Originalmente, "The Hunger" era una serie comandada por los hermanos Ridley y Tony Scott. Su loable intención consistía en producir capítulos de terror destinado a un público adulto, sobre todo porque mucho de ello giraba en torno al erotismo. Hoy es algo más normal, pero en 1997 desde luego se trataba de una tarea arriesgada y novedosa. Tal vez por ello tampoco funcionó estratosféricamente, ni dejó una huella indeleble. Aunque, cuanto menos, contó con dos temporadas. En la primera el, por así decirlo, "Guardián de la Cripta" de cada capítulo era Terence Stamp (con unas "cápsulas" que aturden a base de excesos estilísticos videocliperos). En la segunda le sustituyó nada menos que David Bowie, lo que creaba un vínculo más evidente entre "The Hunger" serie y "The Hunger" película o, tal y como se llamó en España, "El Ansia". Muchos son los que no se explican por qué Tony Scott se decantó por el título de su propio largometraje para bautizar un producto televisivo en principio sin relación, desde luego no narrativamente. Sin embargo, bien mirado, sí hay un cordón umbilical -más allá de la presencia de Bowie- y consiste en las maneras, ese terror adulto "bonito" basado, como decía, en el deseo, el sexo, la pasión como elemento que consume, destruye y/o mata.
Pero no nos pongamos "profusdos", que todavía no he desayunado. La cuestión acá es que, por alguna razón desconocida, "The Hunger" -serie- a España primero llegó como largometraje compilador destinado a las salas de cine, que es donde yo la vi. Los motivos, aluego. Quedémonos con el hecho de que "Manga Films", su distribuidora, decidió rebautizarla como leen al encabezamiento. Y que unos años después, por fin, se atrevieron a lanzar el resto (lo que quedaba de la primera temporada y toda la segunda) vía formato dvd. De este modo, el film destinado a salas recogía los tres primeros capítulos de la primera temporada, que son los siguientes:
"Las espadas" cuenta la historia de una bella mujer (Amanda Ryan) destinada a no palmar nunca por mucho que le atraviesen el torso con una afilada espada. Protagoniza un espectáculo al que acude un yuppie ex-drogata (Balthazar Getty) que se pirra por tirarse a la muchacha, y lo consigue. Ella se enamora como una tonta, lo que, inevitablemente, dará pie al drama de rigor. Completa lo interesante del reparto el siempre eficaz Timothy Spall. Dirige Tony Scott himself.
La historia que suma dos llama la atención por varios factores. Primero, el título, "Menage a Trois". Después el director, Jake Scott, hijo de Ridley. Enchufe total. Y finalmente el reparto, encabezado por un joven Daniel "James Bond" Craig, seguido de la mítica Karen Black, la bella Lena Heady y un fugaz Joason Flemyng con algunos quilos de más. La cosa va de una vieja algo excéntrica cuidada por una enfermera recién llegada. Esta y el chapuzas del lugar comenzarán un tórrido romance... pero tiene truco, y no uno bonito.
"Menage a Trois" vendría a ser la más "thriller psicológico" del pack, por eso para la siguiente y tercera el cuerpo pedía género, terror puro, incluso gran guiñol. Y esta fue, justamente, la que me convenció para acudir al cine. Las críticas la destacaban especialmente por su delirio, incluso su lado risible. Y aunque nunca he confiado mucho en los gacetilleros (y menos los de la prensa de los noventa, cuando todos querían ser el más "cool" de la clase) me dije "Venga, vamos a probar". Y no, no es para tanto. Ya les decía. Pero bueno, cierto que "Necros" -así se titula- sería la más tradicional en cuanto a elemento horrorífico. No en balde está inspirada en un relato del escritor lovecraftiano Brian Lumley (ver anexo inferior). Y presenta una diabla con lengua quilométrica, rabo y que absorbe la energía vital de sus amantes hasta convertirlos en.... en.... en algo que merece verse. Dirige Russell Mulcahy, de cuando comenzaba ya a adentrarse en terrenos pantanosos. La única cara conocida del reparto es la de Leonardo Cimino, que hemos visto en chorromil películas. Algunos le recordarán como el "temible alemán" luego buen tipo de "Una pandilla alucinante". Aunque vale la pena mencionar también a la fémina, la gabacha Céline Bonnier, sin problemas a la hora de despelotarse completamente. Es decir, todas las actrices de la película salen en tetas (cosa que, viendo como anda el panorama, con señoritas luciendo decente sujetador a la hora de echar un caliqueño, es gustoso no... lo siguiente), pero Bonnier, de atractivo peculiar, es la más generosa.
Lo que queda es... pues una cosa medianamente entretenida y consumible, pero desde luego nada memorable. Sobre todo porque, si lo miras detenidamente, te darás cuenta que tras todo ese destete y esos contraluces y humaredas tan bonitas lo que queda, es decir, la narración, es de lo más tonta, elemental y poco original. Todas las tramas son muy previsibles y trilladas aunque, supongo, es el cómo vienen presentadas en imágenes donde estaría la gracia... digo yo.
Imposible resistirse a mencionar que cuando "The Hunger, el lado salvaje del deseo" fue editada a posteriori en Blu-Ray, los distribuidores exprimieron la presencia del entonces ya famoso Daniel Craig, hasta el punto de convertirlo casi en el único protagonista (en algunos casos incluso como imagen central de la carátula). Así mismo, mientras en el dvd se tiraba sutilmente de los dos hermanos Scott en plan gancho, sin especificar del todo bien su función y haciendo desaparecer a Mulcahy y al hijo de Ridley, para el Blu-Ray les otorgan directamente la película como totalmente de su autoría. Una indecorosa práctica por entonces ya algo olvidada pero, afortunadamente, no del todo muerta.
Anexo: El caprichoso pero, ocasionalmente, agradecido destino ha querido que disponga entre mis posesiones del relato impreso de Brian Lumley que inspira el capítulo titulado igual, "Necros". Cuando hace ya unos cuantos años, metido de lleno en mi recuperación de la obra de Richard Laymon, me hice con varios libros de la colección "Super Terror" de Martínez Roca, uno resultó ser la novena entrega de su famosa antología "Las mejores historias de terror". La pillé por meros motivos nostálgicos, sin genuina intención de consumirla. Hasta que, tras una breve búsqueda, descubrí que "Necros" formaba parte del contenido, así que me animé a leerlo, por aquello de la comparativa y la curiosidad. Bien, debo decir que el parecido es meramente superficial. La obra de Lumley y la de Mulcahy comparten la trama de base, el pipiolo que se encapricha de una misteriosa dama -de ciertas tendencias vampíricas- casada con un anciano, pero en lo demás no podrían ser más diferentes. Mientras el relato se decanta por sugerir de forma sobria y contenida, el producto audiovisual apuesta por el delirio de látex y sendas ideas descabelladas -y tetas-. Digamos que, si yo fuese Brian Lumley, me cabrearía el modo en que los cineastas convierten mi elegante historia en un perfecto gran guiñol a base de excesos. Por contra, el escritor nunca quiso pronunciarse al respecto.
