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lunes, 4 de diciembre de 2017

TODO ES DE COLOR

La ultima película de Gonzalo García Pelayo, de naturaleza claramente localista y outsider, resulta ser a todas luces algo más que un soplo de aire fresco en lo que al cine español se refiere, precisamente por existir a sus márgenes, por rechazar, y descomponer los cánones del cine español al uso.
Por otra parte, García Pelayo es un director lo suficientemente personal como para ser siempre tenido en cuenta. También es imperfecto. En una misma película, puede mostrarnos la más absoluta belleza, con la misma facilidad con la que descuida uno o dos planos de la manera más chabacana. Un cineasta, absolutamente único.
“Todo es de color” es una película emotiva y preciosista para la que ha contado con algo más de dinero para la producción que otros títulos más underground que viene realizando desde su vuelta al cine, pero no por ello menos interesante que estos.
Además es una película rara. Se trata de un homenaje al grupo Triana, precursores del rock progresivo Andaluz, del que García Pelayo sabe una o dos cositas. Y bajo la premisa de un grupo de seguidores de la formación que hacen un viaje en moto hasta un camping dónde se va a hacer un concierto tributo a Triana, García Pelayo  crea, improvisa —y deja improvisar— experimenta, y disfruta como un enano dando forma a una película que cautiva a poco que el espectador tenga algo de sensibilidad y gusto por las cinematografías marginales.
Por supuesto, es una película minoritaria de un presupuesto algo más holgado de lo que está acostumbrado Pelayo gracias a las ayudas de Canal Sur, pero tampoco es un presupuesto con el que un director estándar te haga una película para su exhibición común en salas. Sin embargo, ni falta que le hace a García Pelayo un duro más, y teniendo a su disposición la más moderna tecnología, esto es, cámaras de HD buenas, Go Pro de máxima calidad, y drones que eleven esas mini cámaras a varios metros por encima de nuestras cabezas, hace un uso de todo ello estupendo y aprovecha al 100% toda esa tecnología, quedando una película de lo más bonita gracias a que abusa de su uso. Nunca el abuso fue tan fructífero.
Entonces, compuesta de planos bonitos y elegantes, la película es un amasijo de todos los elementos que convierten el cine de Pelayo en lo que esperamos de él como director, y “Todo es de color”, aparte de ser un homenaje a Triana, es una película pseudo-documental, neo-realista, un ejercicio de improvisación, una película vanguardista y una comedia “a la Pelayo” con un humor muy deudor de “Corridas de alegría” del propio Gonzalo.
Por supuesto, la película es, indefectiblemente, un musical. La música de Triana va sonando toda la película, ya sea para acompañar a las imágenes, ya sea como profundo tributo. A base de fans de la formación, amigos y vecinos, Pelayo consigue escenas sorprendentes; pone a un nutrido grupo de seguidores a tararear al unísono, una de las canciones de las muchas que suenan en la película.
Quizás la bohemia de la película en si misma, algunos diálogos pretendidamente profundos, pueden hacernos chirriar, sin embargo, estos mismos forman parte de la idiosincrasia del director y aquellos que le rodean, por lo tanto, son absolutamente de recibo.
“Todo es de color”, desde luego, no es una película para un público estándar, pero para el cinéfilo inquieto, entre los cuales me incluyo, es poco menos que una delicia.
Muy interesante Gonzalo García Pelayo en todo lo que hace, ya sea cine, ya sea ganar dinero en los juegos de azar.
En la parte actoral, la actriz Natalia Rodríguez, Alfonso Sánchez, visto en “8 Apellidos vascos” y un elenco compuesto por actores desconocidos para el gran público, aunque el  verdadero protagonista es quien fuera manager de Triana, el propio hermano del director, Javier García Pelayo. También tenemos pequeños papeles para Jorge Cadaval (de Los Morancos) y su marido el actor Ken Appledorn. Este peculiar matrimonio pone la nota humorística a la película, y curiosamente, Jorge Cadaval, repite el rol que suele en toda película que no sea para lucimiento de Los Morancos; hace de americano hablando español; hoy es una estrella, pero hizo el mismo papel cuando era un completo desconocido en “Madre in Japan”, curiosamente.
La película tuvo su estreno en salas de manera reducida en Andalucía, siendo el pase de estreno en Sevilla una autentica fiesta para los fans de Triana que se acercaron a verla. Cuenta el director, que fue una maravilla ver a toda esa gente reunida en una sala de cine cantando juntos las canciones que aparecían en pantalla de la mítica banda.
Muy interesante.
"Todo es de color" aparece a la venta en DVD el próximo 20 de Diciembre de 2017 a través de nuestro sello Vial of Delicatessens.

miércoles, 9 de octubre de 2013

VIVIR EN SEVILLA

La película más famosa – y ahora contaré por qué- de García Pelayo es “Vivir en Sevilla”. Lo que ocurrió con ella es un claro ejemplo del por qué odio tanto las gentes de este país en el que me ha tocado vivir.
Gonzalo García Pelayo, que debutó con cierto éxito con “Manuela”,  decidió cambiar de tercio para su siguiente película. Para ello, en “Vivir en Sevilla”, cuenta con actores no profesionales, y, adelantado a su tiempo, opta por pasarse aquello de “planteamiento, nudo y desenlace” por los santos cojones rodando una cosa muy original y distinta. Nos cuenta un par de historias de amor, la de una pareja normal y corriente, Sevillana, que se separa, y así, ella se va con un hombre mayor e intelectual, y él se va con una turista. Pero no nos lo cuenta de forma estándar, no. Aprovechando la frescura de los no actores, lo hace a base de entrevistas, no solo a los protagonistas, si no a todo tipo de gente de Sevilla (“El niño del taller” o el “Roquero Semanasantero” y demás personajes, intuyo, populares en Sevilla), aunque esto no venga a cuento con la premisa principal, que mezcla con escenas ficcionadas aparentemente rodadas con cámara oculta de la naturalidad que desprenden.
Dice Pelayo que en realidad “Vivir en Sevilla” es la crónica del rodaje de “Manuela” y, por lo tanto, necesitaba contarlo utilizando ese lenguaje cinematográfico.
Añadan a eso una serie de secuencias de corte contemplativo – Si el prota le mira el coño a su pareja, este lo hará en primer plano y durante un montón de minutos- ya sea de actitudes humanas o de paisajes, que componen, con el resto de la ficción, una película claramente experimental y artística. Nada nuevo por otro lado, obvia es la influencia que en el director ejerce cierto cine de Godard. Vamos, que el rollo en 1978, ya estaba visto.
Bien, el caso es que la película me ha parecido un ejercicio de libertad asombroso, que gracias a la frescura y el ambiente Sevillano, casi decadente,  se borra cualquier atisbo de pedantería intelectual (y esto pasa en cualquier película del cine andaluz), que por otro lado tendría si fuera de Madrid o Barcelona.
El caso es que esta película fue un fracaso, porque estamos en un país de PALETOS.
Cuando se estrenó, en Madrid, quizás ciudad mas acostumbrada al cine experimental y/o de arte y ensayo en aquella época, se ignoró y apenas duró en cartel, porque a nadie le interesó. Pero en Sevilla, el público, menos dado a un cine más puro, y por culpa de la ignorancia, al ver cómo estaba estructurada, directamente, iban al cine a reírse de ella. Con semejante título, a saber qué pensaban los sevillanos que iban a ver. Entonces, como sus cerebros no alcanzaban a comprender que se trataba de otra forma de expresión artística, reírse era su modo de defensa natural ante lo desconocido.
La crítica tampoco ayudó mucho. Eso sí, en círculos más o menos especializados, estos hechos y que se trata de una película única dentro del cine español, casi marciana, la han convertido en una obra de culto.
García Pelayo continuó por estos derroteros en su siguiente trabajo, como veremos más adelante, y con la que pondremos fin, en AVT, al repaso de su filmografía completa.

martes, 26 de febrero de 2013

ROCÍO Y JOSE

De los directores de tendencia “Outsider” que hay en nuestro país, hay dos de filmografías más o menos ignotas, pero de las cuales, el día menos pensado y de sopetón, siempre aparece algo, por los que siento especial fascinación. Uno de ellos sería Martín Garrido Ramis, y el otro Gonzalo García – Pelayo.
De ambos había ya hablado por aquí en alguna ocasión. Pero hoy me centro en Pelayo por dos motivos: La reciente aparición de una de sus películas a una calidad acojonante (ésta “Rocío y José”) y el hecho de que no hace mucho que me enteré por lo que es conocido este hombre realmente.
Ustedes habrán oído hablar infinidad de veces de Los Pelayo, esa familia que logró desbancar los casinos de medio mundo y de los cuales se ha hecho una espantosa película, “The Pelayos”. Pero lo que igual no sabían es que el cabeza de esta familia, es nada menos que Gonzalo García- Pelayo (del que de su faceta como cineasta, apenas hay alguna referencia en la película), que creó un método para acertar a la ruleta, basándose en la probabilidad de un fallo de construcción que estas tenían. El método para ganar, era completamente legal, así que los casinos comenzaron a temblar. De hecho tuvieron que fabricar nuevas ruletas corrigiendo ese fallo únicamente por su culpa, que estaba dejando los casinos sin dinero.
Lo curioso es que mientras que yo conocía su faceta como cineasta, desconocía que el director fuera el eminente “pater familias” de Los Pelayo.
Pelayo, es una de las cabezas visibles del llamado “CineAndaluz”, cuyo estilo deambula entre la mamarrachada más chunga y el cine experimental. De hecho hay quien se ha atrevido a compararlo, no sin cierta razón, con Val Del Omar.
Con la crítica en su contra, con pelis que, aún con estrenos comerciales, son poco menos que subterráneas, su cine, costumbrista (como todo el cine Andaluz), sin embargo, es motivo de análisis y estudio para –y por- según que universidades, que le dedican hasta retrospectivas (Me gustaría ver esos análisis de películas tan corrosivas y cutronas como “Corridas de alegría” y escuchar las sesudas tesis que, seguro, le dedicaron).
Pero la mayoría del público desconoce la trayectoria, corta, de este director.
“Rocío y José” es una película a medio camino entre el documental y la ficción, de corte experimental en la parte documental, y terriblemente populachero en cuanto a la narración, que nos cuenta la historia de una parejita joven (y andaluza) que se enamora durante su peregrinaje al Rocío.
Básicamente, se trata de filmaciones del Rocío que vemos a ritmo de terribles (y temibles) Sevillanas, a la par que cada equis minutos, nos cuenta la estúpida, intrascendente y aburrida historia de amor de los dos catetillos. Un documental con insertos, vaya.
De una hora y poco de duración, el experimento, a fin de cuentas, no deja de ser interesante, curioso, y combina, no sin cierto descontrol, maneras de filmar en lo documental talentosas, con la más absoluta incapacidad para las escenas de ficción.
Desde luego, un –cuestionable- innovador incomprendido con un cine a descubrir (solo cinco películas) interesante, y sobretodo, diferente en la época en la que operaba este hombre (últimos setenta, primeros ochenta)
Aunque repite actores de su anterior película “Corridas de Alegría”, el tono y maneras, son completamente diferentes, por lo que resulta un cineasta de lo más versátil.
Muy interesante… y andaluz.

lunes, 5 de agosto de 2013

MANUELA

Seguimos con la corriente del cine Andaluz, y seguimos con el peculiar Gonzalo García Pelayo, del cual he podido completar su filmografía en mi colección.
Y con la ambición por delante, las ganas y toda la proyección de futuro, debuta en 1976 Gonzalo Fog, apostador, aventurero y gran señor, jugador y casi siempre ganador (Vale, ¡pueden matarme!) con una película de indudable gusto y tono rural, y basada en una novela del mismo título del escritor Manuel Halcón. Todo ello rollo de época, y con una historia que no me interesa para nada, y que ni de broma hubiera visto de no ser porque se trata de otra –ignota- película de Pelayo.
Un cazador furtivo muere a balazos dejando viuda y huérfana a su suerte. Un joven viudo se enamora de la huérfana (Manuela) y le da la vida que más o menos puede, hasta que el jefe terrateniente de este, se cuela por ella, lo que hará que las cosas acaben como el rosario de la aurora.
Un rollo que se estilaba mucho en la época, y cuyo visionado tan solo me ha servido para comprobar como se las gastaba Pelayo en un principio. Tiene al director de fotografía adecuado, Raúl Artigot, pero la fuerza visual de las imágenes, el como se coloca la cámara en todo momento, e incluso, cierta agradable modernez en las escenas, que le hacen adelantarse a su tiempo. Me explico; Por aquél entonces el mundo de la cultura andaluza estaba más activo que nunca, y a parte de que comenzaba a desarrollarse el nuevo cine andaluz, también lo hacía una de las corrientes musicales pre-movida madrileña más importantes en nuestro país, como fue el “Rock progresivo Andaluz”, ya saben, “Medina Azahara”, “Lole y Manuel” y sobretodo, “Triana” como máximos exponentes,  y esta música es introducida concienzudamente en la película.
Estamos ante un film de época, ambientado en la Andalucía rural y en una escena, visualmente portentosa, la del entierro del padre de Manuela, en la que, como declaración de intenciones, una bailaora sube sobre la lápida del difunto y comienza a bailar flamenco, porque este era más malo que el mismo diablo, mientras suena la música, casi experimental, de Triana. Y ya por muchos eruditos es recordada esa secuencia con entusiasmo. Me uno a ese entusiasmo, no se crean…
Así que bien rodada, bien ejecutada y de una corrección política tangible en las maneras, transgrediendo un poco en según que cosas, pero sin por ello faltarle el respeto al academicismo -al que años después sí que se lo faltaría con dos cojones-, al final la película, técnicamente, está muy bien, pero a nivel narrativo es sosa, poco interesante y además, Pelayo no logra hacerse con el rollo rural.
Sin embargo, de lo que llevo visto del director, he de decir que observo cierta rebeldía ( y rencor con lo establecido en las maneras de hacer cine) película a película, inquietud y gusto por la variedad a la hora de gestionar sus historias, porque si  aquí tenemos un debut, más o menos estándar a lo, por poner un ejemplo, Carlos Saura, pronto pasaría a cintas más experimentales, comedias extrañas o, directamente, películas de entrevistas, como veremos más adelante, con lo que hace gala de un eclecticismo que para sí querrían algunos. Eso si, el talento, con cuentagotas. Aunque siempre interesante.
García Pelayo lo sabía y, por eso, inquieto, además de al cine, se dedicó a la producción musical, a la escritura de libros, y como todos ya saben, a desbancar casinos.
Reparto de campanillas para este debut, contando con la presencia de una bella Charo López, Fernando Rey, que ya era nuestro actor más internacional y que está, como siempre, eficaz, Máximo Valverde, que era guapo pero es el único actor de la película al que se tiene que doblar y Mario Pardo, que ni dios se cree que ese señor haga un papel de adolescente.

viernes, 2 de agosto de 2013

MADRE IN JAPAN

“Madre in Japan”, es una rareza –de las muchas con las que contamos en la  ex industria de nuestro país-  de aquellas sin apenas distribución como las de Martín Garrido o las de el jugador Gonzalo García Pelayo, pero, propuesta por un realizador aún más ignoto, casi rozando lo amateur, Francisco Perales, que además se adscribe a esa corriente tan curiosa y simpática (a la que García Pelayo también se apunta) que  es la cinematografía andaluza, hecha casi por y para Andaluces.
Se trataría, también, de la primera (y única) película del colectivo de cineastas amateur Sevillanos denominados a sí mismos de igual manera que a su película, “Madre in Japan”, con una película con la que intentarían salir del ostracismo al que, por naturaleza, estaban condenados. No lo consiguieron.
En un pueblo ficticio de Sevilla, Aljaranda, hay mucho revuelo con los mundiales del 82. Además, un grupo de lugareñas regresan de un viaje colectivo al  Japón, del que una de ellas vendrá embarazada de un nipón. La chica regresa habiéndole dado a su novio Japonés una dirección falsa pensando que nunca más volverían a verse. Así que entre unas tramas y otras, con la radio pirata local, y la televisión de por medio, planean, durante la retransmisión de un importante partido del mundial, y con la ayuda de un súper ordenador creado por uno del pueblo, interferir vía satélite con un mensaje destinado al padre de la criatura, para que sea consciente de lo que viene y que vaya para  Aljaranda.
Con un tono del todo rural, absolutamente característico de la cinematografía andaluza, deudor del neo realismo (o más bien, parodiándolo) y con un humor totalmente localista, este estilo de cine permanece anclado en una época (finales de los setenta y la década de los ochenta) y se convierte en un movimiento único dentro de cualquier cinematografía de cualquier parte del mundo. Es curiosísimo porque, además, uno de sus puntos en común (y a favor) es el bajo presupuesto de estas producciones, e incluso su marginalidad, no solo en lo que retrata, sino en la elaboración de las películas, siempre bajo mínimos.
Incluso, en su debut como director, y ante la ignorancia, no ya de los cuatro gatos que fueron a ver la película, sino incluso de quienes financiaron esta, Pablo Carbonell, andaluz aunque muchos le crean catalán, rindió su homenaje a esta corriente cinematográfica con la muy entrañable y recomendable “Atún y Chocolate”, que fracasó en taquilla.
La cinematografía Andaluza es harto interesante, incluso fascinante, pero naturalmente y por razones obvias (demasiado de aquí, demasiado costumbrista) es rechazada por el público, siendo esta una cinematografía en vías de extinción. Desde que me he vuelto aficionado a ella (por su exotismo, a fin de cuentas) “Madre in Japan”, me ha resultado la película más curiosa de todas en el sentido de que, si exceptuamos los minúsculos cameos de “Los Morancos”, que además, por fechas, en 1983, cuando se rodó, todavía no eran nadie , el futbolista Gordillo o la aparición especial de Agustín Gonzalez, el resto del reparto, son actores totalmente amateurs, cuyo entusiasmo queda patente durante toda la película. Lástima que están todos doblados por profesionales y no podemos disfrutar (u horrorizarnos) con sus acentos reales.
Por otro lado, todo, absolutamente TODO en esta película es de una precariedad espantosa. Tan espantosa como atractiva a a la hora de visionarla, y teniendo en cuenta que los decorados son naturales, o  fabricados a base de cartulina y rotulador dentro de estos, y que tan solo cuentan con cámara y película en 35 mm. para llevar a cabo su producción, la mala planificación (que es un rato mala), la falta de objetivos de todo tipo y un montaje básico, dan como resultado a esta película de cine el mismo que una de aquellas primigenias películas filmadas en formato magnetoscópico para “Olympic Vídeo”, dirigidas por Miliki, Joe Rigoli o Pajares. Todo muy pobre, pero, eso si, con look de cine.
Vamos, una película única.
Pero si dejamos a un lado frikadas técnicas y odas a la pobreza cinematográfica ¿funciona? Pues sí. Se trata de una película muy agradable de ver. Según mi pareja, se trata de “Una historia de amor muy bonita” y por mi parte, además, añadir que se trata de una comedia muy simpática, en la que, por ejemplo, los devaneos del padre de la chica en la búsqueda del padre Japonés de su futuro nieto son material cómico, si no de primera categoría, si más que factible para la comedia española.
Y ahora especificar, que muchas veces mis explicaciones o sus entendederas son un poco cortas: Reivindico esta película PERO NO COMO PELÍCULA MALA. Esta lo único malo que tiene es el título. La reivindico como película que rompe con los patrones, como rareza y como osadía. Es una peli sin pasta, si, pero es una peli que cumple con todo lo previsto en su pre-concepción. Al fin y al cabo, es cine amateur con intención de dejar de serlo. O sea, otro rollo.
Como anécdota decir que una de las actrices es Ana Galiana, la abuela de “Cuéntame como pasó”, antes de ser una actriz popular, y cuando, intuyo, se dedicaba a la docencia como medio de vida.
Del colectivo “Madre in Japan” y del director Francisco Perales, nunca más se supo, como de tantos cineastas meramente andaluces.

lunes, 23 de mayo de 2016

ATÚN Y CHOCOLATE

Obviamente, cuando un individuo de gustos tan variopintos como los míos, que reconoce abiertamente que le pueden gustar un determinado tipo de películas de procedencia exótica –independientemente de si la película es buena o mala-, habla de “Guilty Pleasures” (Placeres Culpables) a la hora de hablar de pelís, no valen ignotas películas Dominicanas ni series Z, interesantísimas por motivos que van más allá del propio cine, que irian en mi target de gustos habituales. Cuando se habla de “Guilty Pleasures” se supone que tenemos que hablar de algo que, en principio, nos da vergüenza decir que nos gusta. En mi caso, un placer culpable sería un producto socialmente bien visto y aceptable, que a nadie “normal” le avergonzaría en reconocer que le gusta.
A eso añádanle la cruzada que mantengo en contra del cine español contemporáneo, de sus actores, de sus directores, de su público en general, que es el que despotrica del cine de consumo américano… Pero ojo, no soy de esa peña que despotrica desde el desconocimiento; si yo pongo a parir algo es porque  lo conozco bien. Vamos, que consumo cine español contemporáneo, así como conozco de primera mano los diversos chanchullos –falsificación de cheques, venta de entradas en pases ficticios- a la hora de obtener la cuota mínima de taquilla. Vamos, que los más asiduos lectores ya saben lo que opino sobre esto. Y porque, aún “socialmente bien vistas”, las películas españolas son verdaderamente malas – a rasgos generales, que como en todo hay excepciones-, solo pueden gustarles a esnobs sin criterio. Es un hecho. Y lo saben ustedes. Pero, aún con todo eso, siempre puede haber un par de películas que le gusten a uno. Me gusta “El Gran Vázquez” de aquella manera, o me gusta “El cielo Abierto” de Miguel Albaladejo.  Me gusta muchísimo “La vida inesperada” de Jorge Torregrossa y me entusiasma esta “Atún y Chocolate”, casi de manera enfermiza. Y claro, como es una película española, me da hasta vergüenza reconocerlo, por eso es mi “Placer Culpable”. Pero es que se trata de una película jodidamente buena.
Por otro lado, su director, guonista y protagonista, Pablo Carbonell,  es uno de los artistas españoles que me caen en gracia. Podremos cuestionar o no ciertas actitudes suyas que rápidamente serían camufladas con esa palabrucha llamada “Evolución”, pero al margen de eso, me gusta su música, su humor, me gusta como dobló en su momento a Andrew Dice Clay y  me gusta la única película de la que es autor absoluto.
El argumento es sencillo: Nos encontramos en Barbate, un pueblecito muy humilde de la costa andaluza y tenemos, por un lado a un individuo muy humilde, ateo recalcitrante, al que un buen día su hijo pequeño le sale con que es ultra católico y se quiere bautizar, así como quiere que sus padres se casen. Ante la presión de este y de su novia, que también se quiere casar, no le queda otra que acceder, pero como no tiene pasta para el banquete, planeara robar un atún de un banco de atunes. Por otro lado, tenemos a un hijo de puta de mucho cuidado que secuestra a un moro que ha venido en patera, y le humillará y maltratará con el fin de robarle el hachís que traiga consigo.
Eso es todo.  Y a mí me parece maravilloso.
Lo primero que me llama la atención es que estamos ante una película claramente neorrealista, que obviamente, bebe, intencionadamente además, de los clásicos Italianos. Y obviamente también, no es una película que me guste por eso. Me gusta porque el resultado, y me encantaría saber si Pablo Carbonell tuvo esto en mente mientras rodaba, es una actualización de esa corriente tan particular que es  la “cinematografía Andaluza.
Pablo Carbonell, es como el heredero natural de García Pelayo o Pancho Bautista, trayendo a destiempo un cine que muy poquito puede interesar más allá de al público al que va destinada. Pero claro ¿Cuál es su público natural? Yo pensaba que sería el público gaditano o algo por el estilo, pero no, porque en un alarde de incultura, el pueblo se le echó encima a Pablo Carbonell cuando, por culpa del título de la película, la gente del pueblo donde rodó se dio por aludida, alegando, que Carbonell insinuaba que en Cádiz el único dinero que entra viene de parte de la pesca , o del tráfico de Chocolate. Hay que ser burro y rebuscado para llegar a esa conclusión.
En otro orden de cosas, sin saberlo, Carbonell ha realizado una película adscrita a una corriente olvidada.
A parte de eso, me parece una historia muy bonita, la cadencia de la película, tirando a distendida, es una delicia, la ingenuidad como director de Carbonell dota a la peli de cierta gracia, y tanto él, como su partenaire Pedro Reyes, están estupendos, estupendos, al igual que el tercero en discordia, Antonio Dechent, que da hasta miedo.El resto del reparto está más o menos discreto
Por otro lado, un acierto absoluto es que esté rodada en 16 mm. que dota la película de una textura muy agradable, y distinguida. Se diferencia de otras películas españolas de la época, precisamente por el 16mm. Por lo demás, esta película es una delicia que, al igual que hacía otro Andaluz de pro como era Don Manuel Summers, utiliza a gente normal del pueblo para hacer los papeles secundarios, lo que no necesariamente es sinónimo de diversión, pero no quedan mal en “Atún y Chocolate”.
Pues si, esta películita tan maja, sería mi “Placer Culpable”, porque me entusiasma.
Sí, si  Carbonell rodara otra película, iría al cine a verla, no como esta, pobrecita mía, que apenas vieron en el cine 174.000 espectadores, en el mejor de los casos.

martes, 17 de abril de 2012

CORRIDAS DE ALEGRÍA

Otra muestra de cinematografía Andaluza (como "Los Alegres Bribones") en lo que vendría a ser una suerte de cine quinqui pero de allí, con pequeñas dosis de neo-realismo y comedia chabacana, que también es a su vez una “road movie” (sin que su artífice supiera siquiera que existía la etiqueta) con un presupuesto ínfimo, unas maneras de rodar sencillitas y, gracias al cielo, unos resultados, de una manera o de otra, harto entretenidos.
Un trilero y un fugado de prisión se conocen en alguna calle de la sucia Málaga y entablan amistad. El fugado le propone al otro unirse a él en la búsqueda de su novia secuestrada por unos mafiosos que regentan puticlubs. Se embarcan en un viaje en coche por la provincia de Cádiz, viviendo un sinfín de situaciones que van desde la jodienda sórdida, hasta el atraco a mano armada, llegando incluso a la intercepción de grandes cantidades de cocaína.
A la película, además, le queda algún rescoldo del cine “S”, ofreciendo tórridas –y desagradables- escenas de sexo, en algún momento explícitas, cuyos protagonistas son todo menos atractivos. Y mucho me temo que la copia que yo he tenido el placer de visionar está miserablemente cercenada, llena de cortes, quedando el metraje en setenta y un minutos. Aún así, nos da tiempo a ver a Isabel Pisano en pleno sándwich con los dos protagonistas, y a Carla Antonelli, travesti que goza hoy de popularidad por tratarse de el primer diputado transexual, mostrando su anatomía al completo mientras la sodomizan, entre otras lindezas de dudoso gusto.
Una poquita acción muy mal servidita, banda sonora horrorosa compuesta por sevillanas, ambientes marginales, argot andaluz, escenificación de chistes en el momento menos oportuno (tras un asalto a dos guardias civiles, uno de los personajes se cuenta uno desaborío y largo a más no poder, completito) y diálogos medianamente graciosos.
El director de esta curiosidad, Gonzalo García Pelayo, antes de rodar la película alcanzó cierta notoriedad con otra de similar corte titulada "Vivir en Sevilla". Ante los medios, que ensalzaban su facilidad para sacarle partido a un presupuesto pequeño, alegó que, efectivamente, el retrataba el lumpen desde el lumpen, que le gustaba la estética tercermundista y para nada era un esteta como Visconti. No lo dudo, y además agrego un fuerte “¡Olé!”.
Una joyita de cine pobre que se hacía en los ochenta en nuestro país, muy disfrutable y curiosa.

jueves, 8 de agosto de 2013

SE ACABÓ EL PETROLEO

Pancho Bautista fue el principal percusor del cine Andaluz, del que tanto les vengo hablando últimamente. Fundó en los setenta su productora “Galgo films” bajo la cual albergó proyectos meramente andaluces como la ópera prima de García Pelayo, “Manuela”, de la que también co- escribió el guión y que en un principio iba a dirigir, con el fin de dar rienda a una cinematografía que no estaba tan instaurada en el país como la madrileña o la catalana. Aunque la idea era, también, un poco localista, y se quedaba en el concepto de películas hechas “por” y “para”. Pero aún brotan pequeños ramalazos por esas tierras, o sea, que no es una cinematografía muerta, y Bautista planeaba, tras muchos años sin hacerlo, volver a ponerse tras las cámaras este 2013.
Sea como fuera, Bautista, que falleció el pasado mes de Junio,  es el responsable de las películas más características de esa cinematografía, las correspondientes al humor Sevillano. Lo curioso es que una figura tan importante para ese movimiento en realidad rodó poco, apenas tres o cuatro películas.
La primera de todas ellas fue esta “Se acabó el petróleo”, primera del díptico que forma junto a “Los alegres bribones”. Estas películas serían muy sencillitas, confeccionadas para que los cómicos, de los que sirve como vehículo de lucimiento, hagan de las suyas contando sus chistes, que es en su mayoría a lo que se dedicaban ellos. Así tenemos a  Pepe Da Rosa, a Paco Gandia y a Josele, metidos en una sucesión de pseudo-scketchs a los que se le añade la sub-trama de corte social de la falta de petróleo en el planeta, haciendo que el personaje de Da Rosa, que interpreta a un obrero de la construcción, se haga pasar por el ayatolá del petróleo, clavado a el, que se pasa por Sevilla. De mientras, Josele vende cupones y castañas en el centro de la plaza.
Bien, juzgar esta película como a una comedia estándar de la época es un error, puesto que el principal fin es agradar al público de la región. Obviamente, con semejante plantel de artistas, lo consigue con creces, así que al resto de la península, nos la suda. Incluso conmigo, madrileño amigo del humor más chabacano y pobre, poco amigo de la intelectualidad porque los supuestos intelectuales deciden que lo chungo y chabacano está reñido con la intelectualidad (que patada en la boca les daría), pero sabiendo diferenciar, siempre, este humor del más inteligente, también me  funciona. Y, soberanamente, me divierte el ver las conversaciones telefónicas en las que Josele, plagiando sin vergüenza alguna a Gila muy malamente, se equivoca en las palabras y las expresiones intentando crear una situación cómica, eso si, más propia del medio televisivo que del cinematográfico.
Pero está bien. Su total falta de pretensiones, el querer desmarcarse del cine al que debería adscribirse, que es la españolada, y el hecho de ser algo rodado con muy poquitos medios en un lugar muy concreto, convierten el producto en algo nuevo y a tener en cuenta, al menos, por los verdaderos cinéfilos.
Eso si, aunque entretenida y simpática, es bastante inferior que la película que le precede, “Los Alegres Bribones”, infinitamente más divertida, y se despoja de todo el rollo social, que no le interesaba a nadie.