miércoles, 18 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "SUSPIRIA"

Pues aprovechando que acaba de salir al mercado -por fin- una edición decente de "Suspiria" con  la imagen restaurada y remasterizada (no conozco peli a la que le venga mejor una limpieza de cara... los masters antiguos ya molaban, pero ver "Suspiria" en HD es una pasada) y con jugoso material extra -una entrevista con Dario Argento en la que cuenta ¡Todo! sobre la peli-  vamos a ofrecer una entrada con los fotocromos de cine que, en su momento, adornaron los paneles informativos de los cines españoles.
Huelga decir que "Suspiria" es una de mis películas favoritas de todos los tiempos y, sin duda, la mejor de Argento.
El argumento ya lo saben, así que, sin más, les dejo con los fotocromos.










lunes, 16 de noviembre de 2015

MI GRAN NOCHE

Tan escaldado salí de ver “Las brujas de Zugarramurdi”- junto con “Balada triste de trompeta” dos de las peores películas, no ya de la carrera del director Bilbaíno, sino de la historia del cine, y quien diga lo contrario lo dice por lameculismo o por confundir la velocidad con el repugnante tocino-  que a pesar de que me agradaba la idea de visionar una película que significara la vuelta al cine de Raphael, me tiraba para atrás que se tratara de una nueva película de Álex dela Iglesia. Pero aproveché que se producía “La fiesta del cine” para verla. Por 2, 90, si no me gustaba, siempre podía abandonar la sala dedicándole una morcilla a la pantalla (como hiciera en su momento Aratz con “Los Ángeles de Charlie”). Y al final me ha gustado la película lo suficiente como para verla y luego, sin más, irme a mi casa a hacerme una pajilla rutinaria. Lo que demuestra lo terriblemente irregular que es Álex de la Iglesia. Porque  de la Iglesia tiene muchos mamporreros y a poco que haga ya van a ascender a los cielos su trabajo, cuando en realidad hace unas mierdas estratosféricas. Pero de entre esas mierdas terribles, de vez en cuando hace alguna película que al menos está entretenida; en los últimos 10 años,  solo “La chispa de la vida” y esta me parecen medio potables; el resto y lo pongo con mayúsculas PUTA MIERDA, señores míos. Pero centrémonos en la que nos ocupa, que está simpática ¡qué carajo! Siendo totalmente justo y objetivo, ya que De la Iglesia es un director que me cae medio gordo, y siempre deseo que sus películas me repugnen.
También es cierto que el cineasta ha sabido crearse un sello identificatívo y un universo propio; teniendo esto en cuenta, Álex nos propone una comedia coral, un émulo del cine de Luis García Berlanga versión destroyer, con unas sutiles pinceladitas a lo Almodóvar , en la que introduce todos los elementos cañís y toda la violencia que haga falta para cubrirse las espaldas ante los dos nutridos grupos de fans con los que el director cuenta; por un lado, los descerebrados fans del gore consecuencia del boom de los 90 y que se engancharon al rollito de la Iglesia con “El día de la Bestia”, y los matrimonios de entre 50 y 70 años que se engancharon a su cine con “La Comunidad”. Para más inri, también tiene algo  de “Muertos de Risa”, para enganchar a esos pocos que nos gusta esa película. Entonces, con todos esos ingredientes, nos cuenta la historia de varias personas, personal de figuración, presentadores y técnicos, que se encuentran encerrados en un set de televisión grabando el especial noche vieja 2016, mientras que en el exterior hay una serie de violentos disturbios consecuencia de una –no nos queda claro del todo- huelga. Entre todos ellos, además está infiltrado un fan de la estrella mundial Alphonso (Raphael, claro) cuya misión es matarlo durante la actuación de este en la gala.
Bien, pues me parece un proyecto muy difícil de rodar y coordinar del que ha salido airoso, dándole un ritmo endiablado a un producto que corre el peligro de aburrir (ya saben, un grupo de gente encerrado en un lugar) que entretiene todo el raro que tiene momentos antológicos, que además, en ningún momento deja de ser un película de Álex de la Iglesia. Y luego tiene a esa enorme baza que es Raphael,  cuya presencia se antoja lo mejor de la película, tan solo porque es Raphael  autoparodiandose. La gracia está en que se nos presenta como un ser despiadado y megalomaniaco que no duda en hacerle la vida imposible a su hijo, que trabaja para él, no vaya a ser que “trepe y trepe hasta desbancar a su padre, como hizo Enrique Iglesias”, se atreve a decir en la película. La entrada en escena de Raphael  en el film, que nos lo presenta como una especie del Darth Vader del mundo de la canción, es poco menos que memorable.
Así que en definitiva la película está muy bien, entretenida y simpática con momentos verdaderamente hilarantes.
Pero en la parte negativa, que dirían en el “Un, Dos, Tres… responda otra vez” que tanto inspira a este director – ¿Qué pensaban? ¿Qué se iba a ir de rositas?-, me parece de muy poca vergüenza hacer una película que no deja de ser una crítica mordaz al mundo de la televisión, mostrándonoslo como un universo corrupto y desperado (¡Ja! Como si el del cine español no lo fuera…) y hacerlo contratando a la plana mayor de actores de teleseries de éxito (solo falta Paco León para que esté ahí todo “Aída”) que trabajan para productoras, esnifan con sus jefes y pisan al compi (Edu García dixit entre lineas) similares al “Media Frost” (en alusión a “Media Pro”) que despedaza en su película.
Pero ciñéndonos a lo estrictamente artístico, me da más vergüenza todavía, que en su reparto, habiendo actores más o menos solventes, a la gran mayoría de los que intervienen en “Mi gran noche”, no se les entienda ni una sola palabra de sus diálogos compartiendo plano con otros que, como Pepón Nieto –que aquí está estupendo- , merecen una mayor suerte.
 Y ya para terminar, decir que le edición de audio, en lo referente a las escenas de diálogo de Raphael –intuyo que como buen divo, no se aprendió los textos más largos y rodaban a cachos sus frases- es tan cutre, tan cutre, tan cutre, que siendo una producción profesional de más o menos gran presupuesto, el que se noten los corte de audio a cada cambio de plano del divo, nos lleva a comparar esta obra con la más feróz producción amateur, en lo que a estas escenas se refiere.
Ahora bien, ver a Raphael interpretan “Escandalo” en pantalla grande, es toda una gozada, por mucho que odies a Raphael o no comulgues con su música.
Pero Veeenga … está entretenida, simpática y se deja ver. Para ir a ver en familia estas navidades (si aguanta en cartel) ideal.

domingo, 15 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "CRITTERS"

Como no podría ser de otra manera, supe por primera vez de “Critters” gracias a mis amadas revistas franchutes. Nada más ver las primeras fotos consumirla se convirtió en toda una obsesión, una de la que pude desquitarme cuando se estrenó en Barcelona. Acudí raudo al cine y ¿qué ocurrió?, pues que me gustó… pero no me maravilló. Aún así, fabriqué mi propio critter, y lo hice con dacha negra, cartulina y corcho, en una época en la que látex y gomas varias no eran productos tan accesibles. Digamos que los monstruitos de la película estuvieron a la altura de mis expectativas, pero no el resto. De ahí que rápidamente perdiera interés.
Cuando llegó la segunda parte, no corrí. La alquilé en vídeo. Al apretar el “eject” ya me había olvidado de ella. De hecho, lo único que realmente me motivó a verla es que en un festival de cine fantástico franchute fue premiada como “lo peor del año”, y supongo que me daba morbo ver por qué. Sinceramente, no creo que “Critters 2” fuese peor que muchos otros “exploitations” de “Gremlins”… porque eso era “Critters 1”, no lo olvidemos. Surgió a rebufo de la famosa producción de Spielberg, solo que tenía más calidad y más atributos positivos que “Ghoulies”, “Munchies” o “Hobgoblins”. Siempre consideré que “Critters” era a “Gremlins” lo que “Piraña” a “Tiburón”, la “copia buena" que adquiere entidad propia… y no deja de resultar gracioso que el director de “Gremlins”, la peli expoliada, fuese Joe Dante, el mismo de “Piraña”, la peli expoliante. ¡El cazador cazado!.
Del resto de las secuelas de “Critters” no puedo decir gran cosa. Creo que intenté ver la cuarta, pero no tuve cojoncillos de superar los primeros quince minutos. En cambio sí los he tenido para reunir aquí los fotocromos de la peli original del insulso Stephen Herek, cortesía del gran Alex Gardés. Soy consciente de que, aunque no me considere ni tan siquiera simpatizante de la causa critter, hay muchos ahí fuera que sí. Y que los bichos no dejan de ser un icono menor de su época. Por ello espero que, si ustedes pertenecen a semejante club, gocen del espectáculo…












martes, 10 de noviembre de 2015

ON THE CHEAP: MY LIFE IN LOW BUDGET FILMMAKING (DE GREYDON CLARK)

Alumno aventajado nada menos que de Al Adamson, y cineasta genuinamente exploiter e independiente, Greydon Clark, ya anciano, pensó que lo que tenía que contar era lo suficientemente interesante como para auto editarse un libro que recopilase datos y anécdotas de su carrera en esto del séptimo arte de baja estofa. A Clark debemos un puñado de películas, algunas de las cuales, por no decir todas, se han ganado justificada fama de “malas pero divertidas”, aunque también las tiene directamente insufribles. Por ejemplo, quizás su título más popular sea “Llegan sin avisar”, que se adelantó por completo a “Depredador” (en el libro, Clark asegura que Schwarzenegger reconoció abiertamente esa deuda), seguido del más “mainstream”, “Lambada, el baile prohibido”. Entre medias localizamos muchas otras cosuchas como la insalubre “El regreso de los extraterrestres”, comedias insufribles como “Waco” (un spoof de terror que no funciona la agarres por donde la agarres... como puedas) o “Joysticks” (esta ni la terminé), historias de cabezas rapadas malos (“Skinhead”) o más de bichos purulentos, destacando “Uninvited”.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano  y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.

domingo, 8 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE "LOS ROMPECOCOS"

Año 1986. Iba yo en el bus, camino del centro, cuando desde el ventanuco diviso un enorme y colorista cartel de cine en el que la mitad de una chica semidesnuda persigue a la mitad de un chico en idéntica tesitura. Qué sugerente, simpático y sensual. No mucho después, estando en casa, vimos el trailer de aquella misteriosa película por la tele, con la famosa imagen de la entrepierna palpitante. Mi hermana, ofendida y con un lapidario tono de desprecio, comentó el asco que le daban esa clase de productos. ¿Qué clase? pues está claro: Las comedias adolescentes de notable temática sexual con "Desmadre a la americana" y especialmente "Porky´s" ejerciendo de piedras angulares. Lo que los expertos llaman "teen movies", subgénero este del que es declarado fan nuestro Víctor, quien se encargó de reseñar la película de la que les estoy hablando, "Los Rompecocos", así como sus secuelas oficiales y no tan oficiales. 
Nunca llegué a verla en el cine. Tuve que esperar al vídeo para reunir a una panda de colegas del colegio y pasar un rato de escándalo. La gozamos mucho, tanto como mi sobrino cuando hace un par de años, y viendo su lógico interés por las tetas y el follamen, se la puse. No paró de reír.
Poco sabía yo entonces que la mitad del guión de "Los Rompecocos" lo firmaba alguien que unos años después se convertiría en uno de mis héroes del celuloide rancio, Jim Wynorski. En esos tiempos aquella película representaba lo más fuerte y gráfico -sexualmente hablando- del momento en cuanto a comedia juvenil. Incluso daba un poco de reparo verla, casi como si fuese una porno. No hace falta decir que al lado de las "teen movies" modernas, mucho más brutas, escatológicas y ofensivas (en las que ya hasta vemos pollas, coños y chistes de corridas), "Los Rompecocos" ha pasado al lado de las inofensivas. Aunque, en esencia, nunca fue para tanto. A diferencia de "Porky´s" o tantas otras, la peli de Rafal Zielinski apostaba por un tono de comedia más grotesco, exagerado y casi "cartoonesco" que imposibilitaba tomársela demasiado en serio. Lo mismo que sus, probablemente incompletos, fotocromos aquí presentes -gracias a las capacidades humanas de Alex Gardés-. Como verán, algunos de ellos se reproducen tal cual en la parte trasera de la caratula VHS de este clásico del cine gamberro, probablemente la última de las "teen movies" genuinas, antes de su caída y posterior resurgimiento gracias a "American Pie".









viernes, 6 de noviembre de 2015

EXORCISMO INFERNAL

Una de las primeras películas que realizó John Woo en su Hong Kong natal. Una comedia de contenido fantástico al servicio de uno de los hermanos Hui, Ricky Hui (“Mr.Vampire”), y una película absolutamente demencial y desquiciada.
Cuenta la historia de un sacerdote y una mala persona que llegan, uno al cielo y el otro al infierno. Al sacerdote, Dios le concede 36 años más de vida, al tío malo, el demonio le encomienda una misión.
En la tierra tenemos a un individuo un tanto huraño que se llama Bruce Lee –pero que, como el bien dice, ni siquiera sabe kung fu- que es compositor: tiene en cartera una canción que revolucionará la “Nueva Ola”, y por otro lado, está enamorado de una pizpireta jovencita. Tiene la mala suerte de que la chavalita no le corresponde y de que su canción es robada por el manager del cantante de moda, por lo que le joden la vida. No pasa nada, porque pronto llegará el enviado del diablo para hacer que sus deseos se cumplan… aunque algunos de ellos pueden salir rana y, en consecuencia, al final se las tenga este que acabar viendo con el sacerdote.
Una película divertidísima con un ritmo frenético apabullante que se acerca más al cartoon que al de la imagen real.  Incluso, para potenciar ese ritmo, hay momentos en que se modifica la velocidad de la acción, para que ese ritmo sea más marcado.
Y con un desenlace completamente enloquecido –aunque eterno- en el que se recrea, con demonios, una partida de “Space Invaders” el conocido video juego de arcade de los ochenta.
De título original “Mo deng tian shi”, internacionalmente tiene el chanante título de “To hell with the devil” (“Al infierno con el diablo”) y en su reciente edición en nuestro país, se ha bautizado con el título de “Exorcismo Infernal”.
Muy simpática, pero sin mayor trascendencia.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "HOMER & EDDIE"

Andrei Konchalovsky, prestigioso director ruso de arte y ensayo, cuando hacía las américas, se las tomaba en serio, esto es, que te rodaba cosas como "El tren del infierno" o cosas como "Tango y Cash". Y en esta ocasión no se le ocurre otra cosa que juntar a dos cómicos en alza como eran Whoopi Goldberg y James Belushi para rodar con ellos.... un dramón de tres pares de cojones.
Un par de vagabundos, maniaco depresiva ella, retrasado mental él, en una road movie que como fan de Belushi que yo era en 1989, me comí doblada y con patatas en más de una ocasión. Pero pensaba que era un peñazo.
Y en un reciente visionado, bueno, pues no pude acabar de verla. Sea como fuere, aquí tienen sus fotocromos.










lunes, 2 de noviembre de 2015

CALLES DE LOS ANGELES

Una señora  ya talludita, que tiene problemas de señora ya talludita, un buen día  sorprende a tres puñeteros Mexicanos reventándole los neumáticos de su coche. Estos son detenidos y puestos en libertad enseguida, pero claro, a la señora ¿Quién demonios le paga los neumáticos reventados? Nadie. Así que ella solita se va a buscar a los putos Mexicanos para que le paguen el importe de estos. Y cuando da con ellos, le dicen que se lo pague su puta madre. Así que la buena señora se las tendrá que ingeniar para que estos muchachos se lo paguen, aunque se lleve algún bofetón en el intento.
Este es el argumento de “Calles de los Ángeles”, folletín televisivo de los años setenta, absolutamente insoportable, que en los videoclubes se  nos vendía como si fuera “The Warriors”. Nada más lejos de la realidad, para empezar, porque los jóvenes de la película son unos mexicanos un poco gamberretes, pero no unos pandilleros desperados y sin escrúpulos.
En realidad se trata de una versión de “Pisando Fuerte” – mejor dicho, que la toma como modelo- femenina en la que una  señora se toma la justicia por su propia cuenta con los revienta-neumáticos, de la misma forma que Bo Svenson lo hacía con los malhechores, solo que esta señora se enfrenta a ellas sin palos ni leches. Claro, que al ser un producto televisivo y destinado a las señoras de mediana edad, es todo muy light y blanco.
Una vez la señora se pone a perseguir –casi acosar- a los Mexicanos, ya la cosa se vuelve reiterativa y repetitiva hasta limites cercanos a la muerte. En definitiva; un puto coñazo de órdago.
No se trata de una extraña película de esas que la  Vestron vídeo” producía y estrenaba, un tanto  malsanas y cutrongas, si no que compró el telefilme y  lo distribuyó internacionalmente; Tampoco es un “Exploitation” a rebufo de “The Warriors”, ni tan siquiera una película de bandas. Tan solo se trata de un telefilme y de lo más flojo,  carente de todo interés o curiosidad. De hecho, el esfuerzo que tuve que hacer para acabar de verlo, fue sobrehumano.
Lo mejor es la carátula del VHS; nos vende una cosa atractiva, una cosa con acción  y violencia, cuando en realidad no hay nada de eso, y nos vende la brillante interpretación de Joanne Woodward. De hecho al lado de su nombre, los señores de “Vestron” colocan una figurita del Oscar, como dando a entender que  lo ganó con su interpretación en esta película; en realidad, a saber cuando lo ganó (o si lo ganó) porque lo cierto es que Joanne Woodward era una superviviente de la era dorada de Hollywood sin mayor trascendencia en su trayectoria, más allá de haberse casado en una ocasión con Paul Newman.
Dirige el telefilme Jerrold Freedman, de carrera eminentemente televisiva, aunque hizo una o dos películas para cine, que se distingue, sobretodo, por ser el director del episodio piloto de  la serie “McGyver”, el cual firmó como Alan Smithee.

domingo, 1 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "LAS TORTURAS DE LA INQUISICIÓN"

“Las torturas de la inquisición”, “Mark of the devil” para el mercado de habla inglesa, tiene un sobredimensionado culto en torno a su mera existencia. En parte lo comprendo por su notable condición “exploitable” y porque, de alguna manera, fue todo un precedente ya no del cine de torturas posterior (con “Ilsa” en cabeza), si no del mismo “torture porn” reciente. Además, en la época los cines yankees regalaban bolsitas para vómitos con la entrada, algo que contribuyó a su reputación (claro que eso ya lo habían hecho casi una década antes con "Blood Feast").
"Las torturas de la inquisición" es, en esencia, un drama histórico con algunas tetillas y unas cuantas escenas de tortura no demasiado extremas. Esto último es lo que le valió acabar en los estantes dedicados al terror en el que era mi video-club habitual. Ya saben cómo es España... "Mal Gusto" también fue calificada de terror, lo mismo que "Fonda Sangrienta" y ambas son, en esencia, comedias. El caso es que, jovenzuelo y sediento de truculencia como era yo, no pude reprimir el deseo de alquilarla... y menos con la explícita carátula que lucía (y que hacía honor a su título). La llevé a casa con cierto miedo, convencido de que estaba ante un producto de contenido muy fuerte, de esos que meto en el saco de las “películas peligrosas”… hasta que la vi. De nada sirvieron los llamativos “warnings” del cartel (“Lo aseguramos: Se estremecerá de horror en su butaca presenciando…”)… “Las torturas de la inquisición” era aburrida del cagarse y sus secuencias duras terminaban resultando de lo más sosas e indoloras. Decepción es mi segundo nombre. Cierto que no he vuelto a verla desde la época, pero vamos, dudo que lo intente de nuevo.
Se trata de una co-producción entre Alemania y Gran Bretaña del año 1970 que cuenta con un reparto bastante majo: Herbert Lom, un jovencito Udo Kier y el raro Reggie Nalder. Michael Armstrong, director, venía de rodar "La casa maldita", un precedente de la sinopsis más trillada del cine de terror moderno: Grupo de teenagers van a choza con mala fama y pasan cosas. En los 80 dirigió su última peli, una antología de historias de horror titulada "Screamtime". También tuvo una notoria carrera como guionista, suyo es el libreto de "La casa de las sombras alargadas" de Pete Walker.
Al final lo más curioso y entrañable de “Las torturas de la inquisición” es localizar entre sus fotocromos, cortesía del gran Alex Gardés (el Torquemada de Sitges), un aviso por supuesto contenido ofensivo y la legendaria clasificación “S”. ¡Qué tiempos!.