Nos reencontramos con un viejo conocido de este blog, Gary ("La jauría del vicio", "Se busca vivo o muerto") Sherman quien, asociado a dos "mostros" del calibre de Dan O´Bannon y Ronald Sushett -responsables de libreto de "Alien, el 8º pasajero", dato este generosamente explotado con lógicos fines comerciales en el icónico cartel (aquí expuesto)- ejerciendo de guionistas (según una novela de Chelsea Quinn Yarbro), tira adelante la que podríamos calificar como su película más reputada, "Muertos y Enterrados", una de esas piezas de cultísimo del sagrado cine de horror yanki de los ochenta con la que nunca terminé de congeniar del todo. Jamás la consideré mala, solo que no le veía yo "lo qué", menos comparándola con otros títulos del mismo periodo capaces de hacerme el culo pesicola. Recientemente decidí revisarla por comprobar cómo el tiempo, y mi marchitamiento humano, afectarían a tal percepción.
En un pueblecito costero de lo más insignificante y tranquilo, comienzan a producirse crímenes salvajes contra turistas y visitantes eventuales. Lo más inexplicable y escalofriante es que los responsables son una parte considerable de los mismos, en apariencia, amables habitantes. No estoy destripando nada, que se ve desde buen arranque y forma parte de los varios enigmas presentes a lo largo del film. El sheriff local entra de cabeza en el escaso grupo de aquellos que no participan del mondongo homicida y, por supuesto, lo desconoce, hasta que los cadáveres comienzan a apestufar. Se inicia así una investigación que le llevará a descubrir un terrible secreto... seguido de otro todavía peor.
Solo por la época, y sus inevitables más agradecidas características narrativo-estéticas, es imposible decir algo netamente negativo de "Muertos y Enterrados" (tampoco es que lo pretenda). La atmósfera a base de niebla continua. Esa extraña fotografía semi etérea. Los contundentes crímenes perfectamente maquinados en el apartado látex por el gran Stan Winston (destacando en cuestiones de brutalidad el del pobre médico) y una historia muy interesante que, tal vez, flojee un pelo hacia el clímax. Sigo sin vibrar con ella, ni me entran ganas de correr a por el blu-ray, pero desde luego la cosa resulta un solvente entretenimiento de calidad media-tirando-a-superior.
Protagonizan el cristo James Farentino, la guapa Melody Anderson ("Dale Arden" en el legendario "Flash Gordon" de 1980), un joven Robert Englund (¡este hombre estaba en todas partes!), Lisa Blount enseñando las tetas, el veterano Jack Albertson dando vida al excéntrico responsable de la morgue local, Michael Currie (jefe de "Harry Callahan" en sus dos últimas aventuras), Christopher Allport (la primera víctima, lo habíamos visto en "El asesino tras la máscara" y volveríamos a verlo en el "Jack Frost" costroso de los 90), la oronda faz de Barry Corbin y Michael Pataki, el poli de los "Spiderman" televisivos quien, paralelamente, ejercía como director de cine "exploitation", suyas son "La mansión de los condenados" -bastante olvidable, según recuerdo- y "La otra Cenicienta" -es decir, el famoso cuento pasado por el prisma del pajerío soft-.
Por cierto, justo en torno al cartel de "Muertos y Enterrados" se centró en una ocasión nuestra simpática sección de caratuleo chungo, por si gustan...
