martes, 23 de julio de 2019

AVT PODCAST (118)




Nos gustó bastante el formato “Programa doble” del anterior programa, así que hemos decidido continuar de momento por estos derroteros. Así, el programa doble de hoy está dedicado a la figura del muy particular Paul Verhoeven, sin duda, el europeo que mejor supo hacer las américas. Entonces, por parte de Aratz nos tragamos “El hombre sin sombra” y por parte de Víctor una de la primera etapa holandesa, “Delicias holandesas".
Sin más, disfruten del programa doble, y disfruten de… ¡AVT PODCAST!


lunes, 22 de julio de 2019

STYLE WARS


Concebido para televisión, pero posteriormente estrenado en cines por el interés que suscitó la potencia del material que mostraba, “Style Wars” es otro de los pilares de la cultura Hip-Hop, esta vez en forma de documental, con el graffiti como plato fuerte (el rap y el breakin’ son tocados de pasada) por obra y gracia de un escultor neoyorquino asiduo a las galerías de arte, que cuando descubrió el mundo del graffiti quedó tan fascinado que le dedicó su vida a esta disciplina, casi, como obra única. Henry Chalfant, fotografió (junto a la otra mecenas del Hip-Hop, Martha Cooper) todas la obras primigenias del grafitti neoyorquino y, más adelante, sacó fotos a grafittis del todo el mundo, que luego plasmaría en sus dos libros “Subway Art” y “Spraycan Art”, que son imprescindibles para los familiarizados con la cultura del graffiti y, como no, para los ambientes esnobs de las galerías de arte —siempre he pensado que Chalfant y compañía, a pesar de lo beneficioso que fue su trabajo para el Hip-Hop,  no eran más que burguesitos que, con todo el respeto, eso sí, explotaron una cultura subterránea muy auténtica que les quedaba muy lejos, en pro de los ambientes elitistas—.
Entonces, produce Henry Chalfant y dirige Tony Silver, otro artista de ese entorno de galerías de arte, “Style Wars”, que en un principio se iba a centrar en el mundo del break dance hasta que Chalfant se dio cuenta de que lo que era visualmente interesante eran las pintadas,  retrata a los más importantes graffiteros de los 80 en su entorno natural, las rivalidades entre ellos, y un somero repaso a otras disciplinas afines, a través de declaraciones, entrevistas y filmaciones de piezas hoy míticas del graffiti neoyorquino.
Por otro lado, la comunidad Graffiti ha acogido en su seno como propia, la obra de Chalfant, dado que esas obras plasmadas en paredes y trenes, son lógicamente efímeras, y sobreviven gracias a las películas y fotografías de estos artistas de galería, que se preocuparon de documentar lo que unos chavalitos de barrio hacían sin ninguna expectativa artística o económica.
La película, filmada en 16 mm., al igual que otras de la época como “Wild Style” es una pequeña obra de arte cuya vigencia, en este 2019, es más rabiosa que nunca.
Al margen de lo que vemos en pantalla, la filmación es una odisea. Durante el rodaje, Tony Silver, se percató de que todos los artistas de Graffiti hablaban de un tal Cap (firma de este individuo) que se dedicaba a tachar las obras de los demás, poniendo su nombre encima en forma de pequeñas piezas color plata. Lo que hacía, básicamente, es joder las piezas de los demás con pintadas rápidas y feas, pero así se hizo un nombre. A Silver se le ocurrió que este individuo debería salir en el documental. Henry Chalfant, que se había hecho amigo de esos artistas de graffiti, se negó porque realmente, este individuo era el enemigo. Sin embargo le convenció para que apareciera porque, por lo que estaba haciendo, sería un documento histórico. Así que Chanfalt aceptó filmarle. En un principio Cap quería salir con un pasamontañas, cosa que el equipo de documentalistas aceptó, pero finalmente el tipo decidió echarle dos cojones y aparecer a cara descubierta. Toda su parte, a título personal, sobre un tipo con un mal estilo que destroza las obras más bonitas para hacerse un nombre, me parece lo mejor del documental. En consecuencia, los graffiteros se mosquearon con los cineastas porque, además de sentirse traicionados, aseveraron que lo único que habían hecho, era concederle a Cap la atención que andaba buscando. A día de hoy, se considera un documento histórico y de primera mano, pero sí, los cineastas hicieron la puñeta a sus amigos graffiteros
Por otro lado, Lee Quiñónez el protagonista de “Wild Style”, rechazó aparecer en esta “Style Wars”, quizás porque ya comenzó a notar que lo que se estaba haciendo era una explotación de sus cualidades artísticas.
Como sea, me parece un documental increíble que recomiendo encarecidamente a todos los neófitos, porque los hip-hoperos, ya saben que esto es una pequeña obra de arte.
Tanto Chalfant como Silver, posteriormente realizaron más documentales en torno al Hip-Hop, pero ninguno de ellos con la calidad, y relevancia histórica de estas primerizas obras cinematográficas.

sábado, 20 de julio de 2019

SESIÓN DOBLE: LA CAZA + FRIEDKIN UNCUT

LA CAZA : En una guardería, una niña le dice a la directora que el hombre adulto que diariamente anda por allá echando un cable le ha enseñado la polla. Además, bien tiesa. Desde buen principio el espectador sabe perfectamente que es falso. El acusado es un tío majo y no ha hecho nada reprochable. Pero eso no le basta a sus vecinos y amigos que, cegados por el odio y la ignorancia, comienzan a señalarle como pederasta y convierten su vida en un auténtico infierno.
Thomas Vinterberg, colega de Lars Von Trier que se apuntó en su momento a la tonterida esa del "Dogma", se marca un dramón cojonudo. Impactante. Duro y angustiante hasta el tuétano y perfectamente interpretado por todos los actores, desde la misma cría al protagonista, un estupendísimo Mads Mikkelsen.
Tenso e intenso, lo que más me mola de "La Caza" es el retrato conciso y sin medias tintas que hace de la sociedad, dispuesta a demostrar lo peor de sí misma cuando cunde el pánico y se sube ciegamente al carro de la estupidez más profunda. Sin hacerse preguntas y pisándose los unos a los otros.

FRIEDKIN UNCUT : William Friedkin dispone de una carrera irregular. No todo lo que ha dirigido hasta el día de hoy es la hostia en patinete (su cacareado documental sobre un exorcismo real es del todo olvidable), pero algunos de esos títulos sí lo son. Todos los conocemos. Es un tipo con mil historias apasionantes que contar, una buena dosis de materia gris y una lengua algo descontrolada que aporta puntuales momentos de hilaridad a lo largo de este excelente documental. Uno que repasa toda su carrera (aunque se salta todos aquellos títulos que Friedkin ya suele ignorar por considerarlos malos o meros encargos sin interés) y la ilustra con algunas visitas a festivales (entre ellos, Sitges, donde se cruza con Dario Argento y se demuestran descontrolado amor mutuo). A todo ello sumen el infinito catálogo de radicales opiniones que Friedkin tiene sobre el mundo del cine y los críticos. Es muy fácil sentirte identificado con lo que suelta, echarte una risa regocijante e incluso aplaudirle con pasión.
Altamente recomendable.

viernes, 19 de julio de 2019

PARCHÍS, EL DOCUMENTAL

Obviamente un documental como este, es esperado como agua de Mayo por todo aquél que fuera niño en los ochenta y hoy ronde una edad comprendida entre los 40 o 50 años, tan solo por el hecho de que se trata sobre un documental sobre Parchís.
Por otro lado, tenía constancia desde hace algún tiempo de que este documental se rodaba y  los palos que iba a tocar, por lo que me olí en su momento algo de sensacionalismo al respecto, motivo por el cual, generaba, por un lado, cierto interés, y por otro, cierta desconfianza.
No obstante, el trailer ya hacía calentar los motores con muy buena pinta, alentándonos de que lo que íbamos a ver podía estar muy bien, y tras el su estreno recientemente en Netflix y el hype generado por todo tipo de espectadores en las redes sociales, espectadores estos que, la mayoría de las veces, se han quedado a en la superficie de lo que en realidad es una historia muy compleja, no me podía imaginar que el documental al que me iba a enfrentar era tan jodidamente bueno, superando, con creces, mis expectativas. Es una obra de referencia desde ya,  no solo en lo concerniente a los documentales sobre el mundo de la música, sino de los documentales en general.
La estructura es la normal y lógica: cabezotes parlantes. Y se resuelve a través de entrevistas a  CASI TODOS los artífices del fenómeno Parchís (no falta ni Rodrigo Valdecantos, ni Javier Aguirre…) se nos cuenta la creación, auge, mega-auge, caída y descenso a los infiernos del grupo infantil más popular de todos los tiempos, pero todo ello mostrado con un ritmo y, creo, que un rigor a prueba de bombas. Un documental que cuando intuyes que se va a terminar, te da pena que se termine.
Entonces, la parte buena del asunto viene en todo lo que se puede suponer más amarillista. No es que “Parchís, el documental” tire de sensacionalismo y cotilleo barato. En absoluto. Lo que pasa es que es un documental que se centra en acontecimientos de hace ya casi cuarenta años, y todos los protagonistas hacen un ejercicio de honestidad y cuentan lo bueno, lo malo y lo regular de lo que supuso el fenómeno Parchís.
Las conclusiones que saco acerca de su visionado son que Parchís era la máquina de hacer dinero de una serie de mafiosos con muy mala leche, que cuando hay dinero a nadie le importa el bien estar de unos niños, mucho menos (o principalmente) a sus padres que les echan a los leones de la misma siniestra y egoista manera que los padres de las víctimas infantiles de Michael Jackson hicieron de mamporreros para él. Y estos actos se justifican con esa sentencia tan manida de que “los niños estaban a gusto”.  Sin embargo, creo que las secuelas de esta fama desmedida, que no se ha cobrado ninguna tragedia, como bien dicen al final del documental, si que ha dejado ciertas secuelas en sus componentes, que gestionan con peor o mayor suerte. Por ejemplo, David, hacia el final del documental, cuenta al resto de sus compañeros que cuando se fue a vivir a Nueva York hace ocho años, no podía imaginarse que en su propio trabajo, una compañera le iba a reconocer y que todo el mundo le iba a felicitar por su paso por el grupo. Sinceramente, creo que este caballero está fantaseando con lo que a él le hubiera gustado que hubiera sucedido. Puede que sea cierto lo que cuenta, pero por cómo lo cuenta, y por el mero hecho de que es el único miembro de Parchís al que más ha transformado el paso del tiempo —es de todos los componentes el que menos se parece al niño que fue— hacen que, desconfiado como soy, no me lo crea, y considere que lo que pasa ahí es que, igual, no lleva demasiado bien el hecho de pasar de ser todo a no ser nada. Sólo digo que pueda ser posible.
Por lo demás, a todo lo que ya conocemos, y sin llegar a ser una cosa del todo  sensacionalista y desmesurada, a la historia de Parchís súmenle desmadre, alcohol, drogas, sexo a destiempo, pederastia, frustraciones, envidias, corrupción por parte de los empresarios, discusiones con los coreógrafos y señoras adultas a las que se follaba Tino en la pubertad. Pero como lo estoy contando yo, si es sensacionalista…
Altamente recomendable, como documento histórico y como documental. Al finalizar, hasta he aplaudido.
Dirige con maestría Daniel Arasanz con amplia experiencia en el mundo del documental sobre música, y que ya era popular por un documental que, paradójicamente, y pese al contraste de envolturas de ambos, era más amable que este: “Venid a las cloacas: La historia de La Banda Trapera del Río”.

miércoles, 17 de julio de 2019

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - "LOS REVIENTAFANTASMAS"

Hace ya tres largos años que publiqué en este blog una serie de recortes y páginas escaneadas de algunos números de la revista "Fotogramas", concretamente aquellos situados en "la buena época". O, pal caso, los años ochenta. Ya entonces anuncié que algún día habría una segunda tanda. Sin embargo, por avatares del destino, esta se ha hecho esperar. ¡Pero ya está aquí! Y viene con sorpresa, porque no me voy a limitar a meter toooodos los recortes juntos en una entrada. No way!. Los voy a serializar, con la excusa de que algunos de ellos comparten temática. Y así duran más. 
De esta manera, arrancamos con el material que "Fotogramas" publicó en su día en relación al clásico de la comedia yanqui "Los Cazafantasmas". Muy entrañable todo.
Y sí, anuncio que habrán más entradas como esta. Y no solo dedicadas a la revista number one de cine de este país de pardillos -por eso es la number one, justamente-, también a alguna que otra. Pero eso será más adelante, de momento, gocen de lo que sigue...


"Revientafantasmas" era el modo en que "Fotogrumos" osaba rebautizar a aquella nueva y misteriosa comedia que lo estaba petando en USA. ¡¡Rediós!! ¿qué era aquello? ¿tardaría mucho en estrenarse por estos lares? ¡Qué emoción, qué ansiedad! ¿serían respondidas mis plegarias?... sí... y no tendría que esperar demasiado. Ustedes tampoco.


Pues no, no fui capaz de asociar esta imagen icónica a aquel "Revientafantasmas" sobre el que había leído en "Fotogrumos" unos meses antes. Así que cuando me la encontraba en grandes carteles por la autopista, seguía preguntándome "¡¿Qué demonios es eso?!" totalmente fascinado. Pero la respuesta estaba a la vuelta de la esquina.




Y llegó. No muchos meses después, "Fotogrumos" publica en sus páginas el cartel oficial y el inevitable reportaje de dos páginas capaz de hacerte vibrar.


Y llegamos al final de la historia con el inevitable lanzamiento navideño en vídeo.

lunes, 15 de julio de 2019

ABSURDO MUNDO

“Absurdo mundo” es un extraño mondo surgido a raíz de los primeros títulos del género en los 60, que producida a dos manos entre Italia y EUA (cuya versión estrenada tres años después de la italiana, en  1967 es la que estoy reseñando) cuenta con la dirección de Roberto Bianchi por la parte italiana y de un auténtico manazas por la americana, el director de bonito nombre, Albert T. Viola, un exploiter de los de tomo y lomo cuyo cenit es una película del subgénero “Southern Fried” titulada “Preacherman” sobre un individuo que se hace pasar por predicador para ver si puede tirarse a una muchacha. Un film insufrible.
Distribuida en los USA bajo el título de “A Fool’s World” (el original es el también bonito “Mondo Balordo”) por la mítica Crown International Pictures, productora responsable de un buen número de sex comedies de baja alcurnia y máxima diversión en los 80, ponía en el mapa americano de los drive in y los cines de barrio un género sensacionalista y totalmente manipulado como es el mondo. Más allá de esto, básicamente la película, sigue la premisa de mostrar al espectador comportamientos humanos extraños, ya sean sexuales, ociosos, costumbristas o raciales, limitándose a hacer una mixtura de imágenes impactantes, cada una de su padre y de su madre y pertenecientes a otros documentales, a la que se le añade una parte de película original rodada para la ocasión. Nada nuevo en el horizonte, ni nada que no se nos hubiera mostrado con anterioridad (y mejor) de la mano de Gualterio Jacopetti y Franco Prosperi en la mítica “Este perro mundo” o cualquiera de los posteriores mondos estrenados en los cines durante los 70 y 80, algunos de ellos inmerecidamente populares. “Absurdo mundo” peca de ingenua en muchos aspectos, y salvo por algunas imágenes pertenecientes a algún documental sobre África en el que algunos animales salen mal parados —motivo más que suficiente para no verla— es hasta light, ya que no muestra la crueldad que, en cambio, otros títulos si que muestran, ni se recrea en los asesinatos y ejecuciones humanas. Sin embargo, eso es consecuencia del toque americano que dota al film de ese tono kitsch, y tan solo sería un mondo más del montón de no ser por un pequeño detalle: Boris Karloff, en el ocaso de su carrera, con setenta y tantos años, rodaba películas como ánima en pena, con lo cual, hizo un buen montón de películas, algunas de las peores y, también, de las mejores de su filmografía. No decía que no a nada y es por esto que su nombre aparece en esta película. Es el encargado de ponerle la voz en off a las impactantes imágenes de las que somos testigos. Sin importar que era, Karloff aceptó hacer este trabajo. Una intervención menor para él, pero que le da algo de pompa a esta película, siendo quizás uno de los mondos preferidos por los aficionados y los neófitos del subgénero, solo porque Karloff lee las rimbombantes frases que acompañaran a las extrañas imágenes de relaciones sexuales entre enanos, numeritos musicales de travestís, lucha libre femenina, rituales de tribus africanas, exhibición de tullidos y contrahechos y, en definitiva, ese festival de lo macabro y lo amarillo a lo que nos tiene acostumbrados el mondo. Por lo demás, un producto de lo más flojo y, cuando se pone desagradable, muy desagradable. Obviamente, Karloff solo aparece en la versión americana, la de Albert T. Viola. La italiana, no deja de ser más que un mondo al uso que no consiguió sostenerse por si mismo.
Dicen los más viejos del lugar, que hubo salas que exhibieron esta cinta en su momento en España. A mí no me consta y lo único que puede probar la veracidad de esto, es que en IMDB está registrado el título castellano, no habiendo datos al respecto en la web del ministerio de cultura. Pero aquí en España el genero mondo se estrenaba en salas y pegaba, por lo que no me extrañaría ni lo mas mínimo que la película hubiera llegado a nuestros cines. En vídeo, no sabría decirles.
Solo para curiosos.

sábado, 13 de julio de 2019

EL GRAN LIBRO DE SUPERLÓPEZ

Mi dibujante de cómics favorito probablemente sea Jan, el padre de "Superlópez". Crecí con su famoso personaje, así como con muchas otras de sus aportaciones ("Pulgarcito", "Jauja", "Nosotros los Catalanes"...). Conservo todos los tebeos del superhéroe que publicara en su día Bruguera, gozados con fervor a la edad adecuada, y que son, a fin de cuentas, los mejores no solo de "Superlópez", también de la carrera de su autor. Jan no ha dibujado TAN cojonudamente bien, ni a guionizado con tanta gracia (junto a Efepé o en solitario), como en esos tiempos. Es así, digan lo que digan. El talento desplegado en tebeos como los del "Supergrupo", "Los cabecicubos" o "La semana más larga" es incomparable.
Ya entonces Jan hacía gala de cierto tufo sermoneador y puretilla que no me sentaba demasiado bien. Esa continua alusión a "No fumes, Lee" resultaba irritante incluso para alguien de mi tierna edad. Y por desgracia es esa una "manía" que, poco a poco, se iría imponiendo en la carrera del dibujante y guionista hasta resultar insoportable. Ello coincidiría con una notable pérdida de calidad en los dibujos, lo que contribuyó a que sus trabajos fuesen cada vez menos interesantes y, en definitiva, más malos.
Es esta una apreciación que, obviamente, se pasa por alto en el lameculista repaso a la carrera del personaje y su creador que es "El gran libro de Superlópez". Como viene siendo habitual en todo libro especializado publicado en España, el oportunismo canta como una almeja -la entonces recién estrenada película- y las prisas pasan factura. La letra es gruesa y la cantidad de datos que aporta se queda en bastante escasa. De hecho, la mayoría de lo esputado en este sentido está extraído de páginas web, no parece que el autor haya puesto mucho de su parte, más allá de puntualizar las declaraciones del mismo Jan. Amén de la poca vitalidad que transmite y la nula gracia que tiene cuando pretende ser gracioso. Es especialmente aburrida -e inútil en un libro de estas características- la parte dedicada a indagar en los países, ciudades y pueblos visitados por "Superlópez" a lo largo de sus aventuras. Al final, lo verdaderamente interesante lo encontramos en la generosa cantidad de material visual, siendo el apartado dedicado a los proyectos abortados de Jan el más jugoso.
Aunque el verdadero lastre del libro es la dosis insoportable de moralina panfletaria que vomita. Se nota que a Jan no le mola nada que le asocien al comic de superhéores, aunque sea a través de la parodia. Y seguramente, como Ibáñez y tantos otros, estará hasta los cojones de su más famosa creación. Pero no le queda más remedio que seguir aferrado a ella porque es lo que le ha dado, y le da, de comer. Así pues, para compensar ese lastre -y alejarse de los guiones que le firmaba Efepé, al que sí le gustaban los tebeos de tios con mallas y se nota-, el dibujante se obsesiona en dotar a sus historietas de conciencia social, tocando temas serios y respetables, arremetiendo contra injusticias de manual y otras lindezas políticamente correctas tan OBVIAS que dan hasta grima, e incluso dejando casi de lado a "Superlópez", quien se convierte en mera excusa para hablar de drogas, desahucios, contaminación y demás asuntos propios del telediario. Eso a mi me parece triste. Deprimente incluso. 
Claro que en ningún momento se tienen en cuenta los arrebatos de machismo con respecto a cómo Jan retrata a las mujeres (especialmente a Luisa Lanas) o incluso racismo alimentado por ciertos estereotipos (como los villanos asiáticos que hablan con la "ele").
"El gran libro de Superlópez" puede presumir de un logro: Comienzas a leerlo arrastrado por el amor hacia "Superlópez" y Jan, y terminas casi detestando tanto al personaje como a -muy especialmente- su padre.
Una verdadera ocasión perdida. Lástima.

viernes, 12 de julio de 2019

AMITYVILLE 1992

La saga de “Amityville” cuyas películas son irregulares desde la primera entrega, despiertan en mí cierta simpatía que se va tornando sopor a cada nueva entrega.
Al ser Amityville un lugar real, en la actualidad, todas esas compañías de serie Z que desean a toda costa llenarse las alforjas, han perpetrado un sín fín de títulos no oficiales con el tema de la casa encantada más famosa del cine de terror como telón de fondo pero que nada tienen que ver con los títulos iniciales. Sin embargo, estas películas son horrorosas, pero no lo son más que todas las secuelas oficiales. Y, si me apuran, tampoco lo son más que la original. Y de todas las oficiales, me hace cierta gracia aunque sea con una mirada condescendiente y una sonrisilla de medio lado hacia ella, esta horripilante e insoportable “Amityville 1992”.
Un despropósito narrativo y argumental, además de una patochada, que ni tan siquiera transcurre en la casa que da título a la saga.
Un individuo acaudalado compra un reloj antiguo que deposita en una balda de su casa. Justo a partir de entonces comienzan a sucederse las apariciones paranormales y los sucesos extraños. Pronto descubriremos que ese reloj pertenecía a la casa de Amityville y que por eso las pasa putas tanto el maromo que se compra el reloj, como su familia, enfrentándose a demonios.
Como varios títulos de la saga, “Amityville 1992”, se basa en una de las historias de los libros basados en la leyenda de la mansión de Amityville titulados “Amityville: The Evil Escapes” de John G. Jones, libraco este del que también salen la historia de “Amityville IV” y que es la principal fuente de la que nutrirse a la hora de abordar secuelas ya que se trata de un libro de cuentos.
Por otro lado, y concebida como programación de la televisión por cable y el mercado del vídeo, a los distribuidores no les debió parecer muy bien tener fechada la película, por lo que si en su estreno videográfico en 1992 el título se hacía acompañar por el año de producción en números bien grandes, años después, en la era del DVD, se cargaron de un plumazo el 1992 del título pasando a titularse “Amityville: It’s about time”, cosa que da un poco lo mismo, pero que, a título personal, me molesta porque lo de “Amityville 1992” me parecía un título de lo más fardón que viene a decir que se trata de una actualización para los tiempos que corren (corrían) de una saga clásica. Claro que, efectivamente, visto hoy ese título, puede parecer un producto de aire retro y llevar a confusión al respetable. Aunque, insisto, todo lo que hagan con esta película da exactamente lo mismo porque es tan mala, tan absurda y tan aburrida que ¿quién va a echar de menos el título original? Pero quede ahí la anécdota.
Sin duda, y si no tenemos en cuenta las falsas secuelas contemporáneas, estamos ante la peor de la franquicia. Son todas muy malas, pero esta se lleva la palma.
Tony Randel, que dirige la cinta,  ya venía de hacer una chapucilla con “Hellbound: Hellraiser II” e “Hijos de la noche” y después fue el responsable de cosas como “Ticks” o la adaptación del Anime “El puño de la estrella del norte”.Todo lo que hizo fue una fulaña, pero al menos fue un director genuino de cine de terror de serie B en los 90, tiempos en los que no se hacía casi nada de esto. Solo por eso, tiene algo de mérito. Ha seguido dirigiendo, donde le han dejado, hasta la actualidad, ya sea para la tele o peliculitas pequeñas, pero nada de lo que hizo tiene la mayor relevancia.
Sin embargo, a la hora de revisar algún Amityville, yo he elegido el de Tony Randel porque lo recordaba muy malo… así que no será tan mala cosa ¿no?

miércoles, 10 de julio de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "ESAS CHICAS TAN PU..."

La verdad es que hace ya tiempo que conservo en mis aposentos un puñado de fotocromos con los que no se qué demonios hacer. Son de pelis o que no he visto, o que no me interesa ver o que algún día esperaba consumir para acompañar su publicación con algún texto ingenioso lleno de color. Sin embargo, la vida da muchas vueltas, hay muchas otras cosas que ver y hacer. La mayoría más interesantes. Por eso recientemente decidí que estaba ya hasta las pelotas de arrastrar todo este material y que lo iba a publicar en el blog aunque no hubiese visto las respectivas películas o, peor aún, estas me importaran un puñetero pimiento. Y eso es exactamente lo que opino de "Esas chicas tan pu...", enésima "pajillada" producida por el cansino Ignacio F. Iquino (bonita rima). Ya que tenemos los fotocromos, y salen chatis en cueros y el sexo atrae visitas, pues hale!, ahí los tienen, listos para ser impregnados por su vil esperma. Disfruten.









martes, 9 de julio de 2019

AVT PODCAST (117)




Inauguramos en AVT PODCAST una subsección que se ira sucediendo según nos pida el cuerpo. Esta consiste en que uno de los dos elegirá un tema, y de ese tema, una película cada uno para conformar  un PROGRAMA DOBLE que veremos los dos, y como se anuncia de un programa para otro, esperamos que también los oyentes.
Por ello, hoy hemos elegido a William Lustig para el programa doble, y mientras que Víctor ha tirado de clásico eligiendo “Maniac”, Aratz tira por un ignoto producto videoclubero como es “De profesión, asesino”.
Esperando que sea de su agrado les instamos a que le den al play, disfruten del programa doble de esta semana, y descubran que tenemos para el próximo al final del programa.  Sin más, ni más… ¡¡¡AVT PODCAST!!!

lunes, 8 de julio de 2019

WILD STYLE

Charlie Ahearn, director de esta película, es más un artista grosso modo que un director de cine, y pese al bien que le hizo a la cultura Hip-Hop con la película que les paso  reseñar, en el fondo no es más que un hombre blanco de clase media fascinado por una cultura callejera que le queda bastante lejos. Un señor encandilado por esos chavales que creaban una nueva forma de arte que se extendía desde la creación musical con el rap (donde también hizo su excursión otra blanca burguesa, Blondie), hasta la pintura con esa nueva forma de expresión llamada graffiti que usaba las paredes de las calles o los vagones de tren como lienzo. Gracias a esto, Ahearn aprendió a separar el arte del negocio. Tanto él como el fotógrafo Henry Chalfant, se dedicaron a documentar, ya fuera en forma de fotografías, ya fuera en imagen y movimiento, los orígenes del Hip-Hop, dejando un legado cultural a sus espaldas tan grande y puro, que en realidad sobrepasa a lo que es en sí la cultura que retrataron. El Hip-Hop evoluciona con los tiempos hasta tal punto que, a día de hoy, siendo la cosa más volátil del mundo (en cada país le dan al asunto la interpretación que más le conviene. La que se le da en los barrios periféricos de la zona sur de Madrid, es lamentable: confunden la velocidad con el tocino), este ha perdido toda su esencia, y la única forma de saber como fueron en realidad las cosas es a través del trabajo de años y años de dedicación  y fascinación de estos artistas blancos.
Ahearn en concreto, se dedicaba a filmar en Super 8 los graffitis primigenios de las zonas más pobres de Nueva York, Bronx, Queens… ese tipo de barrios. Y cuanto más investigaba, más filmaba. También filmaba a los jóvenes bailando Break. Y se hizo amigo de ellos. Como era un tipo con una cámara de cine, pronto se dedicó a hacer películas se súper 8 de artes marciales con los jóvenes de los barrios, porque tras un sondeo, detectó que este era el género favorito se aquellos chicos y, en 1980, absolutamente absorbido por la cultura Hip-Hop, decidió hacer una película que retratara aquél movimiento cultural, asombrosamente creativo, y con los amigos que había hecho por el camino comenzó a rodar, con pocos duros (que se fueron la mayoría en pagar los pertinentes permisos para poder filmar los trenes en las cocheras), lo que fue la primera —y definitiva— película sobre Hip-Hop: “Wild Style”. Según la crítica, esta película es ver las cosas tal y como sucedieron. El retrato más exacto de la, por aquel entonces, tan emergente cultura subterránea.
Se trata de una pequeña película de vanguardia, casi guerrillera, tosca y cruda, y rodada en 16 mm. en la que se utiliza una forma de narrar absolutamente innovadora y curiosa. Hay un delgado hilo argumental de ficción que servirá para enlazar escenas rodadas al mas puro estilo documental. Así, con la historia de “Zoro” (el artista de graffiti, Lee Quinones), grafitero al que una periodista quiere entrevistar por lo concurrido de sus piezas en las calles de Nueva York, somos testigos de otras muestras de rap, Break Dance y Djing, al tiempo que se va sucediendo la historia. Vemos así piezas míticas de graffiti en los trenes de Nueva York o asistimos a fiestas y conciertos que, al tiempo que se filmaban, sucedían en la vida real. El culmen es un concierto multitudinario en un anfiteatro abandonado, por el que irán desfilando los rappers más representativos de la época, muchos de los cuales ni siquiera tenían discos en el mercado.
“Wild Style”, obviamente, es una obra de culto dentro de los circuitos Hip-Hop, pero más allá de eso, cinematográficamente hablando, es una rareza totalmente vanguardista cuya  forma de estar rodada, lo que cuenta, cómo lo cuenta y siendo honesta a la hora de afrontar que algo innovador no tiene que ser contado con pedantería o desde el punto de vista de una elite artística, la han convertido en una pequeña obra maestra del cine de arte y ensayo. Porque “Wild Style” es ante todo, cine de arte y ensayo. Y una reivindicación del Hip-Hop que ya les gustaría hacer a la mayoría de raperos que se adscriben a este. Y también, la más bonita carta de amor hacia esa cultura. Y no la hacen chicos negros del geto, no la hace Spike Lee, si no un artista cuyo campo de acción son los museos, y blanco de clase media que no ha pisado el gueto más que para hacer sus books de fotografías.
La película se proyectó en pequeños sótanos y locales acondicionados para el underground neoyorquino de la época y tuvo un estreno reducido en Times Square durante tres semanas para el público, público, mayormente graffitero que acudía a verla a tropel y que hizo a la película batir records de taquilla para lo que viene siendo una película underground, hasta tal punto que se distribuyó por todo el mundo en vídeo y a día de hoy es un clásico incuestionable que se edita en DVD cada vez que cumple años. La última vez, se editó en Blu Ray en 2012, por su trigésimo aniversario, pero es que ya vamos camino del cuadragésimo.
Líneas improvisadas por pandilleros reales a los que se contrata in situ y que usan sus propias armas (en este caso, una recortada), el logotipo de la película, hoy mítico y que fue creado por los artistas de grafitti Sharp, Zephyr y Revolt —también in situ—, y que formó la imagen principal del póster o ni un solo actor profesional, todo rodado tan sobre la marcha y de manera tan libre, hacen pensar que a día de hoy, con el underground y el Hip-Hop agonizando, sería totalmente impensable que surgiera de alguna parte una película como esta. Tampoco es que haya habido muchos movimientos revolucionarios en los últimos tiempos que merezcan la pena ser retratados. Quizás el Trap, la evolución natural del rap, sea el movimiento urbano más revolucionario de los últimos 10 años, pero, creativamente, está en las antípodas del Hip-Hop primigenio, y no es más que un hijo bastardo que nada tiene que ver con todo esto tan maravilloso. El Trap, musicalmente, culturalmente, con toda esa reivindicación cholilla del analfabetismo, no es Hip-Hop. Hip-Hop es esta película, Hip-Hop es Rap, Grafitti, Break Dance y Djing y DIY.  Todo muy punk, muy puro.
Warner Bros. iba a haber distribuido la película en su momento, pero al ver su acabado tan tosco, casi casero, se echó para atrás con la idea de que iba a ser difícil sacar dinero de algo como eso. Warner acabó explotando la película de una manera u otra, pero lo curioso de todo esto es que “Wild Style” resultó, y sigue resultando, una de las películas más rentables de la historia.
Yo la recomiendo encarecidamente a los no fans de la cultura Hip-Hop, o por lo menos a los cinéfilos más inquietos, porque verán una película rara, misteriosa y desperada, pero también, un documento absolutamente histórico. Es como esas filmaciones de la guerra mundial, pero con peña graffiteando y rapeando.

sábado, 6 de julio de 2019

"NEON MANIACS VOL. 21"




Tengan presente que cuando hacemos un programa musical, en Neon Maniacs solemos darle mucho al pico y poner poca música. Dicho esto, hoy en este programa titulado “Soundtracks desperados #1” Naxo y Víctor hacemos una selección de temas principales de una serie de películas zetosas o peculiares, cuyas bandas sonoras nos motivan lo suficiente como para pincharlas aquí. Y de paso, hablamos de las pelis.
Así, van desfilando por el show los temas principales de “Samurai, espada y sortilegio” de Michael Lewis y Mark Lindsey, “Ogroff” de Jean Richard y Patrick Giordano, “Descanse en piezas” de Greg De Belles, “C.H.U.D” de Dave A. Hughes, “De espaldas a la justicia” de Morton Stevens,  el tema del flaco de “La guerra de los niños” de Henry Solomon y orquesta, “Nunca se muere dos veces” de Tony A. y “El semental italiano” de Kay Loedel.
Esto es todo… este programa está dedicado al soundtrack incidental. El próximo ¡A las canciones!

viernes, 5 de julio de 2019

NOVEDADES VIAL BOOKS: LA CASA DE LOS HORRORES DE TOBE HOOPER



Vial of Delicatessens acaba de lanzar al mercado el libro monográfico "La casa de los horrores de Tobe Hooper". Coordinado por Carlos Díaz Maroto y José Luis Salvador Estébenez, el volumen ofrece un pormenorizado recorrido por la trayectoria del finado cineasta, repasando tanto sus títulos para la gran pantalla como sus trabajos para el medio catódico, sin olvidar sus proyectos nonatos. Como complemento, el libro se remata con diferentes artículos dedicados a analizar diversos aspectos relacionados con la obra de Hooper, del que también se ofrece una entrevista.
Tras pasar los últimos años de su vida sumido en el ostracismo profesional y mediático, el fallecimiento de Tobe Hooper el verano del pasado 2017 trajo su figura de vuelta a la primera plana de la actualidad. Curiosamente, las numerosas notas necrológicas aparecidas coincidían en señalar que se trataba del director de "La matanza de Texas", corriendo en cambio un tupido velo sobre el resto de su trayectoria, dejando así entrever su teórica irrelevancia. Y es que el impacto cosechado por el citado título, aún vigente casi medio siglo después de su estreno y nunca superado por su realizador, ha provocado la falsa imagen de que el resto de su obra carece del menor interés. Nada más lejos. La deriva que fue apoderándose de su trayectoria con el transcurrir de los años no invalida los diversos e innegables aciertos acumulados a lo largo de sus primeras obras, y que convirtieron a Hooper en una de las voces principales con las que contó el cine de terror durante las décadas de los setenta y ochenta.
    Partiendo de esta base, La casa de los horrores de Tobe Hooper nace con el propósito de evaluar en su justa medida la obra del cineasta estadounidense, empleando para ello un análisis que aúne rigor crítico y ecuanimidad, pero sin huir de la subjetividad propia que una obra coral siempre conlleva. Para tal fin el presente libro cuenta con la participación de Ignacio Carrero, Jorge Loser, Juan Andrés Pedrero Santos, Juan Pedro Rodríguez Lazo y Fernando Rodríguez Tapia, así como de los citados coordinadores de la obra Carlos Díaz Maroto y José Luis Salvador Estébenez. Además, el volumen está prologado por Paco Cabezas, uno de nuestros cineastas más internacionales, quien actualmente se encuentra en los Estados Unidos trabajando en series de la popularidad de "Into de Badlands", "Penny Dreadful" o "El alienista", y fan confeso de la obra de Hooper.
 
El volumen presenta las siguientes características:

Págs.: 346
Formato: 14,5 x 21 cm.
Papel interior: Offset, b/n

"La casa de los horrores de Tobe Hooper" está ya a la venta un PVP unitario de 16,99 € y puede adquirirse a través de http://vialofdelicatessens.blogspot.com y en tiendas especializadas.

miércoles, 3 de julio de 2019

COMIC: "LIGHTS OUT" (ANGRY SAMOANS)

Rescatamos esta historieta del gran Dennis Worden, dibujante underground que pegó en los ochenta, donde puso imágenes a una canción del combo punk rock "Angry Samoans". Si quieren escucharla, les dejo enlace.


lunes, 1 de julio de 2019

SEGUNDO MANDAMIENTO: GERARDO

Musicalmente hablando, mi principal “Guilty Pleasure” es Gerardo. Les refresco la memoria: corría el año 90 cuando irrumpió en la escena americana este Gerardo, un rapero pasteloso más falso que un billete de 175 pelas, generado por una multinacional como producto para que las adolescentes tuvieran una cubierta de CD para correrse —Wayne Newton Dixit—, que hacía del concepto “Latin Lover” una caricatura de una caricatura. Unas letras espantosas, un estilo de mierda y una antipatía a prueba de bombas, amén de un sentido del ridículo nulo, eran la carta de presentación de este veinteañero latino. Torso desnudo con chupa de cuero, extensiones que simulaban una melena larga y rizada y bandana, se plantó en la radio y televisión con un “One Hit Wonder” bajo el brazo que le hizo vender miles de discos, el de “Rico, Suave” ¿recuerdan? Y como fue un éxito discotequero para retrasadas del Valle de San Fernando que fantaseaban con tirarse a un latino, este fenómeno llegó de cuclillas a España, donde pasó con más pena que gloria. Y me pilló en todo el medio.
Recuerdo que a eso de las 9 de la mañana de cualquier día laborable del año 90, en plena adolescencia y obsesionado con el rap que aquellos años me llegaba con cuentagotas, ponía por la mañana, antes de marcharme al colegio, el Canal Plus en abierto porque daban videoclips de actualidad y, muy de vez en cuando, ponían uno o dos de rap que yo, sin mucho criterio, iba recopilando en grabaciones de vídeo. Y de repente, entre vídeos de Mecano o de Lisa Stansfield, apareció el puñetero Gerardo con su “Rico, Suave”. Y quedé prendado de esa puta mierda. Yo detectaba que algo fallaba ahí, qué a pesar de que aquél ritmo y aquella canción me ponían a mover la cabeza y la adrenalina a mil, que aquél individuo era más popero que rapero, que lo que hacía era más cercano a los New Kids on the Block que a Ice-T, pero ese uso que hacia en su rap del spanglish y esas letras descaradas me ganaron por completo.
Canal Plus estuvo un par de meses programando, ya fuera en Los 40 principales o en otros espacios, los vídeoclips de este individuo que tan pronto como irrumpió quedó sumido en el olvido. Yo me agencié la casette de su primer disco, el “Mo’ Ritmo”, que la conseguí por la misma vía que conseguía todas las cassetes de rap en aquella época (mangándola en el Hipercor), y estuve escuchándola ininterrumpidamente durante todo octavo de E.G.B. Y después de octavo, continué escuchándola.
Yo sabía que lo que estaba escuchando no era bueno ni auténtico. De hecho, los pocos de mi quinta que repararon en su existencia, lo hicieron para mofarse, así que llevé mi adoración hacia ese ecuatoriano residente en Hollywood en secreto durante un par de años, ya saben, para no desentonar ni parecer distinto, aunque los cuatro gilipollas que continuábamos escuchando rap después del boom del 89 (ya saben, el del “Rap in’ Madrid” y el “Hey, Pijo”), ya desentonábamos por empeñarnos en escuchar algo que hacía ya un tiempo que había pasado de moda. De hecho, todavía, a mis 43 años, sigo cargando con ese estigma del “ser rapero”, pero eso es otra historia. El caso es que a Gerardo, tampoco los raperos de mi clase lo respetaban, incluso, recibían su rap con mayor virulencia que los otros. Que no era real, que era de pastel, decían, no sin total razón. A mí me daba igual.
Después, un sacó un segundo disco que fue un fracaso absoluto, y aunque a nuestro país llegaron los rescoldos de aquello en forma de videoclip en “Los 40”, ya no volví a oír hablar de Gerardo en lustros. Durante mucho tiempo después, hubo veces que le reconocí en su faceta como actor en películas en las que aparece como puedan ser “Colors” o “No puedes comprar mi amor”, las dos rodadas y estrenadas con anterioridad a su faceta como rapero.
Hasta que llegó Internet. Entonces, en 2006 aproximadamente, teniendo ya al bueno de Gerardo más que olvidado, me acordé de él, y me dio un día por buscarle en la red y descubrí varias cosas: Por un lado, se había convertido en un ejecutivo de la EMI latina en los USA —labor esta de la que vive realmente en la actualidad— y fue quién llevó a los Estados Unidos a Enrique Iglesias o quien fichó a Bubba Sparxxx. Tampoco había dejado de sacar discos desde 1990 y todos y cada uno de ellos, no era más que tristes intentos de repetir el éxito de su single “Rico, Suave”. Para más inri, acababa de sacar su nuevo disco “180º”.
Por cosas del destino, y charlando un día con mi amigo Jorgito sobre este individuo, instando a que recordara la época del “Rico, Suave” ya que a él le había dado por saco contándole lo mucho que me gustaba la música de este individuo en su momento, me dijo que había visto tirado de precio un nuevo CD de Gerardo en una tienda de discos muy popular de Madrid, “La Metralleta”. Y por hacer la gracia, fuimos allí, y me lo compré por unos escasos 5 Euros. El disco nunca se editó en España, pero por el motivo que fuese, allí lo tenían. Lo que pasa es que, cuando yo flipaba con Gerardo tenía 13 años y entonces iba a cumplir 30, por lo que en ningún momento pensé que me fuera a gustar un nuevo disco de Gerardo. Craso error… lo escuche, y lo escuché y lo escuché una y mil veces ¡¡me encantó!! Puede que ya entonces, la nostalgia facilitara el hecho de que disfrutara del escuchar al rapero casi 16 años después de la última vez, pero lo que me fascinó fue una cosa que sucedía en este disco: Mientras que el Gerardo que yo conocía, solo hacía canciones de follar y de vacile, amén de alguna excursión al mundo gangster en alguna canción (como por ejemplo “En mi barrio” que sonaba en el soundtrack de “Depredador 2”), lo que este reciente disco ofrecía era un Gerardo que, como reza el título del álbum, le había pegado una vuelta a su carrera de 180º. Ahora solo le cantaba a Dios y la canción que no era de carácter católico, lo era de carácter positivista, y el idioma del disco era eminentemente español cuando hasta ahora, Gerardo rapeaba mayoritariamente en Inglés, aunque a veces lo hacía en español o spanglish.
Resulta que Gerardo se había convertido al cristianismo y ahora compaginaba sus labores de gerifalte con la música y con su iglesia evangélica (o lo que sea) ya que, también era pastor. ¿Y esta conversión? Pensé que, siendo un muchacho de ventipocos años en los tiempos de “Mo’ Ritmo”, quizás al ir haciéndose adulto había ido profundizando en la fe cristiana y que era la evolución natural de este rapero ecuatoriano, pero ¡que va! Resulta que su disco anterior a este, el homónimo “Gerardo” de 2002, es más de lo mismo de siempre, folleteo, discoteca, e intentos de recuperar el éxito del archiconcido “Rico, Suave”. De hecho su single de aquél disco se titulaba “Sigo siendo Rico”. O sea que su epifanía había sucedido de un año para otro entre 2003 y 2004, no fue una evolución natural a través de los años.  Lo que realmente sucedió, es que Gerardo fracasó en los USA con su segundo disco “Dos” de 1992  y es vetado directamente por el machismo exagerado de muchas de sus canciones, por lo que pasó de ser el rey latino de las discotecas de Hollywood a ser un apestado en la industria musical norte americana. Se arruinó, y ya solo le seguían saliendo bolos en su país natal, Ecuador donde, al haber vivido Gerardo el sueño americano, está considerado poco menos que un Dios. Así que sus siguientes discos, “Así es” de 1994, “Derrumbe” de 1995 y el resto de los que les he estado hablado, fueron  concebidos exclusivamente para el mercado latino, y al de Ecuador en particular. Por eso, en mi reencuentro con el artista, este había abandonado el idioma inglés. Pero su éxito fue decayendo disco a disco, y gracias a dios que medró como ejecutivo en la industria. Por eso, cuando vio que su música calenturienta ya no interesaba a nadie, se sacó de la manga todo el rollo cristiano que plasmó en el disco de “180º” y este se convirtió en el siguiente disco suyo más vendido desde el primero; volvió a estar en boca, al menos, del público latino americano.
Con lo cual, y sabiendo todo esto, nos plantamos en el año 2017 y navegando por E-bay, veo que están todos los CDs de Gerardo a precios irrisorios de 80 ctm y cosas así. Y aunque provenían todos de recónditos países y podía pringar con los gastos de envío, Me los compré todos desembolsando un total de cinco CDs (el último ya lo tenía). Y recuerdo perfectamente cuando los escuché uno por uno, seguidos y del tirón: La semana antes de mi boda que decidí hacer zafarrancho en casa. Me puse a limpiar la casa con la música de Gerardo a toda pastilla. Escuchen bien lo que les voy a decir: Los discos de este farsante, este hortera, este oportunista, este pastelero, que además son malos como la peste, ME ENCANTAN. Además, me gustan de forma honesta, no en un sentido posmoderno o esnob en el que me pueda mofar de ellos, no, no, no. Me flipa la letra, la música y las rapeadas, me los se de memoria y hasta canto las canciones. Es mi mayor y más vergonzoso placer culpable y lo que más me inquieta, es que no comprendo por qué me gustará tanto esta basura.
Sirva esta introducción en la que les cuento mi relación con este rapero ecuatoriano, para reseñarles este documental, “Segundo Mandamiento”, que no es más que una excusa para hablarles de Gerardo y que, básicamente, resume un poco todo esto que les he contado y con el que, como fan del individuo que soy, disfruté como un enano por lo manipulado y sensacionalista que era. En “Segundo Mandamiento”, producido por la televisión ecuatoriana y teniendo algo que ver el propio Gerardo con su confección, se cuenta la historia del rapero desde su llegada a los Estados Unidos siendo un niño hasta la actualidad como pastor evangélico. Se nos cuenta su auge, caida y los problemas que tenía con cierta adicción al sexo de la que le costó salir y que casi destruye su matrimonio, a la vez que escuchamos declaraciones de amigos y conocidos, o al propio Gerardo, en las que todos nos cuentan lo caprichoso y mala persona que este era en sus buenos años, cómo se acostaba con todo lo que se menease costase lo que costase, o cómo en los tiempos en los que estaba arruinado simulaba, con un modo de vida que no podía permitirse, que todo iba bien. Digamos, que nos pintan una biografía en la que Gerardo es lo peor de lo peor, solo para luego vendernos que gracias su encuentro con Dios, ese ser abyecto y follador al que deberíamos odiar, ahora es un hombre bueno, justo y fiel. Pura morralla… pero morralla maravillosa.
Lo otro en que el documental hace especial hincapié es en demostrar que en los tiempos de “Rico, Suave” Gerardo era muy famoso y se codeaba con la creme de la creme de Hollywood (nadie lo puso en duda), así que le vemos posando en fotos junto a James Woods, Jay Leno…
Yo supongo que a ustedes, fieles lectores, todo esto que les cuento, les importa un bledo, pero por si alguno tiene curiosidad por este personaje, o por este documental sobre su vida, todo está en youtube. Yo creo que no hace falta odiarle, amarle o tan siquiera conocerle, para disfrutar de un documental sobre un rapero de mierda que está rodado a modo de publi-reportaje destinado a la prensa del corazón, es decir, harto de entretenido. A mí personalmente, Gerardo, me volvía y me sigue volviendo loco. Aunque sea una puta mierda… o quizás por eso.
Por cierto, hace un par de años también protagonizo un reality junto a su familia, al estilo de los que protagonizaba Ozzy Osbourne. No lo vio nadie y apenas duró una temporada.
Yo creo que el personaje, en resumidas cuentas, bien merece que echemos un vistazo a su discografía y filmografía. Qué también salía en muchas películas.
Por cierto, la foto con los CDs que ilustra la entrada, es la de los míos.


sábado, 29 de junio de 2019

LA REDENCIÓN DE "SCALPS"

¿Cuál es la película más aburrida que han visto en su perra vida? Yo lo tengo muy claro: "Sábado 14 / Scream" de Byron Quisenberry sería la ganadora indiscutible. Creo que intenté consumirla tres veces, sin lograrlo. Pero hasta la llegada de tal pequeño bodrio de legendaria caratula española, el podio lo ocupaba imbatible "Scalps", el segundo largometraje profesional del rey del zetismo norteamericano por ahí los años ochenta, Fred Olen Ray. Esta sí la terminé, tras hacer un incontable número de intentos y por una cuestión de fe. Yo era FAN de su director y me parecía indecente no verla completa.
Ray venía de rodar su encantadora y ferozmente artesanal "The Alien Dead" y no debutaría en el formato standard de los 35mm hasta la que haría tres, la no menos zopenca/simpática "Alien 3/Biohazard". Se rumoreaba que "Scalps" había sido facturada en súper 8, por su look granuloso, pero no, se filmó en 16mm (tal y como demuestra la imagen adjunta) desde la más rutilante independencia.
Eran otros tiempos para el amigo Fred. Él nunca ha sido muy amigo del gore, ni del material escabroso. Siempre se ha declarado ante todo fan de los monstruos y del terror clásico. Pero a principios de los años 80 tenías que complacer al público y, sobre todo, al distribuidor si querías estrenar en salas, aunque fuesen las de la calle 42 en doble sesión con una peli erótica italiana. Así que Ray se vio obligado a meter sangre y una escena de violación. Es por ello que "Scalps" no solo es la peli más aburrida de su director (de su época "buena", claro, porque seguramente todos los pseudo telefilms que ha rodado los últimos años son mucho peores), también la más gráfica. O "mal lechada". Y la que menos le gusta a él.
Sin embargo, de nada le sirvió contentar al distribuidor, ya que este cogió la peli e hizo con ella lo que le vino en gana. La destrozó, aunque hablando de algo como "Scalps" suene un poco absurdo. Todos los que la vieron en su época recordarán ese bicho con cara de león que sale al principio. Bien, esa era una imagen pensada para asomar más adelante y durar mucho menos. De hecho, la mayor parte del material que veíamos solo era un test para probar el efecto. De esta manera cantaba mucho más su condición de moñecote. Luego, cuando los protas llegan hasta una tienda regentada por indios, vemos un rápido e inexplicable collage de imágenes sobre los pieles roja y su estirpe. Un sinsentido que sustituía/tapaba una rápida sucesión de los momentos más impactantes que le esperaban al espectador, en plan premonición. De haber dejado el material ahí, pues oiga, hubiese hecho la función de aviso para la desconfiada platea. Sabrían que, si tenían un poco de paciencia, verían cosas chulas. Pero al quitarlo lo único que lograron fue ampliar el espectro de bostezos. 
Y puestos a cagarla, resulta que algunos distribuidores pensaron que las escenas "extremas" lo eran demasiado y las acabaron cortando, por lo que desprendieron a "Scalps" de cualquier atisbo de algo disfrutable. De hecho, hay una degollación brutal que no tiene nada que envidiar a lo que Tom Savini lograra en sus mejores tiempos. Claro, las fotos que corrían por las páginas de la prensa especializada extranjera -que era la única disponible entonces- eran de todas estas secuencias censuradas o acortadas (ver imágenes adjuntas), por lo que uno se montaba una peli mucho mejor de lo que luego terminaría tragándose. Normal pues la decepción y el cabreo.
Harto de ver correr por el mundo una versión tan chunga, Fred Olen Ray se hizo con todo el material original disponible de "Scalps", ya fuese el negativo como alguna copia de vídeo. Reconstruyó el pifostio y lo lanzó en dvd a través de su propio y simpático sello, "Retromedia". El resultado final no es que haga de la peli algo muchísimo mejor. Sigue siendo aburrida. Pero sí es cierto que la arregla un poquito, le devuelve su sentido del "exploitation", recupera las escenas más gráficas y, sobre todo, aclara una fotografía ultra-oscura que en el VHS español impedía que viésemos nada con claridad, incrementando así la sensación soporífera. Dicho de otro modo, en realidad "Scalps" no es TAN HORRIBLE. Culpen a los distribuidores y a los censores.
Añadir que todas las pelis de Fred Olen Ray que él mismo lanza bajo su sello, disponen de, además de interesante material extra, un audiocomentario altamente ameno del cineasta. Así era el de la encantadora "The Alien Dead". Y así es el de "Scalps", donde Ray se dedica a narrar todo el rollete que les acabo de meter.

viernes, 28 de junio de 2019

BIENVENIDO MISTER CAGADA


Cuando a Luis García Berlanga le ofrecieron escribir sus memorias, a este le echó para atrás el hecho de tener que escribirlas. No hubo problema; Jess Franco se ofreció a pasar alguna que otra hora escuchando lo que tenía que decir Berlanga para después transcribirlo. Y al resultado lo titulan “Bienvenido Mister Cagada, memorias caóticas de Luis García Berlanga”. Lo de caóticas, casi parece una excusa para justificar lo que, efectivamente, son unas memorias caóticas que aunque suelen llevar un orden cronológico, de vez en cuando van para adelante y para atrás en el tiempo, deteniéndose y reflexionando, al margen de estos recuerdos, dónde a Berlanga le da la real gana. Tampoco este quería ofrecer unas memorias al uso. Entonces, se juntan el hambre y las ganas de comer y juntos paren este libro que siendo caótico como se anuncia, al menos no es un ladrillo. Es ameno, a veces muy divertido y otras (las menos) completamente insufrible. En todo caso, se lee con agrado todo el tiempo.
Sin embargo, la figura de Franco pesa más en mi particular idiosincrasia que la de Luis García Berlanga y condiciona mi lectura. ¿Qué quiere decir esto? Que se me cruza un cable leyendo. Es decir, como soy consciente de que el libro está escrito por Jess, mi mente me hace una mala pasada y me hace visualizar todo el relato protagonizado por Jess y no por Berlanga. Al menos, la primer parte del libro, cuando entran ya en terrenos cinematográficos, por asociación de las películas, ya sí, visualizo a Berlanga. Esto es bastante coñazo, aunque, claro, no es un problema del libro.
Jess Franco escribe de una manera directa y amena, agradable y con un ritmo fluido que, a rasgos generales, se disfruta. Es cuando el relato de Berlanga es un poco mas pesado cuando a uno le cuesta continuar, pero pronto se retoma el interés porque, o se van por la tangente, o cuentan una batallita curiosa.
Así, Berlanga y Jess le pasan factura a los tiempos de Berlanga en la división azul, se repasa someramente todas sus películas, se reflexiona sobre la era digital, se confiesan pasiones eróticas que ya eran vox populi y, en definitiva, se nos cuenta la vida de Berlanga y su relación con el cine de manera caótica y relajada.
Eso sí, como le pasaba a Jess en sus propias memorias, a Berlanga, le da pereza rememorar sus rodajes por lo que el lector se queda con ganas de saber más detalles al respecto de las películas. En ese sentido se queda cojo. Entonces, siendo el resultado un tanto irregular a rasgos generales, cerramos la reseña diciendo un manido, pero honesto, podía haber estado mejor.
Pero tampoco pasa nada por enfrentarse a él, son apenas 300 páginas.

miércoles, 26 de junio de 2019

COMIC: "ARBOR DAY"

De las páginas de la mítica "Mad Magazine" viene esta divertida parodia de una clásica película "slasher". Su director, Gore Gruesome, nos explica de qué va "Arbor Day", en la que un maníaco con sierra mecánica despacha a un grupo de adolescentes y luego alimenta a un pueblo entero con su carne. Una guasa entrañable con todos los tópicos en perfecto orden.
Los geniales dibujos del inimitable Jack Davis ponen la guinda al pastel.









martes, 25 de junio de 2019

AVT PODCAST (116)




Regresamos, como es ley, con un nuevo AVT podcast.  Esta vez elegimos algunas de las primeras películas de Arnold Schwarzenegger. En concreto, Aratz reseñará “El gran guardaespaldas” a.k.a. “Músculos de acero”, un dramón en torno al culturismo con Jeff Bridges junto a Arnie. Por su parte, Víctor, nos hablará de “Amor y pasión” a.k.a. “La historia de Jayne Mansfield” que no es otra cosa que el biopic de la pin-up y actriz americana de los años 50, y en ella, Arnold interpreta a su forzudo marido.
Todo ello para llegar a la película conjunta, que no es otra que “Ejecutor” que ha sido elegida porque la recordábamos mala, y mala sigue siendo.
Para finalizar, y por darle un toquecito distinto al podcast, inauguramos, ya para el próximo, lo que hemos llamado, en un alarde de originalidad “Programa doble”, donde anunciaremos las dos películas de similar temática que veremos para el próximo programa.
Eso es todo —que no es poco— y así es como se lo servimos…
Por lo pronto no tienen más que darle al play… ¡¡¡AVT PODCAST!!

lunes, 24 de junio de 2019

FIESTA 300 PROGRAMAS DE "EL HIJO DEL APRENDIZ DE SATANÁS"



El podcast de esta casa "El hijo del aprendiz de Satanás" cumple 300 programas, motivo por el cual nos apetece montar una fiesta para la que vamos a contar con la inestimable ayuda de Vial of Delicatessens, Autsaider Cómics y el Weirdo Bar.
La cosa va de que Molina, Navarro y Víctor pincharan una selección de temas bailables y divertidos y durante el transcurso de la noche se celebrarán sorteos, concursos y demás cosas divertidas.
La cosa es que vengais con nosotros a tomar una copilla, bailar un poco y... ¡Sólo dios sabe como puede acabar la noche!!
La cosa, naturalmente es gratis (pero no me sean ratas y tomense una cervecilla), charlemos, nos echemos unos bailes y celebremos en buen ambiente ¡Vengan!
Sería el Miércoles 26 de Junio a partir de las 22:30 en Weirdo Bar, C/ Dos de Mayo nº6, Metro Tribunal, Madrid.

sábado, 22 de junio de 2019

DOWN

Gracias a "El Ascensor", el holandés Dick Maas se convirtió en blanco de interés por parte de Hollywood. Le ofrecieron dirigir la segunda "Pesadilla en Elm Street" y un vehículo de lucimiento para Jean-Claude Van Damme. Pero Maas, quizás henchido de soberbia, los rechazó. Con el tiempo se arrepintió como se arrepienten los elefantes: enormemente. Tal vez por eso mismo, pasado un tiempo prudente, el cineasta se planteó "Down" como una nueva -¿y definitiva?- oportunidad para asentarse en el cine norteamericano. Pero no lo consiguió. Aunque esta vez hubo un motivo de peso: Los atentados del 11-S, ocurridos justo entre el final del rodaje de "Down" y la fecha de estreno, que se planeaba como muy amplia y fue finalmente cancelada (saliendo directamente en dvd dos años después). De hecho, nada más comenzar la película vemos un skyline con las torres gemelas. En un diálogo se hace mención a ellas y a su casi destrucción accidental. Y también se habla mucho de terrorismo. Junto al teaser del "Spider-man" de Sam Raimi y "La máquina del tiempo", "Down" fue una de las películas afectadas por tan terrible hecho. Siempre me pregunté por qué no supe de su existencia en el momento. Y por qué nunca llegó a España en ningún formato (o eso creo). Ahora ya lo sé. Y lo lamento por Dick Maas, fue un auténtico golpe de mala suerte que acabó con su sueño de conquistar América. Regresó a su tierra natal y ahí ha seguido haciendo cine hasta hoy (aunque no le va ni tan mal, ha triunfado como la cocacola en el mercado asiático con "Presa" y se prepara documental en torno a su persona).
Para la ocasión, Maas pensó que lo más fácil era hacer un remake de su película más conocida y respetada a nivel internacional, la misma "El Ascensor". Uno que contentara a la audiencia yanki. Así que aparcó los elementos oscuros, terroríficos y "humanos" de aquella (como los problemas de pareja del protagonista, en esta ocasión reducidos a la mínima expresión), se quedó con los más llamativos y los reorganizó aplicando un tono de carrusel, de montaña rusa, a ratos algo excesivo. Redujo también la seriedad del invento, añadiendo esas dosis de humor tan suyas y, por lo general, tan irritantes. El resultado es mucho más luminoso, espectacular, "grandilocuente", una auténtica fanfarria tan desmadrada que incluso un ficticio presidente de los Estados Unidos llega a formar parte de una trama que ya se deberían conocer: Los ascensores de un edificio cobran vida y comienzan a matar a la peña. Un mecánico y una periodista harán todo lo posible para resolverlo y sacar a la luz cierto misterio oculto.
Ese desesperado deseo de integración y aceptación hace suponer que Dick Maas contendrá la mala baba y los escasos pero impactantes toques truculentos del film de 1983. Sin embargo, y aunque tardan en hacerse ver, al final tenemos algo de chicha y mala uva. Retomamos las ideas que funcionaban en la original (el ciego que cae por el pozo. Encima este arrastra a su pobre perro. El vigilante decapitado. O la niña con la muñeca) y añadimos algunas nuevas bastante potentes (los odiosos patinadores y cómo la palma uno de ellos y, sobre todo, la gran escabechina que provoca el ascensor al abrir su suelo y dejar caer a un puñado de pasajeros que se estrellan salvajemente contra las bigas. Entre ellos, un niño). Al final lo que tenemos es un mejunje algo atolondrado, con momentos de considerable bajona -como su título-, pero que se salva gracias a otros bastante vibrantes.
El reparto es curioso y florido. James Marshall se había ganado un nombre gracias a "Twin Peaks", "Down" podría haber sido su vehículo de lucimiento, pero le pasó lo mismo que a Dick Maas, la mala suerte se cernió sobre él. Noami Watts, justo antes de protagonizar "Mulholland Drive", interpreta a la cargante periodista. Junto a estos, rostros tan populares como los de Michael Ironside, Edward Herrmann, Dan Hedaya, Ron Perlman y un jovencísimo Ike Barinholtz.
Ciertamente este "Down" es menos "de terror" de lo que era "El Ascensor"... y lo echamos de menos. No trasciende ni aporta nada que valga la pena rememorar, pero tampoco ofende. Como se suele decir, de Domingo por la tarde.