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viernes, 29 de octubre de 2021

BAT PUSSY

La gente de Something Weird Video, que se dedicaban —y ahora, sus herederos continúan con la labor– a rescatar viejas películas eróticas y nudies de los años 60 y 70 para editarlas en DVD, acudió a mediados de los 90 al almacén de una vieja sala X de Memphis a comprar, por 1000 dólares, un lote de bobinas de películas de 16 y 8 mm y loops pornográficos que descansaba en el almacén del cine desde los años 70. Entre toda esa basura, con películas más o menos conocidas y otras no tanto, apareció una bobina que venía etiquetada bajo el título de “Bat Pussy”. Se trataba de una película porno sin títulos de crédito de dudosa procedencia y, al visionarla, los señores de  Something Weird Video se dieron cuenta de que estaban ante una de las piezas de cine porno más extrañas que existían sobre la faz de la tierra. Y, muy acertadamente,  la editaron en vídeo con su sello.
A raíz de esa edición, “Bat Pussy” se convirtió automáticamente en un film de culto, primero, porque no hay ninguna información al respecto de su producción, todo es oscuro, sucio y decadente, amén de estar protagonizada por una pareja de palurdos sin ningún atractivo físico. Es más, resultaban desagradables. Por otro lado, los historiadores del porno, tras adjudicarle un año de producción que oscila entre 1970 y 1973 gracias a una revista que lee uno de los protagonistas fechada en 1970, descubrieron que, posiblemente, esta fuera la primera parodia porno de la historia, cosa que ya en sí era un descubrimiento, además, se aventuraron a considerarla la peor película porno jamás realizada. Así comenzó, en los círculos de cinéfilos más finos, la “batpussymania”.
La película nos muestra a la pareja de palurdos metidos en una cama manteniendo sexo oral, y soltando por sus bocas, sin parar,  unos diálogos totalmente incongruentes donde abundan los insultos y los desprecios, sin que el redneck que lleva la batuta en la escena consiga una erección eficiente de ninguna manera. Diez minutos más tarde, cuando ya estamos hartos de ver a esos dos asquerosos chupándose los sexos sin pasión alguna, vemos a otra palurda en pelotas tumbada en un sofá, que suelta también sus soflamas en contra de la delincuencia y las películas porno. En consecuencia, se pone un traje de Batman y sale a la calle. Se intercalan las escenas de esta pánfila con las de la pareja chupándose e insultándose, y pronto vemos a la mamarracha vestida de Batman dando saltos con su pelota loca por el campo. Súbitamente, se topa con un individuo que intenta violar a una muchacha y evita la agresión dándole golpes al tío con la pelota… Y volvemos de nuevo a la pareja del principio, que sigue chupando y hablando sin parar. De pronto, en esa habitación irrumpe nuestra Batwoman de pacotilla, se monta un trío con los dos paletos, la meten un consolador por el coño, y fin. No hay penetraciones en la película, ni erección por parte del tío —pecoso y pelirrojo—,  ni más acto sexual que los que acabo de describir. Chupadas a una polla blanda. Por no haber, no hay ni títulos de crédito.
Al margen de eso, la película llama la atención porque, en su tosco montaje, podemos escuchar a alguien dando indicaciones a la pareja protagonista, a las que hacen caso omiso y, más inquietante todavía, alguien detrás de la cámara suelta un sonoro eructo durante el acto sexual que se está filmando, con el que no se inmuta nadie, salvo el espectador que tiene que echar un poco para atrás para comprobar que, efectivamente, el director o quien sea —porque no parece haber mucha más gente tras la cámara—, se echa un eructo mientras filma.
La verdad es que es una película muy curiosa para ver, porque apenas llega a una hora, y todo lo que nos muestra es tan extraño, decadente y bizarro, que bien merece el visionado. Si verdaderamente existen las películas snuff deben parecerse bastante a esto.
Tras muchos años de investigación, los estudiosos han llegado a conclusiones como el año de producción o lugar del rodaje, basándose en los acentos de los protagonistas (acentos sureños que ubican en Tennessee, lugar donde se encontró la película), pero no han sido capaces de descubrir los nombres de los actores, del director o de algún miembro del equipo técnico (en el caso de que lo hubiera), de los que no hay constancia de su existencia. Y, a día de hoy, todo esto es un misterio. Probablemente estén ya criando malvas, porque tampoco nadie ha reclamado la autoría de la cinta tras las muchas ediciones y remasterizaciones (la última en Blu Ray y 2K, tócate los cojones) a las que han sometido al celuloide la gente de Something Weird Video y el American Genre Film Archive -AGFA- (acompañada esta de una estupenda caratula ilustrada por el gran Johnny Ryan).
Y, sí, probablemente sea la película más desastrosa de la historia, no solo del porno. “Batpussy” es, verdaderamente, rara, misteriosa y desperada, ideal para visualizar estando amargado y lleno de manías.

viernes, 20 de julio de 2018

THAT'S SEXPLOITATION!

El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde cero sin mucha preproducción  ni ideas previas. Así, y formando Henenlotter parte del staff de Something Weird Video, y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de hacer el documental, Henenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias, haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos circulares de sus tetas.  Frank Henenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Henenlotter hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide, Henenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos, escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F. Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva de que al final, Frank Henenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.

lunes, 7 de febrero de 2022

LOVE AFTER DEATH

Película perteneciente a la filmografía de un extraño director de cine del que los estudiosos del tema poco han podido averiguar. Se trata de un director de procedencia dominicana pero con nacionalidad puertoriquense, que se traslada a Nueva York con el fin de desarrollar su carrera cinematográfica allí. Así, completaría su extraño y escueta currículum con películas que van desde la comedia costumbrista “Soñar… no cuesta nada joven” hasta el biopic sobre un célebre delincuente puertorriqueño, “Toño Bicicleta”. Además se sabe que grabó unos cuantos discos de spoken word (palabra hablada o poesía) en los años 50 de escasa repercusión (y que se pueden encontrar en el mercado de segunda mano). Su nombre no puede ser más musical, Glauco del Mar.  Y más allá de esto, poca info existe acerca de él y parece que se lo hubiera tragado la tierra a partir de los años 70.
Esta “Love Alter Death”, también conocida como “Unsatisfied Love” es una cosa de lo más marciana. Producida por el Charles Abrams —otro extraño productor neoyorquino con cuatro títulos producidos—, la película es una producción del llamado Nuyorican Cinema, es decir, películas destinadas al publico latino de Estados unidos, realizadas por un equipo puertoriqueño y habladas en español, pero rodadas en la ciudad de Nueva York con producción americana. Toda una corriente que tuvo su tiempo de auge durante los años 60 y de la que no se habla en los libros de cine. Con lo que tenemos una cinta que, rescatada de las catacumbas por la gente de Something Weird video y American Genre Film Archive (AGFA)—para su restauración en 2K—, fue tomada por sudamericana por sus distribuidores videográficos, obviando todos estos detalles sobre el Nuyorican Cinema de los que les he hablado más arriba. Los de Something Weird la lanzaron en DVD directamente como si fuera una película argentina, mientras que en su más reciente edición en Blu Ray, la lanzaron diciendo que se trataba de una película rodada en algún lugar de Sudamérica, así, en tono despectivo, cosa esta, que no hace más que acrecentar el oscurantismo que, ya de por sí, trae consigo la cinta. En una página web que se dedica precisamente a rescatar datos sobre estas películas de procedencia puertorriqueña-neoyorquina, se preguntan como sus distribuidores la toman por argentina cuando no hace falta más que verla para darse cuenta de que es una producción estadounidense (vamos, nuyoriqueña)… en fin un lío.
Como fuere, resulta ser un sexploit al uso pero con cierta gracia.
Un individuo se queda catatónico. Ante esta situación su esposa y su médico, que da la casualidad de que están liados, no se percatan del estado de nuestro protagonista y le dan por muerto, por lo que le entierran estando vivo. Una vez bajo tierra, el individuo despierta de su catatonia y, como puede, se escapa de su tumba escarbando con el fin de vengarse de su esposa infiel. Mientras, decidirá tirarse a un buen número de jamonas a las que seduce (o le seducen) por el camino. La policía se percata de que el individuo se ha escapado de su tumba, por lo que comenzará a investigar, porque sospechan que pudiera ser que le hubieran enterrado estando vivo. El final es una de las cosas más estúpidas y desconcertantes que he visto en mi vida.
Rodada en español y mal doblada al inglés (y se desconoce de si esta película conoció vida comercial en español), aunque la mayor parte del tiempo es prácticamente muda, “Love After Death”, con todas esas señoras a las que en muchas ocasiones, y en glorioso blanco y negro de 1968, les vemos hasta las amígdalas, es una película entretenida y curiosa, más descarada que otras muestras similares de la época, y mucho más extraña porque, aunque se trata de un sexploit en el que el argumento es una mera excusa para mostrarnos el folleteo, esta película tiene visos de querer deambular por todos los géneros posibles. Así, tiene momentos que parecen de pura vanguardia, momentos de comedia vodevilesca (y puramente latina, con infidelidades, hombres escondidos en el armario, etc), ciertos ramalazos de cine de terror, y una buena parte de cine negro. Todo ello en cutre salchichero, faltaría más, pero mezclado con mucho gracejo. Por lo demás, soft bastante sucio y atrevido, muchos y orondos culos, lesbianismos varios, y un protagonista muy simpático que nos ofrece una sobreactuación de las que da gusto ver; Guillermo de Córdova, quien nunca más volvió a aparecer en una película. Para una en la que sale, se pone las botas.
Poco más. Recomendable para mentes inquietas y paladares exquisitos. Y como dura poco menos de hora y cuarto, no se hace especialmente dura.

viernes, 5 de mayo de 2023

ACAPULCO UNCENSORED

Puro material Something Weird Video, que, como documento antropológico, es una maravilla. Pero como film  para ocupar una hora y diez de tiempo libre, resulta un aburrimiento de tres pares de cojones.
Como fuere, se trata de una muestra seminal de lo que en poco tiempo se popularizaría como “mondo”, esta vez en su vertiente sexual, que a finales de los años 60, cuando se rodó esta producción, todavía no tenía una estructura lógica que nos hiciera identificar esta película como tal —mondo, pero en realidad concebida como sexploit—.
Así pues, aquí tenemos un falso documental, torpe y tedioso, pero que cumple con creces su principal finalidad de mostrarnos todo el folleteo posible, predominando un soft muy light e ingenuo—tengan en cuenta que son los 60— que peca de aburrido y reiterativo.
El capitán de una barquita (el actor Victor Izay) que lleva pasajeros de un punto a otro de Acapulco, durante esas travesías se dirige a cámara y le cuenta al espectador lo buena ciudad que es Acapulco para la jodienda, dando paso a eternos numeritos sexuales escenificados, otros rodados desde una cámara oculta más preparada que un opositor a correos y, en definitiva, mostrándonos guarrindongas escenas de sexo no explícito. Así, el capitán aprovecha para presentarnos a las prostitutas de los muelles, sexo entre gentes finas, entre lesbianas, en piscinas o sucias habitaciones de hotel durante la hora y poco que dura la película. Una secuencia detrás de otra, y todas y cada una de ellas presentadas por Izay. Sin más. Ni argumento ni leches, solo: “Vean, vean cómo se folla aquí en Acapulco”.
Obviamente se trata de material barato con el que rellenar las sesiones golfas de los cines más gamberros de la época y sin mas valor que la osadía y atrevimiento de mostrar escenas con personas en actitudes concupiscentes. Quizás por eso la película prescinde de nombres en sus créditos, aun teniendo actores y actrices medianos que posteriormente saldrían en algunos títulos de mayor o menor renombre, o un director que orquestó todo esto y que incluso tendría una discreta carrera posterior.
Hablando del Rey de Roma, el sujeto se llama Don Davis, quien durante unos años se dedicó a filmar títulos de esta calaña, siendo “Swamp Girl” de 1971 su película más popular. En 1972 se retira de la dirección cinematográfica, y no regresa hasta que en 2013 Frank Henenlotter le pide que le eche una mano con su documental sobre las películas de explotación sexual “That’s Sexploitation!” co-dirigiendo todo el desaguisado, y es que, a pesar de su corta y poco interesante filmografía, Davis tiene tres o cuatro cosas que decir a cerca de las películas de tetas y culos de los años 60, aunque sea porque estuvo inmerso en esa corriente durante un periodo de tiempo.
Por otro lado, en su momento, las gentes de Something Weird Video, que ya le daban duro a la arqueología, siempre se hicieron eco de cuan oscura y difícil de localizar fue esta “Acapulco Uncensored”… total para esto. Nada hubiera sucedido si se hubiera quedado almacenada en el sucio almacén en el que fue redescubierta. Como sea, siempre es interesante echarle un vistazo a todo este material, aunque sea para verificar su existencia y saciar la inquietud al respecto.

miércoles, 16 de febrero de 2011

LA HORRIPILANTE BESTIA HUMANA

Maravillosa y salvaje película del “Pater Familias” de los Cardona, René Cardona Senior, que se adelanta a su tiempo con una cosa extremadamente gore para su época (y la actual), que le valió no pocas prohibiciones a lo largo y ancho del planeta (de hecho, es un “Video Nastie”) y tan gratuita en la violencia que es todo un placer para los sentidos.
Un médico tiene un hijo enfermo del corazón, así que decide trasplantarle el de un gorila. La operación es un éxito, pero el joven se convierte de vez en cuando en un monstruoso y musculado simio que despelleja, literalmente, a todo el que se cruce en su camino.
Está claro que el señor Cardona descubrió el cine de Herschell Gordon Lewis y quedó fascinado, porque las escenas más gore son un calco de las de aquel, como la célebre extracción ocular por efecto de aplastamiento craneal. Lo de la mala baba (siempre presente en las pelis de Lewis) también lo está en esta cinta, pero al ser un hombre mono el que comete los crímenes como que nos lo tomamos más a guasa (si cabe).
Muy mexicana ella (hasta la protagonista femenina se dedica a la lucha libre), viene montada con tanto brío y va tan al grano, que es imposible que aburrirse, ¡es terriblemente entretenida! Y sin floritura alguna. Cardona sabe que el público quiere carnaza, y se la da a paladas. Tenemos de todo, despellejamientos, desmembramientos, arrancamiento de cuero cabelludo, extracciones oculares, violaciones, sangre a “kilohectalitros”… ¡Todo! No falta un peculiar sentido del humor que la dota de una simpatía a prueba de balas.
La versión americana tiene el sugerente pero engañoso título de "Night of the bloody apes" (la noche de los monos sangrientos… así en plural, cuando es solo uno el que la monta muy gorda) y está cercenada de mala manera, mostrándonos solo parte de su generosa truculencia. Así que si queremos disfrutarla en todo su esplendor, hay que hacerse con la versión Mexicana. La de “Something Weird Video” queda descartada pues. Además es en inglés…
Quiero destacar también la torpemente montada escena de la operación de corazón. Cardona usó imágenes reales de un trasplante, pero no deja de ser divertido el hecho de que muestre cómo se introduce el supuesto corazón de un gorila, cuando en realidad estamos viendo la extracción de uno humano ¡Delicioso desbarajuste!
Lo que no dejaba de plantearme mientras veía la película es como sería la reacción del publico que viera en su momento. Hay que tener en cuenta que es de 1969 y se pasa tres pueblos… y la peña, por aquellos tiempos y con el gore prácticamente recién inventado, no estaba acostumbrada a tanta violencia tan gratuita.
De lo mejor en pelis chungas. Imprescindible.

jueves, 23 de octubre de 2025

VIDAS EJEMPLARES: JOSEPH MARZANO

Joseph Marzano (o Joe Marzano, según donde) vio la luz por ahí Nueva York el año 1934. A medida que sus gustos y sentidos se fueron desarrollando, adquirió una desmedida pasión por el séptimo arte. Llegada la adolescencia, y cumplidos los catorce, comienza a facturar cortos caseros. Naturalmente su gran sueño consiste en dar el salto a la profesionalidad y en 1965 invierte esfuerzos y ahorros en un primer largometraje parido desde la independencia, "Man Outside", que le sale muy "arty", muy largo (dos cruentas horas) y a la manera de un Ingmar Bergman de chichinabo. Con ella espera dar el ansiado salto al "mainstream"... pero supone un rotundo fracaso, por lo que acaba recurriendo profesionalmente a la clásica salida desesperada: cine para pajeros. Son los años sesenta y el porno es ilegal, así que opta por introducirse en el "sexploitation", sabiendo como sabe que el por entonces prometedor Francis Ford Coppola había seguido idéntica senda.
En 1967 forma parte del colectivo que rueda "Cool It Baby", tan caótica que no se puede decir exista un director responsable. Digamos que cada uno de los implicados puso un poco de su parte, incluido Joseph Marzano, quien gozó tanto de la experiencia que quiso repetir. Ese mismo año tira palante su único título propio de cierta y velada solera, "Venus in Furs". Como adaptación del célebre libro de Leopold von Sacher-Masoch es más bien tangencial, digamos que la obra forma parte de la trama, con un individuo que, al leerlo, queda hechizado y le pilla gusto a atizar y/o atar damiselas, entre otras tantas perversiones.
Aunque, como digo, el producto sea netamente "sexploitation", Marzano puede permitirse el lujo de incorporar toda suerte de experimentos visuales y demás zarandajas "artys". La naturaleza intelectual / artística del hombre es evidente. Por eso v
ive frustrado viéndose inmerso en un negocio totalmente crematístico y de ahí que muchos de los siguientes proyectos, y las relaciones con su productor Lou Campa, se enturbien y den como resultado un enorme desengaño. Muchos todavía se preguntan qué ocurrió para que la carrera del cineasta llegara a un callejón sin salida de manera tan temprana. Bien, según datos consultados, fue durante una charla con el productor y distribuidor Joseph Brenner. Este comentó a Marzano estar interesado en su trabajo y colaborar, pero añadiendo como condición que el director tendría que responsabilizarse de todo a la hora de abordar sus nuevos proyectos. Marzano dio un seco "No" por respuesta, convencido de que ya disponía de la suficiente categoría como para delegar. Brenner tomó buena nota y aquello supuso el fin de la carrera como "sexploiter", "exploiter" y ya no digamos director de cine convencional del muchacho. Con los años, "Venus in furs" terminaría formando parte de las arcas de la inevitable pero adecuadísima "Something Weird Video" (compartiendo disco con "Cool it Baby" y otra dirigida por Lou Campa, "Mini Skirt Love").

A pesar del agrio panorama, Joseph Marzano se aferró a una cámara de Super 8 con intención de seguir produciendo. En principio a base de cortometrajes. En los setenta creó una especie de colectivo con una pandilla de aspirantes. Juntos rodaban comedias que luego proyectaban en un pequeño cine. Según declaraciones posteriores, Marzano nunca gastó un duro en aquellas modestas producciones, "obligando" a los chavales a encargarse de los gastos. Aunque no solo se limitaba al formato corto, a principios de los ochenta rueda -todavía en Super 8- un proyecto de largometraje acariciado desde hacía años en honor a su admirado Hugo Haas, hombre de cine -checo- clásico, "Pounds Of Love", centrado en la historia de un gordo tímido enamorado de la mujer más inadecuada posible y el infierno que vivirá en consecuencia (dado el tamaño de cintura más que amplio de Marzano, habrá que preguntarse si no tendría algo de autobiográfica).
Justo, es en esa misma década cuando, sin comerlo ni beberlo, nuestro protagonista termina metido de lleno en la escena neoyorquina de amateurs que ruedan pelicuitas superocheras de terror a base de mucha sangre y cierto desmelene. Haciendo especialmente buenas migas con un personaje muy característico de aquel vendaval, Nathan Schiff.
Schiff, chico ambicioso, firma su primer largometraje -en Super 8- el año 1979, "Weasels rip my flesh", sobre una serie de comadrejas mutantes que atacan al personal, todo a base de mucho cutrismo enternecedor. Logra cierto éxito a niveles minúsculos, por lo que en 1980 se anima con un segundo largometraje superochista, y su genuino "hit", "The Long Island Cannibal Massacre", epopeya de truculencia descontrolada bendecida nada menos que por Rick Sullivan, editor del fanzine "The Gore Gazette", quien se encabezona en darle difusión, montando proyecciones y diciendo maravillas en las páginas fotocopiadas de su publicación.
Llega 1985 y Nathan Schiff se pone manos a la obra con un tercer largo, también ultra-gore y básicamente cómico, "They Don't Cut the Grass Anymore". Es ahí cuando los caminos de Joseph Marzano y el joven se cruzan. Nace una amistad y el veterano cineasta se anima a interpretar al policía que persigue a los jardineros asesinos de la película de su pupilo. Dicha relación esputará unas cuantas colaboraciones más. En ocasiones Schiff actúa en los cortos de Marzano, o le escribe el guion, caso de la graciosamente titulada "Kung Fu Ghandi". También está el caso opuesto, Marzano aportando ideas para los escasos cortos que Schiff dirigirá los años siguientes, como "The last heterosexual".
La implicación de Joseph Marzano en la movida en cuestión no se limita a los delirios del chaval, también colaboró con Keith Crocker en su corto "One Grave Too Many". Crocker editaba el fanzine "The Exploitation Journal" y terminaría dirigiendo un largo en Super 8 que hizo su "ruidito", "The Bloody Ape". La relación con Marzano resultó tan longeva como tomentosa. Juntos decidieron implicarse en la confección de una película pornográfica. Nuestro héroe no era del todo novato en el lúbrico género. Durante los setenta ya había intentado rodar una porno, pero quedó inconclusa por problemas financieros. Tampoco este nuevo intento gozaría de un -valga el chiste tonto- final feliz. Crocker y Marzano separarían sus caminos de mala manera, por lo que la paternidad del proyecto terminó siendo exclusividad del primero.

Paralelamente a tanta actividad básicamente por amor al arte, y con el fin de agenciarse algo de montante extra (Marzano vivía con su anciana madre en un casoplón propiedad de la arcana señora), nuestro protagonista aprovechaba su buena voz para ejercer de doblador o DJ. Cuando no, se prestaba a participar en películas "mainstream" en función de extra o roles muy pequeños. Por ejemplo, anduvo sin acreditar por "Todos rieron" e hizo de taxista -sí acreditado- en nada menos que "Los Cazafantasmas". No obstante, siguió anclado al submundo del fandom del horror, prestándose a interpretar un zombie en "Mother's Day: What a Horror!", de 1995, o formando parte dos años después de una antología grabada en vídeo, "Guilty Pleasures".
Y hablando de vídeo. A mediados de los ochenta Marzano entierra la Super 8 para volcarse en aquel nuevo formato más económico. Ya no lo soltará jamás. El aspecto más curioso es que, a pesar de haber contado con un pasado profesional en el ámbito del cine genuino rodado en celuloide, el hombre hace gala de cierta dejadez en sus nuevos proyectos. Ya era así con la Super 8, pero con el asunto magnetoscópico todas esas carencias cantan el doble. Detestaba usar trípode. Rara vez ponía cuidado a la hora de evitar contraluces. Y cuando necesitaba efectos especiales, acudía a la tienda de la esquina a por caretas y extremidades de goma, un recurso que, con los años, sería bastante habitual en este tipo de producciones caseras. Lo que de verdad le encantaba era jugar con su cámara, y efectuar crudos cromas, los disponibles entonces. Keith Crocker comentaría que ello se debía a la necesidad de gratificación instantánea propia de Marzano, algo que el vídeo le aportaba.
Finalmente, la madre del cineasta fallece. Su hija decide vender el casoplón y, en consecuencia, su "hermano raro" -Joseph- se encuentra sin techo, así que recurre a ayudas estatales, que le conceden una pequeña habitación donde traslada todas sus pertenencias, incluidas varias cámaras, gran parte de lo cual terminaría siendo robado.
En Julio del año 2000, Joseph Marzano fallece de infarto. Pocos meses antes de tan fatídica efeméride, completó "A stranger in town", secuela muy tardía de un corto previo del año 61 en la que el actor / director retoma al mismo personaje que interpretara entonces. Envejecido, carcomido por la nostalgia y sintiéndose un extranjero en la ciudad que antes amaba, al final de la vídeo-película coge un tren dispuesto a no regresar jamás. Básicamente lo que, de alguna manera, terminaría ocurriendo en la vida real.

miércoles, 26 de enero de 2011

EL CARNICERO DE VIENA

El mejor carnicero de toda Viena acaba en un manicomio tras matar a una clienta (váyanse ustedes a saber por que) golpeándola con dos kilos de hígado. Cuando sale, decide poner orden en su carnicería, puesto que su cuñado, a cargo de esta durante su ausencia, la tiene toda manga por hombro, por lo que se instala en la habitación allí dispuesta. Su mujer pronto desparece, a la vez que baja el precio de las salchichas. ¿Se imaginan el motivo?.
A medio camino entre el thriller europeo y la comedia ramplona italiana, pero vendida al resto del mundo como una película de terror bizarra (por culpa de “Something Weird Video”) o un slasher (la edición en VHS española da a entender eso), "El carnicero de Viena", co-producción Ítalo-Alemana, resulta un ameno entretenimiento, retorcido y malsano, que nos envuelve en un ambiente repugnante y sórdido, paradójicamente, usando unos colores muy chillones, y sin una sola gota de sangre. Todo muy verde, muy azul, muy alegre, pero a la vez, asqueroso. Esos planos del carnicero cortando con destreza, y las salchichas expuestas en el escaparate de su tienda, no ayudan demasiado a contener las arcadas. No obstante, y aunque sabemos que aquellas están hechas de carne humana, nunca vemos los asesinatos, los intuimos, así que a poco que el espectador no tenga demasiadas luces, puede parecer que estamos viendo una comedia costumbrista. Rodada únicamente en decorados, el resultado es tan enfermizo como simpático y entretenido.
Conocida por ahí con diversos títulos como "The Mad Butcher", "I´m the best bucht in Viena" o "Meat is Meat", está dirigida por el Italiano Guido Zurli, que para la ocasión firmó como John Zurli, que se desenvolvió después entre el “poliziesco” y el cine erótico, destacando títulos como "Garganta Profunda Negra" o "La espada del Zorro".

martes, 8 de abril de 2025

LA VENGANZA DEL SEXO

Un científico “fanático” (como dicen en la película) anda pensando en cómo perfeccionar la raza humana. Y para sus investigaciones tiene una serie de autómatas deformes a los que enviará a secuestrar personas a las que, en su laboratorio, drogará y pondrá a tener relaciones sexuales, extrayéndoles no sé que líquido corpóreo que él mismo beberá. Su idea es controlar el sexo, porque el sexo domina el mundo… y él ¡dominará el sexo!
Durante las escabechinas un investigador intentará descubrir qué está sucediendo e inmiscuirá hasta límites insospechados.
“La venganza del sexo” es un clásico argentino del "sexploitation" que, con los años, se ha ganado un merecido culto internacional. Se trata del film más conocido de su director, Emilio Vieyra, un auténtico apestado de la cinematografía argentina al que, en su país de origen, ni si quiera se le tuvo en cuenta por el tipo de películas que hacía: pequeñas plastas de "serie B" barata financiadas por productores norteamericanos y su explotación para el extranjero. Los historiadores y eruditos pomposos y estirados de La Pampa ni siquiera reparan en él cuando escriben la historia de su cine. Como hacía subproductos con look americano, en ni tan siquiera se estrenaban en su tierra, aunque “La venganza del sexo” sí que lo hizo, aunque dos años después del rodaje: las críticas fueron feroces. Y no es para menos porque, al margen del marciano argumento, sencillo como los contenidos de una cartilla Rubio, a “La venganza del sexo” no hay por donde cogerla. Sobre todo por la presencia de lo que en la película llaman “autómatas” de rostro impertérrito, evidenciando así que son tíos con caretas horrorosas de papel maché —sobre todo la del esbirro principal, quien se hizo extremadamente popular entre ciertos sectores del fandom por su aspecto extremadamente ridículo—, que andan de un lugar para otro llevando individuos y señoritas de buen ver al científico. Por supuesto, y en consecuencia, la comedia involuntaria es una de las bazas fuertes de la película.
Por lo demás, esta muestra desnudos, secuencias sensuales y una suerte de parafernalias que, de no ser porque apuntaba a otros mercados, hubiesen sido inviables en Argentina.
No obstante, la versión que se hizo popular fue la montada en Estados Unidos bajo el título de “The curious Dr. Humpp” que resulta notablemente inferior a la argentina, ya que lo que tenemos en realidad es una alteración del material rodado por Vieyra al que le han añadido ingentes cantidades de "porno soft", sobre todo numeritos lésbicos (con demasiado pelo asomándole por debajo de las bragas a las tipas) con personajes que aparecen en el material rodado originalmente sin orden ni concierto y que, tras la escena de folleteo (y/o masturbación) son  asesinados por el esbirro principal del Dr. Humpp. Dicha versión, cuyos insertos están dirigidos y no acreditados por otro experto del "sexploit" sesentero, Jerald Intrator, es la que prevalece y la que, al final, se ha ganado el culto de los fans. Y esa es la razón por la que los señores de "AGFA" y "Something Weird Video" hicieron la pertinente restauración con el fin de lanzarla en un Blu Ray con todos los honores y ambas versiones.
Por supuesto, “La venganza del sexo” es sustancialmente mejor que “The curious Dr. Humpp” y su folleteo semiduro, pero, en cualquier caso, y quitando los momentos de risas y el evidente encanto kitch, es bastante rollete, y por momentos el visionado se hace pesado. Eso sí, cuanto beneficia el blanco y negro a las películas de estas características.
Emilio Vieyra cuenta en su haber con otros clásicos argentinos del despiporre horrorífico como puedan ser “Sangre de vírgenes” o “Placer sangriento”.

sábado, 17 de agosto de 2024

STING OF DEATH

Todo comenzó en las páginas de la legendaria "Psychotronic" según maese Michael Weldon. Ahí leí por primera vez el nombre de William Grefé, sorprendiéndome ante un apellido tan exótico, acento incluido, para alguien netamente yanki. Un oscuro director de cine barato de explotación con un dato que sobresalía por encima del resto (tilde aparte), su implicación en las escenas submarinas con tiburón de "Vive y deja morir", la setentera epopeya Bondiana (donde, por cierto, le cambiaron el apellido a Grefe, tal cual... curioso) La idea molaba, filmmaker de segunda -o tercera- categoría con una vida paralela como ¿técnico? en cine "mainstream". Sin embargo, lo más llamativo de aquel reportaje era un cartel publicitario, tan espectacular como solían ser los de su ralea, anunciando una doble sesión con dos films de horror firmados por Grefé, "Sting of Death" y "Death Curse of Tartu".
Y un día, recorriendo uno de los video-clubs del barrio, sección alquileres baratos, me encontré nada menos que con la segunda, titulada acá "La maldición de Tartu". Como solía ocurrir entonces, una intensa descarga eléctrica sacudió mi espinazo. La alquilé sin dudar para, tras consumirla, sentirme tremendamente decepcionado. Sí, era un coñazo de órdago, como buena parte del "exploitation" -especialmente el de los años sesenta-. Solo hubo un aspecto que consideré relevante, el semi-protagonismo de una jovencita Mayra Gómez Kemp, la eterna presentadora del "Un, Dos, Tres". Bueno, y el hecho de que el "Scalps" de Fred Olen Ray -película y director, por entonces, fruto de una enfermiza obsesión... por inquietante que suene- era un remake encubierto de "La maldición de Tartu", que llegué a adquirir en VHS, convencido de su rara condición, pero con el tiempo terminé regalando.
Por todo ello, jamás me interesó consumir "la otra", es decir, "Sting of Death", ni tan siquiera tras leer que el aspecto de su monstruo era patético y confirmarlo mediante algunas imágenes en un dvd-sampler de "Something Weird Video". Hasta ayer.
Gracias a las sucias plataformas de streaming, tengo acceso constante y continuo (o así sería si el Wifi de mierda no fallara tanto) a un catálogo generoso -y gratuito, of course- de roña zetosa, mayormente subtitulada al inglés, que siempre ayuda. Haaaarto comostoy del cine chusco moderno, me ha dado por revisar el añejo, así acabé presionando el "play" de "Sting of Death", casi accidentalmente. Y comenzó. Y, más raro aún, se mantuvo, sin los continuos y desquiciantes cortes del mal Wifi. Me sentí obligado pues a aprovechar la ocasión y pimplármela entera. Sabiendo que, gracias a dios, era cortita.
Una familia se reúne por motivos "festivalosos" en una casa rodeada de agua y pantanos, allí en los Everglades. Se sumarán una panda de universitarios descerebrados. La música bailonga suena alta, y todo va de perlas, hasta que una especie de bicho con pinta de medusa antropomorfa comienza a joder la marrana, llevándose a alguno por delante. Es momento de defenderse y contraatacar.
Lo dije en la reseña de "Shriek of the mutilated" y lo repito right now: resulta curioso aseverar como las fórmulas se mantienen a pesar de la suma de lustros. Igual que ocurrió a lo largo de los ochenta hasta nuestros insulsos días, también aquí los universitarios de rigor son representados como auténticos mastuerzos retardados chillones que solo viven para la fiesta (y, también, interpretados por actores que ya gastan pelos en sus respectivas entrepiernas) Todo ello adaptado a la idiosincrasia del año de producción, 1966, pero sin excesivas alteraciones. De modo mucho más simplista y exagerado. Son, por década y mentalidad, incluso más planos y gilipuertas, sin pizca de humanidad. Aspecto este confirmado cuando, al descubrir la presencia de un personaje atormentado por cierta desfiguración facial, deciden perseguirle, acorralarle y humillarle a lo bestia. No sé qué demonios les dio a finales de los sesenta, y principios de la década siguiente, con eso de meter a un secundario con alguna tara física o mental. Se convirtió en recurso habitual. Lo vimos, una vez más, en "Shriek of the mutilated". También "La noche del terror ciego" contaba con ello. Hasta un film tan respetado como "Suspiria" incluía a uno así en su reparto (y no me refiero a Miguel Bosé... ¡chas-pun!)
Igualmente, común es a todo el cine de explotación recrearse en las féminas y sus sinuosas curvas, siempre dentro de los parámetros morales que se permitían entonces. Hay mucho bikini, mucho culo meneándose y un sorprendente despelote total medio emborronado por un cristal translúcido. Podemos apreciar el tremendo par de aldabas que gasta la actriz. No me sorprendería que su propietaria fuese una "Pin-Up" y/o stripper de la época, aunque ha sido imposible corroborarlo. Que responda al nombre de Blanche Devereaux, como uno de los personajes de la posterior y famosísima serie "Las chicas de oro", no ayuda. En cualquier caso, su ataque y asesinato son pura esencia "trash" (ver galería de imágenes inferior)
La iracunda bestia responsable guarda un semi-secreto que no desvelaré por si, extrañamente, pretenden ver la película. Efectivamente, el diseño/aspecto es absolutamente miserable. Hay cierta justificación narrativa tras ello, pero no tanto. Básicamente se trata de un tipo al que han vestido con un traje de buceo enguarrado, incluidas cantosas aletas para los pies y un flotador en la cabeza cuya intención es parecerse al cuerpo de una medusa. Sus maneras ya eran muy "demodé" en los años sesenta, pero gastan, cómo no, un sutil encanto. Sobre todo si consumen la edición remasterizada con todo esos colorines tan chillones.
Otro de los platos fuertes en "Sting of Death" es la incorporación de una canción de Neil Sedaka en la banda sonora. Tanto como para anunciarlo en los créditos iniciales como si fuese uno de los protagonistas. ¿El truco? que no es ninguno de sus grandes éxitos y, además, en 1966 el tirón comercial del cantante había descendido unos grados. Aún así, nos zampamos la copla íntegra (acompañada de graciosas imágenes del reparto completo bailoteando a las maneras de entonces) cuyos derechos, seguramente, se llevaron un buen pellizco del escueto presupuesto.
Y eso, el "prolongamiento de momentos intrascendentes" es, como todo buen producto barato, algo recurrente. Añadan una eterna persecución por los Everglades y el tramo final, con el héroe bajo el agua dedicando más minutos de los deseados a localizar la guarida del monstruo. Ya saben, la supuesta especialidad de William Grefé quien, por si se lo preguntan, continuó dirigiendo los años siguientes, siempre movido por esa mentalidad oportunista / exploitativa. Tras el éxito de "Willard", la del chaval con capacidad de movilizar ratas a su antojo, sacó "Stanley", cambiando los roedores por serpientes. Y, aprovechando su capacidad para filmar submarinamente escualos, estrenó otro de sus títulos populares al año siguiente del hit "Tiburón", uno muy habitual en videoclublandia, "Mako, el tiburón de la muerte" (obviamente, se supone que Grefé tuvo la idea antes del éxito Spielbergiano, pero no logró el necesario montante hasta demostrarse que dichas bestias interesaban al público. La típica ¿excusa?) A partir de los ochenta comenzó a rebajar mucho el ritmo, básicamente pariendo solo cortometrajes. Pero ahí sigue, vivo y coleando (con lo gafe -Grefé- que soy, me lo tienen muerto pasado mañana) Incluso se ha permitido el caprichazo de actuar para otros directores, como Steve Latshaw (justo en dos películas producidas por su pupilo, Mister Olen Ray) o James Balsamo -si a este podemos llamarle director-.
¡Ah! William es el papá de Melanie Grefe, la gorda y malcarada "Big Edna" de "Porky´s 2".





viernes, 19 de junio de 2020

I WANT MORE

Sexploitation de finales de los sesenta en plan falso documental con ciertas trazas de mondo sexual (trazas estas, probablemente inintencionadas), que en poco más de media hora nos muestra una serie de comportamientos sexuales depravados en la ciudad de Los Angeles, supuestamente inspirados en los anuncios clasificados reales que se publicaban en unos periódicos que se estilaban mucho en los sesenta y que ofrecían a los usuarios contactos sexuales. Así, un individuo, micrófono en ristre, se dirige a cámara para, en tono paternalista, hablar de la gran ciudad, denunciar la depravación sexual que hay en ella, y el tipo de relaciones carnales que solían mantener los anunciantes de estos periódicos. A partir de ahí, la película está compuesta de segmentos que nos muestran dichos comportamientos sexuales, mientras escuchamos voces en off que comentan las imágenes que vemos en pantalla, conversando entre ellos  y escandalizándose con lo que ven.
Una película denuncia como tantas hubieron en la época, que con la tontería nos muestra todo el folleteo que es lo que en realidad están vendiendo. Nada del otro mundo. Vemos desde tíos que se van de putas, a sexo en grupo en una ducha, pasando por unos moteros que echan pulsos y luego se frotan sobre unas tías en pelotas (y esas mismas tías dando vueltas en círculo con una moto) o un escultor que para realizar su obra, necesita recortarle los pelos del coño a una fresca que posa para él.
Aburrida, sosainas y con las escenas soft más anti lívido que se pueda echar uno a la cara. Eso sí, el puñetero blanco y negro hace lucir todo siempre muy bonito. Hace que películas malas como esta, parezcan artísticas.
Poco (o nada) más que decir.
Sin embargo, me ha hecho mucha gracia la reseña que sobre la película hizo un usuario  llamado lor_ en IMDB, que se despacha a gusto con “I Want More” y se indigna con el hecho de que se publicite como una protagonizada por Cathy Adams, cuando en realidad no aparece (puede ser debido a que la película cuente con varias versiones, una de media hora de duración, otra de casi una hora y, quizás, Adams, apareciera en el metraje recortado de alguna de las versiones, pero esto es algo que no he podido contrastar, tan solo una elucubración. No obstante, me encanta que este usuario se cabree tanto con esta cuestión) y, tras poner a caer de un burro la película, arremete asimismo contra los intérpretes y, más aún, contra la gente de Something Weird Video, que la editaron en DVD, incluyendo un audio comentario, y se ve que tiene algo personal contra ellos. Así, a uno de los comentaristas, al que tacha sarcásticamente de “historiador de cine” y de novato, le insulta llamándole directamente idiota y le acusa de no saber el precio real de los periódicos a los que se hace referencia. Todo con muy mala hostia y muy gracioso. Mejor que la propia película. Así pues, no vean "I want more", no vale nada, pero ¡Corran a IMDB a leer la reseña!
Por supuesto, el productor y director del film, Jack Beap, no dio señales de vida después de hacer esta cosa ignota y rara.

martes, 19 de abril de 2011

PLACER SANGRIENTO

Película Argentina, tan sesentera que solo faltan los "Beatles" por ahí haciendo el imbécil, concebida para ser explotada en el extranjero y conocida en los países anglo parlantes como "Feast of Flesh", entre otros muchos títulos. Nos encontramos ante un “nudie” aderezado con unas gotitas de thriller, agradables dosis de misoginia, y un pelín de terror, que podría haber estado muy bien, pero al que hacen polvo las ingentes dosis de aburrimiento que posee.
Un medico, completamente resentido porque la zorra de su mujer le ha puesto los cuernos, decide vengarse de las mujeres, para lo que se disfraza con una mascara y manos de goma 
monstruosas. Tras seducirlas y penetrarlas, les inyecta una dosis letal de heroína y mueren. La policía, entre tanto, investiga el caso.
Lo positivo es que el blanco y negro en el que está rodada, en según que casos, resulta visualmente atractivo, y el uso de esa textura dota el producto de sordidez y belleza, puesto que la careta y manos de nuestro protagonista -que en color hubieran sido un cantazo- parecen el aspecto real del individuo y quedan muy bien. Un poco ridículo en todo caso, pero no siendo idiotas y disfrutando del cine como cada momento requiere, la verdad que el look del resentido doctor es de lo más chulo.
La trama que, en principio, parece interesante, va perdiendo fuerza 
a medida que comienza la investigación policial, y al final lo único decente son el puñado de escenas en las que aparece el doctor con las muchachas, o tocando el órgano, o simplemente abriendo una chirriante puerta. El resto, nada más que paliqueo y paliqueo. Merece la pena destacar también los fabulosos títulos de crédito iniciales, de una naturaleza “pop” que tiran de espaladas, a base de animar una serie de fotografías e ilustraciones.
Aunque todo eso da igual, porque la película entera es una mera excusa para mostrarnos una serie de desnudos que, mucho me temo, en la versión consumida por un servidor están ligeramente amputados.
El director, Emilio Vieyra, fue detenido junto con una de las actrices porque los pillaron “in situ” filmando una de estas escenas de desnudos en una Argentina en la que todavía no se podían mostrar “mamellas”.
Vieyra permaneció en activo, dirigiendo títulos de variado pelaje, hasta su fallecimiento en 2010.
"Placer Sangriento" tiene ¿la suerte? de ser una de tantas películas de las que Quentin Tarantino ha copiado; en este caso, la imagen de Uma Thurman con una jeringuilla en el pecho de "Pulp Fiction". En la peli reseñada, es una especie de firma que usa el asesino.
"Something Weird video" la editó en programa doble junto con "La horripilante bestia humana", siendo esta la de relleno.
Bastante malilla.

lunes, 15 de noviembre de 2010

AL FILO DEL TERROR

Griego es un ventrílocuo venido a menos. Se ensaña con sus muñecos cuando fracasa en una actuación. De hecho, a uno en concreto, “Sonrisas”, lo descuartiza con un hacha ante la mirada de su hija de cuatro años, amiga de los muñecos ya que, de noche, cobran vida para jugar con ella. Un día Griego descubre que lo de hacer voces no se le da mal a la pequeña, así que planea un maquiavélico plan para volver a obtener fama y dinero; usará a su propia hija como muñeco, y acabará con todo aquel que descubra el secreto, pero, ¿podrá con unos muñecos que están vivos?
Esta ha sido la “big surprise” de las mierdas Mexicanas de los años 90 por lo que a mi respecta, no en balde "Something Weird Video”, distribuidora yanqui que aboga por lo bizarro y lo exótico, tiene una edición de esta peli… eso sí, en dvd-r (es largo de contar).
Se trata de una película retorcida y perturbadora, cuya cutrez ayuda, de modo involuntario, a que sea aún mas sórdida si cabe. Por ejemplo, sin venir demasiado a cuento, en la escena que Griego descuartiza a un muñeco, este sangra a lo burro. Bien, he visto muchos descuartizamientos en el cine, de todas las maneras y tamaños, de niños y mayores, de chicas guapas y también feas… pero pocas me han producido tan mal rollo como esta.
Claro que por otro lado, si hay un par de escenas de mal rollo, rápido aparece otra de diálogo con unas frases tan tontas y ridículas que te tienes que reír a la fuerza. Se alcanza ese tono festivo de las películas malas, y mientras esperas el siguiente despropósito divertido, aparece otra escena en la que Griego golpea a su hija con el cinturón y te vuelve a entrar el mal cuerpo. Toda una montaña rusa de sensaciones.
Los muñecos que el ventrílocuo usa son unas réplicas casi exactas de los actores enanos que les interpretan cuando cobran vida. El hecho de que sean réplicas no deja de parecerme acertado, porque se logra que cuando los muñecos aparecen en escena, cueste diferenciar los de verdad de los de mentira, cosa que también ayuda a todo lo perturbador del asunto.
Insisto en lo de “perturbador” del asunto, porque las intenciones de este villano que es Griego son de lo más retorcido: como calibra que, al ser viudo, nadie piensa que tiene una hija, y para que el mundo no lo sepa, ni sospeche que esta es el muñeco que utiliza, la secuestra en su casona de campo, con su cuñado como cariñoso y cobarde guardián, al que se le dará muerte por permitir que la niña reciba la visita de una amiguita suya. Amiguita que, por otro lado, acabará encerrada en el sótano junto a la propia hija de Griego, y junto a los muñecos. Una crueldad con la infancia que si un juez español supiera de la existencia de esta película, mandaba encerrar a su director, aunque para ello tuviera que sacarle de la tumba.
Obviando algunas chabacanerías normales dentro del cine de serie Z, no es de extrañar que "Al filo del terror" sea del todo efectiva, entretenida y con un buen sentido del ritmo. Más si tenemos en cuenta que su director, Alfredo B. Crevenna, empezó a hacer cine prácticamente en la adolescencia durante los años 30 y dejó de hacerlo en los 90 a los ochenta y tantos, y no siguió porque se murió. Esta, sin ir más lejos, es una de sus últimas películas, pero en esos sesenta años dedicados a hacerlas dejó algunos títulos muy populares como "La mano que aprieta", "Los asesinos del karate"
, así como muchos de los mejores títulos de “El Santo” o “Blue Demon”.
En el reparto tenemos a un clásico del cine mexicano como es Fernando Almada, al que pudimos ver en algún espagueti western, e incluso en películas Españolas como "Perros Callejeros 2" de José Antonio de la Loma. Almada cuenta también con una extensísima filmografía en cine y en “Home vídeo” al cual dedicó los últimos años de su carrera, y en ello sigue. En "Al filo del terror" demuestra ser un actor sobradamente solvente.
Muy recomendable, divertida, rara y malsana.

martes, 31 de diciembre de 2024

CHAINED GIRLS

Clásico del "sexploit" sesentero camuflado, en cierto modo, de película educativa para así esquivar la censura, que por un lado pretende mostrar al mundo algo tan extraño como podía resultar entonces las relaciones sexuales no normativas entre mujeres y, por otro, hacerlo de la manera más explícita y sensacionalista posible.
Producida por el inefable George Weiss, uno de los gerifaltes de cine de explotación y serie Z más relevantes de los años 50 y 60 —cuyas artimañas se encargó de mostrar al mundo convencional Tim Burton en su master piece “Ed Wood”—, mentor y padre espiritual del matrimonio formado por Michael y Roberta Findlay y popular por producir nada menos que “Glen or Glenda” entre otras cintas del considerado peor director de la historia, “Chained Girls” se sirve del falso documental (y la falsa cámara oculta) para mostrar el decadente y oscuro mundo del lesbianismo, pintando esta tendencia sexual poco menos que como una enfermedad mental. Su intención es aleccionar al respetable sobre lo perniciosas que pueden llegar a ser las prácticas sexuales entre mujeres, comparándolas con las ya de por sí aberrantes prácticas homosexuales entre caballeros, y situándolas un peldaño por encima en el escalafón de lo aberrante. Según el fuero de “Chained Girls”, si lo de los maricas clama al cielo, lo de las lesbianas es ya directamente obra del mismísimo diablo.
Por supuesto, con esta ideología conservadora por bandera, en realidad la película no tiene ninguna moralidad y cualquier acusación no sirve más que para filmar toda suerte de situaciones sexuales entre señoritas, con fragmentos que rozan la ciencia ficción como aquellos en los que un grupo de lesbianas viola a otra pobrecilla que se está iniciando en esta inclinación sexual. Todo ello visto hoy resulta muy naif, inocente y tontorrón, consiguiendo, al menos por la parte que me toca, una buena ristra de risotadas. Pero en plenos años 60 este era material bien duro. La voz en off se encarga de explicarnos lo que estamos viendo, o de exponer una suerte de estadísticas —afirmando cosas como que el 90% de las lesbianas mayores de 40 practica el sexo más veces a la semana que las lesbianas de 20— que más que escandalizarnos provocan nuestra hilaridad.
La película sería exhibida en cines de tercera regional donde la visionarían el público de pajilleros habitual de estos subproductos, para pronto ser olvidada y, ya en los 90, rescatada en formato doméstico para los coleccionistas y cinéfilos inquietos por parte de "Something Weird Video".
“Chained Girls” es una de tantas películas que se estrenaron en su momento del mismo rollo, pero tiene especial gracia, porque se recrea en actitudes totalmente inventadas que muestra como reales. Y puesto que el visionado apenas dura una hora, no se hace cuesta arriba.
El director, Joseph P. Mawra, tiene una escueta filmografía, con films al servicio de Weiss, en los que prácticamente no se sale de los parámetros marcados por “Chained Girls”, dejando para la posteridad clásicos como “White Slaves in Chinatown” o algunos títulos de la célebre saga de films sobre bailarinas "burlesque" “Olga”. Vista una vistas todas.

sábado, 4 de mayo de 2013

LA IGLESIA DE SATÁN

Que gran sorpresa me llevé, en uno de esos establecimientos que venden dvd´s tiradísimos de precio, cuando vi que el documental “Satanis, the devil´s mass”, un documental de culto sobre la famosa Iglesia de Satán, engañabobos creación del llamado “Papa negro” Antón Lavey, que incluso logró tener como miembros a  entes influyentes de la farándula Hollywoodiense, estaba editado en nuestro país, en su versión doblada. La gracia está en que venía dentro de una colección de documentales sobre “lo desconocido”, bajo el título de “La Iglesia de Satán”, vendiéndonoslo como un documental respetable de esos de la BBC.
Sin embargo, en los USA, este documental rula más por los circuitos de la “Explotation” y los programas dobles (la edita “Something Weird video).
Sea como fuere, yo tenía cierto interés en verlo, y he podido hacerlo en las mejores condiciones.
El documental cuenta, a base de rodar misas negras oficiadas por el caradura de LaVey, y entrevistas a él mismo, a sus adeptos, y a varios de los vecinos del edificio dónde se practicaban estas ceremonias, la filosofía de esta extraña secta, que básicamente lo que hacían, era soltar cuatro chorradas (LaVey ni se sabía más de cuatro nombres para nombrar a Satanás, y hacía misas de no más de cinco minutos), con una tía en pelotas tumbada en el altar.
Las quejas de los vecinos, tampoco son para tanto, puesto que tampoco era una secta muy escandalosa, y cuyas excentricidades eran casi infantiles; LaVey, se vestía de demonio a la vieja usanza, con cuernecitos y todo, o tenían un león como mascota, amparándose en una ley que no prohibía tener leones en casa. Hay quien dice que incluían al león en sus prácticas sexuales, pero no dejan de ser habladurías de los vecinos. La sensación que me queda tras ver el documental, es que se trata de unos pobres “diablos”-nunca mejor dicho- y que el director era amiguete del “Papa negro” y que esto no es más que una película de burda propaganda.
Lo bueno, es ver las texturas y colores en los que está rodado el documental, sus 16 mm. Y todo muy “camp” y alegre, a pesar de la supuesta oscuridad de lo que retrata, que le confiere, al documental, aires de película “Nudie”.
Con todo, el documental se deja ver, pasamos el rato, y hasta nos echamos unas risillas con el atuendo de Antón LaVey, su caradura a la hora de reivindicar cosas como el sexo libre, y nos jactamos al comprobar que la famosa Iglesia de Satán, no es sórdida, si muy ingenua, no hacen nada provocador, por sacrificar, no sacrifican ni un melocotón, y en definitiva, es una tontería muy gorda. De hecho, esta secta es más popular por los rumores que corren de que Antón LaVey fue el asesor satanico de Roman Polanski en “La semilla del diablo”, hecho este, real o no, que le emparentó directamente con el caso Charles Manson, que por si misma.
Dirige, no sin cierta inutilidad un tal Ray Laurent, que cuenta únicamente con esta película en su filmografía, así como unos cuantos títulos de baja estofa de los que es montador.

lunes, 20 de enero de 2020

MY BABY IS BLACK

Una joven estudiante blanca da a luz un niño negro. De esta forma la acción nos trasladará tiempo atrás y veremos cómo la chica conoce a un estudiante negro en la facultad de medicina, cómo se enamora de él y tienen relaciones sexuales (mostradas de manera figurada enseñándonos, el encuadre, unas fruslerías como pueda ser un cañito de agua que se derrama sobre el asfalto, el vaivén de unas llavecitas, para sugerir al espectador que los protagonistas están follando). Por supuesto, estamos a principios de los años 60 y esta relación traerá cola en el entorno social y familiar de la chica, que no ve con buenos ojos que esta salga con un negro.
En realidad, estamos ante una película de corte social y de arte y ensayo de proveniencia francesa. Su título real es “Les lâches vivent despoir”, algo así como “Los cobardes viven después” y en ningún momento se hace referencia a un niño negro en el título. Se trata de una película con un punto de vista amable hacia las relaciones interraciales y con un final esperanzador y buen rollista en el que prevalece el amor ante el odio del que los protagonistas son víctimas durante todo el metraje. Dirigida por Claude Bernard-Aubet, director francés de cine de autor más o menos discretito, que durante mucho tiempo estuvo firmando sus películas bajo el pseudónimo de Burt Traver y cuyas películas, en muchas ocasiones, han llegado a estrenarse en nuestro país, como por ejemplo y, que fuera medio popular en su momento, “Adiós, te quiero”, con Bruno Cremer.
Es una película absolutamente moderna de la era beatnick, con una banda sonora a base de Jazz histérico que sirve para dar énfasis a según que escenas y, aunque es repetitiva, lenta y sosa, se puede ver sin mayor problema, recordando en algunos momentos a las películas de nuestro Summers de aquella misma época.
La gracia está en que la película pasó sin pena ni gloria por salas francesas, pero fue adquirida en algún mercado de cine por despiadados distribuidores americanos que operaban mayormente en  autocines y salas de mal vivir. La película sufrió un nuevo montaje, fue doblada, se le puso un nuevo y más explícito título, “My baby is black”, y se convirtió en una pieza exploit que se vendía  alterada, como si fuera una película terrible sobre una mujer que tiene un niño negro no deseado. Y eso se consigue tan solo haciendo que la escena final, en la que la mujer blanca trae un niño negro, sea colocada al principio a modo de prólogo, dando lugar este nacimiento a unos títulos de crédito un tanto inquietantes. Después de eso, la película transcurre con normalidad. El resultado de este desbarajuste es que la película se estrenó y pasó aún más inadvertida en el circuito de autocines que en las salas de arte y ensayo francesas, puesto que se trataba de una película demasiado light y convencional para lo que el público del Drive in demandaba.
Pronto, la película quedó enterrada en el olvido hasta que la gente de Something Weird Vídeo la recuperó y la puso a disposición de los usuarios en vídeo y DVD. Tampoco fue un título de los más demandados.
La película, como ya he dicho, se deja ver, pero más allá de eso, lo importante es cómo fue distribuida por los americanos, que ni engañando y escandalizando al personal consiguieron que esta película fuera un éxito. Ahora bien; la versión francesa pasaría, sin duda, inadvertida ante mis ojos en cualquier circunstancia, mientras que la americana, con ese título y tufillo sensacionalista, ha llamado mi atención lo suficiente como para que indagara, la viera y aquí la reseñara para todos ustedes. Y es que el título americano “My baby is black”, conlleva consigo cierto racismo implícito que, por el contrario, en ningún momento ocurre en el francés.
Por otro lado, curiosamente, en Francia incluso llegó a hacerse una novelización de la película en un libro homónimo que se vendía como si fuese una novela de autor cuando, probablemente, esta estuviera más cercana a las novelas románticas de Corin Tellado.
Adjunto tanto el póster francés como el americano de la película, porque, en cuanquier caso, ninguno de los dos tienen el más mínimo desperdicio. 

sábado, 12 de diciembre de 2020

I WAS FLESH GORDON

Esencialmente, la finalidad del libro "I was Flesh Gordon" consiste en dejarnos claro, por si no lo sabíamos o sospechábamos, que el "famoso" pionero del porno y productor exploitation Bill Osco (a quien el aficionado medio reconocerá por su implicación en "El Ser" y "Fonda Sangrienta") era un auténtico hijo de puta. Un vividor, jeta, desalmado y que mentía y engañaba a todo dios, especialmente cuando se trataba de agenciarse dineros. Entre esos traicionados está el autor, Jason Williams, que en "I was Flash Gordon" narra sus muchas desventuras por el Hollywood de finales de los años setenta.
Sí, Williams es el rubiales que dio vida a la parodia sexy del famoso personaje de comics en "Las aventuras de Flesh Gordon", uno de esos supervivientes de la meca del cine que hacen de todo con tal de pagar las facturas sin tener que abandonar el "show business", y a los que ya mencioné en la reseña de este otro libro (en el que, por cierto, se comenta que Williams acabó convertido al cristianismo, cosa que el actor no toca en ningún momento en su obra ¿?). Nos cuenta sus primeros pasos en la vida, su llegada a la meca del cine, repleto de sueños, y cómo se metió en las mallas de "Flesh Gordon", detallando el rodaje y las consabidas anécdotas. Cuesta creer que recuerde tanto tan bien, pero habrá que confiar en su palabra (y la de Derek McCaw, uno de esos gurús del frikismo online que le echa un cable en la empresa).
Sin embargo, y contra todo pronóstico, realmente el libro no comienza a disfrutarse hasta que termina el rodaje de "Las aventuras de Flesh Gordon" y Williams se ve obligado a buscarse las habichuelas. Es aquí donde las cosas se ponen interesantes de verdad, narrándonos su paso por el porno pre "chic". Cuando él y Bill Osco visitaban tugurios de dudosa legalidad para entregar sus nuevas producciones, películas guarras de quinta regional, cutres hasta el delirio, que dirigían Howard Ziehm y/o el mismo Jason Williams bajo seudónimo, pero cuya paternidad Osco se atribuía desvergonzadamente. Muchas acabaron en las arcas de "Something Weird Video", como cruda muestra del peor "grindhouse" pajillero de la época.
En esencia, Jason Williams es como todos. Un tipo que ansiaba el éxito, lo intentó innumerables ocasiones, apunto estuvo de alcanzarlo a pesar de las inclemencias (muy dura la anécdota sobre el rodaje de "Deadly Hero", película que iba a co-protagonizar y acabó convertido en el criado de uno de los actores principales) para, finalmente, irse todo al garete... por culpa de los tejemanejes de Bill Osco, que arrasaron con la reputación de ambos.
Luego, ya lejos de su ex-socio y ex-amigo, Williams aún tuvo tiempo de verse inmerso en productos tan singulares como "Time Walker", pero la verdad es que dedica muy poco espacio a esta etapa y es una lástima, habría molado saber más.
Con todo, "I was Flesh Gordon" es un libro la mar de entretenido, no demasiado tocho y que mejora a medida que te acercas al final.
Recomendado.

lunes, 24 de febrero de 2020

BLACK IS BEAUTIFUL, AFRICANUS SEXUALIS

Matt Cimber, el hombre al frente de una de  las cuchufletas al servicio de Pia Zadora (“Butterfly”) y el último marido de Jayne Mansfield con la que también trabajó, es responsable de algunos títulos de cine de terror tirando a zetosillos así como de un buen montón de blaxploitations, sin olvidar sus escarceos en algo parecido al mainstream. Sin embargo, es más recordado por rodar descarados y sensacionalistas sexploits setenteros que por otra cosa. Pero esta película es engañosa incluso en los créditos. Cimber, que ya había dirigido películas de explotación con contenido sexual, firma este film, pero, y ahí está la gracia, no lo dirige él sino su socio —y productor— Marvin Miller. Cimber no rodó ni un solo plano. ¿Motivo por el que se le acredita en lugar de a Miller? Váyanse ustedes a saber.
“Black is beautiful, Africanus sexualis” no es más que una película porno camuflada de película educativa, al más puro estilo años sesenta, que además explota la figura de los negros. Porque, aunque se nos vende un documental sobre las distintas costumbres sexuales de diferentes tribus africanas, lo que en realidad vemos es una película porno con negros echando sus casquetes. Pero,el engaño absoluto era la única forma de rodar a gente follando y ganar dinero con ello, porque antes de la legalización del porno la industria del cine para adultos se sustentaba de este tipo de documentales “educativos” siendo los de proveniencia escandinava los más populares entre los pajilleros. Es decir, en los sesenta, si querías rodar porno tenías que hacer un documental sobre el apareamiento entre las especies, o explicar cómo se hacen los niños para que eso fuera calificado y finalmente exhibido. Cuando el porno duro se legalizó, se acabó el documental educativo, motivo por el cual, a posteriori, este cobra cierto interés con respecto al porno convencional. Por otro lado, también  era común comprar películas porno de diversos países donde la pornografía sí era legal y añadirle insertos que hicieran ver que en realidad se trataba de un documental educativo, y en cierto modo, “Black is Beautiful, Africanus sexualis”, tiene pinta de ser algo así.
Entonces, tenemos durante los créditos un discurso que, en su afán por no parecer racista lo que consigue es todo lo contrario, un discurso exageradamente racista ya que se está hablando de los negros como si de ganado se tratase, desacreditando al hombre negro y tildándonle de bestia sexual o  de ser un peligro para la mujer blanca. Después aparece un afro americano, supuestamente un doctor, que comienza a explicar lo distinta que es la sexualidad en el áfrica negra y, a continuación, da paso a una pareja de negros africanos en pleno frenesí sexual mientras una voz en off explica, como si el público fuera idiota, lo que la pareja de negratas está haciendo. Luego, para justificar todas estas escenas, vemos a una tribu, haciendo cosas de tribu, entre escena de folleteo y escena de folleteo. Y como lo que importa es solamente el sexo, las escenas de tribu se las han currado lo mínimo, por lo que se apañan con un decorado de cartón piedra y pintando a los negros con pinturas de guerra como si fueran  indios. Y ya está. Así  transcurre la escasa hora que dura la película, sin que dejemos de escuchar la narración del supuesto doctor que aparece al principio de la película, mientras negros de pelo crespo (y con peinados Afro muy a la moda de entonces) se echan unas folladas.
Nada nuevo en el horizonte, películas como estas las hay a patadas y su único valor es meramente antropológico. Pero no está mal de vez en cuando echarle un ojo a alguna y ver que se cuece. Visto lo visto y, al margen de su divertido y musical título, “Black is Beautiful, Africanus sexualis”, no es de las cosas más infames y soporíferas que haya visto. Las hay mucho peores. Y con un poco de esfuerzo, puede servir para paja.
Para finalizar tan solo decir que con los años, formaría parte del exótico catálogo de Something Weird Vídeo.

viernes, 24 de junio de 2022

SEX AND THE SINGLE VAMPIRE

Con una factura amateur que casi ofende a la vista, y con unos cuerpos de escombro que ofenden más todavía, “Sex and The Single Vampire” es una extraña comedia softcore a punto de ser porno del año 1970 en la que John Holmes, con una única escena de folleteo en todo su escaso metraje (y en la que por poco no le vemos enderezar el miembro pese a que no existen ni las felaciones ni la penetración), interpreta, sin bigote, a un vampiro con muy mala hostia que tiene miedo a los ratones, que no descansa en su ataúd y que maldice porque se le acaba la sangre embotellada. Un día, un grupo de swingers irrumpen en su apartamento y se ponen a follar alegremente entre ellos. El vampiro, que además es algo voyeur, les observa desde las esquinas con sus prismáticos con la esperanza de poder meter baza en las orgías, motivo este por el que pasará por distintas vicisitudes a la hora de eliminar a algunos de los machos que se despistan. En su afán por secuestrarles con el fin de ser el único practicante de sexo masculino en la orgía, llegará incluso a electrocutarse con una bombilla, pero finalmente se meterá en la cama con todas las señoritas y hará el amor con ellas hasta el amanecer, claro que los rayos de sol son mortales para los vampiros…
La verdad que el soft más tedioso, al igual que nuestras clasificadas “S”, no tienen mucho sentido una vez legalizado el porno hardcore, es decir, sirvieron en su momento para que el público se masturbase viéndolas y con el porno convencional estas pasaron a un segundo plano siendo poco menos que un sucedáneo. Y es que son todas muy malas y con nulo valor cinematográfico más allá del mero hecho de sus existencias. “Sex and The Single Vampire”, también editada en su momento bajo el título de “Dracula, The Dirty Old Man” por la gente de Something Weird Video, no es especial en absoluto y las escenas de folleteo —en las que no hay folleteo— son de lo más aburridas y anti libido que se puede echar uno a los ojos, sin embargo lo que la hace diferente son los toquecitos de comedia, muy dicharachera y simpática —con sus momentos de slapstick incluidos— por parte de John Holmes que en esta película es más actor que follador. Te ríes, sobre todo con las continuas blasfemias que suelta el personaje (acreditado como Conde Spatula) y con sus idas y venidas por la destartalada casa que le sirve de mansión. Más allá de eso, y el chiste final con el que personalmente me muero de risa, nada, únicamente valor antropológico.
Junto a Holmes en el reparto tenemos a Sandy Dempsey, prometedora actriz que hubiera despuntado en el porno legal de no haber fallecido a los 25 años justo antes de que este se legalizara en los USA. Le dio tiempo a hacer unas cuantas películas sucias a medio camino de todo eso.
Dirige Monduck Freezer. Obviamente se trata del seudónimo de alguien, pero al ser “Sex and The Single Vampire” una película prácticamente clandestina de la que apenas hay info, váyanse ustedes a saber quien se ocultaba tras este estupendo nombre.

lunes, 27 de enero de 2020

THE ABNORMAL FEMALE

Clásico “sexploit” de  alto contenido sexual para la época, rozando el “soft”, que con pocos medios y enfocado como una especie de documental pedagógico, sirve para mostrar la mayor cantidad de numeritos eróticos posibles. Así, tenemos una voz en off —la de un psiquiatra— que va narrando las diferentes filias sexuales de algunas de sus pacientes, dando su punto de vista como médico y dejando a la mujer en muy mal lugar puesto que, una simple lesbiana, es una mujer completamente desprovista de sus facultades mentales en esta película. Y a modo de flashback mientras lo explica, vemos desde mujeres que se excitan dando de hostias a los hombres, hasta mujeres que optan por los tríos o por el sexo con otras mujeres. La película se excusa de tanta depravación y el espectador se pone las botas. Vamos, una estrategia comercial muy de la época  y que bajo un halo de moral, se muestra de todo. Esta en concreto es muy subidita de tono y, ciertamente, cuenta con señoritas anormales muy jamonas.
Por otro lado, el estar filmada en blanco y negro le confiere a la película una pátina de respetabilidad, quiero decir, que el blanco y negro viste mucho, queda todo muy bonito y todas esas secuencias de gente simulando sexo, si te dicen que están concebidas con fines artísticos, te lo crees. No hay mucha diferencia entre algo filmado por, por ejemplo, René Clair y esto. Pero no, todo atisbo artístico no es más que mera casualidad ya que estamos ante un producto meramente comercial concebido para pajilleros que se la pelaban en salas de cine medio clandestinas.
Por lo demás, la película aguanta el visionado la primera media hora, después, es más de lo mismo una y otra vez, folleteo gratuito y barato, que a pesar de las bellezas que desfilan por la pantalla, es incapaz de poner palote al hombre contemporáneo, en 1969, año en el que se estrenó, ya no sabría que decir. Imagino que sí, porque como digo, hay pelambres, tetamen y culetes a punta de pala.
El interés que pueda despertar esta película es exclusivamente antropológico.
Dirige la función un tal George Rodgers al que parece que se le ha tragado la tierra; no solo es que únicamente cuente con este film en su filmografía, es que no hay datos de su existencia prácticamente en ninguna parte.
La película se editó hace algún tiempo en DVD gracias a Something Weird Video que la recuperó y distribuyó en programa triple junto con otros dos sexploits titulados “One Shoking Moment” y “The Maidens of Fetish Street”.
Para los muy curiosos.