sábado, 18 de enero de 2020

RAMBO : LAST BLOOD

Cuando Sylvester Stallone estrenó la última entrega de las aventuras de su legendario "Rambo", pronto comenzaron a llegar las críticas negativas. En principio no me sorprendió, ya que vivimos en la era del rajismo descontrolado, especialmente si hablamos de lo que se cuece en redes sociales. Además, algunas de esas reacciones eran comprensibles, tal y como desarrollaré más adelante. Aunque parte de ellas se fundamentaban, única y exclusivamente, en el discurso políticamente correcto. Esas sí me sorprendieron. Es decir, agredían a la peli por considerarla sexista, racista y pro-Trump. En esencia, gracias a un ¿abuso? de imágenes de mal trato a chavalillas, por presentar a los mexicanos como los malos de la función (pero muy muy malos) y por ese alegre canto en pro de las armas y la justicia vengadora. Bien. Siempre he creído que criticar una película basándose únicamente en preceptos morales es una gran cagada. Pero tengamos presente que hablamos de "Rambo". En tiempos tan posmodernos como los que vivimos, en los que lo "cool" es decir maravillas del cine comercial hollywoodiense de los años ochenta, no hay que olvidar que todo ese material, e incluyo aquí a Schwarzenegger, Steven Spielberg o muchos hitos del terror de la década, eran tildados de basura en su estreno. Se consideraban productos motivados única y exclusivamente por intereses comerciales y, por tanto, carentes de ningún valor. Sí, las salas se llenaban de gente para verlas, pero el 99% de los críticos las hundían en la miseria. La audiencia y los gacetilleros supuestamente expertos habitaban mundos opuestos. Era lo normal y aceptado. Claro, hoy nos escandalizamos cuando a una nueva entrega de "Rambo" le caen palos a mansalva, sin embargo también a la peli del 85 se la machacaba por propagandista, racista y violenta. Así es como era y así es como debería ser. En cierto modo, tan negativa reacción ante la nueva epopeya del personaje era/es algo incluso positivo. 
"Rambo: Last Blood", es decir "Rambo 5", viene dirigida por un matao que no nos importa porque, en realidad, todos sabemos que el gran cerebro pensante y ejecutor tras ella es un avejentado Sylvester Stallone. Duele verle en primer plano. Era aceptable comandando a los "Mercenarios". Y muy resultón en "John Rambo", o "Rambo 4", película que -ya lo adelanto- me mola un rato y es mejor que la presente. Pero es que esas ya tienen sus añitos, y es algo que se le nota a Sly. También daba grima Clint Eastwood en "La Mula", aunque al menos ahí interpretaba a un yayo gruñón y no se metía a masacrar malvados narcotraficantes. En realidad ¡les ayudaba! (y ya que hablamos de Clint, no puedo evitar mentar el parecido que en muchos sentidos guarda "Rambo: Last Blood" con "Sin Perdón". Incluso el plano del héroe crepuscular junto a las tumbas de sus seres queridos enterrados al lado de un fotogénico árbol). Si yo fuese Stallone, me plantearía situarme exclusivamente detrás de las cámaras o, cuanto menos, buscar papeles más afines a mi edad. 
John Rambo ha cambiado el chip gracias a su querida sobrina adolescente. Es un hombre nuevo, tiene más ganas de hablar y sonreír, dejar atrás sus apetencias guerrilleras. Bueno, no del todo. Se ha currado una galería de túneles bajo el rancho que habita para sentirse como en casa. Resulta que la sobrina quiere conocer a su desaparecido padre, así que se pira a México y, una vez allí, cae en manos del cartel. Claro, en cuanto tito Rambo se entera, parte para allá dispuesto a recuperarla caiga quien caiga. Y son unos cuantos. Hasta que le toca a él. Le dan tal paliza que lo dejan hecho polvo. Y las cosas se ponen aún más feas. Al final, todo estallará en una especie de masacre situada en los túneles de un Rambo más cabreado que nunca y que recuerdan, muy mucho, a la famosa escena de "...Acorralado parte 2" en la que iba cazando uno por uno a rusos malos usando técnicas de camuflaje y trampichuelas varias.
Antes comentaba que algunas de las reacciones negativas en torno a la película eran comprensibles. Me refería a que, sí, cuesta creer que esta sea una aventura de "John Rambo". Básicamente porque lo han sacado de su entorno natural, la jungla, le han apartado de sus enemigos naturales, policías rednecks o ejércitos de ideologías contrarias, y le han cambiado el look. Lleva el pelo corto, por lo que no necesita usar una mugrienta cinta para sujetárselo y, oiga, cuesta habituarse a eso. Sin embargo, se puede soportar. Lo que realmente me chirría es que Stallone no interpreta a "Rambo", interpreta a "Rocky". Todo el arranque de la peli, con él en plan grandullón torpe pero de buen corazón y constante sonrisa torcida, individuo reposado que se toma la vida con calma y filosofía, nos recuerda al famoso púgil. En ningún momento al lacónico, parco en palabras y serio "John Rambo". Sí, lo justifican con lo de que ha mejorado como ser humano, pero claro, es que Stallone no tiene muchos registros que digamos y pasa factura.
No obstante, si dejamos a un lado todas estas apreciaciones pajilleras, en realidad estamos ante una película perfectamente digerible y bastante entretenida. Hubiese molado más no sumarla a ninguna franquicia y limitarla a ser una de justicieros seniles, pero tampoco es un trauma (¿por qué los villanos nunca tienen la misma edad que el protagonista? Estaría guay ver a un "action hero" abuelo combatir contra malhechores de su misma quinta). Lo que sí llama la atención es la cantidad de violencia salvaje que nos muestra. Es algo que ya hicieron, para sorpresa de todos, con "Rambo 4" -y de manera aún mucho más contundente-. Luego dijeron arrepentirse de ello porque todas esas escenas sangrientas habían asustado a una parte de la potencial audiencia, y por eso rebajaron el nivel en "Los Mercenarios". Sin embargo, para este "Rambo 5" retoman el asunto y se quedan a gusto.
Es dato conocido que buena parte de "Rambo: Last Blood" está rodada en Santa Cruz de Tenerife. De ahí que veamos varios rostros autóctonos como una Paz Vega cada día menos guapa (¡con lo que ella había sido!) y Sergio Peris-Mencheta + Óscar Jaenada haciendo lo que siempre cuando un actor español es fichado por Hollywood: mexicano y, a poder ser, traficante. ¡Ja!.
La peli ha sido un fracaso de taquilla. Son malos tiempos para el cine y, especialmente, para ese de catadura "moralmente discutible". Ya no estamos en los ochenta, amiguitos. Así que es muy posible que este sea realmente el "last" "Rambo" que veamos. Teniendo en cuenta que Stallone suele recuperar a aquel y/o a "Rocky" cuando las arcas se tambalean, y que esta vez no ha cundido, seguramente sí se acabe aquí. Y creo que haría lo correcto. Porque, aunque como peli palomitera "Rambo: Last Blood" funciona, como colofón a una saga mítica, la verdad es que la sella de un modo tirando más bien a deslucido.

viernes, 17 de enero de 2020

BLACK SOCKS

Un gerifalte televisivo, harto de ofrecer una parrilla sosa y para todos los públicos, decide ofrecer un programa-contenedor que consiste en mostrar una serie de cortes de tipo sexual, así como ofrecerá spots televisivos que sobrepasen las fronteras de lo permisivo.
Casi como si se tratara de una película de sketches con un hilo conductor que sirve de nexo de unión, “Black Socks” básicamente es una película en la que su primer tercio es palique insustancial por parte de este señor que quiere revolucionar la televisión y, el resto del film,  lo compone el supuesto programa televisivo que este produce en el que vemos una serie de secuencias picantes en teoría graciosas y provocaciones de todo tipo. No contentos con filmar a señoritas de buen ver en distintas situaciones de tipo sexual, también veremos una secuencia en la que una de ellas recibe una brutal paliza a base de cinto, cañería, fusta y látigo, que podría ofender a cualquiera de no ser porque la simulación es demasiado mala; se nota demasiado, diría que intencionadamente, que el individuo golpea el suelo y no a la señorita.
Un batiburrillo de lo más estúpido y falto de carisma, aburrido, sin mucho interesante que ofrecer, que se deja ver por liviano, pero que no supera ningún tipo de expectativas. Su naturaleza exploiter es la única razón de ser para interesarse por ella, pero yo creo que ni por esas. Se estrenó con un cartel que ofrecía un elenco que no salía en la película, pero en posteriores ediciones videográficas a cargo de la Troma, el pirata de Lloyd Kaufman hizo exactamente lo mismo; darnos carátulas de vídeo que ofrecían chicas que no aparecían en la película y situaciones que tampoco.
Con el título inicial de “Black Socks” y en un intento de aprovecharse del tirón de las películas de Russ Meyer, esta sandez en celuloide pronto pasó a titularse “Video Vixens!” y así es como se la conoce hoy en día, incluida en la versión que distribuyó la Troma y que es la que rula en DVD por todo el mundo. Es precisamente por el parecido de su título con el de los más populares de Meyer que esta película está en el mapa. La gente la ve, porque en su ignorancia, cree que va a ver los súper melones de las películas de Meyer. Y verá alguno que otro, pero esta cinta va por otros derroteros.
Con gran parte del equipo técnico de “La última casa a la izquierda” de Wes Craven implicado en la producción, la película la dirige una leyenda de los nudies —y los roughies—, Red Sullivan, quien algo raro le vería a esta película cuando  decidió firmarla bajo un pseudónimo, Henri Pachard. Después continuaría firmando sus películas con su nombre real hasta que en los 80 se pasó al porno y a partir de entonces solo utilizaría su seudónimo. “The Devil in Miss Jones Part. II” o “Sexcapades”, serían dos de sus películas porno más populares.
En el reparto, donde abunda el seudónimo a tutti pleni por parte de los actores, cabe destacar la presencia de ese entrañable actor de tercera fila habitual en todo tipo de subproductos (y también películas mainstream) que es George “Buck” Flower que aquí da vida a un extraño director de cine.
Bastante prescindible y, como digo siempre, solo recomendable a los que les pueda la curiosidad; esta siempre será saciada.

miércoles, 15 de enero de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "TRAGEDIA SEXUAL DE UNA MENOR"

Con semejante título y semejantes imágenes, esta es una entrada nacida para triunfar, atraer mogollón de visitas y de pervertidos. Hablamos de genuino cine porno Sueco del año 1977, de cuando se hacían con celuloide, contaban una historia y, por supuesto, se tocaban y mostraban sin remilgos temas que hoy día estarían terminantemente prohibidos. Es el caso de la protagonista a la que hace mención el título, una chavalilla rubia, con coletas y cara de inocente que se pasa toda la peli mirando cómo follan los demás, se pajea con saña y termina perdiendo el virgo.
Disfruten, marranos.










lunes, 13 de enero de 2020

HISTORIAS DE LA TELEPRISIÓN

“Historias de la Teleprisión” es un documental de corte prácticamente amateur que se ha podido ver recientemente en diversos festivales cinematográficos.
En 1985 el director de cine Adolfo Garijo, director del corto “Madrid-Tránsito” y ayudante de dirección de algunos capítulos de “Curro Jimenez”, entró preso a La Modelo de Carabanchel por encontrarle en casa de su pareja un alijo de cocaína que reconoció como suyo. Por otro lado, Javier Anastasio, supuestamente implicado en el caso Urquijo y condenado sin pruebas, hace amistad con Garijo y en un momento durante su estancia en prisión, se les ocurre la idea de montar una televisión en la cárcel, cuyos programas, realizados por ellos dos con la colaboración de otros presos comunes con una vídeo cámara casera, se emitirían en todas las televisiones de la cárcel.
35 años después, sin medios ni ayuda, Garijo decide hacer un documental sobre aquella experiencia donde condensará el poco material que no se destruyó de aquellos programas que hacían, ayudandose por un par de declaraciones tanto de él como de su socio en aquella empresa y algunos comentarios en off. De esta manera, se nos mostrará parte de aquellos precarios programas realizados por presos, así como se incluye la totalidad de un documental, “Carabanchel, la otra orilla” que fue emitido en televisión y cuyo hándicap consiste en que es un documental que, financiado por Telemadrid, realizaron los implicados en Teleprisión y que servía para denunciar las precarias condiciones en las que estaban aquellas instalaciones carcelarias donde abundaba la suciedad, la enfermedad, los chinches, piojos, ladillas y las carencias de todo tipo. Un documental que sirvió para que las condiciones mejoraran un poco posteriormente, pero también para que el equipo de Teleprisión y los implicados en la concepción del documental quedaran marcados de por vida durante su estancia en la cárcel, mientras que sus programas y “Carabanchel, la otra orilla” fueron escondidos por la institución penitenciaria y las propias televisiones porque el material que en ellos se ofrecía era determinante para comprobar las condiciones infra-humanas en las que se encontraban los presos. Aquello era un pozo de mierda en el que se echaba a los condenados a su suerte.
Un documento que, desde luego, no deja indiferente, y cuyo mayor interés es el poder ver aquellos noticiarios que confeccionaban los presos así como el estilo de vida de dentro de prisión. Resulta cuando menos delirante, el ver a estos individuos dando las noticias en clave humorística, así como acongojante el ver las declaraciones de los presos comunes, que se desinhiben delante de las cámaras de sus compañeros, a los que por emprender una actividad creativa, también se les miraba con cierto resquemor.
Como fuere, lo cierto es que el espectador, viendo este documental, toma conciencia de la barbaridad que es albergar a más de 2500 presos en una cárcel concebida para tener a 900 y se pregunta si no es tan condenable el estado en el que allí se tenía a los criminales,como cualquiera de los delitos que estos hubieran cometido. Vale que la cárcel no es una residencia vacacional, pero esos pozos de podredumbre en el que se los metía, no eran propios de una prisión y sí de un campo de concentración. En cualquier caso… que hubieran sido buenos cuando estaban en libertad.
El material que aglutina “Historias de la teleprisión” es lo suficientemente interesante como para tener en cuenta su visionado, así como no deja de ser fascinante el ver cómo todo este material sale a la luz sin más medios de los que usted y yo podamos disponer en nuestras casas y me resulta hasta gratificante el montaje final realizado por uno de tantos programas para editar que podamos encontrar en cualquier PC normal y corriente, sin ningún tipo de filtro,  efecto, ni aspavientos. Todo muy crudo, muy basto. Un documental sobre la precariedad ejecutado también desde la precariedad. Como sea, siempre entretenido e interesante.

sábado, 11 de enero de 2020

SAINT BERNARD

Tras sorprender a todos en 2004 con "Skinned Deep", el habitual técnico de efectos especiales y maquillaje Gabe Bartalos lo intenta de nuevo con otra de sus locuras ultra-personales y macro-independientes, "Saint Bernard", fechada en 2013. Dos largometrajes en casi diez años, algo comprensivo si tenemos en cuenta la peculiar naturaleza de sus proyectos, que si en "Skinned Deep" ya cantaba lo suyo, con el caso que nos ocupa se incrementa más todavía. Porque al menos aquella jugaba con elementos propios del cine de terror, y tenía una escasa pero existente trama. En "Saint Bernard" ya no disponemos de esos resortes de seguridad. A pesar de algunos fugaces momentos con monstruos o situaciones horribles, no podemos decir que la peli encaje en el género. Bartalos directamente apuesta por el delirio y el surrealismo más desquiciados y desquiciantes.
La cosa va de un aspirante a director de orquesta que, un día, sufre un ataque de locura incrementado poco después al localizar la cabeza decapitada de un perro San Bernardo y obsesionarse con llevarla allá donde va y protegerla de todos aquellos que pretenden arrebatársela. Con la excusa, vivirá una especie de pesadilla demencial repleta de ilógica y desmelene. Según he leído de boca del mismo señor director, toda esa demencia es pura metáfora. Vamos, que no es un rollo raro porque sí, detrás hay "algo más". El problema es que, uno, toca entenderlo y, dos, toca tener ganas de ello, cosa que no me va nada. No veo pelis para pensar, eso ya lo hago demasiado en mi tiempo libre.
Por lo general, cuando el cine se inmiscuye en el mundo de los sueños comete un error garrafal. O pierde los papeles con exageraciones grandilocuentes o mete material propiamente psicodélico que, al menos yo, no he visto jamás mientras duermo. Lo habitual es vivir situaciones extrañísimas, con alteraciones constantes de los hechos, los lugares y las personas, pero que uno las siente como "normales". Como si fuese lo común y corriente. Una realidad mundana paralela en la que no te preguntas por qué ese tipo con el que hablabas ha cambiado de cara o por qué ahora la pared es de color rojo cuando antes era blanca. Bien, es esa una cualidad que sí vemos en "Saint Bernard", al menos durante buena parte de su metraje. Y lo agradezco. 
Realmente el mérito de esta película reside en cómo ha sido confeccionada. Contaba Bartalos en una entrevista que el mejor momento del día era cuando llegaba a casa y dedicaba un rato a currar en su garaje montando los espectacularmente detallados y meticulosos decorados que luego filmaría para su proyecto. Proyectos estos que va confeccionando gota a gota, de modo totalmente libre. A lo que hay que sumar rodajes de guerrilla en medio de calles atestadas de gente y que, como ocurrió con "Skinned Deep", le han traído algún que otro problema. Sumen a la ecuación la valiente decisión de filmar en 16mm, evitando así la frialdad propia del formato digital y esa excesiva nitidez que incluso incomoda, tan común -por desgracia- en el 95% del cine "indie" moderno, especialmente el de género.
A lo largo de la peli nos cruzamos con los rostros de Warwick Davis (que ya estaba en la primera peli de Bartalos), Bob Zmuda, ex-socio de Andy Kaufman, y a Frank Henenlotter en un cameo fugaz. Junto a estos, una breve actuación "live" de la legendaria banda punk inglesa "The Damned", cuyo bajista/guitarra y co-fundador, Captain Sensible, aportó en su día un tema para el soundtrack de "Skinned Deep". Y ya que la menciono, aclarar que la considero mejor que "Saint Bernard". Cuando veo pelis radicalmente raras y anarrativas, tengo la sensación de que el director actúa de forma creativamente arbitraria -independientemente de que pretenda hablar de cosas profundas-, lo que en mi agenda se traduce en vagancia por su parte, de modo que el regusto que me deja es de haber consumido una chorrada prescindible. En este caso, una muy currada y con muchos aciertos visuales, sí... pero chorrada al fin y al cabo.

viernes, 10 de enero de 2020

THE LOCK IN

Una liga cristiana anti pornografía denominada a sí misma The Holy Moly, decide que una buena forma de concienciar a sus feligreses puede ser a través del cine de terror. Y como el subgénero del found footage es tomado por el pito del sereno, a la hora de abordar una película de estas características abogan por esta vía, porque es fácil, barato y si me apuran, es muy fácil hacer al espectador entrar en ambiente.
Entonces, y teniendo siempre como máxima influencia a “Paranormal Activity”,  The Holy Moly ruedan una película con la premisa de que un buen cristiano ha encontrado la grabación de  unos jóvenes que murieron en extrañas circunstancias por culpa del demonio. Y se nos muestran las imágenes de ese material encontrado. Así, vemos como un grupo de jóvenes se encuentran en una iglesia una revista porno. Al ojearla, esta deja escapar al demonio que les acosará durante su estancia en esa iglesia de la que no pueden salir.
Entonces aquí está el quiz de la cuestión; todo en torno a esta “The Lock In” apesta a basura, no solo por el mensaje anti porno tan deficiente que pretende trasmitir, sino también en el resultado de la película, un rollazo de tres pares de cojones, con unos chavales hablando entre sí mientras se recorren una iglesia y dos o tres momentos de terror. ¿Funcionan esos dos o tres momentos? Quizás yo me sugestiono demasiado a la hora de ver un found footage, porque lo cierto es que, conmigo, estos momentos han funcionado. El vídeo es un formato maravilloso para este tipo de películas y a nada que tengas un buen foco, una oscuridad total y un par de ruidos bien metidos en momentos determinados, es muy fácil conseguir cierto suspense cuando estás haciendo un found footage. Y eso es exactamente lo que le ocurre a esta “The Lock In”, que determinados momentos funcionan. Logran crear cierta atmósfera en algunos momentos (no en todos, en otros detectamos perfectamente cómo han sustraído algunos sonidos de otras películas existentes. Y se nota porque al introducir esos sonidos, la mezcla es de lo más chabacana) y entonces, con un par de golpes en el momento preciso, consiguen asustarnos, al igual que lo logran con la imagen de un niño supuestamente poseído y cuya cara, a base de CGI, austero, pero resultón, también resulta acongojante. Pero quizás es una cuestión más personal que otra cosa, porque lo cierto es que esta película sirve para que medio fandom americano y medio fandon inglés, se mofen de manera despiadada de ella.
Y es que al margen del miedo que me puedan dar a mí determinadas situaciones filmadas en vídeo, todo lo demás de “The Lock In” es una basura infecta y pordiosera. No solo por el uso insípido que se le da a la cámara de vídeo, sino porque contiene todos los clichés del género introducidos a destiempo, quiero decir, que los pixelazos, los fallos del vídeo, (fallos estos típicos de found footage, pero que en la vida real no suelen suceder) están metidos con calzador incluso en momentos que no vienen a cuento, como al principio, que un muchacho pone a grabar la cámara y la deja sobre la mesa. Ahí se ven unos cuantos drops que no deberían estar en absoluto. Continuarán apareciendo  cuando al editor mejor le convengan.
Pero sobre todo, y al margen de estas chapuzas habituales en las películas de poquísimo presupuesto, lo que es verdaderamente intolerable, es lo aburridísima que es la cosa, insoportable, ergo, si es cierto que el terror de esta película funciona en general, esto tampoco compensaría el soportar todo el coñazo de antes, durante y después.
Pero no deja de tener cierta gracia que el desencadenante de todo el mal sea una revista porno en el interior de una iglesia. Desde luego, el mensaje nos queda claro.
Dirige esta cosa un tal Rich Praytor que previamente había dirigido otra ponzoña de carácter cristiano y después un par de documentales.
Es tan mala que a su lado, el primer exploit de “Paranormal Activity” made in The Asylum, “Paranormal Entity” es una gran película entretenida de pelotas.
Caca de la vaca. Pero de la vaca loca.

miércoles, 8 de enero de 2020

PUBLICIDAD PARA EL LANZAMIENTO EN VÍDEO DE "COMMANDO"

El amigo Norman Llorente/Enorm ha tenido el detalle de mandarnos esta entrañable pieza publicitaria/promocional de la estupendísima "Commando" y que fue lanzada en su día para dar cancha a su salida en vídeo. Por lo visto se sorteaba un vehículo, el mismo modelo que "John Matrix" usaba en la peli para perseguir a los villanos. Y si no era el mismo, se parece mucho... que yo de coches no tengo ni puta idea.
En la parte trasera, y por aquello de aprovechar espacio, se promocionan otros tantos títulos novedosos de la misma compañía, "Cbs Fox".
¡A babear todos!.


lunes, 6 de enero de 2020

EL FABULOSO MUNDO DE LA CANCIÓN INFANTIL

“El fabuloso mundo de la canción infantil” es una obra con valor enciclopédico. El periodista Jorge Lérida, motivado seguramente por la nostalgia y cubriendo un hueco en el mercado editorial —que yo sepa, hasta ahora no había nada relacionado con el tema—, se marca un libro absolutamente imprescindible para conocer más a fondo el fenómeno de la canción infantil que tan bien funcionó en nuestro país y en latinoamerica en el periodo comprendido entre mediados de los setenta y mediados de los ochenta. Y digo que tiene valor enciclopédico porque es un libro de consulta en el que está todo. Lérida, nos sumerge en el mundo de la canción infantil a través de fichas biográficas de todos y cada uno de los interpretes de la época a las que adorna con vistosas fotos y anécdotas, así como nos habla de aquellas bandas sonoras de series televisivas a las que, para la ocasión, ponían música estas estrellas infantiles. En ese sentido están todos reseñados, desde los mastodontes Enrique y Ana, Parchís o Torrebruno, hasta los que tuvieron una vida corta y efímera como por ejemplo Caramelos o Antonio y Carmen, pasando por escenas más localistas en las que se movían conjuntos como Canicas o Zipi y Zape. No se olvida tampoco de programas infantiles como “Dabadabadá” o “Barrio Sésamo” ni los discos que aparecieron al amparo de estos programas o los famosos recopilatorios tipo “Discolandia”. Además Lérida va al grano; no aporta apenas literatura y sí un montón de datos útiles que convierten esta obra prácticamente en un libro didáctico. Asimismo, el entretenimiento está servido en todas y cada una de las páginas. Es muy gratificante conocer las biografías de estos grupos así como conocer los orígenes y circunstancias de cada uno de ellos, haciéndote volar a otros tiempos y poniendo la nostalgia a flor de piel. Un libro que, para los cuarentones, viene como caído del cielo. Sin embargo, se detiene en aquellos grupos de los 80 olvidándose por completo de la decadencia del género no entrando en ningún momento en los 90 y olvidándose de productos también entrañables de cuando aquello daba sus últimos coletazos ya sea Bom Bom Chip, ya sea Jordi o, entrando ya en el nuevo milenio, cosas como Melodie o Raulito, igualmente interesantes. ¿Quizás material para un nuevo volumen? Espero que sí. Como sea, “El fabuloso mundo de la canción infantil” es un libro de lo más entretenido, bien escrito, entrañable y en una edición estupenda por parte de Diábolo ediciones, que no debe faltar en nuestras bibliotecas, amén de ser un objeto estupendo en el que queda recogido todo este universo fascinante. Después de este, ya no puede salir nada más, y si lo hace, será, sin duda, sustancialmente peor. Muy recomendable.

sábado, 4 de enero de 2020

RESCATE EN AFGANISTÁN

Originalmente el plan consistía en poner fin al ciclo dedicado a Steven Seagal con su primera película, "Por encima de la ley". Pero la vi y, ciertamente, no me acabó de entusiasmar. Es un poco chapillas y desde luego tampoco invita a escribir nada. Así que lo di por terminado. No obstante, existía otra, "Rescate en Afganistán" ("Sniper: Special Ops" en v.o., año 2016) que me picaba la curiosidad, básicamente porque venía dirigida por un cineasta zetoso recurrente en este blog y del que fui muy fan en mi juventud: Fred Olen Ray. ¿Qué resultado daría la unión entre ambos titanes de la costra? Al final mi enfermiza curiosidad, que tantas alegrías me ha dado... pero también muchos disgustos, me animó a localizarla y verla. Y aquí tienen la reseña. ¿La última pues? Ahora ya lo dudo. Me haría gracia ese "Por encima de la ley 2" que algún día nos caerá como una losa, pero el tiempo dirá.
De la trama de "Rescate en Afganistán" no me he enterado mucho. Tal vez porque tampoco es que me haya volcado en prestarle atención. Digamos que todo gira en torno a un cuerpo de marines en plena misión de rescate en el país del título. Nuestro querido Steven es el francotirador de parcas palabras, lo que le viene de puta madre para no cansarse demasiado. El tipo rescatable es un congresista al que logran salvar, sin embargo las cosas se complican y Seagal y otro marine quedan atrapados, rodeados por el enemigo en un ruinoso edificio. El resto del equipo quiere regresar a por los suyos, pero los altos cargos se lo impiden. Les mandan a otra misión, una que también se complicará y que les servirá para, con la excusa, saltarse las órdenes, ir a por el gordo y, de paso, matar al malo. Fin.
Si algo destaca de la intervención de Steven Seagal en "Rescate en Afganistán" es que, uno, prácticamente no se levanta de la silla, ni participa en demasiadas escenas de acción. Dos, tampoco comparte plano con ninguno de los actores del reparto, las pocas veces que así lo hace estos salen de espaldas, ergo seguramente sean dobles. Lo mismo que cuando Seagal no da la cara, tiene toda la pinta de ser otro tipo vestido como él (según he leído, sus intervenciones suman unos escasos diez minutos en total). Sí queridos, es Steven Seagal prestando su nombre (su lamentable aspecto) y lo mínimo de su presencia para dar lustre a un subproducto en toda regla. Casi le hace más daño que bien, porque en realidad, siendo muy muy muy generosos y comprensivos, y dadas las circunstancias, la peli no es TAN espantosa. Las hay mucho peores. Se deja ver si no existe otra tarea urgente a la vista. El resto del reparto se esfuerza en cumplir (destacando a dos actores habituales de zetismos y pelis destinadas al Syfy Channel, Tim Abell y Paul Logan -que en su día protagonizó "Mega Piraña"-) y Fred Olen Ray rueda (y escribe el guion) con profesionalidad. Reciclando algunas imágenes de otras películas -sobre todo aquellas que incluyen explosiones- y tirando de CGI purulento para disparos y otras pequeñeces. Lo que le sale es un (sub)producto que cumple con los mínimos, ideal para ver mientras revisas tus redes sociales. Una cosa mortecina, plana, fría e impersonal... pero eficiente. Que incluya como atractivo a un actor de cierto nombre -que no renombre- al que luego casi ni vemos, únicamente provoca que la peña diga más pestes de ella de las que realmente rezuma.
Que lejos quedan esos años en los que Olen Ray paría mierdas carismáticas. Pero bueno, al menos ahí sigue, currando, haciendo cine, y eso es incluso admirable. Le acompañan el mastuerzo de su hijo, Christopher Ray, y uno de sus clásicos, Jay Richardson, lógicamente envejecido y que interpreta al congresista capturado por los malvados Talibanes. A estos, como es fácil deducir, les dan vida siempre los mismos cuatro actores con la cara cubierta con pañuelos, probablemente también para disimular su origen norteamericano. En cuanto al lugar de rodaje, Fred Olen Ray presumía en Instagram de que se fue al verdadero Afganistán, pero no cuela. Según las fuentes habituales, está parida en California y uno de esos desiertos tan habituales en el cine de Ray cuando necesitaba disponer de un planeta marciano, la guarida de un monstruo terrible o cualquier otra chuminada.
La nota de color la pone la intervención como actor del luchador de wrestling Rob Van Dam. Aparece en el cartel junto al nombre de Seagal. Ahí, todo grande. Y no, no es porque batalle a su lado o tenga un papel destacado. De hecho, es bastante secundario. Está para jugar a una evidente confusión: que algunos paletos crean que otra ex-estrella Belga del cine de hostias aparece en la peli, en plan fusión de dos viejos astros de los "actioners". ¡Juas!.
No sientan ustedes lástima por Steven Seagal. Reserven fuerzas para su más reciente película, "Beyond the Law", dirigida por James Cullen Bressack, un cineasta especializado en terror de baja alcurnia (todavía me duele el alma tras intentar deglutir una aberración suya titulada "Bethany"), con mucho menos lustre que Fred Olen Ray. Seagal adentrándose ya en los infiernos del zetismo casi casi "backyard" y, encima, acompañado de DMX, con el que formó equipo en "Herida Abierta" y con el que, por lo visto, se llevaba mal. Tampoco sería pa tanto si todos estos años después se rejuntan para paliar semejante mal trago, digo yo. Es eso o que DMX va incluso más necesitado de bocadillos que el gordo de la ¿coleta?. Ya no, ahora es el de la perilla.

viernes, 3 de enero de 2020

MONDO BIZARRO

Clásico del género mondo proveniente de los Estados Unidos que con las miras puestas en lo que ya estaban haciendo los italianos, no se pasan ni la mitad que estos en cuanto a escabrosidad y, en realidad, se trata de una película más deudora del nudie que de cualquier otra cosa. Así, con el punto de partida de mostrarnos comportamientos inauditos y asombrosos de distintas partes del mundo, centra sus objetivos en el sexo y no hacemos más que ver señoras entradas en carnes bailando y mostrando carne. Por otro lado, cuando nos muestra otro tipo de comportamientos ajenos al sexo, como en los mondo italianos, es todo más falso que judas.
No obstante se trata de un mondo amable e inofensivo cuya música yeyé y/o burlesque ilustrando sus imágenes, lo convierte en una cosa kistch, casi pop, que es incapaz de provocar en el espectador algo parecido al mal rollo. Claro que eso puede ser también por la época en que está rodado y su procedencia americana. Quizá en su momento, en los cines para adultos en los que fue proyectada, sí que causara algún tipo de impacto.
Así, vemos como una cámara se cuela en unos probadores femeninos en una tienda de lencería sexy, masajes con final feliz en Japón, representaciones (falsas) de algo parecido al gran guiñol en Alemania —donde no vemos nada de sangre pero sí desnudos— y que, según los expertos, ni Alemania, ni gran guiñol, ni pollas, sino que ese teatro era el famoso Bronson Canyon de Los Angeles.  También vemos extraños complementos de ropa interior femenina que sirven para realzar el busto o el trasero. En el lado sensacionalista no sexual, vemos estúpidos ritos vudú o cómo un individuo se atraviesa con agujas como parte de un espectáculo o, completamente falso y ridículo, cómo un elegante caballero está en un restaurante esperando a que el camarero le traiga su menú, y este está formado por copas y otros objetos de vidrio que nuestro comensal romperá con un martillito y se comerá ante la cámara con cara de estar degustando un delicioso plato de gourmet. Verdaderamente hilarante. Te partes el culo.
El plato fuerte, es la compra-venta de esclavos en Arabia Saudí, en una escena totalmente ficcionada que quieren hacer pasar por real.
Otro punto gracioso es, que para tapar los ojos de algunas de las mujeres que vemos, o sus coños, se utiliza un táctica totalmente rudimentaria que no es otra que rayar el negativo con un alfiler a la altura de la cara o las partes pudendas. Realmente entrañable.
Todo ello perpretado por los señores Bob Creese y Lee Frost, director no acreditado, que consiguieron un gran éxito y resultó ser el pistoletazo de salida para lo que sería su compañía, la Olympic International.
Lee Frost, es uno de los nombres importantes del exloitation sesentero y setentero, que bajo el nombre de R.L. Frost, filmó clásicos absolutos como puedan ser “Campo de concentración nº7”, “Fuga Salvaje” o aquella maravilla con Ray Milland pegado a un negro que es “The Thing With Two Head” y que en nuestro país se estrenó bajo el título de “Experimento diabólico”.
Bob Cresse tampoco se quedaba manco. Aunque solo dirigió una vez, colaboró eventualmente con Lee Frost en funciones de productor y/o guionista, llegando a convertirse en otro nombre indivisible del exploitation más clásico. Además por lo visto estaba un poco pirado, tanto como para que hoy día le acompañe una leyenda repleta de excentricidades.
Siendo “Mondo Bizarro” un título popular como lo es, decir que un álbum de The Ramones se titula así en alusión/homenaje a esta película.
Verdaderamente, está divertida la cosa.

miércoles, 1 de enero de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "JAIMITO HURACÁN"

“Jaimito Huracán” no es en realidad una película de Jaimito como tal. Es una en la que el único punto de conexión con el personaje es la presencia de Alvaro Vitali. Sin embargo, la popularidad de las pelis oficiales propició que cualquier cosa que tuviera al actor en su reparto, se estrenara en nuestro país como si de una película de Jaimito se tratase, de ahí la confusión generalizada entre Vitali y su personaje.
“Jaimito Huracán” en realidad se titula “Gian Burrasca", comedieta vodevilesca de época en la que Alvaro Vitali interpreta a Gian, un niño tan trasto que se gana el apodo de “Huracán”. Por lo demás, similar estructura argumental y narrativa 
que en las de Jaimito, eso sí.
No les diré mucho más al respecto, tan solo recordarles que pueden leer mucho y muy interesante sobre el personaje en el libro de Víctor “¡Vaya líos con Jaimito!” listo para comprar aquí , la web de Vial of delicatessens.
Les dejamos pues con el juego de fotocromos que decoró las marquesinas de las salas en las que se estrenó "Jaimito Huracán" (+ el curioso escaneo de la parte trasera de uno de ellos).













lunes, 30 de diciembre de 2019

LOS OBSEXOS

Muchas veces achaco el gusto por un tipo de productos que ya huelen a rancio a la nostalgia, a redisfrutar de aquello que tanto me gustaba cuando era mozo. Pero va a ser que no, va a ser que es que traigo el gusto estropeado de serie. Y es que de la etapa de producciones destinadas al mercado del vídeo de mi admirado Mariano Ozores, yo creía ya haber visto todo, pero resulta que no, que esta “Los Obsexos”, por los motivos que fueran, no la había visto nunca. Y yo convencido de que sí…
El caso es que, también por motivos que no vienen al caso, me pongo a ver por primera vez esta película, y ha resultado una experiencia, cuando menos, extraña. Porque el ver por primera vez una película con unos actores de los que he visto todo, un estilo de cine que me se de memoria y, encima, un film perteneciente a una etapa donde no se encuentra lo mejor del subgénero, ha sido como ver una película nueva de Ozores. Pero no lo era…
La gracia está en que siendo “Los Obsexos”, la cosa más cutre, machista, zafia y chabacana que uno se puede echar a la cara —más incluso que títulos de la época como por ejemplo “Veneno que tú me dieras”—, la película funciona como un tiro. Al mismo tiempo que me deleitaba por la cutrez que destilaba toda ella, me entretenía como con las mejores comedias y  me maravillaba con los recursos propios del cine casero con los que Mariano Ozores salvaba la papeleta en situaciones que no había por donde agarrarlas. En “Los Obsexos”, Ozores convierte un secarral, un pequeño montículo de campo en una playa nudista ¿Cómo? Con tan solo un cartelón pintado a mano y clavado en un árbol en el que reza “Playa nudista”, con una rotulación que en verdad parece perpretada por un retrasado mental. Pero no me molesta; al contrario me encanta.
Asimismo, en esa misma playa nudista, cuando los protagonistas, Juanito Navarro y Antonio Ozores, necesitan hacer una llamada telefónica, ni cortos ni perezosos, y en un giro cómico  deudor del spoof, Navarro afirma que estos nudistas no se privan de nada y que había visto por ahí un teléfono, se gira, y ahí hay, en unos arbustos, un teléfono de los de toda la vida que, operativo, usará para hacer esa llamada telefónica y  seguir así con el devenir de los acontecimientos. Momentos estos, en lo que ya no se toma en serio ni a sí mismo, en los que Ozores es un verdadero maestro.
Más allá del disfrute que me ha proporcionado ver por primera vez una película de Ozores que nunca había visto, y el buen uso de un presupuesto bajísimo, diré que el guion es pobre y casi ininteligible, es decir, tu ves a los actores haciendo una serie de cosas, pero en ningún momento acabas de comprender muy bien la trama porque ni está lo suficientemente bien elaborada, ni importa. Lo único que necesitamos es ver a Navarro y Ozores en acción, soltando chascarrillos y corriendo detrás de las turistas.
Cuenta la historia de dos camareros de chiringuito que anhelan dejar ese trabajo y trabajar en  algo que les permita estar todo el día rodeados de mujeres en pelotas. Pronto un individuo les ofrece trabajo como guías turísticos y lo aceptarán. Después les ofrecen el puesto de directivos de la empresa de guías, pero será una encerrona por parte de los auténticos directivos que les quieren encalomar unos desfalcos que han cometido ellos.
“Los obsexos” de aquella época del vídeo que también dio títulos míticos, probablemente sea, y lo digo con conocimiento de causa, la peor película de Mariano Ozores. Pero en este caso es un valor añadido y no deja de ser un vehículo de lucimiento para Antonio Ozores, Juanito Navarro y un comedido Arévalo que pese a las carencias y el guion malísimo de Enrique Bariego, demuestran tener más oficio que nadie y, pese a las adversidades, logran sacarle al espectador la carcajada. Porque incluso en esta mierda, ellos están inmensos.
Me ha gustado mucho ver esta película por primera vez… ahora sí, creo que no me falta ninguna.

sábado, 28 de diciembre de 2019

DEAD END: ATAJO AL INFIERNO

Recuerdo perfectamente cuando "Dead End: Atajo al infierno" se estrenó en salas. Venía de su recorrido festivalero con un "hype" que la encumbraba como una película de terror original y creativa, la nueva esperanza del género. Ansioso pasé por el vídeo-club y la alquilé. La decepción fue máxima. Me pareció malísima. Y no entendí a qué venía tanto rollo. Hace unos días la recordé por algún motivo. Y tuve uno de esos arrebatos de "A lo mejor, si la veo ahora, libre de expectativas y prejuicios, la disfruto más". Así que la busqué, la bajé y la consumí.
Una familia + el novio de la hija recorren la carretera en automóvil. Se dirigen a casa de la abuela para celebrar la noche buena. En eso que el padre se duerme y están apunto de matarse... pero se libran por los pelos. A partir de tan fatídico instante, comenzarán a pasar cosas muy raras, como la aparición de una mujer vestida de blanco acarreando un bebé muerto y un coche negro que se irá llevando uno por uno a los miembros del clan, cada vez más enloquecidos.
Reitero mis pensamientos originales, "Dead End" es bastante mala. Presupongo que como consumidores de cine de género, habrán pillado a la primera de qué va el percal. Pero por si acaso hay algún lento por ahí, no entraré en detalles. Simplemente diré que el humor es su punto más flojo. Absolutamente simplón y sin ingenio ni gracia algunos. Especialmente cuando es manejado por unos personajes irritantes e insufribles, siendo el hijo adolescente el peor de todos. De verdad, hacía años que no deseaba tanto ver muerto a alguien en una película.
A todo ello sumen un sentido del delirio totalmente tontaina, creado a base de vomitar las ideas más absurdas sobre el guion de forma incoherente esperando que confundan al espectador. Le dejen mal cuerpo. Y sí, lo consiguen, pero no del modo que creen sus artífices. Se trata, simplemente, de que el resultado final es agotador por malo. Esos responden a los nombres de Jean-Baptiste Andrea y Fabrice Canepa, franchutes de nacimiento que, básicamente, no han hecho nada más a lo largo de sus carreras. Cosa completamente comprensible dadas las circunstancias. Tuvieron su gran oportunidad de meter un pie en el mercado yanki y la cagaron en plan estratosférico. Especialmente cuando parece que quieran complacer a la audiencia de allí, americanizando la guasa y el sentido del delirio, simplificándolo, directo para lerdos.
En el reparto destacan el carismático Ray Wise y una insoportable y asesinable Lin Shaye.
Naturalmente, hoy día nadie se acuerda de "Dead End: Atajo al infierno". NADIE. La supuesta gran película que iba a cambiar el panorama del terror ha sido total y justificadamente olvidada. Y si me regodeo en ello es porque, sí, me recuerda a mucho de lo que hoy día pasa con una innumerable ristra de títulos (Ejemplos: "Babadook", "It Follows", "Hereditary", "Mandy", "Bliss", etc). Aficionados, festivales y medios de dudosa catadura, ansiosos por encontrar el nuevo clásico -y decir que ellos lo vieron primero-, se pasan el día esputando maravillas de cualquier cosa de género que se estrene, se flipan inventando palabrotas rimbombantes para decir lo cojonudas que son. Las tildan de obra maestra. Luego, pues pasa lo que pasa. Na de na. Parecen no entender que estas movidas no se dan de un día para otro. Es el tiempo el que dictamina si una película merece ser recordada como algo genuinamente innovador, fresco y estupendo.
En el caso de "Dead End" el dictamen está más que claro.

viernes, 27 de diciembre de 2019

UKAMAU Y KÉ

Una de las cosas que me resultan apasionantes del Hip-Hop es como esta cultura se mete en cualquier rincón del mundo, hasta en el más recóndito. Nadie sería capaz de pensar que pudieran existir raperos en la serranía de Sudamérica, en los Andes. También es fascinante como cada cual toma este movimiento como le viene en gana y acaba haciendo de él una cosa totalmente individualista que, en esencia, se aleja millones de kilómetros de la esencia original. Aunque en el fondo tiene la coherencia de que el rap es la música universal, en el sentido de que se hace música con lo que hay, y sin necesidad de ser músicos o tener nociones musicales.
Al margen, más fascinante resulta el hecho de que en estos lugares apartados del mundo se haga un cine subterráneo y emergente (mucho hemos hablado ya del cine regional peruano o de la comedia dominicana, en las antípodas una cinematografía de otra) y, más todavía, que el HD y el 4K llegue a esos parajes y se facturen películas —en este caso un documental— con acabados muy decentes.
Entonces, como resultado de todo esto aquí tenemos “Ukamau y ké”, documental dirigido por Andrés Ramirez, un rapero ecuatoriano que decidió contarnos la vida del boliviano, oriundo de la región de La Paz, Abrahám Bojórquez. Bojórquez es uno de los pioneros del rap andino y, probablemente, una de las pocas personas que se atrevió a rapear en dialecto aimara. Este rapero, cuyo grupo Ukamau y ké sirve para dar título al  documental del que ahora hablamos, con su rap arcaico y ejecutado torpemente (consecuencia más de la situación geográfica de su artífice que de la posible falta de talento ¿Cuáles serían las referencias de Bojórquez allá en la montaña? ¿Qué rap escuchaba?), innovó en Bolivia y en Ecuador gracias a un discurso consciente y politizado. Un activismo a través de la música que convirtió a este rapero en un gurú en su comarca.
Claro que, como toda leyenda del rap que se precie, Bojórquez fue asesinado en extrañas circunstancias, no se sabe si en consecuencia de su activismo o por un asalto de tantos que ocurren en aquellos parajes. Bien, pues el documental especula sobre este asesinato de manera somera, porque lo que de verdad intenta es mostrarnos la vida de un muchacho que cumplió su sueño (un sueño de tercera categoría ya que, como comprenderán, en los Andes bolivianos, no hay lugar para el dinero y los lujos). Las circunstancias en las que murió no están muy claras y tampoco parece que por aquella zona se le de mucha importancia a uno o dos asesinatos más al día.
Así, a base de entrevistas a personas cercanas al rapero, y material casero perteneciente al propio Ramírez, más lo que recopilase por el camino, se construye este curioso documental, fluido, interesante por exótico y hasta en algún momento emotivo que, como propuesta emergente, me parece de lo más refrescante en la medida que nos ofrece un mundo que es totalmente desconocido para el europeo medio como es el del  rap andino y el nivel de compromiso de esta gente con según que causas. Porque con “Ukamau y ké” aprendes y descubres, que no es poco, yo creo que merece la pena echar un vistazo al documental. También está entretenido y, vaya, que está curiosa la cosa.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

LOS FOTOCROMOS DE "LA VERDADERA HISTORIA DE BRUCE LEE"

“La verdadera historia de Bruce Lee”, protagonizada en realidad por Bruce Li, es uno de los títulos cumbre del brucexploitation y uno de los más populares en nuestro país, que llegó a aglutinar en salas nada menos que 576.000 espectadores, cantidad esta que teniendo en cuenta la naturaleza de la película está muy, pero que muy bien, en tanto que muchos films mainstream alcanzaban esas mismas cantidades de culos en butacas.
Claro que la sociedad de entonces era un poco más imbécil que la de ahora y habría que ver cuantos de esos espectadores fueron pensando que se trataba de una película del auténtico Bruce Lee. Lo cierto es que “La verdadera historia de Bruce Lee” se nos presenta como un biopic del artista marcial, aunque en realidad es una historia donde se han sacado acontecimientos de la manga, y donde vemos al bueno de Li aprendiendo un arte marcial  que no es el que dominaba.
Mala a rabiar, pero con el encanto de cualquier brucexploitation, aquí les dejamos los fotocromos que se exhibieron en las marquesinas de aquellos cines donde se estrenó.  Interesados en saber más sobre el fenómeno, que le echen un ojo a
este enlace.













lunes, 23 de diciembre de 2019

SIMÓN Y MATEO

“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill. Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella. Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para  después, por su propia naturaleza y,  para siempre, desaparecer lo que fue la pareja de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in, por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió  “Simón y Mateo” para su distribución en cines americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill, sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas, Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como “Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste, también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran mejores, que estas son una puta mierda.

sábado, 21 de diciembre de 2019

EN TIERRA PELIGROSA 2

"Fire Down Below" es el título original de esta película de Steven Seagal que a España llegó (creo que únicamente en vídeo, aunque no he podido corroborarlo) como "En tierra peligrosa 2". Es 1997 y ya no se estila eso de las secuelas falsas, por lo que la operación se antoja del todo incomprensible. Para la ocasión el de la coleta interpreta a un agente del medio ambiente llamado "Jack Taggert", mientras que "En tierra peligrosa 1" daba vida -es un decir- a "Forrest Taft". Que no, que no es el mismo. Pero esas son las ventajas de que Seagal haya interpretado igual a todos los personajes de sus películas, puedes poner que una es secuela de otra y da el pego. Recordemos que algo así ocurrió de manera legal únicamente una vez, con "Casey Rayback" y sus dos "Alerta Máxima" (bueno, y ocurrirá otra vez con la temible "Por encima de la ley 2" que está al caer. Claro que me limito a la época buena del actor, si nos referimos a la hornada de subproductos de los últimos años, no tengo ni idea). En cualquier caso, y aunque "Warner Brothers" accediera a poner los dineros de esta nueva aventura Seagaliana, una cosa iba a estar clara desde buen principio: Prohibido dejarle ocupar la silla del director. Para lo cual, ficharon al típico mindundi que venía de la tele y a ella volvería, Félix Enríquez Alcalá (responsable ese mismo 1997 del famoso piloto sobre la "Justice League of America", nunca emitido de modo oficial pero localizable mediante piratería), lo que hace suponer que, aunque Don Steven no firma la dirección, seguro que en el plató mandó lo que quiso.
"Jack Taggert" se pira hasta los frondosos bosques de Kentucky porque un empresario malvado está llenando de temibles residuos tóxicos unas minas abandonadas y hay que pararle los pies. Intentará integrarse en lo más profundo de la américa profunda (incluso hace una coña/referencia muy oportuna a "Deliverance/Defensa") y será continuamente atosigado por los matones de rigor, comandados por el hijo del empresario. Se defenderá a hostia pura y superará todas las limitaciones propias de la ley para enchironar al malo.
"En tierra peligrosa 2" tiene un par de rasgos curiosos: Una banda sonora trufada de country y blues que llega a su cenit cuando Steven Seagal se presta a tocar la guitarra, su otra gran pasión (junto a la ingesta de donuts, ¡lo siento, tenía que hacer el chiste!). Y una violencia mucho menos contundente de lo habitual. Claro, ver al de la coleta soltando la chapa ecologista y humanitaria para, luego, reventar a los villanos de la manera que solía, era raro. Por eso en esta nueva aventura, aunque reparte mucha y dolorosa estopa, no mata a nadie. A nadie. Ni al más malvado, que graciosamente interpreta todo un icono hippie como es Kris Kristofferson. Del plantel restante destacan Marg Helgenberger, Stephen Lang, Harry Dean Stanton y Richard Masur.
Ciertamente, "En tierra peligrosa 2" no es la mejor peli de Seagal, pero tampoco la peor. Cumple con lo que uno busca en estos productos, pasar el ratico. Las escenas de acción están bien y el panfletismo es algo menos empalagoso, sobre todo porque aparcan totalmente el rollo místico que tanto jodía a la supuesta primera parte (risas).

viernes, 20 de diciembre de 2019

SEDUCCIÓN SANGRIENTA

“Home Video” mejicano del año 1992, rodado en vídeo de aquella época, que cuenta la historia de una tienda de antigüedades a la que llega una cajita de madera forrada en terciopelo que trasmite unas raras energías en quien la toca. Junto a ella, una nota que dice que solo ha de ser vendida a aquel que ande buscando algo muy especial. Precisamente, llega a la tienda un caballero que quiere algo muy especial para regalar a su esposa, así que el anticuario le vende la caja. Al recibirla la mujer, esta será poseída por las energías malignas de la caja, que nos remiten a 300 años atrás cuando la brujería hacía estragos y de ahí, la proveniencia de la maldición de la caja. La señora, poseída por esta, asesinará a sangre fría a su marido, a cuchilladas.
Nada demasiado nuevo o sorprendente en el horizonte. Estamos ante una película de terror rodada con escasos medios y para la distribución directa a vídeo (ya saben que en México esto está a la orden del día), que con look de culebrón sudaca nos cuenta una historia trillada plagada de efectos especiales de la más baja alcurnia y efectos de edición de vídeo que se limitan a las transparencias y el cambio de color. La narración de “Seducción sangrienta” avanza a trompicones mientras nos ofrece reiterativas escenas de asesinato donde la sangre brilla por su ausencia. Pero como suele ser habitual en el cine barato mejicano, la cosa funciona y nos ofrece —si tenemos buenas tragaderas— un funcional entretenimiento. Y menos mal, porque de lo contrario se quedaría en una más de miles películas a las que nos acercamos por puro exotismo; “Seducción sangrienta”, con su título molón, no es una excepción, pero tiene cierta gracia.
Protagoniza la cinta Lina Santos, una especie de Vedette de por allí que, además de dedicarse al mundo de la canción, se convertiría en una habitual del cine de ficheras junto al mítico Alfonso Zayas, así como en una especie de Scream Queen de la serie B mejicana que gozó de cierto renombre en el mundo del espectáculo. Lina, obviamente, es el reclamo de la película y luce palmito en la misma y en el póster, junto a esa calavera con ojos directamente expoliada de “Terroríficamente muertos”, como  bien mandan los cánones del exploit de mierdecilla.
Dirige Aldo Monti, actor de cine popular mejicano que  protagonizó cintas como “El tesoro de Drácula”, para lucimiento del Santo y dónde da vida al mismísimo Drácula, o “La venganza de las mujeres vampiro”. Como actor, pronto se haría fuerte en la televisión participando en un sinfín de culebrones, pero, se recicló en director de cine y ahí es responsable de títulos como “Anónimo mortal”, también para Santo, “Acapulco 12-22” o la que nos ocupa, que formaría parte de una trilogía sin conexión alguna en la que las otras dos películas serían “Secuestro sangriento” o “Vacaciones sangrientas”. Todo muy sangriento. Cualquiera diría que tiene la menstruación.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS + LA BANDA SONORA) DE "LOS ALBÓNDIGAS EN REMOJO"

Cerramos el mini-ciclo dentro del mini-ciclo dedicado a "Los albóndigas" con esta "secuela aprócrifa" en realidad titulada "Up the Creek". Para el que suscribe una de las mejores "sex comedys" de la historia del cine, como bien expliqué en su momento. Para nuestro experto Víctor, ¿qué fue?, pueden saberlo leyendo su librazo "Screwballs, 101 comedias sexuales". Si no lo tienen aun, cómprenlo.
Los fotocromos son poquitos, sí, por eso lo compensamos echando mano de la caratula del VHS y de la entrañable banda sonora.