Ted Post, proveniente de la televisión, es un director que no deja de resultar curioso debido a la carrera que llevó, trufada de capítulos sueltos de series de éxito, amén de incursiones en la gran pantalla tan notorias como “Regreso al planeta de los simios”, “Harry el fuerte” y otras de corte más artesanal y tirando a cutre, como “Los valientes visten de negro”, cinta independiente que, gracias a pequeños pases en cines remotos, consiguió finalmente una distribución que pondría a Chuck Norris en el firmamento de las estrellas, o la que hoy nos ocupa: “Jaula sin techo”, que, de malsana y bizarra que es, por momentos adquiere tonos paródicos.
Cuenta la historia de una familia bastante turbia (posiblemente endogámica), compuesta por una matriarca, sus dos hijas (unos putones) y un hijo de unos veintipocos años con un severo retraso mental que no ha evolucionado intelectualmente desde que nació. De esta manera, su madre le pone trajecitos de bebé, lo acuesta en una cuna y, durante el día, lo mantiene en un parque infantil con barrotes.
Un buen día llega a la casa una asistenta social que, por un lado, intenta conseguir que el muchacho evolucione mentalmente y, por otro, se huele que este no ha crecido por algún asunto turbio que se traen entre manos su madre y sus hermanas. Por ello, sus visitas al hogar de la familia son frecuentes, hasta el punto de que acaba obsesionándose con el “bebé” y el resto del clan, tomando la historia giros inesperados.
No está nada mal esta película.
Y, aunque tiene toda la pinta de ser un exploitation destinado al circuito de cines marginales, en realidad se trata de un film de presupuesto modesto surgido de manera independiente. El hecho de que la dirija un artesano como Ted Post no es más que una circunstancia. Y es que el guionista, Abe Polsky, que ya tenía el libreto escrito, anduvo detrás de Post cerca de un año. Este rechazó hacer la película porque le resultaba demasiado oscura y extraña, y no se veía con ganas de ponerse al mando de semejante cosa. Sin embargo, cuando el proyecto estuvo más avanzado, aceptó, convirtiendo “Jaula sin techo” en una película de culto, principalmente gracias a su dirección.
Durante lustros, popes del cine chungo han añadido este título a sus interminables listados de películas “tan malas que son buenas”, aunque en más de una ocasión han tenido que desestimarla, alegando que extraña es un rato, oscura y bizarra también, pero que, en absoluto se trata de una película incompetente o mal hecha, a tenor de su guion bien resuelto y de una dirección artesanal, pero efectiva. En consecuencia, roza ese umbral, pero ahí anda, con un pequeño culto de cinéfilos finos que la reivindican.
Por otro lado, las risas que pueda provocar no vienen de una posible comedia involuntaria, sino del fino (y negrísimo) sentido del humor de sus artífices, volcado sobre todo en la interpretación del trío femenino protagonista y en la del actor David Mooney, quien dio vida al retrasado mental no evolucionado y estancado en bebé, no sin cierta sorna y rozando por momentos lo ridículo. Para componer su personaje, investigó y observó a niños con deficiencias mentales en varias instituciones para, posteriormente, incorporar sus gestos y actitudes a su interpretación (digo yo que tendría que haber observado bebés, pero bueno...), llevándola al paroxismo. Asimismo, antes de que la producción eligiera a Mooney, un jovencísimo John Travolta hizo una prueba para optar al papel, pero fue rechazado de facto.
La copia que yo he visto estaba doblada, pero conserva los sonidos de bebé reales que emite David Mooney en la versión original. Existe una primera versión con sonido directo, pero, en algún momento del montaje la pista original se perdió y el actor tuvo que doblarse. Por ello, se optó por insertar sonidos y llantos de un bebé real, logrando un efecto aún más inquietante del que ya transmite de por sí. Además, para reforzar la sensación de infantilismo, durante el rodaje Mooney se afeitaba todo el cuerpo, detalle que, sin embargo, pasa completamente inadvertido mientras vemos la película.
En definitiva, se trata de un film, sobre todo, curioso; por momentos desasosegante y puro género setentero que, pese a un par de instantes un tanto tostón, se disfruta perfectamente porque es un catálogo de excentricidades por parte del bebé, de las dos hermanas putones y de la madre que los parió a todos. Y eso por no hablar del estupendo girito final que, al menos yo, no me esperaba ni por asomo.
"Jaula sin techo" no parece haberse estrenado en los cines de nuestro país en su momento. Tampoco recuerdo una edición en VHS, pero sí apareció en la era del DVD en desastrosas ediciones piratas, y la “oficial” fue uno de esos DVD que regalaba la revista "Tiempo". También hubo una edición en Blu-ray de origen pirata hace no mucho, pero, salvo por estas, parece que todos los estamentos la consideran una película menor, casi televisiva y tirando a chunguilla. Pero eso es porque no se molestaron en verla.
