Muy poco se sabe de los cortometrajes primigenios de Guillermo del Toro, la mayoría permanecen inéditos y todo parece apuntar a que son tan mierdosillos que el propio director prefiere no editarlos. Con todo, cuando Criterion Collection ha editado en Blu Ray su ópera prima “Cronos”, como material extra se incluyen algunos de esos cortos, uno de ellos, este “Geometría”, del cual el director renegaba alegando que, en su momento, no pudo montarlo como él hubiera deseado. Así que para la ocasión, el director entrega una nueva versión más corta que la original.
“Geometría” es una chorradica, poco menos que un chiste de cinco minutillos en el que Guillermo del Toro homenajea los clásicos del horror italiano de la manera más tontorrona y posmoderna que se puede imaginar; doblando él mismo los diálogos en italiano para líneas de diálogo inicialmente recitadas en español. A eso hay que sumarle todas las obviedades de un cortometraje fantástico de finales de los 80, con esa iluminación chillona y esos monstruos de gomaespuma a la italiana, y ya tenemos como resultado este corto, que por momentos parece deudor de la escena española del corto de la época —“Geometría” tiene un sospechoso parecido formal a otro corto de entonces, “Mama “del inefable (e indeseable) Pablo Berger, aunque el de este fue concebido un año antes, por lo que le va a la zaga…—. No en balde, Del Toro se codea con quienes se codea…
La cosa va de un niño que está en casa con su madre y es reprendido porque ha suspendido geometría. De esta forma, el chaval invoca a un demonio con un conjuro. Durante la ceremonia, deberá dibujar un pentágono con su sangre para que le sirva de protección. Cuando el demonio llega, este le concederá dos deseos, así que el muchacho le pide no volver a suspender geometría y que devuelva a la vida a su padre que hace unos meses que falleció. El demonio regresa a la vida a su padre, pero claro, ahora es un zombi que se come a su madre. El crío cree estar a salvo dentro del pentágono que ha dibujado, pero es tan zoquete que en realidad ha dibujado un hexágono, cosa esta que no le sirve para nada en esa situación… por lo que imagínense el resto.
La cosa son 5 minutitos que pasan en un suspiro y no deberían molestar, pero son 5 minutos tan recargados visualmente y tan irritantes —ya saben, humor canallita y referencias con calzador, amen del odioso doblaje italiano mal hecho a posta que toca los cojones especialmente—, que al acabarse, le deja a uno de mala hostia. Al margen, es una chorrada sin especial gracia, y un cortometraje con el que te quedas impertérrito tras el visionado.
Con todo, no soy especialmente seguidor de Del Toro, esto no ayuda a que cambie mi opinión del mismo y, por lo pronto, lo único que tiene el mexicano que verdaderamente me gusta sería su última película hasta la fecha, “La forma del agua”.
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viernes, 20 de agosto de 2021
sábado, 19 de octubre de 2013
PACIFIC RIM
Guillermo del Toro es
muy listo, muy muy listo, ha sabido aunar nostalgia y efectos especiales
alucinantes para darnos esta nueva versión de Mazinger Z elevada a la enésima potencia.
Y es que no nos engañemos, lo primero que nos viene a la mente al ver a un robot
enorme es el de Koji Kabuto. Pero no solo de robots trata esta película, sino
que también están los monstruos gigantescos, que en la película llaman Kaijus,
cuyo nombre proviene del genero que popularizo Godzilla y cuyo responsable
Ishiro Honda, fue el máximo exponente. Así que lo primero que vemos son las
influencias, manga y pelis de Godzilla. Go Nagai e Ishiro Honda. Entonces ¿Que
hace Del Toro? Pues servirnos en bandeja estos elementos pasándolos por su
filtro (con sus cosas buenas y sus cosas malas)
y dando al espectador lo que quiere ver, robots dándose de hostias con
Kaijus. Y con esto yo ya hubiese estado contento, pero con eso de que hay que
dotar a la película de un “algo más”, se inventa la historia de que sean dos
los pilotos para controlar al robot, y que además se tienen que conectar
mentalmente, compartiendo recuerdos. Para que la conducción de los enormes
robots sea perfecta, los pilotos han de tener una buena sincronización mental,
o no sé qué pijadas, así que no valen dos cualesquiera, tienen que ser
compatibles. Cuando se conectan mentalmente, sus mentes va a un lugar llamado
la deriva, una especie de imagen mental de sus recuerdos, en los cuales podrían
quedar atrapados. ¿De qué sirve todo esto al espectador? Pues para que podamos
ver momentos del pasado entre dos de los personajes importantes de la película.
La historia va tal que así, se abre una puerta dimensional en una falla en
el fondo del océano pacifico, de allí saldrán los Kaijus con la única intención
de destruir lo que puedan. La humanidad las pasa putas para acabar con los
primeros que aparecen, así que todos los países dejan a un lado sus diferencias
y crean a los robots gigantescos. Según comentan en un momento de la película,
en un solo brazo hay 50 motores diesel para moverlos (ey, al ser diesel gastan
menos) Al principio estos robots son suficiente para derrotar a los Kaijus,
pero según van apareciendo nuevos monstruos estos son más grandes, más fuertes
y han aprendido las técnicas de combate de los robots controlados por humanos, así
que el proyecto de los robots empieza a no ser tan efectivo. Se deciden poner
enormes murallas, pero los Kaijus las derriban fácilmente. De nuevo los robots
son la última oportunidad de la humanidad.
La peli tiene su historia entre los pilotos, su general y
unos narcotraficantes de restos de Kaijus (y ahí es donde vemos la parte mala
de Del Toro, que mete a dos “amiguetes” en unos papeles que ni van ni vienen
mucho, sobre todo el del más “amiguete”) También cuenta con unos estereotipos más
que vistos, los alemanes regios, los chinos como una unidad que en vez de ser
dos son tres los pilotos, y los americanos que son los que salvan la papeleta,
pero vamos, no es algo de lo que quejarse, es simplemente lo típico. La única pega
que le puedo poner es que empieza muy muy bien la peli, luego tienen un pequeño
bajón de ritmo, por eso de desarrollar las historias de los personajes humanos
(cuando lo que queremos es ver robots dando leches) para finalmente volver a la
acción con unas peleas espectaculares, en la que en una de ellas, podemos ver
como un buque carguero es utilizado en forma de bate de baseball, genial! Otra
de las pequeñas pegas que le veo es lo que denomino Lag. Los que hayan jugado a
juegos online saben de lo que hablo, tú ordenas una acción, pero tu personaje
no la realiza hasta pasado unos segundos, esto en un juego es la muerte. En la película
vemos el plano de los pilotos lanzando un gancho, y posteriormente vemos el
plano del robot lanzando ese mismo gancho. Esto hace que el ritmo sea algo más
pausado y se podría haber solucionado perfectamente con un montaje de imagen
sobre imagen, en plan cuadradito pequeño en una esquina o algo por el estilo.
De esta forma las peleas ganarían en dinamismo y también identificamos más a los
pilotos con los robots. Anda que no quedaría guay media pantalla con los
pilotos haciendo un uppercut tipo Shoryuken y el robot en la otra mitad
imitando el movimiento. Bueno, esto igual lo dejan para la segunda parte y es
que Del Toro ya está escribiendo el guión, y esa secuela no se me escapa de los
cines viva.
Mola.
sábado, 11 de abril de 2026
EL DRAGÓN DEL LAGO DE FUEGO
Por su naturaleza, y época de lanzamiento, es rematadamente lógico y comprensivo que acudiera raudo al cine a ver "El dragón del lado de fuego". Dicho de otro modo, entonces era un pre-púber totalmente volcado en esa clase de cine fantástico empachado de efectos especiales. El cartel, sendos reportajes en prensa (pal caso "Fotogrumos") y algún posible anuncio televisivo, habían logrado capturar mi atención a niveles obsesivos. Así pues, pasé por taquilla saturado de expectativas y, claro, la decepción resultante fue notoria. "El dragón del lago de fuego" (título patrio, bastante molón para variar, aunque el original sigue superándolo: "Dragonslayer") me aburrió muchísimo. No sabría decir, creo que esperaba mucha más fantasía y espectacularidad y, dentro de un orden, se mantiene bastante sobria y serena, realista en su irrealismo, siendo la ampulosa ambientación medieval lo mejor (incluida cierta atmósfera) y, por supuesto, un dragón de lo más "cool" que a día de hoy se sigue considerando el mejor que ha cruzado una pantalla de cine desde que el tiempo es tiempo. Fueron los chavales de la "Industrial Light & Magic", en pleno apogeo de sus capacidades artesanales, los que se dejaron la salud para darle vida. Y nada que objetar al respecto. Más dudosos son algunos de los trucajes del clímax final, excesivamente pirotécnico y que se carga mucho de lo logrado hasta su llegada. No asesina la película, pero sí la hiere sangrantemente.
Un pueblo asediado por el monstro del título recurre a un mago para que ponga orden. Sin embargo, este palma antes de partir, pasándole el marrón a su joven aprendiz, lo que se traduce no solo en un bonito cuento de hadas, también una historia de madurez y aprendizaje, con el muchacho superando una primigenia arrogancia para ir comportándose de modo más cabal y, de paso, enamorándose de una muchachuela. Se terminará enfrentando a la bestia en su gruta, aunque no logra vencerla... por desgracia... y añado ello porque, siendo una escena muy decente, incluso emocionante, dará pie al segundo, último, pretendidamente épico y más deslucido combate con esos cromas y transparencias que... ¡¡¡urgh!!... ya, claro, era otra época con una tecnología menos eficiente, pero justo para eso existe la contención. Si ves que no llegas, haz como Spielberg y limita tu escualo. De lo contrario, corres el peligro de dar el cante. Y aquí lo dan.
Eran los años en que Disney intentaba modernizarse, incorporando materia algo más adulta, oscura y violenta a sus productos. De ahí que "El dragón del lago de fuego" incluya unos fugaces desnudos (masculino y femenino), algo de violencia, algo de horror y un momento muy llamativo en el que las crías de dragón se papean a una de sus víctimas, bastante gráfico todo ello para los estándares de la compañía del ratón. Tal vez por eso, y el tono más seriote y contenido, le pasó lo mismo que a todas las disneyadas del periodo, y con idénticas intenciones: fracasó. El hostiazo no resultó tan gordo, pero el taquillaje seguía estando por debajo de las expectativas. Mi reacción de entonces, como público potencial, es prueba de ello. Probablemente "El dragón del lago de fuego" se adelantó a su tiempo, porque vista ahora, con canas y tal, me gustó bastante. Es entretenida, visualmente potente y bien facturada en general, salvo por el cacareado clímax. Aún así, aprueba.
Del reparto destaca el entonces debutante Peter McNicol, como aspirante a mago. Es curioso ver cómo su carrera posterior se decantaría más por explotar la vis cómica, incluso físicamente mutó para adaptarse a todos los personajes que le darían cierta popularidad ya entrados los noventa. Parecía otra persona. Dicen las malas lenguas que se avergüenza de su debut y no lo incluye en el currículum. Pues la verdad, no lo entiendo. Desde luego tiene cosas mucho peores. Otra que se desvirgaba en esto del cine era su partenaire, la peculiarmente bella Caitlin Clarke, quien no tendría demasiada suerte el resto de su carrera, y el resto de su vida, ya que murió demasiado joven en 2005. En el lado de los veteranos, Ralph Richardson como mago-jefe y Albert Salmi.
Dirige Matthew Robbins, quien en los años siguientes pariría algunas cosillas más o menos vistosas como la cult-movie "La leyenda de Billie Jean". El único producto "Amblin" de los ochenta que nunca me atrajo, y todavía no he visto, "Nuestros maravillosos aliados". Y una de perritos, "Bingo!". No obstante, donde Robbins ha brillado más ha sido en funciones de guionista. Dan buena cuenta de ello títulos como "Loca evasión" (su conexión con Spielberg), "Señal de alarma" (dirigida, justo, por el coguionista de "El dragón del lado de fuego", Hal Barwood), "Mimic", una primera colaboración con Guillermo Del Toro que le llevaría al horrible remake de "No tengas miedo a la oscuridad" (con Del Toro co-guionizando y produciendo), "La cumbre escarlata" y la reciente versión de "Pinocho" del orondo cineasta mexicano.
Un pueblo asediado por el monstro del título recurre a un mago para que ponga orden. Sin embargo, este palma antes de partir, pasándole el marrón a su joven aprendiz, lo que se traduce no solo en un bonito cuento de hadas, también una historia de madurez y aprendizaje, con el muchacho superando una primigenia arrogancia para ir comportándose de modo más cabal y, de paso, enamorándose de una muchachuela. Se terminará enfrentando a la bestia en su gruta, aunque no logra vencerla... por desgracia... y añado ello porque, siendo una escena muy decente, incluso emocionante, dará pie al segundo, último, pretendidamente épico y más deslucido combate con esos cromas y transparencias que... ¡¡¡urgh!!... ya, claro, era otra época con una tecnología menos eficiente, pero justo para eso existe la contención. Si ves que no llegas, haz como Spielberg y limita tu escualo. De lo contrario, corres el peligro de dar el cante. Y aquí lo dan.
Eran los años en que Disney intentaba modernizarse, incorporando materia algo más adulta, oscura y violenta a sus productos. De ahí que "El dragón del lago de fuego" incluya unos fugaces desnudos (masculino y femenino), algo de violencia, algo de horror y un momento muy llamativo en el que las crías de dragón se papean a una de sus víctimas, bastante gráfico todo ello para los estándares de la compañía del ratón. Tal vez por eso, y el tono más seriote y contenido, le pasó lo mismo que a todas las disneyadas del periodo, y con idénticas intenciones: fracasó. El hostiazo no resultó tan gordo, pero el taquillaje seguía estando por debajo de las expectativas. Mi reacción de entonces, como público potencial, es prueba de ello. Probablemente "El dragón del lago de fuego" se adelantó a su tiempo, porque vista ahora, con canas y tal, me gustó bastante. Es entretenida, visualmente potente y bien facturada en general, salvo por el cacareado clímax. Aún así, aprueba.
Del reparto destaca el entonces debutante Peter McNicol, como aspirante a mago. Es curioso ver cómo su carrera posterior se decantaría más por explotar la vis cómica, incluso físicamente mutó para adaptarse a todos los personajes que le darían cierta popularidad ya entrados los noventa. Parecía otra persona. Dicen las malas lenguas que se avergüenza de su debut y no lo incluye en el currículum. Pues la verdad, no lo entiendo. Desde luego tiene cosas mucho peores. Otra que se desvirgaba en esto del cine era su partenaire, la peculiarmente bella Caitlin Clarke, quien no tendría demasiada suerte el resto de su carrera, y el resto de su vida, ya que murió demasiado joven en 2005. En el lado de los veteranos, Ralph Richardson como mago-jefe y Albert Salmi.
Dirige Matthew Robbins, quien en los años siguientes pariría algunas cosillas más o menos vistosas como la cult-movie "La leyenda de Billie Jean". El único producto "Amblin" de los ochenta que nunca me atrajo, y todavía no he visto, "Nuestros maravillosos aliados". Y una de perritos, "Bingo!". No obstante, donde Robbins ha brillado más ha sido en funciones de guionista. Dan buena cuenta de ello títulos como "Loca evasión" (su conexión con Spielberg), "Señal de alarma" (dirigida, justo, por el coguionista de "El dragón del lado de fuego", Hal Barwood), "Mimic", una primera colaboración con Guillermo Del Toro que le llevaría al horrible remake de "No tengas miedo a la oscuridad" (con Del Toro co-guionizando y produciendo), "La cumbre escarlata" y la reciente versión de "Pinocho" del orondo cineasta mexicano.
domingo, 23 de enero de 2011
EL ÚLTIMO TRUCO
Pues bueno, es muy divertido e interesante ver cómo se las ingeniaba el Sr. Ruiz para llevar acabo sus trucos. Las maquetas siempre me han molado, y apreciar el modo en que las integraba dentro del plano resulta fascinante. No nos engañemos, amigos, en ocasiones sus trucajes cantaban más que una almeja, pero como dice el mismo Guillermo del Toro en el documental (respecto a "El laberinto del fauno"), que se note un poco está guay, porque le confiere vida y encanto ante los fríos efectos digitales, que son el gran malo de esta peli (aunque manda güevos que Del Toro hable "mal" del tema digital, viendo lo que ha hecho y hace). El orondo y feliz Mejicano es solo uno de los varios rostros respetables que asoman, tenemos también los de Ray Harryhausen in person, Enzo G. Castellari, Juan Piquer Simón (con estos dos Ruiz se marca unos desayunos/charla muy divertidos) y otros no tan agradables de ver (y oír) como los de los hermanos Trueba. ¡¡AGH!!.
Sin embargo, y con todo lo atractiva que es la temática del documental, este no termina de resultar ni demasiado entretenido, ni demasiado apasionante. Vamos, que incluso aburre un poco. La puesta en escena seudo-arty, seudo-moderna y seudo-egocéntrica de su director, Sigfrid Monleón, haciendo gala de todos los odiosos típicos tics del estudiante de cine, resulta inadecuadísima para el tema tratado. No le pega nada. Lo único que consigue es desprender de encanto, calor, color, vida y humanidad a un asunto que, por norma general (y dada su condición artesanal), lo chorrea.
Hacer notar, como mera curiosidad, el pasaje dedicado a "Los ojos del gato".
Pues, no se, lo recomiendo para ver a Emilio Ruiz en su salsa... pero no por su acabado.
jueves, 15 de abril de 2010
ÁNGEL NEGRO
Seamos serios; Jorge Olguín es el responsable de situar en el mapa de manera comercial el terror Chileno. Con "Sangre Eterna" se ganó un prestigio que hizo que incluso Guillermo del Toro se fijase en él y le ayudase con su carrera profesional. Pero, en realidad, aquella película era un tostón, aburrido, cutre y chabacano que no había por donde agarrarlo.El éxito de Olguín se debe a un caso de racismo positivista, es decir: “¡Ei, una película de terror tercermundista! No está mal, vamos ha echarle una mano al chaval”, pasando por alto que la peli es una mierda, a favor del exotismo de quien la hace y donde la hace. Y sin lugar a dudas, eso es lo que le ha pasado a Olguín, pues aquella "Sangre Eterna" no valía ni para risas.
"Ángel Negro" es su ópera prima, que rodó mientras aún estudiaba cine y se estrenó en su país convirtiéndose en un fenómeno mediático. Al igual que le pasó a Amenábar con "Tésis", que era una puñetera mierda, "Ángel Negro" también lo es, aunque a priori me interesaba mucho por aquello de que homenajea el "giallo" y el cine de acuchillamientos. Lo que en realidad homenajea es el culebrón sudaca basado en fotonovelas de “suspenso”, que dirían ellos.
Un grupo de estudiantes dejan registrado en un vídeo como en una noche de sexo y drogas se les va la pinza y ocurre algo chungo. Diez años después, con los participantes de aquel suceso ya asentados en sus respectivas vidas, alguien con una máscara blanca comienza a dar cuenta de ellos. Uno de los chicos, forense, sospecha que los asesinatos tienen algo que ver con lo ocurrido... y comienza el paliqueo. Bla, bla, bla y más bla, bla bla, es en lo que resumiría yo esta película, que, a parte de ser de un amateurismo atroz (uno que lejos de fascinar, repele), es un slasher cuyos asesinatos no dicen absolutamente nada. Ni nos estremecemos, ni nos reímos. No trasmiten nada. Como si ves a tu madre cocinar, lo mismo.
Y luego, no se yo si por una cuestión estética y/o artística, o de pura negación, la peli está plagada de planos de escorzo sin réplica ¡A pesar de que el que habla es el del cogote! Cosa que no se entiende, proviniendo la cinta de un estudiante de cine. A lo que más me huele es a plagio, concretamente esos planos "de cogote" de Ving Rhames en "Pulp Fiction". Y Tarantino, con todo su "coolismo", es un caramelo demasiado tentador para los aspirantes. Claro que, de ser así, Olguín queda lejos de parecerse al director de "Reservoir Dogs" y el resultado desespera al espectador. Por tanto me encabrono, no entiendo nada y poco me falta para coger y quitar esa mierda, no sea que la hez penetre hasta la lente lectora del reproductor de dvd y me lo joda.
En definitiva, imposible de ver entera sin darle al avance rápido en algunas de sus eternas conversaciones, y más mala que un dolor.
En los USA se editó en dvd de la mano de "Troma" ¿Seguro que esa era la aspiración del director? Yo creo que no, pues "Ángel Negro" está exenta de cualquier sentido del humor. Es una película claramente seria. Si los piratas de "Troma" la editan en dvd… ¿No será para que los yankis se partan el culo con ella? Pudiera ser, pero seguro que el señor Kauffman salió mal parado con esta estrategia y no vuelve a pillar más pelis Chilenas.
En los USA se editó en dvd de la mano de "Troma" ¿Seguro que esa era la aspiración del director? Yo creo que no, pues "Ángel Negro" está exenta de cualquier sentido del humor. Es una película claramente seria. Si los piratas de "Troma" la editan en dvd… ¿No será para que los yankis se partan el culo con ella? Pudiera ser, pero seguro que el señor Kauffman salió mal parado con esta estrategia y no vuelve a pillar más pelis Chilenas.
viernes, 23 de marzo de 2018
EL CALLEJÓN
Antonio Trashorras, más conocido en su faceta de crítico de
cine, tras firmar algunos guiones de éxito para películas como “El espinazo del
diablo” de Guillermo del Toro, da el salto a la dirección con este “El Callejón”.
Cuenta la historia de una joven empleada de hotel, que una
noche tiene que ir ha hacer la colada a una lavandería abierta 24 horas. Allí
se encuentra con un individuo con el que todo apunta que va a haber un romance.
Sin embargo, las cosas se complicarán hasta límites insospechados. Y contar más
al respecto, sería hacer un gran spoiler.
No soy devoto del cine fantástico español del nuevo milenio,
así como tampoco lo soy de esa moda que tan pronto vino, se fue, a la que
llamaron cine “Low Cost”. Y a priori, esta “El Callejón”, adscrita a ambas
corrientes, tenía todas las papeletas para que no me gustase.
Sin embargo, y tras unos títulos de crédito absolutamente
marcianos que sirven únicamente para que podamos ver los rematadamente buena
que está Ana de Armas, se nos introduce a los personajes y la cosa,
milagrosamente, con apenas dos o tres actores y, prácticamente, un solo
decorado, comienza a funcionar.
Con ello, no quiero decir, ni mucho menos, que nos
encontremos ante una gran película; contiene efectos especiales infográficos
muy cutres, y lo son precisamente por lo ajustado del presupuesto del que
dispondrían. En ese sentido, para meter una mierda así, mejor prescindir de
ella. No obstante, el maquillaje aplicado en los momentos con mayor horror
acaba siendo resultones, por lo que sale la cosa comida por servida.
A favor también, diré que esa ambientación de tonos pop y
coloristas, tan alejada de la que se supone que ha de tener una película de
terror, me resulta edificante, distinta y rupturista, casi la mayor cualidad de
la película que a nivel estético, planteada casi como una suerte de obrita de
microteatro, pocas películas baratas se le asemejan.
A todo eso, le sumamos el placer que es para los sentidos
poder ver a Ana de Armas para arriba y para abajo embutida en sus ceñidos
vaqueros amarillos, que la historia es interesante y que Trashorras a preferido
huir de un “quiero y no puedo” adaptándose a lo que tiene con dignidad, y
tenemos una película la mar de entretenida, que pasa en un suspiro, y que lejos
de bombardearnos con kilómetros de película vacíos y aburridos, se ventila todo
en hora y cuarto, y nos vamos a la cama tan tranquilos.
Está maja.
lunes, 10 de diciembre de 2012
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (25): DE LA NUEVA TIERRA AL BARRIO ANTIGUO
Tras una larga espera, y gracias a la aparición de unos cuantos casos más de fascinante caratulismo chungo, por fin retomamos una de las secciones más populares de este, vuestro humilde y amado blog. Y en breve, caerá otra, así que, sigan atentos, tontos.
De "No tengas miedo a la oscuridad" ya hablamos en su día, aprovechando el "estreno" de un HORRIPILANTE remake producido por Guillermo del Toro. Pero resumámoslo de este modo: Se trata de un telefilm que en su época, 1973, se hizo muy popular porque media Norteamerica se cagó por la pata abajo consumiéndolo. De hecho, es probable que esputara a muchos de los adictos al terror -delante y detrás de la cámara- plenamente desarrollados entrados en los ochens. Tanto misterio me empujó un día a adquirirla en formato VHS en un mercadillo y por entonces, lucía esta carátula que veis aquí:
"No tengas miedo a la oscuridad" gira en torno a una pareja que se instala en un caserón en el que habitan una especie de gnomos de ridículo aspecto, y temor a la luz, que se dedican a putear a la recién llegada señora de la casa. No hace falta decir que, como siempre, mis expectativas andaban bastante por encima de lo recomendable (al nivel de las nubes, básicamente) y, lógicamente, me sentí defraudado. No me dio miedo... y tampoco me entretuvo especialmente (aunque no me resultó tan espantosa como la nueva versión), así que un día, y no recuerdo cómo, regalé, vendí o cambié mi VHS y a otra cosa mariposa.
Demos un salto en el tiempo hasta... el pasado Sábado. Me acerqué al nido de nuestro buen amigo Pajarillo, quien me llenó la mochila de estupendos y jugosos -a priori- VHSs y DVDs (formato préstamo). Uno de ellos me sonaba de los estantes de mis video-clubs adolescentes... pero no recordaba haberlo alquilado nunca: "Frío en la noche", cuya caratula lucía asín (ah! las fotos de la parte trasera, obviamente, nada tienen que ver con lo que hay en la cinta... pero eso ya es, a estas alturas, normal):
Por la -fría- noche, y ya en mi refugio, corrí a ponerla en mi video reproductor y.... ¿¿cómor??, ¡esto me suena!. Se trataba de, sí, "No tengas miedo a la oscuridad", solo que editada con otro título y otro aspecto. Pero era la misma película. Para acabar de confirmar mi teoría busqué datos de la edición que yo adquiriera de jovenzuelo y localicé la primera imagen, pero entonces me llevé la sorpresa de la -fría- noche: El director de "No tengas miedo..." firmaba JOHN NEWLAND, mientras que el de "Frío en la noche" respondía al nombre de JACK OLDTOWN.
Corrí a Imdb y busqué la ficha del film (inencontrable con su nuevo supuesto título original, "Night Chill"), para ver quién de los dos era el auténtico director y, según la afamada y recurrente página, el premio gordo recaía en John Newland. ¡Vale!, pensé, lo de Jack Oldtown debe ser cosa exclusiva de la caratula de esta segunda edición (en la que, por cierto, y muy curiosamente, los bichos no se parecen NADA a los del film... pero ¡sí a los del remake!). La puse de nuevo en mi reproductor y en los créditos aparecía como JACK. Patidifuso me quedé. Por desgracia, al no disponer de una copia de la edición titulada "No tengas miedo....", no pude corroborar si en esta aparecía como JOHN en los créditos... así que, si alguien la tiene en casa, que lo mire y nos lo diga, ZANKS!. He investigado bien "a fondo" y no he localizado ningún dato que me aclare la marcianada en cuestión. Por un momento pensé que JACK sería algún seudónimo recurrente de JOHN, pero no consta.
Una vez más, el apasionante e ¿inexplicable? submundo del oscuro VHS.
lunes, 11 de julio de 2022
CAZAFANTASMAS A LA MEXICANA
El argumento de este “Cazafantasmas a la mexicana” es lioso a más no poder; por un lado la acción nos sitúa en 1980, donde se está condenando a la horca a dos hombres que han violado a las hijas de un potentado. Pronto descubrimos que no es así, sino que fueron seducidos por las dos chicas y posteriormente ejecutados injustamente. Después la acción nos sitúa en la actualidad (1991) y se nos presenta a la reencarnación de estos dos hombres, que ahora son dos parapsicólogos de pacotilla. La mujer de uno de ellos planea envenenarlo para quedarse con el dinero del seguro y así ser feliz con su amante, cuando descubre que su marido acaba de recibir una herencia millonaria, así que aborta su plan y, todos juntos, más la sirvienta, partirán hacia la mansión heredada que curiosamente está plagada de fantasmas, entre ellos, el de las dos jóvenes supuestamente violadas por nuestros protagonistas. A partir de entonces se sucederán una serie de gags de corte horrorífico/fantasmagórico y hasta algún numerito musical.
Por otro lado, no se trata exactamente de un exploit de “Los cazafantasmas”. La historia no tiene absolutamente que ver con nada de lo que nos proponía la película de Ivan Reitman —salvo porque los protagonistas son parapsicólogos— y llegaría a los cines mexicanos siete años después de esta. De hecho, el título de producción, que asimismo sería el que figura en los créditos de la cinta, sería “Mátenme porque me muero”.
La película es un rescoldo de lo que fue el cine de ficheras mexicano, es decir, un vodevil con personajes que entran y salen en cuadro según marca la historia, amén de un vehículo de lucimiento para los dos cómicos que la protagonizan, Pedro Weber “Chatanuga” y Raúl Padilla “Choforo”, que todavía gozaban de mucha popularidad y, a decir verdad, quizás ya se trataba de un argumento desfasado para el año en que se estrenaría, 1991, por lo que no es difícil intuir que a alguien en la producción se le ocurrió cambiar el título a última hora, robar el concepto y tunear el logo original de “Los cazafantasmas”, aprovechando que un par de años atrás “Cazafantasmas II” había tenido su tirón en los cines mexicanos, cambiarle el título por el de “Cazafantasmas a la mexicana” y así asegurarle algo más de taquilla. No obstante, existen afiches de cine con el título original, por lo que todo apunta que esta decisión se tomó a ultimísima hora.
Más allá de esto, se trata de una película bastante mala y de escaso interés. Algún gag, por tonto, por chabacano y por incorrecto resulta gracioso, pero por lo general el tedio se apodera de la película a los pocos minutos de haber comenzado.
Sin embargo, en un momento puntual los fantasmas que aparecen toman forma corpórea y vemos que esos maquillajes están verdaderamente bien para ser una producción de tercera que vende humor barato. Esto es porque tras los efectos especiales se encuentra Necropia, la factoría que fundó Guillermo del Toro y que aborda con “Cazafantasmas a la mexicana” uno de sus primeros trabajos. Y la verdad es que en ese sentido la cosa anda muy bien, ya que algunos de los zombies son estupendos —y se ve cierta influencia italiana—.
Por lo demás, nada. Y probablemente si no se hubiera vendido como exploit de “Los cazafantasmas”, manteniendo por siempre su título original, jamás habría prestado atención a una más de miles de comedias mexicanas de los 80 y 90 entre las que hay que escarbar profundo si queremos encontrar algo mínimamente potable.
Dirige la función Abraham Cherem, que si bien su filmografía como director no la componen más de tres títulos, como productor harían falta los dedos de varias manos para contabilizar el número de películas en las que estuvo inmiscuido, todas de corte popular y todas con la misma pinta chungalera.
Para curiosos.
Por otro lado, no se trata exactamente de un exploit de “Los cazafantasmas”. La historia no tiene absolutamente que ver con nada de lo que nos proponía la película de Ivan Reitman —salvo porque los protagonistas son parapsicólogos— y llegaría a los cines mexicanos siete años después de esta. De hecho, el título de producción, que asimismo sería el que figura en los créditos de la cinta, sería “Mátenme porque me muero”.
La película es un rescoldo de lo que fue el cine de ficheras mexicano, es decir, un vodevil con personajes que entran y salen en cuadro según marca la historia, amén de un vehículo de lucimiento para los dos cómicos que la protagonizan, Pedro Weber “Chatanuga” y Raúl Padilla “Choforo”, que todavía gozaban de mucha popularidad y, a decir verdad, quizás ya se trataba de un argumento desfasado para el año en que se estrenaría, 1991, por lo que no es difícil intuir que a alguien en la producción se le ocurrió cambiar el título a última hora, robar el concepto y tunear el logo original de “Los cazafantasmas”, aprovechando que un par de años atrás “Cazafantasmas II” había tenido su tirón en los cines mexicanos, cambiarle el título por el de “Cazafantasmas a la mexicana” y así asegurarle algo más de taquilla. No obstante, existen afiches de cine con el título original, por lo que todo apunta que esta decisión se tomó a ultimísima hora.
Más allá de esto, se trata de una película bastante mala y de escaso interés. Algún gag, por tonto, por chabacano y por incorrecto resulta gracioso, pero por lo general el tedio se apodera de la película a los pocos minutos de haber comenzado.
Sin embargo, en un momento puntual los fantasmas que aparecen toman forma corpórea y vemos que esos maquillajes están verdaderamente bien para ser una producción de tercera que vende humor barato. Esto es porque tras los efectos especiales se encuentra Necropia, la factoría que fundó Guillermo del Toro y que aborda con “Cazafantasmas a la mexicana” uno de sus primeros trabajos. Y la verdad es que en ese sentido la cosa anda muy bien, ya que algunos de los zombies son estupendos —y se ve cierta influencia italiana—.
Por lo demás, nada. Y probablemente si no se hubiera vendido como exploit de “Los cazafantasmas”, manteniendo por siempre su título original, jamás habría prestado atención a una más de miles de comedias mexicanas de los 80 y 90 entre las que hay que escarbar profundo si queremos encontrar algo mínimamente potable.
Dirige la función Abraham Cherem, que si bien su filmografía como director no la componen más de tres títulos, como productor harían falta los dedos de varias manos para contabilizar el número de películas en las que estuvo inmiscuido, todas de corte popular y todas con la misma pinta chungalera.
Para curiosos.
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