viernes, 29 de marzo de 2024

MOLINA'S FEROZZ

Es paradójico que un país como Cuba, donde está sita la "Escuela Internacional de Cine y Televisión" y donde hay cierta tradición en la formación de cineastas, sea por otra parte uno de los países donde hacer cine es más complicado. Bueno, todo es complicado en Cuba. Y los pocos que lo consiguen se decantan siempre por el tema social. Sin embargo, el fantástico, sin duda el género con más adeptos en el mundo, llega a cualquier rincón del planeta y, por supuesto, en Cuba también hay aficionados que cuando tienen oportunidad de filmar, tiran por esos derroteros con todas las dificultades que ello acarrea.  Jorge Molina, el director de esta "Ferozz" se ubica dentro del "fantastique" cubano con todas las de la ley.
Molina se considera un tipo sencillo, no un intelectual. Al margen, es un cinéfilo empedernido que tras una serie de carambolas en lo que a la producción se refiere, y con la ayuda de unos cuantos aficionados españoles, logra financiar esta revisión —muy sui generis—del cuento de Caperucita Roja, ambientando la acción en la campiña cubana y decidiendo, influenciado por Valerian Borowczyk y su película "La bestia", pasarse a esa corriente del "cine escándalo" tan propia de los años 70 y que se estiló levemente en la década en la que se rodó "Ferozz" (los años 10 del nuevo milenio). Así que, si les digo que piensen de manera picantona en Caperucita y el lobo, se van a quedar cortos, máxime cuando aquí la más pervertida del cuento es la abuelita. Entonces tenemos la libre adaptación del clásico de Perrault con deficientes mentales fruto del incesto, una familia que es para darle de comer aparte, zoofilia y toda suerte de florituras —muy vistosas— de por medio. Nuestros ojos europeos ya están acostumbrados a eso y más, pero imagínense una película de semejante naturaleza en un país como Cuba (pese a que el propio Molina dice inspirarse en lo que sucede en algunas regiones cubanas, donde el incesto y el bestialismo están a la orden del día).
"Ferozz" nace como un cortometraje, pero se convierte en largometraje en el momento que el director recibe 10.000 dólares de financiación. Molina decía que, quizás, no es mucho dinero, pero que él con esa cantidad se rodaba "Lawrence de Arabia". Así se las apañó para que un guion de 20 páginas, llegara a una duración de algo más de una hora. El resultado, estéticamente, y teniendo en cuenta su procedencia, es harto interesante. A mí personalmente me llama más por su procedencia exótica, por su ambientación purulenta y enrarecida, que por la serie de perversiones que filma, aquellas por las que es popular —dentro del culto que se le procesa, lógicamente— y, en cierto modo, su razón de ser.
Probablemente debido a la historia que arrastra su país, esa transgresión a la que Jorge Molina parece agarrarse, resulta ingenua e inocente ante nuestros ojos, aunque tampoco permanezcamos impasibles. Sin embargo, estrenar "Ferozz" en Cuba es harina de otro costal; el público reaccionó rompiendo los cristales del cine, escupiendo al director en la cara y llamándole enfermo, mientras que otro sector le otorgó tratamiento de genio.
La película es extraña, excesiva a todas luces, pero entretenida y curiosa. Destacando todo ello por encima de la célebre secuencia de la protagonista con un perrito. Ya se pueden imaginar.
Jorge Molina es un cortometrajista consumado. Si observamos su filmografía (donde predominan estos) localizaremos algún atisbo de megalomanía en el sentido que, de un tiempo a esta parte, gusta de titular sus trabajos con su nombre por delante, como si fuera, por ejemplo, John Carpenter, así que en realidad esta película sería "Molina's Ferozz", pero también tiene "Molina's Borealis" o "Molina's Rebecca"....
Curioso este Molina.