Hasta entonces aquí tienen sus respectivos fotocromos.
miércoles, 11 de abril de 2018
LOS FOTOCROMOS DE "BLUE IGUANA"
"Blue Iguana" en su momento, no fue a verla ni dios al cine, sin embargo, en los videoclubes estaba en todos. Si se alquiló o no, lo desconozco. La verdad es que nunca la vi, ni nunca me ha generado interés su existencia... Pero ahora que me topo son sus fotocromos, quién sabe, quizás un día la vea.
Hasta entonces aquí tienen sus respectivos fotocromos.
Hasta entonces aquí tienen sus respectivos fotocromos.
viernes, 6 de abril de 2018
TERRIFIER
El principal problema de “Terrifier” es, por otro lado, su
principal virtud; El asesino, Art The Clown. Y es que en 2013, irrumpió en el
mercado del vídeo (en el de nuestro país un par de añitos después) una
estupenda y entretenida películita con estructura a base de episodios llamada
“La víspera de Halloween” que nos presentaba a un nuevo, terrorífico y
carismático monstruo, este Art The Clown al que antes he hecho referencia. La
película, que carecía de presupuestos dignos como para tomársela muy en serio, funcionaba a todos los niveles:
daba miedo, era entretenida a rabiar y lo que ocurría generaba interés. De
entre todo lo que ocurría en la película, el hilo conductor de la misma, este
Art The Clown, llamaba especialmente la atención, por lo que se quedó en la
memoria del fandom y de su director, Damien Leone.
Claro, que tampoco era la primera vez que este personaje
aparecía en uno de sus trabajos; “Terrifier” nos remite a un cortometraje del
mismo título facturado en 2011, que a su vez incorpora en el metraje de “La
víspera de Halloween” al tratarse la película de una colección de sus
cortometrajes.
Entonces, queda claro que el payaso de marras tiene gancho y
pegada, a los fans les gusta.
Entre tanto se lanza una secuela de esta “La víspera de
Halloween” en la que Leone poco o nada tiene que ver, y su segunda película,
“Frankenstein Vs. The Mummy”, una infamia que no había por dónde cogerla.
Y por fin, Leone, vuelve a sacar su mejor creación en
“Terrifier”, que no es más que el corto que ya habíamos visto en “La víspera de
Halloween”, pero adaptado al largometraje volviéndolo a rodar de nuevas.
Entonces ¿qué tenemos aquí? Un mata, mata, un “Slasher” de
los de la nueva hornada sin más alicientes que el poder ver de nuevo en acción
a Art. Pero ni este, ni las toneladas de gore que asolan el metraje, salvan de
la quema una película aburrida y llena de clichés, que no es ni mejor ni peor
que cualquier “Slasher” de serie Z de los que pululan hoy en día por ahí.
Incluso, los hay más decentes que este “Terrifier”.
A su favor diré que el gore es bruto cual arao y altamente
efectivo (vemos una decapitación a machete sobradamente gráfica que es
asombrosa) y que a veces, la ambientación pone algunos pelillos de punta. Pero
por lo demás, pura rutina.
Yo pienso que este payaso (me refiero al personaje, no al
director) tiene que darnos algún que otro buen momento —o al menos, mejor que
este— y que le queda vida para rato, pero, “Terrifier” es una muestra que la
gracia de “La víspera de Halloween” no fue más que pura potra. La potra de
saber hilar un largo con los cortos que ya tenía hechos el tal Leone.
Interesados, AQUÍ tienen la reseña alternativa -y positiva- de Naxo.
Interesados, AQUÍ tienen la reseña alternativa -y positiva- de Naxo.
miércoles, 4 de abril de 2018
LOS FOTOCROMOS DE "MOROS Y CRISTIANOS"
La única película de Luis García Berlanga en la que intervino Andrés Pajares. Interpreta a un retrasado mental con una enorme verga.
Por lo demás, los planos secuencia, y los elencos corales propios de Berlanga.
Aquí tienen los fotocromos de "Moros y Cristianos".
Por lo demás, los planos secuencia, y los elencos corales propios de Berlanga.
Aquí tienen los fotocromos de "Moros y Cristianos".
lunes, 2 de abril de 2018
EL JUSTICIERO
Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico
honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de
robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su
hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
Desde
luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con
según que películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película
como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se
basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir
airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van
a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular
del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir
esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo, cuando
yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un
ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se
trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la
serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos
motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom.
Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las
nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está
remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes
a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de
“Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida
inolvidables, por lo que la nueva
versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado
conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla
intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran.
No pude hacerlo. Comparé de principio a final.
Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de
la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una
mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las
secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue
mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la
formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y
lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir,
que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la
justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena
de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este
papel. No me gustaba de hecho. Hasta que
le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey. Y no es un personaje especialmente
simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan
desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo,
frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?
Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha
pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo,
me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese
tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me
gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro
Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al
personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y
gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría
el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le
viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de
desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el
proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el
fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He
leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido
espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó
tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya
saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de
profesión de Paul Kersey con respecto a las
de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul Naschy “La noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no
sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear
con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le
encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna
de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York, o la sustitución de otro de los personajes
míticos de las películas originales, el
teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia, que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y
tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y
Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del
justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy
bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así
aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que
permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas—
hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin
duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que
quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta
más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el
favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la
versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe
Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió
sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin
Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba
señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster
promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha
tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega
taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40
millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de
fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar
y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de
“Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años
que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.
viernes, 30 de marzo de 2018
EL CARNAVAL DE LAS ALMAS
“El carnaval de las almas” como todo buen clásico del cine
de terror independiente, tiene cosas buenas y cosas malas.
Las buenas son una atmósfera inquietante en sus momentos de
mayor suspense, una cámara colocada estupendamente en los lugares más raros, un
tempo más o menos adecuado, cierta incorrección política en lo referente al
tema sexual y en general, la intención con la que está hecho este film.
Las cosas malas en realidad se reducen a una; que te aburres
mortalmente. Nada nuevo, lo mismo ocurría con “La noche de los muertos
vivientes” de Romero. Entiendo la importancia que tiene en la historia del cine
de terror —y más concretamente en el género de zombies—, entiendo que sea un
título de culto, pero señores míos, es una película muy aburrida.
Pues con “El carnaval de las almas” pasa lo mismo. Pero el
hecho de que sean films poco entretenidos no les exime de ser títulos claves
para el fantástico, precisamente por los otros atributos positivos que poseen, que suplen los
negativos.
Cuenta la historia de una mujer que tras sobrevivir a un
accidente de coche, comienza percibir las cosas que suceden a su alrededor de
una forma un tanto extraña. Tras llegar a un nuevo pueblo, la interacción con
los habitantes se torna insoportable hasta que pronto es acechada por los
espíritus de los muertos.
Curiosamente, y estrenada en programa doble junto con “The
Devil’s Messenger” con Lon Chaney Jr., en su momento no obtuvo ni el más mínimo
éxito, ni la más mínima repercusión, siendo el paso de los años el que la
convirtió en el título de culto hoy
imprescindible para el aficionado.
La curiosidad radica en que su director Herk Harvey,
director que se dedicaba a rodar películas educativas con fines promocionales,
ideó esta historia de fantásmas un buen día que se dio un rulillo por un parque
de atracciones que había sobrevivido a la segunda guerra mundial. Reunió la
pasta que pudo y se puso a filmar la única película de ficción de su carrera en
el corto espacio de tiempo que comprenden tres semanas.
Por otro lado, la verdadera fama mundial le viene a la
película el día que George A. Romero la citó como una influencia a la hora de
rodar “La noche de los muertos vivientes” al mismo tiempo que, ya en los 90, la
citó asimismo el pesado de David Lynch como una de sus grandes influencias. Y a
partir de ahí, todas las pajas mentales que se marcan los eruditos entorno a la
película.
El posible parecido que pueda existir entre la composición
de planos de esta película y los de “Psicosis” de Alfred Hitchcok, yo diría que
no son más que una coincidencia, por mucho que el director británico tuviera
las miras puestas en el cine de serie B.
Porque aunque el film nos pueda sugerir cierta maestría en
las formas, la verdad es que es una película montada de aquella manera. A Herk
Harvey se le veló un rollo entero de película cuyo material contenía un buen número de escenas de esos
espíritus haciendo de las suyas. Un material crucial que se perdió, y no se
incluyó ya que solucionaron ese montaje con una chapucilla. ¿De verdad una
chapucilla como esta va a ser una influencia real en todos esos cineastas de
renombre? Yo creo que es “Cool” decirlo y ya está.
Sin embargo mi veredicto es favorable, porque salvo los
momentos coñazo, que son muchos, si que es un film cuya importancia hace que
nos sentemos a verla con interés, y que al final haya una o dos cosas que hagan
que merezca la pena su visionado completo. Incluso se puede revisar con el paso
de los años.
¿Lo mejor? Sin duda alguna, la actriz Candance Hilligoss
¡madre mía, qué buena estaba! No obstante, también hay que decir que derrocha
carisma y su actuación se antoja como un elemento clave de la inquietud que
destila la película. Sin embargo, tras rodar la película su representante dejó
de representarla, por lo que le costó hacerse un hueco en la industria del cine.
De hecho, tan solo llegó a rodar un par de películas más sin la menor
relevancia. Una autentica pena. Qué rica estaba, y que gusto daba verla.
miércoles, 28 de marzo de 2018
LOS FOTOCROMOS DE "MI AMIGO EL EXTRATERRESTRE"
Louis de Funes, ni yo mismo entiendo muy bien el motivo, no es santo de mi deboción. No acabo de conectar con él como tampoco lo hago con nuestro Paco Martinez Soria. Supongo que en cierto modo, de Funes sería el equivalente gabacho.
Como fuere, de esta película, Naxo dió cuenta en su momento en esta reseña. Yo les dejo aquí con sus fotocromos.
Como fuere, de esta película, Naxo dió cuenta en su momento en esta reseña. Yo les dejo aquí con sus fotocromos.
lunes, 26 de marzo de 2018
PINK, EL ROSA NO ES COMO LO PINTAN
La película reciente que más me ha fascinado es esta
producción Mexicana que en 2016 consiguió, por un lado, generar una polémica
más que lógica, y por otro, pese a ser estrenada únicamente en dos o tres salas
de barrios periféricos, ser un éxito de taquilla.
“Pink, el rosa no es lo que parece” es una película
abiertamente homófoba del director Paco del Toro cuyo mensaje es del todo
contundente.
Cuenta la historia de un matrimonio gay que tiene a bien
adoptar a un niño. Este, no solo es víctima del buying en el colegio por
tener dos papás, sino que será testigo de promiscuidad, adulterio, fiestas gays en casa y pornografía
homosexualista. Por otro lado, sufrirá el acoso sexual pederasta por parte de un amigo de sus
padres. Todo esto traerá como consecuencia que el muchacho se volverá
homosexual poco a poco al no tener ningún modelo heterosexual en casa, y que,
por todas estas desgracias y depresiones, uno de sus padres decide dejar de ser
homosexual porque para vivir así, mucho mejor estar muerto.
Por otro lado, una serie de doctores y compañeras de trabajo, intentan hacerle ver a
un adinerado defensor de los matrimonios gay que está científicamente probado
que no existe ningún motivo por el que el homosexualismo sea una tendencia de
nacimiento y que va contra natura. Por más que él piensa lo contrario, al final
ellos tienen réplica para todas sus exposiciones. Las consecuencias
le harán cambiar de opinión.
Por otro lado es una película trampa, porque nos presenta
el mundo gay como un mundo afable y simpático, procurando que el espectador
empatice con los protagonistas, ese matrimonio gay que adopta. Sus amigos, dos locazas desmadradas y divertidas que no dejan de soltar
chistes. Y cuando ya todos nos caen de
puta madre, llega el primer mazazo; uno de los amigos de la pareja protagonista
se mete en la habitación del niño y comienza a decirle guarradas con la
intención de follárselo.
Todo esto mostrándonos un ambiente homosexual que parece
salido de una película de Almodóvar de los 80, basándose en el estereotipo, la
locaza vieja y un entorno de promiscuidad exageradísimo en el que el niño ve
como sus padres fornican, como uno de ellos no tiene problema de tirarse además a
mujeres y todo es aparentemente perjudicial para su normal crecimiento. ¡Una
pasada!
El mensaje, efectivamente es deleznable,
pero por el tema que trata es normal que fuese un éxito
en su país. Habrá gente que comulgue y otros que lo detesten,
pero, eso sí ¡todos al cine!
Sinceramente, si no fuera por el trasfondo católico que
esconde la película, porque todas sus teorías anti-homosexuales se basan en que
dios no nos creó para chuparnos las pollas y follarnos los culos, los
argumentos que expone, razonados, casi, casi
logran convencerme, por lo que es una película altamente peligrosa. Sin
embargo, lo exagerado y la incoherencia de lo que sale por la boca de
todos y cada uno de los personajes, no puedes tomártela en serio. Entre eso, que parece rodada por un subnormal, la
inevitable estética de “home video” que se gasta y la comedia involuntaria, nos
zampamos las dos horas que dura la película sin inmutarnos. Pero es que, además
y al margen de homofobias, mensajes imposibles y dramas varios ¡está condenadamente entretenida! La verdad es que me lo he pasado muy, muy bien
viéndola y, desde luego, que sea un alegato homofóbico no es más que un aliciente. Seguro que a los
homosexuales les encanta esta peli, si no la han convertido en suya
directamente.
El elenco está compuesto de maricas viejas y operadas,
presumiblemente gays en la vida real, que no se comprende muy bien como se
prestan a hacer esto.
Dirige Paco del Toro, cuya otra película aquí reseñada, “La Santa Muerte” también me gustó y en la reseña leo que, ya por aquél
entonces, el director me parecía un beato, pero con títulos tan estimulantes en
su filmo como puedan ser “Drogadicto” o “S.I.D.A, síndrome de muerte” habrá
que echar un ojo a todo lo que ha hecho.
viernes, 23 de marzo de 2018
EL CALLEJÓN
Antonio Trashorras, más conocido en su faceta de crítico de
cine, tras firmar algunos guiones de éxito para películas como “El espinazo del
diablo” de Guillermo del Toro, da el salto a la dirección con este “El Callejón”.
Cuenta la historia de una joven empleada de hotel, que una
noche tiene que ir ha hacer la colada a una lavandería abierta 24 horas. Allí
se encuentra con un individuo con el que todo apunta que va a haber un romance.
Sin embargo, las cosas se complicarán hasta límites insospechados. Y contar más
al respecto, sería hacer un gran spoiler.
No soy devoto del cine fantástico español del nuevo milenio,
así como tampoco lo soy de esa moda que tan pronto vino, se fue, a la que
llamaron cine “Low Cost”. Y a priori, esta “El Callejón”, adscrita a ambas
corrientes, tenía todas las papeletas para que no me gustase.
Sin embargo, y tras unos títulos de crédito absolutamente
marcianos que sirven únicamente para que podamos ver los rematadamente buena
que está Ana de Armas, se nos introduce a los personajes y la cosa,
milagrosamente, con apenas dos o tres actores y, prácticamente, un solo
decorado, comienza a funcionar.
Con ello, no quiero decir, ni mucho menos, que nos
encontremos ante una gran película; contiene efectos especiales infográficos
muy cutres, y lo son precisamente por lo ajustado del presupuesto del que
dispondrían. En ese sentido, para meter una mierda así, mejor prescindir de
ella. No obstante, el maquillaje aplicado en los momentos con mayor horror
acaba siendo resultones, por lo que sale la cosa comida por servida.
A favor también, diré que esa ambientación de tonos pop y
coloristas, tan alejada de la que se supone que ha de tener una película de
terror, me resulta edificante, distinta y rupturista, casi la mayor cualidad de
la película que a nivel estético, planteada casi como una suerte de obrita de
microteatro, pocas películas baratas se le asemejan.
A todo eso, le sumamos el placer que es para los sentidos
poder ver a Ana de Armas para arriba y para abajo embutida en sus ceñidos
vaqueros amarillos, que la historia es interesante y que Trashorras a preferido
huir de un “quiero y no puedo” adaptándose a lo que tiene con dignidad, y
tenemos una película la mar de entretenida, que pasa en un suspiro, y que lejos
de bombardearnos con kilómetros de película vacíos y aburridos, se ventila todo
en hora y cuarto, y nos vamos a la cama tan tranquilos.
Está maja.
miércoles, 21 de marzo de 2018
LOS FOTOCROMOS DE "ESPADA Y SORTILEGIO"
También conocida como "Samurai, espada y sortilegio" o "El asesino de Shogun" aquí les dejo los fotocromos de esta película que ya reseñé en su momento aquí.
lunes, 19 de marzo de 2018
MY FRIEND DAHMER
Derf Backderf, historietista americano natural de Richfield,
Ohio, tuvo la (mala) fortuna de asistir a clase en el instituto junto a un
extraño chaval al que le gustaba matar animales, disolverlos en ácido y fingir
ataques y convulsiones en medio del pasillo. Derf y su grupo de amigos, al
verle rarito y un tanto siniestro, rápidamente le aceptaron en su grupo llegando incluso a unirse a él en lo que a fingir ataques se refiere y
jalear lo que en un principio tan solo parecían excentricidades. Pronto
formaron una pandilla muy molesta en los pasillos del instituto "Revere High
School".
Conforme pasaba el curso, el chavalito en cuestión se iba
haciendo cada vez más hermético y acusaba pulsiones homosexuales que no acababa
de aceptar del todo.
Este individuo resultó ser nada menos que Jeffrey Dahmer, el
asesino de Milwaukee, uno de los idems en serie más sanguinarios de la
historia a la par que uno de los más populares. Se le han dedicado no
pocas películas, algunas de corte biográfico (“Dahmer”), otras de tono incluso
paródico (“Gacy Vs. Dahmer”).
En 1991, cuando se descubrió el pastel sangriento que giraba
en torno al individuo, a Bakderf no se le ocurrió otra cosa que contar sus
experiencias adolescentes junto al carnicero de Milwaukee en un cómic book que
le otorgó fama mundial ya que llegó a convertirse en un best seller, “Mi amigo
Dahmer”, dibujado en 2012. Era de esperar que la versión para la gran pantalla se
realizara. Así, “My friend Dahmer” película cuenta un poco lo mismo
que el cómic, solo que si este daba la versión de aquellos hechos desde un
punto de vista ligeramente cómico, el largometraje se toma el material un poco más
en serio y al final resulta una especie de melodrama.
De corte absolutamente indie (de hecho, lo es tanto que el
cine indie corre el peligro de convertirse en una corriente paródica) “My
friend Dahmer” lo que hace desde que empieza hasta que acaba, a pesar del
interesante material que adapta, es aburrirnos indiscriminadamente como lo hacen tantos otros films independientes
autoconscientes de su condición. Insufrible esa cadencia interminable, esa
música folk suave que ilustra las imágenes, ligeramente "sepiáceas" y
amarillentas, y esa tendencia al naturalismo en las formas y las
interpretaciones del elenco que llegan a crispar al espectador. De hecho, la
producción, en un intento de ir de guay, se permite la licencia de ser rodada
en la casa real donde se crió Dahmer, así como se intentó rodar también en el
instituto donde el asesino y Bakderf estudiaron, pero el colegio se negó en rotundo
a esta oferta.
Por otro lado, es tan serena, que hasta los títulos de crédito
son discretos, con una fuente "Arial" que no rompa el “sosiego” que trata de
desprender la película.
Y es que con el cine independiente americano, sobre todo esta tendencia a que lo de “indie”, más que una situación de la producción acabe
siendo un subgénero dentro de los parámetros del cine artístico y de autor,
nunca sabes lo que puede ocurrir; te puedes encontrar una película deliciosa
como, por ejemplo, “Personas, lugares, cosas” y te puedes encontrar un bodrio
como este, a pesar de la buena pinta —y credenciales— que previamente tenía.
Por supuesto, la película fue carne del festival de Tribeca
el año pasado dónde se estrenó, inesperadamente, sin demasiado ruido, máxime
cuando se trataba de uno de los guiones más interesantes de las listas negras
de Hollywood del año 2014, rescatado para la ocasión.
En el reparto, tenemos actores usuales de las películas
indie como puedan ser Ross Lynch, visto también en “El tour de los Muppets” o
Alex Wolff, que pasea su inexpresivo rictus en películas como “Ni un pelo de
listo” o “El Canguro”.
También se rescata a Anne Heche, lesbiana recalcitrante que
no tuvo reparos en hacer de tía buena en Hollywood cuando era lozana o de
madurita cachonda en “American Play Boy” ya cuando pasó los 30, ahora, rondando
los 50 le toca hacer de mamá. En este caso, lo es del personaje de Jeffrey
Dahmer.
El director de la cinta, Marc Meyers, indie hasta la médula,
no cuenta en su haber con otra película que yo haya podido ver (o conocer)
antes de esta. No parece especialmente interesante.
Por supuesto, los fans de lo truculento olvídense de saciar
sus instintos primarios, no van por ahí los tiros, panda de
mentecatos. Aún así, contamos con un par de secuencias un tanto desagradables.
miércoles, 7 de marzo de 2018
LOS FOTOCROMOS DE "ME OLVIDÉ DE VIVIR"
Haciendo un guiño a una de las canciones más populares de la época, "Me olvide de vivir" es una de las pocas películas que protagonizó Julio Iglesias, que por otro lado, yo nunca he visto. Así que a los posibles interesados en conocer mis pareceres sobre el filme en cuestión, les insto a que permanezcan atentos a este, su humilde blog. De momento conformense con los fotocromos.
martes, 6 de marzo de 2018
CAMPFIRE TALES
Es muy probable que a Paul Talbot se le recuerde en el futuro más por su estupendo libro "Bronson´s Loose!" (recientemente secualizado) que por su faceta como director de cine. He visto dos de las tres películas que ha hecho. Una la reseñé no muy positivamente en su momento, "Freak Show". La otra es esta de la que les vengo a hablar hoy. Ambas dirigidas a pachas con William Cooke. Y sí, tras verla sigo pensando lo que comentaba al inicio, pero también es verdad que a pesar de todo "Campfire Tales", que así se llama la interfecta, tiene su gracejo.
La conocía por las páginas del añorado y estupendo fanzine yankee "Draculina", de cuando era feo y cutre pero chorreaba pasión y no se interesaba únicamente por las tetas y los coños. El propio Paul Talbot firmaba un ameno e interesante artículo de varias páginas sobre el "making of" de "su" película, una antología con cuatro historias de terror narradas a unos chavales por un siniestro individuo durante una acampada. Talbot quería alguien importante en el mundo del cine de terror para que le pusiera rostro, y tuvo el acierto de fichar al "Leatherface" original, Gunnar Hansen. Debieron caerse muy bien porque el actor aparecería también en las siguientes películas del cineasta.
"The Hook" es la primera historia, muy sencilla y básica, cosa que tiene una explicación: Talbot y Cooke eran dos fans del cine de terror que hacían sus cortos en súper 8 y vídeo, y un día decidieron unir fuerzas y echar adelante un proyecto en 16mm, este del que hablo. La clásica trama de la parejita en el coche que escucha la radio y se enteran asustados que un maníaco peligroso ha huído del manicomio. Contentos con la experiencia, Talbot y Cooke decidieron que aquel fuese el germen de un largometraje compuesto de distintos cortometrajes. Durante los siguientes tres años se liaron a rodar todos ellos, siempre en 16mm y con medios más que escasos.
El que sigue, "Overtoke", es bastante simpático y por lo visto el más popular. Un par de fumetas compran droga a un tipo algo siniestro. La consumen y ven cómo sus cuerpos empiezan a mutar. Sin embargo el deseo por seguir drogándose puede más, así que adquieren otra ración y se la cascan entera, lo que causará la descomposición a toda velocidad de sus personas en un artesano y divertido festival de jugos verdes, amarillos y pus.
La que hace tres es una historia ambientada en Navidad, "The Fright Before Xmas". Como el anuncio de turrones, un tipo llega a casa de sus padres en fiestas navideñas, solo que este lo que hace es matar a su madre. Afortunadamente tan vil acto no quedará impune gracias a la existencia de un Santa Claus diabólico llamado Satan Claus cuya función es castigar muy severamente a los que se han portado extremadamente mal. Y eso hace. Comentaba Talbot que este fue el corto más fácil de hacer, y se nota, es de lo más elemental.
Algo que uno capta viendo "Campfire Tales" es que cada nuevo capítulo es más ambicioso que el anterior. Sensación esta que explota con la historia que cierra la película, "Skull and Crossbones", más que nada porque está ambientada en la época de los piratas... eso sí, en una isla y con no muchos personajes, por aquello de encomonizar. Hay cuantioso amor y artesanía puesta en ella, lo malo es que todo lo demás está muy por debajo de lo esperado. Es, en esencia, el peor capítulo. El más largo, el más aburrido y el menos interesante, con un malvado pirata que desentierra un tesoro maldito y ve cómo la tripulación a la que él mismo mató regresa de la tumba para vengarse, luciendo maquillajes bastante chapuceros.
Evidentemente con un final así el regusto que nos deja es amargo. No obstante, no sería justo ignorar los elementos positivos de "Campfire Tales", que los tiene. Gore casero a un lado, el formato, el tufo amateur y el indudable cariño puesto en la empresa juegan mucho en su favor y, a pesar de las sonoras carencias, termina siendo una película simpática que merece una oportunidad.
La conocía por las páginas del añorado y estupendo fanzine yankee "Draculina", de cuando era feo y cutre pero chorreaba pasión y no se interesaba únicamente por las tetas y los coños. El propio Paul Talbot firmaba un ameno e interesante artículo de varias páginas sobre el "making of" de "su" película, una antología con cuatro historias de terror narradas a unos chavales por un siniestro individuo durante una acampada. Talbot quería alguien importante en el mundo del cine de terror para que le pusiera rostro, y tuvo el acierto de fichar al "Leatherface" original, Gunnar Hansen. Debieron caerse muy bien porque el actor aparecería también en las siguientes películas del cineasta.
"The Hook" es la primera historia, muy sencilla y básica, cosa que tiene una explicación: Talbot y Cooke eran dos fans del cine de terror que hacían sus cortos en súper 8 y vídeo, y un día decidieron unir fuerzas y echar adelante un proyecto en 16mm, este del que hablo. La clásica trama de la parejita en el coche que escucha la radio y se enteran asustados que un maníaco peligroso ha huído del manicomio. Contentos con la experiencia, Talbot y Cooke decidieron que aquel fuese el germen de un largometraje compuesto de distintos cortometrajes. Durante los siguientes tres años se liaron a rodar todos ellos, siempre en 16mm y con medios más que escasos.
El que sigue, "Overtoke", es bastante simpático y por lo visto el más popular. Un par de fumetas compran droga a un tipo algo siniestro. La consumen y ven cómo sus cuerpos empiezan a mutar. Sin embargo el deseo por seguir drogándose puede más, así que adquieren otra ración y se la cascan entera, lo que causará la descomposición a toda velocidad de sus personas en un artesano y divertido festival de jugos verdes, amarillos y pus.
La que hace tres es una historia ambientada en Navidad, "The Fright Before Xmas". Como el anuncio de turrones, un tipo llega a casa de sus padres en fiestas navideñas, solo que este lo que hace es matar a su madre. Afortunadamente tan vil acto no quedará impune gracias a la existencia de un Santa Claus diabólico llamado Satan Claus cuya función es castigar muy severamente a los que se han portado extremadamente mal. Y eso hace. Comentaba Talbot que este fue el corto más fácil de hacer, y se nota, es de lo más elemental.
Algo que uno capta viendo "Campfire Tales" es que cada nuevo capítulo es más ambicioso que el anterior. Sensación esta que explota con la historia que cierra la película, "Skull and Crossbones", más que nada porque está ambientada en la época de los piratas... eso sí, en una isla y con no muchos personajes, por aquello de encomonizar. Hay cuantioso amor y artesanía puesta en ella, lo malo es que todo lo demás está muy por debajo de lo esperado. Es, en esencia, el peor capítulo. El más largo, el más aburrido y el menos interesante, con un malvado pirata que desentierra un tesoro maldito y ve cómo la tripulación a la que él mismo mató regresa de la tumba para vengarse, luciendo maquillajes bastante chapuceros.
Evidentemente con un final así el regusto que nos deja es amargo. No obstante, no sería justo ignorar los elementos positivos de "Campfire Tales", que los tiene. Gore casero a un lado, el formato, el tufo amateur y el indudable cariño puesto en la empresa juegan mucho en su favor y, a pesar de las sonoras carencias, termina siendo una película simpática que merece una oportunidad.
lunes, 5 de marzo de 2018
FROM HELL TO THE WILD WEST
Navegaba yo por una de esas webs de descargas ilegales cuya
especialidad es la de colgar subproductos de serie B/Z actuales, de esos que ni
en siglos llegarían a nuestros comercios, cuando veo el póster de lo que parece
una película de Charles Bronson. Vamos, el que ilustra la entrada de hoy.
Obviamente, soy lo bastante inteligente para detectar que no se trata de una
película de Bronson —entre otras cosas, porque ya está muerto— y me figuro que
será una película de cualquier otra cosa a la que han plantado en el póster una
foto de Charles Bronson para ver si la peña pica. Pero no.
Resulta que de un tiempo a esta parte, ha salido un actor
llamado Robert Kovacs con un más que sorprendente parecido a Charles Bronson.
Se parece muchísimo. Entonces, la evolución natural de todo ser humano que se
parece a otro, es sacar partido de ese parecido, sobretodo si al que uno se
parece es un actor famoso. Así, en pleno 2017, nace lo que viene siendo la
“Bronsonxploitation”. Vale que hubo en los 70 otro émulo del actor americano, y
desde Japón, nos venía Bronson Lee, mezcla de Bronson y de Bruce Lee que al
final no era más que un japonés con bigotes y pelos rizados que no se parecía
ni a uno ni a otro. Pero Robert Kovacs es genuino. Lo que me pregunto es por
qué ha llegado al “Direct to vídeo” tan tarde.
Así, y rebautizándose para lo ocasión como Robert Bronzi
(¡manda cojones!) nace esta nueva explotación en una práctica como es la de clonar a actores de éxito que
no se hacía por lo menos desde los 80 (aunque rula por indonesia o por ahí, un
clon de Mr. Bean del que les hablaré otro día).
Mientras escribo esto, Bronzi, ya está filmando un
subproducto videoclubero que lleva por título ¡¡ “Death Kiss”!! La curiosidad
me embarga.
Sin embargo, la primera toma de contacto de Robert Bronzi
con la pantalla se la debemos a esta “From Hell to the Wild West” y se la
brinda nada menos que un tal Rene Perez, director que empieza con su carrera en
2010, y rueda bodrios al servicio de su propia productora, una de esas aún más
infames —pero del mismo estilo— que “The
Asylum”, con las que rueda títulos intencionadamente expoliadores como por
ejemplo “Alien Showdown: The Day the Old West Stood still”, más conocida como
“American Cowboys vs. Aliens” o “Little Red Riddin Hood”. Se trata de “iDiC
entertainment” y al muchacho le gusta rodar, sobretodo, Westerns con elementos
fantásticos dentro de sus argumentos. Incluso, para “The Burning Dead” llega a
engañar a Danny Trejo, que no sabe decir que no a un proyecto, y le pone en
medio del Oeste a cargarse zombies. Así, “From Hell to the Wild West”, nos ofrece
precisamente eso, una combinación de Western y terror, y no es una consecuencia
de “Bone Tomahawk” como pensé en un principio ¿Puede que incluso sea al revés?
No lo creo. De hecho, su “From Hell” del título, también forma parte del saqueo
ya que hace referencia directa al cómic de Alan Moore, así como al film de los hermanos Hughes como verán.
Con estos antecedentes, desde luego, da igual como sea la
película. Se ha ganado un visionado por derecho propio.
Y es que la película nos presenta, por un lado, a un
individuo que en lo profundo del bosque de M. Shasta, en el salvaje Oeste, se
enmascara con unas extrañas piezas de piel zurcidas. Acto seguido, detecta en
las inmediaciones una bonita joven a la que se dispone a acuchillar con un
enorme cuchillo. Sin embargo, un rudo Sheriff (Bronzi), le tiene en el punto de
mira de su rifle, pero antes de poder hacer nada, es espantado por las armas de
otros representantes de la ley. Con esta puesta en escena comienza la película,
como una declaración de intenciones que nos muestra lo que vamos a ver;
básicamente un enmascarado dando cuenta de señoritas en el Oeste y un cowboy
que intentará darle caza. Todo ello contado de una manera contemplativa, casi sin
diálogos, tomándose el director su tiempo.
Cuando nos creemos que ya sabemos lo que estamos viendo (e
incluso nos está gustado, que es lo que me pasaba a mí) la acción se traslada
al presente y nos muestra a una pareja de historiadores. Ella ha descubierto un
diario datado de mil ochocientos y pico que según lo narrado, se trataría del
diario de la única superviviente de Jack el destripador. Según su
investigación, a Jack el destripador le seguían la pista en Londres, iba a ser
capturado muy pronto por Scotland Yard, debido a la larga hilera de asesinatos
que había dejado a su paso. Solo podía entregarse o dejar de matar. Pero como
destripar es una actividad que le gustaba tanto, pensó que lo mejor que podía
hacer era viajar a algún lugar donde pudiera seguir asesinando y que no se
notase ¿Y a dónde podía ir? Pues al salvaje Oeste, dónde las autoridades no
eran tan inteligentes como para seguirle la pista, o donde un cadáver o dos más
al día, no supondrían algo anormal.
Una vez se nos cuenta esto, la acción vuelve de nuevo al
lejano Oeste y allí, comienza el juego del ladrón y el gato entre este Jack el
destripador con complejo de Phineas Fog, y el Charles Bronson de los chinos,
que por otro lado dará pie a la historia que hay en el diario de la superviviente.
La verdad, el bizarrismo de la historia, el tema del clon de
Bronson, el look fardón de asesino con máscara que se gasta Jack el
destripador, la cadencia de la película, lenta, serena, casi vanguardista, pero
contándonos una locura de géneros opuesta a la vanguardia, le han hecho ganar
muchos puntos.
Sin embargo, y consiguiendo captar la atención del
espectador durante los primeros 30 minutos, pronto, todo este material tan
original e interesante, se convierte en un tedioso avanzar, imponiéndose todos
los clichés de la serie Z actual y ofreciendo más de lo mismo: Gore no muy
resultón, tías jamonas en tetas, y numeritos para que Robert Bronzi se luzca
ante la cámara y luzca su parecido con Bronson. Resumiendo, que comienza de una
manera fascinante (¡qué película más rara!) y se vuelve un coñazo.
Sin embargo, de lo curiosa que es, y por tener un
planteamiento tan oríginal, se le perdona el posible aburrimiento experimentado
en la segunda mitad, entre otras cosas, porque no nos da tiempo a maldecir
siquiera, ya que la cinta dura apenas una hora y cuarto.
Así que como rareza, como curiosidad, me alcanza y me sobra.
Esto quiere decir que me la pienso pillar en DVD o Blu Ray. Y si esto ocurre,
es porque de algún modo, “From Hell to the Wild West”, merece la pena.
viernes, 2 de marzo de 2018
YO EL MEJOR
Los setenta, característicos en el cine por un montón de
cosas, lo son también porque una película como “Rocky” puso de moda el cine
deportivo y más concretamente el de boxeadores, por lo que allano el camino
para un montón de películas con el boxeo en su temática. Por otro lado, era una
sensación el boxeador Muhammad Ali, un símbolo para el pueblo americano y un
hombre muy respetado en los Estados Unidos. Además, Alí, tenía una marcada bis
cómica, un amplio sentido del espectáculo, era un bocazas y un payaso. Pero era
del suficiente interés como para que Hollywood decidiera poner en pie un biopic
con él en vida. Y como era un payaso, quién mejor que él propio Muhamad Alí
para interpretarse a sí mismo.
El boxeador, por otro lado, acababa de publicar su propia
autobiografía, “The Greatest: My own
story”, y esta sirvió de material para confeccionar el guion de la
película.
Sin grandes artificios, esta lleva la vida de Cassius Clay/
Muhamad Alí desde las olimpiadas de 1960
hasta que recupera el cinturón de campeón contra George Foreman en el 72 —casi
el mismo periodo de tiempo que nos cuenta “Alí”, la por otro lado estupenda de
Michael Mann y con Will Smith— en el famoso combate en Africa.
La película, con un sentido del ritmo y la síntesis
arrollador y a base de omitir los combates que libraba Alí (estos son mostrados
de pasada y a bases de imágenes de archivo) se ventila los rasgos importantes
de la vida del boxeador en un suspiro, sin inmutarnos, amén de ofrecernos el
poder disfrutar de la sobreactuación de Muhamad Alí, rimando como loco y
amenazando a los oponentes.
Rematadamente entretenida e interesante.
Es inevitable compararla con el biopic de 2000. Obviamente,
“Alí” es una película con mucha más pompa, un ejercicio estilístico que no es,
para nada, “Yo, el mejor”. También es mejor película. Sin embargo, como cuentan
exactamente lo mismo ambas películas, “Yo, el mejor”, también es una muestra de
que no hacen falta grandes medios ni actuaciones de Oscar para contarnos una
historia y que el espectador acabe vibrando.
De hecho, en el set se creó un ambiente tan emocionante, que
Ernest Borgnine, que interpreta al entrenador, y Alí, se hicieron grandes
amigos tras una escena en la que el actor consigue llorar de la emoción,
contagiando estos llantos, en su interpretación, al garrullo de Muhamad.
La canción que suena en momentos puntuales de la película
“The greatest Love of All”de George Benson, se convirtió asimismo en un éxito
abrumador de la música negra versionado cientos de veces a posteriori.
Dirigida por Tom Gries, director de clásicos como “Fuga Suicida” y “Nevada
Express”, firma la última película de su carrera al fallecer el director a los
pocos meses de completar su rodaje.
Se rumorea que además había un co-director, Monte Hellman,
popular por haber dirigido cosas como “El Tiroteo” o “A través del huracán”,
sin embargo, si así fue, no sale acreditado como tal, ni en los créditos, ni en
su ficha de IMDB.
Como fuere, “Yo, el mejor” resulta una cinta quizá no tan trascendente como lo
fue el “Alí” de Michael Mann, pero en cualquier caso, se trata de una película
entretenida y disfrutable. Si tuviera que quedarme con una, me quedo con “Yo,
el mejor”, precisamente por sus imperfecciones y su sano sentido del
entretenimiento.
jueves, 1 de marzo de 2018
TREPANATOR
Siempre es un placer reencontrarse con "viejos amigos" como el francés Norbert Moutier, ex-contable fan del cine fantástico que, además de una activísima vida como faneditor, abrió una tienda de "friquismo" en las calles de París -hoy ya chapada por jubilación- y se dedicó algunos años a realizar películas usando mayormente el alias de N.G.Mount. Hace un tiempo reseñamos su obra más popular y apreciada, las correrías inmortalizadas en súper 8 del mutilador loco Ogroff. Después de este, su debut, Moutier quiso seguir pariendo películas, pero el celuloide se había vuelto muy caro y tuvo que recurrir a lo que era moneda común entonces, el costroso vídeo de la época. En este formato hizo otras tantas locuras que tuve ocasión de ver en versión original, por lo que no las pude apreciar debidamente ya que, a diferencia de la casi muda "Ogroff/Mad Mutilator", todas ellas iban sobrecargadas de diálogos. Y yo el francés, que sé leerlo medianamente y me encanta que me lo practiquen, vía auricular no pillo una. Sin embargo, recientemente accedí con sumo gusto a una de las Moutier-Video-Movies con subtitulos en castellano, concretamente "Trepanator", su afectuoso y evidente guiño a "Re-Animator", la historia de un científico que ha descubierto el poder de revivir a los muertos y se le da muy bien transplantar cerebros. El tipo responde al nombre de Herbert East y, a diferencia de su tocayo el Dr.West, únicamente se mueve por dinero. Es el sucio lucro lo que le empuja a seguir adelante con sus experimentos aunque queden fuera de la ley, matando, mutilando por doquier y robando el cerebro de un político conservador muerto de infarto que finalmente no sirve para mucho. Y es que la trama de "Trepanator" es un puñetero caos. Viéndola te percatas de que te cuentan muchas cosas diferentes, pero que al final no te han explicado nada. O han dejado colgadas todas las subtramas, por lo que lo que queda es simplemente un catálogo de las correrías del mentado Herbert East, el único personaje bien interpretado de toda la función.
No nos engañemos, el verdadero motivo por el que esencialmente vemos y sufrimos "Trepanator" desde el principio hasta el final, es la simpatía que sentimos por ese personaje eternamente fascinante que es Norbert Moutier, porque si hemos de ser honestos, la peli resultante queda lejos de aportar algo realmente interesante. Es genuinamente amateur, desde esos títulos de crédito a base de cartulinas y letrasset en el que no faltan incluso las faltas de ortografía, hasta el absurdo intento de hacerla pasar por una producción norteamericana, con nombres y más nombres de técnicos de habla inglesa que apestan a puro relleno. De por medio, pues un montaje zopenco, absoluta ausencia de nada parecido a ritmo y, encima, escaso gore. "Trepanator" va cargadita de todos los elementos propios de una producción casera en su menos lustrosa categoría.
El gag más celebrado de todos es aquel que incluye un cameo del mismísimo señor William Lustig (que andaría por allá visitando algún festival de cine, según las páginas de la prensa especialzada local y la coincidencia de fechas), interpretando a un paciente aquejado por pesadillas en las que es oportunamente perseguido por un policía maníaco. No aporta nada a la trama, pero mola. Como también molan los numerosos guiños al género, los cameos de fanzineros colegas y, por supuesto, la intervención del bueno de Jean Rollin en un papel principal, cosa que ya solía hacer en las obras de su amigo Norbert. El director de "Requiem por un vampiro" es un actor pésimo, pero resulta inevitablemente gracioso verle.
Cuando, años después de abandonar la creación audiovisual, le preguntaban a Norbert Moutier si pensaba volver, el tipo comentaba que no, que estaba hasta el coño del desprecio general aunque ello no le privaba de seguir escribiendo guiones con la felicidad y tranquilidad de saber que nunca jamás los produciría. ¡Chapeau!.
No nos engañemos, el verdadero motivo por el que esencialmente vemos y sufrimos "Trepanator" desde el principio hasta el final, es la simpatía que sentimos por ese personaje eternamente fascinante que es Norbert Moutier, porque si hemos de ser honestos, la peli resultante queda lejos de aportar algo realmente interesante. Es genuinamente amateur, desde esos títulos de crédito a base de cartulinas y letrasset en el que no faltan incluso las faltas de ortografía, hasta el absurdo intento de hacerla pasar por una producción norteamericana, con nombres y más nombres de técnicos de habla inglesa que apestan a puro relleno. De por medio, pues un montaje zopenco, absoluta ausencia de nada parecido a ritmo y, encima, escaso gore. "Trepanator" va cargadita de todos los elementos propios de una producción casera en su menos lustrosa categoría.
El gag más celebrado de todos es aquel que incluye un cameo del mismísimo señor William Lustig (que andaría por allá visitando algún festival de cine, según las páginas de la prensa especialzada local y la coincidencia de fechas), interpretando a un paciente aquejado por pesadillas en las que es oportunamente perseguido por un policía maníaco. No aporta nada a la trama, pero mola. Como también molan los numerosos guiños al género, los cameos de fanzineros colegas y, por supuesto, la intervención del bueno de Jean Rollin en un papel principal, cosa que ya solía hacer en las obras de su amigo Norbert. El director de "Requiem por un vampiro" es un actor pésimo, pero resulta inevitablemente gracioso verle.
Cuando, años después de abandonar la creación audiovisual, le preguntaban a Norbert Moutier si pensaba volver, el tipo comentaba que no, que estaba hasta el coño del desprecio general aunque ello no le privaba de seguir escribiendo guiones con la felicidad y tranquilidad de saber que nunca jamás los produciría. ¡Chapeau!.
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