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sábado, 14 de junio de 2014

THE SUPERNATURALS

Cuando era más jovenzuelo no solo me pasaba los días devorando mi querida, y añorada, prensa especializada franchute, también solía confiar mucho en su criterio. Si el "Mad Movies", el "Impact" o "L´Ecran Fantastique" decían que una película era "aburrida, tan oscura que casi no se ve y carente de excesiva truculencia", me lo tomaba muy en serio. Tanto como para que, al localizar a la interfecta reposando en los estantes de mis video-clubs habituales, la ignorara. Y no una o dos veces, sino cien y mil. Eso mismo pasó con "The Supernaturals", peliculilla de terrores del año 86 muy recurrente en nuestros antros del placer cinéfago, cortesía de "IVS"/"Embassy", y que jamás de los jamases alquilé. O, al menos, no recuerdo haberlo hecho. Es muy posible que el visionado que le dediqué hace un par de noches -a una versión formato AVI- fuera mi primera vez.
Un grupo de militares se las pira de maniobras en pleno bosque. Resulta que los muy cafres acampan en una zona maldita en la que, muchos años atrás, murieron asesinados un puñado de soldados confederados. La presencia de los muchachos, y cierta historia de amores entre uno de ellos y una fantasma de inmensos pezones, empuja a que los cadáveres momificados recobren la vida y armen la de dios.
Honestamente, lo más llamativo de "The Supernaturals" lo encontramos en su reparto. Resulta que si miramos con atención, veremos que dos actores de la franquicia "Star Trek" interpretan sendos papeles. Ya, así de entrada no tiene nada especial, salvo por el hecho de que mientras uno pertenece a la saga clásica, el otro se hizo "famoso" entrando en las filas de la llamada "Nueva Generación" y que, también, los dos eran los únicos personajes negros -con rol protagonista- de sus respectivas películas/series. Ya me dirán si no es un dato singular. Por un lado tenemos a Nichelle Nichols, más conocida como "Uhura", y por otro a LeVar Burton, más conocido como "La Forge" (el cieguito). Ambos, evidentemente, fallecen antes del final... aunque aguantan, especialmente Doña Nichols, que da vida a una ruda sargento pechugona.
Por lo demás... pues mucho me temo que mis queridas revistas tenían más razón que un santo. Aburrida, sí (se pasan más de la mitad del metraje conversando sobre las más variopintas gilipolladas), oscura (no tanto como creía, pero más o menos) y carente de excesiva truculencia (la hay, pero en cantidades minúsculas). Sí, amigos, me da igual que sea un producto de mitad de los 80, que salgan zombies protagonizado resultonas escenas resurrectiles, que sea formato cuadrado y que fotográficamente luzca ese look tan maravilloso de todo lo que se produjo en la época... es un rollete insípido y sin vida, y no merece mayores atenciones.
El principal culpable del desbarajuste no es otro que Armand Mastroianni, uno de esos cineastas que tuvieron la fortuna de aparecer en un momento en el que el mercado estaba sediento de terrorismos (cinematográficos), lo que le permitió hacer carrerilla y estampar su rimbombante nombre en títulos tan reconocibles pal fan medio como el "slasher" "Sabe que estás sola" o "La habitación del miedo". Una vez llegaron las vacas flacas, quedó relegado a lo inevitable: productos destinados a la caja lerda, de todos los tipos y colores.
En cuestión de efectos especiales y maquillajes, la cosa se pone interesante gracias a la presencia de gentes como el talentoso (e increíblemente poco agraciado) Mark Shostrom, el ex-colaborador de Fred Olen Ray reconvertido al "mainstream" Bart Mixon y Shannon Shea, ligado también a un puñado de pelis bien gordas (resulta curioso cómo, al revés que con directores y algunos actores, en el terreno de los efectos especiales y sus variantes no existen elitismos. Puedes mirar la filmografía completa de uno de estos caballeros en Imdb y ver mezclados desde las series Z más rastreras a los mayores "blockbusters", sin manías. Así da gusto, oiga).
Todo ello apadrinado por el habitual Sandy Howard, cuyo nombre ha quedado estampado en títulos tan variopintos como "Embryo", "La venganza de un hombre llamado caballo", "Meteoro", "La jauría del vicio", "Stoney, el frío", "Angel" y (primera) secuela, "Cavernas fantasmas" o la famosa/infame "Dark Tower". Hombre, no es tan indigesto como Sandy Cobe, pero por los pelos. En el caso de "The Supernaturals" está claro que no atinó.

sábado, 1 de marzo de 2014

GIRA SANGRIENTA

Sandy Cobe es un viejo conocido de este blog. He maldecido sus huesos ya unas cuantas veces gracias a la temible ristra de películas -de terror- que produjo a lo largo de la década de los 80 y que comparten una notable peculiaridad, son absolutamente insoportables. Casi todas recurren a psycho-killers armados con cuchillos y demás utensilios cortantes como principal reclamo, y están más o menos enfocadas a la platea juvenil, de ahí que contengan una generosa ristra de desnudos y sustos baratos. Curiosamente, la única que se aleja un poquito de todo ello es la más soportable... y mucho me temo que no se trata de esta "Gira sangrienta", a la que fácilmente podríamos haber titulado "Gira grasienta".
Originalmente bautizada el año 1980 como "Terror on tour", el infra-film, en una demostración más de su interés por -la buchaca- del espectador joven y poco exigente, narra las desventuras de una banda de rock que, siguiendo la estela de Alice Cooper, y añadiéndole ciertas gotas de "Kiss" por aquello de su saturado y ridículo maquillaje/uniforme, escenifica actos macabros y truculentos en el escenario durante las actuaciones (si es que truculento y macabro es ver cómo le quitan el brazo a una maniquí). Sus fans se vuelven locos y las groupies hacen cola para follárselos. Sin embargo, los problemas arrancan cuando una misteriosa figura, oculta tras el emblemático look que luce toda la banda, comienza a asesinar gente, especialmente fans y, más concretamente, mozas (a las que considera unas golfas). La policía decide infiltrar a una del gremio para que dé con el azezino.
Como suele pasar con estas películas y temáticas, lo realmente divertido del show es ver cómo el director y el guionista retratan, desde la lejanía generacional y la ignorancia, la disoluta e inmoral vida que llevan las rock stars, a base de excesos delirantes. La ristra de diálogos ridículos es tremebunda, pero son especialmente destacables, por descojonables, aquellos que se producen durante los encuentros eróticofestivos. Cosas como "tocámelas, ¿no te gustan?, hummm, son tan bonitas, blanditas y redondas" (by the way, la que suelta esta ristra de gilipolleces está muy comestible, en otros tiempos habría buscado su nombre, pero ya no me apetece, no estoy TAN salido) o "La cocaína me pone cachonda", valen el precio de la entrada o del alquiler, como el que pagué yo siendo jovenzuelo, llevándome el consiguiente
hostión. Tampoco tiene desperdicio la secuencia en la que la banda, antes de salir al escenario, toca una bonita y empalagosa balada romántica porque resulta que eso es lo que de verdad les mola, pero claro, no vende (en todo caso sería al revés, ¿no?). El policía que sospecha de ellos se queda patidifuso cuando escucha la canción, perfectamente amoldada a sus conservadoras apetencias musicales y descubre no solo que le pone, sino que, después de todo, y a pesar de sus vicios y su actitud rebelde de cocacola, en realidad todos ellos son buenos chicos -otro topicazo barato, en este caso bañado por una irritante intención paternalista-. Incluso hay uno que sufre un ataque existencialista y se pregunta por qué hacen lo que hacen y cómo esto afecta a su desquiciada audiencia. Suerte de ese mánager enrollado y bien simpático que le quita tan absurdas ideas del cabestro y le convence de que lo suyo es el degenerado rock and rollo. ¿Quién será el asesino?, ¿algunos de los chicos de la banda?, ¿el "roadie" friqui que no se come un torrao?, ¿o el manager, manipulador y movido por el sucio y vil metal?. Adivinen.
Dirige el cotarro todo un clásico del exploitation, Don Edmonds, que ha pasado a la historia -le guste o no- por firmar "Ilsa, la loba de la SS" y su primera secuela (y repetiría con Sandy Cobe al año siguiente, pero como actor, en la horripilosa "Dulce Hogar"). El guionista tiene un nombre muy molón, Dell Lekus (¿pseudónimo?), y "Gira sangrienta" es su única contribución al séptimo desastre (normal!). La banda de ficción, llamada "The Clowns", "Los payasos" (que iba a ser el adecuadísimo título del sarao en un principio), toca un especie de hard-rock/pop trasnochado del que en realidad se encargó un grupo que responde al nombre de "The names" (je!), de oscura procedencia y que únicamente editó un single en su época. Como curiosidad reseñar la presencia del icónico George "Buck" Flower, actor secundario todoterreno que pa la ocasión figura como "production manager" y la de John Wintergate y Kalassu, artífices de la mítica -y posterior- "Agresión en la casa del terror".
En fin, que es una auténtica mierda... pero si la ven con intención de reírse de ella, igual hasta logren llegar al "the end" de una pieza.

jueves, 17 de noviembre de 2011

FELIZ NOCHEBUENA

Otra oportunidad desaprovechada de marcarse un tanto colando una reseña navideña en las fechas pertinentes... pero nosotros "semos asín" queridas y os... nos puede la impaciencia y el ansia.
Aunque dadas las circunstancias, casi que mejor, porque hablar de esta película podría haberos estropeado la felicidad inherente al 25 de Diciembre. Se trata de uno de los primeros "slashers" surgidos en pleno boom de la correspondiente moda (fechado en 1980, nada menos) con una peculiaridad, viene dirigido por el recientemente fallecido David Hess, famoso por su papel de "Krug" en "La última casa a la izquierda". Ello sería una buenanueva si Hess tuviera alguna clase de talento -por marginal que fuese- pa esto de la dirección, pero no es el caso. Estoy seguro que se aburrió tanto como nosotros. Sin embargo hay algo peor, "Feliz Nochebuena" es un producto del sello Sandy Cobe, lo que se traduce en "90 minutos bostezando" (claro que después de sufrir "Scream/Sábado 14" voy a tener que reconsiderar el concepto que tenía de "slasher aburrido"). Para nivelar la ecuación, un jovencita y debutante Jennifer Runyon de protagonista, a la que posteriormente veríamos en "Los albóndigas en remojo" y, muy escuetamente, en "Los cazafantasmas".
Imaginación al poder: Unas estudiantes celebran la Navidad en el campus. Aparece un Santa Claus que comienza a matar a todo dios. No hace falta decir que su intervención la motiva un trauma del pasado/venganza. Y ya está. That´s all folks. Como decía, muuuuchos bostezos. Y crímenes un pelín sangrientos, pero solo lo justo (aunque hay uno muy original mediante hélice de avión y, by the way,el tio que muere no es otro que Harry Reems, mítico actor porno setentero que aquí se marca un rol enano bajo pseudónimo).
Lo único que realmente me llamó la atención de este entrañable pestiño es lo estereotipados que son sus personajes, sobre todo los jóvenes. Tanto, que resultan casi paródicos y rozan la vergüenza ajena. Las chicas golfas son ultra-golfas, se pasan media peli enseñando chicha y soltando frasecillas picantes incluso cuando les preguntan la hora. La prota es tímida y virginal hasta extremos hostiables (y me la ponen con coletas y todo). Y hay un "nerd" absolutamente patético que prefiere lucir gafas y leer libros de química aunque tenga una churri al lado medio en pelotas sobándole. Lo diver es que, después de fornicar, prácticamente muta en otra persona totalmente distinta, cambia los libros de química por la prensa deportiva, se vuelve valiente, pero también romántico y sensible. En este caso las lágrimas no eran de bostezos, sino de risas (aunque sin exagerar).
Una mierda como un piano... ¡pero es un "slasher" de los 80, poya!.

jueves, 14 de enero de 2010

LA PESADILLA DESPIERTA

Poco me ha faltado para hacer un muñeco de Sandy Cobe y clavarle agujas. Claro que de nada hubiese servido, pues esta leyenda de la producción y distribución indie / exploitation murió en el 2008 (y por si alguien lo duda, se trataba de un varón). Decía que apunto estaba de cagarme en su estampa por una razón bien simple: las pelis que produjo durante el inicio de los 80. Pestiñazos del calibre de "Gira Sangrienta", "To all good night" (el criminal slasher dirigido por David Hess) o la insufrible "Home Sweet Home" (cuyo único aspecto salvable es su segundo título oficial, "Slasher in the house") son suficientes para condenar a la hoguera a Cobe. Pero si al final me contuve no fue por la noticia de su palmismo reciente, sino por "La pesadilla despierta", otra producción del maromo... mala, por supuesto, pero no TANTO. Hasta tiene su coña.
Una tía es violada por cuatro energúmenos. Traumatizada, vuelve a casa con su marido, quien le pone los cuernos con otra. Y para colmo, esa noche un grupo de chavales vecinos deciden reviolarla... ¿resultado?, la tipa acabará perdiendo la chaveta del todo y liándose a cuchilladas con el reparto entero (supongo que algún mequetrefe osaría calificarla de "película feminista", y yo me río en su cara y me cago en su desayuno).
"La pesadilla despierta" la conocía por su inquietante caratula española (la pequeñita dentro de la original que acompaña a este texto), pero nunca la había localizado (y, honestamente, tampoco garantizo que de haberlo hecho la hubiese alquilado). Ayer me la vi y esperándome lo peor (sobre todo tras ese "Sandy Cobe presents" inicial), al final hasta me cayó en gracia. Es lenta, mucho, es absurda, más, está repleta de diálogos interminables super-chorras, planos desaboríos que se alargan lo máximo que pueden, lo típico en toda Z-movie que se precie, pero su "look" cerdo, aceitoso, y su condición de exploitation casi setentero, le dan un toque de gracia. No esperéis mucha truculencia (a un tipo le arrancan los testículos con un alambre, pero no se ve na), ni mucha teta (y eso que la prota, Sallee Young, no se queda corta al respecto, como ya demostró en "Home Sweet Home", ¡¿por qué no siguió rodando esta pava?!) y, encima, lo más divertido es el culebrón que se gasta con su marido (que no es otro que la legendaria estrella porno Harry Reems -estuvo en "Garganta profunda", payo-, para la ocasión reencarnado en Bruce Gilchrist), porque una vez empieza "lo bueno", el aburrimiento crece hasta límites peligrosos.
Solo para curiosos, completistas y gente asocial.