viernes, 30 de agosto de 2013

EBOLA SYNDROME

Por fin me decido a ver uno de los clásicos de la cacareada “Categoría III” del cine de Hong Kong, ya saben, clasificación en la que se agrupan todas esas películas chinas con contenido explícito, ya sea sexual o violento, pero con predilección por lo segundo. Una mera excusa para que los directores se desfasen y metan todo tipo de aberraciones, puesto que en esta categoría  casi todo está permitido. Como molaría que el resto de las cinematografías del mundo tuvieran una categoría donde aglutinar este cine.
Prosigamos.
Los noventa fueron una buena época para los títulos de esta categoría, cosas como “Dr. Lamb”, una especie de explotación ultra–gore de “El silencio de los corderos”, la sobrevalorada “Run & Kill”, o esta “Ebola Syndrome”, se hicieron muy famosas a lo largo y ancho de este mundo, por su contenido violento y extremo (más o menos, como le pasó a “A  Serbian Film”). De entre todos los “artistas”  que cultivaran el género, destacarían precisamente el director y el actor de esta película,  porque se especializaron, así Herman Yau (hoy, con la “Categoría III” ya pasada de moda, es muy popular por sus películas de “IP Man”) rodaría todas las aberraciones que se le ocurrieran, y el asqueroso (y con rasgos occidentales) de Anthony Wong, interpretaría siempre a psicópatas, degenerados y sin vergüenzas.
Y aunque mucho se puso el grito en el cielo con “Ebola Syndrome”, recién vista, la galería de atrocidades, y las barbaries que nos muestra esta película es tal, que al final se torna parodia, si bien es cierto que toda ella está rodada con cierto cachondeíto al respecto. Vamos, que es una jodida comedia negra.
Kay es un personaje totalmente amoral,  todo lo malo que se te ocurra, él lo va a hacer sin remordimiento alguno, así que, cuando se está follando de manera muy violenta a la esposa de su jefe, son sorprendidos por este mismo, quien le propinará a Kay una paliza de órdago e intentará castrarlo. Pero será más hábil y logrará zafarse, matando a su jefe, a su secuaz y a su mujer, de la manera más violenta imaginable.
Así, huye a Sudáfrica, dónde otro fugitivo tiene un restaurante Chino y le da trabajo como cocinero. En un viaje a un poblado para comprarle cerdos a una de las tribus locales, Kay, salido como una mona, viola a una negra que agoniza a orillas del río, contrayendo el virus del Ebola, con la suerte de que solo será portador, no lo padecerá, pero si podrá contagiarlo.
Como siempre fue humillado por la mujer de su jefe, decide violarla, y al ser sorprendido por su marido, no tiene más remedio que matarlos ¿Y que hacer con los cuerpos? Pues despiezarlos y hacer hamburguesas con ellos, que servirá en el restaurante. Como esa carne está mancillada por él, acabará contagiando el Ebola a todos aquellos que la comieron.
Por si esto fuera poco, les roba el dinero a sus jefes y regresa a Hong Kong, dónde follará, escupirá y estornudará impunemente, con las consecuencias que eso acarreará.
Vamos, como pueden leer, un absoluto cachondeo.
La cosa está en que la película, a pesar del gratuitismo de su violencia (presenciamos un par de muertes de ratas y ranas que son absolutamente prescindibles, y que hacen que toda ella, de primeras, caiga mal), funciona perfectamente por lo exagerado de la acción, por una trama interesante y porque, desengañémonos, tanta violencia y amoralidad es divertida. Además, todo sucede de manera increíblemente fluida, así que, si no tienes el estómago un poco delicado, la película es puro entretenimiento.
¿Aberraciones? Déjenme memorizarlas: Amputación de lengua, lluvia dorada, reventamiento de cabeza con una mesita plegable, intento de quemar viva a una niña, sustracción de globo ocular con la boca succionando, partimiento en dos a una fémina con una tabla de una mesa,  violaciones, folladas de carne de cerdo, canibalismo, esputos, corridas, contagio del virus a sabiendas, autopsias, racismo… vamos, toda la mierda que se les ocurra, bien servidita por los putos chinos. Como ya les digo, tan extremo es todo, que resulta paródico. Ergo, funciona, pero no a niveles de dejar la sensibilidad hecha polvo como sí lo hacía la anteriormente mentada “Dr. Lamb”.
Es asquerosa, pero seamos serios; muy entretenida. Y hasta graciosa.

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