broma" siguió rulando de boca en boca, e incluso Boll intentó sacar tajada de ello, aceptándolo de buen grado y participando del despipote (como ese combate de boxeo que organizó en el que peleó contra varios críticos... a los que ganó), asumiendo que era mejor ser famoso y conocido por ser "el peor", que no serlo. Pero ni tan siquiera su "buena voluntad" sirvió para que dejaran de tocarle los cojones. Así que, harto del todo, comenzó a producir films un poco más modestos que los que le habían hecho infamemente famoso, pero con dos aspectos bien distintivos, uno, al no estar basados en video-juegos ni intentar aparentar más de lo que eran, ganarían en calidad/seriedad y, dos, irían cargados de una tremebunda mala baba, ganas de provocar/chocar y, obvio es dadas las circunstancias, una cuantiosa misantropía (normal después de recibir tanto palo).
Irónicamente, estos films (entre los que se encuentran "Seed", "Tunnel Rats", "Stoic" o "Darfur") son los que buena parte del público que más ha machacado al director alemán incluso aceptan y se atreven a tildar de buenos (los hay que están convencidos de que NO los ha dirigido él).
Bien, "Rampage" (no confundir con la estupenda peli de William Friedkin) es uno de estos. La trama clama a la provocación desde el inicio, tocando un tema delicado (especialmente en USA... por algo será que su producción se reparta entre Alemania y Canada), el del chaval que, quemado con la sociedad, se arma hasta la sobaquera y la emprende a tiros contra todo el mundo que pilla por delante. La diferencia es que el prota de nuestra historia tiene, además, un plan... uno bastante bien buscado y mejor resuelto.
Naturalmente la provocación se queda a medias, porque sí, hay imágenes crudas de asesinatos (la más impactante puede que sea la de la peluquería femenina) y predecibles intentos de acabar con clichés (el poli que aparenta ser el héroe, termina muerto de un modo tirando a tonto), pero Boll no pone toda la carne en el asador... porque ¿en este pueblo, no hay niños... no hay bebés?. En su periplo criminal el prota encuentra de todo... menos infantes y mujeres preñadas, por ejemplo... no es que sea algo que disfrute viendo pero digo yo que si vas de tocagüevos, no te quedes en la puerta.
Dejando esta tonterida a un lado, la verdad es que "Rampage" no está ni tan mal. Uwe Boll la rueda usando estética de documental, con una cámara al hombro que no para de moverse. Y mola que el personaje más ridiculizado sea el del pijo guapito al que le gusta soltar interminables parrafadas anti-sistema, pero que a la hora de la verdad es el primero en ir contra ellas (peor aún, sin ser consciente) y limitar toda su acción al bla, bla. Encima, la peli no llega ni tan siquiera a la hora y diez (sin contar créditos), y eso siempre es un plus. Recomendada si no tienes nada mejor que hacer.

viernes, 3 de julio de 2009

POSTAL

"Postal" era un videojuego para PC sin ningún argumento donde, simplemente, matabas a tus conciudadanos de las formas más bestias y guarras posibles, incluso podías mearte en los muertos. Con esa premisa de cuanto más cafre mejor, se hizo un pequeño nombre entre aficionados. Ube Woll, conocido por sus horrorosas adaptaciones de videojuegos a la gran pantalla, decide hacer lo idem con "Postal" y la vuelve a cagar.
Empieza con la siguiente escena: Dos terroristas de oriente medio han secuestrado un avión y pretenden estrellarlo contra las torres gemelas. Charlan sobre lo que les han prometido por dar su vida por la lucha contra el demonio occidental. "100 vírgenes" dice uno, "Pues a mi me dijeron 99, a ver si luego solo son 65, y mira no soy avaricioso pero y si al final son 10 vírgenes???". Así que llaman a Osama, "Osama, ¿Cuantas vírgenes nos estarán esperando?" "Ninguna, hay muchos creyentes que desean dar la vida por la fe, así que no llegan para todos" Los terroristas al ver que les han engañado, deciden irse a las Bahamas, en ese momento los pasajeros derriban la puerta, el avión pierde el control y choca contra las torres gemelas. ¿Os ha hecho gracia? Escrito no la tiene, en imagenes menos aún. Y no lo digo porque sea algo políticamente incorrecto, sino porque simplemente no tiene gracia.
La vida del protagonista es una mierda. Su mujer de 300 kilos se la pega con toda la ciudad, no tiene curro ni dinero, y junto a su tío, líder de una secta, se ve envuelto en una refriega contra Osama y sus chicos. Lo mejor de la película son las chicas de la secta, que están muy buenas, y el montaje, que no está mal, pero cuando es lo único que destaca, es que estamos ante un truño. ¿Y todas esas muertes de niños, atropellos de personas y demás coñas de mal gusto, consiguen levantar la película? Ni por asomo. ¿Qué se puede salvar? Además de las mencionadas chicas de la secta, una escena donde el propio Uwe Boll y el creador del juego intercambian más que palabras, vamos, que el segundo intenta (justificadamente) acabar con la vida del director alemán por la mierda de adaptación que ha hecho de su videojuego. ¿Escena profética? Pues sí.
Se ven un par de caras conocidas, como Verne Troyer ("Mini-yo"), Erick Avari o J.K. Simmons, pero ni con esas. Cuando quedaban 25 minutos de película, me di cuenta que no había reído ni una sola vez. Decidí quitarla. Al día siguiente la terminé, no fuera que todo lo bueno lo hubieran dejado para el final, pero no. Lo que se supone es una COMEDIA burra resulta ser un TOSTÓN de cuidado.
Avisados están.

martes, 14 de agosto de 2007

HILLSIDE CANNIBALS

En una sociedad tan macro-mediatizada como la nuestra, lograr destacar un poco entre la ingente masa de cabecillas con intenciones es todo un logro, aunque para ello haya que acarrear una poco honrosa etiqueta. Por ejemplo, ahí tenemos a Uwe Boll, que con el cuento de ser considerado uno de los peores directores del cine moderno (cuestión esta muy discutible), cada vez es más y más popular. En el caso que nos ocupa tenemos a The Asylum, productora que se va granjeando un reconocimiento gracias a una particularidad, su especialidad en plagiar descaradamente, y pocos días antes de que se estrenen, supuestos éxitos de taquilla de mayor presupuesto y entidad. El juego de las comparaciones es harto divertido (a "Serpientes en el avión" le precedió "Serpientes en el tren", a "El código DaVinci", "El tesoro DaVinci", a "Transformers", "Transmorphers" y al futuro "I am a legend" de Will Smith, "I am omega" -no olvidemos que la versión anterior de la novela que adapta el film, protagonizada por Charlton Heston, se tituló "Omega Man"-). Resulta casi un juego malicioso esperar a cada gran estreno para ver qué idea chusca se saca de la manga Asylum un par de semanas antes.
Tenía mucha curiosidad de ver qué eran capaces de hacer estos individuos, así que opté por el camino más fácil, agenciarme su versión del remake de "Las colinas tienen ojos", "Hillside Cannibals", supuestamente basada en la historia real (la de Sawney Beane) que inspiró el film de Craven y, de rebote, el de Aja. Si al director francés le hubiera dado por centrarse en la rutina diaria del clan caníbal, en lugar de su lucha con la "familia normal" atrapada en el desierto, el resultado hubiese sido este "Hillside Cannibals". Poco menos de 70 minutos (!) de mamoneos entre los antropófagos, sus peleas por agenciarse comida o demás, y si tenemos en cuenta que no hablan, solo gruñen, dispondremos de un guión escueto y no demasiado difícil de rodar.
La rapidez que los cineastas se dieron en acabar el film con el fin de estrenarlo antes de "Las colinas tienen ojos" salta a la vista... un par de escenarios, pocos personajes, menos diálogos (lo que decía arriba de los gruñidos), escenas sin sentido ni necesidad alargadas al máximo y, muy chocante esto, secuencias que se cortan unos segundos más tarde de lo que deberían (es decir, un personaje se levanta y se va, y la cámara se queda filmando el fondo sin que ocurra nada, lo suficiente para que nos preguntemos "¿Y?"), lo que, a base de sumar y sumar, le añaden algunos minutos a la escasísima hora y quince que dura la peli. Un auténtico caso de saqueo desesperado que deja en pañales la jeta que gastaba el gran Bruno Mattei.
Eso si... ALGO hay que hacer para compensar tanto NADA... ese algo es gore, no excesivo, pero si cuantioso y pretendidamente ofensivo, aunque su cutrismo lo desprende de toda capacidad de molestar. Especial atención merece el jefe del clan caníbal, cuyo careto con pinta de máscara carnavalera resulta que se supone es su rostro real.
Como ejercicio de morbosidad mola... como película, es una basura sin nombre.

jueves, 25 de octubre de 2018

BLOOD FEAST 2016

"Blood Feast" fue la primera película gore tal y como las conocemos hoy. Y la primera de ese tipo realizada por Herschell Gordon Lewis. Luego haría más, pero tenderían a parapetarse en el humor. Voluntario, claro, porque de involuntario hay para dar y regalar en la filmografía del legendario cineasta. Dicho de otro modo, de haberse aplicado más talento en la realización de "Blood Feast" -y algo más de dinero-  podría haber sido una película muy dura e impactante en su gráfica violencia. Luego, con los años, llegaron los homenajes y los semi-remakes, pero todos hacían gala de ese mismo humor, de comedia, como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", "Fonda Sangrienta" o "2001 Maníacos". ¿Qué pasaría si alguien decidiera tomársela en serio? actualizar sus imágenes extremas y su historia sobre un psycho-killer demente que trocea muchachas aplicando efectos especiales de alta calidad y sin soltar chistecillos durante el proceso. ¿Y si ése alguien viniera del llamado ultra-gore alemán? Desde luego muchos pensarían que es el candidato IDEAL para modernizar el cine de H.G.Lewis con la misma cruda honestidad y finalidad, recreándose en el gore bruto de modo enfermizamente detallado por el mero placer de hacerlo, desacomplejadamente pornográfico y sin auto-censura. Si al pack añades un reparto prinicipal tan curioso como el guaperas teen de los 80 Robert Rusler (al que has podido ver en "La mujer explosiva", "Pesadilla en Elm Street 2", "Los centinelas" o "Vamp"), Caroline Williams, superviviente femenina de "Masacre en Texas 2", y la morritos calientes Sophie Monk, entonces estamos ante lo que se dice un proyecto altamente prometedor, que es lo que parecía este remake oficial -y gélidamente serio- del clásico de Gordon Lewis.
Y es que, encima, resulta que la peli se reserva algunas buenas ideas, leves variaciones
bastante ingeniosas con respecto al film de 1963, como aquella según la cual la devoción hacia la diosa Ishtar del protagonista viene motivada por probables alucinaciones consecuencia de abandonar cierta medicación. Vamos, que el cuento de sacrificar inocentes con saña en nombre de la deidad sumeriana es una empanada que el tipo tiene en su cabeza. Todo ello rodado con profesionalidad, de manera sobria, unas dosis de drama para incrementar el tono serio de la movida y efectos especiales del también realizador Ryan Nicholson. Hasta ahí bien, el problema viene cuando tras mucho bla, bla asistimos al primer crimen... en el que se supone veremos una castración y.... ¿qué?, ¡¿fuera de cámara?!, ¿sin mostrarme hasta el mínimo crudo detalle de la misma?!. Espera, algo no funciona. ¿Estaré viendo una versión censurada?. Tras informarme descubro que esa es la íntegra y que, sí, por muy sorprendente que sea, el "Blood Feast" de 2016 va extremedamente escaso en lo referente a truculencia. No lo digo de broma, una puesta al día del clásico del cine gore.... al que le falta este último elemento. De hecho, encontraremos más gore en productos tan estandarizados como "Hostel" o alguna de las secuelas de "Saw". Así se lo digo. ¿Qué sentido tiene? Y más viniendo de Marcel Walz, un realizador independiente germano que, en mayor o menor medida, hasta ahora se había especializado en ese cine -grabado vídeo mediante- generoso en cuanto a horror y hemoglobina. De entre todas sus obras previas destaca "Seed 2", la secuela de una de las ultra-violentas películas que Uwe Boll rodó desde el resentimiento por toda la caña que le estaban dando. Vale, puede que Walz no sea Andreas Schnaas o alguno de esos pirados, pero con él implicado en la producción de "Blood Feast 2016", algo más de chicha podrías esperar. Sin embargo, da la sensación de que el tipo, consciente de que esta peli disponía de una envergadura levemente superior a lo habitual en su filmografía (ni que fuese por tratarse del remake de un film popular y por la intervención de algunos actores de cierto curriculum), decidió que fuese su trampolín al mainstream, apostando por una "dirección de actores" más currada (parece que algunos de ellos crean estar en una candidata a los Oscars), más drama y una rebaja notable del elemento violencia para hacer el resultado final mucho más "aceptable". Y ojo, que me parece muy respetable... pero coño, ¡¡no lo hagas con un remake del "Blood Feast" de Herschell Gordon Lewis!!, porque todo eso es justamente lo que menos necesita.
Total, que el film termina resultando extremadamente aburrido. Pesado. Desaborío. Y las pocas escenas sangrientas no aportan nada llamativo, novedoso o espectacular. Una auténtica decepción o, peor, una oportunidad salvajemente desaprovechada.
Como era de esperar, va incluido papelillo para The Godfather of Gore himself (al que apenas le quedaban ya dos telediarios).

lunes, 4 de mayo de 2015

REALIDAD MORTAL

De la etapa  videoclubera de principios de la década pasada – lo que yo llamo “Segunda era doradadel vídeo club”- data esta película, más concretamente de 2002, que yo creo que es, con mucho, una de las peores películas que he visto jamás. Va en serio, de aquellas que no logras sacar absolutamente nada positivo, tan insípida que abruma, sosa como una lechuga sin aliñar, aburrida como una mala cosa…
Una peli de terror sin terror, un “Slasher” (pseudo-Slasher más bien) sin gota de sangre, una tontada como un castillo
Y es que a principios de 2000, los “Reality Shows”  y más en concreto “El gran hermano” se pusieron de moda en todo el mundo, lo que propició que en el cine se explotara esta vertiente; en la gran pantalla con cosas como “My Little eye” por poner un ejemplo que recuerde, “Más de mil cámaras velan por su seguridad” sería el representante español, las series de televisión aportaron su granito con “Dead Set” y montones de subproductos de videoclub se adscribirían a este sub-género (que, prácticamente, hermana con el “Found Footage”), fallido, pero que, al igual que los “Realitys” siguen en activo y en forma: En televisión “Gran hermano” es lo que tiene más audiencia y en la televisión por cable y el VOD,  obtienen buenos beneficios películas que explotan el filón que ofrecen esos programas, como las recientes “Jersey Shore Masacre”, “Jersey Shore Shark Attack” o la saga de “Psicosis en mis superdulces 16” que cuenta hasta con un nutrido fandom en U.S.A. Y en común tienen, todas ellas, que son malas como la peste. Pero este “Realidad Mortal” se lleva, sin duda alguna,  la palma.
Tomando como referente el programa “Gran Hermano”, cuenta como un grupo de chicos y chicas entran en un concurso en el que tendrán que convivir durante tres meses en una casa, mientras un equipo de televisión filma todos sus actos. De repente un señor al que casi no vemos, dará buena cuenta de ellos, mientras que los supervivientes, presos de la histeria, acabarán matándose unos a otros inducidos por las falsas sospechas.
Huelga decir, que hasta el minuto 45 no muere ni uno, y hasta que eso ocurre tenemos que ver intrascendentes escenas entre unos protagonistas que no nos interesan ni un comino. Pero, curiosamente, cuando llegan los asesinatos, la película se vuelve más previsible, más aburrida y nos interesa aún menos. Máxime cuando está tan mal rodada que no sabemos nunca quien es el asesino, ni que está pasando. Para colmo de males, y como  ya he dicho antes, no tiene ni una gota de sangre… entonces ¿Dónde está el interés en una película en la que lo único que nos puede llamar la atención, es ver como masacran a una serie de jóvenes y el gore? Obviamente, una vez explotado el filón que les reporte unos dólares a los productores (en este caso “Gran Hermano”) la película es lo de menos. Y en este caso, eso queda más que patente.
Bien, pues ahora viene lo único que a nivel friko puede interesarnos de esta mierda, que es su director: El Canadiense Rafal Zielinski, que para esta ocasión firma el truño como Rafael Zielinski.  ¿Qué que ha hecho este caballero? Pues se trata del director de, nada menos que “Los Rompecocos”,  y sus secuelas “4 Chalados a tope” y “El Hotel de los líos” y “Loca academia de reclutas”, Carrera en la comedia, muy apreciada, no obstante por los integrantes de este blog. Sin embargo, sus incursiones en el terror, ya entrados los 2000, son poco menos que infames e insoportables. Como ejemplo, este “Realidad Mortal”.
En el reparto, jóvenes y jóvenas de buen ver (y mejol tocaaaaal) con dos o tres titulitos de mierda en sus filmografías y el rapero Sticky Fingaz, el peor componente de uno de los peores grupos de rap de la “New School” como son “Onyx” y que si de rapero no vale nada, como actor parece que siempre esté interpretando a un retrasado mental, cuando no, pensamos directamente que es un actor disminuido. Lástima que al verle el careto, yo se que se trata de un mal rapero. Aún así, hemos visto pasear su careto negro y sus ojos vizcos en películas como “Clockers” de Spike Lee, “Viernes otra vez”, “Leprechaun 6: el regreso”, “House of the Dead 2” secuela de la de Uwe Boll, o “Nite Tales: The movie”. Esas serían las que yo pudiera conocer o haya visto, pero tiene más, lo que no deja de ser una carrera, cuando menos, interesante, para tratarse de un manazas de semejante calibre. Como para investigarlo, vaya….
En definitiva. Una mierda como un universo de grande.

lunes, 12 de febrero de 2024

DOOM HOUSE

Cuando estuve en San Francisco el año pasado, y me pasé la mañana hurgando entre las estanterías de Amoeba Records, además de un par de discos de rap, lógicamente, también me compre una serie de películas a buen precio en DVD. Todo lo que me llamaba la atención por raro o extravagante se vino conmigo para España. Por supuesto, el siguiente producto, por lo que sea, me llamó la atención. Se trataba de un recopilatorio de cortos en DVD cuya caratula lucía caligrafía asiática. Obviamente lo de las letras chinas (o lo que coño fuera) se trataba de una "trolleada", porque en la parte posterior del estuche venía el texto en inglés y por las fotografías se veía claramente que los actores eran norteamericanos de dedos morcillosos y grasientas camisetas de propaganda.
Una vez en mi hogar, el DVD en cuestión se quedó descansando en mis estanterías hasta que esta semana me dio por verlo.
Se trata de un disco donde se recolectan todos los cortos de Richard Kyanka alias “Lowtax”, en concreto, el que capitaneaba el recopilatorio es el híper popular “Doom House”.
Richard Kyanka no fue en absoluto un cineasta (ni tan siquiera era un cinéfilo); era un individuo de ideología un tanto ambigua que creó una popular web de entretenimiento en Internet a finales de los 90, “Something Awful”, que generó una cantidad obscena de suscriptores —además de pago— y sería pionera en ese tipo de comunidades de haters y vírgenes resentidos tipo “4cham” con la que, además, tenía cierta vinculación. Kyanka forma parte de esa serie de gentucilla que, sin una conexión a Internet, solo serían pasto de las ratas. Para que me entiendan, el tipo de entretenimiento que generaba estaba destinado a un público potencialmente Incel. Y le fue bastante bien con eso.  Además, fue uno de tantos “showmans” en el mundo que se subió a un ring a boxear con Uwe Boll. Fue noqueado por el alemán en apenas un par de segundos.
Como fuere, cuando me dispuse a ver qué demonios contenía el DVD que tenía entre mis manos, no sabía nada de este individuo.
Me siento a ver “Doom House” y me encuentro con un cortometraje eminentemente amateur muy acorde a los tiempos que corrían, la era pre-digital, con las Mini-DV copando el mercado, unos traqueteos de cámara a priori fascinantes y una no-técnica que, en principio, me estaba agradando bastante. También el chaval que aparecía ante la cámara (el propio Kyanka) parecía no tomarse muy en serio nada de lo que ahí ocurría ofreciendo sobreactuaciones desmedidamente exageradas y, en definitiva, en cierto sentido me recordaba bastante a lo que en un momento dado podía hacer yo con mi vídeocamara justo en aquella época. Pero pronto veo que la actitud con la que afronta su material no es la misma, y me encuentro con algo que ya me hizo chirriar, errores de raccord introducidos de manera intencionada. La primera vez te hace dudar. En la siguiente, vemos como cambia de posición una gorra  para hacer hincapié en esa "mala continuidad" y que sirva a su vez de gag cómico. Aparece otro personaje y ya de repente la cosa se torna una competición por ver cual de los dos es más subnormal, además de advertir cierta mala baba en sus intenciones.
La cosa va de un individuo que, tras morir su mujer, decide comprarse una casa enorme. Allí hay una especie de figurita maldita, que hace que se generen poltergeist a su alrededor. Un policía le ayudará a esclarecer el misterio.
Tras quitar el corto me vi el resto, compuesto la mayoría de ellos por versiones de animación flash de este primero, y comprendí que, efectivamente, no estaba ante la obra de un aficionado al cine que le gustaba esputar en vídeo sus propias creaciones, sino ante el enésimo director amateur de la era MySpace (¿Recuerdan Exclusively Yours?) que rueda cortos solamente como contenido que agregar a su página web. Pero además, este “Doom House” parecía ser más o menos una befa hacia las producciones amateur efectuadas por auténticos aficionados. En definitiva: una gracieta, un chascarrillo, una chorrada para la página web, una cosa del momento que se queda ahí. Un motivo más para odiar a todos estos vírgenes.
Sin embargo, Kyanka tenía una gran comunidad de fans que consumía cualquier chorrada que se subiera a “Something Awful”, por lo que el corto tuvo un éxito tremendo entre ratillas de sótano que todavía lo veneran a día de hoy y, en consecuencia, rodó más cortos, todos variaciones de este primero. Y le dio bombo a la tontería hasta que esta dejó de funcionar, el corto amateur de MySpace pasó de moda y a otra cosa mariposa. “Doom House” era carroña para un tipo de público carroñero y tan despreciable como el autor del corto mismo, la máxima carroña. Esta gente hace parecer a individuos como Coolduder y compañía experimentados cineastas y consumados folladores.
Al margen de todo esto, Richard Kyanka era el prototipo del Incel. Su vida alrededor de la red se complicó sobremanera. Ganó miles de dólares con su cotizada empresa gracias a las suscripciones de sus adeptos, que fueron los mismos que se lo comieron cuando comenzó a circular por esas redes de nicho que le curtía el lomo a su mujer con asiduidad. Esto generó todo tipo de controversia y, ante la presión, Kyanka vendió “Somethin Awful” a otra compañía, YOSPOS, que en cuanto la tuvo en su poder, decidió banearle para que no pudiera entrar ni tan siquiera visitar los foros.
Entre unas cosas y otras, en 2021 Richard Kyanka se suicidó, y volvió a estar de actualidad. En consecuencia, se reactivó de nuevo la demanda de “Doom House”, con cientos de comentarios en Youtube en los que los fans recuerdan al tipo con excesivo cariño y hacen hincapié en lo muy felices que les hizo este cortometraje. Ahora ya daba igual que fuera un maltratador, era un muerto al que honrar en las redes sociales, que es una de las tendencias más repugnantes que a día de hoy ha dado Internet. Y es que así funciona esto.
Como fuere, el corto es eso, una chorrada hecha por y para garrulos, sin ningún valor “trash”—y no digamos ya cinematográfico— de sabor efímero  y concebido en un momento muy concreto de la historia, la década de los dosmiles, y que con la misma fuerza que pudiera irrumpir, se esfumó, porque al final, estas no dejan de ser producciones que tienen más que ver con Internet que con el cine y, en resumidas cuentas, no interesan a nadie.
Aunque, al menos, han servido para la reseña de hoy.

lunes, 4 de abril de 2022

CINEMA PERVERSO

Enésima reivindicación del fenómeno “grindhouse”, esta vez proveniente de Alemania, en este estupendo —y cortito— documental que, más que de un tipo de subgénero, vendría a hablarnos de los cines donde era habitual que se proyectaran en Alemania las películas exploitation. Al igual que en España serían los cines de barrio y los de sesión continua los lugares donde el espectador podía ver por pocos duros películas exploit, serie Z, cine de Kung Fu o películas “S” —aunque hay que tener en cuenta que en nuestro país muchas de estas películas se estrenaban en cines de estreno con todos los honores—, en Alemania los complejos cinematográficos en los que se solía exhibir toda esta morralla eran los llamados “cines de estación”. Se ve que en los años 50, con la proliferación del comercio en las estaciones de tren, dentro de muchas de ellas se habilitaron salas de sesión continua que servían, más que para que el público disfrutara de las películas, para que los viajeros que llegaban a la estación con tiempo o los que su tren sufría un retraso, tuvieran un lugar en el que esperar entretenidos. Durante el declive de lo que fueron en general los cines de estación, estos se convirtieron progresivamente en lupanares de vicio que proyectaban cine porno y alojaban a toda suerte de chaperos, pajilleros y prostitutas. Es por eso que junto a la pantalla solían colgar relojes grandes y luminosos para que a sus clientes no se les pasara la hora de tomar el tren.
La programación sería la típica de un cine de barrio.
“Cinema Perverso”, con la eterna estructura del cabezote parlante, reúne a un buen número de reputadas (o no) personalidades del cine fantástico alemán como puedan ser Uwe Boll, Christian Anders, Jörg Buttgereit o René Weller que recordarán el tipo de películas que se proyectaban en esos lugares o su experiencia con alguna de aquellas películas, en el caso de haber participado.
La verdad es que el documental no propone nada nuevo más allá de lo que nos han contado otros documentales americanos, sin embargo la baza fuerte la tiene a la hora de hablarnos del producto autóctono. De esa manera “Cinema Perverso” le pasa factura a subgéneros alemanes que en la mayoría de los casos son desconocidos para el público estándar, como la popular comedia sexy bávara o una especie de subgénero parejo a nuestra clasificación “S” que serían las “report movies”, poco más que documentales sensacionalistas que con la excusa de educar al personal se nos muestra todo el folleteo posible al estilo de los “higiene films”, y que contaba con una zona concreta como era el barrio de St. Pauli en Hamburgo (sí, el barrio donde “El monstruo de St. Pauli” cometía sus fechorías…) para situar las escenas morbosas que querían enseñarnos los directores, ya que se trata de un barrio popular por la inmundicia, los marineros y las chicas fáciles que albergan sus calles. También descubrimos los “stereostrips” que vendrían siendo el equivalente al nudie americano, pero más soso aún si cabe y que, proveniente de Suiza o Finlandia, fue plagiado por nuestros amigos alemanes sin ningún tipo de escrúpulo porque, al fin y al cabo, era un producto que resultaba altamente rentable. También nos hablan de géneros alemanes de corte popular o, más curioso todavía, nos explican que muchas películas americanas eran demasiado cortas para los circuitos de exhibición alemanes, así que, con el fin de llegar a un mínimo de metraje estipulado, las distribuidoras rodaban material de relleno que luego insertaban de manera tosca y chabacana sobre el negativo original, por lo que se alteraba la obra considerablemente. No hay nada que me parezca más estafa que eso, una película americana que, sin la productora saberlo siquiera, lleva minutos extra de metraje alemán dirigido por váyanse ustedes a saber quién.
En definitiva se trata de un documental ameno, dinámico, curioso y entretenido con el que a estas alturas no vamos a aprender ya mucho más, pero que al menos nos descubre una serie de títulos y estilos alemanes que hay que tener presentes porque, al fin y al cabo, se trata de la cinematografía folclórica de un país que, aunque cercano, en muchos aspectos sigue siendo un gran desconocido.
Dirige la cosa Oliver Schwehm, documentalista para televisión que, además de este, ha dedicado documentales a figuras internacionales del fantástico como pueda ser Christopher Lee, pero también, a figuras del más rutilante eurodance como el dedicado a la estafa que supuso al mundo los Milli “don’t forget my number” Manilli.
Recomendable para echar un ratillo agradable.