jueves, 6 de diciembre de 2018
POPATOPOLIS
Aquellos que hayan visto el documental "Serie B: El lado oculto de Hollywood" ("Some Nudity Required" en v.o.) recordarán su enfermizo tono feminista y que, por ende, Jim Wynorski quedaba retratado como el auténtico villano de la función, un cineasta machista únicamente interesado en las ubres colosales. Pues bien, eso volvemos a verlo en "Popatopolis", solo que esta vez sin manipulacion vaginal intermedia, aquí es algo que queda gráficamente retratado cuando el tipo da los buenos días a una de sus escotadas actrices con un "Buenas tetas!" o tortura a algunas de ellas con discutibles métodos de dirección, presionándolas para que repitan al dedillo las absurdas frases del guión parido por un siniestro individuo que ronda el plató y que, según afirman las ultra-maquilladas y operadas actrices, "Esto lo ha escrito alguien que odia a las mujeres". Probablemente.
Y así van pasando los minutos, presenciando cómo Jim Wynorski, su actor guaperas, sus chicas quemadísimas (una de ellas dejó el "cine" tras esta experiencia) y un equipo técnico reducido a dos o tres tipejos y una cámara de vídeo profesional, ruedan a toda pastilla su absurda película. Pelean, ríen con las escenas eróticas y se meten de noche y sin permiso en un parque nacional montando una hoguera donde está totalmente prohibido encender ningún fuego.
Todo ello retratado de manera directa, cruda, honesta y sin evitar traqueteos. Montado con ritmo y logrando un documento que, además de interesante e hilarante, resulta bastante entretenido.
Al terminar se nos explica que "The Witches of Breastwick" recuperó la inversión y generó beneficios al distribuirse en dvd por diferentes países (lo que no me extraña dada su precariedad). No obstante, la sensación final que nos queda es triste, incluso deprimente, al ser testigos de esa decadencia creativa de la que hablaba al inicio de la reseña.
Asoman los caretos Roger Corman, un sorprendente Tom Savini y la madre de Jim Wynorski, que nos explica cómo el chaval pasó la adolescencia siendo un tipo solitario que leía mucha ciencia ficción y no lograba tener novia, características estas típicamente "nerds" y que no casan demasiado bien con el carácter irascible, borde, seguro de sí mismo y cruel que vemos desplegar al Wynorski adulto... claro que entre medias estuvo liado, por increíble que parezca, con Monique Gabrielle, y supongo que esas cosas le cambian a uno (también podríamos considerar dichas maneras encabronadas una "venganza" tardía del ex marginado, ahora poderoso, contra aquellas que le rechazaron en su día -porque mira que Jimmy es feo-, a saber).
sábado, 13 de febrero de 2010
ISLA MALDITA
Este es el título Españolo de "Curse of the Komodo", película que hasta ayer noche creía que era la secuela bastarda de "Komodo", aquel oscurillo film de monstruos (o animales desquiciados) que incluso osé ver en el cine, previo pago en taquilla. Pero ya no estoy tan seguro... como tampoco lo estoy de que "Komodo contra Cobra" sea parte de la franquicia (aunque comparta director con esta de la que les hablo hoy). Podría bucear por la red buscando algún dato fiable que me lo confirmara / garantizara pero, joder, seamos prácticos, ¡¡¿a quien coño le importa?!!... ¿a ti sí?, pues colega, háztelo mirar.El señor que firma esto dice llamarse Jay Andrews, pero es mentira, en realidad se trata de uno de los tantos seudónimos de Jim Wynorski, actual rey de la "serie Z" y el cine "exploitation", y personaje que despierta en mi una enorme fascinación... aunque a la larga no soporte ninguna de sus películas. "Curse of the Komodo" no es una excepción.
Un grupo de ladrones se escapan de un casino recién robado. Durante el trayecto en helicóptero, una tormenta les obligará a aterrizar en una isla infestada de komodos de tamaño colosal... y tal. El resto, es de imaginar.
Este film podría pasar por un producto más del "Syfy Channel", si no fuera por varios aspectos que delatan al Sr.Wynorski y sus viles estratagemas, a saber:
- Las tetas que gastan dos de sus tres actrices, inmensas y siempre apretujadas en transparentes tops.
- Concretamente, una de ellas (la impresionante Glori-Anne Gilbert) se marca un baño en top-less ultra-gratuito y absolutamente ridículo e innecesario con el fin de airear sus absolutamente y ridículamente enormes tetazas. Esta chica es una habitual en los "softcores" de Wynorski.
- La intervención como actor del simpático Jay Richardson, super-habitual en los repartos de Fred Olen Ray.
- Y especialmente, cuando el mismo Richardson, que interpreta al militar malo de turno, cita como fuente de inspiración para crear Komodos asesinos a "Dinosaur Island", costrosa "serie Z" creada a pachas entre, sí, Jim Wynorski y Fred Olen Ray.
Por lo demás, pues muuuuucho diálogo, CGI de aquel chusco, chusco (vergüenza ajena dan las interminables secuencias de los actores disparando sin cesar al aire, aún a sabiendas de que las balas no afectan al bicho que luego pegarán en postproducción) y las ideas más trilladas y previsibles que puedas concebir (salvo una, que la baba de komodo convierte en zombie... lástima que esté del todo desaprovechada).
Resumiendo: un puto rollazo de tomo y lomo.
miércoles, 24 de febrero de 2010
KOMODO CONTRA COBRA
Lo sé, lo sé, si en el fondo soy yo el que se lo busca. Con las neuronas aún humeantes tras el visionado de ese "The curse of the komodo", y tengo la poca decencia de comerme otra ración más, made in Jim Wynorski, de lo mismo. Si de aquí unos años me quejo de dolores en el córtex, recuérdenme que fue mea culpa.Pues eso, el golfo de Wynorski se oculta una vez más tras el alias de "Jay Andrews" para contarnos básicamente lo mismo que "The curse of the komodo", pero alterando minucias. Y encima este es un producto para televisión, por lo que de entrada debería ser peor... sin embargo, en el universo wynorskiano nada se rige por la normalidad, y no, no es ese el caso.
Está claro que "The curse of the komodo" y este "Komodo contra Cobra" se rodaron "back to back", me suda el níspero que ambas estén fechadas con un año de diferencia... tanto los decorados como algunos de los actores se repiten. Sin ir más lejos, la deliciosamente fea Glori-Anne Gilbert y sus tetazas vuelven a asomar en esta peli, la diferencia es que, tratándose ahora de un telefilm, no las enseña. Huele a "aprovechamiento de recursos" a la legua... más con Jim Wynorski (alumno de Roger Corman) a los mandos.
Un grupo de ecologistas se interna en una isla para sacar a la luz los sucios experimentos ilegales que el ejército americano desarrolla a base de agigantar cosas. Naturalmente irán acompañados del típico mercenario duro, pero buencha, encarnado por un desganadísimo Michael Paré (todo un clásico de este tipo de productos). No tardarán mucho en cruzarse cara a cara con komodos del tamaño de una casa y cobras igual de gordas. Y sí, para que nadie se sienta estafado, el flim termina con un enfrentamiento entre ambos bandos.
Bueno... tampoco hay nada nuevo aquí... la historia está llena de clichés y momentos absurdos (un tipo que puede escapar de una amenazante cobra, pero prefiere quedarse delante de ella para que se lo zampe... otro que ve cómo su hermana es asesinada por un komodo, y sólo necesita 10 minutos para superar la tragedia... etc), los CGI son bastante chusqueros (un pelín menos que en "The curse of the komodo"), pero en general la cosa se soporta razonablemente bien, tiene su ritmillo e incluso alguna buena idea, poco explotada por el escaso presupuesto, como que las sanguijuelas también han triplicado su tamaño. Eso sí, solo se la recomiendo a estómagos curtidos en cachivaches video-cluberos de parecido calibre.
La música, muy jamesbondiana ella, se la debemos al gran Chuck Cirino.
domingo, 18 de abril de 2021
EXTRACTO DE "SERIE B, EL LADO OCULTO DE HOLLYWOOD"
Claro, muchos de ustedes puede que se pregunten aquello de "Coño, ¿y por qué no lo subes entero? parece de lo más interesante y es algo que no se encuentra así como así". Tengo una respuesta para ello, y no obedece para nada a cuestiones legales. Resulta que "Serie B, el lado oculto de Hollywood" es de naturaleza agotadoramente feminista. Se pinta a las actrices del cine exploitation como las víctimas y a los cineastas como ogros desalmados. Especialmente a Wynorski. Y resulta que esas cosas no nos molan nada por aquí. Detestamos profundamente cualquier muestra de fanatismo ciego y, ¿pa que negarlo? estamos más de lado de los explotadores. Tal motivo nos obliga a evitar dar rienda suelta al docu en su integridad. No queremos ayudar a expandir su feo mensaje contra un cine por el que sentimos afecto, así que tendrán que conformarse con este pedazo que aquí les dejamos, que incluye lo mejor del mismo y a los mejores del mismo, Ray y un Wynorski de lengua desatada. No tiene desperdicio.
Gocen y oféndanse (si son tan tontos)...
domingo, 2 de mayo de 2010
GHOULIES IV: LOS GHOULIES TRAS EL AMULETO MALDITO
Menuda tomadura de pelo más espantosa.
Esta secuela oficial (aunque tenga pinta de todo lo contrario), perpretrada por el clásico de la "serie Z" Jim Wynorski, nada tiene que ver con las tres películas anteriores, salvo por dos cosas; la magia negra siempre presente y la recuperación en el cast de Peter Liapis, que interpreta al mismo personaje que en "Ghoulies 1", pero parece que sea otro… de hecho, en aquella aparecía como un prometedor estudiante que se dedica a organizar su recién heredada casa… desde luego la evolución natural del personaje no era que se metiera a policía. No obstante, Wynorski, muy avispado en ese aspecto e, intuyo, consciente de que el espectador podría confundirse, ya se encarga de dejarnos claro que se trata del mismo individuo insertando un par de escenas del film de origen, donde se le ve con los "Ghoulies" haciendo rituales, así justifica también que lleve el amuleto en el cuello. En fin, basura argumental.
Por otro lado, los bichejos de toda la vida son cambiados como si fueran cromos por esos dos sosos y desesperantes enanos con careta, que supongo están ahí para justificar el título.
Me cae simpático Wynorski, pero directamente, "Ghoulies IV: Los Ghoulies tras el amuleto maldito" no se puede ver.
lunes, 13 de diciembre de 2021
MI AMIGO MUNCHIE
Curiosa de por sí, más curioso resulta el que se la considere una secuela original de “Munchies”, artefacto más acorde con sus tiempos que este, que canibalizaba, de la peor manera posible, el éxito de “Gremlins”.
Se trata de un producto muy consciente de lo que es, que se rodó durante 18 días para tener rápidamente su estreno limitado en una sala perdida en algún lugar de Tennesee y, luego, con un mes de diferencia, ser estrenada directamente en el mercado del vídeo y la televisión por cable donde no le fue difícil duplicar sus costes. Sin embargo, y pese a su autoconciencia, dudo bastante que ni Corman, ni Wynorski, ni tan siquiera Chuck Cirino, que compuso la simpática banda sonora sintetizada, fueran conscientes en ningún momento del material tan espantoso y aterrador que estaban facturando para los críos.
“Mi amigo Munchie” supuso el debut en la gran pantalla de una de las jamonas recurrentes del cine USA de finales de los 90 y primeros 00, que siendo una niña, es aquí el interés romántico del chaval protagonista: Jennifer Love Hewitt.
La sinopsis se la pueden imaginar; un niño de familia desestructurada y víctima del mini-buying (y digo mini-buying porque sus compañeros de escuela tampoco es que sean muy crueles con él), un buen día se encuentra en el interior de una mina un sarcófago en el que habita una pequeña criatura de cabeza desproporcionada que, nada más ver al muchacho, le dice que va a ser su nuevo amigo. Esta criatura tiene poderes mágicos y un tremendo espíritu juerguista, por lo que en su afán de ayudar al niño con sus problemas escolares, lejos de resolvérselos, le causa aún más con su torpeza.
El crío pronto descubrirá, gracias a la ayuda de un profesor medio loco amigo suyo, que la criatura es en realidad un ser milenario que ha estado dando por saco en todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo.
Mientras, la madre del muchacho, viuda, tendrá que vérselas con el play boy de su pretendiente que, cuando descubre a Munchie en una fiesta que este organiza, como personaje antagonista que es, lo secuestrará con el fin de llevarlo a un laboratorio y que la ciencia estudie a tan extraño infraser.
“Mi amigo Munchie” es un peñazo de cuidado, casi insoportable, como insoportable es la visión del bichejo protagonista con esa cabeza enorme y esos rasgos inmóviles que da más miedo que otra cosa. Un muñecajo animatrónico inútil e inmóvil, muerto, incapaz de mover nada más allá de la boca y esos ojos azules aterradores. Claro, que el puto bicharraco, al final se convierte en el único atractivo de esta película, por lo cochambroso que es, y el motivo por el cual, tras sus ventas en vídeo, exportaciones al extranjero y continuos pases por el cable, la película resultó ser rentable y Corman dio luz verde para realizar una secuela que, si no se tuerce la cosa, lo más probable es que les comente por aquí algún día. Más tirando a tarde que a pronto.
Por lo demás, y más con esa temática infantil, hay que hacer un gran esfuerzo para ver esta película sin que el santo se te vaya al cielo, porque, como el presupuesto de la misma es ínfimo, y aunque se supone que tenemos aquí a un ser milenario con poderes mágicos, la cosa escasea de todo tipo de acción y efectos especiales o imaginación, reduciéndose todo acto a eternas conversaciones entre el niño y Munchie que no llevan a ninguna parte. Una película asquerosa. Curiosamente, sin que en ningún momento dijeran que se trata de una buena película, a la crítica USA le cayó simpático el engendro.
Otro de los puntos curiosos de la cinta es el reparto; a parte de la anteriormente mencionada Jennifer Love Hewit con falda, coletas y calcetines, tenemos, dando voz al propio Munchie, a un peso pesado como Dom DeLuise, que o le hacía falta la pasta en ese preciso momento o que no sabía muy bien donde se metía, pero que, cuando le propusieron volver a dar voz a Munchie en su secuela, rechazó la oferta para ser sustituido por otro actor de relumbrón como veremos —si se tercia—.
Loni Anderson daría vida a la tetuda y operada madre del crío protagonista, y en papeles secundarios tenemos a una discretita Monique Gabrielle (modosita porque es una película infantil, claro), a Fred Olen Ray haciendo un cameito y la presencia de un actor que, no se muy bien por qué (quizás por el nombre -Nota de Naxo: por su currículum en realidad-) pero al staff de este blog nos hace cierta gracia: George “Buck” Flower.
En los tiempos del videoclub, pero ya bien entrados los 90, vi tropecientasmil veces la carátula de esta película en los estantes. Jamás la alquilé. Han tenido que pasar casi 30 años para decidirme a verla. La espera NO ha merecido la pena.
jueves, 24 de marzo de 2011
DINOCROC VS. SUPERGATOR
La gran aceptación popular de la asylada "Megashark Vs. Giant octopus", hecho inédito hasta entonces en el mundillo del cine producido para el mercado del video/dvd y la tele por cable, rápidamente puso en alerta a todos los mercachifles que se mueven por terrenos tan pantanosos. La idea de unir en una misma trama, y un mismo título, a dos criaturas agigantadas era, visto lo visto, sinónimo de éxito. Lo que se traduce en ganancias. No deja de ser curioso confirmar cuán de buitres son esta gente del "exploitation", que no les basta con devorar a los grandes, también los peques, los que están a su mismo nivel, pueden ser un plato digno de gourmet si las circunstancias son las adecuadas. Y en el caso que nos ocupa, lo eran. Estando el rey de los tacaños y jetas en primera posición, es decir, Roger Corman, resultaba del todo inevitable que llegara a producirse un film como "Dinocroc vs. Supergator". Se abrió la veda de los films voluntariamente delirantes de título llamativo... porque tanto Asylum como Corman, y su "New Horizons", ya se han sacado de la manga unos cuantos más. Y los que vendrán, siempre y cuando la cosa responda bien.La trama no tiene secretos, y es tan trillada y tópica como cabría esperar. Un cocodrilo y un caimán mutados genéticamente escapan de su encierro y comienzan a devorar a todo aquel que se cruza en su camino. O debería decir aquella, dada la predilección que los reptiles tienen por las mozas tetudas. La maquinaria se pone en marcha y varios personajes, entre ellos un cazador digno de tebeo, irán en busca de los bichos con el fin de pararles los pies. O las zarpas.
Que Roger Corman esté en la producción es sinónimo de varias cosas (no todas buenas). Y que Jim Wynorski esté en la dirección (y guión) escudado tras su "alias habitual como director de pelis de monstruos gigantes" Jay Andrews, es sinónimo de varias cosas (no todas buenas, aunque sí algunos chistes privados bien majos, como citar "She Gods of Shark Reef" -peli de Corman fechada en 1958- en un diálogo). ¿Por dónde arranco?... no se, pues eso, estética plana, fría y estéril. Efectos especiales un poco más dignos de lo habitual, pero tampoco demasiado. Diálogos chorras (la escena inicial de la pareja de bañistas es de juzgado de guardia). Situaciones tronchantes. Desenlace tontaina y final tan previsible como todo el conjunto hacía suponer. En fin... lo de siempre y mas allá que has visto en todas las pelis del estilo, ya sean "Asylum", "New Horizon" o "Syfy Channel". Da igual. Y el caso es que, honestamente, "Dinocroc vs. Supergator" se aguanta bien. No, en serio, es menos chapas de lo que uno puede suponer en un principio. Ideal para la tarde del Domingo.
Más detalles: es una de las últimas intervenciones de David Carradine antes de su muerte ¿accidental?. Entre los responsables del soundtrack está el gran Chuck Cirino. La frase publicitaria del cartel ("Whoever wins... we lose") es exactamente la misma que la de "Megashark vs. Crocosaurus", la secuela del clásico de Asylum (quien roba a un ladrón...). Jim Wynorski tiene un breve papel como granjero... ¡que mal le sienta no llevar barba!, ¿y este cabrón se folló a Monique Gabrielle en sus mejores tiempos?, ¡la vida es injusta, amigos!.
jueves, 2 de enero de 2014
AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (38): PONTE PELUCA, DREAMANIAC
Cuando era más jovenzuelo, había en el video-club una serie de películas que no podía creer, por nada del mundo, que no me gustaran. Vistas a la distancia, sumaban demasiados atributos como para, una vez consumidas, crearme tal sensación de rechazo y modorra, así que de vez en cuando volvía a alquilarlas esperando que algo cambiara. Bien, únicamente funcionó cuando la espera entre visionado y visionado se prolongó, literalmente, más de una década. Por ejemplo, así fue con "Creature" y "Eliminator". A medias con "Terror Caníbal". Luego está "En busca del dragón dorado", que todavía no ha pasado la prueba. Y... bueno, la peli que comentaremos hoy, "Dreamaniac". Ya les adelanto que, de todas las citadas, es la única que ni tan siquiera el paso de los muchos años me la ha hecho más digerible.
"Dreamaniac" marcó el debut de David DeCoteau en el infra-mundo del cine de serie Z. Y resulta que, en aquellos tiempos, yo era muy fan de esta clase de material y de señores tan poco recomendables como Jim Wynorski o, sobre todo, Fred Olen Ray (que últimamente no para de asomar por el blog. Quien tuvo, retuvo). David DeCoteau formaba parte del club. El problema es que, mientras tanto Wynorski como Ray aún poseen algún título más o menos visible y simpático, me percato de que DeCoteau no tiene ¡¡¡NI UNO!!!. Sí, incluyo aquí la insufrible "Creepozoides". Vamos, que era un inútil y lo ha seguido siendo a lo largo de toda su carrera, saliera o no del armario y sin importar si sus películas iban destinadas a fricos pajilleros, niñas reglosas o gays desatados. Pero en 1988 yo todavía no era consciente de todo eso, rendía pleitesía al Sr.David DeCoteau y por ello me resultaba difícil comprender cómo "Dreamaniac", siendo encima una de terror "bien seria" (teniendo en cuenta la preferencia del director por la comedia o el "actioner" chungo), no me gustaba ni pizca, me aburría mortalmente y, sobre todo, encontraba desagradable su extraña estética casi de peli porno, percepción esta nada errónea. Cuenta la leyenda que cuando DeCoteau le proyectó la cosa terminada a Charles "Empire/Full Moon" Band y su pareja de entonces, Debra Dion, esta le dijo: "Has hecho una película porno "high class", solo que sin porno". Y es que, sí queridos, antes de su primer largometraje, DeCoteau se dejó las legañas y aprendió parte del oficio currando en la industria del cine para adultos, así que es normal que se le pegara algo.
"Dreamaniac" (originalmente concebida como "Succubus" y cambiada al título mucho más molón que finalmente se le quedó, y que los señores de "I.V.E." mutaron a "Dream maniac" en la careta que le precede cuando das al "play") nació simple y llanamente como evidente "exploitation" del fenómeno "Pesadilla en Elm Street". No lo digo yo, lo ha reconocido el propio DeCoteau en sendas entrevistas. De hecho, arrancó el proyecto de modo autogestionado, pero poco antes de rodar, Charles Band decidió invertir guita y distribuir el resultado bajo su flamante subsello "Beyond Infinity Films", que como saben -o deberían- se especializaba en ñordas de cuarta categoría firmadas por zineastas como Gorman Bechard, Ken Dixon o el mítico Tim Kincaid (que también venía del porno y reutiliza algunos pasajes de la banda sonora de "Dreamaniac" en sus propias cagarrutas, dicho esto último de modo afectuoso. El compositor para todos los casos se llama Don Great, habitual de la "Empire" en sus primeros años y que, aunque parezca guasa, terminó metido en productos de lo más famosos y "mainstream"). A cambio, Band impuso que se diera más cancha a las secuencias de pesadillas -por si no quedaba lo suficientemente claro con el título- y tetas -por lo evidente-. DeCoteau tomó buena nota de lo segundo, porque de tetas y erotismo de karaoke lo hay pa dar y regalar, incluidos chicos en slips o con el culo al aire, cosa esta que terminaría siendo en el futuro una constante de su cine. Pero de lo primero, no tanto. En realidad, pesadillas bizarras en "Dreamaniac" solo hay una, al principio, y me parece a mi que ninguna más. El resto, en su mayoría, son secuencias de paliqueo eterno, salpicadas de vez en cuando por algo de pajillismo y un poco menos de truculencia.
Y es que la trama no da para mucho. El prota de la historia es un jevimetalero que, a pesar de tener una novieta con la que chingar y que le perdona su aparente narcolepsia, quiere más, así que invoca a una criatura satánica que le haga triunfar entre las girls y, ya puestos, le dedique jugosas felaciones... aunque terminen en castración. Casualmente, esa misma noche la novia monta una fiesta en casa y uno de los invitados se trae a una chica que es igual a la criatura satánica. Bueno, es que ES ella. Sea como fuere, aprovecha la merienda para ir aniquilando a todos los invitados e incrementar la influencia mental que tiene sobre el jevimetalero. Entre mogollón de diálogos intrascendentes e innecesarios, mucha niebla y luces de colores (casi parece una de Andy Milligan... solo que un 5% mejor hecha), se van sucediendo crímenes bastante poco espectaculares. Solo al final hay algunos jugosos, a pesar de lo inverosímiles que resultan (destaco en este sentido la absurda decapitación por taladro gigante).
Realmente, no nos percatamos de que estamos viendo un "slasher" hasta el desarmante primer desenlace, cuando el elemento sobrenatural es exterminado de modo desconcertante. Nada comparado al aterrador segundo final, en el que un personaje califica de "Fabuloso!" todo lo visionado/sufrido hasta el momento. Sí... ¡fabulosísimo!.
Y en el trayecto, nos hemos aburrido como marsopas. Rodada en 16mm durante diez días, y casi sin salir de las cuatro paredes que conforman el escenario (otro punto de contacto con el porno, me temo), a "Dreamaniac" no hay por donde cogerla. Así de simple. Sí, claro, haciendo un gran esfuerzo puedes mirarla con nostálgico afecto, teniendo en cuenta cómo se concebió y por quién, pero creánme si les digo que yo la consumí pasada la medianoche del 31 de Diciembre, con un puñado de copas de champagne en el cuerpo... y ni así le supe ver el lado positivo.
Y es que, una vez más, es el dato paralelo, ajeno al contenido de la película/cinta, lo realmente interesante de esta historia.
A principios de los 70, el ya fallecido y tardíamente reivindicado Curtis Harrington rodó dos películas back to back (1971 y 1972) con protagonismo de Shelley Winters y que se apuntaban a ese extraño subgénero, entre el drama gran guiñol y el "american gothic", iniciado en 1962 por Robert Aldrich con "¿Qué fue de Baby Jane?" (y que siguió en 1964 con "Canción de cuna para un cadáver"). No lo digo por decir, ya que el guionista de ambas, Henry Farrell, lo fue también de "¿Qué le pasa a Helen?", la primera de las dos obras del tándem Harrington/Winters y protagonista de la sospechosa caratula que sigue, cortesía de "Glovisa"...
¿De verdad es necesario que comente algo?, ¿no es suficientemente obvio?. Sí, a la loca con alopecia de "Dreamaniac" (por otro lado, muy efectiva, en su época incluso daba algo de mal rollo) le meten un pelucón rubio y ¡ala!, directa a la caratula de "¿Qué le pasa a Helen?" (aunque, pa la ocasión, dejan únicamente el primer interrogante, eliminando fulminantemente el segundo. Justo al revés de lo que solemos hacer todos). No hay mucho más que añadir, salvo que nunca llegué a alquilar ni ver la película de Curtis Harrington, así que no puedo comentarles nada sobre ella. Sin embargo, sí que vi la segunda, "¿Quién mató a tía Roo?" (esta vez sin implicación directa o indirecta de Henry Farrell) y, en fin, recuerdo que me agradó más de lo que esperaba. Pero ¿qué importa todo eso ante un caso tan salvaje y ridículamente divertido de expolio caratulil como el aquí expuesto?.
Nada de nada.
sábado, 6 de abril de 2013
PIRANHACONDA
Esto ya está muy visto: Producto pagado por el Sy Fy Channel
a Roger Corman, para que algún director de serie B de renombre lo dirija y así
emitirlo. En esta ocasión Jim Wynorski.sábado, 24 de junio de 2023
EL INTERNADO
Viniendo de Roger Corman, era imposible que "Sorority House Massacre" no esputara secuelas. Claro que, menudas son. Firmó ambas el desvergonzado Jim Wynorski el año 1990. "Sorority House Massacre 2" fue rodada a toda pastilla en escasos días, reutilizando decorados de otras producciones Corman previas y, ¡cuidao!, a espaldas de este. Únicamente con el consentimiento de su esposa Julie. Cuando Roger vio el resultado y, sobre todo, se percató de lo poco que había costado, quedó encantado. Claro que, de entrada, el film no tenía ninguna conexión con "Sorority House Massacre". Sin embargo, el sagaz productor pensó que se vendería mejor como secuela. Para la tercera parte, Wynorski sí repitió actores y personajes de la segunda, enfocándolo esta vez más hacia el thriller, así lo que en principio iba a titularse "Sorority House Massacre 3: Hard to Die" terminó como "Hard to Die" a secas. De esta guisa, lo de considerarla una tercera entrega real queda así como un poco diluido.
Retomando al personal de "Sorority 1", pues encontramos algunos nombres reconocibles como los del ya fallecido Robert Axelrod (interpretando a un enfermero. En sus buenos tiempos llegó a ser rostro habitual -muy muy secundario, casi figurante- en varias producciones "Cannon" para mayor lucimiento de Charles Bronson. Acabaría especializándose muy mucho en doblaje) o Deborah Brock perdida entre el equipo de producción, es decir, la mujer que poco después se encargaría de firmar la mismísima "Slumber Party Massacre 2", todo queda en casa. El protagonismo de "Sorority House Massacre" recae en la muy guapa Angela O´Neill, que tras ver como su carrera interpretativa no terminaba de despegar, se pasó a la del atrezzo, donde logró créditos en pelis mucho más gordas y respetadas. Obviamente, a la hora de desglosar su currículum, evita citar la existencia del film reseñado.
Escribe el guion y dirige -por primera y única vez- doña Carol Frank. Venía bien preparada, habiendo ejercido de asistenta de dirección nada menos que en el primigenio "Slumber Party Massacre". ¿Fascinante no? Su puesto de responsabilidad explicaría que en "Sorority 1" no solo veamos chicas en cueros, también el culo de uno de los varones.
Buena mierda.
jueves, 14 de noviembre de 2013
KILL BOTS
sábado, 8 de febrero de 2014
DOLLMAN
Situémonos. Resulta que hay un planeta llamado Arturo (????) que, una vez traspasas su atmósfera y te acostumbras al tono sepia que todo lo inunda, encuentras algo que no dista mucho de lo que tenemos en la tierra. Hay personas que hablan en inglés, existe la delincuencia, incluso la policía se llama policía y, por si eso fuera poco, tienen a su propio tipo duro, odiado por sus superiores pero infalible a la hora de imponer la ley, aunque sea a lo bruto. Un día se sube a una nave y sale tras el villano de turno, una cabeza con los dientes podridos pegada a un platillo. Traspasan un especie de agujero de gusano y llegan a nuestro hogar azul. Una vez aquí, resulta que miden solo 30 centímetros de altura (el de la cabeza voladora menos, se entiende), lo que no les frenará a la hora de seguir dando tiros o hacer el mal. Concretamente, el villano engatusa a un delincuente de baja estofa -y su gang- contra el que lucha la prota femenina, hispana y madre soltera para más señas. Esta contará con la ayuda del miniaturizado poli duro, "Brick Bardo", sobre todo cuando sea secuestrada por los chicos malos del barrio.
Resulta muy fácil comparar el personaje de Tim Thomerson, el mentado "Bardo", con "Harry el sucio", pero es que la propia película invita a ello, sobre todo al principio, con el super-poli llegando a la escena de un secuestro con la misma parsimonia, idéntico desdén y actitud pasotista del mítico -y maravilloso- personaje encarnado por Clint Eastwood, del que Thomerson toma prestados muchos tics, especialmente lo de hablar casi en susurros y la penetrante mirada lacónica. Cuando "Brick Bardo" cambia de escenario y el actor decide darle vida de modo sutilmente distinto, el regusto "Harrycallahanesco" inicial se pierde.... para mi mayor tristeza. Y es que, encima, luce un mega-pistolón con la capacidad de hacer estallar los cuerpos contra los que dispara (por aquello de que, una vez en gigantelandia, siga siendo un arma útil) y que nos proporciona algunos de los -pocos- momentos jugosamente "gore" de la función. Pues bien, dicha arma se parece mogollón -si es que no es directamente la misma- a la "automag 44", la versión automática de la famosa "Magnum 44", la que lucía "Harry, el sucio" himself en la ettttupenda "Impacto Súbito".
Como le ocurría a muchos de los productos "Full Moon" del periodo, lo que aquí tenemos es una buena idea, un buen concepto, arruinado por la lógica falta de medios. Supongo que no deberíamos culpar a sus responsables, sino aplaudirles por intentar hacer algo así con tanta poca guita en plenos años 90... pero es que, joder, es taaaaaan coñazo. Es decir, resuelven la papeleta como lo haría un Jim Wynorski cualquiera, a base de diálogos y diálogos, y escenas de transición, sobre todo con el personaje de Thomerson, que cuando va de un extremo del decorado a otro, y supongo que con la excusa del tamaño, se toman su tiempo. Luego, los efectos especiales se resuelven por la vía cómoda, a base de plano y contraplano, rara vez se integra al enanito en una imagen dominada por gigantes, y cuando lo hacen pues tiran de croma chungo. También hay decorados que se tambalean y "madelmans" en plan "stand in". Ya saben cómo es esto, no bases tu puñetera película en un reclamo que luego no explotas, maldito. Claro que esa es la gracia de todo esto, por mucho que nos joda. Y nos jode.
Tal vez la mejor idea de la peli sea que al final el jefe de la banda callejera se rebota al cabezudo criminal espacial y se lo carga de un manotazo, para pasar a ser él el malo de la historia. Eso me gustó, no me lo esperaba. Algo es algo.
En el reparto, y dejando a un lado un actor tan "B" como Tim Thomerson, acostumbrado ya a papeles de esa índole (interpreta a "Jack Deth" en la saga -también "made in Band"- "Trancers", otra historia de poli duro desubicado tras un viaje inesperado a otro mundo/época/dimensión/wathever), tenemos un par de rostros bien reconocibles. El de Frank Collison es especialmente destacable por esa singular mueca de alucinado que ha paseado por "El terror no tiene forma", "Alien Nación", "Corazón Salvaje", "O Brother!", unas cuantas de M.Night Shyamalan y un buen puñado de títulos "mainstream". Aquí, como no podía ser de otro modo y embadurnado con un buen montón de látex, otorga vida a la cabeza volante. El otro aún resulta más llamativo, ya que se trata de un jovenzuelo Jackie Earle Haley, al que conocerás como "el nuevo Freddy Krueger" o el "Rorschach" de "Watchmen", pero que cuando comenzó anduvo por los pantanosos terrenos de la "serie B" (por llamarla de alguna manera) tal y como demuestran sus papeles en "Maniac Cop 3" y "Nemesis". Justamente, en esta última Haley repetía con el director de "Dollman", el entrañable Albert Pyun, de cuya extensa carrera en esto del cine de género de todos los colores y todas las categorías ya hemos hablado otras veces. Únicamente añadir que no era "Dollman" su primera colaboración con Charles Band, previamente se había encargado de dirigir una olvidable y aburrida infra-producción "Empire" titulada "Vicious Lips" (o, como se llamó en otros países, "Pleasure Planet" que mola mucho más). Hay que decir en su favor que intenta compensar todo lo "poco" a base de esa estética de contraluces y humaredas que era su especialidad en los ochenta, pero que pa 1991 ya andaba algo anticuada. Buen intento.
Por alguna extraña razón (la novedad, me supongo), "Dollman" funcionó en lo suyo, tanto como para generar una secuela en la que Band -siguiendo la estela de la "Marvel"- la mutaba con otra de sus películas de éxito, "Demonic Toys", "Juguetes Asesinos" en España. El resultado, "Dollman contra los juguetes asesinos", del año 93, pues... no sé, no la recuerdo muy bien, lo que en mi caso es mala señal. Que las primeras entregas de ambas series funcionaran tanto como para esputar esa secuela conjunta únicamente podía deberse a la -por entonces- ignorancia e inocencia del aficionado medio. Una vez aprendido el truco, no volvimos a picar.
sábado, 12 de junio de 2021
ESCÁPATE COMO PUEDAS
Una viuda millonaria recibe como herencia el deseo por parte de su marido de crear una compañía de danza encabezada por el bailarín más famoso del mundo. Para conseguir su fichaje, manda a sus dos abogados. Uno es el típico individuo de recta moral y malas intenciones. El otro es... el Groucho de la película, que implicará a dos personajes más en la movida. El abogado malvado consigue echar al trío, cosa que motivará que la líen parda durante un estreno y, de paso, den la oportunidad de lucirse a una pareja de bailarines enamorados.
John Turturro da vida a ese Groucho, un abogado pendenciero al que únicamente le interesan el dinero y las mujeres, eventualmente fuma puros y gasta una verborrea sin fin (la verdad es que físicamente encaja muy bien en su condición de heredero del del bigote pintado, sin llegar a copiarle el look). El humorista británico Mel Smith sería Chico. Y Bob Nelson hace de un Harpo que habla, con la inevitable gabardina de bolsillos repletos de cachivaches. Puede que sea el personaje más irritante y menos efectivo. El humor supuestamente Marxiano ha sido adaptado a los tiempos modernos de 1992, y ocasionalmente gasta un tono más cafre y picantón, a base de referencias sexuales. En este último campo, y encarnando a una rubia tonta sexy, nos encontramos nada menos que con Teri Copley, impresionante ex-chica Playboy que algunos recordarán por su rol (de rubia tonta sexy) en "Transylvania Twist" de Jim Wynorski. Poco después de "Escápate como puedas" se pasó al Cristianismo más recalcitrante, escribiendo libros, actuando en productos afines y estropeando su belleza a base de cirugía. Que desperdicio.
Entre lo mejor de la película, están la secuencia de créditos a base de stop-motion con plastilina, cortesía de Will Vinton. Sensacional. Al final se retoma el asunto con igual talento, y es aquí donde encontramos un muñecajo indudablemente basado en las reconocibles facciones del hermano David Zucker.
Evidentemente, y a pesar de sus notorios esfuerzos, si la comparamos con los momentos más inspirados de los Hermanos Marx, "Escápate como puedas" sale perdiendo. No es tan ingeniosa. Pero tampoco hablamos de una flagrante goleada. Quiero decir que, después de todo, entretiene un ratico, provoca la risa y, en fin, que se puede disfrutar. Es la cantosa intención amorosa de su tributo (ampliado a otros comediantes añejos, como los Three Stooges) la que contribuye al afecto que pueda generar.
Para pasar 76 agradables minutos.
domingo, 1 de enero de 2012
EMPAREDADA
Por alguna extraña razón que desconozco, a finales de los 80 e inicios de los 90, a la peña le dio una inexplicable Poenitis... de Edgar Allan Poe. Es decir, que les entró la neura de readaptar los más famosos relatos del célebre escritor. Claro que los cineastas de más categoría en tal empresa fueron Dario Argento y George A. Romero con su "Los ojos del diablo", seguidos de cerca por Stuart Gordon y "El pozo y el péndulo" (producido por Charles Band). Así que imaginaos el nivel del resto: Roger Corman, Fred Olen Ray, Jim Wynorski... y Harry Allan Towers, legendario productor de "serie B" gracias a sus aportaciones cinematográficas del personaje de "Fu-Manchu" (curró incluso junto a Jesús Franco durante los años 60/70) asociado para la ocasión nada menos que con un ex-director porno francés (Gerard Kikoine, quien se había marcado un escueto tanto convirtiendo a Anthony Perkins en un nuevo "Dr.Jekyll/Mr.Hyde" con "Al borde de la locura"), un oscuro exploiter (Alan Birkinshaw) e incluso, en un momento dado, el mítico ex-"Cannon" Yoram Globus. Vaya panorama. Para dar un mayor toque exótico al asunto, Towers había descubierto lo baratico que salía rodar sus películas en Sudáfrica, y hasta allí arrastraba a sus equipos, cosa que también hizo en el caso que nos ocupa (en su periplo sudafricano, trabajó junto al peculiar Darrell Roodt, semireputado especialista en cine fantástico allá en su tierra y donde le llamen, suya es la infamemente famosa "Dracula 3000").Y sí, lo de Edgar Allan Poe es una puta excusa (que en los créditos figura como Edgar AllEn Poe... ¿trifulcas legales acaso?), ya que "Emparedada" no guarda ninguna relación con el supuesto relato que adapta, el de "The Premature Burial". En realidad tiene más puntos en común con "El Gato Negro". Primero porque todo el rato sale un gato negro (gñé!), y segundo porque, como dice el título, al asesino le va emparedar a sus víctimas. Estas son todas chicas malas salidas de un especie de psiquiátrico / residencia / correccional (que responde al poeniano nombre de Ravenscroft) cuya norma es aceptar únicamente a mozas de buen ver y mejor catar (y más si son ex-estrellas del porno en un intento de meterse -ja!- en eso del cine legítimo, como Ginger Lynn). Al lugar llega una profa nueva, muy guapa ella, que comienza a tener visiones en las que ve a un John Carradine hecho polvo en su última peli intentando salir de detrás de una pared. El dueño del castillo no es otro que "mister hachazo" Robert Vaughn. Y a sus servicios está un patético Donald Pleasence con peluquín y tirando a histriónico. Otros rostros más o menos conocidos son los de un joven Arnold Vosloo (futura "Momia") y William Butler (que hace el papel que siempre solía, noviete chulillo). Se trata de descubrir quien es el asesino y por qué mata (y salvo un crimen, poca sangre derrama), pero llegados a los 60 minutos de peli, ya ha dejado de interesarnos. El resto lo vemos porque, total, ya que estamos puestos, al menos que termine.
Aburrida, sosa, de ver-y-olvidar... en definitiva, muy de los 90.
jueves, 29 de abril de 2010
GHOULIES
Tras ver anoche por enésima vez esta película, me quedó una sensación absolutamente nostálgica de “Caray, ¡qué tiempos los de la "Empire"!” y es que, casi en exclusiva, estas producciones son las que logran sacarme sensaciones tales como sabores, olores y sobre todo terrores. Da igual si algunas son pestilentes, forman parte de mi vida, mi formación como persona y, por lo tanto, son obras maestras.A lo que me enfrentaba era al asqueroso factor “resistencia del paso del tiempo” que tanto temo, eso que hace que cierta peli con la que lo flipabas en la infancia, vista ahora, resulte ser poco menos que una patata hervida… Bien, las de "Empire" están por encima de eso. Es tanta la nostalgia y el buen rollo que al final desprenden, que no afectan en absoluto un visionado actual. Y, ¿saben por qué? Por la fotografía. Es una apreciación. Tienen un tono, una textura que las hace atemporales. Yo al menos lo percibo así.
El hijo de un hechicero es salvado de un ritual de magia negra, hasta que años más tarde hereda la casa de su progenitor y con ella todos los libros sobre hechizos y tal. Se fascina con el contenido y da rienda suelta a toda esa magia insalubre, trayéndose del infierno a su padre, a dos enanos y, como no, a los "Ghoulies". El festín está servido.
Dejando a un lado el famoso film del que esta es consecuencia, sin duda, con "Ghoulies" estamos ante la mejor película de bichejos de cuantas se han hecho. No es que los muñecotes sean un alarde de movilidad, pero tampoco son peluches sin vida como los de "Hobgoblins". Disponen de una cualidad que los hace destacar por encima de los otros: Son criaturas del infierno que fueron concebidas con el fin de provocar el terror. Y echando una vista retrospectiva, ¡vaya si lo conseguían! Recuerdo que "Ghoulies" me aterrorizaba, quizás no tanto los bichos como ese resucitamiento del padre del prota, el ambiente espiritista y, sobre todo, la escena en que una jamona seduce a uno de los cachondos que acuden a los rituales del colgado del prota, para pronto estrangularle con una larguísima lengua. Me ponía los pelos de punta.
En el factor reproches, la recordaba más sangrienta y apenas hay gore.
Poco más que decir. Deliciosa banda sonora de Richard Band, como de costumbre. Charles Band produciendo y en su mejor momento. Actores de serie z que nunca despuntaron demasiado como Peter Liapis, al que pudimos ver también en "Wishmaster" y repitió en la extraña y salida de madre "Ghoulies IV" de Jim Wynorski, o Scott Thompson, quien venía de "Loca academia de policía". Ted ("Terrorvision") Nicolaou en el montaje y Luca Bercovici dirigiendo. Llegó a encargarse de un par de pelis más no tan destacables y escribió algún guión para, finalmente, centrar su carrera en la actuación, que es a lo que se dedicaba generalmente.
Una delicia.
sábado, 7 de diciembre de 2019
ALERTA MÁXIMA
Un legendario buque de guerra va a hacer su último viaje. Es el cumple del capitán, y Steven Seagal anda por allí ejerciendo de cocinero. Uno enrollado que se lleva de puta madre con sus subordinados. Resulta que en el pasado fue un marine cojonudo, pero también muy rebelde. De ahí que terminara con sus huesos entre ollas y cazuelas. Suerte que ello no le desproveyó del talento para matar, algo que descubrirán unos mastuerzos que se cuelan en el barco para secuestrarlo y lanzar unos misiles nucleares que lleva en sus adentros.
Así da gusto ver una peli de acción, incluso aunque no vaya escasa de algunas ridiculeces y gilipocrecias (entre ellas un notable poso propagandístico, como cuando Seagal suelta eso de "Ser marine no es un trabajo, es una aventura"). Por ejemplo, los terroristas se hacen pasar por un grupo de rock que tocará en la fiesta de cumple del capi. Y tocan. Y no lo hacen mal. ¿Curioso, no? ¿músicos de día, terroristas de noche? ¿Terroristas profesionales que tocan en bandas de rock por hobby? ¿tal vez al revés? ¿O son tan eficientes que aprendieron a manejar los instrumentos para dar el pego? Misterio. Tanto como la pasmosa facilidad con la que caen bajo la artillería de Seagal y los suyos a pesar de llevar chaleco anti-balas. Mencionar que algunas muertes son agradecidamente truculentas, y no faltan ni vigas atravesando torsos ni sierras circulares cortando -levemente- brazos.
Aunque la guinda la pone el único personaje femenino de la función, interpretado por la ex-vigilanta de la playa y chica "Playboy" Erika Eleniak, que da vida a... bueno, a una de las conejitas de Hugh Hefner. No se tuvo que esforzar mucho. El caso es que estaba en su mejor momento y luce unas tetas que son para mear y no echar gota. Perfectas. Eso sí, el "modus operandi" es más gratuito que en la peor de las epopeyas de Jim Wynorski. Gratuito y absurdo: Su función es salir del interior de un pastel. En eso que uno de los malos le da pastillas y la chavala se queda frita dentro. Pasan las horas, hay disparos, muertos y violencia por un tubo. Pero ella nada, ahí roncando. Entendemos que en algún momento despertaría, lista para salir. Pero en lugar proceder -más después de la imprevista siesta-, prefirió esperar a que alguien le diera la señal... aunque tardara tres horas. Al final el empujón se lo otorga el amigo Seagal, que a pesar de la nula química se la terminará beneficiando, y la moza sale disparada del pastel -con música y todo-, abre la chaqueta y muestra sus fascinantes ubres. La monda. Por cierto, a día de hoy Erika está también algo rellenita. Podríamos decir que ella y Seagal serían la perfecta imagen del aspecto que, pasados 25 años, gastarían sus personajes en la peli si hubiesen optado por tirar adelante la relación, casarse y llevar una vida marital standard. Entrañable.
El reparto está repleto de caretos talentosos y reconocibles: Tommy Lee Jones de sobreactuado villano, Gary Busey (la escena que se viste de mujer es bastante patética, imagino que por sus adentros se estaría cagando en el destino), Bernie Casey, John Laughlin (el pobre había casi protagonizado "La pasión de China Blue" unos años antes y tal fue el varapalo que terminó relegado a roles tan minúsculos y fugaces como en este caso), George Cheung (el asiático que estalla por efecto de una flecha-bomba en "Rambo") y el colega Kane Hodder.
Mi señora y yo vimos "Alerta Máxima" hace unos Domingos. Cuando terminó, le regalamos una sentida ración de aplausos. Y es que tras tragar tanta mediocridad Seagaliana, sienta de perlas una no perfecta, pero sí decentemente facturada y, sobre todo, entretenida.
Como saben todos ustedes, "Alerta Máxima" tuvo el suficiente tirón como para generar una secuela también disfrutable que no paran de echar por la tele. Ni que sea por ver a Steven Seagal masacrar a los malos sin quitarse ni manchar la americana.
sábado, 13 de enero de 2024
QUÉ ASCO DE VIDA
Lo que cuenta tampoco es muy original. Dos ricachos compiten por hacerse con un barrio degradado, lleno de vagabundos. Hacen una apuesta. Si uno de ellos -Brooks, por supuesto- consigue pasar 30 días viviendo como un pordiosero más, sin dinero, sin nada de nada, ganará y se hará con el lugar. Sobra decir que la experiencia le cambiará a mejor, humanizándolo y tal. Y que sus ex socios se la jugarán con intención de que no recupere su antigua vida. Pero tranquilos, que hay final feliz, por supuesto. La cosa termina en boda, porque también tenemos historieta de amor y, como decía, sus gotitas de drama lacrimógeno (creo que por primera vez -y última- en la carrera del cineasta)
La deuda con Preston Sturges (especialmente "Los viajes de Sullivan") o Frank Capra, y su cine de buenos sentimientos, es cantosa. A pesar de algunos momentos más cafres y, sobre todo, del alto contenido crítico con la sociedad estadounidense, los ricachos, la sanidad (esta especialmente salvaje) y demás, "Qué asco de vida" es una película muy blanca, muy buenrollera, muy limpia (aunque incluya mucha mugre), incluso inocente. Tal vez demasiado para 1991. Así pues, no me sorprende el batacazo consecuente.
Tiene sus buenos momentos, sin duda. Te ríes. No a carcajadas, pero funcionan. Por ejemplo, la escena en la que Brooks imita a un niño negro que, bailando y cantando, consigue limosna. Obviamente, a él no le sale tan bien. Esto, y solo esto según recuerdo, era el trailer completo de la película. Llegué a verlo en algún cine y el público se reía de lo lindo. También es muy gracioso el encontronazo con el vagabundo que dice ser más rico que él, interpretado además por su viejo amigo y socio Rudy De Luca (a la vez, co-guionista de "Qué asco de vida"). La ristra de tortas graciosas es generosa e imitan -reconocido por el propio Brooks- las viejas maneras de los "Three Stooges". Y, así mismo, llama la atención que el viejo zorro logre colar en medio de la trama un inesperado número musical, de baile, esos que tanto le gustan con sus focos y colores, puro Hollywood clásico.
Tal vez el clímax final flojee, pero compensa que el resto entretiene, es agradable, medianamente divertido y emotivo. No comprendo cómo se le mete tanta caña en la red. Hay quien dice que es la segunda peor película de Brooks tras "El misterio de las doce sillas". ¡¿Han visto estos señores las de "Robin Hood" y "Drácula"?!. "Que asco de vida" cumple como bonita escapada de 92 minutos. ¿Qué más quieres?
El jugosito reparto incluye a una algo histriónica -como siempre, vamos- Lesley Ann Warren, al gran Jeffrey Tambor (sus entradas están entre lo más hilarante del film), Stuart Pankin, Howard Morris (le vimos también en "Máxima Ansiedad" y "La loca historia del mundo" de Brooks y, por consiguiente, en "Transylvania Twist" de Jim Wynorski), Michael ("Los cazafantasmas") Ensign, el mítico Billy Barty (protagonizando un gag muy parecido a otro visto en "La última locura" de don Mel), el bueno de Brian Thompson (qué carrera más colorida tuvo este hombre. Hace poco lo vi también en "¡Tres Amigos!" y su última intervención hasta la fecha ha sido, nada menos, que en "La tragedia de Macbeth", rodeado de actores de primera y dirigido por uno de los hermanos Coen), el eterno loco Raymond O'Connor, Robert (el Coronel de "Boogie Nights") Ridgely, papelito para Stanley Brock -busquen en Google y lo reconocerán al instante, esta fue su última película-, James Van Patten, de ilustre familia, marcándose un micro-rol como enfermero -lo que no deja de ser llamativo cuando siete años antes había protagonizado su propio vehículo de lucimiento, "Jóvenes Guerreros"- y, finalmente, otro habitual de Brooks, Ronny Graham, prestando la voz.
Una peli maja.
domingo, 8 de noviembre de 2015
LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE "LOS ROMPECOCOS"
Nunca llegué a verla en el cine. Tuve que esperar al vídeo para reunir a una panda de colegas del colegio y pasar un rato de escándalo. La gozamos mucho, tanto como mi sobrino cuando hace un par de años, y viendo su lógico interés por las tetas y el follamen, se la puse. No paró de reír.
Poco sabía yo entonces que la mitad del guión de "Los Rompecocos" lo firmaba alguien que unos años después se convertiría en uno de mis héroes del celuloide rancio, Jim Wynorski. En esos tiempos aquella película representaba lo más fuerte y gráfico -sexualmente hablando- del momento en cuanto a comedia juvenil. Incluso daba un poco de reparo verla, casi como si fuese una porno. No hace falta decir que al lado de las "teen movies" modernas, mucho más brutas, escatológicas y ofensivas (en las que ya hasta vemos pollas, coños y chistes de corridas), "Los Rompecocos" ha pasado al lado de las inofensivas. Aunque, en esencia, nunca fue para tanto. A diferencia de "Porky´s" o tantas otras, la peli de Rafal Zielinski apostaba por un tono de comedia más grotesco, exagerado y casi "cartoonesco" que imposibilitaba tomársela demasiado en serio. Lo mismo que sus, probablemente incompletos, fotocromos aquí presentes -gracias a las capacidades humanas de Alex Gardés-. Como verán, algunos de ellos se reproducen tal cual en la parte trasera de la caratula VHS de este clásico del cine gamberro, probablemente la última de las "teen movies" genuinas, antes de su caída y posterior resurgimiento gracias a "American Pie".



















