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sábado, 19 de abril de 2008

TRUHANES

Una de las grandes obras maestras de la comedia española contemporánea, debut como director de Miguel Hermoso y, probablemente, una de las mejores películas, independientemente del género, de la historia del cine español.
"Truhanes" cuenta la historia de dos hombres, Ginés (Paco Rabal) y Gonzalo (Arturo Fernández), que, por avatares del destino, se encuentran entre las paredes de la prisión de Carabanchel. Gonzalo es un criminal de guante blanco que se dedica a la compraventa de antigüedades –robadas- y ha sido traicionado por sus socios, mientras que Ginés, Natural de Bullas, provincia de Murcia, es un carterista de tres al cuarto que ha dado con sus huesos en la cárcel en más de una ocasión. El caso es que estando ambos allí, deciden llegar a un trato; Ginés cuidará de Gonzalo durante su estancia en la cárcel, ya que al primero por experiencia y veteranía se le respeta, mientras que el segundo es carne de cañón en presidio. A cambio, una vez fuera, Gonzalo ayudará a Ginés a reemprender su vida.
Cuando Ginés sale de la cárcel y da con el paradero de su compañero Gonzalo, las más disparatadas situaciones cómicas, pero también dramáticas, se sucederán a lo largo del metraje.
El gen de esta película se remonta a 1974, año este en el que tras finalizar sus estudios en la escuela de cine, el director Miguel Hermoso, es condenado a prisión al ser detenido cuando filmaba una manifestación. Se le acusaba de propaganda ilegal. Al morir Franco, hubo una amnistía por lo que los presos condenados en esos cargos saldrían en libertad, pero al director le dio tiempo a pasar allí un mes y medio (de los ocho previstos). La sensación nada más entrar, la soledad del primer día –y que tan bien reflejada se ve en la película con la llegada a prisión del personaje de Arturo Fernández durante los títulos de crédito-, fueron los sentimientos que, años después, motivaron el rodaje de esta película.
Hermoso estuvo trabajando en publicidad durante una década que le sirvió de auténtica escuela a la hora de abordar un rodaje, en contraposición a la escuela de cine. Así que, tras tener los huevos pelados de rodar spots, decidió que ya era hora de ejecutar su primer largometraje, este “Truhanes”.
Eran tiempos en los que para rodar una película bastaba con que la idea gustara a un productor que decidiera financiarla. Hermoso movió su guion por las diferentes productoras. Pero la cosa no acababa de cuajar. Se llegó a decir incluso que un argumento como ese no funcionaría en taquilla a no ser que lo protagonizaran Pajares y Esteso, amos de la taquilla en aquellos días. Sin embargo, Miguel Hermoso tenía claro quiénes serían sus protagonistas; Paco Rabal y Arturo Fernández.
Como fuere, y ante las dificultades presentadas por los diferentes productores/inversores, Hermoso decidió producir él mismo su película, por lo que se vio obligado a invertir en ella todos sus ahorros y a empeñar sus bienes, hogar incluido y,  así, afrontar los riesgos que una producción conlleva. Claro, en la época no era tan difícil como lo pueda ser hoy exhibir después la película producida, máxime cuando se cuenta con dos estrellas en el reparto.
Por otro lado, tampoco fue fácil lidiar con el ego de sus actores protagonistas que no eran conscientes de que iban a enfrentarse a papeles imprescindibles en sus respectivas filmografías. Es por ello que tanto Paco Rabal, como su hermano Damián, a su vez su representante, mostraban cierta reticencia  ante el papel de Ginés ya que este requería que Rabal no luciera el peluquín que acostumbraba a ponerse normalmente, y es que  aunque el actor ya era un hombre maduro, todavía tenía arraigado el concepto de galán clásico en sus entrañas; Rabal. Aparecer calvo en la película, pensaba él, acabaría con esa posición. Finalmente, y muy acertadamente,  accedió.
Por su parte, Arturo Fernández – más galán todavía-  se encontró, por un lado, con que la imagen de hombre guapo y casi aristocrático que daba en el teatro podía verse afectada en una película en la que no solo tenía que aparecer en muchas de sus secuencias desaseado y mal vestido, sino que en algunas de ellas, cual mamarracho, debía aparecer con un traje varias tallas más pequeñas, y no es que sean manías de típico actor presumido, es que Arturo Fernández vivía de interpretar al galán de toda la vida. El público no quería verle en otro rol, por lo que tenía mucho que perder y nada que ganar en el caso de que la película resultara un fiasco. Pero ese no era el mayor inconveniente, el mayor problema era compartir protagonismo con Paco Rabal, al que Fernández consideraba un maestro. No puede ser que haya dos gallos en el mismo gallinero. Fernández pensaba que, a pesar de contar con mayor número de escenas que su partenaire, el papel que se iba a calar en el público era el de Paco Rabal quien se llevaba las mejores escenas en un guion y, por tanto, acabaría eclipsándole. El propio Miguel Hermoso fue a verle al teatro donde trabajara durante le pre producción y le convenció para hacer la película alegando que, efectivamente, Rabal era el motor, uno que de ninguna manera arrancaría sin la gasolina de Arturo Fernández. Y ambos actores están memorables en la película, si bien es cierto que mientras los premios y honores se los llevaba Paco Rabal, hay quien decidió premiar a Arturo Fernández por su labor, cosa que el actor agradeció y no se esperaba. A título personal, decir al respecto que abogamos desde estas ciber páginas por la actuación de Fernández por encima de la de Rabal. Los dos están muy bien, pero el primero está de antología.
Claro que el nivel actoral de la película es muy grande a todos los niveles, y si memorables están Rabal y Fernández, no menos los secundarios, sobretodo en la primera parte, que transcurre en prisión, con las presencias del eterno Emilio Fornet, Fernando Bilbao o sobretodo, Rafael Díaz, visto en películas como “¡Ay, Carmela”, secundario invisible del cine español que compone el personaje de “El Lupas”, un entrañable intelectual del lumpen, que roba escenas a cada momento que puede.
Todos estos secundarios brillan con luz propia en todas las escenas en las que sus personajes se reúnen en la celda de uno u otro y tienen conversaciones totalmente improvisadas que dotan de frescura, química y saber hacer el material.
Por otro lado, y directamente del cine folclórico y sugerida para el papel por el propio Paco Rabal, Lola Flores interpreta a la hermana de Ginés, que en un momento, y debido a una fuga, da cobijo en su hogar a nuestros protagonistas. Flores, que nunca había tenido la oportunidad de actuar más allá de ser el icono que era, en una película para su propio lucimiento, demuestra que todo el poderío que tenía como folclórica, lo tenía también como actriz ajena a todo eso, dando unos resultados, en sus escasos minutos en pantalla, del todo eficaces y a la altura de sus protagonistas.
La película se estrenó en el festival de San Sebastián, cosechando un gran éxito. Por aquel entonces el evento no tenía películas a competición, así que "Truhanes" tan solo recibió el premio que le otorgó el público a Paco Rabal en calidad de actor, pero fue un pistoletazo de salida que, aunque de discreto paso por salas congregando unos 350.000 espectadores, sí hizo ganar mucho dinero a su productor/director con la venta a, prácticamente, todas las televisiones del país que la emiten con mucha regularidad, y a otras tantas Europeas, convirtiéndose así en un film muy popular con el paso de los años.
Y es que “Truhanes” sería una rara avis de los ochenta, que vino a las pantallas en tiempos en que en el cine español lo que primaba era una comedia de corte erótico y sexual, ya viniera este desde el desmadrado objetivo de Mariano Ozores, o desde el de los miembros adscritos a la  nueva comedia madrileña capitaneada por Colomo o Trueba. “Truhanes”, que también tendría sus dosis de destape, sin embargo, era un tipo de película extraña y distinta que no se adscribía a ninguna de las dos corrientes imperantes. A eso añádanle que, sí, se trata de una comedia, pero con pinceladitas dramáticas y que mezcla subgéneros teniendo gotitas de cine policiaco, obviamente del cine presidiario y, considerando en cuenta los personajes secundarios que pululan por la cárcel, muy extraño es que no aparezca en esos listados de cine quinqui elaborados por fans del subgénero empeñados en incluir cualquier película en la que aparezca un delincuente. El resultado final de este cóctel de conceptos es verdaderamente divertido y,  por muchos años que pasen, la película nunca se queda desfasada u obsoleta, asimismo, posiblemente sea una de las comedias españolas menos disparatadas que, sin embargo, mayor número de carcajadas provoca al espectador, y que deja ese regustillo tan agradable en el subconsciente colectivo.
Por otro lado, técnicamente esta bien rodada, mejor montada y de corte clásico, un ejemplo de ritmo del mismo modo que muestra, también de forma maestra, como hilar tramas y subtramas y que todas acaben desembocando en el mismo lugar. Un trabajo bien hecho.
Miguel Hermoso, que sería un solvente director a lo largo de su carrera con buenos films a sus espaldas como “Como un relámpago” o “La Luz Prodigiosa” y films directamente malos como el fallido biopic sobre la anteriormente mentada Lola Flores “Lola, La película”, jamás volvería a rodar nada semejante.
El prestigio, a posteriori, generó que diez años después se produjera una serie de 26 episodios basada en la película y en la que repetirían los personajes principales, Ginés y Gonzalo, nuevamente interpretados por Paco Rabal y Arturo Fernández, en una suerte de sitcom a la española, un vodevil televisivo que no casaba nada con los personajes y dirigiría el propio Miguel Hermoso. Sin ser algo que no pueda disfrutarse en una tarde tonta, comparada con la película resulta infinitamente inferior.

lunes, 15 de octubre de 2012

LAS JUERGAS DEL SEÑORITO

Los hermanos Balcázar, son conocidos por producir películas eróticas y sórdidas de baja estofa, y por ser los dueños de los estudios Balcázar, donde se rodaron infinidad de películas allá en la Barcelona de los 60, 70 y 80. De hecho en estos tiempos reivindicativos, son conocidos por ser los productores de esa maravillosa trufa que lleva por título “Los Violadores”.
Pero claro, como hombres de cine, cada uno tenía sus inquietudes, y el que nos ocupa, Alfonso Balcázar, además de lucrarse a base de producir morbo, también dirigía, sobretodo Spagetti Westerns tan en boga en el cine popular de aquellos años. Y por supuesto, la comedia era un género rentable.
En 1969, el revienta taquillas Ramón Fernández, rodó una película títulada “El Señorito”, que funcionó a la perfección en taquilla, en la que un galán tenía que lidiar con un montón de bellas señoritas. Un par de años después, teniendo en cuenta los Balcázar el tirón de Arturo Fernández, y más concretamente de esta película, decidieron contratar al galán y confeccionar una película para que este se luciera, y para asegurarse el éxito de esta, decidieron hacerla pasar por una secuela bastarda, titulando a la película “Las juergas del señorito”, con la particularidad de que esta no tiene absolutamente nada que ver con la de Ramón Fernández. De hecho, ni siquiera aparece en la película el mentado “señorito”, ya que estamos ante una película de sketchs, en los que efectivamente Arturo Fernández se luce, ni siquiera sale de plano en ningún momento, pero que, interpretando a un personaje distinto en cada sketch, resulta una estafa para aquellos que decidieron ir al cine a ver las correrías de “El señorito”. Por otro lado, las prometedoras “Juergas” a las que se hacen alusión en el título, no hacen acto de presencia en toda la película. En definitiva, un timo de los gordos, que sería la máxima de los Balcázar en el cine que les hizo populares.
En cuanto a la película, pues eso, doce sckechts de duración variable y vodevilescos, en los que Arturo Fernández hace su rol de galán en unos, de perdedor en otros, y que funciona, supongo que en medida de lo bien o mal que nos llevemos con el. A mi me gusta mucho, pero la película solo me resulta divertida en algunos momentos. En la mayoría flojea por todas partes y los skechts son de puro tonto, incluso infantiles a pesar del tono picante de la mayoría. Eso si, y en contra de lo que se promete, ni una sola teta aparece en pantalla.
Junto a Arturo Fernández, aparecen en la película en varios papeles Teresa Gimpera, Rafaél Alonso, Fernando Sancho (que interpreta a un detective en un skecht con un ligero y casual parecido a mi corto “Mi mujer me pone los cuernos... o no”) o Monica Randall.
Para la ocasión, y como en otras muchas ocasiones, Alfonso Balcázar firma la película con seúdonimo, esta vez como I. Bagran.

miércoles, 22 de febrero de 2012

DESDE QUE AMANECE, APETECE

La película española que más veces he visto de las rodadas en el periodo de tiempo comprendido entre 2000 y 2012, es esta. Le tengo un especial cariño. Cine español, popular y sin pretensiones, y una rara avis dentro del panorama actual de comedia. Una facturada a la vieja usanza, como se hacían las comedias en los años setenta y ochenta, y prescindiendo en su reparto de niños de papá que se creen -y hacen creer al estúpido público- que son , además de unos grandes actores, unos grandes cómicos. Y cito en concreto a Alberto San Juan y Ernesto Alterio.
En "Desde que amanece, apetece", sin embargo, sí hay grandes actores y grandes cómicos. No ya por Gabino Diego, sobrevalorado a más no poder en ambas funciones desempeñadas, si no por, y en concreto, Arturo Fernández, interpretando a Arturo Fernández, en una película donde hace lo que le sale de los mismísimos cojones. Porque puede, porque es Arturo Fernández.
Sin ánimo de ser un homenaje a aquel cine, al menos veladamente, cuenta la manida y desfasada historia de un paleto de pueblo que va a una gran ciudad a prosperar. Allí se reúne con su tío, quien le ayudará en tan ardua tarea, pensando el paleto que se trata de un gran empresario, pero no; se trata de un chulo de tres al cuarto que representa a un grupo de “Boys” más de tres al cuarto todavía. Se complican las cosas, y este acaba creando una agencia de gigolós, en la que el paleto, con sus gritos guturales de pastor de vacas, logra seducir a un inmenso número de señoras y señoritas, haciendo de oro a su tío y proporcionando un sin fin de situaciones delirantes.
En definitiva, una comedia de destape realizada en la tan cercana pasada década. Y lo más curioso es que yo creo que ni los propios artífices de la cinta eran conscientes de que lo estaban haciendo…
El director, Antonio del Real, está especializado en comedia. Siempre se adaptó a su tiempo, del tipo que tanto gusta al treintañero intelectual, con las tan noventeras como horrorosas "Los hombres siempre mienten" o "Cha-Cha-Cha" Aunque venía de hacer cosas con más entidad como "Café Coca y Puro", "Buscando a Perico" y, sobretodo "Y del seguro... ¡líbranos señor! películas post Almodóvar, y en parte consecuencia de este, en las que los chistes de drogas son el telón de fondo. En ese sentido, resultó rompedor.
Sin embargo, a medida que va avanzando su carrera, su cine se vuelve más cazurro ("Trileros" es una buena muestra de ello) o directamente soez (la que nos ocupa). Y yo me pregunto… ¿Es esto un acto terrorista, una protesta, una reivindicación, o es que le sale este tipo de comedia de forma natural? En cualquiera de los casos, yo me alegro de que así sea. De hecho, nadie más ha tenido cojones para hacer una comedia a la vieja usanza, y… fracasar en el intento. "Desde que amanece, apetece" no la vio en el cine nadie más que yo, su fan número uno. Y no le echemos la culpa a la poca publicidad que pudo tener; echémosela al HORRIPILANTE póster, y al DOLOROSO título.
Así, lo que da gusto es ver a Arturo Fernández interpretando, ya con una edad avanzada, a un tal Lorenzo “El pollas”. Más que nada, porque este hombre no se deja dirigir, o eso parece, ya que su actuación entera es un muestrario de improvisaciones aderezadas con chascarrillos suyos, muy bien soltados.
Las pocas críticas que recibió la película fueron criminales. Leí por ahí lo siguiente: “El argumento es infumable, y el elenco de actores no hacen sino lastrar más un proyecto que debería haber muerto antes de nacer”. Bien, pues yo rompo una lanza a favor de "Desde que amanece, apetece", y digo que los actores están todos muy bien (excepto Gabino Diego), el argumento está gracioso y es una pena que no se hagan hoy en día más películas así. No entiendo ese odio hacia el tipo de cine más nuestro, más divertido, honesto y popular. Como si entretener al espectador más sencillo fuera pecado.
En cuanto a destetes, tenemos por ahí a Kira Miró, posiblemente la peor actriz, no ya de España, si no del mundo, que, sin embargo, cuando muestra su pubis en el que vemos claramente unas ingles brasileñas, y sus repugnantes tetas operadas, al menos a mí, para hacerme una pajilla, me sirvió.
Y es que hasta en el enseñar carne de manera gratuita es genuina "Desde que amanece, apetece".
Para los que añoran un cine más cazurro.

miércoles, 27 de marzo de 2013

LA CHICA DE LA PISCINA

Basada en la novela de Santiago Moncada, a su vez, guionista de la película, “La chica de la  piscina” vehículo de lucimiento para el gran Arturo Fernández en su momento de mayor esplendor, triunfando en el teatro y triunfando en el cine, nace con el objetivo de ver si la fama del actor en España, podía ser igual de grande en latino américa. Para ello, la productora mexicana Televisa, se pone en contacto con Izaro films, para ver si con el capital de ambos se podía hacer un éxito en los dos países. Para ello se contrató a todo un fabricante de éxitos, Ramón Fernández, que dirigiría una película que en México pasaría a llamarse “Desnúdate Marcela”. Pues no cuajó, ni en un lugar ni en otro. Y es que, a parte de tratarse de una película extremadamente floja, Arturo Fernández venía de hacer la excepcional “Truhanes” y el listón estaba muy alto. Esta película escatima hasta en el agua de la piscina.
La trama es sencilla a la par que nada interesante. Un famoso actor de telenovelas (y productor musical), latin lover follador, comienza a tener sus primeros gatillazos, así que tras  muchos intentos por recuperar su virilidad,  tres amigas suyas, contratan a una muchacha muy  sexy que le hará recuperar la virilidad. Con lo que no contaban, es que, naturalmente, este caballero acabará enamorándose de la contratada.
Y no hay más, cómo lo cuento es como es. Y un final de sopetón, que es de agárrate y no te menees.
Lo curioso es comprobar in situ, como un director de comedia siempre eficaz como Tito Fernández, comienza a flojear a mediados de los ochenta, perdiendo la frescura en sus películas, máxime, cuando, me figuro, los Mexicanos no paran de imponer sus peticiones. De hecho la película tiene un segundo protagonista, que es el tema “Toda la vida” de un tal “Franco”, que no para de sonar durante toda la película como tema principal, ya que la película también serviría para lanzar en España la música del artista. De hecho, sonó. Yo me acuerdo perfectamente de la canción.
La película es tremendamente aburrida, tópica y carente de originalidad, no ofreciendo nada interesante, ni aportando gags minimamente graciosos.
Lo único que podíamos destacar, es el poder ver a Arturo Fernández cual Alfonso Zayas, desenvolviéndose como puede, y sin saber muy bien como, en un sub-género como es el cine de ficheras mexicano. Por lo demás, del todo olvidable.
Les dejo también el póster mexicano.


lunes, 7 de noviembre de 2022

EL DÍA QUE NACÍ YO

Como es natural y lógico, con la millonada de espectadores que fueron a ver la primera película de La Pantoja era una necedad no darle continuidad a ese filón, y Ana Belén y Víctor Manuel, al igual que con “Yo soy esa” ejerciendo de productores ejecutivos, raudos pusieron el cazo para ver si trincaban algo más. Pero casi con desprecio, con desdén, con condescendencia… como si les interesara trincar la pasta pero que no se supiese mucho que el matrimonio diabólico se encontraba tras estos proyectos.
Se pergeño así una segunda película para lucimiento de la tonadillera. No obstante, y en búsqueda de una película quizás no tan frívola como la ejecutada el año anterior, sí que se cuidó más el aspecto técnico y argumental y se contrató a Jaime de Armiñan para que escribiera un guión y que Pedro Olea dirigiese todo ese tinglado. El galán sería Arturo Fernández y su rival más próximo a la hora de conquistar el corazón de la pescadera gitana que interpreta la Pantoja, sería el portugués Joaquim de Almeida. Vamos, un equipo de primera categoría a todos los niveles. De este modo, y respetando la estructura clásica y folclórica de la cantante que se debate entre más de un amor, se trata de dar a la película un trasfondo político como para dar empaque al producto, cosa que desde luego fue un craso error porque una película de la Pantoja no puede dejar de ser una película de corte popular —y populachero— y, más allá de su presencia, su cante y sus vestidos, poco importa. Al margen de eso, ese trasfondo político se posiciona claramente hacia la izquierda, sin caer la producción en la cuenta que, quizás, el grueso del público de Isabel Pantoja comulgaba más con la derecha y todo este rojerío implícito en el escueto argumento les sentaría como una patada en los cojones.
Al margen de esto, si “Yo soy esa” era un folletín alocado y rodado a mil por hora en el que Pantoja se marca una canción cada tres minutos para solaz de sus admiradores, esta “El día que nací yo”, con menos canciones, más manga ancha a la hora de dejarle interpretar a Pantoja, más madura, con más intención de ser una película —y no un producto como la otra—, resultó ser un aburrimiento de tomo y lomo. Lo que se supone que iba a ser la consagración como actriz de Isabel Pantoja (porque en una entrevista durante el estreno, la tonadillera aseguraba que pretendía darle continuidad a su carrera en el cine), resultó ser su testamento.
En esta ocasión, una pescadera gitana que en sus ratos libres actúa en tablaos, consigue enamorar, por un lado a un profesor en el exilio por su ideología política y, por otro, a un cura comunista que igualmente permanece oculto. La gitana se acerca al primero porque al ejercer de periodista para la prensa, igual consigue meterla en la radio. Así pues, este usará los conocimientos de esta para elaborar un diccionario castellano-caló. Entre medias, canciones y amores imposibles. Arturo Fernández está estupendo, Joaquim de Almeida doblado por un actor de doblaje y la Pantoja haciendo lo suyo, ya que en mayor o menor medida, y como declararía a la prensa Víctor Manuel en calidad de productor “Ella no es una actriz, es una estrella que eso es más todavía”.
En definitiva, un rollo que fracasó en taquilla no llegando a congregar ni a medio millón de espectadores —la vieron un millón de personas menos que “Yo soy esa”, o sea, no la vio ni su público potencial— y que supondría el punto y final para la carrera actoral de la viuda de España. No fue el fin del ramalazo de cine folclórico español de los 90 porque todavía dio tiempo a rodar una película más del género. Pero eso se lo cuento el próximo día...

lunes, 19 de julio de 2010

AQUÍ EL QUE NO CORRE... VUELA

Me encanta que exista esta película, por sus intenciones tan maquiavélicas.
Resulta que 
a principios de los noventa "Tele 5" quería promocionar a toda costa su cadena, su programación y, sobre todo, a sus jovencísimos presentadores, así, qué mejor manera de hacerlo que produciendo una película. Para ello, contrataron a algunos de los actores más taquilleros, e intuyo que con más telespectadores en el “share”, quedando una cosa coral con Arturo Fernández, Rossy De Palma, Alfredo Landa, Antonio Gamero, José Coronado, Agustín González y María Barranco. Por otro lado, la presentación cinematográfica de sus astros más guapos: Jesús Vázquez, Arantxa De Sol y Natalia Estrada (que luego hizo carrera en producciones Italianas de este mismo rollo).
Y para dirigir el revoltijo, se buscó alguien acostumbrado a hacer taquillazos, Ramón Fernández ("No desearás al vecino del quinto", "La insólita y asombrosa hazaña del Cipote de Archidona""Las aventuras de Enrique y Ana", "El Donante"...) para que la película tuviera éxito. Con todo ese equipo, raro sería que este carísimo spot no fuera un bombazo… pero se estrelló estrepitosamente. Tampoco me extraña.
Eran tiempos jóvenes para la cadena televisiva, y aún no sabían (ahora sí lo saben) que el publico del cine no es el de la televisión, y que sus presentadores podían ser un reclamo para la caja tonta, pero no para la gran pantalla.
Ahora, seguramente su fracaso no se deba a eso, si no más bien a la gran mierda que es la peli. Además es una gran mierda por cosas que me encantan: Como ya tenían las caras conocidas y el gran director, olvidaron cuidar los demás aspectos de la película, con lo cual el guion es inexistente, así como el argumento: "Aquí el que no corre... vuela" es una sucesión de sketches sobre una serie de estafadores que se dedican a lo suyo durante toda la película. Además ni hace gracia, ni se pretende ser gracioso, así que ¿Por qué hacer tanto hincapié? Los pequeños atisbos de trama vendrían a ser el cómo engatusar a un tipo muy rico, así que más de lo mismo. En mi vida he visto algo tan estúpido.
Por otro lado, hay que decir que en los noventa ya imperaba el "estilo Martínez-Lázaro”, Armendáriz se dio cuenta de que hacer pelis con inmigrantes era rentable y Bardem lucía tipazo garrulo. Eso se imponía y el estilo de comedia de "Aquí el que no corre... vuela" era ya algo rancio. Más deudor de la comedia de los 70 y 80 que de la que se hacía en su década y el público ya no tragaba con este tipo de productos.
Mala hasta el suicidio, no deja resultarme gracioso el exagerado hincapié en que no quepa ninguna duda de que Jesús Vázquez es heterosexual, para ello intepreta un gag muy malo junto al actor Blacky, en el que el joven presentador queda como un homófobo al tratar de denunciar a un tipo que le ha mirado el pene en el retrete… ¿No es maravilloso? Actualmente es todo lo contrario. Hay que tratar que Jesús Vázquez no parezca heterosexual ni por lo más remoto.
Y siguiendo con Vázquez, al final hay que reírse a mandíbula batiente con la película. No existe peor actor que él, verlo para creerlo, de antología… ¡INCREIBLE! parece que está actuando mal aposta, pero no, es que es así de negado.
Y claro, todas las referencias a “la cadena amiga”, sus artistas y su programación, empujan a que veamos la peli entera, aunque sea un coñazo, solo por atestiguar el morro que se gastan.
Ramón Fernández se despidió del cine con este pedazo de mierda…. ¡Se la recomiendo!

lunes, 17 de septiembre de 2018

LA PANDILLA DE LOS 11

A principios de los años 60, en pleno auge del cine negro español —por ejemplo, Arturo Fernández se dedicaba a finales de la década de los 50 a interpretar papeles en este tipo de cine—, resultaba de lo más oportuno para la taquilla el realizar una comedia que se mofara de este género y de las películas de gángsteres americanas. 
Así, con dirección de Pedro Lazaga, “La pandilla de los 11” parodiaría con su título el éxito comercial de aquellos años “La cuadrilla de los once”, película a mayor gloria del denominado Rat Pack (Dean Martin, Frank Sinatra y Sammy Davis Jr.) y dirigida por Lewis Milestone. Pero más allá del  título y que la premisa central de ambas es un robo, ahí quedaría toda similitud. En realidad “La pandilla de los 11” tendría pinceladitas de varios títulos de la época (las referencias paródicas a “Rififí” estarían más marcadas que las que pudiera haber a la película de Milestone) resultando una amalgama de guiños que servirían de hilo conductor para lo verdaderamente  importante en esta película, que es la colección de gags escritos por Antonio de Lara “Tono”, uno de los humoristas gráficos más representativos de la llamada “La otra generación del 27”, que hace de la astracanada el leit motiv de esta película. Algunos chistes son ganchos directos a la mandíbula, mientras que otros están impregnados de un sutil surrealismo —a saber; el individuo que tiene sed que está siendo torturado a base de hacerle comer polvorones, o el hecho de que los gángsteres de pacotilla que protagonizan esta película tienen  guardarropas donde dejar sus armas en los clubes que frecuentan—. Muchos de ellos sobreviven al paso de los años estupendamente; otros en cambio se han quedado un tanto kitsch.
Cuenta como un mafioso llamado “El Rubio” (descacharrante Adolfo Marsillach), reúne a una serie de individuos de mal vivir con la finalidad de formar un grupo que robará el banco de España, haciéndolo de manera subterránea y desde Las Cibeles. La mala suerte querrá que se queden atrapados en el túnel por el que pretenden entrar, lo que generará  toda suerte de sucesos hilarantes.
En verdad, sin dejar de ser una comedia de lo más entretenida, resulta un film del montón y no especialmente relevante, sin embargo, su principal virtud radica en que, dentro de un elenco maravilloso, tenemos juntos, y casi siempre compartiendo plano, a dos generaciones de cómicos en su salsa, interpretando las líneas y diálogos de Tono con la mayor efectividad posible. Y es que esta pandilla de 11 la componen actores de la vieja guardia como Pepe Isbert o Manolo Moran, con actores que durante años serían el relevo de estos como Manolo Gómez Bur, Ángel de Andrés padre, Juanjo Menéndez, Ismael Merlo, Antonio Ozores, y como única fémina Margot Cottens, siendo estos los más destacados, amén de todos los secundarios que les acompañan durante el metraje.
Dirige Pedro Lazaga, sin duda, uno de los directores de “Españoladas” más importantes de nuestra cinematografía, así  como poseedor de una de las filmografías más extensas y reconocibles.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

A MI LAS MUJERES, NI FU NI FA

Película para lucimiento del conocido como “Rey de la Rumba”, o lo que es lo mismo, Peret, gitano y catalán qué ha estado en lo más alto de la música de nuestro país, hasta hace bien poquito.
Eran los años en los que hacer una película-vehículo para algún cantate era mucho mas rentable que cualquier otra, así que casi todos tenían la suya en las salas, pero las de Peret (ocho películas en su filmografía), aún siendo un actor espantoso (no en balde se le doblaba la voz por un profesional, cosa que con Manolo Escobar, por ejemplo, no pasaba) eran de las más exitosas.
Y siempre se contrataba a algún artesano que supiera hacer una película para estos individuos, rindiendo al máximo. Cuando llamaban a Mariano Ozores para dirigirla sería, cuanto menos, divertidísima. Como la que nos ocupa.
Un psiquiatra especializado en  temas sexuales, trata a un manager del mundo de la música, que dice que le gustan las mujeres de forma exagerada y que por otro lado recomienda el psiquiatra a su representado, el cantante de Rumba Pedro.
Pedro queda extasiado con la prometida del psiquiatra a la que mira el escote durante una actuación, con el fin de estar cerca de ella y ligársela, concreta cita con el psiquiatra para explicarle, siendo mentira, que a él las mujeres no le dicen nada, y que tiene miedo de volverse maricón.
Mariano Ozores hacía las películas para estos cantantes, cómo las podía hacer para cualquier actor de renombre, solo que adaptaba las tramas para que se pudieran colar sus canciones entre escena y escena, pero realmente este argumento no dista mucho de uno protagonizado por, pongamos como ejemplo, Arturo Fernández. De hecho, el elenco de actores que acompañan a Peret es de primera categoría, y la factura de la película es tremendamente buena, al estilo de aquellas tan comerciales que hacía Ozores a finales de los 60.
Así pues, se trata de una película con una trama de enredo del todo disfrutable, entretenida, súper bien rodada, y no negaré que Peret, aún estando doblado y siendo horroroso, tiene hasta algo de carisma.
Junto a él, grandes de la talla de  José Luis López Vazquez, Gracita Morales, Antonio Ozores, José Sazatorníl (Saza) y la bella Patty Shepard, vista en muchos títulos de género horrorífico como puedan ser “Al filo del hacha”, “Slugs, Muerte Viscosa”, “Descanse en piezas”, “La noche de Walpurgis” o “Los monstruos del terror”.
Funcional entretenimiento.

viernes, 8 de enero de 2021

LA TONTA DEL BOTE

“La tonta del bote” sería una obra de teatro de éxito escrita en 1925 de cuyo libreto se encargó Pilar Millán Astray, y que conocería tres versiones cinematográficas de desigual repercusión. La primera de ellas datada en 1939 y dirigida por Gonzalo Delgrás, apenas disfrutaría de vida comercial, además de ser una película inexistente al perderse los negativos, no quedando constancia audiovisual de ella. Asimismo, la adaptación de 1956  llevaría por título “La chica del barrio” y, dirigida por Ricardo Núñez, tampoco gozaría de una gran popularidad, mientras que la que nos ocupa, sería uno de los éxitos del cine español más recordados a lo largo de la historia y es que se trata de una película para lucimiento de una todoterreno muy querida en nuestro país, Lina Morgan.
Cuenta los avatares de una postadolescente huérfana, cuyo mayor afán es rellenar un bote de pimientos con las colillas de cigarro que se encuentra por la calle, para dárselas a un ciego y, de ahí, el apodo de “La tonta del bote”. Es acogida por la dueña de una pensión que, a cambio de comida y alojamiento, la tiene esclavizada. Hasta que un guapo y famoso bailarín, que se hospeda en esta pensión, acaba enamorándose de ella por su bondad. Entonces saltan las chispas, la ira y la envidia, entre la dueña y el resto de mortales, cuando además "la tonta" resulta ser una excelente bailarina y se va de gira con el galán de la función. El resto de subtramas las protagonizan los variopintos personajes que componen la familia de esta  señora explotadora y cruel, y todo el mejunje dará pie a disparatadas situaciones, bañadas con grandes dosis de drama.
Obviamente, “La tonta del bote” sería una versión castiza de “La Cenicienta”. Básicamente cuenta la misma historia que el cuento popular, pero en un tono bastante más despiadado. De hecho, la normalidad con la que la violencia hace acto de presencia en esta película lleva a pensar en apología. Prácticamente todos los personajes se maltratan tanto física como psicológicamente. A la tonta del bote la brean por todos los frentes, pero hay un par de personajes, los interpretados por Pepe Sacristán y Mary Francis (hoy Paca Gavaldón) que representan lo que sería, a día de hoy, una genuina pareja tóxica, a saber; Se hablan mal, se insultan, se pegan, se humillan… y todo ello con la normalidad y el amparo que les da a los personajes comportarse como “chulos madrileños” en boga y plena acción. Cuando no, sacan navajas y cuchillos cada dos por tres como recurso para resolver los problemas. Dejando a un lado toda esa violencia e incorrección política natural que tanto llama la atención en nuestros días, hay que decir que la producción es impoluta, rodada en esplendoroso cinemascope, con actores en estado de gracia, fotografía y ambientación magistrales, ofreciendo un resultado condenadamente entretenido que,  junto con la impecable factura, da lugar a otra de las mejores comedias españolas de todos los tiempos que, aún rodada con los códigos de 1970, sigue vigente y fresca.
Y es que la química que desprenden en pantalla una pareja tan improbable como la formada por Lina Morgan y el galán de la función, Arturo Fernández —que está espléndido con ese acento castizo y ese donaire—,  se torna carisma y simpatía, una pareja que quedará marcada en nuestras retinas de por vida, máxime al protagonizar sendos numeritos musicales con canciones tan pegadizas que aún haría falta una espátula para desprenderlas de nuestros cerebelos. Pero no solo ellos están bien, de antología Luis Varela y esas dos bellezas de la época, mujeres grandes y guapas como ninguna actriz de hoy en día puede serlo, Mary Francis y Marisol Ayuso, probablemente ejecuten los roles más benevolentes de sus carreras, junto a un José Sacristán que da gusto verle y oírle. No así María Asquerino que, aún con un personaje que trasciende, lo interpreta de manera exageradamente dramática y si en la época, por el estilo de actuación, es probable que resultara efectivo, a día de hoy termina siendo involuntariamente cómico.
Un éxito sin precedentes que gracias a la producción de José Frade, y a la competente planificación y  dirección de Juan de Orduña (que finalizaría su carrera con una película al servicio de Manolo Escobar), fabricaron una de las comedias españolas más queridas y recordadas de todos los tiempos.