viernes, 20 de julio de 2018

THAT'S SEXPLOITATION!

El entrañable Frank Henenlotter, fan de todo tipo de subgéneros, es un tipo inquieto y creativo. Así que es capaz de crear desde cero sin mucha preproducción  ni ideas previas. Así, y formando Hennenlotter parte del staff de Something Weird Video, y teniendo, por una parte, acceso al increíble catálogo de la distribuidora y también acceso a una entrevista bien extensa que se le hizo a David F. Friedman apenas un año antes de que falleciese, se saca de la manga un documental de casi dos horas y media de duración, dedicado a una de las corrientes cinematográficas peor vistas y más ninguneadas de cuantas existen; el sexploitation. Para ello graba nuevo material en el que, con intención ya de hacer el documental, Hennenlotter, hace las veces de maestro de ceremonias, haciéndose acompañar de una señorita de buen ver, un tanto ajada, que no duda en hacer girar unos flequillos al ritmo alborotado de los movimientos circulares de sus tetas.  Frank Hennenlotter introduce a Friedman y este comenzará a parlotear de la historia del sexploitation desde sus inicios en el cine mudo hasta su desaparición en los años setenta con la llegada —y legalización— del porno duro.
Entre medias, veremos toneladas de escenas de las películas a las que hace mención Friedman, mientras que en algunos momentos, Hennenlotter hace comentarios jocosos y chascarrillos sobre algunas de las imágenes que estamos viendo.
En su discurso, Friedman, le pasa factura a todas las variantes del sexploit, a saber; Shots, Nudies, Roughies, Sex comedies… Digamos que es un documental de lo más completito.
Sin embargo se queda absolutamente cojo porque en lugar de condensar todo en una hora y poco, que es lo que el documental pide, Hennenlotter, sin pedirle cuentas a nadie al respecto, se empeña en mostrarnos, escenas y escenas, trailers y trailers, montajes y montajes… tantísimo material del catálogo Something, que al final colapsa las partes interesantes. Por otro lado, el documental es de una linealidad exasperante, ya que vemos todo el rato lo mismo, en el mismo tono y con el mismo ritmo. Antes de las dos horas el espectador ya está hasta los cojones de jamonas cincuenteras y sesenteras. Es un coñazo. Quizás, si se hubiera montado solo la entrevista a David F. Friedman, igual hubiese sido mejor la cosa… pero así, como ha quedado, resulta de lo más plomizo. Casi mejor ver uno de esos recopilatorios de trailers que de vez en cuando edita Something Weird.
Un rollo, pero, tras verlo, me queda esa sensación positiva de que al final, Frank Hennenlotter, ha hecho lo que le ha salido de los mismísimos huevos. Y eso sí me gusta.
Échenle un ojo, que tampoco pasa nada.

jueves, 19 de julio de 2018

LOS MUERTOS NO SE TOCAN, NENE


Ya fuera rodando sus propias películas de ficción, a través de documentales como “Por la gracia de Luis”, o creando el ficticio “Centro de altos estudios berlanguianos”, José Luis García Sánchez evidenció a lo largo de casi toda su carrera, ya fuera de manera premeditada o inconscientemente, tener como principal y (casi único) referente el cine del director de “Plácido”, hecho que vendría además reforzado por la fructífera relación que durante más de treinta años mantuvo con el desaparecido Rafael Azcona, el considerado mejor guionista de la historia de nuestro cine, además de colaborador por antonomasia de Berlanga.
En 2011, tres años después del fallecimiento de Azcona, el director de “Franky Banderas” decide desempolvar “Los muertos no se tocan, nene”, uno de los muchos guiones del escritor riojano que no llegaron a ver la luz en su momento, ya fuera por imperativos de producción o - sobre todo - por razones administrativas y/o de censura. Aunque no llegara finalmente a realizarse “Los muertos no se tocan…” es un proyecto de lo más significativo dentro de la trayectoria profesional de Azcona y lo es, además, por partida triple: por suponer su primera novela de éxito, por representar el primer guión que escribió y, asimismo, porque la abortada génesis de su adaptación cinematográfica le permitió entrar en contacto con Luis García Berlanga y Marco Ferreri, los dos directores que mejor supieron trasladar a la gran pantalla su particular estilo literario, caracterizado por un agudo sentido de la observación de la realidad que derivaba, invariable e inevitablemente, en un despliegue de humor de raíz crítica que se fue haciendo, conforme iban avanzando las décadas, más ácrata, negro y misántropo si cabe.
Situada en el Logroño de finales de los años 50, la novela de Azcona y la película de Garcia Sánchez nos cuentan básicamente la historia de la muerte y el posterior velatorio del bisabuelo Fabián, alrededor del cual se congrega una troupe de personajes tan inequívocamente azconianos como pudieran ser el pusilánime padre de familia (Carlos Iglesias) que es subyugado constantemente por una esposa frustrada y marimandona (Silvia Marsó), además del adolescente con ínfulas artísticas que se encuentra en pleno descubrimiento del sexo, la ingenua chacha andaluza a la que todo el mundo mete mano (Mariola Fuentes) o el abuelo que fracasa en su afán de conservar los viejos valores morales que por los que se rige toda familia de bien.
Leída a día de hoy, lo que más sorprende de la novela publicada en 1956 es el hecho de que en ella ya se encuentren presentes, y perfectamente definidos además, los temas, tipos y obsesiones consustanciales al autor de “El verdugo”: de esta manera, aquí nos podemos encontrar tanto con las estrecheces económicas que sufren los matrimonios de mediana edad (“El pisito”), con la indefensión que padecen los miembros de la tercera edad (“El cochecito”), así como con un mal entendido concepto de la caridad cristiana (“Plácido”) o también con el funesto influjo que sobre los españolitos de a pie ejercían las autoridades franquistas, siempre con la connivencia de la iglesia católica.
Aparte de abordar la adaptación de un guión que fue escrito hace más de 60 años, lo que hace que esta película destaque realmente en el desangelado panorama del cine patrio de la última década es la decisión de García Sánchez de rodarla en blanco y negro, y con sonido doblado, para emular así en lo posible el look del cine cómico español de mediados de los años 50 del pasado siglo; sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones y de lo loable de su objetivo, García Sánchez y su equipo fracasan a todas luces y en prácticamente todos los frentes: dejando a un lado el que el blanco y negro elegido para la ocasión está más cerca de un corto hipster que de la estética austera característica de películas como “El pisito” o “Plácido”, “Los muertos no se tocan, nene” se revela un proyecto paradójico desde su misma concepción, y lo es sobre todo por suponer un intento de recrear el cine de aquella época basándose en un texto claramente adelantado a su época, un libreto que – recordemos - no sólo lo rechazó en su momento la censura sino que, asimismo, fue reescrito por el propio Azcona a finales del siglo XX con el fin de potenciar aquellos elementos que se vio forzado a suavizar cuatro décadas antes.
Así las cosas, y libre ya de la barrera de los censores, el “Los muertos no se tocan, nene” del 2011 rebaja de manera paradójica la crítica y la sátira social en favor del subrayado en situaciones escatológicas de diversa índole, que son expuestas además con un interés y un regocijo tales que, antes que estar poniendo en tela de juicio las ruindades y mezquindades de los personajes, más bien pareciera que los responsables de la película las estuvieran jaleando. Consecuentemente, el mayor problema que acusa el film es la brutal discordancia que se establece entre fondo y forma; esto es, el ser una película que se pretende deudora de los clásicos de nuestro cine y estar, al mismo tiempo, plagada de chistes sobre erecciones, meadas, cagadas y pajas. De hecho, si alguien se pregunta el motivo de que esta obra de Azcona fuera tumbada en su momento por la censura sólo tiene que tener en cuenta que aquí, y mientras el bisabuelo de la familia exhala su último suspiro, el primogénito adolescente se encuentra en el baño zurrándose la sardinilla (¿¡!?) Así, y más que ante cualquiera de aquellos clásicos imperecederos, durante el visionado de "Los muertos no se tocan, nene" se tiene la sensación de estar asistiendo a un remake de "Chechu y familia" ambientado en los años 50, lo cual tampoco tiene por qué ser necesariamente malo.
A pesar de todo lo dicho, del tufillo a obra teatral filmada y de ser una película dispersa tanto argumental como estéticamente, "Los muertos no se tocan, nene" conserva sin embargo intactos todo el ritmo, el vitriolo y la cualidad revulsiva de la obra original, lo cual no es poco; asimismo el film interesa y hasta fascina debido a su condición de excentricidad, por ser - como mínimo - dos películas en una sola: la que podría haber sido y la que, por fortuna o por desgracia, acabó siendo. De todos modos, y a pesar de estar lejos de ser perfecta, creo que merecería la pena que le echéis un ojo: sin ánimo de pecar de nostálgico, el peor Azcona siempre será infinitamente mejor que el mejor de los guionistas contemporáneos.

lunes, 16 de julio de 2018

LA CABINA


Uno de los grandes hitos de la televisión española y, con permiso de “Verano Azul”, el trabajo más reconocible de Antonio Mercero, uno de nuestros directores de corte popular más queridos y respetados.
“La cabina” supuso un fenómeno social a nivel mundial; no solo la españa de principios de los años 70 quedó aterrorizada ante el relato de Mercero, sino que además, su impacto fue tan grande que el producto se vendió a todo el mundo quedando conmocionado, asimismo, mucho público de otros países.
No puede haber historia más sencilla: Un individuo acompaña a su hijo a tomar el autobús que le llevará a la escuela, cuando se mete a una cabina a telefonear. Esta se cierra y el individuo no puede salir.  Tras varios intentos por parte del populacho por sacarle, finalmente unos operarios cargan la cabina en un camión, y tras un largo viaje por carretera acaban dejando a este en un almacén subterráneo dónde descansan otras cabinas telefónicas con sus ocupantes muertos.
Para la España de 1972, más inocente y poco dada a lo macabro, este mediometraje destinado a la parrilla televisiva, tuvo que suponer un shock muy grande, máxime si el público llano de T.V. no estaba acostumbrado al cine de género o de terror. Sin embargo, vista hoy, 45 años después de su emisión, la cosa se ha quedado un poco ingenua, ya la capacidad de impactar o asustar se ha perdido, como la han perdido, por ejemplo, los clásicos de la Universal. Sin embargo, la idea, el como está ejecutada, el ritmo y la interpretación de José Luis Lopez Vázquez, permanecen inalterables, y se entiende perfectamente por qué “La cabina” obtuvo la repercusión que tuvo. Y desde luego, se deja ver con interés.
Tal fue el impacto de este mediometraje, que incluso, a finales de los 90, la empresa de telefonía Retevisión,, la principal rival por aquél entonces de Telefónica,  rodó un spot en el que López Vázquez aparece encerrado en una cabina —en clara alusión al mediometraje de Mercero— de la que finalmente consigue salir.
Asimismo, entre el aluvión de premios que recibió, se llevó el EMMY, el equivalente al Oscar en lo que a premios de televisión se refiere, en los EUA, que es el mayor galardón al que puede aspirar una producción televisiva.
La historia de “La cabina” se concibió a finales de los años 60. Antonio Mercero y José Luis Garci (Co-guionista de “La Cabina”), cuando estos tenían previsto lanzar una serie de humor para televisión. En busca de argumentos, les pareció gracioso elaborar uno en la que un individuo se queda encerrado en una cabina telefónica y no puede salir. Sin embargo, la cosa no prosperó, la serie no se llegó a hacer, pero a Mercero se le quedó en la cabeza la historia de la cabina. Dándole vueltas a la cabeza, decidió que la historia dejaría de ser cómica para convertirse en una cosa de terror/ciencia ficción de corte surrealista. Pero al no haber una serie televisiva donde albergar esta historia, propuso a Televisión española la producción de este mediometraje. A los directivos de T.V.E no les pareció mala idea, dado que la serie en la que acababa de trabajar Mercero “Crónicas de un pueblo” había sido un éxito, así que le dieron carta blanca. Y obviamente, no les defraudó.
Por otro lado, los críticos se han empeñado en ver siempre en “La cabina” una crítica al régimen franquista, defendiendo esa teoría hasta el absurdo. A colación de esto, Mercero llegó a decir que de crítica social nada, que él tan solo había tratado de hacer una película de terror y  ciencia ficción y punto, pero que él no podía controlar lo que la misma pudiera sugerir a según que mentes y sensibilidades. Dejando claras cuales son sus intenciones,  he llegado a leer a cierto crítico  mediático decir que daba igual lo que dijera Mercero, que la película es una crítica al régimen franquista y que no hay más vuelta de hoja. ¿No te está diciendo Mercero que no, pedazo de gilipollas?
Tras éxito de “La cabina”, las alabanzas por parte de los medios y el público han ido acompañando a Mercero a lo largo de su carrera en cine o televisión; asimismo volvió a ser nominado al EMMY por otro mediometraje, “Don Juan”, pasó factura a todos los géneros en cine y televisión, lanzó a la palestra al niño prodigio Lolo García con “La guerra de papá” y “Tobi” y alcanzó las mieles del bombazo televisivo con “Farmacia de Guardia”.  La verdad, es que es un todoterreno.

viernes, 13 de julio de 2018

HALLOWEEN H20


“Halloween, H20”, sexta secuela de “La noche de Halloween” de John Carpenter, es, más que una secuela, una muestra palpable del neo-slasher de finales de los 90 y una consecuencia directa del mega-éxito de “Scream, vigila quién llama”.  De hecho, el guionista de moda de aquella época (y flor de una primavera) Kevin Williamson, mete sus zarpas en un proyecto como este, que se aprovecha del tirón de la película de Wes Craven con idea de realizar una nueva franquicia que son el siguiente título, “Halloween resurrección”, fracasó no volviéndose a hablar del tema hasta que años depués Rob Zombie le hiciera a la saga de Michael Myers un autentico lavado de cara.
La película, omite las otras películas de la saga desde la segunda (motivo por el cual, la hija del personaje de Jamie Lee Curtis no existe) trasladando, sin embargo, la acción 20 años después de los hechos acontecidos en la primera y segunda, por lo que tenemos a una Laurie adulta, divorciada y con un hijo adolescente, completamente acojonada desde que Michael Myers la acorralara en su propia casa 20 años atrás. Tiene un hijo adolescente y rebelde al que tiene sobreprotegido, cuando, al celebrarse la fiesta de Halloween de ese año, Michael Myers aparece de nuevo, cargándose sin miramientos a todos los adolescentes amigos del hijo de Laurie, que celebran la fiesta de Halloween. Inevitablemente,  el enfrenamiento entre el Psycho Killer y la Final Girl, tendrá lugar hacia el final de la película.
Paradójicamente, yo he visto por primera vez esta celebración de los 20 años de “Halloween”, 20 años después de su estreno, y pese a las buenas críticas que recibió en su momento, y a tratarse de la secuela más taquillera de toda la saga, es un claro ejemplo de que si el cine de los 90 es bueno perdura, pero que, como es el caso, las películas mediocres envejecen tan mal, que acaban resultando insulsas. “Halloween H20” es tan mala, que hace que una de las peores muestras de la saga, “Halloween 5: La venganza de Michael Myers” sea buena a su lado. Y es que, fuera de los estupendos efectos gore y los asesinatos de Myers, que aparecen con la película bien avanzada —que en cualquier caso no servirian para salvar la película—, todo lo demás es raquítico e insulso. No pasa nada, y ese nada que pasa, es poco. Digamos que hasta que viene la chicha, tenemos un bla, bla, bla de lo más cansino. Mala en definitiva.
Y es que en intenciones la cosa iba a ser algo mejor; en un principio la película la iba a dirigir el propio John Carpenter, pero este, considerando que no había percibido lo que se merecía de los beneficios de su creación con el primer Halloween, se subió a la parra pidiendo 10 millones de dólares por la dirección de esta secuela, aprovechando que compartía productor con la suya, Moustapha Akkad. Obviamente, tenían pensado gastarse  17 millones en la película entera y decidieron no tener a Carpenter en la misma siendo sustituido por Steve Miner, que cobraba bastante menos. Además, sí que se contó con la presencia de Jamie Lee Curtis, que pese a decir públicamente que el mejor papel de su vida era el de Laurie Strode, no dudó en pedir una cifra astronómica por volver a darle vida. A ella, sin embargo, si se le pagaron los millones que pedía.
Además, y dado que Steve Miner era un fan acérrimo de “Psicosis”, aprovechando la coyuntura, y que la protagonista de aquella, era la mamá de la protagonista de esta, se pegó el caprichito de darle un papelito insignificante a Janet Leigh. Pero ni por esas; la película no funciona fuera de los acuchillamientos.
Asimismo, resultó una carrera de jóvenes talento que triunfan, en mayor o menor medida, en el día de hoy, por lo que en el elenco tenemos insulsos papeles para Josh Harnett, Michelle Williams o un jovencísimo Joseph Gordon-Levitt. También tenemos al rapero L.L. Cool J. que en plena decadencia de su música, decidió convertirse en actor igualmente decadente.
Para finalizar, tan solo diré que el sacarse de la manga que Michael Myers era hermano de Laurie Strode, es la idea más estúpida que jamás se le haya ocurrido a alguien en la historia del cine.
En nuestro país, la cosa funcionó relativamente: hizo casi 400.000 espectadores, que no es moco de pavo.

jueves, 12 de julio de 2018

LOS ARISTÓCRATAS (21)


Como cada mes, Ángel Codón y un servidor, volvemos con un nuevo programa dedicado al humor y la comedia, y esta vez le dedicamos el mismo a Don Francisco Ibañez, mítica leyenda de la factoría Bruguera y padre de Mortadelo y Filemón. Sobre él, sobre sus problemas con la editorial o los estupendo estudios Vara, hacemos las dos horas del programa del mes de Julio. Sin más, aquí se lo dejo!!


martes, 10 de julio de 2018

AVT PODCAST (97)



Ya está aquí de nuevo AVT PODCAST!!!
El programa de hoy se lo dedicamos a un tipo capaz de facturar una obra maestra e inmediatamente después, facturar una putísima mierda sin inmutarse. Aunque su carrera, tiene al menos tres o cuatro pelis que, verdaderamente, merecen la pena. Dedicamos el programa a las películas de Tobe Hooper.
Por ello, Romerito, en un alarde de originalidad, se casca el visionado de “Djinn”. Aratz, tira más de la etapa Cannon y comenta “Invasores de Marte”, mientras que Víctor, sin ganas de complicaciones tira por lo seguro y se traga “La matanza de Texas”.
El visionado conjunto los muchachos se lo dedican a “Trampa mortal”, y así transcurre una quincena más, indisolublemente, una nueva jordada de tu podcast favorito.
Tobehopeén!


lunes, 9 de julio de 2018

EL IN... MORAL


Curiosamente, algunas de las películas mas perdidas e ilocalizables del cine español (en el sentido de que no existen más que una o dos copias en 35 mm. sin que hubiera tras el estreno de las mismas vida comercial en formato domestico y/o pases televisivos) son las películas de la primera etapa de los hermanos Calatrava, más concretamente, “El último proceso en París” o  la que nos ocupa, esta “El In…moral”. Prácticamente, es inviable el poder verlas, pero el hacerse con una copia es potencialmente imposible. Incluso, corre el peligro de que algunas de estas copias se hayan perdido para siempre, lo que imposibilitaría el hecho de poder echarlas un vistazo. Y es una autentica pena.
Sin embargo, en estas lides, puedo considerarme un hombre con suerte (o no), porque yo he tenido el placer de visionar una copia de “El In… moral”. Y dirán ustedes, si tan ilocalizable está, ¿cómo es que tú las has visto? bien, alguien a quién llamaremos “una buena amiga”, con acceso a una sala concreta de cine y a ciertas copias de películas en 35 mm. consideró que el trabajo de divulgación del cine cómico español que yo vengo haciendo desde hace años en este, nuestro querido blog, o en el podcast “Los Aristócratas” es encomiable, por lo que cuando se enteró de mi interés por visionar estas películas ignotas, ni corta ni perezosa, me organizó un pase privado ¡para mí solo! en una sala de cine de Madrid, de una de las dos o tres únicas copias que quedan en el mundo de “El In…moral”. Así que la he visto en una copia de 35 un tanto churretosa y en un cine. Todo un privilegio del que no muchos pueden presumir. Eso sí, esta “buena amiga”, me hizo prometer que no revelaría la fuente de la cual proviene esta cinta. Pero si me dio derecho a reseñarla —de hecho, se me hizo el pase para que yo haga la reseña posteriormente— siendo yo, probablemente, una de las cinco o seis únicas personas que han tenido oportunidad de verla tras su paso por la cartelera, dónde la vieron, no obstante, cerca de 350.000 espectadores.
Se trata de una de las dos películas que los Calatrava hicieron a las ordenes del actor especializado en aparecer en spaghetti westerns José Canalejas —la otra es “El último proceso en París” y que sirvieron para el lucimiento de estos dos cómicos que pese a tener el beneplácito del público, no se pueda decir que sean unos genios del humor. Quizás en su época, con la ingenuidad general si que resultaran efectivos, pero presenciar sus chascarrillos a día de hoy resulta de lo más bochornoso.
La película, que de puro raro empieza estupendamente para luego perder todo el fuelle —y el surrealismo del que hace gala— antes de llegar a la media hora, cuenta como los hermanos Calatrava, que se interpretan a sí mismos, están empezando a despuntar en el mundo de las salas de fiestas, por lo que cada noche, al acabar sus actuaciones, se van por ahí a divertirse con las señoritas. Paco Calatrava se queja de que su hermano Manolo se lleva a todas las tías buenas, mientras que él ha de conformarse con los cayos. Lo curioso de estos quince minutos iniciales, es que Paco Calatrava, como se interpreta a sí mismo, prescinde de la voz de tonto por la que es popular y escuchamos su voz tal cual era en la época, sin estridencias ni interpretación de ningún tipo, cosa esta que me ha llamado poderosamente la atención porque, casi, ni le conocía la voz.
El caso es que, en una de sus juergas, atropellan con el coche a una anciana. La llevan al hospital y esta necesita transfusiones de sangre, por lo que en un acto de buena voluntad, Paco, se ofrece a donar la suya. La cosa se vuelve totalmente majareta en el momento en el que al hacer la transfusión, esta, se vuelve joven tras recibir la sangre de Paco, por lo que se llega a la conclusión de que la sangre de Paco hace rejuvenecer a las personas (¡).
A partir de aquí, no solo Paco retomará su voz de mongoloide que le ha acompañado toda la vida, sino que, además, todas las ancianas quieren su sangre (motivo este que Paco aprovechará para tirárselas), y distintas organizaciones mafiosas querrán dar con el paradero del humorista para hacerse de oro con su sangre. La cosa alcanza cotas de locura inimaginables cuando el mismísimo Conde Drácula —¡un tío flacucho al que le han puesto colmillos usando papel Albal!— se acerca al hospital dónde está Paco con el fin de chuparle la sangre y rejuvenecer. A partir de ahí, la cosa se vuelve un ir y venir de personajes, en una película en la que se abren tres o cuatro subtramas que nunca llegan a cerrarse. Algunas, incluso, se plantean pero no llegan a desarrollarse.
Se trata de una película que tras los 10 primeros minutos, se vuelve absolutamente insoportable, hasta el punto de que si no fuera por las circunstancias especiales en las que la he visto, dudo mucho que hubiera llegado a completar su visionado. Una incompetencia artística y técnica difícil de digerir, e incluso de ser disfrutada como obra trash. Un cutrismo que, si bien no alcanza  los niveles de la película que ellos dirigieron, “Macarras Conexión”, si que hace mella en la retina del espectador que resopla y resopla porque no ve la hora de que ese tostonazo llegue a su fín.
En definitiva; me ha encantado verla en un cine para mí solo, las circunstancias en las que la he visto y la experiencia en general, pero lo cierto es que si jamás hubiera visto esta película, no habría pasado absolutamente nada. Ahora, eso sí, me alegro de haberla visto y aquí reseñado.
“El In… moral” hace parecer a las películas Calatravescas de Manuel Esteba obras maestras del cine Español. Ahí lo dejo.
Junto a los Calatrava, en un alarde de ortodoxia actoral, tenemos a Mirta Miller, Loreta Tovar, Rafaela Aparicio, Frank Braña, Manolo Zarzo o Mir Ferry.
He aquí el único testimonio de todo Internet. Gracias, mi “buena amiga”.

viernes, 6 de julio de 2018

QUE NOS QUITEN LO BAILAO


“Que nos quiten lo bailao” resulta una rara avis dentro de nuestra comedia. Una película netamente valenciana —puramente mediterránea— que juguetea con un género tan nuestro como es la parodia histórica tan en boga los primeros años de la década de  los 80 y  que traía consigo filmes de mayor calado popular que el que nos ocupa, como puedan ser “Juana la loca… De vez en cuando” de José Ramón Larraz, “Cristóbal Colón… de oficio descubridor” de Mariano Ozores o “El Cid cabreador” de Angelino Fons, y con el musical, incluyendo numeritos (impagable el protagonizado por Joan Moleón) absolutamente deudores de la revista. Sin embargo, y a diferencia de los títulos anteriormente nombrados, “Que nos quiten lo bailado” tiene más mala leche y aspiraba a tener un público más intelectual que las otras películas más destinadas a un público de corte popular. Así,  “Que nos quiten lo bailao” tiene todo el tiempo los ojos puestos en el cine de Monty Python rozando, por momentos, el plagio. Si en “Los caballeros de la mesa cuadrada”, cuando el Rey Arturo llega al castillo de Camelot y al advertir la presencia de este ante el resto de caballeros uno de ellos responde que es una maqueta, en “Que nos quiten lo bailao” cuando Fray Jacinto divisa el Alcázar,  uno de sus acompañantes dice que vaya mierda. No es el mismo gag, pero prácticamente es el mismo.
La película transcurre en algún lugar de Valencia, más o menos durante el siglo XV o XVI durante la convivencia de moros y cristianos por aquellas tierras. Y no tiene un argumento propiamente dicho, Una secuencia tras otra va transcurriendo entre diálogos descacharrantes, números musicales y un humor muy particular, pero si que hay un ligero hilo conductor en el que la hija de los marqueses de Mocorroño es vendida como esclava, y en el harem del sultán Al Parrús, esperará a ser rescatada por sus padres mientras es usada para uso y disfrute del sultán y sus amigotes, por ejemplo, siendo su culo exhibido en una especie de ruleta humana de la suerte.
El argumento es de lo menos, aquí lo que prima es que el humor marque el avanzar de la película.
Así, tenemos un divertimento de lo más surrealista, que pese a estar fuertemente influenciado por los Phytom, y gracias a lo autóctono de esos numeritos musicales y de revista, no deja de ser una película de lo más personal. Amén de ser una joya ignota de la que poco se ha sabido hasta ahora, con escasos 178.000 espectadores en salas de cine.
Muy divertida e interesante.
El elenco, salvo por los actores principales interpretados por profesionales de la talla de Joan Moleón, Guillermo Montesinos o Impar Ferrer, está compuesto de las gentes del pueblo dónde se rodó, Luchente, lo que dota a la película de unos rostros y personajes de lo más grotescos, que son otro de los puntos fuertes del film. De hecho, Luchente tiene una importancia vital en esta película, no solo por el elenco, sino también por la cooperación que el mismo pueblo tuvo durante la preproducción de la película, ayudando al personal técnico de la misma a reconstruir un viejo convento abandonado que en la película recrearía una alcabaza. Asimismo, Luchente sería el lugar dónde la película se estrenaría mundialmente.
Dirige la película Carles Mira, director eminentemente Valenciano cuya carrera transcurriría casi en su integridad en su tierra natal, que además de esta joya dirigió cosas menos interesantes como la olvidable “El Rey del Mambo” o “Con el culo al aire” protagonizada por Ovidi Montllor.

miércoles, 4 de julio de 2018

NUEVO LANZAMIENTO VIAL OF DELICATESSENS


Desde el pasado día 27 de Junio está disponible el nuevo libro de Rubén Lardín.


EL FUTURO DE NUESTROS HIJOS, ESCRITOS DE CINE
De Rubén Lardín.

Movimiento, fuego y fiesta. Me gusta de este libro que da muchas ganas de vivir y te hace darte cuenta de que ya lo estás haciendo”.
Del prólogo de Bárbara Mingo.
Rubén Lardín, a quien llevamos más de veinte años leyendo en revistas y periódicos como Cinemanía, Rockdelux, Eldiario.es, Cartelera Levante, Vice o El Estado Mental, recopila en estas páginas columnas de opinión, artículos, reseñas críticas y pequeños ensayos publicados en esos y otros papeles. Son textos encendidos y sonoros, alumbrados con nocturnidad y alevosía o en ocasiones a pleno sol. Un exuberante manojo de intuiciones en torno al huidizo asunto de las películas.
Escritor, traductor, guionista eventual y firma frecuente en prensa, Rubén Lardín (Barcelona, 1972) es autor de diversos libros de divulgación cinematográfica y multitud de ensayos fluctuantes entre las marismas mediterráneas y las fosas abisales de la cultura. Ha firmado también títulos más personales como el dietario Imbécil y desnudo, la memoria de iniciación sentimental Corazón conejo o el artefacto impúdico La hora atómica.

El P.V.P del volúmen es de 15,00 € envio incluido  y estará a la venta exclusivamente en la web de
vialofdelicatessens.blogspot.com


Los pedidos de este libro se servirán a partir del 10 de Julio.

martes, 3 de julio de 2018

EL REPUBLICANO


Suele ser habitual que los directores principiantes pongan bastante de sí mismos a la hora de realizar sus óperas primas: en el caso concreto de “El republicano” esta refleja a la perfección el recorrido biográfico, tanto vital como profesional, de su máximo responsable, el actor David Arquette, más conocido entre los aficionados por interpretar al pusilánime Dewey Riley de la saga “Scream”. De esta manera, Arquette tuvo por un lado la suerte de nacer y crecer en una comuna junto a sus padres y a sus cuatro hermanos, los también actores Alexis, Richmond, Rosanna y Patricia. Mientras asistía al desmesurado e imparable desarrollo de los atributos de sus hermanas mayores, y seguramente con el objetivo de alejar todo tipo de pensamiento incestuoso de su mente (esto es sólo una suposición mía) el pequeño David optó por compensar la libertad y el buenrollismo post-hippie que reinaba en su familia refugiándose en los cines de reestreno y de programa doble, en los cuales - y al mismo tiempo que se hacía fan de clásicos del terror de la Universal como "Drácula" o "Frankenstein" - también se fue aficionando al cine de supervivencia tan característico de los 70 así como al slasher de principios de la siguiente década, encontrándose de este modo entre sus favoritos títulos como "Deliverance", “Viernes 13” o, muy especialmente, “La última casa a la izquierda” y el “Halloween” carpenteriano.
El hecho de que su adolescencia transcurriera en el nucleo más duro de la era Reagan unido a la relación de amistad que mantuvo años después con Wes Craven, merced a su colaboración en la saga protagonizada por ghostface, hicieron el resto a la hora de decidir el tema de su debut tras las cámaras. Tan dispares elementos confluirían un día en la cabeza de Arquette mientras éste se encontraba asistiendo a un concierto de reggae que se celebraba en plena naturaleza con motivo de la conmemoración de "el día de la marihuana", también conocido como "el día internacional de la fumada de porros" (¿?) que se celebra todos los años el 20 de abril. Según recordaba Arquette: "Debido a la desorganización que imperaba en aquel festival empecé a emparanoiarme. Tenía la sensación de que todo estaba fuera de control. Luego, y para empeorar aún más las cosas, cuando se hizo de noche estaba todo tan oscuro que no era capaz de encontrar a mis amigos, ya que a ninguno de nosotros se nos ocurrió llevar una linterna al evento. Justo en ese momento me dio por pensar, "¿No sería genial que a alguien se le fuera la pinza y comenzara a cargarse a todos estos hippies?" De esta manera, a partir de la idea de realizar un body count protagonizado por un asesino en serie de ideas conservadoras, y teniendo como mayor punto de referencia a la propia saga "Scream" y su desmitificador sentido del humor, Arquette y el guionista Joe Harris ("Darkness Falls") pergeñaron un slasher de manual que incluye absolutamente todas las constantes que caracterizan al subgénero: de esta forma, aquí no faltan el psychokiller enmascarado que oculta un trauma de niñez, el grupito de neohippies que viaja en una furgoneta, y que tendrán el inevitable encontronazo con un grupo de rednecks de camino al concierto, así como el viejo que alerta de la amenaza que se oculta en el bosque o la consabida final girl, interpretada en esta ocasión por la deliciosa Jaime King ("Sin City").
Lo mejor, y a la vez lo peor, de esta película es que a pesar de incluir referencias postmodernas a "El equipo A" o a "El exorcista" sus responsables se atienen de una manera tan estricta a las reglas del slasher que "The Tripper" acaba siendo exactamente igual de coñazo que los títulos más representativos del género, con el agravante de que éste que nos ocupa ni siquiera es tan original (en lo que respecta al slasher con connotaciones políticas, Larry Cohen ya se les adelantó unos años antes con "Muerto el 4 de julio") ni tampoco tan gracioso como se pretende, por mucho que cuente con el plus de presentar a un sosias de Reagan que, hacha en mano, se dedica a desmembrar jipiosos.
De todas formas, y a pesar de sus puntuales aciertos, es una pena que Arquette no muestre aquí el talento suficiente para llevar el género un poco más allá como sí lo hizo en cambio a lo largo de su carrera, y en más de una ocasión, su mentor Wes Craven: así las cosas, la sátira y el metacine se desestiman en favor de los consabidos chistes de fumetas y la oportunidad de crear a un nuevo icono del terror a partir de la figura de este "The Tripper" se desaprovecha al mostrarse Arquette incapaz de otorgarle una personalidad propia que defina y distinga a su protagonista de los Michael Myers, Jason Vorhees y compañía. Al menos sus responsables no escatiman a la hora de desplegar a lo largo del metraje un gore bastante burro y escatológico y de mostrar sin ningún tipo de tapujos culos, felpudos, tetas y pollas hippies: algo es algo.
En su magnífico reparto, y junto al propio director, nos podemos encontrar con un Thomas Jane que por aquella época estaba casado con Patricia Arquette, y que acababa de encarnar a "El castigador", Lukas Haas ("Unico testigo"), Balthazar Getty ("Carretera perdida"), Paul Reubens (¡el mismísimo Pee-Wee Herman!), así como los cameos de Wes Craven y Courteney Cox (esposa por aquella época de Arquette) o a un Jason Mewes ("Clerks") que aquí, y para variar, también interpreta a un fumeta que va durante toda la peli más puesto que Maradona en una rave, seguramente tanto delante como detrás de las cámaras.
Aunque como ya apuntábamos sea un poco aburrida y previsible y falle asimismo a la hora de seguir los pasos de los superiores modelos en los que se mira, gracias a lo atractivo de su premisa y a su falta de pretensiones "El republicano" resulta ser al final, y a pesar de su mediocridad, una serie B inevitablemente simpatica. Así las cosas, si eres un fan curtido del género su visionado ni te cambiará la vida ni tampoco te defraudará en exceso. Una peli del montón, en definitiva.


lunes, 2 de julio de 2018

THE BEACH PARTY AT THRESHOLD OF HELL


Muy atrás quedaron los tiempos en los que la NationalLampoon apadrinaba películas como “Desmadre a la americana” (por citar la única verdaderamente mítica que tienen bajo su sello). En los últimos años no ha hecho más que apadrinar caquita, como de la que muy brevemente les vengo a hablar ahora, que tiene ya sus doce añitos con la tontería.
Comedia post-apocalíptica rodada en vídeo (de la época) que nos sítua en New America, tras un holocausto nuclear. Estamos en el año 2097, y el último descendiente de los Kennedy, junto con dos robots, se encuentran en medio de una playa desierta. Intentando buscar una emisora de radio con el fin de contactar con otros supervivientes, se topan con una mujer caníbal así como con una horda de zombies con los que se las tendrán que ver.
Pura rutina por parte de unos individuos que vieron “Zombies Party” y pensaron que podían hacer algo de divertido. Sin embargo, se quedan en las antípodas de algo parecido a eso.
Además, después de hora y media de aburrimiento, la película se queda inconclusa anunciando que es una primera parte, por lo que el espectador se queda a medias. Pero lo cierto es que eso da un poco lo mismo porque lo que acabamos de ver, también es verdad que nos importa un comino. Como fuere, nunca tuvo lugar esa segunda parte.
Por otro lado, y supongo que por tratarse de un producto National Lampoon, contamos con breves cameos de populares rostros como los de Jane Seymour o Daniel Baldwin, lo que, en absoluto, como es lógico, salvarían la película de la quema.
Los émulos de Edgar Wirght y Simon Pegg que decidieron hacer esto, responden a los nombres de Jonny Gillette y Kevin Wheatley, que tampoco han hecho nada medianamente destacable ni antes, ni después de este pedazo de bodrio.
Dos curiosidades: Por un lado, decir que la carátula del DVD puede dar lugar a equívoco y llevarnos a pensar que estamos ante una sex comedy a juzgar por el título playero, y por la lozana en bikini que aparece en la misma. Solo aparece ahí, porque lo cierto es que en la película no hay ni un solo bikini.
Por otro lado, la película se rodó en la playa de Pensacola Beach, en Florida. Dos semanas después del rodaje, el Huracán Iván arrasó con la zona. ¿Castigo de Dios? lástima que ese Huracán no pasara por allí un par de semanas antes.
Horrorosa.

viernes, 29 de junio de 2018

ESTOY EN CRISIS


Una muestra seminal de lo que acabó siendo la comedia madrileña de principios de los ochenta; un estilo que, compartiendo cartelera con el cine de consumo y perdiendo la batalla de la taquilla contra este por aquél entonces, ganó paradójicamente la guerra en cuanto entró en vigor la famosa ley Miró. Aunque murió por el cambio generacional a principios de los 90.
Asimismo, con este tipo de comedia vista de manera retrospectiva, pasa lo mismo que ocurriría con el Landismo o el cine de Mariano Ozores; qué acaba traduciéndose como retrato de la época en que esta se rodó.
En este caso, con su director Fernando Colomo, considerado el padre de la comedia madrileña, volviendo a lo que sabía que funcionaba tras el fracaso de  su anterior película, “La mano negra”, en la que mezcló comedia con cine policiaco en lo que resultó ser su primer fracaso de taquilla.
Aquí, en “Estoy en crisis”, anulando todo atisbo de género opuesto a la comedia madrileña, la jugada le sale medio rana, y contra todo pronostico, no consiguió el beneplácito de la crítica ni el público no llegando al millón de espectadores en la taquilla ni teniendo reseñas demasiado entusiastas, no así en la Mostra de Venecia de aquél año, que reacia como era a programar comedias en sus secciones, hace una excepción con “Estoy en crisis”, y se mete al público en el bolsillo, pese a las demoledoras críticas que recibió.
“Estoy en crisis” cuenta la historia de un directivo publicitario en plena crisis de los cuarenta, que abandona todo para irse a vivir al campo con una modelo con la que ha trabajado, cuando esta acaba llevando a la casa  de este a todos sus amigos, poco menos que una comuna hippie, que se ponen a arar en la vuelta, mientras la muchachita que nuestro hombre pretende seducir se pasa toda su estancia allí acusándole de montar todo ese tinglado en el campo como una sucia artimaña para acostarse con ella, cosa que por otro lado es verdad. Cuando este se da cuenta de que esa chica no es más que un capricho infantil para él, será demasiado tarde para recuperar su vida.
De tono desenfadado y ritmo ágil, “Estoy en crisis” llega a 2018 con una frescura inusual en el cine español de los 80. Si nos dicen que es una película rodada en esta década, da el pego. Y eso es porque en su momento, 1982, se prodigaba como una película que retrataba una sociedad y unos personajes rematadamente modernos, por lo que han perdurado estupendamente, ya que no posee la película ningún agente externo que la haga chirriar en ese sentido.
Entretenida sin más, la importancia de esta película reside en que sería el film que da el pistoletazo al estilo de Colomo en particular y a la nueva comedia madrileña en general, siendo la mamá de títulos ya clásicos de Colomo como “Bajarse al moro”, “La vida alegre” o “Rosa Rosae”.
Se puede ver.
En el reparto tenemos a un  José Sacristán todavía no tan pedante como lo sería cuando los argentinos se lo disputaron para hacer bodrios petulantes, pero en estupenda forma y en el mejor momento de su carrera, cuando se hacía un hueco en el cine de autor a fuerza de despojarse, poco a poco, de los ramalazos adquiridos en la comedia clásica de la que proviene, de los años 60 y 70.
Con él, Cristina Marsillach, bellísima, pero enchufada a tope y sin una pizca de talento como actriz, Marta Fernández Muro, Quique SanFrancisco y Mercedes Samprieto.

miércoles, 27 de junio de 2018

OTRO CÓMIC DE ANGELILLO WOOD HOMENAJEANDO AVT

Recibimos otra página del amigo Wood, y procedemos a colgarla aquí. Gózenla!


martes, 26 de junio de 2018

AVT PODCAST (96)



El programa de hoy se lo hemos querido dedicar a un tipo que es un compositor y cantante nefasto, pero se es millonario gracias a ello, que es un actor del tres al cuarto, pero que hace películas. Y encima, las películas que hace son tan mierdosas que tiene la cualidad de ser lo mejor que aparece en ellas… Sí, le dedicamos el programa al ex lider de El canto del loco, Dani Martín. O mejor dicho, a sus películas. Así, Victor decide comentar la película “Yo soy la Juani”, en la que interpreta a un quillo poligonero que se muerde el labio, Aratz hace trampa y nos comenta el cameo que este hace en “Torrente 3”, pero hace trampa porque no se ve la peli entera, solo ve el cameo. Y Sí, se muerde el labio. Y Romerito se ve la película “Sin Vergüenza” en la que  interpreta a un actor y en la que, no solo se mueve el labio sino que además le mete un golpe al capo de un coche.
La película conjunta sería “Sinfín” en la que Dani Martín interpreta a un cantante y se muerde el labio.
Nosotros nos lo hemos pasado muy bien porque  esto es AVT PODCAST!!! y porque nos mordemos el labio.
Disfruten!!

lunes, 25 de junio de 2018

THE LONELY LADY


Como icono homosexual que es, Pia Zadora, la protagonista de la película que nos ocupa, posiblemente no sea muy popular en nuestro país más que para el colectivo gay, y de hecho ninguna de sus películas llegaron a estrenarse en nuestro país en formato alguno. Sin embargo, es un personaje lo suficientemente interesante como para que me tomara mi tiempo en visionar su película más conocida, esta “The Lonely Lady”.
Zadora, con más pinta de actriz porno que de otra cosa, debutó en el cine en un papel corto, como niña extraterrestre en la mítica “Santa Claus conquista los marcianos” siendo aún muy pequeña, deambulando su carrera posteriormente entre pequeñas obras de teatro y musicales de Broadway. Eso sí, se trataba de una actriz muy guapa —pese a esa cara de patata cocida que tiene—, así que cuando el empresario multimillonario e israelí Meshulam Ricklis la  vio en un espectáculo musical, se encaprichó de ella. La Zadora, ni corta ni perezosa y con la clara idea de solucionarse la vida, se enamoró también del empresario judío. Este, le sacaba 30 años de edad. La cosa prosperó y años después se casaron —su matrimonio duró cerca de 20 años—, con lo que trabajar ya era una cosa secundaria. Pero la Zadora, que no era una mujer en exceso talentosa, se aburría, así que su marido se dedicó a producir y/o participar en películas que tenían a Pia Zadora como protagonista porque esa era la principal condición de Riklis, si alguien quería que pusiera su pasta en su película. Con lo cual, el grueso de la carrera como estrella de Pia Zadora se reduce a dos películas co-producidas por su marido; la primera de ellas “Butterfly”, una historia sobre incesto en la que Zadora compartió casting con Orson Welles, y la que nos ocupa, “The Lonenly Lady”.
La película es la adaptación de un best-seller homónimo escrito por Harold Robbins, que se inspira ligeramente en las correrías de la actriz y escritora Jacqueline Susann. Una bala perdida de la farándula de principios del siglo XX.
En un principio, el estudio que produjo la cinta, y que tenía los derechos para la adaptación de la novela, Universal, concibió este proyecto para que fuera interpretado por Susan Blakely quién gozaba de su momento de mayor popularidad gracias a la serie televisiva “Hombre rico, hombre pobre”. Sin embargo, el guion con el que se contaba no era muy brillante, era más bien tirando a soso y ridículo. Así que, pensándoselo dos veces, y aún teniendo un contrato por tres películas con Universal, Susan Blakely optó por rechazar hacer una película que desde la preproducción no presagiaba nada bueno.
Universal estaba ya a punto de archivar el proyecto cuando entra en escena el señor Meshulan Ricklis con la firme intención de levantar esa película a golpe de talonario. Como ya hizo con la anterior película de Zadora, “Butterfly”, Ricklis se ofreció a financiar la mitad del film, siempre y cuando este lo protagonizara su señora. Universal aceptó. Tras darle un par de vueltas al guion con distintos guionistas, el director previsto, Matt Cimber, se retira del proyecto porque no lo ve factible, y se contrató en su lugar al director Peter Sasdy quien proveniente del mundo de la televisión destacaba por haber dirigido un par de buenos títulos de la Hammer tales como “El poder de la sangre de Drácula” o “Las manos del destripador”, y se pusieron manos a la obra con este “The Lonely Lady”. Desde el día uno fueron palpables los problemas en el set de rodaje, con un señor que no sabía cogerle el pulso a un drama romántico como este. Pia Zadora se quejó en su momento de que estaba todo, en aquél rodaje, muy mal hecho, pero Sasdy dijo que era imposible trabajar con una persona como Zadora, desprovista de sus facultades mentales y más preocupada de cómo aparecían sus tetas en pantalla que de decir con corrección sus frases. Un desbarajuste, vaya.
La cosa va de una joven aspirante a guionista que tras recibir un premio de escritura, conoce a gente del mundo de Hollywood, en una fiesta previa, con la que se irá con el firme propósito de escribir una gran película. Estando en casa de uno de ellos, es golpeada, insultada y violada, por uno de ellos. Y sin venir a cuento, incluso le agrede sexualmente ¡¡Con una mangera!! Poco después se casa con el otro, con el que no la ha violado, y la cosa, mientras intenta medrar en Hollywood, va como el culo porque el marido no hace más que echarle en cara que disfrutara de aquella violación con manguera. Verídico. Así, el resto de la película no es más que el ir y venir de la aspirante a guionista follándose todo lo que se mueve sin importar si es hombre o mujer, para al final de la película, cuando consigue el premio al mejor guion por la película que acaba de realizar, soltar un discurso de denuncia en el que deja caer que el éxito en Hollywood, solo se consigue a fuerza de dejarse follar. Y fin.
Mala hasta decir basta, se trata de uno de los grande baluartes del humor involuntario americano, y también, una seria aspirante a peor película de la historia.
En consecuencia, Universal no tenía previsto estrenar algo tan malo, pero, una vez más, Meshulan Ricklis intervino dando al estudio una millonada para que la película se estrenase con tratamiento de gran producción. Y así lo hizo Universal.  Su estreno fue sonado porque muchos de los asistentes, que ya se olían el percal —muchos de ellos miembros de los Razzies— fueron a ver la película para pitorrearse de ella, y fue recibida con alaridos, risas, gritos en insultos. Intentando parecer ajena a todo aquello, muy digna, Pia Zadora se ofreció a firmar autógrafos después de la película a todo aquél que así lo deseara.
Esta película, que debía suponer la puesta de largo de la actriz, supuso el batacazo definitivo. A eso ayudaban sus declaraciones en sus intervenciones televisivas para promocionar la película en las que afirmaba, basándose en vayan ustedes a saber qué, que “The Lonely Lady” era una mezcla entre “Rocky” y “Emmanuelle”.
Y si el año anterior ganó un globo de oro a la mejor nueva estrella (dicen que su marido pagó para que ese galardón se lo concedieran a su esposa) y un premio Razzie a la peor actriz por “Butterfly”, con “The Lonely Lady”, se llevó de uevo el premio consecutivamente, amén de llevarse la película todos los razzies habidos y por haber. Más que afianzar su carrera, la película le hizo perder a Pia Zadora toda su posible credibilidad. De hecho, en un evento de los Golden Rapsberry en el que se premiaba a la peor actriz del siglo XX, Pia Zadora era una seria aspirante al galardón; por suerte para ella, andaba por ahí Madonna que se llevó dicho premio. Visto lo visto, Zadora decidió dejar a un lado su carrera como actriz. Pero como buena ama de casa millonaria, se seguía aburriendo, por lo que emprendió una carrera como cantante pop dónde le fue bastante mejor.
Huelga decir, que cuando el autor de la novela, Harold Robbins, vio la película, se llevó las manos a la cabeza y entró en cólera, diciendo: “Pero ¿qué es esta puta mierda?” No quiso saber más al respecto.
Enfrentándome a su visonado, puedo decir sin despeinarme, que la película es mala de pelotas, pero sin más. Es cierto que Pia Zadora es horrorosa, como la película entera, que los diálogos hacen a uno sonrojarse y que hasta la banda sonora da vergüenza ajena, pero, por un lado, la Zadora está buena. Sale desnuda; para pajilla, da la peli. Y por otro, decir que no es menos mala y risible que cualquiera de las teleseries que, al mismo estilo, gozaron de éxito en los primeros ochenta, rollo “Dallas”, “Dinastía” o “Falcon Crest”. Vamos, que “The Lonely Lady” es ideal para señoras con menopausia que le vienen los calores al ver a un cuarentón de buen ver.
Como anécdota, decir que el violador que le mete a la “Dama solitaria” la manguera por el coño, no es otro que un Ray Liotta que debutaba para la gran pantalla. Y si creen que la Zadora es mala actriz, espérense a ver a Liotta totalmente fuera de sí, sobreactuado hasta la exasperación, gritando y emitiendo una risa más falsa que judas, que deja más que claro que su paso por las grandes producciones posteriormente, no es más que una cuestión de suerte. Ray Liotta es malísimo. Risible.
Obviamente, la peor parada de todo esto fue Pia Zadora, a la que ya nunca jamás se la tomó en serio y su figura en la cultura popular americana, vendría a ser el equivalente de lo que fue, por poner un ejemplo muy a bote pronto, nuestra Tamara/Ambar/Yurena. Un caricato, una retrasada mental de la que se ríe todo el mundo.
Con todo, el culto que se le rinde a la película, ha propiciado que recientemente, se editase una edición en DVD con todos los lujos.
Simpática historia, la de “The Lonely Lady” y Pia Zadora.

viernes, 22 de junio de 2018

JUSTINO, UN ASESINO DE LA TERCERA EDAD


“Justino, un asesino de la tercera edad” cuenta la historia de un apuntillador que se jubila. Ante el estupor que le produce la vida contemplativa, y la falta de respeto que recibe de su propia famila, se dedica a asesinar gente para para pasar el rato, mientras sueña con irse de vacaciones a Benidorm. La gracia está en que, como se trata de un anciano, nadie puede imaginarse que el artífice de estos asesinatos, pueda ser Justino.
“La cuadrilla”, tandem de directores españoles formado por Santiago Aguilar y Luis Guridi, irrumpe en el cine español en un momento bastante propicio para hacerlo; en plenos años 90 y con el boom del cine gore y la  caspa a pleno apogeo.
Son tiempos en los que se impone un cine gamberro (e irritante) con nombres como Santiago Segura o Alex de la Iglesia capitaneando lo que es también un relevo generacional, tiempos en el que el cortometraje de género español, lejos de ser relegado al ostracismo, se programa incluso en televisión, y tiempos en los que una película pequeñita, de no más de 13 millones de pesetas y rodada en 16 mm y blanco y negro, sobre un anciano que asesina gente para pasar el rato, aspira a varios Goya, e incluso se lleva alguno.
Ergo, perteneciendo esta película a aquella época fatídica, en la que incluso un director tan oscuro y personal como Juanma Bajo Ulloa cambia de registro para hacer el cafre de mala manera con la exasperante “Airbag”, “Justino, un asesino de la tercera edad” no gozaba en absoluto de mis simpatías.
Sin embargo, quedando lejos aquellos tiempos infames y siendo sus directores los más auténticos de aquella hornada , despojándome de los prejuicios que en mí generan aquellos tiempos, me siento frente al televisor dispuesto a ver y juzgar objetivamente, una película que, sin embargo, lleva en mi videoteca una buena ristra de años. Y, a parte de que posiblemente el paso de los años haya beneficiado a la cinta, así como el buen aspecto que brindan los 16 mm. en blanco y negro (que a poco que ilumines con un foquito bien colocado, ya le da a todo aspecto expresionista), lo cierto es que esta película, pequeña, barata, es demasiado extraña para tratarse de un producto mainstream, y demasiado ostentosa si la calibramos como un producto amateur, que es de lo que tiene alma.
Al margen de esto, yo diría que es un poco una revisión de aquellas comedias negras  españolas de los años 50 tipo “El Pisito”, pasada por la turmix de las tendencias de mediados de los 90 (o sea, gamberrismo, sangre, asesinatos…), lo cual, en cierto modo, es siempre positivo pese a que a los directores les precediesen cortos como “La hija de Fu – Manchú 72”, que derrochaba enojoso postmodernismo, y que podía hacernos intuir erróneamente que  los tiros de este “Justino…” iban a ir por ahí. Pero no.
Y es que, al margen de ese look a lo Marco Ferreri (¿voluntario o consecuencia directa del 16 mm. en blanco y negro?), la posible gracia que tenga la película, la puesta en escena vanguardista y lo divertido de la historia que nos cuenta, a mitad de película, cuando “La cuadrilla” tratan de inculcar a la caótica escena en la que Justino asesina a su vecina cierto toquecito “slapstick”, se ve que “La Cuadrilla” no estaban todavía muy curtidos y el ritmo que hasta ese momento tenían tan bien medido, se va al carajo  en adelante. La escena final, con la carnicería en la residencia de ancianos, se ve solapada por el humor chabacano que traen los policías que irrumpen en la escena del crimen, quedando todo, no solo muy de andar por casa, sino tonto. Queda mal.
Pero, para cuando hemos llegado a ese punto, ya la película esta a punto de acabar, y lo cierto es que es una hora y media que pasa en un santiamén, y en la que, sin duda, nos hemos entretenido. Y lo que es mejor, nos hemos hasta reído. No está mal la cosa.
“Justino, un asesino de la tercera edad”, sería, a pesar de todas sus carencias económicas, la primera —y la mejor— de la trilogía de “La Cuadrilla” a la que tuvieron a bien llamar “España por la puerta de atrás”, y si bien “Justino…” tiene cierta gracia y montones de aciertos estéticos y narrativos (tantos como fallos), sus siguientes películas, “Matías, Juez de línea” y “Atilano, presidente”, películas que debido al revuelo que tuvo “Justino…” en el media español, gozaron de mayor presupuesto, son ya una cosa aburrida, lenta y carente de la personalidad que sí tiene esta.
Con Saturnino García, Carlos Lucas y Paco Maestre encabezando el reparto, tenemos pequeños papelitos para Juanjo Puigcorbé, Popocho Ayestarán, Félix Rotaeta o la mítica Marta Fernández Muro.
“La Cuadrilla”, tras su trilogía, no volvieron a hacer más cine, ni juntos, ni separados, a parte de un documental muy triste que Santiago Aguilar dedicó a  Carlos Lucas; “De reparto”. Eso sí, se han ganado la vida en el audiovisual después.

jueves, 21 de junio de 2018

UN GESTO ESTUPIDO E INUTIL


En 2015 se estrenó con gran éxito dentro del circuito de festivales “National Lampoon: Drunk Stoned Brilliant Dead”, documental en el que se nos relataba de manera impecable la historia de la revista satírica del mismo nombre: tal y como la conocemos actualmente, "National Lampoon" nació a comienzos de los 70 en el ámbito universitario, y más concretamente en Harvard, como una publicación de carácter semiamateur para pasar a convertirse progresivamente, y conforme avanzaba la década, en un verdadero emporio del humor que consiguió aglutinar revistas, libros, programas de radio, TV, discos e, incluso, películas: de hecho, shows televisivos como el longevo “Saturday Night Live” o films como “Desmadre a la americana” o la saga “Vacation” tuvieron su origen en esta cabecera de referencia creada en pleno mandato del republicano Richard Nixon por los universitarios Henry Beard y Doug Kenney.
Así, y operando al principio desde el más puro underground, Beard y Kenney no tuvieron reparo alguno a la hora de practicar un tipo de humor que, a la manera de “L'Écho des savanes” en Francia o “El Papus” en España, ponía en tela de juicio la realidad del país atacando de la manera más feroz, escatológica y obscena posible tanto a la cultura como a las instituciones más sacrosantas de los Estados Unidos, desde el estamento político hasta el educativo, pasando por los boy-scouts, el ejército o esos medios de comunicación que, por aquella misma época, trataban de manipular y edulcorar las noticias que llegaban desde Vietnam.
Respondiendo a la cada vez más creciente demanda de material audiovisual que exigen las nuevas plataformas de televisión de pago, este mismo año llegó a nuestras (pequeñas) pantallas “Un gesto estúpido e inútil”, film de ficción basado en el libro del 2006 del mismo nombre que, básicamente, vendría a abordar la misma historia del magnífico documental antes mencionado… aunque con una diferencia importante. De esta manera, y al contrario que aquel, el film protagonizado por el estomagante Will Forte se centraría más en contarnos la vida de Doug Kenney - no por casualidad el más excéntrico de los fundadores del "Lampoon" - y lo hace hasta el punto de que la influencia que la revista ejerció en la sociedad americana, así como todos los tabúes que logró derribar, son relegados aquí a un segundo plano en favor del morboso relato de los últimos y bastante decadentes años finales del creador de “El club de los chalados”.
De este modo, y haciendo gala de la falta de personalidad propia de las producciones de Netflix, asistimos a una versión resumida, deslavazada y sin chispa de “Drunk Stoned Brilliant Dead”, dentro de un formato biográfico que sigue con tiralíneas los más trillados recursos del subgénero, como pudieran ser la (demasiado) pulcra recreación de la época en la que transcurre la acción, el festival de pelucas, patillas y bigotes postizos inevitable en toda producción situada en la década de los 70, así como el concurso de una serie de actores que no conocen ni en su casa encarnando a celebridades, en este caso luminarias de la comedia como Belushi, Harold Ramis o Bill Murray. Junto a este montón de don nadies podremos encontrarnos asimismo con pequeños cameos de gente como Matt Lucas ("Little Britain"), Seth Green o Ed Helms (protagonista del reboot de "Vacation"), lo que vendría a confirmar el prestigio del goza Kenney aún a día de hoy entre los comediantes de nuevo cuño.
Por otra parte, resulta más que obvio el hecho de que los propios creadores de "Un gesto estúpido e inútil" son plenamente conscientes de la naturaleza convencional de este tipo de biopics, lo cual tampoco es óbice para que la película acabe siendo una más que añadir a la lista. No obstante es de agradecer el esfuerzo por parte de sus responsables a la hora de ofrecer un film original (o que, al menos, lo parezca) ya sea utilizando como narrador a un Doug Kenney anciano - cuando en realidad el verdadero murió a los 33 años - o recurriendo al propio formato de la revista para ilustrar determinados pasajes de la vida del malogrado cómico. Sin embargo, y como ya apuntábamos antes, este ánimo renovador, así como el hecho de que sus responsables estén al tanto de los limitaciones que el género impone, no les exime por desgracia de ofrecer un producto que roza la mediocridad la mayor parte del tiempo.
De esta manera, y antes que un film que se detenga en profundizar en como Kenney ayudó a expandir los límites del humor dentro del show business yanqui, nos encontramos ante la típica y tópica historia de self-made men, tan del gusto americano por otra parte. Así las cosas, y antes que atender a la vertiente creativa y rebelde de su recorrido vital, aquí se le otorga más importancia al hecho de que Kenney fuera alguien que se convirtió en multimillonario antes de cumplir los 30, dentro de una narración superficial en la que conceptos capitales como el derecho a la libertad de expresión, o los mecanismos por los que se rige la comedia, se ignoran para centrarse en su lugar en temas tan mundanos como la adicción a la cocaína de su protagonista o si éste le ponía los cuernos (... o no) a su mujer. Una pena. Sólo nos queda imaginar lo que un material de este calibre hubiera dado de sí en manos de alguien como Milos Forman, director que en películas como “El escándalo de Larry Flynt” o “Man on the Moon” fue perfectamente capaz de seguir el canon biográfico sin que ello implicara descuidar otras cuestiones más complejas.
Aún con todo, el balance final que arroja esta biografía sería mayormente positivo: al menos no aburre y además su cuestionamiento del propio concepto del biopic, aunque desaprovechado, resulta interesante, aunque, por otra parte, también sobrevuela durante todo el visionado la sensación de que si no fuera por el concurso de Netflix esta peli, directamente, no existiría; vamos, que tampoco hubiera pasado nada si no se hubiera rodado. Y es que, en el fondo, la peli es tan tonta e innecesaria como su propio título sugiere.
"Un gesto estúpido e inútil" es, en definitiva, una crónica a medio gas con puntuales chispazos de ingenio pero que en muy raras ocasiones logra estar a la altura de la historia que cuenta: eso sí, al menos te puede arreglar perfectamente una tarde, lo que no es poco.

miércoles, 20 de junio de 2018

AVT PODCAST (95)

Para la ocasión, Aratz elige temática con esas películas que sufren un giro de guion (engañoso o no) que desmoronan el tipo de películas que creemos estar viendo. Así, centrándonos en esta premisa, Aratz ha visto "Mariposa negra", Víctor ha visto "La vida de David Gale" y Romerito ha visto "Identity".
Cerramos el programa con el visionado conjunto que se lo hemos dedicado a "Multiple".
Esto es... AVT PODCAST!!

martes, 19 de junio de 2018

FRANK

En cuanto tuve noticia de esta película, me entusiasmé ante lo que parecía el biopic oficial del extravagante cantante inglés Frank Sidebottom (nombre real Chris Sievey), un tipo con raíces en el punk y que sería lo que hoy los más ignorantes llaman "friki mediático". Un poco como "Rodolfo Chikilicuatre" pero con más estilo, actitud, engundia y una intención creativa real detrás. Frank Sidebottom solía cantar acompañado de un ukelele o un teclado, tirando de irritante voz nasal, desafinando y, lo más llamativo, ocultando su rostro tras una divertida falsa cabeza. Justamente esa cabeza ha sido replicada exactamente en "Frank", película británica/irlandesa que, aunque finalmente no narra la vida real del amigo Sidebottom, sí reconoce que ha sido su inspiración tal y como reza un texto en los créditos finales. Y así ha de ser, por supuesto.
Jon es un frustrado músico mediocre que sueña con la fama y un talento que no posee. Del modo más casual termina incrustado en las filas de un extravagante grupo, "The Soronprfbs", compuesto por un puñado de personajes de lo más excéntricos y chalados, siendo el jefe de todos ellos el enigmático Frank, que es el que lleva la falsa cabeza que no se quita jamás. Fascinado ante todo ello, Jon luchará no solo por integrarse, también por hacer famosos a los "Soronprfbs" y, de paso, usarlos como impulso para lograr su deseada popularidad. Pero claro, el personal y atípico universo de Frank y los suyos está inevitablemente reñido con el éxito y la aceptación masiva, lo que dará pié a un montón de problemas y situaciones tremebundas.
"Frank" es, en esencia, una comedia. Pero al ser británico-irlandesa, denota también un incuestionable tono amargo. Y dramático. Aunque en esencia el "mensaje" es muy trillado y generalmente algo hipócrita veniendo un cine más bien "convencional" -Mantén tus maneras incorruptibles y no las destruyas aspirando a la fama efímera-, en este caso se ve un poco más honesto y coherente. En un producto Hollywoodiense -cosa que no es "Frank"- sería mucho peor. Y es que, en el fondo, estamos ante la primera película que retrata de modo oficial, y desde dentro, un fenómeno que no por ocasionalmente insufrible resulta fascinante: La música "outsider" o, lo que es lo mismo, partituras creadas, tocadas y cantadas por individuos con genuinas taras mentales (la lista es larga: The Shaggs, Wesley Willis, Tiny Tim, Daniel Johnston, Jandek, Wild Man Fischer o Captain Beefheart, que sirve de inspiración para la parte de la película en la que la banda se encierra en una casa de campo con la finalidad de grabar un disco. Por lo visto algunas de las cosas que ahí suceden ocurrieron en la vida real durante una grabación del mentado Captain Beefheart).
El resultado final es una película entretenida, nada facilona, en la que se mete un palo a la fama que crean las redes sociales. Esa basada en el chascarrillo tontaina de aquellos que no ven más allá de su flequillo y solo se quedan en la superficie. Que "disfrutan" a través de la arrogancia, mirando desde encima del hombro, y que en cuatro días se cansarán y buscarán otro fenómeno al que despellejar agotadoramente para poder decir aquello de "Yo lo ví primero" y "Desde que le gustan a tanta gente, ya no molan". Y en eso no puedo estar más de acuerdo con la peli reseñada.
Complementan el show un reparto excelente (Domhnall Gleeson, Scoot McNairy, Maggie Gyllenhaal y un Michael Fassbender que no se quita la falsa cabeza hasta la parte final) y unas canciones en general bastante curiosas (entre ellas una versión relentizada de "I want to marry a lighthouse keeper" de Erika Eigen, tema que pasó a la inmortalidad cuando fue elegido por Stanley Kubrick para figurar en el soundtrack de "La naranja mecánica"), el cénit de las cuales es la estupendísima "I love you all" que pueden escuchar aquí para su mayor disfrute.
Recomendable película, sí señor.

lunes, 18 de junio de 2018

UN HOMBRE LOBO EN EL DORMITORIO DE MUJERES


Película italiana de relativo culto, más que por su condición de película de corte fantástico, por su procedencia precedida de un halo de oscurantismo/malditísmo que ha llevado a curiosos a buscarla y a hablar de ella en diversas publicaciones. Claro, que todo ese oscurantismo cae en saco roto en el momento en que esta pieza perdida se edita en DVD y ya no es tan jodido localizarla. En esta ocasión, “Un hombre lobo en un dormitorio de mujeres” se editó hará unos 10 años en España por Trash Collectors.
Huelga decir que una vez vista y saciada la curiosidad, uno entiende el por qué este tipo de películas, una vez estrenadas en su momento, caen en el olvido. Hay joyas oscuras por ahí perdidas, perfecto; pero otras son una mierdecilla sin alma, y eso es lo que le pasa al film que nos ocupa.
A una institución para chicas problemáticas, llega un nuevo profesor. Este tiene que aguantar los envites desagradables de este grupo de féminas, motivo por el cual se desconfía de él en el momento que  un licántropo hace acto de presencia en la zona, y se va papeando a las jovencitas. El grueso del argumento, en realidad, lo ocupa la investigación que surge a raíz de esos hechos.
Rodada íntegramente en los famosos estudios de Cinecittá, “Un hombre lobo en un dormitorio de mujeres”, “Licanthropus” en su versión original, o “Werewolfs in a girl´s dormitory” en la versión americana (la cual destrozaron metiéndole rock-n-roll en la banda sonora y alterando los diálogos en el doblaje), es una de esas producciones europeas que se vendían al mercado extranjero intentando hacerlas pasar por americanas.  Por eso, el director Paolo Heusch, tuvo que firmarla bajo el pseudónimo de Richard Benson.
Sin embargo, la película tiene muy poquito de americana; es más bien europea, pero tampoco parece italiana, dado que el argumento bien podría ser deudor de un “noir” de tres pesetas, mientras que el estilo de dirección es un calco del expresionismo aleman, seguramente más por un problema de iluminacion más que por una declaración de estilo. Y desde luego, la ambientación terrorífica brilla por su ausencia. Al hombre lobo lo vemos de pascuas a ramos, eso si, cuando se le ve el careto, mola mucho —un maquillaje muy discreto, pero efectivo— siendo este el único punto respetable de la película. Por lo demás, es de un insulso… la desidia se apodera de uno a mitad de visionado y se plantea si darle un rato al fase forward hasta que salga el lobo, o bien, quitarla directamente. Pero bueno, echarle un ojo no hace mal a nadie.
Paolo Heusch, director artesanal de la vieja escuela italiana, destacó más como ayudante de dirección de otras películas (puesto este por el que han pasado todos los directores italianos de los años dorados del cine popular), que como director de películas, pero en ninguno de los dos campos se ha prodigado demasiado. Rodó alguna película para lucimiento de Totó, en la que además no se le acredita, y poco más que trascienda.
Esta sería su película más importante, aunque sea solo por el culto que le profesan ciertos sectores del público especializado.