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lunes, 22 de septiembre de 2014

INSTINTO BÁSICO

“Instinto Básico” se ha ganado, por derecho propio, el título de clásico. La sensación cinematográfica de los noventa me pilló siendo un confundido espectador de quince años, y claro, una película que había gustado a tantísimos espectadores, no podía dejar de gustarme a mí. Así que hacía ver como que sí. No obstante, el boom, tal como vino se fue, y pronto ya nadie se acordaba de “Instinto Básico”. La volví a ver con una opinión ya más formada y los gustos más definidos, y me pareció espantosa. Y ya nunca repetí, hasta que en una reciente visita a una tienda de productos de segunda mano tenían el DVD precintado por 20 céntimos. Así que, lógicamente, lo adquirí.
“Instinto Básico” tenía la ardua tarea de superar el paso del tiempo. Algo que para cualquier película noventera es un absoluto reto. Por mi parte, debía enfrentarme a ella veinte años después, con la animadversión que me provocan las películas de aquella década –y más cuando hicieron tanto ruido como esta- teniendo a su favor, únicamente, que ya no gasto tantos prejuicios a la hora de ver cine, a pesar de todo.
Pues tras el visionado puedo decir que “Instinto Básico” ha superado con creces la prueba, y que, vista hoy, no se trata de una grandísima película, pero pocas existen más entretenidas que esta. Con un tempo y una atmósfera rarísima, unos diálogos –eso sí- algo idiotas, y sobretodo una iluminación soberbia que le otorga ese look que, una vez visto por primera vez, ya no se marcha de tu retina y que vas rememorando según vas viendo la película. Es como consumirla por enésima vez, pero dando la impresión de que sea la primera. Una sensación rara.
Ya saben; un “thriller” en el que un policía, de oscuro pasado, se ve inmerso en un caso de asesinato en el que la principal sospechosa es una escritora quien en una de sus novelas describe con pelos y señales  el asesinato que se acaba de cometer, por lo que será la principal sospechosa. Cuanto más avanza el caso, compañeros y psicóloga –a la que el poli se tira-  van complicando la cosa, y más se nos complica a nosotros, a la vez que se van dando pistas, falsas o no, para que el espectador saque sus conclusiones, mientras que el poli cae en una espiral de descarnado sexo con la sospechosa.
Una cosa simple pero efectiva, que como ya digo se disfruta más en la actualidad, en parte por cierto sabor añejo que la acompaña,  en parte porque es una máquina fabricada para combatir el aburrimiento. Y es que detrás de ella está el mejor Paul Verhoeven, el de los primeros noventa, al que precedían un montón de éxitos en los ochenta (¿hace falta mentarlos?).
Así pues, una película que recomiendo fervientemente, y que será recordada con el paso del tiempo. Fue un éxito mundial absolutamente rentable que en nuestro país congregó a 4.000.000 de espectadores y se convirtió en un fenómeno social. Por aquél entonces, en cualquier parte se hablaba sobre “Instinto Básico”, en el cole, en el banco, en la compra… raro será cualquiera que no la alquiló cuando salió en vídeo, y más raro será cualquiera que no se haya masturbado, bien con las escenas sexuales protagonizadas por la Stone, como las protagonizadas por Jeanne Tripplehorn (quien debutaba mostrándonos hasta las amígdalas).  Y bien merecido se tiene Sharon Stone el título de mito erótico, aunque, vista ahora la película, podamos comprobar que sus duros pechines son operados.
Buscando algo de info, doy con algunos datos curiosos, como los referentes a la versión final. Verhoeven presentó a la censura tres distintas. ¿El motivo? Que cada vez que procedía se la clasificaban “X”, lo que afectaría absolutamente a su carrera comercial. Finalmente supo darle el toque para que resultase explosivamente erótica (a día de hoy, este erotismo es nada) y no una vulgar película pornográfica.
Así mismo, la elección de Michael Douglas como duro detective follador, papel que le viene que ni al pelo, no fue la primera. Hasta que se decidió por él se barajaron los nombres de Wesley Snipes, Bruce Willis, Charlie Sheen e incluso ¡Stallone! La verdad es que cualquiera de ellos da bien el papel. Aunque las caras de gusto y gemidos de placer que suelta el hijo de Kirk Douglas, creo que serían difíciles de superar por cualquiera de estos.
El papel de Sharon Stone tiene unos toques de homosexualismo. Vamos, que le da a las pollas, pero también a los coños. Bien, pues este hecho insignificante puso en alerta a los diversos colectivos de lesbianas americanas, que tocando los huevos como los tocaron los maricones en su día con “A la caza”, las liaron pardas porque decían que el personaje de la Stone daba una mala imagen de ellas. Ya saben, fanatismos yankis.
La película ha dado pie a un montón de “exploitations” que, curiosamente, han sido tan recurrentes dentro del mainstream como lo fueron dentro del cine de baja alcurnia –ahí el subgénero caló a lo bestia, lógico considerando su carga sexual- En muchos casos, eran remedos con repartos marcianísimos; por poner dos ejemplos, “Nunca hables con extraños” con Antonio Banderas y  Rebecca de Mornay, o “La marca del asesino” con James Belushi y Lorraine Bracco.
Ha sido una buena experiencia volver a ver "Instinto Básico" que, por si lo habían olvidado, contó con una absurda y tardía secuela, a la cual dedicaré mi próxima reseña.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

INSTINTO BÁSICO 2: ADICCIÓN AL RIESGO

…y  quince años después, llegó la secuela.
Recuerdo perfectamente la reacción que tuve nada más ver el póster de esta película: Me descojoné. Porque, que en pleno 2006 veas en una marquesina un póster de “Instinto Básico 2”, es para descojonarse. Y luego, hasta que no he visto la película, como consecuencia al repaso que le di a la primera, no había vuelto a saber de ella. De hecho, he conseguido una copia no sin cierta dificultad.
Lo que no me explico es qué les llevó a Mario Kassar y Andrew Vajna, en un fallido intento de resucitar la “Carolco” (rebautizada en esta ocasión, aunque con logotipo similar, como “C2”), a hacerlo con una secuela de una película que fue pura consecuencia de su momento. En 2006 ni dios se acordaba de “Instinto Básico”, y aunque Sharon Stone, con 48 años que tenía, está más que apetecible (ahora con casi 60 lo está todavía más. Ha envejeciendo mejor que ninguna. Tiene retoques estéticos, si, pero aún así) ya no es el mito erótico que pudo ser en los noventa, por una mera cuestión de edad. Incluso, digamos que como reclamo publicitario tampoco era un aval. No obstante, arriesgaron lo justo, unos setenta millones de dólares, cantidad decente aunque no excesiva. Que sirviera al menos para recuperar en caso de que al público no le interesara. Y así fue. El tremebundo fracaso provocó que no se haya vuelto a ver ni un solo estreno más de esta “Carolco 2”. En los USA, país que tiene tantos millones de espectadores con gustos tan variados, no recaudó nada. Estuvo en cartel tan solo 15 días porque la mayoría de los pases se suspendían ante la ausencia de culos en las butacas, o  a lo sumo se proyectaba para dos o tres espectadores. En Europa fue algo mejor, sin ir más lejos, en España congregó a 450.000 dignos espectadores del 2006, pero no fueron suficientes. En total recaudó 35 millones de dólares, con lo que las perdidas son más que patentes.
Y esto habría pasado aunque la película hubiera estado bien, incluso mejor que la de Verhoeven, porque, simplemente, en 2006 no tocaba otro “Instinto Básico”. Pero es que, encima, es más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudado. Y mojigata…. Verhoeven tuvo problemas con la suya porque era "casi pornográfica". Aquí el sexo brilla por su ausencia. Le vemos las tetas a la Stone (dos pegotes de silicona) de refilón y a dios gracias.
No sabemos por qué, la escritora Catherine Tramell está en Londres, escribiendo y follándose a futbolistas drogados. En una de estas, tienen un aparatoso accidente de coche en el que solo muere el futbolista que le acompaña, pero como en su vida ha sido tantas veces sospechosa de asesinato, la policía no se fía un pelo de ella, así que empiezan a investigarla. El psicólogo llega a la conclusión de que esta mujer es un peligro para el resto de los mortales, o como mínimo, para sí misma puesto que es “adicta al riesgo”, por lo que empieza un tratamiento con el doctor. Este se la folla, comienza a morir gente y la escritora manipulará todo a su antojo para salir indemne. Una chorrada.
Se trata de una película totalmente incompetente, aburrida a más no poder, que en un alarde de originalidad repite todos los chascarrillos de la primera – como por ejemplo lo de “Aquí no se puede fumar”- con el fin de lanzar un guiño al espectador, aunque este no se da cuenta porque ni se acuerda ya la otra –Yo sí porque me he visto las dos seguidas- y además… ¡ni que fuera una comedia para ir repitiendo chascarrillos!
La resolución de la incomprensible trama es una absoluta tomadura de pelo.
Para colmo de males, si Catherine Tramell era un personaje seductor, con cierta clase y envuelta en un halo de misterio, en esta, por obra y gracia del espíritu santo, se convierte en una vulgar fulana que seduce a su partenaire a base de decirle guarrerías: frases como “¿Sabes que me masturbo pensando en ti cuando te corres?”, “¿Cómo hago cuando te imaginas que me follas?” o “Como te gustaría correrte en mi boca” o "Yo tocarle el coño y chuparle la boca", salen del gaznate de Sharon Stone, cuando en la película original no tenía que tirar de marranadas para poner cachondo a Michael Douglas (y al espectador) , lo que sumado a la edad de la actriz, se reduce a una vieja diciendo guarradas.
En fin, una mamarrachada mayúscula que hay que ver, pero solo en caso de curiosidad, porque para entretenerse sería un craso error. Esto no hay un dios que lo aguante.
Dirige Michael Caton-Jones, mediocre director de estudio que tiene en su currículum cosillas como “Memphis Bell”, “Doc Hollywood” para lucimiento de Michael J. Fox, cuando ya mostraba síntomas de decadencia, o “El Chacal”. Tras “Instinto Básico 2: adicción al riesgo” se metió a trabajar en televisión.

viernes, 10 de octubre de 2014

LA MARCA DEL ASESINO

Hace poco les hablaba de “Instinto Básico”, y citaba uno de los muchos “Exploitations” que surgieron a raíz de su éxito, este “La marca delasesino”,“Traces in Red” en su versión original.
Un thriller moderno con descarnado y tórrido sexo, como demandaban los noventa.
El caso es que como buen fan de James Belushi,  en su momento alquilé la película, consciente de que este era un claro ejemplo del inicio de la decadencia del actor. A posteriori, porque la intención inicial de la película era acabar de lanzar como todo terreno – que no lo es- a Belushi, en esta producción de Samuel Goldwin, que al final fue un absoluto fracaso. En nuestro país la vieron unos míseros 230.000 espectadores.
Claro, porque el thriller moderno con descarnado y tórrido sexo que se nos anunciaba, era en realidad un thriller de lo más tontorrón con un sexo casi ausente más allá del cartel promocional. Es más, esto es casi mejor, porque ¿A quién le interesa ver escenas de sexo entre estos dos cincuentones y entrados en carnes James Belushi y Lorraine Bracco? Porque vaya dos “sex symbols", señora. La barriga mas grande y el culo más gordo de la historia del cine, respectivamente.
La película, además de estúpida, es un coñazo de aúpa.
Se van sucediendo una serie de asesinatos a mujeres que algo tienen que ver con nuestro protagonista, un detective que, a la par que se va cometiendo un asesinato, va recibiendo cartas anónimas con poemas macabros que parecen escritos por un retrasado mental. Como parecen escritos por un retrasado, el detective no les echa cuentas, hasta que la cosa se va haciendo más gorda. Así que, puestos a desconfiar de todo el mundo, y para que la película se parezca un poco a “Instinto Básico”, Belushi empieza a buscar pistas en diversas manchas de carmín que desembocan justo en los labios de una viuda de culo gordísimo (la Bracco) a la que se tira ocasionalmente. Y según avanza la trama, la película pega, no un giro, sino dos, que si la película ya era mala, la tornan vergonzosa.
Una cosa absurda, tonta, y lo que es peor, poco interesante o nada. Un coñazo en el que James Belushi hace de James Belushi, pero como omite la sonrisa de medio lado, y los chistes malos e irónicos, es lo mismo que no tener nada. Además, que las pocas escenas de sexo que tiene con la Braco, se le dan fatal, así pues, acaba poniéndose bizco cuando no debe. Es como ver al agente Dooley de “Super Agente K-9” pero en plan serio y trascendente, que de vez en cuando se acuesta con una señora poco apetecible (cosa que Dooley nunca haría), y la investiga, aunque desde el primer momento canta, y por soleares, que la asesina, aunque todo indica que va a ser esta señora, finalmente, será cualquier otro. Y cuando vean el final (si es que lo van a ver) descojónense, como yo lo hice, con la resolución.
El fracaso en taquilla no fue suficiente para esta película. Por si esto fuera poco, le valió, en 1993, a Loarraine Bracco, una merecida nominación a los Razzies de ese año. No lo ganó, se lo arrebató Melanie Griffith por “Un extraño entre nosotros”, y James Belushi comenzó a aparecer menos en la gran pantalla para comenzar a hacerlo en la pequeña, e incluso, a no aparecer, ya que gran parte de su carrera a partir de mediados de los noventa, consta de prestar su voz a varipintos personajes animados.
Y todo por culpa de este bodrio. Seguro.
Para el director Andy Wolk, “La marca del asesino” supone su debut en el cine a la par que su despedida, ya que, si bien es cierto que nunca le ha faltado el pan teniendo hasta la actualidad trabajos televisivos de diversa índole, tambien es cierto que jamás volvió a dirigir una película destinada a salas. Parte de la culpa, supongo que la tiene el ritmo televisivo de esta mierda.

martes, 19 de mayo de 2009

EL SILENCIO DE LOS BORREGOS

El universo está repleto de enigmas, preguntas sin respuesta y grandes dudas. Pero, probablemente, la mayor de todas ellas, aquella que tortura a grandes y pequeños, sea esta: ¿Cómo es posible que un actor/director Italiano de tercera división lograra que los americanos le respaldaran en un proyecto nacido para morir y, encima, contara con la participación de algunos actores de bastante prestigio?. No hay solución para tal misterio, aunque uno puede hacerse una leve idea cuando entre los créditos descubre a Julie Corman (la señora de Rogelio) como productora. Ello no aclara, no obstante, la presencia de John Carpenter y Joe Dante en el mismo plano e interpretando un chiste barato de lo más zafio y tópico.
“El silencio de los borregos” mezcla los argumentos de “El silencio de los corderos” y “Psicosis” y puede integrarse tranquilamente en el “spoof”, pero línea chusquera, es decir, acumulación por acumulación de chistes, el 95% de ellos muy malos, y un leve 5% bastante simpáticos (“¿Le puedo ser franco?”, “Ah! Pensaba que usted se llamaba Joe!”) y mezclado al mismo tiempo con una concepción muy italiana de la comedia, donde prima redundar los gags, insistir en ellos hasta que pierden la gracia o explicarlos cuando uno ya los ha pillado a la primera. Que el prota se llame Jo Dee Foster (¡!), que Martin Balsam recupere su papel del detective de “Psicosis” y se haga llamar… ¡Martin Balsam! o que un tipo sea acuchillado en la ducha por el mismo Alfred Hitchcock es lo que yo digo humor barato de patio de colegio.
Ezio Greggio co-protagoniza, guioniza, dirige y produce ejecutivamente (¡guau!) esta mega-astracanada de peli que, por exceso, acaba resultando hasta entretenida, aunque te pases media proyección diciendo aquello de “¡Joder, que malo!”. Pero dejémonos de moñadas, vamos a por lo que realmente impresiona, que es su reparto de protagonistas, secundarios y cameos (siguiendo el orden de imdb, of course): Billy Zane, cuando aún no estaba tan acabado, Dom De Luise (interpretando a la parodia de “Hannibal Lecter” con el original nombre de “Dr.Animal Cannibal Pizza” ¿¿??), Joanna Pacula, el mentado Martin Balsam (que, como John Hurt en “Spaceballs”-“Alien” recrea la escena de su muerte en “Psicosis” precedido por un “¡Oh no! ¡Otra vez!”), Stuart Pankin (rostro habitual de orden segundón, muy típico de comedias americanas), John Astin (el que fuera progenitor de la “Familia Addams” en la pequeña pantalla durante los años 60 que, lógico, recrea aquí muchos tics relacionados con dichos personajes), Bubba Smith (Hightower en la saga “Loca academia de policía”, de esta también podemos ver a Lance Kinsey, es decir, el teniente Proctor), Rip Taylor, Shelley Winters, Nedra Volz (la abuela cegata de “Locademia de conductores”, interpretando básicamente al mismo personaje), Henry Silva (al que no vi por ningún lado), John Roarke (el doble de George Bush padre, que ya lo parodiara en "Agárralo como puedas 2 1/2"), Tony Cox (el enano negro habitual en las "Epic, Date o Disaster Movies"), Irwin Keyes (rostro imborrable del cine "exploitation" más auténtico por sus inconfundibles facciones de mongo, lo hemos visto en montones de pelis, "El Exterminador", "Viernes 13", "Death Wish 4" o, más recientemente, "La casa de los 1000 cadáveres"), Eddie Deezen (cómico de tercera habitual en el cine de Fred Olen Ray), Rudy De Luca (mano derecha de Mel Brooks, interpretando al mismo personaje, 30 años después, que encarnara en "Máxima Ansiedad") y un montón más que seguramente se me escapan. Completan la jugada los cameos de John Landis, Mel Brooks (cómo no, es obvia la admiración que Greggio siente por este al incluir a varios de sus habituales. La jugada le salió bien, ya que el judío contaría con el Italiano para sus siguientes películas) y los citados Carpenter y Dante.
"El silencio de los corderos" y "Psicosis" aparte, también tenemos referencias directas a "Instinto Básico", "Star Wars" o "Desafío Total". La voz en off que va narrando, así como algún gag muy puntual, son copia directa y total de los "Agárralo como puedas". Lo mismo podemos decir con el baile de falsas identidades en el desenlace, que recuerda excesivamente a "Un cadáver a los postres".
Lo dicho, sigo sin comprender la existencia de esta película (rodada además con medios más que potables), sigo preguntándome qué pensarían los actores yankis (y los técnicos) mientras la iban realizando... aún así, aunque solo sea como mera rareza, como un accidente de la meca del cine... bien merece que le echéis un vistazo... igual incluso os reís un rato y todo, ¿quien sabe?.

lunes, 10 de diciembre de 2018

STRIPTEASE

Uno de los hits rompetaquillas de los 90 que, basado en un best seller de tres años antes de su rodaje, consiguió un “más difícil todavía” de las películas malas, que es camuflar una comedia involuntaria de voluntaria. O eso creo.
Supuestamente, “Striptease” se concibió como una comedia con toques de thriller, y durante el rodaje, Andrew Bergman, su director, puso especial empeño en las escenas cómicas. Sin embargo en un pase de prueba previo al estreno oficial, el director y el equipo de la película pudo comprobar en propias carnes como el público se reía… ¡pero en las escenas en las que no tocaba reírse, en las dramáticas! Es por eso que, según ese pase de prueba, se montó la película de nuevo alterando parte de los acontecimientos y rodando nuevas escenas deprisa y corriendo para las que Demi Moore debió ponerse una peluca, ya que en esa fase de la postproducción, esta ya estaba con la cabeza rapada y rodando “La teniente o’Neill”. El resultado de todo esto es el desbarajuste que se estrenó en las salas de nuestro país y que, pese a la banda sonora claramente cómica que acompaña el clímax final para remarcar que estamos viendo una comedia, no funciona como tal y sencillamente parece un mal thriller con aires de comedia involuntaria. “Striptease” ya era mala en el año de su estreno, 1996, pero deberían verla hoy, 22 años después, y comprobarán por qué los 90 eran tan nefastos cinematográficamente hablando. Pese a ello, y pese al aluvión de premios razzies que se llevó, la película logró ser un éxito sin precedentes, más concretamente en Europa. En España, sin ir más lejos, logró congregar la friolera de 4 millones de espectadores, lo que es un absoluto pepinazo. Claro que, seguramente, lo que el público estaba comprando eran las nuevas tetas de la Moore.
La historia, las dos tramas con las que cuenta la cinta, no son más que una excusa que sirven como hilo conductor para lo que realmente se vende que son las escenas de Striptease en las que vemos a Demi Moore tetas y culo cada cinco minutos. Además el argumento es una mierda que no hay quién se lo crea.
Una secretaria del FBI pierde su trabajo por tener un marido delincuente. Para más drama, durante el divorcio, este gana la custodia de la hija que tienen porque  es quien tiene trabajo, por lo que esta mujer tendrá que buscarse la vida como buenamente pueda. Entonces, como ser secretaria del F.B.I. no es tener un buen currículum, no le queda más remedio que mover el culo en un club de Striptease, dominando el medio en pocas semanas como si bailara en pelotas desde cría. En una de esas,  un senador con ciertos problemillas de índole sexual y bastante corrupto, se cruzará en su día a día con el fin de complicar más aún las cosas.
Mala a rabiar, lo único que podemos sentir es vergüenza ajena casi en cada uno de sus planos, con todos sus diálogos y con una Demi Moore que siendo una chica delgadita y encantadora en películas previas, aquí aparece hiper musculada y siliconada hasta el punto de no saber si estamos viendo “Striptease” o una adaptación al cine de “Hulka”. Por otra parte, le vino bien a la Moore rodar este pozo de estiércol, porque se convirtió en la actriz mejor pagada de la década al recibir nada menos que 12 millones de dólares. Ridículo resulta también  Burt Reynolds, quien se suponía que regresaba al cine por la puerta grande y quien, prácticamente, suplicó para poder obtener este rol protagonista y, suponiéndose que interpreta un papel divertido (un diputado que soba a las stripers y que en sus ratos de ocio se unta el cuerpo con vaselina) lo que consigue es parecer que es un malísimo actor. En cualquier caso, ninguno de los implicados parece estar haciendo una comedia.  ¿Quizá se decidió que “Striptease” era una comedia después de su estreno? A saber.
Por otra parte “Striptease” no es más que la consecuencia de esa moda desinhibida —y agradecida— de los 90 que resultó ser el thriller erótico, subgénero este, para el que “Instinto Básico” abrió la veda, ramificando por una corriente que murió tan pronto como empezó (con “Showgirls”) como era el thriller erótico ambientado en locales de Striptease.
Un mojón de caballo con tan poca gracia, que al final, si se la rebuscamos un poquillo, se la encontraremos. Eso sí, yo la he borrado de mi disco duro tras el visionado.
Dirige Andrew Bergman, que se ha ganado la vida algo mejor como guionista pero que, además de esta, dirigió cosas algo más potables como por ejemplo “Profesor a mi medida” o “El Novato”.
Puro fast food del malo, del podrido.

martes, 18 de agosto de 2026

HAZLO POR MÍ

Los noventa fueron la década en la que se puso de moda el thriller erótico. "Instinto básico" tuvo un tirón increíble y, por supuesto, generó montones de imitaciones y exploits.
"Hazlo por mí" no es exactamente una imitación, pero se adscribe -a la española- a un género ya en desuso; es decir, un poco chabacano e indefectiblemente pobretón, teniendo siempre muy presente el arquetipo de la rubia cachonda que utiliza sus atributos sexuales para conseguir sus objetivos, volviendo completamente loco a todo el personal masculino.
De esta forma, Ángel Fernández Santos pone en marcha, intuyo que con palos y piedras, un thriller de ese corte encabezado por actores y actrices que, a día de hoy, quizás por la edad, ya no se dejan ver mucho en el cine, pero que en 1997, año de rodaje de la película, eran auténticas cabezas de cartel.
El caso es que se cumplen 30 años de su estreno y, si en el momento nos pudo parecer un thriller correctito, el paso de los años la ha hecho envejecer mal y ahora resultan mucho más visibles todas sus carencias. Pero, en resumidas cuentas, y teniendo presente cómo está el cine español estos días, "Hazlo por mí" resulta un entretenimiento eficaz que únicamente se ve lastrado por unas interpretaciones un tanto desfasadas que hacen que bordee la comedia involuntaria, así como por cierta crueldad por parte de algunos personajes que, de puro exagerada, también provoca la hilaridad (hay un bofetón a un niño pequeño, con sangrado incluido, que es de juzgado de guardia).
Por lo demás, tenemos a Cayetana Guillén Cuervo en su máximo esplendor físico, guapísima con su corte de pelo a capas —muy de los noventa—, como una femme fatale que roza la psicopatía; a Nancho Novo como un camello macarra muy poco convincente; a Carlos Hipólito como hombre de negocios y padre de familia (un papel muy Carlos Hipólito), y a Eulalia Ramón como la abnegada esposa que va dándose de topetazos con los cuernos contra los alcornoques. Mención especial merece la banda sonora, compuesta a partir de músicas de ascensor y "easy listening" de librería, a base de sintetizador noventero (aunque hay créditos para la música en el rodillo final, no sé si pertenecen a las tonadillas a las que me refiero). Es horrorosa y hace plantearse si no hubiera sido mejor dejar esas escenas sin música o pagado los derechos de cualquier otra canción cuando, en una escena, Nancho Novo bailotea algo que suponemos que es rock o heavy metal, pero en realidad se asemeja más a la programación «Foxtrot» de los teclados "Casio".
De este modo tenemos a una pija buenorra y rubia que va asiduamente a visitar a un macarra a la cárcel. Y, cada vez que va, folla con él. Por otro lado, conoce al propietario apocado y banal de una boutique, al que le intuye pasta por un tubo, y se enrolla con él, conduciéndolo a un enamoramiento pasional. Cuando su novio, el macarra, sale de la cárcel, ambos urden un plan para sacarle la pasta al de la boutique. Este consiste en convencer al pobre hombre de fingir el secuestro de su hijo para así pagar las deudas que la chica arrastra de su vida anterior, sacando los millones que precisan del suegro de aquel. Si todo sale bien, se irán los dos a vivir en paz  su romance y sin dolores de cabeza. Pero, por supuesto, la cosa se va de las manos hasta rozar lo ridículo.
Sin más, como ya digo, si pasamos por alto todas las cutradas, que son muchas; las sobreactuaciones, que son unas cuantas; y un par de momentos de transición bastante aburridos, tenemos una película que, para echar un rato, alcanza y sobra. Entre otras cosas porque el guion, firmado por José Miquel Hernández Gascón, es bastante solvente, aunque necesitaba, sin duda, una producción con más dinero del que se le echó.
Del tándem responsable de esta película poco más se supo. Ángel Fernández Santos dirigió otra más, si cabe más ignota que esta, "Catarsis", y lo mismo pasó con el guionista Hernández Gascón, que posteriormente firmó el guion de una TV movie titulada "Mar Rojo". Y Sanseacabó.

viernes, 14 de octubre de 2011

DISTRACCIÓN FATAL

El éxito de "Agárralo como puedas" significó el pistoletazo de salida para el renacer de las "spoof movies" después de su desvirgue a inicios de los 80 y posterior decadencia. Muchas fueron las pelis que intentaron chupar del bote, y una de ellas venía firmada por todo un experto en la comedia, Carl Reiner. En 1993, año de producción de "Distracción Fatal", Reiner había hecho ya unos cuantos títulos de peso adscritos al humor, la mayor parte de ellos junto a Steve Martin. Pero ninguno TAN "spoof" como este del que les hablo ahora. Tal vez lo más próximo al tema pudiera ser la divertida "Un genio con dos cerebros", pero la verdad es que yo identifico al "spoof" como un tipo de pelis repletas de referencias directas a otros films y muchos gags visuales, algunos de ellos incluso metacinematográficos. De eso "Atracción fatal" va CARGADA... además que, como ocurre con otras comedias de la época ("¿Quién es Harry Crumb?" de John Candy entraría en el pack), incluye secuencias e ideas muy similares a las vistas en "Agárralo como puedas" o algunas de sus secuelas.
Un policía de día y abogado de noche es seducido por una psicópata, a la vez que su adúltera mujer pretende asesinarle, algo que también quiere llevar a cabo un viejo recluso que busca venganza. Todo ello entremezclado a nivel narrativo con bastante más gracia de lo que viene siendo últimamente habitual en "spoof movies" imposibles como "Scary Movie 4", por ejemplo, donde se hacen piruetas ridículas para que todas las referencias peliculeras encajen en una misma historia.
Bien, el tipo de cine al que apunta esta parodia es el thriller moderno. O el que era moderno a inicios de los 90, "Instinto básico", "Atracción Fatal", "El cabo del miedo" (remake) o "Durmiendo con su enemigo". Le siguen algunas referencias a los clásicos, como las de "El cartero siempre llama dos veces" o "Extraños en un tren", y a otros géneros con títulos del calibre de "9 semanas y media" y "Pretty Woman". También el cine de juicios es extensamente ridiculizado en la parte más desmadrada de toda la peli.
"Distracción fatal" es un producto muy muy de los inefables 90... algo que queda bien reflejado no solo en sus títulos de referencia, también en el reparto. Por aquella época Armand Assante (que demuestra tener una bis cómica muy estupenda) y Sherilyn Fenn eran, respectivamente, un redescubrimiento y descubrimiento que los productores se rifaban (con prudencia).
¿El resultado?... hombre, es una peli tontísima del cagarse... que abusa de chistes verdes y picaruelos... pero no deja de ser bien simpática y bastante entretenida. Sin embargo, sigo creyendo que la fórmula para facturar un buen "spoof" era exclusividad del trío Zucker/Abrahams/Zucker. A día de hoy nadie ha logrado aún hacer una parodia con la maestría, la inteligencia y la exactitud que demostraron tener (y hablo en pasado) estos tres individuos.
Por cierto, "Distracción Fatal" pinchó en la taquilla USA de modo estratosférico.

lunes, 3 de abril de 2023

EL MASAJE

Telefilme de corte erótico de los años 90 con cierto culto entre los pajilleros más desprejuiciados, porque, si le damos a la pausa en un par de momentos concretos, esta película bien vale una invocación a Onán. E incluso dos.
Se trata de una de esas que se conciben exclusivamente para aumentar la libido de señoras de mediana edad que sueñan con un varón interesante que les haga ver las estrellas de gozo. Una previa, como no, a “50 sombras de Grey”. Pero estamos en 1995, no tenemos muy lejana “Instinto básico” como paradigma de lo erótico y lo atrevido, y al final lo que consigue “El masaje” es obtener un efecto contrario al deseado, tener a los varones bien pendientes de lo que sucede en pantalla, más que las féminas, porque aunque la intención es estimularlas a ellas, la película entera se recrea en una Mimi Rogers entrada en los cuarenta, desnuda, bamboleante, suelta, fresca y velluda que se deja manosear por un Bryan Brown cincuentón que, mientras, le lleva la contraria en conversaciones a cerca de arte, filosofía y pareja.
La Rogers es una marchante de arte forrada que cada semana recibe un masaje que la deja como nueva. Pero un día en lugar de su masajista habitual, joven, bello y hábil, llega un señor cincuentón y malcarado (Brown) que le sustituye porque este se ha ido de viaje. A la marchante parece no hacerle ni puta gracia el cambio, pero cuando recibe el masaje no solo acaba descubriendo que su masajista habitual es homosexual, sino que le ha gustado la conversación que le ha dado el cincuentón, por lo que le invita a continuar viniendo cada semana a su casa en lugar del que lo hace normalmente. Y ese es todo el argumento. Durante una hora y media hablan, hablan y hablan, al ritmo que marcan las manos de Bryan Brown sobando las enormes peras a la Rogers.
Material pajero a parte, lo que más destaco de “El masaje” es que, pese a que los personajes nos importan un pimiento, no hay apenas historia y en realidad tenemos a dos pollopera hablando de sus cosas, la película está extrañamente entretenida. No se como lo consigue pero la combinación de magreo y parloteo pseudo intelectual logra captar nuestra atención hasta que, cuando termina, nos damos cuenta de que la cosa ha estado bien. Con matices, pero se aguanta perfectamente.
El merito de eso lo tiene su director, porque no nos encontramos ante cualquier directorcito de escuela que debuta con un telefilm, no, tenemos a Nicolas Roeg que, extrañamente acabó trabajando para la televisión ya sea en series o telefilms de esta índole, pero que venía precedido por el prestigio que le otorgaron en los 70 su ópera prima, “Performance”, con papel protagonista para el líder de los Rolling Stones, Mick Jagger, “El hombre que cayó de la tierra” con David Bowie o "Amenaza en la sombra". También se marcó alguna cosa eminentemente mainstream como “La maldición de las brujas”. Después ya se dedicaría casi en exclusiva a la televisión, y ahí es donde entra esta “El masaje”. Y yo creo que se aguanta perfectamente por el buen hacer de su director.
Mimi Rogers, probablemente más conocida por ser la primera esposa de Tom Cruise allá en los 80 que por el buen número de películas en las que intervino, cuenta que aceptó hacer el papel porque los diálogos —que en realidad son sonrojantes— le parecieron súper interesantes y por tener la oportunidad de trabajar para Roeg, pero, al final no se sintió nada a gusto, porque tenía que estar todo el día en pelotas, tumbada en una mesa fría. Además, en ese momento solo pasaban cuatro meses después de haber parido, por lo que la Rogers no se encontraba a gusto con su cuerpo que en tiempos pasados era mucho más escultural. Yo digo que precisamente ese cuerpo imperfecto de mujer madura es lo que hace que esta película merezca completamente la pena, que nos pongamos como motos viéndola, y me pregunto si Bryan Brown no le ocurriría igual con tanto sobeteo, magreo y apretamiento. Se merecía un Oscar.

viernes, 10 de febrero de 2017

DOC HOLLYWOOD

Película para lucimiento de un Michael J. Fox que ya aquejado por el Parkinson, springta sus ultimos años sin temblores para rodar tanto como puede. 
De ahí, y hecha totalmente a su medida, este “Doc Hollywood” que adapta la novela de  Neil B. Shulman “What? Dead Again?”.
En ella, un recién licenciado en medicina decide viajar a Los Angeles con el fin de trabajar allí como cirujano plástico, cargando con su consiguiente conflicto moral, al no considerar del todo la cirugía “Medicina de verdad”. El caso es que durante su periplo en automóvil, al entrar en el pueblecito de Grady, este tiene un accidente que causa unos cuantos desperfectos, por lo que el juez local  le condena a ejercer como médico del pueblo hasta que pueda pagar los desperfectos con sus servicios. Cuando las fuerzas vivas le tientan para que se quede allí a trabajar como médico por una miseria comparada con lo que ganará como cirujanos plástico en Los Angeles, aparecerá una conductora de ambulancia en escena que, quizás, haga a este médico engreído y petulante cambiar de opinión.
Una comedia ligera que datada en 1991, ya vaticinaba lo que la comedia iba a ser en los noventa; una sosez. Ahora, quizás ya la nostalgia hace mella en mi psique a favor de “Doc Hollywood”, o bien, al ir estableciéndome en la mediana edad, esto propicia que productos que ni fu, ni fa, acaben pareciéndome simpáticos y agradables, y en consecuencia, entretenidos. Y es que, fan como era yo en la época de Michael J. Fox, acudí en su momento al cine a ver este estreno, decepcionándome –y mucho- tras su visionado. Me pareció un folletín tremendo. Sin embargo a día de hoy la disfruto como lo que es; una pequeña comedia para señoras de 50 años, con un toque de romanticismo, con un humor completamente aséptico que no ofende ni al más propenso, y con muy pocas pretensiones. Una película del montón, sin más, visible y correcta que no cambiará la vida de nadie que la vea… Excepto la de los gerifaltes tras la “Pixar”. Ya es oficial, y así ha sido casi reconocido por sus artífices, que la película “Cars” es un plagio en toda regla de “Doc Hollywood”. Un plagio descarado además, siguiendo el cochecito protagonista todos los pasos que sigue J. Fox en la película. Debieron pensar sus artífices que “Doc Hollywood” no la había visto nadie, y que en caso de que alguien lo hubiera hecho, no se daría cuenta de que la historia de los cochecitos es exacta a esta. Como fuera, tras el descubrimiento de plagio, el asunto no tuvo mayor relevancia, y sirvio para, en cierto modo, darle una segunda vida a la película que nos ocupa. Olvidada como estaba, para que el público volviese a hablar de ella.
Y sin más.
Junto a Michael J. Fox tenemos en papeles secundarios a una cargante Briget Fonda que está para matarla, y a un metódico Woody Harrelson que aún no había despuntado del todo y que hace ostentación de una gran fuerza interpretativa dando vida a una especie de redneck analfabetoíde en una composición que luego daría sus frutos en otras películas posteriores.
Dirige la cinta Michael Caton-Jones, popular por haber dirigido después “Vida de este chico”, o mejor aún, “Instinto Básico 2”.

miércoles, 21 de enero de 2015

SUSANNA

Seamos sinceros: Yo me puse a ver esta película para despellejarla, para reírme sin piedad de ella y  vilipendiarla. De hecho, quien me la recomendó lo hizo para que la destrozara, además de avisar que aquí “A Eva Santolaria se le ven hasta las amígdalas”.  Pero tal y como están las cosas, he de decir que mi intención dañina se diluyó a los pocos minutos de película, porque lo cierto es que me pareció cojonuda. Los actores, sin ser del todo buenos, aquí están muy bien, y aunque a priori, efectivamente, esto parecía un el enésimo aprovechamiento del éxito de “Instinto Básico” a la catalana con todas las papeletas para ser risible, la verdad es que al final se prodiga como un thriller de extrarradio, absolutamente deudor de todo ese cine  lumpen de finales de los setenta, rodado con la cadencia –casi torpe- del cine de los ochenta, pero filmada bien entrados los noventa, cuando el cine español se volvió tan pijo y para un público tan repugnante. En tiempos en que pelis como “Mensaka” o “Extasis” eran las que el cine español nos intentaba colar, se nos ofrece una película de género puro. ¿Un thriller erótico? El erotismo está ahí, es un hecho. Pero es sórdido y rancio, porque toda la película lo es.
Cuenta la historia de un comercial que hace chanchullos a su favor con los clientes de su empresa. Un buen día, la propietaria de un bar, para que le retrase unos pagos, le ofrece follarse a su sobrina menor de edad a la que tiene allí trabajando. Esta accede, y comienza un tórrido romance. Después el individuo va a la cárcel porque le pillan con los chanchullos. De por medio, mafiosos de barrio, ajustes de cuentas, estafas, bodas con musulmanes y hasta asesinatos.
Esta es una de esas películas a las que les beneficia el bajo presupuesto, porque  está claro que hubo poco de eso para el rodaje. No obstante, ver esos pisos mugrientos en los que viven los personajes, esas pensiones comidas por la humedad, y esas tascas de mala muerte, le dan un look a la película del todo desasosegante a la par que realista. La película es tan sucia que huele a mierda y cuando esta acaba, tenemos que darnos una ducha. Algo raro de ver en un film español de los 90. Y creanme, eso es lo mejor de la película.
No obstante, me gusta mucho los hijos de puta que son todos los protagonistas; todos unos cabrones, empezando por el comercial protagonista y terminando por la putilla que da nombre a la película. No hay en ella ni un solo personaje positivo, todos malos y egoístas, personajes de fines perversos y chabacanos. Una panda de cutres de mierda como tantos hay sueltos por ahí en la vida real.
Y a parte de todo esto, es que la película, que quizás tenga una dirección un tanto descuidada, está condenadamente entretenida, engancha, y al final resulta que nos lo pasamos muy bien. Y esto lo digo de una película ante la cual me senté con todos los prejuicios del mundo. Pues está muy bien.
Y como era de esperar, al cine a verla solo fueron unos 80.000 espectadores.
En el reparto, me hace gracia  ver que protagoniza en asunto Álex Casanovas, “Chico Almodóvar” que irrumpió en “Kika” con la misma fuerza con la que fue relegado al ostracismo (televisivo, mayormente). Una especie de Michael Paré patrio, cuyo declive se debe a que es un espantoso actor. Aunque aquí está discretito, la verdad es que mola en el papel. Le sigue la anteriormente nombrada Eva Santolaria conocida sobretodo por ser Valle en la serie “Compañeros” y de carrera dispersa después de aquello. Les secundan un buen puñado de actores de reparto catalanes, efectivos como suelen ser ellos.
Dirige la película Antonio Chavarrías, que tras esta película todo lo que dirigió es de escaso interés, al menos, para el que esto escribe.

domingo, 4 de noviembre de 2012

LOS PLACERES OCULTOS (1989)

No confundir esta película con “Los placeres ocultos” de Eloy de la Iglesia, nada tiene que ver ni en formas ni maneras, entre otras cosas porque De la Iglesia era un gran director y René Cardona Jr., responsable de esta, un auténtico manazas.
Eso si, Cardona Jr. le daba a los géneros que daba gusto, rodando cualquiera de ellos sin tapujos y a por el dinerito de los espectadores. No obstante, esta “Los placeres ocultos” no deja de ser una rareza dentro de la filmografía del director, que sin salirse de los parámetros del cine fantástico, juguetea un poco con el rollo arty, que en otros títulos Cardonianos no asoma ni de pasada.
Así, comienza la película con una larga escena de ¡22 minutos! en la que un individuo ataviado con careta de carnaval y peluca rubia, se cuela en un coche, obligando a punta de navaja a que su atractiva y madurita propietaria lo conduzca hasta un descampado. Una vez allí, la ata de manera extraña y no para de decirle guarrerías hasta que le da media vuelta y la sodomiza. Pronto descubriremos que se trata de una psiquiatra que gusta de hacer este tipo de jueguecitos erótico-perversos con una de sus pacientes. El resto de la película es una sucesión de estas peligrosas prácticas sexuales, sin que apenas veamos un seno y con los dos únicos protagonistas diciendo y haciendo cosas raras. Hasta que da el típico giro argumental volviendo las cosas del revés.
Bien, no es ni de lejos lo peor de Cardona Jr., es su película más visual, y si no fuera por su condición de artesano, diría que la más personal. De hecho, siendo un pelín rebuscado, me atrevería incluso a afirmar que la película introduce elementos que el director ha mamado de cosas como “Arrebato” de Iván Zulueta, visualmente hablando (todo el rollito del tipo masturbándose ante la cámara de vídeo mientras el espectador es testigo a través de la pantalla del televisor) y de todos estos directores medio underground de los setenta. Por otro lado, la estética de la escena más impactante, que es la anteriormente mentada del principio, está claramente influenciada por el “slasher”, de hecho, es que en un principio es lo que parece, hasta que nos damos cuenta de por donde van los tiros.
La película se adelantó como tres años a “Instinto Básico”, en el sentido de que nos presenta las practicas sexuales de una pareja disfuncional como lo hiciera la de Verhoeven. Pero todo ello con el tufillo desfasado y pobretón que desprenden todos los productos mexicanos de la época, que hacen que haya muchísimos momentos de humor involuntario. Ahora, estética y visualmente, gana muchos enteros, y no es la típica gilipollez a la que nos tiene acostumbrados el segundo de los Cardona.
Lenta y aburrida… para los que disfrutan de las películas lentas y aburridas, entre los cuales (y según que películas) me incluyo.

viernes, 23 de julio de 2021

ZIPPERFACE

Lo que principalmente me llama la atención de este slasher tardío es la fecha de producción, 1992, de cuando el género estaba ya muerto y enterrado y a “Scream” le quedaba todavía un poquito para ser concebida y volver a ponerlo de moda. Y tirando de cliché, “Zipperface”, pone en pantalla a un nuevo asesino con máscara, que viste de cuero (con lo incómodo que ha de ser ir uniformado de esa guisa) y tira de machetón, y pone a la historia unos toquecitos de erotismo sado-maso rancio, pero inherente en cierto modo a la época en la que se rueda. Estaban de moda “Instinto Básico” y sucedáneos. “Zipperface” es un buen ejemplo de cómo de mal estaba, en general, el cine de terror de bajo presupuesto a primeros de los 90.
La cosa, que termina un poco a la “Scooby Doo”, no podía ser más plana: Un individuo vestido de cuero se dedica a asesinar a tías con indumentaria sado (¿), por lo que una pareja de detectives investigará el caso. Mientras el asesino da machete a hembras variopintas, a los policías se les van presentando diferentes sospechosos durante la investigación. A lo largo del clímax, con  el enfrentamiento final entre el asesino y los polis, y con  una final girl dando vueltas por ahí, se desenmascara al asesino y tanto los protagonistas como el espectador averiguan de quién se trata. Fin. Y entre medias, aburrimiento, aburrimiento y aburrimiento.
Por supuesto, nos sentamos delante de una película que hace alarde de todos los vicios de estéticos de los 90, con la imagen cubierta por una especie de nebulosa típica de la fotografía de baja estofa de la época. Luego, queriendo dar a entender que el asesino es de lo más macabro que ha parido madre, el nivel de sangre, vísceras o cualquier cosa que se le parezca, es una anécdota, casi al nivel de una película infantil. Mucho cuero, mucho látex, mucha connotación sexual, mucho modelito sexy con el que se pavonean las víctimas del asesino, pero, paradójicamente, no se ve ni una sola tetilla. En absoluto concuerda con el nivel de sadismo que a priori se nos propone. “Zipperface” es, hablando en plata, una mierda.
Los tiempos cambiaban, y si en los 80 los slasher tenían acostumbrada a la platea a los acuchillamientos de hembras de manera más o menos gráfica y gratuita, en los 90 una cosa de este estilo podía chocar  a los colectivos biempensantes, motivo este por el que la película fue tachada de misógina y sexista en la famosa TV Guide, revistilla cuyo cometido es informar de la programación de las cadenas de televisión, cuyo equivalente español lo encontramos en la mítica Teleprograma.
Por supuesto, como todo buen truño que se precie de serlo, a “Zipperface” no le faltan sus admiradores, hasta el punto que un grupo de estudiantes de la Universidad Estatal de Rutgers, en New Jersey, parodiaron la película para una musical off Broadway que prepararon el año 2009, titulado “Zipperface!!?!: The Hobo Musical”. Adoro a los americanos pero, a veces, son muy tontos con estas cosas.
En  cuanto al director, Mansour Pourmand, de origen iraní, venía de rodar una serie y una película en su país en los 70,  rodó “Zipperface” en los 90, y ya no volvió a hacer nada más hasta 2010, año en el que rodó un corto en vídeo titulado “Aladin’s Untold Story”. En la actualidad tiene un Instagram con 25 seguidores, dos publicaciones y, mientras escribo esto, el muy cabrito no me acepta.

lunes, 26 de octubre de 2009

SABE QUE ESTÁS SOLA

Algo maravilloso que tuvo la fiebre "slasher" originaria de los 80, fue la enorme cantidad de películas del estilo que llegaron a producirse. Fueron tantas y tantas que, aún hoy, pasados todos estos años, de vez en cuando descubres algunas que te faltan por ver. Y eso para un forofo del tema como yo, son muy buenas noticias. Con "Sabe que estás sola" me pasaba lo mismo que con muchas otras. El haber leído tanto sobre ella, las fotos, los extractos aquí y allí, me hacían creer no solo que la tenía más que vista, sino que tampoco me gustó demasiado. Ayer me puse a verla y, ¡arrea!, me encontré con un "slasher" virgen para mi... algo "grave" si tenemos en cuenta que se trata de uno de los títulos menores más reconocidos junto a otros de idéntica categoría tales como "Prom Night" o "7 Mujeres atrapadas".
Imaginad cuán de primigenio es este "Sabe que estás sola" (parido en 1980) que su influencia más directa la hallamos en "La noche de Halloween". Literalmente COPIA elementos estéticos de la obra maestra de Carpenter, planificación, encuadres, el modo de crear suspense y, muy especialmente, la música. El tema que acompaña al asesino es prácticamente un plagio.
Sin embargo, es una buena imitación, sobre todo si eres tan devoto del cine de acuchillamientos como un servidor de ustedes.
Un tipo despechado por la novia decide matarla el día de su boda, una hora antes de casarse. Traumatizado, seguirá con la tradición cargándose sin remilgos a toda futura clienta de "Pronovias" que pille. En juego entran un poli (que, nada menos, era el que iba a casarse con la primera víctima) y, obvio, una chavalilla a la que poco le queda pa subirse al altar (y que se debate entre dos aspirantes) de la que el asesino se obsesionará hasta límites absurdos, cepillándose a todos los que la rodean, sean futuras novias, solteronas empedernidas o señores de mediana edad.
Pero si algo ha hecho famosa a esta peli es que supuso el debut de Tom Hanks, quien tiene un papel muy secundario de lo más chorra. Le acompañan el pelirrojo Don Scardino (prota también de "Gusanos" y actualmente director televisivo) y dos típicos segundones del calibre de Paul Gleason ("La jungla de cristal") y James Rebhorn ("Independence day", "Instinto Básico"). Sorprende -gratamente- encontrarse a Steve James, héroe de acción de "serie B" a lo largo de la década ("El Exterminador", "El guerrero americano") en un papel minúsculo. Otro que perdía la virginidad en el terreno cinematográfico era el director, Armand Mastroianni, quien posteriormente firmaría algunos terrores videocluberos del calibre de "The supernaturals" o "La habitación del miedo".
Un aspecto curioso del film lo tenemos en el psycho-killer protagonista. No lleva máscara ni uniforme "cool", le vemos la cara desde buen principio, sobreactúa maravillosamente... solo que no dice ni pío en toda la función... pero es efectivo. Como efectivo es el arranque del show, con esa "peli (slasher) dentro de la peli (slasher)", el crimen de turno, la música, los créditos y los ojos del maníaco super-puestos... dabuten.
La verdad es que en lo que a binomio sangre/sexo se refiere, "Sabe que estás sola" va bastante escasa, por no decir completamente seca. Algo de lo que habría echado pestes si el film se hubiese facturado en los 90 (o ahora), pero claro... jolines... hablamos de un "slasher" de los primeros, con sus maravillosas e incomparables (e irrepetibles) virtudes (y sus defectos, que pal caso también molan mazo), ese look tan de su época, el tempo, los clichés.... TODO... por eso, me lo pasé tan y tan bien viéndola y, por eso again, la recomiendo si eres un enamorado del terror de los eighties y, especialmente, de este apasionante subgénero.
¡Lista para ser remakeada!.

sábado, 23 de noviembre de 2024

ANAMORPH

Miren lo que les digo, me gusta Willem Dafoe. Chorreante talento y carisma a un lado, admiro su versatilidad... así como esa cara tan peculiar que gasta (Willem "Defeo" solía llamarle a finales de los ochenta). Y no me refiero únicamente a la galería de personajes que es capaz de encarnar, incluyo el criterio a la hora de enfrentarse a un nuevo proyecto. El tío no tiene manías. Lo mismo te hace una super producción ultra comercial, que la cosa más rara y minoritaria del planeta, importándole un pimiento si es en funciones protagónicas o casi de extra. 
Cuando "Instinto Básico" lo petó, ahí estaba Willem encarnando al imposible amante de Madonna en la vilipendiada "El cuerpo del delito". Con el Tarantinismo en su apogeo, un mindundi llamado Troy Duffy decidió replicarlo pariendo una cosa titulada "Los Elegidos", típica macarrada artificiosa lista para impresionar a pazguatos algo miopes. Aún así, Willem se subió al carro sin pensárselo (la consecuente historia de Duffy, a base de ascenso fulgurante y caída estrepitosa, dio para un documental titulado "Overnight") Finalmente está el ejemplo que hoy vengo a reseñar, "Anamorph", un genuino producto surgido a la alargada sombra del estupendo "Seven" de David Fincher (también conocida entre modeLnos como "Se7en") que, no porque sí, supuso toda una piedra angular a la hora de revitalizar el thriller (con una muy leve ayudita previa de "El silencio de los corderos") Cuando digo lo de sombra alargada debería extenderlo a alargadísssssima, porque para cuando Dafoe firmó el contrato había pasado más de una maldita década desde las sombrías desventuras de "Somerset" y "Mills".
Así pues, ahí tenemos al colega como un inspector policial de solitaria existencia y ojo más que dotado para analizar escenarios criminalistas. Lleva cinco años atormentado por la investigación, caza y captura de un asesino en serie especialmente despiadado y cruel llamado "Tío Eddie". Algo turbio lo envuelve, aunque entrar en detalles sería espoilear la peli al completo. Arrancan una nueva serie de asesinatos que Dafoe se ve obligado a resolver. El problema es que guardan muchas similitudes con los de "Tío Eddie", lo que le dificultará bastante el asunto, sobre todo a niveles psicólogos. El serial killer es todo un artista. Se curra escenarios tan creativos como truculentos, construyendo puzzles humanos, usando cuerpos como cuencos para untar el pincel y otras zarandajas que contribuyen al lucimiento de los chicos de efectos especiales.
La deuda con "Se7en" como decía es notable (y, supongo, también con "los corderos". La presencia de Paul Lazar -habitual de Jonathan Demme-, quien en aquella era un entomólogo y en esta el forense, incrementa tal sensación). Esos escenarios lúgubres y sórdidos por los que transitan, linterna en mano, una pareja de polis (el joven entusiasta y el más mayor, descreído). La misma mecánica de los asesinatos, retorcidos y espectaculares. La escueta diferencia es que "Anamorph" se aposenta mucho más sobre aquello del homicidio como forma de arte. Y las citas culturetas (presentes también en el clásico de Fincher) son generosas e igualmente elevadas. Caso del mismo título, anamorfosis, una técnica muy curiosa que, si desconocen, les animo a googlear. Sí, amigos, pueden aprender viendo la película de Henry Miller, director y co-guionista. Poco o nada más haría el resto de su carrera. Raro.
Otro de los elementos diferenciadores se concentra en el desenlace, aquí es tan eficaz como medianamente desconcertante. Pero bien, el pitote completo funciona, te mantiene en vilo, impacta cuando debe y entretiene.
Acompañan a Willem Dafoe (poli mayor y descreído), Scott Speedman (poli joven y entusiasta), James Rebhorn, Peter Stormare, Clea DuVall, 
una vista y no vista Paz de la Huerta (y la incluyo porque lo dice la "secre", yo ni me di cuenta)... aunque para vista y no vista, Deborah Harry marcándose un, supongo, cameo coleguero. La guinda la pone Don Harvey, especializado en roles de malote o tipo desagradable, como el que encarnó en "Creepshow 2" o, sobre todo, "Corazones de hierro". Dato que, desde el punto de vista del "castingueo", podría considerarse spoiler... ¡ups!.

viernes, 9 de junio de 2023

LA MUJER DEL JUEZ

En un principio “La mujer del juez” nace, casi en exclusiva, como vehículo para el lucimiento no ya de Norma Duval, la súper vedette a la que tantos españolitos de la transición le dedicaron sus prácticas onanistas, si no para el de su escultural físico. De hecho, el póster promocional de la película no es más que una ilustración de la secuencia en la que vemos a la Duval en todo su esplendor. Y lo que importaba era su cuerpo y nada más que su cuerpo. Daba lo mismo hasta la propia actuación de la muchacha que, además, aparece doblada por una actriz del medio, porque, guapa a rabiar, Norma no es que fuese una gran actriz precisamente (el co-protagonista, Miguel Molina, hijo del cantante Antonio Molina que a posteriori sí que desarrollaría una —irregular— carrera como actor, tampoco era especialmente diestro pronunciando frases, así que también su intervención es doblada).
El caso es que, quizás de pura chorra, con la tontería de querer mostrarnos las tetas de Norma Duval, entre Paco Lara Polop, director y principal promotor de la película y Julián Ibáñez, se escriben un thriller de corte erótico que se anticiparía a la corriente americana de los 90 con “Instinto Básico” a la cabeza y que, generando un desarrollo y un clímax malsano y malrollero (y sexista, y misógino, y…), resultaría ser una de las mejores películas de las muchas que dirigió Lara Polop. Porque el film es resultón y eficaz, con una trama a priori trillada que se va complicando hasta captar por completo la atención del espectador y, encima, se consigue que el momento en el que Norma Duval se despelota no sea del todo gratuito porque se integra muy bien en lo que es la trama. Y luego, al final, otro pequeño giro. Y cuando termina, uno acaba exclamando: Chapó.
Tenemos a un señor juez interpretado por el estupendo Manuel Tejada, que anda hasta el cuello de trabajo y, en la otra mano, tenemos a su sumisa esposa que, harta de gastar un dinero que no se acaba en insulsas compras, se aburre en el hogar conyugal cosa mala. Así que, en una de estas, acaba manteniendo una relación sexual con el joven dependiente de diecisiete años de la zapaterías donde se deja la pasta.
Jugueteando amorosamente en el cobertizo propiedad de los progenitores del adolescente, la mujer del juez y el muchacho son sorprendidos por el vecino de esta que pasa por allí en bicicleta —y que ya le tenía echado el ojo a la jamba porque está muy buena—, justo un rato antes de descubrirse que la mujer de este ha fallecido en un aparatoso accidente. Se sospecha del vecino, pero el encontronazo casual con la mujer del juez le sirve de coartada. No obstante, como ha pillado a esta fornicando con el chaval, la chantajeará haciéndole participar en sus juegos de corte sexual, si no quiere que desvele su affaire con el muchacho. Naturalmente la cosa se irá complicando.
Pues está muy bien, sobre todo, porque pese a la ranciedad de su diseño de producción y la tosquedad de toda la película en sí, rodada en una época en la que el hecho de filmar con película barata otorgaba al cine español un tono muy característico, y sin grandes alardes ni técnicos ni estéticos, consigue una película de una factura pobretona, pero que se ve compensada por la solvencia de lo que nos cuenta con una historia curiosa y bien escrita que logra que le veamos las tetas a Norma Duval, pero con consistencia. Y vaya si se las vemos.
“La mujer del juez” no fue un gran éxito de taquilla, aunque pasaron por caja casi medio millón de espectadores, pero sí que fue un gran éxito en vídeo de alquiler, con aquellas cintas que iban en las fundas gordas y mullidas de Izaro films, que la distribuyó.
En el reparto, junto a la Duval, el Tejada y el inútil de Micky Molina tenemos a un Héctor Alterio que da gusto verlo —las secuencias en las que se encuentra con la Duval en fiestas de sociedad y en las que la mira con cara de sátiro son tan inquietantes como involuntariamente divertidas— luciendo prolongada calvicie y bigotazo, tenemos a  Beatriz Elorrieta y, eterno, Antonio Gamero.