martes, 24 de abril de 2018

5 HOMBRES SALVAJES


Aunque la violencia contra la mujer ha estado desde siempre presente en las películas del oeste, no sería hasta el estreno a finales de los 60 de un título tan emblemático como “Grupo salvaje” cuando los ya decadentes westerns comenzaron a incrementar sus niveles de violencia, así como a introducir de manera explícita todo tipo de vejaciones al mal llamado sexo débil, tanto psicológicas, físicas, como, sobre todo, de índole sexual. De hecho, tal sería la importancia que algunas de estas películas llegaron a otorgar a esas escenas que muchas de ellas no sólo alcanzaron la categoría de motor argumental de los propios films, sino también el mayor reclamo a la hora de que los espectadores pasaran por taquilla.
De esta manera, películas como “Soldado azul”, “Caza implacable”, “Chato, el apache” o “Los últimos hombres duros” llegarían a unas cotas de violencia, crudeza y sadismo a los que ni siquiera el propio spaghetti western se había atrevido, usando en mayor o menor medida los brutales abusos a las novias, esposas, hermanas, hijas y/o amigas del protagonista como principal acicate a la hora de que éste acabara con los malos; recurso dramático éste que, por otra parte, había sido utilizado hasta la saciedad en títulos como “El vengador sin piedad”, protagonizado por Gregory Peck, o en tantos otros ejemplos paradigmáticos del período clásico del género, en el cual no era tan necesario mostrar las escenas de violación ya que éstas se daban por sentado, tanto por parte del director como del espectador. Seguramente para enmascarar su carácter puramente explotativo, y quizás con el objetivo de conectar con el público rebelde y contracultural de la época, los films antes citados hacían gala sin embargo de un claro componente pro-indio que en cierta forma conseguía redimirlos. Asimismo estas películas contaban además con el atractivo de representar al hombre blanco como al auténtico salvaje que gobernaba los territorios del oeste, como la figura que subyugaba tanto a las minorías étnicas (negros, asiáticos y, sobre todo, indios) como al género femenino en su totalidad, en una clara transposición de la sociedad americana de finales de los 60 y principios de los 70, en la cual las mujeres y los afroamericanos veían reconocidos cada vez más, aunque no sin esfuerzo, aquellos derechos de los que se habían visto privados durante décadas.
Entrando ya en el ámbito del exploitation, y seguramente debido a la propia decadencia que el género acusaba a comienzos de los 70, en realidad son muy pocos los westerns de bajo presupuesto que podamos encontrar en el cine americano de la época que se adscriban a esta tendencia concreta, aunque entre ellos destaque por su carácter pionero este “5 hombres salvajes”, film que se anticiparía en varios años al rape & revenge y a títulos tan representativos del subgénero como “Ana Caulder”, la sueca “Thriller - en grym film” o “La violencia del sexo”.
Escrita y producida por el actor Richard Bakalyan (“Chinatown”, “Delicado delincuente”), y dirigida por el televisivo Ron Joy (“Superagente 86”), “5 hombres salvajes” cuenta la historia de una joven maestra, Alice (Michele Carey), la cual tiene la mala suerte de compartir viaje en diligencia con Pudge Elliott (Keenan Wynn), un agresivo preso que por el camino será rescatado por su banda, un grupo de forajidos no menos violento integrado por borrachos, violadores y ávidos consumidores de peyote. Tras matar a todos los ocupantes del carruaje, y hacerse con el oro que éste transportaba, la banda de Elliott violará a Alice bajo la atenta mirada de Chatto (Henry Silva), un apache que se encuentra de manera casual con la escena y que, posteriormente, curará a la mujer de sus heridas, la adiestrará en el manejo de las armas y que, asimismo, la ayudará a llevar a cabo su venganza. Y esta es prácticamente toda la historia de la película… sin más.
Tomando como modelo desde sus mismos títulos de crédito el oeste roñoso de Sergio Leone, y a los personajes histéricos y depravados propios del cine de Sam Peckinpah, lo más interesante del visionado de esta película es justamente los curiosos resultados que arroja su fallida emulación del estilo de otros, en especial de la música de Ennio Morricone, al que aquí se intenta plagiar descaradamente a base de guitarras eléctricas y unos primitivos sintetizadores, dando como resultado una banda sonora estridente y desasosegante que, antes que pertenecer a una partitura del autor de “La muerte tenía un precio”, parece más bien salida de un film de terror de serie Z.
A pesar de estos puntuales, y, como ya digo, totalmente fortuitos aciertos, la película por desgracia se hunde tras un prometedor inicio para no volver ya a levantar cabeza. Y es que “5 hombres salvajes” está estructurada de una manera tan básica que todo lo que no tenga que ver con la violación y/o con la venganza de la protagonista se revela como totalmente accesorio, siendo por lo tanto eliminado sin contemplaciones de la trama. De esta manera, tras unos primeros veinte minutos que detallan el clásico momento del ataque a la diligencia, así como la violación grupal de la joven, el film entra durante el resto del metraje en una monótona dinámica de tiempos muertos que, además, se verá agravada por la relación prácticamente muda que se establece entre Alice y el personaje encarnado por Henry Silva.
Así las cosas, asistimos durante casi noventa minutos a una película no especialmente violenta ni tampoco demasiado explícita en el aspecto sexual: hay una castración, sí, pero ésta es mostrada fuera de plano. De este modo, la película ofrece bastante menos de lo que se espera de ella, representando casi lo único destacable de su visionado la sobria y muy convincente interpretación como Chatto del todoterreno Henry Silva (intérprete que, casualmente, figuraba en el reparto de la antes citada “El vengador sin piedad”) y la presencia como villano del estupendo Keenan Wynn, un actor tan capaz de trabajar para Leone, Kubrick o la Disney como de asomar su poblado bigote en la más costrosa producción de bajo presupuesto. Precisamente de boca de Wynn oiremos el diálogo más políticamente incorrecto de toda la película: tras abusar de la maestra, el personaje de Pudge Elliott le pregunta a uno de sus esbirros, “¿Sabéis que tenemos una virgen?”, a lo que éste le responde, “Dirás que TENIAMOS una virgen”.
Debido a su pobreza visual, a un desarrollo argumental excesivamente moroso y a su acusada falta de originalidad (características por otro lado inherentes a este tipo de cine) en realidad poco más habría que añadir al respecto: si acaso rescatar y destacar un final pesimista y desesperanzador que entronca directamente con el de “La noche de los muertos vivientes” y en el que el personaje de Henry Silva será castigado por el color de su piel y no por sus actos. A pesar de estos detalles, y de resultar una película simpática dentro de su asumida y evidente insignificancia, “5 hombres salvajes” es puro material de relleno para programas dobles y cines de sesión continúa, una película de lo más mediocre sin absolutamente ninguna característica especial que la distinga del resto de sus coétaneas: un film lento y aburrido la mayor parte del tiempo pero que, pese a todo, se sigue con más o menos interés, representando así la película perfecta para ver mientras uno piensa en sus asuntos y en la que, incluso, te puedes permitir el lujo de pegar una cabezadita de vez en cuando con la absoluta seguridad de que tampoco te perderás nada importante.
El típico film, en definitiva, que ves sin mayores problemas pero del que te olvidas antes incluso de que terminen los créditos finales. Aún así, sería un título recomendable para aquellos rastreadores infatigables de rarezas y/o para los fanáticos completistas del género... del género del oeste, claro, no del de violaciones.