lunes, 30 de marzo de 2020

DAVE CHAPELLE'S BLOCK PARTY

El comediante Dave Chapelle, en 2004, quizás por un arrebato altruista, quizás para darse publicidad, decide un buen día, como a los conciertos de rap, debido a los altos precios de las entradas, no pueden asistir las personas humildes y trabajadoras de los barrios, montar una “Block Party” (es decir, una fiesta en la calle) en un barrio de Brooklyn, donde artistas de primer orden actuarán gratis para el público del geto. Por otro lado, se lleva consigo al cineasta Michel Gondry  para que lo filme todo y le dé un sentido y, de paso,  sacarse de la manga este documental que nos ocupa. Todo ello financiado con dinero de su propio bolsillo.
Los artistas que participan en el concierto son grandes conocidos en el mundo del rap y el R&B, y van desde Mos Def, Fugees, The Roots o Dead Prez a todopoderosos que comenzaban a despuntar entonces como Kanye West o consagradas cantantes como Erika Baduh o Jill Scott. Por otro lado, Chapelle anima el cotarro entre actuación y actuación con gracietas y chistes.
El documental está filmado con un par de cámaras y, básicamente, lo que hace es retratar todo el proceso desde tres días antes del concierto, cuando en Ohio, Chapelle, se lía a repartir invitaciones y a fletar autobuses para llevar a gente hasta Brooklyn, así como nos muestra actuaciones del concierto, momentos en el backstage, declaraciones de gente extraña que pulula por el barrio donde se va a celebrar el concierto y, sobre todo, momentos intermedios donde Chapelle nos va dando sus impresiones.
Todo muy bien, muy correcto y muy altruista, con momentos emotivos que de puro babosísmo puede llegar a sonrojar al espectador y mucho “mira que genial soy, lo que he organizado para la gente pobre” por parte de Dave Chapelle, cuyo ego hace cuestionar al espectador si estamos presenciando un alarde de generosidad o un ataque bastante severo de megalomanía.
Como fuere, el documental, con sus momentos estupendos, no llega a ser todo lo interesante que podría haber sido, es largo en exceso y, si me apuran, me sobra tanto Chapelle en escena. Cae gordo.
No obstante, “Dave Chapelle’s Block Party” resultó ser una exitosa Concert Movie que costó apenas tres millones de dólares para recaudar doce, amén de haber vendido su edición en DVD más de millón y medio de copias, con lo que fue un negocio redondo para el negro que a partir de este acto altruista comenzó a ganarse el favor del público de forma masiva. A día de hoy, es uno de los comediantes afroamericanos más importantes de la escena estadounidense.
La película se dejó ver en el Festival Internacional de cine de Toronto donde cosechó el beneplácito de la crítica y el público, así que ¿Qué más quieres Chapelle?
Michel Gondry, intenta impregnar a lo que en el fondo es un vídeo casero, algo de su toque modernuqui, pero a fin de cuentas, aún acreditado como director, Gondry aquí no es más que un elemento muuuuuy secundario. Un documental con mucho que aportar a la carrera de Chapelle, y nada a la de Gondry.
Regularcillo. No es demasiado bueno.

sábado, 28 de marzo de 2020

WENDIGO (ESCALOFRÍO)

Larry Fessenden me cae bien. Ver su calva prominente y su diente mellado en cualquier peli es garantía de gozo. Sin embargo, siempre he dicho que como director no vale un pimiento. Que se le da mejor apadrinar proyectos de otros, porque los suyos propios se saldan con malos resultados. Esta teoría, que los años han corroborado de manera harto dolorosa, comenzó con "Wendigo".
Leí por primera vez sobre ella en alguna página web yanki, y se me hacía la boca agua cuando la calificaban de "genuniamente aterradora". Vamos, que daba mucho yuyu en parte gracias a su condición humilde, su independencia, sus 16 mm y su preferencia por personajes humanos. El día que llegó a nuestros video-clubs como "Escalofrío" fue de manera totalmente inesperada. No tenía ni idea de que la iban a traer aquí. Buenos tiempos aquellos en los aún había sitio para las sorpresas. La alquilé raudo, corrí a casa a verla y ¡¡¡me aburrí como un demonio!!! Ni miedo, ni gaitas. Un coñazo de órdago. Y desde entonces, que he tenido mal concepto de ella y del Fessenden-Director. Pero ya saben que uno de mis hobbys actuales consiste en volver a deglutir aquellos films que en su momento no me funcionaron para confirmar esas virginales impresiones o, por el contrario, descubrir que la madurez, la experiencia y las canas me han ayudado a apreciarlas. Resumiendo, que he vuelto a ver "Wendigo" en una versión remasterizada en la que sus 16 mm lucen de maravilla.
Una familia al completo se traslada hasta una cabaña en plena Norteamérica profunda. Nada más llegar, tienen un encontronazo con unos cazadores bastante paletos (el inevitable mensaje ecologista, tan común en el Fessenden-Director, está bien presente a lo largo del relato). Parece que no, pero tan incómoda situación tendrá terribles consecuencias en el futuro. De mientras, un misterioso indio entrega al hijo pequeño del clan una figura de madera que representa a "Wendigo", un ser mitológico devorador de humanos y que, llegado el momento, será útil para acometer justicia.
Es como si John Cassavetes hubiese dirigido una de terror. Así la definía alguien hace poco y, ciertamente, me habría pensado si alquilarla o no de haberlo sabido en su día. Se trata de una apreciación totalmente certera. Más de la mitad de "Wendigo" se desarrolla como un retrato hiper-realista de la vida de una pareja y su hijo. Sus cotidianidades, conversaciones, etc. Además, al estar filmado todo en 16 mm y, eventualmente, con una cámara nerviosa que no escatima traqueteos, el efecto documental se percibe claramente. La diferencia es que, a ratos, muy a ratos, Fessenden salpica la historia de toques sobrenaturales, incluidas secuencias visualmente muy logradas de crudo stop-motion y otras virguerías que contrastan con el tono general. Y al final te percatas que estás viendo un corto alargado. Se podría haber explicado lo mismo en 25 minutos librándose de toda la paja. Es decir, las secuencias de "vida conyugal". Estas son las culpables de que nos aburramos. Porque estamos con lo de siempre, el que espere una de terror bostezará indiscriminadamente y el que quiera un drama naturista, se descolocará con las escenas puramente fantásticas. Una apuesta valiente y arriesgada que, como tal, se salda con un pequeño fracaso. Y es una verdadera lástima, porque "Wendigo" viene repletita de virtudes, pero están demasiado dispersas y son demasiado pocas como para que el todo termine por convencernos.
Tal vez lo mejor sea su tramo final, intenso y efectivo. Uno de los personajes principales se enfrenta a la muerte y, ciertamente, sufres con/por él/ellos. Te afecta. Cosa que debemos agradecer a las estupendas interpretaciones de Jake Weber y Patricia Clarkson.
Vale, no es la peor del desdentado, pero queda lejos de ser memorable.

viernes, 27 de marzo de 2020

UNA MUJER BAJO LA INFLUENCIA

Un hombre de clase media tiene que lidiar cada día con la rara enfermedad mental de su esposa, enfermedad esta que él trata de llevar con normalidad intentando que su mujer socialice y lleva una vida normal, como si no estuviera enferma. Y parece llevarlo bien hasta que esta señora sufre una serie de crisis violentas y difíciles de afrontar. Decide ingresarla en un psiquiátrico una temporada pero, cuando regresa, todo continúa igual, teniendo incluso brotes de locura más intensos. La manera de sobrellevar todo esto por parte de los dos, y el cómo esto afecta a los hijos del matrimonio, componen el desarrollo de esta intensa y extraña película.
El cine de John Cassavetes, aún pecando la mayoría de las veces de demasiado denso o ininteligible, me resulta sobre todo muy interesante. A Cassavetes hay que echarle paciencia y poner todos los sentidos a la hora de enfrentarse a él. Una vez comprendes lo que está haciendo, ya es muy difícil no sentir fascinación aunque esta venga anticipada de un atroz aburrimiento. Pero ese aburrimiento es necesario, porque el cine de Cassavetes no es cine convencional. En este caso, “Una mujer bajo la influencia” es una película a todas luces realista, y la realidad tiene un ritmo que no es cinematográfico precisamente. En la vida real las cosas van más lentas, son menos dinámicas que el cine. Pues eso, el trasladar los tempos de la vida cotidiana a la pantalla, Cassavetes lo hace de perlas. Por otro lado, me fascina la manera de rodar de Cassavetes; este tiene un sentido de la estética completamente anti académico y combina planos en los que el encuadre viene precedido de una composición previa, con una iluminación concreta y con intenciones artísticas, con otros totalmente caóticos en los que vemos como la cámara se mueve a trompicones y abundan los desenfoques, casi como si un amateur cogiera una cámara de cine por primera vez. Y eso me parece fabuloso.
Por otro lado, a Cassavetes, padre del auténtico cine independiente, nunca se lo han puesto fácil. Cada película le ha costado sangre sudor y lágrimas hacerla realidad.
“Una mujer bajo influencia”, capricho como actriz de Gena Rowlands, es el resultado de una obra de teatro que esta no se vio capaz de llevar a cabo por la dureza de su interpretación, por lo que su marido, John Cassavetes, decidió hacerle una película a su medida. Obviamente, una película de casi tres horas a base de mucha conversación, mucho tempo muerto y donde los actores van a improvisar durante horas según las indicaciones del director, comercialmente era un suicidio, por lo que ningún estudio en Hollywood quería financiar una obra así. Esto, desde luego, no amedrantó a Cassavetes que, ni corto ni perezoso, pidió una hipoteca sobre su casa y  no se puso ni colorado a la hora de solicitar participaciones a sus amigos. Peter Falk, protagonista de la película, amigo de Cassavetes y cómplice de sus fechorías, no solo protagonizó la película, sino que aportó medio millón de dólares a su financiación, por lo que todo quedaba en casa realmente. Luego, con lo que consiguió y con estudiantes del American Film Institute, y filmando en lugares reales, en exteriores de su entorno, consiguió sacar adelante esta película, casi con lo puesto.
Por descontado, una película que se gesta al margen de los estudios no puede esperar que estos la apoyen a la hora de financiarla, por lo que Cassavetes se vio en la tesitura de tener en las latas una película que nadie iba a distribuir. No pasa nada. Se dedicó a distribuirla el mismo cine a cine, hablando con los propietarios y pidiendo favores, por lo que “Una mujer bajo influencia” se convirtió en la primera película que se distribuyó sin el amparo de una distribuidora de estudio, dentro de los circuitos no marginales. Vamos, que si exceptuamos todo el cine de explotación de décadas anteriores de naturaleza eminentemente independiente, Cassavetes inventó el cine independiente tal y como hoy lo conocemos, casi sin proponérselo.
Un apunte personal; Obviamente, los estudios no apoyaron la propuesta de Cassavetes, pero, este entonces ya era una reputada presencia en Hollywood. A lo que voy es ¿Si en vez de ser John Cassavetes quien distribuyera cine a cine su propia película fuera un don nadie sin una carrera previa, hubiera conseguido lo que después consiguio este? Lo más probable es que ese don nadie hubiera quedado relegado al ostracismo, sin su película en los cines, hasta el cuello de deudas y sin casa.
Como fuera, a Cassavetes le costó dios y ayuda poner “Una mujer bajo la influencia” en los cines (aunque también exhibió en universidades, cineclubes y circuitos marginales) pero esto dio sus frutos, ya que arrasó en festivales europeos, consiguió mogollón de premios y hasta dos nominaciones a los Oscars, una para Gena Rowlands como mejor actriz principal y otra como director para Cassavetes. Por otro lado, la película contó con unas críticas absolutamente elogiosas y se ganó un prestigio que, a día de hoy, forma parte de la leyenda de John Cassavetes.
La película, desde luego, no es fácil de ver. Se trata de un intenso dramón con mucho diálogo, con escenas muy duras y que tanto por forma como por contenido resulta desasosegante hasta la desesperación. Es antipática, rancia, con un sentido nulo del espectáculo y con ninguna gana de agradar a nadie. Lenta, casi sin música, con mucha improvisación y larga como el rabo del demonio negro, pero con algo en sus imágenes que cautiva y engancha como la heroína.
Sobre Cassavetes, es más divertido leer que ver sus películas que son muy aburridas, pero el modo, la forma, el cómo se dejaban llevar, como improvisaban, como hacían, al fin y al cabo, un cine muy puro, es algo que me interesa muchísimo y, “Una mujer bajo la influencia”, si tengo el día tonto, puede llegar a entusiasmarme, de la misma forma que puedo detestarla a ella y a todo el cine de arte. Con todo, esta es la segunda vez que la veo y salvo por que tiene una hora ahí que es soberanamente tostón, en su conjunto, me parece maravillosa. Pero hay que verla tomando conciencia de lo que se va a ver y sabiendo que Cassavetes no es precisamente fácil.

martes, 24 de marzo de 2020

CORTOS PARA SOBREVIVIR AL ENCIERRO

Por aquello de hacer el encierro más ameno, les dejo acá mis cortos más recientes, incluido un estreno mundial, el de "Flagrante Frustración".
Espero que los gocen.






lunes, 23 de marzo de 2020

JAY Y BOB EL SILENCIOSO (EL REBOOT)

Hace ya mucho tiempo que Kevin Smith dejó de interesarme. Sin embargo, “Clerks”  fue una película importante para mí en su momento, amén de considerarla un hito del cine independiente y, con muchísima diferencia, la mejor película del director.
“Clerks” generó después un universo cinematográfico propio que, obviamente, aun siendo simpático, con el paso de los años se tornó irritante pero, con todo, siempre me acerco a ver una película de Smith dentro del “View Askiwniverse”. Y es que Smith, ya metido en la cincuentena, ha comprendido que fuera de su universo no funciona y, como reza un chiste de la propia película que nos ocupa, “se aferra a su gloria de los 90” como si no hubiera mañana. Así, Smith se pone a rodar su película más de nicho, una broma interna para sí mismo y para sus fans que consiste en hacer un reboot de una de sus películas más flojas, “Jay y Bob el silencioso contraatacan” y lo hace contando, otra vez, la misma película, pero esta vez como un revulsivo donde lo que destaca es un presupuesto mucho más escueto y la auto crítica más feroz, una auto crítica que, paradójicamente, le sirve al director para dejar claro lo mucho que se mola, para que sus detractores vean que sabe reírse de sí mismo, lo cual está muy bien, pero que, finalmente, no deja de parecerme patético.
Con todo, la película está entretenida ya que efectivamente es un reboot de la que hizo hace 20 años. Tenemos a Jay y Bob viajando hasta Hollywood para sabotear una película que se va a hacer sobre sus alter egos Bluntman y Chronich, y que para más inri va a dirigir Kevin Smith, en la película retratado como una suerte de Youtuber cincuentón bastante lamentable. Entonces, durante el periplo, Jay y Bob se las tendrán que ver con mil y unas vicisitudes que ya vivieron  en la película de 2000, y encontrándose con personajes de todas las películas del “View Askeuniverse” con la gracia de que, esta vez, todos esos personajes están ya mayores y ajados. Así, van interactuando con el Brody de “Mallrats” o con el Loki de “Dogma”, llegando hasta el Holden y la Alyssa de “Persiguiendo a Amy”, y vuelta la burra al trigo.
Realmente, la cosa no molesta porque la película es honesta desde el principio y Smith ha rodado la misma chorrada, pero con algunas cositas nuevas —como la aparición de una hija de Jay— si bien ya los chistes no funcionan como sí lo hacían en su época de bonanza. Por otro lado es una película concebida casi en exclusiva para los fans, por lo que, todos aquellos que no estén familiarizados con el universo de Smith no comprenderán absolutamente nada. Pero bueno, insisto, la cosa no está ni tan mal.
“Jay y Bob el silencioso (el Reboot)”, concebida ya pensando directamente en las plataformas digitales, tuvo un estreno reducido en salas, que luego, como si de una rock star se tratara —y basando su exhibición en el modelo que instauró el bueno de Tommy Wiseau con “The Room”—, sacó la película de gira por todo el país en pases únicos que acompañaba de coloquios que se llenaban a su paso por las distintas ciudades en las que se exhibía, por lo que al final ha resultado ser una película altamente rentable en taquilla con ingresos extras a las ventas internacionales, la venta en DVD y lo que saque ahora en su estreno en plataformas, con lo que el experimento no le ha salido mal al colega. Al final tenemos una película para los fans y nada más que para los fans, que por sí solos pueden mantener, sostener, financiar y llenar las salas. Así que, intuimos, que aunque esto huele a despedida de una franquicia que va a cumplir los 30 años, me da a mí que todavía vamos a tener Jay y Bob para rato.
Por supuesto, tenemos cameos de Rosario Dawson, Shannon Elisabeth, Matt Damon, Jason Lee, Joey Lauren Adams y Ben Afleck.
Lo curioso es que, en la preproducción, y teniendo en cuenta el estatus de estrella de Ben Afleck, a Kevin Smith ni se le pasó por la cabeza el llamarle para que hiciera un papel en la película, por lo que a este, en una entrevista, cuando le preguntaron si aparecería en la nueva cinta de Smith, respondió que no sabía por qué, pero que no le había llamado. Smith escuchó la entrevista y rápidamente le llamó por teléfono explicándole que no pensaba que quisiera aparecer en ella, y este dijo que al contrario, que sería un placer, por lo que Smith escribió una escena entera para que Afleck apareciera en la película y, por ende, se luciera.
“Jay y Bob el silencioso (el Reboot)” ya está disponible en plataformas digitales de nuestro país y, creo, que posiciona a Kevin Smith en un lugar privilegiado dentro de la historia del cine, pues siendo un director bastante irregular, supone para el séptimo arte, por un lado, la muerte del cine independiente (“Clerks” puede que sea la última película verdaderamente independiente) y por otro,  un punto y a parte con el concepto de películas para fans, las películas para nicho. Rueda para su público, lo demás importa una mierda, y ese público puede sustentar una película con la que el director puede salir de gira por el país, encontrarse con su público y seguir haciendo lo único que sabe hacer, aunque ni siquiera lo haga tan bien y, además, es un producto que se desenvuelve como pez en el agua en las plataforma de streaming.
Es la era digital, amigos, y, creo, que como esta, van a haber unas cuantas películas en adelante.

sábado, 21 de marzo de 2020

COUNTDOWN: LA HORA DE TU MUERTE

Los típicos adolescentes yankis que tienen la piel blanquísima, el pelo rubio, el cuerpo perfectamente moldeado y habitan enormes casas blancas situadas en tranquilos suburbios, descubren una nueva aplicación para el móvil que dice cuanto tiempo te queda de vida. La comparten, se la instalan y, como hacemos todos, aceptan los términos y condiciones sin leerlas. Es fácil imaginar que aquellos a los que se les anuncia que queda poco tiempo no les hace tanta gracia, especialmente porque todas las predicciones se cumplen puntualmente. Y si logran evitar las situaciones en las que iban a palmar, son agredidos por un ente de terrorífico aspecto o por las almas en pena de víctimas previas. Toda esta movida interrumpirá la rutina de una guapa enfermera que, como es de ley, se unirá a un macho (este de color, pero igualmente atractivo y fornido) para acabar con la amenaza.
Lo que aquí tenemos es carne de terror adolescente que bebe de un puñado de fuentes más que reconocibles: Un mucho, bastante o incluso demasiado, de "Destino Final". Un chorrito de terror japonés (por aquello de que el mal surge de la tecnología más común), otro del terror "teen" de los 90 y, finalmente, unas dosis de "Insidious" en la forma de un cura especializado en demonios que les ayudará, que destaca por su condición de comparsa cómica, un tanto irritante, y responde perfectamente al patrón que Hollywood tiene de lo que es un "nerd" o un "geek". 
Todo ello condimentado con cero truculencia, cero sexo, muchísimos sustos y un final feliz forzadísimo, moraleja incluida, aunque no exento del anuncio de una secuela que, seguramente, no llegará porque nadie se ha enterado de la existencia de este producto mainstream hasta el tuétano y que, como tal, se digiere a la perfección sin aportar absolutamente nada. Ni bueno, ni malo. Y a veces apetece ese tipo de plato.

viernes, 20 de marzo de 2020

GATOR GREEN

Jim Van Bebber es uno de esos directores de cine gore “independientes” de mediados de los ochenta, que proveniente de Ohio, sigue erre que erre con la misma cantinela. Obsesionado con el cine de terror, con las tripas y las vísceras en su línea más hard, tuvo su momento de mayor gloria prácticamente al principio de todo, cuando para cursar su segundo año universitario tuvo que solicitar un préstamo al banco. Cuando consiguió el dinero, muy irresponsablemente, en lugar de seguir estudiando, decidió que con esa pasta iba a hacer su primera película, “Deadbeat & Down”, una epopeya sangrienta sobre bandas callejeras rodada en 16 mm. que incluso llegó a distribuirse en nuestro país a través de Gorgon Vídeo en los 90, bajo el adecuado título (teniendo en cuenta el panorama de la época) de “Gore en las calles”. A día de hoy, es considerado un clásico de culto.
Van Bebber, después de aquello continuó haciendo películas como “My Sweet Satan” o “The Manson family”, que le costó 10 años de su vida completarla y, claro, a pesar de haber editado en infinidad de veces sus películas en diversos formatos, la cosa para él ya no es como antes y la verdad es que jamás ha llegado a ser nada más allá de lo que fue con su opera prima. Pero eso no es óbice para continuar dándole a la camarita y seguir haciendo cosas inasequible al desaliento, por lo que en a partir del nuevo milenio solo factura cortos.
Así llegamos hasta su último trabajo, esta vez un corto de 16 minutos titulado “Gator Green”.
La cosa va de un grupo de veteranos de vietnam que se reúnen en un bar propiedad de uno de ellos. Cuando a este llegan hippies, los ex soldados los matan a machetazos y se los dan de comer a los cocodrilos. Y fin de la historia.
Por lo que se ve, en el proyecto, inicialmente,  estaba involucrada gente que quería hacer de esta historia un proyecto de mayor envergadura, una película mainstream con distribución estándar que finalmente no vio la luz y, en su lugar, tenemos este corto de Van Bebber financiado a través de crowdfunding.
Sin bajarse de la burra, “Gator Green” está rodado en 16 mm. aunque tratado a posteriori digitalmente, por lo que tenemos una imagen con colores hiper saturados que le dan un toque posmoderno muy irritante. Pero no es un posmodernismo que nos ofrezca el grano del 16 o la posproducción, es un posmodernismo voluntario porque con este look, lo que pretende Van Beever es acercarse a esa moda imperante e implantada por Robert Rodriguez y Tarantino con su tostonazo de “Grindhouse”. Lo que Van Beever lamenta es no haber estado invitado a esa fiesta de celuloide rayado y homenajes (a películas que no son como estos mostraron) ni a los trailers que acompañaban a “Planet Terror” y “Death Proof”, y se lo monta por su cuenta sin un puto duro y con su limitado talento. Con esto no quiero decir que el corto sea una mierda, es más, diría que está bastante bien rodado, aunque lo contraresta con un montaje tosco y, diría, que mal hecho.
Aunque pasa volando, cuando acaba te quedas frío porque en realidad es como si el corto se quedara a medias ya que no hay un desenlace (desconozco si esto está hecho aposta o es que se quedó sin pasta y lo dejó así), con lo que, al final, nada en “Gator Green” trasciende lo más mínimo. No es más que una anécdota en la carrera del director.
Y sin más, no hay más tela que cortar… sirva su visionado para comprobar el estado actual de los artífices de aquella “Gore en las calles” y llegar a la conclusión de que un desgraciado continuará siendo un desgraciado por los restos, aquí, y en la conchinchina.
Me pregunto que habrá sido de otro de la época, Leif Jonker.
Por cierto, los cocodrilos que salen, y a los que se acercan mucho los actores, son de verdad…

miércoles, 18 de marzo de 2020

LOS (CUATRO) FOTOCROMOS DE "...Y AL TERCER AÑO, RESUCITÓ"

Que suerte de que a Víctor le mole tanto ver y escribir sobre esta clase de productos patrios, así me ahorro tener que hacer algo más que subir los escasos fotocromos para que ustedes los disfruten, ¡¡¡rrrribaspañññña!!!.





lunes, 16 de marzo de 2020

TARZ & JANE & BOY & CHEETA

Tarz y Jane viven plácidamente en la jungla junto a Boy, un señor de unos cuarenta años, cuando en uno de tantos días de asueto Jane empieza a cuestionarse la virilidad de Tarz tras una encarnizada pelea que este mantiene con el gorila Cheeta. Como este pierde, la fémina comienza a plantearse si está, o no, amariconao. Para colmo de males, en una contienda con un caimán, Tarz pierde la polla (no se sabe muy bien si porque se la arranca el cocodrilo de un bocado o porque se la apuñala creyendo que clava su cuchillo al reptil), por lo que ella se queda sin  sexo. Se tiene que consolar con Boy, pero este no rinde en la cama. Sin embargo, pronto emprenderán un viaje a través de la jungla con el fin de encontrarse con una tribu cuya magia puede devolverle la virilidad a Tarz, pero tendrán que enfrentarse a innumerables peligros.
“Tarz & Jane & Boy & Cheeta” es una estúpida comedieta porno que cuenta con dos versiones, la hard y, esta que he visto yo,  la soft, que es sin duda la versión más popular de las que pululan por ahí, por no decir que la única que se preserva.
Prevalece la comedia ante el folleteo (en esta versión hay mucha mamada simulada y, aunque se ven los penes reales de los tíos, los únicos que están en erección son de goma) y para ello se sirve de espantosos numeritos de slapstick  combinados con gags propios del spoof y siempre con un elemento cómico de tipo sexual para rematar los chistes. Los de cuestionar la hombría de los personajes masculinos son los que más abundan y toda la película está aderezada con momentos de auténtica sal gruesa y mal gusto. A carcajadas he podido reírme durante una escena en la que con el fin de tener sexo con una amazona, nuestro tullido Tarz, al no poder disponer de su pene, decide penetrar a la moza con una mazorca de maíz, y claro, como la chica está tan caliente, al cabo de un rato esta escupe palomitas de maíz por el coño, que el bueno de Tarz deglute sin inmutarse.
La película es tan tonta e inofensiva que acaba resultando hasta simpática y, cómo solo dura una hora, la verdad es que uno, que ya ha visto de todo, no puede más que esbozar una sonrisilla y darle su beneplácito a una película que es tan mala que causa hasta rubor enfrentarse a ella durante los primeros minutos. Sin embargo, cae bien por lo que sea y, sobre todo, porque no es especialmente aburrida. Las pollas de goma, los trajes de gorila y esa ambientación tan cutre (Tarz, no usa lianas, sino, escaleras metálicas) ayudan a entretenernos. Por lo demás, una morralla más de tantas.
El film datado  en 1975, se estrenó asimismo en 1976 y, aprovechando que se había estrenado el “King Kong” de John Guillermin, para explotar ese filón, se estrenó como parodia porno de esta, exhibiéndose bajo el título de “Ping Pong” y destacando en el póster el gorila que en realidad es Cheeta. A eso le llamo yo tener una cara muy dura. Por otro lado, el personaje principal que claramente es Tarzán, se llamó aquí solamente Tarz para  subsanar un problema tan obvio como es el no tener que pagar derechos de autor.
Protagoniza la cinta Patrick Wright, cuyo mayor mérito actoral consiste en hacer un secundario en “Maniac”, pero que fue una presencia habitual en películas de serie B donde trabajó a las ordenes de Roger Corman y Russ Meyer, entre otros, apareciendo en películas como “Cuidado con Porky’s”, “El día de graduación” o “Maniac Cop”, así como apareció en innumerables series de televisión. Su intervención en esta película la firma con el pseudónimo de Elmo Brix. También tenemos Georgina Spelvin, actriz porno que se hizo muy popular con “El diablo en la seorita Jones” de Gerard Damiano y que aquí da vida a una exploradora que se pega un festival de frotage. El resto del reparto lo componen nombres tan desternillantes como los de Silver Foxx, San Clemente Richard, Uncle Tom o, al loro, Five Fingers Eddie.
Del equipo técnico poco se sabe, tan solo que la dirigió un tal Hans Johnson que para la ocasión firmó la película con el pseudónimo de Itza Fine, aunque también se cuenta que la película es una estrategia comercial de una serie de directores de porno duro que, visto el éxito de “Flesh Gordon”, intentaron repetir la jugada con una película de similares características. No lo consiguieron. No obstante, se llegó a anunciar una secuela que se iba a titular “Tarz and The Bordello King” que nunca llegó a rodarse.
“Tarz & Jane & Boy & Cheeta” apareció en DVD gracias a la gente de Something Weird Video, que la rescató del más absoluto olvido.
Se puede ver, de verdad. Si tiene tragaderas esta les entrará como un fresco vaso de coca-cola… eso sí, de la marca del DÍA.

sábado, 14 de marzo de 2020

SANGRE EN EL BOSQUE

Lo primero que llama la atención de esta edición de "Sangre en el bosque" es la introducción, donde el editor nos aclara en qué consiste esa cosa del "gore" y del que, dicen, Richard Laymon es considerado un maestro. Recuerden que estamos en 1988, glorioso año en el que ser fan del cine "gore" (y hacer cortos) eran marcianadas disfrutadas por unos muy pocos individuos a los que se miraba con recelo cuando hablaban sobre todo ello en público. Para aclarar el origen de la palabreja, se tiran de referentes cinematográficos tan fundamentales como "La noche de los muertos vivientes", "Viernes 13", "Re-Animator" o "Hellraiser". Lástima que seguidamente metan la gamba añadiendo al pack "La noche de Halloween" que, como saben, va más bien escasa en lo referente a hemoglobina. Curiosamente, cuando las novelas de Laymon fueron reeditadas por Martínez Roca en los 90, ya no hizo falta aclarar nada de nada. Por entonces el "gore" era un término dolorosamente integrado en el mainstream, institucionalizado que decían en "Cadena perpetua". Incluso salía en anuncios de coches. Explotarlo era tan normal como, dada su popularidad, oportuno (u oportunista). Y yo que me parto de dolor recreando tan funestos momentos. En fin.
Pero centrémonos en el libro propiamente dicho, que narra la epopeya de varios personajes (Laymon sigue tirando de las narrativas entrecruzadas que convergen al final) enfrentados a una misma amenaza: los krulls, seres deformes que habitan en lo más profundo del bosque, se alimentan de carne humana y/o violan a las damas por aquello de poder ampliar prole. El pueblo que habita justo al lado, Barlow, vive amenazado por la hambruna de los bichos y el único modo de aplacara consiste en cazar turistas y entregárselos a modo de ofrenda. Varios de estos serán los que lo pasen canutas a lo largo de varios días intentando sobrevivir a los krulls, cayendo bajo sus zarpas o siendo sexualmente forzados (en este caso, forzadas).
Aquellos que busquen el elemento perverso propio de su autor, lo encontrarán sin problemas. Hay escenas de violación para parar un tren, perfectamente descritas y bien desagradables. Es más, Laymon recurre ooootra vez a la madre y la niña acosadas por un malvado padre (padrastro pa la ocasión) que las mal trata (cosa que ya hiciera en "El Sótano"). La diferencia es que, aquí, la cría es un rato bruta y no tiene problema alguno en matar a quien se ponga a tiro, incluido aquel que intenta endiñársela sin autorización y da carta blanca para que el marrano de Richard vuelva a dedicar unas breves líneas a describirnos el virginal cuerpo de la chavalilla.
"Sangre en el bosque" es, sin duda, el libro más flojito de la trilogía Laymon-"Super Terror". El más lineal y simplón, lo que no significa que sea ilegible o aburrido, porque no. Va a mil por hora, y el escritor parece especialmente interesado en suministrar a su audiencia la carnaza requerida. Sin embargo, ese deseo tan evidente de complacer se vuelve contra él, dando como resultado una obra bastante previsible y carente de sorpresas. La parte buena de todo ello es que, ahora sí, estamos ante el libro más sangriento de los tres, el más "gore", sobre todo en lo que respecta a un clímax atolondrado y en el que las mutilaciones, los ojos acuchillados, las decapitaciones y los cuerpos descuartizados son incontables. A todo eso hay que sumarle una especie de sorpresa final algo delirante y un desenlace tirando a seco.
Pero, como digo, aún así el libro puede disfrutarse perfectamente si lo que buscas es un poco de entretenimiento previo a la siesta. La cuestión es que ya he logrado reunir los tres y ahora gozo cual enano situándolos juntos y observándolos. ¡Qué bien lucen, par diez!.


viernes, 13 de marzo de 2020

FRESH DRESSED

Más presencia hiphopera en Sundance, esta vez por parte de uno de los documentales más marcianos que se han podido idear sobre el tema.
Producido por Nas, “Fresh Dressed” analiza la evolución, auge y caída de la moda urbana, es decir de la ropa que se ponían los raperos y, de ahí, a cuando una cultura que surge de las calles y de la gente pobre, se vuelve pija. Y es que si bien debemos a Run-DMC el hecho de que en el Hip-Hop se usara la ropa de deportes, las zapatillas, las gorras y demás enseres característicos de los raperos, fue más por una cuestión parroquial y económica que por otra cosa. Run-DMC se vestían con Adidas porque querían empatizar con la gente de la calle que vestía de esa misma manera. Pero claro, según avanzan los 90 y los chavales comienzan a llevar pantalones grandes, los diseñadores de moda se dan cuenta de que hay dinero en esos atuendos y comienzan a diseñar ropa —carísima— que imita el estilo callejero que los chavales podían improvisar en los bazares de sus barrios. Nacen así marcas como Karl Kani, Fubu o Roc-a-Wear (entre tropecientas) que, según ellos, cubrían las necesidades de una comunidad que estaba más por aparentar que por otra cosa. Y se forran haciendo ropas grandotas para los raperos. Ceden su marca a los artistas, estos las sacan en sus vídeoclips y el negocio ya está montado en todo el mundo. Sin embargo, la moda es pasajera, por lo que en la década de 2000 hay tal saturación de marcas de ropa urbana, que el negocio acaba yéndose prácticamente a pique sobreviviendo la clásica ropa de deportes, Nike, Adidas, Puma y lo clásico.
También se habla de las megaestrellas del rap interesadas en ropa de alto diseño, Louis Vuitton, Versace y Dolce & Gabbana, al representar esta un estatus que estos no tenían en las calles, porque esas prendas representan el poder y el éxito.
La cara más estúpida y superficial de una cultura a priori genuina, ensuciada por un complejo de inferioridad enorme que hundió a la misma en el fango.
El documental en cualquier caso, no se moja, no critica ni juzga, solamente se dedica a analizar estos aspectos, ahonda en cómo todo es consecuencia de las ropas —baratas— y customizadas de las viejas pandillas del bronx en los años 70 y cómo esto se va desvirtuando hasta que un simple abrigo para el frío de una marca concreta puede llegar a costar hasta 1000 dólares, y cómo muchos chavales no dudan en disparar a otros para robarles las prendas.
La conclusión es que, todo es moda, que todo tiene su momento, y que el estado actual del Hip-hop deambula entre traperos que usan ropa de alto diseño y raperos más modestos que se visten con lo primero que pillan o con la ropa deportiva de toda la vida.
No deja de ser interesante, así como se comprueba, que América es un país que se mueve por el dinero y las apariencias y que, por muy originaria que sea la cultura del Hip-Hop, esta no es menos americana y, por tanto, superficial, hipócrita y aparente.
El documental contiene declaraciones de raperos metidos a diseñadores como Puff Daddy o Kanye West, o de diseñadores de las marcas que más arriba he citado.
Como documental, curioso, entretenido y distinto.
Dirige, en lo que fue su debut, Sacha Jenkins, documentalista especializado en Hip-Hop y cuyo último trabajo está siendo un éxito en las plataformas digitales, la serie documental centrada en el mítico grupo Wu-Tang Clan, “Wu-Tang Clan: Of mics and mens” y que pese a la buena recepción que ha tenido, es bastante flojico. “Fresh Dressed”, tiene más gracia.

martes, 10 de marzo de 2020

NUEVOS LANZAMIENTOS MUSICALES DE VIAL OF DELICATESSENS

Mientras esperamos novedades videográficas y literarias, Vial of Delicatessens lanza al mercado dos nuevas referencias musicales con dos nuevos álbumes de rap que estarán disponibles y a la venta mañana Miércoles 11 de Marzo.



SMOOTH OPERATORS + KID MAGIC ROCK

“Madrid to Columbus”

EDICIÓN LIMITADA A 50 COPIAS

Tercer disco de Smooth Operators (Vic Winner y Esquimal Joe), solo que esta vez vienen acompañados por una leyenda del rap USA; Kid Magic Rock, quien fuera D.J. de los míticos The UMC’S, una formación con gran éxito en los 90 que cambiaron el panorama de la new school entre los años 1990 y 1994. DJ Kid Magic Rock, aporta algunas producciones para lo que es un álbum internacional y el contacto con algunos de los mejores emcees locales de Columbus, Ohio.
Sobre ritmos abstractos, locos y de corte actual, Smooth Operators se rodean de rappers de ambos lados del océano para dar forma a un álbum único en su especie. En las colaboraciones tenemos a Koo Koo, Pensador Loco, Norte, Big Head & Fatboy, Mitsuruggy y Mad Manu.
Vial of Delicatessens se complace en ofrecerles esta rareza del rap underground internacional.



TRACKLIST:

-         Intro (Madrid/Columbus)
-         Spain To Columbus (Con Koo Koo)
-         Coming Soon in Netflix (Con Pensador Loco)
-         God Damn Thang (Con Koo Koo)
-         Rap Onasis (Con Norte)
-         Skit
-         Turn Up (Con Big Head & Fat Boy)
-         Jinete Eléctrico (Con Mad Manu y Mitsuruggy)
-         Top You (Con Koo Koo)
-         Estoy tocando Heavy Metal






 MITSURUGGY

“Seppuku (Death of a Ronin)”

EDICIÓN LIMITADA A 100 COPIAS


Mitsuruggy es una leyenda del underground patrio que revolucionó la escena nacional con un álbum de G –Funk que se encuentra entre uno de los mejores discos de rap español de todos los tiempos: La Luz.
Tras 20 años de carrera músical, Mitsuruggy elige Vial of Delicatessens para editar su último Album, Seppuku (Death of a Ronin) con el que se despide del múndo de la música por la puerta grande.
Con colaboraciones de Ryma 3XL, Trad Montana, Padrino y Smooth Operators. Producido por Jack Red.


TRACKLIST:

-         Yuigon
-         Fuego en los Akais (Con Ryma aka 3XL)
-         Sisifo
-         Barbarian
-         C-Deral Pimp (Con Trad Montana)
-         Kampai
-         Pa que tú
-         Pelotari (Con Padrino)
-         Hoes ‘n’ Goblins
-         Ice T es más malo que Hitler (Con Smooth Operators)


Ambos álbumes cuenta con un PVP de 5,99 €  más gastos de envío y están disponibles única y exclusivamente en nuestra web:

lunes, 9 de marzo de 2020

YO, CRISTINA F.

Christiane Vera Felscherinow, conocida popularmente como Chritiane F, es a día de hoy una señora de 56 años cuyo modus operandi es llevar 40 años enganchándose y desenganchándose de la heroína. De hecho, comenzó con esa lacra a mediados de los setenta en Berlín en los ambientes discotequeros de aquella época. La gracia es que la señora, comenzó con las drogas a los 12 años para a los 14 ser una consumidora habitual de heroína y prostituta consumada que ejercía con la única finalidad de conseguir sus tres dosis diarias.
Consternados por este caso, o quizás viendo negocio, la revista de tendencias “Stern” en 1978 se puso en contacto con Felscherinow , así, en 1980, los periodistas Horst Hieck y Kai Hermann la entrevistaron en profundidad. De aquellas conversaciones salió el libro “Yo, Christiane F: Los hijos de la droga” que se convirtió en un best seller a nivel mundial.
Tal éxito propició que el paso natural fuera adaptar el libro al cine, por lo que se puso en marcha una producción que contaba el periplo de la muchacha entre los años 1977 y 1979, en la que se nos muestra su descenso al mundo de la heroína cuando probó la primera dosis tras un concierto de David Bowie, su posterior manera de buscarse la vida a través de la prostitución, su relación con un muchacho también yonkie, y posteriores intentos de rehabilitación fallidos por parte de ambos. Todo ello desde un punto de vista sórdido y decadente que deja mal cuerpo al espectador. La crudeza con la que son tratadas algunas secuencias —hay una escena de pasar el mono que muy bien se podría insertar en “El Exorcista”, vomitona incluida— no dejan a nadie impasible.
La producción, milimétricamente medida y a cargo de Bernd Eichinger, fue un auténtico infierno de principio a fin, no solo porque la mayoría de los secundarios y extras eran drogadictos reales que campaban por la estación de Zooligischer Garten, lugar que era un hervidero de prostitución y heroína, sino también por las tensiones  propias de un rodaje tan duro. Es por esto que, el director contratado inicialmente, Roland Klick, a las dos semanas de comenzar el rodaje fue despedido tras una pelea en la que incluso se llegó a las manos con Eichinguer. Fue sustituido entonces por Uli Edel, director de solvencia más que probada y popular por sus incursiones en Hollywood filmando películas como “Última salida Brooklyn” o “El cuerpo del delito”, así como algún que otro episodio para “Historias de la Cripta”.
Por otro lado, la película cuenta con la actuación completa (y lisérgica) de David Bowie, que incluso compuso algunos temas exclusivos para la banda sonora. Como Christiane F prueba la heroína tras un concierto suyo en Berlín, la producción decidió recrearlo, para ello, el equipo se trasladó hasta Nueva York donde se ambientó debidamente la sala donde este actuaba para que pareciera el pabellón donde actuó en Berlín y, en montaje, se combinó su actuación con escenas del público filmado en un concierto de "AC/DC" que estos dieron en Berlín. El resultado de esta secuencia es perfecto y nadie diría que es todo un batiburrillo de material filmado. La aparición de Bowie en la película ayudó a que esta tuviera una gran promoción en todo el mundo y una importante taquilla.
En España, la película no pudo ser más oportuna ya que llegó a nuestras pantallas en plena vorágine del popularmente llamado cine quinqui, e incluso, “Yo, Cristina F” determinó un poco los derroteros que llevarían películas posteriores. Sin duda, Eloy de la Iglesia debió ver la película y tomar buenas notas ya que la frase “Tienes los ojos como puntas de alfiler” se escucha en esta película, pero también, se escucha en “El Pico 2” cuyo rodaje fue posterior al estreno de la película Alemana. Así mismo, “Yo, el Vaquilla” de José Antonio de la Loma, decide poner un título en primera persona claramente deudor del de la película que nos ocupa. Definitivamente, sí, toda la decadencia que muestra “Yo Cristina F” influyó de manera directa a nuestras películas quinquis y/o sobre heroinomanía.
“Yo, Cristina F”, a día de hoy permanece un tanto olvidada de la memoria popular, pero en su momento fue un auténtico pelotazo de taquilla llegando a congregar en salas a casi 900.000 espectadores, todo un hito en nuestro país para una película alemana. Y es que corrían tiempos turbios en España a principios de los 80, donde como muy bien sabemos, la heroína hizo polvo a la población en ambientes periféricos o, más curioso todavía, en ambientes esnobistas de artistas y músicos. La película no pudo llegar en mejor momento ni estar más de actualidad.
Por lo demás, las controversias propias de ser una película protagonizada por una menor que incluso llega a mostrar un desnudo de espaldas, en una interpretación magistral a cargo de Natja Brunckhorst que pone los pelos de punta. Brunckhorst, al contrario que sus compañeros de reparto continuó haciendo cine en Alemania. En España pudimos verla en “La princesa y el Guerrero” en el año 2000, y a día de hoy continua trabajando en el cine, pero siempre será recordada por su primer papel, este de Christiane F, con el que sin duda, se encasilló.
La película, dura, feista, un drámon de tres pares de cojones, verdaderamente merece la pena. La recomiendo encarecidamente.
En cuanto a la verdadera Christiane F, está con una salud muy delicada porque jamás llegó a dejar del todo la heroína, pese al final esperanzador de la película que narra su triste adolescencia.

sábado, 7 de marzo de 2020

TRUE INDIE

No es que sea fan de Don Coscarelli, ni mucho menos. La única peli suya que poseo legalmente es el primer "Phantasma" y tampoco es que me flipe colorines, pero le tengo aprecio. A partir de ahí, me hicieron gracia en su día alguna de las secuelas de aquella y "El señor de las bestias", pero poca cosa más. Sin embargo, me apasiona leer biografías y autobiografías de gente de cine, especialmente si se dedican a mi género favorito... muy a su pesar. Y sí, me temo que Coscarelli es exactamente como el 95% (el otro 5% pertenece al gran John Carpenter) de los "maestros del horror" que arrancaron durante los años setenta, alguien que dio sus primeros pasos muy muy joven rodando nada menos que un melodrama con padre alcohólico e hijo sufriente. Quería ganarse un respeto desde buen principio, hacer cine de calidad, pero eso no da pasta. Tampoco la dio su siguiente obra, una comedia amable proto-nostálgica titulada "Kenny & Company", así que finalmente se rindió a la evidencia: Hay que facturar una de terror, que son las que funcionan en taquilla. Y joder si funcionó. Pero junto a los billetes verdes viene el encasillamiento por parte de industria y fandom, especialmente estos últimos, que no dejan a sus héroes avanzar y probar cosas distintas. Les aman tanto que les condenan a terminar visitando convenciones, sentándose tras una triste mesa, cobrando por firmar posters y posar en fotos al lado de retardados con sobrepeso. Fatídico día aquel en el que el amor por el cine de terror se convirtió en una religión. Una secta. Muy deprimente.
Pero Don Coscarelli quiere dejar claro que, a pesar de todo, es un tipo feliz y enfoca todos los episodios de su vida con alegría. Incluso los más miserables, como la ocasión en la que se lió a producir de forma totalmente amateur la infame "Phantasm: Ravager". Para otro hubiese sido el último clavo del ataúd, pero no para él, que lo tomó como un regreso a sus felices tiempos de estudiante. Entre medias, pues nos da envidia explicando lo bien que se lo pasó cenando junto a Carpenter, John Landis, Stuart Gordon o Larry Cohen en un encuentro coleguero. Cómo se reunía con Sam Raimi para intercambiar anécdotas. O recurre al socorrido Quentin Tarantino para explicarnos que lo conoció cuando era un pipiolo y aconsejó sabiamente... hasta que el dire de "Malditos Bastardos"  alcanzó cotas demasiado elevadas como para seguir tratando con el bueno de Don Coscarelli. Un cineasta sencillo, que ha sufrido constantemente el rechazo de grandes productoras y, puntualmente, algún festival de renombre, viéndose obligado a buscarse las habichuelas, conseguir la pasta por su cuenta (aunque siempre contó con el apoyo -económico y anímico- de sus generosos padres), tragarse el orgullo innumerables veces, arrastrarse otras tantas y rodar películas desde la independencia más absoluta que, no obstante, suelen tener un acabado harto profesional (un buen título alternativo para el libro, teniendo en cuenta todo lo dicho, sería "True Indie... porque no me quedan más cojones").
Por fortuna, Coscarelli no pierde el tiempo con chorradas. Desde buen principio el libro se centra en la confección de sus películas, de la primera a la última, usando para ello una prosa super-sencilla, sin florituras, ni absolutamente nada que complique o enturbie la lectura. Es cierto que no detalla mucho algunos aspectos de sus rodajes que podrían ser interesantes, pero se centra en otros nada desdeñables y que despiertan una sonrisa. No tenía ni idea que "Beastmaster" himself, Marc Singer, era un auténtico capullo que hizo la vida imposible a su director. Y se/te pone tierno cada vez que habla de sus inseparables Michael Baldwin, Reggie Bannister, Bill Thornbury y Angus Scrimm, al que dedica un muy sentido capítulo. Los llama "phamilia" y, visto lo visto + leído lo leído, no es para menos.
Recomendable.

viernes, 6 de marzo de 2020

RHYME & REASON

Miramax en su momento de mayor esplendor, sin dejar de lado los proyectos independientes más por el que dirán que por otra cosa, da luz verde a un ambicioso proyecto documental por parte de Peter Spirer, hoy prestigioso documentalista especializado en Hip-Hop, que se embolsó con este “Rhyme & Reason” más de un millón de dólares proyectando su película en cerca de 300 salas. Puede parecer un hito para una película documental sobre rap, pero para Miramax no era sino calderilla.
La gracia del asunto está en que, en el documental, se entrevista a toda la plana mayor del
Rap de los 90 cuando este está en su mejor momento, con lo que van circulando por pantalla casi todos los artistas relevantes de la escena, cosa que está muy bien ¿Qué es lo que no está tan bien? Pues que como son un montonazo, al final cada uno de ellos da una o dos declaraciones y el resultado es un batiburrillo de raperos dirigiéndose a cámara y diciendo cosas relacionadas con el rap, pero nada verdaderamente relevante. Por eso mismo, a la fuerza, el ritmo va a una velocidad tan de vértigo, con planos de apenas segundos, que al espectador no le da tiempo a asimilar lo que está viendo. Mucho rapero contando sus cosas.
“Rhyme & Reason” es un documental bastante mediocre que no cuenta nada. El guion es pobre y los raperos hablan de su actual estatus, de sus turbulentos pasados y del papel que desempeña en dinero y la violencia dentro de esta cultura, pero lo hace todo de soslayo, muy por encima, tirando de irritantes clichés y sin nada importante o innovador que mostrarnos. Y aunque en el montaje se procura aglutinar todas las declaraciones de los artistas en bloques, lo que aquí tenemos es una especie de álbum de cromos con tus raperos favoritos. Por momentos, el documental roza el aburrimiento.
Sin embargo funcionó bien porque era la primera vez que una productora poderosa apoyaba una película de estas características, aunque solo fuera para cubrir el cupo de los independientes mientras se gestaban los tejemanejes varios en los que estaba metido Harvey Wenstein con películas como “Shakespeare enamorado”. Puro material de relleno.
Por otro lado, “Rhyme & Reason” es una muestra de lo que cualquier película documental puede conseguir amparada por una compañía potente, porque la crítica fue unánime con críticas positivas, cuando la realidad es que estamos ante un documental torpe, descuidado y sin ningún punto de partida ni conclusión claro.
Spirer, que incluso dio el salto a la ficción con una película también ambientada en círculos Hip-Hop, “Just Another Day”, sobre raperos que compiten en batallas de emcees, consiguió su mayor cota de reconocimiento con una serie de documentales sobre piques entre raperos, con la narración de Ving Rhames, titulados “Beef”. Por lo que se ve, el tipo estaba obsesionado con las aquí conocidas como “batallas de gallos”.
Muy mediocre y sin nada que aportar al género. Pero por verle los caretos a Cypress Hill, Ice-T, Nas, Dr. Dre, Kurtis Blow, Guru y E-40 entre otros, pues tampoco pasa nada.

miércoles, 4 de marzo de 2020

LOS ¿ FOTOCROMOS ? DE "Y AHORA QUE, SEÑOR FISCAL"

No sabía muy bien cómo definir a esto que les mostramos hoy... ¿fotocromos, dossier, poster?. Ni idea. Lo que sí tenemos claro es que, todo lo que podamos decir de esta película, ya lo dijo en su día, muy generosamente y muy bien, el colega Víctor en una reseña. Por lo pronto, resaltar las tremebundas frases promocionales que rezan en el segundo papelote y que son puro "exploitation" patrio.



lunes, 2 de marzo de 2020

KNOCKOUTS

Extraña y estúpida cosa sin razón de ser. Una película fallecida antes de nacer que se queda anclada en un estilo indefinible —e indescifrable— que la sitúa a varios kilómetros del porno, soft o hardcore, el erotismo o cualquier género que sirva para que los pajilleros le den al manubrio. Digamos, que la función de esta película es similar a la de un calendario erótico de los años 80; decorar la cabina de cualquier rudo camionero. Un adorno.
Y es que, a base de larguísimas conversaciones, eternos planos y muy poquita pericia, esta película cuenta la historia de una serie de muchachas, presuntamente estudiantes a pesar de la pinta de zorrupias trasnochadas que tienen, que pierden todo su dinero jugando a las cartas. Por otro lado, deciden posar por dinero para unos individuos que las graban en vídeo sin saber muy bien por qué, y estos no las pagan, por lo que al final decidirán conseguir pasta en un combate de lucha libre femenina. Todo esto contado en tan solo dos actos; la primera hora vemos como intentan ingeniárselas para conseguir el dinero, y en la última (eterna) media hora, vemos el combate de lucha libre. Todo ello no es más que una excusa para mostrarnos todo el rato a las chavalitas en bikini y, eventualmente y sin motivo, sus tetas. Pero ni escenas de cama ni nada que se le parezca, todo muy tonto y aséptico. Y es que parece una película porno a la que le han quitado todo el folleteo. No vamos mal encaminados en cierto modo.
Se trata de una película de John T. Bone, director de cine porno que tuvo cierta relevancia a mediados de los 90 por ser el responsable de rodar los dos violentos y míticos gang bangs al servicio de Anabel Chong y Jasmine St. Claire, vamos, un profesional del porno metido en la industria a fondo. Pero se ve que el muy pillo tenía inquietudes artísticas y en 1992, decide alejarse del porno como experimento rodando esta comedia, “Knock Outs”. Entonces, ese es el motivo por el que parece una película porno sin folladas. Y es que, naturalmente, “Knock Outs”está rodada con los mismos medios de una película porno, con el mismo equipo de una película porno y con un reparto de actores y actrices del porno, por eso, el resultado no es mucho mejor que el de una película hardcore. La intención era buena, pero este tipo de directores saben rodar lo que saben rodar, ergo, esta película no tiene razón de ser. La película entera, es lo que adelantamos con el fast fordward en las películas porno.
Entonces, la total ausencia de ritmo es una constante, no sabe condensar el escueto argumento y lo que vemos se hace largo en demasía y al espectador se le queda cara de ladrillo al no comprender nada de lo que está viendo.
Curiosamente, y al tratarse de “una comedia loca y respetable”, T. Bone tiene la gracia de firmarla con su auténtico nombre, John Bowen y se queda tan pancho.
En una entrevista T. Bone declaró que en las escenas de combate las chichas no utilizaron dobles y que fueron ellas quienes realizaron todas las acrobacias… flexibles son un rato, eso es verdad.
Solo para los muy, muy, muy curiosos…. Bueno, no. Creo que ni para esos.

sábado, 29 de febrero de 2020

DRACULA IN VEGAS

Max es un vampiro que acude a las Vegas para estudiar en la universidad. Sus padres, chupasangres también, le mandan allí esperando que se ponga las botas mordiendo a las muchas chicas amorales que pululan por los casinos, pero resulta que Max se enamora de una y decide que quiere dejar la vida de criatura nocturna. Esto obliga a sus viejos a desplazarse hasta la ciudad del pecado para arreglar el entuerto y convencer al retoño de que se mantenga fiel a sus verdaderos y sobrenaturales instintos.
Viendo "Dracula in Vegas" sabía que me exponía a una experiencia dolorosa, pero hacía tiempo que tenía ganas de escribir en este blog sobre su peculiar director, Nick Millard. Al poder consumirla con subtítulos (en inglés, se me da mejor leído que escuchado), vi que era el momento adecuado, ya que esta clase de zetismos extremos cuestan más de digerir si no pillas del todo los diálogos. Y ese interés desbocado por hablar de Millard obedece únicamente a que se trata de unos de los cineastas "trash" más extraños que existen. Alguien que, por comparación, eleva a Andy Milligan al nivel de genio. 
Millard es uno de esos tipejos que pudieron meterse en el negocio del cine, rodando en celuloide y estrenando en salas, gracias a la enorme demanda de producto netamente exploitation que había en los años 60 y 70  (como James Bryan, por ejemplo). Una época en la que cualquier mindundi con un mínimo dinero lograba ver su nombre en las marquesinas de la calle 42, embolsarse algo de guita e incluso pasar a la historia o, mejor, la infrahistoria del cine. Como es normal, llegados los 80, con el cambio de los tiempos, del mercado "indie" y la subida del precio del celuloide, muchos de ellos se vieron obligados a retirarse o.... pasarse al vídeo. Es decir, a hacer sus películas en formato magnetoscópico. Era algo nuevo que, poco a poco, encontraba su hueco en los estantes de los entonces poderosos video-clubs y valía la pena intentarlo. No sé si por desesperación, por ingenuidad o por verdadero amor al séptimo arte, Nick Millard fue uno de esos pringadillos. Alguien que comenzó en los 60 pariendo softcores, lo que entonces era el "porno legal", por así decirlo. A mediados de los 70 lo intenta con el cine convencional. Eso sí, de terror. Y rueda dos "clásicos" del zetismo, "Satan's Black Wedding" y, sobre todo, "Criminally Insane", sobre los desmanes de una enfermera obesa de tendencias psicópatas. Tras un par o tres de pelis más, en 1986 se lanza a producir largometrajes en formato vídeo. Y ya desde buen principio hace gala de una serie de incapacidades que si antes, con el celuloide, quedaban algo disimuladas, ahora cantan como una almeja. Nick Millard pasa de cineasta costroso profesional a videoasta costrosísimo totalmente amateur, grabando en su propia casa, usando a la familia como actores y viéndose incapaz de alcanzar un nivel mínimo de calidad técnica. Lo que mejor se le da, es poner la cámara en el trípode. De esta guisa graba un porrón de basurillas, siendo las más populares varias en las que retoma al personaje de la enfermera desquiciada con "Death Nurse" o "Death Nurse 2", aunque el caso más sorprendente es el de "Criminally Insane 2", secuela directa de su film de los 70 donde no tiene reparo alguno en reciclar un porrón de escenas de aquella para alargar metraje, mucho metraje. A esta siguen unas cuantas más, entre las que encontramos "Dracula in Vegas", facturada el año 1999.
Para entonces ya existían ciertas máquinas que te permitían editar bien tus vídeos, solapar diálogos... en fin, dar ritmo a las imágenes. Algo que, visto lo visto, Nick Millard desconocía, haciendo gala de unos defectos tan propios de novatillo como esas terribles charlas en las que cada discurso es un plano, con unos segundos de pausa por parte del "actor" antes de soltarlo y al terminarlo. Cuando el otro dialogante reacciona con una mueca, también se limitan a un plano suyo en silencio, donde lo único que notamos es que el sonido ambiente cambia por completo. Es decir, un modo de facer tan elemental y costroso que sorprende viniendo de alguien que llevaba casi cuatro décadas facturando películas (con catorce de esos años dedicados al cine de verdad). Supongo que podemos achacarlo a pura pereza o mero desinterés. El resto está a la altura: intérpretes que parecen robots y/o miran a cámara, iluminación "natural" (incluyo aquí las bombillas de la estancia donde grabaran), efectos de tienda de disfraces (esos dientes vampíricos que todos tuvimos de chavales)... un montón de características que por lo general me MOLAN MUCHO, pero cuando son aplicadas con gracia, conocimiento de causa o actitud... pero cuando todo lo que las rodea es incapacidad, pues el resultado se antoja perturbador.
"Dracula in Vegas" se supone una comedia de terror, aunque gracia lo que se dice gracia, hacen un par de gags. Sobre todo ver a la madre del chupasangre protagonista soltar tacos e improperios todo el rato, acusando a su novia de ser una puta y tener sida. En general el tono mortecino, sin alma, sin color y sin vida contribuye a que el visionado sea una experiencia casi hipnótica, rara de cojones. No falta la escena increíble -increíble por la jeta que demuestra Millard- en la que el vampiro acude al rodaje de una peli "artística" limitada a un encorbatado señor, que se supone director, hablando a gritos y señalando a la cámara y los actores que están fuera de cuadro y que, evidentemente, son material sacado de otra fuente. En concreto la escena que supuestamente se filma pertenece a uno de los softocres que Millard rodara en sus buenos tiempos, con el consiguiente contraste del look de la imagen. La bomba. Más allá de eso, es algo que no aporta nada de nada a la trama. Como el 90% de lo que vamos viendo, una sucesión de momentos sin un verdadero desarrollo, repletos de absurdeces e incongruencias.
Todo junto y remezclado alcanza la horita de duración. Una que parecen cuarenta. Aún así, reconozco que me ha hecho gracia la jodía. Es tan incapaz, tan infame y tan amateur en el peor de los sentidos que, en fin, hasta gasta cierto velado encanto. 
Supongo que no tengo remedio.