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martes, 6 de marzo de 2012

PACTO DE SANGRE

Ayer noche me apetecía mucho meterme vía intravenosa una peli de terror de los 80, de esas que ni eran demasiado chusqueras ni demasiado lujosas, y que incluyera en su reparto actoril o técnico un nombre clásico y respetado de la década. Y entonces, vi la luz: "Pacto de sangre". El problema es que, por alguna extraña razón (mi vida está repleta de extrañas razones), el vídeo no me la reproducía correctamente. ¿Qué hacer?, ¡canastos!, para algo tengo dos vídeos más en reserva, tal vez funcione en uno de ellos. Cogí la silla, subí, abrí el armario y rescaté el vídeo negro que reposaba en los estantes. Lo instalé. Probé y funcionó. ¡¡Bieeeen!!, ahora ya puedo ver "Pacto de sangre". Coño, pues ya que puedo verla, la ripeo también y la paso a DVD. Así que agarré el euroconector y enchufé el vídeo al grabador. Le di al play y al rec y, ¡¡ea!!, a disfrutarrrr.
¿Que por qué les cuento todo esto?, pues porque mucho me temo que esa será la parte más interesante y entretenida de esta reseña. Y porque, ¡joder!, mola un huevo ser coleccionista/devoto/enfermo del vídeo, ya sea VHS o Beta, y en ocasiones es más diver el proceso de ver una peli, o el costroso look de esta, que la peli misma (especialmente si hablamos de "Pacto de sangre").
Ayer no fue la primera vez que la consumía, ni mucho menos. En la época de su estreno acudí emocionado al cine que entonces tantas horas de entretenimiento me aportaba, el "Continental". Y digo que fui emocionado porque "Pacto de sangre" se anunciaba como el debut en la dirección de todo un astro de los efectos especiales, el legendario y ya fallecido Stan Winston, papá de "Aliens", "Terminators" y "Parques Jurásicos", entre muchas otras criaturas. Encima, el monstruo de "Pacto de sangre" molaba mil según las fotos que había visto en "Mad Movies" y, bueno, todo se prometía mogollón de geniales.
Y no. La experiencia fue altamente decepcionante. El punto más flojo probablemente sea la historia que nos cuenta, previsible, lineal y aburrida, sobre un padre que pierde a su repelentillo hijo en manos de una panda de irresponsables adolescentes, por lo que invoca al bichejo de marras para que acometa venganza. Luego se arrepentirá de sus actos e intentará detenerle. Este responde al nombre de "Pumpkinhead", "Cabeza de Calabaza", que es como se titula el film en su versión original. Lo gracioso es que, según el doblaje español lo llaman "El Cabezón". Imagínense por un momento que el film hubiera llegado a España con el título traducido literalmente según nuestros expertos... ¿¿acudirían al cine a ver un film de terror no mexicano ni peruano titulado "El Cabezón"??. ¡Hilarante!.

Stan Winston demostró, una vez más, ser un maestro con eso de juntar látex y dar forma a un ser vivo, pero en cuestiones direccioniles y narrativas, el muchacho no andaba nada puesto. "Pacto de sangre" luce muy bien a un nivel, digamos, plástico. Toda la parte de la bruja, su cabaña, el montículo con el cuerpo del monstruo, etc, está muy bien, es muy bonito visualmente y estupendamente diseñado... pero el film carece de garra, de ritmo, de vida... es totalmente plano o, lo que es lo mismo, considerablemente plomizo... especialmente la última media hora, que se hace eterna. Y la sensación final que te deja es raruna, porque tiene todos los ingredientes para ser un film ochentero que funciona y, sin embargo, no lo hace. O no lo hace PA MI, porque "Pacto de sangre" dio el dinero suficiente -supongo que donde más sería en el mercado del vídeo- para parir varias secuelas, todas tardías, todas horripilantes y todas muy olvidables.
El prota no es otro que Lance Henriksen, que cuando no pone cara de palo, sobreactúa absurdamente (pero mola). Le siguen muy de cerca el entrañable George "Buck" Flower y Jeff East (el Superman adolescente del film de Richard Donner). Stan Winston volvería a probarlo como director en la escalofriante "Gnomo Cop" y con dos cortos de peso, el "Ghost" con Michael Jackson y la peli-atracción "Terminator 2 - 3D: Battle Across Time" junto a James Cameron y John Bruno. Luego lo dejó (¡ya tardaba!). Que curiosa trayectoria.
En definitiva, "Pacto de sangre" fue una oportunidad perdida. A pesar de ello, acabó generando incluso merchandising del monstruo, lógico si tenemos en cuenta que, esencialmente, es lo único realmente salvable de todo el pitote.

NOTA: Junto a la caratula original de mi VHS (ya en la sección de ventas), les dejo un simpático cartel que he rescatado de las páginas de "Mad Movies", sección "Próximos rodajes". Imagino que para entonces el film andaba en pre-producción y el look del bicho no estaba definido... pero hubiera molado que fuese como el que sale ahí dibujado, ¿que no?.

sábado, 28 de noviembre de 2020

KM.666, DESVÍO AL INFIERNO

Que una película de terror hoy día presuma de truculenta y "regresar a la esencia del crudo y duro horror yanki de los 70" no tiene nada de nuevo, ni de raro (ni de verdadero, témome). Pero en el año 2003, saliendo aún de la invasión de productos asépticos e inofensivos impuestos por el súper-éxito de "Scream" seis años antes, era todo un subidón para el aficionado medio (sector al que, me guste o no, pertenezco). Recuerdo haber leído en su día las declaraciones del tristemente fallecido Stan Winston, responsable de los efectos, co-productor y verdadero impulsor del proyecto, donde explicaba que su intención era justamente esa, retomar un tipo de terror más sucio, feo y duro. Casi me atrevo a decir que "Km 666, desvío al infierno" fue la primera en dar tal paso. Nadie puede discutir que impuso -no inventó, pero sí perfeccionó- el "survival horror" o, lo que es lo mismo, la combinación del "slasher" clásico con la temática de supervivencia nacida a raíz de la estupenda "Deliverance". Desde entonces, es un subgénero que ha abundado por doquier.
Varios jóvenes quedan accidentalmente atrapados en plena montaña a merced de un feo clan de antropófagos. Se las verán canutas para evitar que los cacen y cocinen.
La primera vez que vi “Km 666, desvío al infierno” fue en el cine y no me gustó. La encontré aburrida y previsible y, claro, la prometida truculencia no me pareció tanta. Sin embargo, a base de posteriores visionados se me fue ganando. Tanto como para que, cuando salió en dvd una edición especial de dos discos, me la comprara. Desde entonces nunca ha dejado de molarme.
Los protas/víctimas son todo lo guapos que pide el género, pero no molestan demasiado. Desmond Harrington da perfectamente el pego como héroe de la función y esa imagen suya sujetando la escopeta al final es muy chanante. Nadie se cree que a la chica de la peli, Eliza Dushku, la haya dejado su novio ¡y por teléfono!, pero no importa. Se supone que es la "hot girl" del sarao, pero a mí me gustaba (y me gusta) mucho más Lindy Booth, que hace de golfa con aspecto aniñado/angelical. Emmanuelle Chriqui tampoco es fea, tiene un nombre muy gracioso y puede presumir de dar vida a un personaje que, para variar, reacciona con verosimilitud ante la muerte de un Jeremy Sisto que no carga por los pelos. Además, su propio fenecimiento es uno de los momentos álgidos del film, cuando le parten la cabeza/cara en dos mitades por efecto de un certero hachazo. Estando Stan Winston de por medio, los efectos se reparten entre lo físico y lo digital. Los primeros siempre se agradecen más en una película así, pero los segundos, aplicados con mesura y corrección, no ofenden en exceso. Claro que no solo de FX vive la peli. Es justo destacar que posee también unas lustrosas dosis de un suspense muy bien facturado. La secuencia en la que los protas intentan salir de la cabaña de los caníbales sin hacer ruido, evitando así despertarles de la siesta, está muy lograda y consigue su fin, crear tensión.
El éxito de "Km 666, desvío al infierno" -más en vídeo-clubs que en cines- esputó varias secuelas sobre las que pueden leer en este blog (ahí van: DOS, TRES, CUATRO y CINCO. La sexta nunca llegó a reseñarse). Evidentemente, y como es norma, la calidad va decreciendo a medida que los números se acumulan. Lo gracioso es que, fieles a su fin eminentemente comercial, todas contentan al posible espectador/fan dándole aquello que se muere por ver e incluye recreaciones (y ampliaciones) de las muertes más brutas e impactantes de la primera parte. Lo que no hay en esta, y sí en todas las otras, es tetas... alguna ventaja tendría que tener el presupuesto escaso y el destino directo a estanterías.
La gran noticia es que ya se ha rodado, pendiente de estreno, otra secuela más, solo que esta se desvincula de las anteriores y conecta directamente con la original. Para darle más caché, han contado con el guionista de aquella, Alan B. McElroy, autor también de los libretos de "Halloween 4", "Rapid Fire" (lucimiento pa Brandon Lee) y "Spawn".
La novedad de contar con Rob Schmidt para la dirección de "Km 666, desvío al infierno" residía en que venía de un cine "indie" no especialmente afín al terror y que, por ello, iba a poner más atención a los aspectos humanos y actoriles. Sí, puede que sí. Pero tampoco le sirvió de mucho, porque desde entonces, y salvo su participación en las series "Masters of Horror" y "Fear Itself", no ha parido gran cosa. 
Entre el equipo de productores encontramos a Jefferson Richard, al que debemos varios títulos bien curiosos como “Maniac Cop”, “Dance Academy”, “Vampiros a la sombra”, el actioner zetoso “One Man Force”, “El silencio de los inocentes” y “Time Master” (ambas dirigidas por James "El Exterminador" Glickenhaus, de cuando intentaba convertir a su hijo en una estrella), “Gothika”, “Leyenda Urbana 3” y “Siempre sabré lo que hicisteis el último verano”. Aunque lo más destacable se encuentra en su escueta faceta como director. Por un lado tenemos “In search of a golden sky”, baboso melodrama de aventuras infantil protagonizado por un imposible Charles Napier y co-guionizado por el eterno George “Buck” Flower. Por otro el mucho más adecuado y oscuro “slasher” tardío “Berserker” (con banda sonora compuesta por el director de "Dance Academy", como bien apuntaba Víctor en su reseña de esta última, y Flower en un papel secundario. Todo queda en casa).  Fascinante carrera la suya.
"Km 666, desvío al infierno" no es un dechado de originalidad, cierto, pero tampoco creo que lo pretenda. Es pura "formula", la recuperación de un tipo de cine perdido, llevada a término sin efecto nostalgia, sin gota de humor, sin referencias, ni post-modernidades varias, totalmente consciente de su condición, honesta y, por ello, efectiva. Da lo que quieres y lo hace con dignidad y talento. No creo que se le pueda pedir más.
Me la quedo.

miércoles, 18 de enero de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (8): LA SAGA -CASI- FALSA DEL "EXTERMINADOR"

Es un tema sobre el que ya he dado la chapa unas cuantas veces, pero si me lo permiten, la daré al menos una vez más: De películas reales de "El Exterminador" solo hubieron dos. El resto, todo mentira. Hasta ahora este era un rollo que me limitaba a soltar letra mediante, pero hoy he decidido aplicarme eso de "más vale una imagen que mil palabras"....



Películas como "Exterminador 2" las hubo, las hay y las habrá. Con todo lo "divertida" o entrañable que pueda ser, "Exterminador 2" no tiene nada de especial. Sin embargo, películas como "El Exterminador" las hubo... pero ni las hay, ni las habrá. Es imposible. Primero porque surgió en plena fiebre del cine de justicieros (moda esta situada en un espacio y tiempo socialmente muy específicos) y segundo, porque gasta una mala hostia que hoy ningún productor se atrevería a llevar a la pantalla. "El Exterminador" es una joya absoluta en su especie, un film super-políticamente incorrecto y con una violencia enfermiza y retorcida que, de hacerse actualmente, sería suavizada con los típicos excesos estilísticos o, peor aún, tics referenciales que todo lo estropean. Si hoy se hiciera un film como este clásico de James Glickenhaus, se vendería tal que "Una peli de justicieros como las de antes, ultra-violenta y políticamente incorrecta" y se usaría "El Extermindaor" como referente. Sí, vale, está gracioso ver las imitaciones/homenajes y regodearse en ella/os... pero nada puede compararse a lo auténtico. "El Exterminador" era auténtica, era honesta en todos los sentidos, incluso los malos. Una explotación descarada de la saga "Death Wish" sin un referente previo al que imitar en cuanto a su truculencia y sordidez. Este film es así, porque así se hacían en la época. Secuencias tan brutales como la lenta decapitación de un soldado yankee en el Vietnam (confeccionada por el fallecido Stan Winston quien, avergonzado, según donde solía ocultar su implicación en esta peli), el gangster en la trituradora, la puta quemada -¿y violada?- con un soldador o el político pederasta que recibe un disparo en la entrepierna, no eran vistosas por sus efectos especiales o su espectacularidad (bueno, salvo la de Winston!!!), eran vistosas por su sencillez, su radicalidad y su increíble mala hostia. Eso, hoy día, está muerto. Por ese motivo, "El Exterminador" es un clásico en su especie (y por eso, la segunda no lo es).



Nunca hubo un "Exterminador 3" porque la segunda parte -a diferencia de la primera- fue un fracaso en todos los sentidos. De hecho, su director nunca volvió a situarse tras una cámara... no al menos en esas funciones. Sin embargo, varios años después, a algun (o algunos) distribuidor Español se le ocurrió la absurda idea de pillar dos películas protagonizadas por Robert Ginty, es decir, el rostro/cuerpo del exterminador real, y lanzarlas al mercado como secuelas de aquella. De hecho, salió primero la cuarta, seguida de la tercera.
En realidad, "El Exterminador 3" se titulaba "The Bounty Hunter" y se hizo el año 1990. Ginty interpreta a un cazarecompensas en busca de su víctima. Curiosamente, él era también director (faceta esta que explotó mucho y bien en la televisión hasta su triste fallecimiento). Yo la vi de chaval y la recuerdo insoportable (tendría que repetir ahora a ver qué tal). "Exterminador 4" en realidad se titula "Out on bail" y está fechada un año antes que la anterior. Aquí Ginty interpreta a un tipo que es confundido por un criminal y puteado por la policía de un pueblo. El director no es otro que el veterano y reputado Gordon Hessler, en cuyo curriculum encontramos títulos como "La caja oblonga", "El viaje fantástico de Simbad" o "Indestructible: ruega por tu muerte", entre otros muchos. También la vi de chaval y, bueno, me pareció mejor que la supuesta tercera parte... pero no por ello menos mediocre.
Lo más curioso del caso es que, aún hoy, todavía hay gente que cree que estas secuelas bastardas eran legímitas.




No hubo "Exterminador 5" o "Exterminador 6", pero sí intentos de colarnos spin-offs igual de falsos. Probablemente el más descarado sea "Misión Comando" ("Gold Raiders"), producción del año 1983 (es decir, un año anterior a "Exterminador 2") entre Inglaterra y Tailandia y que, tanto en España como en Alemania, mostraba un slogan nada sutil: "El Exterminador ha regresado".
Menos descarada, pero tampoco coja, era "White Fire", hoy día un auténtico clásico del "trash" más descerebrado en cuya portada se lee alto y claro: "EXTERMINACIÓN es el tributo de los ricos". No hace falta decir más, ¿no?.
Y es que igual que Sean Connery con "James Bond" o Christopher Reeve con "Superman", Robert Ginty siempre fue, es y será "El Exterminador". Era la peli que le representaba y la que le inmortalizó, como bien demuestra la carátula de otro de sus films, "Vietnam, Texas". Mientras que bajo el nombre del co-protagonista asático, Haing S. Ngor, leemos un título de prestigio, "Los gritos del silencio", bajo el de Ginty leemos, como no, "El Exterminador". ¡Con dos cojones!.
Para ir terminando ya, y a modo de fricosismo, permítanme colar aquí un subproducto italiano dirigido por Sergio Martino, "Los halcones del esfalto" -en realidad su anti-clásico del horror "Torso, violencia carnal" en una edición pirata y engañosa- cuya carátula (cuanto menos en lo referente a esta edición de "American Home Video") muestra una imagen de lo más reconocible y chanante... y no nos extraña, porque si algo tenía de bueno "El Exterminador" era su increíble, fascinante, macarra e incluso inquietante portada.


Dicho esto, espero no tener que volver a repetirlo, porque ya serán unas cuantas veces las que he intentado hacer saber a los cuatro vientos que de "Exterminadores" solo hay dos, y que lo demás es mentira.

lunes, 14 de noviembre de 2022

GARGOYLES

Telefilme de horror de los 70, esta vez para ser emitido en la mejor franja horaria de la CBS y cuya fama viene precedida por tratarse del primer trabajo reconocido de Stan Winston, como protesista y maquillador, para una película. Por supuesto, con los presupuestos manejados en este tipo de producciones televisivas y teniendo en cuenta que las gárgolas del título son señores disfrazados, está claro que Stan Wiston realizó un trabajo encomiable con esas prótesis, casi demoníacas, que le valieron el premio Emmy —el Oscar televisivo— al mejor maquillaje. Más allá de ese dato de interés, y como solía ser común en estos telefilmes setenteros, esto es una película donde la gente, mayormente, camina. De hecho el visionado se me hizo especialmente insoportable.
Un antropólogo y su hija (que muestra el palmito setentero de Jennifer Salt hasta turbar el bien estar del espectador que tenga un mínimo de sensibilidad…) se desplazan en automóvil hasta el desierto donde encontrarán lo que parece el esqueleto de una gárgola que resulta de vital importancia para su investigación. Sin embargo llegan a la conclusión de que se trata de un esqueleto falso construido a través de huesos de distintos animales. Paradójicamente, pronto unas gárgolas llegarán al lugar para rescatar el esqueleto, y ya que están se llevan también a la hija del antropólogo a la cueva donde moran estas y otras gárgolas… y le contarán su drama a la chica.
Estructura de telefilme, densa, densísima con la que uno está tentado a dejar el visionado en más de una ocasión, pero finalmente merece la pena aguantar un poco, como ya he dicho, para poder ver a las gárgolas en todo su esplendor setentero. Aunque pronto esa necesidad queda saciada y nos planteamos abandonar una vez más el visionado, porque esto, en definitiva, es un plomo de padre y muy señor mío.
Las presencias de Scott Glenn o Bernie Casey como una de las gárgolas, serían los otros puntos destacables de la película, cosa que tampoco es para tanto.
Dirige Bill Norton, como ustedes supondrán, eminente director televisivo desde los años 60 con una larga lista de series y TV movies a sus espaldas.

sábado, 8 de julio de 2023

EL EXTERMINADOR

Me he dado cuenta que en este blog he hablado mucho, muchísimo, de ese clásico del "sleaze" ochentero que es "El Exterminador". De sus secuelas, legales o no. Y de su director, James Glickenhaus. Sin embargo, lo raro es que JAMÁS he publicado una reseña oficial y oficiosa. Y oiga, ya va siendo hora de subsanarlo. Sobre todo ahora que he localizado en mis archivos una que escribí hace años para otro blog y, creo, se conserva bastante dignamente. Me ha bastado hacerle un lavado de cara mínimo para poder reciclarla aquí, hoy, y así, cerrar el círculo en torno a las violentas desventuras urbanas de "John Eastland".
Para ilustrarla, y por aquello de salirse de convenciones, he optado por una imagen distinta a la habitual -que tantísimo adoro y tantas "memorys" juveniles provoca-, una, además, algo cutre... pero con encanto. La cosa dice así:
Los años ochenta, cinematográficamente hablando, pasarán a la historia por la enfermiza proliferación de los géneros más “inmundos” que el séptimo arte haya podido parir jamás. Entre estos destaca uno por el que siento especial debilidad, y es el de justicieros urbanos… ya sabéis, tipos “corrientes” a los que un grupo de pandilleros o la mafia al completo matan / violan / castran / pegan / insultan (no necesariamente siguiendo este orden) a su mujer / hijo / hija / amigo / primo / abuelo y él, hasta el coño de la gentuza que asola las calles, se pilla todo el armamento disponible (por lo general son veteranos del Vietnam, y conservan en su hogar pistolas, granadas, metralletas y otros juguetes. O hacen como Charlie Bronson en “El justiciero de la noche” y ¡¡¡¡se compran un bazooka por correo!!!!) y empiezan a masacrar sin miramientos a todo aquel con pinta de maleante o fetuccini encorbatado.
En los 70 este genero aún tuvo algunas producciones de calidad, como “Harry, el sucio” o “El justiciero de la ciudad“, pero fue entrada la década del breakdance, los pelos crepados y el porno rodado en vídeo que la cosa degeneró. El velado mensaje crítico que contenían algunas de las dichosas pelis desapareció durante la era Reagan, transformándose de ese modo en puros productos reaccionarios y de propaganda derechista. Por fortuna la culpa de todo eso la tuvo una sola peli, “El Exterminador”, grandioso título donde los haya, que le costó un millón de dolares al papuchi de su director, James Glickenhaus, y a cambio daría miles de billetes verdes durante su comercialización, sobre todo en vídeo.
¿Y que tiene “El exterminador” para ser la oveja negra del género?, pues una recreación casi sádica en la violencia más extrema, gratuita, injustificada, retorcida y enferma. Sí amigos, lo dicen los críticos de verdad: “El exterminador” es posiblemente la peli más truculenta del cine de justicieros producido los últimos 40 años. Eran los 80, ¡joder!, ¿que esperaban?
Escenas míticas como el gangster convertido en embutido por efecto de una trituradora, las balas rellenas de mercurio que perforan la entrepierna de un senador con una doble vida un tanto insana, el pederasta que arde en vida, la prostituta quemada con un soldador, los malísimos que ahostian a una viejecita para robarle la pensión, el colega del héroe mutilado por un garfio que le clavan y retuercen en la espalda (primer plano incluido), o la escalofriante y traumática decapitación hiper-realista, y ¡¡a cámara lenta!!, al inicio de la peli por obra y gracia del -fenecido- maestro de los efectos especiales Stan Winston (aunque él nunca la incluyera en su filmografía. Sin embargo, existe una prueba tan contundente como la página completa que les dejo al final de la reseña, aparecida el año 1982 en "The Bloody Best of Fangoria Vol.1". Ctrl + boton izquierdo del ratón para ampliar) han hecho de “El exterminador” una de las favoritas no solo entre fans del cine de acción, también entre adictos al horror y el gore más burro.
En el reparto destacan Christopher George (que había trabajado a las órdenes de Lucio Fulci en “Miedo en la ciudad de los muertos vivientes” y Juan Piquer en "Mil gritos tiene la noche"), Samantha Eggar en plena decadencia, Steve James (el Chuck Norris negro) y, ¡¡oooooh diosssssss!!, el gran Robert Ginty, portador de los mofletes más fotogénicos del mundo y convertido en héroe de video-club hasta su reconversión a director y posterior desaparición.
Un clásico de los anti-clásicos. Un tipo de cine que se ha perdido del todo y, si se recrea hoy día, es ya de forma autoconsciente y sin gota de honestidad... por brutal que esta sea.
Altamente recomendable.

sábado, 18 de junio de 2022

EN LA OSCURIDAD

Si buscas la palabra artesano en el diccionario, no dudes que aparecerá una imagen de Jonathan Liebesman, un cineasta hollywoodiense con tanto talento como escasez de personalidad. Todos sus largometrajes hacen gala de un estupendo acabado y son bien digeribles, pero a la par, carecen de alma. Te pones a verlos con cara de palo y terminas exactamente igual, sin haber movido ni una ceja. Luego, automáticamente, los borras del cerebro. Muchos dirán que ese es el peor cine de todos, el que no deja huella. Al menos las pelis malas de verdad te provocan alguna sensación. Y sí, es posible que sea cierto. Pero también lo es que son productos perfectamente visibles y no ofenden. Puedes consumirlos mientras piensas en la compra u ojeas el móvil, y no pasa nada. Aún así, dudo mucho que al filmmaker le encante todo eso. Y, seguramente, tampoco sea muy fan del cine que le ha tocado parir a tenor de su primer cortometraje: un super-drama ambientado en la época de los nazis que hay quien califica de obra maestra. Nacer en los USA, y muy especialmente Los Angeles, puede tener ventajas si aspiras a ser director de cine. Pero también desventajas, ya que allí el rollo "autoral" no se estila mucho. Es fácil imaginar aquello plagado de frustrados aspirantes a Fellini o Godard resignados a ser meros emuladores de Spielberg.
"En la oscuridad" fue el primer largometraje de Jonathan Liebesman, una producción de horror que si provoca escalofríos no es por lo que cuenta, sino por su condición genérica: El pueblo que da título al film en v.o. -Darkness Falls- vive sumido en una maldición. El fantasma de una mujer injustamente ajusticiada se la tiene jurada a los niños que lo habitan, sobre todo cuando pierden su último diente de leche -no pregunten-. En eso que la hermana de uno llama a su pretendiente, quien en el pasado logró zafarse de la fantasma, para que le (L)eche una mano. El espectro hará lo imposible por saldar su cuenta pendiente y, de paso, arramblarse unas cuantas almas de más. La coña es que únicamente puede atacar / moverse en la penumbra, así que más te vale llevar una linterna en el bolsillo con las pilas bien cargadas.
Cuando se estrenó "En la oscuridad" por ahí 2003, hubo quien la calificó como pequeña promesa del fantastique. Por ello la alquilé esperanzado y, en fin, lo que vi me dejó más frío que si hubiese puesto a remojar los testículos en nitrógeno líquido. Luego consumí otras películas del amigo Liebesman como "La matanza de Texas: El origen", "Invasión a la tierra", "Ira de Titanes" (estas tres en pantalla grande) o "Ninja Turtles", y con todas me pasaba exactamente lo mismo.
Lo cierto es que "En la oscuridad" dispone de la receta que activa los resortes del miedo, en una época en la que no era tan común. Faltaba un poquito para la llegada de "Insidious" y "Expediente Warren", productos con los que guarda ciertos paralelismos, pero salieron muchísimo mejor. De ser un poco más despierto Liebesman, "En la oscuridad" podría haberse adelantado a todo aquello. Sin embargo, prefirió aparcar las sutilidades y la atmósfera, desaprovechar ese fantasma tan bien diseñado por Stan Winston (cuyo horrible rostro se supone sorpresa, pero luce perfectamente en el cartel), así como todo el rollo de oscuridades y gemidos en la penumbra, y decantarse por un exceso de sustos baratos (acompañados siempre de la inevitable e irritante subida de volumen) y un clímax verbenero más propio del cine de acción que del terror. Es cierto que esta parte va a piñón y entretiene. Pero, es lo que digo, al terminar te quedas vacío. Muy parecido al momento que te limpias la corrida tras una sesión de ciber-sexo.
Curioso remarcar que uno de los guionistas es John Fasano, nombre que sonará a aquellos más o menos puestos en cine "trash". Antes de reciclarse a competente autor de libretos dentro de cierto mainstream, Fasano dirigió varios "clásicos" del peliculismo chusquero como "Al filo del infierno", "Zombie Nightmare" (en este caso de manera no acreditada), "Black Roses" y "The Jitters" ¡Tela! Otro de los guionistas, James Vanderbilt, acabaría responsabilizándose, nada menos, que de teclear la estupenda "Zodiac" de David Fincher (y, también, la más reciente entrega de la saga "Scream").
En el reparto destacan las presencias de una muy jovencita Emily Browning y, sobre todo, Angus Sampson, quien interpretaría a uno de los "cazafantasmas frikis" en, justamente, la saga "Insidious". Aquí, por contra, se marca un rol totalmente opuesto, el de matón.

sábado, 1 de septiembre de 2007

GOING TO PIECES, THE RISE AND FALL OF SLASHER FILM

¿Un documental sobre el auge y caída del cine "slasher"?, eso no puedo perdérmelo (y además, con subtítulos en castellano). Tras agenciármelo, esperé al momento propicio para verlo. Ahora que ya ha pasado tan señalado instante, puedo decir que, efectivamente, me ha encantado. Es previsible, lo sé, pero afirmar lo contrario sería mentir.
La película, que adapta un libro escrito por Adam Rockoff (de idéntica temática, of course), posee la maravillosa virtud de no centrarse únicamente en los de siempre e ignorar a los que vinieron después, inexorablemente relegados a la sombra. Efectivamente, tenemos a Carpenter, a Cunningham, a Craven, a Savini... pero también podremos gozar de entrevistas a Joseph Zito o Fred Walton, e incluso si me apuran por ahí también asoman elementos aún mucho más oscuros como Herb Freed, Armand Mastroianni o Paul Lynch, autores todos estos que, en algún momento de su carrera, se adentraron en el pantanoso, pero agradecido, terreno del "slasher", ya sean títulos más conocidos ("El asesino de Rosemary", "Prom Night") o cosas terriblemente ignotas ("El día de la graduación", "El día de los inocentes"). Además, aunque el film también repasa el resurgimiento del género en los 90 con "Scream" y todo lo que le siguió (incluidos Rob Zombie, "Hostel" o "Saw"), en realidad se centra en la gloriosa década de los 80 (de las pelis que no muestran imagen, al menos incluyen el poster, caso de "Madman", "No abrir hasta Navidad" o "The Prey") y los títulos que la precedieron y marcaron la pauta, siendo "Psicosis" la que se lleva la medalla.
"Going to pieces" posee un ritmo absolutamente endiablado, toca todos los palos propios del "slasher" (el tipo de asesino, su posible trauma, la clase de arma que usa, la heroína que resiste hasta el final, los emplazamientos típicos, los actores famosos que debutaron en esta tipo de producciones, etc, etc) y aledaños (la escuela Italiana, con especial mención al "Bahía de Sangre" de Mario Bava donde, por fin, se muestra con toda clase de lujos la escena del empalamiento que, poco después, plagiaría sin rubor el segundo "Viernes 13") a toda velocidad, y lo hace con imágenes a porrillo, centrándose casi única y exclusivamente en los crímenes más sangrientos de cada film comentado (¡incluso "Mil gritos tiene la noche"!).
Afortunadamente no se echa demasiada mano de justificaciones intelectualoides (alguna cae, sobre todo vía Wes Craven, pero nada que moleste demasiado), al contrario, todos los entrevistados se sueltan el pelo reconociendo que gozan viendo/creando los más atroces crímenes (especial mención merece Stan Winston, que abre el documental afirmando: "Cuando voy al cine, me encanta ver como decapitan a alguien", ¡ahí, ole tus huevos!) y la dosis de descojone la ponen secuencias en las que críticos almidonados (el cateto de Roger Ebert) o padres ofendidos (un puntazo toda la movida ocasionada por el trailer de "Noche de paz, noche de muerte") salen rajando de este cine que tanto nos gusta. Pero tienen las de perder, porque "Going to pieces" está de lado de los que nos molan los "slashers", de lado del fan del género... de hecho, toda la peli es un regalo para nuestros sentidos y viéndola, uno recuerda (por si tiene la desgracia de haberse olvidado) cuán gozoso y estupendísimo es pertenecer a la gran familia de adoradores del terror y, más especialmente, del cine de adolescentes troceados por asesinos enmascarados. Un diez.

sábado, 27 de marzo de 2021

CONGO

"Congo" era la película oficial que detestar en su año, 1995. Fue un fracaso de taquilla que aniquiló la carrera de Frank Marshall como director de primera fila. Y tanto crítica como público se pusieron de acuerdo para echar pestes de ella y ridiculizarla. Efectivamente, vista 26 años después, te das cuenta de lo caprichoso que es todo, y lo gilipollas que a veces puede ser la audiencia (no así los críticos, que nunca han dejado de serlo. Y por si algún lelo aún no lo tiene claro, yo no soy crítico de cine, solo un fan que habla de las películas que consume). No, "Congo" no es tan terrible. De hecho, está bastante maja.... que es exactamente lo que pensé el día que la vi en el cine "Comedia" de Barcelona, acompañado no de otro ser humano, sino de un bol de palomitas y una "Fanta" naranja, alimento ideal dada la naturaleza del film.
Todos sabemos que Frank Marshall venía de la mano del más grande creador de blockbusters que ha dado Hollywood, Steven Spielberg. Era algo que cantó mucho cuando este le produjo su debut en la dirección con la simpática "Aracnofobia" y canta aún más en "Congo". Primero por el tono de carrusel ligero + aventurero a lo Indiana Jones y, segundo, porque se basaba en una novela de Michael Crichton, muy de moda entonces gracias al éxito, cómo no, de "Parque Jurásico".
Los integrantes de una expedición a África, en busca de un diamante repollero, acaban muriendo bajo las zarpas de una criatura misteriosa de aspecto simiesco. En su lugar mandan otra, a la que se une un científico y su gorila capaz de comunicarse mediante signos. Un filántropo rumano de maravilloso nombre -¡Herkemer Homolka!- sospecha que el animal conoce el emplazamiento de unas legendarias minas repletas de piedras preciosas, lo que no sabe ni este, ni nadie, es que dicho lugar existe y todo aquel que se acerca a él, tal y como le pasó a la primera expedición, tendrá una muerte violenta.
Lo dicho, una auténtica película de aventuras con sus selvas, tesoros, muchos peligros y un volcán apunto de estallar. Como todo blockbuster, el ritmo es bastante acelerado, pasan mogollón de cosas, hay unas gotas de humor, algo de violencia por aquello de impresionar a las plateas juveniles y un fin de fiesta explosivo. Los gorilas, cortesía de Stan Winston, son tíos disfrazados. El único elementos puramente informático es la lava que arrasa con todo llegado su momento. Los personajes son lo suficientemente carismáticos para amarlos con intensidad aunque su función sea la de villano y, en general, uno pasa un rato de lo más ameno. No es una obra de arte, ni nada que deje una huella indeleble, pero sí un perfecto divertimento de fin de semana.
El alegre, colorido y fenomenal reparto incluye nombres como los de Laura Linney, Dylan Walsh, el entrañable Ernie Hudson, un delicioso Tim Curry, Joe Don Baker, James Karen, Stuart Pankin, Peter Jason, Delroy Lindo, Joe Pantoliano y, obvio, un llamativo e inesperado Bruce Campbell aún joven y delgado. Si descartamos las ocasiones en las que ha contado con enchufe, puede que esta sea su película más "mainstream"/gorda. De hecho, se presentó al casting buscando el rol protagonista -masculino-, y acabaron dándole uno mucho más escueto... pero significativo, sobre todo para los que en 1995 ya le conocíamos y adorábamos.
Como nota extra, añadir que "Congo" fue una de las películas en las que curró el generalmente oscuro David Hallinger, amigo y colaborador del gran George Kuchar, a quien le dedicó todo un documental en los años ochenta.
"Congo" es ideal para aquellos que, como yo, en el cine no busquen más que saludable escapismo y buen rollo.

martes, 9 de abril de 2013

ALIEN NACIÓN

Con toda la nostalgia ochentera que hoy día impregna hasta las putas piedras, y lo que mola reivindicar todo "blockbuster" de la década calificándolo casi de arte a pesar de que en su estreno no recibiera más que palos por parte de la miserable crítica, resulta extraño que "Alien Nación" siga estando tan olvidada. Fue un éxito (aunque no sé si modesto o no) y en general no especialmente mal tratada por los gacetilleros de siempre. Sin embargo, nadie parece recordarla, ¿tal vez por pertenecer a la segunda mitad de la década de oro (concretamente 1988)?, ¿tal vez porque su reparto no tiene ningún actor realmente característico de aquellos entonces?. Ni idea. Pero así es.
Estamos en 1991. Hace tres años que los extraterrestres llegaron a la tierra y desde entonces que luchan por integrarse, a pesar de que el 90% de los humanos los tratan con desprecio (y los llaman "escorias"). El prota es un poli que una noche se cruza en un tiroteo entre marcianos, en el que fallece su negro compañero. Decidido a hacerle justicia, y convencido de que la movida no es un crimen casual y que hay algo más oculto en la inaccesible sociedad alienígena, se junta con el primer detective venido del espacio muy a su pesar (porque no hace falta decir que los odia a muerte). Obviamente, a medida que van investigando y descubriendo, nace entre ellos una fuerte amistad. La cosa gira en torno a una droga super-chunga a la que los visitantes fueron adictos en el pasado y que un empresario de renombre intenta recuperar para lucrarse. Algún crítico sesudo dirá que la peli es una metáfora sobre el racismo y la integración... y sin duda, lo es... pero vamos, no creo que ello sea muy importante ni aporte nada.
"Alien Nación" entra de lleno en la lista de "películas que funcionan incondicionalmente". Da igual cuando las ves, a qué hora y en qué condiciones... nunca aburren, siempre entretienen. Vamos, son muy agradecidas. Están bien hechas y entran con facilidad, combinan géneros alegremente y con ingenio, incluidas las nunca irritantes gotas de comedia. En fin, que sí, coño, que la puta peli está muy bien... no saltarás en la silla, pero tampoco bostezarás. Es infaliblemente correcta y está trufada de detalles para el recuerdo.
Naturalmente, si no fuera por el "elemento marciano", en esencia se trataría de otra "buddy movie" más, con sus tópicos y sus fórmulas: el poli duro y el poli correcto que primero chocan, pero luego se hacen super-amigos tras una charla íntima que, gracias al alcohol, sirve para que uno se abra al otro y crezca el afecto mutuo. Al final, habrá sacrificio por parte de uno de los dos, y a partir de ahí, pues como decía la canción, amigos para siempre. Si esto ya sienta bien, más lo hace cuando surgen las típicas, curiosas y divertidas diferencias culturales y las fricadas, por ejemplo: Los marcianos se emborrachan con leche agria, comen carne de castor cruda, al parecer tienen los testículos en un costado, el agua de mar es como ácido para ellos (mi favorita), etc, etc. La guinda la pone el temible efecto de la droga que consumen y, claro está, el clímax final, con el malo recibiendo una sobredosis que lo muta  en un monstruo de fuerza tremebunda.
Uno de los productores es Gale Anne Hurd, de lustroso y espectacular curriculum que, básicamente, incluye todos los clásicos de James Cameron, con quien estaba casada. Ello explica que, por lo visto, el director de "Terminator" metiera mano-no-acreditada  en el guión de "Alien Nación". El escribiente oficial es Rockne S. O'Bannon que, a pesar del apellido y de su interés en la ciencia ficción, aparentemente nada le une al mítico Dan O´Bannon. El director, Graham Baker, vivía aquí su momento de gloria tras dirigir la tercera entrega de "La Profecía", luego no pudo mantener el nivel y su carrera se acabó en 1999 con "Beowulf, la leyenda", vehículo para Christopher Lambert con fama de ser un auténtico mojón.
En cuanto al reparto, y junto a los protas, un carismático James Caan y Mandi Patinkin maquillado (en aquella época popular por su papel en "La princesa prometida"), encontramos varios rostros curiosos ocultos tras el látex (cortesía de los chicos de Stan Winston Studios). Es casi como un juego el ir reconociéndolos. Personalmente me quedo con el malote, Terence Stamp, y también con los secundarios, muy de su década, Kevyn Major Howard (el rubito histérico de "Yo soy la justicia", "Impacto Súbito" o "La chaqueta metálica") y Brian Thompson (el psycho de "Cobra" o el "Renfield" de la fallida "Noche de miedo 2", entre muchas otras de segunda y tercera regional). Tampoco podemos ignorar a Leslie Bevis, que tenía un papel tirando a pequeño, pero reconocible por algún mítico chascarrillo, en "Spaceballs, la loca historia de las galaxias". Ya sin maquillaje, localizamos a Peter Jason, habitual en la etapa más actual de John Carpenter. ¡Ah!, en tareas de ayudante de dirección figura el turbio Newt Arnold, futuro responsable de "Contacto Sangriento".
Ojo al gag que nos muestra la marquesina de un cine donde se proyecta "Rambo 6". Hagamos cuentas... ¿"Rambo 6" en 1991?, en lo primero se pasaron (por los pelos, ahora se anuncia un posible "Rambo 5") y en lo segundo, se quedaron cortos.
"Alien Nación" 
nunca tuvo una secuela cinematográfica, pero sí dio pie a una serie de televisión considerada de culto. Tanto que, cuando la cancelaron, aún esputaría unos cuantos telefilms de bastante renombre. Un caso muy curioso.
En fin, que la recomiendo alegremente.

lunes, 29 de octubre de 2007

CAMINO SANGRIENTO (WRONG TURN 2)

El arranque es muy prometedor. Una tipa de buen ver cae en las garras de un par de tipos deformes y, después de que el más joven de estos le arranque la lengua de cuajo, el otro la parte por la mitad, verticalmente, de un contundente y certero hachazo. Y todavía no han acabado de salir los créditos.
Estamos ante la tardía segunda parte de "Km 666" (estrambótico título español), película esta que se ha ido ganando mi cariño a base de visionados, puesto que la primera vez que la vi me pareció de lo más mediocre (tanto he cambiado de parecer que, actualmente, cuento en mi dvdteca con la edición especial y todo). Esta jugaba con ventaja respecto a su continuación. De entrada, fue uno de los primeros films modernos en recuperar y reivindicar la crudeza y fealdad del cine de horror de los 70 (luego llegarían Rob Zombie, "Alta Tensión", "Hostel"... incluso Tarantino) y, además, sus responsables (entre ellos el gran Stan Winston) supieron contar lo de siempre pero de un modo sutilmente distinto, o lo suficientemente bien resuelto como para evitar el aburrimiento (me viene a la cabeza el efectivo suspense de la secuencia en la que los protagonistas intentan escapar de la cabaña de los psicópatas mientras estos dormitan plácidamente). Desde entonces, y hasta "Wrong Turn 2", la fórmula ha sido requetexprimida y, a menos que adornes el resultado con mucho talento (cosa difícil si tenemos en cuenta que estas secuelas se suelen enfocar como productos menores y, por tanto, se los encargan a realizadores novatos o sin mucho que aportar) o, en su defecto, apuestes por toda suerte de excesos, siempre vistosos y resultones, únicamente obtendrás algo rancio, plano y más previsible de lo asumido.
No estamos ante un caso muy distinto al de "Las colinas tienen ojos" de Aja y su continuación "El retorno de los malditos", solo que esta segunda supo montárselo mejor, tomándose a cachondeo a si misma y dejando en la puerta cualquier atisbo de inteligencia (porque, sí, hay que saber valorarlas por lo que son y tomárselas con sentido del humor, a estas alturas pretender que cada nueva peli de terror que se estrene -y más siendo secuelas- sea una obra de arte es de tontos, ¡cojones!). A "Wrong Turn 2" no le ha salido tan bien la jugada, y salvo algunos momentos muy específicos (entre ellos, el mentado hachazo inicial) en general el resultado aburre bastante.
Tampoco es "nueva" la idea de situar la acción durante la grabación de un concurso televisivo de supervivencia, en el cual los participantes deberán pasar toda clase de pruebas en un bosque infestado de lugareños feos y cabreados. Todo ello bajo la supervisión de Henry Rollins en su mejor y más adecuado papel (últimamente el ex cantante de "Black Flag" se deja ver mucho en este tipo de cine, no olvidemos su intervención en la simpática "Feast"). De hecho, su conversión en un especie de "Rambo" improvisado está entre los aciertos de los que hablaba, a los que tenemos que añadir algunas muertes ocurrentes (el hacha clavada en la cabeza de una chica mientras huye y la cámara la sigue de frente, pegada a ella. O el brutal fenecimiento del viejo de la gasolinera, el único verdadero punto de conexión con "Wrong Turn 1"), el orden de las víctimas (no demasiado predecible) y el baño de sangre, en especial al final, cuando entra en escena una monstruosa trituradora de carne.
Sin embargo, y a pesar de lo comentado, la peli no engancha, le falta garra, le falta color (aunque no rojo!) y le falta asumir su condición de refrito/exploitation, cosa esta que, en contadas ocasiones, ayuda mucho.

martes, 29 de octubre de 2024

GEMIDOS EN LA OSCURIDAD / EL INVISIBLE

Sometida a infinidad de recortes, con una pifia de montaje importante y un guion férreo que no dejó de ser escrito y reescrito durante el rodaje por el director de la película, lejos de resultar un caos incomprensible, “Gemidos en la oscuridad” (rebautizada como “El Invisible” en su edición de vídeo de "Media Home Entertainment") es un pequeño clásico de terror ochentero adscrito a ese subgénero con niño-monstruo encerrado en el sótano. Portadora de una insana mala baba, contra viento y marea, resulta ser una película bastante eficaz.
Tres mujeres con aspecto de "Los Ángeles de Charlie", reporteras de profesión, viajan hasta un remoto pueblo para documentar un festival bávaro que se celebra allí. Naturalmente todos los hoteles están hasta la bandera, dando con sus huesos en un pequeño museo donde el propietario, un señor de mediana edad obeso y un tanto purulento, les ofrece su casa como alojamiento. Vive con su esposa, y el matrimonio guarda un pequeño secreto; tienen a una extraña criatura en el sótano a la que alimentan a base de pollo hervido encerrada. Dará cuenta de las pizpiretas reporteras, como es de rigor.
A estas alturas, para poder comentar la película, no queda más remedio que espoilearla, porque la gracia de la misma reside en su resolución, en la que descubrimos que el niño-monstruo del sótano no es más que un joven con síndrome de down, fruto de la relación sexual incestuosa entre el casero y su hermana (a la que ha presentado a las tres mujeres como su esposa).
La película, más cercana al drama que al terror propiamente dicho, con una ambientación diurna y luminosa, y una ausencia de sangre impropia para un film de 1980 de estas características, por momentos es incapaz de generar una atmósfera inquietante por mucho que lo procura, sin embargo, son tantos los eventos que se suceden (narrados en off, nunca filmados) en la vida del perverso casero y su traumatizada hermana, que la historia se sigue con interés, máxime cuando averiguamos que el monstruo del sótano es hijo suyo. El espectador está loco por verle.
Me resulta hilarante el hecho de que finalmente no se tratase de un monstruo, sino, de un inofensivo síndrome de down encerrado por su progenitores enajenados, sobreviviendo en condiciones inhumanas. Pero más hilarante es todavía cómo se nos le presenta en el póster español para cines  —el que adjunto—, con los ojos en blanco, babeando como una bestia y con síntomas de deformidad que, luego, en la película no son tan notables. Una que, más allá de eso, se disfruta sin demasiados aspavientos, quedando como correcta muestra del género y la época.
Mientras la veía, en el momento en el que descubrimos al síndrome de down del sótano, estuve convencido de que el papel había sido ejecutado por un down auténtico. Además la secuencia final se recrea especialmente en esta discapacidad, ofreciéndonos el muchacho un recital de gruñidos, gestos, muecas y dejes propios de las personas con cromosomas de más. De hecho, la recreación en esos aspectos llega a cotas ofensivas convirtiéndose, inevitablemente, en una comedia involuntaria. Justo al acabar, llega una sorpresa porque, inmediatamente después del plano final, aparece un crédito a toda pantalla que dice: “The Unseen as interpreted by Stephen Furst”, ya saben, "Lenguado" de “Desmadre a la americana”, que ofrece una interpretación absolutamente demencial amparado en el no del todo mal aplicado maquillaje de Marla Manalis, responsable también del aspecto de los “Humanoides del abismo”. Yo completamente convencido de que se había utilizado a un actor subnormal. Se pueden imaginar mi actitud en mi sofá ante esta idea…
Además del buen hacer actoral de Furst, tenemos otro actorazo de corte clásico como es Sydney Lassick, el entrañable "Cheswick" de “Alguien voló sobre el nido del cuco”, que da vida al atormentado casero que fue instado a acostarse con su hermana en la juventud quedando traumatizado por ello. A la hermana la interpreta otra excelente actriz, Leila Goldini, vista en “La invasión de los ultracuerpos” y chica Cassavetes. Finalmente tenemos a Barbara Bach, por entonces muy popular como chica Bond tras aparecer en “La espía que me amó”.
Como ya he dicho, el film es un desbarajuste técnico que partía de una idea de Stan Winston, traspasada a un guion escrito a seis manos que el director, Danny Steinmann, modificó a antojo. Por lo que terminó sin tener mucho que ver con la idea de partida. Es de suponer que Steinmann añadió, asimismo, toquecitos autobiográficos al introducir a un personaje, el novio de la reportera, que, al igual que el propio director, en el pasado fue un jugador de football americano, posteriormente retirado por culpa de un accidente.
Danny Steinmann no llegó a entenderse del todo con la producción, por lo que fue despedido de facto una vez completado el rodaje, sin acceso a la fase de montaje. No quedó muy satisfecho con el resultado final, así que firmó bajo el seudónimo de Peter Foleg.
“Gemidos en la oscuridad” sería la primera película comercial de Steinmann que, tras haber debutado dirigiendo el porno “High Rise”, comenzó una carrera que fructificó nada menos que con “Calles salvajes” y “Viernes 13 5ª parte: un nuevo comienzo”, además de haber sido propuesto para el guion y dirección de la secuela de “La última casa a la izquierda”, que nunca llegó a producirse. Poco después tuvo un aparatoso accidente en bicicleta que le dejó impedido, terminando así con su carrera cinematográfica. Fallecería en 2012.

sábado, 13 de junio de 2026

MUERTOS Y ENTERRADOS

Nos reencontramos con un viejo conocido de este blog, Gary ("La jauría del vicio", "Se busca vivo o muerto") Sherman quien, asociado a dos "mostros" del calibre de Dan O´Bannon y Ronald Sushett -responsables de libreto de "Alien, el 8º pasajero", dato este generosamente explotado con lógicos fines comerciales en el icónico cartel (aquí expuesto)- ejerciendo de guionistas (según una novela de Chelsea Quinn Yarbro), tira adelante la que podríamos calificar como su película más reputada, "Muertos y Enterrados", una de esas piezas de cultísimo del sagrado cine de horror yanki de los ochenta con la que nunca terminé de congeniar del todo. Jamás la consideré mala, solo que no le veía yo "lo qué", menos comparándola con otros títulos del mismo periodo capaces de hacerme el culo pesicola. Recientemente decidí revisarla por comprobar cómo el tiempo, y mi marchitamiento humano, afectarían a tal percepción.
En un pueblecito costero de lo más insignificante y tranquilo, comienzan a producirse crímenes salvajes contra turistas y visitantes eventuales. Lo más inexplicable y escalofriante es que los responsables son una parte considerable de los mismos, en apariencia, amables habitantes. No estoy destripando nada, que se ve desde buen arranque y forma parte de los varios enigmas presentes a lo largo del film. El sheriff local entra de cabeza en el escaso grupo de aquellos que no participan del mondongo homicida y, por supuesto, lo desconoce, hasta que los cadáveres comienzan a apestufar. Se inicia así una investigación que le llevará a descubrir un terrible secreto... seguido de otro todavía peor.
Solo por la época, y sus inevitables más agradecidas características narrativo-estéticas, es imposible decir algo netamente negativo de "Muertos y Enterrados" (tampoco es que lo pretenda). La atmósfera a base de niebla continua. Esa extraña fotografía semi etérea. Los contundentes crímenes perfectamente maquinados en el apartado látex por el gran Stan Winston (destacando en cuestiones de brutalidad el del pobre médico) y una historia muy interesante que, tal vez, flojee un pelo hacia el clímax. Sigo sin vibrar con ella, ni me entran ganas de correr a por el blu-ray, pero desde luego la cosa resulta un solvente entretenimiento de calidad media-tirando-a-superior.
Protagonizan el cristo James Farentino, la guapa Melody Anderson ("Dale Arden" en el legendario "Flash Gordon" de 1980), un joven Robert Englund (¡este hombre estaba en todas partes!), Lisa Blount enseñando las tetas, el veterano Jack Albertson dando vida al excéntrico responsable de la morgue local, Michael Currie (jefe de "Harry Callahan" en sus dos últimas aventuras), Christopher Allport (la primera víctima, lo habíamos visto en "El asesino tras la máscara" y volveríamos a verlo en el "Jack Frost" costroso de los 90), la oronda faz de Barry Corbin y Michael Pataki, el poli de los "Spiderman" televisivos quien, paralelamente, ejercía como director de cine "exploitation", suyas son "La mansión de los condenados" -bastante olvidable, según recuerdo- y "La otra Cenicienta" -es decir, el famoso cuento pasado por el prisma del pajerío soft-.
Por cierto, justo en torno al cartel de "Muertos y Enterrados" se centró en una ocasión nuestra simpática sección de caratuleo chungo, por si gustan...

viernes, 14 de octubre de 2016

HEARTBEEPS

Andy Kaufman, siempre reticente a hacer el tipo de trabajos por el que se le requería, no quería en un principio protagonizar una película como “Heartbeeps”. Cuenta la historia de dos robots androides, uno chico y otro chica, que debido a un funcionamiento defectuoso son deshabilitados y almacenados. Allí se conocen, y como son defectuosos, empiezan a sentir emociones se enamoran, y deciden escaparse juntos con el fin de salir al exterior y adquirir tantos datos  como puedan. A la escapada se les unirá un tercer androide que cuenta chistes, y un pequeño robotito de aspecto no humano.
Los encargados humanos de los robots defectuosos, saldrán a la búsqueda de estos.
El caso es que tras el mega éxito que supuso “La Guerra de las Galaxias”, gracias a R2 D2 y C3PO, los robots se pusieron muy de moda entre el público infantil, amén del “Naves Misteriosas” de Douglas Trumbull que consiguió excelentes críticas que alabaron su estética. Estos dos factores fueron decisivos a la hora de poner en marcha un proyecto como este “Heartbeeps”.
Los estudios Universal  pusieron en marcha un proyecto dirigido al público infantil protagonizado por robots autonomos, y para que hiciera del robot protagonista querían a Andy Kaufman.
Querían ser los responsables del debut de Kaufman en la gran pantalla, por lo que tras varias negativas, decidieron ofrecerle al humorista un cheque en blanco. Conociendo a Kaufman, no sería de extrañar que en ese cheque en blanco escribiera una cifra absolutamente astronómica que el estudio estuvo dispuesto a pagarle, por lo tanto, Andy Kaufman protagonizo la película. Además, llegó a un acuerdo con Universal en el que después de “Heartbeeps”, Kaufman podría hacer su propia película “The Tony Clifton Story”, una película centrada en la figura de uno de los personajes creados por Kaufman para televisión.
Nada más comenzar el rodaje, los ejecutivos de Universal se dieron cuenta de que Kaufman no era un gran actor. O eso, o quizás estaba haciendo su trabajo a desgana a juzgar la desidia con la que interpretaba a Val, el simpático robotito. Al verlo, comenzaron los miedos y los llantos, ya que aunque en la televisión Kaufman había alcanzado un notable éxito interpretando a un extranjero que no pronuncia bien el inglés en la serie “Taxi”, a lo mejor, es que no era tan bueno. No podía saberse porque tan solo había interpretado un papelito en la película “El hábito no hace al monje” junto a Marty Feldman, y todo juicio sería prematuro; aún no se podía intuir como funcionaría un humorista como Kaufman en un film. Por miedo a que no acabara la película –el mero hecho de su presencia ya era un reclamo- el estudio no le pidió cuentas a Kaufman, además, se tuvo que paralizar el rodaje atendiendo a una importante huelga de actores convocada aquél 1980 por el sindicato de actores, y no era cuestión de marear aún más la perdiz. Una vez finalizada la huelga, se retomó el rodaje y el estudio dejó tranquilo a Kaufman, ya que pensaron que su interpretación en realidad no distaba mucho de las actuaciones confusas y extrañas que ejecutaba en televisión, y si eso en televisión funcionaba ¿Por qué no en cine? Claro que a Kaufman si no se le dejaba actuar con libertad, todo lo que hiciese le parecía poco menos que basura.
La compañera de Kaufman es Bernardette Peters. No fue la primera opción del estudio. De hecho, el papel estuvo apunto de interpretarlo Sigourney Weaver, gran fan de Kaufman, que estaba dispuesta a aparecer en la película solo por pegarse el gustazo de compartir plano con él, sin embargo, su agente logró disuadirla; ya en la preproducción el ambiente no era muy saludable ni profesional. Y Sigourney Weaver desechó la idea.
“Heartbeeps” se estrenó en cines de todo USA con gran expectación por parte de los estudios. Pero al público le importó tres pimientos, ya que se trata de uno de los mayores fracasos de “Universal Studios”. De un presupuesto inicial de 10 millones de dólares –una cantidad de súper producción para ser una comedia- la película apenas recaudó 2 millones, siendo un fiasco de dimensiones espectaculares.
Y es que la película es una tontería mayúscula, un batiburrillo de conceptos que no llega a ninguna parte, con un par de robots supuestamente simpáticos, que en realidad caen bastante antipáticos, además de ser rematadamente ridículos, ya que a pesar del estupendo maquillaje –obra de Stan Winston, que vio recompensado su esfuerzo con una nominación al Oscar en tal categoría en el año 1981, que le fue arrebatado por Rick Baker con su maquillaje en“Un hombre Lobo Americano en Londres”- se ve claramente que son señores disfrazados y carecen de toda gracia. El hablar robótico tanto de Kaufman como de Peters se torna por momentos crispante, así como el ir y venir de humanos y robots por los escenarios futuristas en los que transcurre. Parece mentira que con su escueto metraje, apenas 75 minutos, le sobre a la película media hora larga. Un desastre, un aburrimiento absoluto.
Tal fue el fracaso, que no solo se especuló a cerca de las nefastas consecuencias que traería esta "Heartbeeps" a las carreras de Andy Kaufman y Bernardette Peters, sino que Universal, se echó para atrás a la hora de producir el film sobre Tony Clifton. Kaufman se enfureció por eso.
Por otro lado, a Kaufman la película le pareció espantosa, hasta tal punto que no tuvo inconveniente en anunciar  en el show de David Letterman, que devolvería el dinero de la entrada, de su propio bolsillo, a todo aquél que hubiera osado ir a verla. Letterman añadió a eso, que con un billete de 20 dólares, podría pagar a todos los espectadores y que le devolverían el cambio.
Junto a Kaufman y Peters, tenemos a un jovencito Randy Quaid, lejos de ser algo parecido al fanático loco que es ahora. Aunque da igual su presencia porque, al igual que todo en la película, esta es insignificante.
Dirige el truño Allan Arkush, cuyo mayor mérito fue dirigir el clásico de las “Screwball Comedies” “Rock-n-Roll High School” al servicio de “Ramones”, o “El Club de los chalados II”. En ambos casos, ninguno de estos títulos le acreditan como un gran director. Eso si, pasados unos años de “Heartbeeps”, el director se hizo fuerte en la televisión. Y ahí sigue…

martes, 2 de abril de 2013

THE VINDICATOR

Probablemente el único mérito del que puede presumir "The Vindicator" es haberse adelantado un año a "Robocop" (aunque con estas cosas nunca se sabe). Si no me creen, atentos a la sinopsis siguiente: Un científico, guapo y a punto de ser padre de familia, es asesinado en un accidente provocado por sus superiores con el fin de usar el cadáver para experimentar. Se trata de convertirlo en relleno de un traje futurista diseñado para viajar a Marte a base de conectar su cerebro a una serie de electrodos de modo que pueda ser tele-dirigido  Pero en un descuido, el hombre se activa antes de que puedan enchufarle un control remoto y huye. Poco a poco va recordando y recuperando la personalidad, así que decide vengarse de quienes le han puteado.
Pues sí, no se puede negar que existe un notable parecido entre los argumentos de esta producción Canadiense del 1986 y el clásico de Verhoeven -del 87-, pero las diferencias son casi mayores. "The Vindicator" vendría a ser "Robocop" dirigida por Fred Olen Ray, es decir, sin imaginación, sin gracejo, sin inteligencia, bastante torpe, cutre, ridícula y planificada a la hora de la siesta. De hecho, hay unos cuantos medios a disposición de los responsables, algo que denotan ciertas secuencias de explosiones y tal, pero no saben sacarle ningún partido. Puede que lo más doloroso sean los momentos de humor voluntario, pocos pero chirriantes. Y luego, pues un puñado de incongruencias absurdas, como el modo en que el "Vindicator" entra en contacto con su mujer (a través del sintetizador) y lo fácil que le resulta a ella convencerse de que se trata de él, aunque lo que haga sea hablarle a un teclado. O que este se tome tan bien su condición, lo que le permite incluso bromear con un chaval repelente que le pregunta si es un extraterrestre y, por tanto, conoce a "E.T.", cosa a la que responde afirmativamente. También hay sitio para la risa involuntaria, como esos moteros que ven al cyborg por la calle, perdido, y le califican de "chuleta"... ¡¿"chuleta"?!, ¡por dios!, hacía años que no oía esa palabreja. Una vez le acorralan, uno comenta que "Parece un super-héroe salido de un tebeo". Claro, ustedes dirán, pues sí, podría ser el primo lejano de "Iron Man", o incluso de "ROM". Pero no, ¿con quien le encuentra parecido el motero tonto?, ¡¡¡con "El increíble Hulk"!!! (ahora bien, ¿es solo cosa del doblaje o será igual en versión original?).
Volviendo a las coincidencias entre "Vindicator" y "Robocop", hay una secuencia concreta en la que el héroe, ya robotizado, atraviesa con el puño una superficie dura para agarrar al tipo que se esconde tras ella. Curiosamente, esto mismo es lo que hace "Robocop" en su peli homónima cuando sale a la caza de un empleado frustrado y armado. ¿Plagio?. Claro que ese mismo "efecto" aparecía previamente en el famoso "Batman Dark Knight" de Frank Miller, del que, se decía, los artífices de "Robocop" habían tomado buena nota. Si tenemos en cuenta que el tebeo es del mismo año que "The Vindicator", llegamos a la conclusión de que.... ¿¿de qué??... ¿"The Vindicator" copió de Miller, o fue este el que copió la peli Canadiense, fue "Robocop" la que copió del comic que previamente había copiado "The Vindicator", o al revés??... ¡ARGH!.
Finalmente el mayor acierto de "The Vindicator" consiste en que para el enfrentamiento final, el mega-malo de la peli se enfunda en otro traje futurista idéntico, por aquello de estar a la altura de su contrincante. Ello debería haber desencadenado una batalla titánica de proporciones apocalípticas... pero no, la cosa queda bastante deslucida y poco emocionante, es decir, a la altura del tono general.... que incluye aquí la desencantada y nada emotiva historia de amor imposible. Por lo demás, pues menos violencia de lo que sería deseable (la única muerte algo truculenta es la del mismo protagonista) y, en fin, bastante poca cosa más. No es que "The Vindicator" peque de mega-truño, pero enfrentarse a ella es como sacar un "Phoskito" de la bolsa, llevarlo a tu salivosa boca con todo el deseo y al morderlo descubrir la total ausencia de azúcar. Se puede comer, sí, pero no es lo mismo.
En el reparto hay algún rostro de esos que te suenan de ver aquí y allí (como el del gordito Maury Chaykin), pero el único realmente reconocible es el de la pechugona Pam Grier en el rol de la super-cazadora encargada de encontrar al cyborg (de hecho, responde al nombre de "Hunter"). Tras las cámaras localizamos al productor canadiense Pierre David, de lustroso currículum (piquen en su nombre para saber más, no me apetece soltar aquí y ahora el rollete). El resultón aspecto del "Vindicator" se lo debemos a Stan Winston, que supongo fue contratado tras su labor en "Terminator" (como aquella, aquí también hay un falso busto totalmente animatrónico del héroe). El director, Jean-Claude Lord, solo tiene otro título más o menos reconocible en su filmografía, "Angustia en el hospital central".
En la época, a "The Vindicator" se le dio bastante bombo. Sobre todo en la prensa especializada franchute que, por entonces, era la que más devoraba. Sin embargo, y como a estas alturas ya es todo un clásico, mi sexto sentido me decía que tenía que ser un tochete, así que nunca la alquilé, a pesar de haberla tenido entre las manos innumerables ocasiones. Y... bueno, ya saben lo que sigue, ¿no?, ¡cuanta razón tenía y cuán sabiamente obré en aquellos tiempos!.