viernes, 18 de enero de 2019

NO SOMOS DE PIEDRA


“Juguetes rotos” puede que sea uno de los films más personales de Manuel Summers, sin embargo fue un descalabro en taquilla de padre y muy señor mío. Ante esta tesitura, el director lepero optó por cultivar, en lo sucesivo, una suerte de cine popular que gustara al gran público que, como confesó el propio director “al fin de al cabo es el que paga”. En consecuencia de esto, Summers concibe “No somos de piedra”, una comedieta ligera con alto contenido sexual que, por protagonismo absoluto de Alfredo Landa, se adscribe al “landismo” casi de forma accidental.
Con un guión a pachas con Juan Miguel Lamet, “No somos de piedra” se sostiene sobre dos tramas que ocupan el grueso de la película, en lo que es una estructura narrativa un tanto extraña para una película española de los años sesenta. Por un lado, la película cuenta como un hombre de familia numerosa  tiene que lidiar con las calenturas que le provoca la presencia de la nueva niñera, una ex prostituta proveniente de un programa de inserción social para señoritas de la vida, que entre lo jamona que está y las minifaldas que gasta, hacen pasar a nuestro protagonista unos momentos muy malos. Por otro lado, harto de tantos hijos, tendrá que ingeniárselas para que, por medio del engaño y las malas artes, su esposa comience a tomarse la píldora anticonceptiva, cosa esta a la que se opone al ser una mujer de moral cristiana. Los tejemanejes que se trae Landa para conseguirlo conforman el material cómico y, ergo, traen consigo los mejores gags.
Summers era un valiente, porque con “No somos se piedra”, pese a ser la película menos Summers de cuantas hizo, aborda temas que eran más que peliagudos, máxime teniendo al caudillo vivo. Entonces, Summers introduce el sexo en su comedia en la medida de lo posible; estamos en 1968 y ver carne por encima de la rodilla es ya un atrevimiento. Pues vemos el muslamen de Ingrid Garbo. Por otro lado, la osadía de hacer una apología de la píldora anticonceptiva —contrarestada por la oposición total de la esposa del protagonista principal, artimaña esta muy inteligente para poder contar lo que le da la gana— se me antoja todavía más suicida que el mostrar minifaldas. Lo que me extraña es que no hubiera en la época una controversia sonada al respecto al ser tomado el tema con toda ligereza. Y a lo mejor no la hubo por el mero hecho de que “No somos de piedra” no fue un fracaso tan grande como el de “Juguetes rotos”, pero apenas la vieron 390.000 espectadores, con lo que la estrategia comercial tampoco le fue muy bien.
Sin embargo, sí que se trata de una pieza seminal para todo lo que vendría después. Summers se agarró al cine comercial como un clavo ardiendo, eso sí, siendo lo suficientemente inteligente como impregnar su sello de autor, dando unos toques de sensacionalismo a todas esas cintas de adolescentes embarazadas que vendrían después y que significarían las obras más significativas de su carrera.
Por lo demás,“No somos de piedra” se deja ver, sin más. Osadías a parte, se trata de una comedia populachera como tantas y tantas se parían a finales de los años sesenta, siendo del montón en cualquier caso.
Junto a Landa en el reparto, tenemos a Laly Soldevila, Emilio Laguna, una jovencísima Terele Pávez pre “Los escondites”, Maricarmen Prendes y Tip y Coll, que aparecen en la cinta en calidad de actores, es decir, que no hacen de ellos mismos.
 Ver y olvidar, sin más.

martes, 15 de enero de 2019

"NEON MANIACS VOL. 11"




Nicht der Homosexuelle ist pervers, sondern die Situation, in der er lebt” de Rosa von Praunheim y  Another Gay Movie” de Todd Stephens son las películas elegidas para el programa de hoy, en el que hemos querido brindar un homenaje/tributo al homosexualismo con dos películas concebidas por y para ellos. Por un lado, una cosa extrema, campy y vanguardista de los años setenta y por otro, una sex comedy que expolia (o parodia) “American Pie”, pero en clave gay y que suponen las dos caras de la moneda dentro del cine gay. Además de eso, dedicamos un par de minutos al cine mondo.
Los minutos musicales del intermedio, los pone el bueno de Joe Pesci en su faceta de cantante Lounge, que bajo el pseudónimo de Vincent Laguardia Gambini, nos obsequia con la canción “Oye primo Vinny”.
Sin más (ni menos), esto es lo que hay en tu podcast favorito sobre cine misterioso, raro y desperado … ¡¡NEON MANIACS, BABY!!

lunes, 14 de enero de 2019

¿QUIÉN ESTÁ MATANDO A LOS MOÑECOS?


Brian Henson, hijo de Jim Henson y actual  poseedor de los derechos del legado de su padre (aunque en propiedad de Disney), tuvo la brillante idea de crear una factoría con el fin de dar salida a nuevas marionetas destinadas al público adulto. Esta factoría sería “Henson Alternative” y bajo este sello saca a la palestra esta “¿Quién está matando a los moñecos?”. En Estados Unidos ha funcionado moderadamente y en España ha pasado bastante inadvertida —apenas 75.000 espectadores en cines—, pero es ahora, tras su edición en DVD y Blu Ray, que salen las primeras críticas de quienes la han visto, y es casi ecuánime la opinión de que se trata de una película muy floja. Y  con esas expectativas me enfrento yo a la película, por lo que, como suele pasar cuando una cinta tiene las expectativas bajas, me ha terminado gustando. Sin más, no me ha enloquecido ni nada por el estilo, la he visto, he pasado un buen rato y dos días después, a la hora de ponerme a escribir esta reseña, prácticamente la he olvidado.
Con “¿Quién engañó a Roger Rabbit?” todo el rato en la mente y con el esquema clásico del cine noir  por montera, “¿Quién está matando a los moñecos?” cuenta la historia  de una sociedad en la que conviven humanos con marionetas y en la que un detective muñeco y una policía portadora de un hígado de felpa tendrán que investigar las muertes de los miembros —muñecos y humanos— del reparto de una sitcom de éxito. Y así, investigando, transcurre la cosa, mientras que se van sucediendo los gags de sal gruesa, escatológicos y de alto contenido sexual. Y si lo que es el argumento viene siendo correcto, la parte de la película más floja sería la concerniente  a los gags más extremos, metidos con calzador, innecesarios. En la cacareada escena de sexo entre muñecos, la marioneta protagonista se corre y le vemos expulsando algo parecido a serpentina en spray. El gag tiene gracia cuando vemos al muñeco eyaculando de esa manera, pero deja de tenerla cuando el muñeco continúa haciéndolo sin final, prolongando esa corrida durante unos minutos. El exceso, se carga el gag. Y lo hace en varias ocasiones. Al margen de eso, la película se deja ver perfectamente y transcurre amenamente.
El caso es que, su gran lastre, es su propio creador, Brian Henson, quien por ser medio novato, o porque no acaba de pillarle el punto a lo de la dirección de películas, firma las dos peores entregas de Los Teleñecos, esto es, “Los Teleñecos en cuento de Navidad” y “Los Teleñecos en la isla del tesoro”, y retomaría la dirección 22 años después de su última película con esta, la que hace tres en su filmografía y que, por suerte, no se deja enturbiar por la torpeza de las anteriores, resultando, sin ser una maravilla, la mejor película del hijo de Jim Henson.
Por otro lado, si las películas de los The Muppets originales cuentan con la enorme fama de sus marionetas como principal reclamo, “¿Quién está matando a los moñecos?” no tiene esa suerte, ya que presenta a sus personajes por primera vez y debían ser complementados por un reparto con gancho. Y ahí tenemos a una siempre eficaz (en los USA y puede que en su casa) Melissa McCarthy en un rol protagónico, mientras que en la parte secundaria, para asegurarte el contar con la flor y nata de la nueva comedia gamberra (y femenina) USA, tenemos a Maya Rudolph, ambas en “La boda de mi mejor amiga”, que fue el film que inició el nuevo subgénero.
Como anécdota, decir que la película fue demandada por los actuales responsables de “Barrio Sésamo” por contener la frase promocional “Nada de Sésamo, puro barrio”, demanda esta que fue desestimada por ser “Barrio Sésamo”, al fin y al cabo, un vínculo directo con lo que está haciendo Brian Henson, así que este aprovechó esa coyuntura  para relanzar la publicidad de la película con la frase “La película que fue demandada por Barrio Sésamo”. Menos es más, en esta ocasión.
Por mi parte, ya solo decirles que eviten a toda costa la versión doblada, plagada de gags y chascarrillos adaptados al castellano  para que los entendamos —tiene hasta gags a costa de Las Barranquillas, poblado madrileño que es uno de los supermercados de la droga más conflictivos y peligrosos, o alusiones a Falete, entre otras perlas— y con la voz, para unos cuantos muñecos, del soso, insípido y desagradable David Broncano que, cuando no está jugando al tenis, le dejan doblar muñecos, jodiendo con sus zarpas todo aquello que toca este comicucho. Un desastre. Ahora, en V.O.S no tenemos por qué soportar su voz de intruso, así que ¡tomen sus mandos a distancia!

viernes, 11 de enero de 2019

GLADIFORMERS


Erróneamente se suele asociar una práctica fraudulenta cinematográfica como es el “Exploitation” —porque no es un género, es una práctica…— a una época e incluso a unos países concretos. Y eso es así; filipinos, taiwaneses, italianos y, por supuesto, españoles, hicieron del expolio, la desnudez y el plagio, un arte allá entre los años 60, 70 y 80.
Sin embargo el “Exploitation” es un practica que, si bien igual no genera los dividendos que podría generar en esas épocas, si que sigue llenando la arcas de quienes se atreven a practicarlo, y muestra de ello son  compañías como la archiconocida The Asylum o Tomcat Films, que desde un par de décadas hacen las delicias de los cinéfilos más inquietos, de los más tontos, o de los más ingenuos. Aunque estas películas llegan a nuestras pantallas con cuenta gotas, máxime cuando ya apenas se hacen lanzamientos directos a vídeo con la caída fulminante del videoclub. Es más, con el auge de las plataformas digitales, yo diría que el “Exploitation” es una tendencia con fecha de caducidad, pero tal día como hoy, aún permanece en boga.
Y como es esta una práctica que se aprovecha de la buena fe de los más ingenuos, el campo de la animación es la gallina de los huevos de oro para los “exploiters”. De hecho, durante años Disney ha tenido que ver como empresas del tercer mundo, amparándose en el hecho de estar adaptando cuentos infantiles clásicos en dominio público, plagiaban descaradamente sus personajes y diseños en pequeñas producciones animadas que, con ínfima distribución videográfica (eso sí, de carácter internacional), poblaron las estanterías de los videoclubes mayormente en la década de los 90.  A ese tipo de pequeñas productoras pertenece la película de la que paso a hablarles, “Gladiformers”, perpetrada por la famosa, pizpireta y cutre compañía llamada Vídeo Brinquedo, sita en la ciudad de Sao Paolo en Brasíl.
Vídeo Brinquedo ostenta el honor de ser considerada según las observaciones del periodista Eric Henriksen del  “The Portlan Mercury”, como el estudio de animación más pobre y chabacano de todos los tiempos. Esta apreciación, que puede ser subjetiva (o no), no va muy desencaminada con la realidad, y a la obviedad de sus productos me remito. A nuestro país han llegado en DVD, sin ir más lejos, los plagios de “Ratónpolis” de Dreamworks, o “Ratatouille” de Disney/Pixar bajos los títulos y aspectos de las cintas “Las aventuras de Rataldo” o “Ratatoing”, que muchos padres poco lúcidos podían alquilarle a sus retoños todavía bebés, creyendo que se trataba de la película original a la cual Vídeo Brinquedo expoliaba. Hay más, pero estos son los títulos más recientes y populares.
La táctica de Vídeo Brinquedo es simple; se enteran de cuales van a ser los próximos proyectos de las grandes compañías de animación Hollywoodiense, copian los diseños, intuyen de que puede ir la cosa, hacen la película bajo esas premisas y salen al mercado a la vez que la película original. Esto les puede reportar ventas internacionales de entre 1000 y 3000 copias, un número que es lo suficientemente residual como para que Disney, Pixar, Dreamworks, o quien sea, tome medidas legales (les sale más caros los costes de abogados y juicios que lo que van a sacar por ganar la demanda), pero suficiente como para que los responsables de Vídeo Briquedo renten el producto y se saquen un sueldecillo. Y así llevan ya casi 20 años. Pero créanme, si sus maneras de proceder son interesantes, el ver una de estas películas es una experiencia absolutamente aberrante. En Vídeo Brinquedo, una vez tienen un producto que vender, el resultado es lo de menos, así que prima la ley del mínimo esfuerzo y no nos venden una sucesión de fotografías una detrás de otra, porque no pueden. Llamar animación a esta bazofia es un insulto para ese arte y esa industria.
Así, me enfrento a esta “Gladiformers” que sin salirse de sus parámetros, se aprovecha del tirón que tiene la franquicia de “Transformers” gracias a las adaptaciones de Michael Bay, y los de Vídeo Brinquedo se marcan  una de robots transformables y gladiadores cuyo visionado es, sencillamente, insoportable.
El argumento cabe en un billete de metro; en un coliseo metálico, varios robots transformables pelean entre sí mientras sueltan soflamas y amenazas. Y ya está.
Cualquier cosa que yo pueda reseñar no puede hacer justicia a semejante trozo de mierda, así que lo mejor es que busquen la película, vean tres minutos y se hagan a la idea de que el resto de la película no es más que una extensión de esos tres minutos.
Lo único que se ve en ella son  movimientos de cámara de 90 o 180 grados en los que vemos el diseño de robot mientras este explica que hace allí y por lo que combate, todo en off porque los robots no tienen boca, ergo, están pensándolo, no diciéndolo. Y no hay más que cortar.  Eso es todo lo que se ve. Es tan inenarrable que no me veo capaz de explicarlo de forma escrita, hay que verlo.
El caso es que, tras saber de la existencia de esta película, exigí a Aratz, que era el poseedor de una copia, que me la regalase, ya que una cosa así es digna de ser coleccionada. Y accedió gustoso a hacerme el regalo. No contento con eso, me senté a verla. Y cayó entera. Y además, les digo una cosa,  es tan bizarra, desganada, gandúla e incompetente esta película, que me la vi sin pestañear, y sin aburrirme especialmente. Pero que los de Vídeo Brinquedo no cuenten más conmigo.
El gañan que se acredita la autoría de esta basura, se hace llamar Marco Alemar, y además de esta, ha realizado dirección para otras películas de la compañía como puedan ser “Pinocchio”  y “BR Futebol” que es el plagio en animación 3D del animé en 2D “Campeones”, ya saben, Oliver y Benji. Y para de contar.
Por otro lado, la bonita carátula que hace pensar que lo que vamos a ver es mejor de lo que realmente es, debió hacerles vender a los de Vídeo Brinquedo bastantes DVDs porque lo cierto es que un par de años después salió una secuela “Gladiformers 2”, que intuyo, es una simple variación de imágenes de la primera.
Ver para creer, oiga.

martes, 8 de enero de 2019

AVT PODCAST (105) ESPECIAL 5º ANOVERSARIO




Empezamos el año con elegancia, cumpliendo 5 años como podcast y trayendo nuestra tradicional lista de lo mejor del año, lo peor, y otras películas que por unas razones u otras se quedaron en el tintero. Aquí las desglosamos, nos montamos nuestras polémicas y hacemos la media de las mejores según AVT podcast.
Sin más, les emplazamos a dar al play,  y desde AVT, Aratz, Naxo, Romerito y Víctor, les deseamos un muy feliz 2019.

lunes, 7 de enero de 2019

LA GRAN COMILONA


“La gran comilona” —o en francés, que suena mejor, “La grande bouffe”— pertenece a ese tipo de películas setenteras concebidas para alborotar y escandalizar al personal, dónde también ubicaríamos la archiconocida “Saló o los 120 días de Sodoma”, a su manera, y al igual que esta, también una comedia de pedos.
Estupendísimo, Marco Ferreri, que fuera cual fuera el país de Europa en el que este formara tandem con Rafael Azcona, que se ponía a la máquina de escribir a desarrollar las locuras del italiano, construye con “La gran comilona” una oda a la gula, a la gordura, a la estupidez, al pedo, a la mierda. “La gran comilona” es una reivindicación del suicido, del sexo en grupo, del derecho a ser tan asquerosos como queramos.
Resulta muy curioso como, casi 50 años después de su estreno, blogueros que descubren ahora esta película, en el museo del tópico, resalten todos las mismas cosas, obsoletas, que además ni tan siquiera son de cosecha propia; se las han debido leer por ahí al crítico serio de turno. Lo más  común es leer aquello de que “La gran comilona” revuelve el estómago y la conciencia. En fin. Lo único cierto es que cuando Ferreri y Azcona se sentaron a escribir esta película, se partían el ojete. Estos dos no trataban de hacer un reflejo de la alta sociedad (que lo hace) ni de los caprichos de las altas esferas (que también lo refleja), con el afán de remover la conciencia del espectador, estos lo que hacían eran escribir escenas de mierda y estómagos llenos que les hacían gracia. El resto, elucubraciones de la crítica.
Pero si es cierto que en la época, esta película, además de una provocación resultara algo que revolviera el estómago (de hecho durante su visionado en el festival de Cannes de 1973, Ingrid Bergman echó la pota en la sala de cine, o eso se cuenta…) y diera que pensar al público. Pero todos estos blogueros imbéciles que la han descubierto hoy, deberían estar ya curados de espanto. Deberían.
Dejando a un lado los aspectos filosóficos e intelectuales que tiene la película (porque los tiene), nada de lo que vemos en “La gran comilona” es algo que no hayamos visto en todas esas comedias americanas contemporáneas capitaneadas por Adam Sandler o Ben Stiller. Son más desagradables algunas de las marranadas de “Ace Ventura: Operación África”, que las cuatro cagadas y el festival de pedos que nos regala Michel Piccoli, por lo que vista “La gran comilona” hoy, creo que se queda anticuada en ese sentido. Transgresora como es, a día de hoy ya no transgrede. Pero queda vigente el exceso del que hace gala. No hay personajes más excesivos, ni película más excesiva —ni tan siquiera “Saló o los 120 días de Sodoma”—, y es justo por ese exceso por el que, aún anticuada en la provocación, se mantiene tan fresca. Y tan, tan, tan divertida. Cercana a la obra maestra.
Lo mejor es que Ferreri pone a su servicio a la flor y nata del cine europeo de la época, esto es, Marcello Mastroianni, Ugo Tognazzi, Michel Piccoli y Phillipe Noiret, nada menos. Y llamándoles en la película por sus propios nombres de pila, Ferreri nos propone una historia en la que cuatro individuos adinerados y asqueados de la vida, deciden encerrarse en el caserón de uno de ellos y allí, durante un fin de semana, comer hasta morir. Por supuesto, la ingesta de alimentos de forma repugnante es una constante en el metraje, así como los accidentes gastrointestinales que traen consigo los atiborramientos. Para darle color al asunto, estos cuatro sibaritas se suben putas a la casa así como invitan a su particular fiesta a una señorita entrada en carnes, que fascinada por la forma de destrozarse el cuerpo por parte de estos individuos, se suma a la fiesta para pasárselos por la piedra cuando sea menester.
El desenlace de esta comedia tan graciosa, se tornará drama, sin que este drama, por otro lado, deje en ningún momento de tener su gracia.
La película, según el país en el que se estrenaba, tuvo diversos problemas de censura siendo Reino Unido —cómo no— el país dónde peor se trató a la cinta, entre otras cosas, por estrenarse de tapadillo y sin una licencia de exhibición en orden.
Estupenda. De verdad, estupenda.

sábado, 5 de enero de 2019

"NEON MANIACS VOL. 10"




Aquí estamos una vez más, NEON MANIACS, y en el programa de hoy venimos a hablarles de una pequeña productora/distribuidora como es Taurus, y explicarles de una vez por todas los líos burocráticos que les permitieron rodar las secuelas de las que les venimos a hablar hoy: “El día de los muertos 2: Contagium” y “Creepshow III”, ambas de James Dudelson Y  Ana Clavell. ¿Nos cebaremos con estas películas? Lo mejor es que lo descubran dándole al play!!
La música hoy, aparece en el soundtrack de “Fonda sangrienta”; es la canción “Baby, let's make some love” y sus artífices, The penguins!!!
Disfruten del show de esta semana!!!

viernes, 4 de enero de 2019

PUTA Y AMADA


Simplificando: “Puta y amada” es una de esas películas que se han dado en llamar “Low-cost”, que es un término que se usa para camuflar que haces una película en vídeo de manera barata, llamándola de una manera fardona. En “Puta y amada” lo único que veo es un grupo de personas muy feas que visten raro,  que hablan de Godard todo el rato, que nombran a Albert Serra, van al cine Zumzeig de Barcelona y que se enrollan entre ellos con una facilidad pasmosa, grupos techno-pop que se cantan enteras sus canciones entre infantiles y deprimentes y a la antes conocida como Tamara, ahora Yurena, haciendo un papelito porque no hay nada más esnob, posmoderno y cool que darle a Tamara un papelito en tu película. Todo esto con unas actuaciones que, amparándose en la búsqueda del realismo, resultan ser horripilantes.
Y el caso es que da la sensación de que esta gente tan fea viste raro para que el espectador vea lo diferentes que son, hablan de Godard para que veamos las influencias del director sin que en ningún momento al espectador le importe ese detalle, nombran a Albert Serra porque son tan poseurs como él, van al Zumzeig porque las películas que ven los personajes son tan pedantes que no las proyectan en el Maremagnum, se enrollan entre ellos porque se supone que esas son las cosas que pasan en la vida cotidiana, los grupos techno-pop se cantan sus canciones enteras para rellenar metraje y así de paso el espectador conoce los gustos musicales del director, rebuscados y elitistas y, Tamara, sale en forma de reivindicación, y no para mofarse de ella como haría el resto de la gente normal, porque 'ser normal', es  aquello con lo que el director de esta cinta, parece estar regañado.
En definitiva “Puta y amada” es una modernez tan pretenciosa, que casi parece una parodia. Detrás de esta película se esconde un saco de complejos e inseguridades —del director— que son camuflados a base de mostrarnos con especial hincapié lo especiales que son los artífices de esta película, lo especiales que son los personajes, pero, eso sí, protagonizando una historia sencilla, casi minimalista.
Hablan en ella de Godard y de la búsqueda de la naturalidad, pero todo en esta película es artificial y forzado. También con la excusa de esa búsqueda de la naturalidad, se economiza no solo en presupuesto, sino en recursos, porque por miedo a demostrar, quizás,  una posible falta de talento, la película se resuelve de la forma más cobarde, que es grabando planos generales y dejando que los actores improvisen, justificando esta forma (fácil) de dirigir como un ejercicio de estilo.
En definitiva, viendo “Puta y amada” he pasado vergüenza ajena.
Por supuesto, su discurso de agarrarse a un cine no convencional, resulta contradictorio cuando el director en su  biografía de Filmin lo primero que resalta es su graduación en comunicación audiovisual por la  UPF. Casi parece un grito desesperado por demostrar querer lo contrario: encajar a toda costa en el cine convencional.
Puede que esta reseña, además de completamente honesta, sea hiriente. Pero no me importa porque al director,  Marc Ferrer, tampoco le falta un grupo de amigos y colegas que le están endiosando y dorando la píldora, tiene a algunos medios atentos a sus siguientes pasos y, en general, lo que hace provoca las benevolencias del grupo de personas que tiene a su alrededor y a los popes de los festivales a los que se presenta. Pero cuando dice que sus películas son seleccionadas en Sitges, un festival de cine de género que en teoría debe aburrirle soberanamente,  no dice que en la sección  en la que se le programsaa, es 'Brigadoon'. Y en la constante búsqueda de la realidad, no le viene mal tampoco una bofetada de ella. “Puta y amada” es una película muerta…. Pero a los modernos les gusta.
En otro orden de cosas, diré también  que la película me la he zampado entera y sin pestañear, porque al fin de al cabo, ver una marcianada de este calibre siempre me resulta fascinante. Y ¡Que coño! Está hasta entretenida. Me veré las otras que ha hecho el tal Marc Ferrer. Puede que, como las de Albert Serra, acaben gustándome sus películas, aunque no sea precisamente por los motivos que a ellos les gustaría. Y, también, es posible que “Puta y amada” sea todas estas cosas malas que he dicho en la reseña con tan mala hostia, pero también es cierto que no me ha dejado indiferente, y sobre todo, se trata de  cine de vanguardia puro y duro.
Ahí lo dejo.

lunes, 31 de diciembre de 2018

THE MONSTER PROJECT


La de los años 10 del presente milenio, será la  década que se recuerde en los estudios sobre cine de terror cuando se haga referencia a ese subgénero que es el “found footage”. Y es que teniendo su auge en aquellos primeros años de la década con los éxitos de “Paranormal Activity” o “The Devil Inside”, en la actualidad estamos viviendo lo que claramente es el declive del género, que habiéndose hecho un hueco  destacable en la industria cinematográfica con películas que llenaban las salas, en pleno 2018 es un subgénero que ha quedado relegado a las plataformas digitales, el pay per view y el mercado del direct to video, o lo que queda de él.  Me atrevo a decir, que lo mejor del “found footage” ya está hecho (incluso ha tenido en la comedia un segundo aliado con films como “Project X” o el cine de acción  con “Sin Tregua”) y que ya lo poco que se haga —porque ya no se va a hacer mucho más—  va a ser material de tercera categoría, carente de interés y de imaginación.  Es el caso de la película que nos ocupa, un coñazo insoportable de buenas intenciones, cuyo principal defecto es el no saber aplicar las leyes no escritas del género, amén de de atormentarnos con una duración de hora y cuarenta minutos que no parece querer acabarse nunca.
 “The Monster Project” cuenta cómo dos Youtubers se ganan su buen dinerito haciendo vídeos “found footage”  falsos para la red. Y con las miras de ampliar el negocio se les ocurre hacer una nueva serie en las que ambos saldrán a entrevistar a monstruos reales, o que al menos, ellos crean serlo. Nuestros protagonistas son escépticos. Para ello, convocan un casting de monstruos on line. Una vez seleccionados los candidatos, los congregarán en un enorme caserón abandonado en medio de la nada y comenzarán las entrevistas a lo que es un hombre lobo nativo americano, o sea, un “Skinwalker”, una demonia y un vampiro. ¿Qué es lo que pasa? Que no se trata de tarados, sino de monstruos reales, por lo que el equipo de filmación se queda atrapado con ellos en el caserón, y mientras lidian con ellos, lo graban todo.
Es imposible hacer esto peor, máxime cuando el clímax de la película dura más de una hora. Quiero decir, que en el momento en el que los monstruos se transforman ante los ojos de los protagonistas, la película ya no da descanso, convirtiéndose la acción en un asedio hacia estos por parte de los monstruos, y por lo tanto el resto de la película se desarrolla a mil por hora  y sin descanso hasta que acaba. El resultado de esto es tan incompetente, que teniendo un escenario cojonudo a tal efecto, y la cámara de vídeo en función  infrarrojos, amén de unos estupendos efectos especiales infográficos, la película se ve truncada por una inapropiada banda sonora y efectos de sonido muy estándar y de película mala de terror, que en todo momento sacan al espectador de situación. No se me ocurre “found footage” peor ambientado que este. Por lo cual, en cuanto el espectador ve que la cosa no funciona a los 10 minutos de comenzar el acoso y derribo por parte de los monstruos, se aburre, se aburre y muere (de aburrimiento). Un absoluto espanto.
Sin embargo “The Monster Project” se me antoja perfecta como muestra de lo que es hoy el “found footage” que no es otra cosa que un género muerto. Todo lo que en sus inicios era innovador y terrorífico, hoy no es más que pura repetición de una formula y una colección de clichés. Sin embargo, se seguirán haciendo algunos “found footage”, sobretodo en los parámetros de la serie B/Z por lo barato que resulta rodar un film de estas características.
Como le pasó al “Slasher”, también a finales de su década de esplendor, los 80,  ya está todo dicho al respecto. Pero fue bonito mientras duró. Como será bonito vivir el revival que a buen seguro recibirá el género dentro de unos 20 años, calculo yo.
Dirige este engendro un tal Victor Mathieu, quien habiendo trabajado de todo en el mundo del cine debuta en el largo con esto, y se pasa a la tele ipsofacto.
Malísima.

viernes, 28 de diciembre de 2018

EL DERECHO DE COMER


La cinematografía emergente portorriqueña cuyo auge, al igual que el de la mayoría de las cinematografías de habla hispana, comienza a notarse con la llegada del video digital con el que los portorriqueños facturan sus películas por pocos duros y mucho ímpetu.
Sin embargo, durante la década de los 60, el cine portorriqueño tuvo unos años de bonanza durante los cuales se rodaron los títulos más exitosos de su cine. De esa década, en la que se sucedían las co-producciones con México y ciertos amaneramientos norteamericanos, surgen una serie de películas  de cine negro y comedia como géneros mayoritarios, que sitúan el cine puertorriqueño en un lugar de honor dentro de las exóticas cinematografías latinas.
Por otro lado, la idiosincrasia portorriqueña, tan asociada a la estadounidense en la actualidad, en los años 60 es bastante parecida a la española y  absolutamente pareja a la mexicana, por lo que la película que nos atañe, “El derecho de comer”, es una suerte de película de Cantinflas mezclada con el poperío propio de la época y que no nos costará identificar como deudora de las películas yeyés de Pili y Mili, Marisol o el Dúo Dinamico.
Y es que protagonizada por René Rubiella “Findingo”, cómico puertorriqueño,  y la cantante Lisette —de los que hay poquísima información en la red— “El derecho de comer” cuyo título en sí mismo no es más que una parodia en alusión a “El derecho de nacer”, telenovela folletinesca mexicana de gran éxito en la época, nos presenta los avatares de un par de vagabundos que se las tienen que ingeniar para echarse algo a la boca, mientras lidian con una cartera llena de dinero, de procedencia un tanto turbia,  que como pobres honrados que son deberán devolver a su legítimo dueño, mientras viven mil y una calamidades en torno a la comida y se suceden un par de numeritos musicales. Una comedia blanca, para toda la familia y muy de la época.
Lo que me llama poderosamente la atención, es el personaje de Findingo, un incuestionable sosias de Cantinflas, claramente inspirado en el arquetipo mexicano y que tantos “Exploitations” trae consigo en su país natal que, sin embargo, es la viva imagen de nuestro Carpanta, el entrañable personaje de cómic creado por Escobar. Y es que si de aspecto es exacto —de hecho es una recreación que me valdría como hipotética adaptación del personaje— no lo es menos en su modus operandi y al igual que el personaje de cómic, cuando Findingo parece que por fín se va a echar algo a la boca, siempre ocurre una desgracia que se lo impide truncando lo que parece que va a ser un triunfo culinario. Y para mayor acercamiento al personaje, Findingo, al igual que Carpanta, vive debajo de un puente.
Obviamente, el arquetipo es muy claro y obvio tratándose de un homeless que vive a la intemperie, pero los parecidos y coincidencias son tan escandalosos, que  yo diría que “El derecho de nacer”, es una adaptación apócrifa y latinoamericana de nuestro querido personaje. Ahora, cuanto hay de cierto en esta suposición es algo no nunca sabremos, por lo complejo de estas cinematografías olvidadas e ignotas, amén de que no tengo ni la más remota idea de si el personaje de Carpanta era popular en Puerto Rico, así que, lo dejamos en el aire.
De cualquier modo “El derecho de comer” es una extraña muestra de la comedia popular portorriqueña de los años sesenta, un tipo de cine prácticamente desconocido en todo el mundo y como tal, como absoluta rareza, bien merece la pena un visionado, que hoy todo está pululando por la red.
Al margen de su condición, la película está entretenida del mismo modo que lo estaba el cine popular de los 60 de nuestro país, sin mayor pretensión que la del entretenimiento, e incluso, podemos llegar a reírnos con algunas de las ocurrencias del tal Findingo.
Dirige Leo Fleider, que es una suerte de Ladislao Vadja a la portorriqueña —Fleider era Austrohúngaro— que hizo carrera en Puerto Rico realizando películas de los más varipintos géneros.

jueves, 27 de diciembre de 2018

S&MAN

Ya he comentado en otras ocasiones lo mucho que me fascinan las convenciones dedicadas al cine de terror que se celebran en Estados Unidos. Ese mundo plagado de actores en decadencia y aficionados que graban sus propias películas con la cámara de vídeo y tienen la oportunidad no solo de venderlas, también de convertirse en pequeñas estrellas. Es lo que se ha dado en llamar el "underground horror". Siempre me ha molestado mucho que se use la palabra "underground" para definir un tipo de producto acomodado que no busca nuevas vías de expresión ni es, simple y llanamente, libre. Obras que se aferran a las convenciones del cine standard. Incluso el llamado mainstream. Y especialmente a los dogmas del género del terror. Con su inicio, desarrollo y final, sus planos perfectamente académicos y sin el mínimo riesgo creativo. Eso para mí NO es "cine underground". Aunque puedo tolerar ese subapartado referido estrictamente al terror como un universo paralelo donde el fan de Jason Voorhees, "La matanza de Texas" y "Phantasma" puede acceder a un tipo de producto audiovisual que los grandes estudios, e incluso muchas compañías supuestamente más modestas como "Blumhouse", nunca le darían y donde podrá encontrar material extremo. Violencia brutal. Gore a raudales. Y sexo enfermizo. Esta es otra vertiente tan fascinante como inquietante. Que haya fans del género que se dejen los ahorros en pequeñas producciones caseras cuyo único reclamo sea ver cómo chicas de grandes pechos son asesinadas de formas cruentas. En ocasiones hablamos de auténticos vídeos fetichistas generosos en sordidez, como los del veterano y famoso sello "W.A.V.E. Productions" regentado por Gary Whitson. Mediometrajes y largometrajes grabados según las más elementales leyes de la creatividad audiovisual (es decir, planos generales y poca cosa más) en los que se muestran chicas siendo estranguladas, recibiendo balazos en zonas concretas del cuerpo (incluidas vaginas castigadas por los rayos surgidos de unas manos monstruosas ¿?) y siendo electrocutadas, de manera que al sacudir sus cuerpos nos recreamos a cámara lenta en el zarandeo de las ubres. Muy alucinante, más si tenemos en cuenta que mucho de este material está hecho por encargo. Es decir, la fórmula secreta del éxito de Whitson es que te ofrece la oportunidad de que mandes un guión con lo que quieres ver y ellos te lo producen, por lo que la veda queda abierta para que todo aquel tarado y pervertido pueda plasmar en imágenes y con chicas de carne, hueso y silicona su fantasía más retorcida.
A J.T.Petty toda esta morralla le flipaba tanto como a mí, por lo que decidió dedicarle un documental. O, mejor dicho, una docu-ficción. Para ello se puso a recorrer convenciones en busca del más retorcido "underground horror". Y aunque uno de los creadores a los que entrevista es el mismo Gary Whitson, prefiere centrarse en otros tres personajes, Bill Zebub, Fred Vogel y Eric Rost. Algo que no deja de resultar curioso si tenemos en cuenta que Petty es un profesional respetado, especialmente gracias a su primera obra,"Soft for Digging", seguida por títulos como "Mimic 3: El guardián", "The Burrowers" o "Hellbender".
De Bill Zebub ya hablé largamente en otra ocasión. Solo añadiré que sus intervenciones son las más divertidas del documental, tanto por las declaraciones que esputa ("Mírame ¿Tengo aspecto de saber hacer una película?") como por el momento en el que le vemos grabar uno de sus proyectos. A Fred Vogel le conoceréis por sus famosas e infames "August Underground", supuestos y muy verosímiles vídeos caseros perpetrados por un asesino en serie. Confieso que nunca me ha apetecido ver ninguna de ellas a pesar de que no me han faltado oportunidades. En cuanto a Eric Rost, pues ahí entramos en el apartado "ficción". Petty juega con una idea que no por manida resulta menos escalofriante, ¿y si uno de estos tipos fuese un auténtico psicópata y sus grabaciones caseras crímenes reales?.
Conocemos al tal Eric vendiendo
en las convenciones sus dvd's bajo mano. "S&Man" es el título genérico y en todos ellos acosa a una chica grabándola en vídeo mientras camina por la calle. Luego se cuela en su casa para practicarle vudú. Y finalmente la secuestra y la mata delante de la cámara. Ni que decir que el actor elegido para interpretar al tipo encaja muy bien en el aspecto del típico "nerd" regordete que vive en el sótano de casa de su madre y asegura que ver esos vídeos es un pequeño desahogo para aquellos que, como él, no tienen demasiado éxito con las chicas. Ya del todo metidos en lo propiamente peliculero, la obsesión de Petty por saber más del chaval y su "obra" acabará irremediablemente en tragedia.
A la par que todo esto se desarrolla, "S&Man" reflexiona sobre el "placer" de visionar imágenes de violencia extrema y misoginia,
con ayuda de algunos especialistas no excesivamente brasas, tocando incluso temas como el "snuff" o los vídeos de ejecuciones confeccionados por terroristas. El resultado final es bastante entretenido y sobre todo interesante. J.T. Petty sabe integrar muy bien la ficción dentro del meollo y recrear a la perfección, y de manera muy perturbadora, esos supuestos crímenes auténticos que presenciamos.
Y sí, al terminar te haces unas cuantas preguntas y te replanteas algunas cosas.
Recomendable.

lunes, 24 de diciembre de 2018

"NEON MANIACS VOL. 9" SAGA "NOCHE DE PAZ, NOCHE DE MUERTE" (ESPECIAL NOCHE BUENA)




En NEON MANIACS vamos a poner de moda la Navidad!!!
Nos encantan las navidades con todo lo que ello conlleva, nos encanta gastar pasta y darnos opulentos banquetes, nos gustan las luces y las decoraciones propias de este año. Asimismo no nos gustan los Scroogeds.
Y por supuesto, nada nos gusta más que un buen Slasher con su Papá Noel asesino, así que, en el podcast sobre cine misterioso, raro y desperado nos centraremos en repasar de “Pe” a  “pa”  la saga completa de “Noche de paz, noche de muerte”, así, os contamos los avatares de los hermanos Caldwell  en la antes mencionada y dirigida por Charles E. Sellier Jr. y en su secuela directa “Noche de paz, noche de muerte Parte 2” de Lee Harry. Por si eso fuera poco, le vemos el cerebro en una escafandra al menor de los hermanos, Ricky, en “Posesión Alucinante” dirigida por Monte Hellman. Sin embargo, nos olvidamos de esa familia de dementes en “Ritos Satánicos” de Brian Yuzna para ver a una periodista que, investigando un caso de combustión espontánea, acabará metiéndose en una secta de brujas e insectos. También tenemos una libre adaptación del cuento de Collodi, “Pinocchio” en “Juegos diabólicos” de Martin Kitrosser, contando la historia de Joe Petto y su hijo retrasado mental, Pino. Finalizamos con el remake de la primera de todas que responde al título de “Silent Night” y que la dirige Steven C. Miller.
Como es Navidad ¡Que mejor que pinchar villancicos! Y por eso ponemos los pertenecientes a Frank Sidebottom, R.A. The Rugged Man, The Yobs y Akim & Teddy Vann.
¡Que mejor forma de pasar la Noche Buena, que con Naxo Fiol y Víctor Olid en… ¡¡NEON MANIACS!!

viernes, 21 de diciembre de 2018

DEL PLAYA


Insulso slasher  con toques de thriller destinado al público Millenial y para las plataformas de vídeo bajo demanda, que cuenta la historia de un muchacho normal y corriente que tras ser rechazado por las chicas, ser víctima del buying en la universidad y ser maltratado por su padrastro en casa llegando este a desfigurarle la cara, decide un buen día ponerse una máscara comprada en una tienda de disfraces y emplear la violencia contra sus agresores como venganza. Lo que pasa es que se le va de las manos y todo acaba convirtiéndose en una espiral de violencia dónde el chaval da matarile a otros estudiantes de las maneras más creativas y diversas. Y ya esta. Nada nuevo en el horizonte ni nada que merezca ser visto de nuevo otra vez, amén de tener “Del Playa” ese tufillo medio moderno del que hace gala casi toda serie B del nuevo milenio, recursos estéticos que ya vienen por defecto en cualquier programa de edición preinstalado en cualquier computadora de gama alta y que se basan en desenfocarlo todo desde distintos ángulos, y una total ausencia de escabrosidad y atmósfera. El chaval mata, acuchilla, aplasta, destruye… pero el espectador se queda igual que estaba. Como si viera un vídeo de Karaoke. Mala es decir poco.
La gracia está en como se movilizaron los habitantes de Isla Vista en California, que creyeron ver en “Del Playa” una historia muy similar a la de Elliot Rodger, un joven que en la vida real se cargó en 2014 a seis compañeros de clase, así como hirió a otros catorce para, como todo subnormal que se lía a tiros en lugares públicos, pasar a suicidarse ante la estupefacción de los presentes.
Los responsables de la película dicen que en absoluto se están inspirando en la historia del tal Rodger e insisten que esto es solo una ficción —de hecho Rodger tan solo se lió a tiros; el prota de esta película se carga al personal con lo primero que pilla, pero nunca con arma de fuego—. Sin embargo, la publicidad de la película reza que está inspirada en eventos actuales, cosa que contradice lo anteriormente dicho. Así pues, estas explicaciones de poco sirvieron para las gentes de Isla Vista que hicieron oír su voz y crearon un Change.org  pidiendo firmas para evitar que esta película tuviera su lanzamiento, ofendidas por ofrecer una imagen sensacionalista de lo ocurrido allí un par de años atrás (sin tan siquiera haber visto la película). Consiguieron más de 30.000 firmas. Obviamente, los jueces se limpiaron el culo con estas peticiones como es normal y lógico. Por otro lado, lo que consiguieron es darle a la película una publicidad necesaria y gratuita que, sin ellos proponérselo, ha resultado eficaz incluso al otro lado del océano. ¿Por qué se creen que yo he visto esta película? Pues porque leí sobre el intento de frustrar el estreno de esta mierdecilla en alguna estúpida web americana.
Por lo demás, nada de nada. Un cero a la izquierda. Una cosa que si no se hubiera hecho nunca, yo creo que sería hasta mejor. Ya lo dice la frase promocional: Algunos monstruos nacen, otros se hacen.
Dirige y guioniza un tal Shaun Hart, pero eso es del todo irrelevante.

jueves, 20 de diciembre de 2018

D.O.A.

La diferencia vende. Los anuncios -especialmente los de coches- se pasan el día dándonos la murga con lo guay que es ser diferente de los demás. Y en los realitys de la televisión vemos auténticos esperpentos obsesionados con "no ser como el resto" a base de vestimentas y peinados ridículos o poses vergonzantes que no ocultan su verdadera condición. Muchos olvidan que la diferencia no está en el disfraz que luzcas, está dentro de uno. Lo eres o no lo eres. Punto. Y eso no tiene nada que ver con hacerse el extravagante. Total, después de todo formar parte de la normalidad tampoco es tan malo. Y es este un drama que, sobre todo, cala en la juventud, siempre tan perdida y confusa, buscando donde encajar y destacar. Parece un mal muy de los tiempos tecnológicos que vivimos, pero la verdad es que esto ha sido así toda la vida. Desde que el hombre es hombre. Y el documental del que hablaré a continuación lo atestigua.
Su director, Lech Kowalski, seguramente es el único documentalista que guarda una genuina sensibilidad punk, por llamarla de alguna manera. Algunos de sus trabajos así lo demuestran: "Hey! Is Dee Dee Home?" (sobre Dee Dee Ramone), "The Boot Factory" (sobre una fábrica de botas comandada por punks), "Born to Lose: The Last Rock and Roll Movie" (sobre Johnny Thunders) e "Historia de un junkie", docuficción explotada de forma equivocada -para variar- por Troma y que llegó a nuestro país vídeo mediante.
A finales de los 70, Kowalski estaba fascinado con aquella explosión de color, actitudes provocativas y rock and roll crudo a la que llamaban punk. Y quería inmortalizarla. Así que pilló varias cámaras de 16mm y, con el apadrinamiento de la revista para porreros "High Times", decidió seguir al grupo estrella del "movimiento" durante un tour por Estados Unidos -y que sería el de su despedida-, los "Sex Pistols". No solo filmaría a estos en acción, también a sus fans. Una puntual visita al supuesto origen del fenómeno -Londres- pondría la guinda. Lástima que, por lo visto, en esos tiempos el estadounidense Kowalski no considerara el hecho histórico de que el gen del punk se había originado en su propia tierra. Los ingleses simplemente lo habían adoptado, hecho más grande, más llamativo, pero también menos honesto, puro y genuino. Para cuando se rodó "D.O.A." (nada que ver con el legendario combo Canadiense), el punk era ya una moda totalmente impuesta a la que cualquier jovencito se apuntaba. ¿Por qué?, porque era lo "cool", era lo que había que hacer si pretendías personificar la ansiada y deseada diferencia de la que hablaba antes, aunque la compartieras con miles de chavales igual de ¿diferentes? que tu. Todos luciendo la misma estética, haciendo la misma música y soltando las mismas proclamas. Si has visto tantos documentales sobre punk como yo, te sabrás todos los tópicos recurrentes de memoria: La fanfarria pseudo profunda que esputan los intelectuales, la verborrea fácilmente ofendida de adultos, el lloriqueo de los jóvenes sin trabajo, sin rumbo y mucho tiempo libre y una interminable ristra de bandas mediocres encabezonadas en imitar a los "Sex Pistols". Porque aquello del "hazlo tú mismo" o "cualquiera puede, no necesitas ser un virtuoso" está muy guay, pero solo un rato. Al final las bandas que suenan como mierda son, eso, mierda. Y en "D.O.A." hay unas cuantas de ellas, destacando sin duda ese terrible grupo de melenudos caóticos luciendo un imperdible gigantesco o aquel otro con el cantante disfrazado de monja. Eso era el punk para los ignorantes que se habían subido al carro esperando alguna clase de beneficio: Hacer el payaso y escandalizar ingenua y patéticamente.
Y es que no hay documento visual sobre el punk que no desperdicie película contando las vivencias de un "punk cualquiera", un chavalillo que pasea por descampados, gasta una actitud apática, dice que no hay futuro y se sabe de carrerilla y sin pestañear el manual del buen punki. Tal y como yo lo veo, esos tipos solo son poseurs, hypsters del momento, peña que se apuntaba a la tendencia porque era la que más ruido hacía y salía en los medios sensacionalistas. Superada la moda, desaparecen sin dejar rastro.
Si algo abunda en "D.O.A." es pose. Muuuucha pose. Raro es el chaval que no se sitúa frente a las cámaras de Kowalski para poner la mueca de rigor, lucir el disfraz, escupir, insultar e ir de chungo, todos siguiendo a rajatabla los dogmas de esa nueva tendencia en la que encajar a cualquier precio. Incluso sacrificando dignidad y personalidad. Un auténtico festival de patetismo cuyo cénit lo pone el caricato de Sid Vicious, el monito de feria oficial del punk que protagoniza junto a su pareja Nancy las imágenes que han dado algo de inmortalidad a "D.O.A.", aquellas en las que les vemos pasados de rosca, totalmente ciegos e incapaces de -en el caso del bajista- articular palabra sin quedarse sopa.
En el aspecto positivo destacar las puntuales actuaciones de "X-Ray Spex", "Generation X", "Dead Boys", unos curiosos "Sham 69" y que los "Sex Pistols" suenan más crudos e intensos que nunca (no es una banda que me guste especialmente, pero debo reconocer que aquí molan más de lo habitual). Inevitablemente, los 16mm, la cámara tambaleante que no para quieta y el tufo "retro" de todo ello le otorga un encanto extra a "D.O.A.". Lech Kowalski logra aproximarnos al punk como moda insustancial más que ningún otro documento, consigue que formemos parte de ello, lo entendamos, y también que nos demos cuenta del poco sentido que tuvo una vez superado su auge. El punk murió cuando le tocaba morir y ahí tendría que haberse quedado. Todo lo que vino después es y ha sido un chiste alargado y mal contado. Divertido, sí. Disfrutable, también. Pero lejos del verdadero espíritu con el que nació.
Como dato final, comentar que la tipografía de los créditos se la debemos a un "viejo conocido", John Holmstrom, co-fundador de la mítica "Punk Magazine".

martes, 18 de diciembre de 2018

"NEON MANIACS VOL. 8"




Ya sabemos como denominar “Neon Maniacs”; el podcast de cine misterioso, raro y desperado!! Y por eso en el programa de hoy os traemos un par de películas que hemos visto conjuntamente y que, efectivamente, son de lo más misteriosas, raras y desperadas.
Por un lado nos vamos a Bélgica, a ver la película de un extraño individuo llamado Jean-Jacques Rousseau y que, cámara de 16 mm. en ristre, facturó en vida más de 40 extrañas y minoritarias películas de factura amateuroide. Denominado como “El cineasta del absurdo”, hoy les presentamos su película “L’Historie du cinema 16” que es poco más que una camuflada declaración de intenciones protagonizada por un clónico de Stallone. Más interesante, como siempre, hablar de la película que verla.
Hasta Alemania nos vamos para hablarles de alguien mucho más interesante y cuyas películas, comedias enloquecidas en general, y usando también la cámara de 16 mm.  son una cosa de lo más sugestiva. Se trata de Christoph Schlingensief y de su estupenda película “Terror 2000 Intensivstation Deutchsland”. Una enloquecida comedia de corte político en la que Alemania está fuera de control.
Una delicatessen el programa de hoy, para verdaderos gourmets de lo ignoto, un menú que regamos con los caldos musicales de “Forgeting you” un jazzistico tema musical que cierra los créditos de la película “Manos: The hands of fate” y que, dicen, interpretó una de las actrices de la película.
Eso es todo, que no es poco, porque esto es NEON MANIACS!!

lunes, 17 de diciembre de 2018

SOLTERO Y PADRE EN LA VIDA


“Soltero y padre en la vida”, al margen de tratarse de un film alimenticio de tantos que realizó Javier Aguirre, que a su vez explotaba el tirón de otra película también de su autoría para lucimiento de Lina Morgan, “Soltera y madre en la vida”, dónde una señora tiene que cuidar un niño sin ayuda de padre alguno, es un film de consumo y uso absolutamente popular que nos presenta la geometría de un Javier Aguirre, artesanal, mercenario, en absoluta forma física. En esta vuelta de tuerca, un meapilas  interpretado por el estupendo José Sacristán pre-pedantismo, se enamorisquea de una hippie —con la cara y forma de Nadiuska— que vive en el piso de enfrente. Cuando esta trata de escapar, ya que es detenida junto con los hippies con los que vive, por escándalo público, se afincará en casa de este meapilas, teniendo con él una relación sexual. Queda embarazada, pero como es una hippie, decide largarse de allí dejando el bebé al cuidado del  hombrecillo, que como buen macho, no tiene ni idea de cuidar a un niño. Así que comienzan las descacharrantes peripecias de este hombre con un bebé.
Y se podría hablar del subgénero de “Papás solteros” con esta cinta y tantas otras que hay de semejante índole y que fueron un éxito de taquilla (a saber; “Las locas peripecias de un señor mamá”, “Tres solteros y un biberón”, “Un genio en apuros”…)
Por otro lado, la película refleja una España del franquismo en la que los hombres no sirven para cuidar niños y las mujeres traen esos cuidados de serie. El personaje de Florinda Chico, vecina cotilla del personaje de Sacristán, acude al rescate ya que aunque nunca ha tenido hijos, sabe exactamente que hacer porque, y cito textualmente, “las mujeres, ya se sabe”. Asimismo, el jefe del personaje de Sacristán, interpretado por un enorme Antonio Ferrandis, al que no se sugiere ninguna ideología política, pero que por su modus operandi suponemos de extrema derecha, es un acosador sexual de padre y muy señor mío que no hace más que soltar improperios —y vanagloriarse de ello— a cualquier fémina que se le pone a tiro durante toda la película. Todo esto, sin condenarlo, mostrándolo con cierta chufla, como si fuera normal.
No es para llevarse las manos a la cabeza siendo una ficción de 1972, lo triste es que este tipo de seres existen hoy en pleno 2018. Sin embargo es una actitud condenable de una película de otro tiempo dónde todo funcionaba de otra manera. Por ello a día de hoy se le critica. Bien, yo no quiero este tipo de seres en la vida real, pero en una película, son inofensivos. Lo fueron en los setenta y lo son hoy. Lo demás, son tonterías, así que, pasen páginas, señores defensores de los valores humanos, la moral y la corrección política.
Por otro lado, decir que si tuviera que poner un ejemplo de lo que entiendo por “Españolada”, uno de los que pondría, sería este “Soltero y padre en la vida”, que responde a la etiqueta como si la película hubiera sido concebida para ella.
Y sin más, tan solo decir que se trata de una película dinámica y divertida, con un pulso narrativo y cómico como solo podían tenerlo aquellas “españoladas” y que casi 50 años después de su concepción, esta película se disfruta ¡a las mil perfecciones!
Para pasar el rato, que es lo que yo pretendo cuando me pongo una peli, aunque esta sea de arte y ensayo, “Soltero y padre en la vida” es una película adecuadísima. Compruébenlo.

viernes, 14 de diciembre de 2018

COMPUTRON 22


Los italianos tienen un extraño concepto de comercialidad que lleva a un señor, que ha hecho del explotar la muerte y la barbarie su sello de identidad, a escribirse un guion de corte meramente familiar, como es el caso de este “Computron 22” cuyo libreto firma, sin ningún tipo de vergüenza, Franco Prosperi, uno de los más populares directores de documentales mondo, responsable de clásicos del subgénero como por ejemplo “Este perro mundo”.
A eso, hay que sumarle la no menor poca vergüenza de  su director, Giuliano Carnimeo que, como buen artesano, no mira en absoluto el material a filmar, sino que, sencillamente, lo filma independientemente de si se trata de un film de terror (“El hombre rata”), una comedia chusca (“Jaimito, médico del seguro”) o una película de corte post apocalíptico (“El exterminador de la carretera”), ya sea firmando bajo pseudónimo anglosajón, ya sea con su propio nombre.
En la otra mano, tenemos a un decadente Lolo García de 10 años de edad, que ya ve sus capacidades actorales mermadas y que, con esa edad, ya no interesa a nadie. Atrás quedaron los tiempos de trabajar a las órdenes de Antonio Mercero y de la bonanza en taquilla, motivo por el cual tiene el papel protagonista en esta película italiana.
Entonces, este “Computron 22” supuso la última película tanto del niño actor como del  director italiano, y no se me ocurre peor trozo de mierda para despedirse de la gran pantalla que este.
Concebida como episodio piloto de una serie televisiva que no llegó a rodarse, el material resultante de este piloto, llegó a estrenarse en salas italianas sin hacer demasiado ruido. Además, aunque se nos venda como una historia de ciencia ficción de corte infantil, en realidad se trata de una adaptación apócrifa y actualizada de “De los Apeninos a los Andes”, es decir, de “Marco”.
Un niño que vive con su potentado abuelo descubre, por medio de una computadora con el software adecuado, que su madre a la que cree muerta, está vivita y coleando en la Argentina. Así, obsesionado con su mamá, reúne algo de dinero y pone rumbo a esas inhóspitas tierras donde, mientras comienza la  búsqueda de su madre, es timado por rateros bien vestidos y esquiva toda suerte de  dificultades. En resumidas cuentas, tenemos una película infectada —de forma tercermundista— por el espíritu spielbergiano de los 80 del que, sin duda, mama, en el que Lolo García es un Marco de andar por casa que viaja lejos en busca de la madre con la ayuda de un Tamagochi de última generación (y de un niño Japonés… a lo Tapón). Cosa esta que no me parece mal, de no ser porque la película es un bodrio de padre y muy señor mío que no hay por donde cogerlo. Eso sí, se trata de una película profética en el sentido de que, en los cinco minutos finales, Prosperi y Carnimeo, vaticinan lo que será en un futuro la tecnología, en el sentido de que, el niño, se pone en contacto con su madre a través de Computron 22 , en lo que parece una versión antediluviana del Whatssapp.
Sin embargo, hay que satisfacer la curiosidad que suscitaba esta extraña película. Una vez satisfecha, lo más sensato —y sencillo— es olvidarla por siempre jamás.

martes, 11 de diciembre de 2018

AVT PODCAST (104)





Muy prontito hemos vuelto esta vez a la palestra!!!
Y en esta ocasión comentamos unas pocas películas de (o con) Fernando  Fernán – Gómez, que es un clásico de nuestro cine, y así hablamos también un poquito de cine español.
Así, Romerito comenta la película “Chely” que es un precedente al cine quinqui, Víctor comenta una de las grandes películas del cine español como es “El viaje a ninguna parte” y Aratz tira de clásico cincuentero con “Aeropuerto”, que es un panfleto propagandístico del régimen y de iberia.
La película conjunta (con la que hemos disfrutado mucho) es “Chechu y familia” dirigida por el inefable Álvaro Saenz de Heredia.
Ya lo saben… esto es AVT PODCAST!!!

lunes, 10 de diciembre de 2018

STRIPTEASE


Uno de los hits rompetaquillas de los 90 que, basado en un best seller de tres años antes de su rodaje, consiguió un “más difícil todavía” de las películas malas, que es camuflar una comedia involuntaria de voluntaria. O eso creo.
Supuestamente, “Striptease” se concibió como una comedia con toques de thriller, y durante el rodaje, Andrew Bergman, su director, puso especial empeño en las escenas cómicas. Sin embargo en un pase de prueba previo al estreno oficial, el director y el equipo de la película pudo comprobar en propias carnes como el público se reía… ¡pero en las escenas en las que no tocaba reírse, en las dramáticas! Es por eso que, según ese pase de prueba, se montó la película de nuevo alterando parte de los acontecimientos y rodando nuevas escenas deprisa y corriendo para las que Demi Moore debió ponerse una peluca, ya que en esa fase de la postproducción, esta ya estaba con la cabeza rapada y rodando “La teniente o’Neill”. El resultado de todo esto es el desbarajuste que se estrenó en las salas de nuestro país y que, pese a la banda sonora claramente cómica que acompaña el clímax final para remarcar que estamos viendo una comedia, no funciona como tal y sencillamente parece un mal thriller con aires de comedia involuntaria. “Striptease” ya era mala en el año de su estreno, 1996, pero deberían verla hoy, 22 años después, y comprobarán por qué los 90 eran tan nefastos cinematográficamente hablando. Pese a ello, y pese al aluvión de premios razzies que se llevó, la película logró ser un éxito sin precedentes, más concretamente en Europa. En España, sin ir más lejos, logró congregar la friolera de 4 millones de espectadores, lo que es un absoluto pepinazo. Claro que, seguramente, lo que el público estaba comprando eran las nuevas tetas de la Moore.
La historia, las dos tramas con las que cuenta la cinta, no son más que una excusa que sirven como hilo conductor para lo que realmente se vende que son las escenas de Striptease en las que vemos a Demi Moore tetas y culo cada cinco minutos. Además el argumento es una mierda que no hay quién se lo crea.
Una secretaria del FBI pierde su trabajo por tener un marido delincuente. Para más drama, durante el divorcio, este gana la custodia de la hija que tienen porque  es quien tiene trabajo, por lo que esta mujer tendrá que buscarse la vida como buenamente pueda. Entonces, como ser secretaria del F.B.I. no es tener un buen currículum, no le queda más remedio que mover el culo en un club de Striptease, dominando el medio en pocas semanas como si bailara en pelotas desde cría. En una de esas,  un senador con ciertos problemillas de índole sexual y bastante corrupto, se cruzará en su día a día con el fin de complicar más aún las cosas.
Mala a rabiar, lo único que podemos sentir es vergüenza ajena casi en cada uno de sus planos, con todos sus diálogos y con una Demi Moore que siendo una chica delgadita y encantadora en películas previas, aquí aparece hiper musculada y siliconada hasta el punto de no saber si estamos viendo “Striptease” o una adaptación al cine de “Hulka”. Por otra parte, le vino bien a la Moore rodar este pozo de estiércol, porque se convirtió en la actriz mejor pagada de la década al recibir nada menos que 12 millones de dólares. Ridículo resulta también  Burt Reynolds, quien se suponía que regresaba al cine por la puerta grande y quien, prácticamente, suplicó para poder obtener este rol protagonista y, suponiéndose que interpreta un papel divertido (un diputado que soba a las stripers y que en sus ratos de ocio se unta el cuerpo con vaselina) lo que consigue es parecer que es un malísimo actor. En cualquier caso, ninguno de los implicados parece estar haciendo una comedia.  ¿Quizá se decidió que “Striptease” era una comedia después de su estreno? A saber.
Por otra parte “Striptease” no es más que la consecuencia de esa moda desinhibida —y agradecida— de los 90 que resultó ser el thriller erótico, subgénero este, para el que “Instinto Básico” abrió la veda, ramificando por una corriente que murió tan pronto como empezó (con “Showgirls”) como era el thriller erótico ambientado en locales de Striptease.
Un mojón de caballo con tan poca gracia, que al final, si se la rebuscamos un poquillo, se la encontraremos. Eso sí, yo la he borrado de mi disco duro tras el visionado.
Dirige Andrew Bergman, que se ha ganado la vida algo mejor como guionista pero que, además de esta, dirigió cosas algo más potables como por ejemplo “Profesor a mi medida” o “El Novato”.
Puro fast food del malo, del podrido.

viernes, 7 de diciembre de 2018

T.T. EL EXTRATERRESTRE


Es muy curioso, que cuando una película de éxito más o menos modesto pasa por la disección del cine “exploit”, a esta le salen primos tontos más o menos dignos que con el paso del tiempo generan un culto incluso mayor que la película a la que expolia; el caso más claro lo tenemos en “Gremlins”, cuyos familiares retarder hoy en día son piezas de indiscutible culto tales como “Ghoulies”, “Critters”, “Munchies” o también cosas más de andar por casa descalzo como puedan ser “Hobgoblins”o “Esclavos del diablo”.
Sin embargo, películas de envergadura internacional, gordas como nutrias y que se ven en todo el mundo, tienen, además de esos primos tontos, otros que pasan hambre. Los casos más palpables serían los de “Star Wars” o sobre todo “E.T. El extraterrestre” que tiene la suerte de tener los “exploitations” más tercermundistas y pobres de la historia. No conformes con un “Amigo de las estrellas” o un “Mi amigo Mac”, que serían los “Exploits” más o menos dignos, tiene que soportar el mal aliento que desprendemos los españoles con “El E.T.E y el Oto”, el hambre africana de “Nukie”, o la lepra turca de “Badi”, donde solucionaron el E.T. poniéndole una almohada en la cabeza a un enano.
Pero los filipinos son palabras mayores porque tienen dosis más altas de cara dura y un sentido de lo bizarro que les viene de serie y que muchas veces no lo traen consigo otros países por exóticos que estos sean.
Por eso, de entre todas esas ponzoñas brilla con luz propia el “E.T.” filipino.
Recién editado por Trash-O-Rama distribuciones bajo el título de “T.T. El Extra Terrestre” pero conocida internacionalmente con el estupendo título de “Little Boy Blue: Tiny Terrestrial”, se esconde una película que más que ramalazos “exploit” los tiene de parodia. Digamos, que pese a su factura olorosa y tercermundista con actores desdentados que entran y salen, con exteriores que son poco más que descampados, destaca, por un lado, que el E.T de turno, además de ser azul, es una mezcla de E.T con un Mogwai del tamaño de un retrasado mental, que le fascina la imaginería católica con sus vírgenes y sus rosarios, y que emite unos sonidos y tiene un aspecto que son demasiado desagradables como para que el público empatíce con dicho extraterrestre. Casi estamos deseando que entre alguien y lo quite de en medio de un disparo. Por otro lado, el cuarteto protagonista formado por abuela extraña y tres niños, uno de los cuales agita sus brazos por encima se su cabeza cada vez que habla, en clara alusión a su discapacidad mental. También deseamos que les disparen a estos.
Lo que “T.T, El Extra Terrestre” hace, es mofarse de la de Spielberg, en tanto, los protagonistas son conscientes de la existencia de la película “E.T. El Extraterrestre” y en cuanto reciben la visita de este Little Boy Blue, le llaman T.T. en alusión al de la película. En ese sentido, los numeritos humorísticos se van sucediendo a la par que, de un modo u otro, va siguiendo la estructura narrativa de la película original.
Para acabar de hacerla un film de interés trash, “T.T. El Extra Terrestre” fusila la banda sonora original de “E.T. El Extraterrestre”, pero también la de “Regreso al futuro” y tantas otras, como es costumbre en todo este tipo de cine de derribo.
Entonces, pasa lo que pasa con la gran mayoría de films de naturaleza exótica; que habiendo visto ya tanto, esta no nos sorprende ni lo más mínimo. Con todo está simpática, y podía estarlo aún más de no ser porque la película se acerca peligrosamente a las dos horas.
Dirige Eddie Reyes, que aunque no volvería a dirigir hasta 2004 con una cosa titulada “Tukso Si Charito 2”, fue asistente del director de célebre títulos de la basura filipina tales como “Las locas aventuras de Batman y Robin”, de Tony Reyes del que puede que hasta sean hermanos.
Como curiosidad, se puede ver. Y hasta te echas unas risas.