Chester Brown, probablemente el más reconocido autor de novela autobiográfica de Canadá, tomó una decisión drástica a finales de los 90. Tras su ruptura con la artista multidisciplinar Sook-Yin Lee, quien lo dejó porque, en teoría, se había enamorado de otro hombre, y al percibir que el acceso al sexo por parte de las mujeres solteras era mucho mayor en comparación con el que podían tener los hombres, decidió que, en adelante, renunciaría al amor romántico y solo se relacionaría sexualmente con prostitutas. Y vaya si cumplió con su promesa… De hecho, a día de hoy lleva más de 20 años vinculado a la misma mujer, con la que mantiene una relación monógama y a la que, pese a las leyes en Canadá que penan las transacciones sexuales a cambio de dinero, sigue pagando. En definitiva, podríamos decir que esa persona es su pareja. Así las cosas, Brown, como buen autor autobiográfico, contó su experiencia, desde la ruptura a sus posteriores encuentros con putas, en una aclamada y polémica novela gráfica titulada “Pagando por ello”. Lo curioso de todo este asunto es que, pese a la separación, Brown nunca dejó de ser amigo de su expareja.
Esta, Sook-Yin Lee, uno de los principales personaje de la película —presentada con otro nombre—, paralelamente a su carrera como actriz desarrolló una como directora y, en la presente década, teniendo en cuenta lo difícil que era adaptar ese cómic en particular a la gran pantalla, asumió el reto y escribió el guion de un proyecto que finalmente vio la luz. Resulta llamativo porque el detonante para que el contrahecho Chester comenzara a frecuentar putiferios fue ella y, lógicamente, tenía que colocarse a sí misma como un personaje principal. El caso es que, finalmente, sabe tomar distancia y se presenta en la película de manera no del todo negativa, puesto que la relación entre ambos es excelente, pero sí como una persona con más morro que espalda (o al menos así la percibo yo) bastante injusta con el pobre dibujante. Como directora y autora del libreto, sabe contar lo que tiene que contar: todas esas transacciones económicas que hace el protagonista con furcias de distinto tamaño, condición social o catadura moral. Brown en la vida real es un putero confeso y un defensor de la despenalización del trabajo sexual.
Por supuesto, con buena picha bien se jode, el film parte de buen material, por lo que está bastante bien resuelto. Además, es tal y como uno se lo imagina antes de ponerse a verlo: una producción de corte muy independiente, ritmo pausado pero interesante y entretenida, al estilo de otras adaptaciones al cine de cómics autobiográficos como puedan ser la superior “American Splendor”, “My Friend Dahmer” o “El diario de una adolescente”. De hecho, el estilo de todas estas cintas es tan similar en tono y forma que casi parece un subgénero autoparódico. A “Pagando por ello” le pasa exactamente lo mismo. Con todo eso, la película es más que correcta, ofrece exactamente lo que se espera y, en resumen, vemos el conflicto y la solución que plantea la obra original sin mayor problemática.
Hay que destacar las secuencias en las que Chester Brown comenta su situación con sus compañeros, también dibujantes de cómics de aspecto maltrecho y bastante "freaks", y resaltar el hecho de que las tías que aparecen en la peli destacan porque son todas infinitamente más guapas que los tíos, más feos que Picio. Pero, con todo eso, los personajes resultan más estilizados que sus equivalentes en la vida real, ya sea Sook-Yin o el propio Chester, interpretados por Emily Le y Dan Beirne respectivamente. Ella se rompe de guapa, mientras que él, aunque no luce tan chusco como el verdadero autor, guapo no es. No obstante, ambos mantienen la esencia de los personajes.
