lunes, 20 de mayo de 2019

FLUJO


Uno de los cómics que más me ha gustado de cuantos he leído en los últimos años es este “Flujo” de Dave Cooper, recién reeditado.
Y es que de carácter underground, con esas viñetas en papel amarillento y tinta azulada, con un dibujo realizado a base de rayitas, no solo me entusiasma esa manera de dibujar que tiene Cooper, sino, por supuesto, y por encima de todo, esa extraña historia que cuenta que, por otro lado, tanto se puede asemejar a la realidad donde el asco y la excitación pueden ir unidos de la mano.
“Flujo” cuenta la historia de un dibujante que se dedica a realizar cómics por encargo para poder comer, que un buen día solicita una beca para realizar una exposición en torno a la imperfección de la belleza para la que tendrá que pintar una serie de cuadros de corte erótico. Le conceden esta beca y, en consecuencia, irá buscando por la calle mujeres imperfectas para que e sirvan de modelo. Un día, una de las chicas que abordó por la calle, gorda, purulenta y rematadamente fea, accede a posar para él hasta que, de tanto hacerlo, sin darse cuenta, comienzan una extraña relación tórrida y sexual. El dibujante tendrá que lidiar con los ascos, las neuras de su nueva modelo e incluso los celos.
Una historia perturbadora sobre una relación sexual —que no romántica— entre dos personas opuestas y las consecuencias de la misma.
Al margen de la buena técnica y estilo de Cooper, el interesantísimo guion y la fluida narración, hay que tener en cuenta un factor extrañísimo que me hace considerar más aún este cómic: leyéndolo, me he puesto verdaderamente cachondo. Que lo consiga un tebeo tiene mérito, pero que lo consiga un tebeo donde lo que te está contando es que un individuo se acuesta con una tía feísima, tiene triple mérito, máxime, cuando está todo dibujado de manera explícita y como tal, la purulencia y las carnes fofas de la protagonista femenina quedan más que patentes. El caso es que vivimos, junto al protagonista, la misma sensación de excitación que sufre él ante esta mujer monstruosa, y eso es porque estamos ante un verdadero genio de las viñetas.
Además de los cachondismos, es un tebeo cuya narración perfecta invita a seguir leyendo hasta el final, por lo que en una sesión concienzuda, nos ventilamos el volumen completo. Es una pasada.
Muy recomendable.