Película de terror española de las nuevas hornadas, que toma como punto de partida un hecho supuestamente real de los que ocuparon páginas en la prensa recientemente, para adaptarlo al cine de manera impactante y comercial. “Verónica” de Paco Plaza o “Malasaña 32 de” Albert Pintó serían dos ejemplos frescos.
“13 Exorcismos”se basaría en los casos de algunas posesiones demoníacas acaecidas en nuestro país, centrando su atención en un suceso con origen en Burgos, donde uno de lo 15 padres autorizados por el Vaticano para realizar exorcismos, Don Jesús Hernández Sahún, armó un cristo con una pobre niña supuestamente poseída por Satanás, cuando lo más probable es que tuviera la cabeza hecha jirones, que finalmente terminó suicidándose.
Así, en “13 Exorcismos”, tenemos a una adolescente que tras una sesión de espiritismo comienza a sufrir extraños episodios paranormales. La psicóloga de su instituto le advierte que nada de lo que está sucediéndole es real y que tan solo está ocurriendo en su cabeza, sin embargo, su santa madre, católica, apostólica y romana, prefiere pedirle segunda opinión a la iglesia que les enviará al padre Olmedo, exorcista, para que le saque el demonio del cuerpo a la chiquilla. Unas cuantas sesiones de contorsionismo demoníaco y de exorcismos no muy espectaculares, harán el resto.
“13 Exorcismos”, con su fotografía oscura y moderna —la guerra actual en el cine español entre directores de fotografía es si usan mucha o poca luz y, en consecuencia, o se pasan o no llegan—, sus movimientos de cámara entre lo sofisticado y lo vanguardista y sus efectos especiales —nominados al Goya—, sin duda, bien elaborados pero poco efectivos, es un aburrimiento fuera de todo precedente, un tostón que destaca sobre todo por su incapacidad de generar miedo y su desarrollo, tan poco atractivo que cada cinco minutos se le va el santo al cielo al espectador.
Y, más o menos, intuía que iba a encontrarme con algo así en cuanto decidí enfrentarme a la película, porque, cuando una de estas cintas de terror españolas está medianamente bien, el clamor popular se expande y llegan toda suerte de opiniones a nuestros oídos. Pero cuando pasa más bien inadvertida, como fue el caso de “13 Exorcismos”, es porque, a rasgos generales, suele ser más bien floja y no se escucha nada por ahí, ni bueno, ni malo. Sin embargo, la elección de José Sacristán como exorcista, que se ve que a sus ochenta y pico años ya le suda la polla si la película en la que aparece es o no cine de calidad y/o intelectual, me pareció de lo más acertada —porque al fin y al cabo es un excelente actor—, así que me senté a verla con cierta expectación. Y sí, mola ver a Sacristán de exorcista, pero es que las sesiones de exorcismo son tan sosas, tan poco espectaculares, que uno se queda igual por mucho Sacristán que esté ahí metiendo cruces en la boca de la chica poseída o pidiendo al demonio que salga de ese cuerpo en el nombre de cristo. Tampoco ayuda al disfrute la avanzada edad del actor que provoca que ya no posea en la voz esa fuerza característica de la que hacía alarde hace 20 años.
En definitiva, “13 Exorcismos” es una película del montón tirando a mala, cuyo máximo interés radica en ver a Sacristán en una de género puro.
Para gacetilleros del cine de terror de segunda y pajeros varios.
En nuestros cines apenas la han visto 108.000 espectadores, pero se ve que en Latinoamérica está haciendo algo más de ruido.
Dirige Jacobo Jiménez sobre un guion escrito a seis manos. Jiménez ha desarrollado su carrera en el cine como eléctrico y como parte del equipo de cámara o dirigiendo la fotografía, hasta que dio el salto a la dirección en un par de episodios de la serie “Jaguar” y, después, con esta película.
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lunes, 17 de abril de 2023
miércoles, 31 de octubre de 2012
ORO ROJO
Resulta un tanto sorprendente que las unicas incursiones en el mundo del cine del escritor Alberto Vazquez- Figueroa como director(en cuya novela “El Perro” está basada “Rottweiller” de Brian Yuzna), sean tan de género y tan palomiteras a pesar del tufillo serio que desprenden.Claro, que solo realizó dos películas, porque obviamente, se le da mucho mejor escribir que dirigir. Una de ellas es “Manaos” y la otra esta “Oro Rojo”.
Un marinero llega a una isla llamada Providencia, donde un dictador tiene a toda la población muerta de hambre. Pronto pierde el pasaporte y se verá inmerso en un mundo de corrupción donde el unico sustento de los habitantes, son los cuatro pesos que se les da cuando venden su sangre. Junto con un mendigo que come ratas, se verá envuelto en más de un asunto turbio.
La película es una co-producción hispano-mexicana, que por nuestra parte produjeron los hermanos Reyzabal –dueños de Izaro Films, y productores de muchas de las películas de Pajares y Esteso- y que en un afán de explotarla en ambos países, lograron juntar a dos actores de peso en cada uno de ellos. Hugo Stiglitz por la parte Mexicana y José Sacristán en la parte española, como el marinero y el mendigo respectivamente. En la promoción, en Mexico se destacaba como protagonista a Hugo Stiglitz, mientras que en España se explotaba el protagonismo de Sacristán. No obstante, pasó un tanto inadvertida en las salas de ambos países.
Sin embargo, la película no está nada mal. El ambiente apocalíptico que se respira por cada uno de sus fotogramas la sitúa muy por encima del cine español de aquella época, si bien cagaditas como el forzado aspecto de vagabundo que luce José Sacristan, o los esbirros del dictador que van vestidos del llanero solitario, le confieren un tufillo cutre, que si no te lo dicen, te crees que estás viendo una de aventuras de Juan Piquer Simon, lo cual teniendo cuenta quien es el director, es siempre un acierto.
De ritmo lento, necesario eso si, entre que Hugo Stiglitz no para quieto (folla con putas, le dan de hostias, se fuga de una prisión en medio del mar, se enamora de una tía que no folla porque al estar apartada de la civilización sobrevive comiendo queso de cabra…) y que José Sacristán sueltas fisolofadas baratas cada dos por tres (“¿Qué comer carne de rata puede traer enfermedades? ¿Más que no comer?”) lo cierto es que la peli pasa tan ricamente y tan entretenida.
En el reparto, caras conocidas como Antonio Gamero, Terele Pavez, Alfredo Mayo, Monica Randal o José Riesgo, lo que es lo mismo, Julián de Barrio Sesamo.
Para pasar un ratillo.
lunes, 17 de diciembre de 2018
SOLTERO Y PADRE EN LA VIDA
“Soltero y padre en la vida”, al margen de tratarse de un
film alimenticio de tantos que realizó Javier Aguirre, que a su vez explotaba
el tirón de otra película también de su autoría para lucimiento de Lina Morgan,
“Soltera y madre en la vida”, dónde una señora tiene que cuidar un niño sin
ayuda de padre alguno, es un film de consumo y uso absolutamente popular que
nos presenta la geometría de un Javier Aguirre, artesanal, mercenario, en
absoluta forma física. En esta vuelta de tuerca, un meapilas interpretado por el estupendo José Sacristán
pre-pedantismo, se enamorisquea de una hippie —con la cara y forma de Nadiuska—
que vive en el piso de enfrente. Cuando esta trata de escapar, ya que es
detenida junto con los hippies con los que vive, por escándalo público, se
afincará en casa de este meapilas, teniendo con él una relación sexual. Queda
embarazada, pero como es una hippie, decide largarse de allí dejando el bebé al
cuidado del hombrecillo, que como buen
macho, no tiene ni idea de cuidar a un niño. Así que comienzan las
descacharrantes peripecias de este hombre con un bebé.
Y se podría hablar del subgénero de “Papás solteros” con
esta cinta y tantas otras que hay de semejante índole y que fueron un éxito de
taquilla (a saber; “Las locas peripecias de un señor mamá”, “Tres solteros y un
biberón”, “Un genio en apuros”…)
Por otro lado, la película refleja una España del franquismo
en la que los hombres no sirven para cuidar niños y las mujeres traen esos
cuidados de serie. El personaje de Florinda Chico, vecina cotilla del personaje
de Sacristán, acude al rescate ya que aunque nunca ha tenido hijos, sabe
exactamente que hacer porque, y cito textualmente, “las mujeres, ya se sabe”.
Asimismo, el jefe del personaje de Sacristán, interpretado por un enorme
Antonio Ferrandis, al que no se sugiere ninguna ideología política, pero que
por su modus operandi suponemos de extrema derecha, es un acosador sexual de
padre y muy señor mío que no hace más que soltar improperios —y vanagloriarse
de ello— a cualquier fémina que se le pone a tiro durante toda la película.
Todo esto, sin condenarlo, mostrándolo con cierta chufla, como si fuera normal.
No es para llevarse las manos a la cabeza siendo una ficción de 1972, lo triste
es que este tipo de seres existen hoy en pleno 2018. Sin embargo es una actitud
condenable de una película de otro tiempo dónde todo funcionaba de otra manera.
Por ello a día de hoy se le critica. Bien, yo no quiero este tipo de seres en
la vida real, pero en una película, son inofensivos. Lo fueron en los setenta y
lo son hoy. Lo demás, son tonterías, así que, pasen páginas, señores defensores
de los valores humanos, la moral y la corrección política.
Por otro lado, decir que si tuviera que poner un ejemplo de
lo que entiendo por “Españolada”, uno de los que pondría, sería este “Soltero y
padre en la vida”, que responde a la etiqueta como si la película hubiera sido
concebida para ella.
Y sin más, tan solo decir que se trata de una película
dinámica y divertida, con un pulso narrativo y cómico como solo podían tenerlo
aquellas “españoladas” y que casi 50 años después de su concepción, esta
película se disfruta ¡a las mil perfecciones!
Para pasar el rato, que es lo que yo pretendo cuando me
pongo una peli, aunque esta sea de arte y ensayo, “Soltero y padre en la vida”
es una película adecuadísima. Compruébenlo.
miércoles, 22 de noviembre de 2017
MÁS FINA QUE LAS GALLINAS
Continúo viendo películas de Jesús Yagüe concediéndole el
turno esta vez a “Más fina que las gallinas”.
Solo hace falta ver un par de las comedias alimenticias de
Yagüe para darse cuenta que estas vienen siempre acompañadas de un puntito de
amargura, e incluso de sordidez, en el sentido de cómo es tratado el sexo en
sus películas; Si en “La mujer es cosa de hombres” la protagonista, era
mantenida por tres hombres casados con los que se acostaba, en esta, el dinero
se lo gana prostituyéndose a la vez que tiene un amante en casa que la colma de
regalos. En las dos películas, el rol femenino, está interpretado por MariaLuisa San José. Y lo que quiere Alicia, que es como se llama, es abrir una
boutique, por eso necesita el dinero, amén de ser una mujer independiente que
no necesita de la ayuda de un hombre para salir adelante. Recuerden que estamos
en plena transición…
Por otro lado tenemos a José Sacristán, que también estaba
en “La mujer es cosa de hombres” y esta vez da vida a un cura que ha abandonado
el clero, y en consecuencia, decide ir a Madrid a visitar a la que fue su novia
de la infancia. Cuando este descubre que se está prostituyendo, la cosa se irá
enredando, dando piel a un final un tanto ambiguo, que da pie a la libre
interpretación, si bien, las miradas de los actores nos pueden dar una idea muy
clara de lo que sucede ahí.
Por otro lado tenemos a Fernando Fernán Gómez, que sería el
amante con el que a veces vive Alicia, que tampoco es que aporte una presencia
memorable, tanto Sacristán como San José, están mejor que él, que se limita a
hacer las veces de Fernán Gómez.
También Teresa Gimpera aparece en un papel muy secundario.
Huelga decir que estamos en los momentos previos al boom del
destape, y por supuesto, vemos a las bellezas de San José y Gimpera al desnudo.
Esta vez Jesús Yagüe mete mano en el guion, y su dirección,
que economiza en planos pero que sale adelante con la velocidad que le otorgan
los actores a la acción, como viene siendo habitual en el director, resulta de
lo más eficaz. Vamós, que está entretenida.
Sólo porque me ha hecho gracia, transcribo aquí la escueta
reseña que le dedicó al film el diario “El País”, cuando la pasaron por televisión en los 90:
“Dantesco entramado de putones, pecadores, alternes y vocaciones frustradas”. Y
se queda tan ancho… Pero sí, hay que dejar claro que de todo eso hay en el
film.
viernes, 6 de diciembre de 2019
MI MUJER ES MUY DECENTE DENTRO DE LO QUE CABE
Paulino es un español medio de la época que vive con su
esposa, una ex cabaretera a la que tiene encerrada entre cuatro paredes y
sometida a, prácticamente, una dictadura. Ella asume su rol de esposa con
resignación.
El día que Paulino en representación de la comunidad de
vecinos sube a un piso a cantar las cuarenta por las continuas fiestas que
realizan en el domicilio, conocerá a Paloma, poco más que un putón verbenero
neo hippie y reivindicadora del amor libre, y se enamorará de ella precisamente
porque ofrece una imagen fresca y pizpireta, todo lo contrario que su esposa,
que es sosa y mojigata porque él la ha convertido en eso. Dejará a su esposa
para irse con Paloma y, poco a poco, la irá encerrando en la casa y
convirtiendo en otra mujer sin voluntad a imagen y semejanza de su ex esposa.
Es entonces, cuando ve que su mujer vuelve a los escenarios, cuando se da
cuenta de lo que ha perdido.
Españolada típica de
cuando, aún con Franco vivo, el cine se volvió algo más permisivo con el tema
sexual y, con esa excusa, se atrevió a mostrar cacha y algún escote. Salvo eso,
no ofrece nada de particular, ni mejor
que otro tipo de películas de su misma época. En cualquier caso, el material
mostrado causaría el resquemor de la progresía de hoy día. No en valde, “Mi
mujer es muy decente dentro de lo que cabe” es la película más misógina y
machista que existe sobre la faz de la tierra. El personaje de Paulino,
interpretado por Sacristán, es poco más que un carcelero que impone su ley y
voluntad anulando la de su mujer o su amante. El film muestra sin remilgo que
el que manda es el hombre y que la mujer no es más que un complemento que lo
más que debe hacer es obedecer,y lo hace de la manera más natural. Pero lo
“mejor” de esto, es que la actitud de Paulino no se denuncia, que va. La
película tan solo retrata una actitud por parte del protagonista masculino que
es la normal de la época. Incluso, su
mujer de vuelta al cabaret le continúa siendo fiel, aún cuando sabe que este se
está poniendo las botas con una pedazo de rubia, que además le saca la pasta a
base de pedir regalos. No lo tiene en
cuenta cuando este se cansa y vuelve con ella. Regresa con él, sin más.
La película es entretenida, como cualquier españolada de
tantas que hemos visto y con ese humor español tan característico de la época,
pero si es cierto que, al igual que otros títulos permanecen frescos y vistosos, esta, aunque solo sea por el
tratamiento machista que por defecto se le da al personaje, se queda de un rancio
que echa para atrás. Que no es que critique el machismo, que me la pela… pero
el cómo se nos muestra aquí es de un
anticuado, de un antipático y de un
facha que, la verdad, aún sabiendo que este film tiene más de 40 años y que las
cosas eran distintas, echa a uno bastante para atrás, porque, además de
normalizarlo, no está mostrado bien del todo.
Por lo demás, una españolada del montón, sin alma ni
especial gracia.
Junto a José Sacristán, Conchita Velasco, Antonio Ferrandis,
María Luisa San José, Mirta Miller, Fernanda Hurtado, Manuel Aleixandre…
El guion corre a cargo de Garci, Chumi Chumez, Summers y
José Dibildos, y por momentos le hace preguntar a uno si será en plan satírico,
cosa que dudo. Pero si lo fuese, pues sí, le han echado mala hostia, aunque
toda esa mala hostia tampoco compensa un producto en definitiva mediocre.
Dirige Antonio Drove quien firmaría la que, probablemente,
sea su película más popular.
viernes, 8 de enero de 2021
LA TONTA DEL BOTE
“La tonta del bote” sería una obra de teatro de éxito escrita en 1925 de cuyo libreto se encargó Pilar Millán Astray, y que conocería tres versiones cinematográficas de desigual repercusión. La primera de ellas datada en 1939 y dirigida por Gonzalo Delgrás, apenas disfrutaría de vida comercial, además de ser una película inexistente al perderse los negativos, no quedando constancia audiovisual de ella. Asimismo, la adaptación de 1956 llevaría por título “La chica del barrio” y, dirigida por Ricardo Núñez, tampoco gozaría de una gran popularidad, mientras que la que nos ocupa, sería uno de los éxitos del cine español más recordados a lo largo de la historia y es que se trata de una película para lucimiento de una todoterreno muy querida en nuestro país, Lina Morgan.
Cuenta los avatares de una postadolescente huérfana, cuyo mayor afán es rellenar un bote de pimientos con las colillas de cigarro que se encuentra por la calle, para dárselas a un ciego y, de ahí, el apodo de “La tonta del bote”. Es acogida por la dueña de una pensión que, a cambio de comida y alojamiento, la tiene esclavizada. Hasta que un guapo y famoso bailarín, que se hospeda en esta pensión, acaba enamorándose de ella por su bondad. Entonces saltan las chispas, la ira y la envidia, entre la dueña y el resto de mortales, cuando además "la tonta" resulta ser una excelente bailarina y se va de gira con el galán de la función. El resto de subtramas las protagonizan los variopintos personajes que componen la familia de esta señora explotadora y cruel, y todo el mejunje dará pie a disparatadas situaciones, bañadas con grandes dosis de drama.
Obviamente, “La tonta del bote” sería una versión castiza de “La Cenicienta”. Básicamente cuenta la misma historia que el cuento popular, pero en un tono bastante más despiadado. De hecho, la normalidad con la que la violencia hace acto de presencia en esta película lleva a pensar en apología. Prácticamente todos los personajes se maltratan tanto física como psicológicamente. A la tonta del bote la brean por todos los frentes, pero hay un par de personajes, los interpretados por Pepe Sacristán y Mary Francis (hoy Paca Gavaldón) que representan lo que sería, a día de hoy, una genuina pareja tóxica, a saber; Se hablan mal, se insultan, se pegan, se humillan… y todo ello con la normalidad y el amparo que les da a los personajes comportarse como “chulos madrileños” en boga y plena acción. Cuando no, sacan navajas y cuchillos cada dos por tres como recurso para resolver los problemas. Dejando a un lado toda esa violencia e incorrección política natural que tanto llama la atención en nuestros días, hay que decir que la producción es impoluta, rodada en esplendoroso cinemascope, con actores en estado de gracia, fotografía y ambientación magistrales, ofreciendo un resultado condenadamente entretenido que, junto con la impecable factura, da lugar a otra de las mejores comedias españolas de todos los tiempos que, aún rodada con los códigos de 1970, sigue vigente y fresca.
Y es que la química que desprenden en pantalla una pareja tan improbable como la formada por Lina Morgan y el galán de la función, Arturo Fernández —que está espléndido con ese acento castizo y ese donaire—, se torna carisma y simpatía, una pareja que quedará marcada en nuestras retinas de por vida, máxime al protagonizar sendos numeritos musicales con canciones tan pegadizas que aún haría falta una espátula para desprenderlas de nuestros cerebelos. Pero no solo ellos están bien, de antología Luis Varela y esas dos bellezas de la época, mujeres grandes y guapas como ninguna actriz de hoy en día puede serlo, Mary Francis y Marisol Ayuso, probablemente ejecuten los roles más benevolentes de sus carreras, junto a un José Sacristán que da gusto verle y oírle. No así María Asquerino que, aún con un personaje que trasciende, lo interpreta de manera exageradamente dramática y si en la época, por el estilo de actuación, es probable que resultara efectivo, a día de hoy termina siendo involuntariamente cómico.
Un éxito sin precedentes que gracias a la producción de José Frade, y a la competente planificación y dirección de Juan de Orduña (que finalizaría su carrera con una película al servicio de Manolo Escobar), fabricaron una de las comedias españolas más queridas y recordadas de todos los tiempos.
Cuenta los avatares de una postadolescente huérfana, cuyo mayor afán es rellenar un bote de pimientos con las colillas de cigarro que se encuentra por la calle, para dárselas a un ciego y, de ahí, el apodo de “La tonta del bote”. Es acogida por la dueña de una pensión que, a cambio de comida y alojamiento, la tiene esclavizada. Hasta que un guapo y famoso bailarín, que se hospeda en esta pensión, acaba enamorándose de ella por su bondad. Entonces saltan las chispas, la ira y la envidia, entre la dueña y el resto de mortales, cuando además "la tonta" resulta ser una excelente bailarina y se va de gira con el galán de la función. El resto de subtramas las protagonizan los variopintos personajes que componen la familia de esta señora explotadora y cruel, y todo el mejunje dará pie a disparatadas situaciones, bañadas con grandes dosis de drama.
Obviamente, “La tonta del bote” sería una versión castiza de “La Cenicienta”. Básicamente cuenta la misma historia que el cuento popular, pero en un tono bastante más despiadado. De hecho, la normalidad con la que la violencia hace acto de presencia en esta película lleva a pensar en apología. Prácticamente todos los personajes se maltratan tanto física como psicológicamente. A la tonta del bote la brean por todos los frentes, pero hay un par de personajes, los interpretados por Pepe Sacristán y Mary Francis (hoy Paca Gavaldón) que representan lo que sería, a día de hoy, una genuina pareja tóxica, a saber; Se hablan mal, se insultan, se pegan, se humillan… y todo ello con la normalidad y el amparo que les da a los personajes comportarse como “chulos madrileños” en boga y plena acción. Cuando no, sacan navajas y cuchillos cada dos por tres como recurso para resolver los problemas. Dejando a un lado toda esa violencia e incorrección política natural que tanto llama la atención en nuestros días, hay que decir que la producción es impoluta, rodada en esplendoroso cinemascope, con actores en estado de gracia, fotografía y ambientación magistrales, ofreciendo un resultado condenadamente entretenido que, junto con la impecable factura, da lugar a otra de las mejores comedias españolas de todos los tiempos que, aún rodada con los códigos de 1970, sigue vigente y fresca.
Y es que la química que desprenden en pantalla una pareja tan improbable como la formada por Lina Morgan y el galán de la función, Arturo Fernández —que está espléndido con ese acento castizo y ese donaire—, se torna carisma y simpatía, una pareja que quedará marcada en nuestras retinas de por vida, máxime al protagonizar sendos numeritos musicales con canciones tan pegadizas que aún haría falta una espátula para desprenderlas de nuestros cerebelos. Pero no solo ellos están bien, de antología Luis Varela y esas dos bellezas de la época, mujeres grandes y guapas como ninguna actriz de hoy en día puede serlo, Mary Francis y Marisol Ayuso, probablemente ejecuten los roles más benevolentes de sus carreras, junto a un José Sacristán que da gusto verle y oírle. No así María Asquerino que, aún con un personaje que trasciende, lo interpreta de manera exageradamente dramática y si en la época, por el estilo de actuación, es probable que resultara efectivo, a día de hoy termina siendo involuntariamente cómico.
Un éxito sin precedentes que gracias a la producción de José Frade, y a la competente planificación y dirección de Juan de Orduña (que finalizaría su carrera con una película al servicio de Manolo Escobar), fabricaron una de las comedias españolas más queridas y recordadas de todos los tiempos.
lunes, 10 de febrero de 2020
QUINQUI STARS
Juan Vicente Córdoba es un director de irregular carrera
—todavía recuerdo como cantaban los pelucones de los protagonistas de su
película “Aunque tú no lo sepas”— al que siempre le ha gustado tratar lo marginal en su cine. En sus películas
siempre hay un quinqui o sus historias suelen transcurrir en barrios
marginales.
Con ese gusto por el tema no es de extrañar que en esta
película, “Quinqui Stars”, tirase de nuevo por esos derroteros intentando dar
una visión de lo que en sus fueros pueda llegar a ser hoy la “cultura quinqui”,
erróneamente asociada en esta ocasión al mundo del rap y sus sucedáneos.
Por supuesto, nada tiene razón de ser sin la presencia como
absoluto protagonista e hilo conductor de Ramsés Gallego alias El Coleta, para
los neófitos y para que me entiendan, decir que es un rapero de penúltima
hornada bastante mediocre, pero resultón, entre otras cosas porque ha
conseguido llamar la atención a través de una impostada estética y una temática
en sus tracks, que se asocia directamente al cine quinqui, amén de utilizar en
su música samplers de todo tipo de música asociada a la subcultura quinqui.
Así, y con un afán de mostrar la ¿evolución? de lo macarra,
Córdoba se marca una película centrada en hacer un repaso al cine quinqui, a la
cultura quinqui y a los quinquis, equiparando todo eso con lo que él cree que
es su equivalencia ahora, esto es, rap, trap y derivados. Pero repasando lo que
había en los ochenta y dando el salto a lo que hay ahora, lo cierto es que se
salta los otros 30 años que hay en medio, con lo que deja patente —y esto lo
digo yo, no Córdoba— que lo quinqui, entonces y el revival actual, no es más
que una moda. Y me refiero, por supuesto, a su presencia en el mundo del
espectáculo, no a la situación social de cada momento.
Así, Córdoba nos ofrece un documental en el que entremezcla
ficción y realidad, en el que cuenta la historia de un rapero, El Coleta, que
trata de hacer un documental sobre la música en el cine quinqui, para lo cual
entrevistará a los principales protagonistas vivos de aquél subgénero. Esta
premisa, le sirve a Córdoba para hacer entrevistas reales muy interesantes
todas, que incluirá en el metraje total de una cinta que, cuando no tiene
cabezotes parlantes, nos aburre hasta la extenuación y nos vende el rollito social,
mostrando situaciones ficticias que tratan de mostrar al público natural de
esta película —que seguramente sea más tirando a burgués que a proletario— lo
jodida que está la situación y mostrar que el culpable de la delincuencia, o de
la mala vida, es siempre el sistema y nunca el individuo; es decir, los buenos
son los macarras… Sólo que estos que nos muestra en realidad no son tan macarras.
Por lo demás, mucha música del Coleta, mucho rapper (y
raperas) de tercera categoría que no interesan a nadie (Las Ira Rap que
aparecen en la película son una muestra de lo peor, de lo peor, de lo peor del
género; Odiosas, contradictorias, confundidas y, sobre todo, malas raperas),
Traperas adolescentes con un lío en la cabeza de tres pares de cojones, y
momentos antológicos de vergüenza ajena, sobretodo, en las intervenciones del
Coleta que, pobrecito mío, estar delante de la cámara no es lo suyo.
No obstante, las imágenes de archivo, la (supuesta) negativa
de Carlos Saura a aparecer en el documental (el de dentro de la ficción) y las
entrevistas a Bernard Seray, Pepe Sacristán, Quique San Francisco, Daniel Guzmán
y demás, están muy bien. Pero ni por esas se le quita al espectador la
sensación de que esto que está viendo no se acaba nunca. Dura dos horas diez…
pues a partir de la primera hora, la experiencia comienza a tornarse
insufrible.
lunes, 18 de julio de 2022
EL BROMISTA
Comedia popular argentina de principios de los ochenta a mayor gloria del comediante Santiago Bal, toda una personalidad dentro del mundo del espectáculo argentino en cuyos intramuros cosechó, en calidad de actor, comediante y autor teatral, éxito y prestigio a partes iguales. Por poner un equivalente español —que me gusta mucho siempre sacar estos paralelismos— podíamos decir que Santiago Bal es el José Sacristán argentino.
La cosa va de un oficinista ya entrado en los cuarenta al que le gusta estar todo el tiempo gastando bromas a sus semejantes. Estas van desde encontrarse a un anciano en la calle y hacer como que hace mucho que no le ve hasta otras de tipo más pesado. Por supuesto, estas bromas le acabarán pasando factura cuando las víctimas de dichas bromas se las toman a la tremenda, cuando eafectan a su trabajo o descubrimos que la actitud del individuo viene precedida por ciertas carencias afectivas.
A primera vista “El bromista” parece una de esas comedias al uso de la época, uno espera encontrarse un vodevil al estilo de las películas de Olmedo y Porcél, sin embargo, y aunque en esencia si que se trata de una comedia, pronto la cosa se va tornando dramática y densa hasta el punto de que a la media hora de visionado el espectador ya está un poco hasta las narices de tanta broma sin gracia y las consecuencias de estas. Porque más allá del mensaje paternalista que pretende lanzar la película, “El bromista” se soluciona, casi como si de una de sketchs se tratase, a base de escenificaciones de las bromas que realiza el individuo que se entremezclan con las reacciones de los afectados. Y en definitiva, se cansa uno rápido. Además las bromas son una chorrada.
Como sea, mi curiosidad por este tipo de productos exóticos —que lo son más porque nunca llegaron a estrenarse en España que por lo que propone— queda saciada con “El bromista”, máxime cuando el cine popular argentino, tan parecido al español, más de una vez me ha dado alguna que otra sorpresa. No ha sido el caso.
Tras las cámaras se encuentra Mario David, director que previamente había sido realizador de programas radiofónicos, así como crítico cinematográfico, y que con 12 películas (y algunos cortos) como toda filmografía, pasaría a engrosar las filas del movimiento llamado “generación del 70” que aglutinaba toda suerte de artistas dentro de la respetabilidad. Pero esta es muy mala…
La cosa va de un oficinista ya entrado en los cuarenta al que le gusta estar todo el tiempo gastando bromas a sus semejantes. Estas van desde encontrarse a un anciano en la calle y hacer como que hace mucho que no le ve hasta otras de tipo más pesado. Por supuesto, estas bromas le acabarán pasando factura cuando las víctimas de dichas bromas se las toman a la tremenda, cuando eafectan a su trabajo o descubrimos que la actitud del individuo viene precedida por ciertas carencias afectivas.
A primera vista “El bromista” parece una de esas comedias al uso de la época, uno espera encontrarse un vodevil al estilo de las películas de Olmedo y Porcél, sin embargo, y aunque en esencia si que se trata de una comedia, pronto la cosa se va tornando dramática y densa hasta el punto de que a la media hora de visionado el espectador ya está un poco hasta las narices de tanta broma sin gracia y las consecuencias de estas. Porque más allá del mensaje paternalista que pretende lanzar la película, “El bromista” se soluciona, casi como si de una de sketchs se tratase, a base de escenificaciones de las bromas que realiza el individuo que se entremezclan con las reacciones de los afectados. Y en definitiva, se cansa uno rápido. Además las bromas son una chorrada.
Como sea, mi curiosidad por este tipo de productos exóticos —que lo son más porque nunca llegaron a estrenarse en España que por lo que propone— queda saciada con “El bromista”, máxime cuando el cine popular argentino, tan parecido al español, más de una vez me ha dado alguna que otra sorpresa. No ha sido el caso.
Tras las cámaras se encuentra Mario David, director que previamente había sido realizador de programas radiofónicos, así como crítico cinematográfico, y que con 12 películas (y algunos cortos) como toda filmografía, pasaría a engrosar las filas del movimiento llamado “generación del 70” que aglutinaba toda suerte de artistas dentro de la respetabilidad. Pero esta es muy mala…
martes, 19 de mayo de 2026
LANDA
Haciéndolo coincidir con la reedición de las memorias de Alfredo Landa, "Alfredo, el grande", Miguel Olid, esta vez acompañado de Gracia Querejeta, vuelve a ahondar en las figuras clásicas de nuestro cine, como ya lo hiciera en "Summers, el rebelde", centrando la temática de este documental en la vida y obra del actor (e icono pop desde hace ya mucho tiempo) Alfredo Landa.
De este modo, y sin ninguna innovación en la estructura —es un documental formal a más no poder, con abundante archivo y entrevistas—, pero con una narración veloz y dinámica, en poco más de una hora y cuarto se repasan más de 50 años de carrera actoral de Landa a través de declaraciones de todo tipo. Ergo, aquí se opina desde que el landismo era lo peor de lo peor hasta que no era para tanto, llegando incluso a la etapa de "El Crack" o "Los santos inocentes", en la que se acabó reconociendo su calidad como intérprete.
Asimismo, ha pasado suficiente tiempo desde el fallecimiento de Landa como para que los intervinientes tomen cierta distancia y, gracias a eso, el documental no sea la habitual lamida de culo que suelen ser este tipo de homenajes. Gente que trabajó con él cuenta anécdotas sobre la, por todos conocida, mala leche del actor, o sobre sus polémicas memorias, fantásticas en lo literario, pero en las que ponía a casi todos sus amigos y compañeros a caer de un burro.
Al mismo tiempo, hay algo que me llama poderosamente la atención, y es la narración en off en la que oímos contar la historia al propio Alfredo Landa en primera persona. Aquí me quedo un poco a cuadros y, mea culpa, puede que no prestara suficiente atención a los créditos y ahí lo aclarasen, pero el caso es que la voz de Landa suena o bien a un imitador asombroso, o bien a algún tipo de recreación por inteligencia artificial. De ser así, no creo que sea un mal uso de la misma.
En definitiva, no hay cosa más entretenida hoy en día que este documental, se sea fan o no de Alfredo Landa. Es probablemente uno de los trabajos más completos y con más archivo que se le pueda dedicar a uno de nuestros actores clásicos.
En las entrevistas aparecen familiares, amigos como Pepe Sacristán, Miguel Rellán o Resines, además de críticos e historiadores.
Mu majo.
De este modo, y sin ninguna innovación en la estructura —es un documental formal a más no poder, con abundante archivo y entrevistas—, pero con una narración veloz y dinámica, en poco más de una hora y cuarto se repasan más de 50 años de carrera actoral de Landa a través de declaraciones de todo tipo. Ergo, aquí se opina desde que el landismo era lo peor de lo peor hasta que no era para tanto, llegando incluso a la etapa de "El Crack" o "Los santos inocentes", en la que se acabó reconociendo su calidad como intérprete.
Asimismo, ha pasado suficiente tiempo desde el fallecimiento de Landa como para que los intervinientes tomen cierta distancia y, gracias a eso, el documental no sea la habitual lamida de culo que suelen ser este tipo de homenajes. Gente que trabajó con él cuenta anécdotas sobre la, por todos conocida, mala leche del actor, o sobre sus polémicas memorias, fantásticas en lo literario, pero en las que ponía a casi todos sus amigos y compañeros a caer de un burro.
Al mismo tiempo, hay algo que me llama poderosamente la atención, y es la narración en off en la que oímos contar la historia al propio Alfredo Landa en primera persona. Aquí me quedo un poco a cuadros y, mea culpa, puede que no prestara suficiente atención a los créditos y ahí lo aclarasen, pero el caso es que la voz de Landa suena o bien a un imitador asombroso, o bien a algún tipo de recreación por inteligencia artificial. De ser así, no creo que sea un mal uso de la misma.
En definitiva, no hay cosa más entretenida hoy en día que este documental, se sea fan o no de Alfredo Landa. Es probablemente uno de los trabajos más completos y con más archivo que se le pueda dedicar a uno de nuestros actores clásicos.
En las entrevistas aparecen familiares, amigos como Pepe Sacristán, Miguel Rellán o Resines, además de críticos e historiadores.
Mu majo.
lunes, 30 de octubre de 2017
LA MUJER ES COSA DE HOMBRES
“La mujer es cosa de hombres” es un film cuyo argumento, en
la época, mediados de los setenta, quizás resultase baladí, sin embargo a día de hoy, realizar una película de estas características sería impensable. Por un lado, la corrección política imperante a día de hoy, prohibiría sin tapujos una película como esta, pero no es difícil pensar, que en aquella época, lo único que hacía la película es mostrar una realidad social, amén de que el retrato que nos ofrece de la mujer, no es de lo más edificante ni apropiado (aunque no dudo, que fiel a la realidad de aquellos días).
Jesús Yagüe, acomete una nueva comedia alimenticia, esta
vez, firmando algunas líneas de un libreto que firman José Luis Garci y José Luis Dibildos.
En ella, Ramona, una mujer moderna, sobrevive gracias a las
aportaciones económicas que le hacen sus tres amantes, dos hombres casados, uno
viudo y todos ellos bien posicionados, que no se conocen entre ellos, y que
hacen escapadas semanales, uno los Miércoles, otros los Viernes, y otro los Domingos,
con el fin de pasar ese día con su querida.
Un buen día, Ramona se enamora de un profesor, y decide
casarse con él, para lo cual ha de abandonar a sus tres amantes. Les reúne, les
cuenta todo, y a partir de ese momento, los tres hombres se hacen amigos.
Quizás por aburrimiento, contratan a un detective que descubrirá que el nuevo
novio de Ramona es un tal “El Luján”, un chulo que se dedica a conquistar
mujeres con el fin de desplumarla. Cuando estos le cuentan a Ramona la verdad
sobre su novio, se enredará la cosa para ellos tres y también para ella.
Lo que me ha chocado de “La mujer es cosa de hombres” es
que, pese a ser un título puntero de la denominada “Españolada” y tener
estructura y ritmo de comedia, en realidad se trata de una cinta casi melodramática,
muy serena para lo que cuenta, que tan solo se vuelve disparatada en momentos
muy punteros —cuando los tres amantes se emborrachan— para al final tener un
desenlace abrupto y muy triste, que casa muy poco con una comedia española de
la época. Quizás por eso, se trata de una película que, sin tener demasiados
medios para su producción, esté un poco por encima de la media. Y, aún siendo
un trabajo alimenticio, la mano de su director, un hombre culto y serio como
Yagüe, de marcada ideología izquierdista (aunque el argumento sea un poco
machista, insisto, solo en consecuencia de aquella época), se deja notar en una
película, que filmada por alguien más alocado que Yagüe, sería sin duda mucho
más disparatada. A mí, me gusta así, tal cual ha quedado.
Desde luego, cumplió con las expectativas del público, y
pese a que a día de hoy ser un film que permanece un tanto olvidado, en su
momento pasó del millón de espectadores siendo un éxito del cine Español.
El reparto es de lo más golosito; María Luisa San José, que
sale preciosa, José Sacristán antes de ser un señor pedante, el gran Rafael Hernández y Antonio Ferrandis. Todos están estupendos, pero sin duda, Ferrandis
se lleva la palma.
La película, dentro de su sobriedad, es divertida y
entretenida.
lunes, 4 de enero de 2016
BAJO EN NICOTINA
“Bajo en nicotina”, basada libremente en la novela “El Angel
Triste” de Carlos Pérez Merinero cuenta la historia de un cinéfilo totalmente
metido en el mundo del vídeo domestico, que alquila sin orden ni concierto
cintas betamax en el videoclub y que mantiene una relación un tanto turbia con
la dependienta de una perfumería, mientras maldice su suerte porque las
continuas peleas de la pareja del piso de al lado, no le permiten ver las
películas tranquilamente. Un buen día, sin motivo aparente, la cosa se va complica
de manera sorprendente en la vida de este individuo, y no puedo seguir contando
más porque esto daría lugar a spoilers que destrozarían la película, cuya
manera ideal de disfrutarla, es verla sin saber muy bien de que va la cosa, tal
y como a mí me ocurrió.
Podemos decir que se trata de una película amateur rodada en
35 mm. y con posterior distribución en cines. Cine aficionado realizado por un
currela del cine, que utiliza muy bien utilizados sus casi inexistentes medios
para crear una obra que se acerca a la vanguardia por como se utilizan esos
pocos medios; sería vanguardia accidental, por llamarlo de algún modo. La
ambientación, la inquietud que trasmiten muchos de sus planos, nos recuerdan al
“Arrebato” de Zulueta, sin pretenderlo en absoluto Artigot, ya que, nada más
lejos de su intención, esto sería una suerte de melodrama, quizás de comedia
negra cuyas influencias más inmediatas, no son, desde luego, el cine de
vanguardia y/o experimental; son en cine de género. Pero la pobreza de medios,
la hacen parecer una turbia película experimental, casi underground, meramente
“Trash”.
Aquí no hay más que
una cámara de 35 mm., las facultades como director de fotografía de Artigot y
una serie de actores trabajando en su película prácticamente gratis.
Claro, Artigot, tras tantísimos años trabajando en el cine
español, hizo amistad con sus estrellas más rutilantes, y al rodarse la
película en 1984, en Madrid y con papeles protagonistas para Oscar Ladoire,
Silvia Munt, Antonio Resines o Asumpta Serna, actores estos asociados a aquel
movimiento ochentero y medio intelectualoide que llamaron “Nueva Comedia
Madrileña” y que cultivaban directores como Fernando Trueba o Fernando Colomo,
le colgaron a “Bajo en nicotina” el San Benito de pertenecer a dicho
movimiento, cosa que cabreó a Artigot negándolo rotundamente, afirmando que
todo eso son gilipolleces, y que su película en todo caso, sería una comedia
despiadada y carente de toda moral, una exhibición de cinismo con las miras más
puestas en Fassbinder que en cualquier comedia Madrileña contemporánea.
Sea como fuere, el aprovechar de esa manera los pocos medios
de los que disponía, el no querer abarcar más en una producción con tres
pesetas (un mal muy común en las pelis españolas de bajo presupuesto), esa
coherencia, y lo entretenida y fascinante que resulta visualmente la película,
le otorgan un estilo único y propio difícil de ver en cualquier película
española de cualquier época.
Artigot, cuando escribía el guión, tenía en mente que la
protagonizara José Sacristán – que finalmente aparece en la película, a través
del televisor donde el personaje de Ladoire devora películas alquiladas en un
videoclub-, pero el actor, que ya iba adquiriendo prestigio y pedantería,
rechazó el papel alegando que no le gustaba el personaje, que, en definitiva,
era muy cruel, misógino e hijo de puta y no quiso interpretarlo. Yo creo que
mejor con Ladoire.
La película consiguió discreta distribución en salas de
Madrid y Barcelona donde la vieron cerca de 80.000 espectadores, lo que ya
resultó rentable, y más todavía en su explotación en vídeo donde funcionó más
que bien.
Junto a los ya citados, tenemos en el reparto a un
inquietante Paco Cecilio, Luis Ciges, Chus Lampreave, Guillermo Montesinos o Emilio Fornet. Ahí es nada.
Una auténtica maravilla.
viernes, 27 de abril de 2018
LOS NUEVOS ESPAÑOLES
Roberto Bodegas, irregular director más conocido por la
gente de mi generación por haber dirigido en los 80 la película “Matar al
Nani”, es un director muy politizado, siempre con unas películas con cierta
denuncia social, que sin embargo pertenece a una escuela puramente populista,
es decir, no se rige por los cánones del cine de autor, sino por los del de
consumo usando este para mostrar metáforas y alegatos. “Los nuevos españoles”
es un claro ejemplo de esto.
Bodegas se sirve de una comedia al uso, con actores muy de
ese determinado momento, para criticar, en plena dictablanda, lo que viene
siendo la imagen de las grandes corporaciones el como un trabajador se puede
tornar robot al servicio de una empresa. En defínitiva, nos enseña y critica el
nacimiento de los individuos de “las hipotecas de plazo fijo”, para que me
entiendan.
Escrita en colaboración con
José Luis Garci y el productor de la misma, José Luis Dibildos, “Los nuevos españoles”, que toma su título de
un slogan creado por la compañía aérea Iberia en la época, bien podría ser una
de esas películas progresistas adscritas a aquella corriente de finales de los
setenta a la que llamaron “Cine de la tercera vía” que proponía propuestas más
politizadas, concienciadas y de autor, eso sí, sin perder la estructura de este
tipo de comedietas al estilo “Mi mujer es muy decente… dentro de lo que cabe”
con la que comparte tono y maneras.
La película cuenta como una empresa que trabaja en los
seguros es absorbida por la Brewster, una corporación americana que someterá a
sus trabajadores a duros cursillos en los que les harán perder toda
personalidad en pro de la eficacia, motivándoles en el trabajo con premios por
sus méritos. Asimismo, conviertes a las esposas de estos individuos en vulgares criadas que complacerán a sus
maridos en todo lo necesario.
Si bien puede que su punto de partida sea interesante, “Los
nuevos españoles” se ve lastrada por un efecto reiterativo de lo que nos
expone, es decir, que nos presenta la situación y una vez presentada, esta se
estanca secuencia a secuencia, contándonos lo mismo durante la mayoría del
metraje, para luego el desenlace, casi inexistente, importarnos un bledo.
Floja y con una comedia soterrada que en ningún momento
funciona, porque Bodegas en realidad no quiere hacer una comedia, sino un drama
social.
Lo bueno es el estupendo plantel de actores compuesto,
principalmente, por José Sacristán, Antonio Ferrandis, Rafael Hernández, Maria Luisa San José, Josele Román, Amparo Soler Leal, Manuel Alexandre, ManoloZarzo, Lone Fleming…
miércoles, 10 de noviembre de 2010
20 AÑOS SIN EL NEGRO
Si son ustedes lectores de AVT de los de verdad, de los que nos leen todos los días independientemente de sobre lo que se escriba o quien lo escriba, sabrán que por lo que a mi respecta, de un tiempo a esta parte me he ido aficionando a dos cómicos Argentinos que siempre comparo con Pajares y Esteso, y que, a la par que estos, protagonizaron una serie de películas más o menos afortunadas, pero que a mí ya me valen para tenerlos en alta estima. Ellos son Jorge Porcel y Alberto Olmedo, ambos fallecidos. De sobras, resta decir que estos dos espectaculares cómicos son unos completos desconocidos (a no ser que seas lector de este blog) y que muy poquitos podrán captar lo que digo en esta reseña, cuando afirmo que este es el jodido país de la envidia.Lo de “El Negro” es el sobrenombre que tenía Alberto Olmedo, al igual que el de Jorge Porcel era “El Gordo”, y esos apodos son cosa de tradición; los cómicos Argentinos era muy dados a ponerse alias.
Bien, pues Alberto Olmedo, que falleció una fatídica noche de 1988 tras caerse desde el balcón de la habitación del hotel donde se hospedaba, dejó en el camino una buena ristra de amigos y a un país entero que le adoraba (el éxito de Olmedo en Argentina, era una cosa que a día de hoy no se me ocurre un símil con el que compararlo…) y en este documental se entrevista a familia y amigos del cómico, que nos irán contando anécdotas sobre su vida, así como se hace un repaso a su carrera en cine y televisión. Un documento fundamental para comprender la trayectoria de este cómico, y saber un poco a que nos enfrentamos cuando nos ponemos frente a una película suya.
Lo que a mí me llama la atención (y que justifica eso de que este, España, es el país de la envidia) es que siendo Olmedo un cómico de sal gruesa, más de la grosería que del humor inteligente, no solamente contara con el beneplácito del público, si no también del resto de la profesión, así como de gente de corte más intelectual. Del protagonista de "La galería del terror" gente como Ricardo Darín o José Sacristán dicen poco menos que era dios. Sin embargo en España, de nuestros Pajares y Esteso, si se hace un documental es para sacar sus miserias y trapos sucios. Y yo no he escuchado a Javier Bardem o a Luis Tosar hablar de ellos, ni bien ni mal. Y eso es por envidia.
Dirige el documental Matías Gueilburt, cuya experiencia profesional hasta que hizo esto fue editar cosas en televisión.
viernes, 22 de enero de 2016
¡BRUJA, MÁS QUE BRUJA!
Partiendo de la base de lo interesantísimo que me parece el
cine popular español de los años 60, 70 y 80, hay que tener en cuenta también
que muchos de los que cultivaban este tipo de cine, ya en la era de la Ley
Miró, se pasaron al bando intelectualoide, no fuera que les fuera a caer encima
el yugo de la Miró encima, y si bien, no renegaron del cine que venían haciendo
hasta ahora, si que supieron excusar su existencia ante el juicio al que se
sometió en los noventa al cine español de consumo. Por citar un par de nombres,
los más palpables y prestigiosos a posteriori, fueron José Sacristán y Fernando Fernán Gómez. El primero me interesa muy poquito. Nada de hecho. Ni cuando
perseguía a las Suecas. Del segundo, otro gallo canta, ya que como autor y
director, me parece una de las propuestas más interesantes de cuantas ha habido
en el cine español. Porque si, al final adquirió prestigio y llegó a pedantear
con cosas como “El viaje a ninguna parte” por otro lado estupenda película o
con “Mi hija Hidelgart”, también es el responsable de obras maestras del cine
español como por ejemplo “El Extraño viaje” que es cojonudísima –y tontea,
además, con el género fantástico por mucho que digan- combinando todo esto con
cosas más populares como “La Venganza de Don Mendo” o “Los Palomos”.
Pero es que además del Fernando Fernán Gómez alagado por la
intelectualidad del cine español, ese que es entrevistado durante horas en el
pretencioso documental de David “te odiamos a ti y a toda tu familia” Trueba, tenemos otro
Fernando Fernán Gómez que no atina y cuyas películas no gustan a nadie. Ese es
el que aquí reivindico, por supuesto. De ese tipo está “Pesadilla para un Rico”
tan mala (pero divertida) que es para mear y no echar gota, verla y no acabar
de creerla, y que los estudiosos omiten a la hora de hacer sus retrospectivas en honor al
director, y la que nos ocupa, que los mismos plumillas de los que os hablo, no
han tenido los cojones de defenestrar, ni ignorar ni pronunciarse al respecto
porque de tonta y de jodidamente extraña, es muy probable que los hijos de puta
no sepan ni que cojones están viendo.
Pero es muy sencillo; se trata de una comedia negra,
negrísima, que también tontea ligeramente con el fantástico que además es un musical
y también es una zarzuela. Además de eso, está rodada con un presupuesto tan
ínfimo –los productores no se estiraban ni lo más mínimo- que podría
considerarse una película de Serie Z.
Fernán Gómez leyó en su momento en la prensa, como en un
pueblo de estos perdidos de la mano de dios, un individuo, con el afán de rejuntarse
y pacer en el lecho de la esposa de su tío,
parte a este la cabeza en dos con un hacha. Cuando le preguntaron que
como es que había hecho esto, dijo al juez que había sido alentado por la bruja
local, en realidad, una señora con mucha jeta que vivía de sacarle los cuartos
a la credibilidad de estos gañanes de pueblo
A Fernán Gómez le entusiasmó este asesinato tan de aquí, de
la españa negra, y decidió hacer una película al respecto, pero lejos de hacer
la típica crónica negra del asunto –como si haría Paul Naschy con “El Huerto del Francés”- , el caso en concreto le parece tan divertido que decide transformarlo en una
comedia. Es más, lo convierte en una Zarzuela cinematográfica. Con lo que
tenemos una cosa muy rara, tomada como a chufla, en la que cada dos por tres
los actores se ponen a hacer playback de Zarzuelas, interpretadas por voces
enormemente distintas a las de ellos… mientras, en tono casi vodevilesco, vemos
los avatares de este muchacho que quiere quedarse con la mocita que es la mujer
de su tío.
No gustó a nadie, en cines la vieron unos discretos 300.000
espectadores, pero a mí esta chabacanería –porque es cutre como ella sola- me
parece una película estupenda, entretenida y un claro reflejo de lo loco que
estaba el cine español de la transición. Que lastimita comparado con el de
ahora.
Así, tenemos vestidos con boina y haciendo de gañanes de
pueblo rozando la sobreactuación, al propio Fernán Gómez, a Paco Algora, y bien
moza y mostrando su par de tetas bien puestas a Emma Cohen, quien siendo
radicalmente más joven que Fernando Fernán Gómez, pronto este le convertiría en
su compañera sentimental hasta el día de su muerte.
Haciendo de la bruja que da título a la película, una
magnífica Mary Santpere, graciosa como ella sola.
Muy curiosa la película. Para guardarla en un dvd.
viernes, 29 de junio de 2018
ESTOY EN CRISIS
Una muestra seminal de lo que acabó siendo la comedia madrileña de principios de los ochenta; un estilo que, compartiendo cartelera
con el cine de consumo y perdiendo la batalla de la taquilla contra este por
aquél entonces, ganó paradójicamente la guerra en cuanto entró en vigor la
famosa ley Miró. Aunque murió por el cambio generacional a principios de los
90.
Asimismo, con este tipo de comedia vista de manera
retrospectiva, pasa lo mismo que ocurriría con el Landismo o el cine de Mariano Ozores; qué acaba traduciéndose como retrato de la época en que esta se rodó.
En este caso, con su director Fernando Colomo, considerado
el padre de la comedia madrileña, volviendo a lo que sabía que funcionaba tras
el fracaso de su anterior película, “La
mano negra”, en la que mezcló comedia con cine policiaco en lo que resultó ser
su primer fracaso de taquilla.
Aquí, en “Estoy en crisis”, anulando todo atisbo de género
opuesto a la comedia madrileña, la jugada le sale medio rana, y contra todo
pronostico, no consiguió el beneplácito de la crítica ni el público no llegando
al millón de espectadores en la taquilla ni teniendo reseñas demasiado
entusiastas, no así en la Mostra de Venecia de aquél año, que reacia como era a
programar comedias en sus secciones, hace una excepción con “Estoy en crisis”,
y se mete al público en el bolsillo, pese a las demoledoras críticas que
recibió.
“Estoy en crisis” cuenta la historia de un directivo
publicitario en plena crisis de los cuarenta, que abandona todo para irse a
vivir al campo con una modelo con la que ha trabajado, cuando esta acaba
llevando a la casa de este a todos sus
amigos, poco menos que una comuna hippie, que se ponen a arar en la vuelta,
mientras la muchachita que nuestro hombre pretende seducir se pasa toda su
estancia allí acusándole de montar todo ese tinglado en el campo como una sucia
artimaña para acostarse con ella, cosa que por otro lado es verdad. Cuando este
se da cuenta de que esa chica no es más que un capricho infantil para él, será
demasiado tarde para recuperar su vida.
De tono desenfadado y ritmo ágil, “Estoy en crisis” llega a
2018 con una frescura inusual en el cine español de los 80. Si nos dicen que es
una película rodada en esta década, da el pego. Y eso es porque en su momento,
1982, se prodigaba como una película que retrataba una sociedad y unos
personajes rematadamente modernos, por lo que han perdurado estupendamente, ya
que no posee la película ningún agente externo que la haga chirriar en ese
sentido.
Entretenida sin más, la importancia de esta película reside
en que sería el film que da el pistoletazo al estilo de Colomo en particular y
a la nueva comedia madrileña en general, siendo la mamá de títulos ya clásicos
de Colomo como “Bajarse al moro”, “La vida alegre” o “Rosa Rosae”.
Se puede ver.
En el reparto tenemos a un
José Sacristán todavía no tan pedante como lo sería cuando los
argentinos se lo disputaron para hacer bodrios petulantes, pero en estupenda
forma y en el mejor momento de su carrera, cuando se hacía un hueco en el cine
de autor a fuerza de despojarse, poco a poco, de los ramalazos adquiridos en la
comedia clásica de la que proviene, de los años 60 y 70.
Con él, Cristina Marsillach, bellísima, pero enchufada a
tope y sin una pizca de talento como actriz, Marta Fernández Muro, Quique SanFrancisco y Mercedes Samprieto.
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