domingo, 24 de febrero de 2008

JUNO... NO

Procuro mantener mi mente abierta en cuanto a cine se refiere. Lo único que le exijo a una película es que me entretenga, da igual cómo. Mi intención es no limitarme a films de horror, de justicieros y blockbusters made in Hollywood. De vez en cuando veo cine de autor, pelis españolas y supuestas producciones "indies" (así, con comillas bien visibles). En ocasiones me llevo agradables sorpresas, e incluso puedo llegar a comprarme el dvd del título en cuestión (como "American Splendor", por ejemplo) pero por lo general la prepotencia y el tufillo intelectualoide de muchas de estas pelis terminan causándome ardores estomacales.
Siguiendo esta dinámica, hace poco me agencié una copia de "Juno", el "descubrimiento del año", el típico cuento de hadas del film "indie" (así, entre comillas) que es descubierto por las plateas más palomiteras, lanzada a los primeros puestos de la taquilla, nominada a varios Oscars y aclamada por la crítica. Y me puse a verla. Y la vi. Debo decir que, por inercia, me caen mal esta clase de productos arrogantes que miran por encima del hombro al espectador, y le dan los ingredientes justos para que -sobre todo los que suelen consumir lo que creen es "cine diferente"- se sienta más inteligente de lo que es (¿qué clase de ser humano es aquel que, para presumir de masa cerebral, necesita 90 minutos de ficción en una pantalla?). Luego, se les llena la boca para hablar de "buen cine", en contra posición a los "inferiores" productos comerciales y de género (claro, el cine "indie" no es nada comercial... que yo sepa, hay que pagar para verlo... bueno, yo no, jejeje). Y aplico esta teoría incluso a "American Splendor", a pesar de que me guste.
Pues bien, "Juno" es exactamente ESA clase de film. Para empezar, su protagonista es una irritante, estúpida, repelente y resabiada adolescente que se supone super-madura... aunque no tanto como para evitar echar un polvo sin tomar precauciones. Encima, el único personaje negativo de la función es un tipo al que le gustan las películas de terror (se habla de Dario Argento y Herschell Gordon Lewis, secuencia de "Wizard of gore" incluida) y hace gala de un pasado de punk-rocker. Su gran defecto es ser inmaduro únicamente por tener unas aficiones "poco cultas" y no vestir con corbata. Y es que "Juno" es una peli con mensaje, y este no es otro que: Madura, procrea y púdrete de asco, dejando lo divertido de la vida a los adolescentes. Para rematar la jugada, tiene un molesto tufillo feminista (obvio si tenemos en cuenta que el guión lo escribió una ex-stripper que, después de pasarse una temporada calentando pollas, ahora vive amargada). Detesto a las feministas, pero mucho más que me moralicen. Es como todas esas pútridas películas británicas en las que un gilipollas se pasa 90 minutos mirándose su ombligo de jodida clase obrera dándose lástima... dicen que quieren ver "gente real" en el cine, pues para eso que se suban al autobús y observen, y de paso, que este se los lleve lejos, muy muy lejos.
Cuando acabó, me puse "Resident Evil: Extinción" y os aseguro que, tras semejante tortura, fue un verdadero soplo de aire fresco.

jueves, 21 de febrero de 2008

JUSTICIEROS DE NUEVA ALCURNIA

Corren malos tiempos para los justicieros, o eso es lo que uno saca en conclusión tras ver los flojos resultados en taquilla de los dos ejemplos del subgénero más recientes que ha parido Hollywood, "La extraña que hay en ti" y "Death Sentence", esta última aún pendiente de estreno por estos lares. Es una pena, desde luego, y más para un fan de esa clase de películas como es el que firma, sin embargo, podemos consolarnos disfrutando de las dos producciones comentadas porque, y más en el caso de la segunda, se encargan de dejar el listón bastante arriba.
Me moría de ganas de ver "Death Sentence" desde que supe de su existencia. El director de "Saw" y de la más que disfrutable "Dead Silence", dando órdenes a un actor por el que siento especial afecto, Kevin Bacon. Pero antes, tocaba ver el título que la precedió, en el que nada menos que Jodie Foster se encarga de emular a Charles Bronson en sus correrías nocturnas, y todo ello orquestado por un cineasta al que jamás te esperarías tras un film de semejante temática, Neil Jordan.
Curiosamente, "La extraña que hay en ti" está mucho más cercana al espíritu Bronsiano y, específicamente, a "El justiciero de la ciudad" (la primera) que "Death Sentence". Mientras esta segunda gira en torno a la batalla sin cuartel entre la víctima y los asesinos de su imprescindible ser querido, en "La extraña...", aunque también figura ese motivador (obligado en el subgénero), el abanico se amplía. Como "Paul Kersey" en "Death Wish", Jodie Foster acribilla a maleantes anónimos que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino. De hecho, el film hace gala de una secuencia de ajusticiamiento en el metro absolutamente idéntica a otra de la peli madre y que, a su vez, se inspira en el hecho real que dio pie a la novela, su posterior adaptación a la gran pantalla y al desarrollo, crecimiento, degeneración y asentamiento de un tipo de cine generalmente muy criticado y denostado por aquellos sopla pollas que van de progres y no hacen otra cosa que mirarse al ombligo sin entender nada de nada. Ni siquiera, a estas alturas, "La extraña que hay en ti" se libró de las predecibles acusaciones de fascistoide, a pesar de que Jordan y la prota se esfuerzan en no caer en el terreno propio del "exploitation" y adornar su propuesta con más profundidad y humanidad de la que uno podría esperar ante semejante empresa (eso hizo que, por otro lado, les llovieran críticas de hipocresía, y se citaban como mucho más honestas en su planteamiento las desventuras del Bronson más macarra). Irónicamente, la peli que más prestigio se supone que tiene, o debe tener, por el caché de sus responsables, es la más radical y extrema en su planteamiento ideológico.
Por su lado, "Death Sentence", se muestra como un vibrante thriller, oscuro, tenso, violento y estupendísimo, que merecía mucha más suerte a la hora de acumular billetes verdes. Es la mejor peli de James Wan, y el amigo Bacon está soberbio en su descenso a la locura y desesperación. Sus reacciones ante los primeros actos violentos que acomete son mucho más creíbles y realistas que los de la Foster. Como decía, "Death Sentence", argumentalmente delimita la acción a unos personajes específicos, la banda que asesina al hijo de Bacon y éste, un buen padre aburguesado que, poco a poco, se va transformando en una máquina de matar nihilista y a la que no le importa otra cosa que la venganza. Digamos que arranca como "El justiciero de la ciudad" y lentamente va mutando a un "Taxi Driver", hasta el clímax final, muy deudor del de la peli de Martin Scorsese, sobre todo en su gráfica (muy gráfica) y arrebatadora ultra-violencia.
La "ideología del vigilante" queda más velada que en "La extraña que hay en ti" en el momento en el que Bacon no decide acabar con la chusma de las calles, si no que se centra única y exclusivamente en aquellos que le han agredido a él y su familia. Es, en esencia, una cinta de acción, aunque con un contundente baño dramático.
Un detalle que, extrañamente, parece haber pasado inadvertido a la mayoría de críticos y cronistas (sobre todo Españoles, cómo no), es que "Death Sentence" está basada en una novela de Brian Garfield, es decir, el autor de "Death Wish", el libro que lo empezó todo. El mismo Garfield, nada contento con la adaptación que de su novela había hecho Michael Winner exaltando la violencia y el juego de la venganza como algo "bueno", decidió escribir su propia secuela a "Death Wish" con una intención muy clara: Demostrar que el papel del justiciero no tiene nada de heroico. Naturalmente, en pleno apogeo del Bronson más carnicero, nadie quiso llevar esa segunda epopeya a la pantalla conscientes de que estaban ante un planteamiento más negativo de lo habitual en el tipo de películas que, por entonces, reinaban en la taquilla. Quizás todo eso explique por qué, a pesar de su baño de sangre y de ese Kevin Bacon transformado los últimos 25 minutos en un especie de "Punisher", en esencia "Death Sentence" no hace un retrato favorable de la imagen del vigilante. El film nos muestra que la violencia solo lleva a más violencia, y que actuando de la manera que lo hace el protagonista de la función, únicamente lograremos agrandar la herida y convertirnos en exactamente aquello contra lo que luchamos. No por nada, Garfield tuvo muy buenas palabras con respecto a la peli.
Resumiendo, que “Death Sentence” está de puta madre.

jueves, 14 de febrero de 2008

EL ENIGMA SINCLAIR



Pero, ¿qué es lo que hace tan único al puñetero Tony Sincalir como para justificar todo este absurdo misterio?, pues su absoluta dedicación al rodaje, casi de forma compulsiva, en formato vídeo y bajo la estampa de su sello "Sinclair Blue Productions", de películas con el fetichismo plumífero como excusa, a base de parodiar clásicos antiguos y modernos del cine de terror. Me explico.
En los USA existe mercado para todo, por estrambótico que resulte. El fetichismo de las plumas (hacer cosquillas a guapas damiselas en cueros) es una de ellas. Pero mientras la mayoría de realizaciones de esta clase de cintas (perfectamente disponibles para su venta en las últimas páginas de la revista "Draculina") se limitaban a seguir unos parámetros estéticamente propios del más anodino y aburrido porno (¿y que porno no es anodino y aburrido?) Tony Sinclair lanzaba títulos como "Count Tickula", "Dr.Ticklestein", "Son of Ticklestein", "Alice in tickleland", "Featherface", "the tickling bandit", "Dr.Tickle and Mr.Tied" y "Tickling Dick", en los que hiper-cutres versiones de Drácula, Frankenstein, Jekyll Y Hyde, Leatherface, El fantasma de la Opera o Dick Tracy se dedicaban a machacar a mozas a base de plumazos.
Todas estas pelis tenían en común costrosos decorados y daban la impresión de haberse grabado en el garaje del mismo Señor Director. Sin embargo, no solo de plumas vivía Sinclair, que intentó probar otros campos dentro del horror zetoso. Tal atrevimiento dio como fruto "Dr.Cripley" (supuestamente basada en hechos reales y que recupera, a lo mísero, la estética de Hammer Films) y "Can-O-Balls", una historia de canibalismo hospitalario -dicen que basada en un relato de Poe- promocionada a base de fotos de tías siliconadas sujetando sierras mecánicas pero que, por lo visto, no llegó a terminarse. La siguiente apuesta del "auteur", "Styx", ni tan siquiera superó la fase de proyecto.
Y después de ese año y pico de actividad frenética, Tony Sinclair desapareció sin dejar rastro. Seguramente hoy día se dedique al porno standard con otro nombre, o esté felizmente casado y pase su tiempo en algún negocio respetable, sea como sea, para el recuerdo quedan todas esas pelis extrañas y la mera existencia de un individuo que sin demasiada dificultad podría ganar la medalla al cineasta más marciano de la historia... hasta que aparezca otro, ¿quién osa?.
Por si a alguien le interesa, Aratz buscó, encontró, vio y reseñó algunas obras de Tony Sinclair (y luego me las pasó a mi), si quieren, AQUÍ pueden leer su opinión (que comparto absolutamente).
Y a continuación, una muestra del trabajo del Sr.Sinclair.




El malvado COUNT TICKULA torturando a una víctima.



El no menos malvado DR.TICKLESTEIN haciendo lo mismo.


Este es mi favorito. FEATHERFACE y su sierra
mecánica de plumas....


TICKLING DICK tortura a una sospechosa.


ALICE IN TICKLELAND. ¡Que le corten la pluma!.


Notoria imagen publicitaria de CAN-O-BALLS.


El rodaje de la versión plumífera que Sinclair
efectuó de El fantasma de la Ópera.

miércoles, 13 de febrero de 2008

FEEDERS

Hace unas cuantas reseñas atrás, hablábamos de "Splatter Farm", el primer largometraje de los reyes de las SOV (shoot on video), pelis de género rodadas en formato magnetoscópico y con más bien poco dinero, John y Mark Polonia. En esta ocasión volvemos a encontrarnos con ellos, aunque el motivo sea dedicar unas líneas a otro de sus inventos, en este caso aquel que les hizo realmente populares (o anti populares) entre la platea de bobalicones aficionados al horror y aledaños, "Feeders".
Pero no sería justo adjudicar todo el mérito a Mark y John Polonia, ya que en esta ocasión otro individuo les acompañaba, y menudo es. A lo largo de su inquieta carrera artística, Jon McBride ha ejercido de director de cine chungo (suya es "Cannibal Campout", uno de los títulos más emblemáticos -y gore- de las SOV. Le seguiría otra, "Woodchipper Massacre", que resultó ser una decepción dada su preferencia por la comedia negra en lugar de la truculencia excesiva), de realizador publicitario y video-clipero, actor (y no solo en productos caseros, también ha interpretado papelitos en sitcoms televisivos, e infra-papelitos en pelis del calibre de "Perseguido"), músico (en la red rondan un par de clips en los que sale canturreando, la mar de graciosos) y escritor (por lo que sé, está trabajando en una novela de terror). Un tipo interesante. Llegado el momento, se asocia con los Polonios y comparte la culpa de varios títulos, entre ellos este "Feeders".
Un par de lerdos (McBride y John Polonia, este segundo con unas pintas de "nerd" fabulosas) van de excursión, justo en el momento que unos marcianos deciden invadir la tierra. Ajenos a los crímenes que las pequeñas criaturas (un par de muñecotes bastante estáticos) cometen por el lugar, la pareja hace fotos y da largos e interminables paseos mientras una música realmente taladrante se repite una y otra vez. Finalmente, comienzan a ser conscientes de lo que ocurre y, a partir de entonces, se convierten en el blanco de interés de los puñeteros invasores.
"Feeders" se hizo especialmente famosa en su época gracias a que la cadena de video-clubs "Blockbuster" decidió adquirirla e incluirla en su catálogo, distribuyéndola por todo USA. Naturalmente, y como es de ley en la naturaleza humana, ello no provocó más que ataques de rabia y pura envidia por parte del 85% del fandom que, desde ese momento, no cesa de meter puyas a los Polonia. En fin, más de lo mismo.
El caso es que "Feeders" es una peli realmente curiosa. Un producto 100X100 amateur que, sorprendentemente, se aleja del clásico horror ultra-gore para adentrarse en la arena del thriller de ciencia ficción con unas dosis de sangre bastante normalitas, propias de cualquier serie B standard (y de tetas, ni hablar). Los efectos especiales digitales son de lo más rudimentario, destacando especialmente algunos trucos típicos de mesa de edición que sus responsables no se cortan un pelo en airear. Es especialmente gracioso el momento en el que McBride recorre una supuesta ciudad abandonada (su barrio a las seis de la mañana, algo que canta mucho) mientras ve como los extraterrestres destruyen edificios (imágenes de demoliciones sacadas de algún documental en las que el raccord lumínico queda bastante roto... incluso machacado).
Es evidente que los protagonistas son así mismo los realizadores, ya que su presencia ocupa la mayor parte del metraje. Y no digo que sea por una cuestión de ego, sino de pura necesidad. El tercero en discordia, Mark, se reserva las tareas tras la cámara... salvo para interpretar al supuesto doble clonado de John... ya saben, hay que sacarle partido a todo, incluso al hecho de ser gemelos.
Me cae bien este trío creativo. De entrada se apartan bastante del típico realizador de ultra-gore videográfico, sus obras son un pelín más serias que la media (y eso que a McBride le chifla la comedia, algo obvio viendo sus trabajos en solitario) y transpiran ese entusiasmo ingenuo que tanto se echa en falta hoy día. Tienen talento, pero tampoco se obsesionan en demostrarlo, se nota que lo pasan bien, y eso es lo primero. Otro aspecto a admirar y respetar es su constancia; a pesar de las inevitables críticas salvajes de rastreros y demás entes infrahumanas, ellos han seguido a lo suyo, grabando en vídeo (y 16mm recientemente) sus epopeyas terroríficas anodinas y casi minimalistas, y han visto cómo compañías varias se las editaban en video y/o dvd. ¿Cuantos querrían?.
Aviso a los impacientes: Al final de "Feeders" va un trailer de otra de las joyas del tandem Polonia/McBride, "Terror House", y la verdad es que pinta deliciosa.
Ah!, hubo un "Feeders 2: Slay Bells" que incrementaba aún más el aspecto casero de la empresa. Si algún día la veo, no duden en que se lo haré saber a través de este blog.

lunes, 11 de febrero de 2008

MONSTRUOSO (CLOVERFIELD)

Tenía que elegir, o "John Rambo" (que ya caerá) o "Monstruoso". Por motivos que no le interesan a nadie, era imposible ver las dos, así que a la hora del veredicto, lo tenía claro: Siempre he sido un fan del cine catastrofista, desde muy pequeñajo, y ahora que con las invenciones computerizadas les sale tan bien, más. Soy de los que opinan que esa clase de películas hay que verlas en pantalla grande, así su impacto grandilocuente es aun mayor (eso incluye el sonido a toda castaña), lo que es un problema porque, cada día que pasa, menos me gusta ir al cine (por culpa del personal con el que me veo obligado a compartir butacas, "seres humanos" a los que alguien debería dar urgentemente una severa lección de mínima educación... sobre todo si tienen entre 15 y 20 años... o mejor, a esos directamente que no les dejen ni entrar). Para ver "Monstruoso" no bastaba con pagar una entrada a cualquier sesión de cualquier día, no, tenía que planificarlo al detalle. Pronto lo vi claro, Lunes, 16:15 de la tarde, en una multisala a diez minutos de mi casa. ¡Chapeau!. De este modo, he podido gozar de la peli con la única y silenciosa compañía de un par de jubilados -que ni siquiera iban juntos-, así que no hay queja al respecto.
Sé de "Monstruoso" desde que flipé con aquel mítico avance en el youtube. Durante semanas estuve intentando descubrir de que cojones se trataba. Daba igual, fuese lo que fuese, tenía claro que iría a verlo en pantalla grande. Esa es una ley que me impongo con el subgénero en cuestión, al igual que hago con toda cinta de "James Bond" que se estrene, y hacía con todo producto made in Clint Eastwood (hasta que vi "Space Cowboys" y decidí romperla). En este caso, me habían hablado muy mal del film de marras, algo bastante habitual en estos tiempos, por eso me dije "Seguramente me gustará". Y así ha sido, no me ha gustado, me ha encantado.
Obviamente la mejor baza de "Monstruoso" son sus secuencias de destrucción o de suspense (las del túnel del metro mismo). En concreto, aquellas en las que la criatura hace acto de presencia, creando el caos y la histeria colectiva, son ACOJONANTES, de un realismo atroz que corta la respiración. Con "La guerra de los mundos" de Spielberg tuve escalofríos con la primera aparición de una nave alienígena... bien, en "Monstruoso" he sufrido esa misma sensación cada vez que el bicho salía rugiendo y arrasando. ¿Cómo coño lo han hecho para mostrar con esa credibilidad un Manhattan derruido?, tremendo.
Ya sé por qué la peli se lleva tantos palos por parte de la audiencia, porque no es un juego complaciente con ella. Como dijo un amigo mío: "Está contada a través de una cámara de vídeo, y es consecuente con eso". Es decir, traqueteos mil, imágenes confusas, y un monstruo que, hasta los últimos 5 minutos, se ve y no se ve (aunque al final le dediquen un puto primer plano!!!, ¿como pues hay quien dice que es casi invisible a lo largo del metraje?). Así es como ha de ser, así es como es. Aplaudo la osadía de los realizadores. A pesar de todo, aunque lo hubiesen hecho al gusto del poco respetable público, este también hubiese tenido quejas. Puto cinismo postmoderno.
Me parece brillante la idea de hacer una peli de monstruos gigantes machacando urbes de modo realista y creíble (el diseño de la criatura es acojonante. No creo que cante su condición de CGI más de lo normal que hoy día canta cualquier cosa orgánica diseñada con un ordenador), y me parece brillante la idea de narrarlo a través de una video-cámara, desde el punto de vista de las víctimas. Ah!, también está genial eso de que los parásitos que acompañan al monstruo den tanto la murga.
Cuando digo que esta clase de cine hay que verlo en pantalla grande, también añado que, en general, todo el cine hay que verlo con un mínimo de calidad. Y no, no critico esas deliciosas y cochambrosas copias en vhs de los 80, sino a esto que se ha puesto de moda ahora y que consiste en grabar con una video cámara el último estreno del momento apuntando hacia la pantalla blanca. Eso es horrible. No tengo nada en contra de la piratería (que es como el porno, todo el mundo conoce a alguien que la consume, pero ellos no... ¡anda ya!), pero sí de ver el cine en esas condiciones, y más cuando hablamos de grandes superproducciones mainstream llenas de espectáculo visual. Eso NO es ver una peli... la opinión de todos aquellos que rajaban en su momento de "La guerra de los mundos" de Spielberg me la pasaba por el forro de los cojones si, luego, confesaban haber visto la copia que vendía un tipo en las Ramblas de Barcelona y que consistía, justamente, en una poca lustrosa refilmación. Y el que me hable mal de "Monstruoso" teniendo en cuenta esas mismas circunstancias, será igual de gilipollas (o más). Es como leer un libro con las letras borrosas. O lo lees, o no. El cine no es solo deglutir un montón de imágenes y "me da igual todo", algo muy común en estos tiempos que corren tan acelerados del "dame, dame, trago, trago". En el cine se juega con las emociones a través de la fotografía, del sonido, de muchos elementos que una grabación en una sala echa a perder. Para juzgar un film no solo hay que verlo, hay que vivirlo, y solo se vive si lo has visto en unas condiciones óptimas mínimas (y más si es algo visualmente tan "poco cómodo" como "Monstruoso", aunque a mi parecer es esa dificultad lo que incrementa la sensación de caos y, por tanto, terror).
Ya sé cual es el próximo dvd que me pienso comprar.

domingo, 10 de febrero de 2008

GEORGE THOROGOOD: MALO HASTA EL HUESO

La primera vez que tuve conciencia de su existencia fue a los 5 minutos, o menos, de arrancar el "Christine" de John Carpenter. Pocos años después, volví a encontrarme con el durante la proyección de "Terminator 2". No hablo de una persona... hablo de una canción, aunque detrás de cada canción hay siempre, como mínimo, una persona. Concretamente me estoy refiriendo a "Bad to the bone", el tema más famoso de George Thorogood y su banda The Destroyers. Puede que de entrada no sepas de cual hablo, pero con tan solo escuchar el primer acorde, seguro que la reconoces, ya que además de las pelis citadas, aparece en otras tantas y fue un bombazo en su época, en especial en USA y en especial gracias a la constante emisión que de ella hacían en la irritante MTV.
Me encantaba semejante muestra de blues-rock tan macarra y pegadizo, con esos guitarreos abrasadores y esa voz cazallosa que canturreaba aquello de "Malo hasta el hueso", pero nunca me planteé pararme en serio a buscar.

Es probable que fuese toqueteando cd´s en la famosa y ya desaparecida "Virgin Megastore" de la Ciudad Condal cuando me paré en la G (gracias a los créditos finales de los films citados conocía el nombre del responsable) y observé detenidamente. Lo que entonces más me llamó la atención era que la portada del lp "Haircut" la firmaba Peter Bagge, un dibujante por el que siento bastante simpatía, y cuyo estilo considero revolucionario. Tal asociación no podía ser mala. Luego me enteré de que el responsable de colorear la ilustración (que no Bagge) no quiso firmarla por vergüenza, y es que por lo visto Thorogood no cae demasiado bien, sobre todo al sector más conservador del blues dada su afición a mezclarlo con guitarreo de lo más chulesco olvidando, o no, las raíces del "género" para adornarlas con un espectáculo pirotécnico más propio de bandas jevillarras o moteros de escaparate que lo aleja de élites varias y lo aproxima al “populacho”. Sin ir más lejos, el caballero tiene el honor de ser crudamente parodiado en "Ghost World", cuando hace acto de presencia una banda cutre-macarra de blues garrulo ("Blueshammer") cortesía de su realizador, Terry Zwigoff, uno de esos ultra-conservadores de los que hablaba, y prototipo del enemigo jurado de Thorogood y los suyos.
Finalmente, y después de un tiempo dudando, adquirí un cd doble con lo mejor del músico. Obviamente la genial "Bad to the bone" era uno de los títulos disponibles, así como una generosa ralea de partituras igual de cañeras, dinámicas, agresivas y rockanroleras que, aún ahora, escucho de vez en cuando.
Me gusta George Thorogood. No niego que durante un tiempo casi lo escondía, creía sinceramente que se trataba de una banda AOR de esas que suenan edulcoradas y artificiosas. Pero es que la música de Jorge y los destructores puede sonar a todo, menos a edulcorada y artificiosa. Adoro sus excesos guitarreros, esos solos eternos que no acaban nunca, y me encanta que Thorogood sea tan super-yankee, un ex-jugador de beisbol que colecciona guitarras, fuma puros y, como dijo en una ocasión en la biblia del rock auténtico (o de eso se jactan en "Ruta 66"), prefiere versionear sus temas favoritos que escribir material original. El tipo es honesto.

sábado, 9 de febrero de 2008

¿MUY OCHENTERO?

El día que me propuse poner en marcha este blog, me impuse como norma evitar hablar a fondo de todo aquel producto de consumo (y entretenimiento) que me pareciera una basura. ¿Por qué?, pues porque en internet ya hay suficiente mal rollo, crítica mal intencionada y, digámoslo claramente, envidia rabiosa como para que ahora venga yo y siga alimentando todos esos sentimientos tan negativos. Sin embargo, hay veces en las que el palo que uno recibe es tan intenso que no puede evitar esputar un poco. Permítanme que lo haga, aunque sea únicamente para abrazar otro tema que nos viene de refilón.
El atesorador de cine terrorífico, pero sobre todo, el aficionado a la serie B y Z, es alguien hecho de una pasta especial. Hay que tener unas tragaderas de órdago, y un estómago a prueba de bombas. Y no lo digo porque si, llevo lustros en esto de la caza de cine chungo. De los inolvidables paseos por la ciudad en busca de video-clubs, he pasado a los video-cajeros e internet. Los tiempos cambian, las técnicas de búsqueda pueden carecer de encanto, ¿para qué negarlo?, pero la costumbre no se pierde y el fin es el mismo: Mantener en positivo una fe que ya querrían muchos católicos a la hora de alquilar "cosas raras" sin saber con que cojones te vas a encontrar cuando llegues a casa. Y a pesar de las miles y millones de basuras que me he zampado, aún hoy me ofendo y me cabreo cuando malgasto 90 minutos de mi tiempo en algo que me desagrada (pero volveré a hacerlo, pueden apostar por ello).
Mi último disgusto se titula "Hellbreeder", una auténtica basura horrible sin nombre ni vergüenza sobre la que no profundizaré más de lo que acabo de hacer. Sin embargo, sí comentaré cómo en la cubierta del dvd en cuestión, se garantizaba que el producto contenido era un film "al estilo del terror de los 80". A ver, que uno no es tonto, la veteranía es un grado y sé que nunca debo creerme nada (empezando por la carátula), pero no niego que tal afirmación llamó mi atención, "¿Será verdad?" me dije, consciente de que los 80 vuelven a estar de moda, específicamente cuando hablamos de cine de género (el otro, el serio, se apoya en los 70, y los auteurs, aunque se rían de Hollywood, cometen el mismo "error" que un crítico sesudo puede achacarle a las producciones de consumo rápido. Vale, el terror moderno aún a estas alturas sigue copiando de Romero, Carpenter, Argento o Craven... pero es que los auteurs hacen tres cuartos de lo mismo con Dreyer, Bresson, Godard o Renoir... así que no me vengan con monsergas).
Obviamente, y previsible como suena, "Hellbreeder" no tiene nada de ochentera. Tampoco lo tuvo el remake de "Terror en Amityville" cuando un conocido así me lo garantizó por sms el día del estreno (¿un remake ochentero de una peli setentera?). "Alta Tensión", y la versión de "Las colinas tienen ojos" según Aja, los "Hostel", "La tierra de los muertos vivientes", "Transformers", el regreso de "John McClane", el de "Rocky Balboa" y, sobre todo, "John Rambo" se mueven en la supuesta tendencia estética y narrativa que imperaba en los 70 y, sobre todo, los 80. Pero una cosa es que se inspiren en esas décadas con resultados agradables, teniendo en cuenta como está el panorama (es decir, en el país de los tuertos...), y la otra es que lo logren y, sobre todo, lo igualen. Mola decir "es muy ochentera" a pesar de que el término está ya sobre explotado y cualquier cosa que no sea demasiado "de los 90 o el 2000 y pico" es tildada de ello, pero que nadie se lleve a engaño, los 80 fueron los 80, y punto. No volverán, no son, ni serán.
Los que vivimos ese cine en directo, acudiendo a las salas para ver "Rambo" (es decir, "Acorralado, 2ª parte"), "Desaparecido en combate 1, 2 y 3", "Exterminador 1 y 2", "El guerrero americano", las desventuras de Charles Bronson en las oficinas de la "Cannon", las producciones sobre el breakdance, las comedias adolescentes ("Los Rompecocos" misma) y sobre todo toooodos los títulos de terror y aledaños producido en ese momento (que son muchísimos, los conocéis de sobras y no los voy a citar), sabemos que, por mucho que intenten recrear aquello, NO lo están consiguiendo. Somos privilegiados, como lo fueron los que vieron los grandes títulos de los 70 en salas, y así podríamos seguir hacia atrás, 60, 50.....
Afrontémoslo, la gracia del cine ochentero es que se hizo en los 80, y allí pertenece, la sociedad no es la misma, la mentalidad es distinta, y el modo en que aquello se creó y afectó a nuestras mentes pertenece a un tiempo específico. Al supuesto cine ochentero actual se atribuyen muchas cualidades estético-narrativas que en realidad no pertenecen al original de la época. Vamos, que hemos perdido el norte... aunque si la gente vive más feliz respaldada en una mentira, ¿para que voy a ser yo el que los despierte?.
Por cierto, me encanta el "Casino Royale" con Daniel Craig... probablemente porque es un Bond muy del siglo XXI.

jueves, 7 de febrero de 2008

¡CORTEN!

La pasada noche me propuse hacer algo diferente, ver una película distinta de lo habitual y de tirón extraño, cosa que a inicios de los 90 era lo normal en mi dieta cinéfaga. Hablo de "Tales from the gimli hospital", del reputado autor arty Guy Maddin. Si la elegí fue porque, de toda su filmografía, esa era la que más parecía acercarse a mis intereses. Sin embargo, después de 40 minutos y de entrada cierta simpatía por su aspecto más inquietante (y amateur), tuve que quitarla porque no podía con ella. Igual que le dije a un amigo, ya no tengo el coño para esa clase de cine... me he estandarizado del todo, ¡y me alegro!. El caso es que, decepcionado, busqué entre mis dvd´s un sustituto, y me encontré de bruces con "¡Corten! ("Hack!" en v.o.), film del que únicamente conocía su pertenencia a mi género favorito. Me puse a verla, no sin cierta pereza, y cual fue mi sorpresa al descubrir que me encontraba ante a un jodido slasher. El subidón de adrenalina y la sensación de alegría confirmaron que mi predisposición por esta clase de productos de puro entretenimiento no es forzada, es ASÍ, es natural, es genuina y... es cojonuda.
A ver, que la peli es una mierdecilla, rutina pura, relativo aburrimiento (eso si, menos que la del Sr.Maddin)... pero si he decidido hablar de ella es porque, aparte del buen rollito, estamos ante la que es, seguramente, la peli de terror más auto referencial de cuantas se han hecho, aspecto este muy explotado en los 90 (¡hola "Scream"!) y que parecía ya enterrado. Pues no.
Un grupo de estudiantes universitarios súper-estereotipados (aunque esto, al final, cobra cierto sentido) pasan el finde en una isla, en compañía de una pareja de bohemios, con el fin de hacer prácticas de biología. Obviamente, las cosas se tuercen cuando un psycho-killer aparece para cepillárselos a todos. Hasta aquí, nada especial, lo divertido del caso es que la panda de cretinos protas se pasa media peli hablando de cine (sobre todo de terror, y no se salva nadie, desde "Psicosis" a Rob Zombie), hay personajes que responden a nombres como Argento, King o, directamente, Mary Shelley y al criminal loco le mola recrear material de films clásicos (atención: se disfraza de Leatherface, de payaso, de la niña de "The Ring", imita una secuencia de "El Resplandor", usa pirañas para deshacerse de los cadáveres, y al final, en el inevitable reguero de víctimas colocadas en riguroso orden, gusta de copiar momentos extraídos de "Hellraiser", "13 Fantasmas", "Los Pájaros" o "Saw"). Incluso el director (Matt Flynn) pierde los papeles y convierte esto del rollo referencial en parte de su propia agenda, recreando planos de películas como "Atracción Fatal" o derivados.
A lo largo de la proyección, nos cruzaremos con algunos rostros semi-populares de la gran pantalla, tales como Kane Hodder (en un significativo cameo), Burt Young (el Poly de la saga "Rocky" y al que hemos podido ver en otros films de horror como "Amityville 2" o "Playa Sangrienta"), los ojos saltones de Juliet Landau y los piños separados de William Forshyte.
Total, que la cosa dentro de lo que cabe se aguanta bien, tiene sus dosis de gore (¡sierra mecánica y todo!) y un humor bastante patético, salvo cuando entra en el dichoso juego de las referencias. Para que os hagáis una idea, ahí va uno de los momentos que más me ha hecho reír: Entra en escena un personaje con buenas intenciones. La chica prisionera le pregunta: "¿Quién eres?". El tipo responde: "Soy Willie!" y la moza añade: "Libéranos, Willie". ¿Lo pillan?, pues eso.

domingo, 3 de febrero de 2008

SOBRE "GORE GAZETTE"

Si hay un fanzine que daría una pierna por tener/leer, y que ha sido una influencia en mi extensa "carrera" como faneditor, ese es "Gore Gazette". Sin embargo, así como en los estantes del que suscribe reposa una sabrosa recopilación de otra publicación muy "reputada" dedicada al cine chungo, "The Sleazoid Express", nadie ha osado tirar adelante nada parecido con "Gore Gazzette" (o "GG" para los amigos), y es por ese motivo que jamás en mi vida he podido degustar ni el mas mínimo detalle de tan magna muestra de prensa "underground". Entonces, ¿de donde viene dicha influencia?... hummm, podría decirse que se trataba de algo espiritual.
De mientras, y a la espera que el supuesto tomo recopilatorio se materialice, en internet puede encontrarse bastante información sobre GG, y lo triste es que hace a penas un año resultaba imposible.
Precisamente, Rick Sullivan decidió parir la revistilla de marras cuando consideró que su lectura favorita, la mentada "Sleazoid Express", se había vendido. La prueba incriminatoria, según el caballero, consiste en que Bill Landis (editor de "Sleazoid Express") firmó una critica mala de "El día de la madre", considerada por Sullivan como una de las mejores pelis gore (y comedias) de los 80. Decidido a ocupar el puesto de su fanzine favorito, Rick comenzó a editar "Gore Gazette" usando para ello la fotocopiadora de su curro (hasta que lo pillaron), una máquina de escribir y la maravillosa técnica del recorta y pega.
Desde el primer momento tuvo muy claro cual iba a ser el contenido de la criatura: reseñas y mas reseñas de cine popular, ya no solo grasientas trash movies de horror, así mismo cine de grandes estudios y presupuestos pero dedicado, esencialmente, a entretener al personal a base de acción y violencia. Los comentarios, no demasiado extensos, estaban escritos de un modo muy coloquial, siempre con sentido del humor, irreverencia y, como afirmaba Sullivan en la editorial del primer ejemplar: "Sin tomarnos demasiado en serio" (y lejos del borreguismo universitario tan recurrente en algunas fan-publicaciones de este país).
Con la tontería "Gore Gazette" acumuló 110 números (por lo que tengo entendido, era a tamaño A4 y contaba con ocho paginas por ejemplar) y extendió sus garras a una serie de maratones de cine en el local "The Dive" (especializado en dar cancha a bandas punk-garajeras) que se harían enormemente populares. En ellas, Sullivan mezclaba toda suerte de películas (dentro de sus parámetros habituales, claro) y de vez en cuando se permitía el lujo de invitar a sus responsables (directores, actores...) para que respondieran a las preguntas de la no muy numerosa pero fiel audiencia. Aquí tenéis una muestra de los flyers que anunciaban dichos eventos. Ni que decir que gracias a estos saraos, el realizador superochero Nathan Schiff se hizo bastante famosillo, en especial gracias a su simpática peliculilla casera "The Long Island Cannibal Massacre".
Finalmente, y después de tanto ruido (y polémica, que a Rick Sullivan le molaba meter el dedo en la llaga de vez en cuando, llevándose acusaciones de racismo o misoginia), el hombre enterró el hacha de guerra y dijo adiós para no volver jamás.
Me consta que también tuvo algunos escarceos con el ámbito audiovisual (de hecho, se ha editado un dvd con parte de ellos y en youtube ronda un video en el que aparece defendiendo el cine gore en un cateto programa de TV) y que abrió un video-club especializado (o que al menos lo intentó), pero esa es otra historia.
Como era de esperar, y en estos años en los que la nostalgia se lleva tanto, "Gore Gazette" y su padre comienzan a ganar prestigio y admiración, y ya hay quien les rinde culto, les dedica extensos reportajes (muy recomendable, puedes echarle un vistazo aquí) y... les cita como influencia.
Ahí va un enlace para que podáis babear con las preciosas (si, ¡preciosas!) portadas de algunos de los ejemplares de "Gore Gazette". Que ustedes lo disfruten bien.