sábado, 6 de junio de 2020

SESIÓN DOBLE: THE WRETCHED + DREAMKATCHER

THE WRETCHED : Aunque la habría terminado viendo de alguna u otra manera, "The Wretched" llamó mi atención por la proclama que Bruce Campbell lanzó desde las redes sociales calificando a sus autores, Brett Pierce y Drew T. Pierce, como "la siguiente generación de chavales de Detroit que lo han conseguido", en evidente referencia a él y sus amigos Raimi y Tapert cuando parieron "Posesión Infernal". Difícil resistirse ante algo semejante si, como yo, eres fan del clásico. Claro que, luego, mirado con detenimiento vi donde residía la trampa. Ese apoyo incondicional del actor lo motivaba que Brett y Drew T. Pierce eran hijos de Bart Pierce, responsable de las escenas de stop-motion en "Posesión Infernal". Todo quedaba en casa. No obstante, la llama de la curiosidad ya estaba encendida, así que terminé agenciándome y deglutiendo "The Wretched".
Un jovenzuelo acude a pasar el verano a casa de su padre y, de paso, ayudarle en el negocio de alquiler de lanchas del que es dueño. La mala fortuna hará que se implique en un siniestro caso de brujería cuando una vecina sea poseída por un ente maligno que habita el bosque y al que le encanta devorar niños. Luchará contra viento y marea, y la incredulidad general, en parte motivada por la misma bruja y sus poderes, para detener a esta y evitar sus malas artes.
"The Wretched" hace gala de un buen acabado. La caracterización de la bruja/criatura diabólica está un rato bien (algo deudora de la iconografía japonesa) y hay momentos macabros y medianamente truculentos para ponerle a uno contento. Sin embargo, el protagonista es sumamente irritante -lo que elimina cualquier atisbo de empatía- y, en general, todo atufa a convencionalidad, a más de lo mismo. Las ideas mínimamente originales quedan ensombrecidas por el resto. Al terminar, te olvidas de ella con pasmosa facilidad.

DREAMKATCHER: Una familia se instala a vivir en una casa en medio del campo. Una donde la difunta esposa del padre fue en el pasado asesinada a hachazos por un niño. ¡Ya son ganas!. Y claro, pasa lo que pasa, que un terrorífico ente que habita el bosque contiguo tiene intención de poseer al crío del clan para que repita la hazaña. 
De entrada la trama nos invita a suponer que vamos a ver lo de siempre. Y sí, en cierto modo es exactamente así. Lo que pasa es que, al estar bien contado, haciéndolo medianamente interesante, no nos aburrimos demasiado. Incluso nos metemos en la historia, a pesar de su evidente previsibilidad. Y de este modo tan positivo terminaría la reseña si no fuese porque, llegado el clímax final, parece que sus responsables no saben cómo terminar. Lían la troca, nos cuelan escenas muy torpes y todo concluye del modo más deslucido y poco inspirado posible. Una pena. Ello no implica que, a pesar de los pesares, "Dreamkatcher" sea bastante digerible. La presencia en el reparto de Radha Mitchell y Henry Thomas contribuyen a ello. Mientras que la de Lin Shaye y Joseph Bishara aclaran las ya de por sí muy evidentes influencias. Hurgando en ambas filmografías localizamos una ralea de clarificadores títulos: saga "Insidious", saga "Expediente Warren", saga "Annabelle" y sendos refritos de estas como "El otro lado de la puerta", "Ouija: el origen del mal" o "La llorona". Más claro, el agua.

viernes, 5 de junio de 2020

PUBERTAD... ADOLESCENCIA, LA EDAD DIFÍCIL

La factoría Balcázar, sacando partido al cine adolescente de Summers y, en concreto, a “Adiós, cigüeña, adiós”,  en una película de idéntica finalidad, pero sin un ápice del talento que tenía el de Huelva. Por supuesto, si las películas de Summers eran un pelín sensacionalistas, esta ya riza el rizo.
Cutre, escabrosa y con un malsano y conservador punto de vista, cuenta la historia de una serie de adolescentes y sus tempranas experiencias con el sexo contrario. Mientras que en colegio se les educa para que sitúen todo lo relacionado con el sexo dentro del contexto del amor y la familia, Óscar, el protagonista, tiene ideas al respecto mucho más liberales. Tras una serie de experiencias sexuales y una sucesión de desprecios, acaba dejando embarazada a una chica. Como es un embarazo inadecuado, los padres de esta optarán por hacerle abortar, cosa esta que, en unos tejemanejes de los adolescentes, no llegará a suceder. Por supuesto, no faltarán imágenes de quirófano que nos mostrarán con todo lujo de detalles el sangriento nacimiento de un bebé.
Por supuesto, es su condición de película rara y casi extinta la que motiva el visionado, porque, como se podrán imaginar, sentarse frente a esta serie Z de corte lacrimógeno, es tan agradable como hacerlo frente a un pelotón de fusilamiento. Cero valor cinematográfico, cero interés general, pero interesante como subproducto raro, misterioso y desperado.
Por lo visto la película, rodada en  1975, permaneció en las latas hasta que finalmente pudo estrenarse en 1979, cuando estas películas de adolescentes que se hacen padres antes de tiempo y con los films intelectuales de la nueva comedia madrileña campando a sus anchas en los cines, ya no importaban un carajo. En consecuencia, fracasó en taquilla, teniendo posteriormente alguna ignota edición videográfica como toda constancia de su existencia. Ahora, gracias a Internet y sus inquietos usuarios, podemos localizar una cochambrosa copia sin que escarbemos mucho, y así podemos quitarnos el mono de rareza. Pero la magia de lo raro y oscuro, desaparece cuando le damos al play y comprobamos en propias carnes el por qué este tipo de películas permanecen ocultas; porque es donde mejor están.
Dirige el inefable Alfonso Balcázar, firmando la cinta esta vez con uno de sus seudónimos, Albagran, que  es una forma de hispanizar el otro pseudónimo con el que firmaba películas de posible tirón más internacional, Al Bagran. Se quedó a gusto.
El prota, Jaime Gamboa, es un clónico de Pedro Mari Sánchez pero con parálisis facial, incluso llegó a aparecer en unas cuantas películas más, pero pronto, al tiempo que esta película se estrenaba, abandonaría la interpretación para siempre. Es tan inexpresivo, que sabemos que en una escena en la que vacila a su profesor, se está haciendo el chulito porque el tono del actor de doblaje que suplanta su voz así nos lo hace ver, que por lo que a su interpretación se refiere, podía estar en un velatorio.
También tenemos por ahí, más perdido que un hijo puta en el día del padre, al coreógrafo y bailarín Nacho Duato, que asomaba su careto por primera vez en una película.
Ahora, si quieren, ya pueden borrar el archivo.

miércoles, 3 de junio de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "EL JUEGO DE LOS MENSAJES INVISIBLES"

“El juego de los mensajes invisibles” probablemente sea la película más ignota de Pinzás y probablemente una de las más importantes. Basada en la novela de Álvaro Pombo “El hijo adoptivo”, la película cuenta con una enrarecida atmósfera para contarnos la historia de un anciano homosexual que un buen día recibe la visita de un individuo con el que tuvo que ver hace años, con consecuencias, digamos, sobrenaturales.
Antonio Ferrandis, José Luis López Vázquez, Eusebio Poncela o María Barranco, entre otros, protagonizan la segunda película de Juan Pinzás.
Aquí les dejamos los fotocromos.












lunes, 1 de junio de 2020

LA BARBERÍA

“La Barbería” es un intento por introducir al público afro americano en el mundo del cine indie, por lo que “Cube Vision”, la productora de la que es propietario Ice Cube, procura por todo los medios ofrecer un producto que, si bien es para el propio lucimiento del rapero, también emula los clichés del cine indie de los blanquitos, sin llegar ni de lejos —gracias a dios— a parecerse siquiera. Asimismo, también tiene todos los clichés de las comedias de negros, esto es, muchas palabrotas, gags un tanto soeces, algo de escatología y cierto sectarismo, sin olvidarnos que al final el mensaje que da es del todo blanco y positivo, buenrollero y sin pretensiones.
Por otro lado, algo de discriminación positiva, que no falte. Para no parecer racistas, se incluye a un blanco en el reparto, pero no es un blanco normal y corriente, es un blanco que habla, viste y se comporta como un negro. Y quizás, para no parecer racistas, lo único que tenían que haber hecho era incluir en el reparto a un par de blancos que se comportan como blancos, y que no haya disputa racial al respecto, pero bueno, eso ya sería otro asunto.
La película transcurre en  los guetos de Chicago, donde Calvin (Ice Cube), es el encargado de una vieja barbería de barrio que perteneció a su padre durante cuarenta años y que tiene empleados a varios peluqueros. El  leif motiv de la película, son las conversaciones que tienen estos con sus clientes, donde la presencia del actor y comediante Cedric  The Entertainer es crucial  —de hecho, su monólogo dentro de la película acerca  de Rosa Parks, le costó ciertas polémicas a posteriori en televisión, pero respecto a lo dicho en el film, Cedric,  jamás se bajó del burro. Más o menos, en la película dice que “otros negros ya se sentaron antes en la zona blanca del autobús, y que Rosa Parks lo único que hizo fue sentar su negro culo en el bus porque estaba cansada”— combinando esas conversaciones con dos subtramas: la primera, girando en torno al personaje protagonista, Calvin, que  para afrontar sus deudas, decide poner en venta la barbería. El darse cuenta de que es un error, y el cómo recuperarla, formarían el grueso de esta, mientras que la segunda, y poniendo la nota cómica,  nos cuenta como el primo de uno de los peluqueros de la barbería y un amigo, deciden robar el cajero automático del barrio sin saber estos que está vacío. El cómo esconderlo, abrirlo o transportarlo, harán el resto, reservándose los mejores gags de la película el actor Anthony Anderson.
La barbería que da nombre a la película, fue construida en una antigua lavandería industrial situada en el área de South Chicago, inspirada en las montones de barberías de negros que hay en los estados unidos, que bien podrían parecerse a las de resto de barberías de corte clásico del mundo, con toda una cultura alrededor de las charlas entre clientes y barberos, con el deporte y los cotilleos del barrio como principales conversaciones, que tornan estos establecimientos poco más que clubes sociales.
Como novedad, la película mostraba al geto y a los afro americanos de manera más positiva y amable que otras películas de similar corte —recordemos que “Haz lo que debas” de Spike Lee, sí mostraba el lado amable del geto, cierta agresividad hacía acto de presencia de vez en cuando, para luego volverse un retrato dramático y violento de la vida en el barrio. En “La Barbería”, nada de esto ocurre en pro de las buenas vibraciones— y huía de ese tono pesimista y desasosegante que contenían  hasta entonces, fueran comedias o no, las películas de getos.
La combinación resultó todo un éxito, ya que con un presupuesto de 12 millones de dólares, recaudó en taquilla en todo el mundo cerca de 80, lo que para una película independiente es una barbaridad, máxime, cuando esos beneficios venían, en su mayor parte, del mercado domestico. En España, la gente de Metro Goldwin Meyer, que la distribuía en todo el mundo, se atrevió a estrenarla en salas, donde apenas la vieron 2000 míseras personas. No es una película que llegue a conectar con la audiencia española. “La Barbería” nos muestra unos arquetipos que al espectador medio de cine en España se la pelan; eso sí, en videoclubes, funcionó, aunque no lo suficiente para que luego la película tuviera una gran vida en la venta directa.
Las labores de dirección se le encargaron a Tim Story que hizo un trabajo de dirección encomiable según mi punto de vista, de hecho, de ahí se fue directamente a Hollywood a dirigir, para Fox, ambas primeras entregas de “Los 4 fantásticos”, si bien continuó haciendo cine “made in Hollywood” para lucimiento de Cube. De hecho es el director de “¡Vaya Patruya!” dónde Cube forma binomio con un cómico que parecía que sí… pero luego no, Kevin Hart, y que fue un gran éxito. Sin embargo, esta película se estrenaría en nuestro país directamente en DVD, pero allanando el terreno para, ahora si, estrenar en cines su secuela directa “Infiltrados en Miami”.

sábado, 30 de mayo de 2020

EL MISTERIO DE LAS DOCE SILLAS

En el agradable pero poco vistoso audio comentario de la simpática/tontuna "Spaceballs, la loca historia de las galaxias", Mel Brooks explica, no sin cierto desencanto, que el éxito de "Sillas de montar calientes" fue su bendición y a la vez su maldición. Hasta entonces únicamente había dirigido dos películas de presupuesto modesto y que él consideraba "personales", "Los Productores" y esta de la que pasaré a hablarles hoy, "El misterio de las doce sillas". Un par de comedias no excesivamente desmadradas, con un cierto poso realista, lejos del elemento paródico, metacinematográfico, abiertamente bufo y referencial que sería una constante en casi todo el resto de su carrera a raíz de aquel peculiar western de guasa. El pequeño judío literalmente comenta que tras semejante éxito había "emprendido el camino equivocado" y que tendría que haberse mantenido fiel a sus primeras películas y "olvidarme de todo este asunto de tener que llenar asientos en los cines". Unas palabras muy reveladoras y que aclaran mucho la naturaleza de "El misterio de las doce sillas", extrañamente ambientada en la Rusia de los años 20 (y basada en una novela de idéntica procedencia). 
Una aristócrata, caída en desgracia tras la revolución, confiesa el día de su muerte que ocultó todas sus joyas en el fondo de una de las lujosas doce sillas que amueblaban su antigua mansión. El yerno de la muerta, el cura golfo que la ha confesado y un joven vagabundo saldrán a la búsqueda de tan preciado tesoro, viviendo toda suerte de trifulcas más o menos graciosas.
Cuando era jovencito, y mi fanatismo por Mel Brooks se encontraba en pleno apogeo, consideraba "El misterio de las doce sillas" su película más aburrida y menos divertida. Y es cierto que puede ser así, pero ello no significa que sea la peor. Seguramente, desde un punto de vista cinematográfico y "autoral", son más malas algunas de las que hizo en los 90. Pero aún así, por estúpidas y chorriles, aquellas resultan incluso más amenas que esta tragicomedia en la que, como decía, tenemos a un Brooks bastante contenido, dispuesto a explotar cierto tono más de enredo antes que absurdista, añadiendo unas gotitas de slapstick, sobre todo por ciertas secuencias aceleradas. Sonríes a ratos, sí, pero la verdad es que no es una peli tremendamente divertida y, además, gasta un tono gris y cuenta con un final sutilmente amargo que de chaval no me gustó nada de nada (aunque el de la novela es peor, con un crimen de por medio).
El florido reparto lo componen Ron Moody, un debutante Frank Langella (papel que quería hacer Gene Wilder, pero Brooks se lo negó al considerar que no pegaba como galán/golfo, por lo que el rizado actor acabó rechazando salir en la peli) y un Dom DeLuise desatadísimo. Inevitablemente, el propio Brooks se reserva un papel secundario.
Vista hoy día, quizás mis impresiones han mejorado sustancialmente, pero no tanto como para incluir su dvd o blu-ray en mi colección. Será que tengo mal gusto, o que soy demasiado simple, pero sigo prefiriendo aquellas obras que Mel Brooks hizo después, destinadas a "llenar asientos en los cines".

viernes, 29 de mayo de 2020

EL CHOCOLATE DEL LORO

Dentro del cine español, con sus éxitos y, sobre todo, sus fracasos, a veces se paren películas que aunque sea únicamente por la falta de interés general que suscitan prácticamente desde el momento de su concepción, ya se vuelven un producto exótico y sugerente, merecedor de, al menos, un visionado. Este tipo de películas se daban mayormente en la década de 2000. Llegaban a estrenarse una serie de títulos que tras un par de pases en salas comerciales, desaparecían de la memoria popular como humo de un cigarrillo. No me refiero a pequeñas producciones independientes cuyo estreno es parte de la gracia de la película, que el estrenarse es casi un capricho que se pueden dar los productores, no sin esfuerzo. Me refiero a películas con una distribución estándar y producidas por profesionales del sector. Son películas que desde el momento que se da la voz de acción, son susceptibles de no ser rentables de manera comercial de ninguna de las maneras y, aun así, estas acaban estrenándose aunque las vayan a ver cuatro gatos. Y esto me lleva a preguntarme qué es lo que lleva a estos productores a estrenar estas películas que nacen muertas. Supongo que serán tejemanejes extracinematográficos que tienen más que ver con el eterno tema de las subvenciones y las evasiones de divisas que con el mero hecho de hacer dinero con una película. Chi lo sa.
“El chocolate del loro” es un flagrante ejemplo de esto que les digo. Producida por Enrique Cerezo y con una recaudación en taquilla de 283.000 euros aproximadamente según los datos del ministerio (no se lo creen ni ellos), cuenta la historia de un joven opositor al que, como han cerrado la biblioteca a la que iba a estudiar, se le fastidia la opción de estudiar plácidamente hasta el momento de opositar. Como en casa no puede porque hay mucho jaleo, a su madre se le ocurre que se vaya al chalet de su hermano en una urbanización de lujo mientras este permanece de vacaciones, con el fin de que este estudie tranquilo. Al final es peor el remedio que la enfermedad porque, durante su estancia, todo se complicará en un enredo que propiciará que este estudie menos todavía, debido a las distracciones externas.
No existe película más insípida que esta. Desde el minuto uno, sabemos que el chaval no va a poder estudiar tranquilo, así como sabemos, si me permiten el spoiler,  que al final aprobará las oposiciones. Esta previsión daría lo mismo si lo de en medio funcionase o fuese divertido, pero es que precisamente lo de en medio es lo anodino. Vamos, que al acabar de verla llegué a la conclusión de que esta película da igual que exista o no. Porque es mala, pero no tanto como para que lo que vemos se vuelva memorable por ser un despropósito, mientras que, por otro lado, le queda muchísimo para ser buena. Es una película sin alma ¡Ojo! no está mal hecha técnicamente, es funcional, realizada por profesionales… pero que trabajan con el piloto automático. En cualquier caso, lo creativo es lo que parece hecho sin ganas, sin esfuerzo. Si hay un talento, este tampoco aflora, como si al propio director también le diera lo mismo la película. Pero finalmente, su valor reside precisamente en eso, en que es una película desalmada que existe, que se estrenó en cine y tuvo una posterior vida en vídeo, sin tener ni un solo mérito para que eso fuera así. Naturalmente al público le dio lo mismo y pasó inadvertida. Y si preguntas a cualquier cinéfilo de los muchos que pululan por ahí, serán muy poquitos los que sepan de su existencia. Ahí está el mérito.
Según me informo, la producción costó millón y pico de euros, y no llegó a costar menos porque al final rodaron en España y no en Argentina para abaratar costes como en un principio estaba previsto y, aun así, y si su presupuesto no está inflado, me cuesta creer que en el momento que el proyecto se llevó a cabo, no dudaran  sus productores que iban a gastar un dinero que ni de coña iban a recuperar. Entonces ¿qué es lo que pasa? Es todo muy turbio… pero por suerte, ahí tenemos una película, “El chocolate del loro”, para reforzar esta teoría. Probablemente, el negocio ya estaba hecho antes siquiera de ponerse a rodar. No en balde, el proyecto fue un encargo que le vino que ni caído del cielo a su director, Ernesto Martín, tras ganar un premio con un cortometraje. ¿Martín volvió a rodar? Sí, otro largo todavía más ignoto que este, “Perro flaco” en 2011. Pero después de eso un corto y poco más. “El chocolate del loro”, fue su chocolate del loro y, probablemente, el director a día de hoy esté maldiciendo el día que aceptó rodar esta película. Pero ahí está, para bien o para mal.
En el reparto, Borja Elgea tras un periplo de éxito televisivo que duraría poco, Roger Pera en una de las peores y más desangeladas interpretaciones que he visto en mi vida, Quique San Francisco y Miguel Rellan, que tampoco están muy lúcidos. Y Paula Echevarría, que es muy mona.
Nada, reseña testimonial.

miércoles, 27 de mayo de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "LA GRAN COMEDIA"

La ópera prima de Juan Pinzás, amigo de este blog y al que agradecemos la cesión de estos fotocromos, es una personal película de escueto presupuesto, extraño sentido del humor y, sobre todo, la primera incursión el el cine de Julián Pintos, el alter ego de Pinzás, que le ha acompañado, además de en esta, en películas como “New York Shadows” y “El vientre de Europa”.
Aquí, el propio director da vida a un director de cine que tiene que ganarse la vida en el mercado inmobiliario y que prepara un guion que podría ser su gran espaldarazo en el mundo del cine. Cuando hace acto de presencia su jefe, la cosa se enredará.
Una comedia de autor a reivindicar a día de hoy.
En el reparto, los inconmensurables Luis Escobar y José Luis López Vázquez.
Estos son los fotocromos que en su día adornaron las vitrinas de los cines en los que se estrenó.









lunes, 25 de mayo de 2020

CUMPLEAÑOS MORTAL

Clásico de la golden era del slasher, “Cumpleaños Mortal” es una producción canadiense que se aprovechaba del tirón de “La noche deHalloween” siendo el enésimo film con una festividad en su título como excusa para que un asesino de identidad anónima masacre al mayor número de jovencitos posibles. Producido por John Dunning  y rodado a  la par que otro clásico de la época, “San Valentín sangriento” —también de Dunning—, aunque estrenado después, “Cumpleaños Mortal” es una pequeña cinta de culto que está, a todo efecto, sobre valorada por el fandom.
Tan rentables eran estas películas a principios de los ochenta que la Columbia pictures no tuvo el más mínimo reparo en comprar este pequeño film independiente, gastarse en publicidad lo mismo que costó rodarlo y fracasar en el intento, recaudando al final de su carrera, más o menos, lo mismo que habían invertido en su totalidad.
Así, tenemos a un grupo de estudiantes bastante pijos, clasistas e irritables, que va falleciendo en un entorno académico a manos de una figura misteriosa vestida de negro y con guantes de cuero. Por otro lado tenemos a Virginia, virginal estudiante que regresa al colegio tras haber estado convaleciente después de una operación cerebral  y de la que se nos van mostrando, a través de flashbacks, las circunstancias que la han llevado a estar donde está en esos momentos. Todo ello nos sirve para que, entre unas cosas y otras, mientras el espectador hace sus cábalas deduciendo quién es el asesino que de tan creativa forma está haciendo morir a estos chavales, el guion nos vaya confundiendo hasta que llegan un  par de giros que desembocarán en un  final a la “Scooby Doo”, con el verdadero malo quitándose la careta, que resulta un tanto lamentable.
Y es que aunque en la dirección tenemos al veterano J. LeeThompson, que venía de rodar clásicos como “Los cañones de Navarone” o “El cabo del terror”, y pese a las trazas de película solvente que se gasta el film, Thompson no se hace del todo con la película. Todo resulta confuso y tedioso, a pesar de las ingentes cantidades de sangre en algunas de sus escenas —según cuentan, J. Lee Thompson, la despilfarraba a cubos por el set de rodaje— y el intento de ser una cosa dinámica y vistosa. El producto resultante, no es más que un revoltijo de conceptos e ideas que no acaban de funcionar, que van avanzando a trompicones a través de sus excesivas dos horas de metraje.
Thompson, y para darle empaque al producto, se trajo consigo a otro veterano, Glenn Ford que realiza su papel mecánicamente y se lo ventila en un par de sesiones que luego en montaje ya se irán  estirando a lo largo de la película para que parezca que está presente durante toda ella. En realidad, su presencia en esta es irrelevante. Está ahí, pero si no estuviera daría exactamente lo mismo. Lo bueno es que durante el rodaje de la película, Ford, estaba completamente alcoholizado y dándose de hostias con todo el mundo en el set, motivo este por el que hubo que paralizar el rodaje en alguna ocasión. Al final sus desplantes violentos se solucionaron con diplomacia.
“Cumpleaños Mortal” se convertiría en un proyecto de transición en la carrera de Thompson ya que, poco después, se especializaría en productos al servicio de Charles Bronson, dando algunos de sus títulos más populares, como por ejemplo “Yo soy la justicia II” o “Mensajero de la muerte”, ambos de la era Cannon.
Por lo demás, un slasher flojíto, tan insípido como icónico es su póster original, con ese muchacho a punto de ser trincado por un pincho moruno. La anécdota está en que en la película, sí que hay una escena en la que un muchacho es atravesado por un pincho moruno… pero no es el que aparece en el póster.
Poco más. Sólo para completistas.

sábado, 23 de mayo de 2020

CBGB

Advertencia: "CBGB" no es un biopic sobre el nacimiento, auge y caída del famoso club neoyorquino. Ni tampoco trata a fondo el despertar del primigenio punk, que es por lo que todos lo conocemos. Esta película cuenta la vida, o una parte de ella, de su fundador y propietario, Hilly Kristal, estupendamente interpretado por el gran y ya fallecido Alan Rickman. Aclaro esto porque puede dar pie a decepciones. Tal vez esa sea la razón por la que el film arrastra tanta mala prensa. O tal vez se deba a las "libertades históricas" que se toma. No sé, en cualquier caso me sorprendía que, en general, se hablara tan mal de ella y que casi nadie supiera de su existencia. De hecho, nunca llegó a nuestras tierras. Sin embargo, y añadiendo una sorpresa más al pack, descubrir que por la red rulaba una versión con doblaje latino fue toda una alegría. Esa es la que he consumido. Pero antes de entrar en materia, dejen que me explaye con respecto a uno de los personajes secundarios que rulan por "CBGB" -la película-, rulaban por "CBGB" -el local- y que, lógicamente, tiene su parte de peso en todo esto: John Holmstrom.
Puede que muchos de ustedes conozcan a John Holmstrom por la cubierta de "Road to Ruin", el disco de "Ramones". Hay que decir que la paternidad de la misma no es totalmente suya, polémica esta que amarga un tanto al dibujante y sobre la que se pueden informar a fondo si buscan por la red. Pero tampoco vayamos a quitarle ahora méritos, también son de su paternidad -y en este caso, de verdad de la buena- la contraportada y las ilustraciones interiores de "Rocket to Russia", tercer LP de "Ramones", así como las cubiertas de otros tantos vinilos para otras tantas bandas, destacando las de "Artless" y "Murphy's Law". Aunque a mi, lo que realmente me tenía enamorado de Holmstrom, además de su estilo de dibujo tosco pero fresco y divertido (con el que me identificaba mucho), era su condición de co-fundador del mítico ¿fanzine? "Punk Magazine". Su influencia en toda la fanedición posterior es irrebatible, básicamente porque fue pionera en mezclar comics cafres con rock and roll callejero y una indiscutible devoción por toda clase de cultura basura. Andaba como loco con ella. Me fascinaba, me obsesionaba y no paraba de investigar al respecto allá donde podía. Llegó a ser una enorme influencia en mis dos fanzines más activos y duraderos, "Suburbio" y "Aquí Vale Todo". Es decir, la versión papel de esto que estás leyendo. De hecho, podría afirmar sin despeinarme que "Aquí Vale Todo" nació como mi propia versión de "Punk Magazine". Adaptada a mis intereses y gustos, pero compartiendo mucho en cuanto a actitud y estética.
Con la llegada de la red, y fiel a mis obsesiones, un día logré contactar con John Holmstrom, que llevaba tiempo "retirado" (como él mismo reconoció en las páginas del libro recopilatorio "Punk: The Original", año 1996). Le declaré mi amor y él me respondió con alegría y generosidad, lo que dio pie a una intensa relación por e-mail que duró un tiempo y dio sus frutos: Me mandó un paquete con varias de sus publicaciones (además de ejemplares originales de "Punk Magazine", también habían números de dos de sus creaciones posteriores: "Comical Funnies" y "Stop!") y le hice una macro-entrevista que publiqué a lo grande en un "Suburbio" especial (en realidad iba destinada al "Aquí Vale Todo", pero a último momento fallaron los dineros). El propio Holmstrom me compró un puñado de ejemplares, lo que me llenó de satisfacción.
A partir de ahí, nuestra "relación" se fue enfriando. Hubo sendos contactos eventuales (no olvidemos que cedió una ilustración para la portada de uno de los ejemplares fotocopiados de "Aquí Vale Todo"), pero inevitablemente aquello acabó. Aquí y ahora es cuando podría comenzar a hurgar en el baúl de los reproches, que los hay, pero no me apetece. Prefiero tener un recuerdo bello y hermoso del culebrón, y ya creo que lo tengo. Sin duda, fue un momento álgido -sino el que más- de mi vida fanzinera.
Diga lo que diga Holmstrom, la entrevista que le dediqué contribuyó mucho a su reaparición. No ya desde las páginas de mi modesto fanzine, sino gracias a que fue publicada -en inglés- en el magno zine yanqui "Maximum rocknroll" (un tiempo después le hicieron otra entrevista -la suya propia, sin intromisiones externas- y en ella no se mencionaba nada de la mía/previa.... ¡jodidos yankis!). Muchos punkitos de nueva generación descubrieron al dibujante y este decidió sacarle jugo, resucitando "Punk Magazine", publicando un libro gordísimo sobre todo ello, fabricando merchandising a tocateja o retomando sus funciones dibujeras. Otra de las consecuencias fue lanzar una página web de "Punk Magazine" y volverse una presencia bastante activa en redes sociales y demás. Justamente ahí, en "Facebook", fue cuando tuve noticia de la existencia de la película a la que se supone va dedicada esta reseña, "CBGB". 
El dibujante le daba mucha cancha y todo se prometía de fenómenos. Pasó un tiempo y, revisitando sus redes, me enteré que se había estrenado y estaba siendo muy mal recibida. Holmstrom hacía todo lo que podía para defenderla, pero no servía de mucho. ¿Por qué tanta dedicación? ¿nostalgia de sus años mozos? ¿un incontrolable deseo por proteger un documento audiovisual que se dedicaba a narrar el nacimiento de una movida de la que él formó parte? Pues no. Ahora que la he visto, puedo responder a la pregunta: Resulta que Holmstrom no solo aparece en la película como personaje, y con bastante presencia, es que además aporta un buen puñado de gráficos (y supongo que sirvió de "consultor" para mantenerse fiel a los hechos, aunque, visto lo visto, no hizo un gran trabajo). Casi podría decirse que "CBGB" da tanta importancia al local como a "Punk Magazine", porque buena parte de ella se desarrolla a base de viñetas, onomatopeyas e ilustraciones que cobran vida -o al revés-, casi casi como si estuviéramos leyendo un comic publicado en el legendario ¿fanzine?. Y, de hecho, el film arranca con la creación del mismo. Es más, se afirma que el uso de la palabra punk para identificar la movida nació en el sótano de la casa de los Holmstrom y que fue John el que lo sugirió. Y cuidao, no digo que no sea verdad porque sí lo es... en parte, al menos (se supone que fue idea de otro de los fundadores, Legs McNeil), solo que ahora comprendo la dedicación del dibujante a promocionar y, sobre todo, defender la película.
El argumento creo que ha quedado claro desde el principio, pero por si acaso lo resumiré de esta manera: Hilly Kristal es un empresario frustrado que se pirra por tener su propio local musical donde dar cancha a su querida música Country, BlueGrass y Blues (de ahí las siglas). En un último intento, se hace con un antro chunguísimo en un barrio chunguísimo y lo transforma en el "CBGB". Pronto se convierte en la meca del primer, genuino y único punk rock. Muchas de las bandas que dieron forma a este cristo, debutaron en el cochambroso local de Kristal que, a pesar de ello, seguía endeudado hasta el culo para mayor escarnio de su decepcionada hija. Al final todo se medio arregla y acaba la película, aunque no la historia del local. Siendo como es un largometraje de espíritu "indie", el interés por narrarnos las miserias de Hilly y la relación conflictiva con su retoño es una apuesta evidente. Lo que ocurre es que, siendo francos, a nadie le importa una mierda la vida del caballero. Alguien que, en el fondo, y a pesar del éxito, vivió siempre frustrado porque nunca pudo hacer lo que quería en realidad: tener un local dedicado al country, bluegrass y blues.
Lo verdaderamente interesante de la existencia del empresario, y de su sucio y apestoso antro, es que dio pistoletazo de salida a esa música revolucionaria que lo cambió todo. Y es cuando la peli se centra en ello que se torna genuinamente interesante, incluso apasionante. Vemos las primeras actuaciones de "Television", "Blondie", "Talking Heads" o los "Dead Boys". Al ser estos últimos el grupo del que Hilly Kristal fue manager, ganan un peso notable en una trama que, superada toda la parte del nacimiento del punk, desciende unos cuantos enteros, narrativamente y rítmicamente, por lo que, como consecuencia, deja de ser tan interesante y comienza a bordear el aburrimiento. Va avanzando a trompicones, con algún destello puntual, hasta que termina. Y la sensación que te deja es de que sí, no está mal. No es tan chunga como la pintan. Se deja ver perfectamente, aunque supongo que una historia como esta tendría que haber dado pie a una película mucho mejor. Elementos para ello no faltaban.
Luego están, como decía antes, las "cagadas y/o libertades históricas". Se echan de menos muchas presencias míticas. Otras aparecen brevemente. Otras únicamente son mentadas de pasada. Aunque quizás el caso más llamativo es el de "Ramones". Sí, están en la peli, no demasiado mal caracterizados, PERO no suena ni una de sus canciones famosas. Supongo que no pudieron disponer de los derechos correspondientes para utilizarlas. Todas estas trifulcas pueden molestar al purista, pero de ahí a cargarse la peli, tampoco.
Inevitablemente, ver cómo Holmstrom y McNeil conocieron a Mary Harron (futura directora de "American Psycho"). Cómo entrevistaron a Lou Reed. O cómo editaron y vendieron aquel mítico primer número de "Punk Magazine" en la barra del "CBGB", es la materia que más he gozado.
El reparto es harto curioso, destaca sobre todo Rupert Grint, el amigo pelirrojo de "Harry Potter", dando vida nada menos que a Cheetah Chrome, guitarra de los "Dead Boys".
Dirige Randall Miller, sin nada destacable en su filmografía salvo por unos cuantos capítulos de la serie "Parker Lewis nunca pierde".
En definitiva, "CBGB" es una peli regulera, visible pero sin mayores consecuencias que, sobre todo, recomiendo a aquellos devotos de la movida punkera original -y fans de "Punk Magazine"- con una mentalidad abierta y comprensiva. Los talibanes mejor que se mantengan bien lejos.
Como cierre de la macro-reseña, les dejo una imagen reciente de John Holmstrom en un stand vendiendo y firmando sus trabajos. Llama la atención que, entre el material disponible, haya un ejemplar de mi fanzine "Suburbio", aquel donde se publicó su entrevista. No negaré que, de entrada, he dudado cómo tomármelo (¿lo estará vendiendo y firmando sin mi permiso / conocimiento?), pero al tonto que hay en mí, característica esta afín a aquellos que hacemos las cosas por amor al arte de forma genuina, le ha hecho hasta ilusión. Al fin y al cabo, ver a "Punk Magazine" y mi fanzine en una misma mesa, juntos, es lo más parecido a un sueño cumplido.


viernes, 22 de mayo de 2020

TUNNEL VISION

Neal Israel, el hombre detrás del guion de “Loca academia depolicía” y director de “Despedida de soltero”, debuta  para la gran pantalla dirigiendo, junto a Brad Swirnoff, esta comedia de sketchs de corte satírico.
La película se aprovecha de la actualidad del momento, 1976, con el inicio de la televisión por cable que vaticinaba una programación más libre (y sin censura) que las televisiones nacionales de Estados Unidos. Intuyendo esto la película de antemano, la historia nos traslada a un futuro no muy lejano, 1985, en el que el senado está juzgando un canal de televisión llamado “Tunnel Vision”, en el que la programación está libre de censura y, por lo tanto, goza del beneplácito popular, cosa que a los entes bienpensantes de la américa blanca no les parece nada bien. Según palabras del director del canal, “Tunnel Vision es popular porque la libertad es popular”. Así, en la pantalla del juzgado, se da paso a la programación de dicho canal, que a su vez, da paso al espectador a lo que es la propia película. Entonces lo que vemos es un batiburrillo de sketches, muy en la línea del “Made in USA” de John Landis + ZAZ, pero con mucha menos gracia e inventiva que los que pudimos ver en aquella. Así, la cosa se compone de trailers de ficticias películas, spots de productos imposibles y concursos de televisión que parodian otros de gran calado en la cultura popular USA, si bien, se hace chanza de todo el politiqueo yankee de la época o se mofa de los estereotipos raciales con muy mala baba. Por lo demás, tonterías como Wrestling de celebridades, un anuncio sobre una pistola que al ser disparada anula la voluntad de la víctima —y que un padre de familia utilizará contra su hijo pequeño primero, contra su mujer después— o parodias de todo tipo social.
Lo bueno es que la cinta apenas dura una hora y diez minutos, con lo cual, y al ser una sucesión de sketchs que por separado no llegan a alcanzar los tres minutos de duración, la cosa se deja ver perfectamente, si bien, apenas esbozamos una sonrisilla de vez en cuando. No resulta muy graciosa, en parte también porque es un producto muy de su momento que usa, como motivo de su comicidad, personajes relevantes de aquella época de carácter muy localista, que es muy difícil que como espectadores  españoles que somos lleguemos a conocer. Pero tiene sus momentos lúcidos.
Por otro lado, la película cuenta en su cast con innumerables estrellas del cine y la televisión, con el aliciente de que, todos ellos, todavía no habían alcanzado la popularidad masiva con la que unos años más tarde contaron, por lo que tenemos intervenciones de gente muy famosa, incluso, en calidad de extra. Así, además de poder ver en pantalla en calidad de actores al propio Neal Israel o a su compinche a la máquina de escribir Pat Proft, vemos desfilar a gente de la talla de John Candy, Howard Hesseman, Chevy Chase, Roger Bowen, Ron Silver o Betty Thomas, todos ellos muy primerizos e inexpertos.
Neal Israel tendría su década de esplendor en los 80 gracias a las películas míticas que todos conocéis para en las décadas siguientes hacerse fuerte en la televisión, mientras que su co director, Brad Swirnoff, apenas escribió guiones para un par de cosillas más, sin importancia, y dirigió, un año después de esta, otra película de similares características titulada “American Rapsberry”.
“Tunnel Vision”, no deja de tener interés y curiosidad pese a ser una cosita menor e intrascendente.

miércoles, 20 de mayo de 2020

RECUPERADO EL YOUTUBE DE "AQUÍ VALE TODO"

Tras una larga temporada en dique seco, nos hemos animado a remozar un poco nuestro canal de YouTube. ¡Sí, tenemos uno! ¿no lo sabían?. Hemos creado "caretas" llenas de colorines para cada uno de los vídeos disponibles, que incluyen créditos iniciales guapos, canciones chulas, interpretaciones nefastas, entrevistas exclusivas y, claro está, las estrellas de la función, Video-Reseñas, una modalidad que difícilmente retomaremos algún día, por lo que ha quedado en una única trilogía.
¿Que si subiremos más mierda en el futuro? ¡Tal vez sí! O no... según nos dé la vena. Igual si deciden seguirnos, y aumentan los visionados de manera exponencial, nos animamos. ¡Cosas más raras se han visto!.




lunes, 18 de mayo de 2020

TARDE DE FIESTA

Una de las cosas que hacían única —y entrañable— la era del vídeoclub, era que, más allá de encontrar en Beta o VHS toda suerte de películas de variado pelaje, de vez en cuando, podíamos ver otro tipo de productos. Era muy común poder alquilar en vídeo obras de revista protagonizadas por los más queridos cómicos españoles, así como películas filmadas en primigenio vídeo que se concebían para ser explotadas única y exclusivamente en formato casero. Y también, se podía ver entre los estantes, cosas como el “Humor andaluz, final del III festival”, vídeo que reproducía el tramo final de un concurso de chistes, o esta “Tarde de fiesta” por obra y gracia del parapsicólogo (o mejor dicho, vendemotos) y cineasta chapucero Sebastián D’arbó.
A priori, esta cinta de la que se distribuyeron dos ediciones conocidas, era un misterio. Una de las carátulas sugería que nos encontrábamos ante una película de ambiente circense, a juzgar por el crédito que rezaba “Dirigida por Sebastián D’arbó”, mientras que la otra edición podía parecer que se trataba de una película de dibujos animados. Pues ni una cosa ni la otra. “Tarde de fiesta” en realidad es una filmación de un espectáculo de circo portátil perpetrada bajo encargo por D’arbó, que con un par de cámaras y un equipo técnico completito, se graba el show sin inmutarse y luego eso se comercializa en vídeo de alquiler para sorpresa del que no supiera muy bien que estaba eligiendo.
La filmación es de lo más extraña ya que el sonido es muy nítido para lo que estamos acostumbrados en productos de esta índole y aunque a veces detectamos sonido directo, también se detecta, en algunos extractos, sonido doblado. Como fuere, la cosa es tan sencilla como ver un espectáculo de circo al aire libre con  su mago/ilusionista, su contorsionista, sus jefes de pista que hacen las veces de payasos, o el plato fuerte de la función, Kirman, el faquir tragafuegos, que hace morir de miedo a uno de los niños del  respetable público. Todo muy a saco y sin seguridad ninguna, muy ochentero y entrañable.
La grabación se llevó a cabo en la localidad de Vic en Barcelona, y la compañía a filmar era el Circo Sémola. Ese grupo de artistas, comandados por el ya fallecido Joan Grau i Roca y varios miembros de su familia, a finales de los 80 se recicló en compañía de teatro  haciéndose llamar desde entonces Teatro Sémola y,  hasta el fallecimiento de Grau, se dedicaron a hacer toda suerte de obritas de teatro siempre de carácter itinerante y muy local, no llegando nunca a ser una gran compañía que llenara los complejos teatrales punteros, pero populares dentro del circuito de aficionados. Por eso, lo que tenemos aquí es un documento seminal de la compañía, ya que en sus inicios fueron una agrupación  meramente circense y callejera que actuaban al aire libre y sin una mala carpa en la que resguardarse, adornando el espectáculo, eso sí, con una estupenda orquesta musical.
Lo curioso es que la cinta no está mal, es entretenida, curiosa por la época que retrata, vemos como los mismos artistas hacen las veces de malabaristas, payasos o presentadores y, si como a mí, os llama mínimamente la atención el mundo del circo (y más este tipo de circos pequeñitos y casi tercermundistas), pues estamos ante una grabación añeja de lo más disfrutable. O al menos, sí que es mejor que las películas de D’arbó, o al menos más honesta.
Producida y distribuida por Vadi Mon, sello que en los ochenta operaba en los videoclubes con un logotipo fascinante, he de decir que la cinta está disponible para su visionado en Youtube, y que la descubrí gracias a la reseña que sobre ella hizo Domingo López en su Facebook (lugar de donde le he chorizado la carátula para ilustrar esta entrada) ya que yo no tenía conocimiento de ella y jamás la vi en las estanterías de los videoclubes que yo frecuentaba en la época. Ha supuesto, para mí, todo un descubrimiento. Echarle un ojillo no les va a costar ningún esfuerzo.

sábado, 16 de mayo de 2020

MADE IN U.S.A.

Con "Made in U.S.A.", "The Kentucky Fried Movie" en versión original, hablamos de una de las comedias determinantes de mi adolescencia. Entonces andaba como loco con John Landis y el "spoof" según las artes de Jim Abrahams, Jerry & David ZuckerFue toda una revelación dscubrir que, antes de sus respectivos grandes "hits", habían colaborado en una película. Estamos en 1977. Los ZAZ triunfaban con su teatro en el que parodiaban cine, televisión y anuncios (el "Kentucky Fried Theatre"), mientras que Landis llevaba cinco años inactivo tras debutar con "Shlock/El monstruo de las bananas". Fue el productor Robert K. Weiss el que los fusionó para una película que suponía el traslado a la gran pantalla del humor del trío judío (únicos responsables del guion). Sin saberlo, estaban dando el pistoletazo de salida a la nueva comedia norteamericana que tan buenos frutos aportó de ahí en adelante. Aquel sentido del humor, absurdo, provocador, algo transgresor y eminentemente gamberro fue un auténtico revulsivo. Rodada con evidentes pocos medios, funcionó de perlas. Y el resto, como se suele decir, es historia.
Centrarse en su contenido es tan absurdo como ella misma. Básicamente se trata de una sucesión de gags de variada temática y duración, en los que, tal y como solían proceder con el "Kentucky Fried Theatre", hacen mofa de la televisión, la publicidad y el cine. Los hay brillantes y los hay menos inspirados. Aunque la coña estrella es la ya mítica parodia de "Operación Dragón". Dura más que la mayoría e incluye algunas de las mejores ocurrencias (la "sirena humana" todavía consigue hacerme derramar lágrimas de risa), sin desmerecer de esa otra desternillante guasa a costa de las "películas/series de juicios", "Courtroom".
Motivados por el éxito, los ZAZ pensaron en parir una segunda parte de "The Kentucky Fried Movie" que incluiría otra "parodia central" de alguna película popular de la época. Pero el colega Weiss les convenció para que olvidaran el formato de acumulación de gags y se centraran en convertir dicho sketch en un largometraje. Aquel fue el gen de lo que poco después se convertiría en "Aterriza como puedas". Y el resto es... pues eso.
"The Kentucky Fried Movie" llegó a España cortesía de "Weekend Video". Inexplicablemente, la habían desprovisto de algunos sketches (e, irónicamente, una imagen de uno de estos lucía en la parte trasera de la estrambótica caratula). El doblaje interfería mucho, demasiado, con citas a Madrid y al Pisuerga... pero, curiosamente, también contribuía a hacerla más divertida. Imposible no partirse el ojal con aquello de "Entle nosotlos hay un chinito cablón". Cuando fue pésimamente editada en dvd, le quitaron todavía más material. Afortunadamente, la edición yanqui lo lleva absolutamente todo. El film es tratado con la pleitesía que merece y cuenta con un audiocomentario entre Landis, los ZAZ y Weiss, así como entrañables imágenes del rodaje tomadas con una cámara de 8mm.
A pesar de su condición modesta, pueden verse algunos rostros y nombres populares a lo largo de la proyección: Bill Bixby, George Lazenby, Henry Gibson o Donald Shuterland. Forrest J. Ackerman se marca un cameo. Uschi Digard luce sus inmensas ubres. Evan Kim, la versión coñera de Bruce Lee, luego haría de compañero de "Harry Callahan" en "La lista negra". Los propios Zucker, Abrahams, Zucker interpretan a bastantes personajes. Landis aparece protagonizando un "stunt" (cosa a la que se dedicaba en su juventud y también hizo en "Un hombre lobo americano en Londres") y, esta vez, dejó el disfraz de gorila para el colega Rick Baker.
Uno de los aspectos más reconfortantes de "Made in U.S.A." es su humor políticamente incorrecto. Gags como la familia que convive con el hijo muerto a pesar de su avanzado estado de descomposición, ese legendario "Negros de mierdaaaaa!" (que en versión original se reduce a "Niiiigroooos!"), la imagen de una angelical niña junto a un enorme hombre de color en la misma cama ("Catholic High School Girls in Trouble") o la guasa con la manera de hablar de los personajes asiáticos, seguramente hoy día serían pasto de agrias y estúpidas polémicas. También sorprendía la carga erótica, especialmente con el sketch en el que una pareja fornicadora es espiada con gozo desde la televisión por los responsables de un noticiario (tres de los cuales son los mismos ZAZ). En aquella época, me sirvió incluso para darle al manubrio alguna que otra vez.
Con los años, y la inevitable decadencia creativa, Robert K. Weiss con "Amazonas en la luna" y David Zucker con "The Onion Movie" intentaron repetir la jugada. Mientras esta segunda se saldó con resultados algo irregulares, tal y como expuse en su respectiva reseña, la de las "Amazonas..." aún tenía cierta gracia. Además, conservaba casi intacta la estructura de "Made in U.S.A.", con una guasa central a costa de un género, en este caso la ciencia ficción de serie B de los años 50.
Como anécdota personal, dejen que les narre la ocasión en la que, estando un poco de moda a nivel local aquello de programar películas "trash" en un centro cívico y/o bar, un amigo mío decidió proyectar "Made in U.S.A.". Podemos decir que el muchacho no parecía comprender la diferencia entre una película "mala pero divertida", en la que el humor surge de forma involuntaria, y un "spoof" cuya función consiste, salga bien o mal, en provocar la risa de manera expresa. Aquellos pases se caracterizaban porque el público presente, fuese o no numeroso, se pasaba todo el rato increpando a la pantalla, soltando sandeces, tacos, etc. Supuestamente tal actividad debía acompañar a la peli, formar parte de la fiesta, pero muchas veces únicamente se transformaba en una molesta pared de ruido carente de ingenio alguno. Y así ocurrió con la película de Landis que, primero, fue tratada como una basura cuando, a mi juicio, estaba lejos de serlo. Y segundo, la metralleta de hostiles berridos imposibilitaba pillar los muchos gags verbales, por lo que difícilmente iban a entender los presentes que aquello era una genuina buena comedia. Tanto me cabreé, que me piré de allí para no volver. Creo que la experiencia me hizo replantear la validez de esa clase de eventos, cosa que a la larga tendría consecuencias.
Recientemente me animé a revisar este clásico de John Landis + ZAZ. Una parte de mi estaba convencido de que ya no me iba a funcionar igual, que me daría cuenta de que en realidad era bastante mala. Sin embargo, y a pesar de algunos chistes poco acertados, la disfruté mucho, me partí de risa con sus mejores ocurrencias ("Es duro y desdentado") y, vamos, que lo pasé pipa.
"The Kentucky Fried Movie / Made in U.S.A." sigue siendo estupenda en lo suyo.

viernes, 15 de mayo de 2020

SOMOS LENGUA

Documental que nos presenta una colección de retratos sobre raperos de la escena underground de México de marcado tono artístico y que sirve para que, sobre todo, los neófitos de esa escena, conozcamos de primera mano los motivos y circunstancias que llevan a cada rapero a desarrollar sus raps.
Obviamente, cada escena es diferente y  no es lo mismo la estadounidense, de la cual ya todos conocemos la historia, sus orígenes en los barrios marginales, que la española, impostada y desarrollada por jóvenes provenientes de la clase media —salvo algunas excepciones— que hacen del rap una suerte de canción protesta perpetrada por, la mayoría de las veces, chavales que no saben hacer ni la o con un canuto. Por supuesto, descubrir la escena Mexicana no deja de ser interesante y curioso en tanto a que, con motivaciones y estilos de vida marginales deudores del rap USA, la forma en que han usado el rap se asemeja mucho a la española, quizás, por una cuestión idiomática. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que si el rapero mexicano puede tener una vida jodida de pandillero en barrios suburbiales, con sus problemas de drogas y armas (que de todo hay) similar a la de los raperos yankees, su rap es tan intrascendente como el que hacen los españoles. Es más, diría que muchos de ellos, toman como modelo el rap español, cunado no, lo imitan directamente. Y al igual que sucede en España, la cosa cambia de una ciudad a otra según su idiosincrasia. En ese sentido, es muy curioso lo distinto que puede ser un rapero de Monterrey a uno de Jalisco, del mismo modo que lo es uno de Barcelona de uno de Sevilla y, en ambos casos, todos con retazos de toda la escuela americana de los 90.
Como película documental por otro lado, “Somos lengua”, es todo un ejercicio estético que le sirve al director, Kyzza Terrazas, para jugar con las texturas y los ambientes.
Más que entrevistas, Terrazas nos ofrece una serie de retratos en los que los raperos cuentan lo que a ellos les viene en gana a la vez que nos hacen demostraciones de su talento. Y todo eso está muy bien, ilustra y entretiene, pero Terrazas no le encuentra un hilo conductor a todo el material del que dispone. Claro, que la propuesta, casi artie, tampoco necesita de un hilo conductor, no es un documental al uso y utiliza lo que le funciona. Pero como espectador me quedo con las ganas de saber un poco de que va la historia, saber por qué en una zona algunos raperos utilizan la estética de los “Batos” de Los Ángeles,  por qué otros tienen un aspecto tan peligroso y desarraigado y otros, en contraposición, parecen adolescentes recién salidos de un instituto bien que copian el estilo de raperos españoles mediocres como pueda ser Nach Scratch. Vamos, que me falta información.
Por otro lado, sutilmente, y con las intervenciones de un par de artistas del medio, emparenta directamente el rap mexicano con los corridos, dando a entender que ambos estilos, en las antípodas, resultan ser la misma cosa.
Como sea, para el aficionado al rap siempre será interesante ver como es la cosa en otros países, tan cercanos por el lenguaje, pero tan lejanos en distancia y costumbres.
Kyzza Terrazas, niño bien universitario, queriendo ser escritor, acaba siendo cineasta y estudiante de la universidad de Columbia en Nueva York, se vuelve loco con el rap y tras hacer “El lenguaje de los machetes”, documental con el  que debuta, se presenta en el festival de Venecia y adquiere cierto prestigio, se mete de lleno en la comunidad Hip-Hop mexicana para dar forma y color a este extraño proyecto. Como sea, y sin ponernos tiquis miquis, la cosa está bastante interesante.

miércoles, 13 de mayo de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "DESTRUCTOR"