Alguien la hizo creer a Charles Band que las películas con muñequitos se le dan bien… eso, o es que las franquicias muñequiles le son francamente rentables, a juzgar por las inexplicables diez entregas de "Puppet Master". Pero si tenemos en cuenta que en sus dos intentos de auto plagiarse, con "Blood Dolls" y la que nos ocupa, la cosa no ha dado para secuelas, es fácil pensar que tampoco les ha ido muy bien.Y el caso es que, si "Blood Dolls" es sin duda la película más infecta del tío Charles, también es cierto que con "Doll Graveyard" estamos ante su película de muñecos más aceptable, incluso más que cualquier entrega de "Puppet Master".
1910, un padre cruel castiga severamente a su hija porque, jugando con sus muñecos de goma, rompe un jarrón. Así, le hace cavar la tumba donde enterrará para siempre a sus queridos juguetes. 2005, un joven aficionado a las figuras de acción que vive justo en la zona donde eso ocurrió, desentierra por azar uno de los muñecos, al que dedica un lugar en su estantería. La hermana mayor prepara una fiesta, y los tipos garrulos de turno acuden. Para que el jovencito no moleste, le amordazan y rompen alguna de sus figuritas. Sin explicarnos nada, el muñeco desenterrado cobra vida, lo mismo que los restantes, y convierten la fiesta de “teens” en una carnicería.
¿Saben por qué "Doll Graveyard" resulta de lo más potable y entretenida? Por su duración, alcanza los 60 minutos por los pelos. Y en esos sesenta minutos está todo bien condensado y estructurado, y aunque la historia se desarrolla prácticamente en un solo decorado y hay pocos personajes, las matanzas de estos muñecos son suficientemente burrillas como para tenerla en consideración, no escasea la sangre y, curiosamente, de ritmo anda bien servidita, algo no muy habitual en las producciones "Full Moon".
Me resulta muy curioso que, aunque estos muñecos derramen sangre, al igual que a partir de la tercera parte de "Puppet Master", no son los malos de la función. Justifican sus fechorías cargándose a los tipos antipáticos que están haciendo la vida imposible a nuestro “good guy” protagonista. ¿Es que tiene Charles Band algún trauma infantil por el que los muñecos no puedan ser asesinos despiadados y sádicos sin mas?
Eso sí, si en "Puppet Master" las marionetas tienen menos carisma que un calcetín, y en "Blood Dolls" directamente pasan inadvertidas, los de "Doll Graveyard", con su copia del mítico “Tunneler” incluida, no existen.
De lo mejorcito de la "Full Moon" de este siglo. No es ridícula, ni auto paródica, ni cachonda. Es bastante sobria y contundente.