lunes, 28 de enero de 2019

NASCITURUS, EL QUE VA A NACER

Un individuo se percata de que sus temores se manifiestan a en la vida real, por lo que con la ayuda de unos curas y una oüija, se dará paso, sin sentido alguno, a una vorágine paranormal con fantasmas, caras demoníacas y posesiones… o algo así, porque puede que esté mal explicada, o puede que, de puro aburrimiento, se le vaya el santo al cielo al espectador.
Es la misma cantinela de siempre y me repito más que el ajo, pero, no hay nada que odie más que una medianía de estas. Que además, casi siempre están ligadas al cine de terror, que es precisamente el más difícil de hacer y el menos agradecido cuando no hay el presupuesto necesario. Pero los chavales que lo hacen deben pensar: — “venga, vamos a hacerlo, que para eso hemos estudiado cine”.
“Nasciturus, el que va a nacer” es pura morralla en tierra de nadie. Soy de los que defiende que toda imagen en movimiento es susceptible de ser cine, una frase que, sobre todo, venía que ni pintada cuando convivían en armonía el 35 mm. y el vídeo. Pero a día de hoy, que se ha impuesto el vídeo como formato único para hacer y ver cine, cualquier estudiante de audiovisuales se cree que una cámara HD más o menos decente, una pértiga para registrar el sonido y un ordenador para montar y diseñar los F/X,  le capacitan para hacer una película de terror. Entonces ¿Qué es lo que pasa? En el caso de “Nasciturus, el que va a nacer”, sucede que ni es una película amateur, porque cuentan con un mínimo equipo, ni es una película profesional porque no llegan, aunque  la intencionalidad de la película, estando a medio camino de una cosa u otra, es que quiere parecer más profesional que amateur, estando más cercana a lo primero. Pues eso es una puta mierda.
Y si la inclusión de cierto CGI barato les proporciona un par de sustos resultones, por lo demás, la falta de talento se impone —porque alguien con talento no haría una película de estas de “quiero y no puedo” ni intentaría levantar un crowdfunding que, encima, resulta fallido en este caso— y sobretodo la incompetencia a la hora de dotar la película de algo parecido al ritmo, así como  posee unas malas interpretaciones, cosas estas que no me importarían de no ser porque esta película “firma cheques que su ego no puede pagar”.
Así, entre unas cosas y otras, mientras el aburrimiento impera a sus anchas, de vez en cuando, muy de vez en cuando, asoma por la pantalla el humor involuntario.
Para empezar, el cura con aspecto de perroflauta podemita, que no hay un dios que se lo crea y este solo es superado en poca credibilidad por otro cura que hay, más jóven, cuyas patillas de cholillo, perfiladitas a lo años 90, sacan de situación al más centrado.
Más risas: Se ve que les dejaron rodar en hospitales, universidades y demás lugares públicos o privados, pero me llamó la atención  la librería donde, detrás del mostrador, y con el fin de hacer algo de publicidad en la película, se coloca un cartelón con el nombre de dicha librería, que canta por soleares el motivo de por qué está ahí ese cartelón, y lo que es mejor —y más gracioso— tapa todo lo que está ahí expuesto de manera expresa y natural, cubriendo parcialmente otro cartel real en referencia al pago con tarjeta de crédito. Y ya para rematar, un personaje secundario que lleva un gorrilla de lo más hortera, con una visera diminuta, y que está en su cabeza por una cuestión meramente estética, porque ni están en exteriores ni hace sol, por lo que se nos da a entender que ese personaje lleva esa gorrilla todo el tiempo y en casa no se la quita. En fin.
Al margen de la mofa aquí derramada (y es porque, como diría un amigo mío, el que expone, se expone), y para no ser cabrón en exceso (porque hay mala leche en la reseña, pero eso no es óbice: la película es lo que es) resaltaré como punto a su favor un par de momentos de ambientación conseguidos (ambiente del que, al poco, las circunstancias mismas de la película, nos saca), un par de sustos eficaces (porque funcionan) y alguna cara generada en C.G.I que también funciona. Claro, que todo lo referente al maquillaje, chirría por los cuatro costados. Son tres los directores, así que, quizás, esos destellos de funcionalidad son legítimos de alguno de los tres… o puede que sean simple casualidad.
En definitiva y al margen de todo esto que yo digo: La película es muy mala. Y no, no es por culpa de la falta de presupuesto.