viernes, 12 de diciembre de 2014

PANCHO, EL PERRO MILLONARIO

Durante años en la televisión española, hemos estado viendo, en los cortes publicitarios,  el spot de la lotería primitiva, en el que a un perro llamado Pancho, su dueño le enseña a hacer las labores domesticas, e incluso el ir a hacer recados. En una de estas, le envía a echar la primitiva, y con las mismas, el perro no volvió, porque le tocó y se marchó con el dinero.
Entrañable spot, que funcionó muy bien, y que convirtió al perrito Cook, un pequeño  Jack Russel (como mi Palito), en toda una estrella, requerida en teleseries tales como “Aquí no hay quien viva” o “La que se avecina”, dónde, como si de un actor más del reparto se tratara, tenía un papel fijo.
Años después, a alguien se le ocurre la idea de hacer una película con el Spot de la lotería como punto de partida, y con el perro Pancho como total protagonista. Una película de corte familiar y sin mayores pretensiones que las de entretener a chicos y grandes, con las excentricidades de un perrito que tiene comportamientos humanos.
Pancho vive en su mansión derrochando su fortuna en gilipolleces, pero su secretario personal, procura educarle para que no se convierta en un perro mal criado y gastador. Y en una de estas, Pancho tiene una reunión con un gerifalte del mundo del juguete que quiere convertirlo en la imagen de un montón de merchadising. La cosa sale mal, y al cabo de un tiempo, el empresario manda  dos matones para secuestrar al perro. Su secretario le suelta para que huya, y entre los malos que le buscan y el secretario que también, el perro vivirá una serie de aventurillas, para al final acabar la todo, como es de prever,  de la mejor manera posible.
Bueno, una cosita entretenida para los niños, un poco mas tediosa para los papás y en definitiva, cine de consumo rápido, inofensivo que no llega a ninguna parte.
Al respecto solo diré, que el nivel actoral está por los suelos; primero  por lo malos que son sus principales protagonistas, Iván Massagué (cuyo uso en las palabras de las letras P y C, se convierten en horrorosa onomatopeya, precisamente, por querer pronunciarlas a la perfección) y Patricia Conde (Ya ni siquiera una cara bonita, la pobre) y segundo, por la desgana que destilan, sabedores ellos del tipo de producto al que se enfrentan, secundados por el horripilante Armando del Río, tan mal actor desde “Historias del Kronen” como de costumbre. No mejora el resto del reparto. Nivel de implicación cero, porque, claro, esto no es una película trascendente. Recogen el cheque y listo.
Por otro lado diré, que la historia está bastante poco elaborada -pero claro, la cosa tampoco requiere algo más refinado- que el C.G.I. de cuando el perro tiene comportamientos humanos es de lo más cutre y tristón y que al final, lo único destacable de la película es el perro, que es bonito, entrañable y, sin duda, mejor actor que cualquiera de sus compañeros. Y que cualquiera de los spots precedentes, le dan mil patadas a la película.
No obstante, como producto comercial, la cosa, vistos los tiempos que corren, no ha ido ni tan mal en taquilla, congregando 445.000 espectadores, lo que para una película infantil y española, está muy bien.
Dirige el experimento –no deja de serlo- Tom Fernández, que ya dirigió películas más personales y genuinas de lo que yo entiendo por “cine español” como “La torre de Suso” o “¿Para qué sirve un Oso?” que, lógicamente, no obtuvieron el éxito de esta con este perrito tan mono.

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