domingo, 19 de abril de 2020

VEROTIKA

Como consumidor de punk rock que soy, debo confesar que los "Misfits" nunca me han flipado demasiado. Sí, tienen canciones buenas y disfrutables, sin duda, pero jamás despertaron en mí ese fanatismo que provocan en algunos aficionados. Y tampoco me caían demasiado bien. Siempre asocié el punk al chaval marginado de la clase, víctima de los abusos de los matones de rigor o, como los presentan en las películas yankis, los guaperas, mazas y dedicados en cuerpo y alma a triunfar en el fútbol americano. Pues resulta que los "Misfits", con sus músculos, sus mandíbulas prominentes y su pose chuloputesca, me recordaban más a los abusones que a los marginados. Digamos que les veía encajar mejor en el metal. Por eso no me pareció raro que el líder, Glenn Danzig, decidiera decantarse por esa clase de sonido cuando abandonó su faceta punkera. El primer disco resultante no estaba mal -sobre todo la canción "Mother"- pero tampoco deslumbraba. 
Por todo ello, por su indudable vinculación con el cine de terror (seguramente los "Misfits" no fuesen los creadores del "horror-punk" -siempre hay alguien antes-, pero sí los que le dieron más cancha) y todo lo oscuro y macabro (especialmente en lo que respecta a la carrera metalera de Danzig, no olvidemos que eran el grupo favorito de "Máquina" en "Asesinato en 8mm"), me parecía harto curioso que el musician se lanzara a escribir y dirigir su primer largometraje. "Verotika" fue el resultado, una peli episódica basada en una serie de comics que él mismo había apadrinado y guionizado ocasionalmente. Luego, con la llegada de las primeras impresiones, comenzó a correr el rumor de que la peli era tan ridícula y patética que algunos no dudaron en calificarla como el nuevo "The Room". O el "The Room" del terror. Eso aún añadió más leña al fuego. Me moría por verla.
Verotika es como se llama nuestra "host" y la que nos contará tres historias. La primera gira en torno a una horrible modelo recauchutada (esa boca de pato resultado del exceso de botox) y con ojos en lugar de pezones que, cuando se duerme, confiere vida a una araña antropomorfa a la que le encanta romper el cuello a mujeres guapas (tiene seis brazos, pero solo usa / mueve dos). La siguiente va sobre una stripper con la cara quemada que asesina a otras churris y les arranca la piel de sus rostros. Y la que hace tres, aquella a la que se ha dedicado más medios, mimo y efectos especiales (hasta su llegada, el gore ha sido escaso y funcional). Da la impresión de que esta sería el verdadero gen de la película, y que las otras se hicieron para alcanzar la duración de largometraje. Está ambientada en la edad media y se limita a mostrar las sangrientas correrías de una especie de Condesa Báthory de chichinabo. Tanto esta como la historia previa van ausentes de un desenlace propiamente dicho. También es la más lentorra, aquella que se recrea en incontables momentos muertos, especialmente cuando la Condesa dedica un minuto eterno a hacer toda suerte de cucamonas delante del espejo. Es el único episodio en el que veremos dos rostros medianamente reconocibles, los de Caroline Williams de "Masacre en Texas 2" y Kansas Bowling, una actriz y directora "hipster" la mar de mona -enseña cacho en la peli- que es la sensación ahora mismo entre los de su especie (ya saben, haga lo que haga, por mierdoso que sea, recibirá aplausos y vítores... ¿sería lo mismo tratándose de un gordo purulento?). Eso sí, no sabe hacerse la muerta debidamente.
¿Pero es "Verotika" una peli genuinamente mala pero divertida? Pues no. Es una peli, simplemente, mala. Muy mala. Y te ríes lo menos, en un par o tres de escenas supuestamente dramáticas. Lo que de verdad hace la jodida es aburrirte desesperadamente. E irritarte con esas pretensiones -artísticas- de ser algo más que una olvidable serie Z, una "backyard movie", inspirada en el euro horror setentero. Jean Rollin, Dario Argento o incluso Jesús Franco son algunos de los nombres que te vienen a la mente mientras la sufres. Todos ellos pasados por el tamiz de Andy Milligan, uno de esos "auteurs" del trash que, a pesar de sus muchas incapacidades, disponían de un estilo propio y reconocible, haciendo de ellos algo más que meros artesanos. Añadamos al puré unos actores temibles, que a la hora de soltar muchos de los anodinos e innecesarios diálogos se lo toman con calma, alargándolos a base de estirar las palabras y sumar incómodos silencios. Estéticamente la peli tira de colorines y tal, pero su fotografía digital, fría y excesivamente clara, le da un rollo artificial como de vídeo de karaoke o peli pajillera de "Playboy".
Que alguien como James Cullen Bressack ande produciendo, explicaría muchas cosas. Y ninguna buena.
Por todo ello, Glenn Danzig se erige como una especie de versión ultra-trash de Rob Zombie. Y su peli de debut en una cosa tosca, mal parida y zopenca. Pero con un "je ne sais quoi" que la hace resaltar, ni que sea milímetros, por encima de toda esa basura habitual / general incapaz de dejarte la mínima huella. Y supongo que eso es suficiente motivo para que curiosos y enfermos le demos una oportunidad. 
Pero solo una.