martes, 2 de septiembre de 2014

DEL ESPACIO PROFUNDO

Un experimento letal del gobierno que flota por el espacio se desbarata y cae a la tierra, donde despertará en forma de tentaculoso monstruo chungo y se irá papeando a todo aquel que pase por allí, hasta que el inevitable poli duro de rigor acabe con su miserable existencia.
Hoy día películas como "Del espacio profundo" ("Deep Space" en v.o.) las veríamos directamente en el Syfy Channel, protagonizadas por alguna ex-estrella decadente y chorreando CGI. Pero en 1988 estas cosas tenían su verdadero mercado en el vídeo-club, y Fred Olen Ray (sospechoso habitual) era el puto amo en esas lides. Además, como bien sabrán, los ordenas todavía no daban pa tanto, y los trucos seguían fabricándose con látex u otras sustancias pringosas (y aquí no es que se luzcan mucho, la criatura apesta a muñecote sin cuello cada vez que asoma y su torso-escupe-tentáculos parece una puta sábana tendida).
La verdad es que, temática, narrativa y estructuralmente las cosas no han cambiado mucho en lo que se refiere a esta ralea de productos, siguen tirando de las mismas salidas que, básicamente, se limitan a muuuuchos diálogos idiotas para rellenar metraje (de verdad, Fred Olen Ray debe tener horror vacui porque prácticamente nunca deja un puto fotograma en silencio) y toda suerte de clichés y salidas ultra-previsibles, propias de mentes perezosas que no se cansan demasiado durante el proceso creativo. La diferencia aquí es que, A, semejante desaguisado tiene más encanto cuanto más añejo es y, B, Olen Ray siempre sabía dotar a sus ñordas de cierto "touch" que las hacía un pelín sobresalientes (dejando de lado su tendencia al estatismo asesino). En este caso nos referimos al desenlace, donde el poli prota se enfrenta a la bestia mediante sierra mecánica, lo que se traduce en un alegre baño de líquidos pringosos y salpicaduras mil. Curiosamente dicha parte (y otra en la que los tentáculos del bicho actúan como ramas con vida propia) parece guardar ciertas similitudes con "Posesión Infernal". Ya, podrían ser mis ojos ciegamente enamorados... o podría ser tan verdadero como que Ray y su co-guionista (y habitual colaborator) T.L. Lankford toman buena nota de, claaaro, las "monster movies" clásicas y, claaaaro, "Alien, el 8º pasajero" (menos que de costumbre, eso sí). Ya no solo por el look del marciano, ahí con su cabeza apepinada, también por secuencias como aquella en la que un segurata sale a la caza de un gato mientras a sus espaldas el e.t. se alza lentamente. Y si no, que se lo pregunten a Harry.
El reparto de esta cosilla es tan colorista como solía serlo en todas las pelis del amigo Alfredo. El entrañablemente feo Charles Napier se erige como un simpático y cínico poli macarra (la escena que se viste de gaitero
para seducir a la prota, según el manual de "Rambo", está entre lo brillante y la pura vergüenza ajena). Esta no es otra que Ann Turkel, que venía de "El puente de Cassandra" y "Humanoides del abismo" y que vería con horror cómo su nombre aparece mal escrito en los títulos de crédito. Les acompañan Bo Svenson, el televisivo Ron Glass (de aspecto genuinamente repugnante), el gran James Booth como científico malcarado y la malograda Elisabeth Brooks en un rol bien tonto, de esos confeccionados para únicamente permitir un cameo, en este caso el de la mujer-loba sexy de "Aullidos".
También rulan por ahí actores veteranos provenientes del cine que Fred Olen Ray consumía de chaval y que ya solía fichar para sus despropósitos: Julie Newmar, la "Catwoman" del "Batman" de los años 60 (y que también anduvo por la ultra serie Z "Evils of the Night", compartiendo experiencia con una del clan Ray, Dawn Wildsmith), interpreta un papel absolutamente estúpido, el de una psíquica que no aporta absolutamente NADA a la trama. Norman Burton anduvo en algunos títulos de "El planeta de los simios". Michael Forest y Anthony Eisley no solo curraron para el inevitable Roger Corman durante su etapa como realizador de cine de terror barato, además el segundo asomó por algunos auténticos hitos del trash como "Operación Goldman" (exploit Bondiano firmado por Antonio Margheriti), "Journey to the Center of Time" y "The Mighty Gorga" (del super-zetoso David L. Hewitt) o, rizando el rizo, "The doll squad" de Ted V. Mikels y el "Dracula vs. Frankenstein" de Al Adamson. ¡Que le hagan un mono-mento!.
No pueden faltar los "Regulars Ray" delante de la cámara que, pa la ocasión, se reservan roles muy escuetos (la Wildsmith, Fox Harris, Susan Stokey, William Fair, Richard Wiley o Richard Hench) y detrás (Gary Graver, Bret Mixon). La simpática y rayante banda sonora parece de Chuck Cirino, pero no lo es. El mismo amigo Ray se marca un cameo como camionero (y cuela su "The Tomb" en una pantalla de televisión). Las escenas del bicho llegando a la tierra son, como de costumbre, extraídas de una peli previa de mayor presupuesto y temática parecida, en este caso se trata de "El terror llama a su puerta". Y dado el relativo parecido que "Del espacio profundo" guarda con la Rayada "Biohazard", no sorprende que compartan momentos casi idénticos, como esa "cría extraterrestre" que sale de su "recipiente" en la mesa de la cocina entre humo y gruñidos.
"Del espacio profundo" es lo que es. En mi etapa como Fredmaníaco me encantaba. Luego, más en frío, volví a consumirla y me pareció un coñazo tremendo. Hoy por hoy les digo que, en fin, no es ningún dechado de ingenio y creatividad, pero si le pones paciencia un Domingo por la tarde, se puede ver... especialmente porque merece la pena aguantar hasta el final, con ese cierre absurdamente espectacular y llamativo.
Como grand finale les dejo el (inmerecido) súper-cartel que ilustró el reputado Graham Humphreys para su rarísimo y casi fugaz estreno en salas de cine angloparlantes. Enjoy-en...



lunes, 1 de septiembre de 2014

DOÑA MACABRA

“Doña Macabra” es un personaje mítico de la cultura popular Mexicana  cuyas historias de comedia y horror quedaron registradas en una serie de televisión de los años sesenta y en la película que nos ocupa del año 72.
Doña Macabra y su hermana, son conocidas en el barrio porque practican la brujería (o eso creen los paletos de los vecinos) y porque se especula que en el caserón dónde viven, se esconde un gran tesoro. Un matrimonio emparentado con las dos viejas, les engañan para instalarse en su casa con el único fin  de encontrar ese tesoro. Doña Macabra, que descubre sus intenciones, prepara su venganza sangrienta.
El resto de la película el matrimonio se las tendrá que ver con las putaditas que Doña Macabra les va dejando.
Lo que me llama la atención de la película, es que, siendo blanca como es –una comedia mexicana de los años 70- a veces, porque no se tiene medida, o bien por la ingenuidad de la época, las bromitas y trampas que la señora va dejando al matrimonio, si que llegan a ser verdaderamente macabras… es decir, que por un lado son tonterías tipo luces que se apagan, cortinas que se menean, pero por otro, le dan corriente eléctrica a un acuario, para que cuando la mujer de ese matrimonio meta la mano, se electrocute. O bien, encuentran en su cama manos cercenadas y ensangrentadas, cuya sangre, el matrimonio llega a probar para comprobar si es sangre de verdad o no.
Por otro lado, una pantera ataca  al marido, haciéndole graves heridas, y para rematar la faena –spolier- este acaba muerto porque le explota la dinamita que está usando para hacer un boquete y encontrar el tesoro. Todo ello servido con vivos colores setenteros e iluminaciones psicodélicas que le dan un tonillo, efectivamente, macabro (y pop).
Se deja ver perfectamente. Entretenidilla y graciosa.
Dirige el cotarro Roberto Gavaldón, artesano mexicano de los de oficio y prestigio (no un chungo como los Cardona) que entre muchas cosas  dirigió aquel “Don Quijote cabalga de nuevo” al servicio de Cantinflas y con Fernando Fernán Gómez.

sábado, 30 de agosto de 2014

LOS OJOS DEL DIABLO

Aunque ya en 1978 Dario Argento y George A. Romero compartieron créditos en la mítica "Dawn of the dead" original, no sería hasta el año 1990 cuando realmente se repartirían -creativamente hablando- la paternidad de una película, este "Los ojos del diablo", "Two Evil Eyes", "Due occhi diabolici" (originalmente bautizada como "Poe", tal y como demuestra el pre-cartel que les dejo por ahí abajo, o "Metropolitan Horrors"), producción italo-yankee que jugaba con una premisa a priori atractivísima para cualquier aficionado medio, dos maestros del género unían fuerzas para adaptar sendos relatos de un titán de la literatura macabra, Edgar Allan Poe. Lástima que pal cambio de década Argento y Romero habían perdido ya un poco su "punch" (aunque nada comparado a lo que vendría después), algo que a mí no me importó ni un pimiento, que corrí al cine para ver la película resultante el día de su estreno. Es interesante señalar que, en principio, los directores no iban a ser únicamente el italiano y el de Pittsburgh, también querían liar a gente como John Carpenter, Wes Craven, Stuart Gordon o Clive Barker, aunque lo problemático de aunar calendarios convenció a sus perpetradores (los Argentos, Claudio y Dario) de que lo más fácil era contar con aquel al que ya conocían y con quién habían currado previamente de manera harto satisfactoria. De haberse materializado el pifostio tal y como se quería en un principio, hablaríamos ahora de todo un hito en el género.
Puesto que se trata de la unión de un par de mediometrajes, bastante diferentes a pesar de churrupetear del mismo escritor, me permitirán que anal-ice cada uno como si de dos títulos totalmente independientes se tratara. Y si no les gusta, que les den.
LA DE ROMERALES: El viejo Georgie se encargó de adaptar mi relato favorito de don Poe, "La verdad sobre el caso del señor Valdemar". Evidentemente, y dado el nivel de paletismo que acarreo, no he leído el texto original, pero sí vi en su día las versiones que firmaron Roger Corman y Narciso Ibáñez Serrador y en ambos casos (pero sobre todo el segundo) me cagué de miedo. Su concepto siempre me pareció genuinamente aterrador. Un tipo que fallece mientras se encuentra en estado de hipnosis, lo que lo mantiene atrapado en el limbo. Su cadáver se marchita, pero su mente aúlla agónicamente con un "¡Estoy mueeeerto!". Uf, escalofriante. Tanto me fascinaba que yo mismo hice mi cutre-versión vídeo mediante titulada "Miedo Oscuro" (¿¿conocen algún otro caso de una "adaptación" que se inspire en otra previa y no en el material de origen??, ¡juas!).
El caso es que George Romero lo pilla y lo lleva a su terreno, el del director de cine de horror cansado ya de la puta etiqueta y de tener que estar siempre liado con muertos vivientes y bichos apestados. La suya es una versión muy culebronesca, que hace más hincapié en el drama y el suspense que en el terror puro. La esposa de un millonario al pie de la tumba anda liada con el médico de este. Juntos planean aprovechar hasta el último halo de vida que le queda al viejo para que, mediante hipnosis, firme todos los documentos posibles y les ceda sus riquezas. Pero el tipo la palma en pleno subidón, lo que impedirá cruzar el portal del más allá y se montará un cristo de órdago, volviendo de la pre-muerte para cometer venganza.
Contaba don Romero que por aquellos tiempos andaba de bajona por el fracaso en taquilla de "Atracción Diabólica" y que aceptó el proyecto porque no requería una gran implicación emocional por sus partes. Y se nota, ya que le quedó muy fría, sosa, plana y -decían en la época- telefílmica. Él mismo así lo reconoció poco después, confesando que se sintió fatal después de ver el despliegue de imaginación que invirtió Dario Argento en su propuesta. Y hasta el italiano comentaría por ahí que en aquella ocasión la inspiración de Georgie anduvo bajo mínimos. Yo mismo me aburrí mortalmente cuando la consumí y durante mucho tiempo tuve un concepto muy pobre de ella, seguramente por su casi ausencia de gore, algo por entonces muy ligado a la obra del padre del zombie moderno. Pero el otro día, y como suele pasar, me pareció bastante mejor de lo que la recordaba. Sí, es cierto que no transpira ni mucha pasión ni mucha vida, que Romero puso el automático y tiró millas, pero aún así, su sobriedad, su saber hacer, su acabado más que solvente y su guión, bien parido y estructurado, la convierten en un producto bastante digno.
Contribuyen a ello sus actores, especialmente cuatro que ya habían currado previamente con
Romero en otra antología, la maravillosa "Creepshow", es decir, una ya avejentada Adrienne Barbeau (que lo hace muy bien, la verdad), Bingo O'Malley, E.G.Marshall y el bueno de Tom Atkins. Completan el cuadro Ramy Zada, muy popular en mi tierra durante inicios de los 90 a raíz de su protagonismo en una serie co-producida por la televisión de Cataluña sobre un justiciero titulada "Dark Justice" ("Quan es fa fosc", "Cuando se hace oscuro", aquí) y Christine Romero, la "esposa de", que pal caso interpreta un personaje idéntico al que diera vida, justamente, en la anterior "Atracción Diabólica", enfermera/cuidadora borde.
LA DE ARGENTALES: El caso de Argento es diametralmente opuesto al de Romero. Se nota que él fue uno de los instigadores del proyecto, que le pirra Poe y que comparte intereses con él y su universo. Su mediometraje es pura pasión... lo que no significa necesariamente que sea la repolla, pero sí que al menos viene plagado de guiños, tributos y homenajes al autor y su obra. Oficialmente adapta "El gato negro", aunque solo es una excusa pa salpicar la movida con referencias a "El pozo y el péndulo", "La caída de la casa Usher", "Ligeia" o "El corazón delator", entre otras.
Rod Usher (bingo!) es un fotógrafo especializado en sacar instantáneas de crímenes cruentos. Vive con una pava súper-lerda y espiritual que adora los/as gatos/as, como una de bien negra que ha traído a casa y que, ya de entrada, se lleva fatal con el maromo. Además, su vida conyugal cada vez anda peor y al parecer ella se ha buscado un amante (o uno en ciernes) joven y bien mono. Borrachuzo, celoso y rabioso, el muy hijo de puta de Rod decide pagarla matando al felino, no sin antes sacar fotos del proceso para ilustrar un libro recopilatorio de su macabra obra (titulado, justamente, "Metropolitan Horrors" -ver más arriba-). Cuando ella lo descubra, se liará parda, aparecerá un nuevo gato negro -que se parece mucho al anterior... lo que tampoco es nada nuevo porque todos los gatines niggas son cagaos entre ellos, yo fui poseedor de uno la mar de majo-) que él querrá aniquilar convencido de que acarrea una maldición. Cuando ella intenta salvarlo, él la mata y oculta su cuerpo tras una pared falsa. No hace falta decir que lo tendrá jodido para salirse con la suya... gracias en parte al enigmático black cat... o a su prole.

A nivel visual y narrativo, como decía, es lo opuesto a Romero, un despliegue de ideas, dinamismo, truculencia, locura y flipadas totalmente ausentes en la historia del Sr.Valdemar. La mayor diferencia es la duración (la del italiano es más larga) y el guión, bastante peor estructurado y con peor ritmo. Nada nuevo bajo el sol, ya que esa es una constante en el director de "Suspiria", "Phenomena" y "Tenebre". Y como en esos mismos títulos, la falta de dominio narrativo queda compensada por el desmadre visual, la cámara apañándose movimientos imposibles (en un momento dado adopta el punto de vista del péndulo de la muerte), el gore (gráficas cuchilladas, empalamientos...) y las típicas "argentadas" tan irritantes como entrañables. Esas salidas de tono en las que exclamas un "Anda yaaaa, no me jodas!". Antes solía preguntarme cómo era posible que Argento no se diera cuenta de lo tontunas y ridículas que eran, pero hoy considero que ya las hacía aposta como elemento  epatante, como parte de su estilo. En este caso no hablamos ni de asesinas esculturas punzantes ni de absurdas vagonetas-extermina-ratas, sino de cierto muñeco económicamente confeccionado para lograrse una coartada y.... en fin, no recuerdo la otra, pero eran dos de esas que dolían, y más con la sombra de Edgar Allan Poe detrás. Naturalmente, Argento se pasa un poco por el forro de lírica del escritor y -como Romero- se lo lleva totalmente a su terreno, exagerando sus ideas hasta el desquicie (esos gatitos mutantes devorando la carne de un cadáver). Pero ya mola, que pa algo es quien es, ¡carayo!.
"El gato negro" la protagonizan Harvey Keitel, un poco antes de su redescubrimiento de la mano de Tarantonto y pasando una etapa algo oscurilla, Madeleine Potter, una actriz que venía de cierto cine cultureta y se supone que despierta pasiones a pesar de lo poco agraciada que resulta (esa boquita suya en perenne estado de "piñonismo" dan ganas de soltarte una yoya) y algunos veteranos, entre los que destacan John Amos, Sally Kirklan, Kim Hunter y Martin Balsam en el inevitable guiño a Hitchcock.

Añadir como colofón que fue la primera película rodada en terreno yankee por el italiano (que cada vez que se va para allá, la verdad es que le salen mejor) y que la versión que vi hace unas noches (descargada de ese demonio llamado emule) incluía una escena cortada de la versión estrenada en España, una pesadilla en la que Keitel viaja a la época medieval para recibir doloroso y rectal castigo. No deja de ser gracioso tener en cuenta que los Argentos impidieron a Romero adaptar "La máscara de la Muerte Roja" porque no querían nada de ambientación "de época" en su producto, pa luego incluirla ellos en su episodio. ¡¡Malditos fetuccinis!!.
PLUS: De los notables efectos especiales se encargó, cómo no, Tom Savini, quien se reserva un papel como el demente que desentierra un cadáver para extraerle los dientes, idea esta sacada también del universo Poe (concretamente de su cuento "Berenice"). Hacer notar que tío Tom va ataviado con ropas victorianas.
La banda sonora es del siempre genial Pino Donaggio, que a la hora de poner música al capítulo de Dario se adapta a sus habituales partituras rimbombantes y semi-electrónicas, más propias de unos "Goblin"/Claudio Simonetti o un Keith Emerson.
Aunque el ayudante de dirección del italiano era en un principio Michele Soavi, fue al poco sustituido por el bueno de Luigi Cozzi (amigo de Víctor) cuando el otro cayó enfermo.
RESUMIENDO (ya tocaba): Aunque la historia de Argento es mucho más viva, colorista y apasionada, se me hizo un pelín pesada (tal vez por esa falta de capacidad de construcción narrativa -parece que no, pero a la larga es algo que se nota- o tal vez por extensión). Creo que esta vez me moló más la de Romero, a pesar de los pesares. Puede ser mi vejez, puede ser culpa de las expectativas, puede ser por ir la primera o el signo del cambio de los tiempos. Sea como sea, ambas se complementan bien y esputan un film bastante majo, sobre todo ahora que han pasado ya más de dos décadas, que sus autores andan en horas bajísimas y que el cine de terror, en general, va como va.

viernes, 29 de agosto de 2014

EL GRAN LÍO

Estamos ante una de las películas más extrañas que he visto en mi vida. Una película que en su momento, cuando la alquilé, me impactó notoriamente, porque yo pensaba que iba a ver la típica película de Chevy Chase y compañía, cuando en realidad se trata de una cosa muy extraña, y el quebradero de cabeza más grande en la carrera de Dan Aykroyd.
Un financiero conoce en una fiesta a una abogada despechada, y liga con ella a saco. Así que deciden irse unos días a Atlantic City, viajando en coche, junto con unos amigos latinos de él que se les acoplan en el viaje. A mitad de camino, toman una salida equivocada, lo que les desviará hasta un pueblo de Oackland llamado Vanklevania. Allí serán arrestados por exceso de velocidad y juzgados por el juez  Vankelheisher que los dejará a su suerte dentro de su caserón lleno de peligros. Este Juez tiene especial odio a los banqueros, que convirtieron su tierra en el estercolero que es hoy, y no duda en meter a sus arrestados en una máquina que separa la carne del hueso, para hacer con esa carne perritos calientes que luego deglute con delectación y sirve a sus invitados. Nuestros protagonistas, tendrán que salir de ese “Gran lío” (espantoso título castellano).
Rara hasta no poder más, “El gran lío” supuso el debut –y despedida-como director de Dan Aykroyd, que además se reserva dos papeles –en ambos el maquillaje hace que esté irreconocible- el del Juez y el de una especie de retrasado deforme que habita, junto con su hermano gemelo, en las inmediaciones del caserón y  a los que no dejan acceder al interior del hogar, váyanse ustedes a saber por qué. Aykroyd, tras la experiencia no volvió a dirigir cine porque el rodaje fue un caos absoluto, además de uno de los grandes fracasos de la comedia USA. Por lo visto, la película iba a ser una epopeya de más de dos horas de duración en la que ocurrían montones de cosas extrañas, pero solo tenía 39 millones de dólares (una barbaridad a principios de los 90), para una película para la que harían falta unos 100 millones, con lo que no pudo terminar el rodaje y aquella epopeya de dos horas y pico de duración se reduce a una extraña comedia con un final del todo apresurado de tan solo hora y diecisiete minutos.
Cuando se estrenó la película, tan solo recaudo 10 millones de dólares, con lo que a Aykroyd, se le quitaron las ganas de meterse en más líos de estos.
La película parte de un sueño que tuvo Dan Aykroyd en el que, pizca más o menos, ocurre lo mismo que en la película, así que con su hermano Peter, confeccionaron el guión de la misma, en el cual, escenas de canibalismo, una gran guerra entre la policía del estado de oakland y los habitantes del pueblo de Vanklevania e incluso una invasión extraterrestre, no llegan a verse en pantalla, porque no hubo dinero para rodarlo.
El resultado resentido se nota en el montaje final, dónde vemos que, efectivamente, faltan cosas a esa peli. Pero fracasos financieros a parte, yo creo que precisamente ese montaje resultante, y el que se note un poco el desbarajuste, le otorgan a la película ese aire misterioso, ese mal rollo, y esa sensación de “¿Qué cojones es esto que estoy viendo?” que tanto me gusta de esta película, porque he de decir, que a mí me fascina.
Como fue tal fracaso, fuera de estados unidos solo se estrenó en vídeo.
Junto a Chevy Chase y el propio Aykroyd, tenemos a Demi Moore (jamás vi una pareja con menos química que la formada entre Chevy Chase y Demi Moore), John Candy haciendo un doble papel, Taylor Negron, Daniel Baldwin y, curiosamente, la intervención de mi gurpo de rap favorito de todos los tiempos “Digital Underground” que se cantan a cámara el tema “Same Song” y donde podemos vislumbrar la figura de un jovencito Tupac Shakur. La presencia del grupo, es tan extraña como el resto de la película.
Yo creo que, a su manera, se trata de una de las comedias fantásticas imprescindibles que no hay que dejar de ver. Por lo que es, lo que pasó, y porque, coño, está entretenida.

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL GRAN MOGOLLÓN

Pedro Ruiz, showman todo terreno, que en parte por su prepotencia, en parte por tocar los cojones a los que mandan, se ha granjeado una mala fama terrible en los últimos años, es el protagonista absoluto de esta comedia.
Y Pedro Ruiz, escritor, actor, director de cine, presentador de televisión y polémico entrevistador, lo que en realidad es, o al menos, así lo conocí yo desde que tengo uso de razón, es humorista e imitador. Uno de los grandes además. Sin embargo, hoy parece renegar de todo aquello. Y en particular, de esta película, “El gran mogollón”. Tuve el placer de conocerlo personalmente, y cuando le pregunté por ella, me respondió “Aquello fue un despropósito”. Y me dio mucha rabia, porque a mí, de chaval, me gustaba mucho esta película. Que mejor manera que corroborar las palabras de Ruiz que viéndola años después. Y sí, es zetosa, chunga, rodada con una desgana acojonante por el otrora artesano Ramón Fernández y, básicamente, compuesta de planos generales. No quería rodar más, ni montar mucho en este encargo. Pero bueno, por otro lado, la película da lo que ofrece, que es ver a Pedro Ruiz en su  mejor momento, imitando, perfectamente caracterizado, con unas prótesis acojonantes fabricadas por José Antonio Sánchez, a todos y cada uno de los políticos que existían en España durante aquellos años de la transición.
Ahora, que Pedro Ruiz se quería marcar la machada, se creía que él era Peter Sellers (le he llegado a escuchar, en una ocasión, compararse con Lenny Bruce) y que estaba rodando “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” porque, al igual que Sellers en aquella película se interpreta como cuatro papeles, Pedro Ruiz en esta se interpreta nada menos que veinte, pero, lógicamente nada que ver con la de Kubrick.  De hecho, nada más comenzar el film, aparece en pantalla un cartelito que reza: “Por primera vez en la historia del cine, un solo actor interpreta a 20 personajes distintos, 17 de ellos, reales y vivos”. Bueno, quienes fueron a ver la película, ya sabían eso, de hecho, por eso mismo fueron a verla, no hacía falta ponerlo. Una muestra más de la prepotencia de Ruiz, que no obstante, es una cosa que me hace cierta gracia de su persona.
La película cuenta, inspirada en la novela “Ayer España enrojeció” de Andrés Madrid, como en unas elecciones generales, y contra todo pronostico, sale elegido,  para la presidencia del país, el partido ecológico y revolucionario. Ante la sorpresa del resto de políticos, el presidente, tiene que soportar los sobornos, peloteos y golpes bajos del resto de partidos políticos, que harán lo que esté en su mano por gobernar junto a él.
Bueno, pues yo me la tragué tranquilamente, disfruté de las imitaciones de Pedro Ruiz (la de Carrillo y la de Alfonso Guerra se llevan la palma) y como película para lucimiento de un cómico, funciona perfectamente. Ahora, si es cierto que la película técnicamente es un desastre. Porque como he dicho antes, se nota que está hecha a toda prisa y sin amor por lo que se está haciendo. Quizás demasiado. No obstante, la película, muy de su época y para su época –verla ahora es un poco raro, porque no sabemos ni quienes son la mitad de quienes imita- está lo suficientemente entretenida, como para pasar por alto esa técnica. Es más, yo la paso por alto casi siempre, así que…
Junto a Pedro Ruiz, tenemos en el reparto a Agustín González, Amparo Muñoz, Isabel Luque (solo por verla a ella, merece la pena cualquier película en la que salga), Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Antonio Gamero, José Lifante y los cameos, haciendo de si mismos de José María García y Joaquín Arozamena.
El director, Ramón (a.k.a. Tito) Fernández, es ya un habitualísimo de este blog.

martes, 26 de agosto de 2014

AVT PODCAST (20)

Para la ocasión, y aprovechando el periodo vacacional, Aratz viaja hasta Madrid con lo puesto y se instala en la choza de Victor, desde donde, juntos, se conectan con Naxo, asentado en la Ciudad Condal, y se sacan de la manga una nueva edición más del podcast favorito de homosexuales lesbiánicos, "Aquí Vale Todo" o "AVT" para tontos y terroristas.
La cosa arranca con un concurso destinado únicamente a los tres integrantes del show y sin recompensa de ninguna clase (pueden ser partícipes dándole a este enlace). Tras la broma, se ponen serios con las notables y generosas news que incluyen: antiguos héroes de novela "pulp" trasladados a pantallas nuevas, reboots Texanos, un par de trailers estudiados y diseccionados, fracasos taquilleros, plagios (o, lo que es lo mismo: Taran-no a-tino), coloridos uniformes superheróicos, secuelas monstruiles y alguna cosilla más.
Con la boca espumosa, seguidamente se adentran en el peliculismo, y lo hacen por la puerta grande con varios estrenos recientes y una o dos bizarradas. Tenemos el mediometraje de horrores nipones "Dead Girl Walking", a los abuelos musculosos y venosos de "Mercenarios 3", un puñado de dementes italo-canadienses en "La noche de los psicópatas", las nuevas aventuras del gordo y el retarded en "Infiltrados en la universidad", una entusiasta review de "Guardianes de la galaxia" y un poco de bilis cortesía del documental "Best Worst Movie".
Escúchenlo y les crecerá un pene en sus vaginas.



lunes, 25 de agosto de 2014

HISTORIAS INSÓLITAS

Para hablarles de Antony Balch, les remito a la reseña de“Horror en el hospital” donde Naxo explica perfectamente quien es este interesante y mítico director y distribuidor (hizo su propia versión de “Haxan”, película muda de culto, sustituyendo los cartelitos por voz en off de William Burroughs) Inglés, que tan solo cuenta, no obstante con dos largometrajes en su filmografía. “Horror en el hospital” sería uno de ellos, este “Secrets of  Sex” (“Tales of bizarre” en los USA) sería el otro.
Para empezar diré que, efectivamente, esta película se distribuyó en España, supongo que, al menos, en algún pase para televisión, bajo el título de “Historias insólitas”, en un  montaje alterado y censurado, eliminando del mismo todas las escenas de sexo y violencia de la película -que son muchas- convirtiéndola en una mierdecilla sin gracia. No obstante rula por la red un montaje de la misma con el audio castellano, pero integra, con lo que cuando en la película hay sexo o violencia, el audio está en inglés, cosa esta que, inconscientemente por parte del ripeador, se convierte en una nueva versión aún más turbadora de lo que pueda ser la original. Sea como sea, el caso es que su versión en español ha pasado de estar inencontrable a estar a disposición del fan (que es quien se pondrá a buscar estas cosas, supongo).
La película es, desde luego, una curiosidad muy sugestiva: Cuenta, al modo clásico (ya saben, la “Amicus” etc, etc…), y vía un maestro de ceremonias que para la ocasión tiene forma de zarrapastrosa – e inmóvil- momia, una serie de historias cortas de contenido erótico festivo la mayoría,  de violencia y tortura otras pocas, que van pasándole factura a los géneros, a las épocas y a los estilos sin orden ni concierto. La excusa es rodar una película “Nudie” al uso que genere algo de dinero en cines de tercera, pero Balch lo que rueda es un muestrario de sus gustos y preferencias que van desde la serie Z y el cine de terror hasta el cine de arte y ensayo más feroz y vanguardista. Así la película, comienza de una manera claramente artie con unos personajes en pelotas girando y bailando, para pasar a contar una de esas pequeñas historias que forman la película antes de los créditos, y después ser un “Nudie” al uso, muy raro –Un grupito de fornidos muchachotes, apuntan con sus metralletas a otro grupo de señoritas en cueros- en el que se pasa a experimentar con las superposiciones, para, ya si, pasar a la momia que nos va presentando las historias. Todo tiene entonces una narración estándar, para al final volver a los derroteros arties.
A todo eso, añádanle una escena de unos 10 minutos en la que vemos desfilar por pantalla chicos y chicas de buen ver y la momia que nos dice, una vez detrás de otra durante todo ese tiempo, “Imagínense haciendo el amor con esta chica. Imagínense haciendo el amor con este chico”.
En cuanto a los niveles escabrosos, la película tiene algunas escenas gore, con esa sangre tan rojita, como en las pelis de Herschell Gordon Lewis (¡y los mismos colores chillones!... claro son de la época), para en cuestión de segundos saltar a la comedia más tonta y blanca.
En definitiva, una película interesante, rara, entretenida y descabellada, una sucesión de escenas en tierra de nadie que forman una alocada película, y que junto con “Horror en el hospital” son una buena muestra de lo que podía haber sido un director tan particular y cinéfilo, de no ser porque falleció tempranamente.
Recomendable para los que busquen rarezas, en el más amplio sentido de la palabra.

viernes, 22 de agosto de 2014

LA REVANCHA DE LOS PROFES

Cuando la “Filmax” todavía no era muy conocida, cuando todavía eran “grupo Ivex”, su sello de distribución videográfica inundaba los video-clubs con montones de películas europeas a las que, customizando un poco su carátula, lograban hacer atractivas para el consumidor público de aquellos años.  Y si había que hacer un poquito de saqueo a la hora de poner títulos, pues se hacía. Así, cuando sacaron en vídeo esta “P.R.O.F.S”, “Teen Movie” francesa –en Francia tenían tradición de hacer cine estudiantil medio desenfrenado, medio de autor. “Los cateados”, como prueba- de cierta fama en toda la Galia y, teniendo en cuenta el exitazo que en video-clubs supuso “La revancha de los novatos”, no hubo ningún problema aprovechar ese tirón y bautizar esta como “La revancha de los profes”, a pesar de que no tiene nada que ver con la americana y que en esta película nadie se toma una revancha, porque nadie tiene por qué hacerlo.
Cuenta la historia de un instituto al que llega una nueva hornada de profesores para el nuevo curso. Los más viejos son unos excéntricos y los más jóvenes tienen muchas ganas de juerga, con lo que entre unos y otros se convierte la cosa en un compendio de bromas, putadas y gamberradas por parte de los profesores, que además, juegan al poker y ligan entre ellos, como si de alumnos se tratase.
La idea, desde luego, es buena, eso de hacer una “Teen Movie” y contarla desde el punto de vista de los profesores, que estos sean los que se comportan como mastuerzos y no los alumnos es, al menos, original. Y la película pasa entretenida sin que trascienda nada más. Quizás no se le sabe sacar provecho a la idea principal, y al final la cosa se queda un tanto blanca y light. No es una película tan desmadrada como promete y, desde luego, ni por asomo es un delirio como el que se nos vende en la carátula, que parece que vamos a ver un “Porky´s” con profesores alocados en vez de alumnos. Es un humor muy a la francesa, es muy difícil que le cojamos el punto, y aún con unos cuantos gags destacables, el conjunto se queda sosito.
Está estructurada, no obstante, como si de una película de “Jaimito” se tratara, es decir, que no hay un argumento muy definido, sino más bien, una sucesión de escenas en las que podemos ver a estos profesores haciendo de las suyas, sin mucho orden ni concierto, ni un hilo argumental el cual seguir, que por otro lado, creo que es lo que le va bien a este tipo de películas.
Así, que mi sentencia es que si, que es entretenida, pero que no debemos rasgarnos las vestiduras por ella.
En el reparto tenemos al ahora prestigioso Patrick Bruel, cantante, actor y, en sus ratos libres, o sea, la mayoría del tiempo, jugador de Poker profesional, muy jovencito y medio feo y a un puñado de gabachos que nosotros y ustedes, no tenemos por qué saber quienes son.
Dirige la función Patrick Schulmann, que no dirigió demasiado cine más, ni antes, ni después de esta, y que falleció prematuramente.

miércoles, 20 de agosto de 2014

ANGELES S.A.

El caso de la película “Angeles S.A.” y de su protagonista, es un caso curioso.
Ya saben que en los ochenta el fenómeno de los artistas infantiles estaba a la orden del día en España, y continuó fuerte hasta que dejo de dar pingues beneficios  a principios de los noventa. Las mentalidades cambiaban, las de los adultos y las de los niños y la música infantil, prácticamente, desapareció, y con ella las películas vehículo para lucimiento de estos.
Y si bien en los noventa, apenas sobrevivían aquellos “Bom Bom Chip”  y su película “El niño invisible”, en la década de dos mil, no había ni rastro, lógicamente, de artistas infantiles en las radio formulas, mucho menos en los cines. Y de repente, a mediados de esa década, le da por resurgir, eso si, de manera discreta y terriblemente destinado a un público más popular de lo normal (vamos, a un publico paleto) una nueva rama de artistas infantiles. Por un lado Melodie, la de los gorilas. Un rollo agitanado y absolutamente garrulo que vendió miles de discos y que duró lo que duró la infancia de la cantante. Cuando esta ha querido seguir en la adolescencia, o ahora ya adulta, el público (y las discográficas) le han dado la espalda. Por otro lado tenemos a Raulito, una especie de bebé con cara de retrasado mental, que, consecuencia de otro bebé, esta vez de los 90 llamado Jordi, bailaba y cantaba la hostia de mal, los éxitos pachangueros de esa época, decantándose por los de David Civera. Algo patético que tuvo un éxito arrollador, y que en su corto periplo (un año o dos), protagonizó una película para propio lucimiento, que estaba muy bien, “Frankie Banderas”, junto a el hijo de Juanito Valderrama, que es otro que solo le falta mendigar un poco de atención en la tele y junto a –también en esta película- Pablo Carbonell. Y finalmente tenemos a la protagonista de la película que nos ocupa, María Isabel. Esta niña, ganó un concurso que se realizó de la misma forma que podía no haberlo hecho, el “Eurovisión Junior” y lo ganó con una canción verdaderamente asquerosa, degradante para la mujer y para la infancia, pero que la hizo vender millones de discos; la de “Antes muerta que sencilla”. Y por ahí anduvo actuando toda esa temporada.
Lo curioso es que el fenómeno de Maria Isabel, yo lo compararía, salvando las distancias, con el de “Chispita”; niña andaluza casi analfabeta, monilla de cara,un disco de éxito, una película en plena decadencia, y criminal obstracismo –porque aunque después de esto, la niña, ya adolescente, ha andado presentando los Lunnis y demás, ya no fue lo mismo- solo que en una época en la que todo este tipo de productos, no es que no se llevaran, es que, directamente, no existían. Además, mientras que algunas de las canciones de chispita son bonitas, casi himnos (“¡la vuelta al mundo en Góndola!”) las de María Isabel son para embrutecer a los brutos.
Tras el éxito que tuvo la niña, le prepararon el salto al cine, esta “Angeles S.A.”. Una película para lucimiento de la niña cantante, con todo un repertorio de nuevas canciones que les servirá a sus gerifaltes para vender un buen puñado de discos. Eso en la envoltura, porque en realidad, la película es una comedia familiar protagonizada por Pablo Carbonell, en la que, si, María Isabel se canta una cuantas canciones, pero en la que queda relegada a un segundo plano como adorno para que carbonell pueda hacer su trabajo, cosa esta que es de agradecer, porque, no solo las canciones de María Isabel son una mierda, sino que, verla interpretar, roza lo vergonzoso.
Cuenta la historia de un señor que se muere, y cuando llega al cielo, se da cuenta de que su hija no tiene un ángel de la guarda, por lo que las cosas le salen muy mal allá abajo. Así que le dan permiso para bajar a la tierra desde el cielo dentro de otro cuerpo, para guardar las espaldas de su hija y encauzarla por el buen camino, mientras que se las tiene que ingeniar porque su mujer, viuda, está a punto de casarse con su mayor enemigo.
Un folletín que en las navidades de 2007 no fue ni tan mal en las taquillas (700.000 espectadores), pero una cosa discretita para lo que los ejecutivos esperaban de María Isabel. La peli fue bien, pero la venta de discos, no como se desearía.
La peli, no creo que la puedan aguantar ni los niños. O ellos particularmente.
Lo que me hace gracia, por un lado, es el empeño por hacerla parecer una “sitcom” americana: los protagonistas no viven en un pisito como la mayoría de los españoles de a pie, sino que viven en una urbanización de chalets convenientemente adecentada para darle look americano, sin que parezca que están en Estados Unidos; Pablo Carbonell conduce mono-volumen, y su esposa, Silvia Marsó, es aficionada a la jardinería y usa un sobrerito de paja y unos utensilios de jardinería más propios de una película protagonizada por Meryll Streep, que de una película española que retrata a la clase media-alta. Todo muy patético y, por ende, gracioso. Pero no lo suficiente.
Así mismo, parte de la película transcurre en el cielo. Este se resuelve a  base de diseños de ordenador y horrorosos chromas que le dan look de película de “Tom Cat films”. Escenarios digitales al más puro estilo “The amazing Bulk” y efectos de C.G.I. al estilo “The Asylum” primera etapa, solo que mientras que se supone que las películas de estas productoras son de serie Z, esta se estrenó como producto de postín para ser mega-taquillera. España.
Por lo demás, y más allá de la curiosidad que se pueda tener por un producto a destiempo de estas características, la película no vale absolutamente nada. Eso si, Pablo Carbonell me cae simpático. De hecho, me hace mucha gracia ver cantar y bailar junto a unos niños pequeños, al mismo individuo que cantaba cosas como “Se han bebido mi bebida, esnifado mi cocaína, se han follado a mi chica” con su banda “Toreros Muertos”.
Junto a Carbonell y María Isabel, la antes mentada Silvia Marsó, Anabel Alonso, Darío Paso y el repugnante Jimmy Barnatan.
Dirige el negocio un tal Eduard Bosch, más forjado en el mundo de la televisión que en cualquier otra cosa.

lunes, 18 de agosto de 2014

SAWNEY, FLESH OF MAN

Estamos ante una película de “familia caníbal”a la escocesa.  Un  remedo de “Las colinas tienen ojos” o “Lamatanza de texas” que para justificarse de  sus referentes americanos se excusa  en el hecho de inspirarse en un caso real de la escocia de hace más de 500 años, en el que un clan –los Beane-  de asesinos endogámicos asesinaron y se alimentaron de más de 100 personas. Un hecho real de la mitología Escocesa que, dicen, sirvió a Wes Craven para inspirarse en su “Las colinas tienen ojos”. Verdad o no,  y a mí que no me jodan, los referentes de esta peli son las películas americanas, y no ninguna leyenda.
En ella, figura como que de ese antiguo clan sobrevivió uno que tuvo descendencia hasta nuestros días, por lo que en algún lugar de los highlands, existe una familia proveniente de aquello, que está haciendo lo propio con jóvenes y jovencitas: matarlos, violarlos e incluso comerlos.
Un detective y un periodista, seguirán los pasos de esta familia oculta.
Así que tenemos un “Matanza de Texas” que por momentos se torna “Seven”, pero con unos redichos actores de flema británica un tanto cargantes. En especial David Hayman (“La ley de Murphy”) que interpreta al líder del clan caníbal, el tal Sawney, que con lentilla  en un ojo para darle apariencia de… (¿De qué?), y su afán por resultar lo más sórdido y desagradable posible, al final ocurre  lo contrario y compone un caricato, con lo que cuando coge una mano cortada que tiene por ahí, en su guarida, y de pajea con ella, a parte de haber visto ya algo similar –y más chungo- en “Alta Tensión”, no nos queda otra que partirnos el culo.
La película, no obstante, sin ser ni un ejemplo de entretenimiento, ni de tempo, se deja ver. Una hora y poco que va desarrollándose entre malas interpretaciones, un giro en el ecuador de la película que, sin duda, te lo ves venir y gore, mucho gore, que a estas alturas de la película ya no nos dice nada. A parte está todo filmado de una manera tan estilística, que, lejos de repugnarnos, nos parece hasta bonito; el rojo muy rojo y el marrón de las articulaciones cortadas muy marrón. Una pena que la era digital, por naturaleza propia, no permita escandalizarnos, ni impactarnos, ni sorprendernos, por culpa de un demonio nítido al que llaman HD.
Y aún dejándose ver la película, insisto, lo peor es su protagonista, sus monólogos interminables sobre la Biblia y que Jesús decía que debíamos comer “Carne de mi carne y su condición de película Europea, que se inspira en clásicos americanos, pero que reniega de ello queriendo parecer excesivamente europea, resultando al final, inevitablemente, estúpidamente americana. Al menos, que no traten de disimular sus referencias.
Ver y olvidar, sin más.
Por supuesto, se trata de una película festivalera  e independiente de las que se pueden ver en muchos festivales de cine fantástico a lo largo y ancho de la bola, con algún que otro premio a sus espaldas y esa pátina de “hago cine de terror… pero no” que desprenden todas estas cintas.
También se la conoce, según el país, con el título de “The Lord of Darkness”.
Dirige y debuta, poniendo al mando de las labores técnicas a sus hermanos y primos, un tal Ricky Wood.

viernes, 15 de agosto de 2014

EL ATAQUE DE LOS PAJAROS

Co-producción hispano-mexicana (me he dado cuenta de que en los ochenta se hacían muchas pelis de tercera en co-producción con Mexico) de carácter meramente “Exploitation” y cuyo referente no hace falta ni mencionar. Claro, que este llega veinte años después y a poco se junta con su  equivalente actual, “Birdemic”.
El caso es que es tan genuinamente mala, que pese a estrenarse en mogollón de países (su título internacional reza “Birds of pray”, en Francia se tituló “Falco Terror”- este título, mola-  en USA “Beaks”, o su edición en vídeo “Evil Birds”, en Italia suben la condición expoliadora un peldaño más y pasa a ser secuela directa de la de Hitchcock… ahí es nada) en nuestro país sus propios productores la consideraron tan mala que salió directamente a vídeo. De hecho, el trailer de la película que precedía a algunos títulos de “Lauren Films” anunciaba que la película se titulaba “Palomas asesinas”… ¿Qué por qué? Es un misterio.
La película dirigida por René Cardona Jr. es, por un lado, un coñazo mayúsculo y por otro, una basura mal hecha y con intención de, con tres pesetas, hacerse pasar por grande. Pero claro, no da el pego.
Cuenta una historia del todo descabellada: Las aves consideran que después de llevar lustros muriendo a manos de los humanos que las cazan para divertirse, deciden declararles la guerra, con lo que la masacre está servida. Una pareja de periodistas, se ven metidos en el meollo.
Lo primero de todo advertirles que mueren pájaros en la peli. Hay que ser muy hijo de puta y muy sin vergüenza para matar a un animal. Y si ese animal muere en una película de mierda, los responsables merecen similar trato que el que ha recibido el animal; aquí mueren algún que otro pájaro. No describiré como ni cuando.
Ahora, si pasamos por alto esto, hay que decir, que esta película está compuesta de montones de planos de pájaros volando a los que meten en montaje simulando que atacan a los humanos pero solo vuelan por el aire. O bien; en una plaza, un padre saca fotos a su hijo y estos son atacados por palomas. Esto se resuelve soltando palomas delante de la cámara para que estas vuelen en dirección a los actores, estos hacen aspavientos como si les atacaran y listo. Pues así toda. Y algún que otro inserto de algún documental.
Por otro lado, los ataques de los pájaros son exagerados. Las aves arrancan ojos y desgarran carne como si fueran tigres, todo con el fin de meter la mayor cantidad de Gore posible, que en año 87 ya se sabe… estaba de moda.Y si no lo estaba, estaba a puntito de estarlo.
En cualquier cosa, nada de esto justifica un visionado tedioso y poco emocionante, amén de lo antes explicado acerca de los pobres pajarillos.
Ahora, el reparto es de lo más marciano. El protagonista es nada menos que Christopher Atkins quien tras su exitoso debut en “El lago Azul” (si, el muchacho de los rizos, aquí sin rizos y un tanto degradado) quedó relegado a papeles en películas de serie B (y Z), actuando de vez en cuando en el cine español –sale también en “¡Dispara!” de Carlos Saura” y no convirtiéndose en el actor mainstream que prometía. A su lado Michelle Johnson (“Lio en Río”, “Pisa a fondo” o “Museo de cera”), Aldo Sambrell , José Lifante o el  hijo del director, René Cardona III que siguió los pasos de su padre y su abuelo convirtiendose también en director de bodrios tales como “Vacaciones del terror” “Alarido del Terror” o “Fray Justicia” (Ver en “Malas pero divertidas”).
Basura. De la chunga además. Pero hasta esa basura merece una curioseada.

jueves, 14 de agosto de 2014

¿Y SI NOS COMEMOS A RAUL?

Tras pasarse una temporada como realizador netamente "exploitation" bajo mandato del imperio Corman (suyas son la jodidamente aburrida "Neurosis asesina" -que produjo el hermano Gene-, la simpática y entrañable "La carrera de la muerte del año 2000" y la planísima "Cannonball") el director y actor Paul Bartel se encuentra sin curro ni posibilidades de dirigir. Transcurridos varios años opta por una estrategia desesperada: idear un proyecto sencillo, buscar financiación entre amigos y familia y parirlo desde la más rutilante independencia a base de culos de celuloide desechado y un año y pico de rodaje. El resultado es este "Eating Raoul", "¿Y si nos comemos a Raul?" en España, que contra todo pronóstico acabó convertido en un hito del cine "cult" de su época, inicios de los 80, y dio nuevos bríos a la carrera de su director, que a partir de entonces se especializó en comedia, género al que, esencialmente, pertenece "Eating Raoul"... eso sí, una comedia tirando a excéntrica, o eso pretendía el muchacho, aunque vista hoy resulte de lo más normalita a pesar de sus notables remalazos de humor negro.
Un matrimonio de lo más inocente y casto sueña con inaugurar un restaurante, pero las cosas no les van demasiado bien. Además de ir escasos de capital, resulta que la gente que les rodea es ruda y pervertida, cosa esta que los tiene hartos. Un día, y de modo totalmente accidental, asesinan a un indeseable y le roban, descubriendo así un modo ideal de ganar dinero fácil. Después de todo, hacen un favor a la sociedad borrando gentuza del mapa.
Con semejante actitud en mente, organizan un especie de servicio sexual como gancho para cazar viciosos. Todo va de perlas hasta que entra en juego un hispano que les descubre y se ofrece a ayudarles para ampliar las ganancias y repartírselas. ¿Cómo?, vendiendo los cadáveres resultantes a una empresa que los convierte en comida para perro, nada menos. Pero el pendejo no se contenta con eso, quiere más, quiere a la esposa del protagonista, a la que poco a poco va convirtiendo en aquello que más odian. Como era de esperar, las cosas se complicarán cacho ante tan retorcida situación.
Dadas las peculiares condiciones en las que se rodó "Eating Raoul" no hace falta decir que el resultado dista mucho de ser espectacular o aparatoso. Bartel se decanta por una puesta en escena hiper-sencilla y básica y, sobre todo, por los diálogos, el "efecto más barato del cine", como decía aquel. Y sí, la cosa tiene su gracia, pero tampoco es que sean chispeantes o tremendamente ingeniosos.
A pesar de la trama criminal y canibalística,
el nivel de violencia está bajo mínimos, ni gota de sangre, todo es como muy de “cartoon”. Sí que veremos un par de tetillas y algún momento inspirado (como el asesinato en grupo del jacuzzi, previo topetazo con la cámara), pero en general la verdad es que "Eating Raoul" no termina de funcionar. Se me hizo algo pesadita y no puedo decir que me riera mucho. Tal vez en su momento se trataba de algo fresco y rompedor, aunque solo fuese por su origen genuinamente “indie” (de cuando aún no estaba de moda el término y este tipo de cine era realmente independiente), pero desde luego no ha envejecido demasiado bien, en ningún sentido. Aún así, el culto que arrastra es innegable y años después incluso llegó a generar una versión teatral en formato musical. ¡Estupendo!.
Ese mismo éxito contribuyó a que Paul Bartel pudiese seguir rodando películas, como "Prohibida su publicación", la famosa pero fallida "Lust in the dust" (un homenaje al cine del mangante John Waters pasado por el tamiz del western), "Contra todo pronóstico", su paso por la serie "Cuentos asombrosos" y otro de sus títulos populares, "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". Las cosas no deberían irle demasiado bien cuando lo intentó de nuevo en plan super-indie con "Shelf Life", pero casi nadie se enteró de su existencia.
La compañera femenina del actor/director en "Eating Raoul" no era otra que Mary Woronov, una actriz de culto para el cine de culto. Su carrera arrancó en la factory de Andy Warhol. Seguidamente se adentró en los pantanosos parámetros del "exploitation" más puro, participando en toda suerte de productos, algunos tan legendarios como "Noche silenciosa, noche sangrienta" o “Terrorvision”. Visita Imdb si te corroe la curiosidad.
Bartel y la Woronov llevaban tiempo compartiendo créditos, como actores estuvieron juntos en "Rock n´roll high school", pero a partir del éxito de "Eating Raoul" se oficializaría su condición de pareja en la ficción y saldrían como tal en algún que otro films más, como "Kill Bots" de Jim Wynorski donde, literalmente y por nombre y apellido, retoman sus personajes del flim reseñado. Curioso. Hoy día Mary Woronov sigue saliendo en películas zetosas y rimbombantes, pero también en cosas más potentes como "La casa del diablo" o "Los renegados del diablo". Muchos diablos.
Al hispano calentorro le da vida Robert Beltran, de longeva, activa y televisiva carrera. Volvería a verse con Mary Woronov en la mediocrísima "La noche del cometa", y con ella y Bartel en "Escenas de la lucha de sexos en Beverly Hills". También le podéis localizar en esa hiper-chunguez grabada en vídeo por Alex Cox el año 2009 titulada "Repo Chick".
Otras curiosidades del reparto son:  Buck Henry (reputado actor, guionista y amigo de George Kuchar), Ed Begley Jr., Edie McClurg (notoria actriz cómica –lucía una permanente traga lápices en “Todo en un día”-), Don Steele (famoso disc jockey de hiperbólica personalidad que ya había trabajado para Paul Bartel en "La carrera de la muerte del año 2000" -interpretando, cómo no, al agotador locutor de televisión-. Saldría en "Gremlins" haciendo de, pos sí, DJ). Para finalizar, y si no pestañeamos demasiado, podremos ver los cameos de John Landis y Charles Griffith (incansable guionista de la factoría Corman -suyo es el libreto de, entre muchas otras, "La pequeña tienda de los horrores" y "La carrera de la muerte bla, bla"- y director de notables basuras como "Up from the depths", que el propio Corman consideraba una mierda, o "Wizards of the Lost Kingdom II").
En la banda sonora suena una versión muy simpática, y en castellano, de "Devil With a Blue Dress On" cortesía de "Los Lobos".
El misterioso productor y co-guionista de "Eating Raoul" se llama Richard Blackburn. Como director dispone únicamente de un capítulo para la serie "Historias del más allá" y del rarísimo largometraje de terror "Lemora", de la que yo misma hablé en una ocasión. Otro proyecto que Bartel y Blackburn tenían entre manos, desafortunadamente nunca realizado, era una comedia horrorífica titulada "Frankencar", sobre un tipo que, desprovisto de sus extremidades, controla mentalmente un super-buga como arma vengadora contra aquellos que le agredieron y le dejaron inválido. Tremendo.
Paul Bartel llegó a idear una secuela directa de "Eating Raoul" titulada "Blind Ambition" y en la que iba a salir Chevy Chase como el villano de la función. Tenía el dinero, la confirmación de Mary Woronov y las ganas, pero desafortunadamente su inesperado fallecimiento el año 2000 truncó cualquier posibilidad de materializarla.
Perra vida esta.

miércoles, 13 de agosto de 2014

ESOS LOCOS FANTASMAS

Esta reseña existe por pura cabezonería, porque en un principio la película la iba a ver Naxo. Comenzó a hacerlo y no aguantó ni diez minutos.
Me envalentoné y le pedí que me la cediera, que yo iba a verla y a reseñarla. Maldita sea la hora. Porque, si, la he visto entera, pero ha sido el visionado mas horroroso de mi vida. Una hora y veinticinco que para mí ha sido como de tres horas. Probablemente una de las peores películas que he visto en lustros, o por lo menos, la más aburrida. ¡Y eso que es una comedia¡ y encima voy a tener que hacer un sobreesfuerzo porque no se ni que decir de ella, ni es plato de buen gusto par mí dedicarle a esto tanta atención. Así, pues, por cabezonería. Lo que ya hace que esto tenga un mínimo de interés.
Lo principal es decir que “Esos locos fantasmas” nace como “exploitation” de uno de los grandes éxitos del año 1985, “Los Cazafantasmas”, pero que, lejos de copiar el estilo contemporáneo de esta, supongo que por motivos presupuestarios, copia el estilo añejo de la serie de la “Filmation” del mismo título de los años setenta. Gabardinas y sombreros incluidos, decorados de cartón piedra también. Solo falta el gorila.
No obstante, resulta igual de rancia esta película que la serie a la que hago mención. En cualquier caso, sale en vídeo justo después del bombazo de la peli de Ivan Reitman.
Dos fantasmas están decididos a volver a asustar y hacérselas pasar canutas a quienes vayan a un viejo caserón en el que habitan sus descendientes, y que, a la vez, está lleno de espectros de sus antepasados (¡qué puto lío!). Una pareja de policías, pertenecientes a una minoría étnica (uno es negro, el otro Portoriqueño) circula por las inmediaciones del caserón y acabará lidiando con los espectros y con los familiares vivos de estos, lo que dará pie a chistes de baja alcurnia, gags deudores del peor “slapstick” y numeritos de baile “Break Dance”, que en la época estaba muy de moda, haciendo bailar a protagonistas y fantasmas de esta manera.
Si me tengo que quedar con un chiste, es cuando pasan a cenar los policías al comedor. Uno de los fantasmas, que en tiempos pasados había sido negrero, ordena preparar una cena para sus huéspedes. Así que el menú del policía negro está compuesto de maíz, cereales y sandía, que es el menú que tenían los esclavos en los campos de algodón. Un gag casi imperceptible, pero que sería el único que destaco de toda la amalgama, porque por lo demás, no hay nada salvable ni divertido en la película. Lo peor de lo peor.
Y su director Lee Madden (del que ya hablamos en el podcast a propósito de su película “La noche que Dios Gritó”) debía ser muy consciente del pedazo de basura que tenía entre las manos, el enorme zurullo que parió, porque firmó la autoría de la película con el pseudónimo de “Alan Smithee” que es el que se usa en Hollywood, cuando algún director no está contento con su trabajo, o con el resultado final de su película, cuando el corte definitivo lo han tenido los estudios y no él. Cosa que da igual, porque al final se sabe quien es el director real de estas pelis.
En cualquier caso, esta bazofia se editó en nuestro país, nada menos, que de la mano de “Paramount”, y significó la última película que rodó su director. Vaya una despedida de mierda.
La peli la protagonizan Sherman Hesley, famosísimo cómico afro-americano que se hizo popular gracias a la serie “Los Jefferson”, pero que en nuestro país es mas conocido por sus papeles secundarios en series como  “Cosas de casa” o “El Príncipe de Bel-Air” donde curiosamente interpretaba al personaje que le dio fama en la serie antes citada, George Jefferson. En cine, que conozcamos o nos interese, ha estado en películas como “Movida en el campamento II”, “Experimento Chiflado”, “Mafia, estafa como puedas” (¡Siendo otra vez George Jefferson!) o “American Pie 7”, e incluso, repitiendo chuflas con fantasmas en “Casper: La primera aventura”. Falleció recientemente. Por otro lado tenemos al cómico latino Luis Avalos también proveniente del medio televisivo y que en cine pudimos verle, aunque fuera de pasada en películas como “Locos de Remate” o “Una bruja en Nueva York”. Al menos en este “Ghost Fever”, ambos son protagonistas.

martes, 12 de agosto de 2014

AVT PODCAST (19)


Sudores repugnantes, y llagas en las entrepiernas,
Así es como los AVT BOYS el programa comienzan.
Dando paso a las noticias y preparando las vacaciones,
comentamos como es el merchadising de “Los guardianes”.
Sam Raimi, como un maldito mamón,
Prepara su serie de “Evil Dead” para televisión,
Con un sentido de la moralidad completamente nulo,
Nombramos las muertes de Marilyn Burns, y Alex Angulo.
“Asylum”, Linda Hamilton, nuestros cortometrajes,
escucha el mejor programa, ¡si no quieres que te raje!
Universo Marvel, no quieren súper heroínas,
porque, para dar hostias, son demasiado finas,
y eso no da dinero.
Aunque a “Full Moon” le importa un bledo
y te vende el baúl de Toulong por unos cuantos Euros.
A nosotros esa puta mierda nos da lo mismo,
así que pasamos a  ¡PELICULISMOS!
A Tom Cruise el culo le revientan,
no se pierdan “Cocktail" ¡lo mejor de los 80!
Found Footage sanguinario
es lo que nos muestra “El heredero del diablo
Con “La Lego película” disfrutamos como un subnormal,
no más que sacándole el cerebro a un chiquival.
No apto para cinéfilos mariconas,
Ana Obregón y Paco Rabal en “El tesoro de las cuatro coronas
No se crean que es ninguna pasada
Yo, Frankenstein” y su cabeza cuadrada.
Y para ir finalizando este sin dios,
debate sobre “El amanecer del planeta de los Simios”.
Y para finalizar, Naxo, Aratz y Víctor
comentan “Blow” y nombran a los que se follaban drogadictos.



lunes, 11 de agosto de 2014

CHISPITA Y SUS GORILAS

Como me gusta un  sub-género tan  de aquí como es  el de “Películas vehículo para ellucimiento de cantantes” y dentro de ese género, la rama dedicada a cantantes infantiles.
En aquellos tempranos ochenta, todo el boom del artisteo infantil lo viví intensamente y  siendo fan de casi todos ellos. Consumía sus casettes, y sobretodo, cienes de veces, sus películas.
Yo supongo que los más puretas si, pero los universitarios y veinteañeros que pululan por aquí, quizás, ni de oídas, conozcan a Chispita.
Chispita era una niña monísima y encantadora  (hoy una cuarentona del montón) que cantaba de maravilla. Sevillana ella, sacó un disco de gran éxito (en el que venía el éxito “La vuelta al mundo en Góndola”) y otro que pasó inadvertido. Con ese segundo disco, desapareció la artista infantil Chispita. Pero entre disco y disco, junto a otros improvisados cantantes infantiles, los archi famosos, gracias a la serie “Verano Azul”, Miguel Angel Valero y Miguel Joven “Tito y Piraña”, que grabaron un disco (en el que venía la canción de “Comer, comer” y donde cantaba mayormente Piraña, Tito hacía coros porque cantaba peor que los perros) y que para la ocasión se les bautizó como “Los Pirañas”, protagonizaron una película que de puro “Exploitation” no se como no se les caía a los productores la cara de vergüenza, porque la película, en poco más de 80 minutos le pasaba factura, no solo a Chispita y  a “Tito y Piraña” (con ese cartelón, como para no llevar a los críos al cine, debieron pensar nuestros padres) , si no que además, y vistas ambas películas recientemente, tiene serios ramalazos de “Annie” (ambas, musicales sobre niña huérfana pobre que acaba viviendo con señor mayor rico y señorita de mediana edad de medio buen ver, con un personaje femenino directamente relacionado con la niña, antagonista, que rebosa más maldad que cualquier otro personaje), ramalazos de “Las aventuras de Enrique y Ana” (en ambas hay personajes adultos estrafalarios y que parecen salidos de un universo ficticio ajeno al costumbrismo del que provienen los protagonistas), además de guiños a Bud Spencer y Terence Hill. Tito y Piraña, uno gordo y uno flaco, reparte leña como si de los actores italianos se tratase, y por si el espectador más idiota no se diera cuenta, lo adornan todo con pósters de las películas de estos y, por si eso fuera poco, se añade una escena en la que ambos salen disfrazados como los personajes de “Quien tiene un amigo tiene un tesoro” y tienen un forzadísimo diálogo: -“Hola, Bud Spencer”. –“Hola Terence Hill”, se dicen en un momento dado Miguel Ángel Valero y Miguel Joven.
Por otro lado la película es súper cutre, no solo en lo referente a la ambientación (todo rodado en pisos reales y exteriores cochambrosos al más puro estilo neo-realista, pero chabacano), sino también en la dirección y el montaje; La dirección a cargo de Luis María Delgado (“Loca por el circo”, “Mírame con ojos pornográficos”) es de lo más dejada, a años luz de lo que este hacía en los setenta con Alfredo Landa o Fernando Esteso, y el montaje, con tantos saltos de eje y raccord, que parece un montaje amateur.
Y bueno, esos defectos acaban siendo, siempre, virtudes. Además, este tipo de productos, negocios puros y duros, deberían estar por encima del propio cine. ¿Cómo no me va a gustar “Chispita y sus gorilas” ¡Es pura nostalgia!
Cuenta la historia de una niña que, al morir su madre, descubre que esta la había adoptado. Huye de casa para no someterse al maltrato al que la somete la novia de su padrastro, y se hace amiga de dos muchachos muy fuertes, que la defienden de  todo peligro, con los que monta un conjunto músical con el que se forran, motivo por el que el padrastro de esta la buscará para aprovecharse del éxito.
Como dato, sin más, diré que Chispita se puso delante de la cámara en las series yankies “Matt Houston” y “Vacaciones en el Mar”, y Miguel Ángel Valero y Miguel Joven lo hicieron, juntos, en “Padre no hay más que dos”. Valero por su parte, apareció además en “Buenas noches Señor Monstruo” y “El Rollo de Septiembre” antes de abandonar definitivamente el mundo del espectáculo para dedicarse a sus estudios y acabar siendo profesor de universidad. Joven, creo que es camarero en su Málaga Natal.
Entrañable.

sábado, 9 de agosto de 2014

LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO

Me encanta esta peli. Que quede claro desde buen principio. La he visto varias veces y siempre la disfruto, pero ha habido casos concretos en los que la he gozado tanto que, en fin, se me ha pasado en un "plis". Volando. Y me sorprendo y me digo "Coño, ¿ya está?, mira que es entretenida y divertida la jodida". Y lo es. Puede que no sea la mejor comedia del gran Mel Brooks, personaje claramente adorado en este blog, ni la más reconocida, ni la más ingeniosa. De hecho, en su época tuvo muy malas críticas. Hasta ganó un premio oficial en los USA como el peor estreno del año. Pero a mí me la suda, de verdad os lo digo, es una peli que me da buen rollo, transpira positividad toda ella y es ideal para combatir penas y aburrimientos.
Un Mel Brooks pletórico, en la cresta de la ola tras estrenar éxitos como "Sillas de montar calientes", "El jovencito Frankenstein" o "La última locura" y con el ego desatado, se encarga de protagonizar (hasta cinco papeles se marca el baranda), dirigir, guionizar, componer/cantar alguna canción y producir este repaso a algunos momentos de la historia de la humanidad, divididos en diferentes segmentos de distintas duraciones. Los más gordos van dedicados al Imperio Romano y a la revolución Francesa. Pero también hay sitio para la prehistoria o la inquisición Española. Todo ello con una estética algo anticuada para el año que se produjo, 1981, con unos colores, un modo de filmar y unos decorados de cartón piedra tremendos, que destilan artificialidad, pero que bien podría ser una estratagema del amigo Brooks como parte de la parodia, algo que ya solía hacer. Imitó el estilo de James Whale en "El jovencito Frankenstein" y aquí podría haber tomado prestado el look de todas esas súper-producciones históricas y bíblicas tan típicas del Hollywood clásico donde primaba un tono diametralmente opuesto al realismo. Sea como sea, me encanta, todo ese colorido incrementa el tono de fiesta y diversión.
El tipo de humor –absurdo- empleado y su eficacia varían a lo largo de los 92 minutos que dura la peli. Hay chistes malísimos (muchos de ellos en el segmento dedicado a la prehistoria), los hay majos, los hay muy buenos y, obvio, los hay brillantes. En este último grupo podría soltar unos cuantos de mis favoritos, pero me quedaría corto. No sé, así a lo burro me encanta el espectacular y delirante número musical situado en el castillo de Torquemada (gran canción, gran letra), me encanta Dom DeLuise como emperador Romano, me encanta Harvey Korman como Conde de Parné (De Monet, en la versión original), la coña a costa de la última cena ("¡Judas!, ¿quieres probar la sopa?"), la ya clásica frase "Es bueno ser rey" que Brooks esputa a cámara cada dos por tres y muchas partes de los diálogos... que imagino que será cosa del doblaje, porque son chistes muy “castizos”... pero no puedo resistirme a la forma de hablar de los Romanos ("Comicus, comicus!", "Estúpidus!", "Papirus para el porrus", etc). También resulta interesante hacer notar que, acorde a los tiempos que corrían, Mel Brooks se vuelca en los chistes verdes, el humor vulgar y chabacano, presente en sus trabajos previos pero no hasta ese grado, algo que sentaría fatal a los críticos de la época, pero que hoy es del todo efectivo. Yo esta peli la vi en su estreno, acompañado de mi tío, y recuerdo varias cosas: que la sala estaba petada, que el público se reía mucho y ¡¡que me ponían muy nervioso las chuflas marranas!!, me sentía avergonzado, casi como si estuviese viendo una película porno. Dulce inocencia. Pero es que momentos como el casting de penes para la orgía o la prueba para comprobar la autenticidad de los eunucos (con esa lengua quilométrica desenrollándose) eran materia muy fuerte para un chavalín como era yo entonces.
El caso es que, por el motivo que sea, "La loca historia del mundo" fue un fracaso considerable, y marcó el principio del fin de la carrera de Mel Brooks como director, que ya no volvió a levantar cabeza. Pasaron seis largos años hasta que volvió a estrenar un largometraje como autor máximo y fue "Spaceballs", titulado en España "La loca historia de las galaxias", lo que no deja de ser gracioso. Tampoco fue un éxito, aunque, obvio, los que la vimos en su momento la recordamos con mucho cariño (algún día hablaré de ella a fondo). Curiosamente el último gag de "La loca historia del mundo" es una coña a costa de "La guerra de las galaxias", todo un aperitivo de lo que sería la siguiente locura del pequeño judío.
En v.o. "La loca historia del mundo" se titula "History of the world, part 1"... pero nunca hubo en mente hacer un part 2, solo era parte del chiste. Sin embargo, ello dio pie a que algunos indocumentados lo usaran como arma arrojadiza contra Mel Brooks, riéndose de su fracaso y, por tanto, de la imposibilidad de seguir la supuesta saga. Indocumentados como el amigo Carlos Pumares, que detestaba al director de "Máxima Ansiedad" y echaba mano de tan equivocada acusación. Peor para él.
No me voy a enrollar con el tema del personal implicado porque es largo como un día sin pan y hay de todo. Basta decir que están los clásicos de Brooks (DeLuise, Madeline Kahn, Cloris Leachman, Ron Carey, Sid Caesar Rudy DeLuca), algunos fichajes nuevos (Gregory Hines sustituyendo a Richard Pryor, que había co-guionizado "Sillas de montar calientes" y no pudo actuar en la presente por sus movidas chungas con las drogas y los mecheros) y un porrón de cameos (destacando los de Charlie Callas, Paul Mazursky, Henny Youngman -¡¡¡quien también tuvo un papelillo en "The Gore Gore Girls" de H.G.Lewis, nada menos!!!-, Hugh Hefner, Barry Levinson, John Hurt...) y Orson Welles narrando la movida.
Hace unas semanas llegué a la conclusión de que, por mucho que me guste el humor, y que sea la mar de importante en mi vida, en general la comedia ha dejado de gustarme. O peor, de hacerme reír. Naturalmente hablo de la comedia moderna… no sé, hay algo en ella, venga de donde venga (pero especialmente la americana, que siempre fue mi preferida), que ya no funciona conmigo. Por eso, tras revisar “La loca historia del mundo” y disfrutar en el proceso como un niño y su moco, puedo afirmar que “Ya no se hacen como esta”.
Divertida, fresca, sanamente tonta, irreverente.... muy recomendable.

viernes, 8 de agosto de 2014

LA CAMPANA DEL INFIERNO

Un individuo es dado de alta en el psiquiátrico y de ahí marcha a casa de su tía. Una vez allí, se dedicará a hacerles la vida imposible tanto a su tía como a sus primas, paseando por sus caras su vanidad, su soberbia y su maldad, haciendo bromitas pesadas (el muchacho trabaja el látex y en su dominio de los maquillajes basa sus bromas macabras) o, directamente, torturándoles ¿Por qué? Solo su  director, que entre peli y peli se follaba a la Pilar Miró, lo sabía.
Mucho se ha hablado de esta película y de su fama de maldita (Iker Jiménez, de hecho, le dedicó todo un monográfico especulando sobre si la película estaba maldita por culpa de la providencia o por culpa del mismo diablo). Resulta que el director de la película, Ricardo Guerín Hill -que tras ver la película compruebo que gustaba de colocar la cámara en sitios, cuanto menos, peligrosos- buscando un plano en lo alto del campanario donde está sita la campana que da título a la película, al saltar de un extremo a otro del mismo, tuvo la mala suerte de tropezar y precipitarse al vacío. Durante la caída, por no caer sobre una valla de afilados pinchos, hizo una maniobra que le llevó a estrellarse contra el asfalto muriendo en el acto. Obviamente, se trató de un infortunio, no de una mala jugada del maligno. Que la película sea extraña y claramente malrollera, es otro cantar. Eso si, la muerte del director, sirvió para que la película se convirtiera inmediatamente en un éxito de culto, al menos en el extranjero, donde goza de cientos de cuidadas ediciones en dvd, mientras que en España apenas congregó 600.000 paupérrimos espectadores del año 73 en los cines, y se editó en vídeo de mala manera.
Muerto Guerín, tomo las riendas de la dirección Juan Antonio Bardem.
Siendo justos, valorar la copia final de “La campana del infierno” sería dar palos de ciego, puesto que, si, las imágenes que rodó Guerín están ahí, pero el montaje definitivo no deja de ser la visión de Bardem, que tuvo que intuir lo que Guerín quería para la película, diciendo los más cercanos al director original , que solo este tenía una idea de lo que quería contar en esa película, y que lo llevaba en un secretismo tal, que el resultado de lo que hoy conocemos es posible que no llegue ni a aproximarse a lo que podría haber sido.
En cualquier caso, el puto fandom la endiosa solo porque su director tuvo un accidente. Efectivamente, la película  es todo un ejercicio de estilo, esos montones de planos complicadísimos, esa estética como nunca se había visto en una película española, ese sexo que pasó la censura estando Franco vivo… si, innova. Es más, Guerín probablemente, es un gran esteta, y no dudo que fuese, incluso, un gran director, pero el montaje del que hace gala la película, lo que finalmente se nos muestra y cuenta, es un coñazo. De los buenos además. Una de cal y otra de arena. Pero los idiotas del fandom tildan a esta película de obra maestra, basándose en que su director murió durante su confección. Bueno, si así son felices…
En definitiva, que la película, obviamente, es un desbarajuste por lo obvio, que visualmente es potentísima, pero en definitiva, es un coñazo que hay que cogerlo con pinzas.
Ahora ¿Curiosa? Un rato. Y moderna y arriesgada… pero si el director no pudo acabarla, que lo haga otro suele ser un error. Lo fue con “Lagrimas negras” de Ricardo Franco y que acabo Ricardo Bauluz, lo fue con “The Revenge of the Alligator Ladies” de Jess Franco y que terminó Antonio Mayans y, lógicamente, lo es “La campana del infierno”.
Luego está el factor mito: Se ha oído tanto hablar de la película, se ha leído y se especula tanto, que siempre uno espera ver algo fuera de lo común. Pero tenemos ya las retinas quemadas.
Aunque insisto, lo que da gusto es el sentido estético de  Guerín. Esos planos imposibles que le costaron la vida. Solo por eso…