miércoles, 23 de septiembre de 2020

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2- POPURRÍ

Se aproxima el final de esta sección, "Mis fotogrumos favoritos 2", y ante la duda de que hacer con una serie de escaneos sin especial conexión entre ellos, ni nada excesivamente destacable como para dedicarles una entrada exclusiva, decidí rejuntarlos con la excusa del popurrí. Y el resultado, es el siguiente:
Un anuncio de los famosos libros de "Campo de batalla: La tierra", esos que inspiraron una película de magro recuerdo y que firma el inventor de aquella famosa secta.
Vale, el siguiente recorte es trampa, porque no pertenece a ningún "Fotogrumos". En realidad salía en la revista "Pronto". Pero la ocasión era perfecta y decidí colarlo ahí, con dos cojones... y dos tetas. Algunos podrían escandalizarse porque Sabrina lo enseña todo y Don Johnson no, pero si lo miras bien, las tetas de él también están al aire, así que nada que objetar.
Y para terminar, tenemos una crítica BUENA! de "La serpiente voladora". Si la escaneé y puse aquí se debe a que, mientras hoy es de lo más normal leer una parrafada positiva sobre el clásico de Larry Cohen, hacerlo en la misma época de su estreno se antoja como algo tan raro que, en fin, merecía la pena destacarse.
Enjoy...





lunes, 21 de septiembre de 2020

BABES IN THE WOODS

Primigenio nudie cutie de los años 60 cuyo principal atractivo reside en que los historiadores y expertos en este subgénero daban por completamente desaparecido. Por supuesto, en 2002, en algún sucio almacén de algún antiguo cine en algún recóndito lugar de la américa más profunda, aparecieron unas latas que contenían la película en su totalidad, por lo que la Independent International Pictures se quedó con las bobinas encontradas y la restauraron y transfirieron para que, por lo menos, quedara una constancia de la existencia de esta joya perdida. Por supuesto, hay que darle un interés histórico a todo esto, porque la película no es más que una pizpireta excusa para mostrarnos a una serie de señoritas que se desnudan y bailotean ante la cámara de manera desenfrenada. Sin embargo, tiene algo de encanto. Tres muchachitas muy descaradas se van de excursión al campo. Llegando a una gasolinera dejarán ojiplático al dependiente que las atenderá con una sonrisa en los labios (y una erección en el pantalón). Una de ellas se dará un largo baño de espuma en su bañera. Después, las muchachitas bailarán y se despelotarán en todas y cada una de las habitaciones de la casa de campo donde se alojarán, para luego seguir bailando en la discoteca (¿) o ponerse a cocinar sin más indumentaria que un mandil. Todo esto bajo la atenta mirada de la gerente de la casa, que no aprueba esas actitudes tan desprejuiciadas. Un poco más de lo mismo de siempre en el subgénero, pero combinando interiores en decorados con papel pintado con exteriores donde simplemente vemos el follaje del bosquecillo donde rodaron la película, eso sí, todo ello mudo, pero con una voz en off que nos va contando lo que hacen las señoritas y sus circunstancias, en esplendoroso blanco y negro de un celuloide que creo distinguir de 16 mm. Resultan simpáticos los títulos de crédito con divertidas animaciones que reproducen a las tres chicas conduciendo hacia su destino, combinando con los nombres del reparto y el equipo técnico escritos a mano en bonitas letras. Y ¡ya está! Eso es todo, no hay más que rascar. Por otro lado, del director de la cinta acreditado como A.A. Krovek, nunca más se supo, a no ser que fuera otro director usando un pseudónimo. Sin embargo, de las actrices se sabe algo más. Por un lado tenemos a Vickie Miles, también conocida como A. Louise Downe, que cuando no estaba en pelotas en sus películas le escribía los guiones a don Herschell Gordon Lewis (de quien era pareja). Suyos son los de “Blood Feast” (donde también tiene un papelito como actriz) y “The Gruesome Twosome”. Y cuando no estaba actuando o escribiendo, también se dedicaba al maquillaje, vestuario y asistencia de dirección de un buen puñado de películas zetosas durante la década de los 60. Las otras dos que completan el trío, Marge London y Karen Moor, hicieron poquita cosa más, y lo poco que hicieron también fue para Gordon Lewis. Cuando detecto una película de este tipo es casi una obligación verla, pero vamos, que es más por inquietud archivera y curiosidad, que por gusto. Aunque esta, no es tan, tan, tan, tan coñazo como tantas otras.

sábado, 19 de septiembre de 2020

BLOOD FEST

Al "Holocausto Caníbal" de Ruggero Deodato se le pueden achacar muchas cosas malas, comenzando por toda la crueldad desplegada hacia los animales. Pero hay otra característica que a mi siempre me ha irritado profundamente, y es que se supone que es una crítica, un palo, a una corriente que en esa época tiraba mucho en el cine italiano, los documentales "mondo", construidos a base de imágenes horribles de supuesta violencia real (sobre todo contra las criaturillas de la naturaleza, siempre las grandes víctimas de la estupidez humana) que, disfrazados de monserga moralista, llamaban a los más bajos instintos del espectador medio (y los billetes de su cartera). Molesto con ello, Deodato facturó una peli en la que los mismos documentalistas son los responsables de toda la brutalidad que filman sus cámaras. Muy bien, hasta ahí muy bien, el problema reside en que para esputar dicho mensaje se valió, prácticamente, de las mismas y poco honrosas tretas que usaban los cineastas "mondo". Así pues, toda su intención quedaba diluida en una enorme, absurda y ofensiva incoherencia.
Pues bien, con "Blood Fest" pasa algo parecido... aunque, afortunadamente, sin que ningún ser vivo lo pague con su vida durante el proceso. Hay una escena en la que un personaje suelta un "speech" brillante que me llegó al alma, en el que acusa al terror moderno de no dar miedo, de haber perdido su esencia amenazante, y culpa de ello a su integración en el mainstream. Señala directamente a los vampiros "de color púrpura", a los zombies televisivos (aunque estos tengan el inevitable papel de peso en la misma "Blood Fest"... junto a los payasos siniestros, claro), a los viejos y sobre explotados psycho-killers y que todo se ha convertido en pasto de pueril merchandising. Más razón que un santo. Olé. Sin embargo, la curiosa paradoja es que la misma "Blood Fest" es pura, dura y total consecuencia de todo ello. Es, en parte, culpable de aquello que critica. Veamos por qué.

La historia no deja de ser una combinación entre "Una cabaña en el bosque" y "Hell Fest". Va a celebrarse una feria dedicada al cine de terror, una "Con" de esas que dicen los yanquis. El prota, un adolescente adorador del género y que trabaja en un vídeo-club (dato que chirría especialmente si tenemos en cuenta que la peli se desarrolla en tiempos modernos, supongo que era el desesperado intento por parte de los artífices de mandar un guiño más de los muchos que hay), se pirra por acudir, pero su padre no le deja. Sí, ya, el padre como representación inevitable de la autoridad moral y que desprecia esas mismas películas por su violencia y sadismo. Lo que pasa es que, en este caso, el hombre tiene algo de razón. Años atrás, y siendo el prota aún infante, un tipo enmascarado entró en su casa y acuchilló a la madre hasta matarla. Con semejante trauma, uno no comprende cómo el teenager se pirra por los "slashers" y tal, pero así son estas pelis. Supongo que es factible alegar su corta edad cuando ocurrió, pero podría mostrar algo de empatía hacia el padre, digo yo. Total, que a pesar de las prohibiciones el chaval consigue ir y, una vez allá, y tras el mentado "speech", los responsables de la organización, deseosos de que exista una genuina peli de terror terrorífica, y castigar un poco a ese "fandom" amuermado que se viste con camisetas de "Viernes 13", se disfraza del asesino de "Scream" o lleva llaveros con la cara de "Chucky", comienza a masacrarlo con el fin de que abandone su zona de confort y vuelva a sentir miedo de verdad. El prota y sus amigos harán lo imposible por evitar fenecer y escapar del lugar.
En otra desesperante muestra más de paradoja, la misma película que, se supone, ama el género y critica a aquellos que lo desprecian (como el padre del protagonista, y además a conciencia, como verán los que sufran la obra completa) es, a su vez, responsable de "alertar" de su peligro (la típica doble moral yanqui). Es decir, los organizadores de la feria son adictos a ese tipo de cine y están tan frustrados por la tendencia inofensiva que ha adoptado los últimos tiempos que deciden rodar su propia película asesinando a un montón de peña inocente para devolverle la peligrosidad (evidentemente, aquí nadie saca a relucir que una buena peli de terror no tiene por qué ser ultra-violenta, incluso ni siquiera contener más de un muerto, pero claro, eso no es comercial). ¿Qué me estás contando? ¿que el padre del prota tenía razón? ¿Que esta clase de cine atrae a individuos peligrosos? Mi no comprende. Otra evidencia más: el villano explica que para crear su ejército de asesinos, se agenció a un grupo de tarados y los sometió al visionado repetido de una película del género con el fin de hacerles creer que ellos eran el psycho-killer protagonista. Inquietante.
Pero dejando de lado tales apreciaciones ¿psicológicas?, y las incoherencias, y el exceso de comedia, y de referencias (incluida "Evil Dead"), y los clichés narrativos y, por supuesto, los clichés humanos (la aspirante a actriz medio idiota, el director de cine arrogante, la estrella del terror que odia al género que le da de comer -vaya novedad, ¿y que hay de malo en ello?-, la chica rarita que acabará siendo la novia del prota y, por supuesto, su amigo gordo y gracioso que se pirra por echar un polvo -y lo echa, por imposible que parezca. Eso sí, los muy cobardes se saltan la escena en cuestión-, al que da vida Jacob Batalon, el amigo gordo y gracioso de "Peter Parker" en la pelis del arácnido producidas por "Marvel Studios"), e incluso los cameos "cool" (Zachary Levi haciendo de sí mismo), lo realmente irritante de "Blood Fest", lo "peligroso", es su tremebunda mirada al ombligo, su naturaleza de producto destinado a lamer el ojete del "fandom", a complacerlo hasta el punto de perder la dignidad. Tanto se esfuerzan, tanto tiempo dedican a los guiños, los homenajillos y las citillas, que desaprovechan la oportunidad de hacer aquello que justamente más necesita el género: Una película buena, con personalidad, estilo y algo de cerebro.
A cambio obtenemos casi una producto pornográfico en su naturaleza "friki". Y yo ya estoy hasta los cojones de todo eso, de esa especie de secta religiosa en la que se ha convertido el fanatismo hacia mi cine predilecto, logrando únicamente desprender a este de su esencia, convirtiendo la pasión en algo superficial, casi festivo, tomado a guasa, trivializando todo su qué, su razón de ser. Y tanta culpa tienen las galletas de "La matanza de Texas", los peluches de "Freddy Krueger" y los calcetines de "Evil Dead", como la película comentada. Profundamente dañinas / nocivas para el género al que supuestamente pertenecen y rinden pleitesía.

Irritante. Casi mejor rebautizarla como "Blood PEST".

viernes, 18 de septiembre de 2020

TARDE DE FIESTA CON ZIPI Y ZAPE

Especie de secuela de “Tarde de fiesta” (habría incluso una tercera secuela bajo el epígrafe de “Carrusel Infantil”) cambiando para la ocasión la pista portátil al aire libre del circo Sémola por los lúgubres rincones de la popular discoteca barcelonense Muntaner 3, que da cobijo al espectáculo filmado en vídeo que tenemos a bien reseñar hoy.
Básicamente, se trata de un poco más de lo mismo que en el anterior vídeo, pero con un plato fuerte que es el que hace vender la cinta: El protagonismo del dúo infantil “Zipi y Zape” compuesto por los hermanos Luis María y Javier Valtuille que estaban en plena efervescencia de su efímera fama. Así que, es de suponer, que entre el caché de los artistas y el estar esta vez resguardados en el interior de una discoteca, estamos ante un “Tarde de fiesta” más ambicioso… pero también más frío por una total ausencia de público en el espectáculo que, no obstante, escuchamos a través de una pista de audio enlatada a pesar de no verlo nunca. Así que, entre pitos y flautas, lo cierto es que este vídeo es más inerte que el anterior, que estaba más lleno de dinamismo y vida, gracias a los componentes del circo sémola.
Entonces, en este “Tarde de fiesta con Zipi y Zape”, se van entrelazando actuaciones en playback de “Zipi y Zape”, que interpretan sus canciones más exitosas, con actuaciones de circo que van desde la mímica del clown Jaumet o un espectáculo de guiñol, hasta la magia de Xevi, la presencia del faquir Kirman (¡que repite después de “Tarde de fiesta”!), o la alegría de los payasos “Los Kaprani”, que no son más que la versión exploit y tercermundista de los míticos Hermanos Tonetti.
Todo muy chungo y desolador pero, y al igual que sucedía con el anterior “Tarde de fiesta”, raro y entretenido (en menor medida), aunque solo sea por lo desfasado de la propuesta.
Técnicamente, se aplica la ley del mínimo esfuerzo. Poco más que los shows grabados a imagen fija con unos cuantos insertos mal metidos en los que, a poco que nos fijemos, nos damos cuenta de que no están siquiera sincronizados… y ni falta que les hace. “Zipi y Zape” actúan ante la cámara en un improvisado escenario cuyo fondo está compuesto por mosaicos de espejo que no imposibilitan la visión de los dos niños, de milagro.
En definitiva, un producto raro (no recuerdo yo haberlo visto nunca en ningún vídeoclub madrileño en la época), cutre y rancio, que se convierte en material interesante precisamente por estos “atributos”.
En los títulos de crédito figura como realizador un tal  S. Subirats, o lo que es lo mismo, Sebastian D’Arbó, utilizando para firmar su inicial y segundo apellido. Desde luego, el estilo del parapsicólogo, es inconfundible…
Estas cosas hay que verlas, sufrirlas y, si se puede, coleccionarlas.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2- PITUFANDO!

Recordamos nuestra colorida infancia con estas pitufantes páginas publicitarias aparecidas en un viejo "Fotogrumos" donde se da bombo y platillo al lanzamientos de varios VHSs con aventuras de las entrañables criaturas azules paridas por Peyo.
Pitúfenlas a gusto!.



lunes, 14 de septiembre de 2020

EL INCANSABLE PROSTITUTO

Comedia bávara de contenido soft y humorístico que bajo el título internacional de “House of the 1000 sins” (según el país, puede cambiar el título y el metraje ya que existen varios cortes de la película) se esconde una infamia de lo más tontorrona que se estrenó en nuestros cines con la calificación “S” con el adecuado título de “El incansable prostituto”.
La cosa es bastante básica: Con la excusa de mostrarnos un montón de carne femenina durante el trasiego, la acción nos traslada a un hotel que es un éxito entre las mujeres gracias a que, allí, el gigoló local las deja de lo más satisfechas. El problema vendrá cuando este se enamora de una de sus clientas y tiene que lidiar con esa tesitura y con el hecho de que cierto día, pues, no se le pone dura… por lo que tendrá que visitar a una doctora que analizará su vida sexual desde la adolescencia.
Una trama insípida, con gags que casi nunca funcionan, pero que no deja de ser una rareza por el toque surrealista que se le da a las técnicas de follisqueo que emplea este hombre. Así, entre ensoñaciones que emparentan directamente los senos exuberantes de las habitantes de ese hotel con las ubres de una vaca, o flashbacks que nos muestran su pasado sexual —y sus traumas—, nuestro protagonista tendrá sexo de las formas más extrañas, entre las que se incluyen el echar un polvete con una fémina dentro de una red que cuelga de árbol a árbol. Todo muy loco (y casi vanguardista, en una película que pretende todo lo contrario).
Un producto curioso, distinto a los otros títulos de comedia sexy alemana que nos llegaban en la época, y que eran más alocados y  alegres. “El incansable prostituto”, al final no es más que material de derribo carente de interés más allá de lo antropológico.
Estrenada en España seis años después de su estreno en Alemania, la película hizo la pasta habitual de una película “S” con unos 171.000 pajilleros que acudieron a verla a las salas más infectas destinadas a la exhibición de este tipo de cine erótico festivo.
Kurt Nachmann, director  artesanal de la vieja guardia alemana, con guiones en tropecientas películas de corte clásico y una filmografía como director que comienza en los albores de los años 60, dirige unas cuantas películas del palo, como “Viena Erótica” firmada con el pseudónimo de Fred Wagner o “Josefina la cachonda”, titulada en su versión original “Josefine Mutzenbacher II - Meine 365 Liebhaber”, pero que españolizaba el título en su estreno aquí para asemejarse más al producto “S” patrio de la época que, supongo, vendería más que el bávaro. Nachmann pone fin a su carrera con el título que acabamos de reseñar.
Testimonial.
La verdad es que da lo mismo verla que no verla, que se hubiera quemado el negativo y se perdiera.

sábado, 12 de septiembre de 2020

MY CAREER AS A JERK

“My career as a Jerk” es un documental de noventa minutos de duración dedicado a un grupo de punk rock / hardcore por el que siempre he sentido mucho afecto: “Circle Jerks”. Su responsable directo no es un mindundi cualquiera que no sabe de qué demonios está hablando, muy al contrario, David Markey lleva metido a fondo en la escena punkera de Los Angeles desde los albores de la década de 1980. Se dedicó a tocar la batería en algunos grupos y editar un fanzine llamado “We got power!”. Aunque donde realmente destacó fue en el terreno audiovisual. Solía pillar la cámara de Super 8 y hacer cortos (que tuve ocasión de ver en un dvd que editó años después y, ciertamente, no me dijeron nada). Un día quiso ir más allá y se curró un largometraje contando con la participación de todos sus colegas. El resultado fue “Desperate Teenage Lovedolls”, una especie de comedia transgresora sobre el ascenso y caída de un grupo punk rock formado por chicas. Se le dio cancha y funcionó de perlas, tanto como para parir una segunda parte, “Lovedolls Superstar”. Sin embargo, el verdadero mérito de David Markey residía en su círculo social, compuesto de auténticos astros del mundillo punk / HC que, con los años, han terminado granjeándose un respeto y una admiración que, de rebote, ha salpicado al cineasta. Así, cuando el post-punk lo petó a principios de los 90, seguido muy de cerca por el grunge, él estaba ahí para facturarle video-clips a “Sonic Youth” y grabar un documental que generó bastante ruido gracias a la notable presencia de "Nirvana" -alias, el grupo que lo jodió todo-, “1991: The Year Punk Broke”. Markey siguió haciendo sus cositas, viviendo un poco de los residuos que dejaban por el camino sus colegas músicos y, hoy por hoy, vive de otra clase de residuo: la nostalgia. Regodeándose sin descanso en todo aquello que el punk / HC aportó durante su juventud, tan venerado por las nuevas e impresionables generaciones.
Y ahí es donde entra “My career as a jerk”, que narra la trayectoria de la banda en cuestión, a base de imágenes de archivo y entrevistas con todos aquellos que formaron parte de sus filas a lo largo de los años, destacando los más constantes, el voceras Keith Morris y el guitarra Greg Hetson. Quizás lo curioso de esa escena es que estaba en buena parte integrada por chavales salidos de los suburbios, un poco en contraste con el punk original, de ahí que entre los padres de algunos “Jerks” encontremos un abogado y un miembro del ayuntamiento. También entra en el apartado curiosidad cómo ha sido realizado el documental. Markey sabe obtener buenos planos y sonido decente usando cámaras de consumo casero. Incluso me parece que un móvil. Y yo, por supuesto, lo celebro. 
Es jodidamente difícil seguir la carrera al completo de cualquier creador, sea del medio que sea, y no encontrar errores. Todos los tienen (y todos los tenemos). De lejos pueden parecernos cagadas inmensas, pero si nos situamos en el contexto, comprendemos que tenían razón de ser y son perfectamente excusables. Los “Circle Jerks” pueden presumir de tres primeros discos muy decentes. “Group Sex”, “Wild in the streets” y “Golden Shower of Hits”. Luego, las cosas comienzan a torcerse. Durante muchos años viví convencido de que derivaron al heavy metal, que era “la norma” en la época. Pero no, es cierto -tal y como dice el guitarrista- que optaron por un rock más estándar. Sin embargo, y a pesar de no ser heavy metal, tampoco era el sonido que les había identificado en sus primeras grabaciones. De esta guisa parieron su peor trabajo, “Wonderful” (aunque la canción que le da nombre está muy potable), y uno que, sin ser demasiado estupendo, no me desagrada del todo, “VI”. Fue en medio del periodo de cambios cuando conocieron a Alex Cox y se apuntaron al rodaje de “Repo Man”, aportando canciones y presencia, en una divertida escena en la que fingen ser una banda insulsa de esas que tocan en bodas. Pasan los años y, ¡pumba!, llega el “nuevo punk” gracias al éxito de “Green Day”. Los “Jerks” piensan aquello de “nosotros merecemos sacar tajada de esta moda, estábamos antes” y se apuntan con resultados no demasiado elogiosos. “Oddities, Abnormalities and Curiosities” representaba su "return", donde intentaban sonar punk/HC otra vez de forma honesta, sin lograrlo del todo.
El documental parece concluir con la absoluta, total y completa disolución de la banda, y de la amistad entre sus integrantes, pero a día de hoy los “Circle Jerks” continúan activos, siguen viviendo de los viejos éxitos y 
para 2021 tienen previsto su primera gira europea que les traerá a España.
Y, justamente, aunque la parte del documental dedicada a sus años gloriosos está muy interesante, con todas las típicas batallitas, la que más disfruté es aquella centrada en su “decadencia” . Suelo encontrar apasionantes estas historias, porque es “fácil” gozar de un buen momento, pero no tanto cuando llegan las vacas flacas, ahí es donde realmente reside la verdadera verdad de todo, y el genuino valor y mérito de un creador, tirar palante a pesar de las inclemencias. Por algo estas partes suelen ignorarse.
“My career as a jerk” es material exclusivo para fans del grupo e interesados en el punk y todas sus vertientes. Pueden localizarlo en YouTube con subtítulos en castellano.

viernes, 11 de septiembre de 2020

EL HOMBRE QUE PUDO SALVAR A MICHAEL JACKSON POR SEGUNDA VEZ

Nos remitiremos a hace más de 20 años, cuando las televisiones nos bombardeaban con la historia de Luixy Toledo, para muchos un freak mediático sin más ni más, para mí, uno de los más genuinos e interesantes músicos outsider que ha dado la piel de toro.
Luixy, se hizo tremendamente popular a finales de los 90, gracias a una serie de fantasías que contaba en todo tipo de programas, ya fueran divulgativos o de prensa rosa, en las que hablaba de su famosa piedra de Marte entregada por la diosa Xylan o, sobre todo, por el plagio que supuestamente hizo Michael Jackson de una de sus canciones, “Exorcismo”. Tenía más fantasías de este tipo, pero ahora mismo no las recuerdo.
Obviamente, no hace falta decir en pleno 2020 que todos estos cuentos no eran más que inventos que el músico, en su afán de conseguir algo de notoriedad y llamar la atención de la industria musical, ejecutaba con total dedicación delante de las cámaras. Y le salió bien la cosa. Obtuvo celebridad, aunque sólo fuera porque le llevaban a los platós cubriendo así el cupo freak de rigor que era menester en las parrillas televisivas de aquellos años. Pero la bola se hizo grande y, por pura repetición, y harto seguramente de su fama de freak que, al contrario de lo que pensaba, no influía positivamente en su carrera como músico —que es lo que realmente Luixy anhelaba—, un buen día, en no sé cuál programa, Luixy reconoció que todas esas historias de Marte, de la diosa Xylan y demás, no eran más que un cuento chino. Sin embargo, el asunto de  que “Thriler”, no era más que un plagio de su “Exorcismo”, lo mantuvo y defendió con uñas y dientes a lo largo de los años. Y hasta hoy.
Luixy Toledo llevaba ya unos años fuera del circo mediático; ni creo que durante este tiempo le interesara exponerse como se expuso a finales de los 90, ni creo que en la televisión de los últimos 10 años hubiera lugar para él, amén de que el chicle tampoco se puede estirar más, máxime cuando reconoció que eran todo invenciones. Por eso, me resulta cuando menos sorprendente que en pleno 2020 alguien haya decidido hacer un documental sobre el bueno de Luixy.
“El hombre que pudo salvar a Michael Jackson por segunda vez”, nos presenta un poco por encima a Luixy Toledo para, acto seguido, dar una mirada posmoderna —e incluso condescendiente— de todo lo relacionado con el plagio que supuestamente hizo Michael Jackson a nuestro Luixy, en lo que es una entrevista en profundidad al artista. Luixy, da su versión de los hechos (que ya hemos escuchado 20 millones de veces) extendiéndose todo lo que le da la gana y metiéndose tan a fondo en su relato que incluso, un par de veces, llega a emocionarse rompiendo a llorar, ya sea recordando amigos del pasado que ya no están, ya sea narrando la injusticia que supone que Jacko nunca reconociera el plagio.
Se habla brevemente sobre sus inicios con su banda “Los Alacaris”, como para compensar, y se reincide, una y otra vez, con el tema de Michael Jackson. Pero ni por asomo, se le da importancia ni a una cosa más, ni repara en la música de este extraño artista que tiene composiciones como para llenar una maleta. Y todas súper bizarras y divertidas.
Así, “El hombre que pudo salvar a Michael Jackson por segunda vez”, lejos de hacer un retrato completo de Luixy Toledo, en lugar de ofrecer algo original, se convierte precisamente en uno más de esos programas sensacionalistas que se ríen del tonto. Va a dar carnaza, punto. Se pretende dar una imagen  moderna y alejada de aquellos programas, pero al final es lo mismo, sólo que escudado con el uso del HD, del travelling y un saturado etalonaje marcapaquete, que a la hora de sentarme a ver un documental sobre Luixy Toledo me importan un carajo. Sólo se quedan en la superficie. Con lo interesante que es Luixy más allá de esas fantasías. Al final, lo menos importante de su, ya larga carrera, es precisamente lo que cuenta, hasta la exasperación, este documental.
Por supuesto, en los créditos finales, los realizadores se despojan de toda responsabilidad alegando que ellos no se hacen responsables de las declaraciones del entrevistado. Muy valientes.
Sin embargo, de ritmo anda bien, está servido todo con dinamismo, incluye animaciones que ilustran las transcripciones de los juicios a los que Jackson se enfrentó acusado de plagio, o que narran otra de las historias fantasiosas de Luixy (aquella en la que dice que él sirvió, en una antigua reencarnación, a Michael Jackson en el siglo X), y sólo dura una hora, por lo que, formalmente, y más si no se tiene un conocimiento previo sobre Luixy Toledo (como a estas alturas es bastante probable), está entretenido y se echa un ratillo. Pero nada más.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

MIS FOTOGRUMOS FAVORITOS 2 - ¿EL ÚLTIMO VIERNES 13?

¡Y mira que eran ilusos en "Fotogrumos"! ¿De verdad pensaban que se trataba de la última? A tenor del pequeño artículo aquí escaneado (acompañado por el maravilloso cartel), sí. Poco sabían lo que aún quedaba por ver!!!!.



lunes, 7 de septiembre de 2020

PASADO DE ROSCA

Ezio Greggio es, sin duda, un personaje interesante. Presentador de televisión, comediante, periodista, guionista, productor y director de cine, además de ser el principal responsable del  Festival de cine de comedia de Montecarlo, no hay palo del mundo del espectáculo que Greggio no toque en Italia. Hombre orquesta de la farándula y popular a nivel nacional. Lo que ocurre es, para que me entiendan, que Ezio Greggio no es un artista de primera calidad; es más bien de tercera. Si tuviera que poner un equivalente español, a bote pronto, el único que se me ocurre es Rody Aragón.
Sin embargo, puede alardear de, en el mundo del cine, haberse quedado bien a gusto.
Greggio, amante apasionado de la comedia, lo es sobre todo de Mel Brooks. Es un fan enfervorecido que, cuando pergeña una comedia, la pone en el mapa con un reparto  americano removiendo Roma con Santiago para conseguir la financiación necesaria para pagar cachés y, si le es posible, contar con los mismos actores con los que contó Brooks en sus películas. De esta forma, fue durante la producción de su película más afamada, “El silencio de los borregos” que en su afán por reunir un reparto tan marciano como apetecible, contacta con su ídolo para que le haga un cameito en la película. Mel, debido a los contactos que el Italiano tiene, accede a aparecer, cuando una vez en el set es testigo directo de cuanto ha influenciado su cine en el del italiano. Greggio habla maravillas de Brooks, de sus películas y, en consecuencia, se hace amigo tanto de Brooks, como de su segundo de abordo, Rudy de Luca. Se hacen amigos, pero íntimos, nada de medias tintas. El feeling entre el italiano y la leyenda de la comedia es total.
De hecho, cuando Mel Brooks rueda “Drácula, un muerto muy contento y feliz” contacta con su amigo europeo porque le hace ilusión que aparezca en ella, y ahí tenemos a Greggio en un cameo. Su amistad le va a la zaga con Rudy de Luca, por lo que su siguiente película, tras el pequeño éxito internacional de “El silencio de los borregos”, sería una suerte de spoof muy deudor de la saga de “Agárralo como puedas” titulado “Killer Per Caso”, que cuenta con un guion escrito a cuatro manos junto al propio De Luca, además de protagonizar ambos la película junto a Dom DeLuise.
Las relaciones entre la factoría Brooks y Greggio van de perlas, por lo que para  su siguiente film, también sobre un guion según De Luca, Greggio tira la casa por la ventana y se trae a italia al mismísimo Mel Brooks para que sea el protagonista absoluto —junto a él, por su puesto— . Brooks está en ella por pura amistad y consciente de que la industria italiana no tiene que ver con la americana (y a día de hoy, casi con ninguna otra porque se encuentra agonizando) rebaja considerablemente su caché para estar en ella. El resultado de esta marciana amistad se inmortaliza en una de las películas con menos razón de ser de la historia, esta “Pasado de rosca”.
Es una absoluta paradoja, porque al final, lo que está haciendo Ezio Greggio es poner a uno de los más grandes genios de la comedia americana en la que probablemente sea una de las peores comedias de la historia. No se puede ser más sosa. No la salva ni Mel Brooks. Es más, está para matarle completamente.
El hijo de un potente empresario vive bajo su yugo. Sin embargo un día sufre un infarto que le dejará maltrecho y moribundo en el hospital dándole el doctor escasas semanas de vida. Así, este le pide a su hijo la última voluntad, que es volver a ver por última vez al americano bajito que le salvó la vida durante una batalla en la Segunda Guerra Mundial. De este modo, el individuo parte a Estados Unidos a buscar a ese tipo. Cuando da con él, resulta que está ingresado en el manicomio, pero se las apañará para sacarlo de allí y que así vaya a ver a su padre. Con lo que no contaba es con que está más loco de lo que se creía y va a convertir su travesía hacia el lecho de su padre en una auténtica locura.
Y ya, tan solo es un recital de aspavientos, muecas y horribles gags perpetrados por Greggio y Brooks, mientras en un segundo plano, al personaje de Greggio le sale un interés romántico.
Todo ello servido con cadencia televisiva, sin ninguna gracia y con una acusada ausencia de talento por parte del hombre que orquesta todo eso, que no es otro que Ezio Greggio. Es como cualquiera de las películas de la saga “Natale” (en la que Greggio también ha participado en un par de ocasiones), pero con mucha menos gracia. Nos enfrentamos a algo malo, malo, malo, pero malo de verdad, y da mucha pena ver ahí a Mel Brooks haciendo algo tan flojo, pese al esfuerzo que le pone el tío.
La película pasó más bien discreta por las taquillas italianas y, quizás por la mera presencia de Mel Brooks, también llegó a nuestro país, muy de puntillas, en formato vídeo. En los USA tuvo un estreno reducido, además de ser el país que editó la única edición en DVD que existe en el mundo.
No se lo que opinarían Mel Brooks y De Luca tras ver el engendro, desconozco como continuarían sus relaciones después de esta película insufrible, pero lo cierto es que tras ella no volvieron a trabajar juntos. De hecho, Greggio no volvería a dirigir cine hasta 2011 que se pegaría la machada de rodar la primera película italiana en 3D, que lleva por título “Box Oficce 3D: Il film dei film”, justo en el momento en el que la cinematografía italiana pasaba por uno de sus peores momentos. Después ya, Greggio se refugiaría en la televisión como tantos y tantos trabajadores del cine italiano.
Desde luego, la mera existencia de esta película ya la vuelve un producto a tener en cuenta y al que dedicarle un sufrido visionado. Por otro lado, yo me imagino que, por muy mierda que sea, tener en ella al mismísimo Mel Brooks como prota fue un  verdadero placer para Greggio. Porque esto no es como hacer “Kika” y traerte a Peter Coyote. Esto es hacer una comedia con el más grande. Ya solo por eso…

sábado, 5 de septiembre de 2020

EL MONSTRUO DE ST. PAULI

A Fatih Akin y su cine los descubrí haciendo zapping una noche de esas que no sabes qué cojones echarte a los ojos. Me llamó la atención "En la sombra", una historia de venganza con regusto "autoral". La vi, me gustó e indagué en la carrera del director, descubriendo que también era responsable de un biopic sobre un auténtico asesino en serie, esta "El monstruo de St. Pauli", cuyo título español nos retrotrae a aquellos tiempos en los que los distribuidores de por aquí bautizaban delirantemente a las películas extranjeras, porque realmente el film nació como "Der goldene Handschuh", es decir, "El guante de oro", que es como se llama el mugriento bar donde sucede buena parte de la narración.
Hamburgo, años 70. Concretamente en St.Pauli, el popular "barrio de las putas" de la ciudad. Fritz Honka es un perdedor, lleva una vida miserable, habita un piso sucio y destartalado, tiene un curro de mierda y, encima, es más feo que el demonio. Pero feo, feo. Por eso se pasa el día en el bar "El guante de oro", donde ahoga sus muchas penas a base de alcohol. Además, va más salido que un mono pero, con ese careto, ninguna puta medianamente decente le quiere. Lo único a lo que puede aferrarse es a viejas y borrachas, y las consigue a base de tentarlas con bebercio o comida. Se las lleva a casa, las humilla, las mal folla y, eventualmente y según le da la vena, las mata. Las descuartiza y esconde sus restos en un cuartucho que, obviamente, apestufa que da gusto. Un día, una furgo atropella a Honka, sobrevive y decide cambiar de vida. Deja la bebida, deja de visitar el bar y se busca un curro nuevo como vigilante. Se enamora de una empleada, pero las cosas no irán como le gustaría y, obviamente, el hombre retomará su antigua y nada envidiable existencia.
Si hay una película que sea la perfecta definición de sordidez y decadencia, esa es "El monstruo de St. Pauli". Todo en ella es sucio, asqueroso y deprimente. Comenzando por el propio protagonista, pasando por esas putas ajadas, desgastadas, arrugadas y ojerosas, hasta los escenarios cutres, llenos de mierda y que huelen a cloaca. Cuando acabas de ver la peli, te dan ganas de meterte bajo la ducha. Y es algo que mola muchísimo, no diré que no, aunque también es cierto que de TAN exagerado, en ocasiones roza la parodia. Incluso me atrevería a decir que Fatih Akin procede así de modo totalmente consciente, elevando lo "grotesco" de todo ello para hacerlo casi irreal, porque el Fritz Honka de verdad era feo, sí, pero no tanto como el de la peli. Este directamente parece un monstruo, algo comprensivo dada su naturaleza homicida -y afín al título hispano-.
Tampoco se piensen que la película es de terror, o que narra las cruentas hazañas de una asesino en serie como lo harían "Henry, retrato de un asesino" o cualquiera de esos desangelados biopics que recorrieron nuestras pantallas (grandes o pequeñas) a inicios de los 2000 como "Ed Gein", "Gacy", "Dahmer" o "Ted Bundy". No. "El monstruo de St. Pauli" es un drama, con ciertas mini-dosis de miserable comedia negra, en la que, de vez en cuando, vemos a su prota asesinar. Algo que también vemos son pollas flácidas, enormes tetas caídas de mujer sexagenaria, incluso alguna entrepierna bañada en caca licuosa. Una de aquellas características tan molonas del cine Europeo, que no se anda con los remilgos propios de Hollywood. Solo que los asesinatos están lejos de encajar en los parámetros del "exploitation". Se medio-muestran. No nos ahorran ciertas brutalidades (sobre todo cuando Honka se ensaña con una puta gorda rebotona), pero sin regodeos malsanos. En su justa dosis y medida.
De esta manera, lo que nos sirven es una peli estupendamente bien facturada (los decorados reproducen al milímetro los lugares reales donde ocurrió todo), con actores cojonudos y una historia interesante y, por ende, entretenida... aunque no sea porque chorree color y felicidad en sus fotogramas. Ni mucho menos. En realidad uno ve todas esas existencias desgastadas, vacías y terribles y, primero, teme que los designios de la vida le lleven por un camino semejante y, segundo, se alegra de su situación, sea cual sea. Ninguna puede ser peor que la de los clientes de "El guante de oro". Sin embargo, y a pesar de los ingredientes, tampoco puedo decir que al terminar te dejen hecho una piltrafa emocional. No. Seguramente se deba a esa "pátina de irrealidad" tan sutil pero efectiva que comentaba antes. Pues se agradece, la verdad, porque el material no es desde luego bonito.
Buena película, sí señor.

viernes, 4 de septiembre de 2020

SMOKE & FLESH

El título de esta película es en sí mismo una declaración de principios. Humo y carne. Y es que básicamente “Smoke & Flesh” va de eso, de individuos que fuman porros y que echan sus casquetes.
Es un producto muy típico de la contracultura de finales de los sesenta, muy cercano al underground pero sin llegar a serlo, y que destaca por encima de otros títulos porque,  sin ser una película que podamos considerar del todo buena, sí que se trata de una película técnicamente bien acabada con una estética muy marcada y en un esplendoroso blanco y negro que, por los pelos, no parece una película mainstream. Al fin y al cabo sería un sexploit para los circuitos marginales ejecutado por un individuo no del todo manazas.
Prácticamente no hay trama. La cosa va de un matrimonio más o menos liberal que se dedica a organizar fiestas en casa, motivo este por el que se les llena el hogar de hippies que practican sexo entre ellos. Un buen día, a una de las fiestas, llega un motero que trae una buena bolsa de marihuana, y los hippies comienzan a fumar para acto seguido ponerse a follar. Las fiestas se suceden con normalidad hasta que un día, unos tipos malcarados se infiltran en una de ellas con el fin de traer problemas.
Como parece ser que lo importante en este film es más el contenido que la forma, los planos artísticos se suceden —sin llegar a una experimentación pura— y la cámara se recrea en cosas tan dinámicas de filmar como es un scalextric. Y resulta un recurso cómodo. De hecho lo es tanto, que tranquilamente esta película se podía haber titulado “Smoke, Flesh and Scalextric”. Todo eso aderezado con escenas soft  muy sofisticadas a las que el blanco y negro les va muy bien, en las que, si bien nunca llegamos a ver genitales, sí que vemos a una negraza que quita el hipo a la que su interlocutor embadurna de nata todo el cuerpo con el fin de, primero, poner cachondo al espectador (y vive dios que lo consigue) y, segundo, generar un contraste de texturas con el blanco de la nata y el negro de la piel, creando una atmósfera muy sexy que la posiciona a unas cuantas millas de un sexploit al uso. Material para pajas, sí, pero muy bonito y bien hecho. Más impacto causan los morreos que se pegan algunas de las parejas que aquí se encaman, con tanta lengua que, teniendo en cuenta el año de producción, 1968, le hacen a uno preguntarse como es que a esta peli no le plantaron una “X” como un castillo. Supongo que, como he dicho antes, por no mostrar ni por un segundo genitales de ningún tipo.
No se trata de un drugsploitation porque, al contrario que las viejas películas de Dwain Esper, aquí no hay una condena de las drogas. Tampoco se hace una apología. Los hippies se fuman los canutos y a otra cosa mariposa. No enloquecen, no acaban asesinando a nadie. Y se agradece, porque yo andaba esperando que en algún momento se cometiera un asesinato bajo el influjo de la marihuana. No van por ahí los tiros.
Total, que se puede decir que, paradójicamente, y sobre todo en lo concerniente a lo visual, la cosa está hasta bien, aunque en contadas veces el inevitable sopor hace acto de presencia. Con todo, una película muy moderna, en el buen sentido de la palabra.
Entonces, aquí viene el dato curioso y a  tener en cuenta: “Smoke and Flesh”, medio artie, con una fotografía cuidada y hasta una dirección solvente (pese a su carácter genuinamente exploit) es la primera película de un director con solo dos películas: ¡Joseph Mangine! Sí, el infame director de la no menos infame “Neon Maniacs”. Técnica y estéticamente hablando, “Smoke and Flesh” y “Neon Maniacs” son el yin y el yang, todo lo que tiene de cuidada una, lo tiene de chapucera la otra, y el contraste me parece del todo delirante. Eso da que pensar que, quizás, la falta de medios y de presupuesto, sí que puedan ser un impedimento a la hora de hacer una película y que no sólo sea una excusa para justificarse cuando uno ha hecho una mierda, como venía yo pensando hasta ahora. ¿Cómo se las habría apañado Mangine con grandes presupuestos? Claro, que no creo que “Smoke and Flesh” contara tampoco con mucha pasta en su producción ¿Quedó bien, quizás, porque el blanco y negro suele ser siempre resultón? Estas incógnitas nunca serán despejadas, porque Mangine no hizo más películas (aunque sí disfrutó de una larga carrera en la dirección de fotografía, especializándose en cine exploitation) y, además, la palmó el año 2006. En cualquier caso, como ambas películas me gustan (por distintos y diversos motivos), que viva Joseph Mangine. Ahí queda su legado, dos filmes que la única coherencia que les une, es que ambos fueron concebidas con los mismos fines lucrativos, y dentro de los parámetros de la serie B.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

DOS FOTOCROMOS DE "LA CASA DE LA COLINA DE PAJA"

Solo disponemos de un par de fotocromos, pero cuando en uno tenemos dos lesbianas en plena ejecución erótica (dándole más sentido que nunca a la palabra final del título) y en el otro a un joven Udo Kier, creo que no se puede pedir más...



lunes, 31 de agosto de 2020

SOLO CONTRA TODOS

En pleno 2020 ya casi estamos acostumbrados a ese cine provocador que saca a relucir lo más prohibido y atroz del alma humana con el fin de escandalizar y/o perturbar al espectador poco dado a presenciar en el cine este tipo de cosas. “Pig” de Adam Mason, “The Bunny Game” de Adam Rehmeier o la inevitable “A Serbian Film” de Srdjan Spasojevic, son un buen ejemplo de esta corriente actual que, solo por la controversia que es capaz de generar en los medios masivos, yo creo que, independientemente de la calidad de estas películas (que las hay mejores y peores), merecen ser tomadas en consideración.
Sin embargo, si este cine llega a estar en boga hasta tal punto que la subnormal de Ana Rosa Quintana condene en una televisión nacional una película que ni tan siquiera a visto, es consecuencia de un halo meramente comercial —aun siendo films independientes que fuera del circuito de festivales acaban proyectándose en salas de cine marginales— con el que, de primeras, se conciben estas películas. Al fin y al cabo sus artífices lo que pretenden es que se hable de ellas y así sacarles el mayor rendimiento. Además, estas películas de la pasada década están realizadas dentro de un contexto fantástico con cierto sentido del espectáculo, por lo que a día de hoy, en pleno 2020, resultan prácticamente inofensivas. Están ya trilladísimas.
Pero en los 90 no existía este concepto comercial del cine escándalo,  y ahí es donde entra el fascinante Gaspar Noe, un autor que pese a estar metido de lleno en el cine artístico y autoral, siendo el colmo de la pretensión, no resulta tan pedante como otros coetáneos y además afirma tener influencias del cine de género (de hecho, esta “Solo contra todos”, contiene “gimmicks” porque dice Noe que quería hacer como William Castle). Noe es un genio que sigue consiguiendo a día de hoy que, con su cine, acabes con la cabeza como un puto bombo.
“Solo contra todos”, al contrario que las nuevas películas escándalo/espectáculo de las que les he hablado antes, no es que se concibiera con esa mentalidad mercantil. Su necesidad de incomodar viene más bien precedida de un impulso creativo, quiero decir que mientras que el objetivo de las más recientes es que se hable de ellas, “Solo contra todos”, adscrita por completo al cine de autor, conmociona al espectador de manera ligeramente más honesta. Aunque sea solo porque es más genuina. Noe es genuino en ese aspecto como también lo era Michael Haneke, los dos autores europeos más identificados con esta tendencia. Pero con los autores de películas escandalosas pasa lo siguiente; que de pura repetición, a la tercera o cuarta película que realizan, el espectador ya anda esperando el impacto, por lo que al final sus cintas no resultan tan cautivadoras como las que habían hecho antes y consiguen que permanezcamos indiferentes. Tanto Noe como Haneke se dieron cuenta de esto, entonces, Noe, que hace menos películas y  tarda más en hacerlas, se las ha ingeniado para cada nueva película meternos un hostiazo bueno al cerebro. Si no es por la vía del escándalo y lo prohibido, lo hará por lo visual e incluso lo sonoro —de hecho, “Climax”, su ultima película, es una obra maestra y, sin necesidad de follarse bebés o comer mierda, tan perturbadora o más que cualquiera de las citadas más arriba—. Haneke no. Haneke ha entrado en una dinámica que al final ha terminado por aburrir. El elemento impactante funcionaba con “La pianista” después de tantearnos con “Funny Games”, pero en “Caché” ya todo el mundo estaba esperando a que viniera la escena perturbadora y, cuando esta llega, no nos pilla desprevenidos. Así que se vio obligado a cambiar de tercio. Noe sigue dando vueltas y vueltas con el tema. Y ya lo lleva tan arraigado que no necesita mostrar nada. Y le sale. Juega contigo desde la mesa de montaje.
Como fuere, en 1998 no andaba la platea muy acostumbrada a llevarse hostias y, casi desde el amateurismo (Noe realiza su película desde su propia productora metiéndole pequeñas inyecciones de dinero según lo va consiguiendo y no sin muchas dificultades), con 16 mm que luego inflaría a scope, como secuela de un corto  titulado “Carne” que ya se encargó de otorgarle cierto prestigio, Noé se cascó una de las películas más perturbadoras del siglo pasado. Los platos fuertes son ciertos coqueteos con el incesto y  el aborto practicado a una mujer a base de puñetazos. Le dijeron de todo a Noe menos bonito. Y también recibió críticas estupendas.
20 años después, yo me planteo que, igual tal y como está el patio, volver a ver la película y curado de espanto como estoy con las secuencias impactantes, quizás  “Solo contra todos” no era tan buena y solo funcionaba una primera vez por llegar a ella virgen y sin las retinas desgastadas de tanto contenido amoral. Y este segundo visionado ratifica lo que yo tenía en mente desde hace años. “Solo contra todos” sigue siendo una película cojonuda, innovadora y delirante. Y es que, verla prevenido, ha sido incluso mejor porque me he dado cuenta que esos elementos perturbadores son, además de su virtud, de cara a la galería y debido a la expectación que estos causan, su gran lastre.
Si cortamos la escena del aborto o las insinuaciones de incesto, la película sigue funcionando a las mil perfecciones, esas cosas no interfieren. Hay que tener en cuenta que Noe usa recursos muy extraños, como no mover la cámara en ningún momento para, de vez en cuando y sin previo aviso, hacer un movimiento de cámara muy veloz con la imagen acelerada que hará acompañar de un sonido estridente. Solo eso, ya te pone de los nervios. Así que una vez pasado el examen (y con nota), los abortos y los incestos solo son un aliciente. Y cuanto más macabros, mejor. Vamos, que una película buena lo es siempre que la ves, y, a “Solo contra todos” le pasa eso. Todo en ella es bueno. Desde el look que se gasta, hasta los títulos de crédito.
La cosa es sencilla. Un carnicero en paro con un pasado un tanto escabroso, comienza  una nueva vida con su novia embarazada que le promete ponerle una carnicería cuando se muden al sur de Francia. Una vez allí, lo de la carnicería es un camelo y nuestro protagonista se verá obligado a trabajar de vigilante nocturno. Cuando su novia le acusa injustificadamente de acostarse con una enfermera, este le hace abortar a hostias, coge la pistola que su suegra tiene escondida, y se marchará de allí sin un duro y sin tener muy claro que va a hacer. A partir de ahí la película es una sucesión de secuencias en las que el protagonista busca trabajo, mientras escuchamos una voz en off que vendría a ser los pensamientos de nuestro amigo. Y no hay un pensamiento bueno. Todo amoral, todo deleznable… y lo peor es que, puede, que el espectador incluso se sienta identificado con muchos de esos pensamientos.
El curso natural de los acontecimientos hará que el espectador flipe con el desenlace, al que precede un anuncio para los más sensibles que les advierte de que tienen 30 segundos para abandonar la sala.
El monólogo interno del carnicero, es un no parar. Cada idea que escupe es más retorcida y cada resolución más salvaje y, en todo momento, una apología del egoísmo. Y a medida que el monólogo avanza se va volviendo más enloquecido y  acelerado, hasta que llega un punto en que el mero hecho de escuchar su voz, le pone a uno de los nervios, sobre todo, en la recta final de la película.
Toda esa voz en off se escribió después de estar la parte visual de la película montada y se añadió después. Dice Noe que para escribir esos pensamientos, se emborrachaba como una cuba con el fin de estar más cerca del personaje. Verdad o mentira, la historia y el resultado de esas borracheras me parece apasionante.
En definitiva, una película cojonuda que no empeora ni un ápice con la deshumanización propia del paso del tiempo. Perfectamente rodada, montada con maestría y, pese a que lo divertido parece tabú en la idiosincrasia de Gaspar Noe, es,  paradójicamente, tremendamente entretenida.
Por supuesto, más del 50% del mérito de esta película la tiene una interpretación soberbia por parte de Philippe Nahon, actor francés de corte clásico rescatado por una horda de nuevos cineastas que pensaron en él para dar vida a un tipo de caracteres más o menos extremos. Está que se sale, igualmente, en “Calvaire” o “Alta Tensión”.
En cuanto a su personaje de carnicero, es como una especie de fetiche para Gaspar Noe, y lo utiliza, a la primera de cambio, en cameos en muchas de sus películas.

sábado, 29 de agosto de 2020

OFFSPRING

Durante mucho tiempo viví convencido que "Offspring" era la adaptación a la gran pantalla de la novela "Al Acecho", según las artes escribientes del fallecido Jack Ketchum. Pero no. Resulta que lo que adapta es la secuela de aquella. Es decir, la que no he leído, lo que significaba que me iba a quedar con las ganas de comparar y esputar con petulancia eso de "el libro es mejor". A pesar de todo, le tenía muchas ganas a esta película. Y el hecho de ser inédita en España no hacía más que aumentar el deseo. Y es extraño que siga siendo, en general, más bien oscura cuando su directa secuela, "The Woman", sí hizo algo de ruido. Seguida de una reciente tercera parte, "Darlin". Por fin los dioses se pusieron de mi parte, dándome acceso a una copia de "Offspring" con subtítulos, que devoré ansioso exactamente el mismo día que me la agencié.
La familia de caníbales campestres que protagonizaron "Al Acecho" salen por las noches a la caza de seres humanos. Pero ahora tienen un nuevo objetivo entre ceja y ceja, agenciarse un bebé saludable. Descubren que no muy lejos de allí vive una familia con uno y acuden a arrasarlo todo y mangarlo. Ya puestos, añaden al pack las dos hembras de la casa, por aquello de perpetuar la especie sin necesidad de hurtar. Estas, junto a los policías locales, dificultarán que los devoradores de carne humana puedan llevar adelante sus malvados planes.
Pues no está mal esta película. Nada mal. Es cierto que su deuda con "Las colinas tienen ojos" (y con Sawney Bean) es notoria, pero eso, al fin y al cabo, es culpa del material de origen, las novelas de Jack Ketchum, que aquí se reserva las tareas de guionista y actor en un breve papel. Asumido ello, toca disfrutar de un producto bastante dinámico, que nos alegra la vista con arrebatos truculentos de grado superior. Es, desde luego, la más gore de la trilogía y aquella que incluye un mayor número de muertos (especialmente gozoso cuando se trata de los caníbales). Los trozos amputados de cadáveres adornan el decorado, todo a base de efectos especiales de la vieja escuela. Presenciamos una muerte muy cruel a costa de uno de los personajes más "buenchas" de la función. Y, para más inri, también unas dosis de suculento infanticidio. No perdonan una, y nosotros lo agradecemos.
El director de bello nombre, Andrew van den Houten, venía de firmar un título que adornó los vídeo-clubs cuando estos llenaban sus estanterías con dvd's, "Headspace: El rostro del mal" (recientemente revisada, puedo afirmar que es un coñazo de puta madre), aunque la mayor parte de sus actividades en el séptimo arte son como productor, ahí sí que se marca un curriculum generoso. Lógicamente, produjo las secuelas de "Offspring", la primera dirigida por el brasas de Lucky McKee y la que hace tres por Pollyanna McIntosh (la actriz que da vida a la jefa caníbal en las previas y que no tiene problema alguno en despelotarse). Ambas gastan un molesto tufo seudofeministoide. Mejor evitarlas.

viernes, 28 de agosto de 2020

VIDA RÁPIDA

“Vida rápida” es cine uruguayo filmado en vídeo en los años 90 y basado en hechos reales que guarda ciertas semejanzas estéticas y argumentales con nuestro cine quinqui.
Marcelo es un chapero del lumpen que cuando no está prostituyéndose está  pegando tirones de bolso o fumando canutos con su novia, lleva una vida desarraigada en la que lo único que importa es ganar dinero cada día delinquiendo. Cuando la policía le trinca, le tortura con el fin de sonsacarle nombres de delincuentes más gordos mientras, por otro lado, los asistentes sociales hacen todo lo posible para que abandone la vida delictiva. Para conseguir más dinero, no dudará en sobornar a uno de sus clientes amenazándole con descubrir su homosexualidad ante la gente de su entorno. Entre unas cosas y otras, este tipo de vida no sale rentable y esto traerá inesperadas consecuencias.
“Vida rápida” apenas dura 50 minutos y aún con sus carencias, y con tendencia a convertirse por momentos en cine experimental, lo cierto es que se aguanta bastante bien. Y es que durante el visionado, me percaté de que pese a su aspecto de película eminentemente amateur, estaba demasiado bien rodada para serlo. Buenos encuadres todo el tiempo, un montaje solvente, buena dirección y una composición de planos que bien podrían ser de un profesional. Y es que “Vida rápida” es la consecuencia directa de la llegada de la democracia al Uruguay de los 80.
Como pasara en España con nuestra democracia y con la “movida madrileña”, en Uruguay surgieron un montón de corrientes culturales alternativas, y de entre todas estas, varios colectivos de cineastas que establecieron el formato vídeo como herramienta preferente a la hora de hacer películas, formato este que también compaginaban con el super 8.
Tal fue el impacto del vídeo en Latinoamérica a finales de los 80, que se organizaría el Primer Encuentro de Vídeo Latinoamericano en Santiago de Chile, encuentro este que se organizaría en un país distinto cada año y que servía para dar a conocer las más granadas obras filmadas en vídeo de los países de lengua hispana. Y en Uruguay, junto con el Punk Rock, el vídeo supuso un movimiento contracultural de lo más importante.
Entonces, de los montones de colectivos que surgieron en Uruguay en aquellos años surge el autodenominado “Grupo Hacedor” que son los responsables de esta película. Se trata de un grupo de cineastas  que con la filosofía de filmar en vídeo por bandera, se juntaron para hacer este tipo de películas democráticas y baratas que sirvieron para otorgarle cierto prestigio al colectivo. Cada uno de los muchos miembros del grupo hicieron sus distintas películas, pero “Vida Rápida” sería la única que firmaron bajo el nombre del colectivo.
Al margen de su calidad técnica, “Vida  Rápida” tiene su gracia. La crudeza del vídeo, que bien podría ser VHS, como podía ser  U-Matic, se combina con maneras de rodar propias del cine de guerrilla (hay una escena en una discoteca y esta se rueda en una discoteca real, con su público real, o en escenarios naturales hasta tal punto que, rodando a un yonki, este llega a saludar a cámara con la mano) y todo esto resulta del todo interesante, si bien, el recrearse la cámara en según que otras cosas como pueda ser un ritual de santería, que también tiene lugar, puede llegar a hacerse aburrido. Sin embargo, lo bueno de “Vida rápida” es que se olvida de toda convención estética que le haga parecer cine de verdad. La cámara está bien colocada, la planificación es buena (el argumento va a un poco a trompicones, eso sí) y tiene un enfoque profesional, pero en absoluto se avergüenza de ser vídeo, que es un mal común en la mayoría de películas filmadas en este formato, que tratan  por todos los medios parecer cine común y corriente. “Vida rápida” se enorgullece de estar rodada en vídeo y se aprovecha de sus posibles cualidades.  Y es muy curioso que este empleo del vídeo venga por parte de un grupo de artistas que tratan de hacer una película de contenido social, porque los que suelen querer disimular el vídeo, suelen ser esos desprejuiciados y dicharacheros directores de género que facturan películas desenfadadas y sangrientas. Casi parece una paradoja.
Como sea, el esfuerzo de estos directores latinoamericanos que trabajaban en vídeo por convicción, en el futuro, se vería en saco roto ya que con los avances tecnológicos, el 4K y los formatos profesionales, ya todo tiene la misma textura. Y yo, defensor del vídeo a ultranza, he de decir que estos avances tecnológicos no han hecho más que matar el cine. Antes, diferenciabas el celuloide del vídeo; hoy, no hay diferencia de imagen entre una película comercial, y un videoclip de raperos hecho por ellos mismos con su cámara semiprofesional comprada en el mediamarkt, y su dron para hacer bonitos planos aéreos. Ya no hay cine. Ni tampoco hay vídeo. Hay otra cosa.
De cualquier modo, “Vida rápida”, al margen del fondo y la forma, es una buena muestra de lo que podía ser el cine quinqui uruguayo, que no es un subgénero exclusivamente patrio; en Hispanoamerica también se estiló.

miércoles, 26 de agosto de 2020

LOS FOTOCROMOS DE "EL PRINCIPIO DEL ARCA DE NOÉ"

"El principio del arca de Noé" es el primer largometraje propiamente dicho de Roland Emmerich. Luego hizo "El secreto de Joey" y el resto es historia.
Estos son los pocos fotocromos de los que disponemos.





lunes, 24 de agosto de 2020

CÓMO HACER EL AMOR CON UN NEGRO SIN CANSARSE

Vista a día de hoy puede parecer una película totalmente inofensiva, pero en 1989, año de su estreno, causó gran controversia por tratarse de una película que la crítica seria de los USA y los colectivos feministas consideraron racista y misógina. Puede que algo de esto haya porque los estereotipos con respecto al tamaño del rabo de los negros y a sus dotes amatorias están a la orden del día en el argumento, pero también es cierto que en el mismo se critica a la sociedad blanca, dando palos tanto a racistas blancos que tratan a las otras etnias como si fueran poco menos que violadores, como a racistas blancos no diagnosticados que se exceden en la defensa de los negros (racismo inverso), con lo cual, si hacemos una lectura total de la película, llegaremos a la conclusión de que se trata mayoritariamente de una sátira, que además incluye unos buenos chistes de pollas negras. Y eso, los yankees, lo llevan bastante mal.
Como fuere, hay que tener en cuenta también que se trata de una película canadiense hablada en francés, motivo por el cual, posiblemente, los estadounidenses también la cogieron manía. Y con todas estas motivaciones, la prensa se negó a publicitar la película (que además en su título contenía la palabra “negro” que en inglés sirve para dirigirse a los afro-americanos de manera despectiva) y sufrió algún que otro boicot por colectivos  tocapelotas de todo tipo de ideologías.
Sin embargo, si la película existe, es porque está basada en un popular best seller quebequense que, traducido a un montón de idiomas, lo que criticaba era precisamente lo mismo de lo que se le acusaba a la película. Su autor, Dany Laferrière, escritor negro para más señas, es el co-autor del guion. Y la experiencia debió gustarle porque después de esta escribió unos pocos títulos más, amén de hacer una incursión en la dirección con la película “Comment conquérir L’Amérique”.
Al margen de la falta de entendimiento entre culturas, la película casualmente se estrenó en España para el público de cine de arte y ensayo, y la vieron 52.000 espectadores. Recuerdo su estreno porque en autobuses y marquesinas, me llamaba la atención poderosamente aquél póster que nos presentaba a un negro con la polla gigante cubierta por una sábana. Aquí dio igual el racismo, la polla del negro y el cristo que la fundó.
En el argumento apenas hay trama. De primeras se nos presenta al protagonista, un negro que rompe la cuarta pared para decirle al espectador que es caníbal, escritor, y que se encuentra en Quebec porque allí no hay ningún dictador, y sí muchas mujeres blancas. Después nos pone en situación, abandona la cuarta pared,  y ya vemos que se trata de un inmigrante que tiene un compañero de piso y que, por un lado, tienen un problema de algún tipo con unos camellos de la zona que piensan que les quieren quitar el puesto y, por otro, ambos se dedican a follarse a tanta blanca como les sea posible, en un ambiente esnob donde las chicas blancas de sociedad medio alta, se desviven por recibir en sus coños una buena polla negra. Y los negros las tratan como a tontas.
Una comedieta muy ligera, concebida para intelectuales no obstante y que, curiosamente, guarda una deuda estética muy gorda con las películas ochenteras de Spike Lee a las que trata de imitar tanto en tono como en forma, por supuesto, sin los mismos resultados. Su director, Jacques W. Benoit, blanco, ya había dirigido “Le diable à quatre” unos años antes, pero tras “Cómo hacer el amor con un negro sin cansarse” no volvería a dirigir jamás, aunque ejerció de asistente del director en pelotazos del cine cultureta como pueda ser el binomio formado por “El declive del imperio americano” y “Las invasiones Bárbaras”.
Por lo demás, y como digo al principio, una película inofensiva, blanca (jejeje!) que mientras la vemos no sufrimos demasiado, pero que, si no la vemos, tampoco pasa absolutamente nada.
Eso sí, pronunciar el título en su idioma original es todo un placer para los sentidos: “Comment faire l'amour avec un nègre sans se fatiguer”. Prueben a decirlo.

sábado, 22 de agosto de 2020

AMITYVILLE, EL ORIGEN

A estas alturas, la interminable saga de "Amityville" no necesita presentación por aquí. Hemos hablado largo y tendido de ella, tanto las pelis oficiales como las... otras. Sería bastante interesante confeccionar una lista super-completa, incluyendo aquellas que se suelen marginar porque entran de lleno en el terreno de lo propiamente amateur, que haberlas, haylas. Y es que no hace falta tener los derechos del nombre de Amityville para exprimirlo, por lo que cualquier mindundi con una cámara puede cascarse una película, sabiendo como sabe que ahí fuera habrá un público dispuesto a deglutirla... aunque luego, decepcionados, se despachen a gusto en redes sociales. Generalmente, el contenido de esas mismas nada tiene que ver en realidad con la historia de Amityville. Por eso, podemos valorar el hecho de que Daniel Farrands, director y guionista de esta "Amityville, el origen" ("The Amityville Murders" en v.o.), se haya mantenido fiel a los hechos genuinos que acompañan a la famosa casa, centrándose en los crímenes que ocurrieron en ella por ahí los 70 y que, se supone, dieron pie a todo el cristo que vino después. Dicho de otro modo, Farrands ha parido un remake de "Amityville 2: La posesión" que, para bien o para mal, es mi favorita de la franquicia, tal y como ya he expresado en este mismo blog. Claro, luego puede venir el listo de turno y decir que de remake nada, que simplemente es una revisión de lo ocurrido. Puede... pero entonces ¿qué pintan dos actores de aquella en el reparto? Hablo de la otrora morbosa Diane Franklin y el mítico Burt Young. Obviamente, al ser ambos más viejos, sus roles han cambiado. Ella era la chica adolescente, ahora es la sufrida madre. Él era el padre cabrón, ahora el abuelo (no tan cabrón). Dicho esto, resulta imposible evitar comparar ambas y, obviamente, la actual pierde por absoluta goleada. Carece totalmente de la sordidez, el mal rollo y la sensación amenazante que tenía el film de 1982. Cierto que repite algunas ideas (supongo que también presentes en la movida real), como ese padre rudo y mal tratador, pero evita material delicado como la famosa secuencia de incesto (que se supone ocurrió de verdad, pero no está del todo claro). Sin embargo, a su favor añadiré que aporta cosas que la peli del 82 ignoraba, como que el hijo sea el drogata que era en realidad y cierta involucración en el sarao por parte de la mafia (y que podría dar pie a nuevas teorías respecto a los asesinatos).
Pero claro, mirado fríamente, lo que ocurrió en la casa de Amityville da muy poco juego. Sabiendo como sabemos que el clímax será la famosa masacre, y que eso puede resumirse en -como mucho- media hora, ¿cómo lograr unos 60 minutos previos interesantes? Pues hay que tener mucho talento. Y aunque Daniel Farrands más o menos se espabila, no consigue entretenernos a lo largo de ese tramo y, ciertamente, "Amityville, el origen" se hace bastante plomiza. Un poco chapas. Obviamente, al esperar yo la macro-basura que esperaba, pues hombre, me sorprendió un poquito, porque no es TAN HORRENDA. Se deja ver. Pero hay que echarle paciencia y, en cuanto le des al stop, te olvidarás de ella.
Comentar que el amigo Farrands tiene un curriculum bastante interesante como productor (ejerció en, justamente, "Amityville: El despertar") y director. Su especialidad en este último campo son documentos audiovisuales relacionados algunos de ellos con el género del terror cuya finalidad es, me supongo, rellenar los extras de DVDs. Sin embargo, y dadas las circunstancias, lo más llamativo es una serie titulada "Misterios de la historia" en la que sobresalen dos capítulos dedicados, cómo no, a Amityville. Vamos, que al tipo le llama el tema desde hace tiempo.
Solo para completistas, curiosos y peña que ande de vacaciones.